Capítulo 7

                  C A P I T U L O 71

 

 

             EL PLAN GENERAL DE FORMACIÓN, 1994

 

 

     I. ANTECEDENTES

 

     El Plan General de Formación (PGF) se inscribe en la historia y en el proceso de la formación en la Congregación[1]. El PGF no es una iniciativa que aparece en el momento actual desconecta­da de la vida congregacio­nal, ni un instrumento pedagógico sin raíces congrega­cionales. Se inserta en la rica tradición formativa de la Congrega­ción iniciada por el mismo P. Fundador, continuada por los Confundado­res y consolidada por los Capítulos y Superio­res Generales.

 

     1. Como hemos visto, en la Congregación han existido, ya desde el principio, planes de estudios, bien definidos, tanto para los Estudiantes como para los Hermanos. Estos planes, con distintas denomina­ciones, han tenido fundamentalmente una dimensión académica.

 

     También decíamos en la introducción que, desde el punto de vista global, aunque no se hayan elaborado planes en sentido estricto, la formación congregacional ha estado perfectamente vertebrada y orientada. Y no han faltado algunos instrumentos formativos, bien ordenados y planificados, ni orientaciones pedagógicas precisas[2].

 

     2. De hecho en el pasado se han dado varios intentos fallidos para elaborar una Ratio Formationis, o algo parecido.     Ha sido un deseo, expresado varias veces en distintas instancias congregacionales, el de tener un Plan de Formación, Ratio Formationis o Reglamentación tanto para los estudiantes como para los hermanos.

 

     El P. Nicolás García, ya en el año 1932, al hablar de la formación espiritual, que ha de ser gradual y personalizada, afirmaba que ha de ser según un plan de conjunto *que (los Prefectos) deben desarrollar proporcio­nalmente al plan de estudios+[3]. Sus mismas circulares sobre la formación son verdaderos tratados de pedagogía claretiana, muy bien articuladas metodológicamente.

 

     Recordando de un modo sintético lo dicho en el capítulo anterior, el XIII Capítulo General (1934), hablando de planes formativos, ordenó la *redacción de un Ordo pietatis y un Ordo disciplinae, que, con el Ordo studiorum, formen la base de la educación de los nuestros+[4]. Y en otro lugar, tratando el tema de la formación de los formadores, afirmaba que, además del testimonio de vida, han de brillar por una buena preparación en *ascética y pedagogía eclesiás­tica y re­ligiosa+ y proponía para ello la elaboración de una Ratio formatio­nis, que recogiera la extensa experiencia formativa de la Congregación[5].

 

     En esta misma idea insisten, por una parte, el XIV Capítulo General de 1937, al solicitar que se escribiese para los formadores *alguna obrita+ sobre la formación de los nuestros[6] y, por otra, el XV Capítulo General al pedir un Reglamento para Hermanos donde se recogie­ran todos estos puntos[7].

 

     Por último, el XVI Capítulo General (1961), al recordar la recomendación del Capítulo anterior, urgió la redacción de un Ordo Formatio­nis para *lograr una buena formación de los nuestros y en lo posible unifor­me+[8]. También pidió la revisión y publicación del Espejo del Postulante, y dejó para el Gobierno General la redacción de una Reglamentación para los hermanos sobre los aspectos formativos que se han tratado, en particular lo referente a sus destinos en los años que siguen a sus primeras profesiones[9].

    

     3. A partir del Concilio Vaticano II se vuelve a insistir en la elaboración de planes de formación para estudiantes y hermanos en un sentido más estricto y definido.

 

     El Capítulo Especial de 1967 pidió en el Decreto sobre la Formación que se hiciera un Plan General de Formación para la Congregación, bajo la responsa­bilidad del Gobierno General[10] y en el de Hermanos, planes y programas formativos para ellos[11]. Estas peticiones, junto a la elaboración de un Plan de Estudios, quedó recogida en el Directorio General del 1973, conforme a las indicaciones del Capítulo General[12], establecién­do­se también la promoción de planes provin­cia­les de formación para Estudiantes y Hermanos, y reglamentos locales para nuestros Colegios[13]. En esta misma línea se expresó el Directorio de 1975[14].

 

     En el Directorio de 1982 desaparece lo que se decía del Plan General de Formación en los Directorios anteriores, pero se insiste en los planes de formación a nivel provincial y local y en el plan formativo para los Hermanos[15]. Y en las Constitucio­nes de ese mismo año, al hablar de los misioneros en formación y su prefecto, se dice que se haga *según nuestra propia programación formativa+, en sentido general[16]. En el sexenio 79-85 se habló de una especie de *vademécum+ que recogiese los temas formativos más importan­tes, pero al final no se llevó a cabo.

 

     De nuevo aparece el tema del Plan de Formación en las Constituciones de 1986; en ellas no se habla de formar según nuestra programación formativa como en las anteriores, sino *según nuestro propio plan de formación+ y tomando como fuente el canon 659.2 del nuevo Código de Derecho Canónico (1983)[17]. El Directo­rio de 1987 habla también del plan, pero en un sentido muy amplio y en referen­cia al canon 650.1 del nuevo Código[18]; no se habla de un Plan General de Forma­ción para la Congregación en sentido estricto, sino del plan de formación, como proyecto formativo, en el se han de formar los llamados a la vida claretiana y que ha de integrar los elementos que se señalan en el Directorio. Estos elementos se ofrecen para la elaboración de los planes provincia­les y locales de formación, sobre los cuales se sigue insistiendo. Por último, una vez más, se pide el plan de formación para los Hermanos[19].

 

     4. En los años del posconcilio, aunque no hubo un plan general, la Congregación trabajó en el sector formativo con mucha creatividad teniendo en cuenta, entre otros, los siguientes criterios:

    

     * aplicación de las Constituciones, Directo­rio y Documen­tos Capitulares a la formación;

     * elaboración de los planes provincia­les y locales de formación;

     * confección del programa sistemáti­co de inicia­ción apostóli­ca;

     * y búsqueda de líneas comunes e inculturadas en las áreas congregaciona­les, a través de encuen­tros y reuniones.

 

     5. No obstante, poco a poco se fue viendo la necesidad de tener, además de los principios de las Constituciones y de las orientaciones pedagógi­cas del Directorio, un Plan de Formación propio, que recogiese la riqueza formativa, teórica y práctica, de la Iglesia y de la Congregación de la etapa posconci­liar. El Derecho[20] y las Constituciones[21] también lo exigían. En los encuentros y en los cursos de formadores con frecuencia se solicitaba al Gobierno General que lo elabora­se. Y el Superior General, Gustavo Alonso, en su circular *Claretianos en formación+ afirmaba que era *una materia pendien­te+[22]. El criterio del Gobierno General, en el sexenio 1985-1991, fue que el Plan de Formación debería tener el consenso y apoyo de toda la Congregación y que, por lo mismo, la cuestión debería ser tratada en el siguiente Capítulo General.

 

 

     II. XXI CAPÍTULO GENERAL.

 

     Por fin, el Capítulo General de 1991, como hemos indicado en el capítulo anterior, determinó que se elaborase en el sexenio 1991-1997, indicando como condiciones:

 

     * que recogiese los nú­cleos esenciales de nuestro carisma.

 

     * que se responsabilizase la Prefectura General con la ayuda de una Comisión Inter­na­cional que representase las distintas áreas culturales de la Congregación.

 

     * y que fuera objeto de estudio y revisión en toda la Congregación antes de su promulgación por el Gobierno General.

 

 

     III. ELABORACIÓN DEL PGF

 

     Todas las indicaciones pedidas por el Capítulo General fueron tenidas en cuenta a la hora de su elaboración[23].

 

     1. Carácter claretiano

 

     El PGF es un proyecto pedagógico con una fuerte impronta claretiana.

 

     1.1. Como proyecto pedagógico está orientado a la forma­ción de los claretianos. El PGF, en primer lugar, expone y desarrolla, de una manera orgánica y pedagógi­ca y en perspectiva universal, los principios y normas formati­vos que aparecen en el Código de Derecho Canónico, en las Constitu­ciones, en el Directorio y en otros documen­tos de la Iglesia y de la Congregación. Y, en segundo lugar, ha querido traducir en clave pedagógica otros conteni­dos, no explícitamente formativos, de nuestro proyecto de vida misionera para facilitar una mejor trasmisión y asimilación en el proceso de formación.

 

     1.2. Como proyecto claretiano, intenta asumir, sobre todo, los núcleos esenciales de nuestro carisma; por lo mismo, acentúa, sin menoscabo de otros elementos formativos necesa­rios, aquellos que son más propios de nuestro proyecto específi­co. Además, el PGF presenta el carisma, no de una manera sintética y esencialis­ta, sino pedagó­gica y en orden a la formación, para facilitar su transmi­sión a las nuevas generacio­nes; recoge las experien­cias de formación que se han realizado o se vienen realizando en los Organismos de nuestra Congrega­ción; y expresa los rasgos de nuestra identidad de modo que queden salvadas, por una parte, su universa­li­dad y su unidad y, por otra, la particula­ridad y la diversifi­cación de sus expresiones concretas. Por último, ofrece, como propuesta pedagógica, la alegoría de la Fragua. Entendida como proceso carismático y pedagógico vivido por nuestro Funda­dor, la Fragua puede ser una inspira­ción simbólica, que ayude a interpretar e iluminar las diversas etapas del proceso formativo de los claretia­nos[24].

 

     2. La Prefectura General de Formación y la Comisión Interna­cional

 

     2.1. La Prefectura General de Formación centró su aten­ción, durante la primera etapa del actual sexenio, de una manera especial, en la elaboración del Plan General de Forma­ción a fin de que hubiese tiempo suficiente para revisarlo y aplicarlo en la Congrega­ción. Inmediatamente se puso a trabajar en el mismo, siguiendo las orientaciones del último Capítulo de la Congrega­ción y poniendo en práctica las decisiones operativas tomadas por el Gobierno General.

 

     2.2. Terminado el Capítulo, el Superior General, Aquilino Bocos, promulgó la resolución capitular sobre el PGF el 4 de octubre de 1991[25].      Poco después, el Gobierno General en el Consejo del l4 de diciem­bre, tomó las decisio­nes de nombrar una Comisión Interna­cional de Formación (CIF) y de aprobar la metodolo­gía para elabo­rar el PGF. Como criterios para nombrar a los miembros de la Comisión Internacional, el Gobierno General, eligió a personas:

 

     * Con experiencia en el campo vocacional y formativo y que estuviesen capacitadas para el tipo de trabajo que se iba a realizar (con conocimientos teóricos, sistemáticos y con capacidad de síntesis para escribir y redactar adecuadamente).

     * Que representasen todas las etapas del itinerario vocacio­nal desde la pastoral vocacional hasta la formación permanen­te.

     * Que procediesen de las zonas y culturas donde está implantada la Congregación.

     * Que representasen a los Padres, Hermanos y Estudiantes.

     * Que alguno hubiese trabajado en la elaboración del Itinerario Formativo Claretiano.

     * Y que, en la medida de lo posible, conociesen varias lenguas.

 

     2.3. La CIF celebró su primer encuentro en Roma del 23 de abril al 15 de mayo de 1992. El objetivo de la reunión era elaborar el proyecto del Plan General de Formación, que sería enviado a toda la Congre­gación para su estudio y revisión.

 

     Para realizar su trabajo, estudió y consultó las fuentes eclesiales (docu­men­tos de la Santa Sede, Congregaciones y conferencias episco­pales), las fuentes congregacionales (documentos, planes de formación de los Organismos y experiencias formativas) y unos 30 planes de formación de diversos Institutos y Congregaciones religiosas. Posteriormente la Prefectura General encomendó a algunos peritos en diversas áreas la revisión del texto elaborado antes de la consulta a la Congregación.

 

     El texto provisional fue presentado por el Prefecto de Formación al Gobierno General en los Consejos celebrados a principios de 1993 (2-15 de enero). El Gobierno General determinó que fuera enviado a la Congregación para su estudio y aprobó, a la vez, la metodología y el tiempo de la consulta.

 

 

 

 

     3. Consulta a la Congregación

 

     3.1. A finales de enero de 1993 la Secretaría General envió el proyecto provisional del PGF, en español e inglés, a los Superiores Mayores, a los Superiores de la Casas Generalicias y de las Misiones, a los miembros de la Comisión Interna­cional de Formación y a los peritos consultados. El objetivo, como se ha dicho, era que fuese estudiado y revisado en todos los Organismos de la Congregación a lo largo del año 1993 hasta el 1 del mes de diciembre. Además, la Secretaría mandó una carta del Prefec­to General de Formación con una Guía Metodoló­gica y unas orientacio­nes para realizar el trabajo.

 

     3.2. Durante el mes de diciembre de 1993 se fueron recibiendo en la Secretaría General las obser­vacio­nes y sugerencias de organismos, grupos y personas particulares.

 

     Simultáneamente, se inició un dossier, llamado *Aportaciones de la Congregación+ al PGF, con la recopila­ción ordenada de las observaciones para facilitar el trabajo de la CIF. El trabajo con­sis­tió en orga­nizar, sin excluir ninguna, todas las aportacio­nes recibi­das, agrupándo­las en el mismo orden que aparece en el pro­yecto del PGF distribuido a la Congregación.

 

    Se agruparon, en primer lugar, las aprecia­cio­nes globales sobre el PGF. En segundo lugar, se recogieron las respuestas a cada una de las nueve preguntas del cuestionario que remitió la Prefectura General de Formación. En tercer lugar, se ordenaron las observaciones hechas a los capítulos, a los números en particular y a los apéndices. Por último, se incluyeron, también, en el dossier y a modo de apéndi­ce, las aporta­cio­nes presentadas por los Superiores Mayores con oca­sión del Encuentro celebrado en Roma el mes de octubre de 1992.

 

     3.3. El Go­bierno General, fiel a la idea expresada por el XXI Capítu­lo General, quiso que todo el proceso de elaboración del PGF, desde el principio hasta el fin, fuera lo más participa­tivo posible a nivel congregacional. Por eso le pareció conve­niente volver a pedir la colaboración de la CIF para que realizara los trabajos de incorporación de las aportaciones de la Congrega­ción en el texto del PGF. Y así convocó de nuevo a la CIF la cual, se reunió en Roma del 22 de mayo al 11 de junio de 1994[26].

 

     El objetivo prioritario del encuentro, que ocupó la casi totalidad del tiempo previsto, fue integrar las observacio­nes de la Congre­gación en el PGF y redactar el texto final para su aprobación por el Gobierno General. El trabajo se concluyó el día 11 de junio, Solemni­dad del Inmaculado Corazón de María, un día muy significativo para la Congregación y de gran significado, también, para el trabajo que se concluía, el PGF de los Hijos de su Inmaculado Corazón.

 

     4. Estudio y aprobación del PGF por el Gobierno General

 

     4.1. El día 12 de junio, una vez terminado el encuentro de la CIF, el P. Jesús M Palacios, Prefecto General de Formación, escribía una carta al Gobierno General en la que le daba cuenta del trabajo realizado y le adjuntaba el texto recién elaborado del PGF en orden a su estudio y apro­bación final[27].

 

     4.2. Durante los días 20-25 de junio, el Gobierno General, reunido en Consejo pleno, se dedicó intensamente a estudiar capítulo por capítulo el PGF. En varias sesiones se fueron analizando e integrando las observaciones y correcciones oportunas. Finalmente en la sesión del 25 de junio fue aprobado para su promulgación y publicación.

 

     4.3. El Decreto de Promulgación, a tenor de nuestra legisla­ción[28], fue emitido por el P. General, Aquilino Bocos, el día 16 de julio de 1994, Fiesta de Ntra. Sra. del Carmen y 145 aniversario de la fundación de la Congregación. En él se indica que el PGF comenzará a vigir en la Congregación a partir del 1 de enero de 1995[29].

 

 

     IV. CARACTERÍSTICAS DEL PROYECTO DEL PGF

 

     Además del carácter claretiano del PGF y de la dimensión participativa en su elaboración, podemos destacar otras características. Entre ellas:

 

     1. Denominación y título

 

    Entre los diversos nombres con que se le podría haber denominado (plan, guía, ratio, orientaciones, compendio, etc.), ha parecido mejor llamarlo Plan General de Formación. En primer lugar, por ser el nombre con que se le ha venido llamando en la Congregación durante los últimos años y, como tal, fue aprobado para su elaboración en el último Capítulo General.

 

     Y, en segundo lugar, porque las orientaciones pedagógicas para la formación de nuestros misioneros se ofrecen de una manera metodológica y planificada; es decir, se presentan de una manera orgánica y gradual y según un proceso con diversas etapas formativas bien definidas. Al ser publicado, mirando incluso la posibilidad de prestar un servicio a otros Institutos, se pensó ponerle el título más genérico de Formación de Misioneros[30].

 

     2. Amplitud

 

     La amplitud del PGF ha tenido una consideración especial. Se ha optado por un término medio. Ha parecido oportuno desarrollar con cierta amplitud los elementos carismáticos de la formación claretiana (que de alguna manera podrían haber sido simplificados) en orden a facilitar la misión formativa de las comunidades; se ha conside­rado que en la situación actual de la Congregación, una síntesis orgánica de los principios y orienta­ciones formativos, suficien­temente amplia, podría ayudar más eficazmente a la formación.

 

     Por otra parte, no se ha querido que el PGF fuera un documento exhausti­vo en todos los puntos que trata, particularmente en el desarrollo de la pastoral vocacional y de las etapas formativas. Las referencias a las fuentes origina­les y los apéndices permiten ampliar y profundizar sus conteni­dos.

 

     3. Estructura del texto aprobado y publicado

 

     El texto aprobado y publicado por el Gobierno General contiene la quinta redacción del PGF. Es el fruto de la integra­ción de las observaciones y sugerencias hechas por la Congrega­ción a la cuarta redacción, que se envió a los Organismos Mayores y casas generalicias, y las realizadas por el Gobierno General al texto presentado por la CIF.

 

     Consta de una introducción, dos partes y varios apéndices. En la primera se abordan los aspectos generales de la formación claretiana comunes a todos los misioneros. En la segunda se recorren las etapas de la formación inicial y continua, y en los apéndices se ofrecen varios instrumentos que ayudan a comprenderlo y a aplicarlo.

 

     En su estructura interna ha tenido en cuenta el proceso formativo, como un proceso continuo de formación, desde la pastoral vocacional hasta la formación permanente. No es exhaustivo en todos los puntos que trata; con frecuencia se remite, en razón de la brevedad, a las fuentes originales, que pueden ser consultadas más ampliamente.

 

     4. Para toda la Congregación

 

     Va dirigido a todos los que formamos la Congrega­ción (sacerdotes, diáconos, estudiantes y hermanos) y también a los llamados a formar parte de ella que se encuentran en fase de discernimiento y preparación. Contempla, por lo mismo, al claretiano en un proceso continuo de formación y en su condi­ción presbite­ral, diaconal o laical. No obstante, pone un especial acento en la pastoral vocacional y en la formación inicial de los llamados a la vida misionera de la Congrega­ción.

 

    El PGF quiere ser un instrumento que interpele a todos los claretia­nos, ya que todos los miembros de la Congre­ga­ción somos responsa­bles, en sus diferentes niveles, de la pastoral vocacio­nal y de la forma­ción, inicial y permanente; un instrumen­to formativo válido para formadores y formandos; y una guía para orientar y favorecer la elabora­ción de los Planes de Formación a otros niveles. Todo ello para garantizar una formación claretiana que, por ser misionera, ha de estar siempre abierta a los signos de los tiempos y en sintonía con los acontecimientos del mundo y de la Iglesia, tanto universal como particular.

 

 

     V. SENTIDO DEL PGF PARA LA CONGREGACIÓN

 

     El P. General en la presentación que hace a la Congregación del PGF da el sentido del mismo en el actual momento histórico de la Congrega­ción[31]. He aquí una síntesis de los principales aspectos que en ella se desarrollan:

 

     1. Una propuesta de vida misionera

 

     El PGF, antes de ser considerado como un compendio formativo, es preciso contemplarlo como una propuesta de vida misionera.

 

     1.1. Nuestro PGF sólo se explica y adquiere sentido desde la continuidad de vida carismática de la Congregación y, por lo mismo, desde la fe en el don de una misma vocación y misión. Sólo por la fe en este don, que es vida propagada y seguida y que es principio unificador para las diversas formas de pensar y de actuar de los miembros del Instituto, se puede hacer la propuesta de este itinerario formativo con el que se pretende implicar la vida de los formandos para que lleguen a ser los servidores de la Palabra que necesita la Iglesia en su misión evangelizadora.

 

     1.2. Por otro lado, la publicación del PGF es expresión de la vida esperanzada de la Congregación. De hecho, sólo quien tiene esperanza planifica. La esperanza nos lleva a planificar porque es la forma decisiva de transformar y de mejorar lo que encontramos. Cuando la Congregación se ha decidido a publi­car el PGF está revelando su esperanza en que se incorporarán nuevas vocaciones y podrá cualificar e intensificar su servi­cio misionero a la Iglesia. Desde esta perspectiva, el PGF se hace permanente memoria del impulso del Espíritu que nos dio origen y continua invitación a recrear la mística misionera que nos acredita como auténticos servidores de la Palabra.

 

     2. Una propuesta para todo el mundo

 

     El P. Claret dijo que su espíritu era para todo el mundo y su profecía sigue haciéndose realidad en las naciones. Desde el Concilio a esta parte, la Congregación se ha ido abriendo sucesivamente a más amplios horizontes misioneros con el consiguiente enriquecimiento de valores culturales y de nuevas sensibilidades religiosas y sociales.

 

     Esta nueva configuración congregacional ha venido reclamando un Plan de Formación que promoviera la recreación de la identidad claretiana integrando los valores propios de los pueblos y la índole carismática de nuestra vocación misionera universal. Así se explica por qué está resaltada la impronta claretiana a lo largo de todo el PGF. La incultura­ción, que es un desafío para todos, no se logra por decreto, sino que es obra de un proceso que comienza en la primera formación y que va propiciando una nueva inteligencia y viven­cia de las intuicio­nes fundacionales en dichos ámbitos. El PGF puede ser una buena ayuda para ello. Está redactado de forma que cada Organismo de la Congregación lo pueda adaptar según su contex­to y exigencias.

 

     3. El PGF síntesis madura del proceso de renovación

 

     Examinando el contexto de la vida de la Congregación se puede decir que el PGF aparece en un momento adecuado dentro del proceso de renovación.

 

     Nuestra Congregación, como otros institutos religiosos, ha vivido un intenso proceso de renovación que ha afectado no sólo a las ideas, sino también al estilo de vida y misión. Los Capítulos Generales, celebrados durante este tiempo, han sido momentos de gracia y de luz. Nos han permitido hacer síntesis actualizada de aquellos valores esenciales e irrenuncia­bles de nuestra vida claretiana que podemos transmi­tir validamente en el proceso formativo. La Congrega­ción cuenta con una autocom­prensión madura de su identidad, posee una buena capacidad de discerni­miento y confía en poder seguir afrontando con serenidad y garantía los desafíos de los continuos cambios que se operan en el mundo y en la Iglesia. Desde esta altura y madurez alcanzadas es desde donde se ha elaborado la presente propuesta formativa.

 

     4. Carta Magna sobre la Formación

 

     El PGF puede considerarse como la Carta Magna sobre la Formación que la Congregación, en tanto que madre y maestra, da a sus miembros, sobre todo, a los nuevos misioneros.

 

     La razón por la que el PGF puede considerarse como la Carta Magna sobre la Forma­ción es que ha sido escrita entre todos y con la urgencia de irradiar corporativamen­te el carisma que hemos recibido como un don del Espíritu para anunciar la Buena Nueva a los pobres.

 

     Basta repasar la historia de la elaboración del PGF para darse cuenta de ello. En él se halla concentrada toda la experiencia formativa de los Organismos que, durante los años de renovación, contando con las orientacio­nes de la Iglesia universal y de las iglesias particulares, redactaron sus respectivos planes de formación. Y toda la Congregación ha participado corresponsa­blemente en su elaboración sea a través de la Comisión Internacional de Formación sea a través de las muchas y valiosas aportaciones y sugeren­cias enviadas por nuestros hermanos para la redac­ción final del PGF.

 

     No sería, pues, correcto reducir el PGF a un documento, más o menos acertado, con el que se ha pretendido simplemente cumplir la norma indicada en las Cons­tituciones y en el Código de Derecho Canónico. A la luz de lo que hemos plasmado en él, hemos de perseverar en este ejerci­cio de corresponsabili­dad formativa y ayudar a hacer crecer en la madurez vocacional a quienes nos han sido dados como herma­nos.

 

 

     VI. CONCLUSIÓN

 

     Con la promulgación y la publicación del PGF, el Gobierno General ha cumplido el compromiso que le pidió el último Capítulo General. Su realización, tanto en la metodología como en el tiempo, se ha llevado a cabo también siguiendo las orientaciones del mismo Capítulo.

 

     El trabajo de la CIF, la participación y la corresponsabili­dad de toda la Congregación y, de un modo particular, la asistencia especial del Corazón de María, nuestra Madre y Formadora, bajo cuya protección se inició el proceso de elabora­ción del PGF, han hecho posible lo que era una aspiración congregacional fuertemen­te sentida. A Ella le damos gracias de todo corazón y le pedimos que el PGF sea un instrumento de autentica y sólida formación claretiana por el bien de la Iglesia y de la Congregación.

 



    [1] MISIONEROS CLARETIANOS, Formación de Misioneros, Plan General de Formación, Roma 1994, pp. 376. Está traducido y publicado en inglés, polaco, francés, alemán, italiano y portugués.

    [2] Ya hemos visto que, además de los Reglamentos para los Postulantes, válidos también para los profesos, el libro Prácticas Espirituales… tenía como objeto *hacer una como suma de las prácticas de nuestra muy amada Congregación+, para la formación claretiana de los Novicios (Cf. Introducción, p 6). Lo mismo El Novicio Instruido, del P. Ribera daba orientaciones formativas para los recién profesos (pp. 412-426) y avisos especiales para los estudiantes (pp. 427-445) y para los hermanos coadjutores (pp. 445-454).

    [3]*Esta idea del Misionero no se realiza de golpe; hay que irla concretando poco a poco en los jóvenes Misioneros; la gracia sigue de ordinario, o se acomoda, a la naturaleza; por eso los Prefectos deben tener un plan de conjunto que deben desarrollar proporcionalmente al plan de estudios; quiere decirse que, así como hay una progresión creciente en los estudios y ciencias, así debe haberla en la virtud+ (N. GARCÍA, Formación de…, Annales, 28 (1932), p. 236).

    [4] XIII CAPITULO GENERAL, Anales, 30 (1934), p. 443.

    [5] Cf. Ib., p. 529.

    [6] Cf. XIV CAPITULO GENERAL, Annales, 34 (1938), p. 54.

    [7] Cf. XV CAPITULO GENERAL, Annales, 40 (1949-1950), p. 113.

    [8] XVI CAPITULO GENERAL, Annales, 46 (1961-1962), p. 102.

    [9] Cf. Ib., pp. 102, 106.

    [10] Cf 1F., n. 84.

    [11] 1HH, nn. 19, 23-24, 30-31.

    [12] Cf. 1F., nn. 84, 169.

    [13] Cf. Dir., nn. 265-267, 303-305.

    [14] Cf. Dir., nn. 212-214, 247-249.

      La Asamblea General de Costa Rica pidió, para facilitar la tarea de los formadores, la mentalización de los jóvenes en el espíritu claretiano y promover una formación unitaria fundamental, que se redactase un programa con contenidos básicos que, dejando margen a la creatividad, se pudiese transmitir en todas las etapas de formación con algunos cuadernos monográfi­cos explicativos del mismo (Cf. Annales, 52 (1976), p. 469).

    [15] Cf. Dir., nn. 173, 252.

    [16] Cf. CC., n. 72.

    [17] Cf. CC., n. 72.

    [18] Cf. Dir., n. 156; cf. también, nn. 173, 236.

    [19] Cf. Dir., nn. 167, 236.

    [20] Cf. CIC, cc. 650, 659.2, 659.2 con 242, 660.1.

    [21] Cf. CC., 1986, n. 72.

    [22] Cf. Conclusión.

    [23] Para una descripción detallada de su proceso de elaboración, cf. CMF, Plan General de Formación, Notas Históricas, pp. 29-36; Annales, 61 (1993-1994), pp. 134-159, 441-464.

    [24] Uno de los planteamientos fundamentales que se tuvieron en cuenta desde el principio y más difíciles de concretar fue, por una parte, cómo presentar nuestro carisma y nuestra espiritualidad en clave pedagógica, y, por otra, cómo resaltar el carácter claretiano en la propuesta de los valores y orientaciones formativos. Sobre este tema, cf. J. M. PALACIOS, Elaboración de un Plan General de Formación, Boletín de Vida Religiosa, n. 11, 79 (1996), pp. 324-331; El carisma en clave formativa, Ib., n. 12, pp. 356-363.

    [25] Cf. Annales, 60 (1991), pp. 252-253.

    [26] Por diversas razones algunos miembros de la Comisión no pudieron asistir al encuen­tro. Participaron, de hecho, los PP. Jesús M Palacios, por el Gobierno General; Lawrence Chris­tian, de USA-WEST; Antonio Rangel, de México; Charles Amadi, de Nigeria; Segundo Alonso, de Canadá-Camerún; Cyriac Njayarku­lam, de Sri Lanka; Antonio Paneque, de Corea; Piotr Liszka, de Polonia; Gonzalo Fernández, de Castilla, y Miguel Fernández Fariñas, de Bética.

    [27] En la carta, entre otras cosas, se decía: “Con este trabajo, la CIF da por cumplido el compromiso que, hace dos años, le asignó el Gobierno General, siguiendo las indicaciones del XXI Capítulo General.

      La CIF agradece sinceramente al Gobierno General la confianza que desde el primer momento ha depositado en ella y todas las facilidades y apoyos recibidos durante este tiempo para poder cumplir con eficacia su cometido.

      La coincidencia de haber terminado el texto el día del Corazón de María, nuestra Madre y Fundadora, creemos que tiene un valor simbólico y providencial. Desde el primer día pusimos nuestra tarea bajo la protección de María, nuestra Formadora; al fin y al cabo, íbamos a colaborar en la formación de sus hijos. Como no podía ser menos, Ella ha estado siempre presen­te en nuestras deliberaciones y decisiones; a lo largo de este tiempo hemos sentido su presencia alentadora e iluminadora. A Ella le damos gracias de todo corazón y le pedimos que el PGF sea un instrumento de auténtica formación claretiana por el bien de la Iglesia y de la Congregación” (Annales, 61 (1993-1994), pp. 451, 463).

    [28] Cf. Dir., n. 19.

    [29] El día 12 de agosto salió publicada en Madrid la edición española del PGF. El trabajo fue realizado por Publicaciones Claretianas de nuestra Comunidad de Buen Suceso. El libro, que lleva como título Formación de Misioneros, consta de 376 páginas. Está presentado por el P. General, Aquilino Bocos, y se inserta en él el Decreto de Promulgación. Se han enviado ejemplares a todos los Superiores Mayores de la Congregación; a los miembros de la Comisión Internacional de Formación y a los peritos que han intervenido en su elaboración; y un número suficiente de ejemplares para las comunidades y centros formativos de los Organismos y casas generalicias. La idea del Gobierno General es que cada formando tenga el PGF para uso personal desde el noviciado.

    [30] Como dice el P. General en la Presentación: *En primer lugar, aparece bajo el título Formación de Misioneros porque todo él está orienta­do, de forma armónica, sistemática y progresiva, a favorecer el crecimiento y la madurez vocacional de cuantos se sienten llamados a compartir nuestra vida misionera en la Iglesia+ (p. 7).

    [31] Cf. PGF., pp. 7-13.

Capítulo 6

                  C A P I T U L O 61

 

 

         LA FORMACIÓN EN LA RENOVACIÓN POSCONCILIAR

 

                         1967- 1997

 

 

 

     El Concilio Vaticano II supuso un cambio profundo en la vida de la Iglesia y de los Institutos religiosos. Con él se inició un proceso de renovación, adaptación y acomoda­ción de la vida religiosa y, dentro de ella, de la formación para la misma. La Congregación, fiel a la Iglesia, se implicó de lleno en el proceso de renova­ción conciliar mirando el futuro con grande esperanza[1].

 

 

     I. SEXENIO 1967 – 1971

 

     1. XVII Capítulo Especial de Renovación. Roma 1967

 

     Es un Capítulo de importancia trascendental para la vida y misión de la Congregación. Junto a las orientaciones concilia­res, escucha y acoge las preocupa­ciones e inquietudes de toda la Congrega­ción. Con él se inicia un profundo y amplio proceso de renovación congrega­cional que se ha ido prolongando en los años posteriores.

 

     1.1. A nivel formativo elaboró un documento titulado Decreto sobre la Formación. En él se dan cambios muy radicales e innovadores para impulsar un nuevo estilo de formación. Busca la renovación total de la formación, tratando todas las dimensiones, ámbitos y etapas del proceso formativo con gran amplitud y competencia pedagógica.

 

     11. La formación está sólidamente fundamen­tada en el carisma claretiano, recogiendo el espíritu del P. Fundador y la experien­cia de la tradición congregacional. La finalidad de la formación es esencialmente misionera, indicando, desde el comienzo, que la dimensión apostólica ha de polarizar las demás dimensiones formativas[2]. Fue un documento clave para la renovación de la formación congregacional y sigue siendo todavía, por su riqueza carismática y pedagógica, una fuente constante de inspira­ción formativa.

 

     21. Como puntos importantes se pueden señalar los siguien­tes:

 

* Es un documento de formación global, no sólo un plan de estudios.

* Asume toda la doctrina y las orientaciones conciliares sobre la formación.

* Está enriquecido por los demás documentos capitulares que estaban ya o se estaban elaborando.

* No deroga explicítamente el O.S.G. Más aún, lo cita fre­cuentemente. No obstante, se introducen cambios tan sustan­ciales en la formación que queda prácticamente derogado.

* Se pide que la Prefectura de Formación elabore un Plan General de Formación, bajo la responsabilidad del Gobierno General[3].

 

     1.2. El Capítulo dio vía libre a la instauración del Diaconado Permanente[4] en la Congregación y afrontó, con nuevo espíritu, el tema de los hermanos en el Decreto sobre los Hermanos Coadjutores, con varios números dedicados a su forma­ción[5]. Entre sus orientaciones, se pueden resal­tar:

 

     * Es urgente proporcionar una esmerada formación para los hermanos[6].

     * Se ha de aplicar proporcionalmente a los hermanos lo que se dice en el Decreto de Formación[7].

     * La formación de los hermanos ha de estar organizada con programas concretos, con un plan de formación para ellos y tiempos específicos[8].

     * Se han de formar comisiones mixtas de hermanos y otros miembros de la Congregación tanto a nivel general como provin­cial[9].

 

     2. Directorio General (1973)

 

     El 6 de enero de 1973 se promulgaba el Directorio General pedido por el Capítulo Especial[10]. La parte segunda está casi toda ella dedicada a la formación, así como el capítulo XIII de la primera parte, donde se habla del perfeccionamiento en los estudios. En él se recogen los cambios aprobados por el Capítulo Especial del 67, se conservan bastantes elementos del C.I.A. y se introdu­cen, hasta el siguiente Capítulo General, próximo a celebrarse (1973), las facultades y orienta­cio­nes formativas de la Congrega­ción sobre el noviciado, según la Instrucción Renovationis Causam (1969)[11].

 

     Se pide, conforme al Capítulo General[12], un Plan General de Formación y un Plan de Estudios[13], así como planes provin­cia­les de formación[14] y Reglamentos locales para nuestros Cole­gios[15]. Se pide también la elaboración de planes formativos para los hermanos y se dan unas líneas para su elaboración[16]. Todas las orienta­ciones formativas que se ofrecen están todavía suponiendo que la formación se sigue dando en los centros académicos propios.

 

     3. P. Antonio Leghisa[17]

 

     3.1. Renovación del Noviciado

 

     En 1970 se emprendió la aplicación de la Instrucción Renovationis Causam[18] sobre el noviciado y la profesión a la Congregación[19]. Primero se hizo una encuesta a todos los gobier­nos provinciales, un estudio efectuado por una Comisión Interna­cional y una propuesta-consulta a la Congrega­ción sobre algunas decisiones a tomar. Recogidas las respuestas de la consulta, el Gobierno General emanó el 27 de junio de dicho año un decreto con las normas y orientaciones que se deberían aplicar a nuestra formación. No se trataba de sustituir el Decreto de Formación del Capítulo Especial del 67, sino de confirmarlo y potenciarlo con nuevas perspectivas. El objetivo era el de reforzar y actualizar nuestra formación *religiosa-apostólica-claretiana+ para hacerla más madura, auténtica y eficaz[20].

 

     Entre las facultades que se concedieron para su experimenta­ción cabe destacar por su importancia:

 

     11. La implantación para todos los candidatos de un tiempo de Postulantado según la mente de la Renovationis Causam.

 

     21. Durante el Noviciado, la introducción de actividades formativas fuera del mismo, la realización de ciertos estudios útiles para la formación de los novicios y un nuevo tipo de relaciones de éstos con los profesos del Instituto.

 

     31. La aceptación de vínculos (o promesas) temporales antes de la profesión temporal o perpetua.

 

     41. Y el establecimiento de un tiempo especial de prepara­ción para la profesión perpetua[21].

 

     3.2. Formación de los misioneros hermanos

 

     En línea con lo tratado en el Capítulo Especial del 67, el P. Leghisa escribió la circular Criterios para una recta formación[22], en la que afronta el tema de la formación de los hermanos. La idea de la circular *surgió al contacto con nuestros Hermanos Juniores de Salamanca en el pasado mes de enero+[23]. No quiere ser un tratado doctrinal sino un mensaje de ánimo y aliento para los hermanos, y un análisis presente y proyectivo para la promoción de los mismos.

 

     La renovación, promoción y formación de los hermanos no ha de ser sólo exterior, en las estructuras y actividades, sino también interior, en la esencia de su vocación. Para ello[24]:

 

     11. La misión y el apostolado (ejercido de variados modos tanto en el seno de la comunidad como hacia fuera) ha de ser una dimensión fundamental en su formación y en su vida.

 

     21. Es imprescindible que toda la Congregación colabore y para ello ha de estar abierta, mediante la comprensión y el diálogo, a este nuevo espíritu que anima la renovación de los hermanos. Todos sus miembros han de crear un ambiente positivo para hacerlo realidad.

 

     31. Para que la renovación y la promoción de los hermanos sean fructuosas, ambas han de nacer de una sana formación y preparación. Ello implica la conciencia por parte de todos de la necesidad de esta formación, el desarrollo pleno y maduro de la personali­dad de los hermanos y la creación de estructuras y etapas formativas con los contenidos y objetivos adecuados.

 

     3.3. Instauración del diaconado permanente

 

     Con motivo de la concesión del diaconado por parte de la Santa Sede[25], el P. Leghisa se dirigió a la Congregación con la circu­lar Sobre la instauración del diaconado permanente en nuestra Congregación[26]. Dada la importancia histórica de esta concesión, le ha parecido oportuno hacer un comentario a la misma.

 

     Después de exponer el origen y los motivos de la decisión capitular de instaurar el diaconado permanente en la Congrega­ción, y el lugar que ocupan los diáconos en la Congregación, ofrece algunas normas relativas a los mismos. Partiendo de las Constituciones renovadas, que los incluyeron en el n. 4 y en el cap. X de la II parte, afirma respecto a la formación[27]:

 

     11. Se seguirán, en principio, las orientaciones dadas por la Santa Sede y las Conferencias Episcopales sobre las condicio­nes de admisión, recepción del Lectorado y Acolitado, ejercicio del Orden, etc., y para su formación académica y pastoral. No obstante, sobre esto último la Congregación se reserva el derecho de poder erigir sus propios centros formativos al respecto.

 

     21. En principio, dada la estabilidad del diaconado permanen­te, no se ha de considerar como un paso para acceder al presbiterado. Así lo declarará el candidato por escrito. No obstante, si algún diácono decidiera posteriormente acceder al sacerdocio, lo deberá solicitar al Superior General y, en caso de respuesta positiva, completar los estudios.

 

     31. Deberá ejercitar y experimentar en su vida claretiana los rasgos de una espiri­tua­lidad diaconal propia de su estado.

 

 

     II. SEXENIO 1973 – 1979

 

     1. XVIII Capítulo General. Roma 1973.

 

     Es un Capítulo que continúa y, a la vez, revisa el proceso de renova­ción posconciliar de la Congregación, fijándose especial­mente en la vida comunitaria.

 

    1.1. Elaboró y promulgó otro documento formativo titulado La Forma­ción. Es un documento que parte del análisis de la realidad for­mativa, superando simples planteamientos teóricos.

 

     11. En concreto, se estudian las crisis y dificultades que aparecen en la fenomeno­logía formativa de la Iglesia y de la Congregación. Se ofrecen líneas de solución ajustadas a los problemas señalados de una manera operativa. Y, por último, da orientaciones formativas para el futuro, asumiendo especialmente en la formación la dimensión comunita­ria ampliamente estudiada en el Capítulo.

 

     21. Entre los aspectos más particulares se pueden destacar:

 

     * Sugiere líneas para la planificación de la Pastoral Vocacional.

     * Se aprueban *ad experimentum+ por un sexenio las faculta­des aprobadas por la Congregación sobre el noviciado según la Instrucción Renovationis Causam.

     * Se indican criterios amplios y variados de formación permanente.

     * Y se derogan el O.S.G.[28] y la Comisión Permanente de Forma­ción y Estudios creada en el Capítulo anterior[29]. Sin embargo, pide que se promuevan reuniones y comisiones *ad casum+ a nivel general, interprovincial y provincial, y da orienta­ciones y criterios sobre los centros académicos propios y la participa­ción en centros no congregaciona­les[30].

 

     1.2. Respecto a los hermanos, estudiada su situación en el momento presente y lo realizado durante el anterior sexenio, se pide que se pongan en práctica las orientaciones dadas en el último Capítulo. Pero se insiste sobre todo en la organización del juniorado y en la preparación para la profesión perpetua[31].

 

     2. Directorio CMF (1975)

 

     El 7 de mayo de 1975 se promulgó el Directorio CMF que, según lo prescrito por el XVIII Capítulo General (1973)[32], es una reelaboración del anterior. Hay, por lo mismo, numerosos cambios en este nuevo Directorio: se centra más en los contenidos de los Capítulos Generales de 1967 y 1973, se deja de citar el C.I.A (aunque sigue siendo una fuente de inspiración), los textos están redactados con un nuevo estilo, y el formato interno y externo es distinto.

 

     Se sigue pidiendo un Plan General de Formación[33] en la línea del Capítulo del 67[34], la elaboración del planes provin­cia­les[35] y la confección de Estatutos para los Seminarios Mayores[36]. Para los Misioneros Hermanos, en un capítulo dedica­do a ellos (IX), se sigue pidiendo un plan formativo y se dan orientaciones concretas al respecto[37].

 

     3. Asamblea General. S. José de Costa Rica 1976

 

     Esta Asamblea celebrada en Costa Rica fue importantísima para la Congregación bajo muchos puntos de vista[38]. Se analiza­ron los problemas de la Congregación en el período de renovación y se dieron soluciones apropiadas.

 

     3.1. Se habló ampliamente del problema vocacional y de la situación de la formación. Se dio gracias al Señor por la aparición de vocaciones claretia­nas en nuevos países, se constató la poca eficacia en la promoción de hermanos, se detectó una cierta desorienta­ción formativa en los últimos años y se vio la urgencia de preparar buenos formadores­.

 

     3.2. Entre las proposicio­nes concretas que se aprobaron se pueden desta­car[39]:

 

     11. Se pidió la intensificación de la pastoral vocacional, con un equipo dedicado a ella y una especial atención a la pastoral juvenil.

 

     21. Los seminarios menores han de estar bien orientados desde el comienzo han de tener una orientación vocacional y la formación de las dimensiones de la personalidad hay que darla progresiva y simultáneamente.

 

     31. Se debe implantar un tiempo especial para el postulanta­do y antes del noviciado se ha de analizar cuidadosamente la personalidad de los candidatos (base humana, actitudes, motiva­ciones, vida comunitaria e inquietud apostólica).

 

     41. Se ofrecieron líneas doctrinales para elaborar los programas que se han de desarrollar en el Noviciado, indicando que se han de evitar otras materias que no se refieren a conseguir el objetivo del mismo. Se alienta la creación de noviciados interprovinciales.

 

     51. Sobre el seminario mayor se dieron un buen número de indicaciones bien precisas: necesidad de la existencia y presencia de formadores, la posibilidad de la formación en una Provincia distinta de la propia, la complementariedad de la formación claretiana en el centro propio en continuidad con la dada en el noviciado, la seriedad en los estudios académicos y la iniciación doctrinal y práctica al apostolado, la formación recta y crítica sobre la realidad social y política y la orienta­ción pastoral futura de los que están en los últimos años de carrera. A los formadores, que deben tener categoría y prestan­cia, se les pide que no se inhiban en el ejercicio de sus funcio­nes.

 

     61 Se rechazó por votación secreta la teoría formativa llamada Creatividad comunitaria o Cibernética social al ser considerada como un riesgo para nuestra formación.

 

     71. Se propuso la confección de un programa básico de formación, ampliado con comentarios monográficos, para ser transmitidos durante el proceso formativo.

 

     81. Se consideró actuar como una prioridad durante los tres próximos años todo lo dicho por los anteriores Capítulos sobre los hermanos, especialmente la promoción vocacional y su renovación.

 

     4. P. Antonio Leghisa

 

     4.1. María, Madre y Formadora

 

     Una paso muy importante en la renovación de nuestra espiri­tualidad cordimariana fue la circular del P. Leghisa El Corazón de María y la Congregación en el momento actual[40]. El motivo de la circular fue ayudar a la Congregación a superar el momento crítico, de tipo general, que estaba viviendo e impulsarla a una mayor fidelidad a la dimensión cordima­riana de nuestra voca­ción[41].

 

     Desde el punto de vista de la formación, y en consonancia con el P. Fundador, el Corazón de María aparece sobre todo como Madre y Formadora[42]. En cuanto Hijos de María, Ella nos confor­ma interiormente con su persona y con su vida -conformación que nos lleva a configurarnos con Jesús, su Hijo- estableciendo una relación real y auténtica de filiación; y en cuanto misioneros evangelizadores, María actúa en nuestra formación apostólica de una manera directa y eficaz. La presencia materna de María, en esta perspectiva, hay que destacarla ya desde la pastoral vocacio­nal[43]. La vivencia de la *filia­ción apostólica+ respecto a María, Madre de la divina gracia y Virgen fiel, debe ser más profunda y explícita; ello sería una ayuda para perseve­rar en la voca­ción[44]. Los jóvenes misioneros se han de preparar adecuada­men­te en los modos de formar al pueblo en la verdadera piedad mariana y de organizar el apostola­do[45].

 

     4.2. Otros temas

 

     Durante este período, el P. Leghisa trató otros temas relacionados con la formación permanente en Iberia y la pastoral vocacional en Latino-América[46].

 

 

     III. SEXENIO 1979 – 1985

 

     1. XIX Capítulo General. Roma 1979

 

     Es un Capítulo que estudia profundamente la misión apostóli­ca de la Congregación en el momento actual y redacta un solo documento, llamado la Misión del Claretiano Hoy (MCH).

 

     La MCH, aunque no trata de la formación ampliamente, sin embargo, da un principio global de gran importancia formativa[47] y varios criterios de formación permanente[48].

 

     El número 228 ha sido un principio muy dinámico y profundo, que ha motivado estudios y reuniones en los Organismos Mayores y en las Conferencias Interprovinciales en orden a adaptar los planes de formación a las orientaciones de la MCH. Podemos decir que ha dado lugar en la Congregación a una profunda renovación de la formación.

 

     2. Directorio CMF (1982)

 

     El 30 de mayo de 1982 se publicó el nuevo Directorio CMF, que sustituyó, como se dice explícitamente en la presenta­ción, al C.I.A y a los Directorios anteriores. Su elaboración partió del Directo­rio anterior (1975) y asumió las orientaciones del último Capítulo General, particularmente lo referente a la MCH.

 

     Desde el punto de vista formativo hay que notar que desaparece lo que en el Directorio anterior se decía del Plan General de Formación y se insiste una vez más en los planes de formación a nivel provincial y local[49] y en el plan formativo para los hermanos[50].

 

     3. P. Gustavo Alonso[51]

 

     3.1. La misión y la formación de los misione­ros hermanos

 

     Sobre la misión y la formación de los hermanos el P. Alonso escribió la circular Los hermanos y la misión claretia­na hoy[52]. Aunque el tema había sido tratado en los últimos años en muchas ocasiones, escribe de nuevo, pues, además de que su situación vocacional es crítica, se percibe la idea de que todavía no se ha llegado a su plenitud en el proceso de renovación de los mismos. En este contexto, los hermanos reunidos en Roma (junio-julio de 1980) le pidieron una palabra de orientación y clarifi­cación que suscitara una mayor conciencia y responsabilidad de toda la Congregación en torno a los problemas que les acucian.

 

     Desde el punto de vista formativo[53], en general, se trata de enfatizar una nueva forma de entender y organizar la formación de los mismos, que asuma plenamente los cambios sociales y la nueva concepción del ser y quehacer del hermano. Y de una manera más concreta, se trata de urgir la aplicación práctica de algunas orientaciones de gran importancia dadas ya en otros momentos, pero que no están siendo operativas en la Congregación. Así:

 

     11. Se han de respetar al máximo los período de formación establecidos para los hermanos: postulantado, noviciado, juniorado y preparación intensiva para la profesión perpetua.

 

     31. Han de estar integrados durante la formación en una comunidad formativa.

 

     41. Los hermanos han de formarse, no de una manera genérica y neutra, sino totalmente para la misión claretiana.

 

     3.2. Las Constituciones renovadas

 

    Con motivo de la aprobación definitiva de las Constituciones renovadas, el P. Alonso escribió la circular Las Constituciones renovadas[54] sobre el significado de la aprobación para la Congrega­ción. Después de describir el proceso seguido desde el Concilio Vaticano II hasta el momento presente y el sentido que tienen tras su aprobación, hace unas reflexio­nes para que nuestras Constituciones sean comprendidas y aceptadas como libro de vida para nuestra comunidad[55].

 

     Se trata de que sean de verdad un instrumento destinado *a dar una nueva calidad y orientación a nuestra vida de seguidores de Jesús+[56]. Para ello hay que aceptarlas con actitudes positi­vas, vivirlas y experimen­tarlas con activa responsa­bilidad como nuestro proyecto de vida y usarlas como instrumento de animación comunita­ria.

 

     Aunque el mensaje del P. Alonso, en su conjunto, tiene un valor formativo en sí mismo, no obstante, destaca explícitamente que las Constituciones han de tener una función relevante durante el período formativo. El discernimiento vocacional de los formandos y sus identificación como claretianos no serían posibles si no contaran con las Constituciones. Ellas han de formar parte, bajo la orientación de los formadores, de los contenidos de los programas formativos[57]. La circular termina confesando la certeza de la presencia de María en todo el proceso de renovación de las Constituciones y la seguridad

 

*(…) de que, a través de este instrumento de gracia, también a nosotros nos formará en la fragua de su amor materno (Aut., 270), plasmando en todos los hijos de la Congregación el mismo espíritu apostólico que infundió en San Antonio M. Claret+[58].

 

 

     IV. SEXENIO 1985 – 1991

 

     1. XX Capítulo General (1985)

 

     Se centró en la persona del claretiano y elaboró el documento El Claretiano en el proceso de renovación conciliar (CPR). Es un documento breve y programá­tico, con orientaciones muy concretas para la animación de la Congrega­ción. En particu­lar[59]:

 

     11. El CPR habla de la formación como uno de los puntos centrales de la renovación del claretiano.

 

     21. Entiende la forma­ción como un proceso *continuo+, que dura toda la vida y cuya eficacia depende, sobre todo, del convencimiento personal.

 

     31. Da gran importancia a la realidad en los procesos formativos siempre que sea analizada, discernida y adecuadamente asumida.

 

     41. Estimula las experien­cias apostólicas, según las líneas de la MCH, y pide que se elabore un programa de iniciación apostólica.

 

     51. Urge a que cada claretiano elabore un Plan Personal de Formación.

 

     2. Directo­rio CMF (1987)

 

     El 24 de octubre de 1987 se promulgaba un nuevo Directo­rio CMF. En él se asume, según lo acordado por el XX Capítulo General (1985), la acomodación de nuestra normativa al nuevo Código de Derecho Canónico promulgado el 25 de enero de 1983. Respecto a la formación, se introdujeron los cambios necesarios, según la nueva legislación de la Iglesia.

 

     En cuanto al Plan de Formación del que habla el canon 650.1, se dice: *El plan de formación para los llamados a la vida misionera (c. 650.1) está integrado por los elementos que se expresan a continuación+[60]. No se habla de Plan General de Formación, sino de plan de formación en general, de una manera inespecífica. Se indica, además, que el plan de formación ha de integrar los elementos que se señalan en el Directorio; es decir, se ofrecen elementos para la elaboración de los planes provincia­les y locales de formación, sobre los cuales se sigue insistien­do[61]. Por último, una vez más, se pide el plan de formación para los Hermanos[62].

 

     3. P. Gustavo Alonso[63]

 

     3.1. Gobierno y Constituciones

 

     En el encuentro de Superiores Mayores de la Congrega­ción (septiembre de 1986), el P. Alonso les dirigió un mensaje intitulado Gobierno y animación desde las Constitu­ciones[64], en el que trató el tema del papel de las Constituciones en la animación de las comunidades. Desarrolló más ampliamente, en una situación muy a propósito, algunas de las reflexiones ya brevemente indicadas en la circular de 1982[65].

 

     Aunque la circular se refiera a los superiores y a las comunidades en general, las orientaciones pastorales para el gobierno se pueden aplicar, con las debidas adaptacio­nes, a la formación. Con ellas se ha contar para promover *el crecimiento en calidad de cada persona y de cada comunidad claretiana+[66].

 

     3.2. La experiencia mariana de la Congregación

 

     El P. Gustavo Alonso, siguiendo las orientaciones del Capítulo General de 1985[67], promovió el estudio de la experien­cia mariana de la Congregación con la ayuda del Secreta­riado del Corazón de María[68]. A través de un sondeo muy abierto, invitó a toda la Congrega­ción a una comunicación de fe sobre la experien­cia de nuestra espiritua­lidad mariana.

 

     Del sondeo, al que respondió una tercera parte de la Congregación, se deducen varias conclusiones, algunas de la cuales hacen referencia a la formación. Entre ellas que la espiri­tualidad mariana es en la Congregación una experien­cia de vida, que se vive en conexión con la experien­cia carismá­tica del Fundador y que, para muchos claretianos, María ha tenido una presencia eficaz en su itinerario vocacional[69].

 

     3.3. La formación de los claretianos

 

     El motivo de la circular, Claretianos en Formación[70], dirigida a todos los claretia­nos[71], fue la experiencia del año 1990, un año muy rico en temática formativa tanto en la Iglesia y como en la Congrega­ción[72]. No intenta hacer elaboracio­nes doctrinales ni de organi­zación formativa, solamente quiere ser testimonio de los procesos formativos (hechos, intentos, proyectos, ideas) que desde bastantes años confluyen en nuestro momento actual de Iglesia y de Congregación. Entre los muchos aspectos que trata, destacaremos solamente lo que hacen referen­cia a la formación inicial[73]:

 

     11. La formación como proceso[74]

 

     La formación es un proceso que dura toda la vida. Ello significa que la formación no se puede concebir sin un plan, sin organicidad ni continuidad y, también, que a toda edad y a cada una de ella corresponde su momento formativo.

 

     a) La formación, un proceso personalizado. Que la formación sea personalizada es un axioma en el campo pedagógico, en el que la persona del formando ocupa un lugar central. Una persona abierta, desde la propia naturaleza y desde la fe, a Dios y a los demás. Es esta la perspectiva de nuestras orientaciones congregacionales cuando dicen que *sólo en la comunión y en la misión comunitaria desarrollamos nuestra personalidad como claretianos+[75].

 

     b) La acogida vocacional. El candidato, al entrar en la Congregación, se inicia en un nuevo mundo relacional. Entra en una comunidad de vida con capacidad de acogida. La Congregación de hoy necesita todavía de este tipo de comunidades de acogida bien organizadas y estructuradas, como son el Seminario menor y el Postulantado[76].

    

     c) La gradualidad formativa. La formación es un proceso sometido a la ley de la progresividad, que implica una diferen­ciación de etapas formativas. Es una gradualidad en orden a la maduración de todas las dimensiones de la personalidad que pide, por un lado, una diferenciada organización de los grupos formativos según propios objetivos y metas, y, por otro, un acompaña­miento activo para el discernimiento vocacional durante todo el proceso.

 

     21. La formación, un proceso de seguimiento de Cristo en comunión de vida[77]

 

     El itinerario formativo es para nosotros *un seguimiento+. Un seguimiento personalizado de Jesús que es para nosotros un proyecto y un don. Para formar la personalidad del joven es fundamental que desarrolle unas intensas relaciones con Cristo en tanto que *discípulo+. El da a esta relación un sentido de totalidad y personalización que ningún otro maestro puede ofrecer. Esta relación personalizada con Jesús pasa, ante todo, a través de su Palabra y de la Eucaristía y también a través de su presencia de entre nosotros en las personas de los pobres.

 

     El formando, como discípulo, es un aprendiz que, como Claret, imita a Jesús de una manera activa. Nuestro Fundador nos lo ha dicho de innumerables maneras en las Constituciones. Y lo ha sintetizado en la definición del Misionero: *Un Hijo del Inmaculado Corazón de María (…) no piensa sino cómo seguirá e imitará a Jesucristo+[78].

 

     31. Como Hijos del Corazón de María[79]

 

     No se puede prescindir del Corazón de María al hablar de la formación claretiana. Desde Jesús, Hijo enviado, toda formación de misioneros está confiada a María. Ella, llamada por las Constituciones *formadora de apóstoles+[80], nos forma en las actitudes y comportamientos misioneros. Con María, el formando recorre el propio itinerario de crecimiento y de identificación con Cristo.

 

     41. En comunidad de discípulos[81]

 

     No hay formación personalizada sin una relación a la comunidad. En ésta es donde nos formamos e intentamos conseguir *la plenitud personal a la que hemos sido llamados+[82].

 

     La comunidad formativa claretiana es una comunidad de personas, misionera y apostólica. Una comunidad con significati­vas relaciones fraternas en orden a la misión. Es una comunidad que constituye una opción de por vida y con unas características especiales según la experiencia de nuestro Fundador[83] y el proyecto de la Congregación[84]. La comunidad formativa no es una comunidad invertebrada. En ella hay diversidad de funciones ejercidas, según sus responsabilidades, por el formando, el formador, el equipo formativo y los miembros de la comunidad formativa. Según la Congregación y la Iglesia, en la comunidad formativa ha de haber siempre un formador, llamado entre nosotros prefecto o maestro. Por su competencia es el responsable personal del proyecto formativo y la persona que la Congregación ofrece a cada formando para la dirección espiritual o el coloquio personal.

 

     51. Contexto formativo[85]

 

     La comunidad formativa, además de su comunión con la realidad congregacional, ha de tener una relación, en clave claretiana, con la iglesia local y la sociedad en que está situada. Todo ello para que los formandos se preparen para responder con mayor eficacia a las necesidades de los hombres.

 

     En este contexto hemos de entender la apertura de la Congregación a las comunidades formativas insertas en medios populares y pobres, los intentos de inculturación de la formación y la colaboración congregacional en el campo formativo.

 

     61. En orden a la misión[86]

 

     La formación claretiana no tiene sentido si no va proyectada a la misión. Misión que se ha de entender a partir de Jesús, en comunión con la Iglesia, como servicio peculiar al pueblo de Dios y al mundo, y realizada en el interior de una comunidad apostóli­ca.

 

     En orden a una formación misionera, el mundo hay que entenderlo desde la dimensión de universalidad, pues su misión es para todo el mundo. Ello implica fomentar la ascética del desprendimiento, la disponibilidad, el contacto con las culturas, el conocimiento de los problemas más universales de los hombres y la urgencia del aprendizaje de las lenguas.

 

     En consonancia con nuestro ministerio específico, el ministerio de la palabra, la Palabra Dios ha de ocupar un lugar privilegiado en la formación del claretiano. El formando ha de hacer de la Biblia su libro preferido; ha de estudiarla, acogerla en la oración y situarla como base de la propia espiritualidad apostólica en comunión con la Iglesia y como clave para discernir la actividades y técnicas apostólicas formativas.

 

     71. Mirando al futuro

 

    En clave de futuro, nos hemos de preparar para la nueva evangelización, incrementando la obra de promoción de vocaciones y revisando nuestro sistema formativo y la calidad de nuestra formación. Todo ello nos debe llevar a elaborar una Ratio formationis, todavía *una materia pendiente que el desafío de la nueva evangelización tendría que estimularnos a enfrentar+[87].

 

 

     V. SEXENIO 1991 – 1997

 

     1. XXI Capítulo General. Roma 1991

    

     1.1. Elaboró la declaración Servidores de la Palabra[88]. El título de Servidores de la Palabra condensa nuestra misión carismática en la Iglesia y el subtítulo Nuestro servicio misionero de la Palabra en la Nueva Evangeliza­ción, subraya la dirección adaptada de nuestra misión carismá­tica en el momento actual. La declaración es una reflexión y una propuesta operativa para toda la Congregación sobre Nuestro servicio misionero de la Palabra. Como *claves+ de interpretación del SP se pueden indicar:

 

     11. El Capítulo, desde la Palabra de Dios, orienta la reflexión sobre nuestra vida y nuestro hacer, y ofrece propuestas operati­vas en orden a potenciar la vida comunitaria, el anuncio del Evangelio, la espiritualidad, la renovación y revisión de las estructuras y medios apostólicos, la formación inicial y permanente y la diversificación apostólica en los cinco continen­tes donde está implantada la Congregación. Es la Palabra de Dios y nuestro servicio misionero de anunciarla la clave fundamental para interpretar el empeño renovador que el Capítulo pide a la Congregación. Podemos decir que ésta es la gran NOVEDAD de la aportación del XXI Capítulo General a la Congrega­ción y a la Iglesia.

 

     21. El servicio misionero de la Palabra aparece en la declaración como un dinamismo integrador de nuestro ser y de nuestro ac­tuar y no como una simple acción pastoral o como un apéndice a nuestra misión apostólica. A ejemplo de Jesús y de nuestro P. Fundador, to­do en nosotros ha de convertirse en signo y expresión de la Palabra de Dios[89].

 

     31. En relación con la formación, se dice que uno de sus aspectos nucleares ha de ser la iniciación en el ministerio de la Palabra, entendido como un auténtico modo de ser, de actuar y de signifi­car[90]. Desde esta perspectiva se dan algunas orien­ta­ciones formativas:

 

     * Formar a los misioneros centrados en la configuración real con Cristo‑Evangelizador, en comunión y amistad con El, y adoptan­do sus mismas actitudes[91].

 

     * Acoger a María como Madre y Formadora, como el P. Fundador­[92] dejándonos formar por ella en la fragua de su Cora­zón[93].

     * Hacer que la Palabra sea uno de los ejes de todo el proceso formativo[94].

     * Realizar una for­mación académica seria, resaltando el conocimiento sapiencial y exegético de la Biblia, y poner en práctica la lectura diaria de la Palabra de Dios en clave claretiana, la *Lectio Divina+ y otras formas de lectura[95].

     * Promover en los jóvenes misioneros la comunitarie­dad; la capacidad de silencio, de escucha y diá­logo, discernimiento y análisis de la realidad; el uso de las técni­cas de comunica­ción y lenguaje; y la apertura a la misión universal, con la dispo­nibilidad y el estudio de las len­guas[96].

     * Ayudar a los jóvenes en inserción a que sepan leer la realidad co­mo palabra de Dios y escucharla con actitud evangéli­ca[97].

     * Y cuidar, de modo especial, a los jóvenes presbíteros y a los her­manos durante los cinco años siguientes a la formación inicial[98].

 

     1.2. El Capítulo aprueba, después de un proceso de discerni­miento, que se elabore un Plan General de Formación, (PGF) en los siguientes términos:

 

*Durante el sexenio se ha de elaborar un Plan de Formación para la Congregación en el que se recojan los núcleos esenciales de nuestro carisma.

La Prefectura General habrá de responsabilizarse de esta elaboración contando con la ayuda de una Comisión Interna­cional en la que estén presentes las distintas áreas culturales de la Congregación. Será objeto de estudio y revisión en las Provincias antes de su promulgación por el Gobierno General+[99].

 

     2. P. Aquilino Bocos

 

     Dentro de las muchas intervenciones de carácter formativo que se han dado en su magisterio, conviene destacar las escritas con motivo de la beatificación de nuestros Mártires de Barbas­tro[100]. Podemos sintetizar la idea central de su mensaje en la frase *Los mártires modelos de perfecta formación claretiana+.

 

     2.1. El testamento de nuestros mártires

 

     Con motivo de la beatificación de los mártires de Barbastro escribió la circular el Testamento misionero de nues­tros Márti­res[101]. Con ella invita a la Congregación a vivir este aconteci­mien­to como memoria y como compromi­so.  

 

     Aunque todo el recorrido de la circular tiene una clara referen­cia formativa, al fin y al cabo los mártires eran formadores y formandos, no obstante hay algunas propuestas con especial inciden­cia en el campo de la formación. En general, podemos decir que son para nosotros el modelo de lo que debe ser un hijo del Corazón de María, desde el Magnifi­cat (descubrimien­to y reconoci­miento del don de la vocación) hasta el Calvario (oblación total y definiti­va hasta la muer­te)[102]. Así:

 

     11. Ellos, los mártires, pusieron de manifiesto que el martirio pertenece a nuestra espiritualidad como herencia carismática. Es la espiritualidad martirial que nuestro Padre Fundador vivió y plasmó para la Congregación en la *definición del Misionero+ o *memorial del Hijo del Corazón de María+ y que ha configurado a los grandes hombres de la Congregación[103].

 

     21. Los Mártires, modelados en la fragua del Corazón de María por la acción del Espíritu para el anuncio del Evange­lio[104], sintieron la presencia de María en su marti­rio. Presen­te, como Madre y Maestra de misioneros, a lo largo de su itinerario formativo, estuvo omnipresente en el momento crucial de su vocación, el martirio[105]. María, la nueva Eva y la Mujer victo­rio­sa sobre el Maligno, les sostuvo en la prueba, alentó su fidelidad hasta el final y les introdujo en el misterio de la muerte de Jesús[106].

 

     31. Los jóvenes Mártires manifestaron un altísimo grado de madurez vocacional. Aun estando en período de forma­ción inicial no les impidió ofrecer en la cárcel el ejemplo de una admirable madurez en la vivencia de la fraternidad y del misterio de la comunidad. Estando entu­siasmados por su futuro sacerdotal y misionero, supieron renunciar a sus sueños y proyectos, pues compren­dieron que la misión no es sólo acción, es también pasión. Fueron conscientes de que su fidelidad hasta la muerte era una gloria, nunca una pérdida para la Congregación. En su martirio cobró sentido su proyecto de vida y cada uno de los aspectos que lo integran.

 

     41. De cara al futuro, no podemos permanecer indiferen­tes. Entre otros empeños, hemos de comprometernos en el crecimiento cualitativo y cuantita­tivo de la Congregación.

 

     a) La buena formación humana, espiritual, intelectual y pastoral ha sido una nota distintiva de los claretianos, que han sabido estar en medio del pueblo siendo populares sin ser vulgares. Hoy, para estar a la altura de los tiempos, hemos de progresar en ciencia y virtud. Sólo así ofreceremos un cualifica­do servicio misionero de la Palabra[107].

 

     b) Hemos de desear que la Congrega­ción crezca también cuantita­tivamente porque queremos extender el Reino de Dios por todo el mundo [108]. Si queremos cumplir el testamento de la sangre derra­ma­da por los nuestros, hemos de asumir la apremiante tarea de promover y cuidar de las vocacio­nes. Oremos al Señor de la mies que envíe obreros a su mies[109] y no olvidemos que nuestras palabras y estilo de vida misionera son la mejor invitación a abrazar la llamada del Señor[110].

 

     c) Los formadores son los encargados de que sangre nueva revitalice la Congregación. A nadie se le oculta cuán delicada y sacrificada es su misión. Por eso, su generosa y gozosa entrega es más digna de agradeci­miento. Esta beatificación ha de ser motivo de aliento para ellos y singular oportunidad para que formadores y formandos revivan con entu­siasmo aquellos valores de la vocación claretia­na que hicieron posible en nuestros mártires su heroica y conmovedo­ra fidelidad hasta la muer­te.

 

     2.2. A los Misioneros en Formación.

 

     Con motivo de la renovación de votos de los estudiantes de IBERIA en Roma, el día del P. Fundador y en vísperas de la Beatificación de los Mártires de Barbastro, escribió el P. General la Carta del Padre General a los misioneros claretianos en forma­ción[111]. Después de escribir la circular anterior a toda la Congrega­ción, se dirige a los formandos, de una forma más confidencial y familiar,*porque su denso y vibrante mensaje os pertenece de manera especial+[112].

 

     Al leer los testimonios de los mártires, se sintió impresio­nado y conmovido, sobre todo, por el interés de los jóvenes por hacer saber al P. General de entonces su estado de ánimo y su última voluntad. En este nuevo contexto, el P. General, movido por el testimonio que nos dejaron los mártires, propone a los formandos que confron­ten sus inquietudes y esperanzas misioneras con las que ellos testimoniaron[113]:

 

     11. Sentirse dichosos de ser Hijos del Corazón de María y de pertene­cer a la Congrega­ción; atentos a los desafíos misione­ros de su tiempo; preparados con mirada universal para el próximo ministerio; capaces de integrar en su espiritualidad la persecu­ción y dispuestos a morir por cuanto habían profesado.

    

     21. Sentir un poco más de pasión y entusiasmo en el compartir la vida y la misión de Jesús, audacia para dejarlo todo por el Reino, una fe más viva y un amor más ardiente a María, a la Iglesia y a la Congrega­ción, y una revisión de nuestros criterios y de nuestras actitudes de indife­rencia, inmediatismo, disper­sión, flojedad y cobardía.

 

     31. Ser coherentes y ajustar la vida cotidiana con las exigencias de la incondicional entrega a la causa de Jesús, que es la causa del pobre, del marginado, del indefenso,y no abdicar de nuestro propósito de seguir a Jesús, como claretianos, por veleidades ni caprichos momentá­neos[114].

 

     41. Ser fieles al futuro que los mártires entreabrieron con su sacrificio y el *grito profético de su sangre+, amando como ellos a la Congregación hasta dar la vida por ella[115].

 

     Los mártires pensaban en la Congregación como un proyecto presente pero abierto al futuro. Un proyecto a realizar entre todos sus miembros, los que entonces vivían y los que habían de venir. En este sentido, *la Congrega­ción está esperando vuestra personal contribución+.

 

     3. El Plan General de Formación (1994)

 

    Sobre el Plan General de Formación nos remitimos al capítulo siguiente. Tendrá un tratamiento aparte más amplio y profun­do.

 

     4. Escuela de Formadores *Corazón de María+[116]

 

     El Gobierno General, después de varias consultas, aprobó definitivamente en marzo de 1996 la creación y la puesta en marcha de la Escuela de Formadores *Corazón de María+ (ECM)[117].

 

     4.1. La idea de organizar una Escuela de Formadores tiene dos motivaciones. La primera es la urgencia de la formación de formadores, de la que se habla con insistencia en los documentos eclesiales y congregacio­nales, sobre todo en los elementos carismáticos y congregaciona­les. Y la segunda, la situación actual de la Congregación que, habiendo elaborado el PGF, ha de ayudar a los formadores a estudiarlo, profundi­zarlo y asimilarlo.

 

     4.2. Por lo tanto, el objetivo de la ECM es claro. Se trata de formar a los formadores de la Congregación en los elementos carismáticos y formativos propios de nuestra Congrega­ción. Va orientada, sobre todo, a los formadores que están comenzando su misión formativa. Y se desarrollará durante dos meses y medio con las experiencias claretia­nas de Vic y Barbastro, y el estudio en Roma.

 

     4.3. Desde el punto de vista jurídico, la Escuela dependerá del Gobierno General. Su gestión está encomendada a la Prefectura General de Formación, la cual contará con un Director, nombrado por el Gobierno General.

 



    [1] El período posconciliar, contenido en este capítulo 61, lo estructura­remos por sexenios. Es más pedagógico para captar la evolución y el desarrollo del proceso renovador que se ha verificado. Por otra parte, dada su riqueza y amplitud, presenta­remos, de forma breve, solamente las decisiones y orientaciones más importantes sobre las vocaciones y la formación.

    [2] Cf. 1F., n. 2.

    [3] Cf. 1F., n. 84.

    [4] Cf. PE., 128 bis.

    [5] 1HH, nn. 18-33, 34-37.

    [6] Cf. 1HH., nn. 18, 34.

    [7] Cf. 1HH., n. 22.

    [8] Cf. 1HH., nn. 19, 23-24, 30-31.

    [9] Cf. 1HH., nn. 36-37.

    [10] Cf. XVII CAPÍTULO GENERAL, Apéndice II, pp. 511-512.

    [11] Cf. Annales, .. l970, pp. 293-319.

    [12] Cf. 1F., nn. 84, 169.

    [13] Cf. Dir., n. 265.

    [14] Cf. Dir., n. 266.

    [15] Cf. Dir., n. 267.

    [16] Cf. Dir., nn. 303-305.

    [17] Otros temas que se relacionan con el formación en ANTONIO LEGHISA, Carta Ordo professionis fratribus nostris proponitur sobre el rito de la profesión en la Congregación (Cf. Annales, 51 (1972), pp. 122).

    [18] SAGRADA CONGREGACIÓN DE RELIGIOSOS, De accomodata renova­tione institutionis ad vitam religiosam decendam, 6 de febrero de 1969.

    [19] A. LEGHISA, circular A los Superiores Mayores de la Congregación sobre la *Renovationis Causam+, Annales, 50 (1970), pp. 293-296. A. LEGHISA, Decreto del Gobierno General La aplica­ción de la Instruc­ción *Renovatio­nis Causam+ a nuestra Congrega­ción, Annales, 50 (1970), pp. 296-319.

    [20] Cf. Decreto, Ib., p. 297.

    [21] Cf. Decreto, pp. 302-303.

    [22] A.LEGHISA, circular Criterios para una recta formación de los misioneros herma­nos, Annales, 50(1970), pp. 339-352.

    [23] Ib. p. 340.

    [24] Cf. Ib., pp. 344-352.

    [25] Cf. Decreto, Anales, 51 (1973), p. 199.

    [26] A. LEGHISA, circular Sobre la instauración del diaconado permanente en nuestra Congregación, Annales, 51 (1973), pp. 203-210.

    [27] Cf. Ib., pp. 207-210.

    [28] Cf. 2F., n. 31.

    [29] Cf. 1F., nn. 162-164.

    [30] Cf. 2F., nn. 32-35.

    [31] 2HH, n. 35.

    [32] Cf. XVIII CAPÍTULO GENERAL, Carta Abierta, n. 26.

    [33] Cf. Dir., n. 212.

    [34] Cf. 1F., nn. 84, 169.

    [35] Cf. Dir., n. 213.

    [36] Cf. Dir., n. 214.

    [37] Cf. Dir., nn. 247-249.

    [38] ASAMBLEA GENERAL DE COSTA RICA, Annales, 52 (1976), pp. 431-472.

    [39] Cf. Ib., pp. 438, 457, 464-469.

    [40] A. LEGHISA, circular sobre El Corazón de María y la Congregación en el momento actual, Annales, 53 (1977-1978), pp. 197-231.

    [41]*con el fin de orientar a la Congregación en una dimen­sión tan amplia y profunda de nuestro carisma misionero en la Iglesia de Dios […] señalar unas orientaciones y trazar unas líneas concretas de acción en orden a superar la crisis imperan­te y llevar así a la Congregación hacia una mayor fidelidad al don especial que ha recibido en la Iglesia+ (Cf. A. LEGHISA, El Corazón de María…, p. 186).

    [42] Cf. Ib., p. 209.

    [43]*De ahí la importancia de la presencia materna de María en la pastoral vocacional, tanto en los promotores como en la presentación adecuada del aspecto mariano de nuestro carisma, para ayudar, a los que han recibido inicialmente el mismo, a tomar conciencia de él y a descubrir la Congregación como lugar adecuado de la vivencia+ (Ib. pp. 229-230).

    [44] Cf. Ib., p. 230.

    [45] Cf. Ib., p. 230.

    [46] A. LEGHISA, carta abierta al Presidente de Iberia De cursu formationis permanente, Annales 52 (1976), pp. 285-290; Mensaje A los participantes al Encuentro de responsa­bles de la pastoral vocacional de Latino América, Annales 54 (1979), pp. 37-38.

    [47] Cf. MCH., n. 228.

    [48] Cf. MCH., nn. 48, 135, 137.

    [49] Cf. Dir., n. 173.

    [50] Cf. Dir., n. 252.

    [51] En este sexenio son interesantes además: G. ALONSO, Claret vivo, Presentación del libro: SAN ANTONIO M CLARET, Escritos Autobiográficos, ed. preparada por José M Viñas y Jesús Bermejo, B.A.C., Madrid 1981; y El presbítero claretiano en nuestros documentos posconcilia­res, conferencia en la Primera Semana Sacerdotal de Vic (19 mayo 1985); se encuentra, además, en G. ALONSO, Al servicio de una comunidad misionera, Roma-Curia 1991, pp. 87-115.

    [52] G. ALONSO, circular Los hermanos y la misión claretia­na hoy, Annales 55 (1981), pp. 3-14.

    [53] Cf. Ib., pp. 10-12.

    [54] G. ALONSO, circular Las Constituciones renovadas, Annales 55 (1982), pp. 309-327.

    [55] Cf. Ib., pp. 311-320.

    [56] Cf. Ib., Introducción, p. 310.

    [57] Cf. Ib., p. 321.

    [58] Cf. Ib., p. 327.

    [59] Cf. CPR., nn. 66-71.

    [60] Dir. n. 156.

    [61] Cf. Dir., n. 167.

    [62] Cf. Dir., n. 236.

    [63] En este sexenio, la Prefectura General de Formación publicó, entre otros subsidios, los Cuadernos de forma­ción claretiana y el Itinerario formativo claretia­no (1990).

    [64] G. ALONSO, Mensaje a los Superiores Mayores de la Congre­ga­ción, Gobierno y animación desde las Constitu­ciones (Annales, 57 (1986), pp. 278-287).

    [65] Reflexiones sobre las Constituciones renovadas, su función en la animación de las comunida­des y la responsabilidad de los superiores en la misma (Cf. G. ALONSO, Las Constituciones…, pp. 321-324).

    [66] Cf. Ib., p. 282.

    [67] Cf. CPR., n. 59.

    [68] Cf. circular sobre La comunicación de nuestra experiencia mariana, An­nales, 58 (1987-1988), pp. 98‑100; cf. también, G. ALONSO, La Espiritua­lidad mariana que vivimos, Comunicación en el XXXV Encuentro Semestral de la Unión de Superiores Generales. Villa Cavalletti, 25‑28 de mayo de 1988, en Al servicio de una comunidad misionera, Roma-Curia 1991, pp. 178-182.

    [69]*De hecho, muchos hermanos hablan de una presencia del misterio de María que les ha inspirado y guiado en los momentos fundamentales de su vida: nacimiento de la vocación, crecimiento espiritual en los años de formación, superación de crisis, etc. En resumen, una presencia definida maternal+ (G. ALONSO, La Espiritualidad mariana…, pp.180-181).

    [70] G. ALONSO, circular Claretianos en Formación, CF, Annales, 60 (1991-1992), pp. 25-49.

    [71]*Estas líneas van dirigidas a todos los Claretianos en el sen­tido de que todos, en fase institucional o permanente, somos sujetos en formación, según una convicción muy fuerte hoy en la Iglesia (Cf. Potissimum Institutio­ni, nn. 66‑71) y en nues­tro propio Instituto (Cf. CPR, nn. 20‑31, 66‑71)+ (G. ALONSO, Claretianos en…, p. 26).

    [72] En la Iglesia, por la publicación de documento Potissimum Institutioni (2 de febrero) y la celebración del Sínodo de los Obispos (octubre) dedicado a la Formación de los sacerdotes en las circunstancias actuales. En la Congregación, por haberse completado un ciclo de Cursos de Renovación Claretiana, destinados preferentemente a formadores de las diversas áreas geográficas del Instituto, y la animación realizada por la Prefectura General de Formación, a través la distribución de subsidios sobre temas formativos (Cf. G. ALONSO, Ib., p. 25).

    [73] De todos modos, es interesante hacer notar la llamada a organizar el Quinquenio en consonancia con la tradición congregacional: *me parece necesario decir que, teniendo en cuenta situaciones de nuestro tiempo, se hace urgente rehacer en la Congregación un proyecto que, más o menos en la línea de lo que fue el antiguo Quinquenio, ponga en manos de los organismos mayores un instrumento de formación‑acompañamiento de los jóvenes Claretianos (hermanos y sacerdotes) en sus primeros años de vida ministerial+ (G. ALONSO, Ib., pp. 31-32).

    [74] Cf. Ib., pp. 26-30.

    [75] CPR, n. 49.

    [76]*Tener bien pensada y articulada esta fase de la acogida es expresión segura del sentido de responsabilidad con que un organismo se ocupa hoy del tema de las vocaciones y, más en el fondo, de la vivencia y expresividad vocacional de los propios miembros+ (G. ALONSO, Ib., p. 29).

    [77] Cf. Ib., pp. 32-35.

    [78] Cf. Aut., n. 494.

    [79] Cf. Ib., pp. 35-36.

    [80] CC. 1986, n. 73.

    [81] Cf. Ib., pp. 36-40.

    [82] CC. 1986, n. 12.

    [83]*Se trata, en efecto, de una comunidad que tiene su principio en Dios, que comunica un idéntico espíritu a un grupo de personas (Aut. n. 489) con vistas a una colaboración apostólica en el ministerio de la Palabra (Carta al Nuncio, 12 agosto 1849) y a una “vida perfectamente común” (Aut. n. 491) que ha de expresar con fuerza la fraternidad (n. 609‑613) y la hospitalidad (n. 608), a la vez que se inspira en la regla evangélica de la pobreza, del compartir y del trabajo (Carta a Caixal, 5 septiembre 1849; Aut. n. 608). Estando fuertemente proyectada a la actividad externa, esta comunidad se caracteriza también por un intenso dinamismo interno de oración, estudio, preparación ministerial, etc. (ibid.). Es entendida como un proyecto que es para toda la existencia y que, siendo oferta de gracia, pide una respuesta en fidelidad y perseverancia (Aut. n. 490). Es el Espíritu Santo quien, como al grupo de los Apóstoles (cf. Introducción a la Regla de los Clérigos Seglares), sostiene y alienta a esta comunidad con una donación carismática que la vincula profundamente a Cristo, Hijo y enviado del Padre, por María (Aut. n. 687)+ (G. ALONSO, Ib., p. 37).

    [84]*Todos estos aspectos, que las Constituciones renovadas han articulado cuidadosamente, se proponen, no sólo como metas, sino también como elementos educativos con los que la comunidad toma parte activa en el itinerario de iniciación del futuro misionero+ (G. ALONSO, Ib., p. 38).

    [85] Cf. Ib., pp. 41-42.

    [86] Cf. Ib., pp. 43-48.

    [87] Ib., p. 49.

    [88] CMF, Servidores de la Palabra, (SP). Como subtítulo lleva el de Nuestro servicio misionero de la Palabra en la *Nueva Evangeliza­ción+.

    [89] Cf. SP., n. 6.

    [90] Cf. SP., n. 21.

    [91] Cf. SP., n. 21.1.

    [92] Cf. SP., n. 21.1.

    [93] Cf. SP., nn. 15, 15.3.

    [94] Cf. SP., n. 21.2.

    [95] Cf. SP., nn. 14, 14.1, 21.2.

    [96] Cf. SP., nn. 21.3., 21.4, 21.6.

    [97] Cf. SP., n. 21.5.

    [98] Cf. SP., n. 22.2.

    [99] Cf. Acta 14, 13 de septiembre de 1991, Annales 60 (1991), p. 253.

    [100] Del mensaje que escribió con motivo de la promulgación del PGF, hablaremos en el capítulo siguiente. Otros mensajes formativos los ha dirigido a las distintas áreas congregacionales con motivo de asambleas, cursos, encuentros, etc….

    [101] A. BOCOS, circular sobre el Testamento misionero de nues­tros Márti­res, Annales, 60 (1991-1992), pp. 465-491.

    [102] Cf. Ib., pp. 465-496.

    [103] Cf. Ib., pp. 469-470.

    [104] Cf. Ib., pp. 483-484, 490.

    [105] Cf. Ib., p. 470.

    [106] Cf. Ib., p. 471.

    [107] Cf. CC., 1986, n. 56.

    [108] Cf. CC., 1986, n. 58.

    [109] Cf. Mt. 9, 38.

    [110] Cf. CC., 1986, n. 58.

    [111] A. BOCOS, Carta del Padre General a los misioneros claretianos en formación, Annales, 60 (1991-1992), pp. 608-614.

    [112] A. BOCOS, Ib., p. 610.

    [113] Cf. Ib., p. 610.

    [114] Cf. Ib., p. 611.

    [115] Cf. Ib., pp. 611-612.

    [116] En el presente sexenio, además del PGF y la E.C.M., se está terminando el Comentario a la II parte de las Constituciones. La Prefectura General de Formación ha seguido publicando los Cuadernos de forma­ción claretiana y está terminando la elaboración del Proyecto formativo de Iniciación al Ministerio de la Palabra (IMP).

    [117] E.C.M, Estatutos, Annales, 62 (1996), pp. 581-583, 599-602.

Capítulo 5

                  C A P I T U L O 51

 

 

              PERÍODO ENTRE LOS AÑOS 1922-1966

 

                       II P A R T E

 

 

     IV. DOCUMENTOS VOCACIONALES Y FORMATIVOS

 

     1. Vocaciones

 

     1.1. La Obra de las Vocaciones Claretianas

 

     El XV Capítulo General de Castelgandolfo (1949) tuvo como preocupa­ción constante en sus delibera­ciones el tema de la *escasez del personal+; tema que condiciona­ba la apertura de nuevos frentes apostólicos y la constitución de nuevos organis­mos. Como remedio se insiste en el *fomento e incremento de las vocaciones+ y, entre otras cosas, se concluye:

 

*Para conseguir estos fines, fúndese en las Provincias la Obra de las Vocaciones, cooperando a ella los Colaboradores Claretia­nos, y establézcase en la Curia General el Secreta­riado de Vocaciones que organice e impulse el movimiento de la propaganda+[1].

 

     El Reglamento de la Obra de las Vocaciones Claretianas se publica en Annales en 1950[2]. La Obra se instala en la Curia y se crea, a la vez y dentro de la misma, el *Secretariado de Vocaciones+. Como un punto importante, los Colaboradores Claretianos serán *como brazos poderosos de la Obra+[3].

 

     La Dirección General de la Obra imprime en 1951 un pequeño tratado, El Reclutador de Vocaciones, con orientaciones metodoló­gicas muy precisas para la promoción vocacional[4].

 

     1.2. El Secretariado de Vocaciones Claretianas

 

     En 1962 aparece la creación de un nuevo Secretariado de Vocaciones Claretianas, que, según parece, tiende a mejorar lo anteriormente realizado[5]. Su Reglamento, muy breve, se remite al reglamento de la Obra y asume la circular sobre la vocaciones del P. Schweiger (1955), varias veces citada en el capítulo anterior, y las conclusiones de los encuentros vocacionales celebrados por aquel tiempo.

 

     2. Postulantes

 

     En 1962, la Prefectura General de Formación publica el Manual del Seminarista Claretia­no[6]. Es una actualización del Espejo del Postulante, que estaba cayendo en desuso.

 

     El manual consta de tres partes llamadas *Espíritu+ (líneas formativas), *Devocionario+ (prácticas y oraciones para todo tiempo y diversas circunstancias) y *Cantoral+ (con cantos litúr­gicos y congregacio­nales). Aunque el libro conserva aún algunas prácticas en desuso, que hubiera sido mejor suprimirlas, no obstante, conserva algunos núcleos formativos que se pueden destacar:

 

     2.1. Fuerte matiz claretiano

 

     Desde el mismo comienzo, el manual introduce al postulante en la lectura y medita­ción de la *defini­ción del misionero Hijo del Inmaculado Corazón de María+ y de la *promesa consoladora+, como estímulo vocacional y formativo. Recoge oraciones y cantos típicamente congregaciona­les. Y presenta tradiciones antiguas de la Congregación en los usos y costumbres (rezo del Ave María cada hora, etc…)

 

     2.2. Espíritu litúrgico

 

     Haciéndose eco de las últimas orientaciones de la Iglesia, el manual estimula la conciencia de la importancia de la formación y vivencia constante de la liturgia.

 

     2.3. Piedad y caridad

 

     Además de indicar otras virtudes (humildad, castidad, modestia, etc…), el manual da, siguiendo la tradición congrega­cional, máxima importancia a la piedad y a la caridad: *ante todo y sobre todo han de ser verdadera y sólidamente piadosos+ y *como Hijos que son muy amados del Corazón de María, tendrán una cordialísima devoción a su celestial Madre+[7]. Y *como Hijos muy queridos de una misma Madre, ámense mutuamente, a fin de que Jesús los reconozca como suyos, la Madre tenga en ellos sus complacencias, y el Seminario se convierta en un reflejo del Paraíso+[8].

 

     2.4. El Prefecto y la dirección espiritual

 

     El P. Prefecto es *el superior inmediato de los seminaris­tas+ y, por lo mismo, el responsable de su formación. Especial­mente, el manual pone de relieve el acompañamiento personal. Tendrán diálogos personales *con frecuencia+, le abrirán el corazón y le escucharán con docilidad[9].

 

     3. Novicios

 

     Con el pasar de los años, la aparición del nuevo Derecho Canónico y del nuestro particular, el desarrollo de la Congrega­ción y el cambio de las circunstancias de la formación, se vio la necesidad de proceder a una nueva edición de un tratado para la formación de los novicios. Los Superiores de la Congregación pensaron, con muy buen acuerdo, redactar otra obra *original y propia, que contuviese el espíritu inconfundible de nuestro P. Fundador y de los primitivos Misioneros del Institu­to+[10].

 

     Así nació la idea del tratado El Novicio Instruido, escrito por el P. Ramón Ribera en 1931[11]. La obra, que también tiene en cuenta aspectos pedagógicos, de otros Institutos y Ordenes religiosas, aprovechables para nuestra Congrega­ción, es profunda y totalmente claretiana. Tiene abundantes referencias a la Palabra de Dios, al Corazón de María y a la Congrega­ción. El Novicio Instruido da una máxima importan­cia a la práctica de la vida espiritual (métodos de oración, retiros, ejercicios espirituales, exámenes, lectura espiritual, etc…); a la vivencia de los votos,; a los ejerci­cios de las virtudes; y a la asimilación vital de las Constitu­cio­nes, proyecto de vida de la Congregación, y de las tradiciones congregacionales. Estas prácticas se han de hacer en una comunidad, que viva plena y totalmente la vida claretiana y que sepa trasmitir al novicio la experiencia de la vida congrega­cio­nal.

 

    Como aspectos formati­vos importantes se pueden destacar los siguientes:

 

     3.1. Objetivo del Noviciado

 

     En el Novicio Instruido, se define el noviciado como un tiempo que precede a la profesión religiosa para probar la vocación del novicio y poner los fundamentos de las virtudes. Es decir, un período:

 

*para que el Novicio pruebe si le será conveniente abrazar la Religión y ésta examine y pruebe si le convendrá recibir en su seno al Novicio, y también para que, durante él, se pongan los fundamentos de las virtudes (Const. p. I, c. XXIV)+[12].

 

     Bajo otro aspecto, se presenta, también, el Noviciado como un tiempo para que los novicios se formen en el verdadero espíritu de la Congregación para ser auténticos Hijos del Corazón de María, apóstoles incansables y heraldos de la divina glo­ria[13].

 

     3.2. La formación personalizada: la autoformación

 

     El P. Ribera llama a la formación personal *autoforma­ción+[14]. Al hablar de autoforma­ción, no se está recalcando el individua­lismo[15]. Siempre hay que contar con los otros agentes de forma­ción: el Señor, los Superiores y la comunidad[16]. Lo que se está poniendo de relieve es la implicación personal del novicio en su propia formación, de acuerdo siempre con el proyecto congregacional y en sintonía con las orientaciones de los formadores. La autoformación implica algunos principios, como son:

 

*Lo primero que necesita el joven para ayudar eficazmente a su propia formación es conocer la herencia psicofisiológica recibi­da, a saber, su constitución y temperamento físicos, base natural y elemento principa­lí­simo del carácter moral;(…)+[17].

*Reflexione también el joven sobre la educación primera recibida en su familia,(…)+[18].

*Conviene que conozca también el jo­ven educando el grado de su talento o inge­nio, de su penetración en el conocimiento de las cosas, de su memoria para aprender y retener, de su atención y fijeza;(…)+[19].

*La autoformación comprende tam­bién el empeño decidido de formar o per­feccionar cada uno en sí mismo hábitos na­turalmente virtuo­sos,(…)+[20].

*Por fin recomendamos a nuestros jóvenes para su autoformación la lectura aten­ta y repetida de algunas obras de educación, intelectual y moral,(…)+[21].

 

     En consecuencia, los novicios han de entregarse del todo a poner el fundamento de las virtudes con gran deseo e interés, empeño y aplicación, implicán­dose en ello con toda la energía del espíritu, la fuerza del corazón y las capacidades de la persona. Y para que este empeño no sea puramente idealista, han de darse a la práctica de las mismas, empleando los medios más eficaces para alcanzar el fin que se pretende[22].

 

     3.3. Recta intención

 

     El P. Ribera, que habla de rectitud de inten­ción[23], consi­de­ra esta dimensión espiritual como un elemento de primer orden[24]. La recta intención da un sentido global a la vida y a la existencia del novicio orientándolas sólo hacia Dios, a cumplir su voluntad y a preocuparse por sus intereses. El novicio, de esta manera, crecerá también en madurez humana y en equilibrio afectivo, dando a su vida un sentido optimista y positivo y buscando siempre el bien de los demás[25].

 

     Para que sea auténtica, la recta intención ha de estar purificada de otras intenciones o motivaciones que la pueden falsear; cosa que suele ocurrir, por inexperiencia del novicio, en el Noviciado[26]. En general, tres son las motivaciones que suelen torcer la recta intención de buscar la gloria de Dios en las obras: la vanidad o vana estimación de sí mismos, la propia complacencia y los respe­tos humanos[27].

 

     Para formarse, de una manera práctica, en la rectitud de intención, lo primero es remover las motivaciones que la falsean, mediante una vigilancia y revisión personal continua. En segundo lugar, ofrecer ya desde la mañana todas nuestras acciones a Dios. Y en tercer lugar, renovar este ofrecimiento en todas y cada una de las obras que se practican, en las oraciones y recreos, en los trabajos manuales, etc…[28].

 

     3.4. Observancia de las Constituciones

 

     Además de la instrucción y del estudio de la vida religiosa, entre los deberes del novicio, se enumera la observancia puntualísima de las Constituciones, la práctica de las virtudes de la vida religiosa, especialmente las que se refieren a los votos y las señaladas en las Constituciones y el ejercicio asiduo de la oración y meditación; asimismo, respecto a la personalidad, el dominio de sí mismo y del propio juicio, de la voluntad y de las pasiones, la reforma del carácter y del talante exterior según el espíritu de la Congregación[29]. El novicio ha de apren­der a practicar los actos espirituales propios tanto de los religiosos como de la Congregación[30], a ejercitarse en las virtu­des misioneras que se derivan de nuestra condición de religiosos y de nuestra vocación claretiana[31], y a comportarse con un estilo digno de un Hijo del Corazón de María[32].

 

     3.5. La instrucción y el estudio

 

     Un acto muy importante es la participación de los novicios a las conferencias ascéticas que les ha de dar el P. Maestro sobre la vida espiritual, las Constitucio­nes y la Congregación. El fin de estas conferencias es:

 

*instruir al Novicio en todo cuanto atañe a la vida religiosa y a las virtudes que deben enaltecerla+[33].

 

     A las conferencias (e igualmente a las pláticas de comuni­dad) se ha de asistir con el mismo espíritu de fe con que los Apóstoles oían las instrucciones que les daba el Maestro, con atención, docilidad y deseo de aprovecharse de las mismas[34].

 

     Siguiendo lo prescrito en nuestras legislación, da algunas orientaciones sobre las materias que se han de estudiar en particular[35]. En primer lugar, no se permite a los novicios dedicarse de propósito al estudio de las ciencias, letras y artes durante el tiempo del Noviciado. Sólo se les permite repasar brevemente y con moderación las ciencias y asignaturas que hubieran aprendido en los años anteriores. Y en segundo lugar, han de aprender de memoria las santas Constituciones, a lo menos en sus principales capítulos y otros documentos espirituales escogidos. Queda al juicio del P. Maestro señalar qué textos deben aprenderse de memoria. Normalmente, era costumbre hacer aprender de memoria los capítulos de la primera parte de las Constituciones que hacían, o iban a hacer en breve, alguna referencia a los novicios y casi toda la segunda parte de las mismas; el Catecismo y las oraciones comunes. También era de desear que se les hiciese aprender textos de la Sagradas Escrituras[36] y de los Santos Padres.

 

     Para la lectura espiritual, uno de cuyos objetivos es *iluminar el entendimiento y nutrir el espíritu con verdades provechosas que son el alimento del alma+, se señala: en primer lugar, las Sagradas Escrituras, sobre todo el Nuevo Testamento; después, las obras ascéticas de doctrina sólida y la vida de los Santos, principalmente la de nuestros hermanos claretia­nos, que resplandecieron por su virtud, y la de los santos religiosos y misioneros[37]. Además, se da por supuesto la lectura de las obras sobre el espíritu de la Congregación[38].

 

     Por todo ello, el Noviciado ha estado y ha de estar siempre estructurado y organizado dinámicamente para conseguir este objetivo como una *escuela de experiencia+ de vida religiosa y congregacional.

 

     3.6. Virtudes

 

     El P. Ribera no se contenta con hacer un comentario pedagógico a las virtudes propias de los novicios según el capítulo *de probandis+[39]. Lo realmente interesante es que la sección sobre las virtudes la inicia con *la virtud fundamen­tal, la caridad, origen y móvil de todas las demás+[40]. Es la virtud más necesaria al misionero, como dice el P. Fundador[41] y es la primera que deben buscar los formandos[42].

 

     3.7. La dirección espiritual

 

     Una expresión de docilidad al Espíritu y de cooperación responsable con el P. Maestro en la búsqueda de la voluntad de Dios, es la dirección espiritual.

 

     Aunque no es obligatoria[43], está sumamente recomendada por la Iglesia, por el P. Fundador[44] y por la Congregación como un medio eficacísimo para superar las dificultades en el camino vocacional y para estimular la propia santificación[45].

 

     En el Novicio Instruido se ofrece un método práctico para llevar el diálogo con el Maestro, donde se indican las actitudes que hay que suscitar y los puntos a desarrollar; puntos que abarcan toda la personalidad del novicio de una manera dinámi­ca[46].

 

     Como frecuencia de la cuenta espiritual, normalmente, y de una manera general, se aconseja cada mes en el día de retiro. No obstante, la tradición congregacional en nuestros centros formativos es de cada semana en nuestros Noviciados y, al menos, cada quince días en los escolasticados[47].

 

     4. Profesos

 

     Como hemos dicho al hablar de los reglamentos de los postulantes y de las prácticas espirituales de los novicios, también el Novicio Instruido tiene valor para los profesos con las debidas adaptaciones[48]. Más aún, a los recién profesos (estudiantes y hermanos) va dedicada la última parte de la obra (Sección Quinta)[49].

 

     En esta sección se dan *algunos avisos+ a los estudiantes y hermanos para que no pierdan el espíritu adquirido en el noviciado, se confirmen más en él, para que crezcan en la virtudes, progresen en el camino de santidad que han emprendido y se preparen adecuadamente a la renovación de los votos.

 

     5. Ordo Studiorum Generalis (O.S.G.)

    

     5.1. Elaboración y revisión

 

     El XII Capítulo General, celebrado en Vic entre los meses de agosto-octubre del año 1922, varios años después de la promulga­ción del Código de Derecho Canónico (1917), pidió una nueva ordenación de los estudios en la Congregación.

 

     Una Comisión, nombrada para este fin, estuvo trabajando durante siete años en la elaboración del Plan hasta agosto de 1929. El 12 de noviembre del mismo año, previa aprobación por parte del Gobierno General, fue promulgado *ad experimentum+ por el P. Nicolás García, Superior General, con el nombre de Ordo Studiorum Generalis pro Missionariis Congregationis Filiorum Imm. Cordis Beatae Mariae Virginis, llamado comúnmente O.S.G[50].

 

     Este Plan de Estudios recogió, además de las orienta­ciones del Capítulo, las propuestas de la Congregación canaliza­das a través de las Prefecturas de Estudio, y otros documentos de la Santa Sede, de Institutos y Congregaciones Religiosas, de Seminarios y Universidades Eclesiásticas. El O.S.G. del 1929 estuvo vigente en toda la Congregación durante casi treinta años.

     Sin embargo, un hecho importante iba a suscitar su revisión y adaptación. El 31 de mayo de 1956 el Papa Pío XII promulgó la Constitución Apostólica Sedes Sapien­tiae con los Estatutos Generales. En ella se pedía a las Congregacio­nes y a los Institutos religiosos una acomodación de sus Planes de Estudios a las normas y orientaciones de esa Constitu­ción Apostólica. La Congregación realizó la adaptación pedida, que fue promulgada el 7 de marzo de 1959, después de casi tres años de trabajo[51].

 

     5.2. Algunas orientaciones

 

     11. Además de las materias eclesiásti­cas, el O.S.G, de 1929, ofrece para su estudio, durante el año académico o durante los tiempos de vacaciones, una amplia panorámica de materias humanas[52].

 

     Para ampliar la formación académica, cultural y profesional, el O.S.G, renovado en 1959, además de las materias eclesiásticas propiamente tales, establece otras auxiliares y especiales[53], y da la posibilidad de que alumnos puedan hacer estudios especiales según sus capacidades[54].

 

     21. Sobre la base de que toda la formación académica va orientada a la misión, no obstante, nuestra legisla­ción y nuestros planes de estudios establecían líneas de formación pastoral, teórica y práctica, para completar la formación apostólica.

    

     El O.S.G de 1929 prescribía continuos ejercicios prácticos de todo tipo en orden a asimilar mejor la materias[55], experien­cias apostólicas durante el curso teológico[56] y un quinto año, teórico y práctico, para prepararse inmediatamente al ministe­rio[57]. Y el del 1959 legisló más amplia y explícitamente los aspec­tos pastorales. Así insistía en el valor pedagógico de los ejercicios prácticos para profundizar las materias, desarrollar el sentido crítico y hacer la aplicación a la realidad[58], en la necesidad de hacer experiencias apostólicas durante toda la carre­ra[59] y daba orientaciones para organizar un año de pasto­ral para los recién ordenados[60].

 

 

     V. CAPÍTULOS GENERALES

 

     1. XII Capítulo General. Vich 1922[61]

 

     Este capítulo fue de una gran trascendencia. Además de adaptar nuestro legislación (Constituciones y Disposiciones Genera­les) al nuevo Derecho Canónico, se tomaron importantes decisiones para la formación, entre ellas, elaborar un nuevo Plan de Estudios[62].

 

     1.1. Criterios de admisión[63]

 

     Los cuestionarios que deben responder los candidatos están orientados a un mayor conoci­miento de las personas en orden a una mejor selección y formación de los mismos. Como criterios concretos de admisión conviene destacar:

 

     11. En principio, no se admitan a los que con el tiempo pueden ser necesarios a sus padres y abuelos. Los que estén sujetos a la patria potestad, necesitan el permiso de sus padres o tutores.

 

     21. El candidato, al ser admitido, hará una declaración por escrito, donde aceptará con claridad y libertad algunas condicio­nes propuestas por la Congregación[64]. Asimismo declarará su aceptación de que, en caso de salir de la Congregación antes de profesar, se le devolverá todo lo que entregó al entrar; pero que si llegare a profesar, aunque sólo por el primer año, quedará todo en propiedad de la Con­gregación, excepción hecha de lo que tenga carácter de bienes patrimoniales.

 

     1.2. Formandos

 

     Respecto a los formandos, el Capítulo da algunas disposicio­nes para las distintas etapas formativas. Así:

 

     11. Los postulantes cumplen con el aspirantado prescrito en las Constituciones, e incluso la preparación inmediata al Noviciado, formándose en nuestros seminarios menores[65].

 

     21. Todos los novicios deben saber antes de profesar *que si ocultaren algún impedimento de los que excluyen o de alguna enfermedad oculta, los Superiores no tienen voluntad de admitir­los, siendo consiguientemente in­válida la profesión+[66]. En este caso, pueden ser dimitidos o inhabilitados perpetuamente para los cargos de la Congregación. Por lo mismo, tres meses antes de la primera profesión, el novicio, al pedir por escrito ser admitido a ella, hará una decla­ración de intenciones en el sentido propuesto por la Congregación[67].

 

     Los novicios que, durante el año de noviciado, se hallaren en peligro de muerte, podrán profesar in articulo mortis con permiso de los superiores, según los casos[68].

 

     El Maestro explicará a los novicios el n. 56 de la I parte de las Constituciones según el sentido dado por el Capítu­lo[69].

 

     31. Los estudiantes no serán admitidos ni a la tonsura ni a las órdenes menores y mayores, si no declararan por escrito que tienen firme voluntad de llegar al presbiterado[70]. Los Superio­res mayores, según las orientaciones de la Iglesia y de las Constitu­ciones[71], no están obligados a pro­mover a los estudian­tes a las sagradas ordenes, pudiendo aplazarlas cuando lo crean convenien­te[72].

 

     Por último, el Capítulo da algunos orientaciones y normas sobre el paso de los hermanos a estudian­tes y viceversa, los confesores en nuestros centros de formación y los exámenes para las órdenes[73].

 

     1.3. Hermanos

 

     El Capítulo aprobó algunas conclusiones respecto a los hermanos, entre ellas la de poner al frente de los hermanos buenos Ministros. Ministros que fueran verdaderos formadores y animadores espirituales, capaces de ayudarlos en la vida de oración y en formación permanente a través de conferen­cias sobre todo las espirituales y doctrinales[74].

 

     1.4. Formación para las misiones

 

    El Capítulo, teniendo en cuenta *nuestro carácter de Misioneros y (…) la idea de nuestro venerable Padre+, pide que el P. General abra Misiones en varias partes del mundo. Para ello, insiste, entre otras cosas, en que *es necesario preparar a los Misioneros, ya sea en un Colegio de Misiones, ya en las mismas Misiones, antes de destinarlos al ministerio. Han de estudiar la Teología Pastoral y Rúbricas, las Lenguas, usos y costumbres de los infieles+[75].

 

     1.5. Salidas de la Congregación

 

     Uno de los temas importantes que estudió el XII Capítulo General fue el de *las causas y los remedios+ de los abandonos de la Congregación.

 

*Es un hecho lamentable que muchos individuos no perseveran en la Congregación, según un día feliz prometieron a Dios y a la misma Congregación. Sin exagerar el número de los tales, que es ciertamente considerable, es deber del Capítulo estudiar las causas de las deficiencias y poner a ellas los remedios conve­nientes+[76].

 

     11. Entre las causas reales de abandono que aparecen en el Capítulo, se elencan las siguientes: facilidad en admitir a la profesión y ordenación a personas no idóneas; deficiencia en la formación de las mismas; el *maleamiento+ de los recién profesos por personas de conducta poco religiosa y poco edificante; carencia de tino y prudencia en algunos superiores; falta de caridad con los hermanos, especialmente con los Hermanos Coadjutores; la atención a las necesidades familiares; el cuidado de la propia salud; el mal ejemplo de los que han salido; la indiferencia ante el compromiso de fidelidad vocacional; la facilidad con que se habla del abandono de la vocación y, en América, de colocarse en trabajos fuera de la Congregación[77].

 

     21. Los remedios que se sugieren para favorecer la fidelidad vocacional, en consonancia con las causas que se han detecta­do, van acompañados, en algunos casos, de sugeren­cias pedagógicas y de actuaciones de gobierno y otras de tipo jurídico: en la selección vocacional no admitir a aque­llos que se prevea que deberán ayu­dar materialmente a sus padres; ser más exigentes en la formación y en la admisión a la profesión y a las órdenes; selección de buenos formadores; cuidado especial de los recién profesos, ordenados y de los destinos de los hermanos coadjuto­res, promover el espíritu de piedad y la observancia por medio de los Prefectos de cosas espirituales; ayudar particularmente a los más necesitados espiritualmente, etc…[78].

 

     2. XIII Capítulo General. Roma 1934[79]

 

     El Capítulo fue muy importante sobre todo por el nuevo impulso que se da a la formación académica.

 

     2.1. Planes formativos

 

     El Capítulo ordenó la *redacción de un Ordo pietatis y un Ordo disciplinae, que, con el Ordo studiorum, formen la base de la educación de los nuestros+[80].

 

     2.2. Estudios

 

     Respecto a los estudios, se aprobaron un conjunto de 26 conclusiones entre las que destacamos por su importancia[81]:

 

     11. El Prefecto de estudios. Se mantiene su figura como está en el O.S.G. y le compete la dirección de los estudios, con dependen­cia del Rector. Esta figura, que no impide en nada la acción del Prefecto de Estudian­tes, es necesaria para dar impulso, dirección y unidad a los estudios. Lo que sí conviene, por razón de armonía y dis­ciplina, es consultar y oír al Prefecto de Estudian­tes cuando fuere necesario (con. 1).

    

     21. Formación personalizada. Para favorecer las aptitudes especiales de los estudiantes y el progreso de las ciencias habrá, además de las materias normales, *alguna otra asignatura especial obligatoria+ para los que designe el Consejo Académico, oído el Superior y el Prefecto de Estudiantes (con. 21). Por otra parte, los estudios privados serán orientados por el Prefecto de Estudiantes (con. 2-3).

 

     31. Apostolado. En los domingos no habrá clases. Se dedicarán al descanso del día del Señor y al ejercicio de la Catequesis y a las funciones sagradas. Se conservan, sin embargo, las clases de Música y Religión (con. 11). Éstas conservarán *su carácter tradicional que tanto ha contribuido a la buena formación de nuestros Estudiantes+ (con. 12).

 

     41. Formación de formadores. Se ha de fomentar *la prepara­ción científica de los profesores y la formación técnica y pedagógica de los llamados a ser Pre­fectos y Maestros de nuestros estudian­tes+. Además del testimonio de vida, han de brillar por una buena preparación en *ascética y pedagogía eclesiás­tica y re­ligiosa+. Una Ratio formatio­nis, que recoja la experiencia de tantos años de la Congregación, podría ayudar a esta formación (con. 14).

 

     51. Mariología. Se establece *la creación de una cátedra de Mariología científica en nues­tras Facultades de Teología, la cual además recoja otras manifestaciones marianas, como las litúrgi­cas, poéticas, artísticas, pero siempre a fondo prevalentemen­te científico, y en orden a formar una completa doctrina sobre el Corazón de María+ (con. 13).

 

     61. O.S.G. Teniendo en cuenta los principios fundamentales propuestos y aprobados por el Capítulo, después de un tiempo suficiente de ex­perimentación, se pide al P. General que se haga una completa revisión del O.S.G., *a fin de dar a la Congregación su definiti­va Ratio Studiorum, a la cual va vinculada su formación científica+ (con. 16).

 

     2.3. Lectura de periódicos en los centros formativos

 

     Los criterios generales que dio el Capítulo para leer diarios y periódicos en nuestras comunidades no son válidos para los estudiantes de nuestros colegios. En un sentido más restric­tivo, tampoco se deben permitir aquellas revistas que puedan ser negativas para la buena formación moral o intelec­tual de los formandos. No obstante, el Superior debe facilitar algún medio para informar a los estudian­tes de las noticias que se consideren necesarias[82].

 

     2.4. Estudio y uso de las lenguas

 

     El Capítulo recomendó encarecidamente a todos el estudio y el uso de las lenguas de las regiones a las cuales son desti­nados, dando orientaciones concretas para cómo comportarse en dichas regiones tanto en la vida comunitaria como en la vida apostólica. Como criterio de discernimiento pidió que, además de las normas de los Ordinarios y de los Superiores Mayores, se tuviese *siempre presente la utilidad de los ministerios, y sobre todo la cari­dad, la cortesía y la concordia de los ánimos+[83].

 

     2.5. Hermanos

 

     El tema de los hermanos fue una de las preocupaciones del Capítulo. Se estudió y reflexionó sobre su vida espiritual, su estado vocacional y su situación en la Congregación.

 

     El Ca­pítulo urgió a todos los responsables (Superiores, Maestros y Minis­tros), a que cuidasen y vigilasen con el máximo inte­rés la formación de los hermanos, especialmente de los jóvenes; su espirituali­dad; su salud y su bien­estar, de acuerdo con el estado religioso y con la vida de familia, esperando asimismo una respuesta positiva por parte de los hermanos en sus comportamien­tos y obligaciones religiosa­s[84].

 

     2.6. Preparación para la profesión perpetua

 

     El Capítulo aceptó además e hizo suya la Instrucción dada por el Gobierno General[85] sobre el modo de prepararse nuestros jóve­nes, estudiantes y hermanos, a la profesión perpetua[86].

 

     2.7. Noviciado Apostólico

 

     El tema de Noviciado Apostólico, estudiado desde distintos ángulos por las co­misiones de observancia, jurídica y de gobierno, fue aprobado para los padres jóvenes que terminaban los cinco años después de la ordenación sacer­dotal. Se trataba de ofrecer a nuestros misioneros, antes de entregarse de lleno a la vida apostólica, un año de perfeccio­namien­to y santificación bajo la dirección de un Maestro o Pre­fecto[87].

 

     2.8. Fundación de un Colegio Internacional en Roma

 

     El Capítulo estudió la posibilidad de establecer en Roma un Colegio In­ternacional, bajo la autoridad del Superior Ge­neral, para perfeccionar los estudios comunes y para conseguir especia­lizaciones. Después de una amplia discusión y confiando en la protección de Dios y de la Virgen, decidió lo siguiente:

 

*1. Se aprueba la erección de un Colegio internacio­nal de Estudios Supe­riores en Roma, dejando al Superior General con su Consejo determinar la naturaleza, funcionamiento y de­más condiciones de dicho Colegio. 2. El Capítulo acep­ta el voto de la Comisión de que el establecimiento del Colegio se realice lo antes posible, dejando, no obstante, la determi­nación de esta posibilidad al juicio del Supe­rior General con su Consejo+[88].

 

     3. XIV Capítulo General. Albano 1937[89]

 

     3.1. Formación del personal

 

     El Capítulo, distinguiendo entre elemento pasivo (formandos) y elemento activo de la formación (formado­res), ofreció las siguientes indicacio­nes.

 

     11. Respecto al elemento pasivo de la formación[90]:

 

     a) Selección vocacional. El Capítulo reco­mendó que se intensificara dando también varios criterios. En concreto, mandó:

     * que no se admitiesen niños ilegítimos, aunque hubieran sido legitima­dos posteriormente por matrimonio de los padres.

     * que se hiciesen análisis de la sangre para detectar *las afecciones mor­bosas que muchas veces se desarrollan entrados los años+ y que hacen a las personas no idóneos para la vida re­ligiosa y sacerdotal.

     * que se estudiasen los an­tecedentes morbosos de los abuelos y, a veces, de los tíos.

     * que despidiesen a tiempo a los candidatos que no tuviesen signos vocacionales[91].

     * que no se admitiesen al noviciado ni a la profesión a los sujetos que, después de ser probados, permaneciesen sin clarifi­cación vocacional.

     b) Formación. Dado que el empeño por formarse debe durar toda la vida, en esta línea, pidió:

 

     * que los Superiores y Ministros cuidasen de los padres jóvenes y de los hermanos recién profesos.

     * que, siendo un *verdadero peligro para la buena formación religiosa misionera+ el enviar a los Padres recién ordenados a su país, el P. General promoviese intercambios efectivos entre personas de diversos países y provincias.

     * que el futuro Superior General pusiese en práctica el acuerdo del anterior Capítulo sobre el Noviciado apostólico[92].

 

     21. En cuanto al elemento activo de formación

 

     El Capítulo, lamentando el poco personal preparado de que dispone la Congregación, pidió una mayor formación de los formadores. Y señaló asimismo unas orientaciones y medios para superar esta importante laguna[93].

 

     Respecto a los formadores de los hermanos, pidió a los ministros que fuesen verdaderos padres espirituales de los Hermanos; insistió, recomendó una vez más y prescribió que cuidasen la formación de los mismos, continuando y llevando a cabo la formación religiosa ini­ciada en el novicia­do[94].

 

     3.2. Estudio.

 

     Para el tema del estudio, que fue reflexionado con gran amplitud y profundidad, el Capítulo dio una inmensa gama de orienta­cio­nes e indicaciones con gran visión misionera y de futuro para la Congregación.

 

     Se deliberaron Votos y Propuestas. Los primeros eran orien­ta­ciones para el Gobierno General en orden a la organiza­ción de los estudios. Las segundas eran indicaciones que se trasmitie­ron a la Co­misión General de Estudios para tenerlas en cuenta en la redacción definitiva­ del Reglamento de Estudios.

 

     11. Entre los Votos aprobados cabe destacar[95]:

 

     a) Ratio Studiorum. Ha llegado el momento de su redacción definitiva. Se nombrará para ello una comi­sión, en la que participen preferentemente personas con experiencias en campo de la enseñanza y de la formación.

 

     b) El Gimnasio. Debe durar para todos por lo menos cinco cursos obligatorios[96]. Los programas, en los que debe haber un claro predominio de la cultura humanística, tendrán como asignaturas principales o básicas, además del latín, del griego, de la lengua nacional y de las lenguas extranjeras, las ciencias matemáticas, físicas y naturales; por lo mismo, éstas últimas han de ser incluidas en el nuevo O.S.G. La cultura de nuestros estudiantes, al terminar su formación humanística (y filosófica), debe estar a la altura de la cultura media que se exija en la nación.

 

     c) La Filosofía. La introducción a la Filosofía se iniciará en el año quinto del Gimnasio. En el Liceo se continuará y ampliará la formación humanística y literaria, combinándola con el estudio de la Filosofía y de las Ciencias. Al final habrá para todos, como obligatorio, un exa­men general de Filosofía, el cual servirá de base para la obtención de los grados internos de la Facultad.

 

     d) La Teología. La Teología se desarrollará en cinco cursos. Los cuatro primeros tendrán un carácter más teórico y fundamen­tal: el quinto, carácter preferentemente prác­tico. Al terminar los cuatro años habrá para todos, como obligatorio, un exa­men general de Teología, el cual servirá de base para la obtención de los grados internos de la Facultad. El quinto año, que será de prepara­ción inmediata para el sacerdo­cio, se intensifica­rá la vida de piedad, se cuidará la prepara­ción próxima para el ministe­rio pastoral y se estudiarán algunas cuestiones selectas (de Teología, Místi­ca[97], Acción Católica).

 

     e) Especializaciones. Los destina­dos a hacer estudios superiores o especializaciones, deben ser, por regla general, sacer­dotes o próximos al sacerdocio; han de tener las cualidades apropiadas[98]; y, por último, deben haber terminado la carrera, o haber cursado al menos íntegros los cuatro primeros años del curso de Teología con dispensa del año quinto. El capítulo recuerda que debe crearse cuanto antes el Colegio Interno Central de la Congregación.

 

     21. Entre las Propuestas hechas para la Comisión General de Estudios destacan[99]:

 

     a) Sobre los formandos: que el quinto año de Gimnasio se tuviese después del Noviciado, en la misma centro formativo y bajo la dirección del Maestro; y que el quinto año de Teología formase una sección aparte y, mejor aún, un Colegio separado.

 

     b) Respecto a los profesores, que: los de Teología fuesen personas aptas para estudiar y para enseñar; que el cargo de profesor sea más estable; que a profesores y alumnos se les provea de medios adecuados, como son buenas bibliotecas y suficientes revistas técnicas, para estar al nivel de los últimos adelantos.

 

     c) En cuanto a la formación superior, dado que la Congrega­ción tiene una misión universal y católica, su acción y los medios han de dirigirse no sólo a los humildes, sino también a los de categorías más elevadas y cultas. Al menos un grupo selecto de Padres debería esforzarse por adquirir una cultura superior[100] tanto en las disciplinas eclesiásticas como en las profanas.   Sin abandonar las ciencias naturales y exactas, las ciencias profanas prioritarias a elegir serían las llamadas *ciencias de cultura+ (Filoso­fía y Letras), por ser instrumen­to más directo, inmediato y universal de apostolado[101].

 

     Responder a los desafíos apostólicos en un ambiente científico y cultural elevado implica una perspec­tiva netamente misionera y una preparación teológica y espiritual sólida y de calidad[102]. La forma­ción científica y filosófica la recibirán personas ya ordenadas, que posean una formación teológica superior y que den garantía de segu­ridad moral. No obstante, sería conveniente que los Superiores señalasen con tiempo a las personas apropiadas para irlas preparando y orientando desde los primeros años de los estudios.

 

     Entre otras iniciativas de fuerte empeño y compromiso para este tipo de apostolado, se sugirió que la Congregación intentase tener Centros Universi­ta­rios propios, con facultad para dar grados aca­démicos; que algunos de los nuestros adquirieran, según las necesidades, títulos de carreras civiles prácticas, como de arquitectos, etc.., y que se diera otra vez vida a la idea, tan grata al P. Fundador, de la Academia de San Miguel.

 

     d) Mirando a los centros formativos se pidió que el *Colegio Máximo Generalicio+ ofreciese un tipo de *formación completa, in­tegral y unificada de elementos escogidos+, de tal manera que sirviese de modelo a nuestros colegios internos para mejorar la calidad de la formación en la Congregación y unificar los criterios y las aspiraciones de todos. Asimismo, se propuso la reorganización de los Escolasticados, y de su personal docente y dirigente; se exigió que los centros tuviesen bibliotecas bien abastecidas según su categoría; y se sugirió la formación de bibliotecas especializadas en los diversos colegios y casas, siguiendo un plan de conjunto de tipo provincial.

 

     3.3. Formación misionera y apostólica

 

     En continuidad con el espíritu y la letra del Capítulo anterior, se pidió que se cuidase la formación misionera ya desde el postulantado, a través de conferencias, instruccio­nes, revistas, etc. sobre las Misio­nes[103]. Recomendando el Capítulo *nueva y eficazmente+, y de una manera prioritaria, el mi­nisterio de las misiones populares y los ejercicios espirituales, exhortó a todos los Superiores y a los Prefectos de estudiantes a que for­masen a los jóvenes en estas ideas, en el ejercicio de las misiones, y en la práctica de la composición y declamación[104].

 

     4. XV Capítulo General. Catelgandolfo 1949[105]

 

     4.1. Promoción vocacional

 

     Acuciado por la escasez de personal en la Congregación, el Capítulo insistió en el fomento de las vocaciones. Y presenta algunas iniciativas:

 

     11. Sin abandonar los postulantados, hay que abrir la promoción vocacional a los jóvenes, a través de los Ejercicios Espirituales, y a las vocaciones de mayores y tardías.

 

     21. Las Provincias deben señalar personas concretas para la promoción vocacional y elegir a Padres *inteligen­tes, celosos y con marcado espíritu proselitista+ para directores espirituales de nuestros colegios de externos y asociacio­nes de jóvenes.

 

     31. En las Provincias se ha de establecer la *Obra de las Vocaciones+, integrando en ella a los Colaboradores Cla­retianos; y en la Curia General, el *Secretariado de Vocaciones+ para promover la propaganda[106].

    

     4.2. Postulantados

 

     11. El primer problema que se trató fue la adaptación de nuestra enseñanza interna a la enseñanza media oficial. El Capítulo animó a las Prefecturas de Estudios, tanto General como Provinciales, a que propusiesen soluciones concretas en sus respecti­vos países, exigiendo como mínimo el nivel pedido por el O.S.G.

 

     21. El segundo se refirió al mal estado material en que se encontraban nuestros postulantados, donde *se crean ambientes poco educati­vos+ que alejan a las vocacio­nes selectas. El Capítulo rogó al Gobierno General que ayudase y estimulase a los Gobiernos Provinciales a poner remedio.

 

     31. Por último, se confirmó lo dispuesto en el CIA sobre admisio­nes de postulan­tes y novi­cios[107].

 

     4.3. Formación de los nuestros

 

     En general, el Capítulo no aportó nada nuevo respecto a la formación de los nuestros a lo largo de las distintas etapas formativas, incluidos los primeros años de sacerdocio. Estimuló a cumplir lo ya establecido y a seguir las sugerencias ofrecidas en algunos cursillos últimamente celebrados[108]. No obstante, se insistió en algunos criterios formativos. Así, por ejemplo:

 

     11. Se pidió que se tendiese más bien al rigor en la admisión para la profesión y las ordenaciones[109] y que no se admitiesen a los dudosos. La selección definitiva se ha de hacer antes de la profesión perpetua. La *virtud de los ordenandos+, pedida en nuestra normativa[110], implica un *ejercicio positivo de las virtudes + y el haber conseguido el hábito de la oración mental.

 

     21. Sobre la meditación de estudiantes y novicios, algunos Prefectos y Maestros de novicios habían solicitado que los estudiantes pudieran hacer la meditación en particular como los Padres[111]. Después de estudiar el asunto e interpretando el sentido del n. 110 de la I Parte de la Constituciones[112], el Capítulo no vio ninguna dificultad en que se hiciese como proponían los formadores. Dejaba, no obstante, su aplicación al criterio del P. General[113].

 

     4.4. Revisión de O.S.G.

 

     Se sigue considerando el O.S.G. como un instrumento de gran eficacia para promover *la elevación cultural de los nuestros+. Dado que parece muy próxima la publicación de una Instrucción de la Santa Sede sobre formación y estudios eclesiásticos, el Capítulo cree que se debe esperar a que aparezca antes de hacer la de nuestra legisla­ción de enseñan­za. En su momento, la Prefectura General de Estudios, o una Comisión especial, podrá realizar con más conocimiento y eficacia dicha revisión[114].

 

     4.5. Elevación del nivel científico de los nuestros

 

     Además de la revisión del O.S.G., se deben promover y actuar otros proyectos y orientaciones de gran alcance científico y académico, algunos de los cuales fueron ya aprobados en el Capítulo anterior. En concreto:

 

     11. El Colegio Internacional de Roma, que eleve el nivel cultural no sólo de los profesores, sino también de los formado­res y predica­dores de la Congregación.

 

     21. Los Centros de Especialización, para conseguir los grados académicos en distintas especialidades, asimilar otras culturas y pensamiento, y completar el proceso llevado a cabo en las Provin­cias.

 

     31. El Instituto Jurídico, ya en funcionamiento en Roma, para la formación de canonistas que pueden prestar un prestigioso servicio a la Iglesia y la Vida religiosa.

 

     41. Los Colegios Interprovinciales, para unir los esfuerzos de las Provincias en orden a establecer sus propios Centros o Faculta­des de enseñanza y para ofrecer en conjunto la formación sacerdotal durante el curso 51 de Teología.

 

    51. Estimular la obtención de grados civiles siguiendo las normas del Capítulo anterior[115].

 

     4.6. Fidelidad a la Iglesia

 

     En todos estos esfuerzos (formación científica, elevación del nivel cultural, investi­ga­ción y producción entre los profesores, etc…), el Capítulo declaró[116] que la doctrina que profesa y enseña la Congregación en sus centros es de *plena y absoluta sumisión… a las enseñanzas de la Santa Sede+ en conformidad con las Constitu­ciones[117] y el O.S.G[118].

 

     4.7. La cuenta de conciencia y la cuenta disciplinar[119].

 

     11. La cuenta de conciencia fue uno de los medios formativos que más preocupó al Capítulo[120]. La Congregación ha de atenerse a lo legislado por la Iglesia[121]. Aunque no puede exigirse, debe, sin embargo, *recomendarse insistente­mente y del modo más eficaz como medio indispensable de perfec­ción+, dando todas las facilidades posibles a los miembros de las comunidades.

 

     21. La cuenta disciplinar al Superior o encargado tiene otro matiz. El Superior la puede exigir a todos cuando lo crea conveniente. Este deber y derecho, lo ejercitará el Superior principalmente con los hermanos, los estudiantes y los Padres jóvenes en período de formación a través de los respectivos encargados (Ministros y Prefectos) según las Constituciones y las orientaciones de la tradición congregacional. Para facilitarla sería conveniente disponer de algunos formularios adecuados.

 

     4.8. Sobre los Hermanos[122]

 

     11. El Capítulo lamentó la falta de vocacio­nes de herma­nos[123] y alabó a los que trabajan en su promoción vocacional; reprobó el descuido por parte de los superiores y ministros en la atención a los hermanos jóvenes y a los que están en período de formación; y denunció el desprecio de que son objeto por parte de algunos desaprensi­vos.

 

     21. En orden al futuro, el Capítulo estableció, entre otras, las siguien­tes orientaciones:

 

     a) Admisión.

 

     * Como norma general, los postulan­tes, incapaces para continuar los estudios en orden al sacerdocio, no deben ser admitidos como hermanos sino después de un tiempo de prueba en sus propias casas.

 

     * Antes del Noviciado. En principio, no se admitan hermanos para hacer el postulantado antes de los 15 años. Puede haber prepostulantados entre los 15 y los 17 años para que reciban instruc­ción religio­sa, cultural y aprendizaje de sus oficios. Y a los 17 años ya pueden comenzar el Postulantado Canónico.

 

     * Para el Noviciado. No se han de admitir para el noviciado jóvenes que no hayan cumplido los 18 años.

 

     b) Formación.

 

     * Los hermanos han de seguir en el mismo noviciado o ir a otro centro formativo durante los tres primeros años de votos temporales para que se formen bien y puedan aprender los oficios. Después, durante los dos primeros años de profesión trienal, podrán ser destinados, con un seguimiento especial, a las demás comunidades. El último año de profesión temporal, antes de la profesión perpetua, volverán al Noviciado para prepararse debida­mente a ella.

 

     * Desde el punto de vista de la organización, los aspectos formativos de los hermanos se deberían recoger en un Reglamen­to propio para ellos. Además, según el Capítulo, lo ideal para la formación de los hermanos sería el que tuvieran postulantado y noviciado sólo para ellos.

 

     5. XVI Capítulo General. Roma 1961[124]

 

     Entre las preocupaciones principales del Capítulo    estuvieron la escasez del personal (número) para el gran número de obras que se llevan, su poca preparación (calidad), y el problema de la formación actualiza­da del mis­mo[125]. Para superar las dificulta­des existentes, sobre todo el del equilibrio entre personas y obras, el Capítulo dio como *recomenda­ciones generales+ el que todos, absolutamente todos, asumiesen su propia responsabilidad, la concentración de es­fuerzos para las empresas apostólicas, la intensificación, ante todo, de la vida interior y espiri­tual de la Congregación, y la adecuada orientación del asunto de las vocaciones y de la formación.

 

     5.1. Vocaciones[126]

 

     Estudiadas la crisis de las vocaciones de los años últimos, las estadís­ticas sobre su perseverancia, y las causas de los abandonos, el Capítulo ofreció muchas sugerencias a la Congrega­ción para dar solución a éstos problemas.

 

     11. Urgió a todos los Hijos del Corazón de María a la fidelidad, a que se formen *una conciencia vocacional iluminada y eficiente, sentida y perseve­rante+.

 

     21. Además del Gobierno General, que debe dedicar *la máxima atención+ al aumento del personal y a su esmeradísima formación, todos (individuos, comunidades y organismos mayores) han de sentirse promotores vocacionales.

 

     31. El primer esfuerzo vocacional ha de ir dirigido a las vocaciones nativas de cada país. Ningún organismo debe contentar­se con las vocaciones que les son suficientes; todos han de buscar vocaciones para la Congregación universal. Las inversiones económicas han de orientarse primordialmente hacia los países que tengan un mayor presente y futuro vocacional.

 

     41. En la promoción y selección vocacional, interesa más la calidad que la cantidad de candidatos. Hay que buscar las vocaciones principalmente en nuestras obras apostólicas (cole­gios, escuelas, parroquias, asocia­ciones, Unión Misionera y de los Colabora­dores Cla­retianos, etc…). Es necesario organizar la propaganda vocacional claretiana y ofrecer a los promotores un Manual con normas concretas y orientaciones vocacionales. Para tener buen índice de perseverancia, hay que cuidar la selección de los candidatos. En consecuencia, se ha de hacer el examen previo sobre sus cualidades personales y sus condicio­nes familiares, el examen previo de suficiencia y, si fuera necesario o muy conveniente, tener un tiempo de prepostulan­tado para observar mejor a los candidatos.

 

     51. Los edificios de nuestros centros para niños y jóvenes son también un factor de atracción y perseveran­cia de las vocaciones. Por lo mismo, han de reunir las adecuadas condiciones higiénicas y pedagógicas para la formación[127].

 

     61. Dado que la perseverancia de las vocacio­nes depende en gran parte de la calidad de los formadores, es imprescindible escogerlos con cuidado y prepararlos convenientemente.

 

     5.2. Formación del personal propio[128]

 

     A la base de las orientaciones que dio el Capítulo para la formación académica, reli­giosa y espiritual estuvo, además de la crisis vocacional y las defeccio­nes antes y después de la pro­fesión, la necesidad de intensificar nuestra formación específi­ca, cordima­riana y claretiana.

 

     11. Respetando la espiritualidad de otros Institutos, nosotros hemos de poner de relieve la nuestra propia. Por lo mismo, el Capítulo recomendó, de una manera especial y como nota de nuestra espiri­tualidad, la for­mación de los jóvenes en la vivencia de la *filiación cordima­riana+. Para ello habría que fomentar el conocimiento, la lectura y la publicación de los testimonios de nuestros hermanos en este campo.

 

     21. La educación física (deportes, vacaciones, etc…), tan necesaria para la salud del misionero, fue también objeto de la atención capi­tular con una cierta preocupación. Ante *el desmedido afán deportista+ existente, se pidió rectitud de intención, modestia y prudencia en todo lo que se organice.

 

     31. Para lograr una formación de calidad, y en lo posible uniforme, el Capítulo urgió la elaboración de un Ordo formatio­nis, aprobado por el anterior Capítulo General y pidió la revisión y publicación del Espejo del Postulante.

 

     41. La formación académica, con la reciente revisión y promulgación del O.S.G., ha quedado perfectamente organizada y actualizada. Se estimula a seguir sus orientaciones[129].

 

     51. Profesión perpetua de los Estudiantes. Teniendo en cuenta la tendencia de la Iglesia y la práctica de algunos de aumentar los años de votos temporales, antes de la profesión perpetua, se determinó que *después del trienio de votos temporales se conceda a todos los Estudiantes otro bienio de votos temporales antes de hacer la Profesión perpetua, pudiendo diferírsela otro año todavía a los dudosos+. Tanto este bienio como el trienio de los hermanos, puede realizarse en una sola profesión o dividirse en dos profesio­nes anuales, a criterio del Superior mayor propio.

 

     5.3. Hermanos[130]

 

     Se constató que también la crisis vocacional, de la que se ha hablado anteriormente, estaba afectando, y quizás con mayor virulencia, a los hermanos de nuestra Congrega­ción. La preocupa­ción del Capítulo respecto a ellos se manifestó sobre todo en la aprobación de algunas conclusiones para atender mejor a su formación religiosa y profesional.

 

     11. Se ha de formar a los hermanos como auténticos Hijos del Corazón de María, como misioneros capaces de cumplir los fines de nuestra vocación claretiana según las Constitu­ciones[131] y como buenos religiosos y amantes de la Con­grega­ción.

 

     21. Sobre su admisión, no se han de aceptar candidatos ignorantes o de mal carácter[132].

 

     31. Antes del noviciado, tendrán un tiempo de postulantado según las Constitu­ciones y el Derecho, y poseerán *una formación cultural propia+. Para después del noviciado, para los primeros años de votos temporales, se debe organizar un período de formación específico, con carácter obligatorio.

 

     41. El Capítulo da un decidido impulso *a la formación técnica+ de los hermanos, la cual debe ser obligatoria. Se sugiere la organización de aspirantados, provinciales o interpro­vin­ciales, en los que, además de la forma­ción religiosa, se proporcione las bases para la formación técnica.

 

     51. Como en el Capítulo anterior, se pidió al Gobierno General la elaboración de una Reglamentación formativa más concreta sobre lo tratado respecto a los hermanos y, en particu­lar, respecto a los destinos sobre todo en los años que siguen a sus primeras profesiones.

 

 

     VI. CODEX IURIS ADDITICII (C.I.A.)

 

     Mención especial hay que hacer del Codex Iuris Additicii, comúnmente llamado C.I.A., recopilación de toda las ordenaciones y disposiciones dadas por los Capítulos y Gobiernos Generales hasta el Capítulo General de 1922 inclusive. Tuvo tres ediciones, con sus respectivas revisiones y adaptaciones[133].

 

     Aunque es un documento de marcado carácter jurídico, que recoge la legislación congregacio­nal desde el tiempo del P. Funda­dor[134], es fundamen­tal tenerlo presente porque desarrolla, a través de normas y orientaciones, los principios que han regido la formación congregacional durante los años en que estuvo vigente.



    [1] XV CAPÍTULO GENERAL, Annales, 40 (1949), p. 125.

    [2] CMF. Reglamento de la Obra de las vocaciones Claretianas, Annales, 40 (1950), pp. 461-467.

    [3] Cf. Reglamento de la Obra de las …, pp. X, XII.2.

    [4] CMF. El Reclutador de Vocaciones, Roma 1951, pp. 22. Habla de los criterios para la promoción vocacional, de los medios, métodos y tiempos más adecuados, de las orientaciones prácticas para el promotor, de los informes y exámenes­ necesarios, etc…

    [5] CMF. Secretariado de Vocaciones Claretianas, Annales, 46 (1962), pp. 348-350. En la Presentación a los PP. Provinciales, se dice:* Algo y aun mucho se ha ido haciendo hasta el presente (en el campo vocacio­nal); pero a partir del año en que comenzó nuestra Obra de la Vocacio­nes Claretia­nas, vinculada desde el ultimo Capítulo General a la Prefectura de Formación, se han hecho diferentes ensayos y sería imperdonable temeridad el desoír las lecciones de la experien­cia+ (p. 348).

    [6] PREFECTURA GENERAL DE FORMACIÓN, Manual del Seminarista Claretiano, Madrid 1962, pp. 183.

    [7] Cf. pp. 9-10, nn. 1 y 5.

    [8] Ib., p. 21, n. 1.

    [9] Cf. Ib., p. 18, n. 6.

    [10] R. RIBERA, El Novicio Instruido, Madrid 1931, pp. 479; referencia en Prólogo, p. X.

    [11] En la obra *no encontrarán mis hermanos otro mérito que el ha­ber sido inspirada por la obedien­cia, redactada con cariñoso afecto a los jovencitos esperanza de la Congregación, y haberse reunido y condensado en ella las enseñanzas de nuestro santo Fundador y de algunos de aquellos venerables compañe­ros suyos, que tanto influyeron en la formación de las primeras generaciones de Misioneros, lustre de nuestra Congregación querida+ (Prólogo, pp. X-XI).

    [12] R. RIBERA, El Novicio…, p. 25.

    [13] Las orientaciones pedagógicas que se ofrecen han de ayudar a conseguir el objetivo del Noviciado, de tal manera que *cuantos hagan uso de ellas se formen en el verdadero espíritu de la Congregación como Hijos legítimos del Corazón de María y sean después infatigables Apóstoles y gloriosos heraldos de la divina gloria+ (R. RIBERA, El Novicio…, Prólogo, p. XII).

    [14]*Los jóvenes necesitan absolutamente de di­rección;(…) pero no lo han de esperar todo de ella. (…) los jóvenes han de seguir, sí, la dirección de sus maestros y superiores, pero deben coope­rar a la misma con su propia acción perso­nal, mediante la aplicación racional y cons­tante de ciertos principios de autoformación que contribuirán poderosa­mente al desarro­llo integral y armónico de todas sus faculta­des+ (R. RIBERA, El Novicio…, p. 182).

    [15]*además de que una autoformación independiente saca sujetos singula­res, raros y excéntricos, lo cual es muy ajeno a nues­tro carácter y vocación+. (R. RIBERA, El Novicio…, p. 183).

    [16]*Mas, atendida nuestra natural flaque­za y el escaso conocimiento que tenemos de nosotros mismos, todo este trabajo de autoformación exige necesariamente, además del concurso natural y sobrenatural de Dios, la cooperación de otros agentes exteriores. Nos referimos a nuestros Superiores y a nuestros propios compañeros+ (Cf. R. RIBERA, El Novicio…, p. 189).

    [17] R. RIBERA, El Novicio… , p. 183. Este conocimiento ha de ser *para que sabiendo las cualidades buenas de uno y otro, y los defectos, que de ordinario los acompañan, puedan secundar y perfeccionar aquéllas y extirpar éstos, si es posible, o a lo menos co­rregirlos, aprovechando su actividad y encau­zando hacia el bien sus naturales tendencias+ (Ib.).

    [18] R. RIBERA, El Novicio… , 183-184. Ya que *suele ella adquirir tal arraigo en nos­otros, que si es deficiente, difícilmente se suple; y si mala, con mayor dificultad se co­rrige:(…) Pero, por difícil que sea, no se puede negar que una voluntad resuelta, puesta al servicio de un ideal noble, y ayudada de la gracia di­vina, puede obtener gloriosos triunfos sobre hábitos defectuosos adquiridos en el seno de una familia ignorante, descuidada o poco fa­vorecida por las circunstancias o ambiente social+ (Ib.).

    [19] R. RIBERA, El Novicio…, pp. 184-185. *Consulte también sobre los defec­tos de su propio entendimiento, como la li­gereza, volubilidad, terquedad, estrabismo intelectual, o sea, el defecto de aquellos que siempre tienden a ver las cosas al revés de los demás, y otros semejantes; y crea lo que sobre esto le digan sus educadores, (…). Debe también el joven educando seguir el dictamen de sus mayores acerca de los estudios o ciencias a que podrá dedicarse, cumplido, por supues­to, todo lo reglamentario y prescrito (Ib.).

    [20] Cf. R. RIBERA, El Novicio…, p. 185. Pues *la gracia trabaja sobre la naturaleza, y con un resultado tanto más satisfactorio en igualdad de circunstancias, cuanto encuentra la naturaleza más dócil y perfeccionada+ (Ib., 185). Entre los hábitos que el novicio debe fomentar se encuentran: el hábito de orden, de limpieza, el sentimiento de dignidad perso­nal, el hábito de veracidad, de respeto a los demás, de bondad, compasión y condescendencia, de su­misión y negación de sí mismos, de firmeza y constancia, de magnanimidad y fortaleza, etc…+ (Cf. Ib., pp. 186-189).

    [21] R. RIBERA, El Novicio…, p. 190.

    [22] Cf. R. RIBERA, El Novicio…, pp. 214-216.

    [23] Existe *cuando uno se propone en sus actos la sola gloria de Dios, o dar gusto a Dios, o el amor de Dios+ (R. RIBERA, El Novicio…, pp. 305-306).

    [24]*Esta rectitud de intención es una verda­dera alquimia celestial, que convierte en oro de caridad y da valor sobrenatural a cuanto toca, aun las acciones más indiferentes, como comer, dormir, etc., y aumenta el mérito de las obras, ya de suyo buenas, multiplicando las fuentes de nuevos méritos según los va­riados fines santos que uno se proponga, como explica el santo Fundador en el capí­tulo XXVIII de su Autobiogra­fía (parte I)+ (R. RIBERA, El Novicio…, pp. 306-307).

    [25]*Así estarán tranquilos, cualquiera que sea el resultado de sus empresas; esta­rán indiferentes para cualesquiera disposicio­nes de la Providencia o de los Superiores; se alegrarán de que sus hermanos brillen y se adelanten, aunque ellos queden en la pe­numbra; crecerán en méritos y santidad y se harán dignos de la gracia del apostolado y de la gloria eterna+ (R. RIBERA, El Novicio…, p. 310).

    [26]*Efectivamente, los jóvenes pro­bandos, animados por una parte del deseo de su perseverancia en la vocación recibida, sintiéndose por otra con frecuencia faltos del espíritu de abnegación y sacrificio que requiere la virtud sólida, fácilmente, más por irreflexión que por malicia, caen en el enga­ño de contentarse con una virtud aparente y acomodaticia, en la que, con alguna buena intención de agradar a Dios, se mezcla bue­na dosis de amor desordenado a sí mismos, con intenciones torcidas, que se escapan no pocas veces a su vista, si no los hace caer en la cuenta el avisado Maestro+ (R. RIBERA, El Novicio…, p. 307).

    [27] Cf. R. RIBERA, El Novicio…, pp. 304-310.

    [28] Cf. R. RIBERA, El Novicio…, pp. 310-311.

    [29] Cf.R. RIBERA, El Novicio…, pp. 27-28.

    [30]*He aquí el motivo por que nuestros Novicios deben con todo empeño y sin flojedad aplicarse a practicar con la perfección posible los diferentes actos espirituales de Regla y otros que la Congregación acostumbra, o que ellos mismos de su propio motivo hayan escogido para fomento de la piedad. Esto es lo que vamos a enseñarles en la presente sección, importantísima cual ninguna, y sobre la cual llamamos toda la atención de nuestros jóvenes+ (R. RIBERA, El Novicio…, p. 70).

    [31]*Fíjense nuestros jóvenes en el modo tan encarecido con que nuestro Padre les exhorta a darse del todo a la práctica de la virtud (R. RIBERA, El Novicio…, p. 215).

      *Mas como no se trata de hacer aquí una explicación amplia y razonada de todas estas virtudes, sino sólo de iniciar a nuestros novicios y ayudar a los jóvenes profesos en la práctica de ellas, dejando la referida explicación para las conferencias de los respectivos Encargados, aquí no haremos sino proponer algunos motivos de ellas, y señalar los medios más ordinarios para su consecución, siempre sobre la base de la manera de ser de nuestros Noviciados y Colegios, y en orden al fin de nuestra vocación de Misioneros+ (Ib., pp. 216-217).

    [32]*Estando Dios presente en todo lugar, siempre y en todo lugar deben los novicios portarse con gran modestia exterior y gran recogimiento interior por respeto a su divina Majestad. Para favorecer este comportamiento que la fe nos inspira, vamos a explicar en esta cuarta Sección la conducta que deben los novicios guardar en los varios lugares por ellos frecuentados durante el día, a fin de que siempre y en todas partes esparzan en torno suyo el buen olor de Cristo, y se muestren dignos hijos del Inmaculado Corazón de María+ (R. RIBERA, El Novicio…, pp. 366-367).

    [33] R. RIBERA, El Novicio…, p. 125.

    [34] Cf. R. RIBERA, El Novicio…, pp. 125-127.

    [35] Cf. R. RIBERA, El Novicio…, pp. 372-374.

    [36] En concreto se recomendaba aprender la colección de sentencias de la Sagrada Escritura del libro El Tesoro del Humanista del P. Girbau, lo principal de las cartas de San Pablo y otros pasajes importantes del nuevo y antiguo Testamento (Cf. R. RIBERA, El Novicio…, pp. 373-374).

    [37]*En primer lugar, la divina Escritura, sobre todo el Nuevo Testamento, en el cual encontrará la verdad pura en su misma fuente; el encontrar gusto en la lectura de los Libros Santos y principalmente del Santo Evangelio, es señal de tener el espíritu de Jesucristo, y una prenda de predestinación (Jn., 8, 47).

      Después conviene aficionarse a lecturas ascéticas de doctrina sólida, como son las obras ascéticas de San Alfonso María de Ligorio, las de San Juan de la Cruz, Santa Teresa, nuestro santo Fundador, Granada, V. Lapuente, Beato Avila y, especialmente Rodríguez, etc.

      En tercer lugar leerán vidas de Santos, entre los cuales deben merecer su atención y preferencia la de nuestros Patriarcas y de sus hijos que se han distinguido en la virtud, y las de Santos religiosos y misioneros+ (R. RIBERA, El Novicio…, p. 140).

    [38]*No hay que decir que deben los novicios leer y releer los libros en que han de beber el genuino espíritu de la Congregación, como son las santas Constituciones, el Espíritu de la Congregación, este mismo libro El Novicio Instruido y las obras de algunos de nuestros misioneros sobre el Corazón de María, celo de las almas, etc…+ (R. RIBERA, El Novicio…, p. 140).

    [39] CC. 1924, I parte, cap. XXIV.

    [40] Ib., p. 216.

    [41] Cf. Aut. nn. 438-453.

    [42] Ib., pp. 218-219.

    [43] Conviene tener en cuenta *que la cuenta espiritual no es obligatoria en con­ciencia. Ni la Santa Iglesia (c. 530), ni la Congregación (Ord., 562), quieren obligarnos a ella; pero la Iglesia y la Congregación en los mismos lugares citados exhortan encarecidamente a no prescindir de un medio tan eficaz para la perfección como practicado ordinariamente por los Santos+ (R. RIBERA, El Novicio…, pp. 175-176).

    [44] Citando al P. Claret, dice el P. Ribera: *No podríamos nosotros explicar mejor las utilidades y la importancia de la cuenta es­piritual, que copiando las palabras tan pon­derativas con que nuestro santo Padre la en­carece a los Seminaristas en su Colegial Ins­truído. Oigámosle con respeto:

      *(…) Sobre la necesidad de tener un buen di­rector espiritual están contestes el Antiguo y Nuevo Testamento, los maestros de la vida espiritual y tantos libros y tratados como se han escrito sobre esta materia.

      *No basta, pues, tener un confesor a quien se manifiesten con sinceridad todos los pecados: necesitamos también de un maestro que nos enseñe el camino de la vir­tud; nos es indispensable un guía que nos preceda y vaya delante de nosotros para conducirnos en un país tan desconocido, como lo son las miras que Dios tiene sobre nosotros; necesitamos de un piloto experi­mentado que nos descubra los escollos de un mar en que son tan frecuentes los nau­fragios (…) Hasta los Santos, por más iluminados que fueran, y aunque tenían grande expe­riencia en los caminos de Dios, no se sepa­raron de esta práctica, que miraban, según la marcha ordinaria de la Providencia, como el medio más a propósito para el adelanta­miento y para la perfección de las almas: Hanc viam tenuere omnes Sancti (San Vi­cente Ferrer).

      Tal es igualmente la práctica de las per­sonas más virtuosas; y si es prudencia para ellas el tomar consejo y seguirle con docili­dad, es, sin duda, locura el creer que no se necesita, y el gobernarse tan sólo por los afectos del corazón y por solas las luces de su espíritu (…).

      Debemos ir a encontrarle como a un án­gel, como a Jesucristo, como al mismo Dios; debemos, hablarle con toda confianza y con toda la sinceridad que exige el rango que tiene para con nosotros, de prudente conse­jero, de médico caritativo, de amigo fiel; debemos, finalmente, tener para con él toda la sumisión, la docilidad, el candor, la senci­llez de un niño+ (R. RIBERA, El Novicio…, pp. 177-179).

    [45]*Es tan importante esta prác­tica para nuestros jóvenes, novicios y profe­sos y aun sacerdotes, sobre todo en los pri­meros años de apostola­do, que sin ella les será casi moralmente imposible superar las dificultades y peligros que les han de salir al paso en el desenvolvi­miento de su vida espiritual y misionera+ (R. RIBERA, El Novicio…, p. 179).

    [46] Cf. R. RIBERA, El Novicio…, pp. 180-181.

    [47]*Como frecuencia, al aconsejar la cuenta espiritual cada mes en el día de retiro, no pretenden coartar la libertad de darla con más frecuencia, an­tes al contrario, en varios pasajes de ellas (p. II, n. 27, p. III, n. 2 y otros) suponen o aconsejan esta misma frecuencia, que para ­los jóvenes resulta una verdadera necesidad. La costumbre en nuestros Noviciados es que vayan los Novicios a dar cuenta al P. Maes­tro cada semana,y no retrasarla más de quin­ce días en los escolasticados+ (R. RIBERA, El Novicio…, pp. 177-179).

    [48] Ib., Prólogo XI.

    [49] Cf. Ib., pp. 412-459.

    [50] CMF, Ordo Studiorum Generalis pro Missionariis Congrega­tionis Filiorum Imm. Cordis Beatae Mariae Virginis, Romae 1929, pp. 98.

    [51] Ordo Studiorum Generalis Congrega­tionis Missionariorum Filiorum Immaculati Cordis B. Mariae V., Romae 1959, pp. 157. Cf. P. SCHWEIGER, De studiis…, An­nales, 45 (1959-1960), pp. 151-165.

    [52] Cf. arts. 2.1., 88-129, 194-223 y appendices, pp. 87-80.

    [53] Cf. arts. 87-150 y apendix, pp. 129-132.

    [54] Cf. arts. 233-260.

    [55] Cf. arts. 153, 157-165.

    [56] Cf. arts. 120, 128.

    [57] Cf. arts. 118.2, 119.2.

    [58] Cf. arts. 192-199. Gran relieve tenía, en el estudio de la Moral y de la Liturgia, la práctica de resolver “casos de conciencia” y “casos litúrgicos” (Cf. O.S.G., 1929, arts. 123.3, 165; 1959, arts. 129.4, 199.4, 261.1.11).

    [59] Cf. arts. 141, 164.3, 167.

    [60] Cf. arts. 140-150. Sobre la organización del año de pastoral en la Congregación, cf. Annales, 42 (1953-1954), pp. 400-404.

    [61] XII CAPÍTULO GENERAL, Anales, 18 (1921-22), pp. 901-922, 925-975.

    [62] Cf. Ib., pp. 914-915.

    [63] Cf. XII CAPÍTULO GENERAL, Disposiciones 70-75, pp. 952-953.

    [64] La declaración tendrá el siguiente contenido:

      *a) Que tiene el propósito de guardar las Constituciones, Ordenaciones y Disposiciones de la Congregación mientras permaneciere en ella.

      b) Que prestará gratuitamente y sin derecho a retribu­ción alguna los servicios que se le exigieren mientras perma­nezca en la Congregación, y que consiguientemente, nada exi­girá si saliese de la misma;

      c) Que asimismo renuncia a toda indemnización que por accidentes del trabajo conceden las leyes, si le aconteciere sufrir alguno.

      d) Que no sabe tenga impedimento alguno para entrar en la Congregación.

      e) Que pide su admisión en la Congregación ajeno a todo dolo y fraude, y sin sufrir coacción alguna por violencia ni miedo.

      f) Que está conforme: 11. en que todas las cartas que él escribiere o le fueren dirigidas a él, sean abiertas y leídas por el Rdo. P. Superior o por aquél a quien éste comisionare; 21. que todos sus defectos y errores puedan ser manifestados a los Superiores por cualquiera que tuviere conocimiento de los mismos+ (Ib., Disposiciones 72, p. 952).

      La declaración será firmada por el Superior o por un delegado suyo, y dos testigos extraños a la Congregación. Se le advertirá al postulante que los superiores lo podrán despedir, si se descubre que ha callado algún impe­dimento excluyente o alguna enfermedad oculta (Cf. Ib., Disposiciones 73, pp. 952-953).

    [65] Cf. Ib., Disposiciones 94, p. 957.

    [66] Ib., Disposiciones 84, p. 955.

    [67] Dice así la declaración:

      *a) Que tiene voluntad de profesar en la Congregación y de permanecer en ella hasta la muerte, de no sobrevenirle obstáculo imprevisto.

      b) Que ignora tener impedimento alguno, y que no ha ocultado impedimento notable que pudiera impedir su admisión a la profesión.

      c) Que acepta todas las obligaciones y cosas mas difíciles que abraza la vida religiosa según se practica en la Congre­gación; en particular: 1. Que sus defectos, faltas y errores puedan ser manifes­tados a los Superiores, inmediatos y mediatos, sin previo cono­cimiento suyo y por cualquiera que los conozca. 2. Que, aun profesando en clase de clérigo, pueda ser ocupado temporalmente en trabajos manuales, si hay causa para ello a juicio del Superior local o mayor, y aun pasar de­finitiva­mente a la categoría de Hermanos Coadjutores si hay causa para ello a juicio del Superior Provincial, siendo de votos tempora­les, y del Superior General, siéndolo de perpetuos. 3. Que los Superio­res podrán destinarlo a cualquiera parte del mundo y a las misiones mas difíciles y peligrosas, siempre que lo juzgaren conveniente. 4. Que acepta y aceptará en la Congregación todo car­go, tanto humilde como honorífico, para el cual fuere legítimamente designado.

      d) Que si saliere de la Congregación, no exigirá ningu­na retribución por los servicios prestados a ella, los cuales son absolutamente sin derecho a retribución alguna según los cá­nones, y por lo mismo los presta gratuita y desinteresada­mente+ (Ib., Disposiciones 95, pp. 957-958).

      La Congregación le manifestará asimismo, por medio del Superior mayor o su delegado y por escrito, que, si no se cumplen las condiciones a) y b). no tiene intención de admitirle a la profesión y que podría ser dimitido de la Congregación (Cf. Ib., Disposiciones 96, p. 958).

    [68] Cf. Ib., Disposicio­nes 90, pp. 958-959.

    [69] El sentido es el siguiente:

      *a) Que deben hallarse dispuestos a todos los ministe­rios, no sólo a los sacerdotales, si fueren admitidos en la clase de clérigos, sino también a los manuales, propios de los Hermanos Coadjutores, en los cuales podrán ser ocupados tanto para ejercicio de virtud, como en castigo de faltas y en ayuda de la Casa. b) Que tendrán obligación de aceptar todo cargo, por el bien de la Congregación, ora sea honorífico, como el de Su­perior, ora sea humilde y despreciado, para el cual fueren de­signados legítima­mente. c) Que por causa grave, a juicio y por decreto del Su­perior General con sus Consultores, después de los votos perpetuos, y del Provincial con los suyos, durante el período de los temporales, podrán ser destinados, aun perpetuamen­te, a la clase de Hermanos Coadjutores los de la clase de clérigos, previa repetición del noviciado o previo indulto apostólico en caso contrario. d) Que los Superiores podrán enviarlos a todas las par­tes del mundo, y que ellos tendrán obligación de ir, si fueren manda­dos+ (Ib., Disposicio­nes 90, pp. 956-957).

    [70] Cf. Ib., Disposiciones 12, 112, p. 977.

    [71] Cf. CC. 1870, n. 108; cc. 969, 3; 970; Pío X, Lit. Apost. 2 Julio 1912; 7 Junio 1913.

    [72] Cf. Ib., Disposiciones 113, p. 961.

    [73] Cf. Ib., Disposiciones 10-11, 114, 121, p. 936.

    [74] Cf. Ib., p. 931.   Ministros *que cuiden esmera­damente de los hermanos, prestándoles la atención debida, principalmente en orden a su aprovechamiento espiritual+ (Ib.).

    [75] Cf. Ib., pp. 920-922.

    [76] Ib., pp. 928-929.

    [77] Cf. Ib., p. 929.

    [78]*Los remedios indicados para evitar la falta de fidelidad a la vocación, son principalmente: a) poner suma atención en la admisión a la profesión y a la ordenación y no dejarse llevar de miramientos y de la compasión mal entendida y contraria a la verdadera caridad; y si algunos en el tiempo del novicia­do o de los votos temporales ofrecen duda, procurar resolverla con pruebas especiales y antes de que los tales lleguen a los pasos definitivos; b) escoger, en cuanto sea dado, buenos Maestros, Prefectos, Superiores y Ministros, y cuidar de que éstos atiendan con interés y empeño a los hermanos, sobre todo en la parte espiritual; c) no poner a los recién profesos y a los Padres jóvenes en contacto con los antiguos sino gra­dualmente y con precaución; d) cuidar de que en lo posible haya más de dos Hermanos en cada casa, a fin de que se ayuden mutuamente y sean atendidos con mayor diligencia; e) ayudar más a todos a evitar los peligros y a vencer las dificul­tades, dándoles trabajos proporcionados; f) no admitir a aque­llos que se hallen o se prevea se hallarán necesitados de ayu­dar a sus padres por la falta de bienes de éstos; en caso nece­sario, que la Congregación preste el socorro conveniente; g) fo­mentar más el espíritu de piedad con los nuestros; h) poner Prefectos de cosas espirituales para toda la Congregación y para cada Provincia, los cuales atiendan debidamente a la observancia general de la Congregación y de sus respectivas Provincias; i) cuando las familias pidan socorros o expongan la necesidad en que se hallan, remitir esa correspondencia al Gobierno General, para que se haga cargo de la necesidad y la atienda en lo debido, pero no entregarla al destinatario, a fin de no hacer flaquear su vocación con el sentimiento natural por la necesidad de los propios; j) trabajar porque vuelvan a adquirir el espíritu religioso los que lo hayan perdido o hayan aflojado en él; y para ello, apurar todos los medios paternales, como son los avisos, exhortaciones, correccio­nes, y aun peni­tencias paternales, y si fuere necesario, cambiar de casa y aun de Provincia. Cuando estos medios paternales no hubieren dado el resultado apetecido, acudir a los remedios disciplina­res, propios, generalmente, de los Superiores mayores, como son: los preceptos en virtud de santa obediencia, las peniten­cias o castigos de cierta gravedad y ordinariamente públicos, la vigilancia especial y las moniciones canónicas, cuya apli­cación ha de ser más frecuente y eficaz que hasta el presente+ (Ib., pp. 929-930).

    [79] XIII CAPÍTULO GENERAL, Anales, 30 (1934), pp. 421-427, 437-463, 502-531, 567-572, 853-865.

    [80] Cf. p. 443.

    [81] Cf. Ib., pp. 448, 454-455, 527-531.

    [82] Cf. Ib., p. 516.

    [83] Cf. Ib., pp. 514-515.

    [84] Cf. Ib., pp. 459-460.    Entre los acuerdos tomados se pueden destacar:

     *l. Procúrese dar a los Hermanos con programa fijo las conferencias señaladas. El Padre encargado de esas confe­rencias es el R. P. Ministro; en su defecto, el R. P. Superior u otro a quien él señale. Estas conferencias se darán a horas determina­das, y no se omitirán, aunque haya un solo Herma­no; mas en este caso podrán consistir en conversaciones par­ticulares con él, en las cuales con amabilidad y confianza se le instruirá en sus principales deberes(…).

      (…).

      5. El P. Ministro debe estar con los Hermanos lo mas posible y atenderlos con bondad e interés, instruyéndolos, consolándolos y animándolos, haciendo con ellos los oficios de verdadero padre, y en esto se llama poderosamente la atención de todos, por la responsabilidad que el olvido de estos deberes podría acarrearles delante de Dios y de la Congregación. No los olvide tampoco el P. Superior antes cuide de ellos como se lo ordenan las Constitu­ciones vigilando si hacen bien los ejercicios de piedad y si se dedican a los oficios propios de su clase.

      6. Este interés y cuidado debe tenerse especialmente de los Hermanos jóvenes, sobre todo en sus primeros años de vida religiosa durante los cuales deben permanecer de ordinario en los Noviciados o Colegios, y no ser destinados a casas particulares.

      7. Se recomienda a los Hermanos el espíritu de trabajo y ocupación en las horas de labor, el respeto a los Padres, que debe hacerse resaltar, sancionando las faltas de respeto debido. Asimismo, los Padres y demás individuos deben a su vez tratar a los Hermanos con respeto, caridad y amabilidad, sin permitirse jamas la menor muestra de menosprecio, como corresponde a hijos de la misma Madre. No debe permitirse a los Hermanos el título de Reverendos, reservado a los Sacer­dotes+ (Ib., pp. 516-518).

    [85] Cf. Anales, 27 (1931), pp. 145-150, 273-275.

    [86] Cf. Ib., pp. 460, 518.

    [87] Cf. Ib., p. 461.

    [88] Cf. Ib., pp. 448-449.

    [89] XIV CAPITULO GENERAL EXT, Annales, 34 (1938), pp. 9-13, 47-68.

    [90] Cf. Ib., pp. 52-54.

    [91]*Sin embargo, respecto a despedir a los niños que parece no prometen, ténganse en cuenta cier­tos desarrollos tardíos, ni se dé importancia mayor a algunos defectos propios de la edad, mientras no se trate de ín­dole ni inclinaciones aviesas o inmorales. Nunca debe de­morarse despedir a los inmorales o fundadamente sospe­chosos de inmoralidad+ (Cf. Ib., p. 53).

    [92] El P. N. García, escribió sobre el tema la circular El año de perfección religiosa y misionera (Annales, 36 (1940-1941) pp. 97-116 donde se adjunta el Reglamen­to).

    [93] Entre ellos:

      *+ el estudio de la pedagogía religiosa, cle­rical y misionera teórico‑­práctica;

      + poner a los que pare­cen ofrecer esperanzas de ser buenos formadores, al lado de otros que desempeñen con competen­cia este oficio;

      + que se escriba por algún Padre competente, alguna obrita sobre formación de los nuestros;

      + las reuniones de Prefectos y Maestros bajo la presidencia de un Padre entendido y de sano criterio;

      + hacer uso de los Colegios o Casas de for­mación interpro­vincia­les, cuando una Provincia no tenga los elementos necesa­rios;

      + los Prefectos de Postulantes no sean muy jóvenes y conviene escoger para este cargo Padres que conozcan el carácter y modo de ser de los niños del país. Los Maestros y Prefectos de profesos tendrán la edad canó­nica;

      + para la formación de Superiores léanse libros sobre los deberes del buen Superior, condensados en la Circular del Revmo. P. General sobre los Superiores, (Anales, año 1927, pag. 195), así como para la formación de los Estudiantes se recomienda vivamente la publicada por el mismo Revmo. Padre al efecto (Anales, 1932, p. 225)+ (Cf. Ib., p. 54).

    [94] Cf. Ib., p. 54.

    [95] Cf. Ib., pp. 57-60.

    [96] En casos excepciona­les y por razones especiales se puede hacer dos cursos en un año con algunas condiciones.

    [97] El estudio de la Ascética, con carác­ter práctico y de aplicación, debería hacerse a lo largo de los cuatro años anteriores.

    [98] Deben estar dotados de aquellas cualidades como salud, inteligencia, sólida piedad, equilibrio, facilidad de comunica­ción, etc…, que aseguren el buen resul­tado en la formación superior, el éxito en la misión cien­tífica, y den garantías de que prestarán su servicio a la Congregación (Cf. Ib., p. 60).

    [99] Cf. Ib., pp. 60-65.

    [100]*Esta cultura superior, que debe suponer siempre, tratándo­se de los nuestros, una sólida y madura formación eclesiástica y teológica, deberá lograrse por medio de la asis­tencia a centros oficiales, así nacionales como extranjeros, cultivo de relaciones científicas, colaboración en revistas, trato con asociaciones culturales, etc. etc., siempre, naturalmente bajo la dirección de la obediencia+ (Cf. Ib., p. 61).

    [101]*Supuesta una formación sólida en la Filosofía y Teología escolástica, con todas las cautelas debidas y bajo la continua y atenta vigilancia de los Superiores, conven­dría que algunos de nuestros Sacerdotes se dedicasen al estudio de la Filosofía no escolástica: a) para enriquecer el propio saber y modernizarlo en buen sentido; y b) para aprender su lenguaje y hacerse al estilo de su pensar, y ser así más eficaz su apostolado+ (Cf. Ib., p. 63).

    [102] Las condiciones que se subrayan para este apostolado son:

      *1E una formación cultural teológica sólida y segura a toda prueba, para evi­tar los peligros del contagio, y vencer en ellos, y no ser vencidos;

      2E una formación religiosa y piadosa asimismo sólida, de vida sobrenatu­ral, basada en principios de fe sobre­natural y practica­da con fidelidad;

      3E que se trata de un apos­tolado, cuyo fin es ganar almas y atraerlas a Jesucristo;

      4E que este apostolado debe encuadrarse absoluta­mente en la disciplina religiosa, con constante y diligente vigilancia de los Superiores y con absoluta sumisión y dependen­cia de los que se dedican a este apostolado;

      5E que la cultura así ad­quirida debe emplearse primaria y principalmente en orden a los nuestros;

      6E debe recomendarse siempre la confesión franca de la Religión y de la profesión religiosa propia, salvas excepciones aprobadas por los Superio­res;

      7E por lo mismo el hábito eclesiás­tico y religioso debe también llevarse con orgullo santo, teniendo, con todo, en cuenta el c. 596, para los casos en él previstos,(…)+ (Ib.).

    [103] Cf. Ib., p. 57.

    [104] Cf. Ib., p. 55.

    [105] XV CAPITULO GENERAL, Annales, 40 (1949-1950), pp. 106-140.

    [106] Ib., pp. 125-126.

    [107] Cf. Ib., pp. 126 y 129.

    [108] Así respecto a la formación específicamente espiritual, el Capítulo ha confirmado todo lo anterior y *ha reconocido que en esto tenemos una magnifica teoría: un capítulo más que excepcio­nal, inspirado en las Santas Constitu­ciones el XXV de la I Parte De Scholasti­cis, amén de los otros dedicados a los Novicios, Maestro de Novicios y Prefecto de Estudiantes; normas sapientísi­mas en nuestro CODEX que recoge las experiencias de la Psicología exerimental; Circulares completísi­mas de los Rmos. PP. Generales. El último Capítulo General dio también sus normas prácticas para la formación del personal, como puede verse en ANNALES, 1938, pag. 52‑53+ (Cf. Ib., p. 129).

    [109] El Capítulo pidió más exigencia en la formación. Así hablando de la falta de observancia el Capítulo señaló, entre otras causas, la siguiente: *Por parte de los formadores, cierta condescenden­cia y no inculcar suficiente­mente espíritu de abnegación y de sacrificio+ (Ib., p. 131).

    [110] Cf. CC. 1924, I parte, cap. XXX y C.I.A., n. 41O.

    [111] Las razones para tal petición fueron; evitar la rutina, tan perjudi­cial en punto tan vital como el de la oración, y adaptarla mejor a las necesidades particulares (Cf. Ib., pp. 121).

    [112] En este número se dice que los novicios, estudiantes y hermanos deben hacer la oración fielmente y en común (con­junctim).

    [113] Cf. Ib., pp. 121-122.

    [114] Cf. Ib., p. 127.

    [115] Cf. Ib., pp. 127-128.

    [116] Cf. Ib., p. 128.

    [117] Cf. CC. 1924, I parte, n. 2.

    [118] Cf. ed. 1929, art. V.

    [119] Cf. Ib., pp. 129-130.

    [120] El Capítulo reconoció que *es lamentable el estado a que se ha llegado en su escasa practica, luego de terminada la carrera, cuando la tendencia actual de la Iglesia es urgir más y más su recomendación, sino ya su imposición. Su no practica o descuido es, al menos, un argumento negativo del espíritu que requiere el estado religio­so+ (Ib., pp. 129-130).

    [121] Cf. c. 530.

    [122] Cf. Ib., pp. 130-131.

    [123]*Respecto a la escasez de Hermanos que en la actualidad sufre la Congregación, más o menos como las demás, el Capítulo tributó un aplauso a tantos abnegados Hermanos que en estas circunstancias tienen que atender a varios o a todos los oficios de las Casas+ (Ib., p. 131).

    [124] XVI CAPITULO GENERAL, Annales, 46(1961-1962), pp. 67-78, 101-115.

    [125]*El Capitulo, pues, se ha per­catado de la gravedad del momento; ha sentido los peligros que por doquier nos acechan y ha dado la voz de alarma. Y no para que nadie se sienta pesimis­ta. Se ha constatado que en todas las partes se trabaja intensa­mente y que la Congregación ha adquirido un pre­stigio que tal vez no corresponda al número de sus miembros. El fenómeno que registra­mos no es solo nuestro. Es común a todos los Institutos. Tal vez nosotros somos de los menos afectados por el ambiente actual y de los que mejor vamos superando las dificultades. El Rmo. P. Presidente del Capítulo repetidas veces exhortaba a todos al optimismo, a la confianza en Dios y en el Corazón de la Virgen; a que cada cual pusiera de su parte lo que pudiera, lo que la obe­diencia le asignara y con ello lograríamos vencer las dificulta­des y continuar vigorosamente el ritmo progresivo que ha emprendido la Congregación en estos últimos años, fiel a la consigna de su apostólico y dinámico Fundador+ (Ib., p. 69).

    [126] Cf. Ib., pp. 101-102, 104-105.

    [127] Respecto a los edificios de los centros formativos, el Capítulo reconoció el esfuerzo inmenso que ha hecho la Congrega­ción en la edificación y fundación de los Teo­logados internacionales de Roma y Salamanca de gran esperanza para la Congregación (Cf. Ib., p. 103).

    [128] Cf. Ib., pp. 101-103, 107.

    [129] Respecto a los estudios, se interpretó auténticamente el sentido actual de las Constituciones (I, 124, 132) sobre la obligación que tienen los estudiantes de dar cada día la lección al P. Prefecto. Dada la imposibilidad de su aplicación práctica, se cumple la intención del legislador cuando el P. Prefecto acompaña y conoce a los estudiantes en su aprovechamiento académico (Cf. Ib., p. 74).

    [130] Cf. Ib., pp. 105-107.

    [131] Cf. CC. 1924, I parte, nn. 79-80.

    [132] Cf. CC. 1924, I parte, n. 74.

    [133] Ed. 1925, 1940 y 1953. Fue traducido al castellano y editado en forma sintética para su lectura en las comunidades en 1928 con el nombre de Ordenaciones y Disposiciones de nuestro Código (Madrid 1928) y en 1955 con el de Epítome del Derecho Adicional (Madrid 1955).

    [134] Cf. Praefatium, ed. de 1925, pp. 3-5.

Capítulo 4

                  C A P I T U L O 41

 

 

              PERÍODO ENTRE LOS AÑOS 1922-1966

 

                        I P A R T E

 

 

     El período que ahora iniciamos, dada su amplitud, ha sido dividido en dos partes. La primera, que forma el capítulo 41, abarca a los PP. Generales y la segunda, que incluye los documentos, capítulos y disposiciones, constituye el capítulo 51.

 

 

     I. P. NICOLÁS GARCÍA

 

     El P. García trató en su magisterio muy amplia y profunda­mente el tema vocacional y formativo. Además de las circulares específicas sobre vocación y formación, hizo referencias continuas al tema muchas veces y bajo muchas perspec­tivas en otras circulares[1].

 

     En principio, presento las circulares vocacionales y formativas con algunas referencias a otras. Y las presento, por razones pedagógicas, en forma temática y conexionadas entre sí.

 

     1. El tema de las vocaciones

 

     En sus circulares, el P. Nicolás insiste en la urgencia de suscitar abundantes vocaciones y en la necesidad de cultivar el don de la vocación para mantenerse fiel a ella y para progresar en el camino de la perfección.

 

 

     1.1. Un grave problema vocacional

 

     11. Una situación conyuntural de especial importancia impulsó al P. Nicolás a urgir el trabajo por las vocaciones. Después del Capítulo de 1937 y tras los aconteci­mientos sucedidos a la Congrega­ción, particularmente en España, que determinaron un importan­te retroceso de personal, escribió la circular Sobre algunos acuerdos Capitula­res (1937)[2], en la que afirmaba que para evitar el colapso congrega­cio­nal:

 

*(…) es necesario que todos los Hijos de la Congrega­ción procuren el fomento de vocaciones, de suerte que pueda el Instituto atender no sólo a la multitud de obras que tiene entre manos, sino que pueda ampliar su radio de acción y extender su influen­cia a todos los pueblos y ministerios; especialmente debe mirar a la evangeliza­ción de nuevos, encargándose de Misiones de infieles, para así justificar el nombre glorioso de Misioneros, que llevamos con santo orgullo+[3].

 

     21. Más tarde, escribió la magnífica circular sobre La Vocación Misionera (1938)[4]. La redactó, en nombre del Gobierno General, que estudió *a fondo este gravísimo asunto+ de las vocaciones, si­guiendo las orienta­ciones del último Capítulo General y estimulado por los ejemplos del P. Fundador y del P. Xifré[5].

 

     31. La preocupación del Gobierno General[6], y también del Capítulo de Albano, por el tema de las vocaciones tiene el contexto histórico concreto, que el mismo P. General expone a toda la Congrega­ción al hablar de la necesidad de *operarios misione­ros+[7].

 

     1.2. Trabajar por las vocaciones

 

     El P. García, muy conocedor de la tradición congregacional y con una admirable amplitud de miras y de visión de futuro, a la hora de promover y acoger abundantes vocaciones, vuelve a la idea del P. Fundador y del P. Xifré. Por eso proponía que los Organismos Mayores organizasen y multiplicasen los Postulanta­dos, Prepostu­lantados y aun casas donde se pudiesen acoger niños y jóvenes que se preparasen para el Postulanta­do[8].

 

     El P. General termina la circular con una amplia conclusión que muy bien puede reflejar las líneas maestras de un plan de acción para la pastoral vocacio­nal[9].

     1.3. Cuidar del don vocacional

 

     No basta con recibir de Dios el don de la vocación. Ha de ser cultivada esmeradamente para mantenerse fiel a ella y progresar en el camino de la perfección. Este don, que aparece como germen, se ha desarrollar hasta ser una planta completa y perfecta[10].

 

     11. Cuando la vocación no se cultiva, aparecen las tentacio­nes vocacionales, *reviven las malas inclinaciones+, se pierde el gusto por las exigencias propias de la vocación por la que se ha optado o, más aún, se hacen insoportables; se vuelve a soñar en la vida secular o se piensa que fuera se puede hacer más y mejor[11]. De aquí la importancia y la necesidad de cultivarla para defenderla y desarrollarla. Es una gracia singularísima que se puede perder si no se cuida en fidelidad y corresponden­cia[12].

 

     Y ha de ser un cultivo continuado que, iniciado desde el primer momen­to en que aparecen los signos vocacionales, debe durar toda la vida:

 

*Este cultivo de la vocación empieza ya antes de recibirse los individuos, como se dispone y prepara la tierra que ha de convertirse en semillero+[13].

*(…) el cultivo de la vocación debe ser constante; no sólo en el Postulantado, ni sólo en el Escolasticado; ni sólo en los primeros años de vida pública. Toda la vida debe cultivarse la vocación+[14].

 

     La vocación hay que cultivarla con *cuidados exquisitos+ y preservarla en un ambiente de fe. La fe sobrenatural es el ambiente propio donde ha nacido la vocación y debe ser, asimismo, el ambiente adecuado para su consolidación y desarrollo[15].

 

     21. Los medios que expresan y favorecen el cultivo esmerado de la vocación pueden ser personales y comunitarios. Entre los personales se señalan: la estima y el amor a la vocación; el empeño por desarro­llarla; el cuidado por defenderla y por huir de los peligros que la acechan; el conservarla en su ambiente propio y el vivir el espíritu religioso y congregacional[16]. Desde el punto de vista comunitario, como empeño de todos y con especial responsabilidad por parte de los Superiores, Ministros, Prefectos, Profesores, etc…, los medios más adecuados son: la observancia religiosa y el ambiente ejemplar de la comunidad en la espiritualidad, caridad fraterna, higiene, laboriosidad y regularidad[17].

 

     1.4. Amor a la Congregación 

 

     El misionero debe pensar, sentir y experimentar que la vocación que ha recibido y ha aceptado en fe y libertad es un don divinísimo y que para él es el mejor; en él cumple la voluntad de Dios y en él se puede realizar plenamente. Y debe estar también convencido de que es en la Congregación donde debe desarrollarse de una manera concreta y existencial[18]. Este sentir se debe suscitar en todos los misioneros desde el mismo comienzo del noviciado, y les debe llevar a vivir con alegría la voca­ción[19]; y a amar y estimar la Congregación a pesar de sus defectos[20]. Para ello es necesario *vivir conforme a ella+, asimilando su proyecto de vida y misión, según el espíritu y el estilo de nuestra Congregación[21].

 

     El P. García afirma que la estima, el amor y el interés por la Congregación están íntimamen­te unidos entre sí. Todas estas actitudes deben llevar a cada uno de sus hijos a buscar lo mejor para la Congregación por todos los medios posibles, es decir, a promover su bien en todas su dimensiones, a impulsar sus obras y a fomentar las vocaciones[22].

 

     2. La formación de los misioneros

 

     Sobre la formación en la Congregación, escribió dos circulares, ya citadas, tituladas Formación de nuestros estudian­tes (1932)[23] y Formación religiosa, Misionera y Claretiana (1947)­[24].

 

     2.1. Fin de la formación claretiana

 

     11. Siguiendo al P. Fundador, el fin de la formación es, para el P. Nicolás, formar ministros idóneos o formar a Cristo en los misioneros en orden a la evangelización. Esto significa grabar la imagen de Jesucris­to en la totalidad de la persona del misionero y en todas las dimensiones de su personalidad hasta que la imagen del Señor resplandezca plenamente en él[25].

 

     Los misioneros de la Congregación no se pueden contentar sólo con la propia santificación; el fin del Instituto incluye la gloria de Dios y la salvación de todos los hombres. La misma configu­ración del misionero con Cristo tiene otra finalidad más: ha de servir para llevar a Cristo a los hombres, para formar a Cristo en los fieles de todo el mundo y así realizar la misma obra de Jesucristo en la tierra. Todos los esfuerzos y trabajos, la ciencia, los ministerios, el profesorado, el gobierno, etc…, han de ir orientados a este fin. El misionero del Corazón de María ha de estar muy bien preparado humana, cultural y espiri­tualmente en todas las dimensiones de su persona para realizar los más variados ministerios y funciones que exige su fin. Es ésta una idea que *deben inculcarla los Formadores y grabarla con hierro y fuego en el alma del misione­ro, Padre, Estudiante o Hermano+[26]. Por lo tanto:

 

*Debe formarse el Misionero no para la vida de retiro o exclusiva contemplación. No basta que sea buen religioso en el orden disciplinar; tiene que formarse para la vida pública. Ha de adquirir las virtudes y la ciencia que requieren los sagrados ministerios. A ello deben encaminar todos los esfuerzos los Formadores de la Congregación. Los Colegios deben estar organizados con ese fin, según las posibilidades de nuestra vida+[27].

 

     Sin una formación misionera los Hijos del Inmaculado Corazón de María no cumplirán el fin de la Congregación, no serán ni apóstoles ni misioneros[28].

 

     21. Para esta formación misionera los formadores han de inculcar a los formandos tres cosas: que remuevan los impedimen­tos que afectan a la realización de nuestra misión universal, fundamen­talmente el apego a la familia, patria, etc…; que se habiliten para los ministerios de la Congregación con una mirada amplia y una actitud generosa; y que ejerciten práctica y prudencialmente en aquellos medios que van a necesitar en sus trabajos apostóli­cos (uso de la palabra en público, lecturas que fomenten el espíritu misionero, etc…). Si los formadores fomentan el espíritu misionero en los jóvenes, *entonces será cuando de nuestros Colegios, como de cenáculos, saldrán los grandes Misioneros que convertirán el mundo+[29].

 

     31. La formación del hermano ha de ser también misionera, pues como todo Hijo del Corazón de María él es misionero en sentido pleno. En su vida y acción debe tener siempre la intención de la salvación de todos los hombres. El vive y actúa como misionero con la oración, con el sacrificio y colaborando en las empresas apostólicas de la Congregación con su trabajo, sus energías y sus condiciones profesionales[30].

 

     41. De la buena formación del misionero depende su vida y su futuro, su paz y felicidad vocacional, su destino eterno. Su vida estará centrada y bien arraigada en un fundamento seguro, fijo y estable, porque se funda sobre la piedra, que es Cris­to[31], y su trabajo y ministerio apostólico serán eficaces[32].

 

     2.2. Formación fundada en Cristo Jesús

 

     Hablando de la vida espiritual, el P. Nicolás insistía sobre la necesidad de elevar el nivel de espiritualidad de las personas y comunidades de la Congregación. La vida espiritual, que se ha de cuidar durante toda la vida, se ha de formar especialmente durante el tiempo de formación. Esta vida espiri­tual ha de estar fundada en Cristo Jesús:

 

*Todos los formadores deben poner un estudio especial en formar en las almas que tienen confiadas la imagen de Cristo Jesús, para que puedan decir, como San Pablo: Todos los días os doy de nuevo a la luz, hasta que se forme Cristo en vosotros (Gal. 4, 19)+[33].

 

     Por lo mismo, la tarea de los formadores es clara: *hay que formar a Cristo en el Misionero+[34]. El formador ha de ayudar a que el joven misionero lleve a Cristo en su cuerpo, en su alma y en sus pensamientos, en su corazón y en todas las manifestacio­nes de su persona: palabras, obras y acciones. Los jóvenes misione­ros se han de formar según ello en su vida personal, física, intelectual y pastoral.

 

    Para el P. García, el misionero debe cuidar mucho de su espiri­tualidad; de otro modo, no buscará *in omnibus gloriam Dei et animarum salutem+. Se buscará a sí mismo, a sus cosas, conve­niencias y gustos; buscará quae suae sunt, non quae Jesu Christi[35]. No basta haberse entregado una vez al servi­cio de Dios; es necesario ser constante y perseverar en la entrega. Sólo los indivi­duos, que sostienen su entrega consagrándose enteramen­te a la perfección,realizan a la perfec­ción los fines del Instituto; sólo ellos dan *in omnibus+ gloria a Dios: sólo ellos se santifican en verdad, y sólo ellos son instrumen­tos eficaces en las manos de Dios para salvar las almas[36].

 

     2.3. Formación bajo la acción del Espíritu Santo y de María

 

     11. La formación ha de ser bajo la acción del Espíritu Santo, como primer agente de formación[37]. Dios, a través de su Espíritu, forma en las almas la imagen de Jesucristo. El Espíritu Santo, que formó a Jesús en el seno de María, es quien imprime en el formando la imagen de Jesucristo. Es el Espíritu Santo el que forma al sacerdote, su obra maestra, y al religioso. De esta manera, la formación integral, es también carismáti­ca y congrega­cional. El Espíritu Santo, que inspiró al Fundador, es el que graba en todo misione­ro *la idea claretiana+ y lo capacita para vivir el proyecto congrega­cio­nal.

 

 

     Sólo con la oración insistente de toda la Congrega­ción al Espíritu Santo, pero especial­mente de los responsables de la formación, se conseguirá que el carisma clare­tiano, se realice y se encarne en la mente y en el corazón y se lleve a la práctica[38]. Oración que ha de ser también dirigida a María, Madre del sacer­dote, del religioso y del misionero. Ella, que formó en su seno y nutrió a Jesús hasta hacerle varón perfecto, formará también en su Corazón Inmacula­do al misionero y lo nutrirá con las gracias necesarias hasta la plenitud de Jesucris­to[39].

 

     31. Por lo mismo, el misionero ha de ser por vocación y por profesión, un hombre de Dios. Debe vivir para Dios, en Dios y con Dios y, en consecuencia, ha de ser un hombre con un altísimo nivel de vida de oración[40].

 

     Sólo este tipo de misionero es capaz de convertir al mun­do[41]. La misma formación especializada y profe­sio­nal es inefi­caz si no va acompañada por una vida santa, una vida de íntima unión con Dios y de docilidad de espíritu; una vida de retiro y oración; una vida adornada de virtudes, abnegada y enriquecida con el estudio constante[42]. Este es el espíritu que debe reinar en la Congregación y en el que se han de formar nuestros jóvenes misione­ros[43].

 

     2.4. Formación integral

 

     11. Para el P. Nicolás la formación completa del hombre implica el desarrollo íntegro de toda la persona, de todo su ser (en lo físico, moral, espiritual, intelec­tual y social)[44]. La formación es el cultivo, el desarro­llo y el perfecciona­miento de la facultades y dones que Dios ha dado a la persona tanto en el orden natural como sobrenatural. Todo le ha sido dado en forma germinal y necesita que se desenvuelva hasta adquirir la forma plena. La formación tiende a perfeccionar y completar la salud, las facultades físicas, los sentidos, la imaginación, la memoria, la inteligencia, la voluntad, la vida sobrenatural (vida en Cristo, fe, esperanza y caridad) hasta llegar a la plenitud, al varón perfecto, según la medida de la edad plena de Cristo[45].

 

     21. Como Hijos del Corazón de María hemos recibido también el don de la vocación misionera. Al crecer como persona, hemos de desarrollar nuestro ser religioso-misionero-claretiano. Por eso, la vida del misionero, si quiere corresponder a la vocación, reclama un hombre completo y perfecto; si desea cumplir su misión exige un organismo armónicamente desarrollado, un corazón santo y una inteligencia muy cultivada[46].

 

     En consecuencia, nuestra formación ha de tener como fin el desarrollo de la persona en toda su amplitud humana, sobrenatural y vocacional, y este fin, que ha de ser objetivo formativo en todas las etapas de la formación, lo han de tener muy presente los responsables y encargados de la formación de nuestros jóvenes misioneros[47].

 

     2.5. Formación personalizada

 

     La formación claretiana, anclada en Cristo, ha de ser personal, firme e inconmovi­ble. El formando ha de adquirir una virtud personal que no dependa de las circunstan­cias, ni de tiempos, lugares o personas. Así nada ni nadie de la tierra le separará del amor a Cristo y de la vida misionera a la que se ha consagrado. Y no sólo ha de estar muerto a las cosas del mundo, sino que ha de estar dispuesto a darlo todo por la vocación: su sólo pensamiento es vivir para Cristo, glorificarle y ganar almas para el Reino[48].

 

     El P. García insistirá constante­mente en este punto de vista en sus orientaciones formativas para todas las etapas:

 

*La virtud ha de ser personal, bona qualitas mentis, la definen los filósofos-, íntima; va con la persona; no depende de las circunstancias ni de tiempos, lugares o personas, ocasiones o tentaciones; la virtud va con el sujeto a todas partes; es un hábito, una segunda naturaleza; no desaparece fácilmente, obra de ordinario conforme a sus normas, se necesita violencia para obrar en contra de ella. No sólo no siente dificultad en sus actos, sino que los realiza con gusto, delectabili­ter+[49].

 

     La formación, en este sentido, ha de estar basada en la libertad de elección del bien, y aun de lo mejor, para la propia vocación y los intereses de Dios y de Jesucristo. Y ha de estar, además, motivada sobrenaturalmente y confrontada con el ejercicio práctico y con la experiencia[50].

 

     2.6. Formación entusiasta

 

     Sólo el misionero, lleno de la caridad por la que abrasa por donde pasa, triunfa antes las dificultades de la vida misionera y hará fruto apostólico[51].

 

     El tibio no conoce ni vive la radicali­dad de su vocación y se contenta con lo mínimo en el cumplimiento de sus compromisos misioneros; vive instalado en su vida mediocre, cómoda e imperfecta; realiza la oración y la práctica de los sacramentos sin ganas, con rutina sin deseos de mejorar y ni de convertirse; desarrollando una tendencia egocéntrica, el móvil de sus actos es la vanidad, la adulación, el prestigio, etc…[52].

 

     Por eso, la formación Misionera debe ser una formación entusias­ta y fervorosa, impregnada de amor apostólico:

 

*La formación Misionera no debe ser, con todo, fría. El Misionero Claretiano debe ser hombre que abrasa por donde pasa, y por él debe estar el mundo encendido en caridad. Sólo el Misionero fervoroso triunfa de las mil y una dificultades de la vida. El tibio, el de espíritu apático, que no se apasiona por los grandes ideales, no hará nada de provecho, y expone mucho su vocación y su misma salvación+[53].

 

     2.7. Formación apostólica

 

     Para conseguir una buena formación misionera, nos recuerda el P. Nicolás, además del celo apostólico y del desprendimiento, es necesario que los estudiantes *se habiliten para los ministe­rios de la Congregación[54] y los hermanos para los servicios comunita­rios[55]. Y siguiendo el criterio de las Constituciones, afirma que no deben ordenarse los que no estén capacitados para enseñar al pueblo el mensaje de salvación.

 

     Para conseguir los fines apostólicos, se han de ejercitar prudencialmente en discursos prácticos a fin de habituarse especialmente al uso de la palabra en público. Han de ejercitar­se, durante toda la carrera y comenzando ya desde el mismo postulantado, en composiciones literarias o científicas para desarrollar la mente, para pensar por sí mismos, para dominar el uso de la palabra y manejar adecuadamente la pluma, todo ello esencial en la vida del misionero[56]. Y lo han de hacer, no sólo bajo la dirección de los profesores, sino también, por propia iniciativa.

 

     3. Etapas formativas

 

     3.1. Postulantado

 

     El discernimiento vocacional, iniciado al momento del ingreso, se ha de continuar durante el Postulanta­do. Se han de ir clarificando más y más los signos vocaciona­les de origen personal y familiar en orden a la continuidad o abandono del postulan­te[57]. El Postulantado es, propiamente, una etapa de discer­nimien­to vocacional con varios momentos sucesivos:

 

*El Postulantado es una especie de tanteo o prueba prelimi­nar para juzgar si el postulante tiene vocación. Tres operaciones constituyen la función del Postulan­tado: la selección, la eliminación, la formación espiritual, inte­lec­tual y social+[58].

 

     Sin embargo, lo más importante es ir formando a los futuros misioneros con una formación eficiente, bien fundamentada, completa y consistente, con capacidad para afrontar las dificul­ta­des del futuro[59]. La formación espiritual ha de estar basada en el santo temor de Dios, el cual ha de ser filial y no servil. El temor de Dios es un punto de partida para que el postulante se convierta totalmente a la nueva vida, rompa con el pecado y busque la perfección y la fidelidad en todo[60]. Junto al santo temor de Dios, los postulantes han de habituarse, mediante la disciplina y la abnegación, a renunciar a sí mismos y a ser dóciles para prepararse a superar las dificultades de la obedien­cia y de la vida comunitaria[61].

 

     La piedad ha de ser cultivada como condición necesaria al postulan­te para perseverar en la virtud, particularmente en la virtud de la castidad. Ha de ir formándose en una sólida piedad para con Dios, el Corazón de María, el P. Fundador y los santos compatro­nos de la Congrega­ción; una piedad que se manifieste en la vida sacramental y, también, en el respeto a todos los Superiores[62].

 

     Su formación intelectual les ha de preparar para *las luchas de la vida intelectual+; por lo mismo, se pide que sea activa, creativa y ampliamente ejercitada con medios didácticos[63].

 

     La formación social, al adquirir hábitos de educación y respeto, les preparará adecuadamente para la vida de comunidad y para el ministerio apostólico[64].

 

     3.2. Novicios

 

     La etapa del noviciado es considerada como fundamental para el futuro de las Congregaciones y para la solidez de vida y la perseverancia del religioso[65].

 

     11. El noviciado es un tiempo para que el novicio grabe en su alma la imagen del misionero, para que configure su personali­dad conforme a los rasgos que definen el misionero claretiano. Los rasgos de la imagen del misionero han sido trazados por el P. Fundador en el diseño que él mismo nos ha dejado en las Constituciones. Para este proceso, el novicio ha de vaciarse a sí mismo en ese molde, ha de estar abierto al proyecto de las Constituciones para conocerlo, asimilarlo y personalizarlo[66]. El novicio, desde estas condicio­nes de exigen­cia:

 

*(…) al llegar a la profesión, o por lo menos en los primeros años de profeso, debe haber superado la vía purgativa. Porque tiene que estar en condiciones de cumplir los deberes de religioso y Misionero y dar esperanzas moralmente seguras de que no volverá atrás. Por eso la Congregación exige también pruebas en el Noviciado. (…). Quiere el Fundador un cimiento profundo para la fábrica enorme de santidad que debe levantar el Misionero. Los Novicios que tienen afectos que ofenden a Dios y no pueden corregirlos, son excluidos de la Congregación por el funda­dor+[67].

 

     21. Hablando a los Maestros les pide que formen y acostum­bren a los novicios a vivir en unión con Dios; para ello los novicios necesitan recogimiento, no sólo exterior, sino también silencio interior o *soledad mental+, pues Dios no está en el ruido, en la conmoción, en la distracción. Asimismo, los novicios han de vivir en la presencia de Dios; para ello ha de acostum­brarlos a vivir solos consigo mismos, pues El se asienta en la interioridad de la persona[68].

 

     Les pide que formen a los novicios en la vida de oración, propia del espíritu congregacional:

 

*El Maestro de Novicios debe explicar bien el carácter de la Congrega­ción: vida mixta, o sea de contemplación, y mucha oración, la cual es indispensable y no se puede dejar; y de mucha acción, (…)+[69].

 

     También los novicios deben conocer la obediencia con toda claridad y ejercitarse en ella[70]. Más aún, a los mismos candi­da­tos a la Congregación hay que advertirles, ya desde el principio, sobre el tipo de obediencia perfecta que van a vivir en el futuro[71].

 

     Por lo mismo, el Maestro, que ha de poner máximo empeño en fundamentar a los novicios en la abnegación[72] y en acostumbrar­los a la disciplina, los ha de ejercitar *en el sacrificio del propio juicio y voluntad+ y en el sometimiento a las normas de la Congregación, tanto a las que nos dejó el P. Fundador en las Santas Constituciones como a las contenidas en las ordenaciones y disposiciones de los Superiores, con discipli­na interior y exterior. Esta ha de ser personalizada, es decir, que brote de la conciencia personal y de la propia convicción, y que sea libre y espontánea[73]. Si no son aptos, se les debe apartar de la Congre­gación[74].

 

     3.3. Profesos en formación

 

     11. Todas las virtudes misioneras, decía el P. Nicolás García, se han de exigir tanto a los hermanos como a los estudiantes en el período formativo. Los hermanos han de progresar en las virtudes y han de ser *laboriosos y humildes+. Los Teólogos han de practicar la virtud con facilidad y de propia iniciativa, y han de buscar

 

*con interés el tercer grado de humildad que tan gráficamente se describe en las Constituciones sobre la mortificación interior+[75].

 

     Los formadores han de estimular a los formandos a que elijan por amor *lo más humilde, lo más trabajoso; más aún, que se gloríen en la Cruz como el Apóstol+; les han de proponer como ideal la definición del Misionero que nos dejó el P. Fundador y el capítulo de las Constituciones sobre la mortificación interior. Han de procurar que lo vayan realizando en la vida real y práctica, de tal manera que

 

*en las ocasiones se vea que se abrazan gustosos con la humildad, no sólo interior, sino también exterior, pues la virtud sólo mental tiene poca eficacia práctica+[76].

 

     21. El misionero ha de estar lleno de celo por la salvación de todos los hombres. Para ello, nos recuerda el P. Nicolás, ha de ser desprendido y estar abierto en su personalidad para saber adaptarse a todas las personas de cualquier condición, tempera­mental, social y cultural. De esta manera podrá *hacerse todo para todos, para ganarlos a Cristo+[77].

 

     Ha de estar abierto con su inteligencia a la cultura de los hombres. En ella, el misionero ha de ver *un instrumento indispensable para realizar su misión divina cerca de las almas+[78]. Ha de conseguir un altísimo nivel cultu­ral a través de la instrucción literaria, científica, social, pedagógi­ca y ministerial. Con esta instrucción podrá comunicar el contenido de la fe *a las inteligencias más cultivadas+ que, a veces, son las más necesitadas[79].

 

     En esta línea ha de ir la formación del hijo del Corazón de María que, además de ser religiosa y misionera, ha de ser profesio­nal. El estudiante ha de estudiar no sólo la cultura teológica y filosófica sino también la científica y litera­ria[80].

 

     4. Todos somos responsables de la formación

 

     Además de la responsabilidad en el campo vocacional, otra de las grandes responsabilidades de la Congregación es *la formación de sus hijos+[81]. Por eso, la formación es una tarea solidaria de todos nosotros[82] y la Congregación, que tiene conciencia de la responsabilidad, quiere dar a los misioneros una *formación perfecta+, valiéndose para ello de todos los medios posibles.

 

     11. En general, la Congregación programa el proceso formativo, organiza estructuras de formación, nombra los formadores más cualificados y destina a la formación lo mejor de que dispone en el orden espiritual y científico[83].

 

     21. Especial responsabilidad en esta tarea tienen los superiores de la Congregación[84]. Los superiores generales animan e impulsan la formación en sus aspectos más nucleares y globales y son la conciencia de toda la Congregación[85]. Los superiores provinciales tienen el trabajo de dirección de la formación en la organización de la estructuras formativas y, entre otras cosas, les corresponde la grave responsabilidad de seleccionar bien el personal formativo[86].

 

     31. La comunidad formativa, formadores y formandos, tiene un papel decisivo en la formación de los misioneros[87]. Para cumplir su función, los colegios han de estar bien gobernados y organizados[88]. Las casas de formación han de ser sedes de paz, casas de estudios, oficinas de virtud y corazón de la Congrega­ción. Han de ser cenáculos en donde se formen, con la ayuda del Espíritu Santo, hombres nuevos; si la Congregación tiene misioneros de grande espíritu, que llevan el nombre de Dios a todo el mundo, lo debe a las casas de formación. Por eso:

 

*Toda la esperanza de la formación de los alumnos de la Congregación está en las casas de formación+[89].

 

 

     II. P. FELIPE MAROTO (1934-1937)

 

     Dado el poco tiempo que estuvo de Superior General, no escribió muchas circulares. No obstante, fue muy eficiente para poner en práctica lo decidido en el Capítulo General (1934) que lo eligió, entre ello la puesta en marcha del Colegio Internacio­nal de Roma en el curso 1934-1935[90].

 

     11. Escribiendo sobre algunos puntos de observancia[91], al referirse a los centros de formación en algunos párrafos, pide que se guarde la pobreza perfecta con rigor (por ej. haciendo uso de la *caja común+), según lo establecido en las Constituciones y recordado por el último Capítulo General[92], insiste en la participación en los actos de oración comunita­ria, en la Misa diaria y en las conferencias prescri­tas[93], reafirma que se cumplan las normas para los estudiantes sobre la lectura de periódi­cos y diarios[94].

 

     21. Presentando y comentando la Encíclica de Pío XI sobre el sacerdocio[95], aplica a la Congregación las exigencias que de ella se derivan. Aunque no habla expresamente de la formación, no obstante, hace una llamada a que se realicen con seriedad y espíritu misionero los estudios sacerdotales, de tal manera que los estudiantes salgan bien formados, como *ministros idóneos+, para el ejercicio del ministerio[96].

 

     31. En su circular sobre Las Misiones en la Congrega­ción[97], pide que se favorezca el espíritu misionero universal en los Colegios con todos los medios posibles (conferencias, revistas, filatelias. etc…), en la línea de lo que sugirió para toda las Congrega­ción[98]. Los formadores, *prefectos y maes­tros+, lo deberán inculcar a los forman­dos *opportune et importune+, en todo tiempo y lugar, y los profesores y predicado­res se esforza­rán por buscar vocaciones en los colegios de externos, en las predica­ciones y en las enseñanza del catecis­mo[99]. A los forman­dos los responsabiliza, los motiva y los anima para que acepten generosamente este ministerio[100].

 

 

     III. RMO. P. PETER SCHWEIGER (1949-1967)[101]

 

     1. La urgencia de las vocaciones

 

     La preocupación por las vocacio­nes y por el crecimiento cuantita­tivo de la Congregación, será una de las preocupaciones del P. Schweiger. En este sentido, el P. Peter Schweiger dirigió a la Congregación la circular De vocationibus coop­tandis, seligendis, colendis et de dono propiae vocationis aestiman­do(1955)[102]. El mismo título indica el objetivo y contenido de la misma.

 

     1.1. Situación vocacional

 

     El P. Schweiger, que hace referencia al Catálogo de la Congrega­ción recién publicado[103], piensa que el crecimiento de la Congregación, aunque se manifiesta constante en los últimos años, no es un creci­miento adecuado para alcanzar el fin de la Congrega­ción. Dado el tiempo de su fundación, más que centenario, el incremento de la Congrega­ción es lento y el número de vocaciones, que frecuentan nues­tros centros formativos, es todavía exiguo.

 

     En su visión universal de la Iglesia y, dentro de ella, en el deseo, tan característico suyo, de universalizar más la Congrega­ción extendiéndola por todo el mundo, experimenta con dolor nuestros pocos efectivos en cuanto al personal. En conse­cuen­cia:

 

*Es, por lo mismo, necesario con necesidad ineludible e inaplazable, el fomentar y promover por todos los medios el incremento de la Congrega­ción+[104].

 

     También para el P. Schweiger, el fomentar y promover por todos los medios el incremento de la Congregación es, también, una necesidad inaplazable[105]. El sentir con la Iglesia, la amplitud de nuestra misión apostólica[106] y el número insuficiente de misione­ros de la Congregación[107] para cumplir su misión son las motivaciones que deben urgir a la Congrega­ción a trabajar más intensamente por las vocaciones.

 

     Respecto al número, que podríamos decir que siempre será insuficiente, hay, a la base de su preocupación, dos elementos que conviene destacar: la lentitud de nuestro crecimiento (*demasia­do lento para la edad más que centenaria de la Congrega­ción+) y la poca perseve­rancia de los muchos que ingresan (*demasiado pequeño para el número de Escuelas apostólicas y Postulantes que las frecuentan+).

 

     1.2. Medios para fomentar las vocaciones

 

     El P. Schweiger llama la atención sobre dos dimensio­nes: la vida espiritual y la generosidad apostólica. Una vida espiritual que sea reflejo y nos lleve a vivir nuestra propia identidad misionera, *vere nominemur et simus+, será bendecida por el Señor con nuevas vocaciones[108]. Y una generosi­dad apostóli­ca en los individuos, comunidades y provincias, será recompensada por el dueño de la mies y será siempre fuente de atracción vocacio­nal para los jóvenes[109].

 

     2. Selección vocacional

 

     La urgencia de tener abundantes vocaciones, no nos debe llevar a la admisión de personas que no han sido llamadas por el Señor, personas que no tienen vocación. Sería un gran mal para la Congregación[110]. Por eso:

 

*(…) a la vez que se procura el aumento cuantita­ti­vo de la Congrega­ción, se ha de procurar con todo cuidado y diligen­cia el crecimiento cualitativo+[111].

 

     Por ello en el proceso de discernimiento vocacional, se deben tener en cuenta los crite­rios generales y congregacionales de selección[112].

 

     3. Acogida vocacional

 

     Para el P. Schweiger no basta una primera selección vocacional. Las vocaciones a nuestra Congregación, una vez acogidas, han de ser *cultivadas y formadas con solícito cuidado+[113]. El P. General, aunque no da ninguna norma de forma­ción al respecto y sigue la tradición congregacional de acogida vocacional, subraya unos criterios pedagógicos.

 

     Los talentos y las dotes de las personas de los postulantes son la mayor riqueza de la Congregación. Por eso, se han de desarrollar desde los primeros momentos de la formación. Bien cultivados, serán de gran provecho para la Congregación y para su misión apostóli­ca[114]. Para ello, la formación ha de ser persona­li­zada al máximo, evitando el gregarismo. A cada postulan­te se le ha de atender según su modo de ser, sus dotes y sus capacida­des personales.

 

     Estos talentos naturales han de ser encuadrados en una perspectiva vocacional de fe, dentro de la cual tienen sentido, evitando toda dicotomía formativa[115]. Siendo la educa­ción una preparación para la vida, la formación de los postulan­tes ha de ser una formación para la vida religiosa, esto es, para vivir la imitación de Cristo, el cual se convierte en norma de vida[116].

 

     El centro formativo debe ser como la segunda familia del postulante. Por eso el ambiente que se viva y respire en él ha de ser un ambiente familiar que haga atrayente y agradable la convivencia y la estancia en la Congregación[117].

 

     4. Fomentar el aprecio por las vocaciones

 

     Una de las preocupaciones que más aflige al P. Schweiger es *la mengua del aprecio a la vocación+ que, en los últimos años, ha ido adquiriendo dimensiones cada vez más crecientes[118]. Los tiempos han cambiado y son distintos de

 

*aquellos tiempos en que la vocación religiosa se apreciaba como un tesoro celestial que es prenda de salvación eterna corroborada con una divina promesa en favor de cuantos perseveran en nuestra Congregación hasta la muerte. La Profesión religiosa se tenía como un vínculo que muy raras veces puede desatarse, algo así como el vínculo sacerdo­tal+[119].

 

     Las causas de esta mengua en el aprecio de la propia vocación son las siguientes: la deficiente selección de los candidatos a la vida religiosa[120], la deficiente formación religiosa[121], la creencia en la doctrina misma sobre el carácter no obligato­rio de la vocación religiosa y la falta de espíritu religioso y de vida espiritual habitual, que incapacita al religioso para soportar el sacrifi­cio de la perfecta imitación de Jesucristo[122].

 

     Como remedio se ha de procurar, en primer lugar, recordar insistentemente y trabajar por hacer vida lo que el P. Fundador nos dice en las Constituciones sobre la *necesidad absoluta de ser fiel a la vocación+. En segundo lugar, los promotores vocacionales han de procurar una selección de las vocaciones verdaderamente esmerada y los formadores han de ofrecer y exigir una formación cada vez más sólida y completa desde las primeras etapas formativas. Los Superiores de la Congregación, en tercer lugar, han de ayudar a los hermanos, que se hallan en peligro de perder la vocación, a salvarla y a superar la infidelidad[123].

 

     Por último, se ha de fomentar *el cuidado por la fidelidad a la vocación+ mediante la oración por la propia perseverancia y la de los hermanos y el fomento de un ambiente positivo de espiri­tualidad y de familia que robustezca la vocación de cada uno[124].

 

 



    [1] Además de las circulares que se irán citando, es importante recordar las siguientes:

      * El espíritu corporativo, 10-3-1924: Anales, 20 (1924), pp. 193-205; ColCC., pp. 250-263.

      * Observancia de las Santas Constituciones, Anales, 20 (1924), pp. 513-539; ColCC., pp. 67 -85.

      * El cumplimiento del deber, Anales, 27 (1931), pp. 17-22; ColCC., pp. 662-667.

      * El año de perfección religiosa y misione­ra, Annales, 36 (1940-1941) pp. 97-116 con el Reglamento

      * Sacerdote Misionero, Annales, 37 (1942-1944), pp. 209-251.

      * Dirección espiritual, Annales, 37 (1944), pp. 437-459.

      * A los Padres Prefectos de Postulan­tes, Annales, 38 (1945-1946), pp. 105-106.

      * A los Padres Prefectos de Estudian­tes Profesos, Annales, 38 (1945-1946), pp. 106-107.

     * La nota más característica del Hijo del Corazón de María, Annales, 38 (1945-1946), pp. 241-255.

      * El Deber Religioso, Annales, 38 (1945-1946), pp. 493-510.

      El P. JOSÉ M MESA, CMF, publicó una selección de circulares del P. García en el libro Para formar Apóstoles, col. de Vida Religiosa 24, Madrid 1964, pp. 327. Contiene una semblanza del P. General escrita por el P. Augusto Andrés Ortega, cmf.

    [2] N. GARCÍA, circular Sobre algunos acuerdos capitula­res, Annales, 34 (1938), pp. 3-9; ColCC., pp. 858-866.

    [3] N. GARCÍA, Acuerdos…, ColCC., p. 862. Ya el año 1926 el P. N. García pedía trabajar por las vocaciones para poder ayudar a las misiones (Cf. circular sobre La Pía Unión Misionera del Corazón de María, Anales, 22 (1926), pp. 769-776; ColCC., pp. 263-270; referencia en p. 267).

    [4] N. GARCÍA, circular sobre la Vocación Misionera, Anna­les, 34 (1938), pp. 289-323; ColCC., pp. 324-365.

    [5]*Uno de los objetivos, que el último Capítulo General señaló a la solicitud del Gobierno General, fue la necesidad del aumento y progreso de la Congregación (…). El Gobierno General, conforme con la orientación capitular, e imitando con ello al P. Fundador (…) y al P. Xifré (…) ha estudiado a fondo este gravísimo asunto+ (N. GARCÍA, Vocación…, ColCC., p. 324). Se refiere al XIV Capítulo General celebrado, en Albano, del 20 de noviembre al 7 de diciembre de 1937.

    [6]*Es una de sus preocupaciones, porque ve, y la experiencia lo dice, que va en ello el bienestar de la Congregación y de sus hijos, la continua­ción y ampliación de su aposto­lado con sus grandes empresas, la realización ordenada y eficaz del fin señalado por las santas Constitu­ciones en su primer capítulo, de salvar las almas en todo el mundo: totius mundi animarum salutem quaerere+ (N. GARCÍA, Vocación…, ColCC., p. 324).

    [7]*La Congregación ha sufrido un rudo golpe en su personal, con la revolución española. Padres beneméritos, Estudian­tes adelantados que eran una hermosa esperanza, Hermanos bien formados, en número grandísi­mo, han sido inmolados (…). Por todas estas causas, la Congregación tiene absoluta necesidad de aumento de personal, pero de personal selecto; pues no es el número precisamen­te, sino la calidad lo que hace progresar las Instituciones reli­giosas+ (N. GARCÍA, Vocación…, ColCC., p. 327. Cf. también, Acuer­dos…, ColCC., p. 862).

      En otra circular, de la que hablaremos más adelante, el P. General dirá de nuevo que la Congregación:

      *necesita urgentemente, inaplazablemente muchas y excelsas vocaciones. El campo de acción de la Congregación es amplísimo, por el espacio: totius mundi; por los ministe­rios: Misiones, Ejercicios, acción piadosa, Acción Católi­ca, Diócesis, Vicaria­tos, Prefecturas, Parro­quias, Semina­rios, cátedras, publicacio­nes, Colegios, Escuelas, propa­ganda. Todo ello reclama mucho personal y personal selec­to+ (N. GARCÍA, circular sobre la Formación Religiosa, Misionera y Claretiana FRMC., Annales, 39 (1947), pp. 65-119; cita en pp. 86-87).

    [8]*Cada Provincia, Vice‑pro­vin­cia y aun Visitaduría, si las circunstan­cias lo reclaman, tendrán:

      a) Un Postulantado cuando menos; pero no se contenten con uno, cuando haya esperanzas de nuevas vocaciones abriendo otros, y se puedan sostener.

      b) Prepostulantados o Postulantados inferiores donde convenga que sean como centros de reunión de las vocaciones; si las circunstancias lo aconsejan, esos Prepostulantados se pueden multiplicar, aunque sea reduciendo los Postulantados Superiores.

      c) Previos los permisos convenientes, aun en casas particu­lares pueden establecerse pequeños núcleos de jóvenes preparándo­los para el Postulantado, como indicaba ya el Padre Fundador en 1870, y lo estableció el Gobierno General en 1876.

      Sería idea digna de aplauso que en cada uno de los organis­mos mayores dichos hubiese un Padre, prudente y celoso, nombrado por el Superior Mayor para promover, encauzar, fomentar y estimular la obra de las vocaciones, siempre con dependencia del mismo Superior Mayor+ (N. GARCÍA, Vocación…, ColCC., pp. 356-357).

    [9]*De todo lo dicho deduzcamos, Hermanos, que es una nece­si­dad, que nos imponen el amor a la Congregación, el amor a la Iglesia, el amor a las almas y el amor a Dios:

      11. Rogar incesantemente que envíe Dios muchos y buenos operarios a la viña de la Congregación.

      21. Buscar por todos los medios muchas y buenas vocaciones.

      31. Estimar, amar y defender nuestra vocación.

      41. Vivir conforme a ella.

      Las Santas Constituciones nos presentan un plan vastísimo de evangeli­zación: primero la idea genial de nuestro Padre, salvar las almas en todo el mundo: después señalan medios variadísimos y eficacísimos: catecismos, ejercicios, misiones, enseñanza; todos los medios posibles, y en todo el mundo. Eso supone muchos operarios, y por tanto muchas vocaciones. Sin numerosos opera­rios, la Congregación no podrá realizar el plan vastísimo trazado en las Constitu­ciones.

      No seamos nosotros causa de que la Congregación no realice su fin; eso sería su muerte. Pidamos incesantemente al Señor de la mies, que envíe operarios. Confiemos en Dios y en nuestra Madre; trabajemos como buenos soldados de Cristo y no dudemos que la Congregación crecerá y podremos decir: Levántate y ve cuántos hijos tuyos te saludan y rodean. Trabajemos todos bajo el manto maternal del Corazón de María, llenando de luz las almas de todo el mundo, subiendo la escala de la santidad hasta su cumbre, y mereceremos que la gloria divina que realiza la Congrega­ción en la tierra nos envuelva en el cielo con manto de eterna dicha+ (N. GARCÍA, Vocación…, ColCC., p. 364-365).

    [10]*Es un error de fatales consecuen­cias creer que una vez recibida esa gracia, incorporados ya en el cuerpo de la Congrega­ción, trasplantados o injertados en esta viña del Señor, no hay que preocuparse más de ella. Eso determina en muchos después del Noviciado, o de la carrera, o de los primeros años de la vida pública, la tibieza, la flojedad de espíritu, la laxitud en las vías de la perfección. Consiguiente­mente reviven las malas inclinaciones, como renacen en un campo descuidado los cardos y las espinas+ (N. GARCÍA, Vocación…, ColCC., p. 346).

    [11]*Se empieza a soñar con las aparentes ventajas de la vida secular; se pierde el amor al retiro; no se encuentra gusto en la oración; la mortifica­ción se hace difícil; la vida de sumisión, insoporta­ble; ya no se ven en la vocación aquellos ideales sublimes que antes entusiasmaban. Fácilmente se piensa que hay situaciones hasta más fáciles para la virtud, teoría que no se compagina con las enseñanzas de la Iglesia; que quizá podrían trabajar más en otras situaciones; que la vida religiosa es un peso superior a las fuerzas humanas+ (N. GARCÍA, Vocación…, ColCC., pp. 346-347).

    [12]*Todo esto quiere decir que es necesario cultivar la vocación, como se cultiva una planta débil y delicada, la que se quiere hacer crecer y desarrollar. Esta planta abandonada a sí misma, expuesta a la intemperie del tiempo, a los ardores del sol, a la mordacidad de los insectos, morirá infaliblemente. Así morirá, se perderá una vocación no cultivada, no preservada, no defendida+ (N. GARCÍA, Vocación…, ColCC., p. 347).

      *La razón de todo es que la vocación es una gracia y gracia singularísi­ma, y sabido es que la gracia, si no se corresponde a ella, se pierde; por eso debe ser trabajo de todos el cultivarla siempre+ (Ib., p. 349).

    [13] N. GARCÍA, Vocación…, ColCC., p. 346.

    [14] N. GARCÍA, Vocación…, ColCC., p. 349.

    [15]*Esa planta sólo se arraiga, crece, se desarrolla y da frutos en un ambiente sobrenatural; requiere cuidados exquisi­tos+ (N. GARCÍA, Vocación…, ColCC., p. 346).

    [16]*11. Estimar la vocación, teniendo un concepto elevadísi­mo de ella; apreciándola como un don especialísimo de Dios, nos dice la Regla(…)+

      *21. Amar la vocación y amarla con grande afecto, como el bien mayor después del bautismo (…). Por eso debemos estar contentos con nuestra vocación, dar gracias a Dios continuamente por ella, pedir la santa perseverancia, prenda segura de salvación eterna+.

      *31. La vocación es un germen, según hemos dicho y enseña la Igle­sia (…). Se necesita el trabajo, el cuidado para desarrollar ese germen. Quien no lo desarrolla, quien no va adelante, vuelve atrás, dicen nuestras Santas Constituciones (…)+.

      *41. (…) Luchemos contra estos enemigos de nuestra vocación con el arma de la fe, como enseña nuestro Padre a los Novicios (C. XXIV, n. 105), con el arma de la mortificación, con el arma de la oración. Sólo Dios da la perseverancia, pero Dios no la niega a quien la pide. Por eso debemos pedir incesantemente ese don precioso cada día, pero sobre todo, en los momentos de tentación o peligro+.

      *51. (…) Ese tesoro se conserva mejor con el retiro, con el recogimien­to, porque la vida religiosa es separación del mundo, o con las debidas cautelas, cuando los deberes del ministerio nos llaman a tratar con las gentes del mundo para llevarlas a Dios+.

      *61. Poner la vocación en su ambiente (…). La mortifica­ción es el ambiente adecuado a la vocación (…). Este es el ambiente donde arraiga, crece y llega a madurar (…)+.

      *71. Ese espíritu (de religión) da vida, facilita el trabajo, impulsa a las obras propias de la Religión. Ese vivir del espíritu de la Religión se reduce, en lo externo, a la generosi­dad para cargos, destinos, ministe­rios,(…). Lo reclama el Fundador a los que ingresan. La falta de esa generosi­dad es causa de inquietudes, molestias, discusiones, hasta de la pérdida de la vocación+ (N. GARCÍA, Vocación…, ColCC., pp. 349-351).

    [17] Cf. N. GARCÍA, Vocación…, ColCC., pp. 351-355.

    [18]*Creemos que todo misionero debe pensar y sentir que su estado es divinísimo y que para él es el mejor; que dentro de la Congrega­ción puede desenvolver su espíritu, su piedad, su santidad y su celo apostólico; que en la Congrega­ción si vive conforme a ella, tendrá la paz del alma; que la Congre­gación será el guía que le conduzca por las vías de la santidad a las cumbres de la eterna gloria+ (N. GARCÍA, circular sobre la Estima, amor e interés por la Congrega­ción, Anales, 26 (1930), pp. 33-43; ColCC., pp. 271-280; cita en p. 277).

    [19]*Esta idea debe arraigar en todos los hijos de la Congrega­ción ya desde el noviciado, y además deben expresarse estas ideas para animarse a sí propio y alentar a los demás. De este modo se forma un ambiente optimista; las negruras de ciertos religiosos, que siempre habrá, o por temperamento, o por despecho, o por equivocadas ideas de falsa espiritua­lidad, quedarán ahogadas en este ambiente de luz y entu­sias­mo alenta­dor+ (N. GARCÍA, Ib., ColCC., p. 277).

    [20]*hay quien no ve sino excelen­cias en otros Institutos y defectos en el propio. Ese espíritu derrotista y enemigo de todo entusias­mo lleva sólo al pesimismo+ (Ib., ColCC., p. 277).

    [21]*(…) sobre todo, hagamos a la Congrega­ción el in­menso bien de la observancia religiosa, que eso es su vida, su paz, su felicidad, su prosperidad y su gloria; que, lejos de tener que avergonzarse de ninguno de sus hijos, pueda decir, a causa de su vida santa: Vos corona mea et gaudium meum+ (Ib., ColCC., p. 279).

    [22]*Su difusión por todo el mundo, lo cual reclama de todos que se le procuren vocaciones, fomentando sus colegios (Ib., ColCC., p. 276).

      *Los misio­neros que de verdad quieren a la Congregación le procuran todo el bien que pueden, el bien de las voca­ciones, valiéndo­se de todos los medios para fomen­tarlas; sobre todo quisiéramos que se fijaran en la necesidad de vocaciones ya formadas, o sea, de sacerdotes y estudiantes mayores y Herma­nos con alguna profe­sión; todo cuanto se haga en este punto será poco, y no olviden que Dios se vale de medios humanos para escoger a sus elegi­dos+ (…). También es nuestro vehemente anhelo que favorezcáis la Pía Unión de Sufragios que, además de fomentar en el pueblo la piedad y hacer bien a las almas del purgatorio, es un modo de ayudar a nuestro Colegios, de donde han de salir los nuevos misioneros que tan necesarios son, como todos proclama­mos+ (Ib., ColCC., p. 278).

    [23] N. GARCÍA, circular sobre Formación de nuestros estudiantes, Anales, 28 (1932), pp. 225-224; ColCC., pp. 513-533

    [24] Cf. nota 379.

    [25] Para contarse entre las grandes figuras misioneras, como la de nuestro P. Fundador, *es necesario que el Hijo del Corazón de María, en los días de su formación, vaya imprimiendo la imagen de Jesucristo, Sacerdote Eterno, Salvador y Redentor divino de las almas por su doctrina y por su sangre preciosa, de modo que al terminar su formación o carrera pueda decirse: ese Misionero es alter Christus+ (N. GARCÍA, FRMC., p. 97).

    [26]*La falta de esa idea clara en la mente, hecha sangre y vida en el corazón, hace que muchos no acaben de entrar resueltamente en la vida real, en la gran vía de la vida santa, perfecta, eficacísima del Misionero Hijo del Inmaculado Corazón de María+ (N. GARCÍA, FRMC., p. 75).

    [27] N. GARCÍA, FRMC., p. 76.

    [28]*Todos los jóvenes Misioneros han de imprimir en su corazón esta idea: Vae mihi si non evangelizavero (I Cor., 9, 16)+ (N. GARCÍA, Formación de…, ColCC., p. 531).

    [29] N. GARCÍA, Formación de…, ColCC., pp. 532-533.

    [30] N. GARCÍA, FRMC., pp. 92-93.

    [31] Cf. I Cor., 10, 4.

    [32]*Si queda bien formado, pone un fundamento seguro, fijo y estable, porque se funda sobre la piedra que es Cristo (I Cor., 10, 4) (…) Los efectos, como Misionero, están en que la eficacia del ministerio va unida a la buena formación que haya tenido no solo en lo técnico, pero especial­mente en lo espiritual+ (N. GARCÍA, FRMC., p. 98).

      *El Misionero debe formarse porque el fruto del ministerio depende de su vida espiritual y profesional. El fruto ministerial es efecto de dos causas: de la virtud misma del ministerio y de la preparación del sujeto que recibe el ministerio+ (Ib., p. 84).

    [33] N. GARCÍA, Acuerdos…, ColCC., p. 860.

    [34]*Hay que formar a Cristo en el Misionero. Esa es la labor de nuestros formadores. Que lleve el Misionero en su cuerpo a Cristo por el ejemplo de toda modestia (…) llevando las señales de Cristo en su cuerpo (Gal. 6, 17) para que sea buen olor de Cristo (II Cor. 15). Debe llevar a Cristo en su alma en su pensamiento dirigiendo sus obras, sus palabras, sus proyectos, sus trabajos, sus estudios a la gloria de Dios y bien de las almas (…) debe llevar a Cristo en su corazón, buscando no su gloria y exalta­ción; sino la gloria de Dios, hasta que pueda decir como Jesucristo: ego quae placita sunt ei facio semper; ego non quaero gloriam meam (Joan, 8, 29, 50)+ (N. GARCÍA, FRMC., p. 96).

      *Así todos los formadores de almas misioneras no deben dejar a los suyos, sino asistirlos siempre con el ejemplo, con la oración, con la palabra, con el aviso, con la corrección, para que Cristo sea formado en la conciencia de todos, hasta que llegue a la plenitud de la edad de Cristo (Ephess., 4, 13)+ (Ib., p. 97).

    [35] Phil., II, 21; Cf. N. GARCÍA, FRMC., p. 80.

    [36] Cf. N. GARCÍA, FRMC., p. 119.

    [37]*)Cómo conseguiremos una formación tan elevada y perfecta? I1. Con la oración, sólo Dios forma las almas que El creó. Sólo el Espíritu Santo, que formó físicamente Jesucristo en el seno de María Santísima, sólo El puede formar en las almas la imagen de Jesucristo. El Sacerdote es la obra maestra del Espíritu Santo. El religioso es el efecto de la gran infusión de la gracia del Espíritu Santo en el alma, que es quien graba en el alma del religioso, con caracteres indelebles, la imagen de Jesucristo crucificado, que es la idea del religioso. Sólo el Espíritu Santo, que inspiró al Fundador, grabará en el Misione­ro, Padre, Estudiante o Hermano la idea claretiana. Por eso, lo primero que debe hacer la Congregación es rogar con gemidos inenarrables al Espíritu Santo, que es el Espíritu de Jesu­cristo, que venga con abundancia de sus dones, de sus carismas, de sus inspiraciones, de sus mociones irresistibles, sobre todos y cada uno de los Hijos del Corazón de María. Sólo con oración, mucha oración, insistente oración de todos, pero más de los Encargados de la formación, conseguiremos que la idea clare­tiana de perfección, de santidad, de celo, de ciencia, de oratoria, de cultura, de trabajo profesional, se realice y se encarne en la mente y en el corazón y se reduzca a la práctica+ (N. GARCÍA, FRMC., p. 107).

    [38] Cf. N. GARCÍA, FRMC., p. 107.

    [39]*Oremos, Hermanos queridos; pero oremos mucho, con humildad, con perseve­rancia y poniendo por mediadora a la Madre del Sacer­dote, del Religioso y del Misionero. Que Ella, que formó en su seno y nutrió hasta hacerle varón perfecto a su Hijo bendití­simo, forme en su seno al Misionero, en su Corazón Inmacula­do, y le nutra con las gracias divinas hasta su completo desarrollo, según la plenitud de la edad de Jesucristo, y le conserve bajo su maternal protección. Ella, que es la Madre de la perseve­rancia+ (Ib., p. 107).

    [40]*El Padre Misionero ha de ser por vocación, por profesión, hombre de Dios: Tu auten homo Dei (I Tim., VI, 11). La oración ha de ocupar gran parte de su tiempo: Nos vero orationi et ministerio verbi instantes erimus (Act., VI, 4). Debe vivir para Dios, en Dios y con Dios; constantemente debe levantar su corazón a Dios+ (N. GARCÍA, FRMC., p. 93)

      *El Misionero debe ser el hombre, sobre todo, de un grandísi­mo espíritu de oración, que debe acompañar a todas partes al Hijo de la Congrega­ción+ (N. GARCÍA, circular sobre La piedad, Anales, 21 (1925), pp. 225-240; ColCC., pp. 646-662; cita en p. 656).

    [41]*El Misionero lleno de Dios convierte al mundo. Eso enseña la historia+ (N. GARCÍA, FRMC., p. 84).

    [42]*Todo ese profesionalismo exige virtud, docilidad de espíritu, estudio constante, vida de retiro, vida abnegada, unión íntima con Dios, recurso constante a la oración; vida santa, en una palabra+ (N. GARCÍA, FRMC., p. 94).

    [43]*Todos los organismos de la Congregación, todos los cargos, todos los medios de formación deben caminar a producir Misioneros animados de ese espíritu. Postulantado, Noviciado, Esco­lasticado, Año de Perfección, Segundo Noviciado, primeros años de Ministe­rio, todo debe dirigirse a esa formación. Superiores, Maestros, Prefec­tos, Profesores, Confesores, Ministros, Predicadores, deben concurrir a esa finalidad+ (N. GARCÍA, FRMC., p. 94).

    [44]*porque el hombre, para ser completo, debe desenvolver y perfeccionar todos los elementos integrantes de su ser, y el hombre no es sólo cuerpo ni sólo alma, sino que es un compuesto de cuerpo y alma con sus faculta­des respectivas+ (N. GARCÍA, Formación de…, ColCC., p. 515).

    [45] Cf. Ef. 4, 13; N. GARCÍA, FRMC., pp. 66-68.

    [46] Cf. N. GARCÍA, Formación de…, ColCC., p. 515.

    [47]*Esa formación, así en su amplitud, es el objeto directo del Postulantado, del Noviciado, del Escolasticado, del Año de perfección, del segundo Noviciado para la profesión perpetua y el ejercicio del Ministerio (CIA. D.C., 504). Esa es la grave obligación de Provinciales, Superiores, Maestros, Ministros, Prefectos de Estudiantes y Prefecto del Año de Perfección+ (N. GARCÍA, FRMC., p. 70).

    [48] Cf. N. GARCÍA. Formación de…, ColCC., pp. 200, 522-524, 528-529.

      *Conviene que los Prefectos y Superiores les instruyan sobre los peligros que ofrecen los ministerios y les den a conocer el mundo con sus asenchanzas, para que se dispongan a luchar generosamente. También les deben informar sobre el carácter que han de dar a su vida, para que se formen hombres serios, de ideas sólidas y arraigadas, que sean las que dirijan su vida. La idea es permanente, mientras que el sentimiento es pasajero y movedizo+ (Ib., p. 529).

    [49] N. GARCÍA, Formación de…, ColCC., pp. 523-524.

      *)Es esto lo que vemos? (Cuántos que en los Colegios parecían modelos de virtud van a las Casas y lo olvidan todo! )Será culpa de los Directores? No sería justo achacárse­la. Los hombres, ut in pluribus deficiunt: pero de todos modos, bueno es que aprendamos+ (Ib., ColCC., p. 524).

    [50]*Estos (los Prefectos) deben elevar su mira y procurar que los Estudiantes elijan por amor a Dios lo más humilde, lo más trabajoso; más aún, que se gloríen en la Cruz, como el Apóstol. Vean la definición que del Misionero nos dejó el Fundador, estudien el capítulo sobre la mortificación interior, y verán cual es el ideal que deben aspirar. Y no se contenten con proponerles ese ideal; procuren que lo vayan realizando, que en las ocasiones se vea que se abrazan gustosos a la humildad, no sólo exterior, sino también interior, pues la virtud sólo mental tiene poca eficacia práctica; es preciso que la voluntad se amolde a esas ideas y que esas ideas actúen sobre la vida de los Estudiantes del Corazón de María. Mientras nuestros Directores no formen hombres hechos a esas grandes virtudes, no tendremos grandes Misioneros; serán medianías, nunca llegarán a hacer grandes cosas por Dios+ (N. GARCÍA, Formación de…, ColCC., p. 530).

      *Las instrucciones son necesarias, pero no bastan; hay que aplicar, reducir a la práctica esas lecciones de espiritualidad. Nuestra formación, como ya dijimos, no puede ser sólo pasiva; debe ser activa; también nosotros todos somos libres (…). Las virtudes se adquieren con el ejercicio; por eso, el Estudiante debe ejercitarse continuamente en esa virtud sobrenatural (humildad)+ (N. GARCÍA, FRMC., p. 113).

    [51]*)Qué se puede esperar de almas frías, vacías, secas, sin entusiasmos ni grandes ideales y, sobre todo, sin el calor que da la presencia de Aquel que vino a traer fuego a la tierra y quiere abrasarla toda por medio de sus Ministros?+ (N. GARCÍA, circular sobre La espiritualidad Misionera o Claretia­na, Annales, 35 (1939), pp. 49-108; ColCC., pp. 85-155, cita en p. 141).

    [52]*Esas almas son almas retrasadas en la vida espiritual; son niños que no salen de la infancia. No están dispuestas a las luchas del varón espiritual. Por lo mismo, caen con frecuencia bajo el peso de la vida espiritual; caen en la tibieza, que es contraria a la ley del amor, que dice: Amarás a Dios con todo tu corazón, con todas su fuerzas, con toda tu mente. Esas almas aman sólo con parte del corazón, de la mente, de la fuerza. Van contra la ley del progreso (…). La ley del progreso es la de ascende superius, de aemulamini carismata meliora (…)+ (N. GARCÍA, La espirituali­dad…, ColCC., pp. 125-126).

    [53] N. GARCÍA, FRMC., p. 116.

      *El Misionero, puesto el corazón en Jesús, su Divino Maestro, y en María, su Madre, apoyado en la fe, fortalecido con la oración, dice con el Apóstol: ni la sed, ni el hambre, ni la vida ni la muerte, ni el cielo ni el infierno, nada me separará de mi Divino Jesús. Así habla el Misionero fervoroso; pero cuando el fervor decae, y el Misionero aparta sus ojos de Jesús (…), entonces (…) se hunde en el oleaje de las pasiones+ (N. GARCÍA, La piedad, ColCC., p. 647).

    [54] N. GARCÍA, Formación de…, ColCC., p. 532.

    [55] Sobre la necesidad de que el hermano se perfeccione en sus oficios y tareas cf. N. GARCÍA, FRMC., pp. 91-93. También, circular sobre Nuestros Hermanos Coadjutores, Anales, 23 (1927), pp. 689-717; ColCC., pp. 554-583, referencia en pp. 564-565; circular sobre Nuestros Hermanos Coajutores, Annales, 38 (1945-1946), pp. 3-15, referencia en pp. 8-9).

    [56]*El Misionero debe tener el don de la palabra hablada y aun escrita; pero el don de la palabra es un arte, y el arte es hábito, y el hábito sólo se obtiene con el uso y ejercicio continuo; por eso no deben los Misioneros dejar la adquisición del don de la palabra para cuando tengan que ejercer sus ministerios; entonces se encontrarán con graves dificultades; teniendo un tesoro de conocimientos, no sabrán aprovecharlo por carecer del don de la palabra+ (N. GARCÍA, Formación de…, ColCC., p. 519).

    [57] Cf. N. GARCÍA, FRMC., pp. 110-111.

    [58] N. GARCÍA, FRMC., p. 110.

    [59]*En el Postulantado deben ponerse las bases o fundamentos generales, que son el temor de Dios, la piedad, sobre todo hacia la Virgen María, la disciplina o respeto y la labo­rio­sidad+ (N. GARCÍA, Formación de…, ColCC., p. 552).

    [60]*Los Prefectos han de trabajar con tesón en fomentar el santo temor en los Postulantes, no sólo en las conferen­cias, o en las conversaciones privadas, infundiéndo­les un santo temor de toda culpa y haciéndoles ejercer actos de presencia de Dios. Este temor ha de ser filial y no servil, mirando más al amor de Dios que la pena, y por eso fomenten la piedad en esos jóvenes, más particularmente la devoción a María, que es lo que les mantendrá alejados del pecado y unidos a Dios+ (N. GARCÍA, Formación de…, ColCC., p. 525; cf. también, FRMC., p. 111).

    [61] Ya desde el postulantado, los seminaristas han de presentar signos positivos para vivir la obediencia futura.

      *Disciplina. Para ser Misionero se necesita de una abnegación grandísima; es, pues, preciso ir acostumbrando a los jóvenes Postulantes a la disciplina; no se les debe tolerar las faltas contra el Reglamento del Colegio, y menos faltas de respeto a los Superiores y Profesores. Sobre este punto llamamos la atención de cuantos intervienen en la formación de estos jóvenes. Si no hay más unidad de acción entre Superiores, Prefectos, Profesores y Confesores, y todos unánimes no tratan de imbuir ese espíritu de docilidad, será muy difícil, por no decir imposible, que nuestras Comunidades lleguen al tipo de perfección, en orden a obediencia y caridad, que exige nuestro Padre Fundador en las Santas Constituciones. Deben los Superiores y Prefectos vigilar mucho acerca de este punto; si ven jóvenes indóciles, refracta­rios a toda disciplina, no esos jóvenes que, siendo buenos en el fondo, como niños, tienen inadvertencias, pero están bien dispuestos a la corrección, sino esos otros jóvenes refractarios a todo yugo, que no se someten ni admiten la corrección, ésos deben ser inexorablemente despedidos. Pío X decía aún de los Seminaristas de esas condiciones que, pasado inútilmente un año, deben ser despedidos para no ser admitidos en ningún Seminario, por carecer de condiciones para el sacerdocio+ (N. GARCÍA, Formación de…, ColCC., pp. 526-527).

    [62] Cf. N. GARCÍA, FRMC., p. 112.

      *El joven necesita de una gran piedad para perseverar en la virtud, sobre todo para guardar la castidad, y más particularmente, en la Congregación necesitan de una devoción sincera, entusiasta y práctica al Corazón de María. Los Prefectos han de ejercitar mucho a los jóvenes en estas prácticas, cuidando de que frecuenten los obsequios a María y visitas a Jesús Sacramenta­do; de este modo mantendrán la pureza y virtud en sus Postulantados, (…)+ (N. GARCÍA, Formación de…, ColCC., p. 526).

    [63] Cf. N. GARCÍA, FRMC., pp. 111-112.

      *(…) ya desde el Postulanta­do, los niños de preparación han de hacer sus composiciones; pero de suerte que no sólo traduzcan el pensamiento o composición que les hace su profesor sino que el mismo Postulante, en vista de las reglas y nociones recibi­das, se dicte él mismo el ejercicio y haga pequeñas composiciones+ (N. GARCÍA, Formación de…, ColCC., p. 519).

    [64] Cf. N. GARCÍA, FRMC., p. 112.

      *Nuestros Misioneros tienen que ser sumamente educados; han de alternar con todas las clases sociales: omnibus debitor sum (Rom., 1, 14); por eso es necesario que estén formados social­mente, de modo que puedan presentarse con decoro ante las gentes y, como la educación social es una condición que no se improvisa, se requiere que durante los años de formación procedan con los buenos modales que han de practicar en su vida pública+ (N. GARCÍA, Formación de…, ColCC., p. 530).

    [65]*El tiempo más a propósito para la formación es el Noviciado+ (N. GARCÍA, FRMC., p. 112).

    [66]*El Noviciado es un molde en el cual se deben vaciar los Novicios… El Fundador nos da el molde bien hecho, o sea, las Santas Constituciones, donde traza la imagen del Misionero. Es necesario que los Novicios, bajo la dirección del Maestro, graben en su alma esa imagen+ (N. GARCÍA, FRMC., p. 112).

    [67] N.GARCÍA, La espiritualidad…, ColCC., p. 147.

    [68] Cf. N. GARCÍA, Formación de…, ColCC., p. 527.

    [69] N. GARCÍA, FRMC., pp. 112-113.

    [70]*Es necesario que la idea de la representación y gerencia divinas del superior esté profundamente grabada en todos los Hijos de la Congregación, pero de forma que en el Superior no vean la personalidad humana, los caracteres que la distinguen, perfecto o imperfecto, sino sólo su representa­ción (…). Recomendamos encarecidamente que con frecuencia se hable de este punto y aun se platique a las Comunidades, sobre todo Noviciados y Escolasti­cados+ (N. GARCÍA, Obediencia cristiana y religiosa, Anales, 22 (1926), pp. 5-28; ColCC., pp. 622-646, cita en p. 644).

    [71]*Antes de abrir las puertas del Instituto, advierte (el P. Fundador) que en él se hace profesión de perfecta obediencia y que el candidato tiene que tener en cuenta que ha de estar contento en cualquier oficio o Casa en que le pusiere la obediencia. Una vez admitido el aspirante, al poner los fundamen­tos de la vida religiosa, dice al Novicio que debe dejar con el mundo la propia voluntad y que será perfecto en la obediencia, que le es tan necesaria y que con tanto empeño mandan las Constituciones+ (N. GARCÍA, Obediencia…, ColCC., p. 628).

    [72]*21. Fundarlos en la abnegación. No sólo en la disciplina externa, sino también la interna del juicio y la voluntad; ejercitarlos en el sacrificio del propio juicio y voluntad; no deben permitir que vivan internamente a su modo, sino que se sometan a las normas de la Congregación y a los dictados de los Superiores(…)+ (N. GARCÍA, Formación de…, ColCC., pp. 528-529).

    [73]*51 En la disciplina. Que se sometan a las normas de la Congrega­ción, tanto a las que nos dejó el P. Fundador en las Santas Constituciones como a las contenidas en las ordenaciones y disposiciones de los Superiores; pero esta disciplina debe ser espontánea; nacida de la convicción, no por temor, y, por lo mismo, hay que evitar que lo hagan por la vigilancia de los Superiores, sino que les dicte la conciencia esta conducta, y que sea tan eficaz su conciencia, que de ordinario no quebranten las normas de su conducta+ (N. GARCÍA, Formación de…, ColCC., pp. 528-529).

    [74] El P. Fundador, en las Constituciones, *reclama la expulsión del novicio que rehusare obedecer o no quisiera sujetar su propio juicios al Superior+ (N. GARCÍA, Obediencia…, ColCC., p. 628).

    [75] N. GARCÍA, Formación de…, ColCC., p. 528.

    [76] N. GARCÍA, Formación de…, ColCC., p. 530. Hasta en la educación social y en la corrección en las relaciones con los Superiores y demás hermanos, los estudiantes han de ser humildes y dóciles (Cf. ib., p. 531).

    [77] N. GARCÍA, circular sobre El celo, Anales, 27 (1931), pp. 209-221; ColCC., pp. 679-692, cita en p. 692.

    [78]*La necesidad de una cultura superior del Misionero no se puede poner en duda. Esa cultura ha de estar siempre al día. No puede el Misionero desentonar del tipo normal de la cultura general. Sería en perjuicio de la misión+ (N. GARCÍA, circular sobre las Bibliotecas, Anales, 38 (1945-1946), pp. 305-316, cita en p. 315).

      *Las mismas Ciencias y Artes humanas os pueden servir para vuestra misión, convertir los templos profanos en templos de Dios vivo+ (Ib. p. 316).

      *El Misionero debe saber exponer esas verdades divinas en las formas variadas y aceptables para la muchedumbre de auditorios distintos a que ha de dirigir la palabra. El Sacerdote debe estudiar las grandes cuestiones políticas, sociales, filosóficas, científicas, morales; las aspiraciones de los pueblos, todas las manifestaciones de la vida, para impregnarlas, informarlas, penetrarlas de sobrenaturalismo, para evitar el error, el extravío de las masas y para encaminar los grandes impulsos de los pueblos por las vías trazadas por la Revelación, por la Iglesia, al conseguimiento del último fin. Todo ello supone un estudio constante+ (Ib., p. 315).

    [79] N. GARCÍA, Acuerdos…, ColCC., p. 861.

    [80] Cf. N. GARCÍA, FRMC., pp. 91-94 .

      *No basta la formación espiritual; se impone la formación profesional (…) Por eso la Iglesia y nuestra Congregación, siguiendo su dirección, impone una carrera. El estudio tiene que ser intenso y extenso. todas las ciencias hacen relación más o menos directa con la formación profesional del Misionero. El Misionero debe tener una cultura general elevada, además de la suya específica. No sólo debe estar al nivel de los hombres cultos del siglo, sino que debe levantarse sobre la cultura general del Clero por su misión pública. (…) Es necesario que el Estudiante del Corazón de María se persuada que necesita de un amor grande al estudio para irse formando profesionalmente en orden al Ministerio+ (N. GARCÍA, circular sobre Ministerios, Annales, 38 (1945-1946), pp. 361-386, cita en p. 370).

    [81] Cf. N. GARCÍA, FRMC., p. 101.

    [82] Cf. N. GARCÍA, FRMC., p. 108.

    [83]*Superiores, Prefectos, Maestros, Profesores, Ministros, Confeso­res, son delegados de la Congregación, y a ellos traspasa sus derechos, sus deberes y su responsabilidad. De ellos, pues, depende el bien y el mal de la Congrega­ción+ (N. GARCÍA, FRMC., p. 101; cf. también, p. 107).

    [84]*Una de las obligaciones más graves de los Superiores religiosos es procurar una buena formación de sus súbditos, particularmente de los jóvenes que se preparan para el sacerdocio (…). La formación de la juventud religiosa es la primera y más grave obligación de todo Superior religioso+ (N. GARCÍA, Formación de…, ColCC., p. 513).

      Las funciones específicas de los superiores en el campo formativo están descritas en las Constituciones, en la legislación y en los planes de estudio. Junto a los superiores, los capítulos generales y provinciales, como instancias de gobierno, se han ocupado normalmente de la formación de los nuestros orientando y legislando según las circunstancias del momento. Sobre la responsabilidad en la formación de los hermanos cf. N. GARCÍA, Nuestros Hermanos…, Annales, 38 (1945), pp. 8, 11.

    [85] De hecho, quitando algunas reservadas, los superiores generales siempre han dirigido sus circulares sobre la formación a toda la Congrega­ción, conscientes de que toda ella es responsable de la misma y de que toda ella debe estar comprometida en la tarea formativa directa o indirectamente.

    [86] En los Colegios, los provinciales han de poner *religiosos de virtud eximia que eduquen más con el ejemplo de todas las virtudes religiosas y sacerdotales (…) que de palabra+ (N. GARCÍA, FRMC., p. 104; cf. también pp. 107-108).

    [87]*Os hemos escrito, venerables Directores, Profesores y queridos Estudiantes, con el deseo de que cada día trabajéis con más ahínco en vuestra formación y en la labor de formar nuestra juventud. De vosotros depende el porvenir de la Congregación; lo que seáis vosotros será la Congregación; si salís perfectos en vuestro trabajo de formación, tendremos una Congregación perfecta; si os descuidáis, infligiréis a la Congregación un daño irrepara­ble+ (N. GARCÍA, Formación de…, ColCC., p. 533).

    [88]*Por último, no serán cultivadas las vocaciones, si el gobierno de nuestras Comunidades, y sobre todo de los Colegios, no está bien regulado… El Colegio es el molde del Misionero: debe ser perfecto. Es la fuente de la vida Misionera: debe ser pura, abundante e incontaminada. Es la raíz: debe ser sana, vigorosa y bien arraigada+ (N. GARCÍA, Vocación…, ColCC., pp. 354-355).

      Junto a los maestros, prefectos y ministros, responsables de la formación integral de los novicios, estudiantes y hermanos, hay otras personas seriamente comprometidas en la formación de los mismos. De ellos se habla continuamente en nuestros documentos congregaciona­les (N. GARCÍA, FRMC., p. 104). Para los superiores, formadores y confesores, la circular reservada sobre la castidad de N. GARCÍA, Conducta de los Supe­riores, Confesores y demás encargados de la formación en nuestros Colegios, de 5 de junio de 1938 (Cf. AG CMF: 9, 8, 54).

    [89] N. GARCÍA, FRMC., p. 102.

    [90] F. MAROTO, circular sobre La Obra del Templo al Corazón de María y Colegio Internacional en Roma, Annales, 31 (1935), pp. 259-264. Los Estatutos del Colegio cf. Ib., pp. 13-16.

    [91] F. MAROTO, circular sobre Algunos puntos de observan­cia religiosa, Annales, 31 (1935), pp. 145-186.

    [92] F. MAROTO, Ib., p. 149.

    [93] F. MAROTO, Ib., pp. 164-166.

    [94] F. MAROTO, Ib., p. 177.

    [95] F. MAROTO, circular sobre el sacerdocio In Litteras Encyclicas SSmi. Domini nostri Pii Papae XI *De Sacerdotio Catholico+, Annales, 32 (1936), pp. 189-191, 239-261; ColCC., pp. 458-488.

    [96] F. MAROTO, Ib., p. 479.

    [97] F. MAROTO, circular sobre Las Misiones en la Congrega­ción, Annales, 33 (1937), pp. 147-153; ColCC., pp. 308-315.

    [98] Cf. F. MAROTO, Ib., p. 312. Las sugerencias constan en la nota del P. Ramón Ribera, Por nuestras Misiones, Annales, 33 (1937), pp. 11-13.

    [99] F. MAROTO, Ib., p. 312.

    [100]*Una palabra también queremos dirigir a nuestros amadísi­mos jóvenes que están formándose en nuestros Colegios. Un gran porvenir de la Congregación son las Misiones de infieles y sois vosotros los que habéis de realizarlo para gloria de Dios, para consuelo del Corazón divino de Jesús, alegría del Corazón de nuestra Madre dulcísima, honra del Instituto que os recibió y cuida de vosotros con maternal cuidado, y para gloria y corona vuestra. No os ilusionen los ministerios que fácilmente se componen con una vida cómoda y floja, nada digna de un hijo del activísimo P. Claret; o que tienen brillo delante de los hombres (…)+ (F. MAROTO, Ib., pp. 312-313).

    [101] Entre otros escritos del P. SCHWEIGER sobre varios aspectos formati­vos, se pueden consultar las circulares:

      * De studiis in Congrega­tione impense fovendis, Annales, 45 (1959-1960), pp. 151-165.

      * Instructio de clerico­rum vitae spiritualis formatione liturgica, Anna­les, 48 (1965-1966), pp. 5-9.

      * Centenarium approbatio­nis Pontifi­ciae Nostrae Congrega­tionis in luce Concilii Vaticani II, Annales, 48 (1965-1966), pp. 203-239.

    [102] P. SCHWEIGER, circular De vocationibus coop­tandis, seligendis, colendis et de dono propiae vocationis aestimando, Annales, 43 (1955), pp. 155-176. La citas harán referencia a Annales; sin embargo, transcribiremos los textos citados en español, tomando la traducción que se publicó en la Crónica de la Provincia Claretiana de Castilla, 155 (1955), pp. 167-175 y 156 (1956), pp. 199-207.

    [103] CATALOGUS C.M.F., Romae 1955, pp. 255.

    [104] P. SCHWEIGER, De vocationibus coop­tandis,…, p. 156.

    [105] Cf. P. SCHWEIGER, De vocationibus cooptandis,… , p. 156.

    [106]*Por la íntima conexión con la Santa Madre Iglesia y por la común misión, nuestra Familia se hace compañera y participe de su solicitud y ansiedad, y esto tanto más cuanto que nuestro Padre Fundador nos puso por meta: Buscar la salvación de las almas de todo el mundo (Const., P.I.,n.2); valerse de todos los medios posibles (Ib. II, 63); predicar la palabra de Dios a toda clase de personas (Ib.). Cuánto distamos aún de conseguir este amplio fin, todos lo reconocemos plenamente y lo lamentamos con profundo dolor. Campos dilatadísimos están ya blancos para la siega (Jn., 4, 4); ciertamente la mies es mucha, pero los obreros son pocos (Luc., 20, 2). Por lo mismo,!oh dolor!, mucha es la mies que yace en el campo del Señor y no se recoge en los graneros, porque faltan operarios y segadores, porque escasean los Sacerdotes y Misioneros+ (P. SCHWEIGER, Ib., p. 156).

    [107]*En realidad, cuán exiguo es el número de los Misioneros Hijos del Inmaculado Corazón de María; cuán reducido el número de Sacerdotes de nuestra Congregación, si miramos la amplitud de nuestro fin y de nuestra misión. Pues aunque es constante el incremento de la Congregación, sin embargo no es adecuado para nuestro fin; es demasiado lento para la edad más que centenaria de la Congregación, y demasiado pequeño para el número de Escuelas apostólicas y Postulantes que las frecuentan.+ (P. SCHWEIGER, Ib., p. 156).

    [108]*Interesa, además, mucho que en nuestra Familia religiosa se tenga en gran aprecio la vida espiritual, se procure solícita­mente por los Superiores (curent Superiores, se lee en el canon 595,1), y se practique por todos los nuestros, de suerte que en verdad nos llamemos y seamos Hijos del Ido. Corazón de la B. V. María. Porque Cristo nuestro Señor, que vino al mundo para que todos tengan vida y la tengan pujante (Jo.7 10. 10) dirige las vocaciones religiosas y sacerdotales, principal­mente a aquellas Familias religiosas donde se ama y cultiva la vida espiritual, de modo que los llamados puedan imbuirse en ella y poseerla, no en cualquier grado, sino abundantemente. Y aún nos parece que nuestro Señor Jesucristo al repartir las vocacio­nes, guarda aquella distribu­ción paradójica: al que tiene, se le dará más y abundará; y al que no tiene, aun aquello que tiene le será quitado (Mat., 13, 12). )Y qué de extraño tiene que Jesucristo a los jóvenes que llama a la santidad y al apostolado los envie a aquellas Familias religiosas en que puedan obtener con más seguridad y alcanzar más plenamente el fin de la vocación?, )0 que, por el contrario, las aparte de aquellos Institutos en donde tal vez permanecería inútil la gracia de la vocación? Esforcémo­nos pues, carísimos hermanos, para que en nuestra Familia religiosa se ame entraña­blemente la vida espiritual y se cultiven con diligencia las virtudes; porque de ahí nos vendrán muchas y buenas vocaciones+.(P. SCHWEIGER, De vocationibus cooptandis,…, pp. 157-158).

    [109]*Generosidad apostólica. Otro medio de atraer vocaciones a la Congregación lo ponemos en que, así ella como sus Provin­cias, no sólo no teman perjuicio, antes tengan por cierto la ganancia, si con ánimo generoso ofrecen operarios para la Viña del Señor. No dudemos dar de nuestra escasez para favorecer aquellas partes de la Congregación o del mundo que sufren extrema indigencia de operarios apostóli­cos (…). Tengamos, por cierto, que cumplirá su palabra aquel que dijo: Dad y se os dará; una medida buena, apretada, colmada, rebosante, será derramada en vuestro seno. La medida que con otros usaréis, ésa se usará con vosotros (Luc., 6, 38)). Porque bien sabe el Señor que la Congregación y las Provincias, posponiendo su propia utilidad v necesidad, reclutan, forman y encaminan las vocaciones al fin más necesario.

      Por otra parte, no faltan ciertamente jóvenes generosos que, atraídos por el título y la esperanza del apostolado en las misiones, se encaminan a nuestra Congregación; y hay otros que durante su carrera, una y otra vez se ofrecen para las Misiones y para las más difíciles. Tal generosidad, cuando la acompañan otras condiciones debidas, es signo cierto de vocación misionera, que si es favorecida gozosamente por los Superiores y ofrecida al Señor para su Viña, será prenda de nuevas vocaciones+ (P. SCHWEIGER, Ib., p. 158).

    [110]*Si bien es cierto que a la Congregación interesa que aumente lo más posible el número de sus miembros, pero se ha de procurar no proceder a la ligera e inconsideradamente en la admisión de candidatos, pues aunque debemos desear ardientemente el incremen­to de la Congregación y su extensión por todo el mundo, y a este fin hemos de pedir sin cesar al Señor de la mies que envíe operarios a ella; no obstante, seria muy perjudicial para la Congregación admitir en su seno a los no llamados, ignoran­tes o de mal carácter (Const. I, 74). Ciertamente se inferiría a nuestra Familia Religiosa un daño lamentable e irreparable si esta advertencia de N.P.F. no se observase tan fielmente como la anterior, de aumentar el número de los individuos o si contra su aviso, se recibiera a los indignos e ineptos o una vez recibidos se los retuviera o fueran admitidos al Noviciado, a la Profesión religiosa y aun al mismo sacerdo­cio+ (P. SCHWEIGER, De vocationibus cooptandis,…, pp. 160-161).

    [111] P. SCHWEIGER, Ib., p. 161.

      *Estemos bien persuadidos que la selección de las vocacio­nes es la mejor garantía del crecimiento de la Congrega­ción, ya que los miembros buenos atraen a muchos y, por el contrario, que la falta de selección es causa cierta de disminución y ruina de la Congrega­ción, ya que los miembros de poco valor retraen a los más valiosos. La selección de las vocaciones aportará a la Congrega­ción fuerza y vigor+ (Ib., p. 162).

    [112] Cf. P. SCHWEIGER, Ib., pp. 162-163.

    [113] Cf. P. SCHWEIGER, De vocationibus coop­tandis…, p. 163.

    [114] Cf. P. SCHWEIGER, Ib., pp. 164-165.

    [115]*(…) la educación y la formación del candidato a la vida religiosa no puede hacerse por partes o secciones, de modo que primero se cultiven las virtudes naturales y luego las sobrenatu­rales; pues la formación es una evolución orgánica de los valores del hombre, que es espontánea, gradual y armónica+ (Ib., p. 165).

    [116]*Y no siendo la vida religiosa sino una imitación de Cristo hecho norma y forma de vida, los jóvenes candidatos ya desde los comienzos deben ser iniciados en esta nueva forma de vida mediante las oportunas instruccio­nes y ejercicios acomodados a su condición y capacidad+ (Ib., p. 166).

    [117]*Esta brisa familiar es necesario que se deje sentir principalmente sobre los que del mundo vienen a la Congregación, de modo que cuando se acercan a nosotros, especialmente a los niños y jóvenes postulantes, espontáneamente les recuerde el Bonum est nos hic esse: bueno es estarnos aquí+ (P. SCHWEIGER, Ib., p. 164).

    [118] Esta mengua del aprecio por la propia vocación *induda­blemente se manifies­ta en cierta increíble ligereza con que algunos religiosos piden la dispensa de los votos: unos apenas profesaron, porque no se sienten con fuerzas para guardar loa votos; otros al poco tiempo de ordena­dos seducidos por la facilidad con que fuera pueden conseguir una buena colocación, mediante la cual según dicen, podrán ayudar a los padres, o aún a simples parientes necesita­dos o evitar que pierdan la condición social; finalmente no faltan algunos que, tal vez después de haber prestado excelentes servicios, al sufrir la adversidad, se les hace demasiado pesada la vida común y la sujeción a los Superiores y trabajan para conseguirse el indulto de seculariza­ción+ (Ib., p. 167).

    [119] Ib., p. 167.

    [120]*Por fuerza ha de suceder que quienes a su tiempo no fueron bien seleccionados, más adelante se declaren impotentes para cumplir los deberes de la vida religiosa+ (Ib., p. 167).

    [121]*Tal vez se atiende demasiado a preparar a los jóvenes religiosos para los trabajos y obras externas del Instituto, hasta el punto de que fácilmente sufra detrimento lo que debe ser el alma de todo el trabajo de los religio­sos, o sea, la vida interior. Quizá se piensa más en el buen operario que en el buen religioso+ (Ib., p. 167).

    [122] Cf. Ib., p. 168.

    [123] Cf. Ib., pp. 168-169.

    [124]*Para conservar en nuestra Familia la gracia de la fideli­dad a la vocación religiosa y acrecentar cada día el aprecio de la misma vocación, ante todo cada uno debe orar por sí mismo: mas oremos también confiadamente por todos nuestros hermanos, ya que la vocación es una gracia grande, y gracia *gratis data+ que podemos perder o de la que podemos ser privados si no somos dignos de ella. Pero además, os recomendamos encareci­damente que en nuestras Comunidades se procure y fomente siempre y en todas partes aquel ambiente de familia y de espiritualidad, para que, confortados y robustecidos con él, todos los de casa o los que a la misma lleguen, bendigan alegres y agradecidos, la hora en que la divina Madre los llamó a la Congregación y de lo íntimo del corazón la pidan ser fieles a la vocación recibida hasta el postrer aliento de su vida+ (Ib., p. 170).

Capítulo 3

                  C A P I T U L O 31

 

 

 

              PERÍODO ENTRE LOS AÑOS 1899-1922

 

 

     Este período incluye los gobiernos de los PP. Clemente Serrat y Martín Alsina, y la celebración de cuatro Capítulos Generales, tres de los cuales fueron importantes para la forma­ción.

 

     I. P. CLEMENTE SERRAT (1899-1906)

 

     El P. Clemente Serrat, en el día de su onomástica de 1902, dirigió, desde Santo Domingo de la Calzada, una preciosa circular a la Congrega­ción, sobre La Vocación Religiosa[1]. Con ella:

 

*(…) nos proponemos excitar en vuestras almas senti­mientos de viva gratitud recordándoos el beneficio de la divina voca­ción, (…) que muy imperiosamente reclama nuestro reconoci­miento y amor+[2].

 

     1. Llamada a la fidelidad vocacional

 

     Después de estimular estos sentimientos, el P. Serrat hace una llamada a la fidelidad vocacional. Sirviéndose de las palabras de San Pablo, que pone como encabezamiento de la circular, *obse­cro vos ut digne ambuletis vocatione qua vocati estis+[3], exhorta:

 

*(…) encarecidamente a permanecer con fidelidad en la voca­ción a que habéis sido llamados; sí, Hermanos carísimos, os conjuramos por Dios que os mostréis fieles servidores, dignos imitadores de las virtudes del divino Maestro que os llamó, dignísimos miembros de la Religión a que por dicha vuestra pertenecéis (…)+[4].

 

     2. Medios para fomentar la fidelidad a la vocación

 

     Siguiendo al mismo San Pablo, anima a la fidelidad indicando los medios que sugiere el Apóstol en su carta a los Efesios: *cum omni humilitate et mansuetudi­ne, cum patientia supportantes invicem in caritate, solliciti servare unitatem spiritus in vinculo pacis+[5].

 

     2.1. El primero y fundamental medio de perseverancia en la vocación es la humildad y mansedumbre, dos virtudes típicas del misionero claretiano[6]. Con ellas, el misionero podrá obtener la gracia de Dios y superar las pruebas que se derivan de la fidelidad a la vocación. Y la razón que aduce es el elevado estado de gracia y santidad de la vida religiosa que exige en los llamados un grandísimo grado de humildad[7].

 

     Ha de ser una humildad motivada, profunda y personalizada; ha de ser sincera y bien fundada; una humildad que brote del conocimiento de sí mismo, de los límites y pecados de la propia persona, y del reconocimiento de los dones recibidos de Dios para que sean bien administrados[8].

 

     Este concepto de sí mismo, que ha de tener el religioso humilde que ama su vocación, no ha de ser simplemente teórico e intelectual; ha de ser operativo. Ha de traducirse en palabras y obras, y ha de manifestarse en las alabanzas y, sobre todo, en las afrentas y menosprecios[9].

 

     El religioso debe ser consciente del sacrificio y de la abnegación que implican las exigencias de la vida religiosa que ha abrazado. No se ha de sorprender cuando en el camino de su vida vocacional se le presenten las privaciones y las dificulta­des que se derivan de su fidelidad. En estos momentos no se ha de dejar llevar de los halagos del mundo y de las tentaciones de las soberbia y de la carne, sino que, fundado en la humildad, ha de perseverá en la opción emprendida[10].

 

     2.2. En segundo lugar, para afirmarse más en la vocación es necesario soportarse mutuamente con paciente caridad. Es una caridad que ayuda a comprender al hermano, su carácter y su temperamento, su dolor y sufrimiento, evitando *la dureza y el rigor+ con ellos[11]. Y hace una llamada a la responsabilidad que cada uno tiene sobre la vocación del hermano[12].

 

     2.3. El tercero y último medio que señala, como sostén de la vocación religiosa, es la solicitud en guardar la unidad del espíritu con el vínculo de la paz. Si el anterior medio tiende a fomentar la caridad mutua entre los hermanos, indivi­dualmente considerados, éste los considera colectiva­mente, formando corporación[13].

 

 

     II. P. MARTÍN ALSINA (1906-1922)

 

     1. La *divina pía moción+

 

     El P. Alsina, a propósito de la existencia de algunos misione­ros poco alegres y felices consigo mismos y con su vocación, escribió la circular Remedios del descontento en la religión[14]. En ella expresa un íntimo deseo para sus hermanos y es que:

 

*(…) quisiera verles a todos alegres, contentos, animosos y felices, y a menudo he de oír gritos de dolor y de angustia; y no faltan tampoco gritos de algún desconten­to de la misma voca­ción+[15].

 

     1.1. Un hecho doloroso que ha observado es que no son pocos los que viven descontentos en la Congrega­ción. Y el descontento es uno de los principales males que afecta a los misioneros y a su fidelidad vocacional[16]. Buscando el bienestar espiritual de los hermanos, al escribir sobre el descontento en la vida religiosa y, en particular en la Congregación, ofrece un remedio muy concreto para erradicar este mal. Un remedio que no consiste en solucio­nar el descontento con gestos superficiales[17]. Es un remedio que va a la raíz del problema. El remedio está en la fidelidad vocacio­nal, que él llama la *divina pía moción+[18].

 

     1.2. )Qué es la *divina pía moción+? No es un asunto de inteligencia, sino de voluntad. Todos entienden y comprenden la necesidad de la fidelidad a la observancia de las Constituciones, pero no todos la practican con fidelidad y entrega[19].

 

     Con la *divina pía moción+, la persona va al fondo de su problema. Ella le lleva a cumplir la voluntad de Dios y a glorificarle en todas las cosas. Y esta fidelidad le da unidad interior, unidad afectiva y efectiva en la diversidad de las situaciones en que ha de vivir. De esta unidad brota el orden y del orden brotan la paz y el bienestar espiritual[20]. Ella es, no sólo fuente de gozo y de alegría vocacio­nales, sino también fuente y garantía de fidelidad vocacional.

 

     2. Formación personalizada

 

     En la Congregación, dice el P. Alsina con motivo de la institución de la Provincia Bética, no faltan los medios necesarios para una buena formación científica, religiosa y apostólica[21]. Pero hay que personalizar­la, desde los primeros momentos de la formación, mediante el trabajo personal y el discernimiento[22].

 

     Cada uno ha de cultivar su inteligencia con los conocimien­tos propios de su vocación para que *consiga percibir con claridad los asuntos en que deba ocuparse, juzgar de ellos con rectitud y discurrir sobre ellos con solidez y rigor+“; ha de cultivar su voluntad, encendiéndola con el celo por la gloria de Dios y la salvación de las almas, para que ame lo bueno virtuoso, y lo abrace con firmeza; y ha de cultivar su carácter dándole nobleza, firmeza, suavidad y amabilidad en orden a la fidelidad, a la fraternidad y a la misión. Por eso, anima a que se cultiven los propios dones y las cualidades personales[23].

 

     3. Formación de calidad

 

     Con motivo de uno de sus viajes a Roma, en el que los Cardenales Rampolla y Vives le recomendaron que formentase en la Congregación *la más perfecta formación de los individuos+, el P. Alsina, en la circular sobre La formación de los nuestros[24], describe cómo debe ser nuestra formación.

 

     3.1. En primer lugar, *la formación ha de encaminarse a formar Misioneros de la Congregación+[25]. Esto se conseguirá si los formandos se capacitan y son aptos para realizar lo que hay de permanente y lo que hay de variable en la Congregación.

 

     Lo permanen­te en la Congregación es su fin, es decir, buscar siempre y en todas las cosas la gloria de Dios, la santificación propia y la salvación de las almas. Lo variable de la Congrega­ción, que también debe tenerse en cuenta en la formación de los misioneros, son los medios que para conseguir su fin, lo permanente, va adoptando la Congregación en su desarrollo. La formación ha de encaminarse a obtener la máxima aptitud y preparación de la persona para que pueda realizarse de todos los medios posibles que le ayuden a alcanzar lo permanente[26].

 

     3.2. La formación ha de ser buena, de calidad. )En qué consiste la buena formación?, se pregunta el P. Alsina. Consiste:

 

*En que salgan todos buenos Misioneros, es decir, Misione­ros de la Congregación y Misioneros de su época+[27].

 

     Misioneros de la Congregación según su espíritu y el fin que tiene en la Iglesia. Misioneros de su época, en la medida en que están abiertos a todos los medios posibles, siempre en renovación y adaptación, para responder mejor a la misión apostólica[28].

 

     Sin esta formación tendremos individuos inútiles, desgracia­dos y ridículos, que no saben presentarse y que son incapaces de ejercer influencia alguna saludable en torno suyo. Todos, formadores y formandos, han de orar, estudiar y poner gran empeño en conseguir la formación necesaria *en nuestros días+, empleando *los mejores métodos+ para una buena formación[29].

 

     3.3. La formación, o desarrollo vocacional, es una tarea compartida donde tanto los formadores como los formandos tienen su propia función. Escribe en la circular sobre la formación *a todos+:

 

*Y decimos a todos, porque la formación es obra de directores y dirigidos a la vez. Para una perfecta imagen no sólo es necesaria la inteligencia y la hábil mano del artista, sino también la plasticidad de la materia, )cuánto más será necesaria la cooperación del dirigido a la acción del director, tratándose de seres libres por naturale­za?+[30].

 

     Por lo mismo, los directores, (Superiores, Prefectos, Maestros y Confesores), y los dirigidos (formandos y peniten­tes), han de cooperar para conseguir una perfecta formación[31].

 

     4. Formación sólida en la virtud

 

     A la vuelta de otro viaje a Roma, tras haber tenido una audiencia con el Papa Benedicto XV en la que le recomendó la importancia de fomentar *una formación sólida en la virtud+, el P. Alsina, escribió una circular sobre este tema[32].

 

     Nuestros misioneros, desde que ingresan en la Congrega­ción, han de recibir una *formación sólida+[33] y, para ello, se han de fundamentar en la *sólida virtud+[34]. Ella es garantía de perse­ve­rancia vocacional ante las vicisitudes y dificultades de la vida misionera[35].

 

     4.1. La formación sólida ha de estar basada en la imitación de Jesús. Ella se consigue si está fundamentada en Cristo, en su conocimiento y amor, y en la imitación de su vida y de sus obras. Una formación así fundamentada será como una *casa edificada sobre piedra firme+, capaz de superar todos los embites y dificultades de la vida misionera. Al contrario, sin una referencia a Cristo, la formación estará edificada sobre arena, sin soporte estable ni base consistente[36].

 

     4.2. La formación sólida debe mirar, también, a la adquisi­ción de las virtudes misioneras propuestas en las Constitucio­nes[37]. En ellas se nos presentan las virtudes que fundamentan la vida misionera que se exige en la Congregación y que han de asimilar y personalizar los que entran en ella desde el mismo noviciado, como son una fe viva, la confianza, la humildad, la obediencia, la rectitud de intención, la oración y la fidelidad a la vocación.

 

     5. Formación del carácter

 

    Profundizando y desarrollando algunos aspectos de la circular anterior, el P. Alsina escribió sobre la Formación del carácter[38], pues una buena selección vocacional y un sólida formación implican prestar una atención especial a la formación del carácter de la persona[39].

 

     5.1. En primer lugar, formar a hombres de carácter es formar a *hombres dueños de sí mismos y de las circunstancias, para proseguir lo bueno, lo justo, lo equitativo y lo racional, en todo lugar, tiempo y ocasión+[40]. Es necesario formar en la Congregación misioneros de carácter, misioneros dueños de sí mismos y de las circunstancias para conseguir los tres fines de nuestra vocación: glorificar a Dios, santificarse a sí mismo y salvar a los prójimos en todo lugar, tiempo y ocasión. La imitación de Cristo, el identificarse con El, el testimonio de la virtud y el anuncio del Reino no es posible si el misionero no es un hombre de carácter[41]. Y en segundo lugar, hay que formar positivamente el carácter personal de cada uno, pues los misioneros de mal carácter son perniciosos para la Congregación, para la comunidad y para el ministerio[42].

 

     5.2. La firmeza del carácter se consigue a través de la sujeción y la fidelidad a los *deberes+ de cada uno[43].    Se trata de una sujeción que sea expresión del espíritu de obedien­cia, que esté motivada por el amor a Jesús y que se realice en un clima de libertad, fe y amor. Para formar un carácter *firme, noble y levantado, cual conviene al Misionero Hijo del Inmaculado Corazón de María+, es necesario formar en la verdad, en los valores de nuestra vida; y en las acciones y comportamientos coherentes con los valores misioneros. En todo ello, ha de haber una motivación central, que no es otra que el *amor a Jesucris­to+[44]

 

     Este planteamiento formativo, la fórmula *propter Jesum Christum+, ha de iniciarse en los Colegios y en el Noviciado y se ha de continuar en los años que siguen a la Profesión. Por una parte, en esas etapas formativas está el terreno propio para que el germen de la vocación religiosa y apostólica se arraigue, se desarrolle y se perfeccione, y se forme el buen carácter. Y, por otra, el ejercicio continuado formaría el hábito, formaría el carácter, y esta sería la mayor seguridad de un próspero porvenir indivi­dual y corporativo[45].

 

     6. María en la formación

 

    María es una referencia obligada para formar a Cristo en los formandos. La formación sólida, que ha de estar fundamen­tada en Cristo y en la imitación de su vida y de sus obras, se ha conseguir a través de María, nuestra Madre. El Misionero tomará a María como “base y ejemplar de su formación espiritual”, para plasmar en sí con “más suavidad y eficacia” la imagen y la vida misma de Jesús, hasta llegar a una identifica­ción plena con El[46].

 

 

     III. DOCUMENTOS VOCACIONALES Y FORMATIVOS 

 

     1. Vocaciones

 

     Los criterios y los requisitos para la admisión de los candida­tos para el momento de ingreso y las circunstancias de dimisión durante el período formativo constaban en los documentos de la Congregación. No obstante, dada la varie­dad de los mismos, a partir del reglamento del año 1900, del que se hablará a continuación, los requisi­tos aparecen reunidos en un Apéndice con el título de Bases de admisión e interrogato­rio para Postulantes publicado *con el deseo de que haya completa uniformidad en todos nuestros Colegios acerca de los procedimien­tos o trámites para admitir Postulan­tes+[47].

 

     2. Postulantes

 

     Con el paso del tiempo, la nuevas exigencias de los centros y de la pedagogía, las sugerencias de los formadores y las indicaciones de los Capítulos Generales, el reglamento para los postulantes fue actualizado progresivamente.

 

     2.1. Las experiencias anteriores motivaron la conveniencia de ir introduciendo en la práctica *algunas modificacio­nes de conside­ra­ción+ en el último reglamento del P. Xifré. Por eso, el VIII Capítulo General (Vich 1899), creyó que había llegado el momento de asumirlas y de efectuar una nueva redacción del mismo[48].

 

     El nuevo Reglamento para los Colegios de Postulantes (1900) fue editado en tiempos del P. Clemente Serrat[49] y, para su elaboración, se tuvo en cuenta:

 

*11. el reglamento de 1894 con las reformas introducidas por su Rma. posteriormente; 21. las disposiciones tomadas en los Capítulos generales de Madrid, Cervera y Santo Domingo; y 31. los informes de los Rdos. Padres Prefectos de nuestros Colegios y otros Rdos. Padres de reconocida ilustración+[50].

 

     11. Este reglamento, que tampoco explicita, aunque lo supone, ningún Plan de estudios, conserva los aspectos formativos fundamenta­les del anterior[51], entre ellas, la triple dimensión propuesta ya por el P. Xifré de *la uniformidad, el orden y la harmonía en todos los postulantes+ de nuestros Colegios. No obstante, introduce bastantes cambios en su organización interna, desarro­lla más ampliamente algunos puntos y añade, como novedad, unas Instruc­ciones para el traslado de los postulantes al Noviciado y varios apéndices[52].

 

     Además de las funciones de los formadores (prefectos, profesores y coadjutores), desarrolla más explícitamente las funciones de los superiores[53].

 

     A los Prefectos se les insiste en el contacto periódico con los postulantes para que éstos den *cuenta de su estado corporal y espiritual+, describiendo con mayor precisión y desarrollando con más amplitud el contenido de dicho relación personal. Los Prefectos han de procurar,

 

*que, a los menos una vez al mes, vayan a su habitación los Postulantes para dar cuenta de su estado corporal y espiri­tual, y se informen al pormenor de todo cuanto les ocurra y convenga, según su índole y temperamento; y muy particu­larmente averigüen cómo se portan dichos jóvenes en la oración y demás prácticas u obras ordinarias+[54].

 

     Introduce algunos criterios pedagógicos para la corrección fraterna de los postulantes. La corrección ha de fundarse en la justicia, ha de ser equitativa, discreta en tiempo y oportunidad, proporciona­da a la edad y condiciones psíquicas y espirituales del postulante, gradual en su aplicación y fundada en la caridad[55]. Y pide a los Prefectos que, al corregir, además de pedir con humildad y fervor los auxilios necesarios para ejercer esta delicada función, se revistan de verdadera caridad[56].

 

     2.2. Durante el gobierno del P. Alsina se hace otra edición del Reglamento para los Colegios de Postulan­tes (1907)[57]. Tanto los principios como las orientaciones formati­vas coinciden fundamentalmente con los reglamentos anteriores. No obstante, incluye, además del cuadro de asignatu­ras que se han de estudiar en los cuatro años, varias modifica­ciones sugeridas por algunas personas consultadas al afecto. En el orden formativo se pueden destacar:

 

     11. La atención al desarrollo físico y corporal, sobre el que siempre se ha insistido, se ha de cuidar especialmente durante estos años mirando el futuro apostólico del postulante. Muchos casos de enfermedades que, con el tiempo, inutilizan al Misionero para el ejercicio del ministerio tienen su origen en el abandono o descuido en que se tuvo al postulante o novicio en los tiempos de formación[58].

 

     21. Los profesores, cuando tengan que avisar o corregir a los postulantes, han de ser equitativos, moderados y movidos sólo por el *celo santo y pacífico+. No deben abatirlos ni entriste­cerlos poniendo en crisis su vocación[59].

 

     31. Los horarios, comunes para todos los centros de postulantes a fin de favorecer el orden de los mismos, se flexibilizan en su aplicación. La realidad impone esta apertura. Por eso, los superiores quedan autorizados para que, con causa razonable y oído el parecer de los prefectos, puedan variar las horas en determinados días[60].

 

     2.3. Los reglamentos anteriores, aunque hacen indicaciones formativas dirigidas a los postulantes, no tienen referencias directas a ellos como estamento educativo. Para completar el marco formati­vo, aparece en tiempos del P. Alsina el Espejo del Postulante, especie de directorio o reglamento dirigido a los pequeños seminaristas de la Congrega­ción[61].

 

     Los postulantes, según este reglamento, han de ser conscien­tes desde el principio de que se forman para ser misioneros. Por eso, al entrar al colegio, *tendrán siempre presente el fin de su vocación a la Congregación de Misioneros Hijos del I.C. de María+. Por lo mismo, vivirán según el espíritu y las prácticas de la Congregación[62].

 

    Han de ser, ante todo y sobre todo, *verdadera y sólidamente piadosos+, con una piedad cimentada *en el santo amor y temor de Dios+ y con una especial referencia al Corazón de María, a la que se dirigirán como Madre. Han de ser devotos preferentemente con los santos cuya devoción ha cultivado tradicionalmente la Congregación y se han de iniciar en la devoción al Ven. P. Fundador[63].

 

     Como signo vocacional claro, deberán amar, afectiva y efectivamente y como verdaderos hijos, a la Congregación[64]. Se ejercita­rán en las exigencias que se derivan de los votos que han de profesar en el futuro; en las virtudes misioneras, típicamente claretianas, como son: la humildad y la modestia; y se aplicarán con seriedad y responsabilidad al estudio[65]. Y con el P. Prefec­to, su inmediato superior, tendrán una relación personal abierta y sincera. Con frecuencia deberán visitarle en su habitación y exponerle su situación personal[66].    

 

     3. Estudiantes profesos

 

     3.1. Disposicio­nes para los Estudiantes profe­sos

 

     Ya dijimos en el capítulo anterior que los Reglamentos para postulantes sirvieron también de orienta­ciones formativas para los estudiantes profesos en sus puntos fundamen­tales[67]. También en este período se siguió con el mismo criterio[68].

 

     No obstante, más tarde, en tiempos del P. Alsina, se publicaron, el 11 de noviembre 1912, las Disposicio­nes particula­res para los Colegios de los Estudiantes profe­sos (1912)[69]. Son una síntesis de disposiciones que se han ido dando y observando desde los primeros colegios de Thuir hasta el momento presente para la organización y el funcionamiento de los mismos. Es como un reglamento con prácticas muy detalladas, *normas concretas y bien determinadas+, que buscan la uniformidad de comportamientos y tienden a favorecer el espíritu religioso y el aprovechamien­to en ciencia y virtud[70].

 

     3.2. Statuta pro Studiis

 

     El VIII Capítulo General (Vich l899) pidió que se revisara y reformara el Plan de Estudios de la Congregación, vigente desde el tiempo del P. Clotet, estableciéndose una metodología para ello[71].

 

     Después de una amplia consulta a los profesores de la Congregación, el Gobierno General elaboró un nuevo Plan de Estudios, que se publicó el 25 de agosto de 1900 con el título de Statuta pro Studiis Congregationis Filiorum Immaculati Cordis Beatae Mariae Virginis[72].

 

     El Plan fue promulgado *ad experimen­tum+ por tres años. Al terminar el trienio se hizo una consulta a los Superio­res, Prefectos y Profesores, pidiéndoles observacio­nes al respecto. Recogidas éstas, el Gobierno General introdujo unos cambios en los Estatutos, que fueron publicados el 10 de septiem­bre de 1903[73].

 

     El IX Capítulo General extraordinario (Selva del Campo 1904), pidió que el Gobierno General estable­ciese una Comisión Permanen­te de Estudios para examinar, entre otras cosas, los Estatutos y el Reglamento vigentes y elaborar el Reglamento de los Prefectos[74]. Esta Comisión hizo nuevas observa­ciones a los Estatutos de Estudios, que se publica­ron el 14 de julio de 1904[75].

 

     Los Estatutos fueron confirmados y publicados nuevamen­te en los años 1913 y 1916, con pocas correcciones y bastantes interpretaciones realizadas por la Comisión Permanente de Estudios. En este período no hubo cambios sustanciales, *en espera de lo que acerca de los estudios de los Institutos Religiosos tenga a bien resolver la Santa Sede+[76].

 

 

     IV. CAPÍTULOS GENERALES[77]

 

     1. VIII Capítulo General. Vich 1899[78]

 

     1.1. Régimen del Noviciado

 

     No ha llegado el momento oportuno, dice el Capítulo, para que las Provincias instalen su propio noviciado. El actual debe seguir bajo la jurisdicción del Gobierno Gene­ral[79], aunque los Padres Provinciales tendrán su responsabilidad en el nombramiento de los Maestros de Novicios y en la admisión de éstos para la Profesión. Mirando al futuro, los Superiores Provinciales deben ir preparando lo necesario para organizar los Noviciados cuando se den las circunstancias apropiadas[80].

 

     1.2. Revisión del Reglamento de Postulantes y de Estudios

 

     Una petición del Capítulo al Gobierno General fue que, teniendo en cuenta las experiencias de los últimos años, revisase el Reglamento de Postu­lantes vigente e hiciese los cambios y reformas necesarios[81]. Asimismo dejó al criterio del Gobierno General la oportunidad de hacer alguna modificación a los Reglamentos de Estudios[82].

 

     1.3. Ministros locales

 

     Los Padres Ministros, como encargados de los hermanos, han de ser para ellos *como verdaderos padres+: deben atenderlos en sus necesidades físicas y morales, vigilar su modo de actuar y usar siem­pre formas dignas y caritativas en sus relaciones con ellos[83].

 

     1.4. La cuenta de conciencia

    

     Para facilitar el cumpli­miento de las Constituciones[84] sobre la cuenta de conciencia al Superior y al Confesor, el Capítulo declaró que tanto los Superio­res como los Ministros, Prefectos y Maestros, no podrán revelar a *nadie cosa alguna que hubiesen sabido sólo, pura y exclusivamen­te por la dicha cuenta de conciencia recibida de sus respectivos súbdi­tos+[85].

 

     2. IX Capítulo General. Selva del Campo 1904[86]

 

     2.1. Organización de los centros

 

     El Capítulo aprobó las distribución completa del Escolasti­cado, pasándolo a la jurisdicción de los Superiores Pro­vincia­les, y la creación de un Colegio Central dependiente del Gobierno General para los Padres que *hayan terminado los cursos de Moral y Dere­cho así como los sacerdotes que hagan su profesión en los Noviciados+[87].

 

     2.2. Higiene en los Colegios

 

     Preocupación del Capítulo fue la salud de algunos de nuestros alumnos y la higiene en los Colegios. Sin salud no puede haber adecuada formación ni vivencia de los compromisos de la vida misionera. Por lo mismo, se acordó, en primer lugar, implantar en nuestros Colegios las mejoras necesarias para favorecer sus condiciones higiénicas de las mismos. Y, en segundo lugar, pareció conveniente consultar *a personas de acreditada ciencia y experiencia+, para asesorarse en orden a adoptar otras medidas que se consideren necesarias[88].

 

     2.3. Comisión Permanente y Reglamento de Prefectos

 

     El Capítulo deliberó sobre varios puntos referentes al Plan de estudios, al Reglamento de Postulantes y a la conveniencia de redactar un Reglamento especial para los Padres Prefectos de nuestros Colegios.

 

     Teniendo muy en cuenta los deseos del Cardenal Protector sobre los estudios de nuestros Misioneros, el Capítulo tomó el acuerdo de pedir al Gobierno General la creación de una Comisión Permanente entre cuyos fines tendría el de estudiar los estatutos y Reglamento vigentes. El Capítulo reconoció, tam­bién, la convenien­cia de un Reglamento de Prefectos y dispuso que se encargara de redactarlo la referida Comisión permanente[89].

 

     2.4. Declaraciones sobre las Constituciones

 

     Sobre las Constituciones, el Capítulo hizo varias declara­ciones, algunas con claro contenido formativo[90].

 

     11. Respecto a los novicios, se distingue entre su aproba­ción para la profesión, en la cual intervienen los examinadores provinciales, y su admisión a la misma, en la cual vota el Gobierno Provin­cial[91]. El Maestro deberá informar de los novi­cios al Superior Provincial cada tres meses; esta información se deberá dar a conocer también a todos los que tengan voto en la aprobación o admisión de los novicios[92]. Terminado el año de noviciado, y antes de profesar, los novicios deben disponer por docu­mento público o privado del uso, usufructo y administración de todos sus bienes; y sería muy conveniente que hiciesen también testamento[93].

 

     21. A los estudiantes se les prohíbe leer, sin permiso del Superior, libros o escritos no permiti­dos[94] y de las Sagradas Escrituras leerán aquellos contenidos (no tanto los capítulos) previa­mente designados por el Superior[95].

 

     La exigencia para la ordenación, que dice que nuestros estudiantes *sean verdade­ramente ejemplares+, implica los siguientes requisi­tos:

 

*11. Que eviten las faltas delibera­das, y reciban bien los avisos y con ellos se enmienden de las indelibe­radas. 21. Que obren conforme a la virtud en los casos ordinarios, y ofrezcan garantía de obrar así en los extraordina­rios. 31. Que tanto los Superiores como los iguales estén satisfechos de ellos y de su conducta+[96].

 

     31. El Maestro explicará a los novicios el número 56 de la I parte de las Constituciones en el siguiente sentido: como principio general, los hermanos, después de la profesión, no podrán pasar a la categoría de estudiante y ningún estudiante ordenado in sacris podrá pasar definitiva­mente a la de hermano. Sin embargo, el Gobierno General, con causa grave, podrá enviar defini­tivamente a la categoría de hermanos a los estudian­tes no ordenados in sacris. Los superiores, en su distintos niveles, podrán enviar, y es conveniente que lo hagan algunas veces, a cualquier padre o estudiante a hacer los oficios propios de los hermanos por ejercicio de virtud, por vía de prueba, y tam­bién en penitencia de alguna falta cometida.

 

     3. XI Capítulo General. Vich 1912[97]

 

     El Capítulo acordó, y solicitó su aprobación a la Sede Apostólica[98], un conjunto de cambios sobre el postulantado, el noviciado y la profesión religiosa. La razón de los cambios estaba expresada en la motivación de la petición: el período de aspirantado (que desde el tiempo del P. Fundador fue de quince días) y el año de Noviciado prescritos por las Constitu­ciones como tiempo de prueba antes de la profesión perpetua no era un tiempo suficiente, especialmente para los hermanos[99]. La expe­rien­cia de la vida religiosa estaba demos­tran­do que se necesitaba una edad mayor y más tiempo de madura­ción personal antes de que el joven religioso se implicase en un compromiso definitivo[100].

 

     3.1. Noviciado[101]

 

     11. Preparación para el Noviciado. Para todos los que ingresaban directamente en el Noviciado sin un tiempo de acogida previo (como los seminaristas menores), el Capítulo solicitó a la Santa Sede que el tiempo de Aspirantado, en vez de quince días, fuera en principio de un año, con la posibilidad de reducir este tiempo en caso especia­les.

 

     21. Duración. El tiempo del Noviciado para todos sería de un año y se contaría desde la toma de hábito.

 

     3.2. Profesión[102]

 

     11. Temporal. Después del Noviciado se haría la profesión temporal, no la definiti­va. El novicio haría los votos de pobreza, castidad y obediencia por un año y los renovaría anualmente por un período de tres.

 

     21. Perpetua. Nadie sería admitido a la profesión perpetua antes de los veintiún año. Si al terminar el trienio, los estudian­tes no hubiesen cumplido los veintiún años, deberán profesar temporal­mente por el tiempo que les faltaba para cumplirlos. Los hermanos, en cambio, deberían renovar por otro trienio continuo. Terminado el período de votos temporales, según las distintas modalidades dicha, el profeso, considerado digno, sería admitido para hacer la profesión perpetua; de lo contrario, debería ser despedido.

 

     También trató el Capítulo otros asuntos relacionados con la formación, como la fundación de Postulantados y Noviciados en las Cuasi-Provincias[103], el papel de los examinadores provincia­les en la aprobación de los postulan­tes para su ingreso en el Noviciado y en la de los novicios para la profesión[104], y sobre los criterios para la lectura de periódicos y revistas en nuestras Comu­nidades y en los Escolasticados y Noviciados[105].

 

 

     V. DISPOSICIONES GENERALES.

 

     En 1900 se publican las primeras Diposiciones Genera­les[106], así llamadas porque van dirigidas a toda la Congrega­ción. Es una compilación, orgánica y sistemática, de la normativa general de la Congrega­ción.

 

     Como criterio para su elaboración se han tenido en cuenta, por una parte, las disposi­ciones vigentes (publica­das anterior­mente en forma alfabéti­ca) purifica­das de todo aquello que era circunstan­cial, exhortativo o motivacional; y, por otra, se han excluido las que constan explícitamente en las Constitu­ciones. Normalmen­te recogen las disposiciones de los Capítulos Generales y otras derivadas de las Constituciones. El aspecto vocacional y formativo se encuentra en los capítulos XVIII-XXVI y XXX de la Primera Parte.

 

     Son disposiciones típicamente claretianas. Como dice el P. Serrat en el Prólogo, tanto las Constitu­cio­nes como las Disposi­ciones Generales, además de asegurar la observancia, *dan a nuestro Instituto su fisonomía y carácter propio y son como el sello con que se distingue de los demás institutos, así en su ser como en la vida íntima y en sus manifestaciones a lo exte­rior+[107].

 

     Fueron actualizadas, y parcialmente modificadas, en 1905[108], 1906[109] y 1912[110] tras los Capítulos Generales cele­bra­dos por las mismas fechas.

 



    [1] C. SERRAT, circular sobre la Vocación religiosa, Anales, 8 (1901-1902), pp. 669-680; ColCC., pp. 228-241. El P. Serrat tradujo del italiano los Avisos sobre la Vocación Religiosa del San Alfonso M de Ligorio (Cf. Librería Religiosa, Barcelona 1871, pp. 226; AG CMF: Biblioteca 5, 4, 14).

    [2] C. SERRAT, Ib., ColCC., p. 229.

    [3] Ef. 4, 1-3.

    [4] C. SERRAT, Ib., ColCC., p. 231.

    [5] Ef. 4, 1-3.

    [6]*Ante todo reclama el Apóstol como primero y fundamental medio de perseveran­cia en la vocación la humildad y mansedum­bre+ (C. SERRAT, Ib., ColCC., p. 233).

    [7]*por lo mismo, la humildad no ha de ser como quiera, sino omnímoda, cum omni humilitate, y bajo todos sus aspectos+ (C. SERRAT, Ib., ColCC., p. 234).

    [8]*ha de nacer de lo íntimo del alma, sintiendo muy bajamente de sí mismos, conside­rando que su origen es el polvo, la nada, el pecado; que la gracia de la vocación y cuantas dotes posean son beneficios gratuitos de que se les hizo administradores, y con los cuales han de negociar diligentemente; que la gloria y el honor de sus actos y ministerios ha de ser todo exclusiva­mente para Dios; reservando para sí la confusión, como el autor de la Imitación de Cristo, soli Deo honor et gloria, mihi autem confusio (…). Tal debe ser el concepto que de sí ha de formar el religioso que ame la perseverancia en la vocación+ (C. SERRAT, Ib., p. 234).

    [9] Porque *no debe sólo atender a lo que tiene de grande y sublime el Estado religioso, para cautelarse contra los desvane­cimien­tos de la soberbia, destructora cruel de la gracia de la vocación, sino que debe ponderar lo que en dicho Estado hay de penoso y difícil, y las humillaciones que puedan sobre­venirle donde menos pensare, para prevenirse contra el desaliento o la indignación, que es otro escollo no menos funesto+ (C. SERRAT, ColCC., p. 234).

    [10]*Debe, pues, tener en cuenta el sacrificio continuado que impone la vida religiosa, la abnega­ción y privaciones que traen consigo la obediencia y los demás votos, la presencia de ánimo para tratar con individuos natural­mente antipáticos, etc., etc.; debe también reflexionar que en estos críticos momentos de humillación y de prueba el mundo le agrandará las dificultades, seduciéndole con el falso brillo de las honras, comodidades y libertad, con el atractivo de la familia o de los amigos que le auguran un risueño porvenir en la Babilonia de que salió (…). Pero bien pertrechado con ellas (con la humildad y la mansedumbre), afrontará los sacrificios y las humilla­ciones que puedan sobrevenirle en la Religión y abominará de los incentivos y halagos del mundo, (…)+ (C. SERRAT, ColCC., p. 235).

    [11]*Al observar un hermano dominado de la aflicción de espíri­tu, víctima de molesta enfermedad u otras pruebas, no amarguemos más su situación, haciéndole cargos o inculpa­ciones, como los indiscretos amigos de Job, )quis innocens periit? ni hemos de mostrarnos insensibles a su dolor, pasando de largo, como el levita y el sacerdote, sino que, como buenos samaritanos, hemos de llegarnos a él con amabilidad y compasión, sanando las llagas de su alma con el vino y aceite de los consuelos. No permita el Señor que en ninguna de nuestras Comunidades haya uno solo que con sus aflicciones pueda decir con algún fundamento: conso­lan­tem me quaesivi et non inveni+ (C. SERRAT, Ib., ColCC., p. 237).

    [12]*Rogámoos por Jesucristo, Hermanos carísimos, que refle­xionéis detenidamente sobre este punto; porque la dureza de corazón con los que sufren, o la impaciencia y rigor por las faltas de los hermanos, cuando es habitual, pudiera hacer fluctuar a éstos en la vocación, y no sería pequeño remordimiento la fundada sospecha de haber en algún modo podido contribuir a tan grave daño+ (C. SERRAT, Ib., ColCC., p. 237).

    [13]*Sí, Hermanos amadísimos: hemos de poner todo nuestro estudio, toda nuestra solicitud y afán en conservar la unidad de los espíritus, la conformidad de los ánimos, la intimidad afectuosa de los corazones; de tal suerte que en todos sea uno mismo el pensar y el sentir, el querer y el obrar, unos los afectos y las voluntades, como las de los primitivos cristianos norma y ejemplar de los buenos religiosos+ (C. SERRAT, Ib., ColCC., p. 238).

    [14] M. ALSINA, circular sobre los Remedios del descontento en la Religión, Anales, 10 (1906), pp. 529-538; ColCC., pp. 241-245.

    [15] M. ALSINA, Remedios…, ColCC., p. 242.

    [16]*Son muchas las necesidades de la Congregación comunes y particu­lares, del orden material y del orden espiritual. Y como la oración sigue siendo siempre el remedio universal para conseguir el deseado socorro, de aquí mi particular confianza en estos momentos. Pero aunque espero el remedio de todas, me intere­sa sobre manera las que afectan al bienestar espiritual de todos y de cada uno de los indivi­duos de la Congregación. Y no extrañéis que me refiera de un modo particular a esta necesidad, porque ella es la princi­pal, y porque, aunque sea doloroso, es un hecho fre­cuente­mente observado; y es que son no pocos los que viven descontentos en la Congregación. Uno está descontento por el lugar en que ha de residir, otro por el oficio que ha de desempeñar; éste por la compañía de un individuo antipáti­co, aquél por otro exigente. Uno sufre por el P. Superior, el otro por el P. Ministro, el otro por este o aquel Encar­gado, etc…+ (M. ALSINA, Reme­dios…, ColCC., pp. 241-242).

    [17]*El remedio al malestar que aflige a tantos no se debe buscar en la tierra, no en el cambio de lugar, no en nuevas relaciones, no en mudar de oficios, de Superiores, de Ministros, de Prefec­tos, no. Estas mudanzas pueden, en algún caso dado, producir un alivio momentáneo, como un paño de agua fresca en una recia calentura; pero como no van a la raíz del mal, luego reaparece el malestar antiguo y no pocas veces con mayor fuerza y con más peligro por el des­engaño experimentado+ (M. ALSINA, Remedios…, ColCC., p. 242).

    [18] Consiste *(…) en mudar nuestra voluntad, en aficionarla a la obser­vancia, en sentir con eficacia la divina pía moción+ M. ALSINA, Ib., ColCC., p. 242.

    [19]*Sí; a la voluntad hay que aplicar el remedio, y el remedio no es otro que la pía moción divina a la observancia. Porque faltando esta pía moción, la voluntad no se siente suficiente­mente atraída hacia ella; y de ahí viene la indecisión, de la indecisión nace la división, de la división la contrariedad, de la contrariedad el desorden interior. y de ahí la intranqui­lidad, el malestar y el dolor+ (M. ALSINA, Ib., ColCC., p. 243).

    [20] Cf. M. ALSINA, Ib., ColCC., p. 244.

      Lograda esta *pía divina moción+, *(…) estaremos todos contentos con nuestra suerte, aunque humilde o trabajosa, gozaremos de mucha paz en la Congrega­ción y acumularemos un rico caudal de méritos para el Cie­lo+ (Ib., ColCC., p. 245).

    [21] M. ALSINA, circular sobre Una nueva Provincia, Anales, 10 (1906), pp. 577-580; nota en p. 578.

    [22]*Y este trabajo ha de consistir en desarrollar, en perfeccionar y en vigorizar más y más todas nuestras facultades en orden al fin de la Congregación+ (Ib. p. 579).

    [23]*Trabajad conforme al caudal recibido; si son cinco talentos, cultivad y negociad con cinco; si son dos con dos y si fuera sólo uno, cultivad y negociad con uno; que no quedará ningún trabajo sin la debida recompensa, unusquisque recipiet mercedem juxta suum laborem+ (Ib., p. 579).

    [24] M. ALSINA. circular sobre La formación de los nuestros, Anales, 13 (1911-1912), ­pp. 333-336; ColCC., pp. 501-504.

    [25] M. ALSINA, La formación de los…, ColCC., p. 502.

    [26]*In omnibus, dice la santa Regla: en todo y por todos. Así se han de formar los Postulantes, así los Novicios, así los Profesos; lo mismo Hermanos, que Estudiantes, que Padres+ (Ib., p. 502).

    [27] Ib., p. 502.

    [28]*La formación, por tanto, ha de encaminarse a obtener la mayor aptitud posible para la realización de tan variados medios+ (Ib., p. 503).

    [29] Cf. Ib., pp. 503-504.

    [30] Ib., p. 502.

    [31] Cf. Ib., p. 502. A continuación se preguntará:

      *)En qué ha de consistir la buena formación? En que salgan todos buenos Misioneros, es decir, Misioneros de la Congregación y Misioneros de su época+ (Ib., p. 502).

      Para esta buena formación *Oren, pues, los Directores, estudien y reflexionen sobre los mejores métodos de buena formación, y los súbditos cooperen docilmente a la acción y dirección de sus mayo­res+ (Ib., p. 504). El P. Alsina dirigió una circular reservada a los responsables de la formación sobre el tema de la castidad (M. ALSINA, circular sobre La educación y formación de nuestros jóvenes misioneros, 15 de agosto 1919; AG CMF: BC, 1, 6, 6).

    [32] M. ALSINA, circular sobre La formación sólida de los nuestros en la virtud, Anales, 17 (1919-1920), pp. 65-68; ColCC., pp. 504-507.

    [33]*La segunda nota fué, que (el Papa Benedicto XV) nos hizo una paternal exhortación de que procurásemos una formación sólida en la virtud en todos los que ingresen en nuestra amada Congrega­ción (…). Recibámosla, pues, Padres y Hermanos míos, con gratitud y docilidad. Directo­res y dirigidos, oigamos la voz amorosa de nuestro Padre común, y procuremos la sólida formación que se nos recomienda+ (M. ALSINA, Formación sólida…, ColCC., pp. 504-505).

    [34]*Sí, Padres y Hermanos míos, es necesario formarse en la sólida virtud, como nos recomienda nuestro Santísimo Padre, y mantener­nos siempre en ella. De lo contrario, no podremos cumplir con nuestra vocación, que es la de santificarnos primero nosotros y ayudar a los prójimos a que consigan su salvación y santifica­ción (M. ALSINA, Formación sólida…, ColCC., p. 505).

    [35]*(Ojalá, Padres y Hermanos míos, que todos en la Congregación hubiésemos puesto los sólidos fundamentos que nos marcan las Santas Constituciones y hubiésemos perseverado siempre fieles a la vocación recibida! A los ojos de todos están las deficiencias que hemos de lamentar. A muchos hemos visto que comenzaron bien, pero que no supieron ser fieles a la vocación (…). Mientras estuvieron en los Noviciados y Colegio fueron buenos, fervorosos y edificantes; pero al ponerse en contacto con el mundo. por no tener sólida virtud, por no tener fija su mente y corazón en el amor de Jesús y en su imitación, dieron entrada en su corazón a las máximas mundanas de soberbia e independen­cia, de regalo de sentidos y pasarla bien, de tener y poseer cosas vanas, superfluas y preciosas y (…) (apostataron primero en su corazón y después de la Congregación!+ (M. ALSINA, Formación sólida…, ColCC., p. 506).

    [36]*)Cómo se tendrá esa sólida formación? Si ponemos como fundamento de la misma la imitación de Jesús. El que así edifique en su alma el edificio de la perfección, será, como nos enseña el mismo Jesucristo, como casa edificada sobre piedra firme,(…). Al contrario, si alguno, al ingresar en la Congrega­ción, no se propone imitar y conformar­se con Jesús, edificará su perfección sobre arena (…)+ (M. ALSINA, Formación sólida…, ColCC., p. 505).

    [37]*Las Santas Constituciones nos enseñan claramente cuáles son las virtudes que, como fundamento de la vida que se debe vivir en la Congregación, han de arraigar en su alma los que entran en Ella. Ante todo una fe viva, ya que es el fundamento de la vida sobrenatural; confianza, humildad, obediencia, rectitud de intención, oración y fidelidad a la vocación: es decir, que no volvamos atrás del camino emprendido; que perseveremos hasta la muerte en la práctica de las virtudes con que comenzamos la vida religiosa; y así al presentarnos al mundo, vean en nosotros modelos que imitar para salvar sus almas+ (M. ALSINA, Formación sólida…, ColCC., p. 506).

    [38] Cf. M. ALSINA, circular sobre La formación del carácter, Anales, 17 (1919-1920) pp. 161-166; ColCC., pp. 507-513.

    [39]*De la relación y dependencia del carácter del Misionero con los fines de la Congregación, nos dan idea clara las Santas Constitu­ciones, cuando prescriben al Provincial que averigüe cuál sea el carácter de los que pretenden ingresar en la Congregación; y más aún si cabe cuando dicen que sería malo y pernicioso a la Congregación el admitir en su seno a los de mal carácter+ (M. ALSINA, Formación del…, ColCC., p. 509).

      *Trabajemos todos en ello, carísimos Padres y Hermanos; sin embargo, de un modo especial se ha de trabajar para conseguir lo dicho en los Noviciados y Colegios. Allí está el terreno propio para que el germen de la vocación religiosa y apostólica se arraigue, se desarrolle y se perfeccione, y se forme el buen carácter+ (Ib. p. 512).

    [40] M. ALSINA, Formación del…, ColCC., p. 509.

    [41]*Pero, carísimos Hermanos, sin detrimento de lo dicho, antes bien, dejándolo firmemente asentado, juzgamos de mucha importan­cia el daros una instrucción sobre el carácter en el Misionero y su formación. Porque si es cierto que el Misionero, para ser digno de este nombre, ha de ser como otro Cristo, y de palabra y con el ejemplo ha de predicar la virtud y enseñar a todos el camino del Cielo, no cabe tampoco la menor duda que la consecu­ción de esta divina empresa está íntimamente relacionada con el carácter de cada uno+ (M. ALSINA, Formación del…, ColCC., p. 508).

    [42] M. ALSINA, Formación del…, ColCC., pp. 509-510.

      *(…) es mal carácter: el carácter egoísta, el arrogante, el vengativo, el iracundo, el desconfiado, el voluble, el atolondrado, el huraño, el suspicaz, el desdeñoso, el burlón, el fingido, (…) Todos los cuales serán más o menos perjudiciales, según influyan más o menos en la vida ordinaria del Misionero (…) El Misionero, para ser de provecho para sí y para los que vivan con él y para aquellos a quienes sea enviado a ejercer los sagrados Ministerios, debe ser de carácter generoso, afable, sufrido, sincero, reflexivo, formal, bondadoso, constante, ecuánime, compasivo, indulgente, social (…)+ (Ib.).

    [43]*En segundo lugar hay que adquirir firmeza de carácter; y ésta la conseguiremos con la sujeción continua y volunta­ria a la ley, al orden y a la disciplina. La fidelidad a los deberes cotidia­nos de cada uno, según su respectiva posición social, es lo que forma al hombre de carácter+ (M. ALSINA, Ib., ColCC., p. 511).

      *Un Reglamento doméstico cumplido con toda regularidad, un horario diurno y nocturno seguido con exactitud, es una insupera­ble escuela de firmeza de carácter, es una cantera de donde con el tiempo se puede extraer un carácter berroqueño. En este ejercicio, al parecer insignificante, se cumple de un modo admirable la sentencia de Nuestro Señor: el que es fiel en lo poco lo será también en lo mucho. Por esto el Misionero que desee (y todos lo debemos desear) formarse un carácter firme y noble y digno de su vocación sublime, ahí tiene señalado el camino por donde debe andar+ (Ib., pp. 511-512).

    [44]*Y si queremos una fórmula tomada de las mismas Santas Constitu­ciones, ésta es: Propter Jesum Christum, por amor a Jesucristo; este es el pensamien­to, éste el móvil necesa­rio a la formación de un carácter noble y levantado ‑ obedezcan todos en todos las cosas ‑, ésta es la acción, complemento necesario para formarse el carácter. La divisa, pues, la fórmula, ha de ser ésta: Nada contra la obedien­cia, todo, según ella; desde el comer y descansar, hasta el trabajar y el orar; así los estudios como los ministerios, todo regulado por la obediencia y hecho todo en su debido lugar, tiempo y modo y por amor a Jesucris­to+ (Ib., ColCC., p. 512).

    [45]*(Ojalá que desde el Noviciado se practicase la dicha fórmula!(Ojalá que en los años siguientes a la Profesión no se aflojase en esa práctica! (…) Trabajemos todos en ello, carísimos Padres y Hermanos; sin embargo, de un modo especial se ha de trabajar para conseguir lo dicho en los Noviciados y Colegios.+ (M. ALSINA, Formación del…, ColCC., p. 512).

    [46] “Y bien hará el Misionero que tome a María, nuestra dulce Madre, como base y ejemplar de su formación espiritual, para con más suavidad y eficacia copiar en sí la imagen de Jesús y vivir la vida misma de Jesús, hasta poder decir como el Apóstol: Vivo, ya no yo, sino Cristo vive en mí” (M. ALSINA, La formación del…, ColCC, p. 508).

    [47] CMF, Reglamento para los Colegios de Postulantes del Instituto de Misioneros Hijos del Inmaculado Corazón de María, Santo Domingo 1900, pp. 60. Apéndice, pp. 47-58. Como propaganda vocacional para dar a conocer la Congregación, se siguió publicando: M. ALSINA, Relación sumaria del Instituto Religioso de los Misione­ros Hijos del Inmaculado Corazón de María, Aranda de Duero 1908: AG CMF, BE, 13, 1, 5; Madrid 1920: AG CMF, BE, 13, 1, 4..

    [48] Cf. infra sobre el VIII Capítulo General, n. 1.2.

    [49] CMF, Reglamento para los Colegios de Postulantes del Instituto de Misioneros Hijos del Inmaculado Corazón de María, Santo Domingo 1900, pp. 60.

    [50] CMF, Reglamento…, 1900, p. 4.

    [51] El último reglamento del P. Xifré sirvió de base para los reglamentos posteriores.

    [52] Los apéndices son formularios que tratan de las bases de admi­sión, del interrogatorio prescrito para los candidatos y de algunas cartas prescritas en el proceso de admisión (Cf. CMF, Reglamento…, 1900, pp. 47-60).

    [53] A los superiores, entre otras cosas, se les señalan dos funciones muy importantes: *Procuren,(…), que no carezcan los PP. Prefectos y Profeso­res de los libros necesarios para el buen desempeño de su cometi­do.Finalmente se les recuerda (…) sobre la prohibición absoluta de encomendar predicaciones fuera de casa a los Rdos. PP. Prefectos y aun en la propia iglesia, si han de distraerles de su fin principal que es el cuidado de los postulantes. Lo mismo en su tanto decimos de los PP. Profesores, a los cuales tampoco se deben encomendar predicaciones dentro ni fuera de casa, cuando redunden en detrimento, o sea de la explicación de las respecti­vas asignaturas, que es su cargo princi­pal+ (CMF, Reglamento…, 1900, cap. 31, art. 21, III, pp. 25-26).

    [54] CMF, Ib., 1900, cap. 31, art. 31, III, p. 33.

    [55] Cf. CMF, Ib., 1900, cap. 31, art. 31, V, pp. 36-37.

    [56]*de entrañas de caridad para con sus amados Postulantes; de esa caridad que aborrece el pecado y ama al pecador,(…)+ (CMF, Reglamento…, 1900, cap. 31, art. 31, V, pp. 37-38).

    [57] CMF, Reglamento para los Colegios de Postulantes del Instituto de Misioneros Hijos del Inmaculado Corazón de María, Aranda de Duero 1907, pp. 48.

    [58] Cf. CMF, Ib., 1907, p. 12.

    [59] Los profesores se deben convencer de que *más frutos obtendrán con la persuasión y la suavidad, que con medidas de rigor, y háganse cargo de la debilidad del niño, a la cual y no a la malicia hay que atribuir casi todos sus defectos. Con gran acopio de paciencia y mansedumbre (…) se remediarán los males con más efica­cia+ (CMF, Reglamento…, 1907, p. 19).

    [60] Cf. CMF, Ib., 1907, p. 32.

    [61] CMF, Espejo del Postulante o sea Directorio para los Postulantes del Colegio de Vich, pp. 32. No tiene nombre de autor ni lugar ni fecha de publicación. Por otras fuentes se sabe que fue escrito por el P. Ramón Ribera estando en Vich para los postulantes de aquel centro (Cf. J. M BERENGUERAS, Vida del P. Ribera, Barcelona 1950, p. 109.). De la correspondencia del P. Ribera se deduce que lo escribió en los primeros meses de 1907 (AG CMF: GR, 3, 2, 40; GR, 3, 2, 31). Se hicieron varias ediciones (1917, 1937) y traducciones a diferentes lenguas. Como se verá más adelante, en 1962 se publicó una adaptación actualizada con el nombre de Manual del Seminarista Claretia­no (CMF, Prefectura General de Formación, Roma 1962, pp. 183).

    [62]*procurarán con mucho empeño en los años del Postulantado iniciarse en la vida religiosa, conforme el espíritu y prácticas de la Congrega­ción+ (CMF, Espejo del Postulante…, p. 1).

    [63] Cf. CMF, Ib., cap. 11, nn. 2, 7, p. 2-3.

    [64]*Siendo el amor a la Congregación una de las señales más inequívocas de vocación a ésta, ámenla con amor de verdaderos hijos, aprecien mucho sus cosas, gócense de sus triunfos, rueguen constantemente por ella y por los Superiores, y procuren con una conducta irreprensible formar ahora sus delicias y sus esperanzas para ser un día su gloria y su corona+ (Cf. CMF, Ib., cap. 11, n. 8, pp. 3-4).

    [65] Cf. CMF, Ib., cap. 21, y 41, pp. 6-16.

    [66]*Le visitarán con frecuencia en su celda, dándole cuenta de su estado de salud y de los que para conservarla necesiten; de su aprovechamiento en los estudios y de las dificultades con que tropiecen; pero sobre todo le tendrán su corazón abierto, manifestándole con franqueza todo lo bueno y lo malo de su propia alma, y oyendo con docilidad sus consejos, amonestaciones y correcciones. Esta claridad de conciencia será para los Postulan­tes una de las mejores garantías de su perseverancia en la Congregación+ (CMF, Ib., cap. 21, n. 6, pp. 7-8).

    [67] Cf. cap. 21, II, 5.1.

    [68] Cf. nota 194.

    [69] Aranda de Duero, 1912. AG CMF: 12, 2, 1.

    [70] Cf. Introducción.

    [71] Cf. Anales, 7 (1899-1900), p. 515.

    [72] Cf. Anales, 7 (1899-1900), p. 577.

    [73] Cf. Anales, 9 (1903-1904), p. 253.

    [74] Cf. Acta del Capítulo, sesiones 23 y 24.

    [75] Cf. Anales, 9 (1903-1904), p. 553.

    [76] Cf. Anales, 14 (1913-1914), p. 239, y 15 (1915-1916), p. 621.

    [77] El X Capítulo General de Aranda del Duero (1906) no tiene nada especial respecto a los temas que nos ocupan (Cf. Anales, 10 (1905-1906), pp. 184-196).

    [78] VIII CAPÍTULO GENERAL, Anales, 7 (1899-1900), Apéndice.

    [79] Cf. Rescripto de 28 de Octubre de 1895.

    [80] Cf. Apéndice, pp. 12-13.

    [81] Cf. Apéndice, p. 16.

    [82] Cf. Apéndice, p. 17.

    [83] Cf. Apéndice, pp. 15-16.

    [84] Cf. CC., 1870, II parte, n. 41.

    [85] Cf. Apéndice, p. 9.

    [86] IX CAPÍTULO GENERAL, Anales, 9 (1903-1904), Apéndice.

    [87] Cf. Apéndice, pp. 7-8.

    [88] Cf. Apéndice, pp. 28-30.

    [89] Cf. Apéndice, pp. 30-31.

    [90] Cf. Apéndice, pp. 34 y ss.

    [91] Cf. CC., 1870, I parte, n. 29.

    [92] Cf. CC., 1870, I parte, n. 76.

    [93] Cf. CC., 1870, I parte, n. 63.

    [94] Cf. CC., 1870, I parte, n. 103.

    [95] Cf. CC., 1870, I parte, n. 94.

    [96] Cf. Apéndice, p. 37.

    [97] XI CAPÍTULO GENERAL, Anales, 13 (1911-1912), pp. 515-521, 545-560, 641-644.

    [98] Cf. Rescripto de 20 de junio de 1912, Anales, 13 (1911-1912), pp. 551-552).

    [99] Como motivación de la proposición se propone lo siguien­te: *Superior Generalis (…) voto obsequens Capituli Genera­lis (…) exponit: (…) Sed talis probatio experimento (quindecim dies) inventa est non satis sufficiens, maxime pro fratribus coadjuto­ribus seu laicis: unde Capitulum Generale, re mature deliberata, in decisionem venit petendi a S.V. decretum quo (…) inducatur longius tempus aspiratus seu Postulatus pro Fratribus Coadjutori­bus, etenim pro Clericis necessarium non apparet extendere tempus aspiratu, quia generatim iuvenes, antequam ad aspiratum et Novitiatum pergant, manent sub nomine Postulantium aliquot annos, ordinarie quatuor, in nostris Collegiis ad modum Scholarum Apostolicarum constitutis (…)+ (Ib., pp. 551-553). Este tiempo más amplio de Aspirantado se le empieza a llamar Postulantado.

    [100] Las razones concretas que aparecen en las actas del Capítulo General de 1912 son: la voluntad de la Santa Sede manifestada en varios documentos pontificios, la práctica de casi todos los Institutos religiosos; la necesidad de fundamentar bien a nuestros Misioneros en el espíritu religioso y las exigencias, respecto a España, de la nueva ley del servicio militar obligatorio que, aunque no era seguro, podría afecta a la Congregación. Un P. Capitular se pronunció a favor de los votos temporales porque la perpetua se debería hacer después de la filosofía ya que en esta etapa formativa (16-20 años), la persona está todavía bastante inmadura afectivamente (es *la época de las pasiones+, dijo); en cambio, al entrar en los años de Teología, los estudiantes *se hallarán en buenas condiciones para poderse decidir con mayor convicción y fuerza de voluntad para la profesión de votos perpetuos+. Sin embargo, para otros la introducción de los votos temporales traería muchas defecciones vocacionales durante este período (Cf. Actas, ses. 19-20, AG CMF: AD, 2, 4).

    [101] Cf. Ib., pp. 551-552.

    [102] Cf.Ib., p. 552.

    [103] Cf. Ib., p. 553.

    [104] Cf. Ib., p. 556.

    [105] Cf. Ib., p. 557.

    [106] CMF, Disposiciones Generales para los Hijos del Inmacula­do Corazón de María, Santo Domingo 1900, pp. 112.

    [107] Cf. Prólogo, p. 6.

    [108] CMF, Disposiciones Generales Vigentes para los Hijos del Inmacula­do Corazón de María, Santo Domingo 1905, pp. 118. Incluye un Apéndice con algunas modificaciones proveniente del Capítulo General de Aranda de Duero (1906), pp. 6.

    [109] Como se acaba de indicar, las modificaciones están incluidas en un Apéndice en la publicación anterior.

    [110] CMF, Disposiciones Generales basadas en el Capítulo general de Vich del año 1912, Aranda de Duero, 1912, pp. 131.

Capítulo 2

                  C A P I T U L O 21

 

 

              PERIODO ENTRE LOS AÑOS 1871-1899

 

 

     Este período corresponde al generalato de P. Xifré, después de la muerte del P. Fundador. El será el gran impulsor de la extensión en la Congregación y el que le dará consistencia y estabilidad en el campo vocacional y formativo.

 

     I. P. JOSÉ XIFRÉ (1858-1899)

 

     1. Fidelidad a la vocación

 

     Una de las grandes preocupaciones del P. Xifré fue estimular la fidelidad a la vocación. En la circular Ser fieles a la voca­ción[1] y en el Espíritu de la Congrega­ción[2] exhorta a ella y da orienta­cio­nes para ayudar a los hermanos a superar algunas dificultades vocaciona­les[3]:

 

*Conviene que seáis siempre fieles y agradecidos a la gracia de la vocación que habéis recibido del Señor, conforme os lo avisa San Pablo; (…) de donde debéis inferir cuán agradecidos habéis de estar a la gracia de la vocación, cuán fieles a la misma y cuán perfectos en el cumplimiento de vuestro alto ministerio+[4].

 

     1.1. Jesucristo es el modelo a seguir si queremos ser fieles a la vocación, superar las dificultades a la misma y conseguir el verdadero celo apostóli­co[5].

 

     Son, también, los Apóstoles y discípulos de Jesucristo quienes nos dan un ejemplo a seguir[6]. Ellos fueron divinamente llamados, como nosotros, a la salvación de las almas en todo el mundo. Ellos cooperaron con fidelidad a la vocación cumpliendo con exactitud las prescripciones de su Divino Maestro. Sin pararse ante las dificultades, ni amedrentarse por las amenazas ni sacrificios, incluso el de la vida, hicieron resonar su voz por toda la tierra; y después de haber cumplido las exigencias de su vocación, recibieron el eterno galardón que se les había prometido.

 

     1.2. La fidelidad a la vocación transciende la idea de la simple permanencia en la misma hasta la muerte. Ser fieles no es sólo un concepto de tiempo, sino de calidad de vida. La fidelidad implica que el misionero lleve una vida santa, se conforme a ella según sus más radicales exigencias y esté adornado de las virtudes que corresponden a su vocación[7]. Más aún, la misma misión a la que ha sido llamado le exige que dé testimo­nio de vida evangélica. El misionero, que ha de ser luz del mundo y sal de la tierra para todos los hombres, ha de ser santo. En su vida debe ser espejo y modelo de virtudes si quiere represen­tar a Cristo, dar testimonio de El y ser instru­mento de salvación para todo el mundo[8].

    

     1.3. Los medios indispensables para conseguir la fidelidad y la santidad de vida son el ejercicio de las virtudes, la asidua oración y la frecuencia de los Sacramen­tos, la fiel guarda de los votos y la observancia regular. Todo ello le supondrá “hacerse violen­cia” a sí mismo[9] e, incluso, sufrir persecuciones, en cuyo caso lo mejor es manifes­tar, sin demora, la situación tanto al Superior General como al Prelado para hacer lo que mejor conven­ga[10].

 

     De una manera especial, la obediencia religiosa hay que situarla dentro del marco de la fidelidad a la vocación. Como dice el P. Xifré, los apóstoles fueron fieles a la vocación cuando cumplieron, a pesar de las dificultades, los mandatos del Señor[11]. Discernida la vocación, el religioso ha de ser fiel a ella siendo fiel al proyecto congregacional. Ello implica, entre otras muchas cosas, actos de adhesión y de obediencia a personas, normas, estructuras, situaciones, etc… incluidas o supuestas en el mismo proyecto. Para ello, Dios, que llama y otorga la gracia de la vocación, concede también al llamado las gracias necesarias para vivir en constante fidelidad y llevar a cabo las exigencias vocacionales, especialmente en la obediencia[12].

 

     2. Tentaciones vocacionales

 

     Son muchas y variadas las tentaciones que puede sufrir el misionero, a lo largo de su vida[13]. Sin embargo, hay un conjun­to de ellas que giran en torno a las posibilidades de la persona para realizar el proyecto vocacional o a la capacidad de dar una respuesta adecuada a la llamada de Dios. Dada la grandeza de la vocación misionera y la radicalidad de su compromiso y exigen­cias, por una parte, y los límites de todo tipo que toda persona encuentra en sí misma, es normal que broten dudas, interrogantes, desánimos, tibieza, etc…, que cuestionan la fidelidad. Esto sin quitar las asechan­zas del Maligno que no cejará en su empeño por derribar el mayor número de vocaciones posibles.

 

     2.1. Una de las principales tentaciones es la tristeza. Ella es la fuente de muchos males para la persona y, de una manera especial, para el misionero. En algunos casos incapacita para el ministerio, pues no se puede predicar la Buena Noticia con ánimo triste, y en otros es causa de que muchos abandonen la vocación. De aquí la importan­cia de hacer un serio discernimiento cuando el misionero esté afectado de esta tentación[14].

 

     La tristeza es el mayor enemigo del misionero[15]. Y no sólo porque le inhabilita personalmente, sino también porque le impide el ministerio. Un misionero triste es un triste misionero[16]. Es una de las grandes tentaciones que se presenta con muchos rostros[17].

 

     2.2. Otra tentación grave es la tibieza. El P. Xifré la califica como *un mal por cierto muy deplorable y en alto grado perjudi­cial+ y, consciente de ello, pone sobreaviso a todos los misioneros de la Congregación[18].

 

     La tibieza consiste *en una languidez, negligencia, desdén y hastío en el desempeño de la oración y demás obras y ejercicios espirituales, difiriéndolos y omitiéndolos con facilidad+[19]. El tibio no conoce ni vive la radicalidad de su vocación y se contenta con lo mínimo en el cumplimiento de sus compromisos misioneros; vive instalado en su vida mediocre, cómoda e imperfecta; realiza la oración y la práctica de los sacramentos sin ganas, con rutina, sin deseos de mejorar ni de convertirse; desarrollando una tendencia egocéntrica, el móvil de sus actos es la vanidad, la adulación, el prestigio, etc…[20].

 

     Al tibio le falta un elemento fundamental para la misión apostólica, esto es, el amor apostólico; y por lo mismo *carece de la unción tan indispensable al Misionero para conmover y convertir+; podrá agradar, pero no convencerá ni convertirá[21].

 

     2.3. También la soberbia, la poca humildad, puede poner en peligro la vocación, particularmente, por falta de amor a la Congregación y a los Superiores. El soberbio la puede perder por su desafec­ción para con los hermanos. Hay personas engreídas, poco humildes, que desprecian a los demás y que quieren conver­tirse en el centro de todos. Estas personas desdeñan las orientaciones de la Congregación[22] y de los Superiores[23]. A la larga, deja­rán la Congregación de un modo u otro[24].

 

     3. Modo de superar las tentaciones vocacionales

 

     En general, el P. Xifré exhorta a los misioneros a vivir con alegría la propia vocación siguiendo los consejos del Señor y a imitación de los Apóstoles, los primeros Misioneros; ellos salieron contentos después de sufrir por el Evangelio[25]. Y da a los misioneros algunas orientaciones concretas y prácticas para superar las tentaciones que acechan su vocación. Esas orientacio­nes se pueden reagrupar en motivos de confianza y en medios.

 

     3.1. Motivos de confianza.

 

     11. El primero es la misericordia y la fidelidad de Dios para con nosotros. Aunque las tentaciones sean muy fuertes, no hay razón para desanimarse. Si se pone la confianza en Dios, y no en nosotros mismos, se superará la tentación. Dios, que es omnipo­tente y misericordioso, es también fiel[26].

 

     21. El segundo es la providencia de Dios, su modo de proceder con relación al hombre. Quien hizo fuertes y victoriosos a los profetas cuidará también de los misioneros si viven humildes y confiados. Dios, como lo prometió a sus discípulos al enviarlos a misionar por todo el mundo, tiene una providencia muy particular con los misioneros y varones apostólicos[27].

 

     3.2. Medios que se aconsejan:

 

     11. La oración vocacional. Siguiendo la orientacio­nes dadas a los probandos[28], los misioneros han de pedir al Señor lo que necesitan de salud, ciencia y virtud para ser fieles[29].

 

     21. La renovación de la conciencia vocacional. En las tentaciones contra la vocación, cuando se pone en crisis la fidelidad a la misma, hay que volver a la llamada del Señor[30].

 

     31. La colaboración personal. Los misioneros deben hacer de su parte todo lo que está en su mano para superar los obstáculos vocacionales; tendrán que luchar. Deben cuidar prudentemente de la salud con los medios que tiene a su alcance; han de sacar el máximo provecho a su inteligencia con una apli­cación asidua y constante, enriquecida con el método más apropiado[31].

 

     41. Según el P. Xifré, la humildad es el primer medio para perseverar en la propia vocación[32]. La humildad *es la raíz y el fundamen­to de las demás virtudes+ y, en consecuencia, *es lo que ante todo debéis estudiar y apren­der+[33]. Jesucristo la enseñó, de palabra y obras, a sus discípu­los que quiso que fuesen humildes ministros del Evangelio y les reprendió cuando se vanagloriaron del fruto de sus trabajos misioneros.

 

     La humildad consiste en tener un justo conocimiento de sí mismo. Es el convencimiento que tenemos de lo poco que somos por nosotros mismos y de lo mucho, todo, que hemos recibido de Dios. Es saber que todos los dones que el Señor nos ha concedido, nos los ha dado para que los administremos bien en nuestro favor y en el de los demás. Es ser conscientes de que de todo ello le hemos de dar cuenta a El en el momento oportuno[34].

 

     Dos vicios contrarios a la humildad, ridículos y muy poco elegantes por cierto, son la vanidad y la vanagloria. Las Sagradas Escrituras y la Historia de la Iglesia atestiguan el rechazo que Dios tiene a las personas que se atribuyen a sí mismas la gloria que sólo a El le pertenece. Por otra parte, no hay razón para gloriarse de sí mismo. Todas las buenas cualidades del misionero, la voz, la figura, la buena presencia, el talento, la capacidad de trabajo, la atracción misionera, etc…, son dones de Dios. Todo lo hemos recibido de El para que fructifi­quen. Y de todo hemos de darle cuenta como buenos administrado­res[35].

 

     Como medios para conseguir la humildad y superar los vicios que se derivan de la falta de ella (la vanidad y la vanagloria), propone: la vigilancia sobre los propios sentimientos, meditar la humildad de Jesucristo, pedirla al Señor con confianza, la rectitud de intención y el ofrecimiento de las obras a Dios, y el examen diario con el arrepentimiento y la penitencia por las faltas cometidas[36].

 

 

     II. DOCUMENTOS VOCACIONALES Y FORMATIVOS

 

     1. Vocaciones

 

     En la misma línea de la Instrucción importantísi­ma, de la que ya hemos hablado, y con contenidos muy semejantes, aunque diversamente organiza­dos, se publicaron más tarde:

 

     1.1. La Relación interesante del origen y objeto de la Congregación de Misioneros Hijos del Inmaculado Corazón de María. Estímulos y requisitos para ingresar en ella de 1883[37].

 

     1.2. Y las diversas ediciones de la Relación sumaria del Instituto Religioso de los Misioneros Hijos del Inmaculado Corazón de María[38].

 

     En estos documentos vocacio­na­les, escritos en un principio por el P. Xifré y continuados por los siguientes Superiores Genera­les[39], se habla ya explícitamente y de una manera clara de los requisitos para la admisión de los *niños postulantes+ y de los *postulan­tes+.

 

     2. Postulantes

 

     2.1. El P. Xifré, siguiendo la sugerencia del P. Fundador y contando ya con la realidad de algunos niños y adolescen­tes aspiran­tes que habían sido admitidos en la casa de Barbastro, escri­bió en 1876 un primer Reglamento especial para la admisión de individuos en clase de aspirantes en las Residen­cias de nuestra Congregación[40]. En él se permite a los Supe­rio­res para que, en sus respecti­vas casas, puedan admitir interina­men­te a postulantes que reúnan las dotes y requisitos que prescri­ben las Constitucio­nes, conforme a algunas instruc­ciones concretas[41].

 

     En este primer Reglamento, además de autorizar a los Superiores para que en sus respec­ti­vas casas pudieran admitir niños, desarrolla una Regla de vida para los candidatos, que forma un pequeño código formativo: tiempo de descanso, oración y vida espiritual, estudio, y servicios comunitarios y domésti­cos. Un Padre de la comunidad, nombrado por el Superior, que tenga *cualidades proporcionadas+ a su función, se encargará del grupo de postulan­tes. Dos elementos pedagógicos se tienen en cuenta:

 

     11. La gradualidad: *se les dirigirá media hora de medita­ción acomodada a su edad…+.

 

     21. Y el conocimiento de la Congregación, tanto práctico (vida comunita­ria) como teórico: *Habrá también, por la noche, otra conferencia sobre la segunda parte de las Constitu­ciones, que asimismo deberán aprender de memoria, haciendo, el encarga­do, alguna explicación sobre las mismas+[42].

 

     El P. Xifré, una vez que abrió la Congrega­ción a niños y adolescentes, siguió sistematizando esta etapa formativa mediante la redacción de varios Reglamentos progresivamente mejorados y actualizados.

 

     2.2. Más tarde, siguiendo las orientacio­nes del V Capítulo General como se verá más adelante, redactó un Reglamento para los Colegios de nuestra Congregación, que incluyó en la edición del Espíritu de la Congrega­ción del año 1892[43].

 

     Es un Reglamento formativo con un Plan de Estu­dios para toda la carrera[44]. Va dirigido a todos los centros, no sólo a los postulanta­dos, aunque a éstos se dirige principalmente y la mayor parte del mismo. Se dan algunos criterios para la admisión de postulantes y novicios, y para la expulsión de los primeros. Respecto a la edad, los postulan­tes han de ser *menores de quince años+ para que sean admitidos, y en cuanto a los novicios que tengan *vocación decidida para el estado religioso y espíritu apostóli­co+[45]. Y se insiste en que el modo de dar las ins­truc­cio­nes sea *todo propor­cionado a su condición y edad+, y en fomentar, la piedad, el respeto y amor a la Congrega­ción­[46]. Aun­que no tiene ningún apartado o capítulo dedica­do al superior o formador, se habla de sus funciones a lo largo del reglamento.

 

     El plan de estudios, con su horario correspondiente, prescribe para los postulantes cuatro años: dos de Latinidad y dos de Humanidades; para los estudiantes de Filosofía, tres; y para los de Teología, cuatro: dos de Teología dogmática y dos de Moral. Y siguiendo la tradición, impulsada por el P. Funda­dor[47], se establece el estudio de lenguas extranjeras: francés, inglés, italiano y alemán[48].

 

     2.3. Fi­nalmente, en 1894, redactó un nuevo Reglamento para los Colegios de Postulantes del Instituto de Misioneros Hijos del Inmaculado Corazón de Ma­ría[49], que recoge, amplía y desarro­lla los anteriores reglamentos, aunque no incluye ningún Plan de estudios[50]. Es un verdadero tratado de pedago­gía exclu­si­vamente para esta etapa formativa y fruto de la experiencia congrega­cio­nal[51]. Este reglamento servirá de base para reglamen­tos poste­rio­res.

 

     Es un momento de crecimiento congregacional y con él se intenta dar *unifor­midad, harmonía, orden+ a la formación de nuestros postulantes con normas prácticas, precisas, a veces muy minuciosas, y horarios muy detallados para las diversas circuns­tancias de la vida colegial[52]. Todo ello, junto a los demás objetivos formativos que se van señalando, va orientado a conseguir una formación de calidad y ordenada a la misión apostóli­ca[53]. Por lo mismo, los formadores deben concen­trar sus esfuerzos en que los postulantes alcancen el objetivo formativo de esta etapa en el orden físico, intelectual y espiritual[54].

 

     11. En esta línea, además de la formación física, moral e intelectual, los postulantes han de adquirir el espíritu de piedad y recogimiento a través de unos medios comunes de oración (señalados en el *Directorio+ claretiano) y de otros particulares (las tradicio­nales *devociones particulares+). La piedad, en línea con la tradición de la Congregación, cultivará especialmen­te el amor a la Eucaristía, al Corazón de María (a la que se le llama *nuestra Madre+) y a los Santos con medios típicamente claretianos (Misa, visitas al Smo., Rosario, novenas, etc…). Los postulantes, en su oración, deberán rogar por los superiores de la Congregación, por los compañeros de Colegio y por el aumento de las vocaciones.

 

     21. Hay referencias a los deberes del P. Superior y artículos especialmente dedicados a los formadores (PP. Prefec­tos, Profesores y Coadjuto­res); todo ello para describir con claridad sus respecti­vas funciones y delimitar bien sus competen­cias. Y para coordi­nar, revisar y estimular la formación se habla de las *Juntas mensuales+ que, como su nombre indica, se reunirán una vez al mes, después del capítulo local.

 

     a) El Prefecto tiene varias funciones; para desempeñar­las adecuadamente, además de cumplir con fidelidad el reglamento, debe orar mucho particular­mente al Corazón de María[55]. Es él quien orienta la formación integral de los postulan­tes[56]. Debe cuidar de la salud corporal de sus encomendados y especial­mente *debe ser más solícito para los mismos si alguno llegara a enfermar+. Debe estar atento, junto con los demás formadores, al estudio y al aprovechamiento científico de los postulantes. Ha de procurar con mucho esmero que se formen, ya desde su admisión en el Colegio, en el espíritu de la verdadera y sólida piedad. Ha de instruirles en la doctrina cristiana, en la vida moral y sacramental, en la vocación religiosa y en las exigencias que ella comporta, y en urbanidad. Y debe vigilar, por sí o por otros, la marcha del centro formativo y el comporta­miento de los candidatos en los distintos momentos de su vida. No obstante, la función más importante del Prefecto de postulan­tes es *formar bien su corazón+ para el ejercicio de las virtudes[57].

 

     La pedagogía ha de ser gradual. El acto de la meditación y plática de los domingos y fiestas ha de ser acomodado a sus necesida­des y capacidad. Más aún, el Prefecto debe desarrollar una pedagogía personalizada y adaptada a cada uno de los postulan­tes. Ha de inculcarles que siempre obren por conciencia, por amor y temor de Dios, y nunca por miedo o por respeto humano. Y ha de conversar periódicamente con cada uno de ellos: ade­más de las instrucciones que debe dar al grupo sobre algunos temas específi­cos, ha de ofrecerles instruc­ciones personales según las necesidades y condiciones de cada uno[58].

 

     b) Los PP. Coadjutores o Auxiliares han de formar equipo con el Prefecto, trabajando todos ellos en unidad de sentimientos y de acción. Y así han de vivir en *harmonía+ con él, han de tener *con él un mismo sentir y querer respecto a la marcha del Colegio+ y han de ver *en todo una misma cosa con el Rdo. P. Prefecto, para conseguir que haya la unidad de acción y completa harmonía+[59].

 

     c) Los Profesores, además de la cualificación y la prepara­ción académica, han ser *muy espirituales+. Deben fomentar siempre y en todo *el espíritu de piedad, el respeto y el amor a la Congregación+ y han de ser sumamente comprensivos con los más necesitados a los cuales han de ayudar con verdadero *celo y paciencia+.

 

     3. Novicios

 

     3.1. Organización de los primeros noviciados

 

     Los primeros noviciados de la Congregación sufrieron varias vicisitudes tanto en su instalación y organización como en su programa formativo. Hasta el año 1888, en que se instaló en Cervera, los noviciados estuvieron principalmente en Vich, Prades, Thuir y Gracia, y, de nuevo, en Vich. Había dos tipos de noviciado en dos secciones separadas; uno, para sacerdotes y estudiantes y otro, para hermanos ayudantes. Desde el punto de vista formativo, los novicios hermanos, con su maestro, convivían con los hermanos profesos; y los novicios sacerdotes y estudian­tes formaban una única sección con los estudiantes profesos bajo un solo formador, que era, a la vez, maestro y prefecto; más aún, los novicios estudiantes, durante el período del noviciado, simultaneaban los estudios eclesiásticos con las actividades propias del año de prueba[60]. Esta última situación, no del todo ni siempre deseada, fue objeto de varias consideraciones en orden a su modifica­ción[61].

 

     Ra­zones de escasez de personal, por una parte, y las insegurida­des de instalación, debido a los cambios forzosos de lugar, por otra, impidieron una más adecuada organización formativa. No obstante, con la reorganización de los centros formativos y el traslado del noviciado de estudiantes y el de hermanos a Cervera, en 1888, la situación cambió[62].

 

     3.2. Tratado pedagógico para los novicios

 

     En 1888 se publica el tratado pedagógico Prácticas Espiri­tuales para uso de los novicios de la Congregación[63]. Aunque no conste en la impresión, es una obra escrita por el P. Vallier, por disposición del P. Xifré. Sigue muy de cerca los pasos de la que escribió para los novicios jesuitas el P. Idiáquez, S.J., aunque está adaptada según el espíritu de la Congregación[64].

 

     Por otra parte, aunque la fuente sea un tratado para los novicios jesuitas, sin embargo, está reorientado y enriquecido con fuentes y referencias claretianas tomadas de las Constitucio­nes, El Espíritu de la Congregación del P. Xifré y de la tradición congregacional. También es de destacar el amplio e intenso matiz mariano que lo caracteriza, por las muchas referencias que hace a la Virgen, perfectamente en consonancia con el espíritu claretiano.

 

     Esta obra, como dice el P. Ramón Ribera, ha producido mucho bien en la Congregación y ha sido, después de las Constituciones, *el molde en que se han for­mado la mayor parte de los Misioneros que hoy integran la Congre­gación+[65].

 

     El objeto del libro es hacer y presentar una suma de las prácticas de la que, si los Novicios forman *una santa costum­bre+, hay que esperar abundantes frutos de formación y perseve­rancia vocacional. Se trata de suscitar un hábito en el pensar y hacer, que les permita centrar su vida en el camino recto de la vida religiosa, ejercitarse con facilidad en las virtudes que son propias de su estado, actuar con reflexión y profundidad, y superar las dificultades de la vida. Sobre todo, se intenta con ella ayudar al novicio a que haga todo en unión con Cristo hasta llegar a una perfecta imitación de El, de sus obras, y de su modo y estilo de hacer y de comportarse[66]. El tratado, aunque abun­dan­te en sugerencias prácticas muy detalladas y minuciosas, tiene como valor el tomar la Palabra del Dios del Evangelio y el ejemplo de Jesús como puntos de referencia para la adquisición de las costumbres y de los hábitos religiosos.

 

     11. El objetivo del Noviciado es que el novicio llegue a encarnar la definición del Misionero Claretiano, como Hijo del Inmaculado Corazón de María. Por eso se pone la definición al principio de la obra para que el novicio vea hacia dónde camina y el fin que se ha proponer. Por lo mismo, la ha de leer y meditar para asimilarla y tenerla siempre presente cuando ejecute todas las demás prácticas del Novicia­do[67]. De esta manera, la definición del Misionero, Hijo del Inmaculado Corazón de María, debe como *informar+ todo el proceso formativo de los novicios En última instancia, el novicio ha de tener desde el principio, una idea clara de que su vocación es misionera y de que se ha de formar en clave misionera y apostóli­ca[68].

 

     21. La formación ha de ser personalizada. Uno de los objetivos del tratado es ayudar a que los novicios actúen y obren siempre y habitualmente desde la propia interiori­dad personal, asimilando reflexivamente los valores formativos que se les ofrecen y superando la rutina y la banalidad[69]. Todo ejercicio de obediencia y toda ayuda que reciba el novicio desde fuera, tanto personal[70] como comunitaria, no ha de ir en perjuicio de su formación personal. Al contario, el novicio ha de acostumbrar­se a obrar *con presencia de espíritu, pensando en lo que hace+ y haciendo *todo por Dios y según Dios+[71].

 

     31. Las instrucciones a los novicios han de ocupar un lugar relevante. Como típico *acto de comuni­dad+ se tendrá la llamada *Lección de memoria+ cuyo objeto era fomentar la piedad y ejercitar la memoria durante el año de prueba[72]. Son importan­tes las actitudes y las disposiciones que había que desarrollar en el estudio en una perspectiva misionera, ya que *todas estas cosas bien declaradas y entendidas sirven con el tiempo para el ministerio de salvar almas+[73].

 

     41. Entre las actitudes y virtudes, se pueden destacar algunas:

 

     a) La humildad, una virtud connatural a la vida del novicio que ha de durar toda la vida[74]. La oración, los servicios a los demás y los trabajos manuales han de ser realizados con espíritu humilde; con la humildad se pueden vencer eficazmente las tentaciones, etc…[75]. La meta final es identificarse con la definición del Misionero, cuyo contenido describe el tercer grado de humildad, el más alto al que se puede aspirar[76].

 

     b) El celo por la gloria de Dios y la salvación de las almas ha de ser un propósito continuo de todo misionero y que, por lo mismo, *ya desde el noviciado dirigirá a este fin sus oracio­nes+[77]. En efecto, ya desde el primer momento de la mañana, el novicio, ofreciendo a Dios las obras, haciendo oración y partici­pando en la Eucaristía[78] ha de pensar en que está realizando el acto más importan­te de todo el día[79].

 

     b) El espíritu de oración, lo mismo que la búsqueda de la gloria de Dios, está presente a lo largo de todas las Prácticas Espiritua­les. El texto evangélico, que se propone como referen­cia para las actividades concretas, crea en los novicios un clima de fe y de unión con Dios a través de intenciones, afectos, deseos y propósitos. Y para revisar y potenciar este clima, se prescri­ben los exámenes particulares de la presencia de Dios[80] y del recogimiento interior[81].

 

     4. Hermanos profesos

 

     En general, las Constituciones y el Directorio fueron, como ya dijimos en el capítulo anterior, el libro que sirvió de base para la instrucción y formación técnica de los hermanos en los primeros años[82].

 

     Un programa más completo y ordenado, lo escribió el P. Clotet en 1886 con el nombre de Conferencias de los hermanos ayudantes[83]. Contenía tres bloques temáti­cos: 11. la lectura, la escritura, la aritmética y la ortografía; 21. el catecismo, la práctica de las virtudes, los ejercicios de piedad y la práctica de los sacramentos de la confesión y comunión; 31. el buen desempeño de los cargos domésticos. Las conferencias eran dadas por el P. Ministro, o por otro sacerdote destinado para ello por el Superior, conforme a una distribución trimestral[84].

 

     5. Estudiantes profesos y profesores

 

     5.1. Los aspectos formativos de los estudiantes profesos estaban regulados, al principio, en los primeros Reglamentos para postulantes y en las Prácticas Espirituales de los novicios. Ellos sirvieron también de orientaciones formativas en sus puntos fundamentales junto con las Constituciones (que habían recogido el Reglamento del P. Fundador), las Disposiciones Capitulares en sus partes correspondientes, las orientaciones del P. General y las tradiciones de los centros formativos[85].

 

     5.2. El P. Clotet, con la aprobación del P. General, publicó en 1886 un Reglamento para los estudios eclesiásticos de los Hijos de Inmacula­do Corazón de María[86]. Para el acierto en los estudios, dice el P. Clotet, es necesario un Reglamento que favorezca la uniformidad en la enseñanza y el aprovechamiento de los alumnos. Por eso, es conveniente fijar las materias, los autores, el calendario, el horario y la metodología tanto en la enseñanza como en el aprendizaje[87].

 

     5.3. El P. Xifré escribió, con fecha de 3 de noviembre de 1889, un opúsculo intitulado Avisos importantes a los profesores de los colegios, para nuestros centros formativos[88]. Aunque, como él mismo dice, *no hemos pretendido escribir un tratado de Pedagogía+, sin embargo, los avisos forman un cuerpo de instruc­ciones muy prácticas, útiles y pedagógicas para *desempeñar el cargo importantísimo de Profesor+[89]. Son instruc­ciones muy en línea con nuestro espíritu claretiano, con la misión apostólica y con las orienta­ciones de las Constitucio­nes. Las instrucciones son de dos tipos: generales, para cualquier profesor que actúa en cuanto tal; y otras, especiales, referidas a las materias propias de la carrera sacerdo­tal. Nos fijaremos en algunos puntos de las primeras.

 

     11. Ser profesor es *un cargo importantísimo+ y así debe ser valorado. Más que un cargo, *oficio es y ministerio muy merito­rio+, *más que angélico es divinísimo+, pues forma la inteligen­cia y el corazón de los jóvenes. El Hijo del Corazón de María no debe olvidar que es un profesor *religioso+ y deberá actuar en consecuencia con espíritu religioso y misionero[90]. Por lo mismo, en el ejercicio de su misión el profesor ha de ser humilde, actuará siempre con rectitud de intención y seguirá las orienta­ciones de los Superiores[91].