Formation for Moral Transformation

Towards Moral transformation of the person

Credibility of a person largely depends on his moral integrity which is manifested in his/her capacity to “walk the talk”. Clergy scandals have caused much damage to the credibility of Church personnel. Formation in the moral dimension effects what Lonergan calls “moral conversion”. It is the clarification and elimination of the view that satisfaction is the same as value [1]. It is also the discovery for ourselves of what is good and right. This applies not just to decisions, but also to action. (more…)

My Vocational Journey: Questions for self reflection

My Vocational Journey: Questions for self-reflection

The following questions and the narration of vocation story are aimed at helping a formee to be in touch with his motives and to make a generous response to God’s call out of love. This could a suitable excercise at the beginning of a particular stage of formation like the novitiate.

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Cuaderno 17: Orientaciones para la formación en la dimensión profética

Cuaderno de la formación- 17

PREFECTURA GENERAL DE FORMACIÓN

Roma, abril de 2002

 

ORIENTACIONES PARA LA FORMACIÓN

EN LA DIMENSIÓN PROFÉTICA

 

Encuentro de Prefectos Provinciales

de Formación

(del 12-11 al 1-12 de 2001)

 

 

INTRODUCCIÓN

BREVE CRÓNICA DEL ENCUENTRO

“¿Cómo llevar al campo de la formación la dimensión profética de nuestro servicio misionero de la Palabra, tal como nos propuso el último Capítulo General? A esta tarea nos hemos dedicado del 12 de Noviembre al 1º de Diciembre los Prefectos Provinciales de Formación, convocados por la Prefectura General. El trabajo, desarrollado en el Claretianum de Roma, se ha distribuido en tres semanas para profundizar en el tema formativo del documento capitular (primera semana), sus implicaciones para la Justicia, Paz e Integridad de la Creación (segunda semana) y para perfilar, siempre desde la formación, la figura del Profeta, como hombre transformado por el Espíritu. Este tema, con el diálogo con algunos miembros del Gobierno General, juntamente con otras actividades complementarias, nos ocuparon la última semana del Encuentro.

En su conjunto, se puede valorar el trabajo de estos días como positivo. Desde la realidad del mundo, iluminada por la Palabra de Dios, los documentos de la Iglesia, de la Congregación y de algunos colectivos interesados por la dignidad de la persona humana, hemos tratado de dibujar el perfil del misionero claretiano que se forma ahora para ejercer su ministerio profético en las primeras décadas del siglo XXI que estamos estrenando. Éstas serían sus características, según los distintos aspectos de su formación.

Se ha insistido que en el estudio se prepare a los formandos para poder analizar la realidad. Deben abrir los ojos y el corazón al mundo en que viven e incluso al mundo entero al que han de estar abiertos, como Claret, para evangelizarlo. Se ha recalcado que es imprescindible el estudio de las lenguas. Hay que facilitarles el conocimiento de las nuevas tecnologías de la comunicación, la dedicación al diálogo ecuménico e interreligioso y toda la problemática de la inculturación.

Un aspecto al que se ha dedicado mucha reflexión es la necesidad de intensificar más la sensibilidad hacia los valores de la justicia, paz y ecología. No es por una rendición ante la moda de turno. Es exigencia de nuestra misión profética. Hemos reconocido el descuido tenido hasta hace poco en este terreno, aunque es claro que la preocupación por esos temas data tímidamente de los capitulos generales de renovación. Afortunadamente estamos en el momento de integrar en nuestros proyectos formativos la preocupación por los grandes temas sociales de JPIC. Se ha insistido en que se debe fomentar y motivar desde este campo el estudio serio de la doctrina social de la Iglesia, la política, la economía, la ética y la moral social, al menos para los que se muestren más capacitados para la especialización. Sin embargo, es necesario que todos crezcamos en sensibilidad frente a esos temas, incluso propiciando experiencias significativas de trabajo, remunerado o no, que favorezcan un mejor contacto y conocimiento de la realidad.

La formación profética es un desafío para todos, superiores, formadores y formandos: hacer efectivo el perfil del claretiano del tercer milenio, cuyos trazos hemos apuntado en nuestro Encuentro. Es posible que requiera de todos una actitud de conversión. Hay un camino trazado por la Iglesia y la Congregación con mucho esfuerzo. Es imprescindible transitar por él si queremos significar algo en esta nueva etapa de la humanidad. Nada debería frenar nuestra resuelta voluntad de formar para una misión profética. Creo que es la mejor manera de traducir en clave de sintonía con el momento que nos toca o les tocará a nuestros formandos de hoy, ejercer el servicio misionero de la Palabra en el siglo XXI que acabamos de estrenar. El P. General, en su reciente circular Vocaciones Misioneras para el Tercer Milenlo nos invita a reavivar el don de Dios en nosotros, orar por las vocaciones e implicarnos más, en la medida de lo posible, en la promoción, discernimiento y acompañamiento de las vocaciones claretianas para el tercer milenio” (Crónica en NUNC de enero de 2002).

En este subsidio – nº21 de la Colección Cuadernos de Formación Claretiana- la Prefectura presenta las conclusiones de la primera y segunda semana del encuentro tal y como fueron aprobados en el mismo. Se publican con la intención de facilitar su conocimiento y de ayudar a su aplicación a los centros formativos según la situación de cada uno.

Jesús Mª Palacios, cmf

Prefecto General de Formación

Roma, 31 de marzo de 2002

Pascua de Resurrección

CAPÍTULO 1º

LA DIMENSIÓN PROFÉTICA DE LA FORMACIÓN

 

I. CONTEXTO HISTÓRICO Y GEOGRÁFICO

TENDENCIAS Y DESAFÍOS

Los Prefectos Provinciales de Formación reunidos en Roma para reflexionar sobre la dimensión profética de la formación somos conscientes de que “toda profecía tiene su contexto histórico y geográfico” (EMP, 4). Por eso hemos empezado nuestro trabajo analizando la situación de las diversas regiones en las que vivimos. Al comienzo del siglo XXI creemos que los rasgos más significativos son los siguientes:

1. Análisis de la realidad según contextos

 

1.1. América del Norte

  1. 1.Paso de una sociedad estable a otra en constante transformación: inmigración, cambio de trabajo, preguntas por la identidad, ausencia de compromisos duraderos, exigencia de respuestas inmediatas, etc.
  2. 2.Falta de confianza en las instituciones políticas y religiosas. Se rechazan las instituciones que hablan en nombre de Dios, pero no se rechaza a Dios. Esto explica el aumento de las sectas.
  3. 3.Abismo entre los ricos y los pobres, entre los que tienen oportunidades y los que no las tienen. Está creciendo el índice de suicidios y de enfermedades mentales entre los jóvenes.
  4. 4.Existe una gran presión para ganar dinero. Los pobres tienen dos o tres empleos, lo que supone un gran estrés.
  5. 5.Los medios de comunicación influyen mucho en la manera de pensar de la gente y en sus tomas de postura. Falta espacio para integrar tantos estímulos.
  6. 6.Fuertes mensajes sobre sexualidad, individualismo y riqueza.
  7. 7.Temor ante el riesgo de aislamiento y ante la guerra. Sensación extendida de vulnerabilidad después de los acontecimientos del 11 de septiembre de 2001.
  8. 8.Se ve la globalización desde su dimensión positiva, como una expresión de solidaridad internacional.

1.2. América Central y Caribe

  1. 1.Acentuación del neoliberalismo y aplicación de las directivas del FMI: reducción del gasto público para pagar los intereses de la deuda externa, desaparición de la clase media, aumento de los cinturones de miseria, problema del café por la baja de los precios, desempleo, quiebra de bancos, proyecto de ensanchamiento del Canal de Panamá a costa de las tierras de los campesinos, etc.
  2. 2.El Plan Colombia afecta a varios países latinoamericanos: daño ecológico, gasto militar, violación de derechos humanos. La guerrilla ya no es una alternativa. Se la ve como una banda terrorista.
  3. 3.Grandes corrientes migratorias (Antillas y Centroamérica). La gente que huye de la violencia y de la pobreza, buscando empleo.
  4. 4.El “chavismo” no responde a las expectativas mesiánicas que había creado en Venezuela.
  5. 5.En la Iglesia privan sectores de cristiandad. Siguen aumentando las sectas.
  6. 6.Mayor pluralismo político, social y religioso.
  7. 7.Grupos que van generando sensibilidad ecológica y defensa de derechos humanos.
  8. 8.Grupos eclesiales insertos en medios populares y amplia difusión de la Biblia.

1.3. América del Sur

  1. 1.Luces: crecimiento de la iniciativas sociales (ONGs, tercer sector), nueva sensibilidad religiosa. Confianza en la Iglesia. Siguen vigentes las comunidades de base. Despertar de la pastoral familiar. Opción por los pobres y preocupación por la “refundación” de la vida religiosa.
  2. 2.Sombras: pobreza (mucha recesión), dependencia a causa de la deuda externa, desempleo, crisis de empresas nacionales, debilidad del estado y de la democracia, corrupción a todos los niveles, violencia, secularismo, y sobre todo, individualismo y espiritualidad subjetiva, clericalismo y un modelo de iglesia de cristiandad.
  3. 3.Crisis de la comunidad y de la espiritualidad. Enfrentamiento entre refundación y restauración.

1.4. África

  1. 1.Continuo empobrecimiento no sólo económico sino sobre todo antropológico, con pérdida de valores y de motivaciones para trabajar solidariamente por desarrollar el continente en todos los niveles.
  2. 2.La dignidad de la mujer está estancada. Estructura social machista.
  3. 3.Fuerza real de sectas fundamentalistas que adormecen al pueblo y no le permiten reaccionar.
  4. 4.Imposición externa de una educación secularizada para poder recibir ayuda extranjera.
  5. 5.Los gobiernos se apoyan en la magia y otras prácticas.

1.5. Asia

  1. 1.En el grupo están representadas tres Asias diferentes (India, Japón, Filipinas). El análisis subraya lo más interpelante.
  2. 2.Los hechos más significativos son: la pluralidad de religiones y los procesos de desarrollo económico.
  • •La pluralidad religiosa es enriquecedora, pero presenta retos, sobre todo el auge del fundamentalismo religioso (islámico, hinduista y cristiano). Su característica común es la intolerancia. Es importante el papel de los políticos. A menudo, explotan y manipulan este fundamentalismo. Lo promueven a favor de sus propios intereses: una lengua, una religión, un estado.
  • •El desarrollo económico está provocando una crisis social que afecta sobre todo a los jóvenes. Los resultados de esto son: crisis de identidad entre los jóvenes, falta de motivación, pasividad, tendencia a vivir el presente, la superficialidad de la experiencia religiosa, el hedonismo, el énfasis en lo que “yo siento”. De entre las diversas alternativas ofrecidas por la sociedad, la religión ocupa el último lugar.

1.6. Europa

  1. 1.La vulnerabilidad y el miedo son rasgos nuevos. Replanteamiento de las falsas seguridades en que la gente se apoyaba.
  2. 2.Desorientación en todos los campos. Falta de valores y de ideales. ¿Qué hacer, por ejemplo, con la droga, la inmigración, la desaparición de las fronteras?
  3. 3.Cultura del bienestar, del consumismo que lo invade todo. Hay una dictadura del dinero y del consumo que influye negativamente en la familia, en el trabajo, en la baja natalidad, etc.
  4. 4.El resurgir del racismo y de la xenofobia ante la “invasión musulmana”. Afirmación de la propia cultura frente a un “enemigo” al que se mira con miedo.
  5. 5.Situación de personas descentradas o excesivamente centradas en ellas mismas. Fragmentación personal.
  6. 6.Ambiente anticristiano, anticlerical. El cristianismo aparece como algo negativo que hay que marginar o eliminar (medios de comunicación, universidad, política, etc). No se valora la acción de la misma Iglesia. Dios se ve como un problema. Se aprovecha Dios contra el catolicismo. Hay que purificar la imagen de Dios.
  7. 7.Nueva cultura del móvil. Nueva forma de relacionarnos
  8. 8.Resurgimiento espiritual, aunque con una duplicidad de vida, con una gran fragmentación.
  9. 9.Necesidad de una búsqueda de sentido.

2. Reacciones a los análisis

  1. 1.Examinando los diversos contextos se observa un denominador común: la gran interdependencia que existe en este mundo globalizado entre todos ellos.
  2. 2.* La economía produce dos efectos fundamentales. En unos casos el dinero es el centro (primer mundo). En otros contextos, se sufre los efectos de la pobreza con todas sus consecuencias (falta de justicia, de dignidad, de educación).
  3. 3.A los provenientes de Asia les extraña la marginalización de lo cristiano en Europa así como el anticlericalismo. Se preguntan por la razón de este fenómeno, que no se da en igual proporción fuera de Europa.
  4. 4.El mundo se está moviendo hacia un punto en el que se quiere eliminar la soberanía de Dios. No podemos permanecer en silencio ante este hecho.
  5. 5.Es muy complicado formar a claretianos en estos contextos, mucho más difícil que en el pasado. Existen muchos retos y no es nada fácil la comunicación de buenas noticias.
  6. 6.Debemos ser más cautos y agudos a la hora de emitir juicios sobre la situación, especialmente por lo que se refiere a las actitudes religiosas. Hay que distinguir entre la tendencia a rechazar las instituciones y el rechazo de Dios.

3. Repercusiones en la formación

3.1. América del Norte

  1. 1.La gran cuestión es saber si debemos absorber los valores del contexto o, por el contrario, debemos proponer valores alternativos.
  2. 2.En las comunidades formativas se dan personas con diferentes procedencias que reflejan la sociedad plural de América del Norte. Esto dificulta a veces un proceso formativo común.
  3. 3.Otro desafío es la dificultad de procesar la cantidad de información que se ofrece sobre la realidad. Es preciso aprender a procesar críticamente todo esto.
  4. 4.En una sociedad tan cambiante se hacen difíciles los compromisos duraderos.
  5. 5.Los valores del Reino no aparecen claramente en nuestras propias comunidades, lo cual dificulta mucho la propuesta a los jóvenes.
  6. 6.Se necesitan equipos formativos y no sólo individuos que trabajen en formación.
  7. 7.Dadas las exigencias que se presentan, no hay apenas claretianos que acepten ser formadores.
  8. 8.Las preferencias de los estudios no van hacia la filosofía o la teología sino hacia la psicología o el trabajo social.

3.2. América Central

  1. 1.Los candidatos suelen ser jóvenes marcados por la cultura tecnológica y no tanto por valores de profundidad.
  2. 2.A causa de la pobreza, del desempleo y de la desintegración familiar, está muy dañada la dimensión humana.
  3. 3.Inestabilidad en las opciones: apasionamiento momentáneo.
  4. 4.Incoherencia entre lo que se pide a los demás y lo que cada uno vive.
  5. 5.El individualismo dificulta para la vida en comunidad y el trabajo en equipo.
  6. 6.El personal de los Organismos es siempre un modelo positivo.
  7. 7.Readecuación de los procesos formativos.
  8. 8.Permanente análisis de realidad.
  9. 9.Mayor trabajo en equipo de los formadores.

10.Los jóvenes asumen con disponibilidad opciones de riesgo de las Provincias.

3.3. América del Sur

  1. 1.Dificultad de vivir un estilo profético en los diversos Organismos. No se pueden aislar los formandos de la vida de los Organismos.
  2. 2.En el interior de nuestras comunidades se reproducen a veces las diferencias entre ricos y pobres. Se puede hablar, en ocasiones, de “alto y bajo clero”.
  3. 3.Hay muchos candidatos, pero muchos buscan la V.R. como escape de la pobreza o de una identidad sexual no trabajada.
  4. 4.Crecen las vocaciones adultas y a veces “adulteradas”.
  5. 5.El fuerte individualismo ha puesto en crisis la vivencia de la comunidad y la espiritualidad.
  6. 6.Existe sensibilidad frente al dolor, aunque incapacidad de meterse en grandes proyectos.
  7. 7.Miedo e inseguridad frente a los compromisos serios, a pesar de la formación.
  8. 8.Relativismo de valores.
  9. 9.Oración afectiva más allá del rito.

3.4. África

  1. 1.Falta de visión crítica de la realidad. Los formandos se sienten fuera de su contexto social.
  2. 2.Existe un juicio racional sobre la injusticia, pero no se logra un compromiso con la realidad.

3.5. Asia

  1. 1.En relación con la pluralidad de religiones: Este hecho tiene implicaciones doctrinales (la cuestión de la unicidad y universalidad de Cristo suena como una cuestión abierta; cómo acompañar el proceso de identidad cristiana). También afecta al diálogo y a las actitudes hacia los otros. Hay que formar para un diálogo compasivo, inteligente, con gentes de otras tradiciones culturales y religiosas y para desarrollar la capacidad de inculturar el carisma claretiano en otros contextos.
  2. 2.En relación con el fundamentalismo, hay que acentuar la tolerancia. Hay formandos que, estimulados por el ejemplo de Rhoel Gallardo, se han comprometido con la justicia y la paz. Esto les mueve a confrontarse con los otros y examinar sus motivaciones y actitudes. Pero hay también formandos que están acusados por las consecuencias que esta opción supone.
  3. 3.En relación con la crisis religiosa provocada por el desarrollo económico, es preciso trabajar la superficialidad de la experiencia religiosa, el sentido de inseguridad y de inestabilidad (todo es posible, nada es cierto). Incapacidad o temor al compromiso. Estar juntos está bien, pero comprometerse es otra cosa. Indiferencia o pasividad ante las preocupaciones sociales, acontecimientos, … Excesiva atención a los sentimientos.

3.6. Europa

  1. 1.Ante una vivencia de lo provisional y relativo, se necesita una formación en unas convicciones firmes y en un trabajo de personalización.
  2. 2.Ante unos formandos que llegan muy heridos debido a una sociedad que empuja al individualismo y al narcisismo, se necesita un trabajo de maduración con mucha paciencia (procesos a largo plazo).
  3. 3.Se necesitan nuevos modelos de identificación para nuestros formandos. Es muy difícil encontrarlos en los propios Organismos.
  4. 4.En el ambiente de subjetivismo religioso, es preciso ayudar a purificar la imagen de Dios y acompañar la experiencia religiosa.

4. ¿Cómo trabajar formativamente el análisis de la realidad?

4.1. Encuadre           

En nuestros diálogos hemos caído en la cuenta de que para acompañar a los formandos en esta perspectiva es necesario:

  1. 1.Incorporar a nuestra mentalidad la necesidad de estar permanentemente discerniendo la realidad. Esta necesidad se desprende de un dato teológico (Dios se revela en la realidad aunque no se confunde con ella) y de un dato filosófico (la realidad no es estático sino dinámica, no es complicada sino compleja).
  2. 2.Adiestrarnos en las técnicas de análisis de la realidad.
  3. 3.Desarrollar un proceso específico de acompañamiento.

4.2. Proceso de acompañamiento

Acompañar en el análisis de la realidad implica ayudar a los formandos a:

  1. 1.Aceptar la realidad como es, superando las evasiones y las idealizaciones.
  2. 2.Preguntarse por el significado de los acontecimientos (tanto personales como sociales) antes de emitir juicios sobre su moralidad.
  3. 3.Buscar las raíces de los fenómenos analizados, no contentándose con describir los síntomas.
  4. 4.Aprender a transformar la realidad en la medida de lo posible, mediante compromisos concretos.
  5. 5.Integrar lo que no se puede cambiar en una visión más amplia.

Este proceso se enfrenta a menudo con cuatro dificultades:

  1. 1.La “obesidad informativa” que caracteriza a nuestras sociedades de la información.
  2. 2.La dificultad de encontrar criterios de interpretación.
  3. 3.La “obsesión responsiva” que nos empuja a encontrar una respuesta para todo.
  4. 4.El desarrollo de la vida personal en las sociedades complejas.

II. PROPUESTAS Y LÍNEAS DE ACCIÓN

1. Cultivar una espiritualidad liberadora y de sanación que propicie actitudes de cercanía, ternura, escucha, compasión, etc.

  1. 1.Cuidar la dirección espiritual y el “counseling” desde una antropología “positiva”.
  2. 2.Participar en el proyecto de la CLAR “Camino de Emaús” (AL).
  3. 3.Trabajar la personalización de las cualidades de ternura, compasión, etc.
  4. 4.Desarrollar técnicas psicológicas de escucha y comprensión.
  5. 5.Participar en los proyectos de JPIC y defensa de los derechos humanos.
  6. 6.Organizar cursos de pastoral para formarse en las cualidades que exige una espiritualidad profética.
  7. 7.Realizar visitas de acompañamiento a desplazados, presos y enfermos y favorecer la cercanía con el mundo de los pobres y marginados.
  8. 8.Promover la lectura popular de la Biblia con la gente del lugar.
  9. 9.Difundir las conclusiones del Congreso de Espiritualidad.

10.Fundamentar bíblicamente esta espiritualidad.

2. Practicar asiduamente una oración que parta de la vida de la gente, de las experiencias misioneras de los formandos, etc.

  1. 1.Practicar la oración apostólica en comunidad y con la gente.
  2. 2.Compartir las experiencias misioneras de cada formando.
  3. 3.Usar materiales de oración alternativos a la L.H.
  4. 4.Invitar a rezar a los seglares con nosotros.
  5. 5.Celebrar la eucaristía con el pueblo y presentar un hecho de vida que sea punto de partida para la oración.
  6. 6.Participar en algún grupo de oración para “orar desde la vida”.

3. Promover una vida comunitaria que asuma e integre la pluralidad de edades, culturas, procedencias, etc. y que capacite para el diálogo y el discernimiento.

  1. 1.Organizar un taller sistemático sobre la comunidad claretiana.
  2. 2.Tener los encuentros P.M. con toda la comunidad (jóvenes y mayores).
  3. 3.Vincular las casas de formación a las demás comunidades del Organismo (retiros, talleres, misiones).
  4. 4.Dar oportunidades cada semana para compartir los sentimientos, esperanzas, etc. de los formandos.
  5. 5.Capacitar a los formadores para el discernimiento.
  6. 6.Elaborar, realizar y evaluar los proyectos personales y comunitarios.
  7. 7.Abrir espacios espontáneos para el intercambio: fiestas, paseos, etc.
  8. 8.Celebrar asiduamente el “día de la comunidad” (saborear la vida).
  9. 9.Favorecer la unidad en la diversidad.

10.Organizar talleres sobre la diversidad cultural.

11.Capacitar psicológicamente a los formandos para llevar a cabo todo esto.

12.Invitar a personas que pasen por la comunidad (sobre todo cuando ésta es muy homogénea).

13.Promover un encuentro fraterno mensual para compartir lo que somos y vivimos (unidad en la diversidad).

14.Estar abiertos a las sugerencias y opiniones de los estudiantes.

4. Acentuar en el estudio la preparación para el análisis de la realidad, el diálogo ecuménico e interreligioso, la inculturación, así como el estudio sistemático de lenguas y la preparación para las nuevas tecnologías.

  1. 1.Tener una reunión mensual para comentar noticias de actualidad y analizarlas críticamente.
  2. 2.Organizar talleres de análisis de la realidad a varios niveles, aprovechando los estudios existentes.
  3. 3.Propiciar el aprendizaje de las lenguas indígenas donde sea necesario.
  4. 4.Favorecer estudios de sociología y religiones tradicionales africanas y sobre el Islam (África).
  5. 5.Llegar a dominar otra lengua además de la propia.
  6. 6.Procurar una intensa experiencia pastoral antes de estudiar la teología.
  7. 7.Discernir con los formandos los criterios para el uso de Internet.
  8. 8.Posibilitar contactos con comunidades claretianas de otros países (sobre todo, en vacaciones).
  9. 9.Favorecer el diálogo interreligioso valorando adecuadamente el “carácter único” de Cristo (sobre todo, en India).

10.Organizar talleres sobre las implicaciones de la inculturación (que afecta a todos).

11.Preparar a algunos en medios de comunicación social.

12.Estudiar análisis sociales (ecología) y experiencias en esta misma línea.

13.Facilitar el uso de las nuevas tecnologías.

5. Propiciar una nueva cultura vocacional buscando nuevos ámbitos y sujetos desde una propuesta de vida alternativa.

  1. 1.Integrar en las comunidades locales medios concretos para secundar el plan vocacional de cada Organismo.
  2. 2.Comprometer a todos en esta tarea según su ministerio.
  3. 3.Colaborar con otros miembros de la Familia Claretiana.
  4. 4.Interesar a laicos (sobre todo a los padres de los formandos) en esta tarea.
  5. 5.Relacionar más a los formandos con la PV.
  6. 6.Favorecer, sobre todo con universitarios, experiencias de misión compartida.
  7. 7.Animar a la gente a vivir evangélicamente y preocuparnos menos por el número de los que entran.
  8. 8.Trabajar con otros religiosos y laicos para mostrar las diferentes opciones vocacionales que existen en la Iglesia.
  9. 9.Nombrar en cada casa o zona un responsable de la PV.

10.Acentuar las diversas actividades que realizan los claretianos.

11.Encargar a una persona o a un equipo un trabajo a tiempo completo en el campo vocacional.

12.Abrir la comunidad formativa a diferentes miembros de la Familia Claretiana.

13.Favorecer la relación con los demás religiosos/as del entorno.

14.Procurar una mayor atención y promoción de las vocaciones de laicos consagrados (hermanos).

15.Realizar en cada Organismo un proyecto propio de PV.

6. Favorecer trabajos apostólicos que permitan colaborar con otras personas (creyentes o no) en la tarea de la construcción del Reino.

  1. 1.Abrir las experiencias pastorales semanales a lugares y ámbitos no parroquiales e incluso no eclesiales.
  2. 2.Integrar a los formandos en equipos formados por laicos cualificados y exigentes.
  3. 3.Animar el compromiso en diferentes modelos de organizaciones comunitarias.
  4. 4.Formar a los formandos en comunidades cristianas de base.
  5. 5.Incorporar progresivamente a los formandos en los proyectos integrales del Organismo.
  6. 6.Participar en misiones populares.
  7. 7.Organizar programas de formación con otros religiosos, laicos, etc.
  8. 8.Revisar y evaluar las experiencias apostólicas para que sean verdaderamente formativas.

7.Ayudar a los formandos a asumir su propia realidad, su cultura, y a experimentar con realismo las condiciones de vida de la gente.

  1. 1.Experimentar las condiciones de vida de la propia familia para evitar desclasamientos.
  2. 2.Asumir compromisos temporales con grupos marginales.
  3. 3.Cuidar que los formandos pasen un mes al año con su familia y compartan con ella su realidad.
  4. 4.Tener la posibilidad de trabajar para ganar el sustento.
  5. 5.Asumir las tareas domésticas como elemento formativo.
  6. 6.Propiciar experiencias de trabajo remunerado o no remunerado.
  7. 7.Reaccionar críticamente frente al uniformismo cultural.
  8. 8.Favorecer en la oración y en las comidas las costumbres, lenguas, etc. de los miembros de la comunidad.
  9. 9.Reflexionar teológicamente para integrar estas experiencias en la propia vida.

8. Formar desde y para la misión universal de la Congregación.

  1. 1.Incluir en los planes de las Conferencias la presentación de la realidad de las diferentes partes de la Congregación.
  2. 2.Tener experiencias pastorales en culturas ajenas a la propia.
  3. 3.Reflexionar sobre el ofrecimiento al P. General cuando se hace la profesión perpetua para que no sea una mera formalidad.
  4. 4.Intercambiar material formativo entre los Organismos.
  5. 5.Propiciar algunos encuentros de formandos por áreas.
  6. 6.Enviar los boletines de las diferentes Conferencias para conocer lo que se está haciendo.
  7. 7.Experimentar la misión en tiempo de vacaciones.
  8. 8.Favorecer que algunos estudiantes tengan experiencias en otros Organismos.
  9. 9.Crear equipos de misión en los que se integren los formandos.

10.Tomar en serio el estudio de lenguas.

11.Programar visitas de claretianos de otras procedencias a las comunidades formativas.

12.Potenciar las experiencias de formación “interprovincial” e incluso el intercambio de estudiantes.

13.Estudiar Misionología donde esta materia no forme parte del plan de estudios ordinario.

14.Ver la posibilidad de organizar un “chat” formativo claretiano.

9. Intensificar más la sensibilidad hacia los valores de la justicia, la paz, la ecología, diálogo interreligioso, ecumenismo, tal como nos pide EMP.

  1. 1.Revisar la ubicación de nuestras casas formativas.
  2. 2.Participar en la lucha de los grupos indígenas por la defensa de la tierra.
  3. 3.Participar en los movimientos populares que luchan por los derechos humanos y por la justicia.
  4. 4.Reciclar los materiales desechables que usamos a diario.
  5. 5.Estudiar el significado de la naturaleza para el ser humano y la manera de relacionarnos ecológicamente con ella.
  6. 6.Educar en hábitos de vida saludables.

10. Favorecer el crecimiento en la unidad de vida (integración de los diversos aspectos de la vida religiosa: oración, comunión, misión).

 

  1. 1.Recurrir al acompañamiento formativo (y también psicológico, cuando se vea conveniente).
  2. 2.Integrar la vida de oración y la vida ordinaria.
  3. 3.Favorecer una pedagogía del silencio.
  4. 4.Hacer una relectura de los votos religiosos desde la perspectiva profética, viéndolos como una forma alternativa de vida inspirada en Jesús.

CAPÍTULO 2º

 

FORMACIÓN PARA LA JUSTICIA Y LA PAZ

E INTEGRACIÓN DE LA CREACIÓN

I. VISIÓN DE LA REALIDAD EN UN FUTURO NO LEJANO

Los participantes de este taller nos enfrentamos a las macro tendencias que marcan hacia dónde va nuestro mundo tomado en su globalidad. Fijándonos arbitrariamente en el año 2025, hicimos una proyección de la realidad hacia la que los actuales formandos ejercerán su misión. De no corregirse a tiempo estas tendencias, constatamos que probablemente:

  1. 1.A nuestros formandos les tocara vivir en un planeta poblado por unos diez mil millones de personas, mas denso en ciertas regiones que en otras.
  2. 2.Contarán con una tecnología aún más desarrollada que la actual, lo que ciertamente ofrecerá grandes potencialidades para la humanidad. Sin embargo, la infraestructura tecnológica más elaborada será monopolizada por unos cuantos países.
  3. 3.El modelo de industrialización tecnológica actual atravesara una aguda crisis, debida al agotamiento del petroleo, base de la actual civilización. La disputa de este energético habrá provocado importantes guerras y conflictos.
  4. 4.Ademas, el empleo abusivo del petróleo habrá ocasionado un acelerado calentamiento del planeta. Algunas ciudades costeras se habrán inundado y el cambio de clima habrá provocado numerosas catástrofes naturales.
  5. 5.Habrá otros problemas ecológicos graves, tales como la deforestación, la desertificacion, el agujero de capa de ozono, una acuciante carencia del agua potable, etc¼
  6. 6.La gran producción de riqueza que ahora tenemos se habrá probablemente incrementado todavía más. Por primera vez la humanidad tiene capacidades para erradicar la pobreza en el ano 2025. Lo habrá conseguido?
  7. 7.Lo que ahora percibimos son enormes desigualdades en la distribución de esta riqueza y concentración de los recursos del planeta en manos de unas cuantas corporaciones transnacionales que dominaran todas las transacciones comerciales internacionales (incluyendo el agua, la educación, el alimento, etc.).
  8. 8.Si la tendencia no se revierte, continuarán los movimientos desenfrenados del capital especulativo, ocasionando fuertes crisis en algunos países.
  9. 9.La enorme deuda externa de los países pobres seguirá creciendo, siendo no sólo impagable, sino causa del crecimiento de la miseria.

10.Las futuras generaciones tendrán que atender a gravísimos problemas de miseria, al borde de la sobrevivencia para grandes sectores de la población. Esto significa hambrunas y enfermedades.

11.Para mantener este creciente abismo de injusticia, continuarán las numerosas violaciones a los derechos humanos.

12.El monopolio armamentista de Estados Unidos disuadirá cualquier transformación del modelo. Para ello, se fomentarán numerosos conflictos civiles con muerte de inocentes.

13.Para el 2025 habrá habido importantes transformaciones culturales, derivados sobre todo de la gran difusión del Internet y telecomunicaciones.

14.Vivirán en un mundo de “transculturalidad”, debido tanto a los movimientos migratorios y de refugiados como a la facilidad de las comunicaciones.

15.Los medios de comunicación continuarán siendo monopolizados por grandes agencias que controlan y manipulan la información. Esto repercute en la uniformizacion cultural del consumo.

16.Igualmente favorece una cultura “posmoderna”, “light”, recompuesta de fragmentos, estandarizada.

17.Habrá tensiones entre civilizaciones; repliegue de lo étnico como reacción al uniformismo cultural.

18.La Iglesia para entonces se habrá tenido que enfrentar a algunos desafíos que ahora la interpelan: una mayor descentralización, clericalismo y paternalismo, estructuras mas participativas, discusión mas abierta de ciertos temas tales como la ordenación de las mujeres o al menos, incluirlas en mas espacios de toma de decisiones (sínodos), las aportaciones auténticamente científicas de la sexología actual, etc.

19.El mayor compromiso de sectores mas amplios de la Iglesia en temas de Justicia y Paz habrá despertado en algunas regiones fuerte oposición e incluso un nuevo tipo de martirio derivado mas directamente del compromiso en esta área.

20.Algunos problemas eclesiales no resueltos habrán hecho crecer tensiones, como la falta de vocaciones sacerdotales y religiosas; disminución de la practica sacramental y del “catolicismo sociológico”. Crisis de pertenencia eclesial.

21.Dialogo, sincretismo o confrontación entre religiones o denominaciones (sectas).

22.Los actualmente formandos estarán para entonces participando activamente en una Congregación con personal envejecido en algunas áreas; con menos europeos y mayor personal de otras regiones; pluricultuiral y plurilinguistica; mas sensible y comprometida; tal vez con menos recursos económicos.

23.Los claretianos estaremos sin duda mas sensible a estos temas, y para entonces habremos podido ofrecer experiencias proféticas significativas. Las nuevas generaciones demandarán cada vez mayor compromiso.

II. SENSIBILIZACIÓN Y TOMA DE CONCIENCIA

  1. 1.Los participantes al taller conocimos mejor la problemática actual y pudimos constatar cómo es vivida diferenciadamente según las regiones: el Norte y el Sur; el Oriente y Occidente. Nos dimos cuenta, además, de cómo todos los problemas de nuestras respectivas realidades se encuentran interrelacionados en un mismo mundo globalizado.
  2. 2.Fuimos testigos de cómo los pobres de nuestros países padecen estas lacerantes realidades. Los formadores de hoy abordan los desafíos que enfrentarán los actuales formandos y se plantean como educar para el mundo que les tocará vivir.
  3. 3.Dentro de tantos y tan complejos problemas, profundizamos en los tres que el colectivo de promotores y promotoras de JPIC de la Unión de Superiores y Superioras Generales tomaron como prioridades: el calentamiento de la Tierra, la Deuda Externa y el Tráfico de Mujeres. Pudimos compartir con algunos promotores de otras Congregaciones religiosas, que nos enriquecieron con su experiencia en sus respectivos institutos.
  4. 4.Un elemento esperanzador es el impresionante movimiento de ONGs y de numerosas instituciones de diferentes credos e inspiraciones que luchan por un mundo mejor. Entre ellos, hay importantes sectores de nuestra Iglesia, especialmente de religiosos y religiosas cada vez más comprometidos en esto. Es probable que para el 2025, este movimiento haya logrado modificar en parte las macro tendencias negativas.
  5. 5.Este movimiento ha formulado ya una plataforma programático que recoge las principales formas de lucha. Algunos de estos planteamientos son reconocidos oficialmente por la comunidad de naciones y constituyen también para nosotros, en cuanto seres humanos habitantes de este planeta, una suerte de “magisterio laico” que nos une con quienes tienen inquietudes similares, bien pertenezcan a otras familias espirituales distintas de la nuestra, otros credos o religiones o incluso desde la increencia.
  6. 6.Nos replegamos sobre nuestras propias fuentes de inspiración, para encontrar luz y guía en estas opciones. Encontramos en ellas estimulo a nuestra misión profética en este mundo fascinante y desafiante.
  7. 7.Recordamos al respecto la vocación de los profetas y el ejemplo de Jesús, viendo la coincidencia de cierto aspecto de su misión con lo que ahora se conoce como trabajo en JPIC.
  8. 8.La enseñanza social de la Iglesia iluminan las implicaciones de los principios evangélicos, tales como la unidad de la familia humana, la dignidad de la persona, el destino universal de los bienes, la hipoteca social que grava la propiedad, etc.
  9. 9.Constatamos la creciente toma de conciencia que la Congregación ha ido teniendo de esta área en los anos recientes, reflejada tanto en sus documentos capitulares, como en la practica de muchos misioneros y Organismos.

10.Los formadores de quienes mañana serán misioneros claretianos en pleno ejercicio constatamos que un extenso sector de la Congregación aun no cobra plena conciencia de la importancia de este trabajo como parte de nuestra misión profética.

11.Aprendimos que trabajar en JPIC significa una actitud de conversión: Conversión personal a los imperativos del Reino. Conversión congregacional a las exigencias de nuestra misión. Conversión de las estructuras de macronivel para que siga habiendo condiciones de vida humana digna en nuestro planeta.

12.Con un ardor quemante y apasionado, esta semana trabajamos intensamente y como resultado, presentamos las siguientes sugerencias para nuestros planes formativos:

III. SUGERENCIAS FORMATIVAS

1º. Aspectos generales:

A) Objetivos:

  1. 1.El trabajo en JPIC es parte integrante de nuestra vocación claretiana “en misión profética”.
  2. 2.Es uno de los ejes trasversales que ha de cruzar todas las áreas y proyectos (Gobierno, Formación, Economía, PJV, Apostolado y Misión).
  3. 3.Por lo tanto, se debe integrar en nuestros planes formativos de forma integradora y progresiva.
  4. 4.En lo que nos toque como Prefectos Provinciales de Formación, colaboraremos en nuestros respectivos Organismos en esta área.

B) Líneas de acción:

  1. 1.Desde la Formación Permanente, daremos a conocer lo referente a JPIC.
  2. 2.Impulsaremos el establecimiento del secretariado de JPIC en las provincias donde no exista, y lo dinamizaremos donde ya exista. Solicitaremos que se destinen recursos económicos y de personal para impulsar esta área.
  3. 3.Articular el trabajo de colaboración para JPIC a nivel interprovincial, en aquellos países que tengan mas de un Organismo.
  4. 4.Desde la Formación Permanente, tomar algunos temas prioritarios a nivel Provincial.

2º. Sensibilización

A) Línea de acción

Todo trabajo en JPIC comienza con una cierta sensibilidad y toma de conciencia. Por consiguiente, nos proponemos favorecer esta actitud tanto en nosotros y en nuestros formandos como en todo nuestro Organismo y Congregación.

B) Medios operativos

  1. 1.Sensibilizar y motivar a nuestros jóvenes misioneros, durante las diversas etapas formativas, sobre la situación de nuestros pueblos, regiones y naciones.
  2. 2.Facilitar contactos significativos: responsables de centros de asistencia, personas dedicadas al mundo de la marginación, claretianos comprometidos en este campo, en especial al encargado provincial de JPIC.
  3. 3.Programar visitas de observación y convivencia en realidades de marginación.
  4. 4.Abrir las comunidades formativas a la realidad del pueblo: donde se vea conveniente, que las mismas estén ubicadas en medios populares, aceptar en la casa a personas necesitadas, etc.
  5. 5.Uso de videos (e.g., Romero, Dorothy Day, documentales) seguidos de discusión comunitaria.

3º. Espiritualidad

A) Líneas de acción

 

  1. 1.Fomentar una espiritualidad que fortalezca a los formandos ante la realidad conflictiva les motive a asumir compromisos concretos.
  2. 2.Desarrollar un acompañamiento personal que ayude a integrar el compromiso con JPIC en una espiritualidad para ayudar a purificar las motivaciones.
  3. 3.Difundir valores y actitudes que lleven a un compromiso por la JPIC: no violencia, democracia, salvaguarda de la tierra, respecto de los derechos humanos, solidaridad…
  4. 4. Insistir para que los formadores y comunidades formativas asuman el proyecto concreto de JPIC y que se evite todo aspecto de modas, teniendo como base a Jesús Cristo y su Reino, valiéndose de todos los medios posibles.

B) Medios operativos

  1. 1.Promover celebraciones y jornadas de oración en torno a la vida, la JPIC, los derechos humanos, las necesidades del mundo (día semanal o mensual, Laudes, Eucaristía).
  2. 2.Proporcionar a los formandos espacios de oración hacia los hechos problemáticos de la vida cotidiana del pueblo.
  3. 3.Procurar que los temas de JPIC puedan desarrollarse más en la oración, la reflexión sobre los votos y nuestra identidad apostólica.
  4. 4.Tener ejercicios espirituales que aborden temas de JPIC.
  5. 5.Presentar la vida de algunos miembros de nuestros organismos que vivan los valores de JPIC como ejemplos y modelo de identidad claretiana.
  6. 6.Profundizar y conocer nuestra herencia carismática desde la JPIC y motivar a los estudiantes a profundizar sobre el tema.
  7. 7.Favorecer el acompañamiento psicológico y espiritual para los formandos que trabajan en campos difíciles de JPIC.
  8. 8.Orientar a los estudiantes para que aprendan a mantener el equilibrio entre la vida espiritual y la acción operativa de la justicia fuera de la comunidad.

4º. Vida de comunidad

A) Líneas de acción

  1. 1.Fomentar una vida personal y comunitaria coherente con el compromiso en JPIC en actitudes como sensibilidad, respeto, acogida, perdón, ternura, justicia entre nosotros y con las personas que trabajan en nuestra casa (justicia y dignidad en los contratos laborales), austeridad, desprendimiento, etc, mediante el discernimiento comunitario en orden a animar el compromiso con Justicia, Paz e integridad de la creación.
  2. 2.Profundizar teológica y críticamente en los valores evangélicos de JPIC de modo que nos motiven a un compromiso comunitario con el proyecto del Reino.

B) Medios operativos

  1. 1.Revisar periódicamente en comunidad formas ecológicas de reciclar materiales, ahorro de energía, cuidado y aprovechamiento de las cosas. Aprender un uso ecológico de los recursos naturales (agua, luz, papel).
  2. 2.Poner atención a lo que compra la comunidad y a los métodos usados para producirlo.
  3. 3.Fomentar el uso de un lenguaje inclusivo en la liturgia con respeto a las mujeres.
  4. 4.Aprender a respetar los derechos humanos básicos de cada miembro de la comunidad con actitudes de escucha y apertura a las opiniones nuevas.
  5. 5.Optar comunitariamente por un estilo de vida simple y austera.
  6. 6.Promover iniciativas para que los formandos caigan en la cuenta de lo que valen las cosas (participación en la elaboración y seguimiento del presupuesto, etc)
  7. 7.Insistir en que en las comunidades formativas, en lo posible, tengan un formando o equipo que promueva la animación y coordinación de los trabajos y iniciativas de JPIC.
  8. 8.Observar y comentar en la vida diaria comunitaria, noticieros, reportajes, acontecimientos que aparecen en los MCS y en nuestras relaciones diarias. Fomentar el sentido crítico hacia los mass-media.
  9. 9.Brindar a los estudiantes espacios para explorar sus propias áreas de interés en los temas de JPIC, asegurándose que la información y las experiencias que obtengan sean compartidas unos con otros.

10.Revisar periódicamente los compromisos de JPIC a fin de evitar interferencias o descuidos en las responsabilidades académicas y comunitarias y para garantizar que los aspectos proféticos de nuestra identidad carismática sean plenamente alimentados y desarrollados.

11.Aprovechar los momentos de “interculturalidad” que existen en muchos de nuestros centros.

5º. Formación académica

 

A) Líneas de acción

 

  1. 1.Procurar que en el plan claretiano de formación se de prioridad al tema de JPIC de una forma sistemática y sólida.
  2. 2.Adquirir conocimientos para que se vaya alcanzando el sentido crítico desde los valores evangélicos y nuestro ser de misioneros claretianos.
  3. 3.Preparar a los estudiantes para valorar la riqueza de información, personal y estructuras de JPIC que ya existen fuera de la Congregación.

B) Medios operativos

  1. 1.Elegir, en lo posible, los Centros de Formación donde los planteamientos de JPIC sean tenidos en cuenta, donde se ofrezcan oportunidades para la pastoral y donde los estudiantes puedan tener la experiencia de colaboración con otros religiosos y laicos.
  2. 2.Motivar el estudio serio y responsable de algunas asignaturas: doctrina social de la Iglesia, política y economía, Sagrada Escritura, ética y moral social.
  3. 3.Dar a conocer a los estudiantes el énfasis que está dando la Congregación a la JPIC. Puede hacerse mediante: Clases en el noviciado, encuentros regulares (semanales) de comunidad donde estos temas puedan ser discutidos, Noticiario claretiano de Justicia y Paz., realizaciones en la historia de la Congregación y de algunos claretianos.
  4. 4.Nombrar a alguno de la comunidad como responsable para estudiar las websites y las revistas para elegir la reflexión comunitaria.
  5. 5.Favorecer el estudio del ANÁLISIS de la REALIDAD y temas afines. Se procurará:
  • •Que los estudiantes lo realicen junto con la gente.
  • •Que todos nuestros seminaristas hagan algún trabajo sobre estos aspectos en cada curso o que lo incluyan como elemento importante.
  • •Día mensual para estudio, crítica…sobre temas o hechos de JPIC.
  • •Elaborar un plan de talleres formativos en temas de JPIC para las distintas etapas formativas.
  • •Estar atentos a los acontecimientos más significativos que se vayan produciendo.

6º. Apostolado

A) Líneas de acción

 

  1. 1.Revisar las experiencias apostólicas para que integren el compromiso con la JPIC, procurando trabajar con otros (no claretianos, no cristianos, no creyentes, en ambientes no eclesiales…).
  2. 2.Favorecer experiencias concretas de JPIC conscientes de nuestras propias limitaciones a fin de evitar frustraciones y activismos.

B) Medios operativos

  1. 1.Tener anualmente cada formando una experiencia ocasional o más larga en puestos de trabajo pastoral para estudiantes durante sus vacaciones.
  2. 2.Participar en jornadas locales, eclesiales, o laicas sobre JPIC.
  3. 3.Dar a conocer algunas instituciones seculares que trabajan en esto. Incorporarse, como práctica de apostolado, a alguno de estos grupos y organizaciones.
  4. 4.Animar a los formandos a tomar parte en manifestaciones y campañas de firmas, cartas de apoyo y solidaridad.

 

Cuaderno 21: Vocaciones y formación para la congregación

Cuadernos de formación Claretiana-21

VOCACIONES Y FORMACIÓN PARA LA CONGREGACIÓN

SEGÚN EL P. FUNDADOR

 Jesús María Palacios, cmf.

            A lo largo de su vida, el P. Fundador, además de sus obras y escritos sobre los seminarios, expuso su pensamiento sobre la formación en la Congregación en cartas, apuntes y notas, dando orientacio­nes vocaciona­les y formativas a la misma según las circuns­tancias[1]. En este trabajo presentamos una síntesis breve pero completa del pensamiento escrito y explícito del P. Fundador con respecto a la Congregación[2].

            No obstante, para entender adecuadamente el pensamiento del P. Fundador, es necesario hacer una referencia formativa a la Autobiografía. Además de lo que escribió explícitamente sobre el tema, para nosotros es fuente de información y orientación formativa su Autobiografía. Claret, como Fundador nuestro, es un ejemplo a imitar no sólo desde el exterior, sino desde la interioridad del carisma común. La interpretación del carisma y sus consecuencias formativas, hecha por Claret, es para la Congregación un ejemplo, una llamada a la imitación y una seguridad de fidelidad.

            Por eso, la lectura vocacional y formativa de la Autobiografía es también para nosotros una clave a ser tenida en cuenta en nuestros procesos vocacionales y formativos. La Autobiogra­fía ha de ser para nosotros una fuente de inspiración de cómo formar y de cómo orientar la formación del misionero claretiano. Aunque en este trabajo no nos centremos en ella de una manera directa (hablaremos sólo de sus escritos específicos, como hemos apuntado), no obstante, hemos de acudir en algunos momentos a la Autobiografía para poder entender el pensamiento formativo de Claret para la Congregación[3].

I. LAS VOCACIONES

            1º. Nada más fundar la Congregación, Claret andaba con mucha atención antes de aceptar nuevas incorpora­cio­nes a la comunidad cuidando al máximo que no se integrasen personas no adecuadas. Había que cuidar muy bien la selección de los candidatos:

“Algunos han pedido vivir con nosotros, pero nosotros vamos con mucho tino y vamos examinando sus físicos y morales, pues que en estas materias es preciso andar con tiento, porque una oveja sarnosa inficionaría a las demás”[4].

“y en esto (aceptar jóvenes) deben andar con cuidado, no les suceda lo que a los Paúles de Madrid, que muchísimos jóvenes, después de haberse instruido en la casa y ordenado, se han salido (…)”[5].

            Ante la escasez de misioneros y las abundantes peticio­nes que le hacen, insiste constantemente en la necesidad de orar y de pedir al Señor que envíe operarios a su mies:

“Roguemos al Padre celestial a fin de que envíe opera­rios, porque, a la verdad, los operarios son pocos y la mies es muy grande en España y fuera de ella (…)”[6].

            En su Autobiografía recomendó el rezo del Oficio Parvo de la Virgen en el noviciado porque así “Ella nos proveería de sujetos que aumenta­rían, dilatarían y conservarían la Congregación”[7].

            2º. Escribiendo al P. Xifré, el cual estaba preocupado por la expansión de la Congrega­ción y le preguntaba sobre la oportunidad de admitir estudiantes en la misma[8], el P.<Fundador le sugería que cuando viesen a un joven con buena disposición lo admitiesen, aunque no fuese sacerdote, ni estuviese ordenado, con tal de que estuviese adelantado en la carrera y diera garantía de perseve­rancia[9]. Las dificultades económicas de la Congregación, que preocu­paban al P. Xifré, condicionaban, a la vez, la posibilidad de aceptar a jóvenes sin haber terminado los estudios.

            En otra carta, llena de espiritualidad evangélica y de confianza en la providencia del Señor, animaba al P. Xifré de esta manera:

“Y así no repare en admitir sujetos que considere idóneos por su saber y virtud y den esperanzas de utilidad, aunque sean jóvenes y no estén del todo ordenados”[10].

            En esa época, el P. Fundador solamente hablaba de personas adelantadas en los estudios y con buenas disposiciones y voluntad para pertenecer a la Congregación y perseverar en ella. De todos modos, fue un paso trascendental que cambiaría en el futuro la fisonomía de la Congregación[11]. Más adelante, el II Capítulo General (1862) dio un paso importantísimo en orden a la promoción vocacional y a la formación en la Congregación, al aceptar oficialmente en las Constituciones la categoría de estudian­tes y promulgó las primeras directrices para su formación y el ingreso en la Congregación[12].

            De cara a las dificultades que la Congregación estaba encon­trando en su desarrollo, expansión y crecimiento, dice al P. Xifré que se empeñe todo lo que pueda para promover vocacio­nes, que no hay que dormirse, que sin pérdida de tiempo trabaje en “reunir y formar jóvenes”, y, que, si para ello es necesario edificar, que lo haga con toda libertad sin respeto humano y sin preocuparse de los gastos:

“créame, amigo, trabaje lo que pueda para aumentar el personal de la Congrega­ción, y, si para esto es menester levantar otro edificio. hágalo en hora buena y no se pare en gastos ni en qué dirá el mundo”[13].

“Conviene no dormirse (…) Sólo en Dios y en ustedes de la Congregación del Inmaculado Corazón de María confío, y así le repito que, sin pérdida de tiempo, trabaje usted en reunir y formar jóvenes”[14].

            Más en concre­to:

  • En 1867, ayudando al P. Xifré a resolver algunas dificul­ta­des sobre la admisión de estudiantes, Claret le contestó dándole varias soluciones. Y añade un pensa­miento que -dice el santo- “Vd. con los Srs. Consultores lo rumiarán”. El pensa­miento del F. Fundador era sobre la posibilidad de admitir estudiantes, “de buena disposición, vocación y que prometan fundadas esperan­zas”, que completasen su formación humanística en la Congrega­ción. Estos estudiantes podrían estar distribuidos por nuestras casas, hacer los estudios de Filosofía y Teología en los seminarios de las ciudades adonde fueran destina­dos y realizar algunas prácticas apostólicas u otras cosas compatibles con los estu­dios[15].
  • Y estando en Roma para el Concilio Vaticano I escribió en 1869 una Nota Vocacional muy interesante[16]. Se trataba de suscitar vocacio­nes fomentan­do la formación de acólitos en las iglesias y parroquias. A éstos se les enseñará latín, rúbricas, canto llano, etc., debiendo permanecer en sus propios pueblos. Todos los misioneros se han de responsa­bi­lizar de esta tarea tanto cuando van de misión como en nuestras propias casas (donde debe haber un encargado para ello). La experiencia en algunas diócesis, dice el P. Fundador, ha sido positiva, pues estos acólitos “son en el día buenos seminaristas”[17].

II. INSPIRACIÓN DEL REGLAMENTO FORMATIVO (1862)

El II Capítulo General (1862), presidido por el P. Fundador, aceptó oficialmente en las Constituciones la categoría de estudian­tes y promulgó las primeras directrices para su formación y el ingreso en la Congregación. Terminado el Capítulo, el P. Fundador se puso enseguida a elaborar un documento formativo para la Congregación. Según una carta al P. Xifré del 2 de agosto de 1862[18], el P. Fundador había entregado el 28 de julio en Segovia al P. Clemente Serrat el reglamento para los Estudian­tes y el reglamento para el Pedagogo o Prefecto.

Los capítu­los sobre los aspiran­tes, novicios, maestro y coadjutor fueron redactados unos meses más tarde, entre agosto y diciembre del l862. De hecho, el P. Funda­dor remitió al P. Xifré todos los documentos de una manera definitiva el 20 de diciembre del 1862 con el nombre de Reglamen­to. Todos ellos formaban un conjunto titulado Regla­men­to para los Aspiran­tes, Proban­dos y Estudiantes de nuestra Congregación y sus respectivos Maes­tros[19]. Le decía al P. Xifré:

“Sirve la presente para decir a usted que, considerando cuánto conviene formar bien en la ciencia y virtud a los jóvenes que Dios llame a la Congregación, he pensado escribir este Reglamento que tengo el gusto de acompañarle con la presente, a fin de que se ponga en práctica en todas sus partes, por ser ésta la voluntad de Dios y de María Santísima, nuestra querida Madre”[20].

Las últimas palabras del santo han sido interpretadas en la Congregación como que los reglamentos fueron especialmente inspirados por el Señor y la Virgen. He aquí algunos testimonios:

1º. En la Historia de la Congregación el P. Mariano Aguilar dice:

         “Parece que la escribirlo (el Reglamento), la Sma. Virgen le inspiró de una manera especial, como lo hacen sospechar las siguientes palabras que dirigía al P. Xifré en la carta: […] por ser esta la voluntad de Dios y de María Sma. Nuestra querida Madre”[21].

2º. El P. Clemente Serrat en el Proceso Apostólico de Vic afirmó:

“Siendo yo superior de la Casa Misión de Segovia […]. En 1862 acompañé al V. de Madrid a Gracia (Barcelona) donde presidió la Junta general, a la cual también asistí. A instancia de los Padres de la Congregación el V. se encargó de corregir las Constituciones de la Congregación a tenor de las instrucciones de la S. Congregación de Obispos y Regulares. Posteriormente añadió un capítulo para los aspirantes y estudiantes, movido de inspiración especial de la Ssma. Virgen, según oí del P. Lorenzo Font, sobre el cual no hizo la S. Congregación observación alguna. Según oí referir al P. Xifré, el mismo Papa interesaba al encargado de examinar las Constituciones para su pronta aprobación”[22].

3º. Y el P. Lorenzo Font, por su parte, atestiguó lo siguiente:

“Por relación de algunos Padres que asistieron a los varios capítulos que se celebraron en Vich y Gracia, me consta que el Venerable presidía personalmente aquellas sesiones encaminadas principalmente a tratar de la formación de las primitivas Constituciones del Instituto. El mismo Venerable redactó el Reglamento del noviciado y escolasticado de Nuestro Instituto, habiendo él mismo consignado al principio que la Virgen Sma. le había inspirado que quería que se observase tal como literalmente estaba escrito. Este extremo me consta por haberlo leído en el cuaderno impreso que nos daban a los novicios. Es muy de advertir que este Reglamento al haber sido presentado junto con las Constituciones del Instituto a Roma, mientras éstas sufrieron muchísimas modificaciones, el Reglamento fue aprobado sin reparo ni enmienda alguna”[23].

               Lo verdaderamente cierto es el pensamiento del P. Fundador respecto al Reglamente y su incidencia en la Congregación. Él lo expresa con mucha claridad en la carta al P. Xifré. Sin distorsionar la verdad, lo podemos interpretar de la siguiente manera:

  • Hay que formar bien en la ciencia y virtud a los jóvenes que Dios llame a la Congregación. No nos hemos de contentar con cualquier tipo de formación. Debemos dar a los formandos la mejor formación posible tanto en la ciencia como en la virtud. Son los dos pies del misionero, como repetirá Claret en muchas ocasiones. Hoy diríamos que hay que ofrecer y exigir una formación de calidad, es decir, que sea claretiana, personalizada, actualizada y exigente.
  • Para ello, para alcanzar esta meta de calidad, Claret ha escrito un Reglamento que entrega al P. Xifré para la Congregación. Es el primer documento formativo de la Congregación en sentido global y completo. Es también un documento carismático salido de la inspiración del P. Fundador. Tiene por lo tanto un gran valor espiritual y tradicional para la Congregación. No podemos prescindir de él[24].
  • La voluntad del P. Fundador es que “se ponga en práctica en todas sus partes” en toda la Congregación. No es un documento simplemente orientativo o unas simples indicaciones formativas para caminar. Es un verdadero camino a seguir con buenas y adecuadas señalizaciones formativas. Habrá que hacer, como se ha hecho, la adaptación a los tiempos y a las circunstancias, pero el fondo formativo del reglamento formativo ha de permanecer.
  • La voluntad de Claret es tal porque, como él dice, “ésta la voluntad de Dios y de María Santísima, nuestra querida Madre”. Prescindiendo del carácter de la inspiración del Reglamento –sobre el que no nos interesa discutir pues no tenemos datos de cómo fue-, la verdad es que para el P. Fundador este Reglamento expresa la voluntad de Dios y de María Santísima, nuestra Madre y Formadora. Y esto supone que el Señor y la Virgen se lo debieron comunicar a través de cualquier cauce, desconocido para nosotros, pero no para Claret (y esto es lo importante). Sobre esta convicción Claret es contundente, no duda; está firmemente convencido, y así lo expresa de que Dios y la Virgen desean que en la formación sigamos los pasos señalados en el Reglamento. Siendo María nuestra Madre y Formadora, es muy congruente tener, a través del P. Fundador, su voluntad de cómo se deben formar sus hijos, los Hijos de su Corazón.

III. ETAPAS FORMATIVAS

1. Acogida vocacional

            La acogida de las nuevas vocaciones fue organizada desde el principio, desde el tiempo del P. Fundador, una vez admitidos oficialmente los estudiantes en la Congregación[25].

            El II Capítulo General, además de aceptar estudian­tes pidió, para todos los que deseaban ingresar en la misma, un tiempo de Aspirantado, previo al año de prueba y a la admisión definiti­va. El día nueve, en la sesión de la tarde, se acordó promulgar varios decretos, entre los cuales el siguiente:

“2º para que todos los pretendientes así sacerdotes como estudiantes y hermanos estén por el espacio de 15 días en clase de aspirantes y que pasados éstos hagan los ejercicios y luego sean admitidos para el año de prueba con alguna formalidad, lo que se repetirá mutatis mutandis al fin del año para su admisión definitiva”[26].

            De esta manera se establecía un tiempo de Aspirantado para todos los candidatos, previo al año de proba­ción.

            Según el “Reglamento”, los aspirantes (sacerdotes, estudiantes y hermanos) han de ser acogidos en una comunidad de la Congrega­ción, atendidos con cariño por los responsables y ayudados en el discerni­miento vocacional. Para ello han de permane­cer en la casa durante 15 días y ser muy obedien­tes al Maestro en las tareas que se les señale. Entre ellas se indican:

“1º. Leer y enterar­se bien de las Constituciones y prácticas del Instituto. 2º. Formar según ellas el espíritu, haciendo ejerci­cios espirituales, y en ellos confesión general desde que entraron en el uso de razón. 3º. Redactar y escribir los propósitos conforme a la perfección que requiere el nuevo estado. 4º. Ocupar el tiempo que les resta en lo que el Maestro dispusie­re”[27]

            Por último, si durante este tiempo, dan esperanzas de ser personas llamadas a la Congregación, iniciarán el año de prueba.

2. Noviciado.

            1º. Objetivo del noviciado

            El misionero, llamado por Dios al ministe­rio apostólico, un ministerio “sublime e importante”, ha de conseguir todas las virtudes que le capaciten para el mismo. Por eso, el noviciado, como año de prueba, ha de tener como objetivo el poner los fundamentos de las mismas[28].

“Nada importa tanto a los Misioneros, nada es para ellos tan esencial, como el adorno de todas las virtudes: sin ellas es inútil su talento, estéril su voz, y vano su trabajo: por eso sus deseos, su primera atención ha de dirigirse a obtenerlas: y como el año de prueba es el destinado a poner los fundamentos de las mismas, todos, ora sean Sacerdotes, ora estudiantes o hermanos ayudantes, practicarán para esto con esmero los medios más eficaces”[29].

            2º. Los novicios

            El principal empeño de los novicios ha de ir orientado a alcanzar el fin del noviciado. Por lo mismo, “su primera atención ha de dirigirse” a obtener las virtudes, poniendo firmemente los fundamentos de las mismas y practicando para ello con esmero los medios más eficaces[30]. Las virtudes que señala el P. Fundador son: la fe, la confianza, la humildad, la obediencia, la rectitud de intención, la oración y la fidelidad a la vocación[31]. Asimismo, como hemos dicho antes, indicó a los novicios la tarea de rogar por las vocaciones.

            3º. Características del Noviciado

  • El tiempo de prueba o de Noviciado, desde el principio, tuvo la duración de un año completo[32]. El candidato entraba en la Congregación sin ningún rito especial; sólo se le pedía que hiciera los Ejercicios Espirituales y la confesión general. Debería, asimismo, expresar su inclinación al Superior para ser debidamente orientado y, bajo la dirección de un sacerdote (de los más antiguos y ejemplares), se instruía en las prácticas de la casa y del ministerio[33]. El II Capítulo General de julio de 1862 acordó que el tiempo de prueba se iniciase con los Ejercicios espirituales y “con alguna formalidad” que se repetirá mutatis mutandis al fin del año para su admisión definitiva[34].
  • Respecto a las actividades, en la Congregación, en un primer momento, se estableció que al candidato se le instruyese en las prácticas de la casa y del ministerio con el acompañamiento de un sacerdote experimentado y ejemplar[35]. Sin embargo, esta orientación debió durar poco tiempo. A medida que el primer Noviciado de Vich se iba estabilizando, su organización evolucionaba, se tendía hacia la separación de otras secciones y su objetivo se centraba en la formación de las dimensiones más religiosas y espirituales. El P. Clotet, en unos apuntes personales, se mostró preocupado por los muchos trabajos que realizaban los novicios, algunos de ellos absorbentes como el estudio de materias eclesiásticas[36].

4º. Discernimiento vocacional

           

            Así decía el P. Fundador que

“Durante este año, el Superior y demás encargados observarán bien al aspirante, y si ven en él las cualidades que son de desear, y el aspirante continúa con el deseo de perseverar en la Congregación, será definitivamente admitido”[37].

            En esta misma clave se sitúan las Constituciones de la Congregación. Las de 1857 afirman:

“Si entrado que sea (el novicio), no le acomoda el género de vida que se observa en la Congregación, se podrá ir libremente, pero también podrá ser despedido por los mismos que le han admitido, si no tuviera las cualidades indispensables para ser un buen misionero, y para poder desempeñar los ministerios de este estado; lo que deberá efectuarse antes de cumplir el año de permanencia en la Congregación”[38].

            La aprobación para ser admitido a la Congregación, en los primeros momentos, correspondía al Superior General con sus Consultores. Las Constituciones de 1857, con el añadido del II Capítulo General de 1862 (en subrayado), decían:

“La admisión definitiva de individuos, tanto sacerdotes como no sacerdotes, se hará siempre con la aprobación del Director general y los Consultores”[39].

            5º. Conclusión del Noviciado

            Terminado el año de noviciado, si los novicios han adquirido la formación adecuada para ser buenos misioneros y “están decididos y resueltos a permanecer en la Congregación”, se prepararán con diez días de ejercicios para la admisión definiti­va mediante su Consagra­ción a Dios y al Inmaculado Corazón de María:

“Por último: Si finido el año de prueba, están decididos y resueltos a permanecer en la Congregación, y en ellos se observan las cualidades convenientes a un buen Misionero, harán con fervor diez días de ejercicios, que servirán de preparación inmediata a su admisión definitiva; la cual se efectuará con el acto solemne de Consagración a Dios y al Inmaculado Corazón de María. Esta consagración entrañará los juramentos de permanencia en la Congregación hasta la muerte y de no admitir dignidad alguna eclesiástica, sin el mandato expreso del Superior General o del Sumo Pontífice; y estos serán los únicos que podrán dispensar dichos juramentos. Y a fin de que ninguno quede privado del doble mérito de sus actos, el Superior podrá autorizar los votos simples temporales o perpetuos a los que tengan voluntad de hacerlos”[40].

3. Los Estudian­tes

            El P. Fundador[41] parte de un principio de pedagogía diferen­cial al establecer que los estudiantes se regirán en su forma­ción: primero, por las normas prescritas para los sacerdotes que sean compatibles con su condición de estudiantes; y, segundo, por las orientaciones formativas específicas que se establecen para ellos en el reglamento[42].

            1º. El objetivo de la formación es llegar a ser minis­tros idóneos para promover siempre, con la pa­labra, el testimo­nio de vida y la acción apostólica, la mayor gloria de Dios y el bien de las almas[43].

            Este texto pasó a las Constituciones. Así las Constituciones han conservado siempre y con sumo cuidado el pensamiento del P. Fundador sobre la formación de los misioneros:

“todo lo dirigirán a la gloria de Dios, a quien pedirán incesantemente que les haga ministros idóneos de la divina palabra para dar a conocer más su nombre y propagar por todo el mundo el reino de los cielos”[44].

            2º. Para conseguir el objetivo de la formación, los estudiantes harán con “cuidado y fervor” su oración perso­nal[45], y cumplirán el ritmo de oración comuni­ta­ria[46] y de lectura espiri­tual, en particular de la Palabra de Dios, que se ha establecido[47].

            En un marco de formación integral y armónica, los estudian­tes cul­tivarán el entendimiento y el corazón con la cien­cia y la virtud[48]:

            En orden a la virtud, aunque han de aspirar a estar adornados de todas las virtudes[49], no obstante, buscarán aque­llas que tienen una relación directa con el estudio a fin de que el trinomio ciencia-virtud-devoción conserve la justa proporción y armonía en su vida[50]. Así tendrán en cuenta los siguientes criterios:

  • la primera virtud que han de procurar es la humildad de entendi­miento y voluntad[51].
  • la segunda, la rectitud de la intención en los estu­dios[52], para no perder nunca de vista el objeti­vo de la forma­ción.
  • y la tercera la aplicación, intensa y equilibra­da, al estudio[53], acompañada de obediencia y mortificación[54].

            Además, serán respetuosos con los profesores[55] y ejemplares en su conducta; darán testimonio de vida a sus compañeros; y brillarán por su prudencia y modestia[56].

            3º. Durante los días libres y festivos, y en tiempo de vacacio­nes, los estudian­tes se dedicarán a actividades apostólicas, a prepararse en la predicación y oratoria[57], a estudiar las lenguas naciona­les y extranjeras[58] y a repasar las materias estudiadas[59].

            Las primeras Constituciones, recogiendo las orientaciones del P. Fundador, pedían, ya desde el principio, que los estudiantes:

“Cultivarán y regarán su corazón y su inteligencia con mucho cuidado, sembrando en ellos la ciencia y la virtud; pues así como la tierra no da frutos si no se la cultiva y riega, así los Hijos del Inmaculado Corazón de la Sma. María, no darán fruto, si no cultivan y riegan su espíritu con el agua de la devoción y piedad”[60].

IV. ESTUDIO

1. El Plan de Estudios (1859)

            La Congregación, como hemos dicho, al ser fundada no contemplaba la categoría de estudiantes. No obstante, de hecho y mirando al futuro, se fueron aceptando personas adelantadas en los estudios y con buenas disposiciones y voluntad para pertenecer a la Congregación y perseverar en ella[61].

            En orden a la carrera eclesiástica, el P. Fundador obtuvo del Sr. Nuncio la facultad[62] de que nuestros estudiantes hicieran los estudios en las casas de la Congregación. Con este motivo, el P. Fundador, a la vez que comunicaba al P. Xifré la noticia[63], le enviaba unas notas sobre los estudios que se deberían hacer en la Congregación, intitulados “Plan de estudios de la Congregación de los Hijos del Inmaculado Corazón de María” (1859)[64].

            Son unos sencillos apuntes con algunas ideas sobre los estudios que se deberían hacer en la Congrega­ción, en nuestras casas[65]. Entre las propuestas cabe destacar.

            1º. En cuanto al tiempo y materias se estudiarán tres años de Filosofía y cuatro de teología.

            2º. En cuanto al método: habrá dedicación completa al estudio todos los días, menos los festivos; los sacerdotes o los que están para ordenarse, además de estudiar, prepararán sermones y pláticas y podrán ayudar en alguna misión; por último, dice el P. Fundador, “se hace en el día una necesidad el estudiar y saber la lengua francesa”[66].

2. El Reglamento formativo (1862)

            Como hemos dicho, los estudian­tes cul­tivarán, en un marco de formación integral y armónica, el entendimiento y el corazón con la cien­cia y la virtud[67]. En orden al estudio, los estudian­tes:

  • podrán hacer la carrera sacerdotal en la propia casa, en el Seminario o en la Uni­versidad, según decida el Superior[68].
  • seguirán algunas orientaciones didácticas para aprender más y mejor, como pensar en la lección, tomar apuntes y notas, repetir las explicacione­s, etc.[69].
  • podrán realizar estudios particulares y complementarios, según las cualida­des personales[70].
  • deberán evitar, ejercitando la mortificación, lecturas de otro tipo que puedan llevar a la disipación o puedan descen­trar de los estudios que se hacen[71].

            “ durante los días libres y festivos, entre otras cosas, repasarán las materias estudiadas[72].

3. Estudio de lenguas

            Claret, que como Misionero Apostólico buscaba todos los medios posibles para evangelizar, comprendió que las lenguas eran instrumentos eficacísi­mos de evangelización[73]. Eran instrumentos necesarios para conocer la cultura de los pueblos­; para disponerse en la práctica a la universalidad misionera; para relacionarse personalmente con las gentes y para predicar y anunciar el reino de Dios en su propio lenguaje. Con el conoci­miento de las lenguas el misionero puede multiplicar su presencia y su actuación apostólica.

            Como no podía ser menos, Claret insistió también reiterada­mente a sus misioneros, formados y en formación, a que estudiasen y cultivasen las lenguas extranjeras[74].

            A los misioneros en formación, en el Plan de estudios (1859), les dice que “se hace en el día una necesidad estudiar y saber la lengua francesa”[75]. Comentando el P. Clotet el contenido de este Plan de estudios dado por el P. Fundador, decía:

“Era en su ánimo que algunos de los nuestros se dedicasen al estudio del Derecho canónico y civil; otros al de la Retórica de Granada, y todos los que pudiésemos a la lengua francesa”[76].

            En el Regla­men­to afirma que durante los días libres y festivos, y en tiempo de vacacio­nes, los estudian­tes se debían dedicar a estudiar las lenguas naciona­les y extranjeras. Respecto a éstas, indicaba:

“En los meses de vacaciones y en el tiempo libre de entre año repasarán los principios de la lengua castellana, y los catalanes los de la lengua catalana, a fin de expresarse con toda propiedad en el púlpito. Y además todos aprende­rán la lengua francesa, que en el día es una necesidad para poder confesar a los extranjeros”[77].

            Estas orientaciones pasaron fielmente, de manos del P. Fundador, a las Constitu­ciones de las Congre­gación, en todas sus ediciones y adaptacio­nes, quedando el texto de la siguiente mane­ra:

“En los días festivos y de vacaciones, después que hubieren repasado las ciencias explicadas entre año, se dedicarán al estudio de lenguas, o bien al ejercicio del Catecismo o a otra cosas conveniente a su estado, que determinare el Superior”[78].

V. LA PALABRA DE DIOS

            Si la lectura de la Palabra de Dios fue siempre objeto de sus recomenda­ciones a todos, clé­rigos y seglares, no podía dejar de hacerlo también expresa y preceptivamente a sus Misioneros[79].

            En el Reglamento para los Estudiantes y el Prefecto, antes citado, da unas orientaciones pedagógicas precisas sobre el lugar que debe ocupar la Palabra de Dios en la formación de los jóvenes Misioneros.

            Los Misioneros Hijos del Inmaculado Corazón de María, movidos en todo por la gloria de Dios (motivación vocacional esencial y fundamental en Claret), han de tener como objetivo de su forma­ción, llegar a ser “ministros idóneos de su (de Dios) Pala­bra”.[80]

            Expresando su propia experiencia (importancia de la oración y de la Biblia para discernir la vocación y descubrir su misión)[81] indica para conse­guir el objetivo de la formación, entre otros, dos medios en particu­lar: la oración (pedirlo “incesante­men­te” a Dios) y la Biblia. A este respecto dirá:

“Todos tendrán la Santa Biblia y en ella leerán cada día dos capítulos por la mañana y otros dos por la tarde…; y … el Viernes…un capítulo de la Pasión de Jesús”.[82]

            En la segunda redacción esta orientación queda redacta­da de la siguiente manera:

“A la lectura espiritual de cada día añadirán los capítulos de la santa Biblia que dispondrá el Supe­rior”.[83]

VI. LOS AGENTES FORMATIVOS

       El agente formativo es la persona (o conjunto de personas) que interviene en el proceso formativo acompañando al formando, y ofreciendo y poniendo en práctica los dinamismos y medios que ayudan a conseguir los fines de la formación. Señalamos el Espíritu Santo, el Corazón de María (y formando) y los formadores. Cada agente actúa de manera específica, según su propia naturaleza[84].

1. El Espíritu Santo, que nos unge para evangelizar

            La formación para los claretianos se realiza bajo la acción del Espíritu, primer agente, que nos unge para evangeli­zar a los pobres.

            La acción del Espíritu Santo es siempre carismática, se da como don, como carisma. El carisma es una experiencia del Espíritu que da un modo peculiar de ser vocacio­nalmente en la Iglesia y en el mundo. El carisma es la fuente de la espiritualidad, del estilo de vida y de la misión de la persona que lo ha recibido, es una forma peculiar de ser y de actuar en clave carismática. Lo mismo ocurre en el P. Fundador. Nos dice en la Autobio­grafía:

“De un modo muy particular me hizo Dios nuestro Señor entender aquellas palabras: Spiritus Domini super me et evangeli­zare pauperibus missit me Dominus et sanare contri­tos corde”[85].

            El Espíritu que actúa en él “de un modo muy particular”, o sea, de un modo carismático, es un espíritu profético, evangeli­za­dor de los pobres y arrepentidos. Es un Espíritu para anunciar la Buena Noticia[86].

            Es bajo esta misma acción peculiar y carismática del Espíritu cómo cada claretiano ha de formarse y vivir su experiencia vocacional:

“El Señor me dijo a mí y a todos los Misioneros compañeros míos: Non vos estis qui loquimini, sed Spiritus Patris vestris, et Matris vestris quid loquitur in vobis (Mat. 10, 20). Por manera que cada uno de nosotros podrá decir: Spiritus Domini super me, propter quod unxit me, evangeli­zare pauperibus misit me, sanare contritos corde (Luc. 4, 18)”[87].

            Claret al fundar la Congregación eligió, como nos dice en la Autobiografía, “a quienes Dios nuestro Señor había dado el mismo espíritu de que yo me sentía animado”[88]. Es decir, separó, entre los muchos sacerdotes que conocía y trataba, a aquellos a los que él vio que el Señor les había dado el mismo carisma. Este, en efecto, es una gracia para ser compartida por los confundadores y por todos los llamados a la misma Congrega­ción.

            El don del carisma implica un modo y peculiar de actuar el Espíritu del Señor sobre las personas a quienes se les concede el don carismático. Y en este contexto, como consecuen­cia, un modo peculiar de ser y actuar en la Iglesia en el Fundador, en los confundadores y en todos los llamados a compartirlo. Por lo tanto, el modo de acción del Espíritu que actuó en Claret, actuó también en los confundadores y sigue actuando hoy en día en la Congregación. Tienen sentido pleno las palabras de Claret al aplicar a todos los misioneros el texto de Luc. 4, 18.

2. El Corazón de María, Madre y Formadora

            La dimensión cordimariana, esencial a nuestra vocación misione­ra, se debe plasmar en la formación claretiana[89]. La presencia de María en el Fundador y en la Congrega­ción es una experiencia carismática peculiar[90]. Dentro del misterio de la Iglesia, de la que Ella es Madre, María es para el P. Fundador y la Congregación:

  • La Fundadora de la Congregación[91]. María funda una Congrega­ción misionera y apostólica al servicio de la Iglesia.
  • Nuestra Madre. Nos llamamos y somos hijos de su Corazón Inmaculado. En nuestra espiritualidad, María actúa como madre y nosotros nos relacionamos con ella como hijos[92].
  • Nuestra formadora. Con su acción maternal forma en nosotros verdaderos y auténti­cos misioneros y apóstoles, tal como Ella engendró a Jesús y lo formó como misionero del Padre y tal como formó a Claret, misionero apostólico[93].

            Estos rasgos carismáticos, heredados de nuestro P. Fundador y vividos por la Congregación, se han ido trasmitiendo fielmente a las nuevas genera­cio­nes, particularmente a través del proceso formativo[94]. Los formandos han de amar y reveren­ciar a María, según los rasgos de nuestro carisma y han de establecer con Ella unas relaciones de filial confianza. En esta línea se mueve de una manera constante el magisterio de la Congregación desde el principio.

            1. Claret dirá que “María Santísima es mi madre, ni madrina, mi maestra, mi directora y mi todo después de Jesús”[95]. María Santísima fue para el P. Fundador todo después de Jesús; es decir, María fue para Claret lo más que se podía ser.

            Él siempre se sintió hijo de María. Estableció con Ella unas relaciones personales intensas y profundas. Y buscó identificarse con Ella, su madre, imitándola y siguiendo sus ejemplos. Con el tiempo descubrió en María el sentido de su Corazón. El Corazón de María era, para Claret, la persona de María, el símbolo real de la persona de María. A través de su Corazón, Claret contemplaba todo el misterio de María.

            2. El Corazón de María ayudó a Claret en su interioridad contemplativa. En su Corazón encontró la fuente de amor misericordioso. Del Corazón de María, madre de la caridad, aprendió su amor a Dios y a los hombres. Del Corazón de María aprendió la caridad apostólica, la primera y principal virtud del misionero y del apóstol que le impulsó al celo por la salvación de los hombres.

            3. El misterio de María lo entendió y vivió desde una perspectiva misionera y apostólica. El Corazón “Inmaculado” de María es la fuerza y la potencia para luchar contra el mal y todas sus manifestaciones. María, la vencedora del pecado, adiestra a Claret y a todos los hijos de su Corazón Inmaculado para que luchen y venzan el mal y el pecado con la Palabra de Dios y el anuncio de Evangelio. Por eso, para Claret un hijo del Inmaculado Corazón de María es y será siempre ante todo y sobre todo un apóstol.

            4. María fue su formadora. Claret adquirió su formación sacerdotal y misionera en el Corazón de su madre, María. Su Corazón fue la fragua donde Claret se formó[96]. En la oración que solía rezar al comienzo de las misiones le recordaba a María:

            “Bien sabéis que soy hijo y ministro vuestro, formado por Vos misma en la fragua de vuestra misericordia y amor”[97].

            Y así describía su proceso formativo en su Autobiografía:

            “En un principio que estaba en Vich pasaba en mí lo que en un taller de cerrajero, que el Director mete la barra de hierro en la fragua y cuando está bien caldeado lo saca y lo pone sobre el yunque y empieza a descargar golpes con el martillo; el ayudante hace lo mismo, y los dos van alternando y como a compás van descargando martillazos y van machacando hasta que toma la forma que se ha propuesto el Director”[98].

       Todos los elementos tienen su simbolismo. Así:

  • el taller del cerrajero es el ambiente formativo de Vic;
  • el director es el Padre, Cristo, María y los diversos responsables formativos;
  • la barra de hierro es Claret mismo en cuanto sujeto pasivo, en cuanto discípulo que se deja moldear;
  • la fragua es, sobre todo, el Espíritu Santo, pero también el Corazón de María y diversos medios ascéticos como la oración y los ejercicios espirituales;
  • el yunque representa las situaciones y pruebas de la vida;
  • el ayudante es, de nuevo, Claret en cuanto sujeto activo;
  • los martillazos equivalen a las diversas acciones formativas;
  • la forma que se ha propuesto el director no es otra que Cristo mismo.
  • Se tiene, así, preparada la saeta que debe ser lanzada contra los enemigos del Evangelio.

          Para nosotros esta alegoría puede adquirir una dimensión formativa si le damos una adecuada interpretación y aplicación. Si la interpretamos en el conjunto de la vida de nuestro Fundador, podemos encontrar sintetizados en ella los núcleos fundamentales del carisma. Más aún, ella incluso nos puede orientar el proceso pedagógico para aplicarlo a nuestro itinerario formativo. Es una expresión breve y simbólica que puede favorecer la transmisión y profundización del carisma en nuestra formación actual. Así entendida, se convierte para nosotros en símbolo del taller en el que nos forjamos como misioneros a lo largo de nuestra vida[99].

3. Los formadores en la Congregación[100]

            1º. El acompañante en el Aspirantado

            Según el Reglamento, los aspirantes (sacerdotes, estudiantes y hermanos) han de ser acogidos en una comunidad de la Congrega­ción, atendidos con cariño por los responsables y ayudados al discerni­miento vocacional. Para ello han de permane­cer en la casa durante 15 días y serán muy obedien­tes al Maestro. Éste, personalmente o por medio del Ayudante, les enseñará “con amabilidad” todo lo conveniente en el orden moral, educativo y material. Se les señala, asimismo, varias ocupacio­nes y tareas para que conozcan la Congregación, conformen su espíritu al espíritu de la misma y consoliden su voluntad con propósitos especiales propios del camino de perfección que van a iniciar.

            21. El Maestro de novicios

            En orden a la formación de los novicios y para poder cumplir su función de guiar, enseñar y regular[101] la vida del noviciado, el Maestro ha de ser para todos “luz, camino, padre, maestro y ejemplar”[102].

            La persona llamada a desempeñar “este importantísimo cargo” ha de ser un miembro de la Congregación, que reúna y posea “las cualidades de madurez, amabilidad, discreción y conocimientos que para esta función se requieren”[103].

            En el ejercicio de sus funciones el Maestro ha de tener en cuenta, sobre todo, las siguientes obligaciones:

  • ha de ser hombre “devotísimo” de Dios y de la Virgen[104],
  • ha se ser “fidelísimo” al Superior[105],
  • y, en relación a los novicios, será Padre, Maestro y Médico (y psicólogo), y cuidará de su salud espiritual y corporal[106].

            Respecto a la salud espiritual, el Maestro ayudará al novicio a formar su personalidad misionera y le acompañará en su crecimiento vocacional. Le ofrecerá orientaciones formati­vas, le iniciará en la oración y en la vida espiritual, le inculca­rá las actitudes propiamente misioneras y le ayudará a superar las tentaciones[107]. Con el novicio tendrá un contacto personal para conocerle más íntimamente y ayudarle en su vocación[108].

            En cuanto a la salud corporal, el Maestro se interesará de un modo particular por todo aquello que le pueda afectar, como la comida, el vestido, el trabajo, el modo de estudiar, la pereza o la ociosidad, el tipo de mortificación y la participación en los recreos[109]. En los casos de enfermedad, se informará debida­mente y prescribirá los remedios convenientes a las “enfermedades y temperamentos de cada uno”[110].

            21. El ayudante del Maestro

            Para ayudar al Maestro se le asignará un ayudante[111]. Dotado del mismo espíritu y cualidades que el Maestro, trabajará en íntima relación con él y le sustituirá cuando fuere necesa­rio[112].

            3º. El Pedagogo de los estudiantes

            a) Cualidades

            El pedagogo, elegido entre los más “observantes y virtuosos” de la Congregación, será un hombre “manso, amable,.. modesto y grave”, maduro y con dominio de sí mismo[113].

            b) Funciones

            Las funciones del pedagogo están en consonancia con las exigen­cias formativas señaladas para los estudiantes por el P. Fundador. Así, el formador:

  • Promoverá una formación armónica en la piedad y en la adquisición de la ciencia y la virtud (humil­dad, modestia, mortificación de las pasiones y de la volun­tad)[114].
  • Estimulará el estudio, común y personal, y el aprovecha­miento del tiempo[115].
  • Dará las oportunas orientaciones metodológicas para mejor aprovechar en el estudio[116].
  • y cuidará, con muchísimo interés, de la salud de sus encomendados[117].

            c) Actitudes y comportamientos

            Para cumplir su función será consciente de la altísima misión que se le ha confiado[118], dará las lecturas y conferencias necesa­rias[119], hará con amabilidad las correcciones oportunas[120] y trabajará en íntima unión y colaboración con el Superior de la comunidad[121].

VII. FORMACIÓN PERMANENTE

            Claret sintió y estimuló siempre la formación permanente de sus misioneros[122]. Deseó que se renovasen y reciclasen continuamente a través de una formación permanente que fuese prioritaria, sistemática y bien programada. Todo ello en función de la misión apostólica, para mejor servir al Señor y a la Iglesia. Decía a sus misioneros en los ejercicios de Vic y Segovia del año 1865: “el estudio lo dirigiréis al de misionar”[123].

            1º. En los Reglamentos de las distintas Asociaciones que constituyeron los antecedentes de la Congregación, la formación permanente figura en primer término de varios modos: a veces, indica los libros que han de leer los misioneros; otras establece un programa detallado, aconsejando que

“cada día se leyera un capítulo del Nuevo Testamente y si está en casa añadirá un capítulo de Rodríguez y en los sábados y vigilias de nuestra Señora las Glorias de María. Reunidos se ocuparán en el tiempo que les dejarán libres las misiones y ejercicios. Por la mañana sermones y pláticas doctrinales. Por la tarde y noche moral y mística. Teniendo cada día conferencia” [124].

            Sobre la Palabra de Dios, además de lo indicado en los Reglamentos, en las Primeras Constituciones de 1857 la orientación de su lectura se amplía a toda la Biblia y en otra situación: A las doce comerán, leyendo un capítulo de la Bi­blia…”[125]. Las Constituciones de 1871 prescribirán: “Todas las semanas tendrán además algunas lecciones de Sagrada Escritura…”[126].

            2º. En el Plan de Estudios para la Congregación, del que hemos hablado anteriormente, se decía (n. 5) que;

“Irán estudiando y trabajando, aprovechando todo el tiempo libre del año y aun durante los primeros días de la misión, en que hay menos que confesar, podrán estudiar, y por esto llevarán siempre el libro consigo” (…).

            Claret, siempre interesado por la Congregación y la mejor formación de los misioneros, veía con alegría que los superiores también se preocupasen de lo mismo. Le decía al P. Xifré:

“Mucho me alegro que hayáis puesto clases de cánones y que el señor Sors los explique; pero procure que todos los sacerdotes tengan tres cosas: 1- Escritos los sermones, doctrinas y ejercicios; […] 3- El repaso o conferencias de moral” (…)[127].

            En cuanto al estudio de las lenguas, Claret en esta carta a Xifré le decía que todos los sacerdotes:

“sepan francés para confesar a los extranjeros siempre que se presenten al confesionario o enfermos lo pidan, en el día es una necesidad atendida la mucha gente que viaja”.

            En esta misma línea se expresa el P. Clotet cuando dice:

“Nos aconsejaba en particular el estudio de la lengua francesa, la formación de manuscritos para sermones, doctrinales y ejerci­cios, y el constante y no interrumpido repaso de la Teología moral”[128].

            3º. A esta época deben pertenecer unos consejos dados por el P. Fundador a los misioneros de Segovia en 1864 para adelantar en la ciencia y virtud, que fueron copiados por el P. Miguel Aineto. Respecto a la ciencia, dicen así:

“1º. Cada uno procurará tener las armas para pelear: estas armas son las Pláticas, sermones, etc. para misiones y ejercicios.

2º. El Superior dará a los principiantes una plática para copiar, la leerá o hará leer por un inteligente, y si la halla bien la hará aprender y recitar. Lo mismo hará con los sermones hasta que cada uno tenga la provisión necesaria.

3º. Hasta que tengan mucha experiencia y estén muy versados en las misiones, no se los dejen componer, sino copiar las Pláticas, sermones y demás.

4º. Estas pláticas y sermones las recitarán y dirán con toda la formalidad en las conferencias destinadas al efecto, a que tan solamente tendrán que asistir el que las haya de presidir o dirigir y los que no tienen aún todas las pláticas y sermones escritos y recitados.

5º. Todos asistirán a las demás conferencias de moral, ascética, rúbrica, etc.

6º. Cuando los misioneros tengan ya un caudal de pláticas y sermones para misiones y ejercicios escritos, se ocuparán en las cosas a que tengan más inclinación, verbi gratia, teología dogmática, o moral, mística y ascética, cánones, historia, rúbricas, escritura, etc.

7º. Para el estudio de todas estas cosas se valdrán del libro llamado Colegial Instruido, ed 4ª, tomo 1º, pg. 205 hasta la pág. 225.

8º. Todos los misioneros se ocuparán de copiar, estudiar y escribir siempre, no sólo en tiempo que no tienen misiones, sino también durante las misiones en los primeros días en que no hay que confesar, y por esto se llevarán el libro al efecto.

9º. El Superior de vez en cuando pasará por los cuartos, y se enterará de los trabajos que cada uno haya hecho en copiar, estudiar y apuntar.

10. Con una plática o dos ya se podrá salir a misión con tal que los compañeros puedan suplir, hasta que el principiante haga todo su caudal.

11º. Cada plática o sermón llevará su esqueleto, para facilitar su memoria” (…).

VIII. CULTIVAR LA PROPIA VOCACIÓN

         El Padre Fundador insiste y estimula a la fidelidad vocacional en sus cartas y demás escritos[129]. Para Claret, Satanás hará todo lo posible para hacer fracasar cualquier vocación transfigurándose incluso en ángel de luz.

  

        No obstante, a pesar de las tentaciones y dificultades del Maligno, hay que luchar para ser fieles a la vocación. Para ello, se debe valorar la vocación misionera; ser dóciles, humildes, obedientes y fervorosos; vivir con alegría; estar siempre ocupados y rezar a María Santísima[130]. En otras ocasiones, insiste en la necesidad de la vigilancia y de la oración. Como Jesús a sus discípulos, Claret dice a sus misioneros: “Velad y orad para que no faltéis a la vocación”[131]. Vigilancia para no verse sorprendidos por los asedios de Satanás; hay que estar atentos a sus asechanzas.

         Para evitar las deserciones y vencer en las tentaciones aconseja a los misioneros que se lea con mucha frecuencia el tratado 71 de la 30 parte de Rodríguez y que se cumpla lo que allí se dice[132]. Y oración para agradecer la vocación y recibir la gracia de la fidelidad. En este último sentido, el Padre Fundador nos ha dejado una preciosa oración, el “magnificat claretiano”, en la que se alaba a Dios por haber sido llamados a ser Hijos del Inmaculado Corazón de María y en la que se pide a nuestra Madre benditísima que nos ayude a corresponder a la gracia vocacional y a crecer en ella siendo más humildes, más fervorosos y más celosos de la salvación de los hombres[133].

  

         Además de los consejos que Claret da en sus cartas sobre el cuidado de la vocación, propone orientaciones concretas para cultivar la propia vocación a los seminaristas y a todo misionero.

       

    Y a todo aquel que quisiera ser misionero le ofrece un programa de vida apostólica, sacado de su experiencia personal, que le servirá “de grande provecho”. El misionero ha de ser “muy amigo de la oración”; mortificado y austero en comer y beber; desinteresado y “amiguísimo de la pobreza”; ha de combatir “el amor a los placeres, el amor a las riquezas y el amor a los honores”; y ha de imitar “la humildad y mansedumbre de Jesús; la humildad es el fundamento de todas las virtudes […]; la mansedumbre es el escudo que siempre debe tener embrazado el soldado de Jesucristo, quiero decir el misionero”[134].

Roma, 29 de junio de 2003

  



    [1] Ahora nos estamos refiriendo solamente a lo que escribió en relación a la Congrega­ción. Sobre la vocación y la formación sacerdotal, el P. Fundador escribió abundantemente; así, además de la obra en dos tomos antes citada de El colegial o seminarista teórica y prácticamente instruido, cabe recordar, entre otros, Modificaciones de los Estatutos del Seminario tridentino de Cuba, Barcelona 1854, pp. 30; Reglamento para el gobierno y régimen de El Escorial, Madrid 1861, pp. 8; La Vocación de los niños. Cómo se han de educar e instruir, Barcelona 1864, pp. 134.

[2]Muchos de los aspectos que se recogen de una manera unitaria y sintética en este trabajo se encuentran dispersos en otras publicaciones. Entre ellas J. BERMEJO, Textos espiritua­les y formativos de San Antonio Mª Claret: Cuadernos de Formación Claretiana, Prefectura General de Formación, nn. 4A y 4B, Roma 1989, 50 y 35 pp. respectivamen­te. J. Mª PALACIOS, Notas Históricas sobre la Formación en la Congregación, Roma 1997, pp. 17, 21, 34-36. Otras se irán indicando en los apartados correspondientes.

Falta por hacer una exposición más amplia del pensamiento del P. Fundador sobre las vocaciones y la formación en la Congregación.

[3]Son los casos de María, la Palabra de Dios, la formación permanente. El caso de María, como Madre y Formadora nuestra, es muy claro; su influencia materna y formativa en la Congregación no se puede explicar sin una referencia a su experiencia vocacional consignada en la Autobiografía.

    [4] Carta a D. José Caixal, Vic, 5 septiembre 1849: Epistolario Claretiano (EC). I, pp. 316-317; en J. BERMEJO, o.c., 4A, n. 59.

    [5] Carta del 4 de agosto de 1858: EC. I, pp. 1624, 1625-1625; cf. J. BERMEJO, ib., n. 68; cf. también, n. 114.

    [6] Carta a D. José Xifré, Madrid, 30 noviembre 1858: EC. I, pp. 1678-1680; cf. en J. BERMEJO, o.c., 4A, nn. 72, 82, 88, 93.

    [7] Aut. 794. Sobre el tema habla ampliamente en un capítulo que él intitula “Capítulo importante a la Congregación” (cf. cap. X de la continuación, 793-795).

    [8] Cf. J. ÁLVAREZ GÓMEZ, CMF, Misioneros Claretianos: I, Retorno a los orígenes, Madrid 1993, pp. 415-416.

    [9] “Yo soy de parecer que, cuando vean a un joven con disposición, etc, etc., lo admitan, aunque no sea sacerdote, ni ordenado siquiera, con tal de que esté adelantado en la carrera y ofrezca esperanza de perseverar en la Congregación, (…)” (Carta del 4 de agosto de 1858: EC. I, p. 1624).

    [10] Carta del 30 noviembre 1858: EC. I, pp. 1678-1680; cf., también, carta al P. Xifré del 6 marzo 1863: EC. II, pp. 636-637.

    [11] El primer estudiante que ingresó en la Congregación fue Hilario Brossosa. Recién ordenado diácono, fue admitido el 1 de julio de 1858 (cf. Mariano AGUILAR, Historia de la Congregación de Misioneros Hijos del I. Corazón de María, tomo I, Barcelona 1901, p. 100).

    [12] El número 5 de las Constituciones de 1857 decía: Y además (la Congregación) constará de sacerdotes misioneros y hermanos ayudantes.

    [13] Carta a D. José Xifré, Madrid, 6 marzo 1863: EC. II, pp. 636-637; cf. en J. BERMEJO, o.c., 4A, n. 90, 99.

    [14] Carta a D. José Xifré, Aranjuez, 1 mayo 1863: EC. II, pp. 650-651; cf. en J. BERMEJO, Ib., 4A, n. 90.

    [15] Cf. carta del 17 de septiembre de 1867: EC. II, pp. 1198-1200.

    [16] Cf. J. M. LOZANO, Constituciones y textos sobre la Congrega­ción de Misioneros, Barcelona 1972, (CCTT), pp. 633-634. Según el P. Lozano, la escribió en torno al 24 de junio de 1869. En las notas que preparó para el Concilio Vaticano I y en las que tomó durante el mismo hay abundante material sobre las vocaciones, la formación sacerdotal y los seminarios (cf. SAN ANTONIO MARIA CLARET, Escritos autobiográficos, edición preparada por los PP. J. Mª VIÑAS y J. Mª BERMEJO, BAC, 1981, pp. 453-454, 456-461, 478, 480, 482-484, 486, 493-496).

    [17] Ib. p. 633. Sobre la propaganda vocacional: cf. carta a D. José Xifré, Madrid, 8 noviembre 1864: EC. II, p. 828; cf. en J. Mª BERMEJO, o.c., 4A, n. 99.

     [18] Cf. EC. II, p. 509.

     [19] Cf. Arcadio LARRAONA, Los Capítulos de las Constitu­ciones relativos a los estudiantes y al Prefecto: Studia Claretiana, 1 (1963), pp. 8-41 J. M. LOZANO, CCTT, pp. 271-298; J. Mª. VIÑAS, La Formación del Misionero en la Congregación según el Padre Fundador San Antonio M Claret: Cuadernos de Formación Claretiana, 1, Prefectura General de Formación, Roma 1987, 24 pp; J. Mª. VIÑAS, La formación de los novicios misioneros según el Padre Fundador, San Antonio Mª Claret: Cuadernos de Formación Claretiana, 2, Prefectura General de Formación, Roma 1988, 20 pp.

     [20] Carta al P. José Xifré, Madrid, 20 diciembre 1862: EC. II, pp. 576-577).

     [21]Cf. Mariano AGUILAR, Historia de la Congregación de Misioneros Hijos del I. Corazón de María, tomo I, Barcelona 1901, p. 109.

     [22]Proceso Apostólico de Vic, Sesión 55, art. 90.

     [23]Proceso Apostólico de Vic, Sesión 95, art. 90.

    [24] Este Reglamento tuvo tal importancia en la ordenación formativa futura de la Congregación que:

                1º. Pasó a formar parte del texto constitu­cional con algunas variantes. De hecho se incluyó como Apéndice en las Constitu­ciones de 1862 (las mismas de 1857 con las variantes introducidas por el Capítulo General de 1862) y así fue enviado a Roma para su aprobación en los primeros meses de 1863. Más tarde, el Apéndice pasó a formar parte del texto constitucio­nal aprobado por un decenio el 25 de diciembre de 1865. Por último, quedó establemente integrado en el texto de las Constitucio­nes cuando fueron aprobadas definitiva­mente el 11 de febrero de 1870 y luego modificadas en 1924.

                2º. Con él, a través de su inclusión en las Constituciones, se pusieron las bases para la organización de la formación académica y la realización de los estudios que se desarrollaron posteriormen­te en la Congregación (cf. P. SCHWEIGER, circular De studiis in Congregatione impense fovendis, Annales, 45 (1959-1960), pp. 155-156; también, Ordo Studiorum Generalis (O.S.G), Romae 1959, Proemium, pp. X-XII).

    [25] Cf. J. Mª PALACIOS cmf, Notas históricas…, pp. 22-23.

    [26] Cf. Archivo General CMF, AD, 1, 11.

    [27] Cf. Reglamento…, CCTT, nn. 12-14, pp. 281-282.

    [28] Cf. n. 1.

    [29] cf. n. 15.

    [30] Cf. Ib.

    [31] Cf. nn. 16-22.

    [32] En las CC. de 1857 se habla de “año de permanencia” antes de la admisión (n. 44); “concluido el año nadie puede ser despedido sino…” (46). Cf. P. Fundador, Reglamento…, n. 7, 24; y en la nota 4 de este capítulo; CC. 1864, 81-82, 92; 1870, 81-82, 92.

    [33] CC. 1857, 43, 47.

    [34] Cf. ses. de la tarde del 9 de julio: AD, 1, 11.

    [35] CC. 1857, 43.

    [36] “Junta General. Noviciado. Parece que convendría que se hiciese como el de los otros Institutos Religiosos, dedicándose sólo a cosas espirituales”(26, 5, 1868) en Cristóbal FERNÁNDEZ, La Congregación de los Misioneros Hijos del Inmaculado Corazón de María. Noticia e historia general documen­tada de sus primeros sesenta y tres años (1849‑1912), Madrid 1967, vol. I, 780 pp.; cita en p. 242.

    [37] CLARET, Acto de Consagración, advertencia 3, en Lozano: CCTT, p. 308; cf. también CC. 1865, 92; 1870, 92.

    [38] CC. 1857, 44. Cf. también, CC. 1865, 92; 1870, 92.

    [39] CC. 1857, 39; II CAPITULO GENERAL, l862, Acuerdo 31, ses. de la mañana del día 9: AG. CMF, AD, 1, 11).

    [40] Cf. n. 24.

    [41] El texto del P. Fundador sobre los Estudiantes y el Pedagogo tuvo varias versiones (Textos A, B, C, D). Nos referiremos normalmente al texto A (en algunos casos también al B) por ser el que redactó en primer lugar el P. Fundador y, por lo mismo, el más espontáneo y carismático. Lo citaremos por los números de los párrafos. Al formar parte de las Constitu­ciones de 1862 como Apéndice según ya hemos dicho anteriormente, la numeración (entre 166-185) sigue a la del texto constitucio­nal. Los reglamentos de los estudian­tes y del prefecto (pedagogo) forman un sólo cuerpo distribuidos en los capítulos XV y XVI (cf. J. M. Viñas, o.c., 1, pp. 10-11).

    [42] Cf. n. 166.

    [43] “(…) que a la verdad no debe ser otra mira que el hacerse cada día más y más idóneo para promover siempre la mayor glo­ria de Dios y el bien de las almas; por lo mismo en sus oraciones pe­dirán al Señor que les haga idóneos ministros suyos y poderosos en pa­labras, obras y ejemplos” (n. 171).

                “El Pedagogo pensará en la excelencia del destino que se le ha confiado, que es no menos que formar virtuosos, sabios e idóneos mi­sioneros (…)” (n. 181).

                “Sea todo su móvil la gloria de Dios, a quien han de pedir in­cesantemen­te les haga ministros idó­neos de su palabra, para extender su nombre y propagar su Reino por todo el mundo” (n. 28b, texto B).

    [44] CC. 1865, I, 95; 1870, I, 96.

    [45] “(…) Harán con cuidado y fervor sus oraciones, tendrán gran devoción al Santísimo Sacramento, a María Santísima, a San Miguel, a San Luis Gonzaga, etc.” (n. 169).

    [46] “Harán el ofrecimiento de obras. Tendrán media hora de ora­ción mental: en el principio y fin estarán hincados, pero el interme­dio se pondrán de pie, oirán o servirán la Santa Misa y comulgarán en los días que les permita el Director, que a lo menos será una vez cada se­mana” (n. 167).

    [47] “Todos tendrán la Santa Bi­blia, y en ella leerán cada día dos capítulos por la mañana y otros dos por la tarde; y un capítulo de Ro­dríguez cada día, menos el Viernes, que en lugar de Rodríguez leerán de la Pasión de Jesús; y el Sábado, que leerán de María Santísima” (n. 168).

    [48] “Los Estudiantes han de cul­tivar a la vez el entendimien­to y el corazón, en que sembrarán la cien­cia y la virtud: y así como la tierra, por más bien cultivada que esté, si no tiene agua no produce, así sucede con los estudiantes; por lo mismo se han de procurar el agua o riego de la piedad” (n. 169).

    [49] Cf. n. 170.

    [50] Cf. n. 182.

    [51] “(…) la humildad es la primera virtud que han de procurar adquirir los estudiantes,(…)” (n. 171)

                “(…) han de empezar por la humildad de en­tendimiento y voluntad; por lo mis­mo desecharán todo pensamiento de vanagloria, soberbia y orgullo; no se complacerán en las funciones que hagan y salgan bien, ni gustarán que los alaben; al momento lo referirán todo a Dios; pensando que de Dios han recibido el talento y cuanto tie­nen, y a El se le ha de volver todo: de otra manera serían unos ladrones de la gloria de Dios; y merecedores de que el Señor les retirara su gra­cia. Jamás despreciarán ni se preferirán a nadie, por más corto que sea; por lo común los más cortos son más humildes y no pocas veces Dios se sirve de ellos para cosas grandes en su Iglesia. Acuérdense siempre de las palabras de Jesús que les dice: Aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón, y así hallaréis descanso para vuestras almas” (n. 170).

    [52] “(…) la segunda ha de ser la rectitud de la intención que han de tener en los estudios, que a la verdad no debe ser otra mira que el hacerse cada día más y más idóneo para promover siempre la mayor glo­ria de Dios y el bien de las almas; por lo mismo en sus oraciones pe­dirán al Señor que les haga idóneos ministros suyos y poderosos en pa­labras, obras y ejemplos” (n. 171).

    [53] “(…) la tercera virtud de los estudiantes ha de ser la aplicación al estudio, y así se aplicarán con tesón, constancia y per­severan­cia, pero de tal manera ha de ser su aplicación a las ciencias que no les haga olvidar las demás vir­tudes, ni les ha de sofocar ni debilitar la piedad y la devoción” (n. 171; cf. también, n. 182).

    [54] “La aplicación ha de ir acompañada de la obediencia y de la mortifica­ción. Se ejercita la obediencia estudiando bien lo que señale el Preceptor, aunque se sienta alguna repugnancia, y subirá de punto la obediencia y se aumentará su mérito si en el tiempo libre y en las vacaciones se repasan aquellas materias que una vez se aprendieron, para no olvidarlas y entenderlas mejor” (n. 172; cf. también, 173).

    [55] Cf. n. 173.

    [56] Cf. nn. 175b, 173.

    [57] “El Superior cuidará que los estudiantes en los domingos, fiestas y tiempos e vacaciones se ejerciten en enseñar la doctrina cristiana, en escribir o copiar algunas pláticas o sermones, y aun en decirlas, aprendiéndo­las bien antes, ensayándose en las acciones, voz y demás, según las reglas de la oratoria, que han de procurar saber” (Texto A, n. 177).

    [58] “En los meses de vacaciones y en el tiempo libre de entre año repasarán los principios de la lengua castellana, y los catalanes lo de la lengua catalana, a fin de expresarse con toda propiedad en el púlpito. Y además todos aprenderán la lengua francesa, que en el día es una necesidad para poder confesar a los extranjeros” (Texto A, n. 178).

    [59] Cf. n. 172.

    [60] CC. 1865, I, 94; 1870, I, 94.

    [61] Cf. cartas del P. Fundador al P. Xifré del 4 de agosto de 1858 (EC I, p. 1623); y del 30 noviembre 1858 (EC I, p. 1678). Una ampliación de este proceso se puede ver en J. Mª Palacios, Notas Históricas…, pp. 17-33; y PGF Formación, pp. 17-23.

    [62] Cf. 11 de agosto de 1859, AG CMF: CF 11, 22, 9.

    [63] Cf carta del 12 de agosto de 1859: EC II, p 16.

    [64] Cf J. M. LOZANO, CCTT, pp. 609-610. Este documento tiene sobre todo un valor histórico porque es el primer documento formativo que escribió el P. Fundador para la Congrega­ción.

    [65] “Yo me entretenía en escribir unos apuntes relativos a los estudios y no he tenido tiempo. Aquí van cual los tenía al escribir la presente” (cf. carta del 12 de agosto de 1859: EC. II, p. 16).

    [66] Cf. J. M. LOZANO, CCTT, p. 610.

    [67] “Los Estudiantes han de cul­tivar a la vez el entendimien­to y el corazón, en que sembrarán la cien­cia y la virtud: y así como la tierra, por más bien cultivada que esté, si no tiene agua no produce, así sucede con los estudiantes; por lo mismo se han de procurar el agua o riego de la piedad” (n. 169).

    [68] Cf. n. 175a.

    [69] Cf. nn. 173, 175b.

    [70] “Sin embargo, si algún estudiante tie­ne más talento y memoria que le sobre tiempo después de sabidas y entendidas bien sus respectivas lecciones, que lo diga a quien corresponda y se darán las oportunas disposiciones” (n. 172b).

                “(…) Y si alguno es de precoz talento y feliz memoria que sabe y entiende la lección antes que los otros, se le proporcionarán libros y otras clases a fin de apro­vecharle y así se le tendrá útilmente entretenido, (…)” (n. 184).

    [71] “Ejercitarán la mortificación absteniéndose de leer periódicos, no­velas y otros libros que los seña­lados por el Preceptor o Director, aunque traten de las mismas mate­rias que se cursen, acordándose de aquel principio que dice Pluribus intentus minor est ad singula sensus” (172b).

    [72] Cf. n. 172.

[73]Para el P. Fundador el estudio de las lenguas tuvo gran importancia en orden a la misión universal. El mismo las cultivó (cf. J. Mª. PALACIOS, El estudio personal de las lenguas en San Antonio Mª. Claret: Studia Claretiana, IX (1991), pp. 81-107) y las recomendó con frecuencia a los semina­ristas (cf. El colegial o seminarista teórica y prácticamente instruido).

[74]Cf. J. Mª. PALACIOS, El estudio de las lenguas al servicio de la misión, Prefectura General de Formación, Roma 1998, 92 pp.

    [75] Cf. J. M. LOZANO, CCTT, p. 610.

    [76] CLOTET, J., Vida edificante…, Madrid, 2000, p. 267.

    [77] Ib., Texto A, n. 178.

    [78] CC. 1865, I, 102; 1870, I, 102; 1925, I, 129.

[79]Una exposición amplia sobre la Palabra de Dios y su incidencia en la formación en clave claretiana, cf. Misioneros Claretianos, Iniciación en el ministerio de la Palabra, Prefectura General de Formación, Roma 1997, 150 pp.; J. Mª. PALACIOS, Lectura claretiana de la Palabra de Dios, Cuadernos de Formación Claretiana nn. 13ª y 13 B, Prefectura General de Formación, Roma 1994, 42 y 28 pp. respectivamente; J. Mª. PALACIOS, La lectura de las Sagradas Escrituras en Claret: en “Studia Claretiana”, vol. XII (1994) pp. 7-56. En estos escritos se encuentras muchos aspectos de formación de Claret y de formación claretiana que por brevedad no podemos incluir aquí.

    [80]Reglamento, n. 28b (texto B).

    [81]Aut. 113, 120.

    [82]Reglamento, n. 168 (texto A).

    [83]Reglamento, n. 27 (texto B). Este texto se incluyó literal­mente en las Constitu­cio­nes de 1865: “Quotidie lectioni spiritua­li illa Sacrae Scripturae capita adiungent quae a Superiore.fue­rint designata” (Parte I, c. 25, De Scholasticis n. 94).

[84]Cf. PGF 90.

    [85] Cf. Is. 61, 1; Luc, 4, 18; Aut. 118.

    [86] Cf. M.C.H. 58.

    [87] Aut. 687.

    [88] Aut. 489.

[89]En este apartado, para descubrir cómo María, nuestra Madre, es también nuestra Formadora, seguiremos el ejemplo de Claret y el testimonio de su vida expresado en la Autobiografía. Aspectos concretos se pueden consultar en: Gonzalo. FERNÁNDEZ, La Fragua, Cuadernos de Formación Claretiana, Prefectura General de Formación Roma, 2002, pp. 38; J. Mª. PALACIOS, La Formación en la dimensión cordimariana de nuestra espiritualidad, Cuadernos de Formación Claretiana n. 8, Prefectura General de Formación, Roma 1991, pp. 23; J. Mª. VIÑAS, Formados en la Fragua del Espíritu y del Corazón de María, Cuadernos de Formación Claretiana n. 7, Prefectura General de Formación, Roma 1990, pp. 47.

    [90] Cf. PGF. 99.

    [91] Cf. J. CLOTET, Boletín Religioso, 1 (1885), p. 179.

    [92] Cf. Aut 1; 5; 154-164; J. XIFRÉ, Espíritu de la Congregación de Misioneros Hijos del Inmaculado Corazón de María, (E.C), Madrid 1892, int. III; CC 8; 36; 61.

    [93] Cf. Aut 270.

    [94] Cf. 1F 35; SP 21.1. Un momento culminante de esta experien­cia lo tenemos en nuestros hermanos Beatos Mártires de Barbastro. En ellos contemplamos, de manera particular, el paradigma de lo que estamos llamados a ser: hijos del Corazón de María, desde el Magnificat hasta el Calvario. El “seminario mártir” de Barbastro se convierte para nosotros en modelo de comunidad formativa por su fe inquebranta­ble y alegre, por su disponibili­dad plena a la voluntad de Dios, por su oración constante y confiada, por su vivencia de la filiación cordimariana y de la eucaristía, por su ayuda fraterna, por su amor a la Congregación y por su celo apostólico (cf. PGF, 137; A. BOCOS, circular sobre el Testamento misionero de nues­tros Márti­res, TM, Annales, 60 (1991-1992), pp. 465-491).

[95]Aut. 5.

[96] Cf. PGF 124-126; también, J. Mª. VIÑAS, Formados en la Fragua del Espíritu y del Corazón de María. Cuadernos de Formación Claretiana, 7. pp. 13-14.

     [97]Aut 270.

     [98]Aut 342.

[99]Cf. PGF 127.

[100]Sobre el tema de los formadores de la Congregación, cf. J. Mª. PALACIOS, El Formador Claretiano, Prefectura General de Formación, Roma 2003, pp. 110.

    [101] Cf. n. 1.

    [102] Ib. n. 9.

    [103] Ib. n. 1.

    [104] “La primera hacia Dios y la Virgen Santísima, de quienes tiene que ser devotísimo a fin de alcanzar aquellas luces, que para cumplir bien sus deberes necesita” (n. 2).

    [105] “La segunda hacia el Superior a quien ha de ser fidelísi­mo, obrando siempre con su dependencia, y no autorizando nunca cosa alguna contraria a sus disposiciones o a su voluntad expresa o presunta” (n. 3).

                “Si observare a alguno sin vocación o de malas costumbres, sobre lo cual vigilará muchísimo, hágale las reflexiones oportunas, y manifiéstelo al Superior sin pérdida de tiempo. Así mismo le dará también conocimiento con frecuencia del talento, salud y demás cualidades de cada uno; para lo que tendrá de todos ellos formada una lista” (n. 8).

    [106] “La tercera hacia sus encargados, para los cuales ha de ser Padre, mirando mucho por su salud del alma y cuerpo: Maestro, enseñándoles las virtudes con las palabras y el ejemplo: Médico, in­dagando sus dolencias, y prescribiendo los remedios conformes a las enfermedades y temperamentos de cada uno” (n.4).

    [107] “Para el alma: Les hará con espíritu las conferencias ascéticas dirigidas a su aprovechamiento, y se informará de si hacen todos y con puntualidad la meditación, la lectura espiri­tual, las visitas al Smo. y los exámenes. En las recreaciones estará siempre con ellos, les infundirá el desprendimiento de su patria, de sus padres y parientes, el espíritu de la mortificación y la abnegación de sí mismos: nunca permitirá que vayan solos a la portería; ni que tengan amistades particulares: y así para evitarlas, vi­gi­lará mucho, será muy exacto en el silencio, y no disimulará el que alguno entre en el cuarto de otro; disponiendo además que todos los días cambien de compañero en los recreos” (n. 6; cf. también, n. 7).

    [108] “Los que están en el año de prueba le han de merecer mucha atención por motivo de las especiales tentaciones que padecen: escúchelos por tanto con paciencia, aunque sean pueriles o pesados; anímelos y confórtelos, dándoles consejos saludables y prudentes. Cuando vea alguno triste o ensimismado, llámelo al instante, examine la causa, y aplíquele el remedio conveniente” (n. 7; cf. también, 8).

    [109] “Para el cuerpo: Mirará si tienen lo necesario así en el vestido como en la comida; si alguno trabaja demasiado, si en el estudio está con mala posición física, si lo hace en horas prohibidas: si alguno se da a la ociosidad o se deja llevar de la pereza, en fin si sin permiso del Superior se hacen mortificaciones no autorizadas por las Constituciones. Procu­rarà así mismo que nadie falte a los recreos, que para la salud se ordenaren” (n. 5).

    [110] Cf. n. 5.

    [111] “(…) mas como esta carga es pesada, podrá tener un auxiliar con el nombre de Ayudante” (n. 9).

    [112] “Este será elegido del mismo modo, y deberá tener el mismo espíritu y las mismas cualidades que el Maestro” (n. 10).

                “Sus deberes consisten en sustituir a este, y hacer en su ausencia o defecto cuanto para él mismo se ha dicho; dándole después exacta cuenta de todo lo ocurrido y practicando, y teniendo presente, que, así como si se cumple, el mérito de uno de otro será grande así también sería grave la responsabilidad si se faltare” (n. 11).

    [113] “El Pedagogo será elegido por el Superior local, por el tiempo que estime conveniente, que ha de procurar que siempre sea uno de los más observantes y virtuosos de la Congregación” (n. 179).

                “El Pedagogo de los estudian­tes del Inmaculado Corazón de Ma­ría ha de ser manso, amable, al paso que modesto y grave; nunca se ha de enfadar con ellos, ni les ha de decir palabras imperio­sas, ni motes (…)” (n. 187).

    [114] “Tres cosas ha de cuidar pro­mover en los estudiantes, a saber: La piedad, las virtudes y las ciencias, y todas a la vez. La piedad, cui­dará el Pedagogo que ninguno de los estudiantes falte a los ejercicios espirituales y prácticos de devoción, procurará que todos lo hagan y lo hagan bien, y por esto les enseñará el modo de hacer la oración mental, como han de oír la santa Misa y cómo han de recibir los santos Sa­cramentos de penitencia y comunión, no por costumbre ni porque se man­da, sino con amor, fervor y devoción, sacando cada vez más gra­cias de dichos Sacramentos. Cuidando siempre que se guarde un santo equilibrio, pues que a veces hay es­tudiantes que por el estudio aban­donan los Sacramentos y oraciones, o lo hacen mal, con disgusto y como por fuerza; y otros que por el que de tal manera se entregan a la fre­cuencia de sacramentos, oraciones y lecturas piadosas, que no cumplen con el estudio, a estos últimos se les ha de hacer entender que deben cercenar algo de sus devociones a fin de que puedan cumplir bien con sus obligaciones, y que con ellas agra­darán a Dios” (n. 182).

                “El Pedagogo ha de cuidar que los estudiantes además de la devoción ejerciten las virtudes, singularmente la humildad, la modestia, la mortifi­cación de los sentidos, de las pasio­nes y singularmente de la voluntad (…)” (n. 183).

    [115] “El Pedagogo cuidará que los estudiantes no pierdan misera­ble­mente el tiempo, sino que lo apro­vechen bien (…) La experiencia ha enseñado que los estudiantes, aunque grandes y adelantados en la carrera, aprovechan más si en las horas de estudio se reúnen todos en un cuarto o pieza común, vigilados por el Pedagogo, sin permitir que nadie se mueva has­ta terminado el plazo o tiempo se­ñalado para el estudio (…) ya que no puede salir de la pieza común hasta terminado el tiempo marcado para el estudio” (n. 184).

                Cf. también lo dicho más arriba sobre los estudios complementarios.

    [116] “No conviene cargar cada día a los estudiantes de una grande lec­ción en materias difíciles, porque les abruma y cansa mucho; mejor es dar­les una lección regular, dejándoles lugar para tener otra clase de ma­terias fáciles y agradables, como len­guas, ciencias naturales, etc.; así es­tudian con gusto, se cansan menos y aun la misma variación es des­canso, y aprovechan muchísimo” (n. 185).

    [117] “Algunos estudiantes se malo­gran por tres causas: 1) Por leer, estudiar o escribir después inmedia­tamente de haber comido o cenado. 2) Por tener el cuerpo muy inclina­do sobre el pecho mientras estudian o escriben. 3) Por estar mucho tiem­po de rodillas. El Pedagogo debe vi­gilar mucho para que el enemigo común no le coja alguno de los estudiantes, que siempre busca los mejores, y así es como los inutiliza y a veces les quita la vida con estas imprudencias” (n. 186).

    [118] “El Pedagogo pensará en la excelencia del destino que se le ha confiado, que es no menos que formar virtuosos, sabios idóneos mi­sioneros (Oh, qué premio tan grande se le espera en el cielo si cumple bien! Si el enseñar ignorantes es tan meritorio ¿qué tal será el méri­to que contraerá el Pedagogo que enseñará a los estudiantes de la Con­gregación para que sean buenos para sí e idóneos para salvar las almas de los prójimos?” (n. 181).

    [119] “El Pedagogo (…) para adquirir éstas y demás virtudes mucho les servirá la lectura de Ro­dríguez, de Escarameli y otros, y las pláticas que se les han de hacer” (n. 183).

    [120] “(…) Cuando alguno haga una falta o no sepa la lección por falta de aplicación u otra causa culpable, el Pedagogo le amonestará, y si es menester se le aplicará la penitencia que el Superior tenga por conveniente” (n. 187).

    [121] “Entre el Superior y el Peda­gogo ha de haber siempre la mayor armonía posible, de modo que el Su­perior pueda hacer toda confianza del Pedagogo y éste sin reserva alguna dirá al Superior todo lo bueno y lo malo de los estudiantes, y con el mismo Superior consultará sobre los medios que juzga prudentes se de­berían poner por obra para quitar algún defecto, adquirir alguna virtud, o adelantar en la piedad y en las ciencias; pero nada alterará sin con­sultar primero (n. 180).

                “El Pedagogo y el Superior juntamente formarán un plan o distribución del tiempo según las clases y ocupaciones de los estudian­tes” (n. 184).

[122]J. Mª BERMEJO, La formación permanente en San Antonio María Claret, Cuardernos de Formación Claretiana, Prefectura General de Formación, Roma 1888, 27 pp.

[123]CCTT, p. 582.

    [124]LOZANO, CCTT, 106-108, n.6.

    [125]CMF: Constituciones, Barcelona 1857, Reglamento para el tiempo de misión, cap. XII, n. 117.

    [126]CMF: Constituciones, Barcelona 1871, n. 51.

    [127]Carta del 3 de mayo de 1861, posdata, EC II, pp. 280-281.

    [128] Jaime CLOTET, Vida edifican­te…, Madrid 2000, p. 267.

[129]Sobre el tema cf. el Cap. VIII del Directorio Vocacional Claretiano, Roma 2000. También la separata de este Cap. VIII, Cultivar la propia vocación, Roma 2002, pp. 31.

     [130] Cf. Cartas al P. Domingo Ramonet (Aranjuez, 20 de abril de 1861): EC II, 270-271; (Madrid, 26 junio 1861): EC II, 316-317; Cf. J. Mª BERMEJO, o.c., 4A, nn. 80 y 82 respectivamente y nn. 90, 97.

     [131] CLARET, Carta al P. Ramón Homs (París, 2 enero 1869): EC II, 1338; en J. Mª. BERMEJO, o.c., 4A, n. 110.

     [132] Cf. Carta al P. José Xifré (Madrid, 6 marzo 1863): EC II, 635-637; en J. Mª. BERMEJO, o.c., 4A, n. 91. La referencia a Rodríguez trata de la apertura de la conciencia al superior o al padre espiritual (director espiritual) como medio eficacísimo de vencer las tentaciones.

[133]Cf. Aut 492-493.

     [134] Cf. CLARET, CMT, en EE, p. 350; en esta misma línea, cf. también la carta al P. Juan Nepomuceno Lobo (Madrid, 4 mayo 1859): EC I, 1759-1760.

Cuaderno 23: María, Madre y Formadora

Cuadernos de la formación-23

 

MARÍA, MADRE Y FORMADORA

 Presencia y acción del Corazón de María en la formación claretiana

 

          La dimensión cordimariana es esencial a nuestra vocación misione­ra. La presencia de María en el Fundador y en la Congrega­ción es una experiencia carismática peculiar[1]. Dentro del misterio de la Iglesia, de la que Ella es Madre, María es para los claretianos:

 

          * La Fundadora de la Congregación[2]. María funda una Congrega­ción misionera y apostólica al servicio de la Iglesia.

          * Nuestra Madre. Nos llamamos y somos hijos de su Corazón Inmaculado. En nuestra espiritualidad, María actúa como madre y nosotros nos relacionamos con ella como hijos[3].

          * Nuestra formadora. Con su acción maternal forma en nosotros verdaderos y auténti­cos misioneros y apóstoles, tal como Ella engendró a Jesús y lo formó como misionero del Padre y tal como formó a Claret, misionero apostólico.

 

          Estos rasgos carismáticos, heredados de nuestro P. Fundador y vividos por la Congregación, se han ido trasmitiendo fielmente a las nuevas genera­cio­nes, particularmente a través del proceso formativo[4]. Los formandos han de amar y reveren­ciar a María, según los rasgos de nuestro carisma y han de establecer con Ella unas relaciones de filial confianza. En esta línea se mueve de una manera constante el magisterio de la Congregación desde el principio.

 

 

                      I. EN LA TRADICIÓN CONGREGACIONAL

                             HASTA EL CONCILIO VATICANO II

 

 

          1. María en la formación de los postulantes

 

          1.1. Como punto de partida hay que hacer notar que los Reglamento para los Colegios de Postulan­tes son siempre instru­mentos pedagógicos para formar futuros miembros del Instituto de Misioneros Hijos del Inmaculado Corazón de María. A este fin van todos dirigidas todas las orientaciones pedagógica. Por lo mismo, el Corazón de María está siempre presente de una manera directa o indirecta en el proceso formativos.

 

          1.2. En el Reglamento para los Colegios de Postulan­tes, que redactó el P. Xifré en 1894[5], se pide a los formadores que concentren sus esfuerzos para que los postulantes alcancen el objetivo formativo de esta etapa; o sea que:

 

“éstos consigan el conveniente desarrollo corporal, y se instruyan en todos los conocimientos que la Congregación para aquella edad tiene establecido, y sobre todo para que se les eduque y forme su corazón en el espíritu de piedad, de celo y abnegación que corresponde a la carrera de Misionero, a la cual han sido llamados[6].

 

          En esta línea, además de la formación física, moral e intelectual, los postulantes han de adquirir el espíritu de piedad y recogimiento a través de unos medios comunes de oración (señalados en el “Directorio” claretiano) y de otros particulares (las tradicio­nales “devociones particulares”). La piedad, en línea con la tradición de la Congregación, cultivará especialmen­te el amor a la eucaristía, al Corazón de María (a la que se le llama “nuestra Madre”) y a los Santos con medios típicamente claretianos (Misa, visitas al Santísimo, Rosario, novenas, etc…). Los postulantes, en su oración, deberán rogar por los superiores de la Congregación, por los compañeros de Colegio y por el aumento de las vocaciones.

 

          El mismo Prefecto para desempeñar adecuadamente sus funciones, si quiere “formar bien” el corazón de los postulan­tes[7], además de cumplir con fidelidad el reglamento, debe orar mucho, particularmente al Corazón de María[8].

 

          1.3. Los postulantes, según el Espejo del Postulante[9], han de ser conscien­tes desde el principio que se forman para ser misioneros en la Congregación de Misioneros Hijos del Inmaculado Corazón de María. Por lo mismo, ha de formarse conforme el espíritu y las prácticas de la Congrega­ción[10].

 

          En consecuencia han de ser, ante todo y sobre todo, “verdade­ra y sólidamente piadosos”, con una piedad cimentada “en el santo amor y temor de Dios” y con una especial referencia al Corazón de María a la que se dirigirán como Madre. Han de ser devotos preferentemente con los santos cuya devoción ha cultivado tradicionalmente la Congregación y se han de iniciar en la devoción al Ven. P. Fundador[11].

 

          1.4. El Postulantado, dice el P. Nicolás García, es una etapa de discerni­mien­to vocacional con varios momentos sucesi­vos[12]. Des­de el punto de vista del discernimiento vocacional, en el Postulantado se ha de continuar el proceso iniciado al momento del ingreso. Se han de ir clarifican­do más y más los signos vocaciona­les de origen personal y familiar en orden a la continuidad o abandono del postulan­te[13].

 

          Sin embargo, lo más importante es ir fundamentado sólidamen­te a los futuros misioneros para que puedan afrontar las dificulta­des del futuro. Entre los fundamentos vocacionales, señala el amor a la Virgen María:

 

“En el Postulantado deben ponerse las bases o fundamentos generales, que son el temor de Dios, la piedad, sobre todo hacia la Virgen María, la disciplina o respeto y la labo­rio­sidad[14].

 

          La formación espiritual ha de estar basada en el santo temor de Dios, el cual ha de ser filial y no servil. El temor de Dios, unido al amor y a la devoción a María, es un punto de partida para que el postulante se convierta totalmente a la nueva vida, rompa con el pecado y busque la perfección y la fidelidad en todo[15].

 

          La piedad ha de ser cultivada como condición necesaria al postulan­tes para perseverar en la virtud, particularmente en la virtud de la castidad. Ha de ir formándose en una sólida piedad para con Dios, el Corazón de María, el P. Fundador y los santos compatro­nos de la Congrega­ción; una piedad que se manifieste en la vida sacramental y, también, en el respeto a todos los Superiores[16].

 

          2. María en la formación de los novicios

 

          2.1. En las Prácticas Espirituales, el objetivo del Noviciado es que el novicio llegue a encarnar la definición del Misionero Claretiano, como Hijo del Inmaculado Corazón de María. Por eso se pone la definición al principio de la obra para que el novicio, fijando sus ojos en ella, vea el término a que camina y el fin que en su año de prueba se ha proponer. Por lo mismo la ha de leer y meditar para asimilarla y tenerla siempre presente cuando ejecute todas las demás prácticas del Noviciado[17]. De esta manera, la definición del Misionero, Hijo del Inmaculado Corazón de María, debe como “informar” todo el proceso formativo de los novicios.

 

          2.2. Las orientaciones pedagógicas del Novicio Instruido intentan ayudar a conseguir el objetivo del Noviciado, de tal manera que cuantos hagan uso de ellas,

 

“se formen en el verdadero espíritu de la Congregación como Hijos legítimos del Corazón de María y sean después infatigables Apóstoles y gloriosos heraldos de la divina gloria”[18].

 

          El amor y la caridad apostólica, virtud esencial que ha motivar el desarrollo de la vocación claretiana ya desde el comienzo de la formación, se ha extender, también, al Corazón de María. El novicio ha de vivir un amor filial con relación a María y ha de cultivarlo con intensidad[19]. Este tipo de relación con María se funda en que Ella es, de un modo especial, nuestra Madre[20] y quien no lo posea puede ser signo de no tener vocación para la Congregación[21].

 

          2.3. )Cómo formarse en este amor filial?[22]. Son varias los aspectos que se han de considerar.

 

          11. En primer lugar, hay que tener en cuenta un punto de referencia obligado: el ejemplo del P. Fundador, el cual ha de ser guía y maestro para todos los misioneros, también en esta dimensión de nuestra espiritualidad apostólica[23].

 

          21. En segundo lugar, se han de fomentar algunas actitudes y comportamientos como los siguientes: suscitar un amor tierno hacia Ella, evitando ofenderla y ofreciéndole en todo momento el hacer y el sufrir de la vida cotidiana; instruirse sobre la devoción a María; tenerla presente, como estímulo, motivación y modelo, en el ejercicio de las virtudes; hablar y conversar con Ella, de Ella y sobre Ella; visitarla en las iglesias, capillas y santuarios; tener actos de culto y piedad mariana, etc…[24]. Por último, la perspectiva del amor a María y de nuestra relación con Ella, además de ser profundamente filial, ha de orientarse hacia al objeto de su Corazón Inmaculado[25].

 

          31. Y, en tercer lugar, como prácticas concretas que distin­guen este especialí­simo amor filial al Corazón de María y la particular devoción a Ella, se subrayan las siguientes:

 

          * Una práctica globalizante la constituyen las referencias constantes a María en todas las cosas y situaciones que vive el novicio[26].

          * La ejercicio del examen particular sobre la devoción a María recorriendo siete textos marianos de los evangelios de S. Lucas y de S. Juan[27].

          * El rezo del Oficio Parvo para identificarse más con los misterios María y para rogar por las vocaciones[28].

          * El rezo diario del santo Rosario como una consolidada tradición congregacional[29] y el cultivo de otras devociones propias de la Congregación (oraciones, jaculatorias, novenas y triduos, etc…)[30].

          * El Escapulario del Corazón de María, llevado con filial afecto[31].

          * Y, por último, la consagración a su Corazón Inmaculado en el acto de la profesión religiosa como culminación del Novicia­do[32].

 

          3. María en la formación de los Misioneros profesos

 

          3.1. Todas las enseñanzas y orientaciones formativas del magisterio de los superiores resaltan sin cesar la condición filial de los formandos respecto al Corazón María[33]:

 

          * el sujeto de la formación es verdaderamente un Hijo del Inmaculado Corazón de María,

          * el perfil y la impronta que han de plasmar en el proceso de formación son los propios de un Hijos del Inmaculado Corazón de María,

          * la comunidad formativa en la que han de vivir y formarse es la comunidad de los Hijos del Inmaculado Corazón de María,

          * y la misión a la que han sido llamados y para la que se han de formar es la propia de Hijo del Inmaculado Corazón de María.

 

          3.2. Los que formamos la Congregación, dice el P. Xifré, somos “hijos predilectos de María” y somos dichosos “si con nuestro proceder nos hacemos dignos de tanta honra”. Por eso, en las vicisitudes de la vida misionera, hemos de acudir constante­mente al “Corazón de quien somos hijos” para encontrar refugio, ayuda y consuelo. Hemos de acudir:

 

“[…] a aquel Corazón Purísimo, Santísimo, Amabilísimo, Generosísimo y siempre pronto a compadecer y socorrer a los que, portándose como verdaderos hijos, le invocan con fervor y confianza”[34].

 

          Su móvil al escribir el Espíritu de la Congregación, con orientaciones de vida, apostolado y formación para los Padres, Hermanos, Estudiantes y Postulantes, fue infundir y trasmitir el “espíritu de un Hijo del Corazón de María” para que los misione­ros fuesen “dignos de vuestro honroso título y ministros idóneos de la Divina Palabra”[35]. Todo lo que dice está en función de nuestra espiritualidad misionera de Hijos del Corazón de María ya desde el tiempo de la formación.

 

          3.3. María, como Madre y Formadora, tiene un puesto decisivo en la formación de los nuestros, nos recuerda el P. Alsina. La formación es una manifestación de su acción maternal.

 

          Con su presencia y ayuda, acompaña a los responsables de la formación (superiores, prefectos, profesores y confesores) y bendice todos los esfuerzos de la Congregación en el orden formativo[36].

 

          Ella es, también, una referencia obligada para formar a Cristo en los formandos. La formación sólida, que ha de estar fundamen­tada en Cristo y en la imitación de su vida y de sus obras, se ha conseguir a través de María, nuestra Madre. El Misionero tomará a María como “base y ejemplar de su formación espiritual”, para plasmar en sí con “más suavidad y eficacia” la imagen y la vida misma de Jesús, hasta llegar a una identifica­ción plena con El[37].

 

          El don de la vocación lo han de agradecer a través de María y a Ella hay que pedirle diariamente la perseverancia[38]. Si tienen sus ojos y sus corazones puestos en Ella, María no permitirá que los misioneros, “buenos, fervoroso y edificantes, mientras estuvieron en los Noviciados y Colegios”, pierdan la vocación al contacto con el mundo[39]. Antes las crisis y descon­tentos que puedan brotar en la vida misionera y congregacional, María será siempre el remedio para superarlas[40].

 

          3.4. Al pedir en nuestra oración una formación de calidad, nos sugiere el P. Nicolás, hemos de poner a María, Madre del sacerdote, del religioso y del misionero, como mediadora para que forme a sus hijos en su corazón:

 

“Ella, que formó en su seno y nutrió hasta hacerle varón perfecto a su Hijo benditísimo, forme en su seno al Misionero, en su Corazón Inmaculado, y les nutra con las gracias divinas hasta su completo desarrollo, según la plenitud de la edad de Jesucristo, y le conserve bajo su maternal protección. Ella que es la Madre de la perseveran­cia”[41].

 

          De esta formación se deriva tal unidad entre el misionero y María que, por ser su hijo, es imagen del Corazón de María, su Madre. Ella invade toda la personalidad del misionero[42]. Sin Jesús y María no se puede realizar el ideal del Hijo del Corazón de María, la definición del misionero, propuesto por el P. Fundador. Y para ello es necesario que el misionero establezca una relaciones por las que los Corazones de Jesús y de María vivan en cada uno de los hijos del Corazón de María por una comunicación constante y efusiva de afectos, obsequios, de gracias y favores[43].

 

          De esta manera todos los misioneros, como comunidad, se han de sentir hijos de la misma Madre y hermanos en María. Es tal la identificación de la Congregación con María, su Madre, que el corazón de la Congregación es el Corazón de María. La comunidad congregacional, movida por el Corazón de la Madre, vivirá la fraternidad con “espíritu corporativo” y solidaridad, superando los egoísmos e individualismo, y se lanzará a la misión universal “con un sólo corazón, un sólo pensamiento y una sola alma[44]. Orará “con un mismo corazón, con un mismo espíritu” a Dios, por medio de María, por el fruto de la misión apostólica[45], para adquirir el espíritu apostólico[46] y para sentirse segura bajo su manto maternal[47].

 

 

                      II. EN LA TRADICIÓN CONGREGACIONAL

                        DESPUÉS DEL CONCILIO VATICANO II

 

 

          1. La Congregación, desde el momento de su fundación, fue viviendo la devoción al Corazón de María, como espiritualidad filial y como medio de apostolado, de una manera creciente[48]. Acabamos de ver sus aspectos formativos.

 

          Como ocurrió en la Iglesia durante el Concilio y después de él, también en la Congregación entró la crisis general sobre la devoción a la Virgen María[49]. Crisis que afectó grande­mente al campo de la formación[50]. Sin embargo, fue una crisis, no de muerte, sino de renova­ción[51].

 

          2. Los Capítulos Generales del posconcilio, llamados de renovación, han esclarecido, enriquecido y profundizado a la luz del Concilio nuestro patrimonio cordimariano y con ello la formación en esta dimensión.

 

          El ser Hijos del Corazón de María pertenece al carisma de la Congregación. La dimensión cordimariana es una nota propia de nuestra espiritualidad apostólica. La vivencia intensa de la filiación cordimariana fue característica del P. Fundador que se reconocía Hijo de la Virgen, “formado por Ella en la fragua de su amor”. Y bendecía al Señor, en nombre de la Congregación, por haberse dignado “escoger a vuestros humildes siervos” para Hijos del Inmaculado Corazón de María. Como para Claret, también para la Congrega­ción María es nuestra madre, formadora y directora para la obra de evangeli­zación[52].

 

          Los jóvenes misioneros se han de formar en la dimensión cordimariana según las líneas de renovación propuestas por la Congregación. De una manera global, en María han de inspirar la síntesis vital de la propia vocación. Para ello han de conocer y vivir en profundidad nuestra filiación cordimariana viviendo en comunión con María. Han de poner bajo su acción maternal el proceso de su conformación y configu­ración con Cristo, Evangelio de Dios. Bajo su acción maternal aprenderán a acoger la Palabra de Dios, a hacerla compromi­so de vida y a comunicarla con presteza y generosidad; en el Corazón de María, como fragua ardiente, se forjarán para ser heraldos de su Palabra. Bajo su amparo crecerán en fraternidad y fortale­za de espíritu para superar las dificultades del ministerio. Mirando a María entenderán al hombre, a sus anhelos y necesida­des. Tanto los superiores como los formadores han de favorecer un ambiente cordima­riano en el que se desarrolle nuestra espiritua­lidad misionera y el verdadero celo apostólico. Todo ello, y como fin último, para prepararse mejor a ser apóstoles, instrumentos de su acción maternal, difusores del Reino y testigos de la Resurrec­ción[53].

 

          3. Una paso muy importante en la renovación de nuestra espiri­tualidad cordimariana fue la circular sobre el Corazón de María del P. Leghisa. Fue escrita para ayudar a la Congregación a salir de la crisis general e impulsar a la Congregación a una mayor fidelidad a la dimensión cordimariana de nuestra voca­ción[54].

 

          Siguiendo la línea marcada por Capítulo General del 67 reafirma que nuestra espiritualidad cordimariana hay que entenderla como una dimensión totalizante del carisma claretiano. El Corazón de María hay que comprenderlo más como dinamismo de interiori­dad y caridad apostólica, que como símbolo externo. Y en consonancia con el P. Fundador, el Corazón de María aparece sobre todo como Madre y Formadora[55].

 

          El misterio de María, no es un fin extrínseco de culto ni un elemento paralelo entre tantos elementos vocacio­nales, es una dimensión de nuestro carisma que ha de estar integrada de una manera personal en la vivencia del don vocacio­nal. El misterio de María ha de fundirse en la unidad vital de la vocación como lo experimentó Claret y lo vivieron mucho hermanos nues­tros[56]. Esta unidad la expresa­mos en la consagra­ción que hacemos en la profesión religiosa. En ella aceptamos la materni­dad espiritual de María, a través de la cual el Espíritu nos configura a imagen del Hijo Misionero del Padre[57].

 

          Desde esta visión y comprensión, y a nivel de formación, en cuanto Hijos de María, Ella nos conforma interiormente con su persona y con su vida -conformación que nos lleva a configurarnos con Jesús, su Hijo- estableciendo una relación real y auténtica de filiación; y en cuanto misioneros evangelizadores, María actúa en nuestra formación apostólica de una manera directa y eficaz. La presencia materna de María, en esta perspectiva, hay que destacarla ya desde la pastoral vocacio­nal[58]. La vivencia de la “filia­ción apostólica” respecto a María, Madre de la divina gracia y Virgen fiel, debe ser más profunda y explícita; ello sería una ayuda para perseve­rar en la voca­ción[59]. Los jóvenes misioneros se han de preparar adecuada­men­te en los modos de formar al pueblo en la verdadera piedad mariana y de organizar el apostola­do[60].

 

          4. El P. Gustavo Alonso, siguiendo las orientaciones del Capítulo General de 1985, invitó a toda la Congrega­ción a una comunicación de fe sobre la experiencia de nuestra espiritua­lidad mariana. Para ello encomendó al Secreta­riado del Corazón de María el modo de realizarla. El instru­mento utilizado para esta comunicación ‑que se quería fuera preparada en momentos de oración y reflexión comunitaria‑ fue un simple sondeo, muy abierto, en que pregunta­ba que cada uno narrase la propia experiencia de espiritualidad mariana y sugiriese vías para renovamos nosotros mismos y nuestra acción misionera en el sentido de esta espiritualidad[61].

 

          A la invitación del P. Gustavo respondieron aproximada­mente un 30% de miembros de la Congregación. Una comisión interdisci­plinar analizó las respuestas. Además de los datos estadísticos, se analiza­ron los contenidos, se hicieron algunos estudios y se sacaron algunas conclusio­nes[62].

 

          Del sondeo se deducen varias convergencias muy claras, algunas de la cuales hacen referencia a la formación. Entre ellas que la espiri­tualidad mariana es en la Congregación una experien­cia de vida, que se vive en conexión con la experien­cia carismá­tica del Fundador y que, para muchos claretianos, María ha tenido una presencia eficaz en su itinerario vocacional[63].

 

          En su circular, Claretianos en Formación, el P. Gustavo, después de referirse a Jesús, recuerda que al hablar de nuestra formación

 

“es imposible dejar de registrar una componente relacional que marca íntimamente la personalidad del misionero de la Congrega­ción. Me refiero a nuestra relación con María, que queda caracterizada en nuestro título de Hijos de su Corazón Inmacula­do”[64].

 

          Citando al P. Fundador, “formado por Vos misma en la fragua de vuestra miseri­cor­dia y amor”[65], recuerda al misione­ro que no sólo tiene que aprender de María en general, sino que ha de conside­rarla como “formado­ra de apósto­les” y ha de aprender de Ella las actitudes típicamente misioneras[66]. Desde Jesús, Hijo enviado, toda forma­ción de misioneros está confiada a María. Al Claretiano no le basta con ser “devoto” de María; tiene que desarrollar una espiritualidad mariana, que es profundamente apostólica. Con María recorre el propio itinerario de creci­miento y de identifi­cación con Cristo[67].

 

          5. El P. Aquilino Bocos, en la circular -que ya hemos citado- sobre los Mártires de Barbastro, Testamento misionero de nues­tros Márti­res, puso de relieve la acción formativa de María en la vida y martirio de nuestros hermanos. Ellos son para nosotros el modelo de lo que debe ser un hijos del Corazón de María, desde el Magnificat (descubrimiento y reconoci­miento del don de la vocación) hasta el Calvario (oblación total y definiti­va hasta la muerte)[68].

 

          Ellos pusieron de manifiesto que el martirio pertenece a la espiritualidad de un Hijo del Corazón de María como herencia carismática. Es la espiritualidad martirial que nuestro Padre Fundador plasmó en *definición del Misionero+ o *memorial del Hijo del Corazón de María+ y que ha configurado a los grandes hombres de la Congregación comenzando con el Padre Crusats, nuestro protomártir, – el cual hacía examen particular sobre él y lo convirtió en su proyecto de vida personal – y siguiendo con los formadores de la Congrega­ción, ya desde el Padre Pablo Vallier, que lo propusieron como imagen paradig­má­tica a los misioneros formandos[69].

 

          Nuestros Mártires, modelados en la fragua del Corazón de María por la acción del Espíritu para el anuncio del Evange­lio[70], sintieron la presencia de María en su marti­rio. Presente, como Madre y Maestra de misioneros, a lo largo de su itinerario formativo, estuvo omnipresente en el momento crucial de su vocación, el martirio[71]. María, la nueva Eva y la Mujer victo­rio­sa sobre el Maligno, les sostuvo en la prueba, alentó su fidelidad hasta el final y les introdujo en el misterio de la muerte de Jesús[72].

 

 

              III. MARÍA EN EL PLAN GENERAL DE FORMACIÓN

 

 

          En el PGF se recogen las enseñanzas del P. Fundador y de la tradición congregacional, y se ofrecen a la Congregación en clave formativa[73].

 

          1. Principios formativos

 

          1.1. El objetivo fundamental del proceso formativo consiste en seguir a Jesucristo misionero hasta configurarnos con Él según el carisma claretiano[74]. En este proceso, María, Madre de Jesús y de la Iglesia, formadora de los apóstoles, desempeña una misión esencial. Por eso nos entregamos a Ella para ser configurados con el misterio de Cristo, imitar su respuesta fiel como seguidora y cooperar con su oficio maternal en la misión apostólico.

 

          1.2. Nuestra experiencia de vida apostólica sólo es posible por la acción del Espíritu[75]. Él es el que unge a Jesús, el que impulsa a los apóstoles a testimoniar su resu­rrección por todo el mundo y anima a algunos a llevar su mismo género de vida. Es Él quien ha suscitado nuestra Congrega­ción como don para la Iglesia, otorga a cada uno de nosotros el don del seguimiento de Cristo en comunidad apostólica, nos unge para evangelizar dándonos el gozo y el celo misionero, nos reúne en comunidad fraterna y nos conce­de diversidad de dones para una misión común.

 

          A la obra del Espíritu está asociada la Virgen María, la primera consagrada a la causa de su Hijo. Su presen­cia en la formación de los llamados al seguimiento de Cristo es determinan­te[76]. Para nosotros, que nos llamamos y somos Hijos de su Corazón Inmaculado, la acción de María cobra un relieve particu­lar. Esta filiación no es solamente un título, sino una dimensión existencial de nuestra vida misionera. Es un don del Espíritu Santo para ser vivido y experimentado, que configura nuestro ser interior y lo dinamiza en orden a la misión apostóli­ca.

 

          1.3. Hemos sido llamados a evangelizar desde el ministerio de la Palabra. María ha vivido en plenitud este misterio[77]. Bajo su acción materna aprendemos a acoger la Palabra, a darle cuerpo de compromiso en la vida y a comunicarla con la misma presteza y generosidad con que ella lo hiciera. La escucha, el cumpli­mien­to, la comunicación fraterna y el anuncio, tanto personales como comunitarios, son momentos básicos de la dinámica de la Palabra que tienen que estar presentes en todas las etapas de la formación.

 

          1.4. Nuestro servicio misionero de la Palabra es una vocación profética[78]. Dadas las condiciones conflic­ti­vas en las que vivimos esta vocación profética, debemos preparar­nos para vivirla con el atrevimiento y la confianza de los mártires. Somos conscientes de que transmitir un mensaje de anuncio y de denuncia en situaciones conflictivas de increencia, de injusticia, de alienación o de muerte, es siempre peligroso y arriesgado. Por eso, los que seguimos a Jesús, mártir de una Palabra que nadie ha logrado callar, debemos amar apasionadamente a Dios, a María y a los hermanos, como lo hicieron el Fundador y nuestros mártires. De este modo venceremos los miedos y las tentaciones que pueden paralizarnos.

 

          2. Criterios formativos

 

          2.1. María, además de Madre y Fundadora, es nuestra Maestra y Formadora[79]. Con su acción materna nos forma para ser misioneros y apóstoles lo hizo con Jesús, misionero del Padre, con Claret, misionero apostólico.

 

          2.2. El formando ha de ser protagonista de su proceso formativo. La responsabi­lidad del formando abarca todo lo que, directa o indirectamente, puede afectar a su propia formación[80]. De­be, con todo, prestar una atención especial, entre otras cosas, a dejarse formar por María y a disponerse a ser forjado en la fragua del Corazón de María. Sin esta actitud, la acción maternal y formadora de María no sería posible.

 

          2.3. La formación claretiana ha de buscar en María los rasgos identifica­dores del verdadero misionero[81]. En una perspectiva amplia, estos rasgos serían los siguientes: capacidad contemplativa, adhesión profunda a Jesús, caridad pastoral y misericordia frente al hombre que sufre, disponibi­lidad, identifica­ción con los pobres de este mundo, fortaleza ante la cruz y la muerte, inquebrantable esperanza, transparente comunicación de la Palabra.

 

          3. María, formadora de misioneros claretianos

 

          3.1. Con su presencia y su acción formadoras[82], María nos configura en su corazón haciendo crecer en nosotros los rasgos del perfecto discípulo de Jesús, a quien concibió antes en su corazón que en su seno. Más en concreto, María con su acción maternal nos forma, a través de un proceso interior, como ministros de la Palabra, como evangeliza­dores para extender el Reino de Jesús por todo el mundo. Más en concreto:

 

          11. Nos forma para acoger en nuestros corazones, como Ella lo hizo, la Palabra de Dios, de la cual somos ministros. Nos enseña a escucharla, a meditarla, a hacerla vida y a anunciarla por todo el mundo[83]. Las Constitucio­nes, que definen nuestra vocación específica en el pueblo de Dios como servicio de la Palabra, nos piden que, a ejemplo de María, la escuchemos asiduamente y que la comparta­mos con los hermanos. Aspira­mos a que el claretiano llegue a ser un habitual oyente de la Palabra (en la oración, en la historia, en la cultura de los pueblos, en sus silencios y clamores), un estudioso apasiona­do, que se deja interpe­lar por ella, la acoge desde una óptica vocacio­nal y la com­par­te con los hermanos y los segla­res. Bajo la acción materna de María aprendemos a hacer de la Palabra compromiso de vida y anuncio misionero[84].

 

          Nuestra oración se inspira en la actitud y recomenda­ción de Cristo que oraba asiduamente y en la actitud de María que guardaba todo esto y lo meditaba en su corazón. Nuestro Fundador se formó en esta actitud de acogida y meditación de la Palabra, plenamente convencido de que en el fuego que arde en la medita­ción se derriten y funden los hombres y se amoldan a la imagen de Jesús. Toda nuestra vida litúrgica y nuestros actos de piedad han de expresar, entre otros elementos característicos heredados de nuestro Fundador el modo de vivir la filiación cordimaria­na en estrecha relación con su vocación misionera.

 

          21. Nos forma aquella caridad apostólica que nos impulsa a trabajar sin descanso hasta desgastarnos por el Reino; que anuncia a un Dios que es amor y misericordia y que ha dado su vida por nosotros; que nos hace anunciar el Evangelio con un sello de humildad, mansedumbre y cordialidad o amor materno y que nos mueve a amar a los predi­lectos del Señor, a los más pobres y necesitados, a los que más necesitan de salvación y liberación. La caridad apostólica es la fuerza que origina y sostiene nuestra vocación misionera, sobre todo en momentos de prueba[85]. María es modelo de caridad apostólica, la virtud más necesaria al misionero. Desde el punto de vista pedagógico, siguen siendo válidos los medios de los que se valía el Fundador para conse­guirla entre ellos la vivencia de ser hijos del Corazón de María y el recurso a su eficaz intercesión como madre de la caridad.

 

          31. Nos asocia en la misión apostólica a su oficio maternal en la Iglesia. El Fundador se sintió colaborador de María, la madre victoriosa, en la lucha contra el maligno y su descenden­cia. Se sintió instrumento de María, como una saeta en sus manos para ser arrojada contra Satanás y sus secua­ces. Desde esta vivencia, transmitida a sus misioneros, a quienes veía como los brazos de María, pudo decirnos, glosando el Evangelio: No sois vosotros quienes habláis entonces sino el Espíritu de vuestro Padre y de vuestra Madre, el cual habla por vosotros.

 

          3.2. María nos forma también siendo nuestro modelo a imitar. Es un modelo inspirador de la formación claretiana[86]. En concreto:

 

          11. Respecto a la castidad[87]. El ejemplo de María en la vivencia del don de la castidad es unos de los fundamentos de nuestra castidad. La castidad del clare­tiano es testimoniante porque expresa un modo intensamente evangéli­co de amar, como Cristo y como María, al Padre y a los hermanos. La madurez espiritual necesaria para la vivencia de la castidad se apoya en una fe profun­da y en un amor ardiente y apasionado, como Claret, a Cristo, a la Virgen y a la Iglesia, y es garantía de victoria en las tentaciones. Desde el punto de vista formati­vo, la pedagogía de la castidad implica, entre otras cosas, la devoción filial a María.

 

          21. Respecto a la pobreza[88], entre los varios motivos por los que profesamos de por vida la pobreza evangélica está el ejemplo de María, la primera entre los pobres del Señor.

 

          31. Respecto a la obediencia[89], unos de los fundamentos de nuestra obediencia misionera se encuentra en el ejemplo de la Virgen María.

 

          41. Respecto a actitudes evangélicas y comportamientos misioneros. Es modelo a imitar en aquellas actitudes evangéli­cas en las que se muestra como la primera evangelizada y evangeliza­dora: su fe, su sentido de alabanza y de acción de gracias, su actitud de escucha y de disponibilidad, su interiori­dad, su sensibilidad ante las necesidades del pueblo, especial­mente de los más pobres, su solidaridad en el dolor y la esperanza; en aquellos comporta­mientos más típicamente misione­ros: el modo de vivir como Jesús, abrazando en fe los consejos evangé­li­cos, la acogi­da, la meditación, el anuncio de la Palabra de Dios, el sentido de la cruz y la formación de la comunidad cristiana como familia del Reino.

 

 

          4. María nos forma en la fragua de su corazón, en la fragua de su amor y misericordia

 

          4.1. En el campo formativo, como nuestro Fundador, somos conscientes de que nuestra vocación de seguidores se forja por la acción del Espíritu Santo en la fragua del Corazón de María[90]. Todos nosotros podemos dirigirnos a Ella con las mismas palabras usadas por Claret: Bien sabéis que soy hijo y ministro vuestro, formado por Vos misma en la fragua de vuestra misericor­dia y amor. Soy como una saeta puesta en vuestra mano podero­sa.

 

          Fecundada por el Espíritu, María engendró la Palabra. A través del Espíritu y de María, la Palabra sigue encarnándose y se convierte en presencia viva del Resucitado en medio de la Iglesia, en verdadero lugar de encuentro con Dios. Es esta la realidad gozosa que Claret experimentó cuando reconocía que se había forjado como heraldo de la Palabra en la fragua del Corazón de María. Y es esta la misma realidad que experimentamos nosotros cuando acogemos y veneramos a María como Madre y Formadora nuestra. Por eso es necesario ayudar al formando a reconocer, agradecer y secundar con gozo la acción generadora de María en su proceso de acogida y asimilación de la Palabra.

 

          4.2. La Fragua se presenta en el PGF como propuesta pedagógica[91]. Para nosotros esta alegoría cobra un especial relieve formativo cuando la interpre­tamos no aisladamente sino en el conjunto de la vida de nuestro Fundador[92]. Sólo así podemos encontrar sintetizados en ella los núcleos fundamen­tales del carisma e incluso el proceso pedagógico para vivirlo. No se trata de reproducir sin más una experiencia que es, de suyo, intransfe­rible sino de servirnos de una expresión breve y simbólica que puede favorecer la transmisión y profundización del carisma en nuestra formación actual. Así entendida, se convierte para nosotros en símbolo del taller en el que nos forjamos como misioneros a lo largo de nuestra vida.

 

          5. El formando con relación a María

 

          La entrega filial y apostólica al Inmaculado Corazón de María, que realizamos en nuestra profesión, se plasma y se desarrolla mediante algunas actitudes respecto a María, que van configurando nuestra vida, como son[93]:

 

          11. Encontrar en Ella a la persona que inspira la síntesis vital que ha de elaborar cada formando a lo largo del proceso formativo hasta llegar a la plena unidad interior.

 

          21. Acogerla como madre, maestra y formadora y amarla como hijos, discípulos y apóstoles.

 

          31. Descubrirla como mujer consagrada que se transparenta en las mujeres comprometidas de nuestro pueblo y en la vida y fe de la gente.

 

          41. Imitarla en sus actitudes y comportamientos[94].

 

          51. Venerarla a través del culto litúrgico, de las devocio­nes marianas, especialmente las de tradición congregacional y de las manifestaciones de la religiosidad popular.

 

          61. Proclamarla bienaventurada, anunciando en nuestro apostola­do la misión de María dentro del misterio de Cristo y de la Iglesia.

 

          6. María en las etapas formativas

 

          6.1. En la pastoral y la acogida vocacional claretiana[95], en cualquie­ra de sus expresiones, los responsables deben acentuar los rasgos esencia­les de nuestro carisma, entre ellos, la dimensión mariana. Junto a la figura de Cristo misionero, el formador ha de presentar la figura de María como madre y modelo de respuesta fiel a la llamada gratuita de Dios. Los jóvenes encuen­tran en María una fuente interior de genero­sidad y de fuerza para responder a la llamada de Dios. Entre los medios para promover la pastoral vocacional no pueden faltar los que hacer referencia a María[96], como son: as marchas vocacionales y las peregrinaciones a lugares marianos (santuarios marianos) y la celebra­ción de las fecha de María (fiesta del Corazón de María,..).

 

          6.2. En la etapa de preparación o postulantado, uno de los objetivos a conseguir será descubrir y aceptar a María como madre que acom­paña en el camino vocacional y protege en las dificulta­des[97]. Y entre las experiencias a vivir estarán la cele­bración cuidada de las fiestas marianas resaltadas en la liturgia y en la vida de la Congregación; el rezo de las oraciones marianas más tradiciona­les entre nosotros; y creación de un ambiente que facilite la vivencia y la expresión de la filiación cordimaria­na[98].

 

          6.3. Durante la etapa de iniciación o noviciado[99], el novicio ha de fundamentar su vida de unión con Cristo considerándolo como el Hijo y Enviado del Padre y hecho hombre de la Virgen María por obra del Espíritu Santo. Ha de persona­lizar e interiori­zar el espíritu de las bienaventuran­zas, a ejemplo de María, modelo de escucha y de respuesta a la Palabra de Dios. Y ha de descubrir el sentido de la filiación cordimaria­na, procurando fomentar su vivencia.

 

          En el noviciado[100], el Maestro ha de presentar de la figura de María tal como aparece dentro de la historia de salvación, acentuando la elección libre y gratuita Dios hace de Ella, y la respuesta de fe obediente que Ella da, como sierva y discípula de su Hijo. Se ha de fundamentar la espiritualidad cordimaria­na con un estudio serio y adaptado a las capacidades de los novicios. Se han de celebrar con fervor las fiestas marianas de la Congregación (Corazón de María,…). Y se ha de ambientar la casa de Noviciado utili­zando los símbolos de nuestra tradición espiritual, como la iconografía del Corazón de María.

 

          Por último, el novicio[101], al hacer su primera profesión será consciente de consagrarse a Dios, mediante la emisión de los votos de pobreza, castidad y obedien­cia, se entrega por un acto público al Corazón de María en orden a realizar el fin de la Congregación según las Constitucio­nes.

 

          6.4. En la etapa de desarrollo y consolidación, los misioneros en formación han de amar filialmente a María, Madre de la Iglesia, formadora de apósto­les, haciendo con Ella y como Ella el camino de pere­gri­nación de la fe[102].

 

          En esta etapa la integración personal se hace más necesaria[103]. La integración se logrará refiriéndolo todo a Jesucristo como centro de la propia vida y teniendo a María como inspiradora.

 

          Desde el punto de vista pedagógico[104], los jóvenes misioneros, a ejemplo de María a cuyo Corazón se han dedicado especialmente en la profesión, deberán integrar la escucha y contemplación de la Palabra de Dios con la atención a la realidad histórica y con la sensibili­dad a los problemas del hombre de hoy, especial­men­te de los más pobres y necesitados.

La formación específica para el misionero diácono[105], le exigirá que preste una particular atención, entre otras actitudes y comporta­mientos, al servicio a la caridad; como María, que atendió con diligencia las necesidades de los hombres, los formandos han de acostumbrase a servir gratuitamente, compartir y ser solidario con los demás. Por último, en la preparación

inmediata al presbite­rado trabajará por acentuar la dimensión

mariana en la perspec­tiva sacerdotal.

 

 

 

 

                                                                              Jesús M0 Palacios, cmf.

                                                  Conferencia a los Formadores de ACLA.

                                                          Abidjan (Costa de Marfil), 1, 8, 1996.

 



    [1] Cf. PGF, 99. Durante los días anteriores hemos escuchado y dialogado sobre María en el P. Fundador y en las Constituciones de la Congregación, orientados por los PP. Jesús Bermejo y José Cristo Rey. Ahora entramos en el campo de la formación. Y vamos a hablar de María, Madre y Formadora, en el Plan General de Formación (PGF). No obstante, antes de llegar a él, conviene hacer un recorrido sobre la presencia y la acción de María en la formación según la tradición Congregacional;en concreto, según los Superiores Generales y los Capítulos de la Congregación. Ella nos hará comprender mejor el PGF, último fruto de la rica tradición espiritual y formativa de la Congregción.

    [2] Cf. J. CLOTET, Boletín Religioso, vol. 1 (1885), p. 179.

    [3] Cf. Aut 1; 5; 154-164; J. XIFRÉ, Espíritu de la Congregación de Misioneros Hijos del Inmaculado Corazón de María, (E.C), Madrid 1892, int. III; CC 8; 36; 61.

    [4] Cf. 1F 35; SP 21.1. Un momento culminante de esta experien­cia lo tenemos en nuestros hermanos Beatos Mártires de Barbastro. En ellos contemplamos, de manera particular, el paradigma de lo que estamos llamados a ser: hijos del Corazón de María, desde el Magnificat hasta el Calvario. El *seminario mártir+ de Barbastro se convierte para nosotros en modelo de comunidad formativa por su fe inquebranta­ble y alegre, por su disponibili­dad plena a la voluntad de Dios, por su oración constante y confiada, por su vivencia de la filiación cordimariana y de la eucaristía, por su ayuda fraterna, por su amor a la Congregación y por su celo apostólico (Cf. PGF, 137; A. BOCOS, circular sobre el Testamento misionero de nues­tros Márti­res, TM, 31-5-1992), Annales, vol. 60 (1991-1992), pp. 465-491).

    [5] J. XIFRÉ, Reglamento para los Colegios de Postulantes del Instituto de Misioneros Hijos del Inmaculado Corazón de María, Madrid 1894, AG. CMF. 11, 4, 22, op. 100, pp. 29.

    [6] J. XIFRÉ, Reglamento para los Colegios de Postulantes…, 1894, cap. 31, p. 9.

    [7] “El tercero y ciertamente el más importante de los deberes del Rdo. P. Prefecto para con los Postulantes, es formar bien su corazón. De nada serviría un Postulante, por más dotes naturales que tuviera, si careciese de la virtud necesaria al minis­terio apostólico a que ha sido llamado” (J. XIFRÉ, Reglamento para los Colegios de Postulantes…, 1894, cap. 31, art. 31, p. 16).

    [8] “Ore, pues, mucho el Prefecto a fin de conseguir del cielo, y particu­larmente del Corazón Inmaculado de nuestra Madre, el don especialísimo de formar aquellos tiernos corazones para Dios y para nuestra Congrega­ción” (J. XIFRÉ, Reglamento para los Colegios de Postulantes…, 1894, cap. 31, art. 31, p. 16).

    [9] CMF, Espejo del Postulante o sea Directorio para los Postulantes del Colegio de Vich, pp. 32. No tiene nombre de autor ni lugar ni fecha de publicación. Por otras fuentes se sabe que fue escrito por el P. Ribera estando en Vich para los postulantes de aquel centro (Cf. J. M0 BERENGUERAS, Vida del P. Ribera, Barcelona 1950, p. 109.). De la correspondencia del P. Ribera se deduce que lo escribió en los primeros meses de 1907 (AG CMF, GR, 03, 02, 40; GR, 03, 02, 31). Se hicieron varias ediciones (1917, 1937) y traducciones a diferentes lenguas. En 1962 se publicó una adaptación actualizada con el nombre de Manual del Seminarista Claretia­no (CMF, Prefectura General de Formación, Roma 1962, pp. 183).

    [10] “procurarán con mucho empeño en los años del Postulantado iniciarse en la vida religiosa, conforme el espíritu y prácticas de la Congrega­ción” (CMF, Espejo del Postulante…, p. 1).

    [11] Cf. CMF, Ib., cap. 11, nn. 2,7, pp. 2-3.

    [12] “El Postulantado es una especie de tanteo o prueba prelimi­nar para juzgar si el postulante tiene vocación. Tres operaciones constituyen la función del Postulan­tado: la selección, la eliminación, la formación espiritual, inte­lec­tual y social” (N. GARCÍA, circular sobre La formación Religiosa, Misionera y Claretiana (FRMC), 5-6-1947: Anales, 39 (1947), p. 110).

    [13] Cf. N. GARCÍA, FRMC, pp. 110-111.

    [14] N. GARCÍA, circular sobre La formación de nuestros estudiantes, 16-4-1932: en Anales, vol. 28 (1932), pp. 225-224; también se encuentra en Colección de Circulares, Madrid 1941, pp. 513-533. En adelante, citaremos esta colección con la sigla ColCC. El texto citado corresponde a ColCC, p. 525.

    [15] “Los Prefectos han de trabajar con tesón en fomentar el santo temor en los Postulantes, no sólo en las conferen­cias, o en las conversaciones privadas, infundiéndo­les un santo temor de toda culpa y haciéndoles ejercer actos de presencia de Dios. Este temor ha de ser filial y no servil, mirando más al amor de Dios que la pena, y por eso fomenten la piedad en esos jóvenes, más particularmente la devoción a María, que es lo que les mantendrá alejados del pecado y unidos a Dios.” (N. GARCÍA, circular sobre La formación de los…, ColCC, p. 525). Cf. también, N. GARCÍA, FRMC, p. 111).

    [16] Cf. N. GARCÍA, FRMC, p. 111.

      “El joven necesita de una gran piedad para perseverar en la virtud, sobre todo para guardar la castidad, y más particularmente, en la Congregación necesitan de una devoción sincera, entusiasta y práctica al Corazón de María. Los Prefectos han de ejercitar mucho a los jóvenes en estas prácticas, cuidando de que frecuenten los obsequios a María y visitas a Jesús Sacramenta­do; de este modo mantendrán la pureza y virtud en sus Postulantados,..”(N. GARCÍA, circular sobre La formación de los…, ColCC, p. 526).

    [17] Cf. [P. VALLIER], Prácticas Espirituales para uso de los novicios de la Congregación de los Hijos del Inmaculado Corazón de María, editado por disposición del Rmo. P. José Xifré, Superior general de la Congregación, Madrid 1888, Introducción, p. 10.

    [18] R. RIBERA, El Novicio Instruido, Madrid 1931, Prólogo, p. XII.

    [19] Cf. R. RIBERA, El Novicio…, pp. 230-23.

    [20](Amar a la santísima Virgen María ! (Ser devoto de su Corazón Purísimo! )Será necesario aducir aquí razones para encendernos en este amor, para movernos a esta devoción? )Las necesita por ventura el hijo para convencerse de que debe amar a su madre?” (R. RIBERA, El Novicio…, p. 230).

      “El Misionero que aspira a consagrarse, o se ha consagrado pública y oficialmente al servicio especial del Inmaculado Corazón de María; el que se gloría de ser hijo y heredero del espíritu del apostólico varón Antonio María Claret, que merece con sobrados títulos ser contado en primera fila entre los santos que más se han honrado y amado a la celestial Señora, )necesitará ser apremiado con razones para que venere, honre, ame con especialísimo afecto a María y sea devotísimo de su Corazón, que le distingue con su filiación generosa” (Ib. pp. 230-231).

      Citando al P. Xifré (E.C., trat. I, cap.II, art.II), se afirma: “Nosotros, hermanos carísimos, que somos Hijos de su Corazón, que por razón del estado nos asemejamos tanto a ella; nosotros que tenemos la misión de darla a conocer a los hombres; nosotros que tantos beneficios y favores hemos recibido de Ella, que cada día nos alimentamos con la carne y sangre de su Santísimo Hijo, que debemos enseñar el camino de la salvación y que tanto la necesitamos, amémosla de corazón… Todos los Misioneros que han dado fruto en la viña del Señor han sido devotos de María, ni es capaz de predicar con espíritu y con resultados felices quien no le sea devoto” (Ib. pp. 232-233).

    [21] Cf. R. RIBERA, El Novicio…, p. 231.

    [22])Cómo conseguirá, cómo fomentará, cómo manifestará el buen Hijo del Corazón de María, ya desde el Noviciado, el amor a su celestial Madre?” (R. RIBERA, El Novicio…, p. 233).

    [23] “Hijos del gran Apóstol Mariano Antonio María Claret no hemos de hacer al efecto otra cosas que seguir los luminosos ejemplos de nuestro santo Padre”(R. RIBERA, El Novicio…, p. 233).

    [24] R. RIBERA, El Novicio…, pp. 234-237.

    [25] “Como nuestro excelso Patriarca…, de semejante manera sus Hijos y Misioneros,… hemos de concentrar todo nuestro afecto en un objeto preferente, de altísimo relieve y excelencia imponderable, a saber, en el Corazón de nuestra Madre, de cuya filiación hemos de alegrarnos y gloriar­nos… A este Corazón inmaculado hemos de hacer converger todo nuestro entusiasmo mariano, toda nuestra devoción a María…” (R. RIBERA, El Novicio…, p. 238).

    [26] Desde el momento de levantarse, en que dirá “semper Deo gratias et María”, hasta la hora de dormir, el novicio mirará siempre a María como Madre, Maestra y Modelo (Cf. [P. VALLIER], Prácticas Espirituales…, p. 12); R. RIBERA, El Novicio…, p. 81).

    [27] Cf. [P. VALLIER], Prácticas Espirituales…, pp. 204-210.

    [28] Cf. [P. VALLIER], Prácticas Espirituales…, pp. 61-64. Nuestro P. Fundador escribió al P. Xifré recomendándole el rezo del Oficio Parvo para suscitar vocaciones para la Congregación; se estableció que se rezara en el Noviciado. Por eso:

      “Nuestros novicios, pues, deben tomar el rezo del Oficio Parvo no sólo como un obsequio muy agradable a la divina Madre, sino también como un medio para conquistar en favor de la Congregación abundantes vocaciones que contribuyan después al engrandecimiento y mayor prestigio de ella. El amor a su Madre del cielo, María, y a su madre de la tierra, la congregación, debe estimularlos a rezar el Oficio con toda la piedad posible” (Cf. R. RIBERA, El Novicio…, pp. 116-117).

    [29] Cf. [P. VALLIER], Prácticas Espirituales…, pp. 87-88.

      “En la Congregación, ya desde sus principios, la devoción al Rosario de María estuvo como identificada con su espíritu; los primeros individuos de ella, siguiendo el ejemplo del santo Fundador, fervorosísimo devoto y apóstol incansable de esta devoción, escogido por la misma Virgen para ser como el Domingo de Guzmán de estos tiempos, la practicaban con un fervor digno de todo encomio, llegando algunos de ellos a rezar cada día un número de partes de Rosario que casi nos parecería increíble, si no lo abonasen testigos de todo fidedignos; lo predicaban indefectiblemente en todas las campañas apostólicas, que por esto sin duda eran tan bendecidas de Dios y de la Santísima Madre. Continúa todavía la Congregación, como herencia recibida de los mayores, este entusiasmo y amor al Rosario de María, que junto con la devoción al Corazón Inmaculado, debe formar como fondo de nuestro amor a la celestial Señora. No desdigamos nosotros de esta veneranda tradición de familia: amemos el Rosario, recémoslo con profunda piedad y dispongámonos a ser un día apóstoles de una devoción tan agradable a María y tan amada de nuestro excelso Patriarca” (R. RIBERA, El Novicio…, pp. 128-129; Cf., también, p. 209).

    [30] Cf. [P. VALLIER], Prácticas Espirituales…, pp. 123-127; R. RIBERA, El Novicio…, pp. 202-213).

    [31] Cf. [P. VALLIER], Prácticas Espirituales…, p. 126; R. RIBERA, El Novicio…, pp. 238-239.

    [32] Cf. R. RIBERA, El Novicio…, pp. 15-16, 38.

    [33] “Por amor de Jesucristo y por el cariño de muestra Madre, seamos aplicados al estudio y a la virtud, para no llegar a tan tristísimo y lamentable caso” (J. XIFRÉ, E.C., p. 193; Cf., también, p. 209).

      “En el Colegio se forma o, mejor, se completa y afianza la formación propia del Hijo del Corazón de María” (N. GARCÍA, circular sobre La nota más característica del Hijo del Corazón de María, 25-12-1945: Annales, vol. 38 (1945-1946), p. 246.

      “Esta definición debiera estar grabada en todos los libros, en todos los lugares, en todas las Casas, Colegios, Clases, Reglamentos; pero sobre todo en la memoria, en el entendimiento, en el corazón y en las obras de todo Hijo del Corazón de María” (N. GARCÍA, ib., p. 247)

     “Ese estudio lleva gran parte de la vida del Hijo del Corazón de María” (N. GARCÍA, ib., p. 244).

    [34] E.C., p. 16.

    [35] Cf. E.C., pp. 5-7, 9, 12.

    [36] “Podemos esperar de nuestra dulce Madre que bendecirá nuestros esfuerzos y los individuos de la congregación saldrán bien formados” (M. ALSINA, circular sobre La formación del carácter, Madrid, 1-6-1919: Anales, vol. 17 (1919-1920) pp. 161-166; ColCC, p. 513).

    [37] “Y bien hará el Misionero que tome a María, nuestra dulce Madre, como base y ejemplar de su formación espiritual, para con más suavidad y eficacia copiar en sí la imagen de Jesús y vivir la vida misma de Jesús, hasta poder decir como el Apóstol: Vivo, ya no yo, sino Cristo vive en mí” (M. ALSINA, circular sobre La formación del carácter, ColCC, p. 508).

    [38] Cf. M. ALSINA. circular sobre La formación de los nuestros, 22-12-1911: Anales, vol. 13 (1911-1912), pp. 333-336; ­ColCC, p. 504. En esta circular comunicó a la Congregación que en Roma ha sido aprobada e indulgen­ciada la oración tradicional “Gracias te doy, oh Madre, por la vocación recibida. Dadnos la gracia de ser fiel a ella toda la vida”.

    [39] Cf. M. ALSINA, circular sobre La formación sólida de los nuestros en la virtud, 5-3-1919, vol. 17 (1919-1920), pp. 65-68­; ColCC, p. 506.

    [40] Cf. M. ALSINA, circular sobre Los remedios del descontento en la Religión, 8-8-1906: Anales, 10 (1906), pp. 529-538; ColCC, pp. 244-245.

    [41] N. GARCÍA, FRMC, p. 106.

    [42] “La figura, la imagen del Corazón de María está en el Hijo Misionero; esa idea está en el fondo de su alma, en su mente, en su imaginación, en su corazón, en sus afectos, en sus palabras, en su actividad misionera” (N. GARCÍA, circular sobre La notas más…, p. 254).

    [43] N. GARCÍA, circular sobre La piedad, 3-4-1925: Anales, vol 21 (1925), pp. 225-240; ColCC, p. 658.

    [44] N. GARCÍA, circular sobre El espíritu corporativo, 10-3-1924: Anales, vol. 20 (1924), pp. 193-205; ColCC, pp. 262-263.

    [45] N. GARCÍA, circular sobre El espíritu…, ColCC, pp. 250-251.

    [46] N. GARCÍA, circular sobre El celo, abril-1931: Anales, vol. 27 (1931), pp. 209-221; ColCC, p. 692.

    [47] N. GARCÍA, circular sobre La piedad, ColCC, p. 662.

    [48] El P. Leghisa hace un recorrido histórico de esta vivencia en su circular sobre El Corazón de María y la Congregación en el momento actual, (3, 4, 1978), Annales, vol 53 (1977-1978), pp. 197-205, 210-214. Cf. también, J. M1 HERNÁNDEZ, Ex abundantia Cordis, Estudio de la espiritualidad cordimariana de los Misioneros Claretianos. Roma 1991, pp. 93-155.

    [49] Cf. A. LEGHISA, circular sobre El Corazón de María.., p. 211.

      Sin hablar directamente de una crisis al respecto, pero dentro de unas recomendaciones para superar la crisis vocacional que nos estaba afectando (crisis de abandonos, sobre todo), el Capítulo General de 1961 insistió en la necesidad de formar en la “vivencia de la filiación cordima­riana como nota destacada de la espiritualidad claretiana” (Cf. Annales, vol 46 (1961-1962), pp. 101, 103). Cf., también, Capítulo General de 1973, CA. 32.

    [50] Los efectos de esta crisis en la formación se detectaron con toda claridad en los análisis de los resultados de la encuesta que realizó el P. Gustavo Alonso a la Congregación y de la que se habla más adelante. Una exposición sintética de estos resultados se puede ver el J.M. PALACIOS, Formación en la dimensión cordimariana de nuestra espiritualidad, Subsidio de la Prefectura General de Formación, n. 8, Roma 1991, pp. 7-13. Efectos negativos en la formación cordimariana fueron causados por el frío o deficiente ambiente mariano del centro de forma­ción, la poca formación y las crisis personales en la devoción mariana de los formadores, el abandonismo mariano, etc..

    [51] Cf. A. LEGHISA, circular sobre El Corazón de María.., pp. 214.; CPR, 12.

    [52] Cf. PE, 17-20; 2VR, 7f; MCH, 150; CPR, 59; Alocución de Papa Juan Pablo II al Capítulo de 1985: CPR, Apéndice.

    [53] Cf. PE, 20; IF. 35; 2A, 91; MCH, 150-151; SP, 7, 13, 15, 17.

    [54] “con el fin de orientar a la Congregación en una dimen­sión tan amplia y profunda de nuestro carisma misionero en la Iglesia de Dios […] señalar unas orientaciones y trazar unas líneas concretas de acción en orden a superar la crisis imperan­tes y llevar así a la Congregación hacia una mayor fidelidad al don especial que ha recibido en la Iglesia” (Cf. A. LEGHISA, circular sobre El Corazón de María.., p. 186).

    [55] Ib. p. 209.

    [56] “Unidad vital entre Palabra y espíritu apostólico, fe y caridad, misión y urgencia de caridad, contemplación y acción, vida interior y acción apostólica, filiación y misión, conversión al evangelio y evangelización” (Ib. p. 224).

    [57] Cf. Ib. p. 225.

    [58] “De ahí la importancia de la presencia materna de María en la pastoral vocacional, tanto en los promotores como en la presentación adecuada del aspecto mariano de nuestro carisma, para ayudar, a los que han recibido inicialmente el mismo, tomar conciencia de él y a descubrir la Congregación como lugar adecuado de la vivencia” (Ib. pp. 229-230).

    [59] Ib. p. 230.

    [60] Ib. p. 230.

    [61] Cf. Circular sobre La comunicación de nuestra experiencia mariana, 19-4-1987: Annales, vol. 58 (1987-1988), pp. 98‑100. Cf. también, G. ALONSO, La Espiritualidad mariana que vivimos, Comunicación en el XXXV Encuentro Semestral de la Unión de Superiores Generales. Villa Cavalletti, 25‑28 de mayo de 1988, en Al servicio de una comunidad misionera, Roma-Curia 1991, pp. 178-182.

    [62] Cf. G. ALONSO, La Espiritualidad mariana… p. 179.

    [63] “En primer lugar y sobre todo, se habla de una espiritua­li­dad que se quiere vivir, y no sólo de una devoción que se expresa en gestos y en momentos típicamente cultuales. Una espiritualidad que tiende a apoyarse en la imagen netamente bíblica de María y, a la vez, quiere beneficiarse de la experien­cia carismática del Fundador. De hecho, muchos hermanos hablan de una presencia del misterio de María que les ha inspirado y guiado en los momentos fundamentales de su vida: nacimiento de la vocación, crecimiento espiritual en los años de formación, superación de crisis, etc. En resumen, una presencia definida maternal” (Cf. G. ALONSO, La Espiritualidad mariana…, pp.180-181); sobre el aspecto vocacional y formativo, cf. también, T. CABESTRERO, Un Hijo del Inmaculado Corazón de María es…, 72 experiencias de nuestra espirituali­dad Mariana, Roma 1989, pp. 152; J.M. PALACIOS, Formación en la dimensión cordima­riana…, pp. 7-13.

    [64] G. ALONSO, circular sobre Claretianos en Formación, 25-12-1990, Annales, vol 60 (1991-1992), p. 35.

    [65] Aut. 270.

    [66] “Esto indica, no sólo que el misionero de la Congregación tiene que aprender de María, sino también qué es lo que ha de aprender de Ella, llamada por las Constituciones (n. 73) “formadora de apóstoles”: capacidad contempla­tiva, adhesión profunda a Jesús, caridad pastoral y misericordia frente al hombre en miseria, disponibilidad, identificación con los pobres de este mundo, fortaleza ante la cruz y la muerte, inquebrantable esperanza, transparente comunicación de la Palabra” (Ib. pp. 35-36).

    [67] “Una vez más hay que decir que para el Claretiano no basta ser “devoto” de María; tiene que desarrollar una espiritualidad mariana. Significa que en María encuentra inspiración para la propia vida y las propias opciones; lee y aprende en ella el Evangelio; por Ella se aproxima más íntimamente a Jesús; guiándose por Ella sabe traducir y anunciar en lenguaje más humano el misterio de Jesús; con Ella practica sin complicaciones y con esperanza el peregrinar de los humildes de corazón…” (Ib. p. 36).

    [68] “En nuestros hermanos Mártires contemplamos el paradigma de lo que estamos llamados a ser, es decir, hijos del Corazón de María, desde el Magnificat hasta el Calvario. Ellos nos dieron su testamento, su testimonio. Nosotros estamos dispuestos no sólo a acogerlo, sino -en la medida de la gracia que hemos recibido- a hacer realidad sus sueños” (A. BOCOS, TM,

pp. 465-496).

    [69] “Ellos pusieron de manifiesto La espada del martirio nos pertenece como herencia carismática. Es la espiritualidad que nuestro Padre Fundador plasmó en aquel papelito que contenía la *definición del Misionero+ o *memorial del Hijo del Corazón de María+ y que cada uno de nosotros debería llevar siempre consigo -según su voluntad-: *Un hijo del Inmacula­do Corazón de María es un hombre que arde en caridad… nada le arredra, se goza en las privacio­nes, abraza los tor­men­tos… no piensa sino en cómo seguirá a Jesucris­to en orar, su­frir…+. Este *memorial+ ha configurado a los grandes hombres de la Congregación” (A. BOCOS, TM, pp. 469-470). También el PGF ofrece a los formandos el “memorial del Hijo del Corazón de María” en las primeras páginas (p. 5) como paradigma que han de plasmar en sus vidas.

    [70] “Nuestros hermanos Mártires, que habían sido modelados en el Corazón de María por la acción del Espíritu para el anuncio del Evangelio, en el momento cumbre de su vida proyectaron sobre la Con­gregación futura su anhelo misionero universal y sus más hondas preocupaciones sobre el futuro de la Iglesia y de la sociedad” (A. BOCOS, TM, pp. 483-484).

      “Agradezcamos a María estos hijos suyos, los Mártires de Barbastro, formados en la fragua de su Corazón, y que jamás dejarán de cantar el Magnificat (Ib. p. 490).

    [71] “María, Madre y Maestra de misioneros, se hizo impresionantemente presente en el martirio de nuestros hermanos. Ya lo estuvo en su itinerario formativo. Pero en el momento crucial estuvo omnipresente: en los cantos, los escritos, la Carta de despedida, en el fervor que respiraban… Se sentían hijos de su Corazón y le lanzaban “vivas” enardecidos. Ella les enseñó a ser discípulos de Jesús y apóstoles de su Reino; de Ella aprendieron a hacer lo que El les decía” (A. BOCOS, TM, p. 470).

    [72] “Mantu­vie­ron en muy alto aprecio su ideal vocacional. María, la nueva Eva y la Mujer victoriosa sobre el Maligno, les sostuvo en la prueba y alentó su fidelidad hasta el final. Hicieron lo que Ella les pedía y con María subieron al Calvario y fueron introducidos en el misterio de la muerte de Jesús: murieron con Jesús y como Jesús” (A. BOCOS, TM, p. 471).

    [73] Cf. nn. 13, 21-23, 26, 39, 58, 62-65, 67, 73, 79-80, 98-101, 105, 117, 124-127, 137, 200-201, 213-214, 287, 292, 314, 337-338, 353, 358, 360-363, 378, 387, 396-397, 447, 457.

    [74] Cf. PGF, 13.

    [75] Cf. PGF, 22.

    [76] Cf. 98.

    [77] Cf. PGF, 26.

    [78] Cf. PGF, 39.

    [79] Cf. PGF, 99.

    [80] Cf. PGF, 105.

    [81] Cf. PGF, 58.

    [82] Cf. PGF, 100.

    [83] Cf. PGF, 200-201, 213-214.

    [84] El Proyecto formativo Iniciación al Ministerio de la Palabra “IMP”, que está elaborando la Prefectura general de Formación, desarrolla ampliamente este aspecto formativo.

    [85] Cf. PGF, 79-80.

    [86] Cf. PGF, 101, 117.

    [87] Cf. PGF, 62-65.

    [88] Cf. PGF, 67.

    [89] Cf. PGF, 73.

    [90] Cf. PGF, 23, 100.

    [91] Cf. descripción de la Fragua en PGF, 124-126.

    [92] Cf. PGF, 127.

    [93] Cf. PGF, 101.

    [94] Cf. sopra, 3.2.

    [95] Cf. PGF, 287, 314.

    [96] Cf. PGF, 292.

    [97] Cf. PGF, 337.

    [98] Cf. PGF, 338.

    [99] Cf. PGF, 353, 358, 361.

    [100] Cf. PGF, 360, 362, 363.

    [101] Cf. PGF, 378.

    [102] Cf. PGF, 387.

    [103] Cf. PGF, 396.

    [104] Cf. PGF, 397.

    [105] Cf. PGF, 447, 457.

Cuaderno 24: Líneas del formación en la declaración “Para que tengan vida”

Cuaderno De Formación Claretiana. 24

 

 LÍNEAS DEL FORMACIÓN EN LA DECLARACIÓN

“Para que tengan vida”

Jesús Mª Palacios, cmf.

 

LÍNEAS DEL FORMACIÓN EN LA DECLARACIÓN

“Para que tengan vida”

 

“Yo he venido para que tengan vida y la tengan en abundancia” (Jn 10,10).

“Dios creó todas las cosas para el hombre… y envía Profetas hasta el día señalado, en que se digna venir y él mismo hizo y enseñó para que todos tengan vida y la tengan en abundancia, por este mismo motivo envía y enviará siempre Apóstoles y discípulos” (S. Antonio María Claret).

 Desde el punto de vista formativo en el PTV hay que distinguir dos aspectos:

1º.- Toda la Declaración en cuanto tal es formativa y tiene una incidencia en la formación. Toda ella afecta al proceso formativo y, en consecuencia, debe influir en él. El proceso formativo claretiano ha de incluir y acentuar, en un contexto de formación integral, aquellos elementos del PTV para los cuales se ha formar todo misionero claretiano. En este sentido, todo el PTV es formativo de una manera directa o indirecta, contiene una clara dimensión formativa y debe tener implicaciones formativas concretas.

2.- Existen en el PTV unas referencias explícitas al tema vocacional y formativo. De ellas ofrezco al principio una síntesis general. De esta síntesis desarrollo tres cuestiones con las correspondientes líneas formativas que me parecen de gran importancia en el momento presente. En concreto son: Cultivar la vivencia del Espíritu Santo, fuente de vida, buscar siempre y en todo la gloria de Dios y la consistencia vocacional.

 

En mi exposición sobre algunas líneas formativas del PTV no me voy a circunscribir exclusivamente a la declaración capitular PTV. Pienso hacer también las referencias necesarias al APlan General de Formación@ (PGF) y a otros documentos congregacionales que puedan tratar algunos aspectos del tema.

I. SÍNTESIS DE ORIENTACIONES FORMATIVAS:

1. Vocaciones y formación

1º. Situación vocacional y formativa. El Capítulo ha evaluado positivamente la formación impartida en nuestros Centros pues, dentro de la variedad de estilos (debida a distintos contextos culturales), los aspectos fundamentales del Plan General de Formación se plasman fielmente en todos ellos (53).

No obstante, hay algunas preocupaciones. Algunas de las preocupaciones más graves que hoy padecemos en la Congregación son la promoción y el discernimiento vocacional y la adecuada formación de los llamados. Afectan a nuestra supervivencia y a la credibilidad de nuestra vida y misión. Debemos mejorar el trabajo en pastoral vocacional, sobre todo para promoción de misioneros hermanos (54).

Nos preocupan las deficiencias y descuidos en el acompañamiento espiritual de los formandos, la poca atención prestada a la madurez humana y afectiva y la consiguiente falta de consistencia vocacional (55).

2º. Prioridad. Por eso, asumimos como prioridad la cualificación de la pastoral vocacional y de la formación: la consolidación del proceso formativo, la formación de los formadores y el acompañamiento espiritual para asegurar mejor la consistencia vocacional en todas las etapas de la vida (56).

            3º. Orientaciones formativas. El anuncio del Evangelio y la pastoral vocacional exigen hoy vivir en constante proceso de formación. Para responder a estos desafíos contamos con referencias suficientes y actualizadas, sobre todo en el Directorio Vocacional y en el Plan General de Formación (73). El Capítulo propone que:

  • Los Organismos dediquen personas suficientes a la Pastoral Vocacional en aquellos lugares en los que no está suficientemente atendida, de manera que, siguiendo las orientaciones del Directorio Vocacional, inviten explícitamente a quienes muestran signos de vocación claretiana a entrar en la Congregación, y hagan una buena selección de los mismos (73.1).
  • Se realice un serio estudio que conduzca a nuevos caminos y posibilidades de pastoral vocacional en los países occidentales (73.2).
  • Los formadores potencien el acompañamiento y la formación personalizada de los formandos prestando especial atención a la experiencia de fe, la integración afectivo-sexual y las relaciones humanas (73.3).
  • os superiores aseguren el cuidado formativo de los jóvenes durante los primeros años de incorporación a las comunidades tras la formación inicial (73.3).
  • Los Organismos Mayores pongan en marcha un plan para la promoción vocacional de misioneros hermanos, especificando las etapas de su formación y su papel propio en la Congregación (73.4).

2. Diversidad cultural y religiosa

1º. Situación. El crecimiento vocacional en algunos lugares ha enriquecido la Congregación con la presencia de muchas culturas y nos está planteando la necesidad de inculturar en ellas el carisma claretiano. Los procesos formativos, junto a otras dimensiones, se tornan, en consecuencia, más complejos e interpeladotes (27).

La presencia de un buen número de misiones claretianas en contextos no cristianos y descristianizados nos urge a entrar en un diálogo creativo con la gente. Este diálogo nos hace comprender mejor nuestra fe, purifica nuestros valores, y nos lleva a plantear de una manera nueva la evangelización (43).

2º. Prioridad. Por eso, asumimos como prioridades:

  • en la Congregación –en sus estructuras, instituciones y estilo de vida– la necesaria vía del diálogo intercultural (29).
  • la inculturación del Evangelio por medio del diálogo ecuménico, interreligioso e intercultural en todas nuestras obras misioneras (45).

3º. Orientaciones formativas. Para avanzar por el camino del diálogo intercultural, por una parte, y del diálogo ecuménico, interreligioso e intercultural por otra proponemos:

  1. A)A nivel Congregacional (72)

 

  • Fomentar una actitud de apertura a la naturaleza multicultural de la Congregación a partir de la formación inicial (72.1).
  • Consolidar y organizar nuevas comunidades formativas multiculturales en la Congregación (72.2).
  • Incluir el tema de la interculturalidad en los encuentros de renovación y ofrecer algunas aportaciones sobre teología del pluralismo (73.4).
  1. B)A nivel de misión apostólica (68)
  • Mantener o incluir en nuestro curriculum formativo el tema de la inculturación y el diálogo con las culturas y religiones, realizar experiencias en esos campos, y       especializar a algunos claretianos (68.4).

3. En misión compartida

1º. La situación. El reto de la “misión compartida” supone un cambio de mentalidad (36).

2º. Prioridad. Por eso, asumimos como prioridad que la misión compartida sea nuestro modo normal de misión y que todos los claretianos aceptemos las consecuencias que esto tiene en las diversas dimensiones de nuestra vida claretiana y, en particular, en la pastoral vocacional y en los procesos formativos (37).

3º. Orientaciones formativas. Para avanzar en la línea de la misión compartida proponemos:

 

  • Que el Gobierno General y los responsables del apostolado de los Organismos Mayores promuevan y apoyen estructuras (centros de formación, grupos de voluntariado, etc.) e itinerarios formativos que plasmen nuestro compromiso con la misión compartida (66.2).

4. La fidelidad a la vocación

            1º. Situación. El Capítulo ha apreciado que (46, 47):

  • aunque la mayoría de los claretianos estamos bien integrados vocacionalmente, sabemos que en algunos existe una falta de integración como consecuencia de la separación entre fe y vida, acción y contemplación; la vida de oración y el sentido de pertenencia son muy débiles;
  • se dan fenómenos de insatisfacción personal que llevan al fácil abandono de la vocación. Como indicador del escaso grado de identificación vocacional, nos preocupan: la cantidad de permisos de ausencia o exclaustración y la facilidad con que algunos pasan al clero secular; la gravedad e imprevisibilidad de ciertas crisis vocacionales (no obstante su número total haya disminuido) que, por lo general, tienen su origen en el propio individuo y a veces en la descuidada vida fraterna de la comunidad.

2º. Prioridad. Por eso, asumimos como prioridad el cultivo de la propia vocación en fidelidad a nuestras raíces evangélicas y carismáticas, expresadas en las Constituciones (48).

3º. Orientaciones formativas. Para seguir creciendo en nuestra espiritualidad misionera, proponemos (70):

  • Practicar la lechito divina, continuando el esfuerzo desarrollado en el Proyecto Palabra-Misión, y haciendo una lectura más situacional y existencial de la Palabra (70.1).
  • Potenciar el acompañamiento espiritual y el proyecto misionero de vida como dinamismos de crecimiento personal (70.3).
  • Profundizar en los contenidos de nuestro reciente Congreso de Espiritualidad y ponerlos en práctica. (70.4).
  • Organizar programas continentales o interprovinciales de formación permanente en los que se proponga, de manera sistemática y regular, una experiencia intensa, integral e inculturada de renovación claretiana (70.4).

II. ANÁLISIS DE ALGUNOS ASPECTOS FORMATIVOS

 

1. Cultivar de un modo especial la acción del Espíritu Santo, fuente de vida

Jesús declaró que “el espíritu es el que da la vida” (Jn 6, 63; cf 2 Cor 3,6). El Espíritu es una ley de libertad que nos da la vida en Cristo Jesús (cf Rom 8,2). La fuente de la vida es el Espíritu Santo. Sin el Espíritu Santo no hay vida, todo está muerto. El soplo del Espíritu es origen de la vida y alma para todo ser viviente. Cultivar la presencia y la acción del Espíritu es para la formación fuente de “animación vocacional”.

1.1. El primero y principal agente, sin el cual no hay posibilidad auténtica de seguimien­to de Jesús, es el Espíritu. El mismo Espíritu que ungió y envió a Jesús para evangelizar a los pobres (cf. Lc 4,18 ss; Mt 3,1 ss.), que llamó y consagró a los profetas (cf. Is 30,2) para la misión profética, está sobre todos y cada uno de nosotros.

Él es el Paráclito que Jesús dona a su comuni­dad para que la acompañe siempre (Cf. Jn 14,16). Los apóstoles, reunidos con María, la madre de Jesús, fueron los primeros destinatarios de este don.

1º. El Espíritu Santo que recibió Jesucristo es el mismo espíritu que recibe cada cristiano para desarrollar su vida y misión en el mundo y en la Iglesia. Todos los religiosos lo hemos recibido en el Bautismo y se nos ha confirmado en el don de la vocación al llamarnos al seguimiento de Jesús en la propia congregación o instituto. Es quien nos hacer entender la llamada y dar respuesta positiva a la misma. Más aún, es el primero y principal agente en la formación, el cual nos impulsa a reconocer en Jesús al Señor (cf. 1 Cor 12,3) y a seguirle hasta configurarnos con Él (cf. PI 19).

El Espíritu es el que suscita el deseo de una respuesta plena a la llamada vocacional (cf. VC 19). Su acción es principio de creatividad que recrea la comunidad formativa como comunidad de profetas y apóstoles. Su acción creadora y renovadora afecta a nuestro centro personal, cambia nuestra visión de la realidad y nos ofrece la clave y la fuerza imprescindibles para vivirla desde Dios en referencia permanen­te a Jesucristo y al mundo (cf. PI 19).

 

       2º. El Espíritu es también el protagonista de la misión (Cf. RMi 30) y, por ello, el principal agente de la formación de los formandos. Sólo en él adquirimos nuestra identidad como religiosos. La acción del Espíritu en itinerario formativo es de un orden diferente a los datos de la psicología o de la historia visible, aunque se manifiesta también a través de ellos (Cf. PI 19). Es principio de vida interior, de creatividad y de comunión. Unifica la vida del formando y recrea la comunidad formativa como comunidad de profetas y apóstoles.

 

       3º. El Espíritu que nos configura con Cristo es el que nos llama a seguirlo y nos unge para la misión que el Padre nos encomienda, nos hace gustar, apreciar, juzgar y elegir todo lo que guarda relación con Jesús y su Reino. Es el que viene en ayuda de nuestra debilidad cuando experimentamos las dificultades del camino (Cf. Rm 8,26). Es, en definitiva, el *maestro interior+[1] que, en nuestro seguimiento de Cristo, nos va guiando hasta la verdad completa (Cf. Jn 16,13), nos otorga la fuerza que nos permite entregar la vida para que sea anunciada la Buena Nueva del Reino a los pobres y afrontar las dificultades de la misión. Aunque no podemos conocerla con precisión, percibimos sus frutos.

 

1.2. Este Espíritu es activo y afecta a nuestra personalidad y a sus funciones vitales de tal manera que podemos decir que nos movemos orientados e impulsados por el Aespíritu profético@. El Aespíritu profético@ es una sensibilidad global, proveniente del Espíritu del Señor, que nos permite percibir rectamente las Acosas@ de Dios y una fuerza que nos mueve a cumplir su voluntad. Estas cosas son: sus pensamientos, sus sentimientos, sus intereses, su voluntad sobre el mundo y sobre cada uno de nosotros. Es como un Aolfato espiritual@ que nos permite conocer donde Dios está y donde Dios no está, como actúa, sus intenciones, su voluntad, su querer (cf. VC 73; 94). Como la presencia y la actuación de Dios no es siempre clara y patente, el Aespíritu profético@ a través del proceso de discernimiento llega a descubrirlo en la seguridad de la fe.

 

       1.3. El Aespíritu profético@ hemos de vivirlo, experimentarlo y cultivarlo conscientemente. Para acoger y secundar la actuación del Espíritu en nosotros y los designios de la Providencia (cf. VC 73) es necesario estar abiertos a la acción del Espíritu con humildad, docilidad y con el talante de discípulos que se dejan enseñar; escuchar asiduamente la Palabra de Dios; y ejercitar la práctica del discernimiento sobrenatural para distinguir lo que viene del Espíritu (cf. VC 74), clarificar la vocación, ajustar el propio camino formativo, y reconocer su presencia en todos los aspectos de la vida y de la historia, y a través de las media­ciones humanas (Cf. PI 19; PGF 97).

 

1.2. Claret explica el sentido de este Espíritu a los sacerdotes y seminaristas cuando habla del Aespíritu eclesiástico o sacerdotal@. El espíritu eclesiástico “no es otra cosa, – les dirá -, que una participación del Espíritu de Dios”[2]. El Espíritu Santo que recibió Jesucristo es el mismo espíritu que recibe cada sacerdote para desarrollar su vida y misión. Es el espíritu sacerdotal de los Apóstoles, de san Pablo y de tantos otros que vivieron una vida sacerdotal santa y apostólica[3].

2. Buscar siempre y en todo la gloria de Dios

          La gloria de Dios fue siempre un objetivo explícitamente buscado por el P. Fundador en su proyecto personal y en su misión apostólica. Todas las asociaciones que fundó tenían como fin la gloria de Dios. La gloria de Dios figura en el objeto fundamental de nuestra Congregación (cf. CC 2). Y ¿qué es la gloria de Dios? Es que el hombre viva (Ireneo de Lyon), que el pobre viva (Oscar Romero), que la naturaleza viva (Pablo de Tarso). Damos gloria a Dios anunciando que “el Evangelio del amor de Dios al hombre, el Evangelio de la dignidad de la persona y el Evangelio de la vida son un único e indivisible Evangelio” (EV 2) (8).

          Esto nos lleva a formarnos para luchar contra los signos de la violencia y de la muerte (6). La formación para la lucha contra la violencia y la muerte ha de estar fundamentada en Jesús el cual nos revela el sentido de la vida. Después de haber hecho de su existencia un servicio a la vida, pudo decir con toda verdad “Yo soy la vida” (cf. Jn 14,6). La comunión con él, muerto y resucitado, nos hace luchar por la vida, y da sentido a todas las situaciones humanas, en especial a las más dolorosas: las tragedias provocadas por la naturaleza, las consecuencias inhumanas de la injusticia y de la ambición, la enfermedad y la misma muerte. Nos dice que “quien ama su vida la pierde” (Jn 12,25), y que quien entrega su cuerpo y su vida para la salvación del mundo -como Él mismo en la Eucaristía- “la gana para siempre” (9).

3. Consistencia

 

3.1. Situación del problema

 

            1º. En primer lu­gar, el significativo número de reli­giosos que, todavía rompe la opción fun­damental de su vida o que han des­cubierto que no han optado ade­cuadamente al abrazar el carisma de la vida religiosa. Es un hecho que, hoy en día, sigue siendo preocupante. Y no se trata sólo de re­ligiosos que tienen com­promisos temporales sino, sobre todo, de aquéllos que han vivido varios años la opción perpetua y definitiva[4].

 

            2º. También ha cambiado la concepción y la valoración del sentido de perpetuidad y de fidelidad en las nuevas generaciones. El cambio que hemos experimentado y realizado en la sociedad, en la iglesia y en la vida religiosa se ha debido a una fuerte mentalización con el discernimiento entre los esencial y lo pasajero. Hoy podemos decir que el cambio es una actitud normal; más aún, a veces se ha convertido es una actitud casi patológica. Se busca cambiar por cambiar, cambiar sin sentido ni perspectiva; no se soporta la más mínima estabilidad; se quiere y ansía nuevas experiencias, nuevas realidades, nuevas perspectivas. En este contexto el lógico que el concepto de fidelidad hasta la muerte no tiene sentido mi tiene valoración alguna positiva. La ruptura de la opción fundamental afecta no sólo a los consagrados, sino también a los matrimonios.

 

3º. La consistencia vocacional un reto para el siglo XXI. Antes las situación actual (abandonos frecuentes y profundos cambios), la formación debe ayudar a una formación para vivir en fidelidad dinámica.

 

“Los retos más comprometidos que la formación tiene que afrontar provienen de los valores que dominan la cultura globalizada de nuestros días […]. En un tiempo de profundas transformaciones, la formación deberá estar atenta a arraigar en el corazón de los jóvenes consagrados los valores humanos, espirituales y carismáticos necesarios, que los hagan aptos para vivir una fidelidad dinámica, en la estela de la tradición espiritual y apostólica del Instituto”[5].

 

3.2. Presupuesto. Mundo de valores de la vida claretiana.

 

            Las exigencias de totalidad y de per­petuidad de la consagración religiosa ha de ser un presupuesto que hay que reafirmar con valentía. Tanto la tradición de la Iglesia como las enseñanzas más actuales y los análisis teológicos de la misma han insistido en que la Consagración peculiar que rea­liza el religioso al emitir sus vo­tos es “un don total a Dios”, “una entrega radical y definitiva a El”, en la que queda involucrada toda la persona, todo lo que es y tiene, todo su presente y todo su futuro[6]. Es una inmolación hasta la muer­te comparable con el martirio[7].

 

La propuesta de los valores claretianos que hacemos a los formandos ha de ser clara y radical, sin ambigüedades ni suavidades en sus exigencias; por ejemplo, la propuesta de nuestros valores ha de incluir necesariamente la disponibilidad misionera, la entrega de toda la persona al proyecto de Dios sobre ella, la perspectiva martirial (en la tradición congregacional, desde el P. Fundador, el martirio ha sido siempre contemplado como un rasgo de nuestra espiritualidad apostólica), etc.

El proceso formativo debe ayudar al formando a convencerse de que Dios tiene sobre él un designio vocacional que abarca toda su existencia. Toda su vida debe ser una respuesta generosa a este llamamiento divino, que le señala un puesto y una misión en el mundo y en la Iglesia. Esta respuesta no ha de ser un sometimiento forzado, sino la respuesta, psicológicamente libre y llena de amor, a un plan providencial de gracia y salvación[8].

3.3. Una formación de calidad

Hemos de insistir una vez más en la necesidad de ofrecer a los formandos una formación de alta calidad, una óptima formación integral, aspirando siempre a lo mejor, y a lo más comprometido y empeñativo, superando la vulgaridad y mediocridad. Es verdad que hemos de preocuparnos y trabajar con interés por aumentar el número de candidatos que ingresen en la Congregación. Sin embargo, hay que afirmar que es mucho más importante impartir una formación de calidad a los candidatos ya presentes, es decir, una formación que sea personalizada, actualizada, profundamente claretiana y exigente. Una formación que lleve al formando a una madurez en su personalidad, a una consistencia y estabilidad en sus opciones y decisiones, y que se funde en una sólida espiritualidad apostólica.

Sin una formación de calidad, el formando no será un testigo de Jesús Resucitado, ni podrá responder a los desafíos actuales de nuestra misión ni dará garantías de perseverancia y fidelidad. Más aún, sin ella no estará preparado para aceptar con alegría y espíritu misionero el martirio, como nuestros formandos Beatos Mártires de Barbastro[9]. Como nos recuerda el PGF, dadas las condiciones conflictivas en las que vivimos nuestra vocación y los riesgos del mensaje que hemos de transmitir (un mensaje de anuncio y de denuncia en situaciones conflictivas de increencia, de injusticia, de alienación o de muerte), debemos prepararnos para vivirla con el atrevimiento y la confianza de los mártires (cf. n. 39).

3.4. Formar personas humanamente libres y bien integradas

 

            El religioso es una persona humana, tiene una fe cristiana y debe asumir unos compromisos vocacionales de gran exigencia personal. Por ello, necesita un Yo fuerte, exigente, por una parte, pero también flexible e integrador, por otra, de tal modo que dé unidad y armo­nía a todas las aspiraciones que brotan de su ser religioso y hu­mano.

 

Los formandos, para garantizar su propia consistencia en la vocación, han de llegar a ser personas libres, bien integradas humana y vocacionalmente; personas auténticas que viven con plena libertad y gozo la propia vocación. La experiencia demuestra que es posible cultivar los valores de la vida misionera y mantener nuestro estilo de vida dentro de un desarrollo armónico de nuestra personalidad. Nuestra vida no tiene sentido si no somos auténticos, es decir si no vivimos con libertad y coherencia con los valores que anunciamos.

            La opción por la vida re­ligiosa debe brotar de un Yo li­bre y autónomo. Solamente un Yo libre puede optar con madurez y en fe. Sería su­mamente peligroso que la fuerza de la opción por la vida claretiana proveniese de la ener­gía impulsiva de la persona. Por el contrario, la energía psi­cológica que debe impulsar al re­ligioso al hacer su opción ha de ser la energía direccional y proyectiva. Sobre ella se puede asentar la fe. Ella da originalidad y creatividad a la vocación; y es a la vez garantía de estabilidad y consistencia.

Para realizar la opción fundamental en la profesión, el misionero ha de estar ­psicológica y espiritualmente maduro. Como la op­ción afecta a la totalidad de la per­sona, ésta debe poseer gran madurez intelectual, tendencial y espiritual, con capacidad para saber orienta­r universalmente la vida y para percibir correctamente la realidad. Solamente quien haya alcanzado tal nivel de madurez puede plan­tearse el sentido de su propia vida y confrontarse a sí mismo con el mundo de valores que quiere abrazar. La mejor garantía de la firmeza y estabilidad de la opción es que ésta se haya tomado con la debida seriedad y responsabili­dad, después de un proceso de ma­duración humana y sobrenatural.

Las garantías de un compromiso definitivo con Dios, con la Iglesia y la Congregación requieren, también, que el formando haya conseguido equilibrio en sus afectos, claridad de criterios religiosos y uso maduro de la libertad[10].

1º. Un primer paso para llegar a esta madurez e integración base y fundamento de la consistencia vocacional es vivir concientemente la realidad de Espíritu, fuente de vida, del que ya hemos hablado anteriormente. El Espíritu Santo como primer agente de la formación subraya su acción en el itinerario formativo como Acentro integrador de todas las dimensiones de nuestra vida y misión@ (PGF 93); es el Amaestro interior@ (n. 96) y Aprincipio de vida interior@ que Aunifica la vida del formando@(n. 95); su acción creadora y renovadora Aafecta a nuestro centros personal@; y Aen El adquirimos nuestra identidad como servidores de la Palabra@ (n. 94).

El Espíritu hace comprender que el amor y el aprecio a la vocación, y la fidelidad a ella pasan por la identificación con Cristo en la cruz y, consiguientemente, por la propia abnegación y la entrega total de sí mismo a la causa de Jesús. El formando ha de asimilar personalmente estos valores y se ha de educar en la práctica para sacrificarse generosamente y de una manera radical por amor a Cristo en las condiciones ordinarias de su vida. De lo contrario no ofrecerá garantías de perseverar y desarrollar su primera decisión de seguir la vida apostólica de Jesús[11].

2º. Un segundo paso es actuar un estilo de formación liberadora que ayude al formando a llegar a ser libre mediante un proceso formativo en libertad y para la libertad. Esto exige que el formando, a lo largo del itinerario formativo, se conozca mejor a sí mismo y adquiera una imagen real de su propia personalidad; consiga liberarse de motivaciones inauténticas,   inconscientes y negativas, de miedos y angustias, y de todos aquellos condicionamientos que le impiden asumir libre y responsa­blemente los compromisos de la vida misionera. Exige, sobre todo, una perspectiva positiva y satisfactoria de sí mismo que le permita desarrollar la capacidad de hacer opciones libres y estables, referidas a los valores del Reino y estimuladas por motivaciones conscientes, válidas y auténticas (cf. PGF 37).

3º. Y, un tercer paso, es la motivación de la caridad apostólica. A la base de la integración de la personalidad, además de otros medios psicológicos y pedagógicos, está la motivación del amor, Ael fuego que hace de los hijos del Inmaculado Corazón de María hombres que arden en caridad, que abrasan por donde pasan@ y vivir Aen Cristo Jesús@ contemplándolo e imitándolo, hasta que ya no seamos nosotros mismos los que vivamos, sino que sea Él quien realmente viva en nosotros (cf. EMP 16, 19, 21). Para tener la madurez que nos prepare al martirio y para vencer los miedos y las tentaciones que pueden paralizarnos, los que seguimos a Jesús debemos amar apasionadamente a Dios, a María y a los hermanos, como lo hicieron el Fundador y nuestros mártires (cf. SP 17; PGF, 39; TM 22).

3.5. Formación Personalizada

 

Una formación personalizada implica varias dimensiones que se han de tener en cuenta (cf. PI 29; PGF…; PTV….):

            1º. Contacto personal. El primer paso para una formación personalizada es que se ha de realizar a través de un contacto personal entre el formando y el formador. Aunque la actuación pedagógica grupal sea importante en algunos momentos, no obstante debe existir el contacto personalizado formando-formador. Este se puede realizar mediante la dirección espiritual, el consejo pastoral, el diálogo pedagógico. Lo importante del diálogo entre formador y formando, que ha de ser claro, transparente y basado en la sinceridad y la verdad, es que se llegue a tocas los verdaderos problemas y asuntos que afectan al formando.

Los capítulos generales piden insistentemente (citar..) que se cuide específicamente el acompañamiento vocacional. Es un tema fundamental del que se habla constantemente en todos los foros nacionales e internacionales; sobre el mismo hay una bibliografía inmensa. Es un dato sintomático por dos razones:

  • primero, porque es un medio de gran importancia formativa. Su importancia es patente. Además de las acciones de grupo, hay que llegar a la persona. La vocación es siempre un proceso personal: llamada personal y respuesta personal; y no siempre es una experiencia clara y nítida. Dios llama a través de Asignos vocacionales@ que hay que discernir. Por otra parte, el acompañamiento es esencial para estimular a los candidatos a crecer en la vida cristiana (ámbito donde se manifiesta la vocación), para ayudarlos al discernimiento vocacional, para acompañarlos en las dificultades ante las decisiones que ha de tomar y para evitar futuras frustraciones por la falta de discernimiento adecuado.
  • y, segundo, porque se ha descuidado o no se ha cuidado suficientemente. Es un problema real que he contrastado en muchos ambientes, una cuestión que nos interpela y una pregunta a la que hemos de responder con sinceridad y verdad )Dispongo de poco tiempo? )Estoy muy ocupado en otras tareas? )Tengo dificultades personales )Me encuentro poco preparado?

            2º. Respeto de los rasgos personales y de los ritmos evolutivos del formando.

No basta con tener un contacto personal. La formación personalizada implica, además del acompañamiento personal, la atención y el tratamiento pedagógico de la situación personal del formando, de un modo especial sus rasgos personales y su ritmo evolutivo. No es formación personalizada la que hace pasar a todos los formando por el mismo rasero y la que peca de adultismo. Además de las exigencias comunes normales, hay que atender a las demandas personales.

Desde esta constatación, es preciso que en el itinerario formativo atendamos a cada persona en su singulari­dad (Cf. CIC 660, 1), la valoremos en todo lo que ella es, respetemos y estimulemos su ritmo de crecimiento, conscientes de que la persona crece y se plenifica abriéndose a la comunión, insertándose en la historia. En la Congregación un caso típico en la formación ha sido la aprobación y estímulo de los estudios particulares. En esta misma línea hay que personalizar la forma y el ritmo de la oración personal, las aficiones particulares, el desarrollo de las cualidades personales, etc.

3º. El formando, protagonista de su formación.

La formación concierne, directamente y en primer término, a la persona, al formando. El primer responsable de su formación es el propio formando (cf. PI 29; PGF,..). Esto supone en el formando, no sólo la observancia exterior de las normas y la adaptación a las situaciones, sino, sobre todo, la capacidad de discernimiento y de asunción consciente de los valores y la motivación interior que enriquece las actitudes y comportamientos. La aceptación de la comunidad verifica y expresa la verdad del crecimiento personal (Cf. PI 29).

La formación personalizada debe conseguir que las convicciones y la vivencia práctica de las mismas nazcan de una respuesta consciente, libre y generosa de toda la persona del formando. Éste no se ha de dejar llevar por una actitud pasiva ni por la influencia meramente receptiva del formador y del ambiente; ha formar una actitud activa y personal antes ellas a fin de que más tarde, cuando falte el formador y el ambiente sea adverso, no sólo no desaparezcan, sino que se desarrollen hasta llegar a la auténtica santidad religiosa y apostólica[12].

El reconocimiento del formando como protagonista de su formación reclama una pedagogía de la confianza en la que el formando tenga garantizado un amplio y adecuado margen de libertad responsable. Requiere, en la práctica, un justo equilibrio entre la formación del grupo y la de cada persona, entre el respeto a los tiempos previstos para cada fase de la formación y su adaptación al ritmo formativo de cada uno (PI 29), entre la personalidad de cada uno, la solidaridad comunitaria y el cumplimiento de la misión recibida con y en la comunidad.

            4º. Asimilación e internalización de los valores formativos.

Este aspecto es fundamental para garantizar una formación personalizada. El formando ha de llevar a cabo su proceso de crecimiento personal interiorizando los valores que sustentan su vida, personalizando las relaciones y asumiendo positivamente los acontecimientos. Se tratará de apelar vigorosa­mente a su conciencia y a su responsa­bilidad personal para que interiorice los valores de la vida religiosa y al mismo tiempo la regla de vida propuesta por sus maestros y maestras de forma­ción (cf. PI 29).

El formando ha de asimilar los valores de tal manera que los interiorice convirtiéndolos en dimensiones de su propia personalidad. De esta manera los valores y las exigencias de la vida claretiana estarán personalizados y actuarán dinámicamente con normalidad y fluidez. El formando actuará normalmente con capacidad habitual en la línea de su vocación claretiana.

5º. Personalizar es llegar a ser plenamente personas.

Formar es “ayudar a personali­zar”. La formación personalizada es un proceso formativo que hace a los formandos “ser personas”. Pero, ¿qué significa ser persona?

Para entender este planteamiento hay que llegar a la autenticidad de la persona ¿Qué significa ser auténticos?

  • En el habla cotidiana, “auté­ntico” equivale a genuino, sin trampas, a ser lo que parece. Lo aplicamos con mucha frecuencia a las cosas y a las personas.
  • También entendemos por auténtico­, en referencia a las personas, al que es coherente desde un punto de vista moral; es decir, aquel en el que se da concor­dancia entre lo que cree, dice y hace. Este es, a menudo, el significado más usual en los ámbitos religiosos.
  • Más interesante resulta el recurso al sustantivo griego “authént­es” (que significa el que obra por sí mismo, autor, ejecutor) y al verbo “authentéo” (que equivale a dominar o a gobernar). Auténtico -desde el punto de vista etimológico- es, pues, el que actúa por sí mismo, el que sabe dominar la situa­ción, el que se arriesga hasta el punto de acabar incluso con su vida. La autenticidad es una actitud de lucidez psicológica y de talante existencial. Implica aprender a:
    • Ser nosotros mismos sin depender de instancias externas.
    • Asumir el riesgo de las propias decisiones sin refugiarnos en el rol social que desempeñamos.
    • Vivir nuestra condición de seres libres y autónomos sin evadirnos en los sistemas de seguridad.

 

            Para nosotros, los creyentes, los religiosos, ser persona madura se realiza “a la medida de Cristo, el Hombre por excelencia”. Esto signifi­ca que personaliza­ción/humani­zación y seguimiento/cris­tifica­ción son la misma cosa. No podemos ser hombres sino mediante la identificación y la configu­ración con Jesucristo en un itinerario de seguimiento y objetivo de la formación.

 

3.6. Defensa de la opción fundamental

 

            Una vez que se ha tomado la opción por la vida claretiana hay que defenderla de su posible ruptura. La mejor garantía de su firmeza es que se haya tomado con la debida seriedad y responsabili­dad, después de un proceso de ma­duración humana y sobrenatural.

 

            Sin embargo, por muy firme que sea la decisión vocacional es en definitiva una decisión humana, tomada por una persona libre, que puede cambiar cuando quiera, y a la vez condicionada, que puede cambiar cuando no quiera. No se puede ser ingenuo y confiar tanto en las propias fuer­zas que no se vea la posibilidad de romper lo que solemnemente se había prometido. La experiencia de la vida nos enseña diariamente cuántos fallos y abandonos de la vida consagrada no nos los explica­mos, pues proceden de personas que aparentemente, a lo menos, se comportaban con firme coherencia y decisión.

 

            La opción fundamental hay que defenderla de posibles opciones parciales y superficiales que poco a poco la van minando hasta des­hacerla totalmente. Hay que evitar opciones parciales contrarias a la opción fundamental que la pueden desmoronar irremediablemente. El Yo, libre y autónomo, que ha to­mado la decisión fundamental, si­gue estando sometido a las presiones internas de los impulsos y a las presiones sociales desde fuera que buscan satisfacciones inmediatas, y cuyos comportamientos se oponen a la opción fundamental. Ser con­descendiente con estas presiones internas y externas es sumamente peligroso para su estabilidad y fir­meza. Por eso, el religioso debe tener una buena capacidad de re­nuncia a lo inmediato, de control emocional y afectivo y debe llevar una vida disciplinada interna y ex­ternamente. Es peligroso vivir experiencias ambivalentes, pues aunque parciales, son siempre di­námicas de alguna manera y per­foran sistemáticamente la opción fundamental hasta cascarla y pu­drirla.

 

Es necesario que el claretiano compren­da que los conflictos que la vida misionera le plantea en su quehacer cotidiano no deben debilitar su opción. Los conflictos no deben, en principio, poner en crisis la propia opción. Al contrario, la han de reforzar, fortalecién­dola y dándole más consistencia. La opción fun­damental debe servir de clarificación y de ayuda para iluminar desde la fe y su­perar desde el amor los conflictos de la vida.

El claretiano debe tener una buena capacidad de re­nuncia a toda experiencia que se opone a su opción. Más aún, ha de evitar las experiencias de vida ambivalentes que, por ser siempre di­námicas, de alguna manera per­foran sistemáticamente la opción fundamental hasta debilitarla o destruirla­. Por último, ha de controlar de una manera positiva su vida emocional y afectiva.

La opción fundamental, para que sea eficiente y duradera, ha de estar sostenida con una vida disciplinada interna y externamente, y una capacidad de renuncia y sacrificio. La dis­ciplina no solamente madura la personalidad, sino que permite ele­gir en la vida lo más conveniente para la opción fundamental. El control interior unifica y orienta las tendencias en la di­rección de la opción fundamental. La renuncia y el sacrificio, que han de estar suficientemente motivados, son comportamientos esenciales y básicos para defender la opción fundamental. En la vida se presentan opciones a las que hay que renunciar, a veces con gran sacrificio, para poder sostener y sustentar la opción fundamental que ha tomado la persona.

3.7. Cultivar la vocación (PTV)[13]

La insistencia sobre el cuidado de la propia vocación ha sido una constante y una tradición en nuestra Congregación iniciada por el P. Fundador e impulsada por el magisterio de nuestros Superiores Generales. Toda la animación que ellos realizaron para fomentar las vocaciones a la Congregación pasó por una llamada a la fidelidad vocacional de cada uno.

1º. Oración. La vocación es, en primer lugar, un don inmerecido e inmarchi­table. Por eso, debemos pedirlo insistentemente todos los días y estar convencidos de que el Padre concede siempre su Espíritu a los que se lo piden[14].

2º. Reflexión sobre los propios signos vocacionales.

La vocación claretiana es una experiencia de fe en la que el misionero se siente llamado e interpelado personalmente por Jesús para que le siga según el estilo de los Apóstoles y de Claret. Sin conciencia de la llamada personal del Señor es imposible que el religioso inicie la andadura vocacional y se mantenga firme en ella hasta la muerte.

La conciencia de la llamada vocacional se descubre por la fe a través de los signos vocacionales, momentos de la historia personal del religioso en los que el Señor se hizo presente invitándole a seguirle[15]. Esos momentos de fuerte experiencia vocacional son reales, no se pueden olvidar, hay que renovarlos y hay que hacerlos presentes en los momentos de dificultades vocacionales.

Cuando se ha perdido el sentido de la llamada vocacional personal, la vida del claretiano se caracteriza por una notable mediocridad, o por una falta de sentido en lo que hace en comunidad y en el apostolado, o por una ruptura defi­nitiva de la opción por la vida religiosa. Al no sentir en sí la llamada del Señor, se considera fuera de lugar y se incapacita para uni­ficar su personalidad en el cumplimiento de la misión vocacional[16].

3º. Fidelidad a los dinamismos que animan nuestra vida misionera

Para garantizar la fidelidad vocacional a largo plazo, es necesario promover y garantizar la fidelidad a los dinamismos personales y comunitarios que definen nuestro proyecto de vida misionera. Citaría: oración personal y comunitaria diaria, lectura de la Palabra de Dios, eucaristía cotidiana, confesión frecuente, retiro mensual, ejercicios espirituales, proyecto personal y dirección espiritual. Son dinamismos que también nos recuerdan los capítulos generales. Su abandono es frecuentemente el comienzo del desmoronamiento de la propia vocación. A noso­tros, las Constituciones nos ofrecen los dinamismos necesarios y su­ficientes para incrementar la calidad de nuestra vida comunitaria. No se trata de buscar medios extraordinarios, sino de llevar a cabo extraordinariamente bien los medios ordinarios que ya tenemos[17].

4º. El Quinquenio

En esta fase de la vida misionera[18], el claretiano debe descubrir una nueva manera de ser fiel a Dios[19], de modo que pueda dar una respuesta adecuada a los desafíos que se le presentan en su nueva situa­ción[20]. Muchos fallos en la fidelidad a la vida misionera se han dado durante este periodo a causa de su negativa orientación y vivencia. El claretiano durante estos años debe dar una importan­cia especial:

  • A la vida espiritual vivida en armonía con la acción[21].
  • Al acompañamiento espiritual y pastoral para ir integrando su prepara­ción ministerial con la experiencia de la vida.
  • A la renovación doctrinal, actualizando y llevando a la práctica lo aprendido durante la formación inicial[22].
  • Al proceso psicológico de adaptación a la comunidad y al servicio misione­ro.

Los últimos Capítulos Generales han recomendado de un modo especial que la Congrega­ción ayude, con algunas iniciativas de formación, a los presbíteros durante los cinco primeros años de su ministerio y a los hermanos durante los cinco años siguientes a la profesión perpetua[23]. Esta ayuda se puede concretar en:

  • Destinarlos a comunidades que vivan con empeño el proyecto misionero de vida claretiana en todas sus dimensiones.
  • Encomendarles responsabilidades que no excedan su capacidad y que se ajusten lo más posible a su situación personal.
  • Asegurarles un acompañamiento continuado.
  • Ofrecerles encuentros anuales de formación y revisión.

La comunidad local, el Superior y todos sus miembros, han de desempeñar, también, un papel primordial en el acompañamiento de los jóvenes misioneros durante el Quinquenio. La fidelidad de la comunidad al proyecto comunitario, a la oración personal y comunitaria, a las reuniones mensuales, a los proyectos pastorales y a otros compromisos será, sin duda, uno de los medios más adecuados para acompañar y apoyar en la fidelidad a los jóvenes claretianos. Éstos no pueden ser defraudados con experiencias opuestas a las que han vivido durante el tiempo de formación.

4. Conclusión miremos a nuestros modelos.

          1º. En primer lugar a María nuestra Madre y Formadora. Ella es la madre de la Vida. Isabel la llamó bendita a causa del fruto de su vientre y de su fe. Como pueblo de Dios la aclamamos “vida, dulzura y esperanza nuestra” (Salve Regina). También le suplicamos que ruegue por nosotros, “ahora y en la hora de nuestra muerte” (Avemaría). A ella nos entregamos en nuestra Profesión (cf. CC 159). A través de ella recibimos vida abundante. Es la Mujer del Apocalipsis que da a luz entre las amenazas del dragón y que se refleja en la Iglesia también madre, en medio de las amenazas a la vida (cf. Ap 12,1-2). El Magnificat proclama su compromiso por un mundo donde reine la vida (cf. Lc 1,46-55). La definición del hijo del Inmaculado Corazón de María manifiesta cómo podemos asemejarnos a ella, proclamar la vida y luchar contra todo lo que la amenace (cf. CC 9).

En nuestra espiritualidad, también María, como Madre y Formadora, nos ayuda en proceso de integración de la personalidad y no enseña a ser coherentes y consistentes[24]. Nuestra Madre nos enseña a acoger Acon un corazón alegre@ la Palabra de Dios y a ser coherentes con ella, poniéndola en práctica y haciéndola efectiva. Para el formando María ha de ser la persona que le debe inspirar la síntesis vital a los largo del proceso formativo hasta llegar a la plena unidad interior y a la fidelidad perpetua[25].

          2º. Por último, miraremos a nuestro Padre Fundador. Él fue el buen pastor que entrega la vida. Recibió el don de una permanente comunión con Jesús eucaristía, que le impulsó a luchar contra los males de su tiempo y a entregarse como oblación[26]. También nuestros Mártires de Barbastro fueron transformados en comunidad eucarística, capaz de entregar la vida y de vivificar.



[1] Cf. PGF nn. 95-96.

[2] CLARET, Reglamento interior para los estudiantes del Escorial: “Epistolario Claretiano” (EC), 1 enero 1867, 1101-1102.

[3]“El mismo Jesucristo recibió el Espíritu Santo, el espíritu sacerdotal, el espíritu de que ha de vivir y obrar todo sacerdote. He aquí las palabras de las santas Escrituras: Spiritus Domini super me… propter quod unxit me. Por lo que me ha ungido como doctor, profeta, salvador y legislador… No me detendré en referir uno por uno los prodigios que obraron los apóstoles, que tan pronto como quedaron llenos del espíritu del Señor empezaron a hablar. Solo diré alguna cosa del Apóstol San Pablo, lleno de este espíritu eclesiástico… Tan pronto como fue llamado de Jesucristo en el camino y después animado del espíritu que recibió en Damasco, ya no se para en carne y sangre, sino lleno del fuego de la caridad, corre por todas partes como vaso de elección, llevando el nombre de Jesús, no buscando más que la mayor gloria de Dios y la salvación de las almas… Este mismo espíritu es el que animaba a los Domingos de Guzmán, a los Vicentes, a los Javieres y a tantos otros sacerdotes.” (CLARET, El espíritu sacerdotal: “San Antonio M Claret. Escritos Espirituales” (EE). Ed. preparada por J. BERMEJO, Madrid 1985, 284-286).

[4] Cf. G. PASTOR, Razones de abandono de la Congregación durante el último decenio 1981-1990, Roma, XXI Capítulo General, 11991.

[5] Cf. Caminar desde Cristo. 18..

    [6] Cf. LG., 44; RC., 2; ET., 4,7; PI., 7-9; VC. 22, 65.

    [7] De hecho la tradición de la Iglesia siempre ha comparado la profe­sión religiosa a un martirio, a un sacrificio total y un holocausto perfecto.

[8] Cf 1F, 10.

[9]AEn nuestros 51 hermanos beatos mártires de Barbastro contemplamos, de manera particular, el paradigma de lo que estamos llamados a ser: hijos del Corazón de María, desde el Magnificat hasta el Calvario. Este *seminario mártir+ se convierte también para nosotros en modelo de comunidad formativa por su fe inquebrantable y alegre, por su disponibilidad plena a la voluntad de Dios, por su oración constante y confiada, por su vivencia de la filiación cordimariana y de la eucaristía, por su ayuda fraterna, por su amor a la Congregación y por su celo apostólico@ (PGF 137).

     [10] Cf. 1F 123.

     [11]cf 1F, 28; EMP, 24.

     [12]cf 1F, 14.

[13] En este apartado me remito al folleto Cultivar la Vocación publicado por la Prefectura General de Formación (2002 ¿) y que recoge el capítulo octavo del Directorio Vocacional Claretiano. Ahora presento una síntesis.

     [14]cf Lc 11,13; Aut 443; PGF, 52.

   [15] cf PO, 11.

     [16] cf CPR, 46.

     [17] cf Aut 86-87; EA, p. 412; CC 54; Dir. 140; CPR, 55-56, 67; SP, 13.3; EMP, 21.2, 28.1, 24, 29.1, 34.3; PI, 63, 71.

     [18] cf PGF, 506-511.

     [19] cf PDV, 76.

     [20] cf SP, 22.1; 22.2; EMP, 25.

     [21] cf CPR, 56.

     [22] cf OSG, 1959, nn. 262 ss.

    [23] cf Dir 148; SP, 22.2; EMP, 25.

[24] Cf. PGF 100.

[25] Cf. PGF 101; cf. también, SP 13; Aut 687.

[26] Cf. Aut 694