Apéndice 1 Reglamento del P. Fundador

                                                                Apéndice 1

 

Reglamento del P. Fundador

 

            El P. Fundador escribió para la Congregación el Reglamento para los Aspirantes, Probandos y Estudiantes de nuestra Congregación y sus respectivos Maestros[1].

            Este Reglamento fue integrado en las Constituciones de 1862 en forma de Apéndice con algunas variantes. Así fue enviado a Roma para su aprobación en los primeros meses de 1863. Es el texto que se presenta en este Apéndice 1º del Manual.

            Más tarde, dicho Apéndice desapareció como tal y su contenido pasó a formar parte del texto constitucional aprobado por un decenio el 25 de diciembre de 1865. Por último, quedó establemente integrado en el texto de las Constituciones cuando fueron aprobadas definitivamente el 11 de febrero de 1870 y cuando fueron modificadas en 1924.

 

 

APÉNDICE A LAS CONSTITUCIONES   ANTECEDENTES

O SEA REGLAMENTO PARA LOS ASPIRANTES, PROBANDOS Y

ESTUDIANTES DE NUESTRA CONGREGACIÓN

Y SUS RESPECTIVOS MAESTROS

 

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CAPITULO I

DEL MAESTRO DE LOS PROBANDOS

            1. Es indispensable que el llamado de Dios a un ministerio tan sublime e importante como es el apostólico, esté adornado de las virtudes convenientes al efecto; y como para dicho fin es comúnmente necesario que haya un guía que enseñe y regule, el Director General con el Subdirector elegirá para el desempeño de este importantísimo cargo al individuo de la Congregación que reúna las cualidades de madurez, amabilidad, discreción y conocimientos, que para esto se requieren.

            2. Obligaciones: A tres se reducen las muchas que tiene el maestro de Probandos. La primera hacia Dios y la Virgen Santísima, de quienes ha de ser devotísimo a fin de alcanzar aquellas luces, que para cumplir bien sus deberes necesita.

            3. La segunda hacia el Superior a quien ha de ser fidelísimo, obrando siempre con su dependencia, y no autorizando nunca cosa alguna contraria a sus disposiciones o a su voluntad expresa o presunta.

            4. La tercera hacia sus encargados, para los cuales ha de ser Padre, mirando mucho por su salud de alma y cuerpo: Maestro, enseñándoles las virtudes con las palabras y el ejemplo; Médico, indagando sus dolencias, y prescribiendo los remedios conformes a las enfermedades y temperamentos de cada uno.

            5. Para el cuerpo: Mirará si tienen lo necesario así en el vestido como en la comida; si alguno trabaja demasiado, si en el estudio está con mala posición física, si lo hace en horas prohibidas: si alguno se da a la ociosidad, o se deja llevar de la pereza, en fin, si sin permiso del Superior se hacen mortificaciones no autorizadas por las Constituciones. Procurará así mismo que ninguno falte a los recreos, que para la salud se ordenaren.

            6. Para el alma: Les hará con espíritu las conferencias ascéticas dirigidas a su aprovechamiento, y se informará de si hacen todos y con puntualidad la meditación, la lectura espiritual, las Visitas al Smo. y los exámenes. En las recreaciones estará siempre con ellos, les infundirá el desprendimiento de su Patria, de sus padres y parientes, el espíritu de mortificación y la abnegación de sí mismos: nunca permitirá que vayan solos a la portería; ni que tengan amistades particulares, y así para evitarlas, vigilará mucho, será muy exacto en el silencio, y no disimulará el que alguno entre en el cuarto de otro; disponiendo además que todos los días cambien de compañero en los recreos.

            7. Los que están en el año de prueba le han de merecer mucha atención por motivo de las especiales tentaciones que padecen: escúchelos por tanto con paciencia, aunque sean pueriles o pesados; anímelos y confórtelos; dándoles consejos saludables y prudentes. Cuando vea alguno triste o ensimismado, llámelo al instante, examine la causa, y aplíquele el remedio conveniente.

            8. Si observare a alguno sin vocación o de malas costumbres, sobre lo que vigilará muchísimo, hágale aparte las reflexiones oportunas, y manifiéstelo al Superior sin pérdida de tiempo. Así mismo le dará también conocimiento con frecuencia del talento, salud y demás cualidades de cada uno; para lo que tendrá de todos ellos formada una lista.

            9. Por último sea para todos luz, camino, padre, maestro y ejemplar; seguro que con esto contraerá un grande mérito delante de Dios y de la Congregación, más como esta carga es pesada, podrá tener un auxiliar con el nombre de Ayudante.

CAPITULO II

 

DEL AYUDANTE

            10. Éste será elegido del mismo modo, y deberá tener el mismo espíritu y las mismas cualidades que el Maestro.

            11. Sus deberes consisten en substituir a éste, y hacer en su ausencia o defecto cuanto para el mismo se ha dicho, dándole después exacta cuenta de todo lo ocurrido y practicado, y teniendo presente, que, así como si se cumple, el mérito de uno y otro será grande; así también sería grave la responsabilidad si se faltare.

CAPITULO III

 

DE LOS ASPIRANTES

            12. Llámanse con este nombre todos los aprobados para la Congregación durante los primeros quince días de su permanencia en ella.

            13. Sus ocupaciones en este corto período de tiempo, serán: 1º. Leer y enterarse bien de las Constituciones y prácticas del Instituto. 2º. Formar según ellas su espíritu, haciendo ejercicios espirituales y en ellos confesión general desde que entraron en el uso de razón. 3º. Redactar y escribir los propósitos conforme a la perfección que requiere el nuevo estado. 4º. Ocupar el tiempo que les resta en lo que el Maestro dispusiere.

            14. A éste le serán muy obedientes y sumisos, mientras que él por sí o por su Ayudante les enseñará con amabilidad y agrado todo lo conveniente en orden a la moralidad, educación y materialidades; y si durante estos días dan esperanzas de ser aptos para la Congregación, luego de finidos, comenzarán el año de prueba.

CAPITULO IV

 

DE LOS PROBANDOS

            15. Nada importa tanto a los Misioneros, nada para ellos tan esencial, como el adorno de todas las virtudes. Sin ellas es inútil su talento, estéril su voz y vano su trabajo: por eso sus deseos, su primera atención ha de dirigirse a obtenerlas; y como el año de prueba es el destinado a poner los fundamentos de las mismas todos, ora sean Sacerdotes, ora estudiantes o hermanos ayudantes, practicarán para esto con esmero los medios más eficaces.

            16. FE. Aunque tienen necesidad de todas las virtudes, sin embargo ante todo han de procurarse una fe viva; pues además de no poderse agradar a Dios sin ella, es el fundamento de todas las otras. Ella fue la que enardeció a los Profetas, la que en medio de la persecución, de los tormentos y de la muerte enfervorizó a los Apóstoles, la que mitigó las penas de los mártires, y la que a tantos predicadores ha hecho abrazar con gusto la pobreza, la abnegación y el sacrificio para extender y propagar el reino de Jesucristo; por tanto los misioneros han de arraigarla en su alma y han de vivir de ella. El Divino Maestro la predicó no pocas veces a los que escogió por Misioneros; y reprendióles fuertemente si alguna vez los vio titubear en ella; por eso pues, los Probandos de nuestra Congregación se han de actuar siempre en la fe, la han de pedir a Dios y recurrir a la misma, cuando se sintieren combatidos del mundo, del demonio o de la carne.

            17. CONFIANZA. Lo segundo tendrán una gran confianza en Dios, esperando que les dispensará todas las gracias, especialmente la aptitud que necesitan para el ejercicio del sagrado ministerio. El decaimiento es seguramente el arma con que el demonio derriba más Misioneros. Se animarán por tanto, aunque se vean faltos de virtud, de robustez o de talento; acordándose que aquel Dios que es poderoso para hacer de las piedras hijos de Abraham, que sabe profetizar por medio de hombres malos, y aún por medio de jumentos, ha tenido de costumbre elegir instrumentos débiles y enfermos para confundir a los soberbios. Así pues en sus tentaciones de desconfianza, recurrirán al mismo Dios, y dirán dentro de sí mismos: el Señor que me eligió, me dará cuanto me convenga; y si me quedo enfermo o ignorante, resplandecerá más su providencia.

            18. HUMILDAD. La tercera virtud que con todo empeño procurarán los jóvenes Misioneros será la humildad, sin la cual Dios mira de lejos, execra la oración, niega su gracia. El predicador vanidoso es ladrón de la gloria de Dios, e idólatra de sí mismo; por esto en su muerte se le llamará operario de iniquidad, y se le dirá: Recepisti mercedem tuam. Huirán por tanto de toda alabanza propia, lo referirán todo a Dios, y desecharán con prontitud cualquier pensamiento que respire orgullo, atención o complacencia de sí mismo. Recordarán que nada tiene que no lo hayan recibido y de que no hayan de dar cuenta; y por esta causa nunca despreciarán, ni rebajarán, ni se preferirán a nadie.

            19. 0BEDIENCIA: Los jóvenes Misioneros, dejando el mundo, han de dejar también con él, la voluntad propia, para que puestos en la Congregación, pueda cada uno decir con el Apóstol; Vivo ego, iam non ego, vivit vero in me Christus; y con esto serán perfectos en la obediencia, que tanto necesitan y que con tanta precisión mandan las Constituciones. En consecuencia para el ejercicio de esta virtud madre, como la llama S. Agustín, rendirán ciegamente su entendimiento y voluntad con prontitud y alegría en todas las cosas que les manden, aunque el amor propio repugne. Por tanto se sujetarán gustosos no solamente a las prácticas de virtud, sino también a todo lo perteneciente a trabajos materiales y estudios ya sea en el repaso de los hechos en años anteriores, ya sea en la adquisición de otros nuevos.

            20. RECTITUD DE INTENCIÓN: Los nuevos Hijos del Inmaculado Corazón de María han de tener siempre por guía y por término la gloria de Dios: éste ha de ser todo su fin al que han de dirigir todos sus actos. La rectitud de intención es el alma de las obras. Así pues, ya sea que prediquen, que estudien, que oren, que coman, que se recreen, propónganse siempre la gloria de Dios, con lo cual crecerán en mérito y santidad y se harán dignos de su gracia.

            21. ORACIÓN. Lo que nunca han de olvidar los Misioneros Probandos; lo que ha de merecer su particular atención y cuidado lo que han de practicar incesantemente sin flojedad ni tibieza es la santa oración, que, así en el año de prueba, como para los estudiantes, se hará en particular o en común, según el Superior disponga; pero siempre con las adiciones que prescriben los maestros de espíritu y la misma Congregación tiene de costumbre. El Superior General ordenará lo que deberá hacerse en el año de probación, y el mismo, además de la oración de la mañana, señalará las devociones, lecturas y pláticas espirituales y las horas en que deberán hacerse, para que así los probandos, como los estudiantes salgan bien aprovechados.

            22. FIDELIDAD A LA VOCACIÓN. Finalmente se acordarán los Probandos, que la vocación al estado de misionero, es un don particular de Dios, es ser llamado al estado más divino, al cual prometió Jesucristo el ciento por uno en este mundo y después la vida eterna; pero también se ha de saber, que de la vocación depende la salvación, por cuya causa exhorta el Apóstol a permanecer en ella, diciendo: Unusquisque vocatione qua vocatus est, in ea permaneat. Y en otra parte dice: Quos vocavit, hos et justificavit, et quos iustificavit, illos et glorificavit. De donde se sigue la necesidad de ser fiel a la vocación, de la cual, dice S. Jerónimo, depende la eternidad. Esta es sin duda la causa porque el diablo tienta tanto contra ella, valiéndose a veces del afecto mal entendido a la sangre, otras del temor de la salud, y otras del poco talento, o de que trabajarán más en otras partes, etc. Transformándose así en ángel de luz, arranca a muchos con detrimento de su alma del lugar en donde Dios los había puesto. Para evitar pues estos peligros, se acordarán de lo que dice el Divino Maestro: Qui diligit patrem aut matrem plus quam me, nos est me dignus: y aún más: Qui non odit patrem et matrem non potest meus esse discipulus. Vivirán por tanto desprendidos de sus padres, parentela y hasta de sí mismos, no tendrán comunicación con el mundo y evitarán como cosa altamente perniciosa, toda amistad particular, aun con los de la misma Congregación, no comunicándose nunca con aquellos que anduvieren descontentos o hablaren mal de ella, o dieren señales de una vocación dudosa.

            23. En su consecuencia no escribirán ni recibirán carta alguna sin permiso del Superior; no hablarán con personas de fuera de la Congregación, especialmente con mujeres, sin la presencia del Maestro o de su designado: al salir fuera de casa, se acompañarán con aquel novicio o antiguo, que el mismo Maestro eligiere. y confesarán cada ocho días con aquel Misionero, que el mencionado Superior les señale.

            24. Por último, si finido el año de prueba, están decididos y resueltos a permanecer en la Congregación, y en ellos se observan las cualidades convenientes a un buen Misionero, harán con fervor diez días de ejercicios, que servirán de preparación inmediata a su admisión definitiva; la cual se efectuará con el acto solemne de Consagración a Dios y al Inmaculado Corazón de María. Esta Consagración entrañará los juramentos de permanecer en la Congregación hasta la muerte, y de no admitir dignidad alguna eclesiástica, sin el mandato expreso del Superior General o del Sumo Pontífice, y éstos serán los únicos que podrán dispensar dichos juramentos. Y a fin de que ninguno quede privado del doble mérito de sus actos, el Superior podrá autorizar los votos simples temporales o perpetuos a los que tengan la voluntad de hacerlos.



     [1] Cf. Notas Históricas de este manual I, 3.

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