Apéndice 3 El acompañamiento personal, La entrevista

 

Apéndice 3

 

El acompañamiento personal.

La entrevista

ESQUEMAS ORIENTATIVOS PARA LAS ENTREVISTAS PERSONALES

 

1. Observaciones preliminares

  • “El maestro es el acompañante espiritual designado a este efecto para todos y cada uno de los novicios”[1]. Es la persona que la Congregación ofrece a cada novicio para un aspecto tan fundamental de la formación como es la dirección espiritual[2]. A él corresponde acompañar a los novicios, especialmente a través de la entrevista personal, en sus diversas formas: dirección espiritual[3], cuenta de conciencia, cuenta disciplinaria, orientación personal o diálogo frecuente[4], counselling, etc., y que son siempre distintas de la confesión sacramental propiamente dicha.
  • Los novicios acudan con confianza al maestro para abrir su corazón, libre y espontáneamente[5]. Si prefieren, pueden concertar con él la entrevista, de suerte que ésta se desarrolle en el momento más oportuno.
  • La periodicidad de las entrevistas o diálogo con el maestro depende de la necesidad o voluntad de cada novicio. Debe ser frecuente[6]. Podría ser suficiente tener la entrevista, por lo menos, una vez al mes.
  • Preparación: antes de cada entrevista dedique el novicio algún tiempo a reflexionar sobre el tema o asunto que le lleva a ella; puede tomar nota por escrito. Y, sobre todo, será muy conveniente que se ponga confiadamente en las manos de Dios por la oración.
  • Temática: el contenido de las entrevistas depende del interés o necesidad de cada uno y de cada momento o circunstancia. Con todo, en la conversación con el maestro a lo largo de esta etapa formativa conviene abordar ciertos puntos.

2. Esquemas orientativos o fichas para las entrevistas

 

            Las siguientes fichas sugieren algunos de los posibles puntos de conversación. Revisten un carácter meramente orientativo. Los contenidos propuestos en algunas de las fichas son muy extensos y pueden ser abordados en varias sesiones.

1ª ficha: la primera entrevista

            La primera entrevista, al comienzo del noviciado, puede consistir sencillamente en un intercambio de impresiones, sin necesidad de hacer otros planteamientos, salvo que se tenga algún asunto que urja afrontar en especial.

            En esta primera entrevista, el novicio puede ofrecer datos generales acerca de sí mismo, de su propia familia, del surgir de la vocación, etc.

            Es bueno charlar abiertamente de los posibles temores, así como de las esperanzas que se traen al comenzar el noviciado.

            Al principio hay cosas, costumbres…, que llaman la atención. Se puede preguntar y expresar lo que se siente.

2ª ficha: la historia de la propia vida

                        En el noviciado hay oportunidad para reflexionar con tranquilidad sobre la propia vida, la historia personal, y sobre el significado que determinados detalles pueden tener, acerca de los cuales tal vez no se había reflexionado a fondo nunca.

                        Puede elaborarse una ficha autobiográfica: redactarla con sencillez, hacerla objeto de oración, en la presencia del Señor y también compartirla en la entrevista con el maestro. Para redactarla, el novicio podría servirse del siguiente guión:

  • Datos personales.
  • Datos familiares.
  • Estudios y/o trabajo.
  • Ambiente religioso vivido (compromisos apostólicos…).
  • Hechos, anécdotas relevantes e importantes para sí mismo.
  • Personas especialmente significativas que han influido en la historia personal.
  • Cómo aparece la vocación en el conjunto de la propia vida.
  • Cómo se describiría a sí mismo el novicio (modo de ser, carácter, gustos, ilusiones, etc.).

3ª ficha: El proyecto personal

            Una vez hecha la programación comunitaria, hay que elaborar el proyecto personal. Hay que tener en cuenta aquella y las circunstancias concretas de cada novicio, con los subrayados individuales y los matices que se estime conveniente añadir[7].

            El proyecto personal será un punto de referencia en la entrevista. Más adelante habrá oportunidad de revisar el proyecto, haciendo las correcciones oportunas al hilo de los acontecimientos o del paso del tiempo.

1. Contenidos del proyecto personal

Áreas específicas del proyecto:

  • ESPIRITUALIDAD (oración, vida, pasión dominante)
  • VOCACIÓN (discernimiento)
  • COMUNIÓN (vida fraterna)
  • CONSAGRACIÓN (votos)
  • MISIÓN (misión o apostolado)
  • CARISMA CLARETIANO (rasgos principales del carisma)
  • OTRAS posibles dimensiones formativas: salud, aspectos psicológicos, familiares…

En cada una de estas áreas habrá que atender a la descripción de lo siguiente:

  • Momento inicial (cómo es mi situación actual en cada una de las áreas)
  • Momento final (objetivos o metas a conseguir en cada área concreta)
  • Dinamismos (medios, acciones concretas, estrategias etc.)

2. Evaluación del proyecto con el maestro

 

 

4º ficha: La vida de oración

       La vida espiritual es más amplia que la sola vida de oración. Pero la vida de oración es un elemento central en la vida espiritual: ¿estoy de acuerdo con estas afirmaciones? De hecho, ¿consagro a la oración el tiempo suficiente cada día y reservo para ella mis mejores energías?

       Presencia de Dios en mi vida: ¿elevo con asiduidad y con naturalidad la mente a Dios, en medio de las ocupaciones de cada día? ¿Qué relación existe entre la oración que practico y el resto de mi vida? ¿Existe una continuidad?

       Proyección misionera: ¿voy sintiendo como algo necesario la proyección misionera de mi oración y, en general, de mi vida espiritual? ¿Tiene cabida con frecuencia en mi oración la inquietud por la justicia, la paz y los problemas humanos (oración solidaria)?

       Espiritualidad cordimariana: manera de experimentar la presencia de María; ¿cómo vivo el espíritu de filiación respecto de María, madre y maestra, en mi vida? ¿La considero como mi formadora? ¿Entiendo y valoro adecuadamente la simbología de su Corazón?

       Oración comunitaria: en lo que de mí depende, ¿pongo el debido esmero en la preparación de los actos de piedad o litúrgicos? ¿Cuido los detalles? ¿Cómo participo (grado de atención, recogimiento interior y exterior, esfuerzo, entrega…)? ¿Me siento unido a la Congregación y a la Iglesia en la oración comunitaria?

            Formas concretas

  • Eucaristía: ¿tengo en gran estima la celebración o la participación diaria en la Eucaristía y el diálogo con Cristo en la visita al Santísimo?
  • Liturgia de las Horas (atención, esmero, sentido eclesial).
  • Meditación (método, logros, dificultades).
  • Oración personal (tiempo, lugar, método).
  • Examen o exámenes de conciencia (momento, método).
  • Sacramento de la Reconciliación (preparación, realización, frecuencia).
  • Lectura espiritual y Lectio divina: ¿cómo entro en contacto diariamente con la Sagrada Escritura y con otros libros de espiritualidad?
  • Rosario y otras prácticas devocionales (vivencia, grado de participación, entrega, recogimiento, frutos, dificultades…).
  • Otras formas de oración (tanto comunitaria como personal).

5ª ficha: Evaluación de la propia vida en el noviciado

(Pasado algún tiempo del comienzo del noviciado)

            Vivir centrado en Cristo: ¿he entrado de lleno en el noviciado? ¿Vivo realmente centrado, ocupado en las cosas del Padre, como Jesucristo? ¿Advierto en mí alguna evolución desde el comienzo del noviciado?

            Interioridad: ¿aprecio la soledad, la contemplación, el silencio, el trabajo, la vida escondida en Dios, la oración? ¿Percibo en mí signos de superficialidad, evasión, rutina, instalación, sed de estímulos externos?

            Purificación y desprendimiento: ¿cómo voy trabajando en la erradicación de mis defectos principales? ¿Mis relaciones hacia fuera (encuentros, cartas, otras comunicaciones…) son las adecuadas a mi actual situación? ¿Me roban la paz, el tiempo, la entrega? ¿Avanzo en el desprendimiento evangélico en relación con personas, recuerdos, cosas, asuntos?

            Peligros: ¿he caído en alguno de estos peligros?: pérdida del tiempo disponible para el estudio personal, la oración, la lectura… Espiritualidad artificial o superpuesta a la vida. Evasión (en casa o en el apostolado). Cansancio, conformismo (ir tirando). Impaciencia. Falta de realismo.

Proyecto personal: revisión del mismo.

6ª ficha: Profundización en el discernimiento de la vocación

          Recordar la historia de la propia vocación (origen o conciencia de la misma, dificultades, evolución).

          ¿Cuál es la convicción que tengo actualmente acerca de la llamada de Dios a la vida religiosa en esta Congregación?

          El grado de entusiasmo, estima, ilusión vocacional…, podría medirlo -más o menos- eligiendo una de las siguientes respuestas:

  • Gran estima o afecto por la vocación (muy contento).
  • Afecto medio, sereno y estable hacia la vocación, junto a la sensación habitual de encontrarme en mi camino.
  • Frecuentes altibajos (me animo y me desanimo de vez en cuando).
  • Poca atracción, escasos ánimos (seriamente tentado de abandonarla).

     Mis aptitudes o capacidades vocacionales:

  • ¿Estoy convencido de que valgo (cualidades, capacidad o idoneidad) para la vocación claretiana?
  • ¿Cómo va siendo, de hecho, mi respuesta a la vocación?

     Mis motivaciones o razones: razones de fondo para permanecer en el noviciado o en la Congregación (por qué y para qué).

     Es normal que también existan otras motivaciones, más o menos conscientes, que no son tan válidas o adecuadas a la vocación claretiana, y que necesitan purificación o eliminación para que no interfieran nocivamente. ¿Se dan en mí? ¿Cuáles son?

     Ser fiel, corresponder a la llamada divina, no excluye la posibilidad de las dudas y de las tentaciones contra la vocación. Cuando éstas se presentan, ¿me afianzo profundamente en la fe y cultivo una gran confianza en Dios? ¿Las consulto con el maestro?

     ¿Guardo la vocación con humildad evangélica? ¿Correspondo agradecido, con espíritu alegre y generoso, al don de la vocación?

7ª ficha: la vida comunitaria

            ¿Entiendo la vida comunitaria desde la óptica de la fe? No son razones meramente humanas las que fundan nuestra fraternidad: ¿tomo conciencia de ello?

            ¿Considero que mi comunidad concreta está regida e informada por el amor a Dios y a los hermanos? ¿Cómo contribuyo personalmente a edificar la comunión fraterna?

            ¿Cultivo la fraternidad con la oración? ¿La fomento con un estilo de vida familiar? ¿La expreso mediante la participación en los trabajos, en los servicios y en los cargos comunitarios?

            ¿Cómo son mis relaciones interpersonales? (analizarlas a la luz de lo que a este respecto dicen las Constituciones números 15-18).

            ¿Realizo cuanto se me encomienda o cuanto emprendo personalmente (dentro o fuera de casa) como obra asumida en nombre de la comunidad?

            ¿Sé trabajar en equipo, contando con los demás, sometiéndome a la disciplina que comporta toda obra llevada entre varios?

            ¿Cuáles son las principales dificultades que experimento en el ámbito de la vida comunitaria y especialmente en las relaciones interpersonales?

8ª ficha: Comentario a la evaluación o revisión que la comunidad ofrece al novicio

                        En algunos centros formativos existe la costumbre de realizar una evaluación o revisión a cada una de las personas de la comunidad en algunos momentos especiales (retiros, ejercicios, etc.). Es un servicio que se ofrece a cada hermano con espíritu de caridad. Se trata de una evaluación en la que ha de prevalecer el reconocimiento de los logros de cada uno, sin excluir la posibilidad de que se indiquen, asimismo, los puntos mejorables o que admiten corrección fraterna. Allí donde esto se realice libremente, merece la pena que también se comente luego en la conversación personal con el maestro.

                        El punto de vista de los demás miembros de la comunidad -novicios y/o miembros del equipo formativo…-, expresado de forma privilegiada en tales actos de revisión, ha de encontrar también su momento privilegiado en la conversación más íntima con el maestro, en la que se matizan las impresiones, se manifiestan los sentimientos que tal revisión ha despertado en cada individuo, y se estudian las estrategias en orden a superar las deficiencias y a afianzar los logros conseguidos con el paso del tiempo.

 

9ª ficha: La vida religiosa (seguimiento de Jesús por los votos)

            La vida claretiana es una forma, entre otras, de vida cristiana y religiosa en la Iglesia:

            ¿Entiendo y aprecio lo que tiene de común, con las otras vocaciones eclesiales, y lo que tiene de peculiar, como vocación específica?

            ¿Poseo las actitudes y el talante propios de una persona consagrada (o que va a consagrarse)?

            ¿Intento vivir el seguimiento de Jesucristo con todas sus consecuencias, según el radicalismo evangélico? Concretamente, ¿cómo estoy viviendo, ya ahora, el contenido de los votos, que encarnan o expresan ese seguimiento peculiar de Jesucristo?

CASTIDAD

Si vivo la castidad como:

  • participación e imitación de la virginidad de Cristo, cuyo amor absoluto y único es el Padre, y a ejemplo de María en la vivencia de su virginidad;
  • don de Dios, que se agradece y al que se corresponde denodadamente, con cuidadoso empeño personal, con gozo y humildad;
  • compromiso que implica renuncias, impone sacrificios, evita peligros innecesarios;
  • serena experiencia del amor de Dios a pesar de las tentaciones, las posibles crisis y los fallos;
  • ¿cómo estoy viviendo la castidad en esta etapa de mi formación? ¿Tengo alguna dificultad para vivirla?

POBREZA

Si vivo la pobreza como:

  • imitación de Jesús y de María y como búsqueda del único bien necesario, que es Dios;
  • actitud interior de desafección con respecto a todas las cosas de este mundo;
  • desapego efectivo, real, estilo de vida austero;
  • comunión de bienes (tener a disposición de la comunidad mis pertenencias);
  • testimonio y real solidaridad con los pobres de este mundo (dimensión apostólica y testimoniante de la vida de pobreza);
  • austeridad de vida y dependencia.

OBEDIENCIA

Si vivo la obediencia como:

  • búsqueda de la voluntad del Padre, único dueño y Señor de mi vida;
  • colaboración con la comunidad en el discernimiento de esa voluntad divina;
  • aceptación de las mediaciones humanas (superiores, formadores); entrega a las tareas y cargos confiados por la comunidad;
  • de manera activa y responsable; con espíritu de fe, por amor, pronta y perfectamente;
  • sabiendo dialogar y exponer el parecer contrario, si es el caso, pero estando dispuesto a aceptar cuanto se determine.

     Es muy posible que el novicio aún se reconozca muy imperfecto en la manera de encarnar el ideal del seguimiento de Jesús. No hay que desalentarse. Es tarea de toda la vida. Pero ahora interesa comprender bien en qué consiste ese ideal al que hay que tender. Por eso, si existen dudas en la comprensión o si, acaso, se abrigan temores acerca de la propia capacidad para vivir ese ideal, conviene compartirlo con el maestro en la entrevista.

10ª ficha: Identificación con el carisma de la Congregación

            La profesión religiosa se realiza en nuestra Congregación y supone una vocación especial para la misma. Ello exige una coincidencia fundamental con el carisma del instituto (sintonía, comunión…), con el carisma de nuestro Fundador, san Antonio Mª Claret.

            Analice el novicio si se da en él esa coincidencia esencial con el espíritu congregacional, revisando los rasgos más importantes del carisma:

  • La profunda experiencia de Dios como Padre que tuvo nuestro Fundador (filiación divina).
  • La configuración con Cristo en el misterio concreto que inspiró al Fundador (Cristo evangelizador, ungido y enviado, misionero del Padre).
  • La presencia de la figura de María, la madre del Señor y madre nuestra (espiritualidad cordimariana, condensada en el símbolo del Corazón de María).
  • Vida evangélica siguiendo a Cristo pobre, virgen y obediente, al estilo del fundador, en orden a la misión evangelizadora y profética.
  • Vida de comunión con los hermanos, al estilo de los Apóstoles con Jesús.
  • Sentido de amor y de pertenencia a esta familia religiosa (personas y obras actuales; interés por el conocimiento de las figuras o modelos ejemplares del pasado histórico, mártires, misioneros, personalidades relevantes y, especialmente, la figura de nuestro Fundador).
  • Asiduidad en la escucha de la Palabra divina y disponibilidad para servir esa Palabra a los hombres, por múltiples medios (conforme al criterio de lo más urgente, oportuno y eficaz).
  • Sentido de la misión congregacional e identificación con la misma (espíritu claramente apostólico; celo por la salvación de los hombres; sensibilidad e interés por las preocupaciones y problemas humanos; capacidad e inclinación por alguna actividad apostólica).
  • Sentido de disponibilidad para realizar la misión en cualquier parte del mundo.

11ª ficha: Entrevista final (o recapitulación)

            Al final del noviciado, durante los días de oración preparatorios para la profesión religiosa, puede tenerse una última entrevista con el maestro. Es tiempo de síntesis, de recapitulación y de balance. En esta ocasión se pueden afrontar, por ejemplo, los siguientes puntos:

  • Suponiendo que el maestro habrá elaborado informes acerca de cada uno de los novicios, dirigidos a los superiores en orden a la aprobación para la primera profesión, el novicio podría interesarse sobre el contenido de los mismos. Si el maestro está de acuerdo, se podría dialogar sobre este informe.
  • La profesión religiosa, supuestamente, está cercana: ¿El novicio es consciente de lo que va a realizar, sabe a lo que se compromete? ¿cómo prepararse de manera inmediata a la emisión de la misma?
  • ¿Qué balance hace el novicio de sí mismo acerca de la etapa formativa que está concluyendo?
  • Terminado el noviciado, la formación continúa: dará inicio la siguiente etapa. Puede pedirse al maestro alguna orientación para afrontarla.


[1] PI 52.

[2] Cf. CF 4. 3; también PGF 190.

[3] Aunque la dirección espiritual o cuenta de conciencia, en sentido estricto, no puede exigirse, está sumamente recomendada por la Iglesia, por el P. Fundador y por la Congregación como un medio eficacísimo para superar las dificultades en el camino vocacional y para estimular la propia santificación. Cf. NPVM III, pp. 276 ss.

[4] “Otra modalidad de acompañamiento son los diálogos frecuentes con el formador” (PGF 193).

[5] Cf. CIC 630, 5. El canon se refiere a los religiosos en relación con sus superiores. Pero puede entenderse que se aplica también análogamente a los novicios respecto de su maestro.

[6] “Se hace imprescindible un diálogo personal y frecuente con el formador” (Dir 234 y PGF 410).

[7] Sobre el proyecto personal de vida cf. DVC 167-168 y su Apéndice 11 (orientaciones para su realización), pp. 263-266.

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