Apéndice 7 Lectio Divina

 

Apéndice 7

 

Lectio Divina

I. LA LECTIO DIVINA EN GENERAL

 

1. STATIO. Preparación.

 

            Disponer el cuerpo y el espíritu. Postura y compostura. Cesar en la ocupación o en la acción en que se estaba. Buscar el sitio. Pedir ayuda a Dios.

• Tomo con amor el Libro. Lo pongo entre mis manos como si fuera un tesoro. Lo levanto a los labios. Lo beso. El cuerpo, en contacto directo con el Libro, dice: aquí estoy.

• Con el corazón limpio y con humildad, invoco al Espíritu Santo; pido que se haga presente con sus dones (entendimiento, sabiduría, consejo…).

2. LECTIO. Lectura.

 

            Lectura reposada, sin prisas. Atenta al contexto, a las referencias, a los textos paralelos. Lectura repetida, intentando comprender todos los matices de lo que se va leyendo. Buscando captar el significado.

• Acaricio con la vista todas las palabras. Poso la mirada con amor en cada una de las frases. Me detengo en cada rincón del texto. Leo. Releo. Subrayo o escribo una palabra.

• Sugerencia 1ª: preguntas elementales al leer: ¿qué dice el texto? ¿quiénes son los protagonistas? ¿qué hacen? ¿quién habla? ¿a quién habla? ¿qué hecho o expresión parece fundamental?

• Sugerencia 2ª: técnicas elementales que se pueden utilizar

– memorizar el texto; guardarlo en el corazón, en todo o en parte;

– escribir el texto; con mimo, como los copistas o miniaturistas;

– comparar distintas versiones (con alguna otra Biblia);

– leer no sólo con la mente, sino con los labios: en alto, bajito, susurrando, proclamando…

3. MEDITATIO. Meditación.

            A la lectura atenta sigue la meditación reposada. Las palabras leídas se guardan ahora en el corazón para que sean iluminadas por el Espíritu. Para llegar a conectar ahora con el mensaje central o global de la Palabra. Con el núcleo del mensaje bíblico.

• Recojo las palabras o hechos que más me han llamado la atención: ¿qué significan para mi? ¿por qué me impactan?

• Interiorizo o rumio estas palabras o hechos; desde la mente pasan al corazón y toman asiento en él: ¿qué siento yo? ¿cómo me siento yo?

• Veo mi vida y la vida, mi historia y la historia, a la luz de esa Palabra: ¿qué me sugiere? ¿qué ilumina? ¿qué reclama de mi?

 

4. ORATIO. Oración.

            De la meditación brota la oración. De la acogida, el diálogo como respuesta al Señor que ha hablado

• He meditado el texto. Ahora el texto que se me ha dado lo hago oración. Y toma cuerpo: pido perdón, o suplico e intercedo, o alabo y doy gracias, o me ofrezco y entrego…

5. CONTEMPLATIO. Contemplación.

            La oración desemboca en la contemplación. La atención y la mirada pasa ahora de la Palabra leída, meditada y orada a Aquel que me habla.

• Dejo de discurrir con la cabeza. Dejo de hablar con el corazón. Doy espacio al Espíritu para que en mi adore, alabe y glorifique… Pongo toda mi vida abierta a la Palabra. Me inunda. Me empapa. Enmudezco o canto. Me postro o danzo. Adoro. Lloro. Me asombro. Ahí voy siendo revestido de Jesús, configurado con El; voy siendo hecho creatura nueva…

6. DISCRETIO. Discernimiento.

            Este paso se va dando a lo largo de todo el proceso de lectura, escucha, meditación, contemplación. Discernimiento. Elegir según Cristo, como Cristo. Concretar la voluntad de Dios.

• Ahora recojo, como luz y fuerza, aquello que he visto con más claridad y en qué dirección me empuja. Como respuesta a lo que Dios quiere de mi, aquí y ahora; a lo que el Espíritu, a través de esta Palabra, pide hoy de mi, en la situación concreta que vivo.

7. COLLATIO. Intercomunicación.

            A la hora de responder a la Palabra se puede compartir con otros, con los hermanos o hermanas. Cabe la posibilidad de “la lectio” personal y comunitaria. Los primeros pasos de la “lectio” se pueden hacer en privado, haciendo la lectura de un mismo texto… Luego vendría el reunirse en asamblea.

• Aporto los ecos que la Palabra ha suscitado en mi. En clima oracional. Sin disquisiciones o disertaciones. Como intercambio de experiencias y vivencias (llevarlo escrito puede ayudar).

8. ACTIO. Respuesta.

            La Palabra, escuchada desde la fe y con fe, hace que, poco a poco, Cristo mismo nos vaya conformando a su imagen y semejanza.

Cuando la Palabra nos habita, también nos habilita para llegar a ser palabra, signo, expresión del amor y de la comunicación de Dios.

            La Palabra nos va agarrando por dentro. Leída, meditada, orada y contemplada nos va empujando y nos lleva a conectar continuamente con la realidad de cada día para ser vivida, testimoniada, anunciada.

• Ofrezco, en el día a día, a los demás el agua viva que a mi me va transformando; mi propia vida como anuncio, con obras y palabras.

II. LECTIO DIVINA EN CLAVE CLARETIANA

            1º. En clave claretiana y actual, la Lectio Divina nos hace “estar en las cosas del Padre” (Lc 2,49) y sentirlas como propias. Desde aquí nace la profecía (anuncio y denuncia) como respuesta a un mundo que se parece poco a lo que Dios quiere.

            He aquí uno de los textos donde mejor se ven algunos de los elementos de la Lectio Divina en Claret:

            “[Jesús] no es sólo maestro, sino también modelo y ejemplar, pues que antes hacía lo que después enseñaba. Y el eterno Padre dice a cada uno de nosotros: Inspice, et fac secundum exemplar quod tibi monstratum est. Mira a Jesús en el monte Calvario clavado en la Cruz y cópialo en ti mismo, por manera que puedas decir: Vivo yo, mas ya no yo, sino que vive en mí Cristo, a fin de salir un perfecto discípulo y poder decir con tu conducta lo del apóstol: Imitatores mei estote, sicut et ego Christi: Imitadme a mí, así como yo imito a Cristo. Cada día el sacerdote estudiará la lección, esto es, leerá un capítulo, a lo menos, del santo Evangelio y asistirá a la clase, que es la meditación, y así todos los días tendrá una hora, o al menos media hora, de meditación de la vida, pasión y muerte de Jesucristo”[1].

            2º. Así, se perciben los siguientes pasos:

Lectio. Cada día estudiará la lección, esto es, leerá un capítulo, a lo menos, del santo Evangelio.

Meditatio. Asistirá a clase, que es la meditación.

Contemplatio. Como final del proceso de adquisisción de la mentalidad y actitudes de Jesús. Mirará a Jesús…. y lo copiará en si mismo para que pueda decir: Vivo yo, mas no yo, es Cristo quien vive en mí.

            3º. Esta manera de orar hace realidad su conocida oración apostólica:

            “Que te conozca [lectio] y te haga conocer [missio];

            que te ame [lectio] y te haga amar [missio];

            que te alabe [lectio] y te haga alabar [missio],

            por todas las creaturas de la tierra[2].



                [1] Cf. Cl 11, 5, 1, 1: EE, pp. 297-298.

                [2] Aut 233.

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