Apéndice 8 El examen de conciencia

  Apéndice 8

 El examen de conciencia

 

 1. Examen de la fidelidad al Evangelio

            Las Constituciones nos dicen que hemos de examinarnos sobre nuestra fidelidad al Evangelio[1]. El examen de conciencia ha gozado durante muchos siglos de gran consideración en la vida espiritual. Los autores espirituales ven en esta práctica un medio formidable para alcanzar un mejor conocimiento de sí mismo, base psicológica para un ulterior progreso ascético. Se distinguen varias clases:

  • el examen en contexto sacramental: es el examen de conciencia previo a la confesión sacramental; y, dentro también del marco litúrgico-sacramental de la Eucaristía, hay un examen breve al inicio de la misma celebración (acompañado de un silencio, antes de pedir perdón);
  • el examen ascético: son los diferentes exámenes de conciencia que tienen lugar en diversos momentos de la jornada, con carácter general o particular; o en diferentes ocasiones (día de retiro, ejercicios espirituales…).
  • el examen general de conciencia: mira a la situación global de la persona con vistas a su progreso moral o espiritual;
  • el examen particular, que es el que permite concentrarse durante un cierto periodo en un solo defecto (la pasión dominante) para combatirlo, o en una sola virtud para conquistarla.

      El examen de conciencia es un medio para progresar en el camino espiritual siempre que no se convierta en instrumento torturador. No es ese el sentido o la finalidad del examen. Más bien debiera consistir en hacer memoria o recuerdo agradecido de lo que el Señor, a través de uno mismo, ha ido realizando en favor de los otros. Se trata, pues, de un enfoque eminentemente positivo: un repasar los hechos concretos en un clima de oración, de reconocimiento y de gratitud.

            Además, el examen de conciencia es un modo de ejercitarse en el arte del buen discernimiento, que consiste en hacer un análisis crítico de la realidad, en clima de diálogo con Dios, concluyendo con un compromiso (corrección de lo defectuoso, afianzamiento en el bien realizado…). Es un verdadero análisis de la fidelidad al Evangelio. Así, el examen, antes que ser un acto piadoso puntual en la jornada llega a ser ya una actitud vital de gran importancia.

2. Práctica y doctrina de nuestro Fundador acerca del examen

            1º. Nuestro Padre Fundador distingue varias formas de exámenes[2]:

  • el general (al final de la jornada) y el particular (a mediodía y por la noche);
  • el examen de la meditación;
  • y el examen breve, al dar la hora.

            El examen particular ocupó en la doctrina y en la práctica de nuestro Fundador un puesto relevante. Lo considera un medio importante para conseguir la perfección. Dice él:

            “Otro de los mejores medios de enmendar los defectos y adquirir las virtudes es el examen particular de conciencia. Llámase particular por ser su objeto corregir un vicio particular y alcanzar la virtud opuesta a éste[3].

            Tenemos constancia de que hizo examen particular sobre la humildad durante quince años[4], sobre la mansedumbre[5] y sobre el amor de Dios los seis últimos años de su vida[6]. Incluso en el último año de su vida se propuso examinar su conciencia en cualquier obra y hora[7].

2º. En una hoja suelta publicó en 1847 un método sencillo y fácil de examen particular de conciencia, consistente esencialmente en lo siguiente[8]:

  • Al levantarse, proponerse evitar un defecto y practicar la virtud opuesta.
  • A mediodía, examinar dicho propósito (con acción de gracias y algún rezo para continuar hasta la noche en el empeño; o petición de perdón por las faltas cometidas y renovación del propósito de la enmienda, con algún rezo).
  • Al anochecer, examinarse nuevamente del mismo modo.

3. Práctica actual del examen de conciencia en la Congregación

En nuestra Congregación, el examen de conciencia se concreta hoy día en dos tiempos fundamentales, aunque suele realizarse en privado, esto es, no comunitariamente:

  • hacia la mitad de la jornada, con carácter predominante de oración mental;
  • y por la noche, con carácter de revisión general del día, unido incluso al rezo de Completas[9].

4. Orientación para el examen de conciencia en el noviciado

            Es aconsejable que los novicios, además de los exámenes que estén previstos comunitariamente, hagan algún examen particular, de acuerdo con las orientaciones del maestro, en orden a combatir algún defecto o a adquirir alguna virtud.

      El examen de conciencia implica una cierta disciplina metodológica, unos pasos:

  • ponerse en la presencia de Dios y pedir su gracia para contemplar la propia vida, desentrañando la jornada transcurrida;
  • recoger las vivencias internas del día, positivas y negativas (lo que pasó externamente, y las sensaciones o reacciones interiores);
  • captar las mociones divinas (lo que ha sonado a Dios) entremezcladas en los hechos y en las sensaciones;
  • descubrir también las tretas o trampas del espíritu del mal en mi;
  • cuestionarme en caliente, ahora que hago el examen, cuáles son las mociones de Dios, sus inspiraciones, sus llamadas, antes tal vez no percibidas;
  • preguntarse cuál es el mensaje, en resumidas cuentas, que Dios me ha querido dar;
  • y, por último, concluir con una oración de acción de gracias y de petición de ayuda.


[1] Cf. CC 37.

[2] El Fundador habla de dos exámenes: uno particular, sobre alguna virtud, que se hace al mediodía y a la noche, y otro general, que comprende todas las cosas del día: cf. EE, p. 291; acerca del examen de la meditación cf. EE, p. 103; también NPVM II, pp.532-533.

[3] EE, p. 85.

[4] Cf. Aut 341 y 351 y EE, p. 251, nota 70.

[5] Cf. Aut 742, 746 y 782.

[6] Cf. EE, p. 89, nota 27 y Aut 801.

[7] Cf. EAE, p. 587.

[8] Explicación de la paloma: cf. EE, pp. 77 ss. El método viene recogido en las pp. 85-86.

[9] Cf. Dir 90.

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