14 – Lectura Claretiana de la Palabra de Dios I

Prefectura General de la Formación

R oma, 15 de mayo de 1993.

Lectura Claretiana de la Palabra de Dios

 – Primera Parte –

P. Jesús Mª Palacios, cmf.

 

    P R E S E N T A C I O N

El presente trabajo tiene una intensión formativa. Trata de ofrecer a los claretianos, y, en particular, a las comunidades formati­vas unas orienta­ciones pedagógicas para hacer una lectura claretiana de la Palabra de Dios.

En concreto, intentará hacer una descripción de las características y las orientaciones pedagógicas que definen la Lectura Claretiana de la Palabra de Dios, según el P. Fundador y la tradición congregacional. Supone los trabajos e investi­ga­ciones realizados anteriormente, se funda muchas veces

en ellos y desarrolla sobre todo y especialmente los aspectos formativos.

A la hora de describir la Lectura Claretiana de la Palabra de Dios hay que acudir a las fuentes de Claret y de la Congregación: a Claret por ser nuestro Padre y Fundador; y a la Congregación por ser la heredera y deposita­ria de su espíritu carismático de un modo activo y dinámico. La Congrega­ción ha recogido el carisma y el espíritu de Claret y lo ha conservado viviéndolo, profundizándolo y conservándolo.

En concreto, estas fuentes son las siguientes:

* La experien­cia personal de Claret, los textos bíblicos que origina­ron y configuraron su vocación, y las enseñanzas y recomendaciones, dirigidas a todos tipo de personas, que nos dejó para leer la Sagradas Escrituras.

* Las claves de lectura de la Palabra de Dios que transmitió Claret a la Congrega­ción. Estas claves de lectura se encuentran en los textos (bíblicos y pedagógicos) que tienen un referencia a la fundación, vida, formación y misión de la Congregación. De una manera particular, la Autobiografía, las Constitu­ciones primitivas y escritos y apuntes sobre la Congregación.

* La tradición congregacional, contenida en las Constitucio­nes, con sus adaptaciones posteriores al P. Fundador, los Capítulos Generales y las tradiciones congregacionales.

El trabajo tiene, además de una introducción, dos Partes que son publicados en dos subsidios de la Prefectura General de Formación.

SIGLAS DE LAS OBRAS DE CLARET

API. Apuntes de un Plan para conservar la hermosura de la Iglesia, Madrid 1865, 260 págs.

AvSa. Avisos a un sacerdote, Vic 1845, 24 págs.

BPP. Las Bibliotecas populares y parroquiales, Madrid 1864, 32 págs.

CAS. Carta ascética, Barcelona 1862, 52 págs.

CCTT. Lozano, J. M., Constituciones y textos, Barcelo­na 1972.

Cl.   El Colegial o seminarista instruido, Barcelona 1861, t.2, 526 págs.

Cla. La Colegiala instruida, Barcelona 1863, 64 págs..

CMT. Carta al misionero Teófilo, Barcelona 1858: EE 341-367.

CO.   Antídoto contra el contagio protestante, Barcelona 1857, 62 págs; Tomo III de Col. de Opúsculos, 125 ss.

EA.   Escritos Autobiográficos, BAC, Madrid 1981.

EE.   Escritos Espirituales, BAC, Madrid 1985.

EEV. L’Egoismo Vinto, Roma 1869, 88 págs.

EPD. Exhortación pastoral a todos sus diocesanos, Santiago 1854, 10 págs.

EvMt. El Santo Evangelio de N. S. J. C. según San Mateo, Barcelona 1856, 230 págs.

PAM. Plan de la Academia de San Miguel, Barcelona 1859, 40 págs.

MAM. Memoria de la Academia de San Miguel, Madrid 1862, 46 págs.

PBV. Prólogo a la Biblia Sacra o Vulgata latina, Barcelona 1862.

PCle. Pastoral al Clero, Santiago de Cuba 1852, 84 págs. y Apéndice de 1855.

Plda. Pastoral sobre la In­maculada, Santiago de Cuba 1855, 38 págs.

PEE. Plan de Estudios de El Escorial: Miscelánea intere­sante, Barcelona 1865, 338 págs.

PSM. Monasterio de El Escorial. Plan de estudios para los Semina­rios: Miscelánea interesante, 338 págs.

RCS. Reglas del Instituto de los ClérigoS seglares que viven en comunidad: Miscelánea interesan­te, Barcelona 1865, 338 págs.

RFCMF. Reglamento para los Aspirantes, Probandos y Estudian­tes de nuestra Congregación y sus respectivos Maestros. (RFCMF), 1862. Publicado por la Prefectura General de Formación: Cuadernos de Formación Claretiana, n.1-2.

         I. INTRODUCCIÓN.

           1. La llamada actual de la Congregación. Los Capítulos Genera­les.

Los últimos Capítulos Generales nos han pedido que el estudio, la meditación y la contemplación de la Palabra ocuparán un lugar fundamental en la vida de quienes tenemos como vocación en el Pueblo de Dios ser ministros de la Palabra y que la hemos de leer en clave carismática a la luz de los desafíos que reclaman nuestro servicio misionero.

En consecuencia, la práctica de nuestro Fundador de la lectura diaria y “vocacio­nal” de la Biblia, y su acogida como Palabra de Dios hoy para nosotros, han de ser, para nosotros, rasgos de familia, que nos permitan dar razón constante de que somos oyentes-servidores de la Palabra. Y la iniciación en el ministerio de la palabra, entendido como un modo de ser, de actuar y de significar, ha de ser uno de los aspectos nucleares de la formación.[i]

   2. ¿Una LECTIO DIVINA claretiana?.

Claret no tiene una metodología “en sentido estricto” para leer la Palabra de Dios, tal y como la tenemos actualmen­te elaborada respecto a la clásica “lectio divina”.

1º. Desde el punto de vista literal, no se puede hablar de una “Lectio Divina Claretiana”. No aparece ni en el P. Fundador ni en ningún documento de la Congregación ni en la tradición congregacional. Sin embargo, se habla de “leer (la Palabra) en clave carismática”, de “lectura vocacional de la Biblia”, de “lectura de la Biblia, al estilo de nuestro Padre Fundador”, etc..(Cf. CPR. 54; SP. 14, 14.1).*

2º. En líneas generales se puede decir que existen en Claret una clara inspiración carismática y unas orienta­ciones pedagógi­cas para leer la Palabra de Dios tanto para él como para la Congrega­ción. Nos ofrece, sea a través del testimonio de su vida y de su modo de actuar sea a través de recomenda­ciones, orientacio­nes pedagógi­cas concretas y precisas para asimilarla fructuosamente. El mismo, usa, en ocasiones, la palabra “método” o la deja entrever al referirse a la manera de leer la Biblia (lectura diaria, revisión mensual en grupo, distribu­ción de lectura, mensual y anual, ejercicio de la memoria, etc..). Aunque hablaremos de ello más adelante, podemos recordar ya ahora algunos testimonios:

“A la verdad, de nada serviría tener libros sino se leye­ran, ni estudiaran; por lo tanto, os exhortamos que en cuanto os sea posible guardaréis este método y orden”.[ii]

“..los que estu­dian filosofía y teología, etc.., leerán la sagrada Biblia en latín, dos capítulos por la mañana y dos por la tarde, y con esta distribución en cada año la leerán toda”.[iii]

“Una vez al mes se reunirán, según el artículo 31 de reglamen­to… cada uno dará cuenta de sí mismo, y dirá si ha leído el capítulo del evange­lio…”.[iv]

“y quisiéramos se aprendiesen (los versículos señalados con manecilla o guión) de memoria y recordasen siempre más..”.[v]

3º Por lo mismo, es mejor hablar de una “LECTURA CLARETIANA DE LA PALABRA DE DIOS” que incluiría “un modo claretiano” de leer la Palabra de Dios y unas constante pedagógi­cas propias de Claret y de la Congregación.

  II. LA EXPERIENCIA PERSONAL Y LAS ENSEÑANZAS DE CLARET

          1. Fuerte motivación.

1.1. Claret habla de que “siempre he sido muy aficionado” a la Biblia y a su lectura diaria.[vi]

¿Desde cuando le venía esta afición?. El dice que “desde siempre” fue muy aficionado. En realidad, la debió leer ya desde pequeño pues al contar su conversión vocacional afirma “me acordé de haber leído desde muy niño aquellas palabras del Evange­lio..Mt. 16, 26”[vii]. Será, no obstante, en el Seminario de Vic, durante sus, estudios cuando Claret promoverá más intensa­men­te su amor a las Sagradas Escrituras, estimulado por las orientacio­nes del Sr. Obispo, Corcuera.[viii]

1.2. Aparte de los estudios que realizó como seminarista, durante su formación permanente, que él estimaba grandemente e impulsaba constantemente, la Biblia siempre ocupó un lugar preferente.

En sus propósitos del año 1850, estando ya en Cuba, escribe:

“Todo el tiempo posible dedicarlo al estudio de la Sagrada Escritu­ra,…”.[ix]

En la distribución del tiempo del año 1851, señala dos horas diarias al estudio de la Palabra de Dios y una a otra materias:

“4. A las seis Sagrada Escritura.

5. A las ocho desayuno, horas…..”.[x]

1.3. Por otra parte, Claret avisa sobre la inutili­dad de los libros si no hay motivación para leer­los.[xi] Es la falta de motivación la que denuncia en su ambiente y la que le impulsa a actuar para ayudar a superarla.

Para ello, el libro de la Biblia deberá ser el libro “más aprecia­do”,[xii] y el que tenga prioridad absoluta entre todos los demás, aun entre los más devotos y piadosos. En la Carta Ascética dirá:

“La lectura más piadosa que podemos tener es la del santo Evange­lio”.[xiii]

Y en la Pastoral del Clero pedirá a los sacer­dotes que lean y estudien libros de teología y ascética; no obstante,

“.. la lectura de la Sagrada Biblia ocupará el primer lu­gar..”.[xiv]

Esta prioridad en la mente de Claret se deduce, asimismo, de la insistencia en aconsejar la lectura diaria de la Biblia y de la recomendación que hace de dedicarse al estudio de ella de una manera “asidua y atenta” y “con la mayor fidelidad y esmero”, y de meditarla “sin descanso”; ningún otro libro merece una conside­ra­ción tan especial y privilegia­da.[xv] Claret trabaja en la propaga­ción de la Biblia, facilitando su uso y adquisición, para ayudar a superar la “desidia”, decía él, que existía en algunos de sus hermanos y compatricios.

2. Bajo la acción del Espíritu que nos unge para evangeli­zar a los pobres.

2.1. Toda lectura de la Palabra de Dios se ha de hacer bajo la acción del Espíritu Santo. Sin embargo, la acción del Espíritu Santo es siempre carismática, se da como don, como carisma. El carisma es una experiencia del Espíritu que da un modo peculiar de ser vocacio­nalmente en la Iglesia y en el mundo. El carisma es la fuente de la espiritualidad, del estilo de vida y de la misión de la persona que lo ha recibido, es una forma peculiar de ser y de actuar en clave carismática. Lo mismo ocurre en el P. Fundador. Nos dice en la Autobio­grafía:

“De un modo muy particular me hizo Dios nuestro Señor entender aquellas palabras: Spiritus Domini super me et evangeli­zare pauperibus missit me Dominus et sanare contri­tos corde”.[xvi]

El Espíritu que actúa en él, “de un modo muy particular”, o sea, de un modo carismático, es un espíritu profético, evangeli­za­dor de los pobres y arrepentidos. Es un Espíritu para evangeli­zar la Buena Noticia.[xvii]

El mismo Claret explica el sentido de este Espíritu cuando habla del espíritu eclesiástico (o de la espiritualidad sacerdo­tal). El espíritu eclesiástico “no es otra cosa, – nos dirá -, que una participación del Espíritu de Dios”.[xviii] El Espíritu Santo que recibió Jesucristo es el mismo espíritu que cada sacerdote recibe para vivir y obrar como sacerdote.

“El mismo Jesucristo recibió el Espíritu Santo, el espíritu sacerdotal, el espíritu de que ha de vivir y obrar todo sacerdo­te. He aquí las palabras de las santas Escrituras: Spiritus Domini super me. El espíritu del Señor está sobre mí, (invisi­blemente desde la unión hipostática y visiblemente desde el bautismo en el Jordán); propter quod unxit me. Por lo que me ha ungido como doctor, profeta, salvador y legislador.

“………… No me detendré en referir uno por uno los prodigios que obraron los apóstoles, que tan pronto como quedaron llenos del espíritu del Señor empezaron a hablar. Solo diré alguna cosa del Apóstol San Pablo, lleno de este espíritu eclesiástico. Tan pronto como fue llamado de Jesucristo en el camino y después animado del espíritu que recibió en Damasco, ya no se para en carne y sangre, sino lleno del fuego de la caridad, corre por todas partes como vaso de elección, llevando el nombre de Jesús, no buscando más que la mayor gloria de Dios y la salvación de las almas; no teme las cárceles ni las cadenas; no le arredran los azotes ni las amenazas de muerte le detienen; no hay más que leer el libro de los Hechos Apostólicos y las cartas que nos dejó escritas para ver lo que hace un sacerdote lleno del espíritu eclesiásti­co. Este mismo espíritu es el que animaba a los Domingos de Guzmán, a los Vicentes, a los Javieres y a tantos otros sacerdotes.” (CLARET, El espíritu sacerdotal : “San Antonio Mª Claret. Escritos Espirituales” (EE). Ed. preparada por J. BERMEJO, Madrid 1985, 284-286).[xix]

2.2. Desde esta visión y experiencia, el Espíritu del Señor le hará comprender las Sagradas Escrituras, la Palabra de Dios: su lectura será siempre como la del ungido por el espíritu para evangelizar, como se verá más adelante. Y, a la vez, desde la fidelidad a la lectura de la Palabra de Dios podrá obtenerse y conservarse este don del Espíritu.[xx] Desde esta perspectiva del Espíritu, Claret desarro­llará su vocación, su vida espiritual, su estilo de vida y su misión.

2.3. ¿Cómo definir la lectura que Claret hace de las Sagradas Escrituras bajo la acción del Espíritu que le ha ungido para evangelizar?.[xxi]

1º. Por el origen es una “lectura espiri­tual”, es decir, que procede del “espíritu divino” como “moción interior” de Dios.[xxii] No es una lectura que tiene su origen en el conocimiento humano; para leer los libros de la Sagrada Escritura se ha “de proceder con la simplicidad de la fe….interpré­tenlos no según su propio saber, ni para sacar de ellos conceptos sutiles, sino con ánimo de proponer y explicar el sagra­do texto con simplici­dad (de la fe)”.[xxiii] Es la lectura en fe y desde la fe propia de aquellos que, llenos del Espíritu del Señor, son de Dios porque, como ha dicho Jesucristo nuestro Divino Redentor “el que es de Dios oye la palabra de Dios (Jn. 8, 47)”.[xxiv]

2º. Es una lectura “motivante” que le envolvía totalmente la personali­dad y le impelía a actuar. Una lectura sumamente estimulante y con una gran carga emotiva que le impresionaba, le excitaba y le movía a la acción de una manera irresistible. El mismo nos dice:

“Lo que más me movía y excitaba era la lectura de la santa Biblia… Esta sentencia me causó una profunda impresión…, fue para mí una saeta que me hirió el corazón.. Pero quien me entusiasma es el celo del apóstol San Pablo..”[xxv].

3º. Es una lectura “vocacional” en sentido amplio, total y globalizante. Primero es una lectura que le interpelaba personal­mente pues “en muchas partes de la Santa Biblia sentía la voz del Señor, que me lla­maba para que saliera a predi­car”..”Había pasajes… que me parecía que oía una voz que me decía a mi lo mismo que leía…En estas palabras conocí cómo el Señor me había lla­ma­do..”[xxvi]. Es una lectura para confor­mar­se a la volun­tad de Dios y ser fiel al proyecto que Dios tiene so­bre él. Y segundo, una lectura que le iluminaba su itinerario vocacional tanto pasado como futuro.[xxvii]

El mismo comunicará su experiencia a los demás y aconsejará una lectura con ánimo de sacar provecho de la Palabra de Dios, de obtener las gracias y dones del Señor y para alcanzar los auxilios necesarios para cumplir las obligaciones del propio estado.[xxviii]

2.4. Es bajo esta misma acción peculiar y carismática del Espíritu cómo cada claretiano ha de leer la Palabra de Dios

“El Señor me dijo a mí y a todos los Misioneros compañeros míos:Non vos estis qui loquimini, sed Spiritus Patris vestris, et Matris vestris quid loquitur in vobis (Mat. 10, 20). Por manera que cada uno de nosotros podrá decir: Spiritus Domini super me, propter quod unxit me, evangeli­zare pauperibus misit me, sanare contritos corde (Luc. 4, 18)”.[xxix]

Claret al fundar la Congregación eligió, como nos dice en la Autobiografía, “a quienes Dios nuestro Señor había dado el mismo espíritu de que yo me sentía animado”.[xxx] Es decir, separó, entre los muchos sacerdotes que conocía y trataba, a aquellos que él vio que el Señor les había dado el mismo carisma. Este, en efecto, es una gracia para ser compartida por los confundadores y por todos los llamados a la misma Congrega­ción.

El don del carisma implica un modo y peculiar de actuar el Espíritu del Señor sobre las personas a quienes se les concede el don carismático. Y en este contexto, como consecuen­cia, un modo peculiar de ser y actuar en la Iglesia en el Fundador, en los confundadores y en todos los llamados a compartirlo. Por lo tanto, el modo de acción del Espíritu que actúo en Claret, actuó también en los confundadores y sigue actuando hoy en día en la Congregación. Tienen sentido pleno las palabras de Claret al aplicar a todos los misioneros el texto de Luc. 4, 18.

    3. A ejemplo de María, nuestra Madre y Formadora.

3.1. El Espíritu del Señor que animó la vocación de Claret y le inspiró en la lectura de la Palabra de Dios, es, no sólo el Espíritu del Padre, sino también de la Madre. ­

“El Señor me dijo a mí y a todos los Misioneros compañeros míos:Non vos estis qui loquimini, sed Spiritus Patris vestris, et Matris vestris quid loquitur in vobis (Mat. 10, 20).[xxxi]

Este “espíritu materno” estuvo siempre presente en la vida y misión de Claret, vocación apostólica, misionera y, a la vez, profunda­mente cordimaria­na.

3.2. No podía faltar en Claret una referencia a María a lo hora de leer, estudiar y meditar la Palabra de Dios. El Verbo, la Palabra, se encarnó en María, la más casta, humilde y fervorosa de las madres. María es Madre de la Palabra por su castidad, humildad y fervor. Son las actitudes de María para acoger la Palabra en su seno y darlo al mundo.

El sacerdote y el misionero para predicar la Palabra han de tener el Espíritu del Señor y han de ser castos, humildes y fervorosos, como María. En particu­lar, dice Claret al misionero:

“Aprende,…,de María;… por la humildad con que estudia­rás en los Libros Santos y con que orarás a Dios concebirás lo que has de decir o el Verbo que has de predi­car…”.[xxxii]

    4. En clave vocacional.

Ya hemos que la clave vocacional es una de las características de la lectura que hace Claret de la Palabra de Dios. Ahora quiera resaltar otros elementos.

4.1 Conciencia de Claret sobre la inspiración bíblica de su vocación.

En primer lugar, Claret tuvo la conciencia clara y explícita de que su vocación brotó y se fraguó desde la Palabra de Dios considerada de una manera global, sin excluir otros elementos determinantes como la oración, la realidad, etc.. Y en segundo lugar, existen unos textos bíblicos concretos que de hecho estuvieron de hecho presentes tanto en el origen de la llamada como en la formación de la vocación y en la configuración de su vida y misión.

1º. Claret tuvo una conciencia clarísima de la inspiración bíblica de su vocación ya desde el comienzo cuando sintió la llamada del Señor.[xxxiii] En sus escritos abundan expresiones en este sentido. He aquí una muestra:

“Lo que más me movía y excitaba era la lectura de la santa Bi­blia… En muchas partes de la Santa Biblia sentía la voz del Señor, que me lla­maba para que saliera a predicar”.[xxxiv]

A través de la Palabra de Dios oía clarísimamente la voz del Señor que le hablaba y que le seguía llamando.[xxxv] Este hecho explica, sin duda, su amor a la Palabra de Dios, su aprecio por las Sagradas Escrituras, su inmenso interés por difundirla y el contenido eminentemente bíblico de su predicación.

2º. Textos bíblicos vocacionales.

Fueron muchos los textos bíblicos que influyeron en la vocación de Claret a lo largo de su vida.[xxxvi] El mismo nos dirá:

“En muchas partes de la Santa Biblia sentía la voz del Se­ñor,…”.[xxxvii]

Sin embargo, algunos influyeron de una manera más decisiva y definieron con mayor claridad su vocación misionera:

“Había pasajes que me hacían tan fuerte impre­sión, que me parecía que oía una voz que me decía a mi lo mismo que leía”.[xxxviii]

3º. Esta conciencia bíblica de su vocación le identificaba particular­mente con San Pablo.[xxxix] El mismo lo afirmará entusiásticamente:

“Pero quien me entusiasma es el celo del apóstol San Pablo.¡Cómo corre de una a otra parte, llevando como vaso de elección la doctrina de Jesucristo¡ El predica, él escribe, él enseña en la sinagoga, en las cárceles y en todas parte; él trabaja y hace trabajar oportuna e importu­namente; él sufre azotes, piedras, persecuciones de toda especie, calumnias las más atroces. Pero él no se espanta; al contra­rio, se complace en las tribulaciones, y llega a decir que no quiere gloriarse sino en la cruz de Jesucris­to”.[xl]

Ya el origen de la vocación de Claret tiene un sabor profundamente paulino.

“Me hallé como Saulo por el camino de Damasco -nos dice-; me faltaba un Ananías que me dijese lo que había de ha­cer”.[xli]

Las frases de Claret, -“esta sentencia me causó una profunda impre­sión…, fue para mí una saeta que me hirió el corazón; yo pensaba y discurría qué haría, pero no acertaba”[xlii]- reflejan la misma situación de desconcierto que tuvo san Pablo en el momento de su conversión.[xliii]

Durante toda su vida apelará a San Pablo para entenderse a sí mismo, para comprender los planes del Señor sobre él, para explicarse las vicisitudes de la vida que tuvo que sufrir y para dar un sentido global a su existencia. De aquí las numerosas citas de San Pablo en sus escritos, especialmente los autobiográ­ficos; y de aquí, también, las veces que aconsejará su lectura.

A los seminaristas y sacerdotes les descubrirá las riquezas de la vida y enseñanzas del Após­tol:

“.. no hay más que leer el libro de los Hechos Apostólicos y las cartas que nos dejó escritas para ver lo que hace un sacerdote lleno del espíritu eclesiásti­co”.[xliv]

Y al Obispo le aconseja­rá que “lea y medite las Sagradas Escri­turas, singular­mente san Pablo…”.[xlv]

4.2. En orden al anuncio de la Palabra de Dios.

La llamada vocacio­nal de Claret, su estilo de vida, su espíritu y su actuación misionera, vistas a la luz del profetismo bíblico, aparecen como rasgos de una clara vocación profética.[xlvi]

Por eso, un aspecto fundamental de la lectura, estudio y meditación de la Palabra de Dios en Claret es su anuncio. Es una lectura en orden a cumplir el mandato de Jesús de anunciar la Buena Noticia a todos los pueblos de todo el mundo.

Para realizar este anuncio, Claret actuará, entre otras, tres líneas de acción: la propagación de la Biblia, la recomendación de la lectura diaria de las Sagradas Escrituras, y la predicación de la Palabra de Dios.

1ª. La propagación de la Biblia.

En la dedicatoria que Caixal y Palau hacían a Claret de la reedición de la Biblia, comentada por Scio, afirmaban:

“Y tanto más le corresponde esta dedicatoria, por cuanto V.E. es el que nos ha sugerido el pensamiento de publicarla para que cese esa especie de desidia que se nota en algunos de nuestros hermanos y compatri­cios en leer y meditar las santas Escrituras, desidia ocasionada las más veces de no tener a mano un libro tan precioso….. Recordamos también haber visto a V.E. santamente anheloso de poder ofrecer a los fieles españoles una edición de la SANTA BIBLIA que, a las condiciones de baratura y corrección reuniese las bellezas y elegancia del arte tipográfico”.[xlvii]

Después publica­ría personalmente otras ediciones de las Sagradas Escritu­ras, total o parcial­mente, manuales, de fácil manejo y económi­cas para que la pudiesen adquirir aun los más pobres.

* En 1856, hace edición popular del Evangelio de San Mateo, comentado por él mismo, con los dos primeros capítulos de los Hechos de los Apóstoles, para comple­tar, junto con el Prólogo, la lectura de un mes, a capítulo por día.[xlviii]

* En 1860, publica en formato liliputiense cuatro capítulos de cada uno de los Evangelios para los soldados que iban a la guerra de Africa la pudieran llevar fácilmente en la mochila.[xlix]

* En 1862 editó la Biblia Sacra o Vulgata latina para sacerdotes y seminaris­tas. En la misma, al margen de los textos, puso una manecilla para los más interesantes y un guión para los que son importantes a fin que los aprendiesen de memoria.[l]

* En 1864 brindó a los antes citados la traducción del Manual de Concordancias de la Sagrada Escritura, de De Raze.[li]

* Por último, en el reglamento para las Bibliotecas populares y parroquiales, al describir el elenco de libros con las han de comenzar, Claret indica la Santa Biblia de Scio (seis tomos), el Evangelio de San Mateo que él anotó y publicó y la Historia Sagrada de Pintón.[lii]

2ª. Recomendaciones concretas para la lectura diaria de las Sagradas Escrituras.

En este sentido, la actuación de Claret fue de una constan­cia admirable y de una visión amplísima. No se puede explicar su actitud si no es por su inmensa afición a la Biblia, su amor apasionado por ella y su lucha contra los protestantes. A pesar del ambiente negativo de su tiempo y de la “desidia que se nota en algunos de nuestros hermanos y compatricios” [liii] se comportó como un verdadero profeta.

Recomendó la lectura de la Biblia a todos sin distinción: obispos, sacerdotes, seminaristas y fieles de todo tipo y condición. Recomendó la lectura diaria de uno o de varios capítulos de la misma de tal manera que cada año se pudiera leer toda. Y la recomendó como estudio, lectura espiri­tual y medita­ción, según los casos y las circuns­tancias de las personas. Son innumerables los textos donde Claret habla sobre la necesidad de leer diariamente la Palabra de Dios.[liv]

3ª. La predica­ción de la Palabra de Dios.

Ya hemos dicho que la Palabra de Dios configuró la persona­lidad de Claret, al estilo de Jesús y de los apóstoles, para actuar como Misionero Apostólico (cf. sopra, 4.1).[lv]

Más aún, la Palabra de Dios configuró incluso su estilo de predicar la Buena Noticia sacando de las Sagradas Escrituras argumentos y comparaciones:

“El estilo que me propuse desde el principio fue el del santo Evangelio:sencillez y claridad. Para esto me valía de comparacio­nes, semejanzas, ejemplos históri­cos y verdaderos; los más eran tomados de la santa Escritura”.[lvi]

Respecto al contenido de su predicación sabemos que tocaba los argumentos de la fe y de la moral desde una perspectiva bíblica, fundando las exigencias de la fe en la perspectiva del amor y de la misericordia de Dios.[lvii] El mismo nos dirá:

“El bien de mi predicación es la gloria de Dios y el bien de las almas. Predico el Santo Evangelio, me valgo de sus semejanzas y uso su estilo”.[lviii]

En esta misma línea, expresará a los miembros (seglares y sacerdotes) de la Academia de San Miguel, que entre las actividades apostólicas:

“El primer medio es la predicación de la divina palabra, según el precepto del Señor (cita Mat. 28, 19,20; Marc. 16, 15,16)..­.A los sacerdotes, pues, toca poner por obra este primer medio,…con asiduidad y celo apostólico”.[lix]

5. Actitudes y disposiciones: “.. léela con devoción y ánimo de aprovecharte de su lectura,…”[lx]

5.1. “…léela con devoción…”

La devoción es una disposición general para leer la Palabra de Dios que Claret recomienda con frecuencia y que implica varias actitudes y disposicio­nes.[lxi]

5.1.1. Con la simplicidad de fe.

Una actitud fundamental que, como es lógico, resalta Claret es la fe:

“Gusten de proceder con la simplicidad de la fe”.[lxii]

Sin ella es imposible conocer el auténtico y verdadero valor de la Palabra de Dios y, por lo tanto, es imposible penetrar el pensamien­to del Señor y conocer su voluntad. La Palabra de Dios hay que leerla, estudiarla y meditarla desde la fe y no para saber más, con una mentalidad puramente científica y, filosófica o literaria -“para sacar de ellos (libros de la Sagrada Escritu­ra) conceptos sutiles”- sino para conocer la voluntad de Dios y darla a conocer.

Se trata de una fe “simple” que lleva, no sólo al aprecio, sino también a la veneración de las Sagradas Escrituras por ser santas y ser el Verbo escrito y predicado.[lxiii] La simplicidad de la fe llevará también, desde el punto de vista apostólico a “proponer y explicar el sagrado texto con simplicidad” en orden a la utilidad y eficacia de la predicación.

5.l.2. En la tradición de la Iglesia.

“Sean éstos (los libros de las sagradas Escrituras) para todos muy familiares, e interpré­tenlos,….. en el sentido en que la Iglesia, los santos Padres y el común de los teólogos ortodoxos los han siempre entendido y entien­den”.[lxiv]

1º. Además del sentido eclesial que tenía Claret en todos los aspectos de su vida y misión, una circunstancia pastoral le moverá a insistir en él al referirse a la lectura e interpreta­ción la Biblia. Es el peligro protestante manifestado tanto en la falsa interpretación de la Palabra de Dios, que pone en peligro la fe de sus fieles, como en la intensa propagan­da que hacían los protestan­tes, particularmente en Cuba.

“Por tanto, amadísimos hermanos e hijos muy queridos, si queréis leer la Sagrada Biblia traducida por el P. Scio, sea enhorabuena; a ello exhortamos muy especialmente a los Eclesiásticos, como tantas veces lo hemos dispuesto de palabra y por escrito: pero leed la versión genuina con sus notas, no la adulterada y truncada por los protestan­tes..”.[lxv]

Para Claret, la Palabra de Dios, que es la verdad, el pan del entendimiento, ha de ser buscada en un ámbito de verdad y autenticidad. Y esto sólo lo puede garantizar la Iglesia verdadera, es decir la Iglesia católi­ca:”la verdad de la santa Biblia – nos dice – (se hunde) si no se apoya en la columna de la Iglesia,..[lxvi]. Además la Palabra divina, el Verbo divino escrito y trasmitido, sólo lo puede dar la Iglesia, depositaria, a la vez, del Verbo encarnado y consagrado.

2º. Para asegurar la lectura de la Palabra de Dios dentro de la tradición de la Iglesia, por una parte, recomienda los comentarios de los Santos Padres y de los autores aprobados por la misma Iglesia;[lxvii] y se lanza, por otra,a la divulgación de la Biblia en lengua vulgar y ediciones baratas y apropiadas.

5.1.3. Con humildad y pobreza interior.

Para Claret, la humildad es una condición indispensable para entender las Sagradas Escrituras. A los sabios y prudentes de este mundo, a los orgullosos y soberbios, Dios se oculta. En cambio, se manifiesta a los sencillos y humildes. Por eso, sin humildad Dios no se revelará ni se manifestará al hombre en su Palabra. Hablando en el Concilio Vaticano I dirá:

“Pero ¿cuál es la causa (de) que no entiendan las Escritu­ras? Tres son las causas: …2ª. Porque no tienen humildad, como dice el Evangelio: Te confieso, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has escondido estas verdades a los sabios y prudentes según el mundo y las (has) revelado a los humildes” (Luc. 10,21).[lxviii]

Claret identifica a los humildes con María y con los pobres de espíritu:

“Aprende, Teófilo, de María … por la humildad con que estudia­rás en los Libros Santos … concebi­rás lo que has de decir o el Verbo que has de predicar. La Virgen lo envolvió en pobres pañales; tú lo envolverás en un estilo sencillo y natural …Y el mismo Jesucristo da gracias a su eterno Padre, porque la divina palabra se revela o se predica a los párvulos, esto es, a los humildes”.[lxix]

Y comentando un texto del Evangelio de San Mateo dice:

“(pobres de espíritu son)… los que se humillan delante de Dios mirándose como verdaderos pobres en su presencia,…. y oyen con respetuoso temor sus divinas palabras..”.[lxx]

5.1.4. Con recogimiento y silen­cio interior.

“En el silencio y en la paz … el alma devota … aprende los misterios de los libros sagrados”.[lxxi]

Sin recogimiento ni silencio interior no se puede oír la Palabra de Dios. En el silencio y en la paz interior es como se puede penetrar “los misterios” escondidos en los libros sagrados

y se puede adquirir la “ciencia del corazón” tan necesaria al misionero.

Claret pedirá a los llamados “al ministerio de la divina palabra” que se retiren antes, a ejemplo de Jesús:

“a orar un poco en soledad, para adquirir, meditando en las penas de Jesús crucificado, aquella ciencia del corazón sin la cual tu palabra sería como el sonido de la campana”.[lxxii]

Penetrar los misterios y adquirir la ciencia del corazón es ponerse en sintonía con Dios, no sólo intelectualmen­te, sino también afectivamente. Es el fuego del amor y de la caridad que brota en el que ora en profundidad para ser transfor­mado por la Palabra y estar “motivado” por el para la predicación. Esa ha sido la experiencia de Claret a quien la oración y la Palabra de Dios movían, estimulaban e incitaban intensamente y le llenaban de caridad apostólica.

La disipación del espíritu, la poca modestia, la imaginación llena de vanidades y la distracción continua e innecesaria son los obstáculos graves para orar y meditar la Palabra de Dios. No se trata de la distracción obligada que la persona ha de vivir “por las ocupaciones plausibles de su destino”, sino aquella que le descentra, le divide y le ocupa en otros intereses ajenos a su vocación.[lxxiii]

Claret supo mantener ese recogimiento y silencio interior aun siendo un hombre activísimo y ocupadísimo, que no perdía ni el más mínimo tiempo y que siempre tenía algo que hacer para la gloria de Dios y la misión apostólica. Es que Claret supo conservar el centro de su vida, Dios, en todo momento, y supo vivir en unidad de espíritu, oración y acción.

5.1.5. Y sobre todo con amor de Dios: “El que es de Dios oye la Palabra de Dios “(Jn. 8, 47).

Hablando el P. Fundador en el Concilio Vaticano I afirmó ante los Padres conciliares que la primera causa por la que no se entiende la Palabra de Dios es la falta de amor de Dios.

“Pero ¿cuál es la causa (de) que no entiendan las Escritu­ras? Tres son las causas: 1ª Porque los hombres no tienen amor de Dios, como dijo en mismo Jesús a Sta. Teresa”.[lxxiv]

Es lógico que Claret, siguiendo el pensamiento de San Juan, afirme que el amor de Dios sea la base para entender la Palabra de Dios ya que la caridad nos hace hijos de Dios, semejantes a El y nos da la capacidad para oírle, escucharle y comprender­le.[lxxv]

Este amor se promueve: contemplando las obras del amor de Dios leyendo en “espíritu” las Sagradas Escrituras y siendo fieles a la voluntad de Dios como signo del amor a El.

1º. A la hora de leer, estudiar y meditar la Palabra de Dios hay que hacerlo no sólo en la “letra” sino también en el “espíritu”. ¿Qué significa para Claret leerla en el “espíritu”?. “Todo estriba, nos dice, en el amor a Dios y al prójimo”. Toda la obra de Dios, reflejada en la Biblia, revela amor, todo se ha hecho a causa del amor y todo tiene como fin el amor. Todo es fruto del amor de Dios a hombre. Por eso “en el estudio de estas grandes obras siempre hemos de tener presente delante de nuestro entendimiento y de nuestro corazón el amor de Dios y el próji­mo….”[lxxvi]

2ª. El hombre que es fiel al Señor en la cotidianidad de la vida estará preparado para entender la voz de Dios y viceversa. Y la razón es porque la fidelidad es la manifestación del amor de la persona al señor; y este amor, como hemos dicho antes, le capacita a la vez para oírle y escucharle. La fidelidad capacita la escucha de la vos de Dios y la escucha prepara mejor a cumplir la voluntad ­de Dios.[lxxvii] En cambio, cuando no se quiere cumplir la voluntad de Dios, no interesa entender las Escrituras porque éstas interpelan al hombre a la conversión.

“Pero ¿cuál es la causa (de) que no entiendan las Escritu­ras? Tres son las causas: …3ª. Finalmente, porque hay algunos que no quieren entenderlas, porque no quieren obrar el bien”.[lxxviii]

5.2. “..y (con) ánimo de aprovecharte de su lectu­ra…”

El contacto con la Palabra de Dios es para Claret, como ya sabemos, una verdadera interpelación personal-vocacional. Lo sabe por experiencia. De aquí que, para él, sea necesaria una actitud positiva de dejarse interpelar para que la Palabra de Dios sea eficaz. Es lo que él llama “leerla… con ánimo de aprovecharte de su lectura”. Para nuestro Fundador, el “aprovechamiento” tiene las siguientes dimensiones.

5.2.1. Identificación con Cristo.

Citando Ex 25, 40 y I Co II, l, Claret pone el primer provecho en la identificación absoluta y radical con Cristo en perspectiva apostólica. A través de la Palabra el misionero ha de imitar a Jesús hasta identificarse con él de tal manera que llegue a la configuración plena y total con él. Esta configura­ción expresará la imagen del discípulo perfecto, el cual en su acción misionera podrá presentarse como testimonio de la palabra que predica y “decir con tu conducta lo del apóstol: Imitato­res mei estote, sicut et ego Christi: Imitadme a mí, así como yo imito a Cristo”.[lxxix]

Hablando del ejercicio del celo apostólico, Claret propone tres medios: oración, el buen ejemplo y la conversación familiar. Al referirse al buen ejemplo, cuya fuerza y virtud en el orden apostólico son inexplicables, hace una referen­cia a la lectura Evangelio:

“Solamente me limito a exhortar al lector a leer el Evangelio, la vida de Jesús, de María y de los santos; imitemos su virtud, y obraremos prodigios en el prójimo que nos ve y nos observa”.[lxxx]

Un segundo provecho que se obtiene del acercamiento a la Palabra de Dios es, en lógica consecuencia con el anterior, la adquisición de una mentalidad evangéli­ca mediante la acepta­ción de los valores del Evange­lio y la conforma­ción de la propia conducta a las propuestas evangélicas de Jesús. Claret es muy exigente y apunta a todo cristiano metas altas en el estilo de vida que ha de llevar si realmente quiere ser un discípulo de Jesús. Ha de vivir como El, aceptando, incluso con alegría, las penas y sufrimientos que tenga que soportar[lxxxi] Así dice a pasto­res y fieles indistintamen­te:

“La Escritura divina es el nivel con que todo eclesiásti­co debe ajustar sus ac­ciones, y las de los fieles, a quienes reparte por oficio el pasto de la doctrina de Je­sucris­to.”.[lxxxii]

5.2.2. Para el ejercicio del ministerio.

“Léela, pues, tú todos los días, pero léela con devoción y ánimo de aprovechar­te de su lectura, y veras por propia experiencia cómo por este medio te favorece el Señor con sus gracias, y te comunica aquellos auxilios que tanto has menester para cumplir tus obligaciones y llenar debidamente las funciones del sagrado ministerio”.[lxxxiii]

Como hemos dicho más arriba hablando de Claret (cf. 4.2), un aspecto fundamental de la lectura, estudio y meditación de la Palabra de Dios es su anuncio. Es una lectura en orden a cumplir el mandato de Jesús de anunciar la Buena Noticia a todos los pueblos de todo el mundo.

Escribiendo sobre la formación seminarística, dirá a los profesores, e indirectamente a los alumnos, que:

“..a lectura de la santa Biblia, que deben (los seminaristas) leer deteni­damente y meditar sin descanso, esté seguro (el profesor) que sacará buenos discí­pulos y fervo­rosos predi­ca­do­res, que no predi­carán a sí mismos, sino a Jesucristo crucificado, como dice San Pablo, y enseñan san Juan Crisóstomo, san Ber­nardo y san Fran­cisco de Sales “.[lxxxiv]

1º. De la lectura de la Palabra de Dios, en primer lugar, el misionero obtiene las gracias y los auxilios que necesita para el sagrado ministerios de la predicación. La Palabra de Dios le configura espiritualmente, le inunda del amor de Dios y le motiva para anunciarla como lo hizo Jesús. Es decir, el misionero es evangelizado por la misma palabra que va a anunciar. El Señor le iluminará y será el mismo Espíritu el que hable por la boca del predica­dor.

2º. En segundo lugar, las Sagradas Escrituras inspiran también a Claret el modo de anunciar la Palabra para que ésta sea eficaz, es decir para que convierta y transforme al hombre. Se ha predicar con asiduidad y celo apostólico, con pureza y rectitud de intención, con sencillez y simplici­dad, sin vanas elocuen­cias y ni “flores retóricas”.[lxxxv] El texto que sigue es toda una sínte­sis de su pensamiento:

“Si la caridad, la necesidad o el mandato de tu superio­r te llama al ministerio de la divina palabra, retírate antes, como tu divino Maestro, a orar un poco en soledad, para adquirir, meditando en las penas de Jesús crucificado, aquella ciencia del corazón sin la cual tu palabra sería como el sonido de la campana. Guárdate de contaminar la palabra de Dios, no poniendo en su predicación más tu cuidado en la sublimidad del estilo, en las flores y en otras persuasivas palabra del humano saber (de las que sólo hace pompa y vanidad quien se predica a si mismo), sino en los efectos sensibles del espíritu y de la virtud de Dios, como lo hacía el Apóstol: in ostensione spiritu et virtutis (1Cor. 2,4); y no como para agradar a los hombres, sino sólo a Dios, que sondea el corazón; ….por tanto, si no te quieres perder, antes bien, si quieres mucho merecer, imita al divino Redentor, lee el santo Evangelio y hallarás las materias que trataba y con qué estilo las propo­nía…”.[lxxxvi]

5.2.3. En orden a adquirir una formación idónea.

La formación idónea que pide Claret a los seminaristas es aquella que los prepara para que sean “buenos discípulos (de Jesús) y fervorosos predicadores”. Los objetivos de una formación idónea son para él muy claros: la identifica­ción con Cristo en orden al anuncio de la Palabra de Dios. Es decir, que imiten, se identifique y configuren con Cristo para el anuncio del Evange­lio. Ni más ni menos lo que pedía a cada sacerdote.

Ahora bien, lo importante es conocer el papel que juega, según Claret, la Palabra de Dios en la formación idónea. Podemos afirmar que un papel fundamental y nuclear.

1º. En primer lugar, escribiendo Claret sobre la formación seminarísti­ca, dirá a los profesores, e indirectamente a los alumnos, que:

“En los Libros sagrados hallará el profesor lo más princi­pal que conviene sepan sus alumnos, a fin de que salgan unos buenos y aprove­chados eclesiásticos. Dígales que amen mucho a Dios, que sean amantes de la oración mental; y con la lectura de la santa Biblia, que deben (los seminaristas) leer deteni­damente y meditar sin descanso, esté seguro (el profesor) que sacará buenos discí­pulos y fervo­rosos predi­ca­do­res, que no predi­carán a sí mismos, sino a Jesucristo crucificado, como dice San Pablo, y enseñan san Juan Crisóstomo, san Ber­nardo y san Fran­cisco de Sales”.[lxxxvii]

2º. En segundo lugar, ya desde el mismo comienzo de la formación, los seminaristas, retóricos, filósofos y teólogos, han de tener este mismo pensamiento. La Palabra de Dios dará a los seminaristas lo que necesitan para su formación; una Palabra de Dios leída, estudiada y meditada (cf. más abajo..). Para ser buenos sacerdotes han de tener como modelos los que presentan las Sagradas Escrituras. Modelos para la vida y modelos para el ministerio. La Palabra de Dios se convierte así en un núcleo formativo de primera catego­ría:

“Para aprovechar en la retórica (los alumnos) han de tener modelos que imitar; pero ¿qué modelos más buenos se pueden desear que los que se hallan en la santa Biblia, como dicen San Agustín y Bene­dicto XIV?. En este sagrado volumen se halla junta la hermosura y ornato de la elocuencia; en él encuentra el semina­rista cuanto necesita para aprovecha­miento suyo e instrucción de los demás..De lo que viene a deducir, que estudiando los alumnos del Seminario estos sagrados libros, saldrán perfectamen­te instruidos para el ministerio”.[lxxxviii]

“Cuando me he ocupado de la retórica, he hablado de la sagrada Escritu­ra; pero ahora debo añadir, que el teólogo escolástico sin la sagrada escritura es como prole sin madre, casa sin cimien­to y soldado sin arma. Ne­cesita además instruirse en el desempeño de su ministe­rios”.[lxxxix]­­­

3º. En tercer lugar, la Palabra de Dios, que se ha de leer y meditar bajo la acción del Espíritu, es fuente de espirituali­dad sacerdotal y misionera, es decir fuente del mismo Espíritu que anima e ilumina la Palabra y que anima y mueve al seminaris­ta. Como ya dijimos más arriba (Cf. II. 2. 2.), el espíritu eclesiásti­co “no es otra cosa que una partici­pación de espíritu de Dios” que lleva a la persona a hacer de buena gana, con facilidad, modestia y aptitud, las funciones sacerdotales.

Para adquirir el “espíritu eclesiás­tico” (sacerdotal, diríamos hoy en el lenguaje actual), Claret recomienda al seminarista, entre otros medios, “la lectura de las santas Escrituras ” y para conservarlo durante toda la vida le dice igualmente: “Os ocuparéis en el estudio de la santa Biblia”.[xc]

4º. Desde el punto de vista académico, todos conocemos el interés que puso por fomentar en los seminarios de Cuba y de El Escorial el estudio serio de las Sagradas Escrituras y el alto nivel de exigencia que pedía.

Quería que hubiera en las Bibliotecas buenos comenta­rios de la Biblia y facilitó todos los medios para ello, como se dirá más abajo. Exigía el estudio del hebreo y griego para ampliar y profundizar los estudios bíblicos. La Palabra de Dios estudia­da, deberá ser integrada en la lectura espiritual y en la medita­ción; es un aspecto muy importante en la pedagogía integral de Claret.[xci]

 6. Medios pedagógicos para aprovechar: “cuanto os sea         posible guardaréis este método y orden”.

Ya hemos dicho que Claret, aunque no dio una metodología sistematizada para leer la Palabra de Dios, dio orientaciones precisas, sacadas de la propia experiencia, algunas reglas prácticas para aprovecharse de su lectura.

“A la verdad, de nada serviría tener libros sino se leye­ran, ni estudiaran; por lo tanto, os exhortamos que en cuanto os sea posible guardaréis este método y orden”.[xcii]

“..en las primeras páginas (de la Biblia Vulgata que editó)

verá cómo se ha de leer..”.[xciii]

6.1. Cada uno, una Biblia.

Lo primero que pide es que cada estudiante ha de tener una Biblia personal. Es condición indispensable como se puede comprender. Quizás nos pueda extrañar hoy en día esta exigencia; en su tiempo era una novedad. Además no se contenta con exigir. Hace lo posible para que esta exigencia se pueda cumplir: edita una Biblia manual, económica y la regalar en muchas ocasio­nes.[xciv]

6.2. Lectura, estudio, meditación.

Claret habla, aunque no siempre simultáneamente en los mismos textos que escribe, de tres modos de acercarse a la Palabra de Dios:

“Todos con la mayor fidelidad y esmero se han de aplicar a la lectura, estudio y meditación de las santas Escritu­ras”.[xcv]

No obstante, se puede decir con tranquilidad y en verdad que en el conjunto de sus recomendacio­nes la lectura, el estudio y la meditación se deben practicar según las circuns­tancias y el tipo de personas. Es lógico que el estudio vaya exigido sobre todos a los seminaristas y a los sacerdotes dadas las funciones ministeriales que han de practicar. Curiosamente dirá al sacerdote, buscando la unidad entre los tres modos e identifican­do “lectura-estudio-meditación”:

“Cada día el sacerdote estudiará la lección, esto es, leerá un capítulo, a lo menos, del Santo Evangelio y asistirá a clase, que es la meditación, y así todos los días tendrá una hora, o al menos media hora, de meditación de la vida, pa­sión y muerte de Jesucristo”.[xcvi]

6.3. Cada día, cada año.

La orientación pedagógica de Claret sobre el tiempo y cantidad de lectura de la Palabra de Dios es muy clara y constante.[xcvii]

Como primer elemento a salvar en toda circunstancia es “la lectura diaria” de la Biblia. Todo cristiano debe leer cada día las Sagradas Escrituras. Cuando digo “todo cristiano” es porque, para Claret, la lectura personal de la Palabra de Dios no es un privilegio de unos cuantos. Todos, sin distinción de ministerio, sexo, edad o condición, deben leerla asiduamente cada día. Incluso los niños.

La cantidad de lectura diaria depende de las circunstancias

personales y de las exigencias de su ministerio en la Iglesia. A los sacerdotes y seminaristas les llega a pedir la lectura de cuatro capítulos diarios de la Biblia. De esta manera se cumple el ideal de Claret: que se puedan leer todos los libros sagrados una vez cada año. A los fieles les aconseja, en genera, que lean un capítulo diario.

6.4. De memoria.

Claret recomienda que, si es posible, se aprendan los textos de memoria. Para ello pone manecilla y guiones en la Biblia Vulgata que editó. El mismo usó los guiones es su Biblia particular.

¿Por qué recomienda el aprendizaje de memoria?. Por una perspectiva pedagógica y dos fines. La memoria retiene el texto y con el texto la idea. Toda idea, como diría Freud, es dinámica sobre todo cuando se la ama y quiere. Los textos bíblicos memorizados tienen como fin el alimento espiritual, la asimila­ción del mensaje bíblico para sí mismo (Eje. las jaculatorias bíblicas, tan queridas por Claret); y el incremento del bagaje interior para la predicación.[xcviii]

6.5. Revisión periódica.

Claret era muy aficionado a los planes personales para todo tipo de personas con su revisión periódica incluida.[xcix] En ellos debería entrar a formar parte el aspecto de la lectura de la Palabra de Dios del que nos estamos ocupando.

Esta revisión la aconseja, en alguna ocasión, que se haga en grupo. En la memoria de la Academia de San Miguel del año 1866 anota la metodología para revisar la vida de los socios: “Una vez al mes se reunirán, según el artículo 31 de reglamento…. cada uno dará cuenta de sí mismo, y dirá si ha leído el capítulo del evange­lio…”.[c]

– I N D I C E –

PRESENTACION

I. INTRODUCCIÓN

1. La llamada actual de la Congregación. Los Capítulos Genera­les.

2. ¿Una LECTIO DIVINA claretiana?.

II. LA EXPERIENCIA PERSONAL Y LAS ENSEÑANZAS DE CLARET.

1. Fuerte motivación.

2. Bajo la acción del Espíritu que nos unge para evangeli­zar a los pobres.

3. A ejemplo de María, nuestra Madre y Formadora.

4. En clave vocacional.

4.1. Conciencia de Claret sobre la inspiración bíblica de su vocación.

4.2. En orden al anuncio de la Palabra de Dios.

5. Actitudes y disposiciones: “.. léela con devoción y ánimo de aprovecharte de su lectura,…”

5.1. “.. léela con devoción ..”

5.1.1. Con la simplicidad de la fe.

5.1.2. En la tradición de la Iglesia.

5.1.3. Con simplicidad, humildad y pobreza interior.

5.1.4. Con recogimiento y silen­cio interior.

5.1.5. Y sobre todo con amor de Dios: “El que es de Dios oye la Palabra de Dios “(Jn. 8, 47).

5.2. “..Y (con) ánimo de aprovecharte de su lectu­ra…”

5.2.1. Identificación con Cristo.

5.2.2. Para el ejercicio del ministerio.

5.2.3. En orden a adquirir una formación idónea.

6. Medios pedagógicos para aprovechar: “cuanto os sea posible guardaréis este método y orden”.

6.1. Cada uno, una biblia.

6.2. Lectura, estudio, meditación.

6.3. Cada día, cada año.

6.4. De memoria.

6.5. Revisión periódica.

       N O T A S

  * A. APARICIO, Textos bíblicos en los que se inspira la vocación de Claret,: “Sacerdotes Misioneros al estilo de Claret”, Madrid (1885) 107-146. R. BARACALDO. San Antonio Mª Claret y la Biblia: “El Faro”, oct. 1970, 18-20. R. CASALS, Devoción a la Sagrada escritura )de Claret): “Ilustración del Clero”, 28 (1934) 237-241. J. Mª. LOZANO, Un místico de la acción, Roma (1963), 101-132. M. ORGE, La predica­ción profética de San Antonio Mª Claret. Su inspiración bíblica: “Servidores de la Palabra”, Vic (1990) 91-134. M. ORGE, Inspira­ción y fundamenta­ción bíblica del carisma claretiano: “C.M.F. Nuestro Proyecto de Vida Misionera”, Roma (1993) 187-268. J. Mª PALACIOS, Los signos vocacionales en San Antonio Mª Claret,: “Claretianum” 11 (1971) 97-131. M. PEINADOR, La edición de la Vulgata del Beato Claret: “Ilustra­ción del Clero” 42 (1949) 373-385. M. RAMIREZ, Circular sobre el estudio y amor a la sagrada escritura : “Bol. Prov. Cat.”, 221, 1964, 129-134. M. RAMIREZ. La Sagrada Escritura en la vida de Sant Antoni Mª Claret: “XVI APLEC de MATAGALLS”, 1965, 14-19. J. Mª VIÑAS, Ser claretia­no y experien­cia del Espíritu, Roma (1884). J. Mª. VIÑAS, El primado de la Palabra en la vida y escritos del P. Claret: “Servidores de la Palabra”, Vic (1990) 53-90.

[i]. Cf. CPR. 54; SP. 14, 14.1, 21.

[ii]. CLARET, PCle, 32 ss.

[iii]. CLARET, API., 58.

[iv]. CLARET, MAM, 21.

[v]. CLARET, PBV.

[vi]. Cf. Aut 113, 151.

[vii]. Cf. Aut. 68.

[viii]. Cf. J. Mª VIÑAS Y J. BERMEJO, San Antonio María Claret. Escritos autobiográficos (EA), Madrid (1981), nota 2, 150.

[ix]. CLARET. Propósitos. EA, 593-594.

[x]. CLARET. Propósitos, 1851. EA. 535-536.

[xi]. Cf. CLARET, PCle, 32 ss.

[xii]. “Gusten de proceder … aprecian­do muchísimo sobre todo los libros de la Sagrada Escritura y teniéndolos en grande venera­ción…”. (CLARET, RCS I,7, n. 39 en Miscelá­nea, 301).

[xiii]. CLARET, CAS, ll: EE 140 s.

[xiv]. CLARET, PCle, 32 ss.

[xv]. “Grande, muy grande e imprescindible es la obligación en que te hallas y hallarás, mientras vivieres, de dedicarte asidua y atentamente al estudio de las santas Escritu­ras..”(CLA­RET.PBV).

“Recomendamos encarecidamente a los seminaristas teólo­gos la lectura asidua de la Sagrada Escritura “. ( CLARET,Cl., I, 2, 16, 28).

“Todos con la mayor fidelidad y esmero se han de aplicar a la lectura, estudio y meditación de las santas Escrituras.” (CLARET, RCS, 1, 2, n. 15: Miscelánea intere­san­te, 290s)

“… con la lectura de la santa Biblia, que deben (los seminaris­tas) leer deteni­damente y meditar sin descanso…” (CLARET, PEE, 154).

[xvi]. Cf. Is. 61, 1; Luc, 4, 18; Aut. 118.

[xvii]. Cf. M.C.H. 58.

[xviii]. “..y, finalmente, si tienen espíritu eclesiástico, que no es otra cosa que una participación del espíritu de Dios, que lleva al hombre a hacer de buena gana, con decoro, modestia y aptitud, las funciones eclesiásticas”. CLARET, Reglamento interior para los estudiantes del Escorial: “Epistolario Claretiano” (EC), 1 enero 1867, 1101-2.

[xix]. ” El mismo Jesucristo….

Los demás santos son ungidos por la gracia y dones del Espíritu Santo, pero Jesucristo fue ungido por el mismo Espíritu Santo como fuente y plenitud de todas las gracias, a fin de que de su plenitud todos recibiésemos a manera de fuente abundan­tísima, derramándose sobre los apóstoles, mártires, confesores y vírgenes.

Evangelizare pauperibus misit me: He sido envia­do a evangelizar a los pobrecitos, como lo son los pecado­res, pobres sin gracia, sin merecimientos, sin derecho a la gloria; los pobres de bienes de fortuna, porque son más humil­des que los ricos.

Sanare contritos corde; a curar a los contritos de corazón, a aquellos que por sus pecados y por la ignorancia de las cosas divinas se hallan con ánimo afligido y corazón compungido, deseando el perdón de sus pecados, el conocimiento de Dios, la gracia y la salvación.

Praedicare captivis redemptio­nem, a predicar la redención para los cauti­vos, a aquellos que se hallan cautivos por sus pecados de Satanás, yo les predicaré y les daré la libertad por la gracia que les proporcio­naré, y ellos se dispondrán por la penitencia.

Et coecis visum; y a los ciegos les daré la vista no sólo corporal, sino también la espiri­tual, porque enseñaré e ilumi­naré a los que no conocen a Dios ni el camino de la salud.

Ya veis, pues, amadísimo seminarista, cómo Jesucristo recibió el espíritu y en qué consiste este espíritu y para qué se da este espíritu; mirad que no basta, como hemos dicho, el que seáis ordenado de sacerdote; esto os lo da a entender lo que Dios quiso hacer con Jesucristo, que, no obstante que en el momento de su encarnación ya estaba lleno de todas las gracias y dones del Espíritu Santo, antes de salir a la vida pública quiso recibir el Espíritu Santo en el Jordán.

Ve­mos también manifestada esta verdad en el Antiguo y Nuevo Testamento. … y en la ley de gracia ( en el Nuevo Testamento) vemos que los apóstoles en la noche de la cena, todos habían sido ordenados de sacerdo­tes, pero hasta que recibieron el Espíritu Santo bien poco hacían ¡Qué fragilidad! ¡Qué poca fe! Pero después de recibido este divino Espíritu son valientes, elocuen­tes, poderosos en palabras y en obras, hacen maravillas y convierten al mundo.

No me detendré ………….” (EE). Ed. preparada por J. BERMEJO, Madrid 1985, 284-286).

[xx]. Entre los medios que Claret propone para obtener y conservar el espíritu sacerdotal que anima el Espíritu Santo indica “la lectura de las santas Escrituras” y “..el estudio de la santa Biblia”. (CLARET, “El espíritu sacerdotal” EE, 288 y 291)

[xxi]. Orge la define como lectura espiritual tropológica o moral literalismo evangélico Cf. ORGE, Inspiración.. 195-198.

[xxii]. Cf. CLARET, “El espíritu sacerdotal”, EE, 281.

[xxiii]. CLARET, RCS, I,7, n. 39: Miscelá­nea interesante, 301.

[xxiv]. CLARET, MAM, 5.

[xxv]. Aut., 113, 69, 224.

[xxvi]. Aut., 120, 113, 114. Cf. también 115-120.

[xxvii]. Aut. 101, 115.

[xxviii]. En muchas ocasiones ha escrito Claret en este sentido. Sirvan los siguientes textos para conocer directamente su pensamiento. A lo largo del trabajo irán apareciendo otros semejantes:

“La Escritura divina es el nivel con que todo eclesiásti­co debe ajustar sus ac­ciones, y las de los fieles, a quienes reparte por oficio el pasto de la doctrina de Je­sucris­to..” (CLARET, Monasterio de El Escorial. Plan de estudios para los Semina­rios (PSM): Miscelánea.., 163.)

“Léela con… ánimo de aprovecharte de su lectura, y veras por propia experien­cia cómo por este medio te favorece el Señor con sus gracias, y te comunica aquellos auxilios que tanto has menester para cumplir tus obligaciones y llenar debidamente las funciones del sagrado ministerio.” (CLARET, PVB).

“En los Li­bros sagrados hallará el profesor lo más princi­pal que conviene sepan sus alumnos, a fin de que salgan unos buenos y apr­ovechados eclesiásticos. Dígales que amen mucho a Dios, que sean amantes de la oración mental; y con la lectura de la santa Biblia, que deben leer deteni­damente y meditar sin descanso, esté seguro que sacará buenos discípulos y fervorosos predicadores, que no predi­carán a sí mismos, sino a Jesucristo crucificado, como dice San Pablo, y enseñan san Juan Crisóstomo, san Bernardo y san Francisco de Sales “(CLARET, PEE: Miscelánea, 154).

[xxix]. Aut. 687.

[xxx]. Aut. 489.

[xxxi]. Aut. 687.

[xxxii].  “Además, el Verbo eterno se debe considerar en tres estados: encarnado, consagrado y predicado; para encarnarse escogió la madre más humilde; pero la más casta y más fervorosa, cual es María Santísima; y así como María es madre del Verbo encarnado, así el sacerdote, dice San Bernardo, es como padre y madre del Verbo consagrado y predicado. Por lo tanto, ha de procurar ser humilde como María, casto como María y fervoroso como María” (CLARET, CMT, 4,10: EE 364).

” Aprende, Teófilo, de María; con la castidad has de agradar a Dios, y por la humildad con que estudiarás en los Libros Santos y con que orarás a Dios concebirás lo que has de decir o el Verbo que has de predicar. La Virgen lo envolvió en pobres pañales; tú lo envolverás en un estilo sencillo y natural …..Igual práctica sigue en Verbo predicado: Cum simplicibus sermocinatio eius (Prov. 3, 32)…Spiritus Domini super me, evangelizare pauperibus misit me Dominus (Luc, 4,18)

Y el mismo Jesucristo da gracias a su eterno Padre, porque la divina palabra se revela o se predica a los párvulos, esto es, a los humildes” (CLARET, CMT, 4,10: EE 365).

[xxxiii]. “Esta sentencia me causó una profunda impresión…, fue para mí una saeta que me hirió el corazón…” (Aut., 68).

[xxxiv]. Aut., 113, 120.

[xxxv]. “En estas palabras conocí cómo el Señor me había llama­do…, cómo el Señor me sacó en bien de todos los apuros… los grandes enemigos… que se levantarían contra mí; pero el Señor me decía… me hizo Dios Nuestro Se­ñor entender aquellas pala­bras…” (Aut., 114‑118).

“Me dijo el Señor… me dio a conocer grandes cosas sobre aquellas pala­bras… El Señor me dijo a mí y a todos estos Misioneros compañeros míos… Por manera que cada uno de nosotros podrá decir…” (Aut., 685‑687).

[xxxvi]. Para los aspectos bíblicos de este apartado me remito especialmente a la bibliografía de Orge y Aparicio. Sobre los aspectos pedagógicos del origen de la vocación de Claret al artículo de Palacios.

[xxxvii]. Aut. 120.

[xxxviii]. Aut., 113.

[xxxix]. “Se ha dicho con toda razón que muchos rasgos de San Pablo aparecen en San Antonio María Claret, sobre todo su amor apasionado a Cristo y su fogosidad apostólica, reflejada principalmente en la llamada definición del misionero (cf. n.494)”. (J. Mª VIÑAS y J. BERMEJO, EA, nota 93, 188).

[xl]. Aut. 224.

[xli]. Aut. 69.

[xlii]. Aut. 68.

[xliii]. Cf. Hechos, 9, 1-19 y par.

[xliv]. “No me detendré en referir uno por uno los prodigios que obraron los apóstoles, que tan pronto como quedaron llenos del espíritu del Señor empezaron a hablar. Solo diré alguna cosa del Apóstol San Pablo, lleno de este espíritu eclesiástico. Tan pronto como fue llamado de Jesucristo en el camino y después animado del espíritu que recibió en Damasco, ya no se para en carne y sangre, sino lleno del fuego de la caridad, corre por todas partes como vaso de elección, llevando el nombre de Jesús, no buscando más que la mayor gloria de Dios y la salvación de las almas; no teme las cárceles ni las cadenas; no le arredran los azotes ni las amenazas de muerte le detienen; no hay más que leer el libro de los Hechos Apostólicos y las cartas que nos dejó escritas para ver lo que hace un sacerdote lleno del espíritu eclesiásti­co. Este mismo espíritu es el que animaba a los Domingos de Guzmán, a los Vicentes, a los Javieres y a tantos otros sacer­dotes”. (CLARET, “El espíritu sacerdotal” en EE, 285-6).

[xlv]. CLARET­, API, 84.

[xlvi]. El tema ha sido ampliamente y con gran profundidad tratado por ORGE en el artículo “La predicación profética….” y por APARICIO en el artículo “Textos bíblicos…”, ambos citados al comienzo en la nota *.

[xlvii]. La Santa Biblia, I-IV, anotada por el P. Feli­pe Scio, Barcelona 1852. Dedicatoria al Excmo. é Ilmo. D Antonio María Claret y Clara, págs. 5-6.

[xlviii]. CLARET, EvMt.

[xlix]. CLARET, Consejos que una madre dio a su hijo al tiempo de despedirse para ir a la guerra de Africa y los santos evangelios, Barcelona 1860, 32 págs.

[l]. CLARET, Prólogo de PBV. y Cl, 1, 2, 16, 2, nota 11.

[li]. CLARET, Manuel de concordancia de la Sagrada Escritura,Barce­lona 1864.

[lii]. Claret, BPP, 29-30.

[liii]. La Santa Biblia, I-IV, anotada por el P. Feli­pe Scio, Barcelona 1852. Dedicatoria al Excmo. é Ilmo. D Antonio María Claret y Clara, 5.

[liv]. He aquí algunos textos más significativos:

1. En general:

“Por tanto, amadísimos hermanos e hijos muy queridos, si queréis leer la Sagrada Biblia …….., sea enhorabuena; a ello exhortamos muy especialmente a los Eclesiásticos, como tantas veces lo hemos dispuesto de palabra y por escrito”. (CLARET. EPD, 4).

2. A los Pastores:

2.1. Obispos.

“El Prelado… lea y medite las santas Escritu­ras, singu­larmente las cartas de San Pablo, especialmente las que dirige a Tito y a Timo­teo..”. (CLARET. API, 84). Cf., también, CLARET. API, 58).

2.2. Sacerdotes.

“Cada día leerá cuatro capítulos de la Santa Biblia; dos por la mañana y dos por la tarde, a fin de poder leerla toda en cada año” (Conferen­cias de San Vicente de Paúl para los señores eclesiásticos, Barcelona 1859, 22;

“Todos con la mayor fidelidad y esmero se han de aplicar a la lectura, estudio y meditación de las santas Escrituras. En esta santa tarea se han de ocupar a lo me­nos por el espacio de una hora entera, además del tiempo de la medita­ción o lectura de la mañana de que hemos hablado antes (n. 12); y para sacar más fruto añadirán la explicación de los Santos Padres y la de los intérpretes aprobados”. (CLARET. RCS. 1, 2 n. 15: Miscelánea intere­san­te, 290).

“Grande, muy grande e imprescindible es la obligación en que te hallas y hallarás, mientras vivieres, de dedicarte asidua y atentamente al estudio de las santas Escrituras… Léela, pues, tú todos los días, pero léela con devoción y ánimo de aprovechar­te de su lectura,… Para leer toda la santa Biblia en un año, ¿cuántos capítulos corresponde leer cada día? Tres o cuatro. Por lo mismo aconseja­mos que cada día se lean dos por la mañana y otros dos por la tarde.” (CLARET. PBV.).

Cf., también, CLARET. Reglas que debe observar el que quiere salir un misionero perfec­to, n. 6: CCTT, 107; CMT., 4,10: EE 365; PCle. Apéndice, 52.; API., 105; PCle, 32 ss; Cl 11,5,1,1: EE 298.

3. A los Seminaristas:

“A más de los dichos (libros) tendrán la sagrada Biblia, y leerán cuatro capítulos cada días, dos por la mañana y dos por la tarde” (CLARET. Modificaciones de los Estatutos del Semi­nario de Santiago de Cuba, Madrid, 1854, 16).

“Recomendamos encarecidamente a los seminaristas teólo­gos la lectura asidua de la Sagrada Escritura y les aconse­jamos la práctica de leer cada día dos capítulos por la mañana y dos por la tarde”. (CLARET. Cl., I, 2, 16, 2).

“Entre día leerán los que estudian gramática un capítulo de Pintón (Historia Sagrada) por la mañana y otro por la tarde; y los que estu­dian filosofía y teología,… leerán la sagrada Biblia en latín, dos capítulos por la mañana y dos por la tarde, y con esta distribución en cada año la leerán toda (nota de Claret: al efecto se ha hecho imprimir la Biblia económica y se hallará en la Librería Religiosa)” (CLARET. API., 58).

Cf.,también, CLARET. PSM: Miscelánea, 163; API., 58.

4. A los Seglares:

“Cada miembro leerá cada día, o por lo menos semanal­mente, un capitulo del Evangelio según San Mateo, traducido y anotado por el Excmo. Sr. Arzobispo de Cuba “.(CLARET. PAM., 28 y 39).

“La lectura más piadosa que podemos tener es la del santo Evangelio. Cabalmente, por reglamento, hemos de leer un capítulo cada día. Lo hemos de meditar y conformar nuestra conducta con la regla de moralidad que en él nos da Jesu­cristo; allí está la verdad limpia de todo error” (CLARET. CAS, ll: EE 140 s.).

“Además de los libros indicados (Catecismo, Historia Sagrada), bueno será que las niñas lean los Libros Sagra­dos, como exhortan los SS. Padres S. Juan Crisós­tomo, S. Agustín y otros santos. San Jerónimo dice: “En llegando la niña a los siete años aprenda los Salmos, y hasta la edad de la pubertad haga que sean el tesoro de su corazón los libros de Salomón, los Evangelios, los Hechos de los Apóstoles, y las cartas de los mismos Apósto­les”. También leerán la historia de José, de Tobías y de Noemi, los Cánticos de Moisés, de Débora y de María Santísima». (CLARET. Cla., 336‑338s.).

Cf., también, CLARET. MAM., 21; Plda: EE 477‑479; El consuelo de un alma calumniada Barcelona 1864: EE 204-218.

[lv]. Aut. 428-437, 214-225.

[lvi]. Aut. 297; cf. también Aut. 298-299.

[lvii]. Aut. 470. Cf. CLOTET. Resumen de la vida admirable…., Barcelona 1882, págs. 268-269; y opinión de Balmes sobre la predicación de Claret. EA, 423-424.

[lviii]. CLARET. Misionero Apostólico: Autorretrato., EA, 424-425.

[lix]. CLARET, MAM, 5.

[lx]. CLARET, PBV.

[lxi]. “..los demás fieles deben oír con devoción la divina palabra y practicar lo que se les enseña, a así darán a entender que son de Dios:..”, CLARET, MAM, 5.

[lxii]. “Gusten de proceder con la simplicidad de la fe… aprecian­do muchísimo sobre todo los libros de la Sagrada Escritura y teniéndolos en grande venera­ción. Sean éstos para todos muy familiares, e interprétenlos no según su propio saber, ni para sacar de ellos conceptos sutiles, sino con ánimo de proponer y explicar el sagra­do texto con simplicidad, en la manera que es útil para enseñar, reprender, corregir instruir en la justicia (2 Tm 3, 16; 2 P 1, 20)..” (CLARET, RCS I, 7, n. 39 en Miscelá­nea, 301).

[lxiii]. Cf. textos de la nota 32.

[lxiv]. CLARET, RCS I,7, n. 39 en Miscelá­nea, 301.

[lxv]. CLARET, EPD, 4.

[lxvi]. “A más del pan de vida que es la eucaristía, objeto y vida del amor, necesita el hombre el pan del entendimiento, que es la verdad, la que de un modo particular hallaremos en la Biblia. Pero la hemos de buscar como se debe, si la queremos encon­trar…Así como Dios se vale de la Iglesia para darnos el Verbo divino encarnado y consagrado, también quiere valerse de la misma Iglesia para darnos el verbum divinum scriptum et traditum; la divina palabra que el pan del entendimiento…..la verdad de la santa Biblia (se hunde) si no se apoya en la columna de la Iglesia, por lo cual decía San Agustín que ni el evangelio creyera sino se lo enseñara la autoridad de la Iglesia. (CLARET, Plda, 4, 6: EE 478­-480). En este mismo sentido cf. CLARET, Antídoto contra el contagio protestante, Barcelona 1860: en tomo III de la Colección de Opúsculos, 125‑128.

[lxvii]. “El Prelado… lea y medite las santas Escrituras, singu­larmente las cartas de San Pablo, especialmente las que dirige a Tito y a Timo­teo;….. así como la exposición que dan los intérpretes y Santos Padres”.(CLARET, API, 84).

“Todos con la mayor fidelidad y esmero se han de aplicar a la lectura, estudio y meditación de las santas Escrituras. En esta santa tarea se han de ocupar a lo me­nos por el espacio de una hora entera, además del tiempo de la medita­ción o lectura de la mañana de que hemos hablado antes (n. 12); y para sacar más fruto añadirán la explicación de los Santos Padres y la de los intérpretes aprobados” (Claret, RCS., 1, 2, n.15: Miscelánea intere­san­te, 290).

[lxviii]. CLARET, Discurso sobre la Infalibilidad, EA 491 s. Cf., también, CLARET, Cl 1,2,4,1.

[lxix]. CLARET, CMT 4,10: EE 365.

[lxx]. CLARET, EvMT: Evangelio según San Mateo, Nota a Mt 5,3: 34.

[lxxi]. CLARET, Propósitos. 29 oct. de 1860: EA 557.

[lxxii]. CLARET, AvSa, n. 25: EE, 244; cf. también la PCle, 32-39 ss.

[lxxiii]. “Grave obstáculo es también (para orar y meditar la Palabra de Dios)la disipación de ánimo durante el día y el poco recato de los sentidos, pues no es posible que atenta y devota­mente medite aquel cuya imaginación se halla llena de vanidades, ni lo es tampoco que tenga el espíritu recogido durante la oración quien anda siempre distraído, no por ocupaciones plausibles de su destino, sino por la curiosi­dad, la poca modestia u otros defectos.”(CLARET, Cl 1,2,4,1).

[lxxiv]. CLARET, Discurso sobre la infalibi­lidad: EA 491. Aludía a Jn 5,39‑42 y a Santa Teresa de Jesús (Vida 40,19).

[lxxv]. “..los demás fieles deben oír con devoción la divina palabra y practicar lo que se les enseña, a así darán a entender que son de Dios: porque, como ha dicho Jesucristo nuestro Divino Redentor “el que es de Dios oye la palabra de Dios (Jn. 8, 47)”(CLARET, MAM, 5).

[lxxvi]. Cf. CLARET, Cla, 336. El P. Claret habla de que las niñas deben conocer la Historia Sagrada, pero no sólo la letra sino también el espíritu que está subyaciendo en la Historia de la Salvación. Este espíritu es el amor.

[lxxvii]. ” Dios ama mucho la fidelidad del hombre en cosas pequeñas. Dios nos llama con inspiraciones, con lectura, con sermones, por medio de los confesores, etc..etc..Nos dice :Si vis ad vitam ingre­di…Si vis perfectum esse. Cuando el hombre es fiel…Si al oír la voz de Dios no endurece su corazón…Si le dice: Loquere, Domine, quia audit servus tuus..” ..”Domine, quid me vis facere?. (CLARET, Notas sobre el Vaticano, 1, b) Vida religio­sa: EA 463).

[lxxviii]. CLARET, Discurso sobre la infa­libilid­ad, EA 492.

[lxxix]. ” (Jesús) no es sólo maestro, sino también modelo y ejemplar, pues que antes hacía lo que después enseñaba. Y el eterno Padre dice a cada uno de nosotros­: Inspice, et fac secumdum exemplar quod tibi monstratum est. Mira a Jesús en el monte Calvario clavado en la Cruz y cópialo en ti mismo, por manera que puedas decir: Vivo yo, mas ya no yo, sino que vive en mí Cristo, a fin de salir un perfecto discípulo y poder decir con tu conducta lo del apóstol: Imitato­res mei estote, sicut et ego Christi: Imitadme a mí, así como yo imito a Cristo. Cada día el sacerdote estudiará la lección, esto es, leerá un capítulo, a lo menos, del santo Evangelio y asistirá a la clase,, que es la meditación, y así todos los días tendrá una hora, o al menos media hora, de meditación de la vida, pasión y muerte de Jesucristo” (CLARET, Cl 11,5,1,1: EE 297-8).

[lxxx]. CLARET,EEV, 10: EE 427.

[lxxxi]. Cf. CLARET, El consuelo de un alma calumniada, Barcelona 1864; EE 204-218).

[lxxxii]. CLARET, PSM: Miscelánea, 163-4.

“La lectura más piadosa que podemos tener es la del santo Evangelio… Lo hemos de meditar y conformar nuestra conducta con la regla de moralidad que en él nos da Jesucristo; allí está la verdad limpia de todo error” (CLARET, CAS,ll: EE 140 s.).

[lxxxiii]. CLARET, Prólogo, PBV.

[lxxxiv]. CLARET, PEE : Miscelá­nea, 154.

[lxxxv]. “Debes tener presente que la palabra de Dios es viva y eficaz y más penetrante que cualquier espada de os fi­los,….como dice San Pablo (Heb. 4,12). Así como una espada para cortar debe estar sin vaina y bien afilada…. así la espada de la divina palabra, para cortar con ambos filos lo que se opone al amor de Dios y al prójimo, debe estar bien afilada con la pureza y rectitud de intención; sin la vaina…..de la elocuencia humana y flores retóricas, y así es como te la entrego yo(354)” (CLARET, CMT 4,10: EE 364‑3­66).

“Gusten de proceder con la simplicidad de la fe… apre­cian­do muchísimo sobre todo los libros de la Sagrada Escritura… Sean estos para todos muy familiares, e interprétenlos no según su propio saber, ni para sacar de ellos conceptos sutiles, sino con ánimo de proponer y explicar el sagra­do texto con simplici­dad, en la manera que es útil para enseñar, repren­der, corregir instruir en la justicia (2 Tm 3,16; 2 P 1,20)…»(CLARET, RCS I,7, n. 39: Miscelánea, 301).

[lxxxvi]. CLARET,AvSa, n. 25: EE, 244-6; cf. también PCle, 32-39 ss.

[lxxxvii]. CLARET, PEE,: Miscelá­nea, 154.

[lxxxviii]. CLARET, PEE: Miscelánea, 150.

[lxxxix]. CLARET, PSM: Miscelánea, 163-4.

[xc]. CLARET, Cl: EE.286-291.

[xci]. CLARET, PEE: Miscelánea, 144.149‑­154. 163‑165.

“Es de gran utilidad para la inteligencia de la santa Biblia el poseer las dos lenguas, hebrea y griega, como está dispuesto en el Plan de Estudios”(CLARET, PSM: Miscelánea, 164.).

“A fin de que todos los alumnos del Seminario del Escorial entiendan cuanto es posible las divinas Escrituras, apren­dan la lengua hebrea”(CLARET, PSM: Miscelánea, 171.).

“La lengua griega es para los eclesiásticos una lengua sagrada” para estudiar las sagradas Escrituras y los primeros Concilios y los santos Padres (CLARET, PSM,: Miscelá­nea, 171.).

[xcii]. CLARET, PCle, 32 ss.

[xciii]. CLARET, PSM: Miscelánea, 164.

[xciv]. “Todo estudian­te ha de tener un ejemplar de la Santa Biblia que di a luz: en las primeras páginas verá como se ha de leer..”.(CLARET, PSM: Miscelánea, 164). Para los sacerdotes y seminaristas, con el fin de «ayudarte–di­ce-en el cumplimiento de tan santos deberes», hizo imprimir en 1862 la Biblia Sacra o Vulgata latina, de la cual regaló cinco ejemplares a cada Seminario de España “para que se dieran a los se­minaristas más aplicados” (Aut., 779).

[xcv]. CLARET, RSC, 1, 2 n. 15: Miscelá­nea, 290s.

[xcvi]. CLARET, Cl, II, 5, 1: EE 297 s. Otros textos:

 

Lectura espiritual:

“Cada día… Dedicarán un rato a la lectura espiritual. Leerá tres capítulos de la Santa Biblia”. (CLARET, PCle, Apéndi­ce de 1855, p. 52 ).

Estudio:

De los estudios seminarísticos, ya hemos hablado en el texto (cf. III. 4.2.3). De los estudios de renovación y actualización para los sacer­dotes, dice lo siguiente:

“Grande, muy grande e imprescindible es la obligación en que te hallas y hallarás, mientras vivieres, de dedicarte asidua y atentamente al estudio de las santas Escrituras”. (CLARET. PBV, Prólo­go.)

Meditación:

“En los Libros sagrados se hallará el profesor lo más principal que conviene sepan sus alumnos, a fin de que salgan unos buenos y aprovechados eclesiásticos. Dígales que amen mucho a Dios, que sean amantes de la oración mental; y con la lectura de la santa Biblia, que deben leer detenidamente y meditar sin descanso, esté seguro que sacará buenos discípulos y fervorosos predicadores, que no predicarán a sí mismos, sino a Jesucristo crucificado, como dice San Pablo, y enseñan san Juan Crisóstomos, san Bernardo y san Francisco de Sales “(CLARET, PEE: Miscelánea, 15).

[xcvii]. Cf. nota 54.

[xcviii]. “Y para que con mayor comodidad se instruyan en la discipli­na eclesiástica,….. tomarán de memoria la sagrada Escritura..” (CLARET, Modificaciones de los Estatutos del Semi­nario de Santiago de Cuba, Madrid, 1854, 9; cf. también Cl I,1,2, 23). Cf. también el Prólogo de la PBV y Cl 1, 2,16,2, nota 1l2.

[xcix]. Cf. J. BERMEJO, EA, 508-520.

[c]. CLARET, MAM, 21.