15 – Lectura Claretiana de la Palabra de Dios II

Prefectura General de Formación
R oma, 15 de mayo de 1993.

 

Lectura Claretiana de la Palabra de Dios-I

– Segunda Parte –

 P. Jesús Mª Palacios, cmf.

 

SIGLAS DE LAS OBRAS DE CLARET

API.Apuntes de un Plan para conservar la hermosura de la Iglesia, Madrid 1865, 260 págs.

AvSa. Avisos a un sacerdote, Vic 1845, 24 págs.

BPP. Las Bibliotecas populares y parroquiales, Madrid 1864, 32 págs.

COAS. Carta ascética, Barcelona 1862, 52 págs.

CCTT. Lozano, J. M., Constituciones y textos, Barcelo­na 1972.

Cl.   El Colegial o seminarista instruido, Barcelona 1861, t.2, 526 págs.

Cla. La Colegiala instruida, Barcelona 1863, 64 págs..

CMT. Carta al misionero Teófilo, Barcelona 1858: EE 341-367.

CO.   Antídoto contra el contagio protestante, Barcelona 1857, 62 págs; Tomo III de Col. de Opúsculos, 125ss.

EA.   Escritos Autobiográficos, BAC, Madrid 1981.

EE.   Escritos Espirituales, BAC, Madrid 1985.

EEV. L’Egoismo Vinto, Roma 1869, 88 págs.

EPD. Exhortación pastoral a todos sus diocesanos, Santiago 1854, 10 págs.

EvMt. El Santo Evangelio de N. S. J. C. según San Mateo, Barcelona 1856, 230 págs.

PAM. Plan de la Academia de San Miguel, Barcelona 1859, 40 págs.

MAM. Memoria de la Academia de San Miguel, Madrid 1862, 46 págs.

PBV. Prólogo a la Biblia Sacra o Vulgata latina, Barcelona 1862.

PCle. Pastoral al Clero, Santiago de Cuba 1852, 84 págs. y Apéndice de 1855.

Plda. Pastoral sobre la In­maculada, Santiago de Cuba 1855, 38 págs.

PEE. Plan de Estudios de El Escorial: Miscelánea intere­sante, Barcelona 1865, 338 págs.

PSM. Monasterio de El Escorial. Plan de estudios para los Semina­rios: Miscelánea interesante,

RCS. Reglas del Instituto de los Clérigos seglares que viven en comunidad: Miscelánea interesan­te, Barcelona 1865, 338 págs.

RFCMF.Reglamento para los Aspirantes, Probandos y Estudian­tes de nuestra Congregación y sus respectivos Maestros. (RFCMF), 1862. Publicado por la Prefectura General de Formación: Cuadernos de Formación Claretiana, n.1-2.

 

      LA PALABRA DE DIOS EN LA TRADICIÓN CONGREGACIONAL
        1. Claves que transmitió Claret a la Congregación.

Aunque todo lo de Claret tiene siempre una referencia a la Congregación ya que es su Fundador, Padre y Modelo, no obstante hay algunas ocasiones en que esta referencia es explícita; en este caso, la referencia nos interpela directamente. Respecto al tema de la Palabra de Dios ocurre lo mismo. Ahora vamos a desarrollar aquellas claves de lectura de la Palabra de Dios que Claret trasmitió explícitamente a la Congregación.

1.1. Su ejemplo. La Autobiografía.

Una primera clave que Claret trasmitió a la Congregación es su propia vida. Como Fundador es ejemplo a imitar no sólo desde el exterior, sino desde la interioridad del carisma común. La interpretación experiencial del carisma hecha por Claret es para la Congregación un ejemplo, una llamada a la imitación y una seguridad de fidelidad.

Afortunadamente la Congregación tiene la interpretación experiencial del carisma de Claret recogida en su Autobiografía. Con la ventaja de que fue escrita “intencionalmente”, por obediencia, para la Congregación.[i]

Por eso, la clave vocacional de lectura de la Palabra de Dios de Claret es, también, para nosotros una clave a ser tenida en cuenta. Y la Autobiogra­fía ha de ser una fuente de inspiración de cómo realizó esa lectura.

1.2. Textos bíblicos congregacionales.

Decíamos más arriba (cf. II, 4) que en Claret la clave vocacional de leer la Palabra de Dios tiene dos aspectos. El primero es su conciencia global de que la vocación recibida tuvo su origen y desarrollo, sobre todo, desde la Palabra de Dios. Y el segundo, lo constituye un conjunto de textos bíblicos concretos que de hecho estuvieron presentes tanto en el origen de la llamada como en la formación de su vocación y en la configuración de su vida y misión.

De este conjunto, algunos textos son estricta­mente persona­les; otros, en cambio, tienen una proyección comunita­ria y congrega­cional. Los últimos, los de proyección comunitaria, necesita­rán un discerni­miento adecuado para captar y adjudicarles una dimensión congregacional; unas veces, será el P. Fundador quien declare la connotación comunitaria de los textos bíblicos; y otras, será la incidencia de los mismos en el origen y desarrollo del carisma congrega­cional y la continuidad en la tradición de la Congrega­ción.

Entre los texto bíblicos congregacionales se pueden destacar los que el P. Fundador aplicó explícita y directamente a la Congregación, como son:[ii]

* El salmo 22. Fundación de la Congregación.[iii]

* Jn. 20,21. Ejercicios en Vic (1850).[iv]

* Ap 14,6; Ap 8,13; Ap 10,1‑3.[v]

* Textos que fundamentan las Constituciones primitivas.

1.3. Recomendaciones a los Misioneros.

Si la lectura de la Palabra de Dios fue siempre objeto de sus recomenda­ciones a todos, clé­rigos y seglares, no podía dejar de hacerlo también expresamente a sus Misioneros.

1.3.1.. A los Misioneros en formación inicial.

1º. En el Reglamento para los Estudiantes y Prefecto da unas orientacio­nes pedagógicas precisas sobre el lugar que debe ocupar la Palabra de Dios en la formación de los jóvenes Misioneros.

Los Misioneros Hijos del Imdo. Corazón de María, movidos en todo por la gloria de Dios (motivación vocacional esencial y fundamental en Claret) han de tener como objetivo de su forma­ción, llegar a ser “ministros idóneos de su (de Dios) Pala­bra”.[vi]

Expresando su propia experiencia (importancia de la oración y de la Biblia para descubrir su misión)[vii] indica para conse­guir el objetivo de la formación, entre otros, dos medios en particu­lar: la oración (pedirlo “incesante­men­te” a Dios) y la Biblia. A este respecto dirá:

“Todos tendrán la Santa Biblia y en ella leerán cada día dos capítulos por la mañana y otros dos por la tarde…; y .. el Viernes..un capítulo de la Pasión de Jesús”.[viii]

En la segunda redacción, esta orientación queda redacta­da de la siguien­te manera:

“A la lectura espiritual de cada día añadirán los capítulos de la santa Biblia que dispondrá el Supe­rior”.[ix]

1.3.2. A los misioneros en general.

En las «Reglas que debe observar el que quiere salir un mi­sionero perfecto» (antecedentes de las primeras constituciones de la Congregación) se dice:

“Cada día se leerá un capítulo del Nuevo Testa­men­to”.[x]

En las Primeras Constituciones de 1857 esta orientación se amplía a toda la Biblia y en otra situación:

“A las doce comerán, leyendo un capítulo de la Bi­blia…”.[xi]

Y las Constituciones del año 1871 prescribirán:

“Todas las semanas tendrán además algunas lecciones de Sagrada Escritura…”[xii]

2. La tradición congregacional.

1º. La tradición congregacional la tenemos últimamente recogida y expresada especialmente en las Constitucio­nes renovadas y en los últimos Capítulos Generales.[xiii]

En las Constituciones se nos ofrece el marco y el lugar central que ocupa la Palabra de Dios en nuestras vida misionera y en los Capítulos el desarro­llo de los núcleos principales de las Constituciones y las aplicaciones metodológicas.

De los Capítulos, ha sido el del año 1991 el que ha tratado el tema de la Palabra en nuestra vida y misión desde una perspectiva total y globalizante en la Declaración SERVIDORES DE LA PALABRA (SP). Esta es la gran “novedad” de la aportación del XXI Capítulo General a la Congrega­ción y a la Iglesia.

El servicio misionero de la Palabra en la Iglesia, núcleo esencial de nuestro carisma apostólico (cf. CC. 6 y 46), es el centro y el eje de la Declaración capitular. Es la luz a través de la cual se la enfoca al elaborarla y la perspectiva en la que se sitúa todo su contenido. El servicio misionero de la Palabra aparece en la Declaración SP como un dinamismo integrador de­ nuestro ser y de nuestro ac­tuar y no como una simple acción pastoral o como un apéndice a nuestra misión apostólica.

Por eso, el Capítulo orienta, desde la Palabra de Dios, la reflexión sobre nuestra vida y nuestro hacer ofrecien­do propues­tas operativas en ordena potenciar la vida comunitaria, el anuncio del Evangelio, la espiritualidad, la renovación y revisión de las estructuras y medios apostólicos, la formación inicial y permanente y la diversificación apostólica en los cinco continen­tes donde está implantada la Congregación.

2º El amor a la Palabra de Dios es, en la Congregación, un rasgo de familia. Los últimos Capítulos Generales han conectado constante­mente la tradición congregacional con la vida, el ejemplo, las enseñanzas y el estilo del P. Fundador. Del mismo, que ha realizado su “ministerio en fe, oración y amor a la Palabra escuchada y asimilada”,[xiv] han brotado las orientaciones actua­li­zadas que los Capítulos han ofrecido a la Congrega­ción.[xv]

Tanto es así que el amor, la devoción a la Palabra de Dios están tan enraizadas en la vida de la Congregación que el Capítulo del 91 lo ha definido como un “rasgo de familia”:

“La práctica de nuestro Fundador de la lec­tura diaria y “vocacio­nal” de la Biblia, y su acogi­da como Palabra de Dios hoy para nosotros, han de ser rasgos de familia, que nos permitan dar ra­zón constante de que somos oyentes‑servido­res de la Palabra”.[xvi]

En consecuencia, los Capítulos han exhortado vivamente a todos los miembros de la Congrega­ción a conservar este rasgo de nuestro Padre y a leer ­la Palabra de Dios “en clave carismáti­ca”.[xvii]

3. Características.

La presentación de las características que hacemos a continuación no es ni analítica ni lineal; es más bien sintética. Partiendo de los núcleos de las Constituciones, los desarrollare­mos con las orientaciones de los Capítulos de renovación, en clara referencia al P. Fundador.

3.1. Centralidad de la Palabra de Dios, acogida como María en la realidad en que vivimos.

3.1.1. La Palabra de Dios como núcleo central de nuestra vida y misión.

1º Constituciones Renovadas. La Palabra de Dios aparece como regla suprema de nuestra vida y misión, ya desde el período formati­vo, tiempo de prepara­ción para cumplir la misión:

“El seguimiento de Cristo, tal como se propone en el Evangelio, es, pues, nuestra regla suprema”.[xviii]

“Nuestra vocación especial en el Pueblo de Dios es el ministerio de la Palabra..”[xix]

“Pidan incesantemente a Dios que los haga ministros idóneos de la divina palabra”.[xx]

La “idoneidad” que entiende el P. Fundador, según hemos visto, es una idoneidad desde una Palabra que transforma la vida, configurándo­la con Cristo, y que capacita, en el proceso de formación, para el anuncio y la predicación.

2º. Documentos Capitulares.

En nues­tro carisma es tan esencial la Palabra de Dios a la comunidad, como la comunidad a la Palabra; de tal manera que sin el primado de la Palabra, la comunidad cla­retiana pierde su razón de ser. Por eso, el mi­nisterio de la Palabra ha de ser entendido como un auténti­co modo de ser, de actuar y de significar.

Acoger la Palabra, anunciarla y ser testigos de ella, es el núcleo de nuestra espiritualidad, es decir, de nuestro modo de seguir a Jesús. Y en la formación hemos de hacer que la Palabra, sea uno de los ejes de todo el proceso formativo. De esta manera, nos hemos de conver­tir en signo y expresión de la Palabra de Dios.

La comunidad claretiana ha de tener siempre como punto de referencia la Palabra de Dios; por eso, el estudio, la meditación y la contemplación de la Palabra ocuparán un lugar fundamental y cada misionero claretiano ha de dar prima­cía, en su vida y actividad, al servicio de la Palabra.[xxi]

3.1.2. El estilo de María.

1º Constituciones renovadas.

“Meditando la palabra de Dios en el corazón”.[xxii]

El texto de las Constituciones cita a pie de página el versículo de Luc. 2,19. el cual hace referencia a María, Madre de Jesús y Madre nuestra. Nos la proponen como Modelo a imitar.

2º Documentos Capitulares.

María es, como sabemos, nuestra Madre, Formadora y Directora para la obra de la evangelización como lo fue para el P. Fundador. María, por obra del Espíritu, nos configura, como a Claret, con el Hijo, Evangelio de Dios y Evangelizador del Padre. El P. Fundador nos presenta el Corazón de María como la fragua ardiente donde nos forjamos para ser heraldos de la Palabra.

En la profundidad del Corazón de María descubri­mos el camino de la escucha. Ella acogió en su Corazón la Palabra (cf Luc 2, 19. 51) hecha historia en el clamor de los pobres (cf Luc 1,48‑53).       Bajo la acción materna de María, nuestra Maestra y Directo­ra, aprendemos a escuchar, a meditar en el corazón y a acoger atentamente la Palabra, a darle un cuerpo de compromiso en la vida y a comuni­carla con la misma presteza y generosidad con que Ella lo hiciera.

En su vida personal, el evangelizador claretiano debe inspirar su síntesis vital en María; y en su vida apostólica la presencia de María, Estrella de la evangeliza­ción, le iluminará y hará fecundas las respuestas urgentes y eficaces que como misionero, servidor de la Palabra, deberá dar.[xxiii]

3.1.3. En relación con la realidad.

1º. Constituciones renovadas.

Aunque las Constituciones no tienen una referencia explícita de la Palabra de Dios a la realidad, no obstante nos dan algunos textos en los que se puede leer implícitamente tal relación. Al hablar del ministerio de la palabra como nuestra vocación especial en el Pueblo de Dios, nos indica que se ha de realizar compartiendo la realidad de los hombres, especialmente de los más pobres (Cf. 46). Cuando nos dan los criterios de discerni­miento para cumplir nuestra misión hacen referencias concretas a las circunstancias de tiempos, lugares y personas (Cf. 48). Por último, en el capítulo de la oración, se nos pide que, guiados por la luz de la fe, busquemos en los acontecimientos los signos de los tiempos para ser cada día más dóciles a nuestra misión (Cf. 34).

2º. Documentos capitulares.

La lectura de la Palabra de Dios, que ha de ser en clave carismática, ha de ser también a la luz de los desafíos que reclaman nuestro servicio misionero. Por eso, hemos de escuchar la Palabra de Dios en la oración personal, en los acontecimientos de la historia, en las culturas y en la vida de los pueblos, en sus silencios y en sus clamores. Y en el tiempo de la formación, el acompañamien­to de los formandos, especialmente en el proceso de inserción misionera, ha de tener como un objetivo que sepan leer la realidad co­mo palabra de Dios y escucharla con actitud evangéli­ca.

Este modo de leer la Palabra de Dios y nuestra actitud de compartir con los hombres nuestra esperanza, nos pueden evangeli­zar y enrique­cer como evangelizadores. Si estamos abiertos a los demás, si los acogemos, escuchamos sus palabras y nos dejamos enriquecer por sus experiencias ellos pueden también transmi­tirnos de forma insospe­chada el Evangelio de Dios.[xxiv]

3.2. La Palabra de Dios nos convierte y nos configura con Cristo.

3.2.1. Confrontación con la Palabra de Dios en orden a la conversión.

1º Constituciones renovadas.

“..escuchémosla … para que nosotros mismos nos convirtamos al Evangelio”.[xxv]

“Examinémonos de nuestra fidelidad al Evangelio”.[xxvi]

La escucha de la Palabra de Dios y más en concreto con el Evangelio ha de implicar siempre una confrontación personal y comunitaria con el mismo. La Palabra de Dios no es neutra e indiferente. Es una constante “llamada vocacional” para responder siempre con mayor fidelidad a la llamada originaria en la que se manifestó la vocación. Como evangelizadores, hemos de ser evangelizados por la Palabra que anunciamos.

2º Documentos Capitulares.

Por medio de la Palabra, Jesucristo llama a la conver­sión, Por lo mismo, hemos de suscitar en nosotros una actitud de dejarnos interpe­lar por ella, escuchándola como invita­ción a una vida nueva.

Nos debemos dejar cuestionar por la Palabra de Dios y debemos esforzar­nos por responder a ella para que podamos superar la me­diocridad en nuestro estilo de vida, carente muchas veces de radicalismo evangélico.

La comunidad claretiana, habitada por la Palabra, como el Corazón de María, no vivirá dividida, ni instalada; nunca será insensible a los clamores de Dios en los hombres, ni servirá a ningún tipo de ídolos. Será tierra buena que dará mucho fruto y hará que la Palabra del Reino sea creí­ble y atrayen­te.[xxvii]

3.2.2. Por la Palabra nos configuramos con Cristo.

1º. Constituciones renovadas.

“.. escuchémosla.. para que.. nos configuremos con Cristo.”[xxviii]

“.. escuchemos con toda docilidad la palabra con el Señor llama a los                 discípulos a la perfección del Padre,

promulga el mandamiento del amor fraterno,

recomienda la oración,

propone las reglas de vida apostólica y

proclama partícipes de su propia bienaventuranza

a los pobres de espíritu,

a los que lloran,

a los mansos,

a los que tienen hambre y sed de justicia,

a los misericordiosos,

a los limpios de corazón,

a los que trabajan por la paz,

y a los que sufren persecución por la justicia y por su causa son            injuriados”.[xxix]

Las Constituciones nos proponen la escucha de la Palabra de Dios como un dinamismo para realizar el proceso del seguimiento, imitación e identifica­ción con Cristo (proceso que culminará con una total configuración con El y que es, a la vez y de hecho, el objetivo del proceso formativo como se dice en el Plan General de Formación) y una síntesis de los valores fundamenta­les del Evangelio que describen el proyecto de Jesús y ha de ser nuestra regla de vida misionera.

2º Documentos Capitulares.

Por una parte, a través de la Palabra, Jesucristo nos llama, no sólo a la conver­sión, sino también a la fe en El y a la comunión con El en su vida y misión. Fe y comunión, motivadas por una fuerte atracción hacia la figura de Jesús, que se plenifican en la total identificación con El y en la configura­ción con su muerte y resurrección.

Por otra, nuestra actividad apostólica ha de brotar siem­pre de una real configuración con Cristo ­Evangelizador y de una íntima comunión y amistad con él, evitando que se convierta en un mero acti­vismo.[xxx]

3.3. Dinamismos y medios pedagógicos.

3.3.1. La escucha de la Palabra de Dios como dinamismo fundamen­tal.

“Por eso, escuchemos con toda docilidad la palabra con el Señor llama a los discípulos….”.[xxxi]

La centralidad de la Palabra de Dios en la vida, en la formación y en la misión del misionero, se concretiza en un dinamismo fundamen­tal. Es el dinamismo de la “escucha dócil de la Palabra” (Cf. CC. 4), el “estar siempre a la escucha” de la palabra (SP. 22.2.), lo cual posibilita que la misma Palabra sea uno de los ejes de todo el proceso formativo, asimilar los valores evangéli­cos y la configuración con Cristo misionero para cumplir la misión.

El “estar siempre a la escucha” no es sólo una actitud temporal. Es, también, saber leer la realidad co­mo palabra de Dios y escucharla con actitud evangélica. En última instancia, escuchar la Palabra de Dios en la oración personal, en los aconteci­mientos de la historia, en las culturas y en la vida de los pueblos, en sus silencios y en sus clamo­res.

La escucha dócil de la Palabra es, además, un dinamismo eficaz. Aunque nuestra fuerza sea pequeña, cuando la Palabra se apodera de nosotros y somos dóciles a ella, actúa eficazmente en quienes la escuchan y la cumplen.[xxxii]

3.3.2. Discernimiento vocacional y misionero.

1º. Constituciones renovadas.

“Con aquellos que creen haber percibido en sí mismos la vocación, se ha de iniciar un proceso de discerni­miento, a través de la escucha de la palabra de Dios,….”.[xxxiii]

Las Constituciones centran el proceso del discernimiento vocacional en la “clave bíblica”, junto a la oración y al diálogo fraterno. Así la lectura de la Palabra de Dios se convierte en una “lectura vocacional” ya desde los primeros momentos de la llamada vocacional y del proceso formativo.

2º Documentos capitulares.

La centralidad del Reino en el mensaje de Jesús (que se contiene en la Palabra) es para nosotros el criterio fundamen­tal de discerni­miento para nuestra vida y misión.

A nivel vocacional, la Sagrada Escritura es una de las claves, junto a la oración y la Eucaristía, para adquirir una concien­cia clara de la vocación; y la Palabra de Dios, uno de los ejes de todo el proceso formativo.

A nivel apostólico, el conocimiento creciente del Evangelio y de nuestro carisma, junto a la acción del Espíritu Santo, es una de las normas que ofrecen un criterio sano para discernir los signos de Dios entre los signos de los tiempos. Más aún, la clave claretia­na de lo más oportuno significa, también, que el hábito de iluminar los diversos acontecimientos desde la Palabra de Dios da al misionero la intuición de lo que, en cada tiempo y lugar, es conveniente hacer y lo que es necesario evitar para la obra de la salvación. En los trances difíciles del anuncio de la Pa­labra, será la escucha de la misma Palabra y el discernimiento comunitario un criterio de solidaridad ante la cruz.[xxxiv]

3.3.3. La lectura, meditación y contemplación asidua y diaria de la Palabra de Dios.

1º Constituciones renovadas.

“Meditando la palabra de Dios en el corazón, dediqué­monos los Misione­ros diariamente, y en cuanto sea posible por una hora, a la oración mental, y a la lectura espiritual especialmente de los Libros Sagra­dos”.[xxxv]

“La Palabra de Dios… escuchémos­la antes en asidua contempla­ción”.[xxxvi]

“Cultiven con toda diligencia las ciencias sagradas..”.[xxxvii].

Además del matiz mariano que ya hemos comentados, las Constituciones asumen con toda claridad la tradición congregacio­nal, recomendada por el P. Fundador de leer, meditar y contemplar todos los días la Palabra de Dios. Asimismo, el estudio de las sagradas Escrituras hecho con toda diligencia se propone como un medio eficaz para estar a la altura de los tiempos y ser idóneo para ejercer fructuosamente el sagrado ministerio”.[xxxviii]

2º Documentos Capitulares.

Como punto de partida, y en orden a las orientaciones prácticas, es importante desarro­llar, ante todo, el amor a la Sagrada Escritu­ra.

El espíritu y la práctica de la oración son alimento insustitui­ble de la perfección espiritual y de la vida apostóli­ca. Por lo mismo, se debe cultivar con asiduo empeño el espíritu de oración y la oración misma, teniendo diariamente en nuestras manos la Sagradas Escrituras de tal manera que el estudio, la meditación y la contemplación de la Palabra ocuparán un lugar fundamental en la vida de quienes tenemos como vocación en el Pueblo de Dios ser ministros de la Palabra. Como consecuencia, dos orientaciones prácticas:

* la debemos leer, meditar y contemplar cada día.

* y hemos de hacer del estudio bíblico una de nuestras preocu­pa­ciones              centrales.

Asimismo hemos de fomentar la celebración de la Liturgia sin prisa y con la reflexión seria que exige la Palabra de Dios.

Debemos resaltar en toda celebración la fuerza de la Pala­bra, y hemos de cuidar especialmente la homilía, te­niendo muy en cuenta la realidad concreta de las per­sonas a las que nos dirigimos.[xxxix]

3.4.4. Palabra de Dios compartida.

1º Constituciones renovadas.

“La Palabra de Dios … compartámosla con los herma­nos..”[xl]

En el espíritu de las Constituciones hemos de compartirla Palabra de Dios en la oración comunitaria, en el discernimiento vocacional (diálogo fraterno y oración) y en la misión apostólica (CC. 13).

2º Documentos Capitulares.

Los Capítulos nos insisten en que compartamos fraternalmente la escucha, la vivencia, la celebración y el anuncio de la Palabra, sobre todo en la Eucaristía. Es aquí donde toma forma, sobre todo, nuestra expresión de fe y nuestra oración comunitaria como encuentro y diálogo comunitario con el Señor. Y es a través de la Palabra de Dios compartida, entre otros medios, como podemos favorecer un compromiso más serio en la oración personal y afianzarnos mutuamente en ella.

Asimismo, el último Capítulo nos ha pedido que compartamos la Palabra de Dios con los seglares, para estimularnos a vivir juntos la responsabilidad de la tarea evangelizadora.[xli]

3.3.5. Animación del Superior.

1º. Constituciones renovadas.

El Superior, animador de la comunidad, debe prestar su servicio de animación:

“..suminis­trando (a los hermanos) la palabra de Dios, con la ayuda de los hermanos, o de otros llamados para ello, según la oportuni­dad”.[xlii]

Es interesante notar que entre las funciones del Superior local se explícita la de proporcionar (por sí o por otro) la Palabra de Dios a los hermanos. Ello significa que es una función clave en la línea del contexto del proyecto claretiano, donde la Palabra de Dios tiene una centrali­dad fundamental como venimos analizan­do. De una manera análoga, y con mayor razón, lo podemos afirmar de formador con respecto a los formandos.

2º Documentos Capitulares.

Los Capítulos han urgido, en general, la responsabilidad de los Superio­res en la promoción de la formación permanente en la Congrega­ción. Y dentro de ésta, favorecer lógicamente los estudios bíblicos.

Ha sido el Capítulo del 91 el que ha pedido que se promue­van, durante el próximo sexenio, inicia­tivas de formación permanente, a fin de que todos los claretia­nos estén debidamente preparados para el mi­nisterio de la Palabra, dando respuesta a los desafíos de los tiempos actuales.[xliii]

3.4. Formación.

1º Constituciones renovadas.

“Pidan incesantemente a Dios que los haga ministros idóneos de la divina palabra”.[xliv]

“Los Estudiantes cultiven, ante todo y con la mayor diligencia, las ciencias sagradas”.[xlv]

Aunque aquí explicitamos dos textos de las Constituciones con referencia directa a los formandos, no hemos de olvidar lo dicho más arriba sobre el proceso de discernimiento, a través de la escucha de la Palabra de Dios, de los que desean entrar en la Congregación (proceso que debe durar todo el proceso formativo) y el papel que desempeña la Palabra de Dios en el proyecto claretiano, el cual afecta a los formandos y debe incidir, por lo mismo, en el proceso de formación.

Estos textos citados hacen referencia a la oración y al estudio, dos elementos esenciales en la pedagogía de Claret, para la formación de ministros idóneos de la Palabra de Dios.

2º Documentos capitulares.

Como principio de orientación formativa, la Palabra de Dios ha de ser uno de los ejes de todo el proceso formativo. Para ser ministros idóneos de la Palabra de Dios los formandos, como discípulos del Señor, han de estar siempre a la escu­cha, abiertos a las sorpresas de la Palabra y del Espíritu.

Por lo tanto, la formación de los jóvenes misioneros, tan­to estu­dian­tes como hermanos, se ha de realizar como un verdadero proceso de iniciación (teórico y práctico) para la misión, dentro del cual uno de sus aspectos nucleares es la iniciación en el mi­nisterio de la Palabra, entendido como un auténti­co modo de ser, de actuar y de signifi­car.

Como aspectos particulares de la formación desde la Palabra se destacan los siguientes:

* LA FE. El logro de una Fe viva, como base para una respuesta personal a la vocación y todo lo que implica la misma, sólo se consigue si está alimentada de una manera especial por la medita­ción constante de la Palabra de Dios. Los formandos deben ser progresivamente educados en la misma y alenta­dos en su práctica con especial cuidado, según el deseo de nuestro Fundador.

* CONFIGURACIÓN CON CRISTO EVANGELIZADOR. Una de las tareas de la formación es ayudar a los misioneros formandos a que se centren en la configu­ración real con Cristo‑Evange­lizador, adoptan­do sus mismas actitudes, apren­diendo a vivir en íntima comunión y amistad con él y acogiendo a María como Madre y Formadora, al estilo de nuestro Padre Fundador.

* MARÍA, FORMADORA. A ejemplo de nuestro Padre Fundador y de tantos hermanos nuestros, los formandos han de aprender a ser formados por María en la fragua de su Corazón; y, en el ejercicio de su ministerio de la Palabra, a ser instru­mentos de su amor a fin de poder prolongar los oficios de su Maternidad espiritual sobre los hombres.

* LA VIDA DE ORACIÓN PERSONAL. Los alumnos de nuestra Congrega­ción han de convencerse progresivamente, de que sin una vida intensa de oración, sin una continuada meditación sobre la Palabra de Dios, sin momentos frecuentes a lo largo del día en que busquen y logren una oración personal, no se podrá dar respuesta verdadera, ni salir al encuentro de Cristo que viene a nosotros en el Sacramento, y nos lleva hacia El desde la fe.

* ORACIÓN COMUNITARIA. Se pide que se intensifique la manifestación comunitaria de la fe a través de la escucha y reflexión de la Palabra de Dios. Y se estimula a usar diversos modos de oración, como puede ser, entre otros, la oración comunitaria dialoga­da, en torno a las Sagradas Escritu­ras.

* LECTURA ESPIRITUAL Y MEDITACIÓN. Junto al estudio, cada vez más intenso, continuado y progresivo de la Palabra de Dios, a medida que adelantan en el proceso formativo, los formandos deben hacer de las Sagradas Escritu­ras, a ejemplo de nuestro Fundador, el libro preferido de su lectura espiritual. Le dedicarán todos los días un espacio de tiempo, que debe procurar­se sea de más recogimien­to. De este modo podrá ser la Biblia la base de sus meditaciones diarias, lo cual les permitirá vivir lo que creen y enseñar un día lo que viven. Se aconseja servirse especialmente de la “Lectio divina” y otras formas de lectu­ra.

* ESTUDIOS. Dentro de una for­mación académica seria, se debe dar un lugar relevante al conocimiento sapiencial y exegéti­co de la Biblia. Para intensifi­car y dar consistencia a la vida y a la formación espiritual en nuestros centros formati­vos, los estudios de espirituali­dad han de estar bien fundamentados en la Palabra de Dios y en la teología.

* SILENCIO INTERIOR. Se ha de concienciar a los formandos que la vida interior de oración, que da lugar a la acción del Espíritu Santo, requiere un suficiente recogimiento, el cual, a su vez, crea el ambiente necesario en el que se escucha la Palabra de Dios, y se logra la fe esclareci­da por los dones de entendimiento y sabiduría. Por lo mismo, se ha de promover en los jóvenes misioneros el desarrollo de su capacidad de silencio, de escucha, diá­logo, discernimiento y análisis de las diversas socie­dades, culturas y religiones

* COMUNITARIEDAD. La Palabra de Dios exige que los formandos se preparen en la comunita­rie­dad que implica nuestro ministerio de la Palabra, a fin de que aprendan a vivir y a trabajar en comunidad y en equipo.

* DISPONIBILIDAD. La formación del misionero claretiano no sería auténtica si los jóvenes formandos no asimilasen en su vida de una manera práctica que han de tener y vivir una actitud misionera constante de apertura a lo universal mediante la disponibilidad y la capacidad de itinerancia para ser enviado a cualquier parte del mundo a predi­car la Palabra de Dios y el Evangelio de Cristo.[xlvi]

3.5. En orden al anuncio.

No nos vamos a fijar en los medios concretos de apostolado, los cuales han de estar siempre discernido por la Palabra de Dios, sino en dos dimensiones vitales de la misión apostólica íntimamente conectadas con la misma Palabra.[xlvii]

3.5.1. Unidad y continuidad entre la palabra escuchada y la palabra anunciada.

1º. Constituciones renovadas.

“La Palabra de Dios que debemos proclamar, escuchémos­la antes en asidua contemplación”.[xlviii]

El texto constitucional recoge una constante tradición de la Iglesia, basada en la Palabra de Dios (los apóstoles y los misioneros son testigos vivientes de la Resurrección del Señor, misterio esencial de kerigma anunciado) y repetido insistentemen­te por el P. Fundador. Se podría decir que su lema era “predica la Palabra en tanto en cuanto la lees, meditas, contemplas, escuchas, vives y practicas”.

2º Documentos Capitulares.

Para cumplir con perfección la misión apostólica debemos juntar la contemplación con el amor apostólico a fin de unirnos con mente y corazón a Dios. Como actividad profundamente sobrenatural, el verda­dero apostola­do es un ejercicio de fe, esperanza y de la caridad que el Espíritu Santo difunde en el corazón de todos los hijos de la Iglesia. Para desempeñar fielmente los ministerios es indispensa­ble que vivamos íntimamen­te unidos a Cristo, Salvador y Pastor. Nuestra actividad apostóli­ca ha de brotar siem­pre de una real configuración con Cristo ­Evangelizador y de una íntima comunión y amistad con él, evitando que se convierta en un mero acti­vismo.

La Palabra de Dios aparece, junto a la Eucaristía, como fuente prima­ria y constante de nuestra vida sobrenatural y celo apostólico y como una de las caracterís­ticas de nuestro carisma. Nosotros con­templamos al Maestro y escuchamos su Palabra para anunciar el Reino, abrién­dole nuestra interioridad profunda, nuestro corazón, y compartiendo las angustias y esperanzas de nuestros hermanos. Como el Fundador, el claretia­no, en el desarrollo de su misión, vive la fe y el amor a la Palabra que escucha y asimila, para cumplir mejor su función profética y ser apóstol, testigo y mártir.

Junto a la oración y a otros medios, como son los sacramen­tos, es importante desarro­llar el amor a la Sagrada Escritura, tenerla diariamente en nuestras manos, leerla y meditarla como nuestro Padre Fundador, para conseguir la sublime ciencia de Cristo, necesaria para comprender el Reino que anunciamos, y dar eficacia al trabajo apostólico. Más aún, el primer medio (de apostolado) debe ser para todos el uso de la Sagrada Escritura, como contacto personal y comunitario con la Palabra de Dios, fuente de fe y de vida.[xlix]

3.5.2. La Palabra de Dios potencia la caridad apostólica.

1º Constituciones Renovadas.

“.. escuchémosla … para que seamos inflamados por la caridad que nos apremia..”.[l]

En la línea tan marcada por el P. Fundador en la Autobiogra­fía (Nota caridad), la Palabra de Dios es fuente y, a la vez, potencia lo que más necesita el misionero para ejercer su misión, la caridad apostólica. Si la escucha de la Palabra de Dios es un dinamismo fundamental es porque se descubre como el dinamismo que con más fuerza desencadena la energía fundamental de la acción misionera, el amor y la caridad apostólica.

2º Documentos Capitulares.

En orden a la misión apostólica la contempla­ción de la Palabra y el amor apostólico han de estar siempre juntos y presentes a fin de unirnos con mente y corazón a Dios, que nos ha asociado a la obra de la redención y a la extensión de su Reino.

Más aún. Como antes indicábamos, en nuestro carisma se pone de relieve como la Palabra de Dios es, junto a la Eucaris­tía, la fuente prima­ria y constante de nuestra vida sobrenatu­ral y celo apostólico. El celo es una manifesta­ción de la caridad apostóli­ca. La Palabra de Dios provoca el celo en tanto en cuanto impulsa la caridad apostólica.

La oración, nutrida de la Palabra de Dios, nos transforma en Cristo, nos prepara y nos impulsa a anunciar su Evangelio. Decía el P. Fundador que «en el fuego que arde en la meditación se derriten y funden los hombres y se amoldan a la imagen de Jesús”.[li]

Por último, es muy importante la vertiente mariana de la caridad apostólica. Claret nos presenta el Corazón de María como la fragua ardiente donde nos forjamos, por la caridad apostólica, para ser heraldos de la Pala­bra.[lii]

LA PALABRA DE DIOS EN LA TRADICIÓN CONGREGACIONAL.

1. Claves que transmitió Claret a la Congregación.

1.1. Su ejemplo. La Autobiografía.

1.2. Textos bíblicos congregacionales.

1.3. Recomendaciones a los Misioneros.

2. La tradición congregacional.

3. Características.

3.1. Centralidad de la Palabra de Dios, acogida como María en la realidad en que vivimos.

3.2. La Palabra de Dios nos convierte y nos configura con Cristo.

3.3. Dinamismos y medios pedagógicos.

3.4. Formación.

3.5. En orden al anuncio.

 

N O T A S

[i]. Aut. 1.

[ii]. Para la interpretación bíblica, nos remitimos más ampliamen­te a Orge., a.c., Inspiración…,209-214.

[iii]. Aut. 489; EC I 95, 305.

[iv]. EC III, 1776, 588-590.

[v]. Aut. 681 ss., 685‑687.

[vi]. CLARET, RFCMF, n. 28b (texto B).

[vii]. Aut. 113, 120.

[viii]. CLARET, RFCMF, n. 168 (texto A).

[ix]. CLARET, RFCMF, texto B, n. 27. Este texto se incluyó literal­mente en las Constitu­cio­nes de 1865: “Quotidie lectioni spiritua­li illa Sacrae Scripturae capita adiungent quae a Superiore fue­rint designata” (Parte I, c. 25, De Scholasticis n. 94).

[x]. LOZANO, CCTT, 106-108, n.6.

[xi]. CMF: Constituciones para los Misioneros de la Congregación, Barcelona 1857, Reglamento para el tiempo de misión, cap. XII, n. 117.

[xii]. CMF: Constituciones para los Misioneros de la Congregación, Barcelona 1871, n.51.

[xiii]. Un estudio más amplio y detallado de la tradición congrega­cional requeriría un análisis, por lo menos, de todos los Documentos Congregaciona­les, de los Directorios, de los Capítulos celebrados en la Congregación y de las Circulares de los PP. Generales. En este trabajo nos atenemos a la tradición renovada posconciliar contenida en las Constituciones y Documentos Capitulares.

[xiv]. Cf MCH. 82, 83, 84, 85.

[xv]. Cf PE. 6, 15, 135; 1F. 52; MCH. 52, 53; SP. 14. 1.

[xvi]. SP.14.

[xvii]. Cf. PE. 15. CPR. 54.

[xviii]. CC. 4.

[xix]. CC.46; cf. 4, 6.

[xx]. CC. 73.

[xxi]. Cf. MCH. 148; CPR. 54; SP. 7, 8.1, 13, 21, 21.2,22.

[xxii]. CC. 37.

[xxiii]. Cf. MCH. 150. 2.3, 151, 223; SP. 7, 15.

[xxiv]. Cf CPR. 54; SP. 16, 16.1, SP. 21.5.

[xxv]. CC. 34.

[xxvi]. CC. 37.

[xxvii]. Cf CPR. 54; SP. 7, 11, 13.1

[xxviii]. CC. 34.

[xxix]. CC. 4.

[xxx]. Cf 1VR. 10; SP. 6, 11.

[xxxi]. CC. 4.

[xxxii]. Cf SP. l0, 14, 21.2, 21.5, 22.

[xxxiii]. CC. 59.

[xxxiv]. Cf 1HH. 8; 2VR. 2.c; MCH. 165; SP. 10, 17.1, 21.1.

[xxxv]. CC. 37.

[xxxvi]. CC. 34.

[xxxvii]. CC. 56.

[xxxviii]. CC. 56.

[xxxix]. Cf PE. 133;1VR.10; 1HH. 8; 2VR. 33; CPR. 54; SP. 13.3, 14.1.

[xl]. CC. 34.

[xli]. Cf 2VR. 15.1, 32; CPR. 57; SP. 16.2.

[xlii]. CC. 104.4.

[xliii].       “El gobierno general y los gobiernos provin­ciales promuevan, durante el próximo sexenio, inicia­tivas de formación permanente, a fin de que todos los claretia­nos estén debidamente preparados para el mi­nisterio de la Palabra, dando respuesta a los desafíos de los tiempos actuales” (SP. 22.1).

[xliv]. CC. 73. Aquí se recoge literalmente el pensamiento del P. Fundador en el reglamento para los Estudiantes, n.27.

[xlv]. CC. 72.

[xlvi]. Cf 1F. 49, 50, 52; 2F. 12.b, 13.b, 15.c, 15.e; SP. 15.2, 15.3, ­21, 21.1, 21.2, 21.3, 21.4, 22.

[xlvii]. Cf SP. 19.1, 19.2.

[xlviii]. CC. 34.

[xlix]. Cf DC. 24; PE. 31, 133; 1HH. 8; 2AP. 96; M­CH. 84. 85; SP. 6, 15.

[l]. CC. 34.

[li]. CLARET. Apuntes de un plan …., Madrid 1857, p. 49).

[lii]. “Cristo suscita en nosotros su amor filial al Padre, amor que se manifiesta ante todo en la oración, sea litúrgica, sea privada. Por otra parte, la oración nos transforma en Cristo, nos prepara y nos impulsa a anunciar su Evangelio: «en el fuego que arde en la meditación se derriten y funden los hombres y se amoldan a la imagen de Jesús. («Apuntes de un plan » . . . Madrid 1857, p. 38). Cf., también, DC. 24; PE. 15; 1HH. 8; SP.15.