16 – La Dimensión Profética en la Formación Claretiana

PREFECTURA GENERAL DE FORMACIÓN
Roma, 4 de abril de 1999

LA DIMENSIÓN PROFÉTICAEN LA FORMACIÓN CLARETIANA

Jesús M Palacios Alcántara, cmf.

El título, “La dimensión profética en nuestra formación”, intenta desarrollar algunas orientaciones para aplicar el último Capítulo General a la formación. En la exposición, no me voy a circunscribir exclusivamente al documente capitular AEn Misión Profética@ (EMP). Pienso hacer también las referencias necesarias al APlan General de Formación@ (PGF). No podemos olvidar que ya en el PGF se habla expresamente de una formación Aprofética y liberadora@ y se dan algunas orientaciones metodológicas y formativas cargadas de pleno sentido profético.

Por lo que respecta al EMP podemos decir que, además de las referencias explícitas al tema vocacional y formativo que en él se hacen y de la cuales se hablará en el apartado III, todo el tema del XXII Capítulo General, ALa dimensión profética de nuestro servicio misionero de la Palabra@, afecta también al proceso formativo y debe incidir en él. El proceso formativo claretiano ha de incluir y acentuar, en un contexto de formación integral, aquellos elementos del EMP para los cuales se ha formar todo misionero claretiano. En este sentido, todo el EMP es formativo de una manera directa o indirecta, contiene una clara dimensión formativa y debe tener implicaciones formativas concretas.

 I. UN ESTILO PROFÉTICO DE FORMAR

Antes de hablar de los principios, objetivos y medios formativos, y de etapas de la formación, es necesario indicar una perspectiva general en la que nos hemos de situar y que debe imbuir toda nuestra formación en la línea de la dimensión profética. Se trata de un Aestilo de formar@ que ha de ser eminentemente profético. De una manera global, este estilo incluiría los siguientes elementos:

 1. Actuar una metodología formativa profética

Aunque la metodología formativa tiene sus propias leyes, no obstante puede suele estar impregnada de valores, que a veces se denomina ideología. La metodología educativa no es una dinámica aséptica, indiferente o neutra. Una metodología con carga profética pondrá de relieve algunos elementos formativos con exigencias profética.Por ello, la exhortación apostólica AVita Consecrata@, al hablar del Plan de Formación (Ratio Instiutionis), invita a proponer Aun método rico de sabiduría espiritual y pedagógica@ (68) que conduzca de un modo progresivo al formando a convertirse al Verbo de Dios desde lo más profundo de su ser, a asumir los sentimientos de Cristo y a aprender el arte de buscar los signos de Dios en las realidades del mundo.

1.1. Desde una perspectiva general, una exigencia global implicaría actuar una metodología actualizada y renovada, puesta al día y con vista al mañana, en consonancia con el tiempo presente y con los nuevos valores formativos, y previendo perspectivas de futuro. Una metodología profética que tenga en cuenta aquellos principios, dinámicas y medios Anuevos@ que ayuden a desarrollar mejor las potencialidades de la persona y a asimilar los Anuevos valores@. Una metodología profética que, sin renunciar a lo que sigue siendo válido aunque sea tradicional, sabe integrar de un modo equilibrado e integral Ala novedad@ de las nuevas situaciones formativas.

Conservar el equilibrio y integración de lo Anuevo@, sin abandonar lo Aválido, aunque tradicional@ es sumamente importante saberlo hacer en la formación. En el pasado se han cometido muchos errores a este respecto. Así, en algunos casos, un exceso de psicología en el campo vocacional ha llevado el psicologismo reductivo que ha obscurecido el valor dinámico y operante de la gracia vocacional; la sensibilidad por lo social y los experimentos en este campo, con frecuencia han descuidado la formación de la dimensión afectiva, etc…[1].

1.2. Todo el esfuerzo posconciliar en el campo de la formación ha sido en este sentido profético. Si ha habido un sector de la vida religiosa que ha cambiado profundamente y en muchas direcciones ha sido el sector formativo. El rol formativo de la comunidad, la incidencia decisiva de los factores sociales, el valor de la experiencia, la renovación de la didáctica en los estudios, etc… han sido elementos formativos plenamente integrados, de una u otra manera en la metodología actual. La misma opción por los pobres, que hay que hacerla presente en el proceso formativo, es, hoy en día, fuente de creatividad metodológica: la influencia del lugar social, la formación en inserción, las experiencias en el campo de la pobreza y marginación, etc… son realidades formativas nuevas que están respondiendo al desafío de dicha opción. Es un camino que hemos de continuar ininterrumpidamente con apertura, discernimiento y decisión.

1.3. Aunque algunos aspectos de esta metodología irán apareciendo a lo largo de la exposición, no obstante, quisiera destacar, ya desde ahora, que la dimensión profética de nuestra formación está plenamente contemplada en la metodología de nuestro PGF. Además de los elementos formativos arriba indicados y adecuadamente integrados en nuestras orientaciones formativas, el PGF sitúa la metodología de nuestra formación en un Acuadro de referencia@ con una fuerte impronta profética (cf. Cap. 1). La referencia carismática ha de implicar una estilo de formación que ayude al formando a poder representar la vida y misión proféticas de Jesús y del P. Fundador y afrontar una evangelización profética y liberadora (cf. nn. 19, 28). La referencia situacional exigirá un proceso formativo fiel a la situación del hombre de hoy, del tiempo presente, de la sociedad actual en la que estamos insertos y de la Iglesia a la que pertenecemos (cf. nn. 42-43). La referencia pedagógica resaltará, como una de las características fundamentales que debe impregnar el proceso formativo claretiano, la de que sea un proceso ALiberador y profético@ (cf. nn. 37-39). Sintéticamente, este característica afirma que nuestra formación debe ser realizada en libertad y para la libertad; que ayude al formando a ser cada vez más libre; y que le prepare para la misión liberadora y profética propia de nuestro carisma (cf. n. 37).

2. Transmitir unos contenidos formativos radicales, proféticos y martiriales

2.1. Como nos ha dicho el Concilio en la Constitución ALumen Gentium@(cf. LG. 44) y nos ha recordado el último Sínodo en el documento AVita Consecrata@ (cf. VC. 73, 84), toda la vida consagrada tiene un valor profético. Por eso, desde el primer momento de la formación hemos de suscitar en los formandos la conciencia de que la vida misionera que ha abrazado es, en su totalidad, profética.

2.2. Aunque los valores de nuestra vida misionera sean proféticos, no obstante, esto será cierto Aen tanto en cuanto@, es decir, con algunas condiciones. En primer lugar, si la propuesta de valores claretianos que hacemos a los formandos es clara y radical, sin ambigüedades ni suavidades en sus exigencias; por ejemplo, la propuesta de nuestros valores ha de incluir necesariamente la perspectiva martirial; en la tradición congregacional, desde el P. Fundador, el martirio ha sido siempre contemplado como un rasgo de nuestra espiritualidad apostólica. En segundo lugar, si los vivimos en profundidad, sin la mediocridad de vida que apaga el fuerza profética de los valores de nuestro proyecto misionero. Y, en tercer lugar, si se sabe expresar como respuestas a los desafíos actuales; en la situación de cambio epocal y de pluralismo cultural que vivimos en la Congregación nos hemos de preguntar por el modo más idóneo de vivir nuestro seguimiento de Jesús en castidad, pobreza y obediencia (cf. EMP 21). De esta manera, seremos verdaderamente Asignos proféticos@.

3. Fomentar una formación de las personas que las prepare para ser profetas y mártires

3.1. El claretiano ha de plasmar en su vida los rasgos de la personalidad de los profetas (cf. EMP. 2, 16, 20, 22, 42-45). Entre ellos, el Capítulo nos sugiere los siguientes:

* La experiencia de Dios: Los profetas son personas seducidas por Dios (cf. Jer 20, 7), apasionadas por Él y su Alianza. Personas, que movidas por el fuego de la caridad apostólica abrasan por donde pasan.

* La experiencia de la realidad desde la experiencia de Dios. Ven la realidad histórica con los ojos de Dios, la sienten con su corazón (cf. 1 Sam 12, 7-25) y participan de su compasión por los pobres y el pueblo.

* La radicalidad y coherencia en vivir la propia vocación hasta la muerte. Esta vocación altera sus vidas y las transforma en signo. Los auténticos profetas son fieles hasta las últimas consecuencias.

* La proclamación de un mensaje de renovación con la autoridad de su Palabra y con actitudes de amor y ternura, valentía y audacia. Ese mensaje es a la vez consolador e interpelante, por eso crea esperanza y suscita rechazo.

3.2. En la línea de la radicalidad y coherencia, hemos de insistir una vez más en la necesidad de ofrecer a los formandos una óptima formación integral, una formación de alta calidad, aspirando siempre a lo mejor, y a lo más comprometido y empeñativo. Es verdad que hemos de preocuparnos y trabajar con interés por aumentar el número de candidatos que ingresen en la Congregación. Más aún, en algunas zonas congregacionales es una verdadera urgencia. Sin embargo, hay que afirmar que es mucho más importante impartir una formación de calidad a los candidatos ya presentes, es decir, una formación que sea personalizada, actualizada, profundamente claretiana y exigente. Una formación que lleve al formando a una madurez en su personalidad, a una consistencia y estabilidad en sus opciones y decisiones, y que se funde en una sólida espiritualidad apostólica.

Sin una formación de calidad, el formando no será Asigno profético@, ni podrá responder a los desafíos actuales de nuestra misión. Más aún, sin ella no estará preparado para aceptar con alegría y espíritu misionero el martirio, como nuestros formandos Beatos Mártires de Barbastro[2]. Como nos recuerda el PGF, al hablar del proceso formativo Aliberador y profético@, dadas las condiciones conflictivas en las que vivimos nuestra vocación profética y los riesgos del mensaje que hemos de transmitir (un mensaje de anuncio y de denuncia en situaciones conflictivas de increencia, de injusticia, de alienación o de muerte), debemos prepararnos para vivirla con el atrevimiento y la confianza de los mártires (cf. n. 39).

 4. Talante profético de los formadores.

4.1. El talante profético de los formadores supone, en primer lugar, estar identificados con el tipo de metodología de la que hemos hablado anteriormente (cf. I, 1). Dada la responsabilidad formativa que tienen los formadores desempeñan un papel decisivo en el desarrollo del proceso formativo[3]. Los formadores Aintervienen en el proceso formativo ofreciendo y poniendo en práctica los dinamismos y medios que ayudan a conseguir los fines de la formación. [El formador], en su tarea formadora, toma, crea y ofrece los medios con una intención formativa, organizándolos y concatenándolos para alcanzar los objetivos previstos (cf. PGF 90). Por eso, la metodología de tipo profético no sería efectiva si los formadores no están mentalizados ni dispuestos a actuarla e impulsarla.

4.2. Los formadores, en contacto asiduo con la Palabra de Dios y viviendo concientemente el Aespíritu profético@, han de conseguir, sobre todo, la Asabiduría espiritual@, Ael instinto sobrenatural@, y llegar a ser Aexpertos en los caminos que llevan a Dios@ (cf. VC 66, 84, 94). Desde esta perspectiva sapiencial podrán afrontar la misión y la tarea formativa que se les ha encomendado con verdadero talante profético. Ello conlleva algunas capacidades como:

* la capacidad de escucha y sensibilidad al Espíritu Santo, verdadero agente formativo e inspirador del formador, el cual realiza su tarea como auténtico mediador de su acción formativa. Como dice el PGF Aa través de los formadores actúa el Espíritu de Jesús. Por eso, vivir a la escucha del Espíritu y estar atentos a sus mociones e inspiraciones ha de ser una actitud permanente tanto por su parte como por parte de los formandos@ (n. 107),

* la capacidad de saber auscultar los signos vocacionales de los formandos para ayudarles en su discernimiento; el reconocimiento de los dones personales de los formandos para estimularles en su libertad, crecimiento y madurez y capacidad para saber orientarles en el futuro congregacional y eclesial,

* la capacidad de relacionarse con los formandos con la Aimpronta peculiar@ de nuestro estilo profético de vida que recibimos de María. Una impronta, que se expresaría también en la relación formativa, caracterizada por el amor, la ternura, la comprensión y cercanía, la alegría vocacional y la fidelidad a la Palabra (cf. EMP 20).

* la sensibilidad a los signos de los tiempos y lugares, particularmente hacia aquellos valores para los cuales se han de formar los misioneros; a los desafíos de la Iglesia; y a las necesidades y urgencias de la congregación[4].

 II. ORIENTACIONES FORMATIVAS GENERALES

Las orientaciones formativas generales que se expresan a continuación son núcleos formativas que reflejan explícitamente la dimensión profética de nuestra formación. Normalmente se exponen en forma de objetivos a los que se les añaden actitudes y medios formativos para alcanzarlos. Sin ser exhaustivo, quisiera destacar los siguientes:

1. Vivir y desarrollar, de una manera consciente, el Aespíritu profético@ que se nos ha dado con la experiencia del Espíritu, que habita en cada uno de nosotros.

 

1.1. La fuente de todo profetismo es el Espíritu del Señor. El mismo Espíritu que ungió y envió a Jesús para evangelizar a los pobres (cf. Lc 4,18 ss; Mt 3,1 ss.), y que llamó y consagró a los profetas hasta hacer de ellos boca de Dios (cf. Is 30,2) para anuncia su Palabra, está sobre todos y cada uno de nosotros como lo estuvo en Claret (cf. EMP 16, 39, 40; PGF 93).

Todos nosotros lo hemos recibido en el Bautismo y se nos ha confirmado en el don de la vocación al llamarnos a la Congregación claretiana; más aún, para nosotros el Espíritu del Padre y del Hijo es también Espíritu de nuestra Madre (cf Aut 687). Es el primero y principal agente en la formación, el cual nos impulsa a reconocer en Jesús al Señor (cf. 1 Cor 12,3) y a seguirle, y hace que podamos llegar a configurarnos con Él (cf. PGF 93, 94, 96). Como nos dicen las Constituciones (n. 39), penetrados de su Espíritu, hemos de contemplar a Jesús asiduamente e imitarlo.

1.2. Claret explica el sentido de este Espíritu a los sacerdotes y seminaristas cuando habla del Aespíritu eclesiástico o sacerdotal@. El espíritu eclesiástico “no es otra cosa, – les dirá -, que una participación del Espíritu de Dios”[5]. El Espíritu Santo que recibió Jesucristo es el mismo espíritu que recibe cada sacerdote para desarrollar su vida y misión. Es el espíritu sacerdotal de los Apóstoles, de san Pablo y de tantos otros que vivieron una vida sacerdotal santa y apostólica[6].

1.3. Este Espíritu es activo y afecta a nuestra personalidad y a sus funciones vitales de tal manera que podemos decir que nos movemos orientados e impulsados por el Aespíritu profético@[7]. El Aespíritu profético@ es una sensibilidad global, proveniente del Espíritu del Señor, que nos permite percibir rectamente las Acosas@ de Dios y una fuerza que nos mueve a cumplir su voluntad. Estas cosas son: su pensamientos, sus sentimientos, sus intereses, su voluntad sobre el mundo y sobre cada uno de nosotros. Es como un Aolfato espiritual@ que nos permite conocer donde Dios está y donde Dios no está, como actúa, sus intenciones, su voluntad, su querer. Como la presencia y la actuación de Dios no es siempre clara y patente, el Aespíritu profético@ a través del proceso de discernimiento llega a descubrirlo en la seguridad de la fe.

El mismo PGF (cf. nn. 95-96) nos dice que el Espíritu es el *maestro interior+ que, en nuestro seguimiento de Cristo, nos va guiando hasta la verdad completa, nos otorga la fuerza que nos permite entregar la vida para que sea anunciada la Buena Nueva del Reino a los pobres y afrontar las dificultades de la evangelización. Su acción es principio de creatividad que recrea la comunidad formativa como comunidad de profetas y apóstoles. Su acción creadora y renovadora afecta a nuestro centro personal, cambia nuestra visión de la realidad y nos ofrece la clave y la fuerza imprescindibles para vivirla desde Dios en referencia permanen­te a Jesucristo y al mundo. Aunque no podemos conocerla con precisión, percibimos sus frutos.

1.4. El Aespíritu profético@ hemos de vivirlo, experimentarlo y cultivarlo conscientemente. Para acoger y secundar la actuación del Espíritu en nosotros necesitamos desarrollar algunas actitudes fundamentales. Por una parte, la humildad, la docilidad y el talante de discípulos que se dejan enseñar. Y, por otra, la práctica del discernimiento para poder clarificar la vocación, ajustar el propio camino formativo, y reconocer su presencia en todos los aspectos de la vida y de la historia y a través de las media­ciones humanas (cf. PGF 97).

 2. Renovación de la experiencia vocacional.

2.1. La vocación religiosa, es una experiencia de fe por la que el religioso se siente llamado e interpelado personalmente por Jesús para que le siga según el estilo de los Apóstoles (cf. CC 4; EMP 38). En esta experiencia, después de un discernimiento, el religioso capta en los Asignos vocacionales@[8] por la acción delAespíritu profético@ que el modo de realizar su vocación cristiana y de realizarse plenamente en esta vida es vivir la radicalizad del Evangelio. Sin conciencia de la llamada personal del Señor es imposible que el religioso inicie la andadura vocacional. Por eso la experiencia vocacional es, como dice el PGF (nn. 51-53), una condición indispensable, Ael punto de partida@, para iniciar el proceso de formación. El llamamiento de Dios está en el origen de la consagración religiosa y del itinerario formativo.

La conciencia de la llamada vocacional se descubre por el Aespíritu profético@ y la fe a través de los signos vocacionales, momentos de la historia personal del religioso en los que el Señor se hizo presente invitándole a seguirle[9]. Esos momentos de fuerte experiencia vocacional son reales, no se pueden perder y hay que hacerlos presente en los momentos de dificultades vocacionales.

La experiencia nos demuestra que muchos religiosos o no han llegado a explicitar esta conciencia o la han perdido a los pocos años de su profesión perpetua. En estos casos, la vida de los religiosos en cues­tión se caracteriza por una notable mediocridad o por una falta de sentido en lo que hacen en comunidad y en el apostolado o por una ruptura defi­nitiva de la opción por la vida religiosa. Cuando se ha perdido el sentido de la llamada vocacional en la vida personal, el religioso no se sien­te integrado ni en la oración, ni en la comunidad, ni en el apostolado. Los consejos evangélicos no le dicen nada. Ha perdido la ilusión por aquello por lo que se comprometió tan seriamente en años pasados. Al no sentir en sí la llamada del Señor, se considera fuera de lugar e incapacita para uni­ficar su personalidad en el cumplimiento de la misión vocacional.

2.2. Una exigencia de nuestra vida es la renovación de la conciencia de la llamada vocacional mediante la revitalización del Aespíritu profético@[10]. La conciencia de la llamada vocacional, que se descubre por la fe a tra­vés de los signos vocacionales, es dinámica. Dios sigue llamando constan­temente. La vocación no es sólo el momento de entrada en el Noviciado o el momento de la profesión religiosa. La vocación es toda la vida y Dios sigue hablando y llamando vocacionalmente a lo largo de toda la historia vocacional del religioso. Si la personalidad es la historia de la persona, como dice Hans Thomae, la vocación es la historia entera del llamado. En orden a esta revitalización indicaría las siguientes orientaciones:

1. La oración. En esta revitalización adquiere máxima importancia la oración, que para el religioso ha de ser siempre oración vocacional. A través de ella, el religioso siente y experimenta la urgencia de comprometerse vocacionalmente. La oración vocacional aviva el Aespíritu profético@ y es una concienciación de la continua llamada del Se­ñor, que sigue invitando al religioso dinámicamente a profundizar en su vida las exigencias evangélicas. Cuando se rompe el contacto con el Se­ñor, que llama, se pierde la percepción de la llamada. Y si la percepción de la llamada desaparece, el compromiso vocacional no tiene sentido.

2. Lectura vocacional, asidua y profética de la Palabra de Dios[11]. Esta lectura, en sentido amplio, tiene que ser realizada en una actitud de “creyente”, una actitud sencilla, humilde y amorosa. Debe tener como objetivo el crear la capacidad de interrogar y ser interrogado constantemente por Dios, por Cristo, sobre los designios que El tiene sobre cada de nosotros.

En las Sagradas Escrituras, reflexionadas con fe amorosa, como decía el P. Fundador, (el “credidi caritati” de San Juan), la persona encuentra siempre una respuesta adecuada a la llamada. En la Palabra de Dios, el creyente halla respuestas satisfactorias a los innumerables interrogantes que la vocación le plantea constantemente. Interrogantes que hay que solucionar y solventar, cuyas respuestas sólo tienen viabilidad desde la Palabra de Dios. A veces se intenta justificar la vocación desde el ámbito humano y racional; esta perspectiva es, a la larga, perjudicial. Es necesario situarse en el plano de Dios, el cual nos ha dejado una Palabra con la que nos llama a dialogar con El. Tampoco se trata de urgir con sentido moralístico la obligación de seguir la vocación, sino más bien de llegar a comprender el amor que Dios nos ha manifestado en Cristo, el amor que Cristo nos ha manifestado al elegirnos y la urgencia que el llamado manifieste asimismo ese amor a base de una entrega plena y definitiva.

La escucha de las Sagradas Escrituras debe llevar a la creación de una “actitud de fe vocacional y obediencial” a Cristo, manifestada en una firme y continuada actitud de aceptación de la voluntad de Dios. Es una actitud de constante y generosa fidelidad vocacional. Posiblemente, una explicación a las defecciones que se dan está en que las personas nunca han amado a Cristo ni a su vocación, ni han entendido que la vocación no es cuestión de evidencia sino signo de amor, fe y libertad.

3. La reflexión sobre los propios signos vocacionales. Esta reflexión es esencial para ir explicitando más y más la fe vocacional y para ir penetrando progresivamente en las conexiones exis­tentes entre los signos vocacionales. La falta de reflexión sobre los signos que han sustentado la llamada de Dios hace que la vocación no penetre profundamente en la persona, no queda personalizada; le impide dar sentido unitario a la propia vida; cualquier vaivén o dificultad la pueda echar por tierra y puede afecta a la fidelidad vocacional.

Todos, no sólo los formandos, de­bemos reflexionar constantemente sobre los sig­nos vocacionales -signos sencillos y cotidianos de la vida- que ha delineado nuestra propia vocación. Un medio muy apropiado es redactar la autobiografía vocacional, leerla con frecuencia, llevarla a la oración, buscar la unidad entre los signos, dar gracias al Señor por ella y pedirle la fidelidad.

2.3. Todo lo dicho anteriormente, la oración, la lectura vocacional de la Palabra de Dios y la reflexión sobre los signos vocacionales llevarán espontáneamente a la creación de una mentalidad vocacional, a través de la cual el llamado estará en disposición de entender los signos vocacionales (pasados, presentes y futuros) de la propia llamada, y estará a la es­cucha de la menor indicación sobrenatural -llamadas temporales- que venga del Dios.

 3. Ser personas humanamente libres y bien integradas

Los formando han de llegar a ser personas libres, bien integradas humana y vocacionalmente; personas auténticas que viven con plena libertad y gozo la propia vocación. La experiencia demuestra que es posible cultivar los valores de la vida misionera y mantener nuestro estilo de vida dentro de un desarrollo armónico de nuestra personalidad. Nuestra vida no tiene sentido si no somos auténticos, es decir si no vivimos con libertad y coherencia con los valores que anunciamos. Sólo cuando hay coherencia entre el anuncio y la vida, la profecía se hace persuasiva; nuestra vida personal y comunitaria es, entonces, nuestro primer acto profético. Cuando experimentamos y manifestamos una vivencia gozosa de la vocación entonces nuestra profesión es un elemento fundamental de nuestra profecía (cf. VC 67; EMP 19, 21).

3.1. Un primer paso para llegar a esta madurez e integración es vivir concientemente el Aespíritu profético@, del que ya hemos hablado. El Espíritu Santo como primer agente de la formación subraya su acción en el itinerario formativo como Acentro integrador de todas las dimensiones de nuestra vida y misión@ (PGF 93); es el Amaestro interior@ (n. 96) y Aprincipio de vida interior@ que Aunifica la vida del formando@(n. 95); su acción creadora y renovadora Aafecta a nuestro centros personal@; y Aen El adquirimos nuestra identidad como servidores de la Palabra@ (n. 94).

3.2. Un segundo paso, es actuar una formación liberadora y profética que ayude al formando a llegar a ser libre mediante un proceso formativo en libertad y para la libertad. Esto exige que el formando, a lo largo del itinerario formativo, se conozca mejor a sí mismo y adquiera una imagen real de su propia personalidad; consiga liberarse de motivaciones inauténticas,   inconscientes y negativas, de miedos y angustias, y de todos aquellos condicionamientos que le impiden asumir libre y responsa­blemente los compromisos de la vida misionera. Exige, sobre todo, una perspectiva positiva y satisfactoria de sí mismo que le permita desarrollar la capacidad de hacer opciones libres, referidas a los valores del Reino y estimuladas por motivaciones conscientes, válidas y auténticas (cf. PGF 37).

Este tipo de formación es una formación sensible y atenta a los signos de los tiempos y lugares, lleva a una profunda , íntima y constante relación con el Señor y desarrolla en el formando la audacia propia de los profetas. Una libertad así vivida es dinámica y transformadora, y nos dispone a Aser signo y fuerza liberadora de todo tipo de egoísmo, de esclavitud y de servidumbre que impiden el crecimiento de la persona y su comunión con Dios y con los demás hombres (MCH 170)@ (cf. PGF 38)

3.3. Y, un tercer paso, es la motivación de la caridad apostólica. A la base de la integración de la personalidad, además de otros medios psicológicos y pedagógicos, está, como dice el Capítulo, la motivación del amor, Ael fuego que hace de los hijos del Inmaculado Corazón de María hombres que arden en caridad, que abrasan por donde pasan@ y vivir Aen Cristo Jesús@ contemplándolo e imitándolo, hasta que ya no seamos nosotros mismos los que vivamos, sino que sea Él quien realmente viva en nosotros (cf. EMP 16, 19, 21). Para tener la madurez que nos prepare al martirio y para vencer los miedos y las tentaciones que pueden paralizarnos, los que seguimos a Jesús, mártir de una Palabra que nadie ha logrado callar, debemos amar apasionadamente a Dios, a María y a los hermanos, como lo hicieron el Fundador y nuestros mártires (cf. SP 17; PGF, 39; TM 22).

3.4. En nuestra espiritualidad, también María, como Madre y Formadora, nos ayuda en proceso de integración de la personalidad. Ella, acogiéndonos en la fragua de su Corazón, nos forma en la caridad apostólica, motivación esencial que impulsa la vida del misionero (cf. PGF 100). Nuestra Madre nos enseña a acoger Acon un corazón alegre@ la Palabra de Dios y a ser coherentes con ella, poniéndola en práctica y haciéndola efectiva. María nos muestra que, sin corazón y sin actitudes de ternura y amor, la profecía no será creíble (cf. EMP 20). Para el formando María ha de ser la persona que le debe inspirar la síntesis vital a los largo del proceso formativo hasta llegar a la plena unidad interior (cf. PGF 101; cf., también, SP 13; Aut 687).

 4. Vivir el profetismo de la vida ordinaria.

4.1. Es interesante, y lo quiero resaltar, el reconocimiento que el Capítulo hace de la profecía de la vida ordinaria en la Congregación; un tipo de profecía Afrecuente entre nosotros@ (cf. VC 65; EMP 24). Es un homenaje a tantos hermanos nuestros -diría que a la mayoría- que están viviendo radicalmente su vocación claretiana y están trabajando con absoluta entrega y dedicación a la misión apostólica en el silencio, en el desconocimiento, con amor, humildad y sencillez. Muchas veces nos dejamos llevar de la espectacularidad y de la resonancia social y eclesial de los profetas promovidas, muchas veces, por los medios de comunicación social y nos olvidamos de aquellos que realizan Alo extraordinario de la profecía en la fidelidad constante y heroica a lo ordinario@. El mismo PGF pone de relieve que la formación es Aun proceso a través del cual vamos integrando, consciente y armónicamente, el ideal evangélico, tal como lo vivió el P. Fundador, en la realidad cotidiana de nuestra vida y misión@ (n. 30).

La profecía de la vida ordinaria es Ahacer lo ordinario extraordinariamente bien@[12]. Es ya auténtica profecía por la extraordinaria coherencia, la radicalidad y la autenticidad de la persona, como decíamos antes. Pero es, también, profecía porque hace posible la gran profecía de los momentos extraordinarios, como ocurrió con nuestros Beatos Mártires de Barbastro.

4.2. Esta profecía se manifiesta en varios núcleos globalizante de nuestra vida misionera:

* En la fidelidad constante a una oración incesante, como expresión de amistad con Dios. Oración llevada a cabo Acon una determinada determinación@ como diría Sta. Teresa; o como un elemento esencial e imprescindible al misionero, como recomendó durante toda su vida el P. Fundador a la Congregación, y reiteró con fuerza y claridad unos días antes de morir, a través del P. Clotet[13].

* En la búsqueda continua que la persona, movida por el Aespíritu profético@ y en actitud de discernimiento, hace de la voluntad de Dios, en orden a identificarse con El, con su pensamiento, sus intereses y su modo de ver la realidad; y en orden a cumplir fielmente los planes de Dios hasta las últimas consecuencias sin desfallecer ni pararse antes las dificultades.

* En las relaciones con los demás en las que deben resplandecer algunas actitudes evangélicas como son: le fe en el otro (en su persona, sus cualidades y sus posibilidades), la ternura y la compasión con el hermano (fruto del amor fraterno), el servicio generoso y desinteresado (con sentido de oblatividad) y la alegría vital, expansiva y comunicativa (como signo de integración armónica de la propia persona).

 5. Sensibilidad ante los nuevos signos de los tiempos y lugares.

5.1. Toda profecía tiene su contexto histórico y geográfico (cf. EMP, 4, ss). Por eso nuestros últimos Capítulos Generales, @a ejemplo de Claret y en sintonía con la Iglesia de nuestro tiempo@(MCH 4), buscaron, en la historia y en la geografía, en la vida y en el caminar de la humanidad los signos y la voz del Dios del Reino (cf. EMP 4). El pasado Capítulo nos hacer caer en la cuenta de algunos signos especiales de nuestro tiempo que nos afectan y a los cuales hemos de estar abiertos. Son signos, a veces contradictores, que hemos de discernir adecuadamente. un discernimiento que se efectúa a través del Aespíritu profético@. Así en concreto:

* Por una parte, Acada unos de nuestros pueblos intenta seguir su camino@ (EMP 10), por lo que la realidad social, cultural y religiosa que muy compleja, diversificada y polivalente. Ello implica una reflexión diferenciada y variada de los signos de los tiempos y lugares, y una nueva manera de asumir nuevos estímulos misioneros.

* Por otra, vivimos Acompartiendo una realidad globalizada@ (EMP 10 ss) que nos afecta a todos para bien y para mal y nos hace interdependientes. La ciencia, la revolución tecnológica de las comunicaciones y la cibernética han posibilitado la conciencia de la Aaldea global de la humanidad@. Ello nos ha creado una nueva sensibilidad misionera y nos han abierto nuevos caminos de evangelización (cf. VC 68).

5.2. Como los Capítulos nos han enseñado, también nosotros hemos de intentar escuchar la Palabra de Dios en nuestro Ahoy@, Aen los acontecimientos de la historia, en las culturas y en la vida de los pueblos, en sus silencios y en sus clamores@ (SP 16,1). El Espíritu está suscitando nuevos estilos de vida y nuevos caminos para el Evangelio. Hemos de situarnos en un diálogo universal para hacer efectiva una solidaridad real entre todos los seres humanos superando dogmatismos, fundamentalismos, totalitarismos y una visión del mundo sin sentido ni orientación. Hemos de mirar con ojos de evangelizadores y profetas la realidad que nos circunda para ver que hay muchas situaciones que estimulan el profetismo de nuestro servicio misionero. Entre ellos quisiera destacar: el amor y la savalguarda de la creación; la defensa de la vida; el respeto, aprecio y diálogo entre pueblos, culturas, religiones y creencias diferentes; el compromiso con los pobres y la justicia; la defensa de los débiles, el desarrollo y la promoción humana; el despertar de nuevas organizaciones populares; la formación del laicado y el reconocimiento de su misión; el acercamiento de la Palabra de Dios a todos los creyentes y la inculturación (cf. EMP 11-13, 33.3, 33.4, 46.3, 49, 54.2).

5.3. Nuestro itinerario formativo, desde una exigencia misma de nuestro carisma misionero[14], ha de tener necesariamente una referencia situacional actual, ha de estar atento a los desafíos sociales, eclesiales y congregaciona­les, y ha de llevar como característica el que sea AInculturado y universal@ (cf. PGF 40-43). Así en concreto:

* El mundo actual nos ofrece esperan­zas nuevas y retos inéditos que afectan a nuestra formación (cf. SP 1); el contexto sociocultu­ral, eclesial y congregacional en que vivimos suscita estímulos positivos y nuevas posibilidades en el campo de la formación. No obstante, este ambiente presenta también obstáculos al proceso formativo. Por eso, como decíamos más arriba, es necesario habituarse a un continuo ejercicio de discernimiento a la luz del Aespíritu profético@ para detectar lo que ayuda e impulsa una auténtica formación (cf. PGF 43).

* Nuestra formación misionera es un proceso interpersonal, histórico y cultural, en el que el formando crece y se perfecciona en tanto en cuento se abra a la comunión con los demás y se inserte en la historia. Esto nos exige un estilo de formación que sea fuertemente sensible a las necesidades y características del hombre de hoy; que lleve al formando a compartir las esperanzas y los gozos, las tristezas y las angustias de los hombres; que, acuciados por el panorama de las mayorías empobrecidas y oprimidas, sea realizada desde la opción congregacional por los pobres; y que prepare para trabajar en estrecha colaboración con todos los que buscan la transformación del mundo según el designio de Dios (cf. CC 46; Dir. 157; CPR 49; SP 20; PGF 40).

* Nos formamos para una Congregación con una misión universal que está extendida por todos los continen­tes del mundo. Esta condición esencial de nuestro carisma ha de estar presente en la formación desde el primer planteamiento vocacional. Por lo mismo, es preciso hacer compatible la necesidad de insertarnos en la cultura de cada pueblo, y la disponibilidad y apertura para ser enviados a cualquier lugar. Esto exige que nuestra formación ha de ser a la vez inculturada y universal; es decir, que, al mismo tiempo que se realiza y prepara al formando para vivir en una cultura y pueblo determina­dos, asumiendo su manera de ser y sus valores, ha de cuidar todos aquellos aspectos que se derivan de la apertura a la universalidad, (cf. PGF 41).

6. Los Profetas como modelos formativos.

En pedagogía, modelo formativo es la persona que se convierte en mediación auténtica y viviente de los valores que quiere transmitir a través de los dinamismos y medios formativos. La fuerza formativa del modelo no sólo reside en la eficacia que la autenticidad de vida tiene en sí misma, sino también en que muestra, de una manera tangible y atractiva, que los valores que se ofrecen en la formación son posibles en la realidad (cf. PGF 90).

6.1. Jesús fue el profeta definitivo de Dios y la plenitud de la profecía veterotestamentaria (cf. Lc 14, 21; Mt 5, 17; CC 3, 40). A partir de Jesús, el Profeta por excelencia, de María, nuestra Madre y Formadora, y de los demás profetas, pasados y actuales, hemos de entender la Adimensión profética@ de nuestro servicio misionero de la Palabra. Por eso, es evidente que esta dimensión carismática nos debe llevar a tomar como modelos y a asemejarnos a los profetas bíblicos, sobre todo a Jesús-Profeta, y a aquellos que en mundo actual son verdaderos profetas.

6.2. También el P. Fundador ha de ser para nosotros modelo de profeta. El se sintió ungido por el Espíritu de Jesús y tomó a Jesús y a los profetas como modelos de su vocación misionera. A Claret le apasionaba identificarse en todo con Jesús y como El se dedicó al servicio de la Palabra a tiempo y a destiempo para que Dios Padre fuera conocido, amado y servido. El Señor le concedió una fuerte sensibilidad ante los males de su tiempo. Y fue clarividente, creativo, emprendedor y promotor de grandes iniciativas apostólicas (cf. EMP 17, 39).

6.3. Claret fundó la Congregación, y nos transmitió en la *forma del misionero+ para prolongar proféticamente su proyecto misionero. La Congregación ha sido fiel a su proyecto durante los casi 150 años de existencia y en esta línea hemos de seguir nosotros para continuar su obra. Ella ha vivido, experimentado y profundizado el carisma claretiano y su dimensión profética de una manera teórica y práctica. Ejemplos los tenemos abundantes en nuestra historia congregacional (cf. EMP 18, 40)[15].

 III. ASPECTOS PARTICULARES EXPLICITADOS

Para estos aspectos particulares me fijaré principalmente en el EMP, fruto de una análisis de la realidad actual de la Congregación. Todas ellas son llamadas de atención, Aanuncios y denuncias proféticos@, del Capítulo a la Congregación para estimular más su fidelidad en el campo vocacional y formativo. En algunos casos, el Capítulo abre nuevos horizontes. En otros, no tan novedosos (están ya indicados en varios Capítulos Generales y en el PGF), trata de urgir la fidelidad a metas todavía no alcanzadas, algunas de ellas muy graves, como es el caso de la Aalarma vocacional@. Podríamos decir que, en estos casos, a igual de lo que afirmábamos antes al hablar del profetismo de la vida ordinaria, lo novedoso y Aprofético@ está en el Aanuncio y denuncia@ de ciertas situaciones y en la urgencia con que impulsa a la Congregación.

 1. Vocaciones

El tema de las vocaciones, tratado explícitamente en el EMP (nn. 36, 37, 37.1-7), tiene como texto-marco la frase de las Constituciones (58): APara invitar a otros a abrazar la vocación del Señor@. Veamos su contexto y el contenido de las propuestas.

1.1. El don de las vocaciones.

La Congregación, a través del Capítulo, quiere agradecer a Dios las numerosas vocaciones que nos ha concedido y nos concede en algunos lugares, como por ejemplo en Nigeria, la India, Polonia, Indonesia, etc… (cf. EMP 37). Esta realidad, por una parte, nos descubre la riqueza universal del carisma claretiano que se puede adaptar e inculturar en tantos pueblos, ambientes y culturas; y por otra, es una seria interpelación a la Congregación para comprometerse más en el campo vocacional, es decir, es una invitación y una urgencia Aa acogerlas y acompañarlas con responsabilidad@. Para responder a esta interpelación necesitamos la colaboración congregacional y la generosidad de nuevos formadores; necesitamos ofrecerles el carisma claretiano en testimonio de vida y en forma de trasmisión a través de planes y medios formativos de alta calidad.

Por otra parte, siempre y en toda circunstancia hemos de ser agradecidos a Dios y al Corazón de María, nuestra Madre, por el don de la vocación. En primer lugar, por la vocación personal que hemos recibido del Señor. Todos los días hemos de agradecerlo, hemos de cuidarla y desarrollarla (como nos recordaban nuestros Superiores Generales pasados), y diariamente hemos de renovar el compromiso de fidelidad personal. Y en segundo lugar, aunque en algunas zonas tengamos un déficit vocacional, como veremos a continuación, siempre hemos de agradecer a Dios las muchas o pocas vocaciones que nos envía, aunque sea una sola. Una sola vocación es ya un don, que implica un reconocimiento, un agradecimiento y un compromiso.

1.2. Alarma vocacional.

Junto al florecimiento vocacional en algunas partes de la Congregación existe un descenso de vocaciones, patente y grave, en otras. Sabemos, que, por diversas causas[16], no pocos Organismos de la Congregación están en situación de Aalarma vocacional@ (cf. 37). A pesar de los esfuerzos que han realizados, el problema no se ha resuelto, continúa de modo preocupante[17].

1.3. Propuestas.

Ante esta realidad el Capítulo hizo las siguientes propuestas:

1. Cultivar el don de la profecía. La profecía es fuente de vocaciones (cf. EMP 36). La profecía es atractiva en sí misma y suscita en los jóvenes admiración y seguimiento. La profecía, aunque implique contradicción, cruz y sufrimiento, es una llamada a altos ideales. Todos aquellos que actualmente trabajan y luchan por un mundo nuevo saben valorar cualquier rasgo profético que preanuncie la pronta llegada de este mundo al que aspiran.

Este hecho debe ser para nosotros una interpelación. Ante esta situación, nos debemos cuestionar influjo que ejerce la dimensión profética de nuestro ministerio sobre nosotros y sobre las personas que nos rodean, especialmente los jóvenes. El Papa nos recordaba que nuestro ejemplo y entrega, como los que dieron los Mártires de Barbastro, han de ser una invitación y un estímulo para otros, especialmente los jóvenes (cf. Mensaje del Papa al Capítulo, 4).

2. Principios de animación en la pastoral vocacional. Una pastoral vocacional ha de estar sostenida por algunos principios básicos. Entre ellos, el Capítulo ha señalado varios (cf. EMP 37. 1; 37.2; 37.7):

* Modo de concebir la vocación. Toda la vida es vocación, apertura a las llamadas de Dios y respuesta a mismas. Es un dato fundamental se ha tener en cuenta en toda acción pastoral, vocacional y formativa. Es un principio básico para entender los llamados Asignos vocacionales@, que se pueden manifestar desde la infancia y se expresan en el quehacer cotidiano de la vida.

* Compromiso congregacional. La pastoral vocacional ha de ser prioritaria en cada Provincia y comunidad y para cada claretiano (cf. CC 58). Este principio teórico se ha de convertir en convencimiento y en compromiso. Si es prioritaria ha de afectar a todos y cada uno de los claretianos y en toda dimensión espiritual, comunitaria y pastoral. Y para que sea real y efectivo este principio se debe plasmar en el proyecto comunitario, en la oración por las vocaciones, en los servicios que se programen y en las acciones que se realicen[18].

Más en concreto, el Capítulo pide que se atienda particularmente al desafío vocacional en el proceso de revisión de Organismos y de posiciones, y en la política de fundaciones y destinos (cf. EMP 37.5, 52).

* Compromiso eclesial. Se han de implicar a todas las comunidades cristianas, y en especial a las familias, en el interés y trabajo por las vocaciones, suscitando Auna cultura vocacional@ en la Iglesia. Entre los llamados a definir y profundizar la cultura vocacional están los teólogos, los agentes de los mass-media, los educadores, los directores espirituales, los consagrados y presbíteros, y los mismos jóvenes(cf PGF 280)[19].

3. Orientaciones pastorales. El Capítulo, sin ser exhaustivo, señala como las más urgentes las siguientes orientaciones pastorales (cf. EMP 37.3; 37.4; 37.6):

* Discernimiento. El tema vocacional, por su naturaleza, sólo se puede entender en un clima de discernimiento, el cual es una manifestación, como dijimos antes, del Aespíritu profético@ que todos hemos recibido. En este momento, el Capítulo pide que se realice un discernimiento evangélico, no sólo psicológico y social, sobre el sentido de la escasez vocacional. Hemos de preguntarnos el porqué de esta situación, sus causas, su alcance, lo que proféticamente se pueda vislumbrar en esta situación. Todo ello para evitar las tentaciones vocacionales que nos puedan afectar como la nostalgia, el desencanto y la mera consideración del número. Estas tentaciones pueden ser muy peligrosas tanto para la selección vocacional como para la formación. Nos pueden llevar, angustiados por la carencia de vocaciones, a una falta de discernimiento en la acogida vocacional y en la formación rebajando las exigencias de la vocación y aceptando a candidatos sin verdadera llamada vocacional. El discernimiento, en cambio, nos ha de llevar, por una parte, a poner la confianza en el Señor que guía la historia, que conduce la Iglesia y que cuida de nuestra Congregación; y, por otra, a reforzar la fidelidad a nuestra vocación personal, a cultivar nuestra identidad claretiana y a proclamarla gozosamente por todos los rincones de la tierra.

* Una pastoral vocacional integrada en un contexto pastoral más amplio. Hoy en día la pastoral vocacional no se puede concebir ni practicar de un modo aislado, como una acción desconectada de la Congregación y de la Iglesia. Ya antes pusimos de relieve su dimensión congregacional y eclesial. Aquí se pide que la pastoral vocacional se articule con la pastoral juvenil y la formación. Es un aspecto que tenemos clarificado en nuestro Plan General de Formación (nn. 278-281). La llamada del Capítulo es para que se cumpla en la Congregación, se superen viejas concepciones y se prevean las situaciones futuras.

* El acompañamiento personal. El Capítulo pide que se cuide específicamente el acompañamiento vocacional. Es un tema fundamental del que se habla constantemente en todos los foros nacionales e internacionales; sobre el mismo hay una bibliografía inmensa. Es una dato sintomático por dos razones:

– primero, porque es un medio de gran importancia formativa. Su importancia es patente. Además de las acciones de grupo, hay que llegar a la persona. La vocación es siempre un proceso personal: llamada personal y respuesta personal; y no siempre es una experiencia clara y nítida. Dios llama a través de Asignos vocacionales@ que hay que discernir. Por otra parte, el acompañamiento es esencial para estimular a los candidatos a crecer en la vida cristiana (ámbito donde se manifiesta la vocación), para ayudarlos al discernimiento vocacional, para acompañarlos en las dificultades ante las decisiones que ha de tomar y para evitar futuras frustraciones por la falta de discernimiento adecuado.

– y, segundo, porque se ha descuidado o no se ha cuidado suficientemente. Es un problema real que he contastado en muchos ambientes, una cuestión que nos interpela y una pregunta a la que hemos de responder con sinceridad y verdad )Dispongo de poco tiempo? )Estoy muy ocupado en otras tareas? )Tengo dificultades personales )Me encuentro poco preparado?.

* Material vocacional. Se pide que se elaboren materiales específicos de pastoral vocacional para las distintas formas de vida claretiana (hermanos, diáconos, presbíteros), de modo que aparezca con toda claridad cada propuesta vocacional. Aunque en este campo se ha venido trabajando, sin embargo es poco lo que se hace. Casi siempre se está suponiendo la condición presbiteral en nuestra propaganda vocacional. La condición laica del hermano, aparece en pocos casos. Y la diaconal, nunca. En este campo hemos de hacer también realidad lo que el mismo Capítulo nos dice: ARevisaremos todos los usos que siguen denotando clericalismo: títulos, prácticas y costumbres@ (EMP 30.1).

Por otra parte, la opinión es que es mejor que los materiales vocacionales se hagan en cada área[20]. La Prefectura reparte la propaganda claretiana tradicional (estampas, cuadros, etc…) que tienen un valor universal. También desde hace años viene preparando algunos subsidios de tipo formativo y está enviando a los Organismos Mayores variado material vocacional y formativo[21].

 2. Formación inicial

La formación inicial no se trató explícitamente en un apartado especial. Como ya dijimos en la introducción, en realidad todo el documento EMP tiene una perspectiva que debe condicionar la formación inicial. No obstante, hay referencias explícitas a la misma en los nn. 34.3, 34.4, 53.3, 56.1., que exponemos a continuación.

2.1. Principio general: Cultivar una formación inicial que prepare para la formación continua.

Este debe ser uno de los objetivos de la formación inicial: salir del proceso formativo con la convicción de que hay que seguir formándose durante toda la vida. Ya el Capítulo del 85 hablaba en este sentido (cf. CPR 67) y lo ha rearfimado el PGF. Si no hay convicción hacia un valor (en nuestro caso, el valor de la formación continua) no habrá actitud positiva hacia el valor ni operatividad para realizarlo. Ha de ser, además, un convencimiento personal y personalizado, es decir, asimilado personalmente, que sea consistente, estable y supere todas las dificultades que se presenten en la vida. No tiene sentido entre nosotros la figura del misionero que después de la formación inicial vive, como se suele decir, de las rentas; que olvida lo mucho o poco que ha aprendido; que ni estudia ni lee; y que se entretiene sólo con las lecturas de periódicos o revistillas vulgares, de poco nivel intelectual y sin contenido. Es todo lo contrario de lo que practicaba el P. Fundador y de lo que decía y pedía a la Congregación: los dos pies del misioneros son la oración y el estudio, o también las virtudes y las ciencias.

2.2. Propuestas formativas.

1. El Proyecto Personal de Formación.

El Capítulo General del 85, hablando del proceso permanente de formación, afirma: “Cada uno de los claretianos tendremos que hacer nuestro propio plan de formación o compromiso de crecimien­to personal, que atienda a la integridad de la persona (dimensión espiritual, física, psicológica, intelectual y apostólica-ministerial) y esté de acuerdo con la comunidad y los superiores” (cf. CPR 67). El Capítulo del 91 lo reafirmó como una necesidad, no sólo para impulsar el desarrollo vocacional de los claretianos, sino también para renovar constantemente nuestra espiritualidad como “Servidores de la Palabra” (cf. SP 13.3.). De nuevo, el último el Capítulo lo ha vuelto a reafirmar pidiendo que los que concluyen el proceso formativo debe terminar convencidos de la conveniencia de realizar el propio proyecto personal de formación (cf. EMP 34.3)[22]. Es una consecuencia de lo anterior.

El PPF es un medio pedagógico de gran validez en formación inicial. Puede ayudar a la personalización de la formación, a crear y suscitar la responsabilidad personal, a la evaluación del propio proceso formativo y a confrontarse a sí mismo con el acompañante en la dirección espiritual.

2. Formación teórico-práctica para los nuevos valores.

Nuestra formación integral debe incluir una formación específica para los nuevos valores que están emergiendo. Debe ser una formación contextualizada en el mundo y en las culturas de hoy, y adecuada para la evangelización del hombre de hoy y de su mundo de valores. Ya el PGF se hace eco de ellos reiteradamente en varios momentos de su desarrollo (cf. 16, 40-49, 163-174, etc…). El Capítulo acentúa una formación teórica y práctica en particular de los siguientes aspectos: la inculturación, el diálogo interreligioso y el compromiso con la justicia y la paz (cf. EMP 34.4, 42-45, 46.3, 49, 54.2).

Tanto los planes de estudio como los planes de formación local y provincial han de incluir en su elaboración estos aspectos según las circunstancias peculiares en que se encuentran. Más aún, nuestros proyectos formativos han de suplir y completar las deficiencias de los planes de estudio que se ofrecen en los centros no claretianos, y han planificar las acciones convenientes. Es necesario comenzar por un conocimiento y una sensibilización hacia los nuevos valores, estudiarlos y experimentarlos en las mejores circunstancias, y prepararnos para las acciones formativas más apropiadas. En torno a la aplicación formativa de estos temas y otros semejantes, hay que ponerse a trabajar de una manera efectiva en la Congregación[23]. Existen ya orientaciones teóricas y prácticas concretas que pueden ser aprovechadas para hacerlas presentes en los planes de estudios y en los proyectos formativos[24].

3. Formación para la universalidad. Lenguas.

11. La formación contextualizada en un ámbito cultural concreto y encarnada en una situación social y eclesial particular, no puede ir en menoscabo de una formación en la que el valor de lo universal ha de estar muy presente de un modo operativo. La globalización, por una parte, y la dimensión universal de nuestro carisma y nuestra vocación está suponiendo un proceso formativo que prepara a los jóvenes misioneros para realizar la misión en cualquier parte del mundo. En esta línea se mueve el PGF cuando habla de la formación claretiana Aen cada situación concreta y abierta a la universalidad@ (n. 16), o de una formación para la misión entendida Aen la misión universal de la Iglesia@ (n. 27), o de un proceso formativo que sea Ainculturado y universal@ (nn. 40-41). Junto a estos valores, y además en un contexto de colaboración interprovincial, el Capítulo pide que sigamos fomentando en todos los claretianos, ya desde la formación inicial, su apertura y disponibilidad a la misión universal de la Congregación (cf. EMP 53.3, 51, 54).

21. Dentro del contexto de universalidad y de colaboración interprovincial, del que acabamos de hablar, y de diversidad cultural en que se encuentra la Congregación, el Capítulo nos estimula, especialmente en la formación inicial, a fomentar el estudio y la práctica de idiomas. El dominio de las lenguas, todavía poco desarrollado en la Congregación, nos permitirá: – enriquecer la calidad de nuestra formación con el acercamiento a otras culturas, antiguas y modernas; – cultivar las relaciones congregacionales para favorecer el mutuo conocimiento, la comunión fraterna y la ayuda mutua; – y desarrollar la disponibilidad misionera (cf. EMP 56.1).

En este campo tenemos un gran ejemplo en Claret. Nuestro P. Fundador fue un gran impulsor del estudio de las lenguas tanto antiguas como modernas. Las motivaciones que tuvo Claret para impulsar el estudio de las lenguas, están en consonancia con las que le movieron a él personal­mente a estudiarlas­[25]. Fundamentalmente son motivaciones apostólicas para alcan­zar, lógicamente, objetivos apostólicos[26].

3. Formación continua

La formación continua fue tratada explícitamente desde una perspectiva general (cf. EMP 34) y a propósito del Quinquenio (cf. EMP 35).

3.1. Breve diagnóstico de la situación.

La Memoria de Gobierno, al hablar de la formación permanente, resume en una frase su evaluación global: Ahay satisfacción por lo hecho, no siempre por lo conseguido y queda todavía mucho por andar@[27]. El Capítulo reconoce que la Congregación en los últimos años ha hecho grandes esfuerzos en el campo de la formación permanente; sin embargo aún no hemos traducido a nuestro ritmo cotidiano la convicción de que *la formación continua es una exigencia de todo claretiano+ (PGF 462). Por lo mismo, necesitamos mejorar con urgencia esta situación (cf. EMP 34).

3.2. Principios motivacionales

11. Sensibilidad profética.

El Capítulo del 85 había apelado como motivación de fondo, para estimular la formación continua, la renovación de la persona y su convicción personal (cf. CPR 67). El Capítulo del 91 recalcó como motivación el Aser ministros idóneos de la Palabra@ (SP 22). El último Capítulo se sitúa en una perspectiva profética cuando dice que Asólo una comunidad que acoge el don de Dios, escucha los signos de los tiempo y se deja rejuvenecer constantemente, puede realizar el anuncio del Evangelio de modo creíble y atrayente@ (EMP 34). El Capítulo no invoca tanto la convicción personal o la preparación, en general, para el ministerio de la Palabra cuanto otras actitudes de talante profético como son : la Aacogida@ del don de Dios que es siempre una experiencia vital y dinámica, siempre interpelante y motivante; la Aescucha@ de los signos de los tiempo con una positiva receptividad para asimilar los nuevos valores portadores del querer divino; y el Adejarse rejuvenecer@ como actitud de absoluta apertura de sí mismo que impulsa a la persona a crecer en perenne juventud sin estancarse en tiempos y superando las esclerosis de la personalidad. Una comunidad de este tipo llevará un estilo de vida profético y realizará Ael anuncio del Evangelio de modo creíble y atrayente@. En síntesis, podemos decir que sólo una comunidad con sensibilidad profética estará capacitada para su renovación interna y externa, para estar a la altura de los tiempos y lugares, y realizar la misión evangelizadora de un modo profético.

En esta misma línea de sensibilización profética se sitúa el PGF siguiendo la tradición de la Congregación. El claretiano, como discípulo del Señor, ha de estar siempre abierto y a la escucha de las sorpresas de la Palabra y del Espíritu (cf. SP 22; PGF 460). Lo mismo que Claret debe encontrar en la Palabra la experiencia de la acción dinamizadora y renovadora del Espíritu (cf. PGF 467). Y como siempre nos ha recordado la Congregación tenemos necesidad de dejarnos transformar por el Espíritu para alcanzar la madurez de nuestra vocación y poder cumplir la misión a la que hemos sido llamados (cf. PGF 468). En esta línea, el claretiano:

* Necesita, para poder ser testigos vivos y verdaderos del Reino de Dios, de la acción renovadora del Espíritu en su vida personal y comunitaria (cf. PGF 468).

* A través de la formación continua, ha de prestar una atención particular a los signos del Espíritu en nuestro tiempo y ha de adaptarse a las nuevas situaciones es en orden a afrontar, como misioneros, las urgencias siempre nuevas de la evangelización y poder dar una respuesta apropiada (cf. PGF 466, 471).

* En consecuencia, está llamado a vivir una espiritualidad misionera sólidamente arraigada que asimile los cambios y evoluciones del mundo y de la Iglesia con una docilidad continua al Espíritu. Toda la realidad se convierte en una interpelación del Espíritu que le urge secundar, desde el propio carisma de servidor de la Palabra y desde las opciones de nuestra misión, la llamada a una evangelización misionera (cf. PGF 472).

21. La experiencia como medio de formación continua.

Quizás una de las causas de la insatisfacción que aparece en los Organismos Mayores respecto a la formación permanente (cf. sopra y nota correspondiente) pueda tener su origen en que ésta ha sido primordialmente orientada al conocimiento intelectual de los nuevos valores, descuidando otras dimensiones más vitales y experienciales. Sin excluir la vertiente teórica, siempre necesaria, el Capítulo abre otro cauce de formación continua: la experiencia de la realidad. Así pedirá, por una parte (lo veremos más adelante), que la educación a los nuevos valores sea, no sólo teórica, sino también práctica (cf. EMP 34.4), que aumente entre los Organismos Mayores Ael intercambio de experiencias de vida@ (EMP 34.9) y que en momentos significativos o cruciales de la vida se hagan Aexperiencias intensas de formación permanente@ (EMP 34.7); y, por otra, que confrontemos Anuestros criterios y posiciones con las realidades de nuestro mundo que nos desafía como misioneros@ (EMP 48.1) y potenciemos los procesos de evangelización como lugar privilegiado de la formación continua (cf. EMP 34.6)[28].

3.3. Propuestas.

1. Elaboración de Proyectos de Formación Continua.

Los Organismos Mayores elaborarán su Proyecto de Formación Continua como parte de su Plan de Acción para cada sexenio. Y las comunidades señalarán los tiempos, espacios y medios que van a dedicar a la formación continua y la manera de evaluarla (cf. EMP 34.1, 34.2)[29]. Es importante que estos proyectos incluyan, además de los dinamismos y medios usuales, ritmos de vida contra el vértigo del rendimiento y el eficacismo Aque nos permitan sentir la Vida, saborearla y amarla desde el amor a Dios a sus criaturas@ (EMP 23.3). Para que sean eficaces han de ser evaluables. Y han de estar iluminados por la nueva sensibilidad congregacional; en concreto, se insiste en la continuación del Proyecto APalabra-Misión@ (cf. EMP 38.8, 42) y se pide que, como en los proyectos de formación inicial, se integre la formación para los nuevos valores, es decir, una adecuada educación teórico-práctica para la inculturación, el diálogo interreligioso y el compromiso con la justicia y la paz (cf. EMP 34.4, 50.3; cf., también, 42-45, 46.3, 49, 54.2; Mensaje del Papa al Capítulo, 4)).

2. El Proyecto Personal de Formación.

Desde la perspectiva de la formación permanente, el PPF puede ser, de hecho, un medio que nos puede ayudar a crecer en la vida de santidad apostólica y en la fidelidad vocacional. El PPF nos motiva a dar una respuesta personal a la llamada a la santidad a la que hemos sido invitados por vocación (cf. CPR. 55). A través de él, cada uno de nosotros podemos hacer efectivo nuestro compromiso personal respecto a muchos aspectos contenidos en las Constituciones y que inciden directamente en la responsabilidad de cada una de las personas, como por ejemplo, la oración personal, el sacramento de la Reconciliación, el examen de conciencia, el acompañamiento espiritual, la formación permanente, etc…

Además de insistir una vez más en la conveniencia de que todos realicemos el propio proyecto personal de formación por lo que acabamos de decir (cf. EMP 34.3)[30], el Capítulo pide que el PPF no sea vivido en clave individualista sino plenamente comunitario. El Capítulo quiere que los proyectos personales se integren en un proyecto misionero común con nuestros hermanos de comunidad, Provincia y Congregación (cf. EMP 29.1). El PPF no sólo ha de mejorar la calidad de la vida personal, sino que ha de ayudar a mejorar la calidad de nuestra vida comunitaria, suscitando un mayor compromi­so de cada uno con los hermanos, y a potenciar con el ardor de la caridad apostólica nuestro común proyecto apostólico.

3. Especializaciones

Es creciente la preocupación y el interés por las especializaciones en la Congregación. Se han dado pasos muy importantes en los últimos años. Se han alcanzado numerosos diplomas, licencias y doctorados, la mayoría en ciencias eclesiásticas, pastorales y civiles con incidencia pastoral o formativa[31].

Según el Gobierno General, habría que continuar de una manera decidida con la promoción del mayor número de especializaciones posible[32]. Faltarían especializaciones en el tema de la familia y más en torno a la Palabra de Dios y en los MCS. Además, sin quitar las especializaciones en el extranjero, sobre todo si son muy específicas (Sagradas Escrituras, Derecho, etc…), habría que buscar la manera de aprovechar más las posibilidades de especializarse en el propio contexto cultural, en particular si se trata de especializaciones con una clara vertiente pastoral[33].

El Capítulo propuso que se promoviesen en los próximos años, en la medida de lo posible, algunas especializaciones para responder mejor a los desafíos de nuestra misión. Serían aquellas que están más en relación con las perspectivas de los desafíos de la dimensión profética de nuestro ministerio. El Capítulo pidió la constitución de Aun grupo de expertos en teología de la misión@ (EMP 46.3) que ayudase a la Congregación a profundizar en la misión Aad gentes@ y la dedicación de Aalgunas personas a un estudio profundo del funcionamiento actual de la economía mundial y del llamado neoliberalismo@ (EMP 50.4) para conocer mejor su funcionamiento, sus mecanismos internos, sus efectos reales, y poder buscar y proponer de palabra y obra otras alternativas viables a las injusticias del sistema imperante.

4. Situaciones particulares

11. Un paso importante ha sido, también, el impulso dado por el Capítulo para realizar, en la línea experiencial, actividades de formación continua en situaciones particulares. Algunas situaciones particulares comunes aparecen descritas en el PGF: el quinquenio y la tercera edad (nn. 505-520). Otras, menos definidas, pueden Aen momentos significativos o cruciales@ de la vida de las personas (efemérides religiosas, crisis personales, etc…) (cf. EMP 34.7).

21. Respecto al quinquenio, el Capítulo constata que los primeros años posteriores a la ordenación o a la profesión perpetua son un momento delicado en la vida de muchos misioneros jóvenes. Son muchas las razones situacionales que explican esta situación delicada. Las razones que el Capítulo aduce son dos: a los jóvenes misioneros, al dejar la comunidad formativa, se les cargan con frecuencia con muchos compromisos apostólicos o se les dan responsabilidades excesivas (cf. EMP 35). A éstas podríamos añadir la falta de acompañamiento personal; el abandono de la vida espiritual; la falta de un proyecto personal serio y exigente; la poca coherencia en la vivencia de vida comunitaria donde están incardinados; las diferencias generacionales, formativas e ideológicas con otros hermanos que conduce a la incomprensión, al aislamiento o al aburrimiento.

Dada la importancia de la situación particular, el Capítulo hace una llamada de atención sobre el quinquenio. El Capítulo a los Organismos Mayores anima a que se acompañe esta situación siguiendo la orientaciones del PGF (nn. 506-511)[34] y pide al Gobierno General que ofrezca Aun curso-programa de tres o cuatro meses,… abierto también a otros misioneros@. El Gobierno General ha decidido ofrecer, en la línea carismática y experiencial, la Aexperiencia de la Fragua@ que está llevando a cabo la Provincia de Castilla en Colmenar Viejo (Madrid).

5. Subsidios claretianos

El Capítulo ha tenido en cuenta la utilidad de los subsidios claretianos que se han elaborado y se están elaborando en la Congregación.

El Gobierno General, y en especial las Prefecturas Generales, han ofrecido en los últimos años gran cantidad y variedad de ellos. El PGF, asumido muy positivamente en la Congregación, ha sido un punto de referencia constante durante el Capítulo. Asimismo quedó reafirmada la validez del proyecto APalabra-Misión@; el Capítulo, no obstante, pidió que se cuidase más la metodología (ritmo, mecanismos…) De tal modo que se Aposibilite dedicar más tiempo al estudio y a la asimilación de la Escritura@ (EMP 34.8; cf., también, 42).

Los Organismos Mayores, además de impulsar proyectos comunes de pastoral vocacional y de formación inicial y permanente (cf 53.2), deberán incrementar el intercambio de experiencias de vida y materiales claretianos. Se pide, en concreto, el intercambio de documentos claretianos, materiales formativos y fuentes de renovación personal y comunitaria, a través de todos los medios posibles de comunicación, en especial a través de Internet(cf. EMP 34.9).

Sobre AInternet@, el Capítulo ha dado algunas orientaciones para su uso en la formación y en la misión (cf EMP 50.5). Me gusta recordar e insistir en las grandes perspectivas que se abren para la formación continua; aparece como un medio fundamental. La F.C. puede quedar sumamente enriquecida con el uso adecuado del Internet: completa con creces nuestras bibliotecas, nos da medios actualizados y nos tiene “al día” o mejor “al segundo”, en infinidad de materias de todo tipo. Para la “tercera edad” es un medio indispensable; hay que prepararse para cuando llegue con tiempo, “con vista larga y paso firme”.

  A P É N D I C E

 Documentos posconciliares

  1. CONGREGACIÓN PARA LA EDUCACIÓN CATÓLICA, Ratio Fundamentalis Institutionis Sacerdotalis (normas fundamentales para la formación de los futuros sacerdotes) (6 de enero, 1970).

2. SECRETARIADO PARA LA UNIÓN DE LOS CRISTIANOS, Directorio Spiritus Domini sobre el ecumenismo en la enseñanza superior (16, abril, 1970).

3. CONGREGACIÓN PARA LA EVANGELIZACIÓN DE LOS PUEBLOS, Carta circular sobre La dimensión misionera de la formación sacerdotal (Pentecostés, 1970).

4. CONGREGACIÓN PARA LA EVANGELIZACIÓN DE LOS PUEBLOS, Documento sobre La vocación y la formación de los misioneros (4, noviembre, 1970).

5. SECRETARIADO PARA LOS NO CREYENTES, Nota sobre el estudio del ateísmo, (10, julio, 1970).

6. PONTIFICIA COMISIÓN PARA LA COMUNICACIÓN SOCIAL, Instrucción pastoral Communio et progressio sobre los medios de comunicación social en la formación (23, mayo, 1971).

7. CONGREGACIÓN PARA LA EDUCACIÓN CATÓLICA, Carta Circular sobre La enseñanza de la filosofía en los seminarios (20, enero, 1972).

8. PABLO VI, Exhortación Apostólica Evangelii nuntiandi sobre la evangelización en el mundo contemporáneo (8, diciembre, 1975).

9. CONGREGACIÓN PARA LA EDUCACIÓN CATÓLICA, La formación teológica de los futuros sacerdotes (22, febrero, 1976).

10. SCRIS Y CONGREGACIÓN PARA LA EVANGELIZACIÓN DE LOS PUEBLOS, Carta a los religiosos y religiosas de África (3, junio, 1978).

11. CONGREGACIÓN PARA LA EDUCACIÓN CATÓLICA, Instrucción sobre La formación litúrgica en los seminarios (3, junio, 1979).

12. SCRIS, Documento Religiosos y promoción humana (12, agosto, 1980).

13. JUAN PABLO II, Al Capítulo General del Instituto Pontificio de Misiones Extranjeras sobre La Formación misionera (14, noviembre, 1983).

14. CONGREGACIÓN PARA LA EDUCACIÓN CATÓLICA, Ratio fundamentalis institutionis sacerdotalis (19, marzo, 1985).

15. JUAN PABLO II, Mensaje a la plenaria de la Congregación para los Religiosos e Institutos Seculares sobre La formación de los hermanos (24, enero, 1986).

16. CONGREGACIÓN PARA LA EDUCACIÓN CATÓLICA, Carta sobre la Pastoral de la movilidad humana en la formación de los futuros sacerdotes (25 de enero, 1986).

17. CONGREGACIÓN PARA LA EDUCACIÓN CATÓLICA, Orientaciones para la formación de los futuros sacerdotes sobre los medios de comunicación social (19, marzo, 1986).

18. CONGREGACIÓN PARA LA EVANGELIZACIÓN DE LOS PUEBLOS, Carta Circular Algunas directrices sobre la formación en los seminarios mayores (25, abril, 1987).

19. CONGREGACIÓN PARA LA EDUCACIÓN CATÓLICA, Carta Circular Orientaciones para el estudio y la enseñanza de la doctrina social de la Iglesia en la formación de los sacerdotes (10, diciembre, 1988).

 

20. JUAN PABLO II, Mensaje al Consejo Superior de las Obras Pontificias Misioneras sobre la formación misionera (4, mayo, 1990).

21. JUAN PABLO II, Exhortación Apostólica postsinodal Pastores dabo vobis sobre la formación de los sacerdotes en la situación actual (25, marzo, 1992).

22. PONTIFICIO CONSEJO PARA LA PROMOCIÓN DE LA UNIDAD DE LOS CRISTIANOS, Directorio para la aplicación de los principios y normas sobre el ecumenismo (25, marzo, 1993).

23. CONGREGACIÓN PARA EL CULTO DIVINO Y LA DISCIPLINA DE LOS SACRAMENTOS, La liturgia romana y la inculturación (25, enero, 1994).

24. PONTIFICIO CONSEJO PARA LA PROMOCIÓN DE LAS UNIDAD DE LOS CRISTIANOS, La dimensión ecuménica en la formación de quienes trabajan en el ministerio pastoral (9, marzo,1997).

Muy útiles pueden ser los subsidios publicados por la Prefectura General de Apostolado: La evangelización como diálogo (Encuentro en Libreville, enero, 1995); Evangelizar en una situación de increencia (Encuentro en Viena, agosto, 1995); Proclamation and dialogue with religions (Encuentro en Karumathur, octubre, 1995); Servidores de la Palabra entre los excluídos (Encuentro en Lecco, diciembre, 1996); Servicio misionero de la Palabra y diálogos con las religiones (Encuentro en Sri Lanka, febrero, 1997).

Notas

[1] No hay que estar a Acualquier viento de doctrina@ para cambiar los métodos formativos que a veces se descubren como simples Anubes de verano@.

[2]AEn nuestros 51 hermanos beatos mártires de Barbastro contemplamos, de manera particular, el paradigma de lo que estamos llamados a ser: hijos del Corazón de María, desde el Magnificat hasta el Calvario. Este *seminario mártir+ se convierte también para nosotros en modelo de comunidad formativa por su fe inquebrantable y alegre, por su disponibilidad plena a la voluntad de Dios, por su oración constante y confiada, por su vivencia de la filiación cordimariana y de la eucaristía, por su ayuda fraterna, por su amor a la Congregación y por su celo apostólico@ (PGF 137).

[3] AEntendemos por formadores aquellos sobre quienes recae una responsabili­dad inmediata sobre la formación integral de los candidatos@(Dir. 161, PGF 107)

[4] En el PGF, al señalar las cualidades y funciones de los formadores y del equipo formativo, se habla ampliamente de estas exigencias (nn. 108-109, 307, 415-418).

[5] CLARET, Reglamento interior para los estudiantes del Escorial: “Epistolario Claretiano” (EC), 1 enero 1867, 1101-1102.

[6]“El mismo Jesucristo recibió el Espíritu Santo, el espíritu sacerdotal, el espíritu de que ha de vivir y obrar todo sacerdote. He aquí las palabras de las santas Escrituras: Spiritus Domini super me… propter quod unxit me. Por lo que me ha ungido como doctor, profeta, salvador y legislador… No me detendré en referir uno por uno los prodigios que obraron los apóstoles, que tan pronto como quedaron llenos del espíritu del Señor empezaron a hablar. Solo diré alguna cosa del Apóstol San Pablo, lleno de este espíritu eclesiástico… Tan pronto como fue llamado de Jesucristo en el camino y después animado del espíritu que recibió en Damasco, ya no se para en carne y sangre, sino lleno del fuego de la caridad, corre por todas partes como vaso de elección, llevando el nombre de Jesús, no buscando más que la mayor gloria de Dios y la salvación de las almas… Este mismo espíritu es el que animaba a los Domingos de Guzmán, a los Vicentes, a los Javieres y a tantos otros sacerdotes.” (CLARET, El espíritu sacerdotal: “San Antonio M Claret. Escritos Espirituales” (EE). Ed. preparada por J. BERMEJO, Madrid 1985, 284-286).

[7] “… si tienen espíritu eclesiástico, que no es otra cosa que una participación del espíritu de Dios, que lleva al hombre a hacer de buena gana, con decoro, modestia y aptitud, las funciones eclesiásticas” (CLARET, Reglamento interior…, 1101-1102).

[8]El decreto conciliar APresbiterorum Ordinis@, al hablar de la atención que los presbíteros deben prestar a las vocaciones sacerdotales, dice textualmente lo siguiente:

“Los padres y maestros y todos aquellos a quienes de cualquier modo incumbe la educación de niños y jóvenes instrúyanlos de forma que, conociendo la solicitud del Señor por su grey y considerando las necesidades de la Iglesia, estén prontos a responder generosamente a llamamiento del Señor, diciendo con el profeta: Aquí estoy yo, envíame (Is 6, 8). Sin embargo esta la voz del Señor que llama no ha de confiarse en modo alguno que llegue de forma extraordinaria a los oídos del futuro presbítero. Más bien ha de ser entendida y distinguida por los signos que cotidianamente dan a conocer a los cristianos prudentes la voluntad de Dios; signos que los presbíteros han de considerar con atención” (n. 11).

A este respecto, el Papa Palo VI dice:

ALa voce di Dio che chiama si esprime in due modi diversi, meravigliosi e convergenti: uno, interiore, quello della grazia, quello dello Spirito Santo, quello ineffabile del fascino interiore che lae potente del Signore esercita nelle insondabili profonditá dell=anima umana; e uno esteriore, umano, sensibile, sociale, giuridico, concreto, quello del ministro qualificato della Parola di Dio, quello dell=Apostolo, quello della Gerarchia, strumento indispensabile, instituito e voluto da Cristo, come veicolo incaricato di tradurre in linguaggio sperimentale del Verbo e del precetto divino. Come insegna con San Paolo la dottrina cattolica: Quomodo audiente sine praedicante… Fides ex auditu (Rom 10, 14, 17)@ (Aloc., 5-5-1965; Osservatore Romano, 6-5-1965, p.1).

[9] Sobre la experiencia vocacional de Claret y los Asignos vocacionales@ de su llamada, se puede ver, PALACIOS, Jesús M, cmf, Los signos vocacionales en San Antonio María Claret: Claretianum 11 (1971) 97-137.

[10] El CPR nos recuerda que Ano podemos secundar las opciones y sujetos preferenciales de nuestra misión si cada uno de nosotros no interioriza, en términos de conversión personal, la experiencia única de la gracia vocacional, acogida y cuidada en una vida espiritual seria y en una vida de comunidad siempre disponible para dar respuesta a lo más urgente, oportuno y eficaz. El proceso de renovación supone, como propia fuente, la novedad del espíritu de Cristo@ (n 46).

            [11] Para este apartado, me remito al Proyecto de Iniciación en el Ministerio de la Palabra (IMP), publicado por la Prefectura General de Formación (Roma, 1997),

[12]Cuando el Capítulo nos ha recordado aspectos de nuestra vida que ya sabíamos, diríamos Apocos originales o creativos@, nos ha querido recordar esta dimensión profética. Es decir, nos invita a vivir Ade modo extraordinario lo ordinario@ que ya sabemos y se ha dicho en otras ocasiones.

     [13] Unos días antes de morir, a través del P. Clotet, envió el siguiente mensaje a los misioneros de Chile: “Dígales que no pueden ni deben emprender trabajos superiores a sus fuerzas, ni trabajar más horas de las que las fuerzas puedan sostener sea cual fuere la necesidad. Ítem: Jamás dejen el Oficio Divino, ni la meditación que está prescrita, sea cual sea la costumbre, la autorización o la necesidad: esas dos cosas son el alimento del alma, del que jamás se debe ni (se) puede prescindir en nuestra Congregación. Cuando fui a Canarias y más tarde a Cuba hallé tanta y quizás más necesidad espiritual que en Chile y, sin embargo, nunca dejé las referidas cosas” (M. ALDUAN, Vida del P. Vallier, 1919, p. 115).

[14]APor medio de ellos (los desafíos) el Espíritu nos habla e interpela, llamándo­nos de nuevo a la conversión personal, comunitaria e institucional y a una mayor fidelidad a nuestra vocación misionera (SP, Introducción; cf PGF 42).

[15] Como ejemplos el Capítulo recuerda: Las misiones y posiciones apostólicas aceptadas en situaciones muy difíciles; la infinidad de claretianos que han llevado un estilo de vida apostólico marcado por la sencillez, la itinerancia y el servicio desinteresado a la Iglesia; los muchos y variados modos de anunciar la Palabra (gesto, sermón, clase, pentagrama, cuadro, escultura, libro, poema, liturgia, grito, silencio…); los abundantes testimonios de claretianos que dieron su vida por Jesús, por la Iglesia y la Congregación, como el ejemplo profético a nuestros Mártires de Barbastro; las reflexiones de los Superiores y Capítulos Generales, etc…, todo ello son signos de esa fidelidad a la propuesta evangélica, misionera y profética del Claret.

[16]Entre los posibles motivos de esta situación, el Capítulo señala los siguientes: a) el ambiente social dominante, caracterizado por fuertes cambios en el sistema de valores; b) la valoración de otras formas de vida cristiana y de compromiso; c) las dificultades a la hora de asumir compromisos para toda la vida; d) un insuficiente testimonio misionero; e) el reparo en plantear el tema vocacional y el descargar en otros la obligación de hacerlo (cf. EMP, 37).

[17] La Memoria de Gobierno del último Capítulo, al hablar de la Pastoral Vocacional en la Congregación, afirma: AEn general, existe una gran preocupación e interés por el tema de la promoción de las vocaciones, la cual es considerada como la primera y principal prioridad de todos los Organismos. Se percibe que durante el sexenio se ha trabajado mucho (en capítulos, asambleas, encuentros,…) para que esta preocupación llegase a todas las comunidades pues todavía existen comunidades poco sensibilizadas al respecto@ (1.2.1, 11). AEn general, se ha trabajado bien en la promoción vocacional. Se han hecho importantes inversiones en personal, estructuras y economía, aunque en algunos casos este esfuerzo no se haya reflejado en el aumento de vocaciones; a veces, los resultados son muy escasos, y cunde el consiguiente desaliento@ (1.2.2. 11).

[18] Como desafío, se dice en la Memoria de Gobierno del Capítulo: AMirando al futuro, y con en el ánimo lleno de esperanza y confianza en el Señor, hay que comprometer de hecho a todo el Organismo promoviendo una “movilización general” de todas las personas y comunidades. Hay que procurar que la PV sea “la prioridad de las prioridades” de un modo real, no sólo teórico (en documentos, capítulos, asambleas, encuentros). Por lo tanto, hay que: rogar con insistencia y confianza; vivir con alegría la propia vocación y ser trasparentes testimonios de la experiencia de Dios; dar testimonio de nuestra vida misionera; dedicar más personal, y que esté liberado, y aplicar con más exigencia los planes y proyectos vocacionales que tiene elaborado el Organismo@ (1.2.2, 71).

[19]AEs, necesario, por tanto, promover una cultura vocacional que sepa reconocer y acoger aquella aspiración profunda del hombre, que lo lleve a descubrir que solamente Cristo puede decirle toda la verdad sobre su vida […] Todo cristiano dará verdaderamente prueba de colaborar en la promoción de una cultura en favor de las vocaciones, si sabe comprometer la propia mente y el propio corazón en el discernimiento de lo que es bueno para el hombrea el hombre (Juan Pablo II, Mensaje del Papa con motivo de la XXX Jornada Mundial de Oración por las Vocaciones del 2 de mayo de 1993. n. 2; cf. También n. 3 y el PGF 280).

[20] La Memoria de Gobierno del último Capítulo decía que respecto al material vocacional tanto los Organismos como las áreas vocacionales han producido el suyo propio. En concreto: calendarios, pegatinas, posters y cuadros-murales; hojas volantes, trípticos, folletos y revistas; cancioneros y libros de oraciones; filminas, casetes y videos; y se está iniciando el Internet. Aunque los Organismos han hecho un esfuerzo considerable. Sin embargo, faltaría elaborar una presentación de la figura de Claret adecuada a los jóvenes, una síntesis pedagógica del carisma congregacional, fácilmente inteligible, y entrar de lleno por las vías del Internet (cf. 1.2.1, 21; 1.2.2, 51).

[21] Según la Memoria de Gobierno del pasado Capítulo, en el sexenio anterior:@ -Se ha seguido mandando subsidios vocacionales y formativos en varias lenguas, comunicando experiencias y reflexiones formativas eclesiales, congregacionales y de otros institutos. -Se han enviado un total 16 subsidios de información sobre la Lectio Divina y otros métodos de lectura de la Palabra de Dios. -Y se ha continuado con la publicación, en español e inglés, de los Cuadernos de Formación Claretiana. En concreto, han salido los números: 10 (A, B), 11, 12 y 13 (A, B)@ (2.4.3, 31).

En estos momentos se está preparando para la pastoral juvenil-vocacional un pequeño libro (Claret, pobre y a pie. P. Pere Codinach) que presenta de una manera clara y sencilla la figura de Claret y el espíritu de la Congregación.

[22] En la Memoria de Gobierno del último Capítulo, hablando de la formación inicial, se constata: AEl proyecto personal, que abarca todas las dimensiones de la persona, es con frecuencia el marco de referencia de los diálogos personales en el acompañamiento personal)… Sólo lo suelen realizar una gran parte de los formandos y algunos miembros de los Organismos@ (1.6.1, 41; 1.7.1, 11).

[23] Una de las tareas que se ha propuesto la Prefectura General de Formación en el presente sexenio es la aplicación del EMP a la formación (cf. Plan de Acción del Gobierno General, 1997-2003, IV, C, 2, 3) e Aimpulsar una adecuada educación teórico-práctica para la inculturación, el diálogo interreligioso, el compromiso con la justicia y paz, y la sensibilidad por la solidaridad, la defensa de la vida y los derechos humanos, según la doctrina social de la Iglesia@ (Ib. IV, C, 1, 4). Además, la Prefectura ha encargado al P. José M Ruiz Márquez (Filipinas) la preparación de un libro sobre el diálogo interreligioso para los centros de formación.

En los meses pasados han trabajado en esta línea los formadores de Iberia (Almuñécar-Granada) y de Acla (Owerri-Nigeria).

[24] En el Apéndice 11 del PGF aparece una amplia bibliografía de documentos pontificios formativos sobre los temas que nos ocupan, debidamente completada con las últimas publicaciones, se puede consultar en el Apéndice a este trabajo.

[25] “l. Las motivaciones del P. Fundador para estudiar lenguas fueron vocacionales y funcionales, no simplemente estéticas o literarias. Estudió latín para poder realizar su vocación de sacerdote y cumplir adecuadamente las funciones sacerdotales. El estudio del francés, en Barcelona, lo hizo para prepararse mejor para la fabricación; posteriormente, para su formación personal y para el ministerio apostólico.

2. El interés de Claret por las lenguas hay que entenderlo dentro de las claves de su vida misionera: la gloria de Dios, la propia santificación y la salvación de las almas; así lo hizo constar en su propósito de hablar italiano en Roma. Para él, el conocimiento de las lenguas entraba en la perspectiva universal que tenía de la misión a la que había sido llamado. Los idiomas produjeron en él un efecto multiplicador en orden a su preparación ministerial y a su acción apostólica. Sabiendo lenguas podía tener acceso a otras culturas y ámbitos pastorales; y podía llegar también a más gentes para trasmitirles el evangelio” (PALACIOS, Jesús M, El estudio personal de las lenguas en San Antonio María Claret, en Studia Claretiana, IX, Roma 1991, pp. 106-107).

[26]Sobre las orientaciones que dió Claret a los seminaristas, sacerdotes y misionero, cf PALACIOS, Jesús M, El estudio de las lenguas al servicio de la misión según San Antoio Maria Claret, en Studia Claretiana, XV, Roma 1997, pp 31-81. Las motivaciones apostólicas son las siguientes:

“Tres son los objetos que se proponen en el estudio de tantas lenguas extranjeras:

1. El estar al corriente e instruirse en todos los conoci­mientos y adelantos que se van manifestando en las naciones extranjeras.

2. Tener conocimiento de todos los errores que salen en España y en el extranjero, para combatirlos.

3. Hacerse idóneos para poder oír en el santo Sacramento de Penitencia a tantos extranjeros que pasan por España, y mu­chos como cristianos católicos piden este sacramento, ya en los templos, ya si se hallan enfermos en los hospitales ó casas particulares” (CLARET, Apuntes que para su uso personal y para el régimen de la diócesis escribió y tenía siempre a la vista el Arzobispo de Santiago de Cuba (hoy de Trajanópolis) D. Antonio María Claret y Clará, 2 edición, Madrid 1865, 264 pp.; cita en pp. 255-256 (citaremos siempre la 2 edición); Monasterio del Escorial. Plan de Estudios del Escorial: en Miscelánea interesante, Barcelona 1865, 338 pp., cita en pp. 174-175).

“Estas son las tres miras que tienen los Seminaristas del Escorial, y como tienen tan noble y caritativo fin, Dios les ayuda de un modo muy particular. Además tienen tiempo para todo estando continuamente en casa, y de esta manera están gustosa y útilmente ocupados” (PALACIOS, Jesús M, El estudio de las lenguas…, pp. 53-54).

[27] Como parámetros señala la siguiente gama de indicaciones:

A* A veces, da la impresión de que todo el esfuerzo realizado ha sido inútil. Las personas cambian poco.

* No acaba de ser una prioridad que merezca una atención primordial.

* Quedan todavía resistencias para involucrarse en el proceso de formación continua. Existen personas que no están convencidas de su necesidad.

* El personal está muy ocupado y no tiene tiempo para la autoformación@ (cf. Memoria de Gobierno del Capítulo, 1.7.2, 11).

[28] En años anteriores algunos miembros de los Organismos Mayores realizaron años sabático o tiempos de reciclaje en zona de misión con gran aprovechamiento. El Gobierno General en los últimos años ha procurando tener en cuenta, en la medida de los posible, este dimensión experiencial en las actividades de formación permanente que ha organizado. Así las experiencias en los lugares claretianos de Barbastro y Vic, en los encuentros y Cursos de Renovación; y las experiencias misioneras de la Prefectura General de Apostolado. El PGF habla también de las Aexperiencias misioneras@ y da algunos criterios para su realización (504).

[29] En la Memoria de Gobierno del Capítulo se constata: ALas comunidades, en su mayoría, programan su formación permanente en el proyecto comunitario… No obstante, varios Organismos indican que todavía es bastante deficiente, fragmentada, poco constante, con instrumentos pobres como las bibliotecas, etc…@ (1.7.1, 21).

[30] Dice la Memoria de Gobierno del último Capítulo: AEl Proyecto Personal de Formación, en general, ha sido animado en los Organismos e incluido en los documentos de los Capítulos y Asambleas. No obstante, su incidencia práctica ha sido mínima. Sólo lo suelen realizar una gran parte de los formandos y algunos miembros de los Organismos. A pesar de todo, algunos pocos Organismos señalan que de hecho hay personas interesadas en su formación personal, aunque no hayan elaborado ningún plan personal de formación. Las causas de la poca incidencia práctica son: poca convicción de su necesidad e importancia, poco interés en formarse, poco conocimiento del mismo y la euforia “desvanecida” (1.7.1, 11). AEl Proyecto Personal de formación está todavía en ciernes y falta mucho por hacer. Hay que seguir animándolo sin desfallecer@ (1.7.2, 21).

[31]AAdemás del propio país, las especializaciones se han llevado a cabo en otros países extranjeros (Italia, España, Alemania, Bélgica, Colombia, USA, Filipinas, Brasil). En algunos casos, el bienio de licencia, al concluir los estudios iniciales, se termina con una especialización. También, junto a los cursos universitarios en cuanto tal, se han fomentado los años sabáticos, cursos breves en centros no claretianos, cursos interprovinciales y generales (Roma)@ (Memoria de Gobierno, 1.7.1, 41).

[32] Cf Plan de Acción del Gobierno General (1997-2003), Formación, D, 2 líneas de acción, 2.

[33]Cf. Memoria de Gobierno, 1.7.2, 51.

[34] La Memoria de Gobierno constata que: ALos Organismos, en general, han tomado en serio la atención especial de los jóvenes sacerdotes y hermanos del “quinquenio”. Un primer criterio general ha sido, en algunos casos, cuidar: – los primeros destinos; – las primeras responsabilidades pastorales; – el acompañamiento personal; -y los diálogos por parte de los superiores (provincial y prefecto provincial de formación). Luego, se han organizado actividades especiales (retiros, encuentros periódicos…) a nivel provincial o interprovincial (CICLA-Cono Sur, IBERIA, ASCLA)@ (1.7.1, 51).