2 – La Formación de los Novicios Misioneros

Cuadernos de Formación Claretiana -2

Prefectura General de Formación – Roma.

LA FORMACIÓN DE LOS NOVICIOS MISIONEROS

según el Padre Fundador Antonio María Claret

José María Viñas, CMF.

I – El Reglamento para la Formación de los Mi­sioneros

El día 20 de diciembre de 1862 el Padre Fundador escribía al Padre José Xifré, Director General:

Muy Sr. mío y de mi mayor aprecio: Sirve la presente para decir a V. que considerando cuanto conviene formar bien en la ciencia y en la virtud a los jóvenes que Dios llama a la Congregación, he pensado escribir este Reglamento que tengo el gusto de acompañar con la presente, a fin de que se ponga en práctica en todas sus partes: por ser esta la voluntad de Dios y de María Santísima nuestra querida Madre.

Consérvese bueno y mande de su Afmo. servidor y Capellán q.s.m.b.

Antonio María, Arzobispo de Trajanópolis.

1.- ¿Qué contenía este Reglamento?

– Contenía las Constituciones relativas a la formación de los novicios y de los estudiantes misioneros. Así lo testifica el Padre Clotet: «20 Diciembre 1862. Nuestro V. Padre Fundador manda al S. General de la Congregación un reglamento para los aspirantes, probandos y estu­diantes de la misma»(i).

2. – Habiéndose fundado la Congregación en 1849, ¿por qué hasta 1862 no se publicaron las Constituciones para los novicios y los estudiantes misioneros?

– En un principio la Congregación sólo admitía sacerdotes para el ministerio apostólico o seglares para “Hermanos ayudantes”. El Pa­dre Fundador, vuelto de Cuba en 1857, y viendo la necesidad urgente de evangelizadores que tenía la Iglesia en España, comenzó a recomendar al Padre Xifré que admitiera también seminaristas ya adelantados en la carrera (2). En 1862 del 7 al 14 de julio tuvo lugar el primer Capítulo General del lnstituto (3). Este Capítulo fue decisivo en la vida de la Congregación. Uno de los primeros actos fue la determinación de introducir los Estudiantes, entre los Sacerdotes y los Hermanos, como miembros del Instituto. El Capítulo mandaba además que todos los candidatos – Sacerdotes, Estudiantes o Hermanos – pasasen quince días como Aspirantes, terminados los cuales, serían admitidos al año de prueba, «con las formalidades que el Superior juzgue convenientes: lo que se repetirá al cabo del año, mutatis mutandis. para su definitiva admisión».

Acabado el Capítulo, el Santo Fundador volvía a Madrid acom­pañado por los dos Capitulares de Segovia, los PP. Serrat y Fábregas. El 17 de julio llegaba a la Corte y salía el 21 para la Granja, acompañando a los reyes. La tranquilidad de la Granja le daba más tiempo para la oración y el estudio. El 28 de julio iba desde allí a visitar a sus Misioneros de Segovia y en esta ocasión entregaba al P. Serrat las Reglas para los Estudiantes, para que las copiara y las mandara al P. Xifré. De estas Reglas hemos hablado en Cuadernos de Formación Claretiana, 1, p.10.

No es de extrañar que el Padre Fundador las redactara en tan poco tiempo porque acababa de publicar el Colegial o Seminarista Instruido. Es casi seguro que en esta ocasión no envió los capítulos referentes a los Aspirantes y a los Novicios. En cambio el Padre Clotet asegura que los envió al P. Xifré unos meses más tarde el 20 de diciembre de 1862(4).

El Padre Larraona escribe: «El Venerable Padre (…) compuso en los últimos meses de este año de 1862, como apéndice a las Constituciones, lo que tituló Reglamento (5), y que abarca seis capítulos comprendidos desde el 21°, De probandorum Magistro al 26°, De Scholasticorum Prefecto, de la primera parte de las actuales Constituciones [1870].

Estos seis capítulos nacieron, mediando tal vez la especial asis­tencia de la Santísima Virgen(6), perfectos: tan ligeras son las modi­ficaciones que para armonizarlos con las otras partes de las Cons­tituciones introdujo el mismo Venerable en 1864 al hacer la refundición definitiva. En Roma no sufrieron ningún género de correcciones, como vemos en el Original del Archivo de la Sagrada Congregación»(7).

II – Los Aspirantes

¿Quiénes son los Aspirantes?

– El Reglamento prevé un breve período de quince días desde la entrada en la Congregación hasta comenzar el noviciado. Son unos días de orientación ante el nuevo panorama de vida. Sus ocupaciones son leer y enterarse de las Constituciones y prácticas del Instituto; hacer Ejercicios espirituales para formar su espíritu; ponerse en paz con una confesión general desde el uso de razón, y redactar y escribir los propó­sitos conforme a la perfección que el nuevo estado requiere.

El Maestro o el Ayudante les iniciará en la nueva vida y «si durante estos días dan esperanzas de ser aptos para la Congregación, luego definidos, comenzarán el año de prueba».

III – El Código formativo de los novicios

El Santo Fundador puso por título al conjunto de reglas para la formación: Reglamento para los Aspirantes, Probandos, y Estudiantes de nuestra Congregación y sus respectivos Maestros.

El reglamento se compone de seis capítulos, los dos últimos se refieren a los formandos profesos y los cuatro primeros a los aspirantes y novicios: Capítulo I: Del Maestro de Probandos. Capítulo II: Del Ayudante. Capítulo III: De los Aspirantes. Capítulo IV: De los Probandos.

1 • Para la redacción, ¿le sirvió al Padre Fundador la expe­riencia del noviciado romano?

– El Padre Fundador tenía una experiencia personal del novi­ciado por haber permanecido durante cuatro meses como novicio en el de la Compañía de Jesús de Roma. En la Autobiografía pone de relieve lo que aprendió para hacer bien a los prójimos: «Allí aprendí el modo de dar Ejercicios de San Ignacio, el método de predicar, catequizar y confesar con grande utilidad y provecho». Pero añade: «Allí aprendí otras cosas que con el tiempo me han servido mucho» (Autob. 152).

Estas cosas fueron ciertamente criterios de gobierno y organización -como reconoce en ocasiones el mismo Santo – y quizá también otras con relación a la formación y a la espiritualidad: «Como acababa de hacer ejercicios, me hallaba muy fervoroso. Así es que todo mi afán era aspirar a la perfección, y como en el Noviciado veía tantas cosas buenas, todo me llamaba la atención; todo me gustaba mucho y se me gravaba en el corazón; de todos tenía que aprender, y de verdad aprendía ayudado de la gracia del Señor».

Una de las cosas que se le quedó más grabada al Padre Funda­dor fue la abnegación en la obediencia de la que nos habla en los nn. 149-151 de la Autobiografía y que recordaba más tarde escribiendo al Padre Lobo, su antiguo provisor en Cuba y luego novicio en la Compañía: «Ya hace algún tiempo que el Señor me cría a lo jesuita, esto es quitándome lo que más quiero y negándome lo que más deseo»(8). Quizá la frase sobre el rendimiento ciego del juicio y de la voluntad en la obediencia se deba a esta experiencia (cf. n. 19).

Se pueden identificar algunas normas que tendrían el mismo origen, por ejemplo la de cambiar de compañero en la recreación (n.6). El Santo, predicando Ejercicios a las Carmelitas de Santa Teresa, les re­cordaba esta práctica: «nos dijo que allí en los jesuitas iban con tanto cuidado en esto, que hay uno que cuida de ponerlos bien en las horas de recreación, y siempre procuraba no estuviesen dos veces unos mismos juntos; sino que a la hora de recreación del medio día había cuatro juntos y a la hora de la noche ya los desunía, y ponía uno en una parte y otro en otra. Tanto era el cuidado que tenía en procurar que no haya allí amistades particulares»(9).

2 – ¿Cuál es el principio fundamental que orienta la for­mación de los novicios misioneros?

Se trata de transformar a los candidatos sacerdotes, semina­ristas, o seglares en Misioneros . Hasta este momento sólo se habían admitido los que entraban como sacerdotes diocesanos para ser Misio­neros, o como seglares para ser Hermanos ayudantes. Pero los Misio­neros que el Padre Fundador había visto que hacían falta en la Iglesia tenían que ser «evangélicos y apostólicos». El misionero continua la misión de Jesús, y Jesús vive el Evangelio que anuncia. No se puede predicar adecuadamente el Evangelio de Jesús sin vivirlo. Por lo mismo:

« Es indispensable que el llamado de Dios a un ministerio tan su­blime e importante como es el apostólico, esté adornado de las virtudes convenientes al efecto» (n.1). «Nada importa tanto a los Misioneros, nada es tan esencial, como el adorno de todas la virtudes: sin ellas es inútil su talento, estéril su voz y vano todo su trabajo» (n.15). Este principio es para el Fundador una convicción de experiencia personal como consta en la Autobiografía: «Yo digo que el misionero apostólico debe ser un dechado de todas las virtudes. Ha de ser la misma virtud personificada. A imitación de Jesucristo, ha de empezar por hacer y practicar, y después enseñar. Coepit faceré et docere (Hech.1,1). Con las obras ha de poder decir lo del Apóstol: Imitadme a mí, así como yo imito a Cristo (1 Cor 11,1)» (Autob. 340). En las mismas Constituciones de 1857, de las cuales el Reglamento era un apéndice, se decía que el buen misionero debe llevar la vida enteramente apostólica ( cf.n.72).

3 • ¿Cuál es el objetivo del noviciado según el Padre Fun­dador?

La Congregación en 1862 no tiene todavía la plena estructura de Orden o Congregación religiosa. Por esto en las primeras Constitu­ciones se habla más de lo misionero, de lo evangélico y apostólico que de lo religioso. No se dice, por ejemplo, que el objetivo del noviciado es preparar para la profesión. El objetivo del noviciado es poner los fundamentos de las virtudes apostólicas (n.15). Las así llamadas ‘Vir­tudes Apostólicas” incluyen ciertamente el núcleo evangélico de la pobreza, castidad y obediencia, pero además otras actitudes o dispo­siciones exigidas por el carisma misionero. Los fundamentos de todo este edificio son aquellas actitudes que necesita el discípulo para acoger la llamada y para llegar a ser apóstol: la fe, la confianza, la humildad, la oración, la obediencia que podríamos llamar formativa, la docilidad, la maleabilidad y la colaboración activa.

El objetivo del noviciado es, además, comprobar si están de­cididos y resueltos a permanecer en la Congregación y si tienen las cua­lidades convenientes para un buen Misionero (n.24). Si están resueltos a permanecer, el noviciado prepara también al compromiso con Dios y con el Instituto por medio de una Consagración que tiene el mismo contenido de los votos. La razón de hacer los votos es «no privarse del doble mérito», no es que tengan un campo más amplio o exigente.

4 • Las virtudes apostólicas fundamentales

Las Constituciones colocan delante del novicio las virtudes apostólicas de las que tiene que poner el fundamento y que son a la vez el fundamento de las demás. Responden al dinamismo de las actitudes y disposiciones necesarias del que recibe la vocación de seguir a Cristo en comunión de vida, anunciando el Evangelio.

a) ¿Qué clase de fe necesita el misionero ?

Lo primero es creer en El que llama, en su plan de salvación. La fe del novicio misionero ha de ser a la manera de la de los profetas, de los Apóstoles, de los mártires, de los Misioneros apostólicos que le precedieron. Es una fe necesaria, fundamental, viva, activa, testimo­niante y victoriosa.

b) ¿Por qué el Padre Fundador habla más de la humildad que de la confianza?

La fe descubre la grandeza de la misión que “es ser llamado al estado más divino”, el estado de misionero (n.22). Ante tanta grandeza y responsabilidad pueden venirle al novicio – como a los antiguos profe­tas – las ganas de huir, el miedo y el sentir la tentación del decaimien­to; por esto “lo segundo tendrán una gran confianza en Dios, esperando que les dispensará todas la gracias, especialmente la aptitud que nece­sitan para el ejercicio del sagrado ministerio (n.17).

Me ha llamado la atención que el tema de la confianza no es muy común en el Padre Fundador. En los apuntes de los Ejercicios predica­dos a toda clase de gente, aparece que sólo un año habló de ella. El se sentía muy amado y prevenido por la gracia; podríamos decir que hay como un exceso de optimismo en todo lo que se refiere al ministerio apostólico. Ordinariamente tuvo más necesidad de la humildad – de la que llevó por tantos años examen particular – que de la confianza. De todas maneras ante la magnitud de la responsabilidad pastoral en la diócesis de Cuba escribía: «confío en Dios que me dará la gracia que necesito» y fundamentaba su confianza en la Providencia: -San Agustín y Sto. Tomás, sobre aquellas palabras de San Pablo: Idóneos nos fecit ministros novi testamenti, dicen que, cuando Dios escoge uno para un puesto y oficio, le comunica los talentos que para él se requieren. Yo sé que no me he buscado esta dignidad, antes la he rehusado. Me lo han mandado y me han dicho que era voluntad de Dios-(10).

El trato con tos jóvenes seminaristas y con las novicias de diferentes Institutos le descubrió las ocasiones que tienen los princi­piantes de dejarse llevar del desaliento y creyó que debía insistir en la confianza. A los seminaristas decía: «Has de ser generoso para con Dios, confiando que te dará los auxilios que has de menester, ya que puede hacer de la piedras hijos de Abrahán; por lo regular se vale de lo más débil, flaco y miserable para confundir la soberbia y orgullo de tos hombres»(11).

c) ¿En qué sentido la humildad es fundamental para el misionero ?

– En el Colegial Instruido el Padre Fundador habla del orgullo o vanidad que puede tener el joven principiante; aquí trata de la humildad que conviene al misionero en cuanto tal, a la manera de la Autobiografía: «Si vos no me hubieseis impuesto silencio, con las ganas que a veces sentía de hablar en los sermones. etc. habría perdido todo el fruto y habría merecido castigo, porque Vos habéis dicho, Señor: Mi gloria no la daré a otro (Is 42,8); y yo con el hablar la habría dado al demonio de la vanidad […] Vos sabéis si alguna vez el diablo ha pellizcado algo, no obstante los poderosísimos auxilios que me dabais. ¡Misericordia, Señor!»(12).

d) ¿La obediencia del noviciado, es ante todo disciplinar?

– Para San Antonio María Claret la obediencia es como una consecuencia de la humildad: «También pensará (el seminarista) en la necesidad que tiene de ser humilde y de sujetarse, a fin de aprender las ciencias y las virtudes; v.g.¿cómo un alfarero podría formar un vaso útil, si el barro no se dejase amoldar?»(13). En otros escritos pone a Jesucristo por modelo exterior de obediencia; aquí es Cristo, el Hijo-enviado-obediente, quien vive y perpetúa su obediencia en el corazón del novicio. En la Autobiografía habla de la obediencia en este último sentido como vivencia de la misión de Cristo. La obediencia es cons­titutiva del misionero: su ser es ser enviado(14).

e) ¿Dar gloria o dar gusto a Dios?

– Siendo el objeto de la Congregación buscar en todo la gloria de Dios, es normal que el novicio comience a vivir esta dimensión. «La rectitud de intención es el alma de las obras. Así pues, ya sea que prediquen, que estudien, que oren, que coman, que se recreen, pro­pónganse siempre la gloria de Dios» (n.20). El Padre Fundador nos dice en sus escritos cómo lo ordenaba todo a la gloria de Dios: -Procuraré la presencia de Dios y haré todo por Dios»(15). «Todo lo haré para mayor gloria de Dios»(16). En el Santo hay otra expresión, por así decir, menos filosófica y más personalizada, «dar gusto a Dios». Consideraba lo que le placía a él y lo que podía ser del agrado de Dios y «con mucho placer me abstenía de aquel gusto para dar gusto a Dios. Y esto me sucede y pasa aún ahora en todas las cosas: en la comida, bebida, descanso, en el hablar, mirar, oír, ir a alguna parte, etc.»(17).

f) ¿Por qué el Padre Fundador encarece tanto la oración del misionero probando?

Los “Misioneros Probandos” tienen que dedicarse a la oración como Misioneros y como Probandos. La oración es esencial al misione­ro a ejemplo del Señor: «De día predicaba y curaba enfermos, y de noche oraba. Et erat pernoctans in oratione Dei(Lc 6,12)” (18). «Has de ser muy amigo de la oración, a imitación de Jesús que pasó la noche orando a Dios (Le 6,12), y encargaba muy mucho la oración a los Apóstoles. Todos los misioneros de nombradía han sido hombres de oración.»(19). La oración es necesaria al probando, debe iniciarse a ella con todo empeño, y el Reglamento encarga al Superior General que la organice adecuadamente “para que así los probandos, salgan bien aprovecha­dos” (n.21).

g) La fidelidad a la vocación, ¿de dónde nace?

– «La vocación al estado de misionero, es un don particular de Dios, es ser llamado al estado más divino», al cual el Señor ha prometido la vida eterna (n.22). Pero requiere correspondencia y perseverancia en medio de tentaciones, de atención a la familia, o ilusiones de un bien mejor, o desaliento ante las dificultades. “Mira si hay honor semejante al que nos dispensa Jesucristo con admitirnos en su apostolado y en compartir con nosotros el título de Salvador del mundo. Debemos, pues, animamos muchísimo en seguir sus pisadas, en trabajar día y noche en nuestra misión, en derramar la sangre de nuestra venas, y en prodigar nuestra vida en la flor de sus años, como hizo Jesús, si tal fuere su santísima voluntad. Quiero decir, que por ninguna cosa has de arre­drarte, ni espantarte, sino siempre continuar adelante»(20).

Para evitar los peligros, el n.23 señala algunas cautelas toma­das en parle de la Compañía sobre la correspondencia, las salidas de casa, la confesión.

5 – ¿Por qué se habla de la consagración y no de la pro­fesión?

En 1862 la Congregación no estaba reconocida como instituto religioso por esto el compromiso de pertenencia no era la profesión religiosa con carácter público en la Iglesia. Pero el Capítulo, reciente­mente celebrado, quería una formalidad en el compromiso y cierta solemnidad religiosa y encargó al Padre Fundador que encontrara el modo. El Santo compuso una consagración « a Dios y al Inmaculado Corazón de María» que se publicó al final del Reglamento.

6 – ¿Cuales son las funciones del Maestro de Probandos?

– El primer capítulo del Reglamento esta dedicado al Maestro de los Probandos. El Padre Fundador tenía una idea clara de sus funcio­nes. No las confunde con las del confesor-director, ni con el “prefecto” de disciplina, ni con el Rector del Seminario. Basta leer lo que dice en el Colegial Instruido acerca de estas funciones y compararlas con las del Maestro(21). En el Seminario se forma también el corazón del seminarista pero para prepararle vivir después solo. El Seminario es solamente el lugar de la formación, su comunidad formativa es transitoria; en cambio la comunidad religiosa es una situación definitiva y es comunión de vida para siempre.

La función del Maestro de Probandos es ser guía que enseñe y regule la iniciación en la vida misionera que no es sólo la actividad del ministerio apostólico – aunque fuera en equipo – sino comunión de personas y de vida al estilo de los Doce con el Señor. La elección de la persona compete a la máxima responsabilidad: el Director General con el Subdirector. Las cualidades de que debe estar adornado el elegido son: madurez, amabilidad, discreción y los conocimientos que para su función se requieren. Debe ser; hombre de Dios «y devotísimo de la Virgen Santísima»; hombre del Superior,«fidelísimo, obrando siempre con su dependencia»; hombre de los novicios «para los cuales ha de ser Padre y Médico»; mirará por su salud y por su iniciación en la piedad, desprendimiento, mortificación. Le han de merecer mucha atención los principiantes «por las especiales tentaciones que padecen: escúchelos por tanto con paciencia, aunque sean pueriles o pesados; anímelos y confórtelos , dándoles consejos saludables y prudentes, especialmente cuando estén tristes”. Su función es también discernir si son verdadera­mente llamados a la vida misionera en la Congregación.

«Por último sea para todos luz, camino, padre, maestro y ejem­plar». Como «esta carga es pesada, podrá tener un auxiliar con el nom­bre de Ayudante”». De él se trata en el capítulo tercero y se le asignan ante todo funciones de suplencia .

IV – Aprecio que la Congregación ha tenido a este Reglamento

¿Por qué la Congregación ha dado tanta importancia a este Reglamento?

– Por el testimonio del mismo Padre Fundador. El Padre Fundador al enviar este Reglamento al Padre Xifré usa unas palabras muy encarecidas: “He pensado escribir este Reglamento que tengo el gusto de acompañar con la presente, a fin de que se ponga en práctica en todas sus partes: por ser esta la voluntad de Dios y de María Santísima nuestra querida Madre”. Supongo que este encarecimiento iba también como presentación del mismo al Obispo de Vic Dr. D. Juan Castañer y Ribas que tenía que dar su aprobación. El cual lo hizo con palabras laudatorias: «Hemos visto el Apéndice […] y encontrado su contenido muy ortodoxo, piadoso, y conducente al fin que se ha propuesto”, y no sólo lo aprueba sino que exhorta a los interesados al cumplimiento y hasta concede indulgencias».

Ya hemos visto antes el testimonio del Cardenal Larraona. Lo mismo repitió más tarde en sus apuntes de la Historia externa de las Constituciones: «Tal vez con especial asistencia del Señor y de la Virgen Sma. según él mismo parece afirmar»(22).

El P. Antonio Naval decía comentando las Constituciones: «El espíritu de nuestro Padre Fundador está en la parte ascética y más que en ningún otro lado lo veo en el capítulo XXIV de la primera parte “De probandis”» (23).

TEXTO PRIMITIVO DEL REGLAMENTO

No conservamos el original del Padre Fundador de este Regla­mento. Tampoco he podido encontrar el ejemplar impreso que cita el P. Larraona . En el Archivo General hay una copia a máquina de las Constituciones de 1857 con el Reglamento y al final se lee esta nota: «N.B. EL APÉNDICE A LAS CONSTITUCIONES ANTECEDEN­TES…(Pag.34 a 43 de esta Copia) está tomado de un opúsculo aparte, que el Superior de la Casa Misión de Lérida entregó al M.R.P. Postíus; en el ejemplar que tengo a la vista no hay pie de imprenta, ni fecha de impresión». El texto que sigue a continuación es copia fiel de esta copia. He respetado la ortografía. Las citas bíblicas no remiten a sus fuentes. Tampoco están escritas en bastardilla o subrayado.

CAPITULO I : DEL MAESTRO DE PROBANDOS

1.- Es indispensable que el llamado de Dios a un ministerio tan sublime e importante como lo es el apostólico, esté adornado de las virtudes convenientes al efecto; y como para dicho fin es comúnmente necesario que haya una guía que enseñe y regule, el Director general con el Subdirector elegirá para el desempeño de este importantísimo cargo al individuo de la Congregación que reúna las cualidades de madurez, amabilidad, discreción y conocimientos, que para esto se requieren.

2.- Obligaciones: A tres se reducen las muchas que tiene el Maestro de probandos. La primera hacia Dios y la Virgen Santísima, de quienes tiene que ser devotísimo a fin de alcanzar aquellas luces, que para cumplir bien sus deberes necesita.

3.- La segunda hacia el Superior a quien ha de ser fidelísimo, obrando siempre con su dependencia, y no autorizando nunca cosa alguna contraria a sus disposiciones ó a su voluntad expresa o presunta.

4.- La tercera hacia sus encargados, para los cuales ha de ser Padre, mirando mucho por su salud del alma y cuerpo: Maestro, en­señándoles las virtudes con las palabras y el ejemplo: Médico, in­dagando sus dolencias, y prescribiendo los remedios conformes a las enfermedades y temperamentos de cada uno.

5.- Para el cuerpo: Mirará si tienen lo necesario así en el vestido como en la comida; si alguno trabaja demasiado, si en el estudio está con mala posición física, si lo hace en horas prohibidas: si alguno se da a la ociosidad o se deja llevar de la pereza, en fin si sin permiso del Superior se hacen mortificaciones no autorizadas por las Constituciones. Procu­rará así mismo que nadie falte a los recreos, que para la salud se ordenaren.

6.- Para el alma: Les hará con espíritu las conferencias ascéticas dirigidas a su aprovechamiento, y se informará de si hacen todos y con puntualidad la meditación, la lectura espiritual, las visitas al Smo. y los exámenes. En las recreaciones estará siempre con ellos, les infundirá el desprendimiento de su patria, de sus padres y parientes, el espíritu de la mortificación y la abnegación de sí misinos: nunca permitirá que vayan solos a la portería; ni que tengan amistades particulares: y así para evitarlas, vigilará mucho, será muy exacto en el silencio, y no disimulará el que alguno entre en el cuarto de otro; disponiendo además que todos los días cambien de compañero en los recreos.

7.- Los que están en el año de prueba le han de merecer mucha atención por motivo de las especiales tentaciones que padecen: escúchelos por tanto con paciencia, aunque sean pueriles o pesados; anímelos y confórtelos, dándoles consejos saludables y prudentes. Cuando vea alguno triste o ensimismado, llámelo al instante, examine la causa, y aplíquele el remedio conveniente.

8.- Si observare a alguno sin vocación o de malas costumbres, sobre lo cual vigilará muchísimo, hágale las reflexiones oportunas, y manifiéstelo al Superior sin pérdida de tiempo. Así mismo le dará también conocimiento con frecuencia del talento, salud y demás cualidades de cada uno; para lo que tendrá de todos ellos formada una lista.

9.- Por último, sea para todos luz, camino, padre, maestro y ejemplar; seguro que con esto contraerá un grande mérito delante de Dios y de la Congregación; mas como esta carga es pesada, podrá tener un auxiliar con el nombre de Ayudante.

CAPITULO II: DEL AYUDANTE

10.- Este será elegido del mismo modo, y deberá tener el mimo espíritu y las mismas cualidades que el Maestro.

11.- Sus deberes consisten en sustituir a este, y hacer en su ausencia o defecto cuanto para él mismo se ha dicho; dándole después exacta cuenta de todo lo ocurrido y practicando, y teniendo presente, que, así como si se cumple, el mérito de uno de otro será grande así también sería grave la responsabilidad si se faltare.

CAPITULO III : DE LOS ASPIRANTES

12.- Llámanse con este nombre todos los aprobados para la Congregación durante los primeros quince días de su permanencia en ella.

13.- Sus ocupaciones en este corto período de tiempo, serán 1°. Leer y enterarse bien de las Constituciones y prácticas del Instituto. 2°. Formar según ellas el espíritu, haciendo ejercicios espirituales, y en ellos confesión general desde que entraron en el uso de razón. 3°. Redactar y escribir los propósitos conforme a la perfección que requiere el nuevo estado. 4°. Ocupar el tiempo que les resta en lo que el Maestro dispusiere.

14.- A este le serán muy obedientes y sumisos, mientras que él por sí o por su Ayudante les enseñará con amabilidad todo lo conveniente en orden a la moralidad, educación y materialidades: y si durante estos días dan esperanzas de ser aptos para la Congregación, luego de finidos, comenzarán el año de prueba.

CAPITULO IV: DE LOS PROBANDOS

15.- Nada importa tanto a los Misioneros, nada para ellos tan esencial, como el adorno de todas las virtudes: sin ellas es inútil su talento, estéril su voz, y vano su trabajo: por eso sus deseos, su primera atención ha de dirigirse a obtenerlas: y como el año de prueba es el destinado a poner los fundamentos de las mismas, todos, ora sean Sacerdotes, ora estudiantes o hermanos ayudantes, practicarán para esto con esmero los medios mas eficaces.

16.- Fe: Aunque tienen necesidad de todas las virtudes; sin embargo, ante todo han de procurarse una fe viva; pues además de no poderse agradar a Dios sin ella, es el fundamento de todas las otras. Ella fue la que enardeció a los Profetas; la que en medio de la persecución, de los tormentos y de la muerte enfervorizó a los apóstoles, la que mitigó las penas de los mártires, y la que a tantos predicadores ha hecho abrazar con gusto la pobreza, la abnegación y el sacrificio para extender y propagar el reino de Jesucristo: por tanto los Misioneros han de arraigarla en su alma y han de vivir de ella. El divino Maestro la predicó no pocas veces a los que escogió por Misioneros; y reprendióles fuertemente si alguna vez los vio titubear en ella: por eso pues, los Probandos de nuestra Congregación se han de actuar siempre en la fe, la han de pedir a Dios y recurrir a la misma, cuando se sintieren combatidos del mundo, del demonio o de la carne.

17.- Confianza: Lo segundo tendrán una gran confianza en Dios, esperando que les dispensará todas las gracias, especialmente la aptitud que necesitan para el ejercicio del sagrado ministerio. El de­caimiento es seguramente el arma con que el demonio derriba más misioneros. Se animarán por tanto, aunque se vean faltos de virtud, de robustez o de talento; acordándose que aquel Dios que es poderoso para hacer de las piedras hijos de Abrahán, que sabe profetizar por medio de hombres malos, y aún por medio de jumentos, ha tenido de costumbre elegir instrumentos débiles y enfermos para confundir a los soberbios. Así pues, en sus tentaciones de desconfianza, recurrirán al mismo Dios, y dirán dentro de si mismos: El Señor que me eligió, me dará cuanto me convenga: y si me quedo enfermo o ignorante, resplandecerá más su providencia.

18.- Humildad:La tercera virtud que con todo empeño procu­rarán los jóvenes misioneros será la humildad, sin la cual Dios mira de lejos, execra la oración, niega su gracia. El predicador vanidoso es ladrón de la gloria de Dios, e idolatra de si mismo: por esto en su muerte se le llamará operario de iniquidad, y se le dirá: necepisti mercedem tuam. Huirán por lanío de toda alabanza p’ , i-i, lo referirán todo á Dios y desecharán con prontitud cualquier pensamiento que respire orgullo, atención o complacencia de sí mismo. Recordarán que nada tienen que no lo hayan recibido y de que no hayan de dar cuenta; y por esta causa nunca despreciarán, ni rebajarán, ni se preferirán a nadie.

19.- Obediencia: Los jóvenes Misioneros, dejando el mundo, han de dejar también con él, la voluntad propia, para que puestos en la Congregación, pueda cada uno decir con el Apóstol: Vivo ego jam non ego: vivit vero in me Chrislus: y con esto serán perfectos en la obediencia, que tanto necesitan y que con tanta precisión mandan las Consti­tuciones. En consecuencia, para el ejercicio de esta virtud madre, como la llama S. Agustín, rendirán ciegamente su entendimiento y voluntad con prontitud y alegría en todas las cosas que les manden, aunque el amor propio lo repugne. Por tanto se sujetarán gustosos no solamente a las prácticas de virtud, sino también a todo lo perteneciente a trabajos materiales y estudios, ya sea en el repaso de los hechos en los años anteriores, ya sea en la adquisición de otros nuevos.

20.- Rectitud de intención: Losnuevos Hijos del Inmaculado Corazón de María han de tener siempre por guía y por término la gloria de Dios; este ha de ser todo su fin al que han de dirigir todos sus actos. La rectitud de intención es el alma de las obras. Así pues, ya sea que prediquen, que estudien, que oren, que coman, que se recreen, propónganse siempre la gloria de Dios; con la cual crecerán en mérito y santidad y se harán dignos de su gracia.

21.- Oración: Lo que nunca han de olvidar los Misioneros pro­bandos, lo que ha de merecer su particular atención y cuidado, lo que han de practicar incesantemente sin flojedad ni tibieza es la santa oración, que, así en el año de prueba, como para los estudiantes, se hará en particular o en común, según el Superior disponga; pero siempre con las adiciones que prescriben los maestros de espíritu y la misma Congregación tiene costumbre. El Superior General ordenará lo que deberá hacerse en el año de probación; y él mismo, además de la oración de la mañana, señalará las devociones, lecturas y pláticas espirituales y las horas en que deberán hacerse, para que así los probandos, como los estudiantes salgan bien aprovechados.

22.- Fidelidad a la vocación: Finalmente se acordarán los Probandos, que la vocación al estado de misionero, es un don particular de Dios, es ser llamado al estado más divino, al cual prometió Jesucristo el ciento por uno en este mundo y después la vida eterna; pero también se ha de saber que de la vocación depende la salvación, por, cuya causa exhorta el Apóstol a permanecer en ella, diciendo; Unusquisque voca-tione qua vocatus est, in ea permaneat. Y en otra parle dice: Quos vocavít, hos et justificavit, et quos justificavit, illos et glorificavít. De donde se sigue la necesidad de ser fiel a la vocación de la cual, dice S. Jerónimo, depende la eternidad. Esta es sin duda la causa porque el diablo tienta tanto contra ella, valiéndose á veces del afecto mal en­tendido a la sangre, otras del temor de la salud, y otras del poco talento o de que trabajarán mas en otras partes etc. Transformándose así en ángel de luz, arranca a muchos con detrimento de su alma del lugar en donde Dios los había puesto. Para evitar pues estos peligros, se acordarán de lo que dice el divino Maestro: Qui diligit patrem et matrem plus quarn me, non est me dignus: y aun mas: Qui non odit patrem et ma­trem, non potes! meus esse discípulos. Vivirán por tanto desprendidos de sus padres, parentela y hasta de sí mismos: no tendrán comunicación con el mundo y evitarán, como cosa altamente perniciosa, toda amistad particular, aún con aquellos que anduvieran descontentos o hablaran mal de ella, o dieran señales de una vocación dudosa.

23.- En su consecuencia, no escribirán ni recibirán carta alguna sin el permiso del Superior: no hablarán con personas de fuera de la Congregación especialmente con mujeres sin la presencia del Maestro o de su designado: al salir fuera de casa, se acompañarán con aquel novicio o antiguo, que el mismo Maestro eligiere y confesarán cada ocho días con aquel Misionero, que el mencionado Superior les señale.

24.- Por último: Si definido el año de prueba, están decididos y resueltos a permanecer en la Congregación, y en ellos se observan las cualidades convenientes a un buen Misionero, harán con fervor diez días de ejercicios, que servirán de preparación inmediata a su admisión definitiva; la cual se efectuará con el acto solemne de Consagración a ” Dios y al Inmaculado Corazón de María. En la consagración entrañarán los juramentos de permanencia en la Congregación hasta la muerte y de no admitir dignidad alguna eclesiástica, sin el mandato expreso del Superior General o del Sumo Pontífice; y estos serán los únicos que podrán dispensar dichos juramentos. Y a fin de que ninguno quede privado del doble mérito de sus actos, el Superior podrá autorizar los votos simples temporales o perpetuos a los que tengan voluntad de hacerlos.

NOTAS

1. “Noticias de los sucesos más importantes de la Congregación hasta 1868”, citado por el Padre Fernández en NHD, p.568.

2. A Xilró, 4 de agosto y 30 de noviembre de 1858: EE. I, p. 1624,1680.

3. Die 8 lulii mane. Positio secunda, p. 124.

4. El P. Lozano opina, basándose únicamente en la crítica interna del texto, que los capítulos de los aspirantes y de los novicios los redactó el P. Xifré. Cl. CC TT p. 275-276.

5. Se imprimió a fines de 1862 y principios de 1863. Lleva por titulo: Apén­dice/a las/ Constituciones antecedentes/ o sea/ reglamento/para los aspi­rantes, probandos y estudiantes de nuestra Congregación y sus res­pectivos maestros. La aprobación del Ordinario vicense es del 30 de Diciembre. (Nota del P. Larraona).

6. Son tan aseverantes y decretorias las (rases con que cerraba el Vene­rable Padre la carta de envío al remitirlos al Rmo.P. Padre Xifré, que han dado pie, junto con el hecho que luego apuntamos, para creerlo piadosa­mente. Varios testigos afirman en los Procesos esta especial asistencia. (Nota del P. Larraona).

7. Annales 29 de Abril de 1916, p. 496.

8.12 julio 1857: EC I p. 1375-1376.

9. HD. l.p.371.

10. Notas espirituales, 1850-1857: EA,p.590

I l.Col. Inst. II, p.20.

12. Autob.344.

13. Col. Inst. I, p. 221.

14. Autob. 192.

15. Prop. 1843,4.

16. Prop.1850, 17.

17. Autob. 391.

18. Autob. 434.

1 9. EE p. 349. Es el primer aviso que da al Misionero.

20. Carta al Misionero Teófilo. EE p. 344.

21. El Colegial…,!, p.362-381.

22. Larraona, A.: Historia de las Constituciones, Iris de Paz, Suplemento, n.15, 1980, p.81.

23. NAVAL. P. Antonio, Explicación ascéticas de las Santas Constituciones, Huchnta, Ftos Campi , Chascomús, 1940, p. 89.