22 – Los Cánones del CIC sobre la Formación

Cuaderno de la formación

ARTICULACION SISTEMATICA DE LOS CANONES DEL CIC SOBRE LA FORMACION PARA LA VIDA RELIGIOSA Y LOS MINISTERIOS

P. Asterio Niño, cmf

1. Formación para la vida religiosa
1.1. Postulantado o prenoviciado: Requisitos de admisión. Preparación (c.597).

Puede ser admitido en un instituto de vida consagrada todo católico de recta intención que tenga las cualidades exigidas por el derecho universal y el propio, y esté libre de impedimento (c.597 ‘ 1)

Nadie puede ser admitido sin la adecuada preparación (c.597 ‘ 2).

1.2. Noviciadoa. Admisión al Noviciado:

a.1. El derecho de admisión al noviciado: (c.641).

El derecho de admitir candidatos al noviciado compete a los Superiores mayores, conforme a la norma del derecho propio (c.641).

a.2. Cualidades personales básicas de admisión (c.642)

Con vigilante cuidado, los Superiores admitirán tan sólo a aquellos que, además de la edad necesaria, tengan salud, carácter adecuado y cualidades suficientes de madurez para abrazar la vida propia del instituto; estas cualidades de salud, carácter y madurez han de comprobarse, si es necesario, con la colaboración de peritos, quedando a salvo lo establecido en el can.220 (c.642).

a.3. Impedimentos de validez en la admisión (c.643).

Es admitido inválidamente al noviciado:

11. quien aún no haya cumplido diecisiete años;

21. un cónyuge, durante el matrimonio;

31. quien se halla en ese momento ligado por un vínculo sagrado con algún instituto de vida consagrada o está incorporado a una sociedad de vida apostólica, sin perjuicio de lo que prescribe el can. 694.

41. quien entra en el instituto inducido por violencia, miedo grave o dolo, o aquel a quien el Superior admite inducido de ese mismo modo;

51. quien haya ocultado su incorporación a aun instituto de vida consagrada o a una sociedad de vida apostólica (c.643 ‘ 1).

El derecho propio puede añadir otros impedimentos, también para la validez de la admisión, o imponer otras condiciones (c.643 ‘ 2).

a.4. Prohibiciones de admisión dirigidas al superior (c.644).

Los Superiores no admitan como novicios a clérigos seculares sin consultar a su Ordinario propio, ni a quienes hayan contraído deudas que no puedan pagar (c.644).

a.5. Testimonios e informes (c.645).

‘ 1. Antes de su admisión en el noviciado, los candidatos deben presentar certificado de bautismo y de confirmación, así como de su estado libre.

‘ 2. Si se trata de recibir a clérigos o a aquellos que hubieran sido admitidos en otro instituto de vida consagrada, en una sociedad de vida apostólica o en un seminario, se requiere además, respectivamente, un informe del Ordinario del lugar o del Superior mayor del instituto o sociedad, o del rector del seminario.

‘ 3. El derecho propio puede exigir otros informes sobre la idoneidad de los candidatos y su carencia de impedimentos.

‘ 4. Los Superiores pueden pedir también, si les parece necesario, otras informaciones, incluso bajo secreto.

b. Características del noviciado

b.1. Naturaleza y objetivos del noviciado (c.646)

El noviciado, con el que comienza la vida en un instituto, tiene como finalidad que los novicios conozcan mejor la vocación divina, particular­mente la propia del instituto, que prueben el modo de vida de éste, que conformen la mente y el corazón con su espíritu, y que puedan ser comprobados su intención y su idoneidad.

b.2. Constitución y vida en el noviciado y fuera del mismo (c.647).

‘ 1. La erección, traslado y supresión de la casa del noviciado deben hacerse mediante decreto escrito del Superior general del instituto, con el consentimiento de su consejo.

‘ 2. Para que el noviciado sea válido, debe realizarse en una casa debidamente destinada a esta finalidad. En casos particulares y a modo de excepción, por concesión del Superior general con el consentimiento de su consejo, un candidato puede hacer el noviciado en otra casa del instituto, bajo la dirección de un religioso experimentado, que haga las veces de maestro de novicios.

‘ 3. El Superior mayor puede permitir que el grupos de los novicios habite, durante determinados períodos de tiempo, en otra casa del instituto designada por él mismo.

b.3. Duración del noviciado (c.648).

‘ 1. Para su validez, el noviciado debe durar doce meses transcu­rridos en la misma comunidad del noviciado, quedando a salvo lo que prescribe el can.647, 3).

‘ 2. Para completar la formación de los novicios, además del tiempo establecido en el ‘ 1, las constituciones pueden prescribir uno o más períodos de ejercicio del apostolado fuera de la comunidad del noviciado.

‘ 3. El noviciado no debe durar más de dos años.

b.4. Ausencias y anticipo de la primera profesión (c.649).

‘ 1. Quedando a salvo lo que prescriben los can.647, ‘ 3 y 648, ‘ 2, la ausencia por más de tres meses, continuos o con interrupciones, de la casa del noviciado, hace que éste sea inválido. La ausencia que supere quince días debe suplirse.

‘ 2. Con la venia del Superior mayor competente, puede anticiparse la primera profesión, pero no más de quince días.

c. Formación de los Novicios

c.1. Plan formativo y régimen de los novicios (c.650).

‘ 1. La finalidad del noviciado exige que los novicios se formen bajo la dirección de un maestro, según el plan de formación que debe determi­nar el derecho propio.

‘ 2. El régimen de los novicios se reserva en exclusiva al maestro, bajo la autoridad de los Superiores mayores.

c.2. El maestro de novicios y el coadjutor (651).

‘ 1. El maestro de novicios ha de ser un miembro del instituto, profeso de votos perpetuos y legítimamente designado.

‘ 2. Si fuera necesario, al maestro se le pueden dar ayudantes, que dependan de él en lo que se refiera a la dirección del noviciado y al plan de formación.

‘ 3. Para atender a la formación de los novicios deben destinarse miembros cuidadosamente preparados, que, sin estar impedidos por otros trabajos, puedan cumplir sus funciones con fruto y de manera estable.

c.3. Protagonistas, objetivos y líneas del estatuto formativo de los novicios (c.652).

‘.1. Corresponde al maestro y a sus cooperadores discernir y comprobar la vocación de los novicios, e irles formando gradualmente para que vivan la vida de perfección propia del instituto.

‘ 2. Estimúlese a los novicios para que vivan las virtudes humanas y cristianas; se les debe llevar por un camino de mayor perfección mediante la oración y la abnegación de sí mismos; instrúyaseles en la contemplación del misterio de la salvación y en la lectura y meditación de las sagradas Escrituras; se les preparará para que celebren el culto de Dios en la sagrada liturgia; se les formará para llevar una vida consagrada a Dios y a los hombres en Cristo por medio de los consejos evangélicos; se les instruirá sobre el carácter, espíritu, finalidad, disciplina, historia y vida del instituto; y se les imbuirá de amor a la Iglesia y a sus sagrados Pastores.

‘ 3. Los novicios, conscientes de su propia responsabilidad, han de colaborar activamente con el maestro, de manera que respondan fielmente a la gracia de la vocación divina.

‘ 4. Los miembros del instituto han de colaborar por su parte en la formación de los novicios, con el ejemplo de su vida y con la oración.

‘ 5. El tiempo de noviciado indicado en el can. 648, ‘ 1, debe emplearse propiamente en la tarea de formación, y por tanto los novicios no deben ocuparse de estudios o trabajos que no contribuyan directamente a esta formación.

c.4. Salida del noviciado (c.653, ‘ 1).

‘ 1. Un novicio puede abandonar libremente el instituto; la autoridad competente de éste puede despedirle.

c.5. Terminación del noviciado. Prórroga (c.653,’ 2).

‘ 2. Al terminar el noviciado, el novicio ha de ser admitido a la profesión temporal, si se le considera idóneo; en caso contrario, debe ser despedido; si queda alguna duda sobre su idoneidad, el Superior mayor puede prorrogar el tiempo de prueba de acuerdo con el derecho propio, pero no por más de seis meses.

1.3. Profesión Religiosaa. Componentes de la profesión religiosa (c.654).

Por la profesión religiosa los miembros abrazan con voto público, para observarlos, los tres consejos evangélicos, se consagran a Dios por el ministerio de la Iglesia y se incorporan al instituto con los derechos y deberes determinados en el derecho.

b. Límites de la profesión temporal (c.655).

La profesión temporal debe hacerse por el tiempo establecido en el derecho propio, no inferior a un trienio ni superior a un sexenio.

c. Requisitos de validez de la profesión temporal (c.656).

Para la validez de la profesión temporal se requiere que:

11. el que la va a hacer haya cumplido al menos dieciocho años;

21. haya hecho válidamente el noviciado;

31. haya sido admitido libremente por el Superior competente con el voto de su consejo conforme a la norma del derecho;

41. la profesión sea expresa y se haya emitido sin violencia, miedo grave o dolo;

51. la profesión sea recibida por el Superior legítimo, personalmente o por medio de otro.

d. Renovación-prórroga de la profesión temporal y anticipo de la perpetua (c.657).

‘ 1. Cumplido el tiempo para el que se hizo la profesión, el religioso que lo pida espontáneamente y sea considerado idóneo, debe ser admitido a la renovación de la profesión o a la profesión perpetua; en caso contrario, se marchará del instituto;

‘ 2. Pero si parece oportuno, el Superior competente puede prorrogar el tiempo de profesión temporal de acuerdo con el derecho propio, de manera, sin embargo, que el tiempo durante el cual un miembro permanece ligado con votos temporales no sea superior a nueve años.

‘ 3. La profesión perpetua puede anticiparse con causa justa, pero no más de un trimestre.

e. Requisitos de validez de la profesión perpetua (c.658).

Además de las condiciones indicadas en el c.656,nn.3,4 y 5 y de las otras añadidas por el derecho propio, para la validez de la profesión perpetua, se requiere:

11. haber cumplido al menos veintiún años;

21. la profesión temporal previa por lo menos durante un trienio, sin perjuicio de lo que prescribe el can.657, ‘ 3.

f. Disposiciones sobre los bienes temporales (c.668).

‘ 1. Antes de la primera profesión, los miembros harán cesión de la administración de sus bienes a quien deseen, y, si las constituciones no prescriben otra cosa, dispondrán libremente sobre el uso y usufructo. Y antes, al menos, de la profesión perpetua, harán testamento que sea válido también según el derecho civil.

‘ 2. Necesitan licencia del Superior competente, conforme a la norma del derecho propio, para modificar estas disposiciones con causa justa, y para realizar cualquier acto en materia de bienes temporales.

‘ 3. Todo lo que un religioso gane con su propio trabajo o por razón del instituto, lo adquiere para el instituto. Lo que perciba de cualquier modo en concepto de pensión, subvención o seguro, lo adquiere para el instituto, a no ser que establezca otra cosa el derecho propio.

‘ 4. Quien, por la naturaleza del instituto, debe renunciar totalmente a sus bienes, haga esa renuncia antes de la profesión perpetua de manera que tenga efecto a partir del día de la profesión y sea válida también, si es posible, en el derecho civil. Lo mismo hará el profeso de votos perpetuos que, de acuerdo con el derecho propio, desea renunciar total o parcial­mente a sus bienes, con licencia del Superior general.

‘ 5. El profeso que, por la naturaleza del instituto, haya renunciado a todos sus bienes, pierde la capacidad de adquirir y poseer, por lo que son nulos sus actos contrarios al voto de pobreza. Lo que adquiera después de la renuncia, pertenecerá al instituto conforme a la norma del derecho propio.

g. Anotación de la profesión perpetua (c.535.’ 2).

‘ 2. En el libro de bautizados se anotará también la confirmación, así como lo que se refiere al estado canónico de los fieles por razón del matrimonio, quedando a salvo lo que prescribe el can. 1133, por razón de la adopción, de la recepción del orden sagrado, de la profesión perpetua emitida en un instituto religioso y del cambio de rito; y esas anotaciones han de hacerse constar siempre en la partida del bautismo.

1.4. Formación de los religiososa. Formación después de la primera profesión. Estatuto formativo (c.659).

‘ 1. Después de la primera profesión, la formación de todos los miembros debe continuar en cada instituto, para que vivan con mayor plenitud la vida propio de éste y cumplan mejor su misión.

‘ 2. Por lo tanto, el derecho propio debe determinar el plan de esta formación y su duración, atendiendo a las necesidades de la Iglesia y a las circunstancias de los hombres y de los tiempos, tal como exigen el fin y carácter del instituto.

‘ 3. La formación de los miembros que se preparan para recibir el orden sagrado se rige por el plan de estudios propio del instituto y por el derecho universal.

b. Líneas de fuerza del estatuto formativo (c.660).

‘ 1. La formación ha de ser sistemática, acomodada a la capacidad de los miembros, espiritual y apostólica, doctrinal y a la vez práctica, y también, si es oportuno, con la obtención de los títulos pertinentes, tanto eclesiásticos como civiles.

‘ 2. Durante el tiempo dedicado a esta formación no se confíen a los miembros funciones y trabajos que la impidan.

c. Penitencia y dirección espiritual (cc.664; 630).

Insistan los religiosos en la conversión de su alma a Dios, examinen su conciencia diariamente y acérquense con frecuencia al sacramento de la penitencia (c.664).

630.     ‘ 1. Los Superiores reconozcan a los miembros la debida libertad por lo que se refiere al sacramento de la penitencia y a la dirección espiritual, sin perjuicio de la disciplina del instituto.

‘ 2. De acuerdo con la norma del derecho propio, los Superiores han de mostrarse solícitos para que los miembros dispongan de confesores idóneos, con los que puedan confesarse frecuentemente.

‘ 3. En los monasterios de monjas, casas de formación y comu­nidades laicales más numerosas, ha de haber confesores ordinarios aprobados por el Ordinario del lugar, después de un intercambio de pareceres con la comunidad, pero sin imponer la obligación de acudir a ellos.

‘ 4. Los Superiores no deben oír las confesiones de sus súbditos, a no ser que éstos lo pidan espontáneamente.

‘ 5. Los miembros deben acudir con confianza a sus Superiores, a quienes pueden abrir su corazón libre y espontáneamente. Sin embargo, se prohíbe a los Superiores inducir de cualquier modo a los miembros para que les manifiesten su conciencia.

d. La formación permanente o continua (c.661).

Los religiosos continuarán diligentemente su formación espiritual, doctrinal y práctica durante toda la vida; los Superiores han de propor­cionarles medios y tiempo para esto.

1.5. Ausencia comunitaria y separación del Instituto

a. Ausencia de la vida de comunidad. Características y tipos de ausencia (c.665).

‘ 1. Los religiosos han de residir en su propia casa religiosa, haciendo vida en común y no ausentándose de ella sin licencia del Superior. Cuando se trata de una ausencia prolongada, el Superior mayor, con el consentimiento de su consejo y con justa causa, puede permitir a un miembro que viva fuera de una casa del instituto, pero no más de un año, a no ser por motivos de enfermedad, de estudios o para ejercer el apostolado en nombre del Instituto.

‘ 2. Busquen los Superiores solícitamente al miembro del Instituto que se ausentarse ilegítimamente de la casa religiosa con la intención de librarse de su obediencia, y ayúdenle a volver y a perseverar en su vocación.

b. Salida del Instituto.

b.1. Criterio general (c.657, ‘ 1).

Cumplido el tiempo para el que se hizo la profesión, el religioso que lo pida espontáneamente y sea considerado idóneo, debe ser admitido a la renovación de la profesión o a la profesión perpetua; en caso contrario, se marchará del instituto.

b.2. Salida definitiva libre, al expirar los votos temporales (c.688, ‘ 1).

‘ 1. Quien quisiera salir de un instituto después de haber transcu­rrido el tiempo de profesión, puede abandonarlo.

b.3. Salida definitiva, solicitada durante los votos temporales (c.688, ‘ 2).

‘ 2. Quien, durante la profesión temporal, pide, con causa grave, abandonar el instituto, puede conseguir del Superior general, con el consentimiento de su consejo, el indulto para marcharse, si se trata de un instituto de derecho pontificio; en los institutos de derecho diocesano y en los monasterios, de los que trata el can.615, ese indulto, para ser válido, ha de ser confirmado por el Obispo de la casa a la que el miembro está asignado.

b.4. Salida definitiva, impuesta al expirar los votos temporales (c.689).

‘ 1. Cumplido el tiempo de la profesión temporal de un miembro, habiendo causas justas, el Superior mayor competente, oído su consejo, puede excluirlo de la profesión subsiguiente.

‘ 2. La enfermedad física o psíquica, aunque se haya contraído después de la profesión, si es de tal naturaleza que a juicio de los peritos hace al miembro del que se trata en el ‘ 1 no apto para vivir en el instituto, constituye causa para no admitirle a renovar la profesión o a emitir la profesión perpetua, a no ser que la enfermedad se hubiera contraído por negligencia del instituto o por el trabajo realizado en éste.

‘ 3. Pero si el religioso, durante los votos temporales, cayera en amencia, aunque no sea capaz de hacer nueva profesión, no puede, sin embargo, ser despedido del instituto.

b.5. Salida definitiva, solicitada durante los votos perpetuos (c.691).

‘ 1. Un profeso de votos perpetuos no debe pedir indulto de salida del instituto si no es por causas gravísimas consideradas en la presencia de Dios, y elevará su petición al Superior general del instituto, quien, junto con su propio parecer y el de su consejo, la transmitirá a la autoridad competente.

‘ 2. En los institutos de derecho pontificio, este indulto se reserva a la Sede Apostólica; en los de derecho diocesano, puede concederlo también el Obispo de la diócesis de aquella casa a la que está asignado el religioso.

b.6. El indulto y sus efectos canónicos (cc. 692-3).

692. El indulto de salida legítimamente concedido y notificado al miembro, lleva consigo de propio derecho la dispensa de los votos y de todas las obligaciones provenientes de la profesión, a no ser que, en el acto de la notificación, fuera rechazado el indulto por el mismo miembro.

693. Si el miembro es clérigo, el indulto no se concede antes de que haya encontrado un Obispo que le incardine en su diócesis o, al menos, le admita a prueba en ella. Si es admitido a prueba, queda, pasados cinco años, incardinado de propio derecho en la diócesis, a no ser que el Obispo le rechace.

b.7. Readmisión libre de los exnovicios y exprofesos temporales (c.690).

‘ 1. Quien hubiera salido legítimamente del instituto una vez cumplido el noviciado o incluso después de la profesión, puede ser readmitido por el Superior general con el consentimiento de su consejo, sin obligación de repetir el noviciado; al mismo Superior corresponde determinar la conveniente prueba previa a la profesión temporal y la duración de los votos antes de la profesión perpetua, conforme a la norma de los can. 655 y 657.

‘ 2. Tiene esta misma facultad el Superior de un monasterio autónomo, con el consentimiento de su consejo.

c. Dimisión de los miembros.

c.1. Dimisión por el mero hecho o “ipso facto” (c.694).

‘ 1. Se ha de considerar expulsado ipso facto de un instituto el miembro que:

11. haya abandonado notoriamente la fe católica;

21. haya contraído matrimonio o lo intente, aunque sea sólo de manera civil;

‘ 2. En estos casos, una vez recogidas las pruebas, el Superior mayor con el consejo debe emitir sin ninguna demora una declaración del hecho, para que la expulsión conste jurídicamente.

c.2. Dimisión “ab homine”, obligatoria por derecho (c.695).

‘ 1. Debe ser expulsado el miembro que cometa uno de los delitos de los que se trata en los can. 1397, 1398 y 1395, a no ser que en los delitos de que trata el can. 1395, ‘ 2, el Superior juzgue que la dimisión no es absolutamente necesaria y que la enmienda de su súbdito, la restitución de la justicia y la reparación del escándalo puede satisfacerse de otro modo.

‘ 2. En esos casos, el Superior mayor, después de recoger las pruebas sobre los hechos y su imputabilidad, presentará al miembro la acusación y las pruebas, dándole la posibilidad de defenderse. Se enviarán al Superior general todas las actas, firmadas por el Superior mayor y por el notario, así como también las respuestas escritas del miembro y firmadas por él mismo.

c.3. Dimisión”ab homine”, no obligatoria por derecho (c.696).

‘ 1. Un miembro también puede ser expulsado por otras causas, siempre que sean graves, externas, imputables y jurídicamente com­probadas, como son: el descuido habitual de las obligaciones de la vida consagrada; las reiteradas violaciones de los vínculos sagrados; la desobediencia pertinaz a los mandatos legítimos de los Superiores en materia grave; el escándalo grave causado por su conducta culpable; la defensa o difusión pertinaz de doctrinas condenadas por el magisterio de la Iglesia; la adhesión pública a ideologías contaminadas de materialismo o ateísmo; la ausencia ilegítima de la que se trata en el can. 665 ‘ 2, por más de un semestre; y otras causas de gravedad semejante, que puede determinar el derecho propio del instituto.

‘ 2. Para la expulsión de un miembro de votos temporales bastan también otras causas de menor gravedad determinadas en el derecho propio.

c.4. Expulsión inmediata de la casa religiosa (c.703).

En caso de grave escándalo externo o de daño gravísimo que amenace al instituto, un miembro puede ser expulsado inmediatamente de la casa religiosa por el Superior mayor o, si hay peligro en la demora, por el Superior local con el consentimiento de su consejo. Si es necesario, el Superior mayor cuidará de que se instruya el proceso de expulsión conforme a la norma del derecho, o remitirá el asunto a la Sede Apos­tólica.

c.5. El decreto de dimisión (cc.699; 700).

699. ‘ 1. El Superior general, con su consejo, que, para la validez del acto constará por lo menos de cuatro miembros, debe proceder colegialmente para sopesar con diligencia las pruebas, razones y defensas; y, si se decide así por votación secreta, dará el decreto de expulsión, que, para su validez, ha de contener los motivos de derecho y de hecho, al menos de manera sumaria.

700. El decreto de expulsión no tiene vigor hasta que sea confirmado por la Santa Sede, a la que se debe enviar dicho decreto junto con las actas; si se trata de instituto de derecho diocesano, la confirmación corresponde al Obispo de la diócesis donde se halla la casa a la que está adscrito el religioso. Sin embargo, para que sea válido el decreto, debe indicar el derecho de que goza el expulsado de recurrir, dentro de los diez días siguientes de haber recibido la notificación, a la autoridad competente. El recurso tiene efecto suspensivo.

c.6. Efectos canónicos de la dimisión (cc.701-702).

701. Por la expulsión legítima cesan ipso facto los votos, así como también los derechos y obligaciones provenientes de la profesión. Pero si el miembro es clérigo, no puede ejercer las órdenes sagradas hasta que encuentre un Obispo que, después de una prueba conveniente, le reciba en su diócesis conforme a la norma del can. 693, o al menos le permita el ejercicio de las órdenes sagradas.

702. ‘ 1. Quienes legítimamente salgan de un instituto religioso o hayan sido expulsados de él no tienen derecho a exigir nada por cualquier tipo de prestación realizada en él.

‘ 2. Sin embargo, el instituto debe observar la equidad y la caridad evangélica con el miembro que se separe de él.

2. Formación para los Ministerios Ordenados

2.1. Admisión de los candidatos

a. Condiciones de admisión (c.241).

‘ 1. El Obispo diocesano solo debe admitir en el seminario mayor a aquellos que, atendiendo a sus dotes humanas y morales, espirituales e intelectuales, a su salud física y a su equilibrio psíquico, y a su recta intención sean considerados capaces de dedicarse a los sagrados ministerios de manera perpetua.

‘ 2. Antes de ser admitidos, deben presentar las partidas de bautismo y confirmación, así como los demás documentos que se requieren de acuerdo con las prescripciones del Plan de formación sacerdotal.

‘ 3. Cuando se trate de admitir a quienes hayan sido despedidos de otro seminario o de un instituto religioso, se requiere además un informe del superior respectivo, sobre todo acerca de la causa de su expulsión o de su salida.

b. Preparación humanista y científica previa (c.234, ‘ 2).

‘ 2. A no ser que, en determinados casos, las circunstancias aconsejen otra cosa, los jóvenes que desean llegar al sacerdocio han de estar dotados de la formación humanística y científica con la que los jóvenes de su propia región se preparan para realizar los estudios superiores.

2.2. Formación para las órdenes

a. Candidatos al diaconado permanente (c.236, 2).

Quienes aspiran al diaconado permanente han de ser formados según las prescripciones de la Conferencia Episcopal, para que cultiven la vida espiritual y cumplan dignamente los oficios propios de este orden:

11. los jóvenes, permaneciendo al menos tres años en una residencia destinada a esa finalidad, a no ser que el obispo diocesano, por razones graves, determine otra cosa.

21. los hombres de edad madura, tanto célibes como casados, según el plan de tres años establecido por la Conferencia Episcopal.

b. Estudios sacerdotales (cc.248-252; 254).

248. La formación doctrinal que ha de impartirse debe tender a que los alumnos, junto con la cultura general adecuada a las necesidades del tiempo y del lugar, adquieren un conocimiento amplio y sólido de las disciplinas sagradas, de modo que, fundando y alimentando en ellas su propia fe, puedan anunciar convenientemente la doctrina del Evangelio a los hombres de su tiempo, de manera apropiada a la mentalidad de éstos.

249. Ha de proveerse en el Plan de formación sacerdotal a que los alumnos no sólo sean instruidos cuidadosamente en su lengua propia, sino a que dominen la lengua latina, y adquieran también aquel conocimiento conveniente de otros idiomas que resulte necesario o útil para su formación o para el ministerio pastoral.

250. Los estudios filosóficos y teológicos previstos en el seminario pueden hacerse sucesiva o simultáneamente, de acuerdo con el Plan de formación sacerdotal; y deben durar al menos seis años, de manera que el tiempo destinado a las materias filosóficas comprenda un bienio, y el correspondiente a los estudios teológicos equivalga a un cuadrienio.

251. La formación filosófica, que debe fundamentarse en el patrimonio de la filosofía perenne y tener en cuenta a la vez la in­vestigación filosófica realizada con el progreso del tiempo, se ha de dar de manera que complete la formación humana de los alumnos, contribuye a aguzar su mente y les prepara para que puedan realizar mejor sus estudios teológicos.

252. ‘ 1. La formación teológica, a la luz de la fe y bajo la guía del magisterio, se ha de dar de manera que los alumnos conozcan toda la doctrina católica, fundada en la Revelación divina, la hagan alimento de su propia vida espiritual y la sepan comunicar y defender conveniente­mente en el ejercicio de su ministerio.

‘ 2. Se ha de formar a los alumnos con particular diligencia en la sagrada Escritura, de modo que adquieran una visión completa de toda ella.

‘ 3. Ha de haber clases de teología dogmática, fundada siempre en la palabra de Dios escrita, juntamente con la sagrada Tradición, con las que los alumnos conozcan de modo más profundo los misterios de salvación, teniendo principalmente como maestro a Santo Tomás; y también clases de teología moral y pastoral, de derecho canónico, de liturgia, de historia eclesiástica y de otras disciplinas, auxiliares y especiales, de acuerdo con las normas del Plan de formación sacerdotal.

254, ‘ 1. En la enseñanza, los profesores han de prestar constante­mente atención especial a la íntima unidad y armonía de toda la doctrina de la fe, de manera que los alumnos comprendan que están aprendiendo una ciencia única; para conseguir mejor esto, debe haber en el seminario quien dirija toda la organización de los estudios.

‘ 2. Enseñen a los alumnos de manera que se hagan capaces de examinar las cuestiones con método científico y mediante apropiadas investigaciones realizadas por ellos mismos; se tendrán, por tanto, ejercicios en los que, bajo la dirección de los profesores, los alumnos aprendan a llevar a cabo estudios con su propio trabajo.

c. Preparación pastoral (c.255-258).

255. Aunque toda la formación de los alumnos en el seminario tenga una finalidad pastoral, debe darse en el mismo una instrucción específica­mente pastoral, con la que, atendiendo también a las necesidades del lugar y del tiempo, aprendan los alumnos los principios y métodos propios del ministerio de enseñar, santificar y gobernar al pueblo de Dios.

256. ‘ 1. Fórmense diligentemente a los alumnos en aquello que de manera peculiar se refiere al ministerio sagrado, sobre todo en la práctica del método catequético y homilético, en el culto divino y de modo peculiar en la celebración de los sacramentos, en el trato con los hombres, también con los no católicos o no creyentes, en la administración de una parroquia y en el cumplimiento de las demás tareas.

‘ 2. Enséñese a los alumnos las necesidades de la Iglesia universal, para que se muestren solícitos en promover vocaciones, por las tareas misionales, ecuménicas y aquellas otras, también las sociales, que sean más urgentes.

257. ‘ 1. La formación de los alumnos ha de realizarse de tal modo que se sientan interesados no sólo por la Iglesia particular a cuyo servicio se incardinen, sino también por la Iglesia universal, y se hallen dispuestos a dedicarse a aquellas Iglesias particulares que se encuentren en grave necesidad.

‘ 2. El Obispo diocesano debe procurar que los clérigos que desean trasladarse de la propia Iglesia particular a una Iglesia particular de otra región se preparen convenientemente para desempeñar en ella el sagrado ministerio, es decir, que aprendan la lengua de esa región y conozcan sus instituciones, condiciones sociales, usos y costumbres.

258. Para que también aprendan en la práctica el método de hacer apostolado, los alumnos, durante el período de estudios, pero principal­mente en vacaciones, deben ser iniciados en la práctica pastoral, mediante las oportunas labores, a determinar por el Ordinario, adecuadas a la edad de los alumnos y a las circunstancias del lugar, siempre bajo la dirección de un sacerdote experto.

2.3. Condiciones en los ordenandos

a. Condiciones de validez (c.1024).

Sólo el varón bautizado recibe válidamente la sagrada ordenación.

b. Condiciones de licitud (c.1025).

‘ 1. Para la lícita ordenación de presbítero o de diácono se requiere que, tras realizar las pruebas que prescribe el derecho, el candidato reúna, a juicio del Obispo propio o del Superior mayor competente, las debidas cualidades, que no le afecte ninguna irregularidad o impedimento, y que haya cumplido los requisitos previos, a tenor de los can. 1933-1039; es necesario, además, que se tengan los documentos indicados en el can. 1050, ‘ 1, y que se haya efectuado el escrutinio prescrito en el can. 1051, ‘ 2.

‘ 2. Se requiere también que, a juicio del mismo legítimo Superior, sea considerado útil para el ministerio de la Iglesia.

‘ 3. Al Obispo que ordena a un súbdito propio destinado al servicio de otra diócesis debe constarle que el ordenando quedará adscrito a esa diócesis.

2.4. Requisitos por parte de los ordenandos

a. Libertad del candidato (c.1026).

Es necesario que quien va a ordenarse goce de la debida libertad; está terminantemente prohibido obligar a alguien, de cualquier modo y por cualquier motivo, a recibir las órdenes, así como apartar de su recepción a uno que es canónicamente idóneo.

b. Cuidadosa preparación (cc. 1027-1028; 1032).

1027. Los aspirantes al diaconado y al presbiterado han de ser formados con una esmerada preparación, a tenor del derecho.

1028. Cuide el Obispo diocesano o el Superior competente de que los candidatos, antes de recibir un orden, conozcan debidamente lo que a él se refiere y las obligaciones que lleva consigo.

1032. ‘ 1. Los aspirantes al presbiterado sólo pueden ser promovidos al diaconado después de haber terminado el quinto año del ciclo de estudios filosófico-teológicos.

‘ 2. Después de terminar los estudios, el diácono debe tomar parte en la cura pastoral, ejerciendo el orden diaconal, antes de recibir el presbiterado, durante un tiempo adecuado que habrá de determinar el Obispo o el Superior mayor competente.

‘ 3. El aspirante al diaconado permanente no debe recibir este orden sin haber cumplido el tiempo de su formación.

c. Cualidades humanas y religiosas (c.1029).

Sólo deben ser ordenados aquellos que, según el juicio prudente del Obispo propio o del Superior mayor competente, sopesadas todas las circunstancias, tienen una fe íntegra, están movidos por recta intención, poseen la ciencia debida, gozan de buena fama y costumbres intachables, virtudes probadas y otras cualidades físicas y psíquicas congruentes con el orden que van a recibir.

d. Edad e intersticio (c.1031; 1035, ‘ 2)

1031. ‘ 1. Únicamente debe conferirse el presbiterado a quienes hayan cumplido veinticinco años y gocen de suficiente madurez, dejando además un intersticio entre el diaconado y el presbiterado; quienes se destinan al presbiterado pueden ser admitidos al diaconado sólo después de haber cumplido veintitrés años.

‘ 2. El candidato al diaconado permanente que no esté casado sólo puede ser admitido a este orden cuando haya cumplido al menos veinticin­co años; quien esté casado, únicamente después de haber cumplido al menos treinta y cinco años, y con el consentimiento de su mujer.

‘ 3. Las Conferencias Episcopales pueden establecer normas por las que se requiera una edad superior para recibir el presbiterado o el diaconado permanente.

‘ 4. Queda reservada a la Sede Apostólica la dispensa de la edad requerida, según los ” 1 y 2, cuando el tiempo sea superior a un año.

1035, ‘ 2. Entre el acolitado y el diaconado debe haber un espacio por lo menos de seis meses.

e. Práctica pastoral (c. 1032, ‘ 2).

Después de terminar los estudios, el diácono debe tomar parte en la cura pastoral, ejerciendo el orden diaconal, antes de recibir el presbitera­do, durante un tiempo adecuado que habrá de determinar el Obispo o el Superior mayor competente.

f. Suspensión de la ordenación (c.1030).

Sólo por una causa canónica, aunque sea oculta, puede el Obispo propio o el Superior mayor competente prohibir a los diáconos destinados al presbiterado, súbditos suyos, la recepción de este orden, quedando a salvo el recurso conforme a derecho.

2.5. Requisitos previos a la ordenación

a. Recepción de la confirmación (c.1033).

Sólo es ordenado lícitamente quien haya recibido el sacramento de la confirmación.

b. Recepción y ejercicio del lectorado y acolitado (c.1035, ‘ 1).

Antes de que alguien sea promovido al diaconado, tanto permanente como transitorio, es necesario que el candidato haya recibido y haya ejercido durante el tiempo conveniente los ministerios de lector y de acólito.

c. Intersticio antes del diaconado (c.1035 ‘ 2).

Entre el acolitado y el diaconado debe haber un espacio por lo menos de seis meses.

d. Declaración personal escrita (c.1036).

Para poder recibir la ordenación de diácono o de presbítero, el candidato debe entregar al Obispo propio o al Superior mayor competente una declaración redactada y firmada de su puño y letra, en la que haga constar que va a recibir el orden espontánea y libremente, y que se dedicará de modo perpetuo al ministerio eclesiástico, al mismo tiempo que solicita ser admitido al orden que aspira recibir.

e. Profesión de fe (c.833, ‘ 6).

Tienen obligación de emitir personalmente la profesión de fe, según la fórmula aprobada por la Sede Apostólica;

61. los párrocos,…también los que van a recibir el orden del diaconado.

f. Ejercicios espirituales (c.1039).

Todos los que van a recibir un orden deben hacer ejercicios espirituales, al menos durante cinco días, en el lugar y de la manera que determine el Ordinario; el Obispo, antes de proceder a la ordenación, debe ser informado de que los candidatos han hecho debidamente esos ejercicios.

g. Situación especial del diácono (c. 1038).

No puede prohibirse el ejercicio del orden recibido a un diácono que rehúse recibir el presbiterado, a no ser que esté afectado por un im­pedimento canónico o por otra causa grave que debe juzgar el Obispo diocesano o el Superior mayor competente.

2.6. Irregularidades e impedimentos

a. Criterios generales:

a.1. Principio de interpretación (c.1040).

Quedan excluidos de la recepción de las órdenes quienes estén afectados por algún impedimento, tanto perpetuo, que recibe el nombre de irregularidad, como simple; no se contrae ningún otro impedimento fuera de los que se enumeran en los cánones que siguen.

a.2. La ignorancia (c.1045).

La ignorancia de las irregularidades y de los impedimentos no exime de los mismos.

a.3. Diversas causas (c.1046).

Las irregularidades e impedimentos se multiplican cuando provienen de diversas causas, pero no por repetición de una misma causa, salvo que se trate de irregularidad por homicidio voluntario o por haber procurado un aborto si éste se produce.

a.4. Responsabilidades de los fieles (c.1043).

Los fieles están obligados a manifestar al Ordinario o al párroco antes de la ordenación los impedimentos para la recepción de las órdenes de los que tengan noticia.

b. Irregularidades para recibir las órdenes (c.1041).

Son irregulares para recibir las ordenes:

11. quien padece alguna forma de amencia o otra enfermedad psíquica por la cual, según el parecer de los peritos, queda incapacitado para desempeñar rectamente el ministerio.

21. quien haya cometido el delito de apostasía, herejía o cisma;

31. quien haya atentado matrimonio, aun sólo civil, estando impedido para contraerlo, bien por el propio vínculo matrimonial, o por el orden sagrado o por voto público perpetuo de castidad, bien porque lo hizo con una mujer ya unida en matrimonio válido obligada por ese mismo voto;

41. quien haya cometido homicidio voluntario o procurado el aborto habiéndose verificado éste, así como todos aquellos que hubieran cooperado positivamente;

51. quien dolosamente y de manera grave se mutiló a sí mismo o a otro, o haya intentado suicidarse;

61. quien haya realizado un acto de potestad de orden reservado a los Obispos o presbíteros, sin haber recibido ese orden o estándole prohibido su ejercicio por una pena canónica declarada o impuesta.

c. Impedimentos para recibir las órdenes (c.1042).

Están simplemente impedidos para recibir las órdenes:

11. el varón casado, a no ser que sea legítimamente destinado al diaconado permanente;

21. quien desempeña un cargo o tarea de administración que se prohíbe a los clérigos a tenor de los cc. 285 y 286, y debe rendir cuentas, hasta que, dejado este cargo o tarea y rendido cuentas, haya quedado libre;

31. el neófito, a no ser que, a juicio del Ordinario, haya sido suficientemente probado.

d. Irregularidades para ejercer las órdenes (c.1044, ‘ 1).

Son irregulares para ejercer las órdenes recibidas:

11. quien ha recibido ilegítimamente las órdenes estando afectado por una irregularidad;

21. quien ha cometido el delito del que trata el can.1041, n.2, si el delito es público;

31. quien ha cometido algún delito de los que trata el can. 1041, nn.3,4,5 y 6.

e. Impedimentos para ejercer las órdenes (c.1044, ‘ 2).

Están impedidos para ejercer las órdenes recibidas:

11. quien ha recibido ilegítimamente las ordenes estando afectado por un impedimento;

21. quien sufre de amencia o de otra enfermedad psíquica de la que se trata en el can.1041, n.1, hasta que el Ordinario, habiendo consultado a un experto, le permita el ejercicio del orden.

f. Dispensas:

f.1. En situaciones normales (1047).

‘ 1. Se reserva exclusivamente a la Sede Apostólica la dispensa de todas las irregularidades si el hecho en que se basan hubiera sido llevado al fuero judicial.

‘ 2. También se le reserva la dispensa de las siguientes irre­gularidades e impedimentos para recibir las órdenes:

11. de la irregularidad por delitos públicos a los que se refiere el can. 1041, nn.2 y 3.

21. de la irregularidad por delito, tanto público como oculto, al que se refiere el can. 1041, n.4;

31. del impedimento indicado en el can. 1041 n.1;

‘ 3. También se reserva a la Sede Apostólica la dispensa de las irregularidades para el ejercicio del orden recibido, de las que se trata en el can. 1041, n.3, sólo en los casos públicos, y en el n.4 del mismo canon, también en los casos ocultos.

‘ 4. El Ordinario puede dispensar de las irregularidades e im­pedimentos no reservados a la Santa Sede.

f.2. Casos especiales (c.1048).

En los casos ocultos más urgentes, si no se puede acudir al Ordinario, o a la Penitenciaria cuando se trate de las irregularidades indicadas en el can. 1041, nn.3 y 4, y hay peligro de grave daño o de infamia, puede ejercer un orden quien está impedido por alguna irre­gularidad para ejercerlo, quedando sin embargo en pie la obligación de recurrir cuanto antes al Ordinario o a la Penitenciaría, sin indicar el nombre y por medio de un confesor.

f.3. Modo de solicitarlas (c.1049).

‘ 1. En las preces para obtener la dispensa de las irregularidades e impedimentos, se han de indicar todas las irregularidades y todos los impedimentos; sin embargo, la dispensa general vale también para lo que no se haya manifestado de buena fe, exceptuadas las irregularidades de las que se trata en el can. 1041, n.4, y aquellas otras que hubieran sido llevadas al fuero judicial, pero no para lo que se haya ocultado de mala fe.

‘ 2. Si se trata de irregularidad por homicidio voluntario o por aborto procurado, para la validez de la dispensa se ha de hacer constar también el número de delitos.

‘ 3. La dispensa general de irregularidades e impedimentos para recibir las órdenes vale respecto a todas las órdenes.

2.7. Documentos, escrutinio y dimisorias

a. Documentos exigidos antes de la ordenación (c.1050).

Para que alguien pueda acceder a las sagradas órdenes se requieren los siguientes documentos:

11. el certificado de los estudios realizados a tenor del can. 1032;

21. tratándose de la ordenación de presbíteros, el certificado de que han recibido el diaconado;

31. tratándose de la ordenación de diáconos, el certificado de bautismo y de confirmación, así como de que han recibido los ministerios a los que se refiere el can. 1035; y asimismo el certificado de que han hecho la declaración prescrita en el can. 1036, y, si se trata de un casado que va a ser promovido al diaconado permanente, los certificados de matrimonio y de consentimiento de su mujer.

b. Escrutinio sobre las cualidades del ordenando (c.1051)

.           Por lo que se refiere a la investigación de las cualidades que se requieren en el ordenando, deben observarse las prescripciones siguientes:

11. el rector del seminario o de la casa de formación ha de certificar que el candidato posee las cualidades necesarias para recibir el orden, es decir, doctrina recta, piedad sincera, buenas costumbres y aptitud para ejercer el ministerio; e igualmente, después de la investigación oportuna, hará constar su estado de salud física y psíquica;

21. para que la investigación sea realizada convenientemente, el Obispo diocesano o el Superior mayor puede emplear otros medios que la parezcan útiles, atendiendo a las circunstancias de tiempo y de lugar, como son las cartas testimoniales, las proclamas u otras informaciones.

c. Dimisorias:

c.1. Quién las concede (c.1019)

‘ 1. Compete dar dimisorias para el diaconado y para el presbiterado al Superior mayor de un instituto religioso clerical de derecho pontificio o de una sociedad clerical de vida apostólica de derecho pontificio, para sus súbditos adscritos según las constituciones de manera perpetua o definitiva al instituto o a la sociedad.

‘ 2. La ordenación de todos los demás miembros de cualquier instituto o sociedad se rige por el derecho de los clérigos seculares, quedando revocado cualquier indulto concedido a los Superiores.

c.2. Cuándo se han de conceder (c.1020).

No deben concederse las dimisorias antes de haber obtenido todos los testimonios y documentos que se exigen por el derecho, a tenor de los can.1050 y 1051.

c.3. Responsabilidad del Obispo ordenante (cc.1052; 1022).

1052, ‘ 1. Para que el Obispo que confiere la ordenación por derecho propio pueda proceder a ella, debe tener constancia de que se han recibido los documentos indicados en el can. 1050, y de que se ha probado de manera positiva la idoneidad del candidato, mediante la investigación realizada según derecho.

‘ 2. Para que un Obispo ordene a un súbdito ajeno, basta que las dimisorias atestigüen que se tienen esos documentos, que se ha hecho el escrutinio a tenor del derecho, y que consta la idoneidad del candidato; si el ordenando es miembro de un instituto religioso o de una sociedad de vida apostólica, las dimisorias deben además dar fe de que ha sido recibido en el instituto o sociedad de modo definitivo y es súbdito del Superior que da las dimisorias.

‘ 3. Si, a pesar de todo esto, el Obispo duda con razones ciertas de la idoneidad del candidato para recibir las órdenes, no lo debe ordenar.

1022. Una vez recibidas las legítimas dimisorias, el Obispo no debe ordenar mientras no le conste sin lugar a dudas la autenticidad de las mismas.

c.4. Validez de las dimisorias (c.1023)

Las dimisorias pueden quedar sometidas a limitaciones o ser revocadas por quien las expidió o por su sucesor; sin embargo, una vez dadas, no pierden su eficacia por decaer el derecho del que las concedió.

2.8. Inscripción y certificado de la ordenación

a. Certificado auténtico personal de la ordenación (cc.1053, ‘ 2).

El obispo debe dar a cada ordenado un certificado auténtico de la ordenación recibida; y si éstos fueron ordenados con dimisorias por un Obispo ajeno, mostrarán a su vez ese documento a su Ordinario propio, para que se anote la ordenación en un libro especial que se guarda en el archivo.

b. Notificación al párroco (c.1054).

El Ordinario del lugar, tratándose de seculares, o el Superior mayor competente si se trata de súbditos suyos, debe comunicar la ordenación al párroco del lugar del bautismo de cada ordenado, para que lo anote en el libro de bautismos, a tenor del can. 535, ‘ 2.

2.9. Incardinación y excardinación de los ordenados

a. Todo clérigo ha de estar incardinado (c.265).

Es necesario que todo clérigo esté incardinado en una Iglesia particular, o en una prelatura personal, o en un instituto de vida con­sagrada, o en una sociedad que goce de esta facultad, de modo que de ninguna manera se admitan los clérigos acéfalos o vagos.

b. Incardinación del religioso clérigo (c.266, ‘ 2).

El miembro profeso con votos perpetuos en un instituto religioso o incorporado definitivamente a una sociedad clerical de vida apostólica, al recibir el diaconado queda incardinado como clérigo en ese instituto o sociedad, a no ser que, por lo que se refiere a las sociedades, las constituciones digan otra cosa.

c. Incardinación de un religioso clérigo en una diócesis (c.693).

Si el miembro es clérigo, el indulto no se concede antes de que haya encontrado un Obispo que le incardine en su diócesis o, al menos, le admita a prueba en ella. Si es admitido a prueba, queda, pasados cinco años, incardinado de propio derecho en la diócesis, a no ser que el Obispo le rechace.