23 – Diálogo interreligioso y formación claretiana

Cuaderno de la formación

Diálogo interreligioso y formación claretiana

-Mathew Vattamattam cmf

 

Introducción

La historia actual está caracterizada por un frecuente movimiento migratorio que lleva a múltiples encuentros entre culturas, religiones y nacionalidades. Este hecho constituye la base para el intercambio y el enriquecimiento mutuo entre culturas y religiones. Los siguientes factores exigen un diálogo interreligioso oportuno y eficaz en la evangelización de hoy:

  • El creciente contacto entre personas de diferentes creencias en la sociedad moderna debido a la globalización y a los fenónemos migratorios. Europa es testigo del incremento de la población inmigrante desde comienzos de la década de los 90. El porcentaje de inmigrantes es de: 19,1% en Suiza, 9,3% en Austria, 8,9% en Alemania, 8,8% en Bélgica; 5,6% en Italia; 4% en el Reino Unido, 4,1% en los Países Bajos[1].
  • Los acontecimientos del 11 de Septiembre y la forma como los Estados Unidos están afrontando el fenómeno terrorista están polarizando el mundo entre cristianos y musulmanes y fomentando la extensión de la violencia en la vida pública.
  • La necesidad de recuperar valores religiosos para construir la paz y la justicia en un mundo fragmentado.
  • La presencia cristiana es mínima entre una gran mayoría de la población mundial. La presencia de los claretianos se centra sobre todo en el sector cristiano de la población mundial.
  • La fe cristiana nos llama a reconocer y apreciar las semillas de la Palabra presentes en otras tradiciones religiosas.

2. Los claretianos en el pueblo de Dios

Situamos nuestra presencia y misión entre los pueblos que habitan nuestro planeta.

La población mundial alcanza actualmente los 6.455.481.693 de personas[2].

CONTINENTE DE AFRICA                                  891.437.541 (14%)

CONTINENTE DE SUDAMÉRICA                      371.271.037 (6%)

CONTINENTE DE NORTEAMÉRICA                512.422.500 (8%)

CONTINENTE DE ASIA                                       3.913.842.171 (60.5%)

CONTINENTE DE EUROPA                                729.341.014 (11%)

CONTINENTE DE OCEANÍA                             32.744.469 (0.5%)

El 37% de la población mundial vive en dos países: China e India.

Los claretianos estamos presentes en todos los continentes, en 63 países. Nuestra distribución en 2002 era la siguiente:[3]

Europa            34%

Sudamérica     26%

Asia                20%

África             15%

Norteamérica  5%

Población por religión

Cristianos (33%), Musulmanes (20%), Hinduistas (13%), Budistas (65), Chinos (6,3%), religiones tribales (4%), no religiosos y agnósticos (11,9%), antirreligiosos y ateos (2,3%).

Las tendencias actuales y la predicción de futuro apuntan a un crecimiento de la población musulmana en el mundo y a una disminución de los cristianos.

Población cristiana

Católicos                    53%

Ortodoxos                  11%

Otros                          36%

Los católicos en el mundo: 1.700 millones de personas (17% de la población mundial)[4]

El 30% vive en Latinoamérica.

El 15% en Norteamérica.

El 30% en Europa.

El 12% en África.

El 12% en Asia.

El 1% en Oceanía.

Religiosos católicos en la Iglesia: 137.409 + 54.620 = 192.029.

De todos los consagrados varones que hay en la Iglesia, los claretianos somos 3.100. Somos una comunidad muy pequeña de consagrados en el gran océano de los cristianos y de los habitantes del planeta. Pero tenemos un carisma que nos impulsa a llegar a todo el pueblo de Dios. Por otra parte, tenemos la ventaja de estar presentes en la mayoría de los países que albergan un buen número de la población mundial y en medio de personas de otras creencias.

3. El diálogo interreligioso en la conciencia de los claretianos

3.1. El fundador y los primeros claretianos

  • San Antonio María Claret: “Mi espíritu es para todo el mundo”.
  • Se ofreció personalmente a Propaganda Fide.
  • Nuestra primera misión extranjera fue en Argel. Los claretianos enviaron misioneros a China en 1929.

Compartimos la autocomprensión de que la Iglesia tiene la misión de evangelizar al mundo y de que nosotros estamos en la vanguardia de esa misión.

 3.2. Los claretianos después del Concilio Vaticano II

Notamos una progresiva interiorización de la teología de la misión que el Concilio empezó en la Iglesia. Nuestras Constituciones renovadas nos invitan a ser abiertos, receptivos y respetuosos de las costumbres y valores religiosos y culturales de los pueblos a los que se dirige nuestra misión (cf CC 48). Los documentos de los Capítulos posconciliares invitan a todos los misioneros a ser sensibles a las realidades culturales y religiosas de los pueblos a los que evangelizamos.

  • MCH (1979): Siguiendo las enseñanzas del Concilio Vaticano II, la MCH contempló la riqueza de las diversas culturas en las que estamos presentes y afirmó la necesidad de hablar el lenguaje adecuado a cada cultura para comunicar el evangelio (106, 107, 167). El Capítulo hizo ver que dos tercios del mundo (más de dos mil millones de personas) no han sido todavía evangelizadas. Determinó reforzar las comunidades que hay en los países no cristianos (182).
  • CPR (1985): El Capítulo de 1985 constató que nuestra presencia entre los no cristianos había sido muy poco reforzada (33). Por eso, invitó a la Congregación a fortalecer nuestra presencia misionera en Asia y África y a ofrecer un testimonio activo que generase y promoviera un verdadero diálogo de vida y fe en medio de las personas y grupos con los que vivimos.
  • SP (1991): El Capítulo de 1991 señaló de nuevo el pequeño porcentaje de claretianos dedicados a la misión “ad gentes” en un mundo en el que la mayoría todavía no ha oído hablar de Cristo (3.3). La renovación de nuestra dimensión misionera ad gentes necesita educación para el diálogo con las culturas y las tradiciones religiosas de las personas de otras creencias (4.8). Hablando de Asia, donde los cristianos apenas llegamos al 2%, el Capítulo hizo una llamada a abrir nuevas áreas y a usar medios concretos para la misión ad gentes en diálogo de fe y vida con otras religiones, culturas y con los pobres (29.2), y a preparar a los formandos para compartir la fe, el discernimiento y el diálogo (29.6).
  • EMP (1997): La expresión diálogo interreligioso se hace más clara cuando hablamos del contacto con otras creencias en África (5; 14.1) y Asia (8). El Capítulo señala que las grandes religiones de Asia exigen de nuestra pequeña comunidad un serio compromiso con el diálogo interreligioso (8; 14.4). El Capítulo pidió un apostolado profético comprometido con el diálogo intercultural e interreligioso, el cual forma parte de la misión evangelizadora de la Iglesia (46.3). Pidió al Gobierno General que creara un grupo de expertos en teología de la misión (46.4). El Capítulo pidió también a los claretianos de Asia que incrementasen la formación para la inculturación y el diálogo interreligioso y profundizasen nuestro compromiso con la misión ad gentes (61.3, 7).
  • PTV (2003): El Capítulo de 2003 colocó el desafío integral del diálogo en el contexto de la globalización y optó como prioridad por la inculturación del evangelio a través del diálogo ecuménico, interreligioso e intercultural en todas nuestras obras misioneras (45). El Capítulo propuso empezar y cultivar el diálogo de vida y fe con otras iglesias y grupos religiosos y participar en foros de diálogo (68.1), incluirlo en nuestros planes formativos y preparar experiencias en este campo y especializar a algunos claretianos (68.4).

En nuestra comprensión, hay una creciente conciencia de la necesidad de ser sensibles a la cultura y a la fe de la gente entre la que estamos presentes. Hay también una creciente conciencia de que la Congregación misma está formada por miembros que pertenecen a distintos orígenes y culturas. En nuestro apostolado se da un progresivo reconocimiento de las personas de otras creencias y la necesidad de entrar en un fructífero diálogo interreligioso.

 4. La praxis del diálogo interreligioso

El diálogo, en el contexto de las relaciones interreligiosas, significa “todas las relaciones interreligiosas positivas y constructivas con personas y comunidades de otras creencias que se dirigen al mutuo entendimiento y enriquecimiento”, en obediencia a la verdad y en respeto a la libertad. Incluye tanto el testimonio como la búsqueda de las respectivas convicciones religiosas[5].

La práctica del diálogo interreligioso en la Iglesia se encuentra en una etapa de maduración de las experiencias del pasado. El camino del diálogo interreligioso no ha sido fácil debido a los temores, prejuicios, historia y a las diferentes posiciones absolutistas que una religión tiene con respecto a las otras. Los pronunciamientos de la iglesia en el pasado (extra ecclessiam nulla salus) y el lenguaje empleado para explicar las otras religiones (por ejemplo, se hablaba de no cristianos, de cristianos anónimos, etc) no fueron adecuados para preparar el terreno al diálogo.

La apertura que supuso el Vaticano II y las iniciativas del Papa Juan Pablo II de pedir perdón por las heridas del pasado y crear un foro para la oración interreligiosa por la paz en Asís y la tarea del Pontificio Consejo para las otras religiones han supuesto grandes progresos en la promoción del diálogo interreligioso.

La Iglesia y la Congregación nos invitan a entrar en diálogo con la cultura y las religiones como verdaderas expresiones de nuestra experiencia de fe. Necesitamos prepararnos para el diálogo integrando adecuadamente los principios y la práctica del diálogo en nuestros planes formativos. Resultaría ingenuo aventurarse en el diálogo interreligioso sin las actitudes adecuadas y sin principios del diálogo. Además, dado que la Congregación se está haciendo cada vez más multicultural, incluso a nivel local, nuestro futuro depende del nivel de eficacia que logremos en el diálogo con los demás a partir de nuestra riqueza intercultural. Básicamente, se trata de usar en el diálogo interreligioso los mismos esquemas de diálogo que usamos en nuestras comunidades multiculturales.

4.1. Algunos principios básicos del diálogo interreligioso

  • La Iglesia católica está comprometida con el diálogo como forma válida para buscar y servir a Dios.
  • La Iglesia sostiene una jerarquía de verdades (Unitatis Redintegratio, 11). En último término, todas las doctrinas se refieren al Misterio de Cristo y a la Trinidad, que son básicas para la fe cristiana y no pueden ser sacrificadas, si queremos seguir siendo fieles a la fe cristiana.
  • Hay una distinción entre contenido de la fe y expresión de la fe (GS 62). Puede haber mejores expresiones del contenido de la fe que pueden ser útiles para el diálogo.
  • La Iglesia sostiene que las otras religiones contienen semillas de verdad y que hay muchos terrenos comunes para trabajar unidos en la proclamación de la gloria de Dios (LG 16, EA 2).
  • La libertad de conciencia y el respeto a las tradiciones religiosas no significa que todas las religiones sean iguales y que sea verdadero todo lo que pertenece a las tradiciones religiosas.
  • Una aproximación de tipo sincretista o de supermercado, en la que cada persona coge lo que le gusta de cada tradición religiosa no conduce a un verdadero diálogo ni sirve a la verdad.

4.2. Obstáculos al diálogo[6]

  1. 1.Falta de asentamiento en la propia fe.
  2. 2.Insuficiente conocimiento y comprensión de las creencias y prácticas de otras religiones, escaso aprecio de su importancia y significación e incluso en ocasiones tergiversación.
  3. 3.Factores socio-políticos o algunas cargas del pasado.
  4. 4.Comprensión equivocada del significado de términos como conversión, bautismo, diálogo, etc.
  5. 5.Autosuficiencia, falta de apertura y, en consecuencia, actitudes defensivas o agresivas.
  6. 6.Falta de convicción con relación al valor del diálogo interreligioso, que algunos pueden ver como una tarea reservada a los especialistas, y otros como un signo de debilidad o incluso como una traición a la fe.
  7. 7.Sospecha acerca de los verdaderos motivos que mueven a los otros al diálogo.
  8. 8.Espíritu polémico a la hora de expresar las convicciones religiosas.
  9. 9.Intolerancia, que se agrava a menudo por la contaminación de factores políticos, económicos, raciales y étnicos. Falta de reciprocidad en el diálogo, que puede llevar a la frustración.
  10. 10.Ciertos rasgos del actual clima religioso; por ejemplo, el materialismo creciente, la indiferencia religiosa, y la multiplicación de sectas que crea confusión y provoca nuevos problemas.

4.3. Formación para el diálogo interreligioso

La formación para el diálogo implica dos aspectos:

  • El aspecto que se refiere al contenido. La persona profundiza su propia fe y busca conocer la experiencia de fe de los otros. Esto implica:
    • Un fuerte sentido de identidad como cristianos y claretianos. Profundo conocimiento y experiencia de nuestra propia fe.
    • Conocimiento básico de la fe de los demás más allá de los estereotipos al uso.
    • El aspecto que se refiere a la relación. Este aspecto implica actitudes de respeto y destrezas para el diálogo.
      • Capacidad para reconocer nuestros propios prejuicios y limitaciones en nuestra vida de fe y una actitud consecuente de conversión.
      • Capacidad para escuchar las diferencias con respeto y presentar la propia fe con claridad.
      • Aprecio de la pluralidad como algo querido por el Creador y como un valor positivo a todos los niveles.
      • Conciencia de los peligros del absolutismo y del fundamentalismo en nosotros y en los demás.
      • Disposición para purificar y profundizar la propia fe y aceptar la vulnerabilidad como resultado de nuestro encuentro con otras creencias.

4.4. Algunas afirmaciones recientes de la Iglesia oficial respecto al diálogo y a su impacto en los modelos de diálogo[7]

En el contexto de las tendencias emergentes en la teología del diálogo interreligioso, la Congregación para la Doctrina de la Fe ha advertido a algunos teólogos acerca de los errores que se han deslizado en su teología y les ha pedido que sean fieles a la fe católica cuando entren en diálogo con otras religiones. La Congregación reafirmó los siguientes puntos como centrales en la fe católica y, por lo tanto, como puntos que deben ser siempre afirmados:

  • La sola y universal mediación salvífica de Cristo.
  • La unicidad y completitud de la revelación de Cristo.
  • La acción salvífica universal del Espíritu Santo.
  • La orientación de todos los seres humanos a la Iglesia.

Al afirmar estos puntos fundamentales de la fe católica, la Iglesia defiende su visión de la humanidad. En ella toda persona honesta puede llegar a aceptar a Jesús como Salvador y a ser miembro de la Iglesia. En esta visión cristiana del hombre y de su salvación, no hay un auténtico espacio para las otras religiones en y por sí mismas, excepto para las semillas de verdad escondidas en estas tradiciones y en el misterioso modo como ellas se benefician de la salvación mediada por Cristo a través del Espíritu que conduce a todos a la única Iglesia.

A menudo, nuestros interlocutores encuentran este modo de hablar desconcertante e hipócrita y hacen referencia a las limitaciones históricas de la Iglesia y a la dicotomía entre fe y práctica que se observa en el “mundo cristiano”.

4.5. Formas de diálogo[8]

A pesar de las dificultades en llevar a cabo el diálogo sin demasiadas complicaciones existe una sincera aspiración en muchos de entrar en un contacto significativo con personas de otras religiones. Hay cuatro formas de diálogo en el campo de las religiones:

  1. 1.El diálogo de vida, en el que las personas se esfuerzan por vivir con un espíritu abierto y amable, compartiendo sus alegrías y tristezas, sus problemas humanos y sus preocupaciones. Esto implica:
  • No tolerar ninguna forma de falta de respeto a las creencias en público.
  • Evitar posibles conflictos mediante la decisión de dialogar.
  • Crear una sociedad secular que respete y favorezca la fe religiosa.
  1. 2.El diálogo de acción en el que los cristianos y los demás colaboran a favor del desarrollo integral y de la liberación de las personas.
  • Abordar los problemas de la pobreza y la injusticia en la sociedad.
  • Restaurar la paz en lugares de conflicto especialmente con apoyos religiosos
  • Apoyar la causa de la paz y la justicia en el mundo.
  1. 3.El diálogo del intercambio teológico, en el que los especialistas tratar de profundizar su comprensión de sus respectivas herencias religiosas, y de apreciar los valores espirituales de los demás.
  1. 4.El diálogo de la experiencia religiosa, en el que las personas, enraizadas en sus respectivas tradiciones religiosas, comparten sus riquezas espirituales, por ejemplo en relación con la oración y la contemplación, la fe y los caminos para buscar a Dios o al Absoluto.

4.6.  Algunas sugerencias para la formación

La formación claretiana necesita incluir programas prácticos y teóricos para preparar a los misioneros en la misión del diálogo interreligioso. Presento una lista de algunos medios posibles:

  1. 1.Cursos en los que se imparta un conocimiento básico de otras religiones, especialmente las más relevantes, como el Islam, el Judaísmo, el Hinduismo y el Budismo.
  2. 2.Visitas a posibles lugares de culto de otras religiones.
  3. 3.Participación en encuentros de oración interreligiosos.
  4. 4.Experiencias de trabajo pastoral con migrantes.

    5.Conclusión

El contacto con personas de otras religiones y sistemas de creencias puede desafiarnos a vivir con autenticidad nuestra propia fe y despertarnos de la modorra en la que la vivimos. Nuestro testimonio de vida cristiana es el medio más indicado para comunicar el evangelio al mundo. En cuanto misioneros, necesitamos equiparnos para entrar en un diálogo fructífero con otros hermanos y hermanas de diferentes religiones que hoy constituyen la mayoría del mundo.

Para compartir y dialogar

 1. Alguna experiencia de diálogo con personas de otras religiones. ¿Qué impresiones tienes del Islam y del hinduismo?

2. La enseñanza de la Iglesia sobre el diálogo y la evangelización hace que muchas personas de otras religiones sospechen de las intenciones de la iglesia a la hora de empezar a dialogar. ¿Cómo reconciliamos nosotros el diálogo y la proclamación del evangelio?

3. ¿Cuál es tu opinión sobre las recientes advertencias de la Congregación para la Doctrina de la Fe a algunos teólogos sobre el diálogo interreligioso? ¿Crees que tenemos una teología sólida del diálogo interreligioso? ¿Cuál crees que podría ser el terreno común para el diálogo con otros sistemas religiosos?

4. Sugerencias para formarnos en el diálogo interreligioso en nuestros centros de formación.

Apendice

Vat II. Lumen Gentium 16: Los no cristianos

Por fin, los que todavía no recibieron el Evangelio, están ordenados al Pueblo de Dios por varias razones. En primer lugar, por cierto, aquel pueblo a quien se confiaron las alianzas y las promesas y del que nació Cristo según la carne (cf. Rom., 9,4-5); pueblo, según la elección, amadísimo a causa de los padres; porque los dones y la vocación de Dios son irrevocables (cf. Rom., 11,28-29). Pero el designio de salvación abarca también a aquellos que reconocen al Creador, entre los cuales están en primer lugar los musulmanes, que confesando profesar la fe de Abraham adoran con nosotros a un solo Dios, misericordiosos, que ha de juzgar a los hombres en el último día. Este mismo Dios tampoco está lejos de otros que entre sombras e imágenes buscan al Dios desconocido, puesto que les da a todos la vida, la inspiración y todas las cosas (cf. Act., 17,25-28), y el Salvador quiere que todos los hombres se salven (cf. 1Tim., 2,4). Pues los que inculpablemente desconocen el Evangelio de Cristo y su Iglesia, y buscan con sinceridad a Dios, y se esfuerzan bajo el influjo de la gracia en cumplir con las obras de su voluntad, conocida por el dictamen de la conciencia, pueden conseguir la salvación eterna. La divina Providencia no niega los auxilios necesarios para la salvación a los que sin culpa por su parte no llegaron todavía a un claro conocimiento de Dios y, sin embargo, se esfuerzan, ayudados por la gracia divina, en conseguir una vida recta. La Iglesia aprecia todo lo bueno y verdadero, que entre ellos se da, como preparación evangélica, y dado por quien ilumina a todos los hombres, para que al fin tenga la vida. pero con demasiada frecuencia los hombres, engañados por el maligno, se hicieron necios en sus razonamientos y trocaron la verdad de Dios por la mentira sirviendo a la criatura en lugar del Criador (cf. Rom., 1,24-25), o viviendo y muriendo sin Dios en este mundo están expuestos a una horrible desesperación. Por lo cual la Iglesia, recordando el mandato del Señor: “Predicad el Evangelio a toda criatura (cf. Mc., 16,16), fomenta encarecidamente las misiones para promover la gloria de Dios y la salvación de todos.

Vat II. Nostra Aetate: Las diversas religiones no cristianas

2. Ya desde la antigüedad y hasta nuestros días se encuentra en los diversos pueblos una cierta percepción de aquella fuerza misteriosa que se halla presente en la marcha de las cosas y en los acontecimientos de la vida humana y aveces también el reconocimiento de la Suma Divinidad e incluso del Padre. Esta percepción y conocimiento penetra toda su vida con íntimo sentido religioso. Las religiones a tomar contacto con el progreso de la cultura, se esfuerzan por responder a dichos problemas con nociones más precisas y con un lenguaje más elaborado. Así, en el Hinduismo los hombres investigan el misterio divino y lo expresan mediante la inagotable fecundidad de los mitos y con los penetrantes esfuerzos de la filosofía, y buscan la liberación de las angustias de nuestra condición mediante las modalidades de la vida ascética, a través de profunda meditación, o bien buscando refugio en Dios con amor y confianza. En el Budismo, según sus varias formas, se reconoce la insuficiencia radical de este mundo mudable y se enseña el camino por el que los hombres, con espíritu devoto y confiado pueden adquirir el estado de perfecta liberación o la suprema iluminación, por sus propios esfuerzos apoyados con el auxilio superior. Así también los demás religiones que se encuentran en el mundo, es esfuerzan por responder de varias maneras a la inquietud del corazón humano, proponiendo caminos, es decir, doctrinas, normas de vida y ritos sagrados.

La Iglesia católica no rechaza nada de lo que en estas religiones hay de santo y verdadero. Considera con sincero respeto los modos de obrar y de vivir, los preceptos y doctrinas que, por más que discrepen en mucho de lo que ella profesa y enseña, no pocas veces reflejan un destello de aquella Verdad que ilumina a todos los hombres. Anuncia y tiene la obligación de anunciar constantemente a Cristo, que es “el Camino, la Verdad y la Vida” (Jn., 14,6), en quien los hombres encuentran la plenitud de la vida religiosa y en quien Dios reconcilió consigo todas las cosas.

Por consiguiente, exhorta a sus hijos a que, con prudencia y caridad, mediante el diálogo y colaboración con los adeptos de otras religiones, dando testimonio de fe y vida cristiana, reconozcan, guarden y promuevan aquellos bienes espirituales y morales, así como los valores socio-culturales que en ellos existen.

 



[2] Cf Internaitonal data base (IDB)., US Census bureau.

[3] Cf. report of Government presented to the General Chapter 2003.p.5

[4] Cf. www.catholic-hierarchy.org

[5] cf. Dialogue and Proclamation, Pont. Council for interreligious dialogue, no.9, 1991

[6] Cf. Dialogue and Proclamation, Pontifical Council for interreligious Dialogue, 1991, No. 52

[7] Cf. congregation for Faith, Declaration Dominus Iesus, 2000; Notification on the book Toward a Christian Theology of Religious Pluralism, by Jacques Dupuis sj, 2001.

[8] Cf. Dialogue and Proclamation, Pontifical Council for interreligious Dialogue, 1991, No. 42