4 – Textos Espirituales y Formativos I

Cuadernos de Formación 4

Prefectura General de Formación Roma 1989

 

TEXTOS ESPIRITUALES Y FORMATIVOSDE SAN ANTONIO MARÍA CLARET -I

Jesús Bermejo, CMF.

 

PRESENTACIÓN

Nuestra Congregación ha realizado en los últimos años un paso gigantesco en la búsqueda de su identidad misionera. El retorno a las rafees le ha permitido sentirse a si misma como obra de Dios destinada la evangelizactón universal. El camino de renovación recorrido en la etapa postconciliar ha sido el que indicó el Concilio Vaticano II. Los tres criterios allí señalados -el retorno a las fuentes de toda vida cristiana, la vuelta a la primigenia inspiración y la adptación a las condiciones de los tiempos actuales (d . PC 2)- han impulsado decididamente la renovación, al menos en el nivel de la conciencia. Pero, por otro lado, la resonancia en la vida se ha quedado aún algo distante y se hace esperar.

En esa marcha común hacia el redescubrimiento de la identidad es punto de referencia obligado San Antonio Marta Claret. nuestro Fundador, como receptor primero del don carismático y como modelo de vida misionera para los clare-tianos actuales y para las generaciones futuras. La cercanía al Fundador es indispensable, si se quiere mantener viva y fresca, en el Instituto evangélico y apostólico por él fundado, la savia vital que desde los orígenes le confirió existencia y dinamismo dentro de la Iglesia.

La cercanía al Padre Claret -a su experiencia y a su doctrina- es la corriente de vidaque nos pone en contacto con la gracia que nos otorgaf isonomía peculiar en el pueblo de Dios y nos sitúa en él como realidad carism ática significativa.

Los textos claretianos recogidos en esta breve antología son verdaderas “fuentes” de nuestro ser carismático e intentan ayudar, tanto a los formadores como a los formandos de nuestra Congregación, a “reflexionar” sobre la identidad misionera de este grupo eclesial personas comprometidas radi­calmente con Cristo y su Evangelio, que han sido ungidas por el Espíritu y enviadas a evangelizar a todos tos pueblos.

En la vida de San Antonio María Caret cuenta ante todo la experiencia, pero también las palabras, que la expresan y sirven de vehículo para captar su experiencia interior, hecha carne y sangre en su obra predilecta. La Congregación, que él fundó por inspiración divina, y cada uno de los claretianos, vocadosd y convocados para la misión, estamos llamados a re-vivir el don peculiar que Dios mismo nos concedió como herencia inalienable, y a proyectar, hacia un futuro henchido de promesas, la experiencia misionera que dio sentido a su existencia y que arrastra la nuestra por los mismos o parecidos senderos de misión, en Cristo -primer misionero del Padre y cabeza de misioneros- y siguiendo sus huellas por los caminos del Evangelio.

En este manojo de textos, nacidos del corazón, San Antonio María Claret nos revela su propia experiencia misionera: hombre de intensa fe y de esperanza inquebrantable, ungido para evangelizar a los pobres, apremiado por la caridad de Cristo, que lo devoraba en todo momento, hijo y ministro de María -formado en su corazón, que es fragua de amor-, enamorado de la Iglesia, totalmente dócil al Sumo Pontífice, abierto aun mundo nuevo, que necesitaba con urgencia la luz del Evangelio para no hundirse en el ateísmo desesperante o en la desoladora indiferencia.

En estas páginas límpidas y sencillas encontramos valiosas sugerencias y orientaciones sobre la vida religiosa, sacerdotal y misionera. No faltan indica­ciones, directas o indirectas, sobre la vocación, la formación y la espiritualidad claretiana. En ellas se reflejan sus inquietudes evangelizadoras con dimensión de universalidad y su deseo ardiente, casi obsesivo, de ver la Congregación extendida por el mundo entero. Y desde una visión muy concreta y profunda­mente evangélica de la realidad, surgen consejos muy acertados para ir consolidando la obra emprendida, en tiempos de paz y en tiempos de zozobra y de persesecución.

Hay una luz interior que ilumina estos textos de San Antonio María Claret y b preside todo: la presencia del Señor Jesús, que guía con su gracia y con su fuerza las sendas de una vida, que es anuncio gozoso y proclamación ardiente del Evangelio de la salvación. Y ahí está también, con una presencia discreta pero siempre significativa, la Virgen María, que es, para Claret y para todos los claretianos. Madre y Maestra, formadora y guía en los campos múltiples y diversificados de la misión.

Que el Padre de la bondad y misericordia conceda fecundidad a esta pequeña semilla arrojada en los surcos de la Congregación, la colme de gracia y haga que fructifique en todos los que, por vocación y misión, nos llamamos y somos hijos del Inmaculado Corazón de María.

Enraizados en esa esperiencia original, el Espíritu del Padre y de la Madre podrán hablar siempre en nosotros. Y así, urgidos por la caridad de Cristo, podrá resonar en todo el mundo, en la voz y en la vida de cada misionero claretiano, la Palabra que salva y regenera, abre a la fe e impulsa a la caridad apostólica el corazón de los hombres.

Jesús BERMEJO, CMF Roma, 31 de marzo de 1989.

NOTA IMPORTANTE: Estos dos folletos de la colección “Cuadernos de formación claretiana”. que llevan los números 4-A y 4-B, forman un todo formado por 201 textos, tornados en su mayor parte de los tres volúmenes risl FPiesTn LAR.O CLARETIANO (Madrid, 1970 y 1987). Se han agrupado en’cSfpSS 1) experiencia m.s.onera de Claret, 2) espíritu y misión del claretiano, 3) vocación

y formación del misionero, y 4) pensamientos varios. En cada una de ellas se ha mantenido el orden cronológico. Los títulos tos hemos añadido nosotros.
I.- EXPERIENCIA MISIONERA DE CLARET

1. Espíritu universal

“No puede vuestra excelencia formarse una idea de la pena que partió mi corazón semejante nombramiento; por dos razones: la primera, porque no gusto de dignidades ni tengo suficiencia para ellas; y la segunda, porque me echa por tierra todos mis apostólicos planes, los que con toda reserva, en pocas palabras, voy a comunicar a vuestra excelencia.

Viendo la grande falta que hay de predicadores evangélicos y apostólicos en nuestro territorio español, los deseos tan grandes que tiene el pueblo de oír la divina palabra y las muchas instancias que de todas partes de España hacen para que vaya a sus ciudades y pueblos a predicar el Evangelio, determiné reunir y adiestrar a unos cuantos compañeros celosos, y poder hacer con otros lo que solo no puedo; y, gracias a Dios, ha tenido tan buen principio mi pensamiento, que actualmente me hallo con cincuenta y nueve discípulos eclesiásticos, y algunos saldrán predicadores y muy aventajados; con la inteligenciaque todos esos señores se puede decir que estriban sobre mis hombros; por tanto, si me retiro, con este nombramiento todo se va al sueb, porque todavía están muy tiernos.

Mas así yo me ato y concreto en un solo arzobispado, cuando mi espíritu es para todo el mundo; ni aun en este punto pequeño del globo podré predicar tanto como quisiera, porque he visto con mis propios ojos los muchos negocios a que tiene que atender un arzobispo. Me parece que lo más acertado serta que se eligiese otro, y, si se quiere que vaya allá, y aun con otros compañeros, a misionar por una temporada, iremos.

Vuestra excelencia lo puede meditar, y si, después de éstas y otras observaciones que podría hacer, conoce que es la voluntad de Dios que acepte el arzobispado, sírvase mandármelo, que, a imitación de mi divino Maestro, obedeceré hasta la muerte y muerte de cruz, con su santísima gracia” (Carta al nuncio Brunelli – Vic, 12 agosto 1849: EC III p. 40-42).
2. Estado de ánimo

“Me hallo Dios sabe cómo. “Tribulationes sunt mihi undique”. Ayer tuve tentaciones de muerte, porque “melior est mors quam vita amara”. Necesito todas la áncoras de la oración para no naufragar en la tormenta en que me hallo. Tengo muchas cosas y grandes que hacer y no me permiten trabajar lo que conviene. Gravísimos asuntos gravan sobre mí, ni sé cómo de ellos poder escapar, y me dicen que, si yo no lo hago, nadie lo hará, y cabalmente la transcendencia que tienen a lagloriade Dios y salvación de las almas…” (Carta a D. José Caixal – Vic, 16 febrero 1850: EC I p. 357-358).
3. El peso de la cruz

“La reina, por medio de su ministro de la gobernación, el excelentísimo señor Pidal, el día 22me ha comunicado una orden en que, entre otras cláusulas, hay ésta: Antonio Claret, arzobispo de Cuba… vengo en nombrarle caballero gran cruz de la real orden de Isabel la Católica… Yo he resistido lo posible, pero no me ha sido posible escapar. ¡Ay, Dios míol Si una cruz es bastante para quitar la vida a mi Salvador, ¿qué será de mí con tantas cruces?” (Carta a D. Fortián Bres – Madrid, 24 octubre 1850: EC I p. 423-424).
4. Obediencia y pobreza

“Ningún interés mundano me ha traído de España. Me resistido pronto; insistí en mi repulsa, y la tercera vez acepté por obediencia. Nunca he poseído nada. Hoy, que me veo investido de una dignidad que a mérito repugna, y cuyo peso es muy superior a mis fuerzas, sigo entregado en manos de la Providencia. Debajo del oropel de mi dignidad no veo más que miseria. Pobre fui, pobre viví y pobre permanezco. Sólo la obediencia ha podido reducirme, lo repito; pero en el supuesto de que pudiera dar así más pábulo a la caridad, al amor de Dios y a mis prójimos, en que quiero abrasarme. El día en que vea que se me atan las manos para hacer el bien, o en que no se escuche mi voz, cuando mis pretensiones se funden en la justicia y en la misma caridad, que son los únicos estímulos que para obrar reconozco, ese día dejaré mi puesto y nada perderé por cierto en cuanto a mi persona, porque el carácter de misionero me basta para ser pobre, para amar a Dios, para amar a mis prójimos y ganar sus almas al mismo tiempo que la mía” (Carta al general Gutiérrez de la Concha – Santiago de Cuba, 28 marzo 1851: EC I p. 484).

5. Propaganda religiosa

“Otro de los medios de que me he valido para hacer bien han sido los libros buenos, ya regalándolos, ya cambiándolos con los malos, de modo que se les ha quitado el veneno de las manos y en su lugar se les ha puesto el pan sabroso y saludable, mayormente el “Catecismo explicado” y el “Camino

(Carta a D. Antonio Barjau – Madrid, 5 junio 1857: EC I p. 1352).

6. Deseo de cumplir la misión encomendada

“Dichoso yo si llego al sepulcro viendo coronados mis esfuerzos y trabajos, plantada y regularizada la misión, bien dirigida la educación pública, corregidas por estos medios las costumbres de mi amada grey, y habiendo contribuido así por mi parte a asegurar la verdadera paz y la ventura de esta preciosa Antilla. Entonces habré cumplido del mejor modo posible mi arduo ministerio, y habré satisfecho también mis sagrados compromisos con mi patria y con mi soberana” (Carta a Isabel II – Manzanillo, 24 mayo 1852: EC I p. 652).

7. Misiones en la diócesis de Santiago de Cuba

“Desde que he llegado a la diócesis pueden decir los funcionarios todos que la han gobernado cuáles son las tareas del arzobispo Claret. No esperé a aclimatarme, sino que empecé desde luego a trabajar, abriendo inmediatamente la santa misión en la capital y la visita pastoral. Año y medio hace que estoy en Cuba, y he visitado y misionado ya en la mayor parte de mi vasta diócesis, atravesando páramos y extensas sabanas pantanosas, por donde nadie transita, unas veces no teniendo que comer, y otras cobijándonos bajo los árboles para procurarnos algún ligero descanso, sin dejar rincón ni partido alguno donde no dar a conocer y adorar a Jesucristo (…).

Todos los trabajos los damos, sin embargo, por muy bien empleados, con tal de cumplir del mejor modo posible nuestro santo ministerio” (Carta a Isabel II -Guisa, 22octubre 1852: EC II p. 109-110).

8. “He cumplido con mi misión”

“Por el presente me hallo sin novedad, gracias a Dios. El día 20marzo concluí con las misiones y visita pastoral de toda la diócesis, y los frutos han sido copiosísimos, aunque mezclados con bastantes trabajos; pero todo lo hemos sufrido por Dios.

En el correo que viene inmediato pienso escribir a Su Santidad dándole cuenta y razón de las misericordias que el Señor ha dispensado a estas gentes por medio de este indigno e inútil siervo suyo; y al mismo tiempo pensaba escribir a Su Santidad y a la reina, nuestra señora, el poder renunciar y retirarme a mi colegio de Cataluña

9. Deseos de renunciar al arzobispado

“¿Cómo está de obispado? ¿Cuándo le consagran? Dios le dé más gusto que a mí, que le aseguro que para mí es una carga muy pesada y amarga. En los ejercicios y cada día en la oración hago propósito de conformarme a la voluntad de Dios; pero entre día en cada instante casi me olvido de tal propósito y me vienen ganas de sacudir el yugo y de escaparme o huirme. Dios me dé fuerza para hacer su santísima voluntad” (Carta a D. José Caixal – Santiago, 27 abril 1853.-EC III p. 139).

10. Actividades en la primera visita a la diócesis

“He hecho nueve mil matrimonios de amancebados públicos, resultando legitimados más de cuarenta mil naturales. He reunido cerca de trescientos matrimonios desunidos. No he dejado una parroquia por visitar, ni ranchería donde, o por mí o por mis compañeros, no se haya verificado santa misión; así es que suben a ochenta mil las personas que han comulgado sólo en las comuniones generales de las misiones, y se regulan en trescientos mil los confesados. Las confirmaciones son setenta y ocho, etc…

He repartido más de cien mil libros, a mis expensas casi todos, y he recogido sin número de otros perversos. Me valía del santo artificio de ofrecer uno bueno por uno malo. En las poblaciones donde hay tres clérigos he restablecido conferencias dos veces por semana, bajo un plan sencillo y provechoso. Yo mismo las dirijo donde estoy, y enCuba, mi provisor a falta mía. En las ciudades he logrado desterrar el traje secular de los clérigos, con imposición de graves penas a los contraventores. En el campo no puedo asegurarme de que cumplan lo mandado. Doy ejercicios al clero todos los años; hasta los canónigos los han hecho (…). EnCuba no estoy más que lo indispensable, como en todas partes, porque a todos me debo (…).

Yo ya he hecho lo que podía, entablando el plan que he creído oportuno por que la reforma de costumbres se lleve a efecto. Y, como no me es dado resistir a esas disposiciones legales, que repugnan a mi conciencia, de lo cual reconozco que podrían resultar contiendas muy perjudiciales al bien público, creo de mi deber renunciar al arzobispado y seguir por donde creo que Dios nuestro Señor me llama, para

Si Vuestra Santidad no tiene por conveniente contestarme por escrito, basta que lo diga de palabra al dador de la presente, que es sacerdote de toda mi confianza y hace algunos años que me acompaña” (Carta a Pío IX – Madrid, 27 diciembre 1859: EC III p. 377).

11. ¿Traficante o prelado?

“En cuanto a lo que me dice de vender rosarios, medallas y libros, no tengo inconveniente; sólo quisiera que no se dijera que yo ando en esto, o si no, luego me dirán que soy un traficante y no un prelado, que busco la plata y no las almas” (Carta a D. Paladio Currius – Puerto Príncipe, 4 septiembre 1853: EC I p. 880).

12. “Soy Claret y le hablo claro”

“Estoy pronto en amparar y proteger a los desvalidos, y en defender a los perseguidos injustamente; pero me falta saber la verdad, pues que le puedo asegurar que nada sé de positivo ni del señor obispo de la Habana ni de usted. Sólo por voces vagas han llegado a mis oídos algunas cosas de usted y de él.

Si usted es inocente, yo estoy pronto en prestarle toda mi protección, como lo hago con los buenos sacerdotes; mas, si es verdad lo que he oído de usted, soy Claret y le hablo claro: no cuente usted conmigo, pues que no ignorará cómo he sacado algunos sacerdotes de mi arzobispado con menos delitos de los que me han dicho de usted, aunque por de pronto no digo que sean verdaderos ni que sean falsos. Lo mejor será formar la cosa en regla y resolver lo que haya lugar en derecho, y esté usted seguroque yo le haré toda justicia, si usted la merece; mas, ignorando la verdad, no debo yo culpar a un prelado por una mera carta que me escribe un subdito disgustado y castigado* (Carta a D. Santiago López de Sanromán -13 octubre 1853: EC III p. 160-161).
13. Reacción ante el atentado de Holguín

“Yo quedé bañado en sangre, mas al momento acudieron los cirujanos, y, por la misericordia de Dios, me hallo ya casi bueno. El agresor fue cogido in fraganti; yo lo perdoné y declaró en alta voz que le perdonaba, rogué a Dios por él y he suplicado a las autoridades que no le castiguen. ¡Oh Santísimo Padre! Fueron tantas las dulzuras que Jesús y María me comunicaron en aquella noche, que no se pueden explicar.

Con la gracia del Señor, yo estoy dispuesto, Santísimo Padre, a sufrir otras heridas y aun la muerte misma, si así es la voluntad de Dios; pero no quisiera ser temerario yponerme a permanecer voluntariamente en el peligro.

El hombre que me ha herido es un forastero, que ni me conoce personalmente; en la visita anterior de esta misma ciudad, sin verle, le hice una gran obra de misericordia; portante, no puede tenerconmigo resentimiento de ningún género; no salió de su corazón la maldad, sino que le fue sugerida. Conozco que en mi diócesis hay muchos Herodes y Herodías que viven mal, y, haciendo yo el oficio de Juan, pedirán mi cabeza. Hay también algunos sacerdotes que son sepulcros blanqueados, como los de los hebreos, y, así como aquellos maquinaron la muerte de Jesús, también éstos maquinarán la mía, porque no es el discípulo más que el maestro , y, si no ha salido una tentativa, probarán otra, hasta conseguir su intento, porque escrito está: “La soberbia de los que te odiaron está subiendo siempre” . Yo, pues, para conocer la voluntad de Dios acudo a Vuestra Santidad, a fin de que se digne indicarme qué debo hacer, si renunciar y retirarme o bien continuar hasta consumar el sacrificio. Habla, Señor, que tu siervo escucha ” (Carta a Pío IX – Holguín, 23 febrero! 856: EC I p. 1174-1176).

14. Alegría ante el atentado

“Espero que todos me ayudarán a dar a Dios muchas gracias por el beneficio imponderable de haber podido derramar un poco de sangre por amor de Aquel que toda la derramó por mí, y sellar con ella las verdades del Santo Evangelio y alabanzas de María Santísima que con tanto gusto predico.

¡Ay, carísimos hermanos! ¡Qué dulce cosa es derramar la sangre por Jesús y por María! Yo os puedo asegurar que en todo este acontecimiento no he padecido nada y he gozado mucho y muchísimo. Sólo allá en el cielo se puede gozar más, que aquí, en la tierra, no es posible mayor placer espiritual. He quedado tan engolosinado, que quisiera se probase segunda vez y que se acertase mejor el golpe que en la primera.

Sin embargo, he puesto el hecho en conocimiento del Sumo Pontífice y haré lo que él me diga. Entre tanto, ayúdenme ustedes a dar gracias a Dios y a María Santísima, su dulcísima Madre. Tengan la bondad de hacer una visita y presentar mis respetos al señor obispoy a los reverendos Padres de la Merced, saludando a todos por su nombre. Animo y confianza en Dios y en la Santísima Virgen, nuestra querida Madre. ¡Ay, cuánto nos quiere!” (Carta a unos sacer­dotes de Vic – Santiago de Cuba, 30 mayo 1856: EC III p. 248-249).
15. Planes de misión en España

“Su Majestad quería que fuese arzobispo de Toledo, pero, gracias a Dios, me he escapado. Dios quiera que me pueda escapar de todos los demás puntos. Mi intención es ser arzobispo in partibus y así estaré más libre para mis planes, que son fijar una casa, enque yo viviré con mis compañeros sacerdotes para dedicarnos enteramente a las misiones y ejercicios espirituales portoda España”

recto”. Es inexplicable el entusiasmo con que se los procuran, la afición con que los leen y el provecho que de ellos sacan.

Viendo yo lo mucho que les aprovechan estos libros, voy procurando que en cada casa se encuentren, aunque me cuesten muchísimos duros, que hasta aquí ya suben a miles. Pero yo todo lo tendré por bien empleado, con tal que salve almas, que a esto Dios me ha enviado, y no a holgar ni hacer dinero” (Carta al obispo de Vic – Santiago, 7 abril 1852: EC I p. 631).

16. Visión apostólica de futuro

“Yo estoy en éstadesempañando mi ministerio; no sé di durará mucho tiempo; tampoco sé si volveré a Cuba; me parece que no. Tampoco tendré en ésta obispado ninguno.

Me parece que tendré el título de arzobispo “in partibus”, para estar más libre y entregarme a las misiones con mis compañeros de la Merced de Vich, pero no viviré allá, sino en ésta de Madrid, en que pondremos una casa formada de parte de algunos de allá y saldremos por todas las Castillas, etc., etc. Luego haré los ejercicios al cleto, al pueblo, y después misiones. ¿Qué le parece?” (Carta al obispo de Urgel – Madrid, 15 junio 1857: EC I p. 1361).
17. Deseo de cumplir la voluntad de Dios

“Parece que el gobierno tiene ganas de proponerme para alguna diócesis de la península. Yo estoy en una santa indiferencia, ni deseo otra cosa que hacer la voluntad de Dios, y por esto se lo digo a Vuestra Santidad para que me diga lo que debo hacer para agradar a Dios” (Carta a Pío IX – Madrid, 2 julio 1857: EC III p.295).

18. Esclavo de María

“Conozco que por ahora no puedo ni debo salir de Madrid, y por lo mismo no debo ni puedo, en conciencia, aceptar otro arzobispado. Yo en tal caso aceptaría serlo “in partibus”, y, mientras no sea así, soy arzobispo de Cuba, y Dios sabe si con el tiempo nos volveremos a ver. Ya sabe que yo no tengo voluntad propia; soy esclavo de mi Señora, María Santísima, y un esclavo no puede tener otra voluntad que la de su Señora, a quien sirve” (Carta a D. Manuel José Miura -Madrid, 6 septiembre 1857: EC I p. 1408).

19. La mano de la Providencia

“No dudo que la divina Providencia me ha traído a ésta para bien de la Iglesia, valiéndose de mí, miserabilísimo instrumento, pues que con mi consejo se han nombrado los obispos, se han prohibido de nuevo las blasfemias, impurezas de palabras, de figuras de láminas y se han prendido una grande porción de mujeres públicas, etc., etc. Todo sea para gloria de Dios” (Carta a D. Dionisio González – Madrid, 1° noviembre 1857: EC I p. 1449).

20. El valor del silencio

“No quisiera incurrir en aquel defecto que reprende el Padre Rodríguez, cuando dice que algunos hacen como la gallina, que, después que ha puesto el huevo, cacarea, y van y le quitan el huevo que puso.

La experiencia me ha enseñado que, para adelantar en la perfección, conviene ser amigo del silencio, y as( no hablo ni escribo sino por necesidad y siempre con las menos palabras posibles. Me parece queesta receta que yo he tomado para mí, me parece que si usted tomara algunas dosis, le sentarían bien y le harían adelantar más en la perfección (…).

Cuando considero e! Verbo eterno, que habló y todas las cosas quedaron hechas, y, sin embargo de ser verbo tan elocuente y eficaz, le contemplo que guarda un profundo silencio en las entrañas de María, nace niño mudo y sólo abre tos labios para llorar… ¡Qué silencio guardó en todo el decurso de su vida! Y allá a lo último de su vida el mismo juez quedó espantado del silencio de Jesús. ¿Quién no será amigo del silencio?” (Carta al P. Juan Nepomuceno Lobo -Madrid, 5 diciembre 1857: EC I p. 1465-1466).

21. Obediencia a la Iglesia y al Papa

“Como el Señor me ha infundido, por su bondad y misericordia, tanta docilidad, sumisión y obediencia a la Iglesia y a su jefe, que me bastará que Vuestra Santidad haga examinar por alguna persona que bien le parezca todo lo ocurrido, y que se digne decirme lo que debo hacer, que lo haré con mucho gusto y con toda prontitud, pues que no deseo otra cosa que hacer en todo y por todo su santísima voluntad” (Minuta de carta a Pío IX – 26 diciembre 1859: EC II p. 88-89).

22. Anunciar el Evangelio en todo el mundo

“Viendo que por de pronto no podía ir a Roma, he pensado enviar al sacerdote don Paladio Currius, compañero mío, a fin de que en mi nombre le bese el pie y le pida la santa bendición. Le suplico a Vuestra Santidad se digne decir a ese sacerdote lo que quiera que yo haga, que lo haré al momento, como si el mismo Dios me lo mandare.

Padre mío, debo decir a Vuestra Santidad que yo en este mundo no deseo más que trabajar y padecer por Jesucristo. Yo estoy dispuesto para ir a predicar el santo Evangelio por todo el mundo y sellar con mi sangre las máximas de nuestra sacrosanta religión católica, apostólica, romana. Acudo a Vuestra Santidad como Saulo a Ananías, y con Samuel digo:” Hablad, Señor, que vuestro siervo escucha”, y haré cuanto Vuestra Santidad disponga. Si Cuestra Santidad no tiene por conveniente contestarme por escrito, basta que lo diga de palabra al dador de la presente, que es sacerdote de toda mi confianza y hace algunos años que mi acompaña” (Carta a Pio IX-Madrid, 27 deciembre 1859: EC III p. 377).

continuar promoviendo con otras condiciones su santa gloria, libre de la carga del episcopado” (Carta a D. Lorenzo Arrazola – sin fecha ni lugar, pero debe ser.de finales de mayo de 1853: EC I p. 830, 831-832).

23. Predicar la Palabra

“Cuando veo la necesidad que hay de la divina doctrina y el hambre que tiene la gente de oírla, estoy que trino para poder salir y correr por todo el mundo predicando la divina palabra. Cada día la reina me quiere más, y esto me aflige, porque veo que es un lazo que me detiene; pero confío en el Señor, que cuando El querrá todo lo dispondrá a su gusto y agrado” (Carta a la M. María Antonia París – Madrid, 13 abril 1860: EC II p. 131-132).

24. Amor al Romano Pontífice

“El amor que profeso a Vuestra Santidad me impulsó a enviar a Roma a mi querido familiar don Paladio Currius, sacerdote muy bueno, para que en mi nombre besase el pie a Vuestra Santidad y le ofreciera mis respetos y persona. Yo sé que Vuestra Santidad le recibió con benevolencia. Mas, como yo siempre estoy pensando en Vuestra Santidad y le estoy encomendando a Dios contin­uamente, me permitirá que le escriba la presente carta como un desahogo de mi corazón oprimido por las penas de Vuestra Santidad.

Jesucristo no se desdeñó de recibir un ángel cuando se hallaba en el huerto; tampoco se desdeñará Vuestra Santidad de recibir el consuelo qué pretende darle el ínfimo de los arzobispos. ¡Ay, Santísimo Padre! ¡Algunos pueblos no os quieren por rey I ¡Os han despreciado! Han hecho como los hebreos con Samuel; pero también os dice el mismo Dios lo que aquel: “Non enim te abjecerunt, sed me, ne regnem super eos”.

¡Unos cuantos os han despreciado!… Sensible es, pero a veces Dios permite cismas y herejías a fin de que los que son de virtud probada se manifiesten y brillen como las estrellas en medio de las tinieblas de la noche.

Cuando la cabeza recibe un golpe, las manos corren presurosas, la cubren y protegen. La gente no santa ha descargado rudos golpes sobre Vuestra Santidad, que sote nuestra cabeza y de toda la Iglesia; y nosotros, como manos, corremos presurosos a protegeros con oraciones, personas y bienes. Sí, Beatísimo Padre, sí, consuélese; nuestras oraciones las tenéis todas y de todos los días y noches. Mi insignificante persona está a vuestra disposición. Con grande deseo he deseado poder ir recorriendo estas tierras y todo el mundo predicando el Evangelio de la paz, y poder sellar con la sangre de mis venas las santas verdades. Mis bienes son también vuestros, Padre mío. Por conducto de este señor nuncio envío a Vuestra Santidad mil duros (…).

Siguiendo el consejo de Tobías, que decía a su hijo: “Si tienes mucho, da mucho; si poco, aun de esto da con buena voluntad”, reciba, pues, Vuestra Paternidad la buena voluntad. No dudo que Vuestra Santidad más apreciará el buen afecto que la cantidad, a la manera que Jesús apreció las moneditas de la pobre viuda.

Padre Santo, soy todo de Vuestra Santidad; mandad como cosa propia y echadme vuestra santa bendición” (Carta a Pío IX – Madrid, 23 mayo 1860: EC II p. 137-139).

25. La “grande misión” claretlana

“Yo me inclino a renunciar (…). La persecución que me están haciendo cada día es mayor. Yo creo que el Señor se vale de esos medios para que yo salga de España y dé principio a la grande misión a que me destina hace tiempo” (Carta a D. Dionisio González -Aranjuez, 9 abril 1861: EC II p. 257-258).

26. Actitud ante las enfermedades

“Veo lo que me dice de sus enfermedades e indisposiciones. Yo soy de parecer que usted debería despreciarlas y no consultar con médicos, sino dejarse en los brazos de Jesús y María. Así lo hago yo y me sale bien. Muchísimas veces los módicos, sin yo llamarles, me han venido a hablar diciéndome qué sé yo qué cosas, y yo les he contestado que les agradecía su cuidado, pero que me dejaran, que Jesús y María cuidaban de mí…

No pocas veces me he hallado apurado, pero no por eso he dejadotrabajar y entonces aún me ha salido mejor la empresa; por manera que, cuando me he hallado enfermo, me he sentido después más fuerte, como dice de sí mismo el Apóstol. Lo mismo le sucedía a Santa Teresa y a otros.

Yo conozco que a veces lo hace Dios para que conozcamos que todo es obra suya. A veces lo hace el diablo para ver si nos espantará y desistiremos de la obra de Dios. Animo, pues. Adelante. No espantarse. Jesús y María nos sacarán en bien de todo. Para ellos trabajamos” (Carta al P. José Xifró – San Ildefonso, 9 septiembre 1861: EC II p. 379).

27. Las amarguras madrileñas

“Yo voy pasando con mis amarguras madrileñas. En todas partes estoy alegre, menos en Madrid. Es mi calvario. Sin embargo, no quiero bajar de la cruz hasta que me desclaven” (Carta a Santa María Micaela del Santísimo Sacra­mento – Madrid, 19 noviembre 1861: EC II p. 397-398).

28. Ante las calumnias y persecuciones

“De algún tiempo a esta parte soy muy perseguido y calumniado. Gracias a Dios, por ahora me parecevoy llevando bien esa prueba con el auxilio del Señor. Para animarme, leo con mucha frecuencia la meditación 23 de ios Ejercicios de San Ignacio explicados y dados a luz por mí. Léala y verá qué motivos tan poderosos hay para tener paciencia” (Carta a la M. María Antonia París -Madrid, 30 diciembre 1861: EC II p. 408-409).

 29. Ansias de evangelizaclón universal

“En toda esa obra

Conviene mucho orar y trabajar. Yo estoy deseosísimo de salir, como un loco, corriendo por todas partes, mas el Señor me ha dicho claramente que espere” (Carta a la M. María Antonia París – Madrid, 30 enero 1862: EC II p. 441).

30. Hermoso rasgo de humildad

“Yo siento en el alma el haber disgustado u ofendido a usted, y desde ahora le pido perdón y le digo con toda la sinceridad de mi corazón que con lo que le decía en mi carta no pensaba agraviarle, ni reprenderle, ni pretender imposibles, sino con aquella franqueza y claridad que me es propia, y con la ingenuidad de un amigo que habla a su amigo, a quien quiere y ama mucho.

Quizá yo no expresaría bien mi intento y por esto usted no lo ha entendido en el sentido en que yo lo decía (…).Con toda sumisión le pido perdón del mal rato que le he dado, y espero de su bondadme disimulará y perdonará” (Carta a D. Dionisio González – San Ildefonso, 30 julio 1862: EC II p. 506-507).

 31. Amor al Papa

“Yo, aunque el más pequeño de los hermanos, y el más indigno de los obispos, manifiesto públicamente que mi votoes el mismo que el de mis hermanos; que en todo y por todo siento como ellos, hablo como ellos, y con ellos estaré siempre adherido a la silla de San Pedro y a vuestra sagrada persona, que respeto y amo con todo el afecto de mi corazón” (Carta a Pío IX – San Ildefonso, 22 agosto 1862: EC III p. 416).

32. Actividad incansable

“No se puede usted formar idea de las muchísimas ocupaciones que tengo. Todos los días a las tres de la mañana ya estoy en pie, y, no’obstante de añadir la noche al día, el tiempo no me alcanza para las cosas que, sin buscarse, se me vienen encima (…).

Todos abundamos en los sentimientos de usted, que decíase debe sofocar el mal con la abundancia del bien” (Carta al obispo de Urgel – Madrid, 28 enero 1863: EC II p. 621).

 33. Inquietudes misioneras

“Yo me hallo en esta corte porque me dicen que ésta es la voluntad de Dios; pero estoy violento. Todos los días tengo que hacer actos de resignación y conformidad a la voluntad de Dios. Mis deseos son, como siempre, de correr por todo el mundo predicando el santo Evangelio y sellar con mi sangre las verdades evangélicas, como mi divino Maestro y amado Jesús. No tengo reposo, ni mi alma halla consuelo sino corriendo y predicando.

Cuando andábamos por esas Andalucías con Sus Majestades, entonces vivía yo; pero en esta corte sufro mucho, y, gracias a Dios que me puedo ocupar, de otra manera moriría de pena. Pero el trabajo suspirado para mí es el andar por esas poblaciones en que tan poco se predica y tanto se necesita. Mas, ya que no puedo ir, procuro que vayan otros: mis queridos hermanos llamados los hijos del Inmaculado Corazón de María. Ya sabrá usted que son tres casas: una en Vich, otra en Gracia de Barcelona y otra en Segovia, y entre todos son más de treinta y trabajan todos admirablemente. Cómo cada mes los que se quedan en casa -pues que los otros salen a misiones- dan dos tandas de ejercicios: una a sacerdotes y otra a los seglares. Hemos tenido que hacer muchas obras en preparar cuartos para ejercitandos, pues que no había local para tantos como asistían para hacer los santos ejercicios. En estas obras se han consumido los ahorros que había reunido” (Carta a la M. María Antonia París – Madrid, 23 febrero1863:EC II p. 626-627).

 34. Autodefensa

“Espero merecer de la bondad de usted el que diga al señor fiscal de imprenta el que no permita que los periódicos se ocupen de mi insignificante persona ni de mis escritos.A usted le consta que yo jamás me he metido en política, y, sin embargo, sin más ni más, se dirigen contra mí como si yo fuera su mayor enemigo; y, ya que no hallan cosa porque atacarme, inventan lo que les da la gana.

Hace pocos días que pusieron en los periódicos que ya no era el confesor de Su Majestad, cosa que los periodistas forjaron, porque ni yo ni Su Majestadsabíamos nada.

Me han dicho que ahora los periódicos se ocupan de un libro llamado “LLave de oro”, que hace más de diez años escribí, no para el pueblo, sino únicamente para los confesores nuevos (…). Pues de aquí, según me han dicho, han sacado partido para insultarme, no sólo a mí, sino lo que más siento, es, mi

doctrina y la religión.

Por tanto, señor ministro, espero que usted pondrá fin a semejantes desma­nes; de otra manera diría a Su Majestad que se busque otro confesor, que yo no estoy para sufrir más insultos, pues no tengo ningún empeño en estar en Madrid; por el contrario, hace tiempo que hago diligencias para apartarme” (Carta al ministro de la gobernación -13 enero 1864: EC II p. 742-744, 745).

 35. Persecuciones sufridas

“No puede usted formarse una idea de cuánto trabaja el infierno contra mí: calumnias las más atroces, palabras, obras, amenazas de muerte; todo lo pone en juego, para ver cómo me desprestigia y me espanta; pero, con la ayuda de Dios, no hago caso” (Carta al P. José X’rfré – Madrid, 15 enero 1864: EC II p. 746-747).

 36. Complacencia en las calumnias

“En cuanto a las calumnias que con tanta abundancia me prodigan, no me causan pena, sino un gozo muy grande en el Señor, como lo puede ver por el librito de cubiertas de color azul, que tengo el gusto de remitirle, que al efecto le escribí” (Carta al obispo de Urgel – Madrid, 10 marzo 1865: EC II p. 864).

 37. Intrepidez apostólica

“El día 5empecé las misiones, que duran hasta el día de San José, en que será la comunión general. Gracias a Dios asiste muchísima gente y se aprovecha. El infierno me hace muchísima guerra. Al no estar tan divulgada la noticia de que yo predicaría en estas misiones, me aconsejaban que no las predicase, porque decían -y lo creo- que peligraba mi vida. Pero yo gustoso estoy dispuesto a dar la vida por amor de Jesucristo y para la salvación de las almas”

(Carla a la M. María Antonia París – Madrid, 12 marzo 1865: EC II p. 867-868).

38. Preferencia por la gente de Holguin

“Por el bien que le quiero, prefiero que esté en Holguín, que no medio racionero en Cuba. El clima de Holguín es mejor para usted que el de Cuba. Aquí están en paz, y allí en el cabildo estaría como ya sabe usted.

Por lo tanto, esté aquí tranquilo; trabaje lo que pueda, que Dios se lo pagará y la gente se lo agradecerá. Singularmente aquí, que, además de ser sano, la gente es buena. Yo los quiero mucho, más que a los otros más que a los otros de la diócesis, porque aquí la Virgen me hizo el grande favor de poder derramar la sangre de mis venas,

Salúdelos de mi parte. Dígales que todos los días les encomiendo a Dios y que ítro tanto hagan por mí hasta que nos veamos en el cielo” (Carta a D. Juan Peypoch – Madrid, 8 mayo 1865: EC II p. 880-881).

39. Adhesión al episcopado

“Durante mi viaje a Cataluña he leído que los periódicos dicen que el arzobispo de Trajanópolis no siente como los demás prelados de España y que reprobaba lo que ellos habían dicho en sus representaciones relativas al reconocimiento del reino de Italia.

Como semejante impostura podría ocasionar alguna desestima de mis amadísimos hermanos los obispos, digo que siento como ellos sienten, y que, si me hubiera hallado en su lugar, habría hecho lo que ellos han hecho, y habría dicho lo que ellos han dicho en sus representaciones” (Carta abierta – Gracia, 25 julio 1865: EC II p. 913-914).

 40. Sobre la Librería Religiosa

“Tanto como se desvelan los enemigos de la religión, y nosotros dormimos. Ellos hacen sudar la prensa día y noche, en días de labor y de fiesta; y nosotros abandonamos a sí misma a la pobre Librería Religiosa, que tanto bien ha hecho y aún podría hacer, si usted y los hermanos le alargaran una mano benéfica” (Carta al obispo de Urgel – 22 agosto 1865: EC II p. 923).

 41. Fidelidad al Papa

“Dentro de tres semanas pienso salir para Roma, a fin de consultar con el Santo Padre si volveré o no al lado de Su Majestad, pues que son tantas y tan poderosas las razones que me dan por una y otra parte, que no sé qué hacerme; y, a fin de acertar, he pensado consultar al mismo Papa, y haré lo que él me diga,

aunque me haya de costar la vida” septiembre 1865: EC II p. 937).

 42. Serenidad ante el peligro

(Carta a D. Carmelo Sala – Gracia, 29)

“Esta iglesia y casa de Monserrat, en que vivo, están colocadas en una plazuela aque dan cinco calles. Los revolucionarios vinieron muy de mañana y levantaron cinco barricadas -una en cada embocadura de la calle- y al momento empezaron el fuego con la tropa infiel, por manera que revoltosos y tropa infiel se batían con la tropa fiel. Yo me retiré al camarín de la Virgen del altar mayor y estuve allí rezando a María Santísima desde la mañana hasta las cinco de la tarde, en que se restableció el orden y cesaron los disparos, resultando muchos muertos, heridos y prisioneros. Pero a mí no me sucedió nada, como he dicho. Ofrecí a Dios mi vida, y me quedé sosegado, rogando y pidiendo a Dios por todos” (Carta a D. Manuel José Miura- Madrid 2 julio, 1866: EC II p.1020-1021).

43. De la muerte a la vida

“Muchos son los sorbos del cáliz de la pasión, que el Señor le ha hecho beber. Digo sorbos las muertes de los abuelos, padres y tía monja y finalmente Leopoldo. Pero ha de saber que es Dios quien lo ha dispuesto así; pues hágase su santísima voluntad. Además, bien sabe usted que todos somos mortales, y que nadie puede ir al cielo, a disfrutar la paga de tos trabajos, sin morir primero. La muerte, pues, es la que nos abre la puerta de la cárcel, de esta cárcel del cuerpo y también la puerta del cielo.

Pensemos que nosotros también moriremos, y así hemos de procurar que nuestra muerte sea buena, y será buena según fuere la vida” (Carta a doña AlbertaFuster-Madrid, 27septiembre 1866: EC II p. 1058-1059).

 44. La verdadera vocación claretiana

“En esta corte la gente me oprime mucho. No hay más que ofrecerlo al Niño Jesús. ¡Oh, cuánto deseo salir de palacio! Deseo como los reyes de oriente, que salieron de Jerusalón para ir a adorar a Jesús en Belén, y marcharme por el camino de las misiones. Para esto me ha criado el Señor y no para palaciego. Para mí el palacio real es mi destierro, mi suplicio. Ruegue mucho a Dios (…) para que me dé a conocer b que haya de hacer” (Carta a la M. María Antonia París – Madrid, 9 enero 1867: EC II p. 1109-1110).

 45. La propaganda de libros

“Me alegro muchoque por aquí vaya extendiendo el gusto y celo de la circulación de libros, que en el día es uno de los medios que la divina misericordia pone en juego para la conversión de muchos pecadores. Animo, pues. Aquí le mando los libritos. Dentro de pocos días le mandaré los reimpresos con los trabajos que se hicieron en el año pasado” (Carta a D. Carrfielo Sala – Madrid, 7 febrero 1867: EC II p. 1117).

 46. Ansias de cielo y amor a la cruz

“Deseo con vivas ansias ir al cielo para ver a Jesús amado y alabado de toda la corte celestial. Para mí será la mayor alegría y satisfación que espero tener, más que la gloria que a mí pueda darme la misericordia de Dios. De modo que deseo ir al cielo no por mí, sino por ver a Dios, a Jesús y aSantísima Virgen, ángeles y santos glorificados. Por ahora el Señor me va dirigiendo por el camino de las penas y disgustos; son bastante fuertes; pero también son fuertes los auxilios con que el Señor me favorece. Bendito sea.

También sé que usted pasa sus trabajillos, de lo que me alegro mucho. El mejor adorno de una esposa de Jesús son las penas y trabajos, y a la verdad Jesús es el varón de dolores. La Santísima Virgen es la reina de los mártires. ¡Cuanta más semejanza más amistad!” (Carta a la M. María Antonia París -Madrid, 9 abril 1867: EC II p. 1143).

 47. Actitud en las obras de Dios

“La experiencia me ha enseñado que en las obras de Dios nuestro Señor se ha de ejercitar mucha paciencia, paz interior, humildad, resignación y conformi­dad a la voluntad de Dios” (Carta a la M. María Antonia París – Madrid, 20 marzo 1868:EC II p. 1251).

 48. Devoción a la Virgen de Fussimaña

“Mucho me alegroque hagas algunas visitas al santuario de nuestra Señora de Fussimaña, y que me tengas presente en tus devociones. Sería para mí una satisfacción el poder hacer yo una visita a ese santuario antes de morir.

No pocas veces me acuerdo de las visitas que hacía contigo a dicho santuario, y por esta causa a ti siempre te he querido más que a los otros hermanos y hermanas, porque siempre estabas pronta a acompañarme a visitar a la santa imagen de María Santísima, de quien siempre he recibido tantos y tan singulares favores. Y te pido, hermana, por lo mucho que te quiero, que seas siempre muy devota de María Santísima, sea cual fuere su advocación.

Díselo también a tus hijos y a las amigas que tengas: que imiten sus virtudes, que todos los días recen el santo rosario y en las fiestas principales reciban Jos santos sacramentos” (Carta a su hermana Rosa Claret – Madrid, 17 junio 1868: EC II p. 1263-1264).

49. Contemplación de la Sagrada Familia

“Desde que salimos de España una de las consideraciones que más me ha ocupado ha sido el destierro de la Sagrada Familia a Egipto, pensando las penas que pasaron por el camino, con todas las privaciones e incomodidades, y nosotros con todas las comodidades. Ellos, cuando llegaron, no sabían dónde cobijarse, y nosotros ya hallamos casa preparada para hospedarnos y las hermanas de San José dispuestas y deseosas de servirnos y regalarnos.

¡Ay, Maríal Esto me confunde, y en este mismo instante se me asoman las lágrimas a mis ojos, al contemplar a Jesús, a María Santísima y a San José en tantos trabajos y miserias, y a nosotros tres -don Lorenzo, el hermano José y el arzobispo- en tantas comodidades y regalos. Esto a mí me aflige muchísimo, al ver que no soy digno de padecer algo por amor de Jesucristo.

Y tú, María, hazme el obsequio de decir amamá que se alegre y anime a pasar las penas y trabajos en que se halla, pues ella ha conseguido b que yo no puedo lograr. A ella, como muy estimada que es de Jesucristo, le ha dado el cáliz de su pasión y, además, le ha puesto sobre sus hombros la carga de la cruz de penas. Y tú, María, has de ser su cirineo; le has de ayudar a llevarla. ¿Y sabes cómo la ayudarás y le darás mucho alivio? Siendo siempre muy buena, muy humilde en todo y por todo, estudiando su voluntad para cumplirla” (Carta a doña María Gascue y Balzola – París, 8 noviembre 1868: EC II p. 1312).

 50. De la pasión a la resurrección

“Dios es tan bueno, sabio y poderoso, que hasta de los mismos males saca bienes. Esto lo vemos en el orden de la naturaleza y aun de la gracia. Cuando el labrador ha sembrado el trigo, que sale tan hermoso, viene luego un tiempo que parece que todo ta ha de echar a perder: hielos, escarchas y una nevada tan grande que lo cubre todo; y, sin embargo, esto mismo sirve para bien del mismo trigo. ¿Qué diré en el orden de la gracia? ¡Ay I Mira la persecuciónpasión de Jesús; pero de aquí se siguió la resurrección” (Carta a D. Paladio Currius – París, 10 noviembre 18é8: EC II p. 1315).

 51. El fastidio de la política

“Hay una cosa que me tiene fastidiado y aburrido, y es la política. Bien sabe usted que yo no me he querido jamás meter en política; pero hay sujetos que suponen que yo me meto en todos los asuntos; esto es desde que volví de Cuba. Pero ahora más que nunca se figurarán eso, ahora mayormente en que se van a tratar cosas grandes” (Carta al P. José Xifré – París, 3 marzo 1869: EC II p. 1368-1369).

 52. Conferencias para emigrantes en París

“Dios nuestro Señor se ha querido valer de mí para fundar unas conferencias de la Sagrada Familia -Jesús, José y María- para favorecer a los españoles, hombres, mujeres y niños, que vengan a ésta de la península o de América. En ésta los extranjeros necesitan protección, o si no se desesperan, se suicidan (…).

Por ahora quedarán dos conferencias de la Sagrada Familia: una de señores y otra de señoras, cuyo objeto es amparar, proteger, dar colocación a cuantos españoles se presenten” (Carta a doña Jacoba Balzola – París, 28 marzo 1869: EC II p. 1375).

 53. La semejanza de los higos

“Nada me importa que me persigan o calumnien. Sólo temo a Dios, que me ha de juzgar. Jesús nos dice que nos alegremos cuando digan toda especie de mal contra nosotros, mintiendo… Aun los mismos malos, sin intentarlo, son nuestros panegiristas. Los enemigos que hacían guardia al sepulcro de Jesús difunto fueron los primeros testigos de su resurrección.

Para hacer más palpable esta verdad, me valdré de una semejanza. La sociedad escomo una higuerade una huerta cargada de higos. Las gentes malas son como los pájaros que pican y comen los higos. ¿A qué higos pican: a los buenos y sazonados, o a los verdes y malos? se dirá que pican a los buenos, y, cuando se ve alguno picado, se dice: ¡OhI Es bueno; está picado de las aves. Fulano es perseguido, es calumniado; buena señal, es de Jesucristo” (Carta a doña Jacoba Balzola – París, 28 marzo 1869: EC II p. 1376).

54. La Congregación de Madres Católicas

“Cuando escribí la vida de Santa Mónica, puse en aquel librito las reglas de la Congregación de Madres Católicas. Las señoras de Barcelona se entusiasma­ron de tal manera con su lectura, que al momento formaron reunión, y desde que duran estas tristes circunstancias actuales ha tomado tan grandísimas propor­ciones, que la semana pasada tuve carta de la superiora, en que me decía que en poco tiempo han entrado 600 madres hermanas de los hombres más malos y revolucionarios del día” (Carta a doña Jacoba Balzola – París, 28 marzo 1869: EC II p. 1376-1377).

55. No es más el discípulo que el maestro

“Se ha verificado lo que había predicho detanto tiempo y tantas veces: lo que está pasando en España. Yo me ofrecí por víctima y el Señor se dignó aceptar mi oferta, pues sobre mí han venido toda especie de calumnias, infamias, persecuciones, etc. No tenía otra cosaque el testimonio de mi conciencia, y así siempre me he quedado tranquilo y en silencio; no pensaba más que en Jesús.

Al llegar a ésta, hice diligencias para ver al Papa, quien me recibió con las pruebas más convincentes de amor y cariño. Me decía: Caro mío, alegándome pruebas y autoridades de la santas Escrituras y razones las más convincentes para consolarme. El siempre hablaba y yo callaba. Cuando me dio lugar a hablar, le dije: “Padre santo, no debe ser más respetado el discípulo que su maestro, ni el criado que su señor”. Al oír el Papa estas palabras, y al ver mi tranquilidad, manifestó el gozo que sentía su corazón, y se puso a hablarme de otras materias” (Carta a la M. María Antonia París – Roma, 21 julio 1869: EC II p. 1410).

56. “Ha cumplido mi misión”

“Yo he sufrido más de lo que acostumbro. Tengo muchas ganas de morir… Me parece que ya he cumplido mi misión. En Parísen Roma he predicado la ley de Dios: en París, como capital del mundo, y en Roma, capital del catolicismo; lo he hecho de palabra y por escrito. He observado la santa pobreza. Di lo que me pertenecía, y en el día, gracias a Dios, no me dan nada de la diócesis de Cuba, ni tampoco la reina me pasa nada” (Carta a D. Paladio Currius – Roma, 2 octubre 1869:EC II p. 1423).

57. Deseo de morir por Jesucristo

“Ruegue al Señor que me dé valor, constancia y paciencia. Ya sabrá que el gobierno no me da nada de la asignación de Cuba. La reina tampoco me da nada; de modo que no tengo más que gastos; pero esto no me da ningún cuidado. Yo lo que quiero es amar, servir y morir por Jesucristo” (Carta a D. Paladio Currius -Roma, 17junio 1870:EC II p. 1471).

58. En defensa de la Iglesia y del Papa

“Los trabajos y fatigas del Concilio nos tienen muy ocupados en sostener y defender los derechos de la Iglesia y del Santo Padre. Yo, en pleno Concilio, delante de todos los cardenales y de todos los patriarcas, arzobispos y obispos, desde el pulpito dije que yo estaba dispuesto y preparado para dar mi sangre y mi vida. Mis palabras causaron mucha impresión. Lo mismo puedo decir de los demás obispos españoles: todos se portan muy bien. Un arzobispo inglésme vino a ver y me dijo: “Los obispos españoles se puede decir que son la guardia imperial del Papa”. Todo sea para la mayor gloria de Dios” (Carta a la M. María Antonia Parts – Roma, 17 junio 1870: EC II p. 1473-1474).

 

II.- ESPÍRITU Y MISIÓN DEL CLARETIANO

59. Estilo de vida misionera y selección vocaclonal

“Los misioneros siguen muy bien, y no se puede ir más aprisa de lo que se va. Estamos ocupadísimos desde las cuatro de la mañana hasta las diez de la noche; estamos de tal manera ocupados, que como una continua cadena la una ocupación está eslabonada con la otra. Nuestras ocupaciones son: oración mental, vocal, oficio divino, conferencias de catequizar, de predicar, de ofr confesiones, de moral, de mística y ascética.

Hay conferencias internas y externas. En las internas somos los escogidos, y somos siete, y nos ejercitamos en todas las virtudes, especialmente en la humildad y caridad, y vivimos en comunidad en este colegio vida verdadera­mente pobre y apostólica. En las conferencias externas asisten 56 eclesiásticos y algunos de ellos saldrán muy aventajados predicadores.

Algunos han pedido vivir con nosotros, pero nosotros vamos con mucho tino y vamos examinando sus partidos físicos y morales, pues que en estas materias es preciso andar con tiento, porque una oveja sarnosa inficionaría a las demás” (Carta a D. José Caíxal – Vic, 5 septiembre 1849: EC I p. 316-317).

60. Problemas y actividades de los primeros claretlanos

“Nosotros vamos tirando y aplicándonos a la ciencia y a la virtud. El demonio da algunos golpes terribles. Nuestro divino Maestro le permite algunas embesti­das, y el mismo Señor también nos prueba. Uno de nuestros compañerosestá enfermo y uno de nosotros tiene que velarle día y noche. Yo me encuentro con un mal en la rodilla y me hacen aplicar remedios… Estoy dando ejercicios a veintitantos ordenandos y Mosén Estebanlos da a las hermanas del hospital, y entre los dos tenemos que darlos a las monjas Teresas, Carmelitas, Claras, Beatas de Santo Domingo y también e las nuestras del Escorial; y además nos quieren encargar de unacosa muy molesta. Bendito sea Dios. Hasta ahora hemos vivido en este colegio; pero en seguida vendrán los colegiales y tendremos que desocupar los cuartos y aún no sabemos adonde iremos, porque el lugar adonde teníamos que ir jamás se acaba de arreglar, pues ya se sabe que el que está a merced de los demás tiene que hacer las cosas no como quiere sino como puede. Alabado sea Dios” (Carta a D. José Caixal – Vic, 17 septiembre 1849: EC I p. 319-320).

61. Situación de los claretianos

“Todos nosotros estamos buenos, gracias a Dios, menos Mosén Domingo Fábregas, que aún está flaquito, y, no considerándose con fuerzas bastantes para hacer el novenario del Carmen en esta ciudad, lo hará Mosén Xifré y después marchará a desempeñar los que yo tenía señalados. Fábregas confía que hará el de la Merced. Mosén Sala se marchó el lunes para Cardona y demás…; los otros compañeros por todos los santos irán marchando por diferentes puntos, según se pueda combinar mejor” (Carta al obispo de Vic – Vic, 25 octubre 1849 : EC I p. 332).

62. Recuerdo de sus misioneros

“Respecto de la Merced, no la olvido, aunque usted ya puede pensar que mi economía es grande, pues que hago y hacen todos mis compañeros el mismo modo de vivir que en la Merced…” (Carta al obispo de Vic – Nuevrtas, 24 noviembre 1851:EC I p. 607-608).

 63. Subsistencia y extensión de ia Congregación

“Respecto a las temporalidades, no nos faltará, Dios mediante. Yo tengo proyectados a favor de la Congregación la cantidad de algunos doce mil duros, y quizás más; pero esto es preciso que no suene, porque vendrá tiempo, y no tardará, que cuanto tienen las religiones en bienes se perderá; en esta parte eslo que me da menos cuidado nuestra Congregación.

En cuanto a la propagación o extensión, debo decir a usted que, con tal que haya una casa en cada provincia o diócesis, es bastante, porque pocos hemos de hacer mucho; y en lugaresque los jesuítas no podrán trabajar, por la prevención terrible que hay contra ellos, nos introduciremos nosotros, a la sombra de los obispos” (Carta al P. José Xifré – Madrid, 1° octubre 1857: EC I p. 1419-1420).

 64. Solicitud para la aprobación de las Constituciones

“Antonio María Claret, arzobispo de Santiago de Cuba, postrado a los pies de Vuestra Santidad, tiene el honor de presentar las Constituciones que en el año de 1849 escribió para la Congregación del Inmaculado Corazón de María. Estas Constituciones, Beatísimo Padre, ya estaban escritas en los corazones de todos los individuos de la Congregación y por cada uno de ellos se observaban con la mayor puntualidad; pero, como en el mismo año de 1849 quiso Dios separarle de su compañía, mandándole a la isla de Cuba, a fin de que su ausencia no causara olvido en su observancia, suplicáronle todos sus tíompañeros que por escrito les dejase las Constituciones que habían guardado hasta aquella hora. Y así se hizo.

Mas, al llegar de la isla de Cuba, por el año 1857, no sólo halló que se habían observado con puntualidad dichas Constituciones, sino que además habían hecho algunas observaciones para su mayor perfección; y así es que, limadas por la observación y confirmadas por la experiencia práctica, se han dado a la imprenta con la adhesión de todos los individuos, como lo manifiestan sus firmas. Y se presentan a vuestra Paternidad para la correspondiente aprobación, si son de ella dignas” (Carta a Pío IX – Madrid, 25 enero 1858: EC I p. 1504-1505).

 65. Ayuda mutua en la enfermedad

“Acabo de recibir la de usted del 15 del corriente, con que me participa la enfermedad de MEsteban Sala, y no puedo menos de celebrar el que todos los hermanos hayáis resuelto el que uno pase a cuidarle, y me alegroque el nombrado para esto haya sido usted, que no dudo desempeñará bien esta obra de caridad y de obligación que tenemos de ayudarnos mutuamente los hijos del Inmaculado Corazón de María. Tenga usted la bondad de presentarle mis f obsequios, y dígale que ya le encomendaré a Dios y a la Santísima Virgen María, I para que el Señor le dé lo que más le convenga, y que por poco que pueda vendré | a ver a él y a todos los demás hermanos de la Congregación. ¡Cuánto lo deseo!” (Carta al P. José Xifré – Madrid, 20 abril 1858: EC I p. 1561-1562).

 66. En la muerte del P. Esteban Sala

“Tan pronto como usted me escribió la enfermedad de nuestro hermano MEsteban Sala, le contesté; y, al cabo de poco de haber enviado mi carta, recibí otra de MNaudó en que me notifica la muerte del men­cionado MEsteban. In pace requiescat.

No hay más que encomendarlo a Dios y conformarse con su santísima voluntad. Yo considero la aflicción y dolorque estaréis todos vosotros; pero pienso que no sois niños ni mujeres, sino varones y varones espirituales, maestros de espíritu, que sabréis aplicaros las observaciones y consejos que en casos semejantes sabéis hacer para consolar a vuestros prójimos.

Yo tengo muchas ganas de venir a visitaros, y ahora más que nunca, y espero que lo verificaré cuanto antes. Entre tanto animaos unos a otros y encomendémonos a Dios mutuamente, y singularmente roguemos por el alma de MEsteban y ofrezcamos a Dios los sufragios que manda la regla 113 de nuestras Constituciones” (Carta al P. José Xifré – Madrid, 21 abril 1858: EC I p. 1566-1567).

 67. Felicitación al nuevo superior general

“Mucho me alegro que el nombramientohaya recaído sobre usted. Esto mismo me esperaba, y confío que la divina Providencia así lo ha dispuesto para bien de la Congregación, y no dudo que usted se valdrá de aquel tino y prudencia santa que debe tener un superior para regir y gobernar bien una comunidad, haciendo que siempre adelante en santidad y letras, andando siempre al frente con el buen ejemplo, haciendo más que mandando.

Es verdad que nuestra Congregación es pequeñita, pero no importa; vale más que seamos pocos, bien unidos y fervorosos, que muchos y divididos. Con el tiempo ya se aumentará” (Carta al P. José Xifró – Madrid, 7 mayo 1858: EC I p. 1571-1572).

 68. Recomendaciones sobre los misioneros

“Mucho me alegroque usted caiga en la cuenta y haga la observaciónque, cuando los individuos de nuestra Congregación pasen del número doce, ya viene algún incidente… Pues bien, vamos a ver cómo fundamos otras casas y casas en el interiorde España, que tanto lo desean y les conviene. Tenga usted la bondad de proponerlo a los hermanos.

Yo soy de parecer que, cuando vean a un joven de disposición etc., etc., lo admitan, aunque no sea sacerdote, ni ordenado siquiera, con tal que esté adelantado en la carrera y ofrezca esperanzas de perseverar en la Congregación, y en esto deben andar con cuidado, no les suceda lo que a los Paúles de Madrid, que muchísimos jóvenes, después de haberse instruido en la casa y ordenado, se han salido (…).

Permítame que le diga lo que ahora me acaba de decir este señor obispo: que deseaba que vinierais a esta su diócesis; pero esto lo quieren todos los obispos que han hablado conmigo. A mí me parece que, si pudieran ir de dos en dos con un hermano lego, para que les cocine, y ellos puedan predicar, etc., al pueblo y en el tiempo de vacaciones dar ejercicios en los seminarios a los sacerdotes… Los jesuítas esto lo han hecho en algunos obispados y dan felices resultados. Esto lo dejo a su consideración” (Carta al P. José Xifré – Oviedo, 4 agosto 1858: EC I p. 1624,1625-1626).

69. Sobre la fiesta del Corazón de María

“Tenga la bondad de dar expresiones a todos los misioneros. Dígales que se animen mucho, que confíen siempre en Dios y en María Santísima. Me parece muy bien que se haga cada año una fiesta al sagrado Corazón de Marta, allá en el estío, cuando han vuelto todos los misioneros de sus tareas” (Carta al P. José Xifró – Madrid, 15 octubre 1858: EC I p. 1655).

70. El número apostólico

“Me parece bien que vayan cuatro a tomar posesión de la casa del obispado de Barcelona, por dos razones: la primera, porque, siendo más de doce en Vich, o Dios o el mundo se llevaría algunos. Yo conozco que el Señor no quiere que sean más de doce en nuestras casas. La otra razón es que así se podrá hacer mucho bien, singularmente con ejercicios al clero y al pueblo” (Carta al P. José Xifré – Madrid, 3 noviembre 1858: EC I p. 1657-1658).

71. Necesidad de misioneros

“Veo lo que me dice de misioneros. A la verdad, escasean las vocaciones. Todos tienen vocación de canónigo, pero no de misionero, y ¡tanto como son pedidos y necesarios los misioneros! En ésta me piden en la América, Honduras, Guatemala, Santo Domingo, etc., etc. Ya sabrá que el hermano de Barcelona,Palau, pone una casa en Gracia y van cuatro de la Merced de Vich” (Carta al obispo de Urgel – Madrid, 5 noviembre 1858: EC I p. 1660).

72. Confianza en la Providencia

“Reguemos al Padre celestial a fin de que envíe operarios, porque, a la verdad, los operarios son pocos y la mies es muy grande en España y fuera de ella. Los compañeros que tenía en Cuba uno fue a Guatemala y otro a Honduras, y ambos hacen prodigiosas cosas, y todos piden que les envíe gente. En este mes he recibido un pliego de las autoridades de la república de Santo Domingo, que me piden misioneros.

Parece que usted abriga algún temor respecto la subsistencia, pues dice que de resultas de la desamortización no sé cómo podrán subsistir nuestras casas. Sobre este punto le quisiera yo ver a usted un poco más animado del espíritu de Jesucristo.

Bien recordará lo que dice nuestro divino Maestro a los Apóstoles y a nosotros en ellos. Yo nunca he pensado que pudiera faltarnos cosa alguna. Como ha sido hasta aquí será en lo sucesivo. Jesucristo decía a los Apóstoles: “Cuando os

envié sin, ¿qué os faltó? -Nada, Señor”. ¿Qué os ha faltado a vosotros? ¿Nada? Nada faltará en lo sucesivo. La santa Escritura refiere que una viuda de Sarepta socorrió al profeta Elíseo (para que vean los ministros de Dios cómo las personas buenas saben socorrer). Los cuervos llevaban alimento a Elias (los cuervos son figura de los malos, que, por inspiración de Dios, y aunque malos, socorren a los sacerdotes buenos). Mas, si no hubiera ni buenos ni malos, vendrían los ángeles del cielo, como sucedió con el mismo Elias, y aun con Jesucristo; y a buen seguro que la mano de Dios no está abreviada; tan poderoso es hoy como lo era cuando mantenía a su pueblo en el desierto. Busquemos primera­mente el reino de Dios y su justicia, y las demás cosas se nos darán por añadidura.

Sin embargo, como no se opone a la confianza en Dios el que nosotros pongamos aquellos medios ordinarios que están a nuestro alcance, he pensado dejara esa santa Congregación los ahorros que yo vaya haciendo de mis rentas. Ya sabrá usted lo que al efecto dejé a don Estaban Sala (R.I.P.), y lo mismo pensaba ir dejando a cada una de las casas que se vayan fundando, según alcancen mis facultades; pero, entre tanto, lo que sobre en una casa que supla lo que falte en la otra. Contando con la providencia divina y con esta diligencia humana, me parece que puede la cosa marchar muy bien.

Y así no repare en admitir sujetos que considere idóneos por saber y virtud y esperanzas de utilidad, aunque sean jóvenes y no sean del todo ordenados.

Además, quisiera que en ninguna casa pasaran los sujetos del número de doce sacerdotes entre jóvenes y viejos, en honor de los doce Apóstoles. Han de hacer como los colmeneros: formar nuevas colmenas hasta que haya una en cada diócesis y aun haya para enviar al extranjero” (Carta al P. José Xifré -Madrid, 30 noviembre 1858: EC I p. 1678-1680).

73. No atarse a compromisos de dinero ni de mujeres

“Ha obrado muy bien en no admitir cosa alguna para nuestra Congregación con obligación de aniversario, etc., que no se pueda pagar de una vez la obligación o condición, pues que, atendidos los tiempos que atravesamos,que todo peligra, no conviene de encargarse de cosas perpetuas. Sobre esto ya le tengo a usted dicho que Dios providenciará. Cuando nos veremos cara a cara, ya le diré lo que yo tengo proyecto de los ahorros de mis rentas a favor de la Congregación.

Cuando la señora de Rocafort emprenda el camino para esta corte, ya la acompañará una señorita, y así ella va suficientemente acompañada, y, por lo tanto, no miro prudente que ni usted ni el Padre Bernardovayan, porque los malos en el día son muy maliciosos; y así sólo a monjas o a hermanas permito

que los sacerdotes acompañen, y aun asf no me gusta mucho; pero a señoras nunca, por santas que sean, por no dar motivo a decir a los malos (…).

Me parece bien que vaya aceptando los sacerdotes y coadjutores que den esperanzas de aptos; y así veremos si nos extendemos” (Carta al P. José Xifré – Madrid, 7 abril 1859: EC I p. 1744).

74. Amor a los misioneros

“Tenga la bondad de dar expresiones al señor obispotodas en el cielo” (Carta al P. José Xifré – Madrid, 15 junio 1859: EC I p. 1789).

75. Aprobación civil de las Constituciones

“Ayer llegamos felizmente de este real sitio, y al poco de llegado me entregaron la real aprobación de nuestras Constituciones. Gracias sean dadas a Dios nuestro Señor y a la Santísima Virgen María, y espero que todos vosotros lo haréis y muy de veras (…).

Mucho teme el enemigo de estas santas Constituciones, y por esto tanto las ha perseguido. Seamos fieles en guardarlas y Dios nos sacará en bien siempre de todo.

Expresiones a todos los sacerdotes y hermanos de la Congregación, y usted consérvese bueno y mande del último de los sacerdotes de la Congregación” (Carta al P. José Xifré – San Ildefonso, 13 julio 1859: EC I p. 1810, 1811).

76. Reconocimiento de los estudios en la Congregación

“En el año de 1849 nos reunimos unos cuantos sacerdotes animados de un mismo espíritu, con el único objeto de procurar nuestra mayor santificación y al propio tiempo la salvación de las almas redimidas con la sangre de nuestro Señor Jesucristo, con el título de Congregación del Inmaculado Corazón de María. Al efecto, yo escribí unas Constituciones con que desde entonces nos hemos regido y ahora el gobierno de Su Majestad se ha dignado aprobar.

Los sacerdotes que en un principio formarmos la Congregación teníamos concluida la carrera de estudios en tos seminarios conciliares; mas, como desde entonces han entrado en dicha Congregación sujetos que les faltan algunos años de carrera, he pensado acudir a usted, como nuncio y represen­tante del Santo Padre, maestro y doctor de la Iglesia universal, para que se digne dar el permiso o pláceme que todos los sujetos que han entrado en la mencionada Congregación, o que entren con el tiempo, y no tengan los

suficientes años de carrera eclesiástica, la puedan hacer y completar en la misma Congregación, bajo la dirección y enseñanza del sujeto que señale el superior de la misma Congregación.

De esta gracia que pido no se sigue daño ni perjuicio a nadie; al contrario, se siguen dos bienes muy grandes: el primero a la Congregación, por poder tener así todos los individuos que la componenhombres instruidos, con su carrera consumada; y el segundo bien que se seguirá será para las gentes, que, sabiendo que todos los individuos de la Congregación son sujetos instruidos, les inspirarán más confianza y acudirán con mayor seguridad y gusto a oír sus sermones y hacer con ellos su confesión” (Carta al nuncio Barili – San Ildefonso, 29 julio 1859: EC I p. 1835-1836).

77. Planes sobre El Escorial

“me ha nombrado presidente del Escorial; por manera que está en mi disposición el monasterio, iglesia, etc., y quiere Su Majestad que ponga en ella una comunidad que en el exterior se llamen eclesiásticos, pero en todo rigor seguirán la regla de San Jerónimo. Yo pienso trasladarme allá con mis mision­eros, que tendré buenas celdas para ellos y para todo, e ir con frecuencia a ver a Su Majestad. Del Escorial saldrán misioneros para el centro de España, que tanto lo necesita. En el Escorial se darán ejercicios al clero y a los seglares. En el Escorial se pondrán colegios, etc.” (Carta a D. Dionisio González – San Ildefonso, 7 agosto 1859: EC II p. 12-14).

78. El Escorial, centro de actividades misioneras

“Ya sabrá que Su Majestad me ha nombrado presidente del Escorial; es un monasterio como un pueblo; hay lugar para todo; de modo que, si la casa de Barcelonano se hace, yo creo que se podría poner allá: Yo les entregaría las celdas que quieran para ustedes y para ejercitantes; y no dudo que sería de grandísima utilidad, y, como está en el centro de España, se podría salir a misiones en todasdirecciones; y, además, van allá muchos extranjeros, y podrían hacer ejercicios, confesarse, etc., etc.

Hoy Su Majestad me ha hablado de ustedes y me ha dicho que se alegraríaque fueran. Piénsalo, consúltalo con los compañeros y encomiéndalo a Dios, y entiende que, si van, estarán enteramente independientes, vivirán de ustedes, se dedicarán a lo de ustedes; allá sólo se les dará celdas, cuantas quieran, iglesia y misas, cuantas quieran, a la intención de ustedes” (Carta al P. José Xifré – San Ildefonso, 12 agosto 1859: EC II p. 19-20).

79. Los claretlanos en El Escorial

“Desea mucho Su Majestad que algunos de los míos fuesen a vivir allá , a fin de que a su sombra se forme este noviciado , y entre tanto diesen ejercicios al clero y pueblo en aquel sitio a los sujetos que se presenten, y al mismo tiempo misionar a los pueblos de la redonda, que lo necesitan mucho…

He aquí la razón por la que dije a usted que no me alquilara casa en Madrid, porque pensaba ir continuando en Italianos hasta ver cómo pongo uno en Monserrat y los otros en el Escorial, y yo ya en un punto, y a en otro, para que todo vaya marchando bien. En el Escorial se puede hacer un bien incalculable. En Monserrat también” (Carta a D. Paladio Currius – Segovia, 16 agosto 1859: EC II p. 23-24).

80. Consejos sobre la vocación

“Acabo de recibir su muy apreciada de usted, en que me consulta sobre su vocación y espera que le diga definitivamente lo que debe hacer. En contestación digo que la voluntad de Dios y de la Santísima Virgen María es que usted entre en la Congregación del Inmaculado Corazón de María y se entregue a las santas misiones y ejercicios espirituales.

No se deje usted engañar de Satanás, que trabaja mucho para impedir el bien que Dios y la Santísima Virgen quieren hacer por medio de usted. Sea, pues, obediente y humilde ahora y siempre. Jesús y María me impelen que se lo diga a usted y que no se haga indigno de las gracias que le han hecho hasta aquí y le harán en lo sucesivo.

Por lo tanto, amigo mío, no se haga sordo; sea dócil, humilde, obediente y fervoros, y no se resista más a la gracia, o si no, Dios le abandonará” (Carta al P. Domingo Ramonet – Aranjuez, 20 abril 1861: EC II p. 270-271).

81. Consejos a los misioneros: el estudio de las lenguas

“El Señor quiere que os extendáis por el resto de España (…). Mucho me alegro que hayáis puesto clase de cánones y que el señorSors los explique; pero procure que todos los sacerdotes tengan tres cosas: 1 a. Escritos los sermones, doctrinas y ejercicios. 2a. Que sepan el francés para confesar a tos extranjeros siempre que se presenten al confesonario o enfermos lo pidan; en el día es una necesidad, atendida la gente que viaja. 3a. El repaso o conferencias de moral” (Carta al P. José Xifré – Aranjuez, 3 mayo 1861: EC II p. 279, 280-281).

82. Confirmación en la vocación misionera

“Me alegro de su obediente resolución. Ahora lo que importa es no mirar atrás,

ya que ha puesto la mano en el arado, si quiere usted entrar en el reino de los cielos. Yo bien comprendo que Satanás se valdrá de todos los medios a fin de hacerle desistir; aún se transfigurará en ángel de luz; pero usted no debe hacer caso de cosa alguna. Piense que el ser misionero es más que ser párroco, más que canónigo, más que… Los peligros que hay en estos estados son más y mayores, y el fruto que se hace menos que en estado de misionero.

La mies es grande, los obreros muy pocos; reguemos, pues, al Señor de la mies que tos envíe; roguemos que los que son llamados obedezcan y no se excusen con pretextos de piedad y de familia, porque ¡ay de ellos!, que, llamados una vez, no los llama la segunda y se pierden, como dice San Agustín. Guarde bien lo que tiene, no sea el caso que otro coja la corona que usted tiene preparada.

Con to que acabo de indicar hay lo bastante y aun de sobras para desvanecer sus dudas y las que Satanás le suscitará de nuevo. Animo, sea fiel, esté alegre y ecomiéndese mucho a María Santísima y procure estar siempre ocupado” (Carta al P. Domingo Ramonet – Madrid, 26 junio 1861: EC II p. 316-317).

83. Gobernar con el ejemplo

“En cuanto a lo que me dice de la ineptitud para gobernar que usted tiene, sobre esto le diré que Dios nuestro Señor, para ejercicio de las virtudes, no pocas veces hace que los menos a propósito sean los que gobiernen a los demás, y así póngase siempre adelante con el buen ejemplo; dígales que lean con fecuencia las Reglas y Constituciones de la Congregación y que las observen con fidelidad” (Carta al venerable P. Jaime Clotet – Madrid, 1° julio 1861: EC II p. 320).

84. Necesidad de extender la Congregación

Cuando vuelva el señor Xifró dígale de mi parte que conviene encomendar mucho a Dios que nos dé a conocer si sería conveniente que algunas parejas de nuestros misioneros se internasen por España; la necesidad es grande, la gente lo desea y no dudo que el fruto sería muy copioso.

Yo veo en la historia que todas las religiones luego se extendían, no sólo por el reino en que se fundaban, sino también en diferentes partes del mundo; pues ¿por qué los nuestros no se extenderán a lo menos por este reino?

La pena mayor que yo tengo es el tener que estar estacionado en esta corte; es verdad que predico siempre en las cárceles, hospitales, hospicios, colegios, conventos y pueblo; pero no me satisface; yo quisiera correr…” (Carta al venerable P. Jaime Clotet- Madrid, 1 julio 1861: EC II p. 321).

85. Ansias de predicar y amor a los misioneros

“Veo lo que me dice del modo de extender nuestra Congregación, y me parece bien, y cuanto más al interior de España, mejor, por ser mayor la necesidad. Me atrevo a decir que nadie lo sabe mejor que yo, por razón de vivir en Madrid y por los viajes que llevo hechos al lado de Sus Majestades. Yo, al ver la disposición de la gente, el hambre de la divina palabra, etc., etc., no me puedo contener; asi es que no me puedo contener; todo el día estoy predicando (…). ¡Quién me diera el poder correr predicando por toda España, por todo el mundol…

La tentanción que tengo que sufrir mayor es de escaparme del lado de Sus Majestades, y aguanto porque me dicen que es la voluntad de Dios el que yo esté a su lado, y yo por ahora también lo creo, y esto y únicamente esto me hace aguantar, esperando que el Señor me librará.

Entre tanto, diga a mis queridísimos hermanos los misioneros que se animen y que trabajen cuanto puedan, que Dios y la Santísima Virgen se lo pagarán. Yo tengo tanto cariño a los sacerdotes que se dedican a las misiones, que les daría mi sangre y mi vida; yo les lavaría y besaría mil veces bs pies; yo les haría la cama, les guisaría la comida, y me quitaría el bocado para que ellos comiesen; bs quiero tanto que de amor me vuelvo loco por ellos; ni sé lo que haría por ellos. Cuando considero que ellos trabajan para que Dios sea más conocido y amado, y para que las almas se salven y no se condenen, yo no sé lo que siento…

Ahora mismo, que esto escribo, he tenido que dejar la pluma para acudir a mis ojos… ¡Oh hijos del Inmaculado Corazón de mi queridísima Madre!, quiero escribiros y no puedo, por tener los ojos arrasados en lágrimas. Predicad y rogad por mí.

Adiós, mi querido hermano. Aquí va este papelito

 

86. Expansión de la Congregación

“Si bs misioneros de Barcelona no pueden trabajar en aquella diócesis, mande algunas ternas a otras diócesis. Trabajemos cuanto nos sea posible” (Carta al P. José Xifré – Madrid, 30 enero 1862: EC II p. 437).

 87. Animo ante la enfermedad

“Debe usted dedicarse con moderación en dar ejercicios a bs estudiantes; no tanto para aumento de la Congregación, que Dbs y la Santísima Virgen ya irán trayendo, como para formar así buenos clérigos. Yo siento que bs señores consultores tengan tanto miedo de la salud de usted; pues yo le digo que por ahora no morirá, sino que Dios nuestro Señor le permite esa indisposición o

enfermedad, casi habitual, para que usted sea cada día más humilde; y, cuanto más enfermo, más valiente sea, y rnás fruto haga, y conozca usted y todos que por la gracia de Dios hace lo que está haciendo. Animo; sin faltar la marcha de la casa, vaya al seminario que le convidan; aunque sea hace un viaje expresamente a cada seminario y después se vuelva a Vich” (Carta al P. José Xifré – San Ildefonso, 4 spetiembre 1862: EC II p. 529-530).

 88. Pedir operarlos para la viña del Señor

“Me alegro muchísimo en el Señor al ver vuestros trabajos y el feliz resultado que dan en todas partes los hijos del Inmaculadode María (…).

Yo confío en el Señor que nos mandará operarios para el cultivo de su viña. Ruguémosle mucho al Padre celestial” (Carta al P. José Xifré – Madrid, 21 noviembre 1862: EC II p. 567, 569).

 89. Envío del reglamento para los estudiantes

“Sirve la presente para decir a usted que, considerando cuánto conviene formar bien en la ciencia y virtud a los jóvenes que Dios llame a la Congregación, he pensado escribir este Reglamento que tengo el gusto de acompañarle con la presente, a fin de que se ponga en práctica en todas sus partes, por ser ésta la voluntad de Dios y de María Santísima, nuestra querida Madre” (Carta al P. José Xifré – Madrid, 20 diciembre 1862: EC II p. 576-577).

 90. Conviene hacer gente

“Me alegroque haya enviado a Roma las Reglas y demás requisitos para su aprobación. Ahora lo que importa es encomendar a Dios el negocio.

En cuanto al juramento no hay por qué temer al gobierno. Si Dios está por nosotros, ¿quién contra nosotros?. Lo que importa es que seamos buenos hijos del Inmaculado Corazón de María, que ella nos sacará en bien de todo.

A fin de evitar deserciones y vencer tentacbnes, quisiera que con mucha frecuencia se leyera el tratado 7° de la 3a. parte de Rodríguez y se cumpliera a la letra lo que dice en dicho tratado.

No repare usted en hacer obras, sí son necesarias para poder admitir más misioneros, que en esto ha de procurar mucho, y para esto quisiera que usted diera ejercicios al clero y estudiantes de aquellas diócesis en que tenga confianza de poder sacar sujetos para la Congregación. Conviene hacer gente (…).

Respecto de la revolución, no hay porqué espantarse. Si nos persiguen en un punto, iremos a otro. Los primitivos cristianos eran aún más perseguidos que nosotros. En este punto no conviene ser demasiado prudentes; nos hemos de poner completamente en las manos de Dios y de María Santísima. Yo no temo la revolución ni el infierno entero; no temo sino a Dios. Créame, amigo, trabaje lo que pueda para aumentar el personal de la Congregación, y, si para esto es menester levantar otro edificio, hágalo en hora buena y no se pare en gastos ni en qué dirá el mundo.

Quisiera que los misioneros dieran mas libros y hojas sueltas; es incalculable el bien que hacen. Ya lo pagaré yo; basta que lo diga al señor Riu de la Librería Religiosa, que le pondrá una caja en cada población a disposición de los misioneros” (Carta al P. José Xifré – Madrid, 6 marzo 1863: EC II p. 635-637).

 91. La casa de Claret en Madrid

“Hallándome yo en el caso de tener que buscar un cocinero, e inspirándome poca confianza los hombres que se presentan en el día, había pensado escribir a usted por si serta posible el que me mandase un hermano de la Congregación, considerando mi casa como una residencia, pues se guarda en ella la misma observancia de reglas, oración, comida, etc., y, además, todos los ahorros que se hagan son para la misma Congregación y para los pobres” (Carta al P. José Xrtró – El Escorial. 1° abril 1863: EC II p. 642).

 92. Conviene no dormirse: extender la Congregación

“En atención a la consulta que me hace sobre el diferir algún tiempo más o encargarse la Congregación de la iglesia de la Merced

Amigo: conviene no dormirse. El mal se dirige a tu término a pasos agiganta­dos; la justicia de Dios está muy irritada y no hay otro medio que la morigeración de las costumbres para detenerla, y ésta es obra de la gracia de Dios que se vale, como de instrumento, de las santas misiones. No dude, amigo; la sociedad está sobre una pendiente y sólo la religión la puede contener, y ésta la han de promover los misioneros (…).

Sólo en Dios y en ustedes de la Congregación del Inmaculado Corazón de María confío, y así le repito que, sin pérdida de tiempo, trabaje usted en reunir y formar jóvenes, que así agradará a Dios y a Sus Majestades y aun al gobierno mismo, que, si bien es verdad que éstos por escrito no le dirán que b hagan,

porque temen comprometerse con sus adversarios, pero estoy segurísimo de que no les estorbarán, y se gozarán de saber que usted reúne, forma y envía misioneros por conducto de los prelados (…).

Me parece que ya ha llegado el momento en que la Congregación debe cuidar por sí misma de dicha iglesia, por muchas otras razones, además de las insinuadas” (Carta al P.José Xifré-Aranjuez, 1° mayo 1863: EC II p. 650-651, 652).

 93. Necesidad de misioneros

“En cuanto a lo que me dice de poner una casa de sacerdotes que se dediquen a las misiones, ejercicios, etc., me parece muy bien; en el día es una necesidad; todos los prelados sienten lo mismo y todos los piden; lástima que no son tantos los sacerdotes de esta especie como se necesitan. El superior general, don José Xifré, hace poco me escribió y me hablaba de esa diócesis de Huesca; yo no dudo que le procurará complacer, cuando tenga sujetos disponibles. Entre tanto, reguemos al Padre celestial que envíe operarios a su mies” (Carta al obispo de Huesca – San Ildefonso, 11 agosto 1863: EC II p. 687-688).

 94. La fiesta del Corazón de María

“Me alegroque en Vich y en Gracia hayáis solemnizado la fiesta del Inmaculado Corazón de María. Yo soy de parecerque se adopte una cédula para dar a los fieles que se inscriban a la Archicofradía de todas las parroquias de España, en donde se instale. Piénselo y hágalo luego” (Carta al P. José Xifró -2 septiembre 1863: EC II p. 696).

 95. Propaganda misionera

“El señor Riu me ha pasado la cuenta de diez mil reales de lo que han tomado los misioneros de la Librería Religiosa. Dígales que tomen en buena hora, porque harán doble fruto: con la predicación y con las hojas y libros” (Carta al P. José Xifré – Madrid, 18 noviembre 1863: EC II p. 722).

 96. Libros y estampas

Tenga la bondad de darle expresionesy decirle que haga que los misioneros de todas las tres casas tengan estampas y libros para dar a las gentes de los puebbs en que misionen, porque en aquella ocasión producen muy buenos resultados. Dígales que los tomen en la Librería Religiosa de Barcelona, a mi cuenta” (Carta al venerable P. Jaime Clotet – Madrid, 19 diciembrel 863: EC II p. 735).

97. Noticia sobre la Congregación

“La Congregación de Misioneros del Inmaculado Corazón de María empezó con aprobación del ilustrísimo señor obispo doctor don Luciano Casadevall en el seminario conciliar de Vich el día 16 de julio, festividad de nuestra Señora del Carmen, del año 1849.

Para esta Congregación Dios se sirvió del presbítero don Antonio María Claret y Ciará; este sacerdote se había dedicado por espacio de cuatro años en el ministerio parroquial; pero, siendo demasiado estrechos los límites de una parroquia para su celo, con aprobación de su prelado, se consagró enteramente a las santas tareas de las misiones del pueblo y a los ejercicios espirituales a los sacerdotes, estudiantes y monjas.

Todos los días del año estaba misionando, no sólo en la diócesis de Vich, sino también en muchas otras de España; pero siempre por disposición del señor obispo de Vich, a quien los demás señores obispos le pedían.

Así fue continuando, del año 1840 hasta el de 1849,que el Señor se dignó darle compañeros, que fueron los señores presbíteros don José Xifre, don esteban Sala, don Domingo Fábregas, don Manuel Vilaródon Jaime Clotet, sacerdotes todos de grandes virtudes y de saber, prácticos en el sagrado ministerio.

A principios de octubre del mismo año, del seminario se trasladaron a la casa misión de las Mercedes de la misma ciudad de Vich, que el referido señor obispo había obtenido del gobierno de Su Majestad para que sirviese al objeto de los mencionados misioneros, que consiste en hacer misiones por todo el mundo y en dar ejercicios espirituales a toda clase de personas, y con especialidad a sacerdotes, estudiantes y monjas.

Todos los señores obispos españoles y singularmente tos de las provincias catalanas vieron con mucho agrado la naciente Congregación, la miraron con cariño, esperando grandes bienes, y por lo mismo le dispensaron toda especie de protección. Los que más se declararon fueron el excelentísimo señor Echánove, arzobispo de Tarragona; el excelentísimo señor Lorente, obispo de Gerona; el ilustrísimo señor Soler, obispo de Teruel; pero sobre todos el señor obispo diocesano arriba citado, el cual cooperó, positivamente y con toda su eficacia, a su desarrollo material y formal. Desde aquella época han seguido protegiéndola así los prelados de la metrópoli como los demás.

El gobierno de Su Majestad, con fecha 9 de julio de 1859, aprobó sus estatutos, y Su Santidad el Papa Pío IX, con fecha 13 de octubre de 1860, se dignó elogiarla y recomendarla con palabras muy expresivas.

Desde su principio sin interrupción alguna ha seguido siempre dando, con

mucho fruto y consuelo de los señores obispos, misiones y ejercicios espirituales en muchas diócesis del reino; y, aunque ha sufrido pruebas de grande consideración, con el auxilio de Dios y de María Santísima ha podido, no sólo sostenerse, sino también crecer y ramificarse en Barcelona y Segovia, en cuyas diócesis tiene grandes casas provistas de todo perfectamente, para dar en ellas todos los meses ejercicios espirituales a sacerdotes, ordenandos y seglares.

El mencionado presbítero don Antonio María Claret, al cabo de pocos meses de la instalaciónn de su amado Instituto, fue, no sin grande sentimiento suyo y de sus compañeros, promovido a la silla arzobispal de Santiago de Cuba, y actualmente es confesor de Su Majestad la reina de España, residente en Madrid, desde donde protege eficazmente la Congregación con deseos los más vivos de poder retirarse en ella y morir entre sus hermanos.

Los que actualmente componen la Congregación son treinta y dos sacer­dotes, cuatro estudiantes de sagrada teología y diez y ocho hermanos legos. Dicha Congregación se halla actualmente en muy buena disposición para desarrollarse y extenderse, no sólo por las diócesis del reino, sino también por todo el mundo, cuando Dios, que es dueño de las mies, le envíe operarios; ésta es su esperanza, estos sus deseos y a ellos dirige sus esfuerzos.

Muchas son las diócesis en que han hecho misiones y han dado ejercicios espirituales desde su existencia, y en el día se están verificando, divididos en ternas, en las diócesis de Barcelona, Lérida, Vich y Segovia” (Carta al nuncio Barili – Madrid, 2 febrero 1864: EC III p. 446-448, nota 5).

 98. Consejos a los misioneros

“Consejos dados por nuestro venerable Fundador para adelantar en la virtud y en el saber los hijos del Inmaculado Corazón de María:

1 °. Irán a la presencia de Dios.

2°. Recogimiento interior y exterior.

3″. Silencio, que guardarán con mucho cuidado.

4°. No entrarán los unos en los cuartos de los otros; sólo en el del superior, cuando sea menester.

5”. Harán con mucho cuidado los exámenes particular y general; para éste se podrán valer del libro “El colegial instruido” (…). 6°. Cuidado en hacer bien las obras ordinarias. 7°. Harán la oración con todo el cuidado posible. 8°. Tendrán lectura espiritual por Rodríguez. 9°. Todos guardarán con la mayor perfección las santas Reglas. Para las ciencias:

1°. Cada uno procurará tener las armas para pelear. Estas armas son las pláticas, sermones, etc., para misiones y ejercicios.

2°. El superior dará a los principiantes una plática para copiar, la leerá o hará leer por un inteligente, y, si la halla bien, la hará aprender y recitar. Lo mismo hará con los sermones, hasta que cada uno tenga la provisión necesaria.

3°. Hasta que tengan mucha experiencia y estén muy versados en las misiones, no se los dejen componer, sino copiar las pláticas, sermones y demás.

4°. Estas pláticas y sermones las recitarán y dirán con toda formalidad en las conferencias destinadas al efecto, a que tan solamente tendrá que asistir el que las haya de presidir o dirigir, y los que no tienen aún todas las pláticas o sermones escritos y recitados.

5°. Todos asistirán a las demás conferencias de moral, ascética, rúbricas, etc.

6°. Cuando los misioneros tengan ya un caudal de pláticas y sermones para las misiones y ejercicios escritos, se ocuparán en las cosas a que tengan más inclinación, verbi gratia, teología dogmática o moral, mística y ascética, cánones, historia, rúbricas, escritura, etc.

7°. Para el estudio de estas cosas se valdrán del libro llamado “Colegial instruido” (…).

8°. Todos los misioneros se ocuparán en copiar, estudiar y escribir siempre, no sólo entiempoque no tienen misiones, sino también durante las misiones, en los primeros días, en que no hay que confesar, y por esto se llevarán el libro al efecto.

9°. El superior de vez en cuando pasará por los cuartos y se enterará de los trabajos que cada uno haya hecho en copiar, estudiar y apuntar.

10°. Con una plática o dos ya se podrá salir a misión, con tal que los compañeros puedan suplir, hasta que el principiante hagan todos su caudal.

11 °. Cada plática o sermón llevará su esqueleto, para facilitar la memoria” (Transcripción, hecha por el P. Miguel Aineto, de los consejos que el P. Claret dejó a los misioneros de Segovia en agosto de 1864,: EC II p. 810-812, nota 13).

 99. La vocación de los niños

“Quisiera que en todas las casas de la Congregación tuvierais una buena porción de libritos en rústica de “La vocación de los niños” (a mi cuenta) para dar a todos los curas y tenientes. ¡Oh, qué bien podrían hacer a los niños” (Carta al P. José Xifré – Madrid, 8 noviembre 1864: EC II p. 828).

 100. Búsqueda de la voluntad de Dios

“Yo muchas y m uchas veces cada día le pido a Jesús queme dea conocer qué es lo que quiere que haga respecto a nuestro proyecto, porque estoy pronto para trabajar y morir por su amor. Algunas veces me ha dicho interiormente quetodavía no era hora; lo he consultado a personas celosas y de toda mi confianza y me dicen lo mismo.

Conozco que antes de edificar se ha de limpiar el terreno, y el Señor quiere enviar un castigo, un cataclismo, y después se edificará; pero entre tanto se van preparando jóvenes de saber y de virtud, porque los demás están muy carcomi­dos, y poco y muy poco se puede contar con ellos; sin embargo, si algo bueno hay, se va aprovechando para conservar el fruto que hagan los misioneros” (Carta a la M. María Antonia París – Madrid, 25 diciembre 1864: EC II p. 838).

 101. Paz y alegría en las persecuciones

“Las persecuciones son cada día más recias, pero el Señor me da mucha paz y alegría” (Carta al P. José Xifré – Madrid, 26 diciembre 1864: EC II p. 841).

102. La “tentación” de estudiar

“Ya le dije en mi anterior que habíamos hecho ejercicios en el Escorial. El hermano Llumá se sintió muy movido. No sé si con esa moción especial se le quitará la manía o tentación con que vino de Cataluña, diciendo que él gustaría poder estudiar. Yo le he hecho varias observaciones: la edad que ya tiene, lo poco que sabe de latín y aun de escribir y de formar unas cuentas del mes de bs gastos de la casa, y doy las razones que estimo convenientes; le hice leer a Rodríguez sobre los hermanos legos; se calma un poco y siempre vuelve con la misma” (Carta al P. José Xifré – Madrid, 28 diciembre 1864: EC II p. 842-843).

 103. Testamento en favor de la Congregación

“Si yo muriera o me mataran, dejo heredero de confianza al señor superior de la Congregación de los hijos del Inmaculado Corazón de María, que vive en Vich de Cataluña, para que cobre lo que se haya de cobrar y cumpla mis encargos que a él tengo confiados” (Carta a D. Manuel José Miura -Madrid, 25 abril 1865: EC II p. 877).

 104. Petición de gracia para la Congregación

‘Tengo la satisfacción de participar a usted que la Congregación del Inmacu­lado Corazón de María, para cuya aprobación tanto trabajó usted, sigue, gracias a Dios y a María Santísima, muy bien y en aumento. De algún tiempo a esta parte han ingresado en ellas estudiantes, sacerdotes y aun párrocos de bellísimas dotes, y otros que aspiran a lo mismo; y confiamos que a no tardar podrán éstos ayudar a bs primitivos misioneros a extender a otras partes el copioso fruto que, por medio de misiones y ejercicios, están haciendo actualmente en diferentes diócesis de España. También me cabe la satisfacción de decir a usted que Su Majestad la reina, que ama muchísimo la Congregación, se ha dignado conceder el privilegio de la exención de quintas a todos los estudiantes y hermanos legos que ingresen en ella.

Mas ahora, según ma ha manifestado el superior general de la Congregación, a quien usted ya conoce, se ha presentado un obstáculo, como lo verá en las preces que de dicho superior acompaño, esperando de la reconocida amabilidad de usted me hará el obsequio de presentarlas al Santo Padre. Me tomo la libertad de dirigirme a usted porque monseñor De Lúea ha dicho de palabra a nuestro encargado que esto no b concedíael Santo Padre, y que en su consecuencia los párrocos, a quienes se refieren las preces, al concluir el año de noviciado, formarán título de patrimonio o beneficio, cosa poco menos que imposible, asf por motivo del crecido número, como por las circunstancias de los tiempos, y de ser oriundos de partes remotas; en su consecuencia los referidos párrocos tendrían que volver a sus primeros destinos con grande amargura de su corazón y de nuestra naciente Congregación, la que no sólo predería estos miembros, sino aun la esperanza de que en lo sucesivo entrasen otros de la misma clase, cosa que yo y los demás todos lo sentimos en el alma.

Soy de opinión que, si usted se toma la molestia de presentar personalmente las mencionadas preces a Su Santidad, explicándole de palabra estas circun­stancias y encareciendo en cuanto pueda esta súplica que le hacemos, accederá a nuestras peticiones, porque es piadosamente Pío; y estoyque nos lo concederá como lo concedió a la Congregación de San Vicente de Paúl y a otros. Pídaselo de mi parte por amor del Sagrado e Inmaculado Corazón de María y del gran fruto que hacen en todas las diócesis de España con las misiones y ejercicios espirituales; y, finalmente, por el amor que todos los misioneros de la Congregación profesan al Santo Padre y por los ayunos, limosnas y oraciones que en obsequiode Su Santidad hacen todos los individuos de lacasa matriz, con gusto y espontaneidad de todos; ofrecen todos los días el último plato de la mesa, cuyo importe se da al principio de cada mes aldiocesano.

Finalmente, para más obligar a su celoso y fervoroso corazón a protegernos con Su Santidad, le diré que los individuos de la Congregación este año, como todos, han dado y dan ejercicios y misiones en muchas partes en las diócesis de Barcelona, Lérida, Solsona, Gerona, Vich, Huesca, Avila y Segovia, siempre y en todas ellas a petición y satisfacción de los obispos respectivos; y ojalá hubiera sido mayor el número de individuos, a fin de haber podido acceder a los deseos de varios otros prelados. Al fin de estas noticias, que con la franqueza de hermano y amigo pongo en conocimiento de usted, para que obre con más conocimiento de causa, me atrevo a esperarde usted este nuevo acto de caridad, del que la Congregación y yo le quedaremos eternamente agradecidos” (Carta a monseñor Alessandro Franchi – Madrid, 28 febrero 1867: EC III p. 523-525).

105. Orientaciones sobre los estudiantes claretianos

“Me parece bien el que se admitan estudiantes en la Congregación. En cuanto a los dos obstáculos que usted me insinúa, yo los veo muy pequeños y facilísimos de superar. El primero es el modo de subsistir. Este se puede vencer con los ahorros míos, pues que ya sabe que, cuando no tengan, diga usted: dé y se le dará. Y, cuando yo no cobrara, o Dios disponga de mí, el Señor cuidará de ustedes. El tiene providencia de los pájaros y de las flores; más la tendrá de sus hijos y de sus soldados, que militan a su favor. Tenga confianza en Jesús y María y nada le faltará. He oído decir que el que no tiene miedo al agua se aguanta y nada muy bien; pero el que tiene miedo se encoge y hunde y se ahoga. De este modo queda superado el primer obstáculo.

El segundo es la falta de local. Veremos ahora si se activa con la ida a Madrid (…). Entre tanto, los estudiantes antiguos se podrían colocar en los cuartos de los ejercitantes, y, cuando haya muchos ejercitantes, podrán arreglarse como puedan, pues que por pocos días todo se compone. He aquí cómo quedan superados estos obstáculos.

Ahora voy a emitir un pensamiento que usted con los señores consultores lo rumiarán. Admitir estudiantes de buena disposición,vocación, y que prometan fundadas esperanzas, y serán admitidos cuando sepan latín; pasarán el año de noviciado; después pasarán otro año estudiando en casa, perfeccionándose en latín y principios de retórica y canto llano; y los otros años de filosofía, teología, etc., que vayan al seminario, como he visto en Roma y en otras partes. Para esto no es menester que todos estén aquí en Vich, pues que se les puede enviar dos, cuatro, seis, etc., a Segovia, Jaca, etc., y serán vigilados del sacerdote que quede en casa, aunque los demás estén en misiones, y así en casa habrá comunidad. Estos dos estudiantes> podrán dirigir los ejercicios de los domingos al Corazón de María, rezar el rosario y enseñar la doctrina en la iglesia de la Congregación, y así ellos irán haciéndose prácticos, que esto vale mucho: que de jóvenes se acostumbren en esas prácticas, y aun se les pueden encargar algunas cosas que sean compatibles con los estudios.

Estos estudiantes, de dos en dos, formados, irán y volverán del seminario a casa con modestia y gravedad; serán la edificación de los estudiantes y aun de los seglares, y, como serán aplicados, serán el estímulo de los otros. Digo que serán aplicados, pues lo deben ser y se ha de procurar que lo sean en la virtud y en las letras, pues que ellos han de representar la Congregación; serán conocidos de los condiscípulos, y, cuando éstos serán párrocos, querrán a los misioneros, como que habrán sido condiscípulos” (Carta al P. José Xifré – San Ildefonso, 17 septiembre 1867: EC II p. 1198-1200).

 106. Expansión del Instituto

“Le envío ese pedazo de periódico que trata de Argel. Yo algunas veces habla pensado decir a usted que discurriese y examinase si sería posible el poner la Congregación una casa allí, ya para el bien de quellos infieles, ya también de la Congregación, pues cuando venga la persecución que se hará a la religión en España, puedan refugiarse los de la Congregación en Argel, que está aquí tan cerca. Este negocio ecomióndab a Dios y consúltalo” (Carta al P. Xifré – Madrid, 28 fobrero 1868: EC II p. 1244-1245).

 107. El protomártir de la Congregación

“Demos gracias a Dios. Ya el Señor y su Santísima Madre se han dignado aceptar las primicias de los mártires. Yo deseaba muchísimo ser el primer mártir de la Congregación, pero no he sido digno, otro me ha ganado la mano. Doy el parabién al mártir y santo Crusats y felicito al señor Rexach por la suerte que ha tenido de ser herido, y también doy mil parabienes a todos los de la Congregación por la dicha que tiene de ser perseguida. Dígales de mi parte que tengan ánimo y confianza en los sagrados corazones de Jesús y de María. Las borrascas ni los huracanes no duran siempre; después viene la tranquilidad.

Me parece muy bien que los novicios se esperen en sus casas y en el seno de sus familias, y los que ya han hecho su juramento que se procuren colocar como usted me ha dicho.

Dígales a todos que oren mucho, que en el día es lo que más conviene, y que tengan confianza en Jesús y en María; ellos son nuestros padres” (Carta al P. José Xifré – Pau, 7 octubre 1868: EC II p. 1297-1298).

 108. Normas durante la revolución

“En cuanto sea posible, procure que vivan de dos en dos sacerdotes, con uno o dos hermanos que les hagan la comida; que vivan como si estuvieran en la casa de la misión, guardando las Reglas y recogimineto en diferentes poblaciones; que se ocupen en confesar, animar y consolar a los fieles; que les exhorten a hacer oración y tener frecuencia de sacramentos.

Ya sabe que todo lo dejo a la Congregación (a excepción de una limosna a mi hermano y hermana de Sallent, según el rector de allá diga y cuando diga); y, por lo tanto, todo está a la disposición de usted para que lo gaste para viajes, alquileres y alimentos de los de la Congregación. Dígales de mi parte que tengan fe y confianza en Jesús y en María.

Yo, gracias a Dios, estoy muy contento y animoso, y aun alegre. Cuando considero que Dios es tan sabio, tan bueno y poderoso, que aun de las cosas malas saca bienes, espero que la Congregación aún sacará un gran bien de estas tribulaciones (…).

Bien ha visto usted que por San Lucas (que es hoy) el labrador siembra el campo; el trigo nace muy hermoso y crece de tal manera que todo el campo parece una alfombra verde; pero, ¡ay, Dios míol, vienen unos fríos tan recios, vientos del norte tan fuertes y heladas tan intensas, que dejan asadas las hojas del trigo; como si todo esto fuese poco, cae una nevada tan grande que cubre completamente el campo; el necio se espanta, pero el labrador confía que la nieve se derretirá, que el frío se calmará, y vendrá el buen tiempo, y entonces conocerá que todas esas contrariedades han servido para que el trigo echara más profundas raíces y más crecidos retoños. Animo, pues” (Carta al P. José Xifré – Pau, 18 octubre 1868: EC II p. 1304-1306).

 109. Algunos consejos

“Soy de parecer que por de pronto tengáis paciencia, prudencia, silencio y mucha oración, poniendo en Jesús y en María Santísima toda confianza y no en los hombres (…). No se apure; tome las cosas con prudencia” (Carta al P. José Xifré – París, 16 noviembre 1868: EC II p. 1317).

 110. Vigilancia y oración

“Jesucristo a sus amados discípulos les decía: “Velad y orad para que no entréis en tentación”. Lo propio os digo a todos vosotros: Velad y orad para que no faltéis a la vocación. Y dígales que, si algunos faltan, será por su culpa, será porque no habrán orado. Fiel es Dios -dice San Pablo-, que no permitirá que la tentación sea mayor que la gracia que nos dará para resistirla y sacar grande bien de ella misma; pero es menester pedirla al Señor por intercesión de María Santísima” (Carta al P. Ramón Homs – París, 2 enero 1869: EC II p. 1338).

111. Los pobres y la Congregación

“Como yo siempre estaba y estoy esperando y aun deseando la muerte para ir al cielo, todo lo tenía muy arreglado, a fin de que, cuando viniese la muerte, no hubiese en ninguna cosa la menor duda. Ya también sabe que muchas personas me hacían la confianza de entregarme grandes cantidades, ya en sus testamen­tos, ya en vida y salud para que, según prudencia, las distribuyese a los pobres. Yo me parece que he cumplido con toda escrupulosidad. Sin embargo, como en estos años últimos eran tantas y tan grandes las sumas que me traían en papeles de banco, no tuve tiempo para darlo todo antes de partir de Madrid. Esas cantidades las tenia en dos lugares. La mayor la tenía muy bien rotulada, que decía: Esto es de los pobres. La otra la tenía a mano en el cajón déla mesa, para tenermás a mano, y también tenía el mismo rótulo. Además de esas cantidades de los pobres, que acabo de decir, tenía otra que se componía de mi renta. Esta tenía rotulo también, que decía: Esto es de la Congregación de los hijos del Inmaculado Corazón de María. Esta disposición es testamentaría y soto tendrá valor y efecto cuando yo muera, pues que usted sabe que en testamento todo lo dejo a la Congregación. Mas, como con el dinero, gracias a Dios, jamás he tenido afición, no sé lo que hay en dichas cantidades (…). No obstante to dicho, siempre que la Congregación haya menester algo, que yo lo tenga, será para ella” (Carta al P. José Xifré – París, 24 enero 1869: EC II p. 1346-1347,1378).

 112. Deseo de retiraras con loa misioneros

“Yo sufro; soy viejo, y estoy deseosísimo de retirarme de confesor de Su Majestad, y dejaré de ser confesor tan pronto como ella deje de ser reina, pues que, si no es más reina, ya no tendrá poder ni autoridad ni derecho para tenerme como me ha tenido hasta aquí, en que he sufrido doce años de martirio. Si dejo de ser confesor, no permaneceré mas en Madrid ni en El Escorial; me retiraré en la Congregación, en alguna de las casas que tiene la Congregación, y lo desean mucho” (Carta a D. Dionisio González – Roma, 26 mayo 1869: EC II p. 1391).

 113. La enseñanza en la Congregación

“Hoy hace 20 años que Jesús y María dieron principio a la santa Congregación; y se ha seguido hasta aquí, en que el Señor ha permitido esta persecución que estamos sufriendo, no para extinguirla, sino para aumentarla y dilatarla. Como le decía el año pasado, al principio de la revolución, que sería para la Congregación como la nieve que cae sobre un campo sembrado, que no mata el trigo, sino que le obliga a retoñar; así será también la revolución: no matará la Congregación, sino que la hará retoñar y arraigar más y más. Los individuos serán más perfectos y darán más fruto… Veámosto:

1.- Todos los individuos guardarán las Reglas y Constituciones del modo más pertetío:Ha&cest voluntas Dei, sanctifícatiovestra.

2.- Se tendrá a la vista el número 63, capítulo 16 de las mismas, y se reflexionará sobre las palabras: catechizare párvulos, pauperes et ignaros •«catequizar a tos niños, a tos pobres y a tos ignorantes;»…

Usted, como superior general, cuando to permitan las circunstancias y usted lo considere oportuno, puede nombrar uno o dos que tengan buena letra, etc., para tener escuela de niños, para hacer lo que practican los Hermanos de la Doctrina Cristiana,que tantos hay en Francia, Italia, etc., y que tanto bien hacen; yo creo que en la actualidad son los que hacen más bien a la Iglesia, y de los que más se debe esperar.

Esta misión especial Dios y la Virgen Santísima la tienen reservada singu­larmente en España a la Congregación… No quiero decir con esto que todos se deban ocupar de estas escuelas; sí sólo quiero decir que empiecen pocos, y muy pocos, que usted tendrá cuidado de nombrar según vea su celo, o que lo pidan. Estas escuelas irán creciendo según la fidelidad con que correspondan a la gracia. Dios y la Santísima Virgen traerán sujetos a propósito; por manera que, sin perder de vista su objeto primario, se dedican en este otro ramo: haecoportet faceré et illa non omitiere. Son ahora tres años que una persona muy celosa había trabajado mucho para traer de Francia sujetos de la Congregación de la Doctrina, pero no fue posible realizarb, porque el Señor y la Virgen lo tenían destinado para la Congregación; y yo confío en Dios y en la Señora que los congregantes no se harán el sordo. No se alarmen, ni piensen que todos se han de poner a enseñar. Yadicho cómo se ha de proceder… Ya Dios y la Virgen Santísima ya inspirarán la manera con que se ha de proceder. Pero, si a alguno le repugna, le suplico que no lo haga, sino dejarlo a su ocio, que no le faltará tristeza y gusano roedor, como sucede a algunas manzanas, que crían gusano en el corazón y, cuando viene una ráfaga de viento, se caen del árbol. Así, pues, si alguno se cae del árbol de la Congregación, no se admire por esto ni desista por esto. Animo. Dios y la Virgen no dejarán su obra (…).

Con estas escuelas se harán agradables a Dios y a las gentes, y sin ellas serán siempre calumniados y perseguidos de los viciosos, que quieren pecar y no les gusta que los reprendan. Como dice Gersón, en ocuparse con los adultos hay dos trabajos muy grandes, y a veces sin fruto; pero ocuparse en los niños hay un solo trabajo, y por lo común de grande provecho y transcendencia. Sin embargo, se tendrán presenes las palabras del capítulo 7° de la castidad, número 18.

Ni se han de admitir todos los niños de la población, sino aquellos que…

 114. Cuidado en la selección vocaclonal

“Un día se me presentó un sacerdote, que no conozco, que me habló de unos jóvenes que habían venido a Roma…, pero yo no tengo presente que les aconsejase. Según me he enterado, es que han venido a ésta algunos conoci­dos, y con sus conversaciones han perdido la vocación, como se acostumbra. Sin embargo, yo temo mucho que entre en la Congregación el que ha estado en otras partes’   (Carta al P.José Xiiró – Roma, 22 marzo 1870: EC II p. 1457).

 APÉNDICE

Aunque esta selección de textos claretianos se limita al Epistolario de San Antonio María Claret, queremos ofrecer como apéndice algunos textos que consideramos esenciales, tomados de los “Escritos autobiográficos” de nuestro santo (EA, edición BAC- Madrid 1985).

 

115. Evangelizar a los pobres

“El Señor me dio a conocer que no sólo tenía que predicar a los pecadores, sinotambién a los sencillos de los campos y aldeas había de catequizar, predicar, etc., etc., y por esto me dijo aquellas palabras: “Los menesterosos y los pobres buscan aguas y no las hay; la lengua de ellos se secó de sed. Yo, el Señor, los oiré; yo, el Dios de Israel, no los desampararé. Yo haré salir ríos en las cumbres de los collados, y fuentes en medio de los campos, y los que en el día son áridos desiertos, serán estanques de buenas y saludables aguas”.

Y de un modo muy particular me hizo Dios nuestro Señor entender aquellas palabras: “Spiritus Domini super me et evangelizare pauperibus misil me Dominus et sanare contritos corde”” (Aut. 118).

116. Claret, hijo y ministro de María

“¡Oh Virgen y Madre de Dios, Madre y abogada de los pobres e infelices pecadores! Bien sabéis que soy hijo y ministro vuestro, formado por Vos misma en la fragua de vuestra misericordia y amor. Yo soy como una saeta puesta en vuestra mano poderosa. Arrojadme, Madre mía, con toda la fuerza de vuestro brazo (…). Arrojadme contra Satanás, príncipe de este mundo, quien tiene hecha alianza con la carne.

A Vos, Madre mía, sea la victoria. Vos venceréis. Sí, Vos que tenéis poder para acabar con todas las herejías, errores y vicios. Y yo, confiado en vuestra poderosísima protección, emprendo la batalla, no sólo contra la carne y sangre, sino también contra los príncipes de las tinieblas, como dice el Apóstol, embrazando el escudo del santísimo rosario y armado con la espada de dos filos de la divina palabra” (Aut. 270-271).

 117. Oración apostólica

¡Oh Dios mío y Padre mío! Haced que os conozca y os haga conocer; que os ame y os haga amar; que os sirva y os haga servir; que os alabe y os haga alabar de todas las criaturas. Dadme, Padre mío, que todos los pecadores se convier­tan, que todos los justos perseveren en gracia y todos consigamos la eterna gloria. Amén” (Aut. 233).

 118. Ofrecimiento a María

“Me entrego del todo por hijo y sacerdote de María. Por eso cada día le rezaré la corona de antífonas (…). Ella será mi Madre, Maestra y Directora, y de Ella será todo lo que haga y sufra en este ministerio, porque el fruto debe ser de aquella que ha plantado el árbol” (Propósitos 1843: EA p. 523).

119. El “magníficat” del claretlano

“¡Oh Dios mío! Bendito seáis por haberos dignado escoger a vuestros humildes siervos para hijos del Inmaculado Corazón de vuestra Santísima Madre.

¡Oh Madre benditísima! Mil alabanzas os sean dadas por la fineza de vuestro Inmaculado Corazón yhabernos tomado por hijos vuestros. Haced, Madre mía, que correspondamos a tanta bondad: que cada día seamos más humildes, más fervorosos y más celosos de la salvación de las almas” (Aut. n. 492-493).

 120. Definición del misionero

“Yo me digo a mí mismo: Un hijo del Inmaculado Corazón de María es un hombre que arde en caridad y que abrasa por donde pasa; que desea efi­cazmente y procura por todos los medios encender a todo el mundo en el fuego del divino amor. Nada le arredra; se goza en las privaciones, aborda los trabajos, abraza los sacrificios, se complace en las calumnias y se alegra en los tormentos. No piensa sino cómo seguirá e imitará a Jesucristo en trabajar,sufrir y en procurar siempre y únicamente la mayor gloria de Dios y la salvación de las almas” (Aut. n. 494).

 121. Sobre la mortificación

“En el día 4 de septiembre, a las cuatro y 25 minutos de la madrugada, me dijo Jesucristo: “La mortificación has de enseñar a los mision­eros, Antonio”. A bs pocos minutos me dijo la Santísima Virgen: “Así harás fruto, Antonio” (Aut. 684).

 122. Los siete truenos

“En el día 24 de septiembre, día de nuestra Señora de la Merced, a las once y media del día, el Señor me hizo entender aquello del Apocalipsis,X, versículo 1. Vi también otro ángel valeroso bajar del cielo revestido de una nube, y sobre su cabeza el arco iris, y su cara era como el sol, y sus pies como columnas de fuego. El cual tenía en su mano un libro abierto, y puso su pie derecho sobre el mar, y el izquierdo sobre la tierra (primero en sus diócesis de Cuba y después en las demás diócesis). Y dio un grande grito, a manera de un león cuando ruge. Y, después que hubo gritado, siete truenos articularon sus voces. Aquí vienen los hijos de la Congregación del Inmaculado Corazón de María. Dice siete, el número es indefinido; aquí quiere decir todos. Los llama truenos porque como truenos gritarán y harán oír sus voces; también por su amor y celo, como Santiago y San Juan, que fueron llamados hijos del trueno. Y el Señor quiere que yo y mis compañeros imitemos a los Apóstoles Santiago y San Juan en el celo, en la castidad y en el amor a Jesús y a María” (Aut. 686).

 123. El Espíritu del Padre y de la Madre

“El Señor me dijo a mí y a todos estos misioneros compañeros míos: “Non vos estis qui loquimini, sed Spiritus Patris vestri et Matris vestraequi loquitur in vobis”. Por manera que cada uno de nostos podrá decir: “Spiritus Domini super me, propter quod unxit me, evangelizare pauperibus misit me, sanare contritos corde”” (Aut. 687).

 124. Los misioneros, brazos de María

“Congregación, del Corazón de María.- En el día de la Ascensión del Señor del año de 1870 se hallaba un alma delante del altar de María Santísima, de las once a las doce, contemplando la fiesta, y conoció que los hijos de la Congregación son los brazos de María, que con su celo han de conducir a María a todos: a los justos, para que perseveren en gracia, y a los pecadores, para que se conviertan.

Jesús es la cabeza de la Iglesia. María Santísima es el cuello, y lo más inmediato es el corazón.

Los brazos de María son los misioneros de su Congregación, que con celo trabajarán y abrazarán a todos, y rogarán a Jesús y a María. María Santísima de valdrá de elfos como de brazos y como de pechos de madre para criar a estos hijitos, a la manera de una madre que busca una ama o nodriza. Los misineros son las nodrizas, que deben criar a los pobrecitos pecadores con los pechos de sabiduría y amor; los dos pechos han de estar igualmente provistos.

Y así, han de procurar, como buenas y sanas madres, alimentarse con frecuencia para sí y para criar bien, como hacen las buenas nodrizas. El alimento que deben tomar estas nodrizas es la oración mental y vocal, y jaculatorias, lectura espiritual (…), teología moral, doctrinales, sermones” (Luces y gracias, 1870:EA p. 665).

 INDICE

PRESENTACIÓN

NOTA IMPORTANTE

1. EXPERIENCIA MISIONERA DE CLARET

1. Espíritu universal

2. Estado de ánimo

3. El peso de la cruz.

4. Obediencia y pobreza

5. Propaganda religiosa

6. Deseo de cumplir la misión encomendada

7. Misiones en la diócesis de Cuba

8. “He cumplido con mi misión

9. Deseos de renunciar al arzobispado

10. Actividades en la primera a la diócesis

11. ¿Traficante o prelado?

12. “Soy Claret y le hablo claro”

13. Reacción ante el atentado de Holguín.

14. Alegría ante el atentado

15. Planes de misión en España

16. Visión apostólica de futuro

17. Deseo de cumplir la voluntad de Dios

18. Esclavo de María

19. La mano de la Providencia

20. El valor del silencio

21. Obediencia a la Iglesia y al Papa

22. Anunciar el Evangelio en todo el mundo

23. Predicar la Palabra

24. Amor al Romano Pontífice

25. La “grande misión” claretiana

26. Actitud ante las enfermedades

27. Las amarguras madrileñas

28. Ante las calumnias y persecuciones

29. Ansias de evangelización universal

30. Hermoso rasgo de humildad

31. Amor al Papa

32. Actividad incansable

33. Inquietudes misioneras

34. Autodefensa

35. Persecuciones sufridas

36. Complacencia en las calumnias

37. Intrepidez apostólica

38. Preferencia por la gente de Holguín

39. Adhesión al episcopado

40. Sobre la Librería Religiosa

41. Fidelidad al Papa

42. Serenidad ante el peligro

43. De la muerte a la vida

44. La verdader vocación claretiana

45. La propaganda de libros

46. Ansias de cielo y amor a la cruz

47. Actitud en las obras de Dios

48. Devoción a la Virgen de Fussimaña

49. Contemplación de la Sagrada Familia

50. De la pasión a la resurrección

51. El fastidio de la política

52. Conferencias para emigrantes en París

53. La semejanza de los higos

54. La Congregación de Madres Católicas

55. No es más el discípulo que el maestro

56. “He cumplido mi misión”

57. Deseo de morir por Jesucristo

58. En defensa de la Iglesia y del Papa

 

II. ESPÍRITU Y MISIÓN DEL CLARETIANO

 

59. Estilo de vida misionera y selección vocacional

60. Problemas y actividades de los primeros claretianos

61. Situación de los claretianos

62. Recuerdo de sus misioneros

63. Subsistencia y extensión de la Congregación

64. Solicitud para la aprobación de las Constituciones

65. Ayuda mutua en la enfermedad

66. En la muerte del P. Esteban Sala

67. Felicitación al nuevo superior general

68. Recomendaciones sobre los misioneros

69. Sobre la fiesta del Corazón de María

70. El número apostólico

71. Necesidad de misioneros

72. Confianza en la Providencia

73. No atarse a compromisos de dinero ni de mujeres

74. Amor a los misioneros

75. Aprobación de las Constituciones

76. Reconocimiento de los estudios en la Congregación

77. Planes sobre el Escorial

78. El Escorial, centro de actividades misioneras

79. Los claretianos en El Escorial

80. Consejos sobre la vocación

81. Consejos a los misioneros: el estudio de las lenguas

82. Confirmación en la vocación misionera

83. Gobernar con el ejemplo

84. Necesidad de extender la Congregación

85. Ansias de predicar y amor a los misioneros

86. Expansión de la Congregación

87. Animo ante la enfermedad

88. Pedir operarios para la viña del Señor

89. Envío del reglamento para los estudiantes

90. Conviene hacer gente

91. La casa de Claret en Madrid

92. Conviene no dormirse: extender la Congregación

93. Necesidad de misioneros

94. La fiesta del Corazón de María

95. Propaganda misionera

96. Libros y estampas

97. Noticia sobre la Congregación de Misioneros

98. Consejos a los misioneros

99. La vocación de los niños

100. Búsqueda de la voluntad de Dios

101. Paz y alegría en las persecuciones

102. La “tentación” de estudiar

103. Testamento en favor de la Congregación

104. Petición de gracia para la Congregación

105. Orientaciones sobre los estudiantes claretianos

106. Expansión del Instituto…

107. El protomártir de la Congregación

108. Normas durante la revolución

109. Algunos consejos

110. Vigilancia y oración

111. Los pobres y la Congregación

112. Deseo de retirarse con sus misioneros.

113. La enseñanza en la Congregación

114. Cuidado en la selección vocacional

APÉNDICE

115. Evangelizar a tos pobres

116. Claret. hijo y ministro de María

117. Oración apostólica

118. Ofrecimiento a María

119. El “magníficat” del claretiano

120. Definición del misionero

121. Sobre la mortificación

122. Los siete truenos

123. El Espíritu del Padre y de la Madre

124. Los misioneros, brazos de María