5 – Textos Espirituales y Formativos-II

Cuadernos de Formación 5

Prefectura General de Formación Roma 1989

 

TEXTOS ESPIRITUALES Y FORMATIVOS DE SAN ANTONIO MARÍA CLARET-II


Jesús Bermejo, CMF.

III. VOCACIÓN Y FORMACIÓN DEL MISIONERO

 

125. Arraigo y perseverancia

“Dichosa y bienaventurada aquella alma -dice Santiago- que en la tentación se conserva fiel, porque el Señor le dará la corona de la gloria (Sant 1,12). Dichosas ustedes si en esta tentación se conservan fieles; pero desgraciada aquella que se dejara arrastrar del enemigo. Por eso Jesús hablaba tantas veces de estas almas flacas y cobardes; ya decía que eran como una casa sin cimiento, que, en sobreviniendo aguacero, se viene atierra (cf. Mt 7, 24-27); ya como aquella semilla esparcida en el terreno pedregoso, que, como no tiene fuerza, al calor del sol se seca ; ya dice, en fin, que el que lleva la mano en el arado y mira atrás no es idóneo para el reino de los cielos . Y los expositores dicen que en esta parábola aludía a los religiosos y religiosas que dejan la comunidad por ir a vivir en el seno de sus familias…

¡Cuidado, señoras!, no sea el caso que, bajo pretexto de buscar la salud corporal, pierdan la espiritual, que es lo más regular, sin conseguir por eso lo que tanto apetecen. Nos les decimos francamente que jamás hemos permitido a ninguna religiosa dejar la comunidad por motivos de salud, cuando éramos no más que director particular de las almas; con que menos lo toleraremos ahora, que somos prelado, aunque indigno.

El consejo que acostumbramos dar a las religiosas es que en su casa o convento tomen aquellos remedios que prescriba el médico, y en lo demás que se resignen y conformen con la voluntad de Dios, confiadas en que, si les conviene, ya les dará la salud; y que al mismo tiempo piensen y mediten muy mucho que son esposas de Jesús, que quiso nacer en un establo. ¡Qué casa! ¡qué desprovista! ¡qué malsana! Estuvo siete años en Egipto, y no sólo sin hogar, pero sin la comida necesaria, de manera que le fue preciso pordiosear… En todo el curso de su vida ¡qué casa tan pequeña y desprovista habitaba en Nazaret! Y cuando iba a predicar decía El mismo: “Los pájaros tienen sus nidos y los animales sus albergues, y el hijo del hombre no tiene ni una piedra donde reclinar su cabeza” . Por fin muere en campo raso a la inclemencia y desnudo en una cruz.

Las esposas que aman de veras a su esposo de nada se huelgan tanto como de vestir, vivir y morir lo mismo que su esposo y al lado de su esposo” (Carta a la priora y comunidad de las Ursulinas de Puerto Príncipe – Santiago de Cuba, 2marzo1851:EC I p. 461-462, 463-464).

126. Consejos a unas religiosas

“Tengan presentes los santos consejos que dimos y en breve digo que se procuren acordar:

1. De andar siempre a la presencia de Dios.

2. Todo lo que hagan sea siempre para la mayor gloria de Dios.

3. Tengan horror a todo pecado; por pequeño que sea, siempre desagrada a Dios y lastima la caridad y la enfría.

4. Todo lo que dé pena sufrirlo por amor de Dios” (Carta a la H. Anastasia Conget – Santiago de Cuba, 16 marzo 1851: EC III p. 74).

127. Plan de vida misionera

“El misionero, si ha de obrar con independencia, no ha de tener residencia fija, ni otro cargo de responsabilidad que pueda ofrecerle la menor ocasión de descrédito (…).

El misionero necesita remover su espíritu con el estudio continuo y con la abstracción completa del mundo por algunas épocas del año, para estar siempre dispuesto a continuar con fruto, a la voz del prelado, sus apostólicas tareas. A este fin es de todo punto indispensable la vida común, como ahora lo hacen en mi palacio conmigo, porque de este modo podemos establecer y seguir un plan de vida en que vayan mezcladas la oración y el estudio privado y en común, por medio de conferencias, que son de gran provecho y hasta de necesidad; la diaria aplicación al confesionario, a la predicación y demás obligaciones del ministerio sagrado en general y del carácter especial de misioneros.

Así se procura que vayan alternando en sus salidas a las poblaciones, restituyéndose de tiempo en tiempo su principal residencia para prepararse de nuevo, y sustituyéndose los unos a los otros, para que ni la misión deje de ser constante y provechosa, ni falte el necesario descanso que este trabajo reclama” (Carta al general Gutiérrez de la Concha – sin fecha ni lugar, aunque debe ser de marzo o abril de 1851: EC I p. 492-493).

 128. Motivaciones vocacionales

“Por cuanto para ascender al sublime estado del sacerdocio se debe tener una verdadera y perfecta vocación, y no por gozar de las rentas que producen las capellanías sin virtud y ciencias, y más bien por especulación, sin ser llamados por Dios, como Aarón, pretenden algunos adscribirse al estado eclesiástico; y, no debiendo por ningún motivo tolerarse ni dar pábulo a esta obcecación en que están muchos seculares poseedores de capellanías,hemos venido en mandar: que cada uno de estos individuos manifieste en particular si tiene verdadera vocación, y, careciendo de ella, renunciará las capellanías que obtenga, para que a su título se ordene otro más a propósito y digno de pertenecer al clero; debiendo los aspirantes tener muy presente que deben ser castos, pues los deshonestos son indignos del estado sacerdotal; que deben practicar las virtudes, frecuentar los sacramentos y tener un amor grande a las cosas de Dios nuestro Señor, ser aficionados a las funciones de iglesias, devotos de María Santísima, celosos de la salvación de las almas, edificar a los fieles con sus palabras y buen ejemplo, y enseñar el catecismo; aplicados al estudio, puesto que un eclesiástico sin ciencia es como la campana que no suena” (Carta al clero diocesano – Puerto Príncipe, 4 agosto 1851:EC I p. 582-583).

 129. Conducta de los seminaristas

“Ya que hablo de colegiales, debo advertir a usted que vigile mucho a Borrero. Cuando en el año pasado vino a esta, se portó muy poco bien; como camagüellano, es muy desafecto a los españoles y singularmente a mí; dio pruebas de lujurioso y de incrédulo. Un español de buenos sentimientos, después de haberle visto y oído, dijo a otro amigo suyo: “Este muchacho con el tiempo será un herejazo, porque tiene talento y malas ideas”. Cuando yo estaba en Cuba los observaba a todos en la capilla; siempre vi que tenía los labios cerrados, y alguna vez le dije que rezara; lo hizo un poquito y luego se cansó.

A Mustelier por ahora no tengo intención de ordenarle; le quiero probar más, porque sé que no hace mucho que alguno le instaba para que presentara para órdenes y respondió que todavía era joven, que quería gozar más. ¿Qué le parece? Un joven de estos sentimientos ¿qué sacerdote podrá ser? Lo mismo que los que tenemos, por desgracia; y en tal caso más quiero que no se ordene.

Galán me parece bien que se presente. Dígale que asista a la conferencia de latín” (Carta a D. Antonio Barjau – Puerto Príncipe, 4 septiembre 1853: EC I p. 882-883).

 130. Criterios selectivos

“No tengo inconveniente en que se admita a Luis por colegial, porque es recogido y devoto, y esto puede contribuir mucho para conservar y aumentar el espíritu clerical en los colegiales. Mas, cuando será ordenado, puede contribuir e influir en los franceses para que practiquen más la religión.

Ha hecho muy bien en no admitir a Garzot en el colegio, ya que no dejaba de ser capellán de coro. Le encargo que vigile y note si asiste a las clases o no, si asiste a las comuniones del colegio o no, y demás funciones, a fin de podérmelo decir cuando venga. Yo hasta ahora no le he visto sino en donde se gana plata, haciendo vestidos (…).

También procure aguijonear y hacer estudiar a los muchachos que usted enseña” (Carta a D. Antonio Barjau – Puerto Príncipe, 20 noviembre 1855:EC I p. 1158, 1159).

 131. Preparación de los misioneros: el estudio de las lenguas

“Yo, viendo sus buenos deseos a favor de la religión y de las buenas costumbres, he pensado reunir algunos sacerdotes para dar ejercicios espirituales al clero y misiones al pueblo; quiero que estos sacerdotes sepan el francés y el inglés, pues que en el día estas dos lenguas son una necesidad para un misionero, como lo he observado desde que salí de ésa ” (Carta al P. Antonio de Galdácano – Madrid 7 junio 1857: EC I p. 1357).

 132. Soledad y obediencia

“Ayer salí del cenáculo de los santos ejercicios, que hice sólito. En los otros años tenía el consuelo de verme acompañado y animado de todos ustedes, mis queridos familiares. ¡Antes tan acompañado y ahora tan solo jAy del solo! Dichoso usted que ha ganado en padres y hermanos, mientras que yo quedo como un árbol en invierno, sin fruto y sin hojas; pero, con todo, no he perdido la confianza en Dios, y así diré con el santo Job: “Dios me los había dado, Dios me los ha quitado, pues así lo ha querido, sea su nombre bendito” (…).

 Ya hace algún tiempo que el Señor me cría y me trata a lo jesuita, esto es, quitándome lo que más quiero y negándome lo que más deseo. Yo me atrevo a decir a usted que su Padre de novicios no le hace hacer un noviciado tan riguroso y severo como Dios me hace hacer a mí, pues que no me deja más que el espíritu y los huesos enteramente descarnados, áridos, como los que vio Ezequiel ; pero yo siempre esperaré en el Señor; así lo hace porque me conviene.

Anímese, Padre Juan; sea constante y perseverante en su santa resolución y sepa que en ninguna parte estará tan bien, no sólo en lo espiritual y eterno, sino también en lo corporal y temporal. Si no, dime: ¿Qué le falta? Y a buen seguro que me responderá lo de los Apóstoles: “Nada, Señor” . Pues mire usted cuánto ha ganado. ¡Cuántas gracias debe usted dar a Dios por su vocación! Estoy seguro que me dirá: “Ya lo hago”. Y yo me atrevo a decirle que todavía lo hace poco, y yo lo hago por usted en cuanto puedo, y le pidocontinuamente que le conserve en la Compañía, que le dé siempre un corazón humilde y obediente hasta la muerte y muerte de cruz .

Allá va una de las mías: una comparación que sé le hará reír, pero también sé que le gustará, porque verá en ella un retrato de lo que es usted. ¿Recuerda aquello de lo que tanto gustaban el Padre Galdácano y los colegiales, creo que llaman cometa o papelote, que con el viento se levanta y con el hilo le sujetan y lo dirigen muy bien? Pues he aquí el Padre Lobo con un arranque de celo de genio, se levanta, se remonta; pero necesita un hilo que le sujete, que le dirija, que lo levante y lo recoja a su discreción; y, mientras conservará este hilo de obediencia, de sumisión y docilidad, andará bien, será de grande utilidad y provecho; pero, si ese hilo se rompiera, lo que Dios no permita, le sucedería lo mismo que al papelote que se le rompió el hilo, que se caería al momento. Y así por los años que esté en la Compañía, por viejo que sea, y los demás más jóvenes que usted, no importa, obedezca, llévese siempre por sus consejos; piense que aquel joven es como un muchacho que sale de su casa, llevando en una mano el papelote, que es usted, y en la otra el ovillo de la sumisión y obediencia, que lo remontará o recogerá, según conozca que es ad majorem Dei gloriam ” (Carta al P. Juan Nepomuceno Lobo – Madrid, 12 julio 1857:EC I p. 1375-1377).

 133. El testimonio de la vida religiosa

“Tenga la bondad de decir a las Madres Monjas que por ahora las cosas se van encaminando al mal, como hace tiempo que lo estoy viendo y diciendo; y conviene, por lo mismo, conjurar la tempestad con oración y virtudes, y así tal vez Dios se apiadará de nosotros.

Pero yo desgraciadamente no veo aquel fervor que es de desear en las comunidades religiosas, ni tampoco aquella abnegación y obediencia a las preladas y demás superiores, tan necesarias a todas las religiosas; y esto me da más cuidado que todos los enemigos de la religión, porque éstos no tienen más fuerza que el permiso que Dios les da, y éstos son como el palo de que Dios se vale para castigar nuestra tibieza y poca observancia. Y así a todas les suplico, por Dios y por la Virgen, que hagan oración y tengan toda la observancia posible; que cada una procure ser buena, obediente, recogida, silenciosa, fervorosa, tal cual quisiera hallarse en la hora de la muerte; que mire a las demás si son buenas o no, que lo sea cada una en particular; no dudo que así se conjuraría la plaga que nos amenaza, si en todos los conventos se hiciera así” (Carta a D. Francisco Bofill – Madrid, 2 noviembre 1857: EC I p. 1454-1455).

 134. Dignidad del misionero

“El mayor sacrificio que puedes hacer a tu Dios y Señor es dedicarte a las misiones y a la conversión de los pecadores. Según San Gregorio, es tan grande el honor del hombre que se hace coadjutor de Dios en la conversión de las almas, que su dignidad no sólo es angélica, sino divina, dice San Dionisio. ¡Oh, cuan hermosos son los pies de los que evangelizan la paz y los bienes de la vida!, exclama San Pablo con Isaías . Son especiosos por su velocidad en discurrir por los pueblos, como si fueran espíritus celestiales; y, como ángeles, se ocupan en la salvación de las almas, sin llamarles la atención otra cosa que la mayor gloria de Dios y bien de sus semejantes; son especiosos también por su virtud y fortaleza en sobrellevar las asperezas, espinas y dificultades del ministerio; especiosos por su pureza con que andan, sin llamarles la atención ni intereses temporales, ni aplausos, ni honores, ni comodidades; especiosos, en fin, por la hermosura de su vida ejemplarísima y por la suavidad y santidad de su doctrina, con que convierten, atraen y enamoran las almas” (Carta al misionero Teófilo -1858: EC III p. 331-332).

 135. El misionero, salvador del mundo

 “Y ha querido , dice San Jerónimo, que fuésemos también salva­dores del mundo. Mira, amado Teófilo, si hay honor semejante al que nos dispensa Jesucristo, con admitirnos en su apostolado y en compartir con nosotros el título de salvador del mundo. Debemos, pues, animarnos muchísimo en seguir sus pisadas, en trabajar día y noche en nuestra misión, en derramar la sangre de nuestras venas y en prodigar nuestra vida en la flor de sus años, como hizo Jesús, si tal fuere su santísima voluntad. Quiero decirte que por ninguna cosa has de arredrarte ni espantarte, sino siempre continuar adelante” (Carta al misionero Teófilo-1858: EC III p. 332-333).

 136. Dios defiende y premia al misionero

“Abrazándose el misionero con los trabajos, peligros y privaciones por amor de Dios, empeña su protección y obliga a su amorosa providencia a defenderle, como a otro Daniel, de caer en las garras de los leones, que son los espíritus infernales.

No sólo se salva, sino que entra en el cielo el misionero acompañado de los que se salvaron por su celo” (Carta al misionero Teófilo -1858: EC III p.335).

 137. Avisos al misionero

“Ahora te daré algunos avisos que la experiencia me ha enseñado, y que te servirán de grande provecho, si los practicas:

1. Has de ser muy amigo de la oración, a imitación de Jesús, que “erat pernoctans in oratione Dei ” , y encargaba muy mucho la oración a los Apóstoles. Todos los misioneros de nombradía han sido hombres de oración. El que pide alcanza .

2. Tendrás mortificados todos tus sentidos: hablarás muy poco y cuando haya necesidad, y entonces lo harás con gravedad y afabilidad. La vista la tendrás muy recogida y nunca jamás la dejarás escapar a donde haya alguna mujer, porque serías notado y criticado (…).

3. Nunca comerás ni beberás sino en la casa de tu posada. Tu comida será sencilla y parca, y cuanto más escondido, mejor. Los italianos dicen que no se da crédito a los santos que comen. En todo serás mortificado, y, mientras no sea muy nocivo a la salud, cuanto más sufras, más edificarás.

4. Una de las cosas que más has de aborrecer ha de ser el interés. Has de ser amiguísimo de la pobreza, y en todas las cosas procurarás siempre para ti lo más pobre, lo más abyecto y despreciable.

5. Has de saber que los vicios principales que has de combatir son el amor a los placeres, el amor a las riquezas y el amor a los honores. Y éstos se han de combatir con las virtudes opuestas; y más harás con el ejemplo que con las palabras.

6. Has de mirar e imitar continuamente la humildad y mansedumbre de Jesús. La humildad es el fundamento de todas las virtudes; y, así como un edificio alto sin fundamento se cae, también caerás tú si no eres humilde, y te sucederá lo mismo que a Lucifer, a Tertuliano y a otros, que por falta de humildad cayeron miserablemente.

7. La humildad es el fundamento, pero la mansedumbre es el escudo que siempre debe tener embrazado el soldado de Jesucristo, quiero decir, el misionero, porque le esperan persecuciones y grandes persecuciones, y sólo con la paciencia es como se vencen. Son tan ciertas y seguras las perse­cuciones y calumnias a los misioneros, que en esto ninguno ha sido excep­tuado” (Carta al misionero Teófilo – 1858: EC III p. 337-338).

 138. Silencio y confianza en la tribulación

“¿Quién hará caso, amadísimo Teófilo, de persecuciones, calumnias y otros obstáculos que se presentarán a un misionero, viendo que Jesucristo, San Pablo, los demás Apóstoles y todos los misioneros verdaderos han tenido que pasar por este camino? Por esto te debes acordar de lo que dice el profeta Isaías: “In silentio et spe erit fortitudo vestra” .

Tú procura callar, trabajar y esperar, que el Señor hará desaparecer aquella tempestad. Y, si tan recia es la persecución, te huirás a otra ciudad, pero nunca desampararás ni abandonarás tu ministerio o misión, pues lo que pretende el enemigo es espantarte como niño tímido. ¡Dichoso tú si sufres hasta la muerte!” (Carta al misionero Teófilo -1858: EC III p. 340-341).

 139. La espada de la Palabra

“Debes tener presente que la palabra de Dios es viva y eficaz y más penetrante que cualquier espada de dos filos, y que entra y penetra hasta los pliegues del alma y del espíritu, hasta las junturas de los huesos y tuétanos, y discierne y califica los pensamientos y las intenciones más ocultas del corazón, como dice San Pablo . Así como una espada para cortar debe estas sin vaina y bien afilada, pues que la vaina, aunque fuera de oro y guarnecida de piedras preciosas, impediría el corte, así la espada de la divina palabra, para cortar con ambos filos lo que se opone al amor de Dios y al del prójimo, debe estar bien afilada con la pureza y rectitud de intención, sin la vaina, aunque hermosa, de la elocuencia humana y flores de retórica (…).

Además, el Verbo eterno se debe considerar en tres estados: encarnado, consagrado y predicado. Para encarnarse escogió la madre más humilde, pero la más casta y más fervorosa, cual es María Santísima; y, así como María Santísima es Madre del Verbo encarnado, así el sacerdote -dice San Bernardo-es como padre y madre del Verbo consagrado y predicado. Por lo tanto, ha de procurar ser humilde como María, casto como María y fervoroso como María. El Verbo consagrado existe y persevera en el sacramento mientras existen y perseveran las especies humildes de pan y vino del sacramento; por manera que, si éstas desaparecen, desaparece la realidad también. Otro tanto pasa en el Verbo predicado: mientras se conservan las especies humildes de Jesús, produce su efecto; pero, apenas desaparecen éstas, se predica con estilo arrogante y retumbante, pierde al instante su virtud: ya es palabra humana, no divina, y como humana se la mira, se admira la composición, el artificio, y nadie se convierte.

La Virgen Santísima, que “castitate placuit et humilitate concepit” , como dice Santo Tomás de Villanueva, por su castidad agradó a Dios y por la humildad le concibió en sus virginales entrañas; apenas dio a luz en medio de la noche, cuando le envolvió en pañales, le reclinó en un pesebre y en el portal de Belén, donde fue adorado de los ángeles, de los pastores y de los reyes.

Aprende, Teófilo, de María: con la castidad has de agradar a Dios, y por lahumildad con que estudiarás en los libros santos y con que orarás a Dios, concebirás lo que has de decir, o el Verbo que has de predicar. La Virgen lo envolvió en pobres pañales; tú lo envolverás en un estilo sencillo y natural. La Virgen lo colocó en el pesebre con toda reverencia; tú, sin faltar al sagrado decoro que se debe a la divina palabra que predicas, la colocarás de manera que aun aquellos hombre más rudos y estúpidos la puedan alcanzar y entender, Como las bestias alcanzan al pesebre, que cabalmente es para ellas. Igual práctica sigue el Verbo predicado: “Cum simplicibus sermocinatio eius” . “Spirrtus Domini super me, evangelizare pauperibus misit me Dominus” ” (Carta al misionero Teófilo-1858: EC III p. 351-352).

 140. La palabra y la moneda

“Usarás de la palabra como se usa de la moneda:

1. Debe ser moneda del país; así también debes usar el idioma que usa el país, a fin de que todos te entiendan bien.

2. La moneda que se da a los pobres, a los criados, y que más uso tiene cada día, son los cuartos y menudos de plata, y entre los ricos las monedas de plata y oro; así también tú usarás, con los pobres y gente sencilla y ordinaria, de palabras y expresiones que todos comprendan bien; y, si alguna vez has de hablar con sabios, hablarás con palabras propias a sus riquezas literarias.

3. La moneda también se usa en papel; lo propio harás por medio de papeles volantes, libritos, etc.; y así harás un grande comercio para el cielo” (Carta al misionero Teófilo – 1858: EC III p. 353).

 141. Devoción a María y amor de Dios

“María, madre del Verbo encarnado, es la Madre del Amor Hermoso: “Ego mater pulchrae dilectionis”. He aquí, Teófilo, la última y principal prenda que debes tener para ser un buen misionero: ser devoto de María y amar mucho a Dios. Así predicarás bien, como dice el venerable Ávila, y harás bien todas las cosas, porque todo lo que se hace por amor es amor, dice San Francisco de Sales” (Carta al misionero Teófilo – 1858: EC III p. 353).

 142. Fidelidad a la vocación

“He recibido la de usted, junto con la renuncia de su deanato. Gracias doy a Dios y a usted por ella: a Dios, porque le ha llamado y elegido (non vos me elegistis, sed ego elegí vos: ); y a usted, porque ha correspondido a la divina vocación.

Mas no está todavía el negocio concluido. Acuérdese que San Pedro decía: “Ecce nos reliquimus ommia, et secuti sumus te” ; y Jesús hace bien poco o ningún caso de lo primero; todo el acento carga sobre lo segundo, diciendo: Vos qui secuti estis me… . Pues bien, amigo mío, ha de seguir a Jesús, ha de abnegarse a sí mismo, ha de cargar con su cruz todos los días y ha de seguir a Jesús. Piense que es como un pañuelo de sonar en el bolsillo o faltriquera del superior; que es un bastón viejo; que es como una imagen, que la visten o la desnudan, que la colocan en un altar o la arrinconan y la dejan cubrir de polvo y telarañas; que es un papelote, etc., etc.” (Carta al P. Juan Nepomuceno Lobo – Madrid, 4 mayo 1859:EC I p. 1759-1760).

 143. El discernimiento vocacional

“Como amigo le escribo y espero me haga el favor y fineza que de un amigo puede prometerse. Usted mismo vio y acompañó la carta que mi sobrino Valerio me escribió. Pues bien; yo, según los presentimientos que tengo, este muchacho, o no será eclesiástico o será un mero sacerdote como tantos otros, únicamente para pasar la vida, como si fuera en otra carrera, en la sociedad; y ambas cosas me son muy dolorosas.

Si no ha de ser eclesiástico, es una desgracia perder la juventud y ahorcar después los hábitos, como dicen, y no tener oficio ni costumbre de trabajar.

Si llega a ser sacerdote, no sé qué será, porque en él no veo mucho talento, como lo revelan las cartas que me ha escrito en diferentes tiempos; y además en el año pasado fue suspendido en los exámenes, y esto supone o poco talento o poca aplicación, y ambas a dos cosas no le hacen recomendable. A veces el mediano o pequeño talento se recompensa con la abundancia de piedad y fervor; pero, por desgracia, no creo que él tenga esta piedad y unción, que son principio del espíritu sacerdotal. Yo no sé que sea malo, pero también sé que es poco fervoroso.

Más todavía: él está deseoso de entrar en el seminario por colegial, y esto ¿para qué? ¿Que le falta tiempo para estudiar? No; todo el tiempo es suyo; nada más tiene que hacer que aplicarse. Creo que es como aquellos enfermos que les parece que, si les cambiaran de cama, se hallarían bien; pero, como la calentura no está en la cama sino en el cuerpo, luego de conseguido su intento, se hallan como antes.

Además, por los muchos seminarios que he visto y seminaristas que he confesado, quedo en mi opinión que más vale ser seminarista externo que interno, porque más buena conducta tiene éste que aquel” (Carta al P. José Xifré-San Ildefonso, 13 julio 1859: EC I p. 1812-1813).

 144. Sobre la vocación de su sobrino

“Aquí va la carta que me ha escrito mi sobrino Valerio. Usted y el señor Passarell hagan lo que estimen conveniente. Yo lo que quisiera saber su verdadera vocación, porque me temo que después que habrán perdido la juventud, “pujaran los habits a la figuera” , o bien, serán sacerdotes para comer, como tantos otros que, por desgracia, mucho abundan; lo que yo sentiría en el alma” (Carta al P. José Xifré – San Ildefonso, 12 agosto 1859: EC II p. 19).

 145. La formación del clero, medio para salvar al mundo

“Veo que el mundo está perdido, y no sé hallar otro medio que la formación de un buen clero, que con su ejemplo y predicación dirija a las ovejas del Padre celestial; y no dudo que se conseguirá, si se pone por obra lo que estoy enseñando en “El colegial”. El segundo medio es la formación de la juventud de ambos sexos” (Carta a la M. María Antonia París-San Ildefonso, 31 agosto 1860:EC II p. 174).

 146. Fortaleza y suavidad en la formación

“Si con el tiempo se presenta algún otro díscolo, échelo, tanto si es estudiante como sacerdote. Indague usted bien quién es el que siembra cizaña, y, conocido que sea, échelo, sea quien fuere; no sea todo paciencia ni prudencia; sea también energía, pues, como dice San Bernardo, no se rompen cadenas de hierro con limas de lana; y así hemos de obrar “fortiter et suaviter”. Si es algún sacerdote, si es algún Padre antiguo, dígale de mi parte que desde este día se cuente fuera de la comunidad” (Carta a D. Dionisio González -Madrid, 6 febrero 1861: EC II p. 231).

 147. “Vocación pronunciada”

“Respecto de mi sobrino, soy de parecer que durante el verano se vea cómo se pone en algún oficio, porque, si no tiene vocación pronunciada, mejor es que no sea eclesiástico” (Carta al P. José Xifré – Madrid, 30 enero 1862: EC II p. 436).

 148. Testimonio de pobreza

“Respecto la santa pobreza… sé muy bien lo que está dispuesto por los sagrados cánones de la Iglesia, y lo que está mandado por las leyes del reino; pero esto es por lo común y ordinario, y me parece bien. Mas lo que pasa en nosotros es un caso excepcional, que Dios quiere, y lo probaré con dos sencillas razones: la primera es que la experiencia lo ha manifestado, como usted misma ve, que nada les ha faltado ni les faltará en adelante, si ponen en Dios la confianza; la segunda razón es que Dios quiere que se dé un público testimonio a favor de la pobreza, ya que, por desgracia, en el día más confianza se pone en el dinero que en Dios. Yo sólo diré que se trampee como se pueda, pero de hecho que reine en todo y por todo la santa pobreza, que es la virtud tan amada de Jesús y de María” (Carta a la M. María Antonia París – Madrid, 30 enero 1862: EC II p. 440-441).

 149. Consejos a las misioneras claretianas

“Mucho me alegro que se vaya aumentando el número de esa comunidad. Váyales usted formando a todas en un verdadero espíritu de humildad, pobreza, caridad y celo de la mayor gloria de Dios y bien de las almas” (Carta a la M. María Antonia París – Madrid, 23 febrero 1863: EC II p. 626).

 150. Buscar gente firme y constante

“En cuanto a fundar un tercer o más conventos en lugar meridional, no soy de parecer , si ha de ser para hijas del mismo país, porque por razón del clima serían flojas y esto nos metería el relajo. Yo preferiría que fuese en Cataluña, Navarra, Vizcaya, que la gente naturalmente es más firme y constante, y hay más vocaciones. Aunque de mujeres abundan más que de hombres, singularmente para misioneros, cada uno nos cuesta un prodigio, y, a la verdad, tener que sostener tanta fatiga es un heroísmo lo que se nos pide” (Carta a la M. María Antonia París – Madrid, 23 marzo 1863: EC II p. 640).

 151. Necesidad de Imágenes devotas

“Mucho deseo que haya en El Escorial para el seminario y colegio imágenes devotas, para que metan por los ojos la piedad y devoción en los corazones de los jóvenes y de los sacerdotes. De este parecer es Santo Tomás. Hemos procurado para las ciencias buenos gabinetes; razón es que tengan también buenas imágenes para enseñarles la religión” (Carta a D. Paladio Currius – 2 agosto 1864: EC II p. 803-804).

 152. Prudencia y exigencias con los jóvenes llamados

“Tiene razón el infierno en perseguirme, pues Dios se vale de mí para hacerle continua guerra (…).

En cuanto al Escorial -otro de los motivos de la rabia infernal contra el pobre Claret-, sigue muy bien, gracias a Dios, en la virtud y en las ciencias. Cuando estuve en los ejercicios espirituales que les di, como es costumbre cada año, muchas veces levantaba el corazón a Dios, dándole mil y mil gracias por lo que veía y tocaba.

He visto seminarios que no son así. He visto noviciados de jesuitas; pero me atrevo a decir que no les ganan en virtud. En los noviciados se ha de tener cierta prudencia y consideración con los jóvenes, por las muchas tentaciones con que Satanás los procura hacer salir; pero en el Escorial la amenaza mayor que se les hace es al que no se porta bien se le echa fuera.

En el año pasado, por la semana santa, se echó a uno porque no había asistido a la oración de la mañana; así es que todos son puntualísimos a todos los actos; y todo se hace con muchísimo esmero. Es obra de Dios y no de los hombres” (Carta al obispo de Urgel – Madrid, 10 marzo 1865: EC II p. 863).

 153. “Fray Mosca”

“II p. 1097-1098).

 154. Normas para los estudiantes

” guardarán silencio, singularmente en la iglesia, coro, sacristía, refectorio, dormitorio y salón de estudio. Sólo hablarán en las recreaciones (…).

Procurarán estar siempre ocupados, y se aplicarán con todo esmero a la virtud y a los estudios (…).

Han de obedecer con prontitud y alegría a lo que se les mande, a imitación de Jesús, que estaba perfectamente sujeto a María Santísima y a San José ; y, además, procurarán crecer como Jesús, que a proporción que crecía en edad, crecía en gracia delante de Dios y de los hombres .(…).

Conocerán que han obtenido la bondad, si son humildes, obedientes, mortificados de potencias y sentidos, singularmente de la lengua; si son amantes de la lectura espiritual, oración mental, de la fervorosa frecuencia de sacramentos; si tienen devoción constante a María Santísima; si aman a Dios con todo su corazón y andan continuamente a su divina presencia; y, fi­nalmente, si tienen espíritu eclesiástico, que no es otra cosa que una participación del espíritu de Dios, que lleva al hombre a hacer de buena gana, con decoro, modestia y aptitud, las funciones eclesiásticas.

Conocerán si tienen disciplina, si guardan con fidelidad el Reglamento aun en las pequeñas cosas, y, además, si hacen las cosas que mandan los prefectos y demás superiores con prontitud y alegría, sin murmurar, gruñir ni poner mala cara. Y, por último, se esforzarán a obtener la ciencia, la que conseguirán si, además de pedirla a Dios y a María Santísima, se aplican al estudio y asisten a las clases con ganas de aprovechar y con intención de salir idóneos ministros del Señor” (Reglamento interior para los estudiantes…del Escorial-1° enero 1867: EC II p. 1101-1102).

 155. Consejos a una maestra de novicias

“Doy gracias a Dios del buen resultado que dieron los consejos que el Señor puso en mí cuando estuve en esa ciudad . Procure usted ser siempre fiel a la gracia, y así la ayudará para adelantar de virtud en virtud y aprovechar en las novicias, a las que ha de procurar inspirar afición en aprender y practicar la doctrina cristiana y las virtudes” (Carta a la H. Dolores Palles – Madrid, 24 abril 1867: EC II p. 463).

 156. Cultivar la vocación

“Porque pienso que se alegrará en el Señor, le indicaré un poco uno de mis trabajos en que estoy sumamente ocupado. Este trabajo es un plan de la Iglesia, que ya tengo en embrión (…). Tiene cuatro partes (…). cuarta y última el modo de instruir el entendimiento y formar y educar el corazón de los niños que el Señor llame a la religión para que sean buenos frailes.

Un hortelano, cuando quiere plantar la huerta, prepara de antemano unas plantas de plantel, y, cuando el plantel llega a su punto, lo trasplanta a su lugar, y así es como tiene una huerta plantada y hermosa.

No digo más. Haga Dios que el calor corporal del tiempo les comunique el calor del amor espiritual. Amen todas a Dios y a la Santísima Virgen de veras” (Carta a la M. María Antonia París – San Ildefonso, 20 julio 1868: EC II p. 1277-1278).

 157. Devoción al Corazón de María

“Me pedís que os diga alguna cosa para crecer cada día más en la devoción del Inmaculado Corazón de María. Querido amigo: no me podíais pedir cosa más de mi gusto. Yo quisiera que todos los cristianos tuvieran hambre y sed de esta devoción. Amad, amigo mío, amad y amad muchísimo a María (…).

Debemos amar a María Santísima porque Dios lo quiere, porque Ella se lo merece, porque nosotros lo necesitamos, por ser ella un poderosísimo medio para obtener todas las gracias corporales y espirituales y, finalmente, la salud eterna” (Carta a un devoto del Corazón de María – sin fecha ni lugar: EC II p. 1497-1498).

 158. Amor a María

“Debemos amar a María y ser sus verdaderos devotos, porque la devoción a María Santísima es un medio poderosísimo para alcanzar la salvación. Es la razón porque María puede salvar a sus verdaderos devotos, porque quiere y porque lo hace. María puede porque es la puerta del cielo; y María quiere porque es la Madre de la misericordia; María lo hace porque Ella es la que obtiene la gracia justificante a los pecadores, el fervor a los justos y la perseverancia a los fervorosos (…). Por esto se ha dicho que el ser devoto de María es una señal de predestinación; así como es una marca de reprobación el no ser devoto o adverso de María.

La razón es muy clara. Nadie se puede salvar sin el auxilio de la gracia, que viene de Jesús, como cabeza que es de la Iglesia o cuerpo; y María es como el cuello, que junta, por decirlo así, el cuerpo con la cabeza; y así como el influjo de la cabeza al cuerpo ha de pasar por el cuello, así, pues, las gracias de Jesús pasan por María y se comunican al cuerpo o a los devotos, que son sus miembros vivos” (Carta a un devoto del Corazón de María – sin fecha ni lugar: EC II p. 1504-1505).

 159. Confianza en María

“En María, después de Jesús, hemos de poner toda nuestra confianza y esperanza de nuestra eterna salvación. ¡Oh! Dichoso el que invoca a María, el que acude al Inmaculado Corazón de María con confianza, que él alcanzará el perdón de sus pecados, por muchos y por graves que sean; alcanzará la gracia y, finalmente, la gloria del cielo” (Carta a un devoto del Corazón de María – sin fecha ni lugar: EC II p. 1505-1506).

 IV. PENSAMIENTOS VARIOS

 160. Explicación del escudo arzobispal

“Aquí le envío una muestra de mi sello y le daré en breve una idea de este mi dibujo. Se divide en dos partes: las parte de arriba significa mi nacimiento espiritual, y la parte de abajo el nacimiento corporal. El puente significa el que hay en mi pueblo, la cascada o cascadas que hay, y por los saltos que hace el río al pasar por allí se llama Sallent la población. Mi padre, Claret, es de esta parte oriental del río, y mi madre, Ciará, es de la parte occidental. Estos dos nombres y lugares están simbolizados en el sol y la luna.

Mi nacimiento espiritual está simbolizado con el nombre dulcísimo de María, Madre de Dios, por ser la patrona de la parroquia de Sallent y de mi nombre; la palma por ser San Esteban también patrono de la población; la azucena alude a San Antonio, patrón mío, y a San Luis Gonzaga, patrón de la Congregación que teníamos en ese seminario, y también porque el día de San Antonio fui ordenado de presbítero, y en el de San Luis celebré la primera misa. A más estas cosas son también jeroglíficos de María Santísima: “Sicut palma”, etc… “Sicut lilium”, etc. “Pulchra ut luna, electa ut sol…” ” (Carta al obispo de Vic -Barcelona, 23 enero 1850: EC I p. 347-348).

 161. Otra explicación del escudo arzobispal

“Aquí va mi sello arzobispal a fin de que se acuerde de mis consejos y me encomiende a Dios. Si usted lo quiere enseñar a las demás religiosas, se lo permito, pero a los demás de fuera de casa me gustaría que no hablara de él a nadie.

Le explicaré un poquito, porque es algo enigmático. El puente, río, cascada y casas indican Sallent, mi patria; mi padre es de esta parte del río y mi madre de la otra, y esto simbolizan el sol, Claret, y la luna, Clará. El nombre de María mi origen espiritual, pues es mi madre, pues María es patrona de la parroquia en donde fui bautizado. María me libró, cuando jovencito, de las olas del mar, etc. La hostia que tiene en el seno significa que es Madre de Dios, y por la fe y devoción que deseo tener al Santísimo Sacramento. La palma alude a San Esteban, patrón de la parroquia y mío. La azucena alude a San Antonio, San Luis Gonzaga y Santa Catalina de Sena, mis patronos. También son símbolos de María Santísima, “pulchra ut luna, electa ut sol, sicut palma exáltala sum in Cades, sicut lilium Ínter ” … El lema que dice “Charitas Christi urget nos” , quiere decir que no es el amor al oro, plata, etc., el que impele a correr de una parte del mundo a otra, sino el amor de Cristo, como lo decía San Pablo, pues de él son tomadas estas palabras” (Carta a una religiosa – 24 marzo 1850: EC I p. 413-414. La fecha la sabemos por la muerte del P. Raimundo Vila, paúl, citado en la misma carta).

162. Desapego completo

“Procurará siempre un total desprendimiento de sí misma y de todas las criaturas, aun de aquellas que le parece le son necesarias, pues que basta un hilo para atar las alas a un pájaro e impedirle la aptitud de volar. Cualquier cosa es bastante para impedirnos el volar a la perfección y unión con Dios. Si tiene usted los ejercicios de San Ignacio, lea usted muchas veces los tres grados de humildad hasta que se enamore del tercer grado” (Carta a Sor Dolores Sánchez – Vic, 25 julio 1850: EC I p. 411-412).

 163. Las rosas entre las espinas

“Anímese al trabajo que se le ha confiado, que es gran gloria de Dios, y, aunque por el presente tengamos que pasar por algunos trabajos, después vendrá junto la paga; además de que sabemos que todas las obras de Dios son como las rosas, que siempre andan rodeadas de espinas, y, por tanto, quien no quiera pena, no tome cosa buena” (Carta a D. José Caixal – Vic, 18 septiembre 1850: EC I p. 419-420).

 164. La vida a bordo de “La nueva Teresa cubana”

“Todos los días se rezaba a coros el oficio divino, teníamos oración mental, lectura espiritual y conferencias mañana y tarde. Yo celebraba todos los días la santa misa y daba la comunión a todos los sacerdotes menos a uno, que celebraba mientras yo daba gracias con los demás sacerdotes. Durante esta misa un sacerdote leía las oraciones y significaciones de la misa, y así se iban instruyendo los demás viajeros y marineros.

Las hermanas comulgaban cuatro veces la semana, como tienen de regla, sin contar algunas más que yo les añadía; los demás cada ocho días.

Había sermones para los sacerdotes, para las hermanas y para los demás viajeros y marineros; ésta se hacía por la noche encima cubierta, después de haber rezado el santo rosario con los misterios cantados. Concluido el rosario, se empezaba el sermón y terminaba con el Santo Dios, acompañado del órgano. Parecía que los ángeles del cielo habían bajado en el buque. El resultado de estos sermones de noche fue que todos, sin dejar uno, hicieran su confesión general y recibieron la sagrada comunión. Quizás jamás se ha visto una misión tan completa” (Carta a D. Fortián Bres-Santiago de Cuba, 18 febrero1851:EC I p. 454-455

 165. Misión de paz

“Usted sabe muy bien que mi misión es puramente de paz, y que mi único anhelo es enjugar lágrimas, hacer olvidar antiguos resentimientos, guardarme muy bien de ofender a nadie ni aun indirectamente, ya sean corporaciones, ya sean particulares; antes bien, rendir a todo el mundo el decoro debido y la consideración más completa; pedir gracia y en esto ser importuno, si es preciso hasta apurar todos los recursos, antes que hacer valer el derecho que me corresponda; en una palabra, imitar del mejor modo posible a mi dulce Maestro Jesucristo, que llevó su amor a sus hijos ingratos hasta encarnarse y morir en la cruz por salvarlos; huella que siguieron los Apóstoles, haciéndose todos de todos para ganarlos a todos (…).

Conozco a dónde llega mi responsabilidad delante de Dios, en virtud del espinoso cargo que desempeño, y que no me es lícito sacrificar con mi silencio o negligencia la causa de Dios y de la Iglesia ante las caras del respeto humano” (Carta al general Gutiérrez de la Concha-Santiago de Cuba, 28 marzo 1851: EC I p. 474-475, 480).

 166. Resumen de vida cristiana

“Ninguno de vosotros puede ignorar el fin noble y excelente para el cual somos criados, que es para conocer, amar y servir a Dios aquí en la tierra, y después verle y gozarle por toda la eternidad en el cielo. Y como medios para conseguir mejor este fin ha criado Dios también las demás cosas. Pero, habiendo quedado privados de conseguir este último fin por el pecado de nuestros padres Adán y Eva, movido a compasión, y por el grande amor que siempre nos ha tenido, el eterno Padre nos envió a su amadísimo Hijo para que nos redimiese y salvase y nos diese ejemplo de vida. Y este santísimo Hijo, humillándose a sí mismo y obedeciendo hasta la muerte de cruz (Fil 2,11), obró nuestra redención.

El mismo Hijo de Dios, predicando, decía: Yo soy el camino, la verdad y la vida . Y, en efecto, es camino con el buen ejemplo que nos dio, yendo delante en la práctica de las virtudes, y nosotros, si de veras somos cristianos, no podemos menos de seguirle e imitarle. El es la misma verdad, y nos la enseña en su santo Evangelio. Y, finalmente, es vida, que nos hace vivir en la vida de la gracia, si observamos su doctrina y si recibimos los sacramentos que instituyó.

Y no sólo nos da el eterno Padre a Jesucristo por modelo y ejemplar de las virtudes, sino que también nos da a María Santísima y demás santos para que sean nuestros modelos y medianeros y nos animemos a hacer lo que ellos hicieron para salvarse, y así alcancemos todos la misma suerte y felicidad eterna. Por esto la Iglesia, nuestra madre, regida y gobernada por el Espíritu Santo, deseosa de nuestra salvación, nos pone a la consideración todos los días del año, en las fiestas que celebra, los misterios de la religión y la vida de Jesús, de la Virgen Santísima y demás santos, para que siempre los tengamos presentes e imitemos” (Carta a sus diocesanos – Santiago de Cuba, 20 mayo 1851:EC I p. 503-504).

 167. La justa recompensa

“En todos los estados sirve de estímulo la recompensa materia que es un aliciente cuando menos. Yo bien sé que un eclesiástico debe, menos que nadie, proponerse como fin el bienestar material en el ejercicio de su ministerio; pero no desconozco tampoco que todo operario es digno de recompensa, y que nadie está obligado a ser héroe por oficio” (Carta a Isabel II – sin fecha ni lugar, pero debe ser de mayo de 1851: EC I p. 518).

 168. Los tesoros de la Providencia

“He recibido un oficio (…) en el que se sirve preguntarme con qué recursos cuento para la erección de una Casa de Caridad en Puerto Príncipe. No son otros que la parte que pueda economizar de mi renta episcopal y los inago­tables tesoros de la Providencia de Dios, en quien confío que, siendo la obra sólo para su mayor gloria y bien de los fieles, me suministrará cuanto necesite y por los medios que menos se piensen. Por de pronto, con el ahorro de mis rentas podré dar principio, como lo pienso, haciéndome con el terreno y levantando el edificio. Así se han establecido en todos los tiempos tantas fundaciones piadosas, que son los más humanos rastros que deja por todas partes el catolicismo.

En las empresas puramente humanas aconseja la prudencia más com­binaciones; en la de Dios El sólo se sobra, y, si se vale de los hombres, no es .más que de instrumentos, sin que por esto sean necesarios para que lleve a cabo sus miras benéficas en orden a sus criaturas, y más que todo a sus amados pobrecitos” (Carta al capitán general de Cuba – 29 mayo 1854: EC I ¡ p. 1004).

 169. Alegres en el Señor y en María

“Hemos de procurar estar siempre alegres y conformes a la voluntad de Dios y en los brazos de María Santísima, nuestra cariñosa Madre.

¿No se acuerda de allá, de España, cuando el hijo llorón se hallaba en brazos de su madre, al momento se callaba y le venían ganas de reír; por manera que a veces en su cara se veían risas y lágrimas, que se le acababan de desprender de sus ojos? No hay duda que usted es algo llorón, y estoy seguro que, si usted se coloca en brazos de su Madre y mía, la Virgen María, se reirá.

Me acuerdo que una vez Fray Junípero vio a su Padre Guardián, que estaba muy gordo, que lloraba por cierta pena que pasaba, y el sencillo Fray Junípero le dijo: “No llore, Padre, porque a los gordos no les está bien llorar, ponen una cara muy fea”. Los que estamos muy gordos, como usted y yo, no podemos llorar sino por nuestros pecados, y debemos estar siempre alegres en el Señor” (Carta a D. Antonio Barjau – Puerto Príncipe, 12 enero 1855: EC I p. 1069-1070).

 170. Lobos en el rebaño

“Los malos sacerdotes son los que provocan la ira de Dios…Hemos de mirar mucho a quiénes imponemos las manos, para no hacernos participantes de sus delitos, y para no entrar los lobos dentro del rebaño, pensando que son ovejas” (Carta al obispo de Urgel – Santiago, 30 junio 1855: EC I p. 1120).

 171. Trabajar por la grey del Señor

“Tengo el honor de remitir a vuestra excelencia dos ejemplares de la obrita que con el título “Delicias del campo” he escrito en mis ratos de descanso, y acabo de hacer imprimir (…).

El objeto que me he propuesto en este trabajo es bien patente, y el fin a que se dirige se revela por sí mismo, como tampoco se ocultan a la penetración de vuestra excelencia los sacrificios que precisamente me ha costado, atendidas las continuas y graves ocupaciones que rodean a un prelado que desea cumplir con su ministerio. Afortunadamente, ni me cansan, ni pienso nunca en el reposo, dispuesto como estoy a sacrificarlo todo y a privarme hasta del sueño cuanto es posible, por tener algún tiempo más que emplear en obras útiles a mis ovejas, no sólo si interesan a su bien espiritual, que es lo primero, sino en cuanto al material digan relación y de mí dependa” (Carta al capitán general de Cuba -18 octubre 1855: EC I p. 1150).

 172. Temperamento y vida espiritual

“Conocimiento de sí misma en cuanto al temperamento físico, a fin de aprovechar las buenas cualidades que tiene y corregir las malas (…).

El director debe tener firmeza de carácter para dirigir ese temperamento, o si no su dirigida será como aquel que dice Rodríguez que sube piedras a un monte, que a media subida deja una y va por otra, aquella rueda, vuelve abajo y no sube ninguna. El director debe decir a usted que ha de ser como aquella roca o peñón de la orilla del mar, que, por más olas que se levanten contra ella, que la azoten, que la cubran de agua amarga, siempre debe estar firme: la tempestad calmará, las olas se retirarán y callarán, y ella quedará cantando victoria. Si el director es débil y condescendiente, verá a su dirigida como aquellas Conchitas y caracolillas de la playa, que son el juguete aun de las pequeñas olas: ya se alejan, ya se acercan, y nunca están seguras.

Pregunta: ¿Qué remedio?

1. Respuesta: firmeza, constancia y valor hasta la muerte en lo pequeño y en lo grande, en todo, por más que la parezca. El director, y no usted, es quien ha de variar, y esto en caso evidente.

2. Respuesta: la mansedumbre del Corazón de Jesús en sufrir su genio, sus faltas y las faltas ajenas, palabras, calumnias, persecuciones…

3. Respuesta: ejercitarse mucho en el amor de Jesús, de María y del prójimo: ésta es la válvula por donde debe respirar el corazón, o si no, reventará la caldera en otros amores menos castos, mundanos y carnales.

Observaciones:

Cuando alguno está contento de sí mismo y se goza de sí mismo, esté cierto que está muy lejos de la verdadera humildad.

Y, como Jesús humilde de corazón, quiere que usted aprenda de El y sea humilde de corazón , le va disponiendo las cosas cada día de tal modo y le vienen de tal manera, que usted casi ni las sabe prevenir; la sorprenden las más de las veces, y, cuando han pasado, la dejan tan disgustada, que siempre encuentra cuando examina aquello que ha hecho más o menos de lo que debía, o no ha ido del modo que debía.

Esto viene así dispuesto de Jesús para que usted nunca jamás esté contenta de lo que hace, como he dicho arriba, y sea verdaderamente humilde.

Pregunta: ¿Qué remedio?

Respuesta: humillarse y decir: “Señor, no esperéis jamás de mi cosa buena. Todo lo habéis de hacer vos. Yo no sé cómo me sufrís en vuestras obras. Yo soy como aquellos muchachos pequeños y traviesos, que echan a perderlo todo en que ponen la mano. Señor, enmendad mis yerros. Perdonad mis faltas”.

Y así irá tirando y pasando hasta la muerte.

Ha de ser usted como aquellas que tejen la tapicería, que, mientras trabajan, la ven al revés, y, después de terminada, ven el recto” (Carta Santa Marta Micaela del Santísimo Sacramento – 28 febrero 1858: EC I p. 1526, 1527-1529).

 173. Consejo para el tiempo de tribulación

“A usted ¿qué le diré? ¿Qué? Que tenga humildad, paciencia y caridad. Y, además, le mando que, cuando se halle atribulada, se vaya delante del Santísimo Sacramento. Dígale que yo la envío allá para que le acompañe, y, juntamente con Jesús, diga: “Padre mío y esposo mío, si es posible, pase de mí este cáliz; con todo, no se haga mi voluntad sino la tuya” . Estas palabras repetirá no segunda y tercera vez, sino muchas veces, hasta saciarse” (A Santa María Micaela del Santísimo Sacramento – Gijón, 25 agosto 1858: EC I p. 1633-1634).

 174. La fuerza del ejemplo

los prelados parece que les vienen ganas de trabajar, ya por lo que ven que yo hago, ya por lo que les digo de palabra y por escrito en los Apuntes ” (Carta a D. Dionisio González – Madrid, 3 octubre 1858: EC I p. 1645).

 175. El castigo de los perezosos

“El que en tiempo de necesidad esconde el trigo o el dinero, es reo de los que mueren de miseria. El que ve a un niño caído en el fuego y, pudiéndole sacar fácilmente, lo deja morir, es reo de su muerte. El que ve a otro con una arteria abierta y, si pudo fácilmente cerrarla, no lo hace, es reo de muerte. ¡Cuántos sacerdotes que podrían, catequizando, predicando, confesando, misionando, socorrer las necesidades espirituales de sus prójimos no lo hacen, y los dejan perecer y condenar! ¡Ay de ellos! (…).

Ya ves, amadísimo Teófilo, que para librarte de una eternidad de penas y conseguir una grande gloria, que nunca jamás tendrá fin, debes dedicarte a las santas misiones, según tu vocación, y ser perseverante en tu sagrado minis­terio” (Carta al misionero Teófilo -1858: EC III p. 336).

 176. Consejos a unas religiosas

“Miren, señoras, que conviene mucho orar. Los tiempos son malos y todavía serán peores los que van a venir. Conviene no dormir ni descuidarse. Dichosas las religiosas que serán humildes, pacientes, obedientes, que serán desprendi­das de todo lo de este mundo, que serán amantes del recogimiento, silencio y oración, que en medio de las borrascas salvarán sus almas” (Carta a las re­ligiosas Magdalenas de Barcelona – Madrid, 15 febrero 1859: EC I p. 1728).

 177. Prudencia apostólica

“Mucho me alegro de los deseos que animan a usted de hacer el bien, singularmente entre la juventud; con todo, permítame que le haga una advertencia: que piense que usted es bastante joven, singularmente para tratar con jóvenes del otro sexo, y, por lo tanto, ande usted con muchísimo cuidado, a fin de que el envidioso enemigo no le haga caer en alguno de aquellos lazos que astutamente, y con pretexto de bien, II p. 58).

 178. Experiencia de comunión amorosa con Cristo

“Me parecen muy bien los tres y los dos votos, que son cinco, en memoria de las cinco llagas, que, como sabe, es mi devoción favorita. Y para que usted los ejercite con más acierto, lo hará de la siguiente manera: puesta delante del Santísimo Sacramento, ya sea manifiesto, ya encerrado en el tabernáculo, considere que lo ve como clavado en cruz (San Miguel dijo un día a un alma devota que esta manera era como gustaba Jesús el ser contemplado en el Santísimo Sacramento), tome con reverencia y devoción su mano derecha, adórela y rece despacio el Padrenuestro y Avemaría, ofrézcale el voto de pobreza; luego a la mano izquierda, y ofrézcale el voto de castidad; después pasa a la llaga del pie derecho, y le ofrecerá el voto de obediencia; hará lo mismo al pie izquierdo, y ofrecerá el voto de hacer siempre lo mejor. Note bien lo que digo: estos dos votos corresponden a los pies; así como con los pies caminamos, así toda su marcha ha de ser por obediencia, si quiere alcanzar la bendición de Dios; y, además, si quiere merecer mucho en todas las cosas, ande siempre con la rectísima intención de hacer lo mejor.

Finalmente se acercará a la llaga del costado, que es la llaga del corazón. Dígale que le ama de veras, que prefiere sufrir mil muertes antes que cometer una falta, aunque leve, advertidamente. Por último rezará un Padrenuestro y Avemaría, que con los cinco primeros serán seis, que componen la estación mayor. Aquí deseará comulgar, y, en efecto, comulgará espiritualmente, y pensará entonces que no vive en usted sino Jesús, y que se halla como una barra de hierro metida en la fragua, que se derrite y se amolda a la voluntad del artífice; así se ha de caldear en el amor de Dios y se ha de derretir y amoldar completamente a la voluntad de Dios. Hágalo así y verá lo que le pasará; usted misma no se comprenderá, ni usted me sabrá explicar, pero yo ya lo sé lo que le pasará, aunque no siempre, por más veces que lo repita” (Carta a Santa María Micaela del Santísimo Sacramento – Madrid, 19 noviembre 1861: EC II p. 396-397).

 179. Abusos de la religión

“Aquí le envío una minuta de los puntos que los Padres de la Escuela Pía, amigos míos, me han dado, a fin de que yo y Su Majestad la reina alcancemos del Papa permiso para subsanar ciertos abusos de la religión (…).

El espíritu de independencia, insubordinación y rebelión se infiltra por todo” (Carta al P, José Xifré – Madrid, 5 enero 1863: EC II p. 610).

 180. Pensar en la muerte

“Dios nuestro Señor se ha querido llevar a esa religiosa por dos motivos: el primero para darle tempranamente la eterna gloria; y el otro motivo para que fuera una exhortación para las demás religiosas a que pensaran continuamente en la muerte, pues que ya ven que la muerte no respeta edad, ni se detiene por las medicinas ni habilidad de los médicos. Diga usted a todas las religiosas, de mi parte, que piensen en la muerte, y así que mientras tienen tiempo hagan obras buenas” (Carta a la M. María Antonia París – Madrid, 5 marzo 1863: EC II p. 633).

 181. Mensaje de condolencia

“Por medio de la Madre monja Alberta he sabido la muerte de vuestra madre Prisca y que habéis quedado huérfanos; pero no, Alberta, no; no habéis quedado huérfanos. Dios es vuestro verdadero Padre, y María Santísima es vuestra Madre. Sed vosotros sus verdaderos hijos. Y sin duda lo seréis, si recordáis y seguís constantemente los consejos y ejemplos de vuestros padres y abuelos y singularmente de vuestra madre Prisca, que era tan buena…

Yo a todos os encomiendo a Dios, a fin de que os conservéis todos en su santa gracia y espero que vosotros todos me encomendaréis al Señor; y a usted, como mayorcita que era entonces (cuando tuve la dicha de estar hospedado en esa casa), la tengo más presente y, por lo mismo, le ruego que haga el obsequio de dar de mi parte expresiones a sus hermanos” (Carta a doña Alberta Fuster – Madrid, 22 enero 1864: EC II p. 754-755).

 182. Paciencia y caridad

“Lástima me da la triste posición de la hermana Angela; pero yo veo en ella una grande y admirable disposición de la divina Providencia para que todas os santifiquéis: ella con la paciencia, y vosotras con la paciencia y con la caridad.

Las penas, los trabajos y las cruces son las señales de las esposas de Jesús y de las hijas de Santa Teresa, y, por lo mismo, os felicito por esas marcas y señales que veo en las que vivís en ese convento. Yo, por cierto, no pediré al Señor que os las quite -en esto os haría un grande perjuicio-, sino que le rogaré con mucha instancia que a todas os dé paciencia, caridad y resignación y conformidad a la voluntad de Dios, que conozco ser esto lo que os conviene para vuestro bien” (Carta a la M. Petra de San Juan de la Cruz – Madrid, 22 enero 1864: EC II p. 756-757).

 183. Carta de pósame

“Ya puede usted pensar la impresión que me habrá causado al decirme que había muerto el hijo de usted, por la pena que habrán tenido usted, su señora y su padre…

Yo, por el amor y cariño que tengo a ustedes, no puedo menos que tomar parte en la pena y acompañarles en el sentimiento, y para consuelo suyo hacer alguna breve reflexión. Hemos de pensar que nada sucede por casualidad, sino que todo viene dispuesto por Dios nuestro Señor. Pues bien; si El lo ha dispuesto así, nos debemos resignar y conformar con la voluntad de tan buen Padre y Señor. Cada día dice usted: “Hágase tu voluntad”, y ha querido probar si usted lo decía de veras o no. Dichoso usted si sabe imitar la resolución del patriarca Abrahán, cuando el Señor le pidió el sacrificio de su hijo. Es verdad que a aquel le aceptó de buena voluntad y le devolvió, pero el de usted se lo ha quedado.

Pero dime, señor mío. Si usted prestase una alhaja preciosa a un amigo, y, después de siete años de disfrutarla, usted la reclamase, ¿el amigo no se la debería volver y darle a usted gracias por el favor que le hizo de dejarle la alhaja por siete años? Haremos la aplicación. Dios nuestro Señor dejó a usted, que es su amigo, la alhaja de un hijo por siete años, y al cabo de ese tiempo El la ha pedido, y usted le debe dar las gracias por el favor que le ha hecho de habérsele dejado disfrutar por espacio de siete años.

Para ustedes habrá sido sensible la muerte de ese hijo; pero para el hijo es lo mejor que le podía haber acontecido, porque él se halla de cierto en el cielo, cosa que quizá habría perdido, si hubiese sobrevivido. Usted mismo conoce que los días en que vivimos son malos y peligrosos. Y la santa Escritura, hablando de la muerte del justo, dice que ha sido arrebatado o muerto antes de tiempo, a fin de que la malicia del mundo no le corrompiera . Ya que Dios lo ha hecho, hemos de pensar que es lo mejor que podía suceder” (Carta al Marqués del Arco – San Ildefonso, 21 julio 1864: EC II p. 796-797).

 184. Dejarnos en las manos del Señor

“El Señor es quien dispone de nosotros, dándonos salud y vida para su mayor honra y gloria y bien nuestro, o nos saca de este destierro y valle de lágrimas para darnos la eterna gloria. Y así no hay más que dejarnos en sus santísimas manos para que haga de nosotros lo que sea de su santísima voluntad y agrado. Y en esta disposición de la voluntad consiste principalmente la perfección, haciendo con prontitud, alegría y perseverancia las cosas que nos vaya exigiendo, por repugnantes que sean a nuestra naturaleza” (Carta a la M. María Antonia París – Madrid, 12 marzo 1865: EC II p. 866).

 185. Pósame por la Madre Sacramento

“He recibido la de usted con que me hace saber la muerte de Madre Sacramento… Sensible es su pérdida; pero no la habéis perdido; desde el cielo aún os ayudará más. Animo; no desmayar. Dios no abandonará su obra.

Tenga usted la bondad de decirlo a todas las superiores y hermanas de la Congregación. Hoy mismo entraré en ejercicios espirituales con toda esta comunidad de la Congregación de los hijos del Inmaculado Corazón de María, y a todas encomendaremos a Dios y a María Santísima” (Carta a la superiora de las Adoratrices de Madrid – Vic, 28 agosto 1865: EC II p. 924-925).

 186. Aprovechar las treguas para misionar

“Conviene mucho aprovechar la ocasión para hacer misiones, ya que el Señor nos concede esas treguas, que no sé si durarán mucho. Solo le diré que del extranjero se buscan pretextos para reñir. Pasa un caso igual a la fábula del cordero y el lobo” (Carta al P. José Xifré – San Ildefonso, 4 agosto 1866: EC II p. 1036).

 187. Efectos de la devoción

“La devoción hace a los jóvenes lo que el azúcar o almíbar a las frutas: que las conserva y mejora” (Carta a doña Alberta Fuster – Madrid, 27 septiembre 1866:EC II p. 1060).

 188. Mudar de piel

“Veo lo que me dice de su enfermedad. Ofrézcala a Dios, que para bien de usted la ha enviado, a fin de que se asemeje más y más con su esposo Jesús, que quiso ser profetizado como un leproso. Animo, pues. Alégrese y dele muchísimas gracias por ese regalito.

En el santo Evangelio nos dice Jesucristo que seamos prudentes cormos las serpientes. Las serpientes cada año mudan la piel; múdela usted a lo menos una vez a la vida con la erupción herpética, para que sea más buena, y para que sea mejor cada año espiritualmente por medio de los santos ejercicios espirituales y renovación de votos” (Carta a la M. Marta Antonia París – Madrid, 2mayo1867:EC II p. 1146-1147).

 189. Amor con amor se paga

“Celebraré muchísimo que vuestra ilustrísima y todas las demás señoras se conserven sanas y santas, como las dejé, y que no sólo se conserven santas, sino que cada día crezcan de virtud en virtud hasta obtener la perfección y la gloria del cielo. A este fin dirijo todos los días mis pobres oraciones, y tengo muchísima confianza en el Señor que tendré la dicha de verlas en el cielo. Animo, señoras. Constancia y perseverancia hasta el fin. El Señor nos ama mucho; amémosle también a El.

Amor con amor debe pagarse. El se nos da todo entero en el Santísimo Sacramento; razón es que nosotros nos entreguemos del todo a El. Sí, démosle el corazón con todos sus afectos, el alma con todas sus potencias y el cuerpo con todos sus sentidos; por manera que podamos decir con verdad lo del Apóstol: Vivo yo, mas no yo, sino que vive en mí Cristo ” (Carta a la abadesa de las Huelgas – San Ildefonso, 5 julio 1867: EC II p. 1167-1168).

 190. Hacerlo todo para agradar a Dios

“Las cosas que conoce que son de la mayor gloria de Dios las debe decir (…), sin pretender agradar ni temer desagradar a nadie, sino a sólo Dios. Ni tampoco ha de tener pena si ve que no se hace ni se omite lo que usted dice (…), ni se piense ser infalible, antes tema equivocarse” (Carta a D. Paladio Currius – San Ildefonso, 14 julio 1867: EC II p. 1175).

 191. La comunidad como el buey de Belén

“Me da la plausible noticia de que se halla en Reus. Bendito sea Dios. Mucho ha trabajado el infierno para impedir esa fundación, pero María Santísima ha triunfado. ¡Viva María! Y, para que se vea que es obra de María, fue sábado yvíspera de San Buenaventura, devotísimo de María, quien, a la vez que en el cielo alaba a Dios y a María, ruega por los que en la tierra procuran la gloria de Dios y la devoción a María. ¡Oh, cuánto debéis a ese santo!… Cumplid con vuestra misión, que es la gratitud que espera de esa fundación (…).

Me parece que estoy viendo en esa iglesia al Santísimo Sacramento, a María Santísima, a San José, a San Buenaventura y a los santos. Sí, veo la cueva de Belén, y usted ha de representar el borriquillo por su humildad, y ha de decir con el profeta David: Ut jumentum factus sum apud te, et ego semper tecum . La comunidad ha de imitar al buey por su paciencia, constancia y amor al trabajo, y con el vaho o aliento de afectos de amor de Dios ha de calentar al Niño Jesús, que está tiritanto de frío.

Por cierto que reiréis de mi simplicidad. No importa. Es que estoy contento. Así como David saltaba delante del arca santa, yo también digo estas simplezas delante del Santísimo que está en esa cuevecita” (Carta a la M. María Antonia París-San Ildefonso, 21 julio 1867: EC II p. 1179-1180).

 192. La obediencia religiosa

“Lo que importa sobremanera es que todas seáis muy humildes y fervoro­sas, pensando siempre en Dios y amándole con todo vuestro corazón, siendo cada día más buenas y fervorosas.

La esencia de la vida religiosa es la obediencia. Por esto Jesucristo, que es el más buen religioso, fue “obediente hasta la muerte y muerte de cruz” . No sólo Jesús nos enseña la obediencia, sino también todo el universo da voces muy fuertes y dice: Obedeced a Dios como yo; observad su ley como yo

¡Ojalá que todos fuéramos también obedientes como el universo, y con tanto amor como los ángeles y santos del cielo, y como Jesucristo en el Santísimo Sacramento del altar, que obedece a la voz del sacerdote, obedece a todas sus disposiciones sin réplica! Si le encierra en el tabernáculo, calla; si le pone a la pública adoración, no dice nada; si le lleva a las aldeas y chozas, lo aprueba, y así será obediente hasta la consumación de los siglos. ¿Quién no será obediente? (…).

Madres y hermanas: así como de Jesús, esposo de nuestras almas, hemos de aprender la obediencia; aprendamos también la gratitud, y darle contin­uamente gracias por habernos criado, redimido y llamado al estado religioso” (Carta a la M. María Antonia París – Madrid, 24 septiembre 1867: EC II p. 1202-1203, 1204).

 193. Espíritu de Adviento y Navidad

“En estos días de Adviento y Navidad del Señor se han de juntar en espíritu con la Virgen Santísima y San José en su casa de Nazaret, Belén y en sus viajes, con recogimiento interior, haciendo todas las cosas con la mayor perfección, aun las más pequeñas e insignificantes, contemplando siempre a esta sagrada Familia. Dentro de pocos emprenderán el camino de Belén; acompañen a dicha familia, y, cuando lleguen a Belén, hagan como el borriquillo” (Carta a la M. María Antonia París – Madrid, 10 diciembre 1867: EC II p. 1226).

 194. Paciencia y oración

“Las penas de este mundo son espuelas que nos hacen caminar hacia el cielo. Son las penas como las aguas del diluvio, que, cuanto más crecían, más subían el arca de Noé arriba. Pues las penas de este mundo nos llevan los corazones y las almas como en las palmas de las manos al cielo. ¡Oh, qué bueno es Dios!… Nos trata como a hijos suyos. Mire cómo trató a su hijo primogénito Jesús. Apenas nacido, tiene que huirse a Egipto para salvar la vida, y después, grande, fue preso, azotado, coronado de espinas y crucificado entre dos ladrones. Es llamado el varón de dolores . ¿Qué diré de María, su divina Madre y Madre nuestra? ¡Ay! Se llama y es reina de los mártires.

Ya no extraño que los que meditan continuamente los tormentos de Jesús y los dolores de María y los aman mucho, que no deseen más que penas, trabajos y persecuciones y calumnias. Como Santa Teresa, que decía a Dios: padecer o morir. Santa Magdalena de Pazzis decía: Señor, padecer, no morir aún, para poder padecer más, siendo así que padecía muchísimo.

Hemos de pensar que los trabajos y penas que Dios permite, los permite como labor de oficio para que ganemos la gloria del cielo, y cuanto más padeceremos con gracia y paciencia y por amor de Dios, más ganaremos. ¡Oh! Si los santos del cielo pudieran volver a la tierra, solamente volverían para padecer y ganar más grados de gloria; y, si los ángeles fueran capaces de envidia, nos tendrían envidia a nosotros, porque podemos padecer, y ellos no pueden. ¡Oh, dicha tan grande es el poder padecer!

Animémonos, pues, amadísima hermana Jacoba. Oración y paciencia: esas son las dos cosas que más le encargo” (Carta a doña Jacoba Balzola – Pau, 10 octubre 1868: EC II p. 1300-1302).

 195. Meditación de la huida a Egipto

“Cuando salimos de España, me ocupaba mucho la meditación del segundo dolor: la huida a Egipto y su permanencia. ¡Qué penas, qué trabajos, qué privaciones!… Yo todo esto meditaba, pero la Virgen Santísima no ha permitido que yo pasara nada de estas penas. Vosotros sí que verdaderamente padecéis. Mucho os compadezco. Ya os encomendaré a Dios” (Carta a doña Leonor, viuda de Molida – París, 22 noviembre 1868: EC II p. 1321).

 196. Consejos a las Carmelitas de la Caridad

“Dios nuestro Señor es tan bueno, sabio y poderoso, que aun de los males sabe sacar bienes (…). Animo, confianza en el Señor y en la Santísima Virgen (…)

Andad siempre en la presencia de Dios y dirigid a su mayor honra y gloria todo cuanto digáis y hagáis. Sed amantes del silencio y hablad mucho con el corazón, haciendo fervorosos actos de amor a Dios, a Jesús y a María Santísima. Siempre, pero especialmente en estos días que la Iglesia nos recuerda la infancia de Jesús, piense cada una de vosotras que la Santísima Virgen le entrega el Niño Jesús… ¡Oh, qué le diría!… ¡Qué fiestas le haría!… Avivad la fe cuando comulguéis” (Carta a las Carmelitas de Montserrat, en Madrid – París, 26 diciembre 1868: EC II p. 1335-1336).

 197. Los higos buenos y los malos

“Nos hallamos en tiempo de ejercitar la virtud de la paciencia. Haciendo y sufriendo es como se hace camino a la eternidad feliz. Jesús, María Santísima y todos los santos han seguido este camino. jAy de nosotros, si no tuviéramos que sufrir! Esta es la labor de nuestro oficio. ¿Qué sacaría una persona de tener mucha habilidad, si no tuviese que hacer? ¿Qué haríamos nosotros, si no tuviésemos que sufrir calumnias, persecuciones, etc., etc.?

Cuando los buenos nos alaban, hay peligro de alguna complacencia o vanidad; pero, cuando nos elogian los malos, no. Tal vez preguntará: -¿Cuándo nos elogian los malos? -Nos elogian cuando nos persiguen y nos calumnian. Para que usted entienda esta verdad, me valdré de una comparación: ¿Ha visto usted una higuera en una huerta cargada de higos, y muchos pájaros que van a comerlos? ¿Quiere usted saber cuáles son los higos más buenos? Los pájaros se lo dirán: son los que más buscan y pican. Esto está enteramente conforme con el Evangelio. Ha dicho Jesucristo, nuestro divino Maestro: “Si fueseis del mundo, el mundo os amaría, pero, como no sois del mundo, sino míos, por esto el mundo os aborrece” …”Cuando dirán toda especie de mal contra vosotros, mintiendo…, alegraos” . Alegrémonos, pues, y digamos: ¡Viva Jesús! ¡Viva Jesús!” (Carta a la M. María Antonia París – París, 28 febrero 1869: EC II p. 1366-1367).

 198. Sentido del sufrimiento

“Deseo que… cada día adelantéis más y más en la perfección. Para esto debéis desear con deseos muy fervorosos de agradar cada día más a Dios, ejercitando las virtudes de humildad, paciencia y amor y demás virtudes, que el Señor tendrá buen cuidado de daros trabajo o labor de ese oficio, si sois buenas trabajadoras; quiero decir que, cuando el Señor ve que una tiene grandes deseos de ser buena y muy buena, le permite una humillación, una cosa que , y si este alma, pues, calla, sufre, piensa: Dios lo ha dispuesto o permitido así para bien tuyo; y, en lugar de quejarse, de poner mala cara, como lo hacen los del mundo, se pone muy alegre y da gracias a Dios y hace un favor, si puede, a la persona que la ha molestado, y la encomienda a Dios, a imitación de Jesús que rogó a su eterno Padre por aquellos mismos que le habían crucificado, ¡oh, cómo se lo apreciaría Dios!… Hacedlo, pues, vosotras así y de esta manera creceréis en la virtud y os adelantaréis en la perfección” (Carta a las Carmelitas de la Caridad – Roma, 18 junio 1869: EC II p. 1395-1396).

 199. La pedagogía de Dios

“Dios -dice San Agustín – hace como un padre de familias: cuando los hijos no obedecen, coge un palo y da golpes a unos y a otros; los hijos lloran y se enmiendan, y, finalmente, enmendados, los vuelve a admitir a su mesa, y el palo lo echa al fuego. Se vale de los malos para que castiguen a los hijos que no obedecían a su Padre celestial; pero, cuando estos se corrijan o enmienden, Dios los admitirá en su casa, y quizá aun los malos se enmendarán, como el buen ladrón, Longinos y Saulo. Enmendémonos, pues, todos, reguemos mucho a Dios por la conversión de todos los pecadores, a fin de que un día nos veamos en el cielo” (Carta a la M. Catalina Miralda – Roma, 14 julio 1869: EC II p. 1404).

200. La “viña joven”

“Le digo que en la América hay un campo muy grande y muy feraz, y que con el tiempo saldrán más almas para el cielo de América que de Europa. Esta parte del mundo es como una viña vieja, que no da mucho fruto, y la América es viña joven. Los obispos que de allá han venido, que con mucho gusto he tratado y visitado, son muy instruidos y virtuosos y me inspiran mucha confianza. Yo ya estoy viejo, pues cumpliré por Navidad 62 años, y más que a la vez la quebradura me desanima, pues que basta que cambie el tiempo que me hallo fatalísimo; pues que, si no fuera por esto, allá volaba; y, mientras que allá no voy, paso al colegio de los americanos, que están en ésta de Roma para clérigos, dirigidos por los Padres de la Compañía. Yo les he predicado y dado la comunión, y se crían muy bien en virtud y en ciencia, mucho mejor que en España. Ya se han ordenado de sacerdotes, otros de obispos… La vieja Europa cada día se pone peor; las sectas la tienen completamente carcomida” (Carta al P. José Xrfré – Roma, 16 noviembre 1869: EC II p. 1430-1431).

201. El testimonio de la vida religiosa

“Diga a todas las religiosas que ahora es cuando más debemos orar con fervor y esmerarnos más y más en la práctica de las virtudes, singularmente de la humildad, obediencia, castidad, mortificación y caridad: éstos son los frutos que debemos dar y el Señor espera.

Estas amenazas tantas veces repetidas contra los sacerdotes, religiosos y religiosas, son como aquellas que se leen en el Evangelio de un árbol que no daba fruto; y dijo el Señor: ¿Para qué ocupa la tierra? … ¡Ay, que ocupamos la tierra de los santos sin dar frutos de santidad!… Por esto somos amenazados… Animémonos todos a dar frutos de santidad.

Díganlo a los amigos que inspiren confianza; díganlo a las religiosas; y a unos y otras díganle, para animarlos, que así como Dios dijo a Abrahán que, si en cinco ciudades se hallaran diez justos, las perdonaría , ahora también, si algunos sacerdotes y religiosas procuran ser tales cuales deben, Dios suspenderá el castigo… De otra manera, ¡ay, ay, ay!” (Carta a todas las religiosas – sin fecha ni lugar: EC III p. 556).

INDICE

III. VOCACIÓN Y FORMACIÓN DEL CALRETIANO

125. Arraigo y perseverancia

126. Consejos a las religiosas

127. Plan de vida misionera

128. Motivaciones vocacionales

129. Conducta de los seminaristas

130. Criterios selectivos

131. Preparación de los misioneros: el estudio de las lenguas     

132. Soledad y obediencia

133. El testimonio de la vida religiosa

134. Dignidad del misionero

135. El misionero, salvador del mundo

136. Dios defiende y premia al misionero

137. Avisos al misionero

138. Silencio y confianza en la tribulación.

139. La espada de la Palabra

140. La palabra y la moneda

141. Devoción a María y amor de Dios

142. Fidelidad a la vocación

143. El discernimiento vocacional

144. Sobre la vocación de su sobrino

145. La formación del claro, medio para salvar al mundo

146. Fortaleza y suavidad en la formación

147. “Vocación pronunciada”

148. Testimonio de pobreza

149. Consejos a las misioneras claretianas

150. Buscar gente firme y constante

151. Necesidad de imágenes devotas

152. Prudencia y exigencia con los jóvenes llamados

153. “Fray Mosca”

154. Normas para los estudiantes

155. Consejos a una maestra de novicias

156. Cultivar la vocación

157. Devoción al Corazón de María

158. Amor a María

159. Confianza en María

IV. PENSAMIENTOS VARIOS

160. Explicación del escudo arzobispal

161. Otra explicación del escudo arzobispal

162. Desapego completo

163. Las rosas entre las espinas

164. La vida a bordo de “La nueva Teresa cubana”

165. Misión de paz

166. Resumen de vida cristiana

167. La justa recompensa

168. Los tesoros de la Providencia

169. Alegres en el Señor y en María

170. Lobos en el rebaño

171. Trabajar por la grey del Señor

172. Temperamento y vida espiritual

173. Consejo para el tiempo de tribulación

174. La fuerza del ejemplo

175. El castigo de los perezosos

176. Consejos a unas religiosas

177. Prudencia apostólica

178. Experiencia de comunión amorosa con Cristo

179. Abusos de   la religión

180. Pensar en la muerte

181. Mensaje de condolencia

182. Paciencia y caridad

183. Carta de pósame

184. Dejarnos en las manos del Señor

185. Pésame por la Madre Sacramento

186. Aprovechar las treguas para misionar

187. Efectos de la devoción

188. Mudar de piel

189. Amor con amor se paga

190. Hacerlo todo para agradar a Dios

191. La comunidad como el buey de Belén

192. La obediencia religiosa

193. Espíritu de Adviento y Navidad

194. Paciencia y oración

195. Meditación de la huida a Egipto

196. Consejos a las Carmelitas de la Caridad

197. Los higos buenos y los malos

198. Sentido del sufrimiento

199. La pedagogía de Dios

200. La “viña joven”

201. El testimonio de la vida religiosa

“SAN ANTONIO MARIA CLARET fue un alma grande, nacida como para ensamblar contrastes. Pudo ser humilde de origen y glorioso a los ojos del mundo.

Pequeño de cuerpo, pero de espíritu gigante. De apariencia modesta, pero capacísimo de imponer respeto incluso a los grandes de la tierra. Fuerte de carácter, pero con la suave dulzura de quien conoce el freno de la austeridad y de la penitencia. Siempre en la presencia de Dios, aun en medio de su prodigiosa actividad exterior. Y entre tantas maravillas, como una luz suave que todo lo ilumina, su devoción a la Madre de Dios”. (Pio XII)

SIGLAS

 

Aut.     Autobiografía de San Antonio María Claret (ed. BAC, Madrid, 1981).

EA        Escritos autobiográficos de San Antonio María Claret, edición

preparada por José María Viñas y Jesús Bermejo CMF (Madrid 1981).

 

EC        Epistolario Claretiano, preparado por J osé María Gil CMF (vol. I y II, Madrid   1970, y vol. III, Madrid 1987).