8 – Dimensión Cordimariana de Nuestra Espiritualidad

Prefectura General de Formación Roma, 1991

 

FORMACIÓN EN LA DIMENSIÓN CORDIMARIANA DE NUESTRA ESPIRITUALIDAD

Por: Jesús M- Palacios, CMF.

 

PRESENTACIÓN

El presente subsidio claretiano sobre la “Formación en la dimen­sión cordimariana de nuestra espiritualidad” recoge el trabajo ofrecido a los formadores en distintas reuniones y encuentros (Forma­dores de ASCLA, Karumathur, 1988: Formadores de ACLA, Mont-Ngafula, 1989 y Curso de Renovación de la India, Bangalore, 1990).

Como se dice en la Introducción, el tratamiento del tema se hace exclusivamente desde la perspectiva formativa; otros aspectos se dan por supuestos. Por lo mismo, se intenta ofrecer a los centros de formación de la Congregación una breve síntesis de metodología pedagógica que ayude a los formandos a vivir y crecer en la dimensión cordimariana de nuestra vocación claretiana.

En esta línea, el trabajo contiene los puntos fundamentales de toda acción formativa:

– el mundo de valores cordimarianos de nuestro carisma (I);

– la realidad de la Congregación y su experiencia cordimariana actual (II, 1);

– las derivaciones vocacionales y formativas (II,2);

– los aspectos más estrictamente formativos. Estos últimos en dos direcciones: primera, destacando el modo de la acción formativa de María, nuestra Madre y Formadora (III) y, segundo, señal­ando las principales orientaciones, es decir, los principios, fac­tores y medios, para promover la formación en la dimensión cor­dimariana (IV);

– finalmente, se indican brevemente algunos retos y desafíos que requieren una atención especial de cara al futuro.

Respecto a la redacción del texto, se ha conservado el estilo redaccional con que fue expuesto en su momento.

Que este sencillo trabajo de la Prefectura General de Formación sea un estímulo más para que nuestros misioneros en formación hagan realidad las palabras del P. Fundador: veré nominemur et simus Hijos del Inmaculado Corazón de María.

 Jesús M* Palacios, cmf.

Prefecto General de Formación.

11 de Febrero de 1991.

Aniversario de la aprobación de las Constituciones.

 

I. INTRODUCCIÓN

Vamos a tratar la dimensión cordimariana de nuestra espiritualidad desde una perspectiva formativa. No va a ser una reflexión bíblica ni teológica ni histórica; aunque estos elementos se hayan de tener en cuenta para una sólida formación cordimariana. En nuestra reunión de fomadores nos interesa analizar cómo esta dimensión de nuestro carisma es transmitida a los formandos durante el período de forma­ción inicial.

El objetivo será, por tanto, el siguiente: Cómo y con qué dinamis­mos formativos nosotros, formadores, transmitimos y debemos trans­mitir la dimensión cordimariana de nuestra espiritualidad a los que se están formando según el carisma del P. Fundador y el espíritu de la Congregación, para que la vivan y experimenten como verdaderos misioneros claretianos.

 II. PUNTOS DE REFERENCIA

Para encuadrar las orientaciones formativas que ofreceré a vuestra consideración, es necesario tener en los momentos actuales dos puntos de referencia. Son dos puntos de partida que han de estar presentes a la hora de promover una formación típicamente claretiana.

1. Presencia carismática de María en el P. Fundador y en la Congregación

Simplemente quiero de poner de relieve algunos elementos que cualifican la presencia y el papel de María, tanto en el P. Fundador como en la Congregación. Son elementos claves que especifican la peculiaridad de la dimensión cordimariana de nuestra espiritualidad.

Ya las sabemos; pero quiero recordarlas brevemente.

1.1. La dimensión cordimariana de nuestra espiritualidad es una dimensión esencial de nuestro carisma misionero. No se puede entender el carisma claretiano sin una referencia fundamental a María, a su presencia en el origen y desarrollo de la Congregación y a su acción maternal en la misma. Nuestro carisma quedaría mutilado si María estuviese ausente del mismo (CC.8; Dir.33,34,35).

1.2. La dimensión cordimariana, esencial como se ha dicho, ha de ser entendida dentro de la globalidad total de nuestro carisma. El carisma misionero de la Congregación tiene unas características peculiares que nos identifican en la Iglesia y que están entrelazadas entre sí. Todo carima implica: una espiritualidad, un estilo de vida y una misión (Dir.33).

1.3. Veré nominemur et simus.

El ser Hijos del Inmaculado Corazón de María no es solamente un título (CC. 1), sino una dimensión existencial de nuestra vida misionera (A.488; CC.8). Es una experiencia de vida; es un don de gracia para ser vivido y experimentado; es una donación del Espíritu Santo que configura nuestro ser interior y lo dinamiza en orden a la misión apostólica. Así lo fue en el P. Fundador y en la Congregación (Dir.34,35).

1.4. La presencia y experiencia de María en el P. Fundador y en la Congregación es una experiencia carismática y peculiar. Su presencia y su acción no es de tipo genérico e indiferenciado. Dentro del misterio de la Iglesia, María es para los claretianos lo siguiente:

* María es la Fundadora de la Congregación (P. Fundador, Ej.Esp.1865; P. Clotet, Ann.1885, p.179).   Este dato es muy importante: María funda una Congregación misionera y apostólica; funda una Congregación al servicio misionero de la Iglesia; funda una Congregación para la misión apostólica en la Iglesia. Ella nos ha querido en la Iglesia para ser Misioneros.

* María es nuestra Madre. Nos llamamos y somos Hijos de su Corazón Inmaculado. En la vivencia de nuestra espiritualidad María actúa como Madre y nosotros nos relacionamos con Ella como hijos; tenemos relaciones filiales con Ella (A. 1,5,154-164; Xifré, Espíritu de la Congregación, Int.ffl; CC. 8,36,61). Otras espiritualidades destacan otros elementos: siervos de María, esclavos de María, legionarios de María, etc.

* María es nuestra Madre y Formadora. Su acción maternal con relación a nosotros es también específica: es formar en nosotros a verdaderos y auténticos misioneros y apóstoles, tal y como Ella engendró a Jesús y lo formó como misionero del Padre y tal como formó a Claret, misionero apostólico por excelencia. Más en concreto, María con su acción maternal nos forma como minis­tros de la Palabra, como evangelizadores para extender el Reino de Jesús por todo el mundo.

2. Experiencia mariana actual de la Congregación

He indicado antes que la dimensión cordimariana de nuestra espi­ritualidad misionera es una experiencia de vida con rasgos peculiares y específicos. Una experiencia vivida por el P. Fundador y transmitida a la Congregación a lo largo de la historia.

Ahora nos preguntamos: ¿Cuál es la experiencia actual de la Congregación? Ella nos puede servir no sólo para conocer el grado de vivencia que tenemos en los momentos actuales y los matices de la misma, sino también para descubrir los elementos formativos que nos orienten a la hora de formar a los jóvenes misioneros.

Una respuesta cualificada la podemos obtener analizando los testi­monios de nuestros hermanos que han contestado a la encuesta, propuesta a la Congregación por el P. General en carta-circular del 19 de Abril de 1988. Presento a continuación una breve síntesis.

2.1. Síntesis general[1]

A) Una experiencia

Algunos elementos que se deducen de la comunicación realizada.

Diversidad de acentos:

a) La expresión “Corazón de María”, que para nosotros representa la síntesis de una tradición espiritual, hoy aparece un tanto olvidada por algunos hermanos, ya que ellos la encuentran insignificante, cuando no desfasada. Otros, por el contrario, la encuentran con sentido y actual.

b) Hay quienes, con apoyo del lenguaje simbólico del corazón, privilegian la interioridad y la dimensión contemplativa, mien­tras que para otros prevalece la caridad apostólica y el compro­miso de servicio.

c) La aproximación al misterio de María y a su Corazón se hace con sensibilidades diferenciadas que, en cierto sentido, parecen remitir a las diversas áreas teológicas actuales: para algunos el acento se pone en el rigor científico con que se debe tratar las cosas, en el sentido ecuménico, en los mensajes culturales para nuestro tiempo (ver el tema “mujer”) que deberían aparecer en la propuesta del misterio de María; para otros, prevalece la lectura contextual de la religiosidad popular y del mundo de los pobres, que se reconoce en el lenguaje del Magnificat y puede servir de inspiración para una espiritualidad y un compromiso de liberación; para otros, aún, el misterio de María y de su Corazón es visto a la luz y en el espejo de las grandes religiones y culturas de la interioridad, con su manera peculiar de unirse a Dios y a los otros…

 Convergencias

Por otra parte, también se pueden subrayar las convergencias, al menos potenciales, que aparecen en la experiencia vivida por la mayor parte de los hermanos.

a) En primer lugar y sobre todo, se habla de una espiritualidad que se quiere vivir, y no sólo de una devoción que se expresa en gestos y en momentos típicamente culturales. Una espiritualidad que tiende a apoyarse en la imagen netamente bíblica de María y, a la vez, quiere beneficiarse de la experiencia carismática del Fundador. De hecho, muchos hermanos hablan de una presencia del misterio de María que les ha inspirado y guiado en los momentos fundamentales de su vida: nacimiento de la vocación, crecimiento espiritual en los años de formación, superación de crisis, etc. En resumen, una presencia definida maternal.

b) Se trata de una espiritualidad apostólica, misionera. Sobre todo, porque, ministro de la palabra como debe ser el misionero claretiano, es en la escuela de María donde se debe aprender a acoger el Verbo, en una contemplación que es laboratorio de la comunicación que se debe hacer después del mensaje de vida. María, primera discípula, es también madre del discípulo, su formadora.

c) Espiritualidad misionera también, ya que en ella busca medirse en la caridad con que María se adhiere a la obra de Cristo y se deja implicar activamente en favor del hombre, de los más necesita­dos y de los últimos entre los hombres. Y, aún, porque el misionero hace suyo el sentido de maternidad y el lenguaje de misericordia con que María acompaña las vicisitudes humanas y allí introduce los valores del Reino. Sin la “cordialidad”, es imposible evangelizar y crear comunidades evangélicas.

d) No es extraño que, vista en esta luz, María sea también un mensaje a comunicar, importante para la comprensión del de­signio de Dios que se manifiesta en Cristo.

 B) Una referencia al Fundador

La espiritualidad mariana de Claret se apoya en dos elementos: la condición filial y la misión. Dos realidades que afectan ante todo a Cristo y, que en El, son inseparables. Es claro que, en Cristo, ni una ni otra tienen consistencia histórica si se prescinde de María. El ser hijo y el ser enviado son las dos dimensiones que modelan más fuertemente la “sequela Christi” de Claret y, en consecuencia, caracterizan su relación con María. Hijo enviado por el Padre, con la intervención materna de María. El don propio de la vocación es entendido en el interior de esta lógica de amor paterno-materno y misericordioso que dirige el designio de salvación y de misión. La misma consagración religiosa del misionero de la Congregación, que, por voluntad del Fundador, incluye un acto de donación (“affidamento”) al Corazón de María, queda iluminada en esta perspectiva.

De este núcleo, importante para la comprensión del carisma de la Congregación, deberían brotar las motivaciones, las actitudes, las opciones del misionero hijos del Corazón de María. Consecuentemente, su espiritualidad misionera no puede no ser mariana. Tal fue la experiencia carismática del Fundador. A esto tiende, en un contexto diferente, la experiencia actual de muchos hermanos.

2.2. Presencia mariana en la vocación y en la formación de los claretianos[2]

A) María en el nacimiento de la vocación

Son muy frecuentes las referencias a María en el nacimiento de la propia vocación. Es una constante bastante clara, tanto en los Padres como en los Estudiantes y Hermanos.

* Esta presencia mariana en el despertar vocacional tiene muy variadas expresiones; sin embargo, el factor principal ha sido la familia:

– “Influjo en la vocación por la piedad familiar mariana”.

– “Herencia familiar muy profunda”.

– “Por educación familiar muy intensa llegué a la vocación”.

– “Filiación cordimariana con raíces en el hogar”.

* Algunos hablan, sin indicar directamente la familia, del momento de su infancia.

– “Influjo mariano, desde la infancia, sobre mi vocación”.

– “Desde niño viví la piedad mariana y cordimariana”.

– “Desde pequeño fui muy devoto de María”.

– “Mariano desde la infancia por influjo familiar”.

– “Presencia de María desde los primeros años”.

* Otros factores marianos decisivos en el nacimiento vocacional han sido los siguientes:

– “Producto de la piedad popular, madurado con estudio y oración”.

– “Conocimiento del Padre Claret”.

– “El amor a María me llevó a una Congregación Mariana”.

– “Vocación vinculada a un santuario mariano, al rezo del Rosario,…”

 B) María en la formación. Elementos positivos y negativos.

La formación inicial y la presencia de María en ella aparecen de un modo constante en la mayoría de las respuestas. En este período María ocupa un lugar muy importante, no siempre de una manera positiva.

a) Noviciado y Seminario

* Desde el punto de vista positivo se afirma que se ofrece una formación mariana y claretiana. Que es una fuente de devoción mariana y que ayuda a vivir la espiritualidad cordimariana y se profundiza en ella. Es muy importante el ambiente favorable del Seminario.

Por otra parte, los formadores son personas enamoradas del Corazón de María, que la inculcan constantemente y que la transmiten a los formandos.

* Desde el punto de vista negativo, se dice que el ambiente mariano del centro formativo es frío y ambiguo; hay poca devoción a María; con frecuencia se silencia lo cordimariano y la formación no ayuda a alcanzar niveles más altos de vivencia mariana. En cuanto a los formadores, no dicen nada de María o solamente forman en la materialidad del Corazón de María, siendo algo superficial.

 b) Tipos de creencias marianas.

* Desde un punto de vista positivo, María aparece como madre, discípula primera de Jesús, compañera, mujer pobre, sencilla y entregada. Es maestra en el seguimiento de Jesús, modelo de seguimiento de Cristo, y de virtudes (especialmente de la fe) y fragua del amor divino.

Es la vencedora de los ataques contra la fe y costumbres, protec­tora contra las tentaciones y contra las crisis vocacionales.

* Desde el punto de vista negativo, se tiene una visión triunfalista de María; aparece como lejana y legendaria. Se encuentran dificultades para entender lo que significa Corazón de María, su intercesión, los títulos de Reina y Mediadora y algunos dogmas (como la Inmaculada Concepción).

c) Actitudes frente a María

* Desde el punto de vista positivo, con relación a María se da una confianza y entrega a Ella, se la ama con amor filial, se la imita en sus virtudes, se establecen con ella relaciones de amistad: estar con Ella, dialogar con Ella, colaborar con Ella y vivir una experiencia profunda de su presencia desde la intimidad y el silencio profundo. Por último, se la venera, se le agradece la vocación y se habla de Ella.

* Desde el punto de vista negativo, se ha perdido la vivencia mariana, las devociones se han deformado, se ha llegado a crear una fobia contra el Rosario, María está le ana de la realidad diaria, la espiritualidad mariana está en crisis no superada y la piedad mariana está poco iluminada.

d) María en la vida comunitaria

* Desde el punto de vista positivo, el amor a María aumenta el amor a los hermanos y suscita prestar servicios comunitarios. Como hijo de María, se promueve la conciencia fraterna de ser hermano de todos. Se ora por los hermanos, hijos de María también. En la comunidad se vive la dimensión cordimariana y se manifiesta externamente.

* Desde el punto de vista negativo, no aparece la dimensión eclesial en la dimensión mariana, y en la devoción a la Virgen predominan las perspectivas individualistas.

 e) María en la formación para la misión

* Desde el punto de vista positivo, María aparece como formadora de apóstoles, de Jesús, en primer lugar y de los discípulos del Señor. Es formadora y molde de los misioneros claretianos. María ayuda a cumplir nuestra misión: es fragua y fuente de amor apostólico, impulsa y envía a evangelizar, está presente siempre en nuestra misión. Como dice un testimonio: “Quiero conver­tirme en instrumento del Espíritu Santo como María y evangelizar con Ella”.

* Desde el punto de vista negativo, la perspectiva se podría resumir en el siguiente testimonio: “No veo la conexión entre Corazón de María y la misión”.

C) Causas que explican los elementos positivos y negativos.

Presentamos una síntesis de constantes, algunas de las cuales se repiten en los cinco apartados anteriores, afectando a varios elementos simultáneamente.

 a) Causas positivas

– Los estudios de teología y el conocimiento de los documentos del Vaticano II, de los Papas y de la Congregación (CC.,documentos capitulares, circular del P. Leghisa).

– Los formadores y el ambiente mariano y cordimariano de los centros formativos.

– Las conferencias formativas sobre María.

– El testimonio de los claretianos (en especial de los claretianos mártires).

– El conocimiento de la realidad de la mujer del pueblo y el ejemplo de la gente sencilla.

– La oración en dos vertientes: la contemplación evangélica de María y la oración comunitaria mariana.

– El contacto con movimientos carismáticos (como los focolares).

 b) Causas negativas

– Crisis postconciliar. Confusionismo teológico.

– Ignorancia teológica.

– Falta de formación por parte de los formadores y el ambiente formativo.

– Imágenes y devociones que desfiguran a María. Abandono de las prácticas marianas.

– Sentimentalismo desbordante y falta de madurez humana y cris­tiana.

– Descuido de la oración personal y comunitaria, con su referencia a María.

D) Líneas de actuación para el futuro

* Las constantes que se presentan aparecen como líneas de actua­ción para conseguir los siguientes objetivos:

– superar los fallos que se han dado hasta el momento en la Congregación durante la formación en las dimensiones indicadas anteriormente;

– promover el crecimiento del formando en la vivencia de la espiritualidad cordimariana, según nuestro carisma claretiano, con métodos adecuados.

* Las principales constantes de líneas de actuación son las siguien­tes:

– desmitificar la figura de María y presentarla como la “Mujer Nueva”. Para ello, promover estudios sobre María en su dimen­sión teológica y bíblica; situarla dentro de la cristología, eclesio-logía y evangelización. Estudiar a María desde los pobres y desde el Magníficat, teniendo en cuenta también la antropología.

– Estudios, cursos y jornadas sobre el papel de María en la vida del P. Fundador y en nuestra vida claretiana.

– Preparar mariólogos, enriquecer las bibliotecas y promover las lecturas y reflexión sobre los documentos de la Iglesia y de la Congregación.

– Estudiar los testimonios de los claretianos que se han distinguido por la vivencia de la espiritualidad mariana y realizar jornadas para intercambiar nuestras propias experiencias marianas.

– Crear en la comunidad un ambiente cordimariano: en la oración, en los símbolos, en las fiestas, en la evangelización… Revisión comunitaria sobre la vivencia cordimariana.

– Mantener el contacto con la gente sencilla.

– Elaborar y proporcionar subsidios desde el Secretariado General sobre María en el P. Fundador, en la Congregación… Una antología de textos cordimarianos y un cancionero mariano. Todo ello integrándolo con una dimensión misionera.

* Las líneas de actuación antes indicadas no serán efectivas en el orden formativo si los formadores no están formados en la dimensión cordimariana de nuestra espiritualidad, si no las actúan a lo largo del proceso formativo y si no se crea un ambiente de espiritualidad cordimariana en la comunidad formativa.

III. MARÍA, NUESTRA FORMADORA: ¿COMO NOS FORMA MARÍA?

Ahora cabe hacer una pregunta: ¿Cómo nos forma María? Esta frase, ¿es puro nominalismo, vacío de contenido? ¿No se puede convertir en una frase hecha, repetida hasta la saciedad, pero sin incidencia en nuestra formación? ¿No es uno de tantos tópicos que vienen rebotando de generación en generación?

1. María nos forma en la fragua de su Corazón[3]

Para el P. Fundador, María nos forma en la fragua de su Corazón, “en la fragua de su amor y misericordia” (A.270). ¿Cuáles son las implicaciones formativas de esta experiencia? A mi parecer, son las siguientes:

* María nos configura en su Corazón y desde su Corazón, a semejanza de Jesús, a quien concibió antes en su Corazón que en su seno. Nos configura como discípulos de Jesús, haciendo crecer en nosotros los rasgos del perfecto discípulo de Jesús. Por eso, las Constituciones al hablar, p.ej., de la pobreza, castidad y obediencia, nos ponen como ejemplo a imitar a María, que se adhirió a su Hijo siendo pobre, virgen y obediente (CC,5,8,20,23,28).

* María nos forma para acoger en nuestros corazones, como Ella lo hizo, la Palabra de Dios, de la cual somos ministros. Ella nos enseña a escuchar la Palabra, a hacerla vida y cumplirla y a anunciarla por todo el mundo.

* María nos forma en la caridad apostólica, virtud que más necesita el misionero apostólico (A.438 ss). Es una caridad apostólica que nos impulsa a trabajar sin descanso y sin desmayo hasta gastarnos y desgastamos por el Reino. Es una caridad apostólica que anuncia a un Dios que es amor y misericordia y que ha dado su vida por nosotros. Es una caridad que nos hace anunciar el Evangelio con un sello de humildad, mansedumbre y cordialidad o amor materno (Dir.34; cfr. oración pidiendo a María el amor. A.447). Y una caridad que nos mueve a amar a los predilectos del Señor, a los más pobres y necesitados, a los que más necesitan de salvación y liberación.

* Por último, María nos asocia a su oficio maternal en la Iglesia en la misión apostólica (CC.8). El P. Fundador se sintió colaborador de María, la Madre Victoriosa, en la lucha contra el Malo y su descendencia. Se sintió instrumento de María, como “una saeta” en manos de María para ser arrojada contra Satanás y sus secuaces (A.270). Es el Espíritu de “vuestro Padre y vuestra Madre quien habla en vosotros” (A.687). Los Misioneros somos los “brazos de María” (Luces. 1870. EA.p.665).

2. Expresiones comportamentales de nuestra relación con María

Los comportamientos y las manifestaciones que los claretianos debemos expresar con relación a María son los siguientes:

– promover actitudes de amor filial, confianza y amistad y acogerla como Madre, Maestra y Formadora (CC.8,36,61,73), en clave apostólica;

– suscitar en nosotros la imitación de María en los comportamientos más típicamente misioneros que tuvo: modo de vivir de Jesús (CC.5), consejos evangélicos en dimensión misionera (CC.20,23,29), acogida en la Palabra de Dios, el sentido de la Cruz (“una espada atravesará tu corazón…”);

– vivir en plenitud todo nuestro compromiso misionero; es decir, viviendo el proyecto claretiano que tenemos, seremos en verdad auténticos Hijos del Corazón de María (Definición del CMF.);

– honrar y venerar a María, sea a través del culto litúrgico, sea a través de devociones marianas, especialmente las de tradición congregacional (CC.35,36; Dir.35,b);

– proclamarla bienaventurada; es decir, en nuestro apostolado hemos de anunciar el papel de María dentro del misterio de Cristo (Dir.35,c). Nuestro cansina, impregnado de una clara dimensión cordimariana, nos ha de impulsar a ser anunciadores de María, de su personalidad, de su presencia en la Iglesia y de su acción maternal en relación a todos los hombres.

 3. María, inspiradora de la síntesis vital del formando

En el orden formativo, María Maestra y Formadora (CC.61,73), debe inspirar la síntesis vital que ha de elaborar cada formando a lo largo del proceso formativo, hasta llegar a la plena unidad interior, objetivo fundamental de la formación (CC.68; MCH.150).

 IV. ORIENNTACIONES EN ORDEN A LA FORMACIÓN

Como dice el Mutuae Relationes (n.ll), el carisma de los Fun­dadores es “una experiencia del Espíritu transmitida a los propios discípulos para ser por ellos vivida, custodiada, profundizada y desar­rollada constantemente en sintonía con el Cuerpo de Cristo en crecimiento perenne”.

El proceso formativa tiene como objetivo fundamental formar de una manera gradual y progresiva en el carisma y espíritu del Fundador y de la Congregación, a los jóvenes misioneros (Dir. 184-6; 232-4).

Ahora queremos responder a los interrogantes antes suscitados (Cfr. Introducción): ¿Cómo transmitir a los formandos la experiencia dinámica de nuestro ser cordimariano? ¿Como formar a los jóvenes misioneros en la dimensión cordimariana de nuestro carisma clare-tiano? He aquí algunas sugerencias:

 1. Principios formativos

1.1. La dimensión cordimariana no es una dimensión que ha de ser entendida en sí misma, aislada de la totalidad del carisma claretiano. Todo nuestro ser misionero tiene una impronta mariana y todo nuestro ser de Hijos del Corazón de María tiene una proyección misionera

El Hijo del Corazón de María es un misionero y un apóstol; un evangelizador para todo el mundo, como lo fue Jesús, Hijo de María y Claret, nuestro Fundador (Definición del Misionero.CC.9).

La entrega en servicio especial al Imdo. Corazón de María en la profesión es “en orden a conseguir el objeto de la Congregación” (Fórmula. 159; objeto.CC.2). Nos entregamos a Ella para configurar­nos con Cristo y cooperar con su oficio maternal en la misión apostólica (CC.8).

1.2. No podemos desligar la presencia carismática de María en la Congregación del Misterio de la Virgen en su relación con Jesús (dimensión cristológica) y con su actuación maternal en la Iglesia (dimensión eclesiológiea). Es una dimensión que ha de ser vivida en sintonía con el “Cuerpo de Cristo” (M.R. 11).

1.3. Por último, la experiencia cordimariana de nuestro carisma ha tener una dimensión antropológica. Lo cual implica los siguientes aspectos: respeto de la personalidad del formando (su ritmo, su carisma peculiar entendido dentro del carisma congregacional, la personalización experiencial), la inculturación de lo mariano desde la religiosidad y sensibilidad popular, y la propuesta de María como la Mujer que vive en plenitud los valores humanos y que se muestra sensible a las necesidades de los hombres.

 2. Factores formativos

 2.1. La comunidad formativa.

La comunidad formativa ha de ser una comunidad que viva, experimente y exprese nuestro ser de Hijos del Corazón de María. La formación, en parte, se transmite “por osmosis” y se consolida en una experiencia vivida. Toda la comunidad ha de ofrecer a los formandos, a través de sus miembros, signos, símbolos, celebraciones, etc., estímulos y testimonios de que es una comunidad en la que María está presente y actúa como Madre y Formadora.

2.2. Los formadores.

Como sabemos, dentro de la comunidad formativa, los formadores tienen un “rol” específico asignado por la Congregación. Con su ejemplo y con sus palabras (CC.77) han de ayudar a los formandos a interiorizar esta dimensión. Han de conocer, en primer lugar, lo que significa María en nuestra Congregación; y han de procurar vivir con autenticidad unas relaciones filiales y fiduciosas con Ella. Los formadores, a la hora de elaborar con toda la comunidad formativa el “proyecto local de formación”, han de poner de relieve la dimensión cordimariana y en sus instrucciones a los formandos (CC.77), han de hablar de María, sea de una manera sistemática, sea de una manera coyuntural. En última instancia, han de ser animadores vivos y eficaces de nuestra espiritualidad.

 3. Medios formativos

 3.1. Asimilación de los contenidos teológicos y carismáticos sobre María.

Nuestros formandos han de estar sólidamente formados en una mariología actualizada y han de conocer los elementos objetivos de nuestro carisma en su dimensión cordimariana.

Referente al primer aspecto, existe una laguna en la Congregación, que se puede subsanar a nivel interno, o también siguiendo las orientaciones de la Congregación de E.C. para los Seminarios y Centros Superiores de estudio[4]. Respecto al segundo, me remito a lo dicho anteriormente sobre los formadores. Además de las instrucciones sistemáticas y coyunturales, hay en la Congregación un con­junto de libros y subsidios, etc., que pueden ayudar a interiorizar los contenidos específicos de nuestro espíritu cordimariano (Dir.35.d).

3.2. La liturgia y la ejemplaridad de María (CC.36; Dir.88).

De una manera general, la celebración litúrgica de las fiestas y memorias de la Virgen son momentos muy fuertes para alabar, venerar e imitar a María. El año litúrgico está sembrado de fiestas mañanas. Recientemente se ha publicado un Misal Mariano para misas votivas con una gran riqueza doctrinal y espiritual.

Por otra parte, sabemos que la liturgia lleva al compromiso de la vida. La liturgia mariana debe ser un incentivo para suscitar en los formandos aquellas actitudes y comportamientos que vivió María en su vida y en su misión de Madre de Jesús y de la Iglesia.

De una manera particular, y dentro del ámbito litúrgico, hemos de tener presente las fiestas que han sido celebradas en la Congregación con especial relieve (Dir.88).

 3.3. La vivencia de las tradiciones congregacionales y la ejem­plaridad del P. Fundador y de nuestros hermanos “testigos”.

Al hablar de las tradiciones congregacionales, me refiero espe­cialmente a las devociones tradicionales de la Congregación en las que se expresa nuestra espiritualidad cordimariana. Las Constituciones (36) y el Directorio (87-88) indican el Rosario, el mes de María y la novena al Corazón de María, añadiendo “otras semejantes”, dando lugar a la creatividad de la Congregación. Hoy en día existen oraciones actualizadas que se van extendiendo por toda la Congregación y que reflejan la peculiaridad de nuestra relación con María y su Corazón Inmaculado.

Respecto al P. Fundador y a nuestros hermanos “testigos”, su referencia es sumamente eficaz. Ellos son “maestros” espirituales nuestros. En sus vidas encontramos las claves de la experiencia vivida que, a veces, no encontramos en la simple teoría. Ellos nos señalan un camino práctico a seguir, y nos lo muestran en forma de vida y experiencia. Especial relieve ha de tener la vida del P. Fundador, quien, además de Fundador, es también Padre de la Congregación.

3.4. El contacto con la religiosidad popular mariana (Dir.35,b).

El C.P.R. (n.53) nos habla de que hemos de impulsar la vivencia de una espiritualidad más arraigada en el Pueblo de Dios…, dejándonos evangelizar por los pobres y por los valores culturales y religiosos de los pueblos.

Es un criterio perfectamente válido para aplicarlo a la espiritualidad mariana. El Pueblo de Dios ha sentido y siente un gran amor y una profunda devoción a María, que expresa de múltiples formas.

La religiosidad popular mariana nos puede ayudar a redescubrir ciertos valores marianos que enriquecen nuestra espiritualidad cordimariana. A la vez nos puede orientar en la búsqueda de una espiritualidad mariana más inculturada. Y por último, el pueblo y su religiosidad popular puede desarrollar una dimensión afectiva y fes­tiva en las relaciones con María que quizás olvidamos en nuestra formación, al potenciar los elementos más teóricos y objetivos.

3.5. El ejercicio de la misión apostólica en los tiempos formativos.

Me refiero ahora a la misión apostólica en lo que atañe al apostolado concreto y a las actividades apostólicas que se desarrollan durante la formación.

Son tiempos de ejercicio y preparación para ser “ministros idóneos” de la Palabra. Para adquirir esta idoneidad, María debe estar presente con su ejemplo y acción, ya que Ella fue Maestra en la acogida, escucha y anuncio de la Palabra del Señor. Pienso que este aspecto se desarrolla poco en nuestras comunidades formativas. El estudio, la meditación, la contemplación de la Palabra de Dios, esencial elemento formativo de nuestros misioneros, no se puede hacer sin María.

Además, el formando en el ejercicio de su apostolado ha de sentirse “enviado” por María, colaborador con Ella en su oficio materno en la Iglesia. De esta realidad ha de ir concientizándose progresivamente.

Por último, ya desde los primeros ejercicios apostólicos, el joven misionero ha de anunciar a María, proclamarla bienaventurada y predicar de Ella en la catequesis, instrucciones, charlas, etc. Ha de ser un “testigo” que anuncia una filiación mariana que él vive en su espiritualidad. Este anuncio y esta predicación ayudará al mismo formando a interiorizar los valores que anuncia y proclama.

3.6. Cultivo de la relación personal con María en la oración personal.

He dejado este aspecto al final, no porque sea el menos importante, sino porque es un aspecto que, de alguna manera, engloba todos los demás. Los formandos han de establecer, especialmente en la oración personal, unas relaciones filiales con María, llenas de amor y confi­anza (CC.8,36,61,73); las han de promover diariamente y las han de cultivar con esmero.

Es un aspecto donde la acción del Espíritu Santo juega un papel fundamental, al ser El quien promueve y fomenta el dinamismo de la vida espiritual. En este sentido, el P. Fundador es un maestro perfecto; lo mismo podemos decir de algunos hermanos nuestros, como el Hno. Giol, el estudiante Sr. Mardones…

Dado que María, como muchos testimonian, ha estado presente en el nacimiento y origen de la vocación, es necesario que el formando descubra esta intervención para que sea desarrollada a lo largo del proceso formativo. María ha de estar presente en el itinerario vocacional de cada uno.   En esta tarea tiene un papel fundamental el formador y el director espiritual.

   V. MIRANDO AL FUTURO. RETOS Y DESAFÍOS.

Mirando al futuro, creo que los formadores tenemos, entre otros, tres retos y desafíos que quisiera destacar:

1. Necesidad de preparar especialistas en Mariología. Aunque las decisiones las han de tomar los Superiores, los formadores tienen un “rol” importante en la orientación futura de los formandos. Hemos tenido muy buenos mariólogos en la Congregación; actualmente necesitamos de una nueva generación que nos ayuden a reinterpretar nuestro carisma con las nuevas claves bíblicas y teológicas.

2. Necesidad de estimular a los jóvenes a profundizar histórica y teológicamente en la especificidad de nuestro carisma mariano. Se está trabajando en está línea; pero faltan todavía más claretianos para este fin. De una manera especial, vosotros estáis comprometidos para reinterpretar nuestro carisma en claves de “inculturación”, en las diferentes áreas de la Congregación.

3. Necesidad de buscar con creatividad nuevas formas de expresión del culto a María. Algo se ha hecho, pero falta todavía mucho por hacer. Los centros de formación han sido siempre núcleos de reno­vación congregacional en todos los sentidos.

ÍNDICE

Presentación

I. Introducción

II. Puntos de referencia

1. Presencia carismática de María en el P.Fundador y en la Congregación

2. Experiencia mañana en la Congregación

III. María, nuestra formadora. ¿Cómo nos forma María?

1. María nos forma en la fragua de su Corazón

2. Expresiones comportamentales de nuestra relación con María

IV. Orientaciones en orden a la formación

1. Principios formativos

2. Factores formativos

3. Medios formativos

V. Mirando al futuro. Retos y desafíos



[1] 1 Este apartado contiene la exposición que hizo el P. General, Gustavo Alonso, a los Superiores Generales reunidos en Asamblea en Villa Cavalletti (Roma, del 25 al 28 de mayo de 1988).

[2] Se recoge aquí una síntesis de los elementos vocacionales y formativos más desta­cados que aparecen en las respuestas a la encuesta congregacional.

[3] 3 Un desarrollo amplio del significado formativo de la “fragua” se encuentra en el n. 7 de la colección “Cuadernos de Formación Claretiana”, intitulado FORMA­DOS EN LA FRAGUA DEL ESPÍRITU Y DEL CORAZÓN DE MARÍA (J.M.Viñas.Roma.1990).

[4] 4LA VIRGEN MARÍA EN LA FORMACIÓN INTELECTUAL Y ESPIRITUAL. Congregación para la Educación Católica. Roma, 25 de marzo de 1988.