Capítulo 10 – Misioneros en Formación

10. Etapa de desarrollo y consolidación: misioneros en formación

  
1. Naturaleza y finalidad

379.     La etapa de misioneros en formación es la más larga de la formación inicial. Abarca desde la primera profesión hasta la profesión perpetua (en el caso de los hermanos), o hasta la ordenación (en el caso de los estudiantes). Para los formandos supone una experiencia de contraste y de realismo, no exenta normalmente de crisis y dificultades.[1] Por eso es preciso que las propuestas formativas se conecten lo más posible con el proceso real que van viviendo, de manera que todo el período de los votos temporales se realice como un verdadero itinerario de desarrollo gradual y de consolidación en la vida claretiana.

380.     En esta etapa los misioneros deben proseguir la tarea iniciada en el noviciado[2] y profundizar de manera integral en todos los aspectos de la vida misionera claretiana en orden a la incorporación definitiva a la Congregación y al servicio misionero de la Iglesia [3] 

2. Aspectos jurídicos

381.     La primera profesión, así como las sucesivas renovaciones temporales, incluyen la voluntad de emitir la profesión perpetua y preparan a la misma.[4] Durante el primer trienio, la profesión temporal se hará por períodos anuales. Posteriormente, puede hacerse por un tiempo más largo, según las indicaciones de nuestro derecho.[5] 

382.     Si durante el tiempo de votos temporales algún formando, tras el debido discernimiento, creyese que no ha sido llamado a la vida misionera, puede abandonar libremente la Congregación, una vez cumplido el tiempo de profesió[6] . Para hacerlo antes de concluido el plazo, es preciso obtener el indulto del Superior General con el consentimiento de su Consejo . Por causa justa, el Superior Mayor, con el consentimiento de su Consejo[7], puede excluir de la renovación de los votos o de la emisión de la profesión perpetua a un formando de votos temporales.[8]

3. Objetivos generales

383.     Dimensión humana:

  • Lograr una madurez integral,[9] fundamentada en valores trascendentes y adecuada al proceso formativo de cada uno[10], en orden a una opción definitiva.

384.     Dimensión cristiana

  • Crecer en una intensa vida espiritual que lleve a una progresiva identifica-ción y comunión con Cristo, ungido por el Espíritu y enviado por el Padre para la salvación integral de los hombres. [11]

385.     Dimensión claretiana

  • Identificarse con la propia vocación claretiana, con la Congregación y sus opciones, capacitarse para la misión, y ejercitar la actividad apostólica con responsabilidad, creatividad y con sentido de equipo. [12]

4. Objetivos específicos y medios

4.1. Dimensión humana

386.     Son los siguientes:

  • Lograr un adecuado equilibrio personal, a través del cuidado de la salud física y psíquica y del desarrollo de las cualidades que contribuyen a crear una personalidad libre y recia para la misión: sentido de la responsabilidad y de la fidelidad a la palabra dada, capacidad de soledad y de silencio, autodisciplina, austeridad y laboriosidad, espíritu de sacrificio, rectitud moral, capacidad de integrar las frustraciones y conflictos, así como una visión esperanzada de la realidad.
  • Proseguir la maduración afectiva aprendiendo a vivir las consecuencias de la castidad consagrada en la nueva situación, cuidando especialmente la sinceridad y el discernimiento.
  • Capacitarse, mediante una sólida preparación intelectual, para cumplir la misión evangelizadora en el mundo.
  • Consolidar el hábito personal de estudio, con las técnicas necesarias, y la sensibilidad por la cultura como una habilitación para la tarea misionera.
  • Desarrollar la capacidad de relación mediante el cultivo de la generosidad, la acogida, el respeto, la comprensión, y la capacidad de perdón y de consuelo.[13]
  • Valorar el trabajo como instancia formativa.[14]
  • Cultivar el espíritu de apertura y de solidaridad, exigido por la dimensión universal de nuestro carisma[15] y los rasgos que son más necesarios para vivir la tarea misionera: la capacidad de juicio crítico de la realidad y la actitud compasiva ante los que sufren las consecuencias de las contradicciones de la misma, la disponibilidad para adaptarse a nuevas situaciones e inculturarse, el espíritu de iniciativa y el aprecio de los valores ajenos.
  • Afianzar la sensibilidad por los valores trascendentes de la vida: la verdad, la justicia, la paz, el amor y la capacidad de compromiso con los mismos.
  • Ejercitarse en la expresión hablada y escrita.
  • Cultivar la sensibilidad y la expresión artística (música, literatura, artes plásticas).

           4.2. Dimensión cristiana

387.     Son los siguientes:

  • Crecer en la relación filial con el Padre,[16] que da profundidad y sentido a la vida y permite interpretar toda la realidad.[17] Esta relación se cultiva, sobre todo, en una oración asidua, particularmente en los momentos de aridez y dificultad.
  • Procurar la unión firme y constante con Cristo en medio de los cambios del mundo.[18] Sólo desde ella el formando podrá ir integrando los diversos aspectos de la formación y logrará unificar su vida.
  • Abrir el corazón y la inteligencia a la acción del Espíritu[19] para discernir los acontecimientos y secundar sus inspiraciones.
  • Familiarizarse con la Palabra de Dios, convertirla en alimento espiritual diario y dejarse cuestionar por ella[20] hasta convertirla en uno de los ejes de todo el proceso formativo.[21]
  • Amar filialmente a María, Madre de la Iglesia, formadora de apóstoles, [22]haciendo con Ella y como Ella el camino de peregrinación de la fe.
  • Aprender a sentir con la Iglesia, entendida como Pueblo de Dios en marcha y como misterio de comunión.[23]

           4.3. Dimensión claretiana

388.     Son los siguientes:

  • Crecer en el seguimiento de Cristo, Misionero del Padre y Palabra de vida, a través de la vivencia de los votos y de las virtudes apostólicas.
  • Aprender a aceptar con realismo y alegría las consecuencias del peculiar estilo de vida que nace de la profesión religiosa.
  • Profundizar en el conocimiento y amor de Claret.
  • Favorecer la identificación con el ministerio de la palabra, según las exigencias y opciones de nuestra misión y ejercitar acciones evangelizadoras en sintonía con ella.[24]
  • Procurar un conocimiento cada vez más amplio y profundo de la historia de la Congregación, de las Constituciones, de su situación actual en las diversas partes del mundo y de sus proyectos misioneros.
  • Intensificar la relación con las personas de la propia comunidad y Provincia y, en ellas, con toda la Congregación.

5. Características

389.     Corresponde a cada Organismo organizar esta etapa del modo más conveniente, teniendo en cuenta su duración y las circunstancias de lugares y personas. Según el número de formandos, el número y cualificación de los formadores, la calidad académica de los centros de estudios, la distribución de los planes académicos, el necesario contacto con la realidad sociocultural y las posibilidades apostólicas, es preciso buscar las fórmulas que aseguren mejor los valores formativos claretianos.

 390.     Durante esta etapa, la comunidad formativa es el ámbito normal de la formación. Hay que procurar que, en el caso de que la etapa se alargue, los formandos no permanezcan siempre en el mismo lugar o con el mismo tipo de estructura formativa, de modo que se asegure la necesaria gradualidad del proceso.

391.     A lo largo de esta etapa se pueden producir interrupciones en el ritmo normal de los estudios[25] con objeto de favorecer la madurez del formando y su proceso de discernimiento, de desarrollar su capacidad de integración en una comunidad no formativa, de intensificar el contacto con una realidad determinada, de experimentar algún tipo de trabajo[26] o de realizar estudios civiles. En todos estos casos, y otros posibles, es necesario elaborar un plan específico y seguir las orientaciones eclesiales y congregacionales al respecto.[27]

392.     Los Organismos que lo consideren oportuno pueden también enviar algunos formandos a otros países durante un tiempo determinado. Estos destinos pueden revestir diversas modalidades, entre otras: aprendizaje de la lengua, continuación de los estudios y especializaciones, e interrupción de la carrera para tener una experiencia de apertura congregacional y de contraste.

393.     Razones formativas o de otro orden pueden aconsejar la fórmula de centros de formación interprovinciales. En estos casos conviene asegurar una suficiente comunicación del gobierno provincial con ellos y garantizar la relación entre los formandos y su Provincia de origen.[28]

6. Dinamismos principales

394.     La pedagogía de esta etapa pretende ayudar al formando a prepararse adecuadamente para la profesión perpetua y la ordenación. [29]El formando la comienza con una experiencia que señala una diferencia sustancial con respecto a las etapas anteriores: La primera profesión inaugura una nueva fase de la formación que se beneficia del dinamismo y de la estabilidad que nacen de la profesión.[30] La Congregación, por su parte, debe ofrecer al formando una propuesta sistemática, personalizada, espiritual y apostólica, doctrinal y práctica[31] para que pueda cumplir sus objetivos.

395.     Además de las exigencias que dimanan de los votos, los dinamismos particularmente acentuados en esta etapa son: la oración, el estudio, la vida comunitaria, las experiencias apostólicas y el acompañamiento personal.[32] De su interrelación y equilibrio dependerá la eficacia de la formación. Con el fin de concretar y de armonizar estas dimensiones, cada comunidad formativa elaborará, con la periodicidad que se juzgue conveniente, su proyecto comunitario. 

6.1. La oración

396.     En esta etapa, la integración personal se hace más necesaria porque el paso a un estilo de vida más abierto y a actividades muy absorbentes comporta a menudo riesgos de desorientación y de aridez[33]. Es preciso, por eso, que los formandos aprendan por experiencia, en medio de los cambios del mundo, a vivir firme y constantemente unidos a Cristo, según nuestro carisma.[34] A ejemplo de María, a cuyo Corazón se han dedicado especialmente en la profesión, deben integrar la escucha y contemplación de la Palabra de Dios con la atención a la realidad histórica y con la sensibilidad a los problemas del hombre de hoy,[35] especialmente de los más pobres y necesitados.

397.     Esta integración se logrará refiriéndolo todo a Jesucristo como centro de la propia vida y teniendo a María como inspiradora.[36] Exigirá mantener con fidelidad el hábito cotidiano de oración personal y de lectura de la Palabra,[37] así como la participación diaria en la eucaristía [38]y en la oración comunitaria,[39] y la celebración frecuente del sacramento de la reconciliación.[40] Fortalecidos con estos medios, los formandos podrán ir iluminando las diversas situaciones y responder a las llamadas de Dios en la realidad cotidiana.

6.2. El estudio

398.     El estudio constituye uno de los dos pies del misionero y uno de los dinamismos característicos de esta etapa.[41] El estudio de las ciencias humanas, teológicas y pastorales, así como el justo conocimiento de las condiciones sociales y políticas de los hombres y de los tiempos, tiene como objetivos:

  • Proporcionar una comprensión viva del mundo, del hombre, del misterio de Cristo y de la Iglesia.
  • Juzgar la situación del mundo a la luz de la fe.
  • Suscitar la disponibilidad personal para desempeñar la misión evangelizadora y capacitar para llevarla a cabo. [42]

399.     Dada la dedicación y seriedad que requiere, este estudio de las ciencias eclesiásticas no puede simultanearse con otras carreras. [43]Esto no impide el cultivo de las aptitudes personales que se podrán desarrollar con estudios complementarios.

400.     En el caso de los estudiantes, el plan de estudios debe seguir las normas y orientaciones de la Iglesia universal y de las diversas conferencias episcopales. Como plan de estudios propio,[44] además de las materias ordinarias, es necesario prestar especial atención a aquellas que guardan un vínculo más estrecho con nuestro carisma misionero, entre otras: mariología, misionología, ciencias de la comunicación, idiomas, pastoral especializada y espiritualidad claretiana. Se potenciará también una formación sociopolítica que permita un conocimiento amplio y crítico de la realidad local, nacional e internacional. En el caso de los hermanos deben seguirse las orientaciones presentadas en este mismo Plan.[45]

401.     La formación académica, tanto la de los hermanos como la de los estudiantes, puede hacerse en centros propios de la Congregación o en seminarios o universidades.[46] En todo caso, debe cuidarse la formación claretiana y, además, para los aspirantes a las órdenes, la adecuada preparación a los sagrados ministerios. [47]

402.     Se considera criterio ordinario que, al término de los estudios, los estudiantes obtengan el título de bachillerato en teología (o sus equivalentes) y, siempre que sea posible, el de licenciatura. Los hermanos, por su parte, deben obtener también los títulos correspondientes a los estudios que realicen. Además, es necesario y urgente que las Provincias procuren la formación de especialistas en ciencias eclesiásticas, pastorales y antropológicas, para una acción misionera más profunda y para contribuir también a la formación primera y permanente de los miembros de la Congregación.[48]

403.     Para un adecuado crecimiento en este dinamismo se requiere cuidar especial-mente el hábito de estudio personal, el trabajo en grupo, las técnicas necesarias para el trabajo intelectual y la sensibilidad por la cultura como una habilitación para la tarea misionera. Es conveniente servirse críticamente de los medios de comunicación social y participar en diversas manifestaciones culturales, además de promover aquellas actividades (publicaciones, actividades artísticas, literarias y musicales) que ayuden a formar el ministro idóneo de la divina Palabra.[49]

404.     Para verificar la marcha del estudio hay que tener en cuenta, además de las calificaciones obtenidas, la capacidad real de afrontar con solidez y equilibrio las cuestiones filosóficas y teológicas y de integrar los estudios en la vida espiritual y apostólica, tratando de favorecer siempre la unidad personal.

6.3. La vida comunitaria

405.     Dado el carácter de nuestra vocación, los jóvenes claretianos han de formarse para la evangelización en comunidad misionera, asumiendo desde el principio un estilo de vida comunitario, pobre e inculturado[50], donde se fomente y se aprenda a trabajar en equipo, abierto a la vida de la Iglesia y del pueblo. La comunidad mártir de Barbastro nos ofrece un admirable testimonio de madurez en la vivencia de la fraternidad.[51]

406.     La vida comunitaria debe organizarse de tal manera que se asegure el clima más favorable para la propia realización, las relaciones interpersonales, así como los medios suficientes para su desarrollo. Según el número y otras circunstancias, se pueden crear diversos grupos o secciones, manteniendo siempre la unidad de criterios que requiere el proceso formativo.

407.     El ritmo comunitario ha de integrar armónicamente la oración (tanto personal como comunitaria), el estudio, el trabajo manual, las actividades apostólicas y el conveniente descanso. Los formandos deben sentirse corresponsables los unos de los otros y verdaderos protagonistas de la vida comunitaria, tanto en la elaboración del proyecto comunitario como en la realización de los servicios y tareas necesarios para la vida en común, y en la evaluación periódica de lo realizado. 

   6.4. Las experiencias apostólicas

 408.     El objetivo de las experiencias apostólicas es ayudar a los formandos a darse a las personas, a buscar respuestas a sus necesidades y a irse capacitando como servidores de la Palabra.[52] Para lograrlo, las actividades deben ser verdaderamente apostólicas, en línea con la misión y opciones de la Congregación, planeadas desde la realidad social en que se vive, realizadas en equipo, evaluadas en comunidad y acompañadas por un asesor.[53] Las formas de realización, a lo largo de todo el ciclo y no sólo al terminarlo, pueden ser muy variadas, tal como se indica en otra parte de este mismo PGF.[54]

409.     Para determinar el ministerio al que cada uno se va a dedicar en el futuro, hay que tener en cuenta su inclinación, su talento y las necesidades de la Congregación y de la Iglesia[55]. En los últimos años de la carrera es necesario orientar a cada formando hacia un área determinada de la pastoral y decidir la especialización más conveniente, en diálogo de los superiores y del formador con el interesado.[56]

6.5. El acompañamiento personal

410.     Para promover la integración de todos los aspectos en una etapa caracterizada por la multiplicidad y diversidad de elementos, además de la dirección espiritual, se hace imprescindible un diálogo personal y frecuente con el formador[57] y el acompañamiento de la comunidad.[58]

411.     Este diálogo se hace más necesario en los momentos de dificultad y cuando se ha de solicitar y preparar la renovación de la profesión, la profesión perpetua y la ordenación.

412.     El acompañamiento personal, dada su importancia en orden al discernimiento y afianzamiento vocacionales, será un criterio prioritario para que los formadores y superiores se orienten, especial¬mente en los momentos de admisión a la profesión y a la ordenación. 

7. El prefecto y sus colaboradores

413.     El prefecto es el formador propio de los misioneros que se preparan para la profesión perpetua y la ordenación diaconal o presbiteral. Se trata de un servicio muy importante por su fin y por sus consecuencias, ya que su misión es acompañar y formar, con su testimonio de vida y sus orientaciones, a aquellos que, a través del ministerio de la Palabra, serán como instrumentos de la salvación de muchos.[59] Es preciso, pues, que aquel que sea nombrado por el Superior Mayor con el consentimiento de su Consejo,[60] se prepare convenientemente y procure desempeñar con toda solicitud el servicio que la Congregación le encomienda.

414.     En nuestra tradición claretiana el prefecto es la persona que, en nombre de la Congregación, acompaña a los formandos en el desarrollo integral de su vocación misionera. Su misión no se reduce, pues, a los aspectos organizativos, disciplinares y de acompañamiento espiritual. Abarca todas las dimensiones formativas con objeto de promover una formación armónica.

415.     Las funciones principales del prefecto son:

  • Amar igualmente a todos y conocer las necesidades de cada uno[61].
  • Inspirar a los estudiantes, con su vida y con su palabra, el amor a la vocación, a la Iglesia y a nuestra Congregación, y exponerles su vida y misión en el mundo.
  • Ayudarles personalmente a afianzarse en su vocación y a vivirla con gozo, de manera que todos asuman este modo de vida por íntimo convencimiento de fe.[62]
  • Animar la formación, procurando que la virtud sea preferida al saber, pero no descuidando tampoco éste, porque la santidad y la inteligencia son los dos pies del misionero: ambas esenciales.[63]
  • Fomentar la responsabilidad y disciplina interior de cada formando.
  • Alentar la comunión de vida entre todos y mantenerse en comunión con los superiores, informándoles sobre la marcha de la comunidad formativa, discerniendo con ellos lo más conveniente y ejecutando sus orientaciones.[64]

416.     El prefecto puede ser ayudado en su tarea por uno o varios colaboradores, con capacidades complementarias.[65] A él le corresponde la coordinación de todos los aspectos formativos y del equipo de colaboradores.[66] Entre estos ha de existir un fuerte sentido de unidad, tanto de criterio como de acción, dentro del estilo personal de cada miembro[67]. Su primera acción formativa es el testimonio alegre de vida misionera, que estimule a los formandos a un mayor compromiso en el seguimiento de Cristo según nuestro carisma.

417.     De entre las cualidades de madurez humana y espiritual que se exigen a los formadores, el prefecto y sus colaboradores deben acentuar:

  • La ejemplaridad, de modo que resplandezca su amor a la Congregación y a la observancia de las Constituciones.[68]
  • El sentido eclesial y la sensibilidad misionera.[69]
  • Una adecuada experiencia pastoral.
  • La capacidad de adaptación y sintonía con los formandos.

418.     Las funciones principales del equipo son:

  • Animar la formación de esta etapa buscando la corresponsabilidad de todos los miembros de la comunidad formativa y, al mismo tiempo, las líneas y medios formativos más en consonancia con el sentir de la Iglesia y de la Congregación.
  • Crear un buen clima comunitario y ayudar a vivir los compromisos de la programación formativa elaborada conjuntamente por todos los miembros de la comunidad.
  • Desempeñar las tareas concretas que a cada uno le hayan sido asignadas.
  • Ayudar a que los formandos crezcan como ministros idóneos de la Palabra y se mantengan disponibles para las necesidades de la Congregación.
  • Abordar con realismo y serenidad las cuestiones y problemas formativos que surjan.
  • Juzgar si los formandos ofrecen las garantías debidas, señaladas por la Iglesia y la Congregación, para la profesión y, según los casos, los ministerios y la ordenación.
  • Discernir las aptitudes apostólicas de cada formando para sugerir al gobierno provincial las posibles especializaciones y destinos.
  • Evaluar periódicamente la marcha de la comunidad formativa y de cada formando.

8. La profesión perpetua y su preparación inmediata

419.     Por la profesión perpetua el misionero de votos temporales se incorpora definitivamente a la Congregación[70] y de este modo participa plenamente de su misión en el pueblo de Dios.[71]

 420.     Dada la importancia de esta profesión, además de la preparación ordinaria que supone el proceso formativo en sí mismo, todos los formandos se prepararán inmediatamente para ella durante un período de seis meses. Durante este período:

Intensificarán la oración personal.

  • Renovarán los fundamentos teóricos y vivenciales de la vida religiosa claretiana.
  • Evaluarán la vida misionera en diálogo más asiduo con el formador.[72]
  • Expresarán su disponibilidad misionera ofreciéndose al Superior General para ser enviados donde sea necesario.[73]
  • Se prepararán para la profesión con un tiempo adecuado de silencio y oración.

421.     Esta preparación,[74] especialmente necesaria para los que residen fuera de la comunidad formativa, [75]puede realizarse individualmente o en grupo, según las circunstancias de cada lugar. Son recomendables también aquellas iniciativas interprovinciales que garanticen una mejor consecución de los objetivos y que proporcionen al estudiante experiencias intensivas y una mayor apertura congregacional.

422.     La admisión a la profesión perpetua se debe basar en la certeza moral, por parte del formando y de la Congregación, de que el profesando conoce y vive la vocación como un bien de la persona en su totalidad[76]; posee la necesaria madurez vocacional para vivir con estabilidad las exigencias de la vida claretiana y la capacidad suficiente, tanto para afrontar las dificultades de la misión como para proseguir su crecimiento en la vida evangélica.

423.     Para que la profesión perpetua sea válida han de cumplirse las prescripciones del derecho universal y propio[77]. Se ha de solicitar por escrito al Superior Mayor seis meses antes de la fecha prevista para su celebración.[78] La admisión corresponde al mismo Superior Mayor con el consentimiento de su Consejo.[79] Todos los miembros de la comunidad, especialmente el superior, los formadores y los compañeros, están obligados a informar acerca de los candidatos.[80]

424.     La profesión perpetua se realizará con la solemnidad que se desee y con la presencia del pueblo. [81]Para la solicitud, preparación y celebración, así como para su constancia en acta, registro y comunicación, ténganse en cuenta las prescripciones del derecho universal y congregacional. [82]    



[1]cf 1F 123-124.

[2] cf CIC 659, 1.

[3] Dir 232; cf CC 72.

[4]Dir 215

[5] cf CC 70; Dir 219

[6]cf CIC 688, 1; CC 60; Dir 269.

[7]cf CIC 688, 2; Dir 271

[8]cf CIC 688, 2; Dir 271

[9]cf PI 34; 58.

[10]cf CPR 22; 68.

[11] cf Dir 233.

[12] cf Dir 233.

[13] cf PI 43.

[14] cf 2F 13d.

[15] cf Dir 302.

[16] cf CC 34

[17] cf MCH 144.

[18] cf CC 73.

[19] cf CC 72.

[20] cf SP 13.1

[21] cf SP 21.1

[22] cf CC 73.

[23] cf PI 24

[24] cf PI 24

[25] cf 1F 126 ss; 2F 13 d

[26] cf Dir 234; 2F 13c.

     [27] cf Dir 238.

[28] cf Dir 237.

[29] cf PI 59

     [30]PI 59

[31]cf CIC 660, 1.

[32]cf PI 60-65; Dir 234

[33]PI 59.

[34]CC 73

[35]Dir 234.

[36]cf MCH 150

[37] cf CC 37.

[38] cf CC 35

[39] cf CIC 663; 659, 3 con 246; CC 12.

[40] cf CC 38.

[41] cf CC 56; Dir 144; PI 61.

     [42]cf CC 74.

[43]Dir 234 b.

     [44]cf Dir 235; Apéndice 3

[45]cf el apartado 2 del capítulo 11; Apéndice 3

[46] cf Dir 235; 1HH 30.

[47] cf Dir 235.

[48] cf Dir 245

[49] cf CC 73.

[50] Dir 234

[51] cf TM pp 21-22.

[52] cf Dir 234

[53] cf Dir 234

[54] cf PGF 234-242

[55]cf CC 75.

[56]cf Dir 243

     [57] Dir 234 f

     [58] cf VFC 21-34.

[59] cf RE (B) 37; CC 77.

[60] cf Dir 246

[61] cf RE (B) 37, 8; CC 77.

[62] CC 77.

[63] RE (B) 37, 4.

[64] cf RE (B) 37, 2; Dir 249

[65] cf 2F 14

[66] cf Dir 162; OT 5; 1F 75

[67] cf 2F 14b

[68] RE (B) 37, 1.

[69] cf Dir 247.

[70]CC 71

[71]CC 71

[72]cf Dir 239.

[73]cf Dir 223

[74]cf Apéndice 3

[75]cf Dir 239

[76]cf CC 71

[77]cf CIC 658; Dir 224.

[78]cf Dir 222

[79]cf CC 71; Dir 226

[80]cf Dir 225

[81]cf OPR 5; PI 56

[82] cf CIC 657, 658; CC 71; Dir 222-226, 231, 239