Plan General de Formación

FORMACION DE MISIONEROS

Plan General de Formación

 Roma, 1994

Un Hijo del Inmaculado Corazón de María es un hombre que arde en caridad y que abrasa por donde pasa. Que desea eficazmente y procura por todos los medios encender a todos los hombres en el fuego del divino amor. Nada le arredra; se goza en las privaciones; aborda los trabajos; abraza los sacrificios; se complace en las calumnias; se alegra en los tormentos y dolores que sufre y se gloría en la cruz de Jesucristo. No piensa sino cómo seguirá e imitará a Cristo en orar, en trabajar, en sufrir, en procurar siempre y únicamente la mayor gloria de Dios y la salvación de los hombres. – San Antonio María Claret.

  PRESENTACION

                                   Con gozo y satisfacción presento a todos mis hermanos, los Misioneros Hijos del Inmaculado Corazón de María (Misioneros Claretianos), el PLAN GENERAL DE FORMACION (PGF). Aparece bajo el título “Formación de Misioneros” porque todo él está orientado, de forma armónica, sistemática y progresiva, a favorecer el crecimiento y la madurez vocacional de cuantos se sienten llamados a compartir nuestra vida misionera en la Iglesia.

El P. Jesús María Palacios, Prefecto General de Formación y responsable de la preparación del PGF, ofrece, en el pórtico del mismo, unas notas históricas sobre la formación en la Congregación y el curso que ha seguido la elaboración de esta obra. Por cuanto indica, es fácil apreciar la importancia que ha tenido siempre entre nosotros el tema de la formación. Efectivamente, el interés, la preocupación y el estímulo por adquirir una seria y sólida formación para la vida misionera han estado presentes a lo largo de toda la historia de la Congregación. Hoy estamos todos sobradamente convencidos de que nuestro futuro depende de la formación.

En la introducción se señalan la naturaleza y los objetivos precisos del PGF, que habrá que interpretar siempre en conexión con las orientaciones y disposiciones de la Iglesia en materia de formación y con las Constituciones y Directorio. Por lo demás, el texto habla por sí mismo y, tal vez, no fuera ya necesaria ninguna otra presentación. Pero todo texto, para ser bien comprendido, pide que se entienda su contexto. Por eso, añado estas reflexiones.

1.- El PGF, antes de ser considerado como un compendio de orientaciones, criterios y normas sobre la formación, es preciso verlo como una propuesta de vida misionera. Nuestra Congregación tiene la convicción de ser una comunidad de discípulos, servidores y apóstoles de Jesucristo, suscitada y animada por el Espíritu. Reconoce en San Antonio María Claret la mediación histórica de su origen y organización. Está persuadida de que María ejerce sobre ella su acción materna y le enseña a escuchar la palabra de Dios, a darle cuerpo de compromiso y a anunciarla con presteza; se siente enviada, con ardiente caridad y audacia profética, a anunciar el misterio íntegro de Cristo por todo el mundo; se mantiene atenta a los desafíos de los tiempos y de los lugares y trata de comprometerse en la causa del Reino por los más pobres y necesitados. Todo esto le permite afirmar y recrear continuamente su identidad, le da seguridad en su futuro y le da capacidad para acoger, iniciar y acompañar a cuantos se sienten movidos por el mismo espíritu y quieren ser misioneros al estilo de Claret en nuestra comunidad apostólica.

Nuestro PGF sólo se explica y adquiere sentido desde la continuidad de vida carismática de la Congregación y, por lo mismo, desde la fe en el don de una misma vocación y misión. Sólo por la fe en este don, que es vida propagada y seguida y que es principio unificador para las diversas formas de pensar y de actuar de los miembros del Instituto, se puede hacer la propuesta de este itinerario formativo con el que se pretende implicar la vida de los formandos para que lleguen a ser los servidores de la Palabra que necesita la Iglesia en su misión evangelizadora.

Por otro lado, la publicación de este PGF es expresión de la vida esperanzada de la Congregación. Creo que en la Congregación ha existido siempre una viva conciencia de lo que es y para lo que está en la Iglesia y ha vivido en continua actitud de vigilancia y discernimiento ante los desafíos y oportunidades que se le han ido presentando. También en este momento y, por eso, afronta el futuro con serena esperanza. De hecho, sólo quien tiene esperanza planifica. La esperanza nos lleva a planificar porque es la forma decisiva de transformar y de mejorar lo que encontramos. Las técnicas, en este caso, se convierten en valiosos medios para potenciar energías y promover servicios. Cuando la Congregación se ha decidido a publicar el PGF está revelando su esperanza en que se incorporarán nuevas vocaciones y podrá cualificar e intensificar su servicio misionero a la Iglesia. Desde esta perspectiva, el PGF se hace permanente memoria del impulso del Espíritu que nos dio origen y continua invitación a recrear la mística misionera que nos acredita como auténticos servidores de la Palabra.

2.- Examinando el contexto de la vida de la Congregación se puede apreciar que el PGF aparece en un momento adecuado dentro del proceso de renovación. Muchos y radicales han sido los cambios que han conmovido la vida de los pueblos, de la Iglesia y de la Congregación en estos últimos treinta años. Su repercusión en la formación fue convulsiva. En el inmediato postconcilio los cuestionamientos recayeron no ya sobre los medios y métodos, sino sobre la finalidad y el sentido de la formación. El radicalismo de las preguntas que se hacían en torno a la identidad de la vida religiosa, sacerdotal y misionera obligaron a hacer una profunda revisión de perspectivas y posiciones y a buscar una sólida fundamentación y una coherente expresión del contenido de nuestra vocación en la Iglesia y en el mundo. Los Capítulos Generales, celebrados desde entonces, han sido momentos de gracia y de luz. Nos han permitido hacer síntesis actualizada de aquellos valores esenciales e irrenunciables de nuestra vida claretiana que podemos transmitir válidamente en el proceso formativo.

No han pasado en vano estos años postconciliares. Nuestra Congregación, como otros institutos religiosos, ha vivido un intenso proceso de renovación que ha afectado no sólo a las ideas, sino al estilo de vida. Desde su condición de realidad y sujeto eclesial, que se renueva en la medida en que es fiel al don del Espíritu y a los hombres de su tiempo, ha debido recorrer el doble camino de la experiencia vivida a la formulación de la autocomprensión de sí misma (Constituciones renovadas y Documentos Capitulares) y de la formulación a la reorientación de la propia vida. Para esto hemos contado con la audacia de muchos hermanos que abrieron nuevos frentes misioneros en pueblos pobres o se desplazaron hacia la periferia para vivir entre los pobres y marginados, y con el no menos valioso testimonio de fidelidad creadora de otros muchos que asumieron la renovación en sus habituales posiciones e impregnaron de espíritu misionero la vida y el servicio apostólico de las comunidades.

El proceso de renovación continúa y, aunque nos movemos entre luces y sombras, en estos momentos contamos con una rica experiencia adquirida en los caminos probados y con un cúmulo de valores y de hechos de vida misionera que revelan el nivel que hemos alcanzado en el proceso de renovación. La Congregación cuenta con una autocomprensión madura de su identidad y posee una buena capacidad de discernimiento. Confía en poder seguir afrontando con serenidad y garantía los desafíos de los continuos cambios que se operan en el mundo y en la Iglesia. Desde esta altura y madurez alcanzadas es de donde se ha elaborado la presente propuesta formativa.

3.- El P. Claret dijo que su espíritu era para todo el mundo y su profecía sigue haciéndose realidad en las naciones. Desde el Concilio a esta parte, la Congregación se ha ido abriendo sucesivamente a más amplios horizontes misioneros con el consiguiente enriquecimiento de valores culturales y de nuevas sensibilidades religiosas y sociales. La incorporación en la comunidad claretiana de un buen número de vocaciones de Asia y Africa le ha obligado a tener en cuenta las etnias y sus tradiciones, los contextos sociales en que viven y los acentos con que se autodefinen los claretianos en estos pueblos. La nuevas vocaciones aportan otra forma de ver, de interpretar y de expresar la vida consagrada y claretiana. Establecen un diálogo fecundo entre sus inquietudes y la inspiración carismática del Instituto. Buscan la forma de ser fieles desde otros presupuestos. Esta naciente configuración congregacional ha venido reclamando un Plan de Formación que promoviera la recreación de la identidad claretiana integrando los valores propios de los pueblos y la índole carismática de nuestra vocación misionera universal. Así se explica por qué está resaltada la impronta claretiana a lo largo de todo el PGF. Lo que ahora se espera de todos los claretianos es que, con humildad y esfuerzo, nos apliquemos a vivir en profundidad el carisma evangélico y evangelizador de Claret en los diversos contextos históricos, culturales y sociales. La inculturación, que es un desafío para todos, no se logra por decreto, sino que es obra de un proceso que comienza en la primera formación y que va propiciando una nueva inteligencia y vivencia de las intuiciones fundacionales en dichos ámbitos. Esperamos que el PGF sea una buena ayuda para ello.

4.- Muy bien puede considerarse el PGF como la Carta Magna sobre la Formación que la Congregación, en tanto que madre y maestra, da a sus miembros, sobre todo, a los nuevos misioneros. Basta repasar la historia de la elaboración del PGF para darse cuenta de ello. En él se halla concentrada toda la experiencia formativa de los Organismos que, durante los años de renovación, contando con las orientaciones de la Iglesia universal y de las iglesias particulares, redactaron sus respectivos planes de formación. En los Organismos Mayores apareció como “necesidad sentida” el que se hiciera un PGF y los planes de las Provincias y Delegaciones han estado presentes en el punto de partida del texto-base que preparó la Comisión Internacional y luego se pasó a toda la Congregación para que hiciera sus observaciones. No es cuestión de volver aquí a contar el proceso, que aparece en las notas históricas, pero quiero subrayar el buen grado de participación y de corresponsabilidad y la calidad de las aportaciones y sugerencias recibidas de muchos de nuestros hermanos para la redacción final del PGF.

Esta es la razón por la que el PGF se puede considerar como la “Carta magna sobre la formación”, escrita entre todos y con la urgencia de irradiar corporativamente el carisma que hemos recibido como un don del Espíritu para anunciar la Buena Nueva a los pobres. Ciertamente que la propuesta formativa que presentamos es estimulante y exigente. No puede ser menos para quienes quieren hacer vida la llamada “definición del misionero” y realizar las radicales opciones que comporta nuestro compromiso evangelizador. No sería, pues, correcto reducir el PGF a un documento, más o menos acertado, con el que se ha pretendido simplemente cumplir la norma indicada en las Constituciones y en el Código de Derecho Canónico. A la luz de lo que hemos plasmado en él, hemos de perseverar en este ejercicio de corresponsabilidad formativa y ayudar a hacer crecer en la madurez vocacional a quienes nos han sido dados como hermanos. Entre todos formaremos, así, la Congregación renovada, pronta para ofrecer un testimonio de vida evangélica y capaz de hacer frente a los males que impiden el crecimiento del Reino.

5.- Entre todos hemos ido completando la propuesta formativa que ofrece el PGF. Recoge los núcleos esenciales de nuestra vida misionera y están destacadas las dimensiones: carismática, cristocéntrica, eclesial, cordimariana y humana. Es importante reparar en el carácter global, diferencial y progresivo que tiene. En el centro está siempre la persona, el formando, con su indeclinable responsabilidad ante los desafíos que se le presenta en sus contextos. Me parece importante subrayar el aspecto abierto y dinámico del PGF. No es un punto de llegada sino de partida para acoger, discernir, promover y orientar hacia el futuro. El PGF contiene una serie de valores concordados como esenciales de nuestra propuesta educativa, pero no es uniformista. Está redactado de forma que cada Organismo de la Congregación lo pueda adaptar según su contexto y exigencias. Y ésta habrá de ser una de las primeras tareas en los Organismos Mayores en los próximos meses: elaborar el Plan Provincial de Formación.

Aunque todos debemos congratularnos por el trabajo realizado, creo que es obligado dejar constancia de especial gratitud a la Prefectura General de Formación y a la Comisión Internacional que han preparado más directamente el PGF. Sabemos con cuanta fe, amor y dedicación han trabajado en estos años.

Hoy conmemoramos el 145 aniversario de la Fundación de la Congregación. El Gobierno General pone esta obra bajo el amparo de María, Madre y Fundadora de nuestra comunidad apostólica. Que a todos nos guarde en su Corazón y nos haga discípulos y apóstoles de Jesucristo, Palabra de Vida para el mundo.

Roma, 16 de julio de 1994.

Fiesta de Nuestra Señora del Carmeny 145 aniversario de la Fundación de la Congregación

Aquilino Bocos Merino, C.M.F.

Superior General

DECRETO DE PROMULGACION DEL PLAN GENERAL DE FORMACION

 

El XXI Capítulo General de la Congregación (Roma, 1991), en conformidad con el Derecho Canónico (cc 659 y 660) y con las Constituciones (n.72), decidió que durante el presente sexenio se elaborase un Plan General de Formación para la Congregación en el que se recogieran los núcleos esenciales de nuestro carisma. Responsabilizaba, a la vez, a la Prefectura General de Formación de esta elaboración contando con la ayuda de una Comisión Internacional en la que estuvieran presentes las distintas áreas culturales de la Congregación.

El Gobierno General el día 14 de diciembre de 1991 nombró la Comisión Internacional y aprobó el proceso a seguir en la preparación del Plan General de Formación. Según había indicado el mismo Capítulo General, el trabajo realizado por la Comisión Internacional se presentó a estudio y revisión en todos los Organismos de la Congregación. Durante un año se han podido presentar observaciones y sugerencias al proyecto del Plan y la Comisión Internacional ha vuelto a reunirse para discernir e integrar las aportaciones recibidas.

Después de varios días de sesiones intensivas, dedicadas a estudiar y revisar el último texto del Plan, presentado por la Comisión, el Gobierno General, en la sesión del Consejo del día 25 de junio de 1994, aprobó por unanimidad el texto definitivo del Plan General de Formación que se publicará bajo el título de “Formación de Misioneros”.

Con el presente Decreto, a tenor de nuestra legislación (Dir 19), queda promulgado el PLAN GENERAL DE FORMACION para toda la Congregación, que entrará en vigor el 1 de enero de 1995.

Roma, 16 de julio, de 1994

145 aniversario de la Fundación de la Congregación

Aquilino Bocos Merino, C.M.F.

Superior General

 Gaspar Quintana J, C.M.F.

Secretario General

NOTAS HISTÓRICAS SOBRE LA FORMACIÓN EN LA CONGREGACIÓN

 El Plan General de Formación (PGF) se inscribe en la historia y en el proceso de la formación en la Congregación. El PGF no es una iniciativa que aparece en el momento actual desconecta­da de la vida congregacio­nal, ni un instrumento pedagógico sin raíces congrega­cionales. Se inserta en la rica tradición formativa de la Congrega­ción iniciada por el mismo P. Fundador, continuada por los Confundado­res y consolidada por los Capítulos y Superio­res Generales.

Presentamos a continuación unas notas históricas sobre la evolución de la formación en la Congregación a través de los documentos oficia­les, y de algunos oficiosos, de tipo general; y una exposición del proceso seguido en la elabora­ción del Plan General de Formación, con una breve descripción de las caracte­rís­ticas del mismo.

I. EVOLUCIÓN DE LA FORMACIÓN EN LA CONGREGACIÓN

 1. Primeros años de vida de la Congregación (1849-1857)

La Congregación fue fundada por San Antonio María Claret con un reducido grupo de sacerdotes sin que, en los primeros años de su existencia, se contemplara la posibilidad de incorporar estudiantes a la misma.

En las Constituciones del año l857, prácticamente las mismas del año l849 con algunos pequeños cambios, se afirmaba que la Congregación la formaban solamente sacerdotes y hermanos ayudantes[1].

2. Estudiantes en la Congregación (1858)

2.1. El P. Xifré, preocupado por la expansión de la Congregación, consultó al P. Fundador la oportunidad de admitir en la misma a estudiantes[2]. Escribiendo éste al P. General, le sugería que cuando viesen a un joven con buena disposición lo admitiesen,

aunque «no sea sacerdote, ni ordenado siquiera, con tal de que esté adelantado en la carrera»[3]. Las dificultades económicas de la Congregación, que preocupaban al P. Xifré, condicionaban, a la vez, la posibilidad de aceptar a jóvenes sin haber terminado los estudios.

En otra carta, llena de espiritualidad evangélica y de confianza en la providencia del Señor, animaba al P. Xifré de esta manera: «Y así no repare en admitir sujetos que considere idóneos por su saber y virtud y den esperanzas de utilidad, aunque sean jóvenes y no estén del todo ordenados»[4].

En esa época, el P. Fundador solamente hablaba de personas adelantadas en los estudios y con buenas disposiciones y voluntad para pertenecer a la Congregación y perseverar en ella. De todos modos, fue un paso trascendental que cambiaría en el futuro la fisonomía de la Congregación[5].

2.2. El 28 de mayo de 1859 se celebró en Vic la Primera Junta del Instituto (I Capítulo General), que fue breve y se centró en algunos temas de ascética y de disciplina.

Con esta ocasión, Claret y Xifré tuvieron que hablar de los estudiantes y de la posibilidad de que éstos hicieran los estudios en las casas de la Congregación. Así se deduce de una carta del 15 de junio de 1859 en la que el P. Fundador comunica­ba al P. Xifré que había hablado con el Sr. Nuncio sobre el asunto y que éste le había concedido que los estudiantes de la Congrega­ción pudiesen hacer los estudios en nuestras casas como si fuera en los seminarios[6]. Fueron unas facultades que, según se deriva de una carta del P. Fundador al Nuncio, fechada el 11 de ese mismo mes[7], le fueron concedidas oralmente en la conversación que debió de tener lugar tres días más tarde, el día 14 de junio.

Para obtener la facultad por escrito, el Nuncio debió de pedir a Claret que le hiciera una petición oficial y formal. Así lo hizo mediante carta del 28 de julio de 1859[8]. Días más tarde, el 11 de agosto, contestaba el Nuncio concediéndole la facultad por escrito y poniendo algunas observaciones en el oficio de la concesión[9].

El 12 de agosto el P. Fundador comunicaba al P. Xifré la facultad dada por el Nuncio[10] y le enviaba, a la vez, unos apuntes suyos, muy breves, sobre los estudios que se deberían hacer en la Congregación, intitulados «Plan de estudios de la Congregación de los Hijos del Inmaculado Corazón de María»[11]. Este documento tiene sobre todo un valor histórico porque es el primer documento formativo que escribió el P. Fundador para la Congrega­ción.

2.3. No obstante lo anterior, un hecho iba a perturbar la paz del P. Xifré en este asunto. El 25 de septiembre de l859 el P. General enviaba al P. Claret una solicitud para su tramitación ante la Santa Sede, en la que se pedía la aprobación del Instituto y de las Constituciones. También solicitaba varias gracias, entre ellas la facultad de que los estudiantes de la Congregación pudieran hacer los estudios en nuestras casas bajo la supervisión del Superior General. Era la misma facultad que el Nuncio había concedido verbalmente y por escrito al P. Fundador y a la Congregación y que el P. Xifré quería asegurar con una aprobación pontificia. La respuesta a la petición, que llegó un año más tarde, el 19 de octubre de 1860, fue negati­va[12].

Ante esta situación, el P. Xifré preguntó lógicamente al P. Fundador sobre el valor de la facultad concedida por el Nuncio un año antes. El P. Fundador tranquilizó al P. General y, a la vez, le prometió consultar al Nuncio para mayor seguridad. La respuesta de éste debió de ser positiva, como lo atestigua la carta que el P. Fundador escribió al P. Xifré el 12 de diciembre de 1860[13].

2.4. En la práctica, la Congregación usó de la facultad dada por el Nuncio como si nada hubiera acontecido. De hecho, el P. Fundador, que de una manera oficiosa conocía ya la negativa de la Santa Sede, aconsejó admitir, mediante carta del 29 de junio de 1860[14], a un estudiante, el futuro P. Donato Berenguer, quien todavía no había terminado la carrera eclesiástica, dando al mismo tiempo algunas normas para concluir sus estudios. El 3 de mayo de 1861 escribía al P. Xifré mostrando su satisfacción por haber instituido una cátedra de Derecho canónico y le daba algunas normas prácticas sobre oratoria, moral y conocimiento del francés[15].

 

2.5. De esta manera fueron comenzando los primeros centros formativos de la Congregación en Vic. En el año 1861 se inauguró el primer noviciado para sacerdotes y estudiantes, aunque el de hermanos debió de comenzar antes para atender a los candidatos que ingresaban. Del 1861 al 1868, año en el que la Congregación tuvo que abandonar España a causa de la revolución, existieron dos noviciados en Vic con sus respectivos maestros y reglamentos formativos[16].

También el escolasticado se inició probablemente en 1861 con los primeros admitidos, aunque ya con anterioridad se daban algunas clases. Hay una estadística que señala 5 estudiantes en el curso 64-65, 7 en el 65-66, 10 en el 66-67, 11 en el 67-68 y 11 en el 68-69. Entre los profesores se cuenta a los PP. Jaime Clotet, Bernardo Sala, Lorenzo Font, Pablo Vallier y Félix Bruch. Durante el verano se daban conferencias a cargo de los profesores anteriores y de otros, entre ellos el P. Xifré. Parece ser que el Maestro de estudiantes y sacerdotes novicios era también el Prefecto de los estudiantes profesos[17].

 3. Aceptación de estudiantes en las Constituciones (1862)

 3.1. Capítulo General de 1862

Del 7 al 14 de julio de 1862 se tuvo en Gracia la segunda Junta General de la Congregación (II Capítulo General), según prescri­bían las Reglas. Fue un Capítulo importantísimo bajo muchos aspectos, pero especialmente por el tema formativo.

Mediante decreto, que corregía el número 5 de las Constitu­ciones de 1857, se instituyó la clase de los «estudiantes». El texto constitucional quedaba de la siguiente manera: «La Congregación constará de sacerdotes, estudiantes y hermanos ayudantes». Asimismo se decidieron asuntos sobre el aspirantado, el noviciado, la consagración y la incorporación a la Congrega­ción.

Terminado el Capítulo, el P. Fundador se puso enseguida a trabajar sobre el primer documento formativo global, no sólo de estudios, de la Congregación. Según una carta al P. Xifré del 2 de agosto de 1862[18], el P. Fundador había entregado el 28 de julio en Segovia al P. Clemente Serrat el «Reglamento particular para los Estudian­tes» y el «Reglamento particular para el Pedagogo de los Estudian­tes de la Congregación»[19]. Los capítulos sobre los aspirantes, novicios, maestro y coadjutor fueron redactados unos meses más tarde, entre agosto y diciembre del l862, con el título de «Reglamento para los Aspirantes, Proban­dos y Estudiantes de nuestra Congregación y sus respectivos Maestros»[20]. De hecho, el P. Fundador remitió al P. Xifré todos los documentos de una manera definitiva el 20 de diciembre del 1862, como consta en la carta que le escribió ese mismo día[21].

El texto de estos Reglamentos formativos se incluyó como Apéndice en las Constituciones de 1857 y así fueron enviados a Roma para su aprobación en los primeros meses de 1863. Más tarde, los Apéndices pasaron a formar parte del texto constitucio­nal aprobado por un decenio el 25 de diciembre de 1865. Por último, quedaron establemente integrados en el texto de las Constitucio­nes cuando fueron éstas aprobadas definitivamente el 11 de febrero de 1870.

 3.2. Otros documentos formativos durante el año 1862

Con el fin de dar a conocer la Congregación, el P. Xifré escribió, en el año 1862, una «Instrucción importantísima para los aspirantes a la Congregación de Misioneros del Inmaculado Corazón de María». Se publicó por vez primera en la «Revista Católica», de Barcelona, el 20 de junio l862, antes del Capítulo general, y se reeditó en la misma revista, una vez celebrado el Capítulo, el 10 de Agosto del mismo año. La segunda publicación, con retoques de carácter apostólico hechos por el P. Fundador, se hace eco de los cambios introducidos en la Congrega­ción por el Capítulo[22].

Fruto también de lo tratado en el Capítulo fue el documento que el P. Xifré publicó a fines de septiembre, titulado «Máximas importantísimas en todo tiempo y para todos los Misioneros, pero con más especialidad para los que están en el año de proba­ción»[23].

 4. Orientaciones y documentos formativos entre 1862 – 1899

4.1. Ante algunas dificultades que el P. Xifré expuso al P. Fundador sobre la admisión de estudiantes, éste le contestó dándole varias soluciones. Y añade un pensa­miento que -dice el santo- «Vd. con los Srs. Consultores lo rumiarán». El pensa­miento del F. Fundador era sobre la posibilidad de admitir estudiantes, «de buena disposición, vocación y que prometan fundadas esperanzas», que completasen su formación humanística en la Congregación. Estos estudiantes podrían estar distribuidos por nuestras casas, hacer los estudios de Filosofía y Teología en los seminarios de las ciudades adonde fueran destina­dos y realizar algunas prácticas apostólicas u otras cosas compatibles con los estudios[24].

4.2. El P. Clotet, con la aprobación del P. General, publicó en 1886 un «Reglamento para los estudios de los Hijos de Inmacula­do Corazón de María»[25] y un programa de «Conferencias de los hermanos ayudantes»[26].

4.3. En el año 1888 el P. Xifré dispuso que se publicase un libro para la formación de los novicios, titulado «Prácticas Espirituales para uso de los novicios de la Congregación de los Hijos del Inmaculado Corazón de María»[27]. El mismo P. General es­cribió dos documentos sobre la formación en nuestros centros: «Avisos importantes a los profesores de los colegios», con fecha del 3 de noviembre[28] y «Avisos importantes a los estudian­tes profesos», con fecha del 20 de diciembre[29]. Finalmente, en 1894, redactó un «Reglamento para los Colegios de Postulantes del Instituto de Misioneros Hijos del Inmaculado Corazón de Ma­ría»[30].

5. Nuevo Plan de Estudios: Statuta pro studiis Congregatio­nis Filiorum Immaculati Cordis Beatae Mariae Virginis (1900-1922)

5.1. El VIII Capítulo General, celebrado en Vic en diciembre del año l899, pidió que se revisara y reformara el Plan de Estudios de la Congregación, estableciéndose una metodología para ello[31].

5.2. Después de una amplia consulta a los profesores de la Congregación, el Gobierno General elaboró un nuevo Plan de Estudios, que se publicó el 25 de agosto de 1900 con el título de «Statuta pro Studiis Congregationis Filiorum Immaculati Cordis Beatae Mariae Virginis»[32].

5.3. Ese Plan fue promulgado «ad experimen­tum» por tres años. Al terminar el trienio se hizo una consulta a los Superio­res, Prefectos y Profesores, pidiéndoles observacio­nes al respecto. Recogidas éstas, el Gobierno General introdujo unos cambios en los Estatutos, que fueron publicados el 10 de septiem­bre de 1903[33].

5.4. El IX Capítulo General extraordinario, celebrado en la Selva del Camp (abril-mayo de 1904), pidió que el Gobierno General estable­ciese una Comisión Permanente de Estudios para examinar, entre otras cosas, los Estatutos y el Reglamento vigentes y elaborar el Reglamento de los Prefectos[34]. Esta Comisión hizo nuevas observaciones a los Estatutos de Estudios, que se publica­ron el 14 de julio de 1904[35].

5.5. Los Estatutos fueron confirmados y publicados nuevamen­te en los años 1913 y 1916, con pocas correcciones y bastantes interpretaciones realizadas por la Comisión Permanente de Estudios. En este período no hubo cambios sustanciales, «en espera de lo que acerca de los estudios de los Institutos Religiosos tenga a bien resolver la Santa Sede»[36].

6. Ordo Studiorum Generalis (O.S.G.). XII Capítulo General de Vic (1922)

6.1. El XII Capítulo General, celebrado en Vic entre los meses de agosto-octubre del año 1922, varios años después de la promulgación del Código de Derecho Canónico (1917), pidió una nueva ordenación de los estudios en la Congregación.

6.2. Una Comisión, nombrada para este fin, estuvo trabajando durante siete años en la elaboración del Plan hasta agosto de 1929. El 12 de noviembre del mismo año, previa aprobación por parte del Gobierno General, fue promulgado «ad experimentum» por el P. Nicolás García, Superior General, con el nombre de «Ordo Studiorum Generalis pro Missionariis Congregationis Filiorum Immaculati Cordis Mariae Virginis», llamado comúnmente OSG.

6.3. Este Plan de Estudios recogió, además de las orienta­ciones del Capítulo, las propuestas de la Congregación canaliza­das a través de las Prefecturas de Estudio, y otros documentos de la Santa Sede, de Institutos y Congregaciones Religiosas, de Seminarios y Universidades Eclesiásticas.

6.4. El OSG del 1929 estuvo vigente en toda la Congregación durante casi treinta años. Sin embargo, un hecho importante iba a suscitar su revisión y adaptación. El 31 de mayo de 1956 el Papa Pío XII promulgó la Constitución Apostólica «Sedes Sapien­tiae» con los Estatutos Generales. En ella se pedía a las Congregacio­nes y a los Institutos religiosos una acomodación de sus Planes de Estudios a las normas y orientaciones de esa Constitu­ción Apostólica. La Congregación realizó la adaptación pedida, que fue promulgada el 7 de marzo de 1959, después de casi tres años de trabajo.

7. El C.I.A. y otros documentos formativos

7.1. Mención especial hay que hacer del «Codex Iuris Additicii» (CIA), que tuvo tres ediciones, con sus respectivas revisiones y adaptaciones (1925, 1940 y 1953). Aunque es un documento de marcado carácter jurídico, que recoge la legislación congregacio­nal desde el tiempo del P. Fundador[37], lo mencionamos aquí porque desarrolla, a través de normas y orientaciones, los principios que han regido la formación congregacional durante los años en que estuvo vigente.

7.2. Además del CIA, las «Circulares» de los Superiores Generales sobre la formación han sido siempre fuente de inspira­ción para nuestros centros formativos, de una manera especial las de los PP. Martín Alsina, Nicolás García y Gustavo Alonso[38].

7.3. También se pueden recordar aquí otros libros que, aunque no han sido documentos oficiales, sin embargo, han servido de orientación para la formación de los nuestros. Recordemos entre ellos «El Novicio Instruido», del P. Ramón Ribera[39], «El espejo del Postulante»[40] y el «Manual del Seminarista Claretia­no»[41].

8. Concilio Vaticano II. Capítulos Generales de Renovación (1967-1985)

8.1. El Concilio Vaticano II supuso un cambio profundo en la vida de la Iglesia y de los Institutos religiosos. Con él se inició un proceso de adaptación y acomoda­ción tanto de la vida religiosa como de la formación.

8.2. XVII Capítulo Especial de Renovación (1967).

Es un Capítulo de importancia trascendental para la vida y misión de la Congregación. Junto a las orientaciones concilia­res escucha y acoge las preocupa­ciones e inquietudes de toda la Congrega­ción. Con él se inicia un profundo y amplio proceso de renovación congrega­cional que se ha ido prolongando en los años posteriores.

A nivel formativo elaboró un documento titulado «Decreto sobre la Formación». Asume la doctrina y las orienta­ciones concilia­res sobre la formación y está, a la vez, enriquecido con los demás documen­tos elaborados por el Capítulo. En él se dan cambios muy radicales e innovadores para impulsar un nuevo estilo de formación. Es un documento de formación integral y no un simple plan de estudios; busca la renovación total de la formación, tratando todas las dimensiones, ámbitos y etapas del proceso formativo con gran amplitud y competencia pedagógica.

La formación está sólidamente fundamen­tada en el carisma claretiano recogiendo el espíritu del P. Fundador y la experiencia de la tradición congregacional. La finalidad de la formación es esencialmente misionera, indicando, desde el comienzo, que la dimensión apostólica ha de polarizar las demás dimensiones formativas[42]. Aun­que no deroga explicítamente el OSG, no obstan­te, al introdu­cir cambios tan sustan­ciales en la formación, éste quedó prácticamen­te derogado. Fue un documento clave para la renovación de la formación congregacional y sigue siendo todavía, por su riqueza carismática y pedagógica, una fuente constante de inspira­ción formativa.

El 6 de enero de 1973 se promulgaba el «Directorio General» pedido por el Capítulo Especial[43]. La parte segunda está casi toda ella dedicada a la formación, así como el capítulo XIII de la primera parte, donde se habla del perfeccionamiento en los estudios. En él se recogen los cambios aprobados por el Capítulo Especial, se conservan bastantes elementos del CIA y se introdu­cen, hasta el siguiente Capítulo General, próximo a celebrarse (1973), las facultades y orienta­cio­nes formativas de la Congrega­ción sobre el noviciado, según la «Instrucción Renovationis Causam» (1969)[44].

 8.3. XVIII Capítulo General (1973).

Es un Capítulo que continúa el proceso de renovación congregacio­nal, especialmente en la vida comunitaria.

Elaboró y promulgó otro documento formativo titulado «La Forma­ción». Es un documento que, partiendo del análisis de la realidad, estudia las crisis y dificultades que aparecen en la fenomenolo­gía formativa de la Iglesia y de las Congregacio­nes y ofrece líneas de solución a los problemas señalados de una manera concreta y operativa. Da orientaciones para la planificación de la pastoral vocacional, resalta la dimensión comunitaria en la formación, y da, por vez primera, criterios amplios y variados de formación permanente. Este Capítulo derogó el OSG[45] y la Comi­sión Permanente de Formación y Estudios creada en el Capítulo anterior[46].

El 7 de mayo de 1975 se promulgó el «Directorio CMF» que, según lo prescrito por el XVIII Capítulo General (1973)[47], es una reelaboración del anterior. Hay, por lo mismo, numerosos cambios en este nuevo Directorio: se centra más en los contenidos de los Capítulos Generales de 1967 y 1973 y se deja de citar el CIA, aunque sigue siendo una fuente de inspiración.

 8.4. XIX Capítulo General (1979).

Es un Capítulo que estudia profundamente la misión apostóli­ca de la Congregación en el momento actual y redacta un solo documento, llamado la «Misión del Claretiano Hoy» (MCH).

La MCH, aunque no trata de la formación ampliamente, sin embargo, da un principio global de gran importancia formativa[48] y varios criterios de formación permanente[49].

El 30 de mayo de 1982 se publicó el nuevo «Directorio CMF», que sustituyó, como se dice explícitamente en la presenta­ción, al CIA y a los anteriores Directorios. Su elaboración partió del Directorio anterior (1975) y asumió las orientaciones del último Capítulo General, particularmente lo referente a la MCH.

   8.5. XX Capítulo General (1985).

Se centró en la persona del claretiano y elaboró el documento «El Claretiano en el proceso de renovación conciliar» (CPR). Es un documento breve y programá­tico, con orientaciones muy concretas y particulares para la animación de la Congrega­ción.

El CPR habla de la formación como uno de los puntos centrales de la renovación del claretiano[50]. Entiende la forma­ción como un proceso «continuo», que dura toda la vida y cuya eficacia depende, sobre todo, del convencimiento personal; de aquí la necesidad de que cada cla­retiano ela­bore su plan personal de formación. Y da gran importancia a la realidad y a las experien­cias apostólicas, según las líneas de la MCH, en los procesos formati­vos.

El 24 de octubre de 1987 se promulgaba un nuevo «Directo­rio CMF». En él se asume, según lo acordado por el XX Capítulo General (1985), la acomodación de nuestra normativa al nuevo Código de Derecho Canónico promulgado el 25 de enero de 1983. Respecto a la formación, se introdujeron los cambios necesarios, según la nueva legislación de la Iglesia.

II. EL PLAN GENERAL DE FORMACIÓN (PGF)

 1. Antecedentes

1.1. En la Congregación han existido, ya desde el principio, planes de estudios, bien definidos, tanto para los Estudiantes como para los Hermanos. Estos planes, con distintas denomina­ciones, han tenido fundamentalmente una dimensión académica.

Desde el punto de vista global, aunque no se hayan elaborado planes en sentido estricto, la formación congregacional ha estado perfectamente vertebrada y orientada. Los Reglamentos escritos por el P. Fundador, las directrices de los PP. Xifré y Clotet, las decisiones de los Capítulos Generales y algunas de las Circulares de los Superiores Generales, junto a las diversas Constitucio­nes y el CIA, han sido las fuentes donde se han inspirado los formadores para el desempeño de su misión formati­va[51]. Asimismo ha existido en la Congregación una fuerte tradi­ción formativa, tanto oral como escrita, que ha ido pasando a las distintas generaciones de formadores y que se ha ido enriquecien­do con la experiencia, con los intercambios entre los centros formativos y con los comentarios a las Constituciones.

Por otra parte, no han faltado instrumentos formativos, bien ordenados y planificados, ni orientaciones pedagógicas precisas. El libro «Prácticas Espirituales para los Novicios de la Congregación», publicado por disposición del P. Xifré, tiene como objeto «hacer una como suma de las prácticas de nuestra muy amada Congregación», para la formación claretiana de los Novicios[52]. El P. Nicolás García, ya en el año 1932, al hablar de la formación espiritual, que ha de ser personaliza­da, afirmaba que ha de ser asimismo gradual, según «un plan de conjunto que deben (los Prefectos) desarrollar proporcio­nalmente al plan de estudios»[53]. Sus mismas circulares sobre la formación son verdaderos tratados de pedagogía claretiana, muy bien articuladas metodológicamente.

1.2. Es a partir del Concilio Vaticano II cuando se comienza a hablar de planes de formación en sentido estricto.

El Capítulo Especial de 1967 pidió en el Decreto sobre la Formación que se hiciera un Plan General de Formación para la Congregación, bajo la responsa­bilidad del Gobierno General[54]. Esta petición, junto a la elaboración de un Plan de Estudios, quedó recogida en el Directorio General del 1973, conforme a las indicaciones del Capítulo General[55], establecién­do­se también la promoción de planes provin­cia­les de formación para Estudiantes y Hermanos, y reglamentos locales para nuestros Colegios[56]. En esta misma línea se expresó el Directorio de 1975[57].

En el Directorio de 1982 desaparece lo que se decía del Plan General de Formación en los Directorios anteriores, pero se insiste en los planes de formación a nivel provincial y local y en el plan formativo para los Hermanos[58]. Y en las Constituciones de ese mismo año, al hablar de los misioneros en formación y su prefecto, se dice que se haga «según nuestra propia programación formativa», en sentido general[59].

De nuevo aparece el tema del Plan de Formación en las Constituciones de 1986; en ellas no se habla de formar según nuestra programación formativa como en las anteriores, sino «según nuestro propio plan de formación» y tomando como fuente el canon 659.2 del nuevo Código de Derecho Canónico (1983)[60]. El Directo­rio de 1987 habla también del plan, pero en un sentido muy amplio y en referen­cia al canon 650.1 del nuevo Código[61]; no se habla de un Plan General de Forma­ción para la Congregación en sentido estricto, sino del plan de formación, como proyecto formativo, en él se han de formar los llamados a la vida claretiana y que ha de integrar los elementos que se señalan en el Directorio. Estos elementos se ofrecen para la elaboración de los planes provincia­les y locales de formación, sobre los cuales se sigue insistiendo. Por último, una vez más, se pide el plan de formación para los Hermanos[62].

1.3. La Congregación, durante todo este período, trabajó en el sector formativo con verdadera creatividad, teniendo en cuenta, entre otros, los siguientes criterios y líneas de acción:

-Aplicación de las Constituciones, Directo­rio y Documentos Capitulares a la formación.

-Elaboración de los planes provincia­les y locales de formación, tanto inicial como permanente.

-Confección del programa sistemáti­co de inicia­ción apostóli­ca.

-Búsqueda de líneas comunes e inculturadas en las áreas congregaciona­les, a través de encuen­tros y reuniones de formado­res y formandos.

No obstante, poco a poco se fue viendo la necesidad de tener, además de los principios de las Constituciones y de las orientaciones pedagógicas del Directorio, un Plan de Formación propio, que recogiese la riqueza formativa, teórica y práctica, de la Iglesia y de la Congregación de la etapa posconci­liar. En el sexenio 79-85 se habló de una especie de «vademécum» que recogiese los temas formativos más importan­tes. En los encuentros y en los cursos de formadores con frecuencia se solicitaba al Gobierno General que lo elabora­se. El Superior General, Gustavo Alonso, en su circular «Claretianos en formación» afirma que es «una materia pendiente»[63]. El criterio del Gobierno General, en el sexenio 1985-1991, fue que el Plan de Formación debería tener el consenso y apoyo de toda la Congregación y que, por lo mismo, la cuestión debería ser tratada en el siguiente Capítulo General.

2. El XXI Capítulo General (1991)

2.1. Elaboró la declaración «Servidores de la Palabra» (SP). Respecto a la formación se dice que uno de sus aspectos nucleares ha de ser la iniciación en el ministerio de la Palabra, entendido como un auténtico modo de ser, de actuar y de significar[64].

Después de un proceso de discerni­miento, el mismo Capítulo aprobó la propuesta de elaborar un PGF en los siguientes términos:

«Durante el sexenio se ha de elaborar un Plan de Formación para la Congregación en el que se recojan los núcleos esenciales de nuestro carisma.

La Prefectura General habrá de responsabilizarse de esta elaboración contando con la ayuda de una Comisión Interna­cional en la que estén presentes las distintas áreas culturales de la Congregación. Será objeto de estudio y revisión en las Provincias antes de su promulgación por el Gobierno General»[65].

3. Decisiones del Gobierno General

Terminado el Capítulo, el Superior General, Aquilino Bocos, promulgó la resolución capitular el 4 de octubre[66].

Poco después, el Gobierno General, en el Consejo del 14 de diciem­bre, tomó las siguientes decisio­nes: nombra­miento de la Comisión Interna­cional de Formación (CIF) conforme a unos criterios adecuados y aprobación de la metodolo­gía para elaborar el PGF. Respecto a este último punto, eligió, entre los miembros de la CIF, una primera Comisión reducida para hacer el trabajo preparatorio y sucesivamente se señalaron el lugar y las fechas concretas para las dos reuniones siguientes.

4. La Comisión Internacional de Formación

El Gobierno General, al nombrar la Comisión Internacio­nal[67], eligió a personas que tuviesen experiencia en el campo vocacional y formativo y que representasen todos los sectores y áreas de la Congregación.

5. Metodología del proceso de elaboración del PGF

El PGF se ha elaborado siguiendo un proceso, aprobado por el Gobierno General en todos sus pasos y momentos.

5.1. En primer lugar, la Comisión reducida[68] se reunió en Roma del 1 al 7 de febrero de 1992. La reunión tuvo como objetivos elaborar un esquema del PGF y preparar la reunión general de la CIF de abril-mayo de 1992.

5.2. Posteriormente, la CIF celebró su encuentro en Roma del 23 de abril al 15 de mayo de 1992. El objetivo del mismo fue la elaboración del proyecto de PGF que sería enviado a toda la Congregación para su estudio y revisión.

A lo largo del encuentro se elaboraron tres redacciones y, al final, se pidió al Gobierno General que nombrara una segunda Comisión reducida, entre los miembros de la CIF, para completar algunos traba­jos que aún faltaban por hacer.

Se encomendó también a algunos peritos en diversas áreas la revisión del texto y la preparación de algún Apéndice[69].

Y aprovechando la oportunidad del Encuentro de Superiores Mayores de la Congregación (5-21 de octubre de 1992), se les presentó el proyecto del PGF (todavía sin los Apéndices), se les informó del proceso seguido para su elabora­ción, y al final se recogie­ron algunas aportacio­nes y sugerencias globales hechas por ellos.

Por último, el texto fue traducido al inglés[70].

5.3. La segunda Comisión reducida, nombrada por el Gobierno General[71], tuvo dos reuniones (julio y diciembre de 1992). En ellas, la Comisión perfiló el texto del proyecto del PGF con las últimas sugeren­cias dadas por los miembros de la CIF, integró las observacio­nes de los peritos consultados y de los Superiores Mayores y elaboró los Apéndices.

De esta manera, la Comisión completó el texto del PGF en su cuarta redacción.

5.4. Esta cuarta redacción del texto fue presentada por el Prefecto de Formación al Gobierno General en los Consejos celebrados a principio de 1993 (2-15 de enero). El Gobierno General determinó que fuera enviado a la Congregación para su estudio, aprobando, a la vez, el proceso y la metodología de la consulta y dando el plazo de un año aproximadamente para responder a ella (hasta el 1 de diciembre de 1993).

5.5. El 1 de enero de 1994 se termi­nó la ordenación de las «Aportaciones de la Congregación» al PGF. Del 17 al 21 del mismo mes, la segunda Comisión reducida se reunió en Granada para comenzar el trabajo de integra­ción de las aportaciones de la Congregación y así agilizar la tarea de la CIF. Ésta, reunida en Roma del 22 de mayo al 11 de junio, concluyó el trabajo de integración de las aportaciones y preparó el texto definitivo para ser propuesto a la aprobación del Gobierno General.

5.6. Durante los días 20-25 de junio próximos, el Gobierno General se reunirá en su totalidad, para estudiar el texto definitivo del PGF en orden a su aprobación y publicación[72].

6. Características del PGF

Además de las características que aparecen en la Introducción del PGF, conviene destacar las siguientes:

6.1. El texto aprobado y publicado por el Gobierno General contiene la quinta redacción del PGF.

6.2. En todo momento se ha buscado la mayor participa­ción posible de la Congrega­ción en la elaboración del PGF. Además de las aportaciones específicas de la CIF y de los peritos, los Organismos Mayores fueron consultados durante un tiempo suficiente para que lo estudiasen y ofreciesen sus observaciones y sugerencias al mismo.

6.3. Entre los diversos nombres con que se le podría haber denominado (plan, guía, ratio, orientaciones, compendio, etc.), ha parecido mejor llamarlo Plan General de Formación. En primer lugar, por ser el nombre con que se le ha venido llamando en la Congregación durante los últimos años y, como tal, fue aprobado para su elaboración en el último Capítulo General. Y, en segundo lugar, porque las orientaciones pedagógicas para la formación de nuestros misioneros se ofrecen de una manera metodológica y planificada; es decir, se presentan de una manera orgánica y gradual y según un proceso con diversas etapas formativas bien definidas.

6.4. La amplitud del PGF ha tenido una consideración especial. Se ha optado por un término medio. Ha parecido oportuno desarrollar con cierta amplitud los elementos carismáticos de la formación claretiana (que de alguna manera podrían haber sido simplificados) en orden a facilitar la misión formativa de las comunidades; se ha conside­rado que en la situación actual de la Congregación, una síntesis orgánica de los principios y orienta­ciones formativos, suficien­temente amplia, podría ayudar más eficazmente a la formación. Por otra parte, no se ha querido que el PGF fuera un documento exhausti­vo en todos los puntos que trata, particularmente en el desarrollo de la pastoral vocacional y de las etapas formativas. Las referencias a las fuentes origina­les y los apéndices permiten ampliar y profundizar sus conteni­dos.

6.5. El PGF es un instrumento fundamentalmente pedagógico con una fuerte impronta claretiana, tal como lo había pedido el Capítulo General.

-Como instrumento pedagógico está orientado a la formación de los claretianos. El PGF, en primer lugar, expone y desarrolla, de una manera orgánica y pedagógi­ca y en perspectiva universal, los principios y normas formativos que aparecen en el Código de Derecho Canónico, en las Constitu­ciones, en el Directorio y en otros documentos de la Iglesia y de la Congregación. Y, en segundo lugar, ha querido traducir en clave pedagógica otros conteni­dos, no explícitamente formativos, de nuestro proyecto de vida misionera para facilitar una mejor trasmisión y asimilación en el proceso de formación.

-Como instrumento claretiano, intenta asumir, sobre todo, los núcleos esenciales de nuestro carisma; por lo mismo, acentúa, sin menoscabo de otros elementos formativos necesa­rios, aquellos que son más propios de nuestro proyecto específi­co. Además, el PGF presenta el carisma, no de una manera sintética y esencialis­ta, sino pedagógica y en orden a la formación, para facilitar su transmi­sión a las nuevas generacio­nes; recoge las experien­cias de formación que se han realizado o se vienen realizando en los Organismos de nuestra Congregación; y expresa los rasgos de nuestra identidad de modo que queden salvadas, por una parte, su universa­li­dad y su unidad y, por otra, la particula­ridad y la diversificación de sus expresiones concretas. Por último, ofrece, como propuesta pedagógica, la alegoría de la Fragua. Entendida como proceso carismático y pedagógico vivido por nuestro Funda­dor, la Fragua puede ser una inspiración simbólica, que ayude a interpretar e iluminar las diversas etapas del proceso formativo de los claretianos.

Jesús Mª Palacios, cmf

Prefecto General de Formación

  Roma, 11 de junio de 1994

Solemnidad del Corazón de María


     [1] cf CC (1857) nn 5, 41.

     [2] cf J. ÁLVAREZ GÓMEZ, CMF, Misioneros Claretianos: I, Retorno a los orígenes, Madrid 1993, 415-416.

     [3] Carta del 4 de agosto de 1858: EC I, p 1623.

     [4] Carta del 30 noviembre 1858: EC I, p 1678.

     [5] El primer estudiante que ingresó en la Congregación fue Hilario Brossosa. Recién ordenado diácono, fue admitido el 1 de julio de 1858 (cf MARIANO AGUILAR, Historia de la Congregación de Misioneros Hijos del I. Corazón de María, tomo I, Barcelona 1901, 100).

     [6] cf EC I, p 1788.

     [7] cf EC I, p 1783.

     [8] cf EC I, p 1835.

     [9] cf AG CMF: CF 11, 22, 9.

     [10] cf carta del 12 de agosto de 1859: EC II, p 16.

     [11] cf J. M. LOZANO, Constituciones y textos sobre la Congrega­ción de Misioneros, Barcelona 1972, 609-610.

     [12] cf AG CMF: BA, 2, 3, 1.

     [13] cf EC II, p 210.

     [14] cf EC II, p 147.

     [15] cf EC II, p 279.

     [16] cf C. FERNÁNDEZ, La Congregación de los Misioneros Hijos del Inmaculado Corazón de María, vol I, Madrid 1967, 237-238.

     [17] cf C. FERNÁN­DEZ, o.c, 242-247.

     [18] cf EC II, p 509.

     [19] cf A. LARRAONA, Los Capítulos de las Constituciones relativos a los estudiantes y al Prefecto: Studia Claretiana 1 (1963) 8-41. También han sido publicado por J.M. LOZANO, o.c., 289-298 y por J. Mª VIÑAS en «Cuadernos de Formación Claretiana», 1, Roma 1987.

     [20] cf J. M. LOZANO, o.c., 281-288; J.M. VIÑAS, en «Cuadernos de Formación Claretiana», 2, Roma 1988.

     [21] cf EC II, p 576.

     [22] cf LOZANO, o.c., 618-625.

     [23] cf LOZANO, o.c., 647-648.

     [24] cf. Carta del 17 de septiembre de 1867: EC II, p 1198.

     [25] cf Boletín Religioso CMF 2 (1886) 231, 260, 277 y 294.

     [26] cf Boletín Religioso CMF 2 (1886) 365.

     [27] Imp. Don Luis Aguado, Madrid 1888.

     [28] Imp. Antonio Pérez, Madrid 1889.

     [29] Imp. Antonio Pérez, Madrid 1890.

     [30] Imp. San Francisco de Sales, Madrid 1894.

     [31] cf Anales CMF, 21 de junio de 1900, p 515.

     [32] cf Anales CMF, 25 de Agosto de 1900, p 577.

     [33] cf Anales CMF, 10 de septiembre de 1903, p 253.

     [34] cf Acta del Capítulo, sesiones 23 y 24.

     [35] cf Anales CMF, 14 de julio de 1904, p 553.

     [36] cf Anales CMF, 20 de septiem­bre de 1913, p 239, y 9 de septiembre de 1916, p 621.

     [37] cf Praefatium, ed. de 1925.

     [38] cf Apéndice 1.

     [39] R.RIBERA, El Novicio Instruido, Madrid 1931.

     [40] CMF, Espejo del Postulante o sea Directorio para los Postulantes Hijos del Inmaculado Corazón de María, Vich 1917. Es la segunda edición de esta obra. La primera, publicada sin fecha y sin lugar, dice así: Espejo del Postulante o sea Directorio para los Postulantes del Colegio de Vich: AG. CMF, 10, 1, 13.

     [41] PREFECTURA GENERAL DE FORMACIÓN, Manual del Seminarista Claretiano, Madrid 1962.

     [42] cf 1F 2.

     [43] cf XVII Cap. Gen. Apéndice II, pp 511-512.

     [44] cf Annales, CMF l970, 293-319.

     [45] cf 2F 31.

     [46] cf 1F 162-164.

     [47] cf XVIII Cap. Gen., Carta Abierta, n. 26.

     [48] cf MCH 228.

     [49] cf MCH 48, 135, 137.

     [50] cf CPR 66-71.

     [51]«No debe el Misionero claretiano ir a mendigar en otros Institutos modos, métodos, actuaciones (de formación); todas estas cosas son muy dignas de respeto; pero no son su forma ni su tipo, porque Dios no le ha dado ese modo de ser y de actuar, sino el que inspiró al Beato Padre Fundador. Los Formadores deben tener un concepto claro, preciso, vivo, de la forma claretiana, de la ascética claretiana, del apostolado claretiano, del ser y del vivir claretiano. Ese ser, ese actuar y esa forma están claros en nuestras Santas Constituciones, en nuestro Código adicional, en las Circulares de los Superiores Generales; están en la tradición…Esa forma la encontrarán brillante en la vida de nuestro Beato Padre Fundador y en las vidas de los Confundado­res; en los libros de Ascética de los nuestros, en el espíritu de la Congregación, Apuntes para los Hermanos Ayudantes, Reglamentos de Colegios, de Estudios, Noviciados; Reglamento de Misiones y Ejercicios Espirituales, Instrucciones a Superiores, Profesores, Maestros, etc.» (NICOLAS GARCIA, Circular sobre Formación Religiosa, Misionera y Claretiana, 5 de Junio de 1947: Annales 39 (1947) 73).

     [52] Introducción, p 6.

   [53]«Esta idea del Misionero no se realiza de golpe; hay que irla concretando poco a poco en los jóvenes Misioneros; la gracia sigue de ordinario, o se acomoda, a la naturaleza; por eso los Prefectos deben tener un plan de conjunto que deben desarrollar proporcionalmente al plan de estudios; quiere decirse que, así como hay una progresión creciente en los estudios y ciencias, así debe haberla en la virtud» (NICOLÁS GARCÍA, Circular sobre la buena formación de nuestros Estudiantes, 16 de abril de 1932: Annales 28 (1932) 236).

     [54] cf 1F 84.

     [55] cf 1F 84, 169.

     [56] cf Dir 265-267, 303-305.

     [57] cf Dir 212-214, 247-249.

     [58] cf Dir 173 252.

     [59] cf CC 72.

     [60] cf CC 72.

     [61] cf Dir 156; cf también 173, 236.

     [62] cf Dir 167, 236.

     [63] cf CF, conclusión.

     [64] cf SP 21.

     [65] cf Acta 14, 13 de septiembre de 1991: Annales 60 (1991) 253.

     [66] cf Annales 60 (1991) 252-253.

     [67] La Comisión Internacional estuvo constituida por los siguientes miembros:

– Por el GOBIERNO GENERAL: PP. Jesús Mª Palacios, Prefecto General de Formación, y Gaspar     Quintana, Secretario General.

-Por ACLA: PP. Segundo Alonso, de Canadá‑Camerún, y Charles Amadi, de Nigeria.

-Por ASCLA: PP. Antonio Paneque, de East Asian Delega­tion, y Cyriac Njayarkulam, de la Provincia de Bangalore.

-Por CEC: PP. Franco Incampo, de Italia, y Piotr Liszka, de Polonia.

-Por CICLA: PP. Antonio Rangel, de México, y Bras Lorenzet­ti, de Brasil Meridional.

-Por IBERIA: los PP. Gonzalo Fernández, de Castilla, y Miguel Fernández Fariñas, de Bética.

-Por NACLA: P. Lawrence Christian, de U.S.A. West.

-Por los HERMANOS: H. Israel Rivera, de Colombia Occidental.

-Por los ESTUDIANTES: el E. Branco Cestnik, de Eslovenia.

     [68] La Comisión reducida la formaban los PP. Jesús Mª Palacios, Gaspar Quintana, Franco Incampo y Gonzalo Fernández.

     [69] Fueron los PP. Jesús Alday (Euskale­rría), Domingo Andrés (Jurídico, Roma), Jesús Bermejo (Curia General), Javier Fernández (Argenti­na) y José Mª Viñas (Curia General).

     [70] La traducción fue realizada por el P. Joseph C. Daries, de la Provincia de USA-WEST.

     [71] La Comisión estuvo formada por los PP. Jesús Mª Palacios, Gonzalo Fernández y Miguel Fernández Fariñas.

     [72] Durante todo el proceso de elaboración del PGF han colaborado constantemente en los trabajos de secretaría los PP. Santiago González y Antonio Sanz (Curia General).