Segunda Parte – Capítulo 7- Etapa de pastoral vocacional y de acogida

Capítulo 7

Etapa de pastoral vocacional y de acogida

1. La pastoral vocacional en la Iglesia

278. Toda vocación es un don del Espíritu para edificar la Iglesia y servir al mundo. Es tarea de la comunidad cristiana suscitar, acoger y cultivar, con todos los medios posibles, vocaciones laicales, consagradas y sacerdotales. Por ello, necesitamos promover una nueva mentalidad sobre la común responsabilidad de todos respecto de las vocaciones.

279. La pastoral vocacional se sitúa en la acción evangelizadora de la Iglesia como una dimensión esencial[1] . Por lo mismo, debe estar inserta en la pastoral orgánica, y encarnada en la realidad de cada persona y de su contexto social, de sus preocupaciones y necesidades, de acuerdo a la etapa evolutiva en que se encuentre.

280. La comunidad cristiana está urgida, de una manera particular, a impulsar y apoyar la pastoral de las vocaciones sacerdotales y religiosas, ante todo, con una vida coherente y testimoniante, hasta generar una verdadera *cultura vocacional. [2]

2. La pastoral vocacional en la Congregación

2.1. Finalidad

281. La finalidad de la pastoral vocacional es contribuir a que las personas descubran su propia vocación y respondan a ella, y que quienes se sienten atraídos a nuestro Instituto lleguen a hacer su opción personal por Cristo y crezcan en su vocación de servicio a la Iglesia en la comunidad claretiana.[3]

2.2. Niveles

2.2.1. Pastoral en sentido amplio

282. El Señor, que es quien concede el don de la vocación, llama a quien quiere y como quiere. Por eso, la pastoral vocacional claretiana, inserta en la misión de la Congregación, está abierta a todas las vocaciones con que el Espíritu Santo enriquece a la Iglesia. En consecuencia, nuestra pastoral vocacional suscitará y promoverá vocaciones para la Iglesia en todos los ámbitos y sectores de la comunidad cristiana y por todos los medios posibles.[4]

2.2.2. Pastoral juvenil vocacional

283. El período juvenil es el período privilegiado, aunque no el único, para la opción vocacional.[5] Por lo mismo, la juventud requerirá una atención y un tratamiento especiales por ser el sector de la comunidad cristiana más adecuado para la propuesta vocacional.

284. La pastoral juvenil ha de tener siempre una perspectiva vocacional en sentido amplio. Como tal, es la acción de la comunidad eclesial que acompaña y ayuda a los jóvenes, a partir de la realidad, a descubrir y seguir a Jesucristo, personal y comunitariamente, y a alcanzar la madurez suficiente para asumir un compromiso desde los valores del Evangelio y optar vocacionalmente en la Iglesia por un estado de vida (seglar, consagrado, sacerdotal).

285. La pastoral vocacional es parte constitutiva de la pastoral juvenil. Una pastoral juvenil que no llevase a los jóvenes a asumir su propia opción ante el Señor se debe considerar como incompleta.[6] Por lo mismo, la pastoral juvenil vocacional debe preparar el momento más adecuado para presentar la propuesta vocacional y para promover vocaciones para la Congregación y la familia claretiana.

2.2.3. Pastoral vocacional claretiana

286. La pastoral vocacional claretiana es la que, de una manera directa, suscita y acompaña las vocaciones que el Señor concede a la Congregación. Implica un planteamiento inicial directamente claretiano y un acompañamiento vocacional de los que se sienten llamados a nuestro Instituto.

287. La pastoral vocacional claretiana, en cualquiera de sus expresiones, debe acentuar los rasgos esenciales de nuestro carisma: el servicio misionero de la Palabra, la urgencia evangelizadora, la referencia comunitaria y eclesial y la dimensión mariana. Los jóvenes encuentran en María una fuente interior de generosidad y de fuerza para responder a la llamada de Dios. [7]

2.3. Objetivos

288. Los objetivos señalados a continuación están en relación con los niveles descritos anteriormente. Son los siguientes:

  • Provocar un decidido interés por las vocaciones en todos los sectores del Pueblo de Dios con quienes nos relacionamos, principalmente a través de la acción apostólica.[8]
  • Suscitar en todos los claretianos la conciencia de su responsabilidad respecto de las vocaciones y estimularlos al compromiso en la pastoral vocacional, según las posibilidades de cada uno y en el marco de misión en que están trabajando.
  • Potenciar una pastoral juvenil que incluya la dimensión vocacional y que, mediante un proceso de discernimiento, promueva la opción por la vida claretiana.
  • Proponer la imagen clara, completa y realista de la vocación misionera, tal como se realiza en la Familia Claretiana, e invitar a su seguimiento.
  • Presentar la vocación claretiana en su triple realización: laical, diaconal y presbiteral.
  • Cuidar y acompañar a las personas y grupos que desean vivir nuestra experiencia de vida misionera, ayudándoles a responder conscientemente a la llamada de Dios.

2.4. Dinamismos y medios de animación vocacional

289. El Espíritu del Señor llama al seguimiento de Jesús de muchas maneras y a través de los medios más insospechados. Por eso, es necesario:

  • Sembrar con abundancia y creatividad la palabra vocacional por todos los medios posibles, también en los niños y adolescentes, a fin de que la propuesta de seguir a Jesús sea ampliamente conocida y valorada.[9]
  • Prestar atención a los signos vocacionales en los que pueden ser llamados.

290. La oración es un dinamismo fundamental para promover las vocaciones. Es el que nos propuso el mismo Jesucristo.[10] Debe, por lo mismo, ocupar siempre un puesto preeminente. La oración vocacional es también estímulo para que los jóvenes y adultos se interroguen a sí mismos a fin de descubrir la propia vocación.[11]

291. Asimismo, el acompañamiento personal permite detectar y acompañar con profundidad las inquietudes y signos vocacionales que aparecen en los posibles llamados. Por ello, es preciso considerarlo un medio imprescindible en nuestra pastoral.

292. Otros medios y actividades para la tarea vocacional pueden ser:

  • Las propuestas vocacionales explícitas por medio de contactos personales, especialmente en las conversaciones, en la confesión y la dirección espiritual.
  • La liturgia, bien celebrada.
  • La catequesis, en sus diversos niveles (infantil, adolescente, juvenil).
  • Las acciones y compromisos de caridad, ayuda y solidaridad con los más pobres y necesitados.
  • La predicación, sobre todo, las misiones populares, ejercicios espirituales, retiros y convivencias.
  • Las experiencias misionales en las Iglesias en formación.
  • Las marchas vocacionales y las peregrinaciones a lugares religiosos significativos (santuarios marianos, lugares claretianos).
  • Las jornadas vocacionales especiales, en los fines de semana y durante los períodos de vacaciones.
  • Los campos-escuelas y los campamentos vocacionales durante un período de tiempo suficientemente largo para desarrollar la experiencia vocacional.
  • Las semanas vocacionales en nuestros centros apostólicos.
  • La celebración de las fechas vocacionales eclesiales (día mundial de oración por las vocaciones, día de las misiones y otras) y claretianas (fiesta del Corazón de María, del Fundador, de los Beatos Mártires de Barbastro y otras).
  • La participación en ordenaciones, profesiones y fiestas de la Congregación.
  • La información vocacional (por medio de hojas, calendarios y folletos; en periódicos y revistas; a través de exposiciones vocacionales y misionales; mediante visitas a centros educativos).[12]

293. Entre los modos y estructuras se señalan:

  • Las estructuras de animación, especialmente los equipos y centros vocacionales.
  • Las planificaciones vocacionales según los diversos tipos de pastoral vocacional: el plan vocacional global para todo el Organismo, el proyecto de pastoral juvenil-vocacional y el proyecto de pastoral vocacional claretiana.
  • Los centros de orientación psicopedagógica y los de orientación vocacional en sentido más restringido, con especialistas claretianos y no claretianos y con programas bien definidos.

2.5. Ambitos de la pastoral vocacional

294. Como ámbitos se indican:

  • La familia, por su influencia decisiva en la educación básica de la persona, particularmente en la educación religiosa y en la elaboración del proyecto futuro de los hijos.
  • La comunidad cristiana en general y, en particular, las comunidades eclesiales de base, juveniles y otras.
  • La comunidad parroquial, integrada por diversos grupos, movimientos, comunidades, con actividades pastorales apropiadas.
  • La comunidad educativa de los colegios, donde aúnan sus esfuerzos los alumnos, profesores, padres y madres, antiguos alumnos, personal de servi-cio y comunidad claretiana.
  • La pastoral universitaria.
  • Las escuelas y talleres de diverso tipo: de oración y de lectura y reflexión sobre la Palabra de Dios; de formación de seglares, de catequistas y animadores pastorales.
  • Los grupos de preparación para la eucaristía y, en especial, los de la confirmación.
  • Los grupos juveniles apostólicos.
  • Las asociaciones cristianas en torno a un centro apostólico de una parroquia, colegio o casa misión[13].
  • Los centros de acogida prevocacional, en los que jóvenes con buenas cualidades y simpatía hacia la Congregación, pero sin signos vocacionales claros, disciernen su posible llamada.

2.6. Responsables: personas, comunidades y equipos

295. La pastoral vocacional es una actividad que concierne a todos los miembros de la Congregación[14] y, por lo mismo, ha de ser un compromiso prioritario, que exige de todos un testimonio personal y comunitario de vitalidad misionera y respuestas y acciones concretas.[15] Todo claretiano debe impulsar esta tarea y colaborar en ella mediante la oración, el ejemplo de vida, el compromiso apostólico y la acogida de los que el Señor llama a la Congregación. [16]

296. Cada comunidad, consciente de la necesidad de orar y de trabajar por las vocaciones, ha de procurar:

  • Programar, dentro del proyecto comunitario, momentos especiales de oración por las vocaciones para la Congregación, la Familia Claretiana y toda la Iglesia.
  • Estar abierta a la cooperación en la tarea vocacional, incluyendo dentro de su obligada planificación pastoral el tipo de trabajo vocacional más apropiado a su vida y misión, promoviendo actividades que favorezcan el conocimiento del carisma y misión claretiana[17] y acogiendo con interés las vocaciones suscitadas por el Señor.
  • Designar algún miembro de la misma para que se responsabilice más directamente de esta labor[18], el cual coordinará las actividades que se realicen y la relación con el equipo de pastoral vocacional del Organismo respectivo.

297. En todos los Organismos mayores ha de haber al menos un claretiano dedicado a tiempo pleno a la pastoral vocacional. Se ha de constituir asimismo un equipo de pastoral vocacional, que trazará los planes de pastoral vocacional del Organismo y se encargará de la animación vocacional de toda la Provincia o Delegación, especialmente en coordinación con la pastoral juvenil-vocacional.[19]

298. Entre las tareas del equipo vocacional están:

  • Fabricar el plan vocacional propio en el Organismo y seguir su aplicación.
  • Estimular la participación de cada claretiano y comunidad en este ministerio, proporcionando los elementos que sean necesarios.
  • Dinamizar la organización de la pastoral juvenil-vocacional y los planes locales de pastoral vocacional en los demás centros apostólicos. El equipo trabajará en estrecha colaboración con los responsables de las comunidades y centros apostólicos, coordinando los esfuerzos en este campo.[20]
  • Animar y acompañar a las personas y grupos que se sienten llamados a la Congregación con actividades y medios apropiados, según las circunstancias, y ayudarles al discernimiento personal de la vocación.
  • Evaluar periódicamente el funcionamiento y la validez de la pastoral vocacional.

299. Es aconsejable que en los equipos vocacionales intervengan y participen activamente seglares, religiosas y religiosos, y, de manera especial, los miembros de la Familia Claretiana. El equipo vocacional así compuesto ha de promover vocaciones para toda la Iglesia y, en particular, para nuestra Familia Claretiana.[21]

300. Es igualmente aconsejable que exista cooperación e intercambio entre los distintos equipos de pastoral vocacional a nivel interprovincial, en orden a la ayuda mutua y a la clarificación de objetivos y líneas de acción. A tal fin se procurará organizar encuentros periódicos.[22]

2.7. El proceso vocacional

2.7.1. Fases del proceso

301. El proceso de descubrimiento de la vocación se presenta pedagógicamente en varias fases en las que se suele dar una interacción entre la actuación pedagógica de los responsables vocacionales y la respuesta del candidato. Las principales son:

  • Suscitar para despertar. Se trata de crear y desarrollar un ambiente favorable para que el joven descubra la vocación a partir de los desafíos y realidades circundantes. Este ambiente se puede crear mediante la oración, la lectura y escucha de la Palabra de Dios, la reflexión, la predicación y el ejercicio del sacramento de la penitencia, la organización de encuentros, retiros y convivencias vocacionales y la propuesta personal directa.
  • Acompañar para clarificar. Se trata de procurar una relación más asidua con el candidato para ayudarle a aclarar y profundizar sus inquietudes vocacionales. Este acompañamiento se realiza mediante visitas, entrevistas, correspondencia, visitas a la familia, conocimiento del entorno, presentación de nuestro carisma misionero, ofrecimiento de contacto con grupos apostólicos y ayudas específicas para superar los obstáculos y las dificultades.
  • Ayudar para decidir. Se trata, finalmente, de admitir al candidato en alguna de nuestras formas de acogida o de ayudarle a proseguir su clarificación vocacional por otros caminos.

2.7.2. Responsables

302. El servicio de discernimiento y acompañamiento de la vocación es imprescindible para que el proceso vocacional desemboque en una opción. Se trata de un auténtico ministerio que requiere aptitudes especiales y, sobre todo, una fe profunda. Quienes estén al frente de la pastoral vocacional han de distinguirse por su:

  • Madurez vocacional, ya que sólo quien valora su propia vocación y la vive gozosamente, como don de Dios, puede ser capaz de irradiarla.
  • Coherencia de vida para impulsar con sus actitudes a quienes se sienten llamados por el Señor.
  • Capacidad de orientar al joven en el discernimiento progresivo de su vocación.[23]
  • Confianza en las posibilidades espirituales y vocacionales de la juventud.
  • Facilidad para sintonizar con los jóvenes, orientando sus inquietudes e incertidumbres.

303. Dentro del equipo vocacional del Organismo mayor habrá quienes se encarguen del estudio serio y responsable de los candidatos, según su edad y desarrollo, en orden a un discernimiento lo más acertado posible. Para este discernimiento debemos contar con la ayuda de las comunidades cristianas y de sus responsables. Debemos servirnos también, si se juzga necesario, del *curriculum vitae+ y de los medios psicotécnicos, quedando siempre a salvo el derecho a la intimidad de cada persona. [24]

2.7.3. Criterios generales de discernimiento

304. Los criterios generales de discernimiento permiten verificar, tanto al candidato como a la Congregación, si existen signos positivos de verdadera vocación. [25]

305. Los criterios señalados por la Iglesia y la Congregación son los siguientes: [26]

  • Recta intención con motivaciones e intereses vocacionales auténticos y válidos.
  • Plena libertad a la hora de optar por la vida religiosa y, en particular, por la Congregación.
  • Índole, es decir, temperamento, carácter y personalidad apropiados, especialmente para la vida de comunidad y el servicio a los demás.
  • Cualidades requeridas para vivir la vida claretiana y cumplir la misión de la Congregación. Entre ellas, buena salud física y psíquica, suficiente nivel intelectual, madurez y equilibrio psicológico según la edad de la persona; y cualidades morales y espirituales adecuadas.
  • Ausencia de contraindicaciones vocacionales, en sentido estricto, y de otros rasgos de la personalidad que impidan realizar las exigencias vocacionales claretianas.

306. Es importante tener muy en cuenta el conocimiento de la familia del candidato, el estado de salud física y psíquica de la misma, su situación social y económica, las relaciones entre sus componentes, la vivencia religiosa y el tipo de valores que transmite, para orientar y acompañar más eficazmente su proceso vocacional.

3. La acogida vocacional

3.1. Principios generales

307. La acogida vocacional es el modo como la Congregación acepta a un candidato que presenta indicios vocacionales para acompañarlo personalmente y continuar el proceso de discernimiento.

308. La comunidad claretiana realiza la acogida y el desarrollo inicial de las vocaciones a través de formas institucionalizadas (seminario menor y otras semejantes) y mediante cauces de acogida no institucionalizados (como grupos parroquiales, juveniles, movimientos apostólicos).[27] En cualquier caso, los candidatos, antes de acceder al postulantado, deben haber alcanzado los objetivos que a continuación se señalan.

 

3.2. Objetivos generales

 

309. Dimensión humana

 

Procurar la formación humana integral del candidato y el desarrollo armóni-co de las condiciones físicas, intelectuales y morales correspondientes a su edad.

 

310. Dimensión cristiana

 

Cuidar la vivencia del don de la fe recibido en el bautismo y proporcionar una formación cristiana completa que disponga al candidato a comprender y responder a la vocación divina.

 

311. Dimensión claretiana

 

Proseguir el discernimiento y cultivo vocacional, presentando de forma clara y adecuada las características de nuestro servicio en la Iglesia.

 

3.3. Objetivos específicos

 

312. Dimensión humana

 

  • Capacitar al candidato para que, conociéndose bien a sí mismo, adquiera las actitudes sociales que favorecen la vida en comunidad y garantizan la perseverancia vocacional: sentido del orden, disciplina, apertura al diálogo, solidaridad, corresponsabilidad, espíritu de servicio.
  • Crear un clima de fraternidad, apertura y responsabilidad en el que el candidato pueda orientar maduramente su afectividad y sexualidad.
  • Procurar una formación intelectual sólida, teniendo en cuenta la situación personal del candidato y el ambiente del que procede.
  • Facilitar al candidato los contactos con grupos juveniles apostólicos que le mantengan abierto a la realidad circundante y que supongan para él mismo un adecuado medio de crecimiento.
  • Cultivar el sentido ético y estético y desarrollar la capacidad de juicio, procurando el contacto del candidato con diversas realidades (pobreza, enfermedad, dolor) y realizando variadas actividades culturales, manuales y artísticas que le permitan desarrollar su creatividad.
  • Educar en la formación de la conciencia crítica frente a la realidad.
  • Ayudar a que el candidato crezca física y psíquicamente, adquiriendo hábitos de autocontrol, austeridad y oblatividad.
  • Hacer presente a la familia en el proceso educativo mediante una adecuada relación del candidato con ella, especialmente cuando éste reside en el seminario menor o en otra casa de acogida (vacaciones, acontecimientos familiares, visitas de la familia y del formador a la familia).[28]

 

313. Dimensión cristiana

 

  • Desarrollar una formación catecumenal completa que ayude al candidato a vivir profunda y personalmente la fe cristiana y le conduzca a una expe-riencia de encuentro con Dios.
  • Fomentar la experiencia de oración y la piedad, a través del contacto asiduo con la Palabra de Dios, la iniciación litúrgica y otras prácticas de piedad.
  • Estimular al candidato a la práctica y vivencia progresiva de los sacramentos de la eucaristía y de la reconciliación.
  • Iniciar al candidato en la práctica de la dirección espiritual.
  • Proporcionarle una formación apostólica inicial, de modo que aprenda a vivir su condición cristiana como donación a los demás. Preparar, acompañar y evaluar las experiencias en esta línea.

 

314. Dimensión claretiana

 

  • Continuar y profundizar el acompañamiento personal iniciado en la etapa anterior.
  • Presentar la figura de Cristo misionero y de María como madre y modelo de respuesta fiel a la llamada gratuita de Dios.
  • Dar a conocer y contagiar entusiasmo por la figura de nuestro Fundador como modelo de imitación de Cristo y de respuesta vocacional.
  • Exponer la misión claretiana, la situación actual de la Congregación y algunos hechos sobresalientes de su historia.

 

3.4. Formas de acogida vocacional

 

3.4.1. Características

 

315. Esta etapa, en general, y el seminario menor, en particular, tiene un planteamiento claramente vocacional. Se trata de continuar el proceso de discernimiento, ofreciendo al candidato, mediante un proyecto formativo apropiado, todos los elementos necesarios para que pueda recibir una formación adecuada.

 

316. La acogida vocacional puede realizarse dentro o fuera de una comunidad. La última etapa del período de acogida vocacional puede equivaler al Postulantado, salvando siempre los requisitos generales para el ingreso en él y, en particular, la necesidad de realizar alguna experiencia de vida comunitaria para aquellos que ingresen por cauces no institucionalizados.[29]

 

 

3.4.2. Responsables

 

317. El formador de esta etapa cumple una función muy importante y delicada. Por eso, debe poseer, además de una suficiente preparación pedagógica, apostólica y religiosa, un carisma educativo que le permita llevar a cabo su tarea. Ha de ser entusiasta de la propia vocación y coherente en el testimonio de vida.[30]

 

318. El equipo de formadores, cuando lo hubiere, debe ser un verdadero modelo de identificación para los candidatos por la autenticidad, la alegría, la fraternidad y entrega con que cumple su función formadora.[31]

 

319. Es aconsejable implicar en la labor formativa a laicos de ambos sexos que, mediante sus conocimientos y experiencia, puedan contribuir a la formación integral de los candidatos.

 

3.4.3. El seminario menor

 

320. El seminario menor es una institución educativa erigida para ayudar a los adolescentes y jóvenes que presentan signos de vocación claretiana a discernirla, acogerla y responder a ella.[32]

 

321. Para que un candidato pueda ser admitido al seminario menor debe poseer los siguientes rasgos:

Indicios de vocación claretiana, discernibles a través de sus aptitudes básicas de vida de fe y sensibilidad religiosa.

Incipiente voluntad de seguimiento de Cristo en la Congregación.[33]

 

322. Sus cualidades físicas, psíquicas, intelectuales y morales han de estar en consonancia con la vida misionera. Habrá de tener disponibilidad y apertura para una relación con Dios en la oración y en la vida y capacidad suficiente para la vida en común.

 

323. La admisión y la dimisión de los seminaristas pertenece al superior local, oídos el equipo de formadores o quien determinen los estatutos legítimamente aprobados.[34]

 

3.4.4. Otras formas de acogida vocacional

 

324. En la Iglesia y en la Congregación se están difundiendo nuevas formas de acompañamiento y de acogida vocacional. Entre estas se encuentran:

  • Las comunidades de un Organismo abiertas a recibir y acompañar candidatos durante períodos más o menos largos para que experimenten, en la normalidad de la vida, la realidad claretiana.
  • Las residencias de acogida vocacional: En ellas, los jóvenes con inicio de signos vocacionales, van discerniendo su vocación con acompañamiento específico mientras continúan sus estudios en los centros académicos.
  • Las comunidades de acogida vocacional: Son comunidades para adolescentes y jóvenes que tienen clara intención vocacional, pero deficiente preparación. Se orientan claramente a la vida misionera y están animadas por un claretiano que trabaja en contacto con los responsables vocacionales de la iglesia particular.[35]
  • Los aspirantes en sus casas: Son jóvenes que, residiendo en sus propias casas, llevan un programa de seguimiento y acompañamiento persona-lizado y se reúnen periódicamente bajo la dirección de un formador para compartir y desarrollar la experiencia vocacional .
  • Las comunidades cristianas juveniles: Se trata de grupos en los que, a través de un proceso, sistemático y exigente, de crecimiento en la fe, el candidato va discerniendo su vocación claretiana en contacto periódico con un respon-sable.

 


[1] cf DPV 44.

[2] cf JUAN PABLO II, Mensaje para la Jornada Mundial de Oración por las Vocaciones 1993 (8 de septiembre de 1992).

[3] cf Dir 170.

[4] cf 2F 19

[5] cf DPV 68

[6] cf Dir 170.

[7] cf DPV 49; MCH 150-151.

[8] cf 1F 90.

[9] cf 2F 19.

[10] cf Mt 9,38

[11] cf DPV 47.

[12] cf PDV 39; 1F 99-103; 2F 19.

[13] cf PDV 38-40; DPV 86; 1F 92.

[14] cf CC 58.

[15] cf 1F 94.

[16] cf CC 58; Dir 169.

[17] cf PC 24.

[18] cf Dir 169; 1F 16.

[19] cf Dir 172, 173.

[20] cf Dir 169, 172, 173.

[21] cf Dir 173

[22] cf Dir 175.

[23] cf Dir 171

[24] cf CIC 220; Dir 174.

[25] cf 1F 104.

[26] cf CIC 642; Dir 174; 1F 105.

[27] cf Dir 177.

[28] cf 1F 115.

[29] cf Dir 190.

[30] cf 2F 14.

[31] cf Dir 183.

[32] cf Dir 178.

[33] cf Dir 181.

[34] cf Dir 182.

[35] cf D PV 87.