Capítulo 18 Aspectos jurídicos del noviciado

Capítulo 18

 

Aspectos jurídicos del noviciado

            Este capítulo, que recoge los contenidos principales del derecho universal y propio, se desarrollará según el esquema siguiente:

I. NOCIONES GENERALES.

II. EL NOVICIADO COMO ETAPA E INSTITUCIÓN FORMATIVA.

III. LA ADMISIÓN AL NOVICIADO.

IV. LA FORMACIÓN DE LOS NOVICIOS.

V. FINAL DEL NOVICIADO.

VI. ASPECTOS COMPLEMENTARIOS.

 

I. NOCIONES GENERALES

            La Congregación de Misioneros Hijos de Inmaculado Corazón de María (Misioneros Claretianos) es un Instituto religioso clerical de derecho pontificio. Según la legislación canónica actual, forma parte, con los institutos Seculares, de los institutos de vida consagrada, participa con ellos de los elementos comunes de la vida consagrada y aporta a la Iglesia su propia fisonomía e identidad jurídica.

1. Elementos comunes o generales de los institutos de vida consagrada

1. Desde los comienzos del cristianismo han existido grupos de hombres y mujeres que, de una forma u otra, han pretendido seguir de cerca de Jesucristo, mediante la vivencia del celibato o virginidad, de la pobreza y de la obediencia, como rasgos principales que caracterizaron la vida histórica de Jesús de Nazareth. Estos rasgos son conocidos en la Iglesia como consejos evangélicos.

2. Algunos grupos de estos seguidores, además de unir la vida fraterna en común a los mencionados consejos evangélicos, se han comprometido a vivir éstos con voto, o un vinculo semejante. El voto es una promesa deliberada y libre hecha a Dios, y debe cumplirse como exigencia de la virtud de la religión[1]. Por este motivo las asociaciones, órdenes, congregaciones, institutos, o sea cual sea el nombre con que esas sociedades o grupos de cristianos fueran conocidos, han recibido en la Iglesia el apelativo de vida religiosa.

3. A través de los siglos, con el reconocimiento y aprobación de la Iglesia, se han ido formando constelaciones de institutos que, a partir de los elementos comunes, ya señalados, consejos, votos, vida fraterna en común, se han diversificado, según la gracia propia de cada uno, en razón de su origen, su espiritualidad, su misión, etc. en institutos contemplativos y apostólicos, institutos de votos solemnes y simples, institutos religiosos e institutos seculares. Denominaciones históricas muy conocidas de algunas de estas constelaciones, son las de órdenes monásticas, órdenes militares, ordenes mendicantes, clérigos regulares, congregaciones religiosas y seculares, institutos seculares, institutos de vida apostólica.

4. Esta variedad de formas que la fuerza del Espíritu ha suscitado a través de sus diversos carismas, ha llevado a la Iglesia a establecer la necesidad de darles reconocimiento público y a incluirlas en su legislación. Si un instituto de vida consagrada ha sido erigido por la Sede Apostólica o aprobado por ella mediante decreto formal, se le llama de derecho pontificio; si ha sido erigido por el obispo diocesano y no ha recibido aún el decreto de aprobación por parte de la Sede Apostólica, se le llama de derecho diocesano[2].

5. La legislación de la Iglesia recibe el nombre de derecho universal o común porque afecta a todos los cristianos y en todo el mundo. Por su parte, los diversos institutos completan y aplican la legislación universal mediante normas propias, aprobadas a su vez por la Iglesia, que reciben el nombre de derecho particular o propio.

6. La Iglesia, en su legislación actual, clasifica todos los institutos, cuyo propósito es seguir a Jesús mediante la vivencia de los consejos evangélicos, en dos grandes bloques designados: a) Institutos de vida consagrada; y b) Sociedades de vida apostólica. Forman parte de la vida consagrada todos los institutos que abrazan los consejos evangélicos mediante votos públicos; mientras que denomina sociedades de vida apostólica a aquellas instituciones que, abrazando también el seguimiento de Jesús desde los consejos evangélicos, no emiten, sin embargo, votos públicos, sino sólo privados. El elemento que distingue o diferencia a unas instituciones de otras es el voto público o privado con que se comprometen a vivir según los consejos evangélicos.

7. Los institutos de vida consagrada, son diferenciados, a su vez, por otras dos características: la vida fraterna en común y su condición clerical o laical.

1ª. Los institutos de vida consagrada cuya inspiración original comporta vida fraterna en común son identificados con el apelativo de religiosos, –institutos religiosos-, mientras que los que no la exigen, son conocidos como institutos seculares. Los apelativos, religioso, secular, en esta clasificación práctica, no tienen valor etimológico, sino sólo histórico, dado que tanto unos como otros emiten votos públicos, que deben cumplirse en fuerza de la virtud de la religión.

 

2ª. La vida consagrada, por su naturaleza, no es ni clerical ni laical.

 

Se llama instituto clerical aquel que, atendiendo al fin o propósito querido por su fundador o por tradición legítima, se halla bajo la dirección de clérigos, asume el ejercicio del orden sagrado y está reconocido como tal por la autoridad de la Iglesia.

Se denomina instituto laical aquel que, reconocido como tal por la autoridad de la Iglesia, en virtud de su naturaleza, índole y fin, tiene una función propia determinada por el fundador o por tradición legítima, y no incluye el ejercicio del orden sagrado[3].

8. Además de los institutos de vida consagrada, la Iglesia reconoce la vida eremítica o anacorética, en la cual los fieles que la asumen dedican su vida a la alabanza de Dios y la salvación del mundo, con un apartamiento más estricto del mundo, el silencio de la soledad, la oración asidua y la penitencia. Pero si un ermitaño o anacoreta profesa públicamente los tres consejos evangélicos, mediante voto u otro vínculo sagrado, en manos del obispo diocesano, y sigue su propia forma de vida bajo la dirección de éste, es reconocido por el derecho de la Iglesia dentro de la vida consagrada. A estas formas de vida consagrada se asemeja el orden de las vírgenes, al que pueden pertenecer aquellas personas que sean consagradas a Dios por el obispo diocesano según el rito litúrgico aprobado, pudiendo vivir en forma singular o asociada[4].

 

9. El Código de Derecho Canónico de 1983, ha admitido, como novedad, la posibilidad de que sean aprobados, como nuevas formas de vida consagrada, grupos o instituciones que en su inspiración original carezcan de alguno de los elementos actualmente exigidos a la vida consagrada o exijan otros nuevos. En razón de su novedad, su aprobación está reservada a la Sede Apostólica[5].

 

2. Índole e identidad jurídica de la Congregación

 

1. Nuestra Congregación de Misioneros es un Instituto religioso clerical de derecho pontificio. Sin embargo, nuestra comunidad se compone de clérigos y laicos que comparten un único proyecto misionero y tiene tres categorías estables de personas: hermanos, diáconos permanentes y presbíteros[6].

2. Nuestro Instituto se rige por el derecho universal de la Iglesia y por el nuestro propio. El derecho universal está recogido estructuradamente en el Código de Derecho Canónico, aunque no se reduce a éste. El derecho propio está recogido fundamentalmente en las Constituciones y en el Directorio.

3. La formación en la Congregación se rige, específicamente, por el Plan General de Formación, aprobado por el Gobierno General el 16 de Julio de 1994. Este plan contempla la formación como un proceso en cinco etapas: 1ª) la etapa de pastoral vocacional y de acogida; 2ª) la etapa de preparación: postulantado; 3ª) etapa de iniciación: noviciado; 4ª. etapa de desarrollo y consolidación: misioneros en formación; 5ª) el misionero en proceso continuo de formación. Las dos primeras etapas pertenecen exclusivamente al derecho propio de la Congregación, y se rigen sobre todo por el Directorio Vocacional Claretiano, publicado el año 2.000, mientras que las otras tres son contempladas también por el derecho universal. El noviciado está en el centro, como el corazón de toda la formación del misionero claretiano, y recibe el nombre de etapa de iniciación.

II. EL NOVICIADO COMO ETAPA E INSTITUCIÓN FORMATIVA

1. El noviciado es un tiempo de iniciación integral en orden a la incorporación a la Congregación mediante la profesión religiosa (cf. PGF 348). El noviciado, con el que los candidatos comienzan a vivir la vida de nuestro Instituto, tiene como finalidad que los novicios conozcan mejor la vocación divina, particularmente a la Congregación, que prueben su género de vida, que conformen la mente y el corazón con su espíritu, al tiempo que la Congregación comprueba su intención e idoneidad[7].

2. Esta etapa no puede durar más de dos años, ni menos de 12 meses[8]. Doce de estos meses, son considerados canónicos, lo que quiere decir que son necesarios y obligatorios para su validez. El superior competente (superior mayor) puede anticipar la primera profesión, pero no más de 15 días[9], con lo que a los 12 meses de noviciado se le pueden quitar los últimos 15 días. También puede prolongar el tiempo de noviciado a algún novicio, hasta por seis meses más, si existe alguna duda sobre su idoneidad[10].

3. Los doce meses canónicos deben considerarse continuos y vividos íntegramente en la casa del noviciado. La ausencia del noviciado, implica interrupción del mismo. Si la ausencia dura más de quince días, los días de ausencia deben suplirse. Si la ausencia es de más de tres meses, continuos o interrumpidos, hace inválido el noviciado[11].

4. El noviciado, como institución formativa, de tiempo limitado, debe posibilitar que los novicios consigan durante ese tiempo los objetivos propios del noviciado, que quedan indicados en el apartado II.1 y que aparecen más especificados en Dir 196, por lo que, durante los doce meses canónicos, los novicios no podrán ocuparse en estudios o trabajos que no contribuyan directamente a la formación propia del noviciado[12].

5. En conformidad con el c. 648. 2, y según el número 69 de nuestras Constituciones, los superiores, para completar la formación, salvando siempre el tiempo indicado por el c. 648. 1, de los doce meses canónicos, pueden establecer, fuera de ese tiempo, uno o más períodos para ejercer el apostolado fuera de la comunidad del noviciado, teniendo siempre en cuenta que los doce meses canónicos no se interrumpan por más de tres meses, continuos o discontinuos.

6. Bajo la dirección del gobierno del Organismo Mayor se pueden promover diversos modos y formas de organización del noviciado, atendiendo a las necesidades y conveniencias de cada territorio, pero respetando las características fundamentales de nuestro Instituto y observando las normas del derecho universal[13].

7. El noviciado es único e igualmente válido para todos, independientemente de su vocación clerical o laical. Sin embargo, cada uno manifestará por escrito al superior mayor su conciencia actual de misionero claretiano según la vocación laical, diaconal o presbiteral, antes de la primera profesión[14].

 

8. La institución formativa del noviciado, comporta además del tiempo preciso, un plan de formación, una casa expresamente destinada para esta finalidad y un formador, llamado maestro de novicios, que puede ser ayudado por colaboradores[15].

III. LA ADMISIÓN AL NOVICIADO

1. Exigencias y requisitos de carácter general

1.1 Solicitud de admisión

           

            Al menos un mes antes de concluir el postulantado, los candidatos a la Congregación deberán presentar por escrito la solicitud de admisión al noviciado al superior mayor de la Provincia o Delegación en la que desean ingresar[16].

1.2. Requisitos generales exigidos por el derecho universal para el ingreso en un instituto de vida consagrada[17].

            El ingreso en el noviciado es el primer paso para incorporarse un día, con la profesión, a nuestro Instituto. Siendo el nuestro un Instituto de vida consagrada, para ser admitido en el noviciado el candidato necesita los siguientes requisitos exigidos por le derecho universal:

 

1º. Ser católico. Esto es, además de haber recibido el bautismo, llevar vida cristiana. Dicho en negativo, no puede ser admitido válidamente a la vida consagrada quien no esté bautizado, aunque sea catecúmeno, sea apóstata, hereje o cismático.

 

2º. Tener recta intención. La recta intención afecta tanto a la forma como el candidato vive su cristianismo como a las motivaciones o intenciones con que pretende ingresar en nuestro Instituto. La recta intención debe ser actual, esto es, debe darse en el momento de la solicitud; debe ser clara, de forma que no deje lugar a dudas, y determinada en relación no sólo a la vida consagrada en general, sino en relación a nuestra Congregación. La rectitud se presupone en el candidato si durante el postulantado va progresando en el cumplimiento de los compromisos de la vida religiosa y de las actividades del instituto, lo que permite considerarle idóneo[18].

 

3º. Tener las cualidades adecuada. Se trata de las cualidades que exige el derecho universal y el propio de la Congregación, según sea la vocación clerical o laical a la que el candidato aspire. Las exigidas por el derecho universal para el ingreso en la vida consagrada están establecidas en los cc. 642-645 y se recogen en el apartado III 2.2.

 

4º. Estar libre de impedimento. Los impedimentos son condiciones o circunstancias, previstas por el derecho, que hacen inválido o ilícito el acto jurídico o acción realizada por una persona a quien le afecte dicha condición o circunstancia. Los impedimentos canónicos para la admisión al noviciado, los contempla el c. 643. 1, y se exponen más adelante, en el apartado III 2.3.

 

5º. Tener la adecuada preparación[19]. La preparación mínima exigida es tener las cualidades que señalen el derecho universal y el propio, indicadas en el apartado 3º., y estar libre de impedimentos, como se señala en el 4º, a lo que hay que añadir aquella preparación humana, espiritual y religiosa que exigen la vida consagrada en general y en particular la vida de la Congregación[20].

 

1.3. Derecho de admisión

1º. El derecho de admisión a la Congregación le corresponde al superior mayor, oído su consejo, del organismo en que el candidato desea entrar[21]. Es una facultad que el superior mayor puede delegar para casos particulares, no de modo habitual, en otro superior mayor o en otra persona[22].

2º. El superior mayor o su delegado es quien determina cuándo comienza el noviciado. Para este acto es conveniente celebrar el rito de iniciación en la vida religiosa propio de la Congregación[23].

1.4. Circunstancias y requisitos para comenzar el noviciado

1º. Antes de solicitar el ingreso en el noviciado, el candidato, por exigencia de nuestro derecho propio, tiene que realizar un periodo de postulantado, prosiguiendo, bajo la guía de un misionero experimentado, el discernimiento de la vocación que le movió a entrar[24].

2º. Antes de iniciar el noviciado se realizarán no menos de cinco días íntegros de ejercicios espirituales[25].

3º. Antes de ingresar en el noviciado, el candidato, si no lo ha hecho precedentemente, debe presentar por escrito, firmado por él mismo y dos testigos, una declaración conformada en lo posible a las leyes del país, en la que se haga constar:

• que su ingreso en la Congregación y las tareas que en ella realice no tienen carácter de contrato laboral. Por lo tanto, si más tarde saliera del Instituto, no podrá exigir ninguna compensación por los trabajos que haya realizado, ni por los daños que haya sufrido, durante su permanencia en la Congregación[26].

• que no le consta tener impedimento alguno para entrar en la Congregación[27].

2. Requisitos específicos e impedimentos para la admisión al noviciado

            Los requisitos, a diferencia de los impedimentos definidos en el apartado III 1.2.4º, son aquellas exigencias, cualidades, testimonios, certificaciones, informaciones, etc. que el derecho universal o propio mandan cubrir o cumplir para ser admitidos en el noviciado. Normalmente los requisitos son necesarios sólo para la licitud, mientras que la existencia de impedimento invalida la acción.

2.1. Requisitos básicos.

            Todo candidato a la Congregación debe saber que los superiores no podrán admitir al noviciado a quienes no tengan además de la edad necesaria, salud, índole o carácter adecuado y madurez suficiente para abrazar la vida propia de nuestro Instituto. La existencia de estas cualidades se ha de comprobar, si es necesario con la colaboración de peritos[28]. De todos estos requisitos, sólo la edad requerida es necesaria para la validez.

a) Edad. No tener 17 años al comenzar el noviciado es un impedimento. Con todo, éste desaparece una vez cumplidos los 17 años. Si por cualquier causa algún candidato llega antes de esa edad al noviciado, aunque se integre al ritmo del mismo, el tiempo canónico de noviciado no empieza a correr hasta que no haya cumplido esa edad. Comprobar la edad es un requisito. Esta comprobación puede llevarse a cabo a través de la partida del bautismo. Si esta no bastara, por no constar en ella la fecha de nacimiento, sería necesario solicitar la partida de nacimiento.

b) La salud. Se ha de entender globalmente considerada, salud física y psíquica, equilibrio, bienestar social y familiar. Hay que evitar, en la medida de lo posible, que al candidato, después de la profesión, le sea negada su renovación o profesión perpetua por falta de salud “física o psíquica”, como indica el c. 689. 2[29]. La salud se ha de comprobar a la hora del ingreso. Puede bastar el certificado del médico de familia. Si procede del seminario menor o del postulantado, el del médico del centro. No importan las enfermedades que haya podido tener antes si puede afirmarse que están curadas y no tienen repercusiones. No sería obstáculo si, al solicitar el ingreso, padeciera una enfermedad que se puede curar.

c) Índole. Puede entenderse por tal el conjunto de carácter, temperamento y personalidad. El candidato deberá poseer índole religiosa, carácter equilibrado, sensato y estable, en conformidad con nuestro Plan de Formación. La comprobación no puede hacerse en un examen puntual. En casos normales y habituales basta la observación del formador o formadores, sin necesidad de someter al candidato a especiales pruebas. Para los casos más difíciles o especiales se puede recurrir a la colaboración de especialistas, dejando siempre a salvo lo que prescribe el c. 220.

e) La madurez. El derecho exige suficientes rasgos de madurez que han de entenderse relativos a la edad, al ingreso y vida en nuestro Instituto. Esta madurez hay que entenderla de una manera adecuada. Se ha de entender como la capacidad de estar en el propio mundo, historia y ambiente de un modo dinámico y constructivo, adaptado al bien que interesa y se asimila, así como al mal del que uno se defiende positivamente[30]. Para comprobarla no basta un examen puntual, sino que se requiere un período reposado de observación y convivencia. Aquí puede ser suficiente el juicio del formador o formadores.

2.2. Impedimentos

            Pueden entenderse como requisitos, exigencias, que afectan a la validez del noviciado. El derecho universal señala para el ingreso en el noviciado los siguientes:

1º. No haber cumplido todavía 17 años al comenzar el noviciado;

2º. Estar ligado con el vínculo del matrimonio, es decir, estar casado. (No es impedimento haber estado casado, si actualmente se es viudo, se obtuvo la disolución del vínculo o la declaración de nulidad)

3º. Estar ligado, por un vínculo sagrado, con algún instituto de vida consagrada, instituto religioso o secular, o incorporado a una sociedad de vida apostólica, esto es, pertenecer a alguna de las instituciones dichas.

4º. Entrar en el instituto inducido por violencia, miedo grave o dolo, y ser admitido por el superior del mismo modo, esto es, entrar o ser admitido sin libertad, no libremente.

5º. Ocultar haber estado incorporado a un instituto de vida consagrada, instituto religioso o secular, o a una sociedad de vida apostólica, esto es, no decir clara y explícitamente que se ha pertenecido previamente a alguna de las instituciones dichas, sin que exima de esta manifestación el haber estado ligado por poco tiempo, o el haber pasado mucho tiempo desde su desvinculación. No afecta, sin embargo, a los que sólo fueron aspirantes, postulantes o novicios[31].

2.3. Limitaciones al derecho de admisión de los superiores.

            El candidato a novicio en nuestra Congregación debe saber a este respecto que:

1º. Los superiores no pueden admitir al noviciado a un clérigo secular, sacerdote o diácono, sin consultar, de forma oral o escrita, a su ordinario propio[32]. No se necesita su licencia o consentimiento. La obligación, aunque grave, es sólo de hacer la consulta.

2º. Los superiores no pueden admitir como novicio a quien esté gravado con deudas que no pueda pagar[33]. En este caso la admisión sería válida, aunque ilícita.

2.4. Otros requisitos, certificaciones o informaciones requeridas para la admisión.

1º. Los candidatos, antes de la admisión en el noviciado, deben presentar certificado de bautismo y de confirmación, así como de estado libre[34].

2º. Si se trata de recibir a clérigos o a aquellos que hubieran sido admitidos en otro instituto de vida consagrada, en una sociedad de vida apostólica o en un seminario, se requiere además, respectivamente, un informe del ordinario del lugar o del superior mayor del instituto o sociedad, o del rector del seminario[35].

3º. La solicitud de admisión del postulante al superior mayor, al menos con un mes de antelación, como queda indicado[36].

IV. LA FORMACIÓN DE LOS NOVICIOS

 

1.         Aspectos generales y criterios formativos

 

1.1. La finalidad del noviciado

 

            Tal como ha sido descrita en el apartado II 1., exige que los novicios se formen bajo la dirección de un maestro, según el plan de formación propio de la Congregación[37]. No se puede considerar lograda la finalidad del noviciado si no se han conseguido, a juicio del maestro y sus posibles colaboradores, los objetivos del mismo señalados en Dir 196 y en el Plan General de Formación. Esto comporta haber adquirido un conocimiento y comprensión racional de la naturaleza de la vida religiosa como seguimiento de Jesús en castidad, pobreza y obediencia, así como de las exigencias teológicas y jurídicas de los votos, las peculiaridades de nuestra vida fraterna en común y de la misión de la Congregación. A su vez, a nivel de comportamiento o asimilación vital, deben haber dado pruebas positivas, y con cierta garantía, de que son capaces de cumplir las exigencias de nuestra vocación. Conseguir esos objetivos requiere seguir paso a paso un proceso formativo.

 

1.2. La formación en los elementos constitutivos de la vida consagrada en general

 

1º. La vida consagrada por la profesión de los consejos evangélicos es una forma estable de vivir en la cual los fieles (miembros), siguiendo más de cerca de Cristo bajo la acción del Espíritu Santo, se dedican totalmente a Dios como a su amor supremo, para que, entregados por un nuevo y peculiar título a su gloria, a la edificación de la Iglesia y a la salvación del mundo, consigan la perfección de la caridad en el servicio del Reino de Dios y, convertidos en signo preclaro en la Iglesia, preanuncien la gloria celestial[38].

 

2º. Los novicios deben saber que no sólo deben observar fiel e íntegramente los consejos evangélicos, sino también ordenar su vida según el derecho propio del instituto, y esforzarse así por alcanzar la perfección de su estado[39].

 

3º. En la Congregación, la profesión religiosa se realiza por la consagración a Dios, mediante la emisión de los votos de pobreza, castidad y obediencia, y por un acto público de entrega al Corazón de María en orden a realizar el fin de la Congregación según las Constituciones[40]. “La primera profesión y las profesiones temporales incluyen la voluntad de emitir la profesión perpetua y preparan a la misma”[41].

 

4º. La profesión comporta, a su vez, la voluntad de observar con fidelidad la mente y propósitos de nuestro Santo P. Fundador acerca de la naturaleza, fin, espíritu y carácter de la Congregación, así como también las sanas tradiciones, todo lo cual constituye su patrimonio[42]. Para ello los novicios se han de dedicar con empeño a conocer y comprender las Constituciones, en su condición de proyecto de nuestra vida misionera, y ajustar la vida a sus orientaciones. Gradualmente se irá conociendo el resto de nuestro derecho particular, debiendo exigirse a los novicios un progresivo cumplimiento de todas las normas y directrices que les afecten.

1.3. La formación en los elementos constitutivos de la vida consagrada en particular

1º. La castidad. El consejo evangélico de la castidad, asumido por el Reino de los cielos, que es signo del mundo futuro y fuente de una fecundidad más abundante en un corazón no dividido, lleva consigo la obligación de observar perfecta continencia en el celibato[43]. Esto significa que la profesión de la castidad además de excluir el matrimonio, exige el cumplimiento del 6º y 9º mandamientos de la ley de Dios, esto es, llevar una vida casta de pensamiento, palabra y obra. Se advertirá a los novicios que la Congregación no se hará responsable de las consecuencias morales y jurídicas de los posibles actos contra la castidad consagrada, por lo que antes de la primera profesión, deberán declarar por escrito que conocen y aceptan la voluntad de la Congregación[44].

2º. La pobreza. El consejo evangélico de pobreza, a imitación de Cristo, que, siendo rico, se hizo indigente por nosotros, además de una vida pobre de hecho y de espíritu, esforzadamente sobria y desprendida de las riquezas terrenas, lleva consigo la dependencia y limitación en el uso y disposición de los bienes, conforme a la norma de nuestro derecho propio[45]. La profesión de la pobreza en la Congregación comporta:

• La cesión de la administración, así como la renuncia al uso y usufructo de los bienes que el candidato tenga o pueda llegar a tener en posesión, a favor de quien quiera, antes de emitir la profesión[46]. Esto quiere decir que, aunque pueda conservar la propiedad radical de sus bienes, no puede hacer uso de ellos, ni puede usufructuar su rendimiento, a no ser que se trate de intereses que podrá acumular al capital.

• Que todo cuanto se reciba, a título personal o en razón de su trabajo, pensión o ministerio, se adquiere para la Congregación.

• No tener nada como propio.

• No poder disponer de nada sin permiso de los respectivos superiores.

            Antes de la profesión perpetua, debe hacer un testamento civilmente válido, tanto de los bienes que posee radicalmente en aquel momento, como de los que pudieran sobrevenirle más adelante. Siguiendo lo dicho por PC 13, se reconoce a los superiores la facultad de conceder, a los profesos de votos perpetuos que lo deseen, la renuncia a los bienes patrimoniales, en orden a fomentar la pobreza[47].           

            En orden a instruirse y ejercitarse en la pobreza claretiana, los novicios, al ingresar en el noviciado, deberán declarar o entregar al maestro todo lo que traen al noviciado, tanto de ajuar como de dinero, comprometiéndose -aunque no estén obligados por profesión- a no hacer uso de lo que les pertenece, sin permiso del maestro.

3º. La obediencia. El consejo evangélico de obediencia, abrazado con espíritu de fe y de amor en el seguimiento de Cristo, obediente hasta la muerte, obliga a someter la propia voluntad a los superiores legítimos, que hacen las veces de Dios, cuando mandan algo según nuestras constituciones[48]. Nos obligamos por el voto a obedecer al precepto del legítimo superior en aquellas cosas que pertenecen directa o indirectamente a la vida del Instituto, o sea, al cumplimiento de nuestra misión y a la observancia de los votos y de las Constituciones[49]. Hemos de obedecer en todas las cosas, por amor a Jesucristo, aun en las no obligatorias y difíciles, y no sólo a los superiores, sino también a sus delegados en sus respectivo orden y oficio, aun cuando no impongan expresamente precepto, sino a una simple insinuación de su voluntad[50].

4º. La vida fraterna. En la Congregación, la vida fraterna, por la que todos los miembros nos unimos en Cristo como en una familia peculiar, formada por presbíteros, diáconos, hermanos y estudiantes[51], está llamada a vivir una comunión que integre de modo creativo los diferentes carismas. La comunión es un rasgo profético que hará más creíble nuestro servicio misionero de la Palabra, sobre todo cuando enraizada en la caridad, sea ejemplo de reconciliación universal en Cristo [52]. Todos deben estar adscritos a alguna casa o residencia[53], en la que han de residir, haciendo vida en común, sin poder ausentarse de ella sin licencia del superior[54]. La comunitariedad del carisma claretiano no permite que nuestros misioneros vivan habitualmente solos[55]. El misionero claretiano alcanza en la comunidad su plenitud por la fraterna convivencia efectiva, dirección y autoridad comunes en el ejercicio perfecto de la caridad según los consejos evangélicos, entera comunicación de bienes, ordenamiento comunitario de la vida, todo ello en orden a un ejercicio más perfecto, testimoniante y fructuoso del ministerio apostólico [56].          

 

1.4. Colaboración activa y responsable

 

            Los novicios, conscientes de su responsabilidad, han de colaborar activamente con el maestro, y acoger sus decisiones en fe y amor, de manera que respondan fielmente a la gracia de la vocación divina[57]. Deben acudir con confianza a los superiores a quienes pueden abrir su corazón libre y espontáneamente[58], sin perjuicio de cuanto establece el c. 650. 2.

 

1.5. Relaciones con los miembros del instituto

 

            La índole peculiar y el fin del noviciado pide conjugar, en las relaciones de los novicios con los miembros profesos, la necesaria cercanía que lleve al conocimiento y amor a la Congregación con la oportuna separación que salvaguarde su condición de novicios. El gobierno del Organismo Mayor determinará las líneas generales de estas relaciones[59].

 

2. La casa del noviciado

 

            La casa del noviciado es un factor importante, no sólo en la institución formativa sino en el contexto mismo de la formación, por lo que existen disposiciones taxativas y exigentes al respecto, incluso para la validez del noviciado, como son las siguientes:

1ª. El noviciado, para que sea válido, debe realizarse en una casa debidamente destinada a esta finalidad. En casos particulares, y a modo de excepción, el superior general, con el consentimiento de su consejo, puede permitir a un candidato hacer el noviciado en otra casa del instituto[60].

2ª. El superior mayor, puede permitir que el grupo de los novicios, esto es, todos con el maestro, habite, durante determinados periodos de tiempo, en otra casa del instituto designada por él mismo[61]; así como establecer los periodos formativos para ejercer el apostolado fuera de la comunidad del noviciado, conforme a c. 648. 2 y CC 69, recogido en el apartado II 5.

3ª. La erección, traslado y supresión de la casa del noviciado debe hacerse mediante decreto escrito del superior general del instituto, con el consentimiento del consejo[62].

 

3.         El maestro de los novicios y sus colaboradores

 

1. La existencia del maestro de novicios viene exigida por la finalidad misma del noviciado, que requiere que los novicios se formen bajo la dirección de un maestro[63]. El régimen del noviciado se reserva en exclusiva al maestro, bajo la autoridad de los superiores mayores, tanto en los aspectos de animación y dirección espiritual, como disciplinares, sin merma de la libertad de que deben gozar por lo que se refiere al sacramento de la penitencia[64].

 

2. El maestro de novicios ha de ser un miembro del instituto, profeso de votos perpetuos y legítimamente designado por el superior mayor con su consejo[65].

 

3. Si fuera necesario, al maestro se le pueden dar ayudantes, que dependan de él en lo que se refiera a la dirección del noviciado y al plan de formación. Tendrá informado periódicamente al superior mayor de la marcha del noviciado y de cada uno de los novicios[66].

                                                                       

4. Para atender a la formación de los novicios deben destinarse miembros cuidadosamente preparados, que, sin estar impedidos por otros trabajos, puedan cumplir sus funciones con fruto y de manera estable[67].

 

5. Los responsables del noviciado, maestro y superior mayor, han de mostrarse solícitos para que los novicios dispongan de confesores idóneos, con los que puedan confesarse frecuentemente. Ni los superiores mayor o local, ni el maestro y sus ayudantes pueden oír en confesión a los novicios, a no ser que, en casos particulares, ellos mismos espontáneamente lo pidan. Se prohíbe a los superiores inducir de cualquier modo a los novicios para que les manifiesten su conciencia[68].

 

6. Corresponde al maestro y a sus cooperadores discernir y comprobar la vocación de los novicios, e irles formando gradualmente para que vivan la vida de perfección propia del instituto. El maestro y sus cooperadores deben estimular a los novicios para que vivan las virtudes humanas y cristianas; les deben llevar por un camino de mayor perfección mediante la oración y la abnegación de sí mismos; se les debe instruir en la contemplación del misterio de la salvación y en la lectura y meditación de las sagradas Escrituras; se les preparará para que celebren el culto de Dios en la sagrada liturgia; se les formará para llevar una vida consagrada a Dios y a los hombres en Cristo por medio de los consejos evangélicos; se les instruirá sobre el carácter, espíritu, finalidad, disciplina, historia y vida del instituto; y se les imbuirá de amor a la Iglesia y a sus sagrados Pastores[69].

 

7. Los miembros del instituto han de colaborar por su parte en la formación de los novicios, con el ejemplo de su vida y con la oración[70].

 

 

V. FINAL DEL NOVICIADO

 

            Se puede dar término al noviciado de las siguientes formas:

 

1. Abandono voluntario

 

            Los novicios pueden abandonar libremente y en cualquier momento la Congregación, sea durante el noviciado, sea terminado éste[71]. La salida voluntaria durante el noviciado interrumpe, en el acto mismo, el noviciado de forma que si antes de cumplir tres meses de la salida o pasados estos quisiera ingresar, y fuera admitido, debe comenzar de nuevo el noviciado. Sin embargo los que, una vez cumplido el noviciado, dejen legítimamente la Congregación, pueden ser admitidos de nuevo por el superior general con el consentimiento de su consejo, sin obligación de repetir el noviciado y cumpliendo algunas condiciones[72].

 

2. Dimisión

 

            La dimisión del novicio puede llevarse a cabo, en cualquier momento del noviciado, siempre que existe “causa justa”, por el superior mayor[73]. Con la dimisión queda interrumpido el noviciado.

 

3. Fallecimiento

 

            Si algún novicio enferma gravemente con peligro de muerte, puede ser admitido por el superior mayor o también por el superior de la casa a emitir la profesión “in articulo mortis” según la norma y los efectos determinados por la Sede Apostólica[74].

 

4. Profesión

 

            La emisión de la profesión, cumplido el tiempo canónico del noviciado, es la forma ordinaria de finalizar o concluir el noviciado[75]. Eso no obstante, como la Congregación admite diversos modos y formas de organización del noviciado[76], se puede concluir el año canónico, sin que los novicios emitan inmediatamente la profesión, pudiendo los superiores hacer un aplazamiento formativo, siempre que la profesión se haga antes de los 2 años de iniciado el noviciado.

 

5. Petición de la profesión

 

            El novicio, tres meses antes de la fecha prevista para terminar el noviciado, debe pedir al superior mayor, por escrito, la admisión a la profesión religiosa en la Congregación, expresando al mismo tiempo su voluntad de perseverancia y disponibilidad para el cumplimiento de las CC. y demás normas de nuestra Congregación[77].

 

            En la Congregación, los superiores no tienen voluntad de admitir a la profesión a quienes hubieran callado algunos de los impedimentos excluyentes u ocultado algún defecto notable o no tuvieran voluntad de permanecer en la Congregación, de suerte que en tales casos sería inválida la profesión[78].

 

6. Disposición sobre los bienes

 

            Antes de la primera profesión, cuando están aprobados para la misma, los novicios deben ceder libremente la administración de sus bienes y disponer, también libremente, del uso y usufructo de los mismos[79]. Puede hacerse al mismo tiempo testamento, que sea válido según el derecho civil. Pero también puede posponerse hasta el momento inmediatamente anterior a la profesión perpetua[80].

7. Para la validez de la profesión

 

            Para que a profesión sea válida, además de lo dicho, se requiere[81]:

 

1º Haber cumplido al menos 18 años.

2º Haber hecho válidamente el noviciado.

3º Haber sido admitido válidamente por el superior mayor correspondiente con el voto de su consejo y conforme a la norma del derecho.

4º Que la profesión sea expresa y se emita sin violencia, miedo grave o dolo, es decir libremente.

5º Que la profesión sea recibida por el superior legítimo, personalmente o por medio de otro, también libremente.

 

VI. ASPECTOS COMPLEMENTARIOS

 

1. Ausencia de la comunidad y separación de la Congregación

 

1. Los novicios pueden abandonar libremente y en cualquier momento la Congregación o ser despedidos por el superior mayor por cualquier causa justa[82].

 

2. Los profesos de votos temporales, cumplido el tiempo de profesión, pueden abandonar libremente la Congregación; asimismo, el superior mayor, por causas justas y razonables, oído su Consejo, puede excluirlos de la renovación[83].

 

3. Por causa de enfermedad física o psíquica, aunque se haya contraído después de la profesión, si es tal que, a juicio de los peritos, hace al profeso temporal no apto para vivir en la Congregación, los superiores pueden no aceptarle a la renovación o a emitir la profesión perpetua, a no ser que la enfermedad se hubiera contraído por negligencia del instituto o por el trabajo realizado en él[84].

 

4. El profeso que, durante los votos temporales, cayera en demencia, aunque no sea capaz de hacer nueva profesión, no puede, sin embargo, ser despedido del instituto[85].

 

5. Los profesos de votos temporales, no pueden abandonar libremente la Congregación durante el tiempo para el que se han comprometido. No obstante, pueden solicitar indulto de salida al superior general quien, con el consentimiento de su consejo, puede concederlo[86].

 

6. El superior mayor, con el consentimiento de su consejo, y con justa causa, puede permitir a un miembro de votos temporales de su jurisdicción que viva fuera de las casas del instituto pero no más de un año. Si el profeso es además clérigo, necesita también las licencias ministeriales otorgadas por el ordinario del lugar. El permiso de ausencia no separa al religioso de la Congregación; solamente le otorga la facultad de permanecer fuera de la casa religiosa por el tiempo señalado en la concesión, manteniéndose plenamente las obligaciones religiosas compatibles con su situación[87].

 

7. Si alguno se ausentara ilegítimamente de la casa religiosa, y persistiere en su actitud, a pesar de la diligencia de los superiores para que vuelva a casa, se podrá proceder a la expulsión, en conformidad con el c. 696. 2[88].

 

8. En caso de grave escándalo externo o de daño gravísimo que amenace al instituto, un miembro puede ser expulsado inmediatamente de la casa religiosa, sin que esto implique expulsión de la vida religiosa, por el superior mayor o, si hay peligro en la demora, por el superior local con el consentimiento de su consejo[89].

 

9. Quienes legítimamente salgan de la Congregación o hayan sido expulsados de ella no tienen derecho a exigir nada por cualquier tipo de prestación realizada en ella[90].

 

2. Impedimentos o irregularidades para los candidatos a las órdenes

 

            Los impedimentos que afectan a la recepción de las órdenes, si son perpetuos reciben el nombre de irregularidad; en caso contrario, se denominan simples. Los afectados por algún impedimento, tanto perpetuo como simple, quedan excluidos de la recepción de las órdenes. La ignorancia de las irregularidades y de los impedimentos no exime de los mismos[91].

 

            Son irregulares para recibir órdenes[92]:

 

1º. Quien padece alguna forma de demencia u otra enfermedad psíquica que a juicio de los peritos, incapacite para desempeñar rectamente el ministerio.

2º. Quien haya cometido el delito de apostasía, herejía o cisma.

3º. Quien haya atentado matrimonio, aun sólo civil, estando impedido para contraerlo, bien por el propio vínculo matrimonial, o por el orden sagrado o por voto público perpetuo de castidad, bien porque lo hizo con una mujer ya unida en matrimonio válido o ligada por ese mismo voto.

4º. Quien haya cometido homicidio voluntario o procurado el aborto habiéndose verificado éste, así como todos aquellos que hubieren cooperado positivamente;

5º. Quien dolosamente y de manera grave se mutiló a sí mismo o a otro, o haya intentado suicidarse;

6º. Quien haya realizado un acto de potestad de orden reservado a los obispos o presbíteros, sin haber recibido ese orden o estándole prohibido su ejercicio por una pena canónica declarada o impuesta.

 

            Están simplemente impedidos para recibir las órdenes[93]:

 

1º. el varón casado, a no ser que sea legítimamente destinado al diaconado permanente;

2º. quien desempeña un cargo o tarea de administración que se prohíbe a los clérigos a tenor de los c. 285 y 286, y debe rendir cuentas, hasta que, dejado ese cargo o tarea y rendido cuentas, haya quedado libre;

3º. el neófito, a no ser que, a juicio del ordinario, haya sido suficientemente probado.



[1] Cf. c. 1191. 1.

[2] Cf. c. 589.

[3] Cf. c. 588. 2.

[4] Cf. c. 603. 2; c. 604. 1-2.

[5] Cf. c. 605.

[6] Cf. CC 7; Dir 252 a y b.

[7] Cf. c. 646; cf. también PGF 348 y Dir 195.

[8] Cf. c. 648. 2; CC 69.

[9] Cf. c. 649. 2.

[10] Cf. c. 653. 2.

[11] Cf. c. 648. 1 y CC 69.

[12] Cf. c. 652. 5; Dir 197.

[13] Cf. Dir 205.

[14] Cf. Dir 206.

[15] Cf. c. 651. 2 y Dir 212.

[16] Cf. Dir 201; Apéndice 11, Formulario 1.

[17] Cf. c. 597.

[18]Cf. Dir 199.

[19] Cf. c. 597. 2.

[20]Cf. Dir 199; 188; 182.

[21] Cf. CC 69; cf. también c. 641 y Dir 602.

[22] Cf. c. 137; cf. proporcionalmente Dir 229.

[23] Cf. CC 69; Dir 204.

[24] Cf. CC. 59.

[25] Cf. Dir 203.

[26] Cf. CC 59; Dir 190; c. 702. 1.

[27] Cf. c. 597, 643; Dir 190; cf. también Apéndice 11, Formulario 1.

[28] Cf. c. 642; cf. también Dir 199.

[29] Cf. Dir 199.

[30] Cf. Apéndice 4.

[31] Cf. c. 643.

[32] Cf. c. 644.

[33] Cf. c. 644.

[34] Cf. c. 645. 1; cf. también Dir 200.

[35] Cf. c. 645. 2 y Dir 200.

[36] Cf. Dir 201 y Apéndice 11, Formulario 1

[37] Cf. c. 650. 1.

[38] Cf. c. 573. 1.

[39] Cf. c. 598. 2.

[40] Cf. CC. 159

[41] Dir 215.

[42]Cf c. 578.

[43] Cf. c. 599.

[44] Cf. Dir 219; cf. también Apéndice 11, Formulario 3.

[45] Cf. c. 600.

[46] Cf. Apéndice 11, Formulario 5.

[47] Sobre estos asuntos cf. CC 26; Dir 72-73 y 220.

[48] Cf. c. 601.

[49] Cf. CC 28.

[50] Cf. Dir 75.

[51] Cf. CC 7.

[52] Cf. c. 602 y Dir 36.

[53] Cf. Dir 316.

[54] Cf. c. 665. 1.

[55] Cf. Dir 38.

[56] Cf. PE 109 y Dir 40.

[57] Cf. c. 652. 3; cf. CC 65.

[58] Cf. c. 630. 5.

[59] Cf. Dir 207.

[60] Cf. c. 647. 2 y Dir 205.

[61] Cf. c. 647. 3.

[62] Cf, c. 647. 1.

[63] Cf. c. 650. 1 y CC 68.

[64] Cf. cc. 630. 1; 650. 2 y Dir 212.

[65] Cf. c. 651. 1; CC 68; Dir 210.

[66]Cf. c. 651. 2; Dir 212-213.

[67] Cf. c. 651. 3.

[68] Cf. c. 630 2. 4. 5 ; 630. 5; c. 985.

[69] Cf. c. 652. 1. 2.

[70] Cf. c. 652. 4.

[71] Cf. c. 653. 1; Dir 271; 216.

[72] Cf. c. 690. 1 y Dir 216.

[73] Cf. c. 653 Dir 202. 271.

[74] Cf. Dir 209.

[75] Cf. cc. 653. 2, 654; CC 70 y Dir 314.

[76] Cf. Dir 205.

[77] Cf. Dir 217; Cf. también Apéndice 11, Formulario 3.

[78]Cf. c. 643.

[79] Cf. can 668. 1 y CC. 27, observando si es posible las formalidades civiles que regulan estos actos cf. Apéndice 11, Formulario 5.

[80] Cf. c. 688. 1 y Dir 220.

[81] Cf. c. 656.

[82] Cf. c. 653. 1; Dir 202.

[83] Cf. c. 688. 1; 689. 1.

[84] Cf. c. 689. 2 y Dir 272.

[85] Cf. c. 689. 3; Dir 272.

[86] Cf. c. 688. 2 y Dir 273.

[87] Cf. Dir 274.

[88] Cf. Dir 275.

[89]Cf. c. 703.

[90]Cf. c. 702. 1; Dir. 190 a.

[91] Cf. c. 1040 y 1045.

[92]Cf. c. 1041.

[93] Cfr. c. 1042.

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