Capítulo 3

                  C A P I T U L O 31

 

 

 

              PERÍODO ENTRE LOS AÑOS 1899-1922

 

 

     Este período incluye los gobiernos de los PP. Clemente Serrat y Martín Alsina, y la celebración de cuatro Capítulos Generales, tres de los cuales fueron importantes para la forma­ción.

 

     I. P. CLEMENTE SERRAT (1899-1906)

 

     El P. Clemente Serrat, en el día de su onomástica de 1902, dirigió, desde Santo Domingo de la Calzada, una preciosa circular a la Congrega­ción, sobre La Vocación Religiosa[1]. Con ella:

 

*(…) nos proponemos excitar en vuestras almas senti­mientos de viva gratitud recordándoos el beneficio de la divina voca­ción, (…) que muy imperiosamente reclama nuestro reconoci­miento y amor+[2].

 

     1. Llamada a la fidelidad vocacional

 

     Después de estimular estos sentimientos, el P. Serrat hace una llamada a la fidelidad vocacional. Sirviéndose de las palabras de San Pablo, que pone como encabezamiento de la circular, *obse­cro vos ut digne ambuletis vocatione qua vocati estis+[3], exhorta:

 

*(…) encarecidamente a permanecer con fidelidad en la voca­ción a que habéis sido llamados; sí, Hermanos carísimos, os conjuramos por Dios que os mostréis fieles servidores, dignos imitadores de las virtudes del divino Maestro que os llamó, dignísimos miembros de la Religión a que por dicha vuestra pertenecéis (…)+[4].

 

     2. Medios para fomentar la fidelidad a la vocación

 

     Siguiendo al mismo San Pablo, anima a la fidelidad indicando los medios que sugiere el Apóstol en su carta a los Efesios: *cum omni humilitate et mansuetudi­ne, cum patientia supportantes invicem in caritate, solliciti servare unitatem spiritus in vinculo pacis+[5].

 

     2.1. El primero y fundamental medio de perseverancia en la vocación es la humildad y mansedumbre, dos virtudes típicas del misionero claretiano[6]. Con ellas, el misionero podrá obtener la gracia de Dios y superar las pruebas que se derivan de la fidelidad a la vocación. Y la razón que aduce es el elevado estado de gracia y santidad de la vida religiosa que exige en los llamados un grandísimo grado de humildad[7].

 

     Ha de ser una humildad motivada, profunda y personalizada; ha de ser sincera y bien fundada; una humildad que brote del conocimiento de sí mismo, de los límites y pecados de la propia persona, y del reconocimiento de los dones recibidos de Dios para que sean bien administrados[8].

 

     Este concepto de sí mismo, que ha de tener el religioso humilde que ama su vocación, no ha de ser simplemente teórico e intelectual; ha de ser operativo. Ha de traducirse en palabras y obras, y ha de manifestarse en las alabanzas y, sobre todo, en las afrentas y menosprecios[9].

 

     El religioso debe ser consciente del sacrificio y de la abnegación que implican las exigencias de la vida religiosa que ha abrazado. No se ha de sorprender cuando en el camino de su vida vocacional se le presenten las privaciones y las dificulta­des que se derivan de su fidelidad. En estos momentos no se ha de dejar llevar de los halagos del mundo y de las tentaciones de las soberbia y de la carne, sino que, fundado en la humildad, ha de perseverá en la opción emprendida[10].

 

     2.2. En segundo lugar, para afirmarse más en la vocación es necesario soportarse mutuamente con paciente caridad. Es una caridad que ayuda a comprender al hermano, su carácter y su temperamento, su dolor y sufrimiento, evitando *la dureza y el rigor+ con ellos[11]. Y hace una llamada a la responsabilidad que cada uno tiene sobre la vocación del hermano[12].

 

     2.3. El tercero y último medio que señala, como sostén de la vocación religiosa, es la solicitud en guardar la unidad del espíritu con el vínculo de la paz. Si el anterior medio tiende a fomentar la caridad mutua entre los hermanos, indivi­dualmente considerados, éste los considera colectiva­mente, formando corporación[13].

 

 

     II. P. MARTÍN ALSINA (1906-1922)

 

     1. La *divina pía moción+

 

     El P. Alsina, a propósito de la existencia de algunos misione­ros poco alegres y felices consigo mismos y con su vocación, escribió la circular Remedios del descontento en la religión[14]. En ella expresa un íntimo deseo para sus hermanos y es que:

 

*(…) quisiera verles a todos alegres, contentos, animosos y felices, y a menudo he de oír gritos de dolor y de angustia; y no faltan tampoco gritos de algún desconten­to de la misma voca­ción+[15].

 

     1.1. Un hecho doloroso que ha observado es que no son pocos los que viven descontentos en la Congrega­ción. Y el descontento es uno de los principales males que afecta a los misioneros y a su fidelidad vocacional[16]. Buscando el bienestar espiritual de los hermanos, al escribir sobre el descontento en la vida religiosa y, en particular en la Congregación, ofrece un remedio muy concreto para erradicar este mal. Un remedio que no consiste en solucio­nar el descontento con gestos superficiales[17]. Es un remedio que va a la raíz del problema. El remedio está en la fidelidad vocacio­nal, que él llama la *divina pía moción+[18].

 

     1.2. )Qué es la *divina pía moción+? No es un asunto de inteligencia, sino de voluntad. Todos entienden y comprenden la necesidad de la fidelidad a la observancia de las Constituciones, pero no todos la practican con fidelidad y entrega[19].

 

     Con la *divina pía moción+, la persona va al fondo de su problema. Ella le lleva a cumplir la voluntad de Dios y a glorificarle en todas las cosas. Y esta fidelidad le da unidad interior, unidad afectiva y efectiva en la diversidad de las situaciones en que ha de vivir. De esta unidad brota el orden y del orden brotan la paz y el bienestar espiritual[20]. Ella es, no sólo fuente de gozo y de alegría vocacio­nales, sino también fuente y garantía de fidelidad vocacional.

 

     2. Formación personalizada

 

     En la Congregación, dice el P. Alsina con motivo de la institución de la Provincia Bética, no faltan los medios necesarios para una buena formación científica, religiosa y apostólica[21]. Pero hay que personalizar­la, desde los primeros momentos de la formación, mediante el trabajo personal y el discernimiento[22].

 

     Cada uno ha de cultivar su inteligencia con los conocimien­tos propios de su vocación para que *consiga percibir con claridad los asuntos en que deba ocuparse, juzgar de ellos con rectitud y discurrir sobre ellos con solidez y rigor+“; ha de cultivar su voluntad, encendiéndola con el celo por la gloria de Dios y la salvación de las almas, para que ame lo bueno virtuoso, y lo abrace con firmeza; y ha de cultivar su carácter dándole nobleza, firmeza, suavidad y amabilidad en orden a la fidelidad, a la fraternidad y a la misión. Por eso, anima a que se cultiven los propios dones y las cualidades personales[23].

 

     3. Formación de calidad

 

     Con motivo de uno de sus viajes a Roma, en el que los Cardenales Rampolla y Vives le recomendaron que formentase en la Congregación *la más perfecta formación de los individuos+, el P. Alsina, en la circular sobre La formación de los nuestros[24], describe cómo debe ser nuestra formación.

 

     3.1. En primer lugar, *la formación ha de encaminarse a formar Misioneros de la Congregación+[25]. Esto se conseguirá si los formandos se capacitan y son aptos para realizar lo que hay de permanente y lo que hay de variable en la Congregación.

 

     Lo permanen­te en la Congregación es su fin, es decir, buscar siempre y en todas las cosas la gloria de Dios, la santificación propia y la salvación de las almas. Lo variable de la Congrega­ción, que también debe tenerse en cuenta en la formación de los misioneros, son los medios que para conseguir su fin, lo permanente, va adoptando la Congregación en su desarrollo. La formación ha de encaminarse a obtener la máxima aptitud y preparación de la persona para que pueda realizarse de todos los medios posibles que le ayuden a alcanzar lo permanente[26].

 

     3.2. La formación ha de ser buena, de calidad. )En qué consiste la buena formación?, se pregunta el P. Alsina. Consiste:

 

*En que salgan todos buenos Misioneros, es decir, Misione­ros de la Congregación y Misioneros de su época+[27].

 

     Misioneros de la Congregación según su espíritu y el fin que tiene en la Iglesia. Misioneros de su época, en la medida en que están abiertos a todos los medios posibles, siempre en renovación y adaptación, para responder mejor a la misión apostólica[28].

 

     Sin esta formación tendremos individuos inútiles, desgracia­dos y ridículos, que no saben presentarse y que son incapaces de ejercer influencia alguna saludable en torno suyo. Todos, formadores y formandos, han de orar, estudiar y poner gran empeño en conseguir la formación necesaria *en nuestros días+, empleando *los mejores métodos+ para una buena formación[29].

 

     3.3. La formación, o desarrollo vocacional, es una tarea compartida donde tanto los formadores como los formandos tienen su propia función. Escribe en la circular sobre la formación *a todos+:

 

*Y decimos a todos, porque la formación es obra de directores y dirigidos a la vez. Para una perfecta imagen no sólo es necesaria la inteligencia y la hábil mano del artista, sino también la plasticidad de la materia, )cuánto más será necesaria la cooperación del dirigido a la acción del director, tratándose de seres libres por naturale­za?+[30].

 

     Por lo mismo, los directores, (Superiores, Prefectos, Maestros y Confesores), y los dirigidos (formandos y peniten­tes), han de cooperar para conseguir una perfecta formación[31].

 

     4. Formación sólida en la virtud

 

     A la vuelta de otro viaje a Roma, tras haber tenido una audiencia con el Papa Benedicto XV en la que le recomendó la importancia de fomentar *una formación sólida en la virtud+, el P. Alsina, escribió una circular sobre este tema[32].

 

     Nuestros misioneros, desde que ingresan en la Congrega­ción, han de recibir una *formación sólida+[33] y, para ello, se han de fundamentar en la *sólida virtud+[34]. Ella es garantía de perse­ve­rancia vocacional ante las vicisitudes y dificultades de la vida misionera[35].

 

     4.1. La formación sólida ha de estar basada en la imitación de Jesús. Ella se consigue si está fundamentada en Cristo, en su conocimiento y amor, y en la imitación de su vida y de sus obras. Una formación así fundamentada será como una *casa edificada sobre piedra firme+, capaz de superar todos los embites y dificultades de la vida misionera. Al contrario, sin una referencia a Cristo, la formación estará edificada sobre arena, sin soporte estable ni base consistente[36].

 

     4.2. La formación sólida debe mirar, también, a la adquisi­ción de las virtudes misioneras propuestas en las Constitucio­nes[37]. En ellas se nos presentan las virtudes que fundamentan la vida misionera que se exige en la Congregación y que han de asimilar y personalizar los que entran en ella desde el mismo noviciado, como son una fe viva, la confianza, la humildad, la obediencia, la rectitud de intención, la oración y la fidelidad a la vocación.

 

     5. Formación del carácter

 

    Profundizando y desarrollando algunos aspectos de la circular anterior, el P. Alsina escribió sobre la Formación del carácter[38], pues una buena selección vocacional y un sólida formación implican prestar una atención especial a la formación del carácter de la persona[39].

 

     5.1. En primer lugar, formar a hombres de carácter es formar a *hombres dueños de sí mismos y de las circunstancias, para proseguir lo bueno, lo justo, lo equitativo y lo racional, en todo lugar, tiempo y ocasión+[40]. Es necesario formar en la Congregación misioneros de carácter, misioneros dueños de sí mismos y de las circunstancias para conseguir los tres fines de nuestra vocación: glorificar a Dios, santificarse a sí mismo y salvar a los prójimos en todo lugar, tiempo y ocasión. La imitación de Cristo, el identificarse con El, el testimonio de la virtud y el anuncio del Reino no es posible si el misionero no es un hombre de carácter[41]. Y en segundo lugar, hay que formar positivamente el carácter personal de cada uno, pues los misioneros de mal carácter son perniciosos para la Congregación, para la comunidad y para el ministerio[42].

 

     5.2. La firmeza del carácter se consigue a través de la sujeción y la fidelidad a los *deberes+ de cada uno[43].    Se trata de una sujeción que sea expresión del espíritu de obedien­cia, que esté motivada por el amor a Jesús y que se realice en un clima de libertad, fe y amor. Para formar un carácter *firme, noble y levantado, cual conviene al Misionero Hijo del Inmaculado Corazón de María+, es necesario formar en la verdad, en los valores de nuestra vida; y en las acciones y comportamientos coherentes con los valores misioneros. En todo ello, ha de haber una motivación central, que no es otra que el *amor a Jesucris­to+[44]

 

     Este planteamiento formativo, la fórmula *propter Jesum Christum+, ha de iniciarse en los Colegios y en el Noviciado y se ha de continuar en los años que siguen a la Profesión. Por una parte, en esas etapas formativas está el terreno propio para que el germen de la vocación religiosa y apostólica se arraigue, se desarrolle y se perfeccione, y se forme el buen carácter. Y, por otra, el ejercicio continuado formaría el hábito, formaría el carácter, y esta sería la mayor seguridad de un próspero porvenir indivi­dual y corporativo[45].

 

     6. María en la formación

 

    María es una referencia obligada para formar a Cristo en los formandos. La formación sólida, que ha de estar fundamen­tada en Cristo y en la imitación de su vida y de sus obras, se ha conseguir a través de María, nuestra Madre. El Misionero tomará a María como “base y ejemplar de su formación espiritual”, para plasmar en sí con “más suavidad y eficacia” la imagen y la vida misma de Jesús, hasta llegar a una identifica­ción plena con El[46].

 

 

     III. DOCUMENTOS VOCACIONALES Y FORMATIVOS 

 

     1. Vocaciones

 

     Los criterios y los requisitos para la admisión de los candida­tos para el momento de ingreso y las circunstancias de dimisión durante el período formativo constaban en los documentos de la Congregación. No obstante, dada la varie­dad de los mismos, a partir del reglamento del año 1900, del que se hablará a continuación, los requisi­tos aparecen reunidos en un Apéndice con el título de Bases de admisión e interrogato­rio para Postulantes publicado *con el deseo de que haya completa uniformidad en todos nuestros Colegios acerca de los procedimien­tos o trámites para admitir Postulan­tes+[47].

 

     2. Postulantes

 

     Con el paso del tiempo, la nuevas exigencias de los centros y de la pedagogía, las sugerencias de los formadores y las indicaciones de los Capítulos Generales, el reglamento para los postulantes fue actualizado progresivamente.

 

     2.1. Las experiencias anteriores motivaron la conveniencia de ir introduciendo en la práctica *algunas modificacio­nes de conside­ra­ción+ en el último reglamento del P. Xifré. Por eso, el VIII Capítulo General (Vich 1899), creyó que había llegado el momento de asumirlas y de efectuar una nueva redacción del mismo[48].

 

     El nuevo Reglamento para los Colegios de Postulantes (1900) fue editado en tiempos del P. Clemente Serrat[49] y, para su elaboración, se tuvo en cuenta:

 

*11. el reglamento de 1894 con las reformas introducidas por su Rma. posteriormente; 21. las disposiciones tomadas en los Capítulos generales de Madrid, Cervera y Santo Domingo; y 31. los informes de los Rdos. Padres Prefectos de nuestros Colegios y otros Rdos. Padres de reconocida ilustración+[50].

 

     11. Este reglamento, que tampoco explicita, aunque lo supone, ningún Plan de estudios, conserva los aspectos formativos fundamenta­les del anterior[51], entre ellas, la triple dimensión propuesta ya por el P. Xifré de *la uniformidad, el orden y la harmonía en todos los postulantes+ de nuestros Colegios. No obstante, introduce bastantes cambios en su organización interna, desarro­lla más ampliamente algunos puntos y añade, como novedad, unas Instruc­ciones para el traslado de los postulantes al Noviciado y varios apéndices[52].

 

     Además de las funciones de los formadores (prefectos, profesores y coadjutores), desarrolla más explícitamente las funciones de los superiores[53].

 

     A los Prefectos se les insiste en el contacto periódico con los postulantes para que éstos den *cuenta de su estado corporal y espiritual+, describiendo con mayor precisión y desarrollando con más amplitud el contenido de dicho relación personal. Los Prefectos han de procurar,

 

*que, a los menos una vez al mes, vayan a su habitación los Postulantes para dar cuenta de su estado corporal y espiri­tual, y se informen al pormenor de todo cuanto les ocurra y convenga, según su índole y temperamento; y muy particu­larmente averigüen cómo se portan dichos jóvenes en la oración y demás prácticas u obras ordinarias+[54].

 

     Introduce algunos criterios pedagógicos para la corrección fraterna de los postulantes. La corrección ha de fundarse en la justicia, ha de ser equitativa, discreta en tiempo y oportunidad, proporciona­da a la edad y condiciones psíquicas y espirituales del postulante, gradual en su aplicación y fundada en la caridad[55]. Y pide a los Prefectos que, al corregir, además de pedir con humildad y fervor los auxilios necesarios para ejercer esta delicada función, se revistan de verdadera caridad[56].

 

     2.2. Durante el gobierno del P. Alsina se hace otra edición del Reglamento para los Colegios de Postulan­tes (1907)[57]. Tanto los principios como las orientaciones formati­vas coinciden fundamentalmente con los reglamentos anteriores. No obstante, incluye, además del cuadro de asignatu­ras que se han de estudiar en los cuatro años, varias modifica­ciones sugeridas por algunas personas consultadas al afecto. En el orden formativo se pueden destacar:

 

     11. La atención al desarrollo físico y corporal, sobre el que siempre se ha insistido, se ha de cuidar especialmente durante estos años mirando el futuro apostólico del postulante. Muchos casos de enfermedades que, con el tiempo, inutilizan al Misionero para el ejercicio del ministerio tienen su origen en el abandono o descuido en que se tuvo al postulante o novicio en los tiempos de formación[58].

 

     21. Los profesores, cuando tengan que avisar o corregir a los postulantes, han de ser equitativos, moderados y movidos sólo por el *celo santo y pacífico+. No deben abatirlos ni entriste­cerlos poniendo en crisis su vocación[59].

 

     31. Los horarios, comunes para todos los centros de postulantes a fin de favorecer el orden de los mismos, se flexibilizan en su aplicación. La realidad impone esta apertura. Por eso, los superiores quedan autorizados para que, con causa razonable y oído el parecer de los prefectos, puedan variar las horas en determinados días[60].

 

     2.3. Los reglamentos anteriores, aunque hacen indicaciones formativas dirigidas a los postulantes, no tienen referencias directas a ellos como estamento educativo. Para completar el marco formati­vo, aparece en tiempos del P. Alsina el Espejo del Postulante, especie de directorio o reglamento dirigido a los pequeños seminaristas de la Congrega­ción[61].

 

     Los postulantes, según este reglamento, han de ser conscien­tes desde el principio de que se forman para ser misioneros. Por eso, al entrar al colegio, *tendrán siempre presente el fin de su vocación a la Congregación de Misioneros Hijos del I.C. de María+. Por lo mismo, vivirán según el espíritu y las prácticas de la Congregación[62].

 

    Han de ser, ante todo y sobre todo, *verdadera y sólidamente piadosos+, con una piedad cimentada *en el santo amor y temor de Dios+ y con una especial referencia al Corazón de María, a la que se dirigirán como Madre. Han de ser devotos preferentemente con los santos cuya devoción ha cultivado tradicionalmente la Congregación y se han de iniciar en la devoción al Ven. P. Fundador[63].

 

     Como signo vocacional claro, deberán amar, afectiva y efectivamente y como verdaderos hijos, a la Congregación[64]. Se ejercita­rán en las exigencias que se derivan de los votos que han de profesar en el futuro; en las virtudes misioneras, típicamente claretianas, como son: la humildad y la modestia; y se aplicarán con seriedad y responsabilidad al estudio[65]. Y con el P. Prefec­to, su inmediato superior, tendrán una relación personal abierta y sincera. Con frecuencia deberán visitarle en su habitación y exponerle su situación personal[66].    

 

     3. Estudiantes profesos

 

     3.1. Disposicio­nes para los Estudiantes profe­sos

 

     Ya dijimos en el capítulo anterior que los Reglamentos para postulantes sirvieron también de orienta­ciones formativas para los estudiantes profesos en sus puntos fundamen­tales[67]. También en este período se siguió con el mismo criterio[68].

 

     No obstante, más tarde, en tiempos del P. Alsina, se publicaron, el 11 de noviembre 1912, las Disposicio­nes particula­res para los Colegios de los Estudiantes profe­sos (1912)[69]. Son una síntesis de disposiciones que se han ido dando y observando desde los primeros colegios de Thuir hasta el momento presente para la organización y el funcionamiento de los mismos. Es como un reglamento con prácticas muy detalladas, *normas concretas y bien determinadas+, que buscan la uniformidad de comportamientos y tienden a favorecer el espíritu religioso y el aprovechamien­to en ciencia y virtud[70].

 

     3.2. Statuta pro Studiis

 

     El VIII Capítulo General (Vich l899) pidió que se revisara y reformara el Plan de Estudios de la Congregación, vigente desde el tiempo del P. Clotet, estableciéndose una metodología para ello[71].

 

     Después de una amplia consulta a los profesores de la Congregación, el Gobierno General elaboró un nuevo Plan de Estudios, que se publicó el 25 de agosto de 1900 con el título de Statuta pro Studiis Congregationis Filiorum Immaculati Cordis Beatae Mariae Virginis[72].

 

     El Plan fue promulgado *ad experimen­tum+ por tres años. Al terminar el trienio se hizo una consulta a los Superio­res, Prefectos y Profesores, pidiéndoles observacio­nes al respecto. Recogidas éstas, el Gobierno General introdujo unos cambios en los Estatutos, que fueron publicados el 10 de septiem­bre de 1903[73].

 

     El IX Capítulo General extraordinario (Selva del Campo 1904), pidió que el Gobierno General estable­ciese una Comisión Permanen­te de Estudios para examinar, entre otras cosas, los Estatutos y el Reglamento vigentes y elaborar el Reglamento de los Prefectos[74]. Esta Comisión hizo nuevas observa­ciones a los Estatutos de Estudios, que se publica­ron el 14 de julio de 1904[75].

 

     Los Estatutos fueron confirmados y publicados nuevamen­te en los años 1913 y 1916, con pocas correcciones y bastantes interpretaciones realizadas por la Comisión Permanente de Estudios. En este período no hubo cambios sustanciales, *en espera de lo que acerca de los estudios de los Institutos Religiosos tenga a bien resolver la Santa Sede+[76].

 

 

     IV. CAPÍTULOS GENERALES[77]

 

     1. VIII Capítulo General. Vich 1899[78]

 

     1.1. Régimen del Noviciado

 

     No ha llegado el momento oportuno, dice el Capítulo, para que las Provincias instalen su propio noviciado. El actual debe seguir bajo la jurisdicción del Gobierno Gene­ral[79], aunque los Padres Provinciales tendrán su responsabilidad en el nombramiento de los Maestros de Novicios y en la admisión de éstos para la Profesión. Mirando al futuro, los Superiores Provinciales deben ir preparando lo necesario para organizar los Noviciados cuando se den las circunstancias apropiadas[80].

 

     1.2. Revisión del Reglamento de Postulantes y de Estudios

 

     Una petición del Capítulo al Gobierno General fue que, teniendo en cuenta las experiencias de los últimos años, revisase el Reglamento de Postu­lantes vigente e hiciese los cambios y reformas necesarios[81]. Asimismo dejó al criterio del Gobierno General la oportunidad de hacer alguna modificación a los Reglamentos de Estudios[82].

 

     1.3. Ministros locales

 

     Los Padres Ministros, como encargados de los hermanos, han de ser para ellos *como verdaderos padres+: deben atenderlos en sus necesidades físicas y morales, vigilar su modo de actuar y usar siem­pre formas dignas y caritativas en sus relaciones con ellos[83].

 

     1.4. La cuenta de conciencia

    

     Para facilitar el cumpli­miento de las Constituciones[84] sobre la cuenta de conciencia al Superior y al Confesor, el Capítulo declaró que tanto los Superio­res como los Ministros, Prefectos y Maestros, no podrán revelar a *nadie cosa alguna que hubiesen sabido sólo, pura y exclusivamen­te por la dicha cuenta de conciencia recibida de sus respectivos súbdi­tos+[85].

 

     2. IX Capítulo General. Selva del Campo 1904[86]

 

     2.1. Organización de los centros

 

     El Capítulo aprobó las distribución completa del Escolasti­cado, pasándolo a la jurisdicción de los Superiores Pro­vincia­les, y la creación de un Colegio Central dependiente del Gobierno General para los Padres que *hayan terminado los cursos de Moral y Dere­cho así como los sacerdotes que hagan su profesión en los Noviciados+[87].

 

     2.2. Higiene en los Colegios

 

     Preocupación del Capítulo fue la salud de algunos de nuestros alumnos y la higiene en los Colegios. Sin salud no puede haber adecuada formación ni vivencia de los compromisos de la vida misionera. Por lo mismo, se acordó, en primer lugar, implantar en nuestros Colegios las mejoras necesarias para favorecer sus condiciones higiénicas de las mismos. Y, en segundo lugar, pareció conveniente consultar *a personas de acreditada ciencia y experiencia+, para asesorarse en orden a adoptar otras medidas que se consideren necesarias[88].

 

     2.3. Comisión Permanente y Reglamento de Prefectos

 

     El Capítulo deliberó sobre varios puntos referentes al Plan de estudios, al Reglamento de Postulantes y a la conveniencia de redactar un Reglamento especial para los Padres Prefectos de nuestros Colegios.

 

     Teniendo muy en cuenta los deseos del Cardenal Protector sobre los estudios de nuestros Misioneros, el Capítulo tomó el acuerdo de pedir al Gobierno General la creación de una Comisión Permanente entre cuyos fines tendría el de estudiar los estatutos y Reglamento vigentes. El Capítulo reconoció, tam­bién, la convenien­cia de un Reglamento de Prefectos y dispuso que se encargara de redactarlo la referida Comisión permanente[89].

 

     2.4. Declaraciones sobre las Constituciones

 

     Sobre las Constituciones, el Capítulo hizo varias declara­ciones, algunas con claro contenido formativo[90].

 

     11. Respecto a los novicios, se distingue entre su aproba­ción para la profesión, en la cual intervienen los examinadores provinciales, y su admisión a la misma, en la cual vota el Gobierno Provin­cial[91]. El Maestro deberá informar de los novi­cios al Superior Provincial cada tres meses; esta información se deberá dar a conocer también a todos los que tengan voto en la aprobación o admisión de los novicios[92]. Terminado el año de noviciado, y antes de profesar, los novicios deben disponer por docu­mento público o privado del uso, usufructo y administración de todos sus bienes; y sería muy conveniente que hiciesen también testamento[93].

 

     21. A los estudiantes se les prohíbe leer, sin permiso del Superior, libros o escritos no permiti­dos[94] y de las Sagradas Escrituras leerán aquellos contenidos (no tanto los capítulos) previa­mente designados por el Superior[95].

 

     La exigencia para la ordenación, que dice que nuestros estudiantes *sean verdade­ramente ejemplares+, implica los siguientes requisi­tos:

 

*11. Que eviten las faltas delibera­das, y reciban bien los avisos y con ellos se enmienden de las indelibe­radas. 21. Que obren conforme a la virtud en los casos ordinarios, y ofrezcan garantía de obrar así en los extraordina­rios. 31. Que tanto los Superiores como los iguales estén satisfechos de ellos y de su conducta+[96].

 

     31. El Maestro explicará a los novicios el número 56 de la I parte de las Constituciones en el siguiente sentido: como principio general, los hermanos, después de la profesión, no podrán pasar a la categoría de estudiante y ningún estudiante ordenado in sacris podrá pasar definitiva­mente a la de hermano. Sin embargo, el Gobierno General, con causa grave, podrá enviar defini­tivamente a la categoría de hermanos a los estudian­tes no ordenados in sacris. Los superiores, en su distintos niveles, podrán enviar, y es conveniente que lo hagan algunas veces, a cualquier padre o estudiante a hacer los oficios propios de los hermanos por ejercicio de virtud, por vía de prueba, y tam­bién en penitencia de alguna falta cometida.

 

     3. XI Capítulo General. Vich 1912[97]

 

     El Capítulo acordó, y solicitó su aprobación a la Sede Apostólica[98], un conjunto de cambios sobre el postulantado, el noviciado y la profesión religiosa. La razón de los cambios estaba expresada en la motivación de la petición: el período de aspirantado (que desde el tiempo del P. Fundador fue de quince días) y el año de Noviciado prescritos por las Constitu­ciones como tiempo de prueba antes de la profesión perpetua no era un tiempo suficiente, especialmente para los hermanos[99]. La expe­rien­cia de la vida religiosa estaba demos­tran­do que se necesitaba una edad mayor y más tiempo de madura­ción personal antes de que el joven religioso se implicase en un compromiso definitivo[100].

 

     3.1. Noviciado[101]

 

     11. Preparación para el Noviciado. Para todos los que ingresaban directamente en el Noviciado sin un tiempo de acogida previo (como los seminaristas menores), el Capítulo solicitó a la Santa Sede que el tiempo de Aspirantado, en vez de quince días, fuera en principio de un año, con la posibilidad de reducir este tiempo en caso especia­les.

 

     21. Duración. El tiempo del Noviciado para todos sería de un año y se contaría desde la toma de hábito.

 

     3.2. Profesión[102]

 

     11. Temporal. Después del Noviciado se haría la profesión temporal, no la definiti­va. El novicio haría los votos de pobreza, castidad y obediencia por un año y los renovaría anualmente por un período de tres.

 

     21. Perpetua. Nadie sería admitido a la profesión perpetua antes de los veintiún año. Si al terminar el trienio, los estudian­tes no hubiesen cumplido los veintiún años, deberán profesar temporal­mente por el tiempo que les faltaba para cumplirlos. Los hermanos, en cambio, deberían renovar por otro trienio continuo. Terminado el período de votos temporales, según las distintas modalidades dicha, el profeso, considerado digno, sería admitido para hacer la profesión perpetua; de lo contrario, debería ser despedido.

 

     También trató el Capítulo otros asuntos relacionados con la formación, como la fundación de Postulantados y Noviciados en las Cuasi-Provincias[103], el papel de los examinadores provincia­les en la aprobación de los postulan­tes para su ingreso en el Noviciado y en la de los novicios para la profesión[104], y sobre los criterios para la lectura de periódicos y revistas en nuestras Comu­nidades y en los Escolasticados y Noviciados[105].

 

 

     V. DISPOSICIONES GENERALES.

 

     En 1900 se publican las primeras Diposiciones Genera­les[106], así llamadas porque van dirigidas a toda la Congrega­ción. Es una compilación, orgánica y sistemática, de la normativa general de la Congrega­ción.

 

     Como criterio para su elaboración se han tenido en cuenta, por una parte, las disposi­ciones vigentes (publica­das anterior­mente en forma alfabéti­ca) purifica­das de todo aquello que era circunstan­cial, exhortativo o motivacional; y, por otra, se han excluido las que constan explícitamente en las Constitu­ciones. Normalmen­te recogen las disposiciones de los Capítulos Generales y otras derivadas de las Constituciones. El aspecto vocacional y formativo se encuentra en los capítulos XVIII-XXVI y XXX de la Primera Parte.

 

     Son disposiciones típicamente claretianas. Como dice el P. Serrat en el Prólogo, tanto las Constitu­cio­nes como las Disposi­ciones Generales, además de asegurar la observancia, *dan a nuestro Instituto su fisonomía y carácter propio y son como el sello con que se distingue de los demás institutos, así en su ser como en la vida íntima y en sus manifestaciones a lo exte­rior+[107].

 

     Fueron actualizadas, y parcialmente modificadas, en 1905[108], 1906[109] y 1912[110] tras los Capítulos Generales cele­bra­dos por las mismas fechas.

 



    [1] C. SERRAT, circular sobre la Vocación religiosa, Anales, 8 (1901-1902), pp. 669-680; ColCC., pp. 228-241. El P. Serrat tradujo del italiano los Avisos sobre la Vocación Religiosa del San Alfonso M de Ligorio (Cf. Librería Religiosa, Barcelona 1871, pp. 226; AG CMF: Biblioteca 5, 4, 14).

    [2] C. SERRAT, Ib., ColCC., p. 229.

    [3] Ef. 4, 1-3.

    [4] C. SERRAT, Ib., ColCC., p. 231.

    [5] Ef. 4, 1-3.

    [6]*Ante todo reclama el Apóstol como primero y fundamental medio de perseveran­cia en la vocación la humildad y mansedum­bre+ (C. SERRAT, Ib., ColCC., p. 233).

    [7]*por lo mismo, la humildad no ha de ser como quiera, sino omnímoda, cum omni humilitate, y bajo todos sus aspectos+ (C. SERRAT, Ib., ColCC., p. 234).

    [8]*ha de nacer de lo íntimo del alma, sintiendo muy bajamente de sí mismos, conside­rando que su origen es el polvo, la nada, el pecado; que la gracia de la vocación y cuantas dotes posean son beneficios gratuitos de que se les hizo administradores, y con los cuales han de negociar diligentemente; que la gloria y el honor de sus actos y ministerios ha de ser todo exclusiva­mente para Dios; reservando para sí la confusión, como el autor de la Imitación de Cristo, soli Deo honor et gloria, mihi autem confusio (…). Tal debe ser el concepto que de sí ha de formar el religioso que ame la perseverancia en la vocación+ (C. SERRAT, Ib., p. 234).

    [9] Porque *no debe sólo atender a lo que tiene de grande y sublime el Estado religioso, para cautelarse contra los desvane­cimien­tos de la soberbia, destructora cruel de la gracia de la vocación, sino que debe ponderar lo que en dicho Estado hay de penoso y difícil, y las humillaciones que puedan sobre­venirle donde menos pensare, para prevenirse contra el desaliento o la indignación, que es otro escollo no menos funesto+ (C. SERRAT, ColCC., p. 234).

    [10]*Debe, pues, tener en cuenta el sacrificio continuado que impone la vida religiosa, la abnega­ción y privaciones que traen consigo la obediencia y los demás votos, la presencia de ánimo para tratar con individuos natural­mente antipáticos, etc., etc.; debe también reflexionar que en estos críticos momentos de humillación y de prueba el mundo le agrandará las dificultades, seduciéndole con el falso brillo de las honras, comodidades y libertad, con el atractivo de la familia o de los amigos que le auguran un risueño porvenir en la Babilonia de que salió (…). Pero bien pertrechado con ellas (con la humildad y la mansedumbre), afrontará los sacrificios y las humilla­ciones que puedan sobrevenirle en la Religión y abominará de los incentivos y halagos del mundo, (…)+ (C. SERRAT, ColCC., p. 235).

    [11]*Al observar un hermano dominado de la aflicción de espíri­tu, víctima de molesta enfermedad u otras pruebas, no amarguemos más su situación, haciéndole cargos o inculpa­ciones, como los indiscretos amigos de Job, )quis innocens periit? ni hemos de mostrarnos insensibles a su dolor, pasando de largo, como el levita y el sacerdote, sino que, como buenos samaritanos, hemos de llegarnos a él con amabilidad y compasión, sanando las llagas de su alma con el vino y aceite de los consuelos. No permita el Señor que en ninguna de nuestras Comunidades haya uno solo que con sus aflicciones pueda decir con algún fundamento: conso­lan­tem me quaesivi et non inveni+ (C. SERRAT, Ib., ColCC., p. 237).

    [12]*Rogámoos por Jesucristo, Hermanos carísimos, que refle­xionéis detenidamente sobre este punto; porque la dureza de corazón con los que sufren, o la impaciencia y rigor por las faltas de los hermanos, cuando es habitual, pudiera hacer fluctuar a éstos en la vocación, y no sería pequeño remordimiento la fundada sospecha de haber en algún modo podido contribuir a tan grave daño+ (C. SERRAT, Ib., ColCC., p. 237).

    [13]*Sí, Hermanos amadísimos: hemos de poner todo nuestro estudio, toda nuestra solicitud y afán en conservar la unidad de los espíritus, la conformidad de los ánimos, la intimidad afectuosa de los corazones; de tal suerte que en todos sea uno mismo el pensar y el sentir, el querer y el obrar, unos los afectos y las voluntades, como las de los primitivos cristianos norma y ejemplar de los buenos religiosos+ (C. SERRAT, Ib., ColCC., p. 238).

    [14] M. ALSINA, circular sobre los Remedios del descontento en la Religión, Anales, 10 (1906), pp. 529-538; ColCC., pp. 241-245.

    [15] M. ALSINA, Remedios…, ColCC., p. 242.

    [16]*Son muchas las necesidades de la Congregación comunes y particu­lares, del orden material y del orden espiritual. Y como la oración sigue siendo siempre el remedio universal para conseguir el deseado socorro, de aquí mi particular confianza en estos momentos. Pero aunque espero el remedio de todas, me intere­sa sobre manera las que afectan al bienestar espiritual de todos y de cada uno de los indivi­duos de la Congregación. Y no extrañéis que me refiera de un modo particular a esta necesidad, porque ella es la princi­pal, y porque, aunque sea doloroso, es un hecho fre­cuente­mente observado; y es que son no pocos los que viven descontentos en la Congregación. Uno está descontento por el lugar en que ha de residir, otro por el oficio que ha de desempeñar; éste por la compañía de un individuo antipáti­co, aquél por otro exigente. Uno sufre por el P. Superior, el otro por el P. Ministro, el otro por este o aquel Encar­gado, etc…+ (M. ALSINA, Reme­dios…, ColCC., pp. 241-242).

    [17]*El remedio al malestar que aflige a tantos no se debe buscar en la tierra, no en el cambio de lugar, no en nuevas relaciones, no en mudar de oficios, de Superiores, de Ministros, de Prefec­tos, no. Estas mudanzas pueden, en algún caso dado, producir un alivio momentáneo, como un paño de agua fresca en una recia calentura; pero como no van a la raíz del mal, luego reaparece el malestar antiguo y no pocas veces con mayor fuerza y con más peligro por el des­engaño experimentado+ (M. ALSINA, Remedios…, ColCC., p. 242).

    [18] Consiste *(…) en mudar nuestra voluntad, en aficionarla a la obser­vancia, en sentir con eficacia la divina pía moción+ M. ALSINA, Ib., ColCC., p. 242.

    [19]*Sí; a la voluntad hay que aplicar el remedio, y el remedio no es otro que la pía moción divina a la observancia. Porque faltando esta pía moción, la voluntad no se siente suficiente­mente atraída hacia ella; y de ahí viene la indecisión, de la indecisión nace la división, de la división la contrariedad, de la contrariedad el desorden interior. y de ahí la intranqui­lidad, el malestar y el dolor+ (M. ALSINA, Ib., ColCC., p. 243).

    [20] Cf. M. ALSINA, Ib., ColCC., p. 244.

      Lograda esta *pía divina moción+, *(…) estaremos todos contentos con nuestra suerte, aunque humilde o trabajosa, gozaremos de mucha paz en la Congrega­ción y acumularemos un rico caudal de méritos para el Cie­lo+ (Ib., ColCC., p. 245).

    [21] M. ALSINA, circular sobre Una nueva Provincia, Anales, 10 (1906), pp. 577-580; nota en p. 578.

    [22]*Y este trabajo ha de consistir en desarrollar, en perfeccionar y en vigorizar más y más todas nuestras facultades en orden al fin de la Congregación+ (Ib. p. 579).

    [23]*Trabajad conforme al caudal recibido; si son cinco talentos, cultivad y negociad con cinco; si son dos con dos y si fuera sólo uno, cultivad y negociad con uno; que no quedará ningún trabajo sin la debida recompensa, unusquisque recipiet mercedem juxta suum laborem+ (Ib., p. 579).

    [24] M. ALSINA. circular sobre La formación de los nuestros, Anales, 13 (1911-1912), ­pp. 333-336; ColCC., pp. 501-504.

    [25] M. ALSINA, La formación de los…, ColCC., p. 502.

    [26]*In omnibus, dice la santa Regla: en todo y por todos. Así se han de formar los Postulantes, así los Novicios, así los Profesos; lo mismo Hermanos, que Estudiantes, que Padres+ (Ib., p. 502).

    [27] Ib., p. 502.

    [28]*La formación, por tanto, ha de encaminarse a obtener la mayor aptitud posible para la realización de tan variados medios+ (Ib., p. 503).

    [29] Cf. Ib., pp. 503-504.

    [30] Ib., p. 502.

    [31] Cf. Ib., p. 502. A continuación se preguntará:

      *)En qué ha de consistir la buena formación? En que salgan todos buenos Misioneros, es decir, Misioneros de la Congregación y Misioneros de su época+ (Ib., p. 502).

      Para esta buena formación *Oren, pues, los Directores, estudien y reflexionen sobre los mejores métodos de buena formación, y los súbditos cooperen docilmente a la acción y dirección de sus mayo­res+ (Ib., p. 504). El P. Alsina dirigió una circular reservada a los responsables de la formación sobre el tema de la castidad (M. ALSINA, circular sobre La educación y formación de nuestros jóvenes misioneros, 15 de agosto 1919; AG CMF: BC, 1, 6, 6).

    [32] M. ALSINA, circular sobre La formación sólida de los nuestros en la virtud, Anales, 17 (1919-1920), pp. 65-68; ColCC., pp. 504-507.

    [33]*La segunda nota fué, que (el Papa Benedicto XV) nos hizo una paternal exhortación de que procurásemos una formación sólida en la virtud en todos los que ingresen en nuestra amada Congrega­ción (…). Recibámosla, pues, Padres y Hermanos míos, con gratitud y docilidad. Directo­res y dirigidos, oigamos la voz amorosa de nuestro Padre común, y procuremos la sólida formación que se nos recomienda+ (M. ALSINA, Formación sólida…, ColCC., pp. 504-505).

    [34]*Sí, Padres y Hermanos míos, es necesario formarse en la sólida virtud, como nos recomienda nuestro Santísimo Padre, y mantener­nos siempre en ella. De lo contrario, no podremos cumplir con nuestra vocación, que es la de santificarnos primero nosotros y ayudar a los prójimos a que consigan su salvación y santifica­ción (M. ALSINA, Formación sólida…, ColCC., p. 505).

    [35]*(Ojalá, Padres y Hermanos míos, que todos en la Congregación hubiésemos puesto los sólidos fundamentos que nos marcan las Santas Constituciones y hubiésemos perseverado siempre fieles a la vocación recibida! A los ojos de todos están las deficiencias que hemos de lamentar. A muchos hemos visto que comenzaron bien, pero que no supieron ser fieles a la vocación (…). Mientras estuvieron en los Noviciados y Colegio fueron buenos, fervorosos y edificantes; pero al ponerse en contacto con el mundo. por no tener sólida virtud, por no tener fija su mente y corazón en el amor de Jesús y en su imitación, dieron entrada en su corazón a las máximas mundanas de soberbia e independen­cia, de regalo de sentidos y pasarla bien, de tener y poseer cosas vanas, superfluas y preciosas y (…) (apostataron primero en su corazón y después de la Congregación!+ (M. ALSINA, Formación sólida…, ColCC., p. 506).

    [36]*)Cómo se tendrá esa sólida formación? Si ponemos como fundamento de la misma la imitación de Jesús. El que así edifique en su alma el edificio de la perfección, será, como nos enseña el mismo Jesucristo, como casa edificada sobre piedra firme,(…). Al contrario, si alguno, al ingresar en la Congrega­ción, no se propone imitar y conformar­se con Jesús, edificará su perfección sobre arena (…)+ (M. ALSINA, Formación sólida…, ColCC., p. 505).

    [37]*Las Santas Constituciones nos enseñan claramente cuáles son las virtudes que, como fundamento de la vida que se debe vivir en la Congregación, han de arraigar en su alma los que entran en Ella. Ante todo una fe viva, ya que es el fundamento de la vida sobrenatural; confianza, humildad, obediencia, rectitud de intención, oración y fidelidad a la vocación: es decir, que no volvamos atrás del camino emprendido; que perseveremos hasta la muerte en la práctica de las virtudes con que comenzamos la vida religiosa; y así al presentarnos al mundo, vean en nosotros modelos que imitar para salvar sus almas+ (M. ALSINA, Formación sólida…, ColCC., p. 506).

    [38] Cf. M. ALSINA, circular sobre La formación del carácter, Anales, 17 (1919-1920) pp. 161-166; ColCC., pp. 507-513.

    [39]*De la relación y dependencia del carácter del Misionero con los fines de la Congregación, nos dan idea clara las Santas Constitu­ciones, cuando prescriben al Provincial que averigüe cuál sea el carácter de los que pretenden ingresar en la Congregación; y más aún si cabe cuando dicen que sería malo y pernicioso a la Congregación el admitir en su seno a los de mal carácter+ (M. ALSINA, Formación del…, ColCC., p. 509).

      *Trabajemos todos en ello, carísimos Padres y Hermanos; sin embargo, de un modo especial se ha de trabajar para conseguir lo dicho en los Noviciados y Colegios. Allí está el terreno propio para que el germen de la vocación religiosa y apostólica se arraigue, se desarrolle y se perfeccione, y se forme el buen carácter+ (Ib. p. 512).

    [40] M. ALSINA, Formación del…, ColCC., p. 509.

    [41]*Pero, carísimos Hermanos, sin detrimento de lo dicho, antes bien, dejándolo firmemente asentado, juzgamos de mucha importan­cia el daros una instrucción sobre el carácter en el Misionero y su formación. Porque si es cierto que el Misionero, para ser digno de este nombre, ha de ser como otro Cristo, y de palabra y con el ejemplo ha de predicar la virtud y enseñar a todos el camino del Cielo, no cabe tampoco la menor duda que la consecu­ción de esta divina empresa está íntimamente relacionada con el carácter de cada uno+ (M. ALSINA, Formación del…, ColCC., p. 508).

    [42] M. ALSINA, Formación del…, ColCC., pp. 509-510.

      *(…) es mal carácter: el carácter egoísta, el arrogante, el vengativo, el iracundo, el desconfiado, el voluble, el atolondrado, el huraño, el suspicaz, el desdeñoso, el burlón, el fingido, (…) Todos los cuales serán más o menos perjudiciales, según influyan más o menos en la vida ordinaria del Misionero (…) El Misionero, para ser de provecho para sí y para los que vivan con él y para aquellos a quienes sea enviado a ejercer los sagrados Ministerios, debe ser de carácter generoso, afable, sufrido, sincero, reflexivo, formal, bondadoso, constante, ecuánime, compasivo, indulgente, social (…)+ (Ib.).

    [43]*En segundo lugar hay que adquirir firmeza de carácter; y ésta la conseguiremos con la sujeción continua y volunta­ria a la ley, al orden y a la disciplina. La fidelidad a los deberes cotidia­nos de cada uno, según su respectiva posición social, es lo que forma al hombre de carácter+ (M. ALSINA, Ib., ColCC., p. 511).

      *Un Reglamento doméstico cumplido con toda regularidad, un horario diurno y nocturno seguido con exactitud, es una insupera­ble escuela de firmeza de carácter, es una cantera de donde con el tiempo se puede extraer un carácter berroqueño. En este ejercicio, al parecer insignificante, se cumple de un modo admirable la sentencia de Nuestro Señor: el que es fiel en lo poco lo será también en lo mucho. Por esto el Misionero que desee (y todos lo debemos desear) formarse un carácter firme y noble y digno de su vocación sublime, ahí tiene señalado el camino por donde debe andar+ (Ib., pp. 511-512).

    [44]*Y si queremos una fórmula tomada de las mismas Santas Constitu­ciones, ésta es: Propter Jesum Christum, por amor a Jesucristo; este es el pensamien­to, éste el móvil necesa­rio a la formación de un carácter noble y levantado ‑ obedezcan todos en todos las cosas ‑, ésta es la acción, complemento necesario para formarse el carácter. La divisa, pues, la fórmula, ha de ser ésta: Nada contra la obedien­cia, todo, según ella; desde el comer y descansar, hasta el trabajar y el orar; así los estudios como los ministerios, todo regulado por la obediencia y hecho todo en su debido lugar, tiempo y modo y por amor a Jesucris­to+ (Ib., ColCC., p. 512).

    [45]*(Ojalá que desde el Noviciado se practicase la dicha fórmula!(Ojalá que en los años siguientes a la Profesión no se aflojase en esa práctica! (…) Trabajemos todos en ello, carísimos Padres y Hermanos; sin embargo, de un modo especial se ha de trabajar para conseguir lo dicho en los Noviciados y Colegios.+ (M. ALSINA, Formación del…, ColCC., p. 512).

    [46] “Y bien hará el Misionero que tome a María, nuestra dulce Madre, como base y ejemplar de su formación espiritual, para con más suavidad y eficacia copiar en sí la imagen de Jesús y vivir la vida misma de Jesús, hasta poder decir como el Apóstol: Vivo, ya no yo, sino Cristo vive en mí” (M. ALSINA, La formación del…, ColCC, p. 508).

    [47] CMF, Reglamento para los Colegios de Postulantes del Instituto de Misioneros Hijos del Inmaculado Corazón de María, Santo Domingo 1900, pp. 60. Apéndice, pp. 47-58. Como propaganda vocacional para dar a conocer la Congregación, se siguió publicando: M. ALSINA, Relación sumaria del Instituto Religioso de los Misione­ros Hijos del Inmaculado Corazón de María, Aranda de Duero 1908: AG CMF, BE, 13, 1, 5; Madrid 1920: AG CMF, BE, 13, 1, 4..

    [48] Cf. infra sobre el VIII Capítulo General, n. 1.2.

    [49] CMF, Reglamento para los Colegios de Postulantes del Instituto de Misioneros Hijos del Inmaculado Corazón de María, Santo Domingo 1900, pp. 60.

    [50] CMF, Reglamento…, 1900, p. 4.

    [51] El último reglamento del P. Xifré sirvió de base para los reglamentos posteriores.

    [52] Los apéndices son formularios que tratan de las bases de admi­sión, del interrogatorio prescrito para los candidatos y de algunas cartas prescritas en el proceso de admisión (Cf. CMF, Reglamento…, 1900, pp. 47-60).

    [53] A los superiores, entre otras cosas, se les señalan dos funciones muy importantes: *Procuren,(…), que no carezcan los PP. Prefectos y Profeso­res de los libros necesarios para el buen desempeño de su cometi­do.Finalmente se les recuerda (…) sobre la prohibición absoluta de encomendar predicaciones fuera de casa a los Rdos. PP. Prefectos y aun en la propia iglesia, si han de distraerles de su fin principal que es el cuidado de los postulantes. Lo mismo en su tanto decimos de los PP. Profesores, a los cuales tampoco se deben encomendar predicaciones dentro ni fuera de casa, cuando redunden en detrimento, o sea de la explicación de las respecti­vas asignaturas, que es su cargo princi­pal+ (CMF, Reglamento…, 1900, cap. 31, art. 21, III, pp. 25-26).

    [54] CMF, Ib., 1900, cap. 31, art. 31, III, p. 33.

    [55] Cf. CMF, Ib., 1900, cap. 31, art. 31, V, pp. 36-37.

    [56]*de entrañas de caridad para con sus amados Postulantes; de esa caridad que aborrece el pecado y ama al pecador,(…)+ (CMF, Reglamento…, 1900, cap. 31, art. 31, V, pp. 37-38).

    [57] CMF, Reglamento para los Colegios de Postulantes del Instituto de Misioneros Hijos del Inmaculado Corazón de María, Aranda de Duero 1907, pp. 48.

    [58] Cf. CMF, Ib., 1907, p. 12.

    [59] Los profesores se deben convencer de que *más frutos obtendrán con la persuasión y la suavidad, que con medidas de rigor, y háganse cargo de la debilidad del niño, a la cual y no a la malicia hay que atribuir casi todos sus defectos. Con gran acopio de paciencia y mansedumbre (…) se remediarán los males con más efica­cia+ (CMF, Reglamento…, 1907, p. 19).

    [60] Cf. CMF, Ib., 1907, p. 32.

    [61] CMF, Espejo del Postulante o sea Directorio para los Postulantes del Colegio de Vich, pp. 32. No tiene nombre de autor ni lugar ni fecha de publicación. Por otras fuentes se sabe que fue escrito por el P. Ramón Ribera estando en Vich para los postulantes de aquel centro (Cf. J. M BERENGUERAS, Vida del P. Ribera, Barcelona 1950, p. 109.). De la correspondencia del P. Ribera se deduce que lo escribió en los primeros meses de 1907 (AG CMF: GR, 3, 2, 40; GR, 3, 2, 31). Se hicieron varias ediciones (1917, 1937) y traducciones a diferentes lenguas. Como se verá más adelante, en 1962 se publicó una adaptación actualizada con el nombre de Manual del Seminarista Claretia­no (CMF, Prefectura General de Formación, Roma 1962, pp. 183).

    [62]*procurarán con mucho empeño en los años del Postulantado iniciarse en la vida religiosa, conforme el espíritu y prácticas de la Congrega­ción+ (CMF, Espejo del Postulante…, p. 1).

    [63] Cf. CMF, Ib., cap. 11, nn. 2, 7, p. 2-3.

    [64]*Siendo el amor a la Congregación una de las señales más inequívocas de vocación a ésta, ámenla con amor de verdaderos hijos, aprecien mucho sus cosas, gócense de sus triunfos, rueguen constantemente por ella y por los Superiores, y procuren con una conducta irreprensible formar ahora sus delicias y sus esperanzas para ser un día su gloria y su corona+ (Cf. CMF, Ib., cap. 11, n. 8, pp. 3-4).

    [65] Cf. CMF, Ib., cap. 21, y 41, pp. 6-16.

    [66]*Le visitarán con frecuencia en su celda, dándole cuenta de su estado de salud y de los que para conservarla necesiten; de su aprovechamiento en los estudios y de las dificultades con que tropiecen; pero sobre todo le tendrán su corazón abierto, manifestándole con franqueza todo lo bueno y lo malo de su propia alma, y oyendo con docilidad sus consejos, amonestaciones y correcciones. Esta claridad de conciencia será para los Postulan­tes una de las mejores garantías de su perseverancia en la Congregación+ (CMF, Ib., cap. 21, n. 6, pp. 7-8).

    [67] Cf. cap. 21, II, 5.1.

    [68] Cf. nota 194.

    [69] Aranda de Duero, 1912. AG CMF: 12, 2, 1.

    [70] Cf. Introducción.

    [71] Cf. Anales, 7 (1899-1900), p. 515.

    [72] Cf. Anales, 7 (1899-1900), p. 577.

    [73] Cf. Anales, 9 (1903-1904), p. 253.

    [74] Cf. Acta del Capítulo, sesiones 23 y 24.

    [75] Cf. Anales, 9 (1903-1904), p. 553.

    [76] Cf. Anales, 14 (1913-1914), p. 239, y 15 (1915-1916), p. 621.

    [77] El X Capítulo General de Aranda del Duero (1906) no tiene nada especial respecto a los temas que nos ocupan (Cf. Anales, 10 (1905-1906), pp. 184-196).

    [78] VIII CAPÍTULO GENERAL, Anales, 7 (1899-1900), Apéndice.

    [79] Cf. Rescripto de 28 de Octubre de 1895.

    [80] Cf. Apéndice, pp. 12-13.

    [81] Cf. Apéndice, p. 16.

    [82] Cf. Apéndice, p. 17.

    [83] Cf. Apéndice, pp. 15-16.

    [84] Cf. CC., 1870, II parte, n. 41.

    [85] Cf. Apéndice, p. 9.

    [86] IX CAPÍTULO GENERAL, Anales, 9 (1903-1904), Apéndice.

    [87] Cf. Apéndice, pp. 7-8.

    [88] Cf. Apéndice, pp. 28-30.

    [89] Cf. Apéndice, pp. 30-31.

    [90] Cf. Apéndice, pp. 34 y ss.

    [91] Cf. CC., 1870, I parte, n. 29.

    [92] Cf. CC., 1870, I parte, n. 76.

    [93] Cf. CC., 1870, I parte, n. 63.

    [94] Cf. CC., 1870, I parte, n. 103.

    [95] Cf. CC., 1870, I parte, n. 94.

    [96] Cf. Apéndice, p. 37.

    [97] XI CAPÍTULO GENERAL, Anales, 13 (1911-1912), pp. 515-521, 545-560, 641-644.

    [98] Cf. Rescripto de 20 de junio de 1912, Anales, 13 (1911-1912), pp. 551-552).

    [99] Como motivación de la proposición se propone lo siguien­te: *Superior Generalis (…) voto obsequens Capituli Genera­lis (…) exponit: (…) Sed talis probatio experimento (quindecim dies) inventa est non satis sufficiens, maxime pro fratribus coadjuto­ribus seu laicis: unde Capitulum Generale, re mature deliberata, in decisionem venit petendi a S.V. decretum quo (…) inducatur longius tempus aspiratus seu Postulatus pro Fratribus Coadjutori­bus, etenim pro Clericis necessarium non apparet extendere tempus aspiratu, quia generatim iuvenes, antequam ad aspiratum et Novitiatum pergant, manent sub nomine Postulantium aliquot annos, ordinarie quatuor, in nostris Collegiis ad modum Scholarum Apostolicarum constitutis (…)+ (Ib., pp. 551-553). Este tiempo más amplio de Aspirantado se le empieza a llamar Postulantado.

    [100] Las razones concretas que aparecen en las actas del Capítulo General de 1912 son: la voluntad de la Santa Sede manifestada en varios documentos pontificios, la práctica de casi todos los Institutos religiosos; la necesidad de fundamentar bien a nuestros Misioneros en el espíritu religioso y las exigencias, respecto a España, de la nueva ley del servicio militar obligatorio que, aunque no era seguro, podría afecta a la Congregación. Un P. Capitular se pronunció a favor de los votos temporales porque la perpetua se debería hacer después de la filosofía ya que en esta etapa formativa (16-20 años), la persona está todavía bastante inmadura afectivamente (es *la época de las pasiones+, dijo); en cambio, al entrar en los años de Teología, los estudiantes *se hallarán en buenas condiciones para poderse decidir con mayor convicción y fuerza de voluntad para la profesión de votos perpetuos+. Sin embargo, para otros la introducción de los votos temporales traería muchas defecciones vocacionales durante este período (Cf. Actas, ses. 19-20, AG CMF: AD, 2, 4).

    [101] Cf. Ib., pp. 551-552.

    [102] Cf.Ib., p. 552.

    [103] Cf. Ib., p. 553.

    [104] Cf. Ib., p. 556.

    [105] Cf. Ib., p. 557.

    [106] CMF, Disposiciones Generales para los Hijos del Inmacula­do Corazón de María, Santo Domingo 1900, pp. 112.

    [107] Cf. Prólogo, p. 6.

    [108] CMF, Disposiciones Generales Vigentes para los Hijos del Inmacula­do Corazón de María, Santo Domingo 1905, pp. 118. Incluye un Apéndice con algunas modificaciones proveniente del Capítulo General de Aranda de Duero (1906), pp. 6.

    [109] Como se acaba de indicar, las modificaciones están incluidas en un Apéndice en la publicación anterior.

    [110] CMF, Disposiciones Generales basadas en el Capítulo general de Vich del año 1912, Aranda de Duero, 1912, pp. 131.

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