Capítulo 4

                  C A P I T U L O 41

 

 

              PERÍODO ENTRE LOS AÑOS 1922-1966

 

                        I P A R T E

 

 

     El período que ahora iniciamos, dada su amplitud, ha sido dividido en dos partes. La primera, que forma el capítulo 41, abarca a los PP. Generales y la segunda, que incluye los documentos, capítulos y disposiciones, constituye el capítulo 51.

 

 

     I. P. NICOLÁS GARCÍA

 

     El P. García trató en su magisterio muy amplia y profunda­mente el tema vocacional y formativo. Además de las circulares específicas sobre vocación y formación, hizo referencias continuas al tema muchas veces y bajo muchas perspec­tivas en otras circulares[1].

 

     En principio, presento las circulares vocacionales y formativas con algunas referencias a otras. Y las presento, por razones pedagógicas, en forma temática y conexionadas entre sí.

 

     1. El tema de las vocaciones

 

     En sus circulares, el P. Nicolás insiste en la urgencia de suscitar abundantes vocaciones y en la necesidad de cultivar el don de la vocación para mantenerse fiel a ella y para progresar en el camino de la perfección.

 

 

     1.1. Un grave problema vocacional

 

     11. Una situación conyuntural de especial importancia impulsó al P. Nicolás a urgir el trabajo por las vocaciones. Después del Capítulo de 1937 y tras los aconteci­mientos sucedidos a la Congrega­ción, particularmente en España, que determinaron un importan­te retroceso de personal, escribió la circular Sobre algunos acuerdos Capitula­res (1937)[2], en la que afirmaba que para evitar el colapso congrega­cio­nal:

 

*(…) es necesario que todos los Hijos de la Congrega­ción procuren el fomento de vocaciones, de suerte que pueda el Instituto atender no sólo a la multitud de obras que tiene entre manos, sino que pueda ampliar su radio de acción y extender su influen­cia a todos los pueblos y ministerios; especialmente debe mirar a la evangeliza­ción de nuevos, encargándose de Misiones de infieles, para así justificar el nombre glorioso de Misioneros, que llevamos con santo orgullo+[3].

 

     21. Más tarde, escribió la magnífica circular sobre La Vocación Misionera (1938)[4]. La redactó, en nombre del Gobierno General, que estudió *a fondo este gravísimo asunto+ de las vocaciones, si­guiendo las orienta­ciones del último Capítulo General y estimulado por los ejemplos del P. Fundador y del P. Xifré[5].

 

     31. La preocupación del Gobierno General[6], y también del Capítulo de Albano, por el tema de las vocaciones tiene el contexto histórico concreto, que el mismo P. General expone a toda la Congrega­ción al hablar de la necesidad de *operarios misione­ros+[7].

 

     1.2. Trabajar por las vocaciones

 

     El P. García, muy conocedor de la tradición congregacional y con una admirable amplitud de miras y de visión de futuro, a la hora de promover y acoger abundantes vocaciones, vuelve a la idea del P. Fundador y del P. Xifré. Por eso proponía que los Organismos Mayores organizasen y multiplicasen los Postulanta­dos, Prepostu­lantados y aun casas donde se pudiesen acoger niños y jóvenes que se preparasen para el Postulanta­do[8].

 

     El P. General termina la circular con una amplia conclusión que muy bien puede reflejar las líneas maestras de un plan de acción para la pastoral vocacio­nal[9].

     1.3. Cuidar del don vocacional

 

     No basta con recibir de Dios el don de la vocación. Ha de ser cultivada esmeradamente para mantenerse fiel a ella y progresar en el camino de la perfección. Este don, que aparece como germen, se ha desarrollar hasta ser una planta completa y perfecta[10].

 

     11. Cuando la vocación no se cultiva, aparecen las tentacio­nes vocacionales, *reviven las malas inclinaciones+, se pierde el gusto por las exigencias propias de la vocación por la que se ha optado o, más aún, se hacen insoportables; se vuelve a soñar en la vida secular o se piensa que fuera se puede hacer más y mejor[11]. De aquí la importancia y la necesidad de cultivarla para defenderla y desarrollarla. Es una gracia singularísima que se puede perder si no se cuida en fidelidad y corresponden­cia[12].

 

     Y ha de ser un cultivo continuado que, iniciado desde el primer momen­to en que aparecen los signos vocacionales, debe durar toda la vida:

 

*Este cultivo de la vocación empieza ya antes de recibirse los individuos, como se dispone y prepara la tierra que ha de convertirse en semillero+[13].

*(…) el cultivo de la vocación debe ser constante; no sólo en el Postulantado, ni sólo en el Escolasticado; ni sólo en los primeros años de vida pública. Toda la vida debe cultivarse la vocación+[14].

 

     La vocación hay que cultivarla con *cuidados exquisitos+ y preservarla en un ambiente de fe. La fe sobrenatural es el ambiente propio donde ha nacido la vocación y debe ser, asimismo, el ambiente adecuado para su consolidación y desarrollo[15].

 

     21. Los medios que expresan y favorecen el cultivo esmerado de la vocación pueden ser personales y comunitarios. Entre los personales se señalan: la estima y el amor a la vocación; el empeño por desarro­llarla; el cuidado por defenderla y por huir de los peligros que la acechan; el conservarla en su ambiente propio y el vivir el espíritu religioso y congregacional[16]. Desde el punto de vista comunitario, como empeño de todos y con especial responsabilidad por parte de los Superiores, Ministros, Prefectos, Profesores, etc…, los medios más adecuados son: la observancia religiosa y el ambiente ejemplar de la comunidad en la espiritualidad, caridad fraterna, higiene, laboriosidad y regularidad[17].

 

     1.4. Amor a la Congregación 

 

     El misionero debe pensar, sentir y experimentar que la vocación que ha recibido y ha aceptado en fe y libertad es un don divinísimo y que para él es el mejor; en él cumple la voluntad de Dios y en él se puede realizar plenamente. Y debe estar también convencido de que es en la Congregación donde debe desarrollarse de una manera concreta y existencial[18]. Este sentir se debe suscitar en todos los misioneros desde el mismo comienzo del noviciado, y les debe llevar a vivir con alegría la voca­ción[19]; y a amar y estimar la Congregación a pesar de sus defectos[20]. Para ello es necesario *vivir conforme a ella+, asimilando su proyecto de vida y misión, según el espíritu y el estilo de nuestra Congregación[21].

 

     El P. García afirma que la estima, el amor y el interés por la Congregación están íntimamen­te unidos entre sí. Todas estas actitudes deben llevar a cada uno de sus hijos a buscar lo mejor para la Congregación por todos los medios posibles, es decir, a promover su bien en todas su dimensiones, a impulsar sus obras y a fomentar las vocaciones[22].

 

     2. La formación de los misioneros

 

     Sobre la formación en la Congregación, escribió dos circulares, ya citadas, tituladas Formación de nuestros estudian­tes (1932)[23] y Formación religiosa, Misionera y Claretiana (1947)­[24].

 

     2.1. Fin de la formación claretiana

 

     11. Siguiendo al P. Fundador, el fin de la formación es, para el P. Nicolás, formar ministros idóneos o formar a Cristo en los misioneros en orden a la evangelización. Esto significa grabar la imagen de Jesucris­to en la totalidad de la persona del misionero y en todas las dimensiones de su personalidad hasta que la imagen del Señor resplandezca plenamente en él[25].

 

     Los misioneros de la Congregación no se pueden contentar sólo con la propia santificación; el fin del Instituto incluye la gloria de Dios y la salvación de todos los hombres. La misma configu­ración del misionero con Cristo tiene otra finalidad más: ha de servir para llevar a Cristo a los hombres, para formar a Cristo en los fieles de todo el mundo y así realizar la misma obra de Jesucristo en la tierra. Todos los esfuerzos y trabajos, la ciencia, los ministerios, el profesorado, el gobierno, etc…, han de ir orientados a este fin. El misionero del Corazón de María ha de estar muy bien preparado humana, cultural y espiri­tualmente en todas las dimensiones de su persona para realizar los más variados ministerios y funciones que exige su fin. Es ésta una idea que *deben inculcarla los Formadores y grabarla con hierro y fuego en el alma del misione­ro, Padre, Estudiante o Hermano+[26]. Por lo tanto:

 

*Debe formarse el Misionero no para la vida de retiro o exclusiva contemplación. No basta que sea buen religioso en el orden disciplinar; tiene que formarse para la vida pública. Ha de adquirir las virtudes y la ciencia que requieren los sagrados ministerios. A ello deben encaminar todos los esfuerzos los Formadores de la Congregación. Los Colegios deben estar organizados con ese fin, según las posibilidades de nuestra vida+[27].

 

     Sin una formación misionera los Hijos del Inmaculado Corazón de María no cumplirán el fin de la Congregación, no serán ni apóstoles ni misioneros[28].

 

     21. Para esta formación misionera los formadores han de inculcar a los formandos tres cosas: que remuevan los impedimen­tos que afectan a la realización de nuestra misión universal, fundamen­talmente el apego a la familia, patria, etc…; que se habiliten para los ministerios de la Congregación con una mirada amplia y una actitud generosa; y que ejerciten práctica y prudencialmente en aquellos medios que van a necesitar en sus trabajos apostóli­cos (uso de la palabra en público, lecturas que fomenten el espíritu misionero, etc…). Si los formadores fomentan el espíritu misionero en los jóvenes, *entonces será cuando de nuestros Colegios, como de cenáculos, saldrán los grandes Misioneros que convertirán el mundo+[29].

 

     31. La formación del hermano ha de ser también misionera, pues como todo Hijo del Corazón de María él es misionero en sentido pleno. En su vida y acción debe tener siempre la intención de la salvación de todos los hombres. El vive y actúa como misionero con la oración, con el sacrificio y colaborando en las empresas apostólicas de la Congregación con su trabajo, sus energías y sus condiciones profesionales[30].

 

     41. De la buena formación del misionero depende su vida y su futuro, su paz y felicidad vocacional, su destino eterno. Su vida estará centrada y bien arraigada en un fundamento seguro, fijo y estable, porque se funda sobre la piedra, que es Cris­to[31], y su trabajo y ministerio apostólico serán eficaces[32].

 

     2.2. Formación fundada en Cristo Jesús

 

     Hablando de la vida espiritual, el P. Nicolás insistía sobre la necesidad de elevar el nivel de espiritualidad de las personas y comunidades de la Congregación. La vida espiritual, que se ha de cuidar durante toda la vida, se ha de formar especialmente durante el tiempo de formación. Esta vida espiri­tual ha de estar fundada en Cristo Jesús:

 

*Todos los formadores deben poner un estudio especial en formar en las almas que tienen confiadas la imagen de Cristo Jesús, para que puedan decir, como San Pablo: Todos los días os doy de nuevo a la luz, hasta que se forme Cristo en vosotros (Gal. 4, 19)+[33].

 

     Por lo mismo, la tarea de los formadores es clara: *hay que formar a Cristo en el Misionero+[34]. El formador ha de ayudar a que el joven misionero lleve a Cristo en su cuerpo, en su alma y en sus pensamientos, en su corazón y en todas las manifestacio­nes de su persona: palabras, obras y acciones. Los jóvenes misione­ros se han de formar según ello en su vida personal, física, intelectual y pastoral.

 

    Para el P. García, el misionero debe cuidar mucho de su espiri­tualidad; de otro modo, no buscará *in omnibus gloriam Dei et animarum salutem+. Se buscará a sí mismo, a sus cosas, conve­niencias y gustos; buscará quae suae sunt, non quae Jesu Christi[35]. No basta haberse entregado una vez al servi­cio de Dios; es necesario ser constante y perseverar en la entrega. Sólo los indivi­duos, que sostienen su entrega consagrándose enteramen­te a la perfección,realizan a la perfec­ción los fines del Instituto; sólo ellos dan *in omnibus+ gloria a Dios: sólo ellos se santifican en verdad, y sólo ellos son instrumen­tos eficaces en las manos de Dios para salvar las almas[36].

 

     2.3. Formación bajo la acción del Espíritu Santo y de María

 

     11. La formación ha de ser bajo la acción del Espíritu Santo, como primer agente de formación[37]. Dios, a través de su Espíritu, forma en las almas la imagen de Jesucristo. El Espíritu Santo, que formó a Jesús en el seno de María, es quien imprime en el formando la imagen de Jesucristo. Es el Espíritu Santo el que forma al sacerdote, su obra maestra, y al religioso. De esta manera, la formación integral, es también carismáti­ca y congrega­cional. El Espíritu Santo, que inspiró al Fundador, es el que graba en todo misione­ro *la idea claretiana+ y lo capacita para vivir el proyecto congrega­cio­nal.

 

 

     Sólo con la oración insistente de toda la Congrega­ción al Espíritu Santo, pero especial­mente de los responsables de la formación, se conseguirá que el carisma clare­tiano, se realice y se encarne en la mente y en el corazón y se lleve a la práctica[38]. Oración que ha de ser también dirigida a María, Madre del sacer­dote, del religioso y del misionero. Ella, que formó en su seno y nutrió a Jesús hasta hacerle varón perfecto, formará también en su Corazón Inmacula­do al misionero y lo nutrirá con las gracias necesarias hasta la plenitud de Jesucris­to[39].

 

     31. Por lo mismo, el misionero ha de ser por vocación y por profesión, un hombre de Dios. Debe vivir para Dios, en Dios y con Dios y, en consecuencia, ha de ser un hombre con un altísimo nivel de vida de oración[40].

 

     Sólo este tipo de misionero es capaz de convertir al mun­do[41]. La misma formación especializada y profe­sio­nal es inefi­caz si no va acompañada por una vida santa, una vida de íntima unión con Dios y de docilidad de espíritu; una vida de retiro y oración; una vida adornada de virtudes, abnegada y enriquecida con el estudio constante[42]. Este es el espíritu que debe reinar en la Congregación y en el que se han de formar nuestros jóvenes misione­ros[43].

 

     2.4. Formación integral

 

     11. Para el P. Nicolás la formación completa del hombre implica el desarrollo íntegro de toda la persona, de todo su ser (en lo físico, moral, espiritual, intelec­tual y social)[44]. La formación es el cultivo, el desarro­llo y el perfecciona­miento de la facultades y dones que Dios ha dado a la persona tanto en el orden natural como sobrenatural. Todo le ha sido dado en forma germinal y necesita que se desenvuelva hasta adquirir la forma plena. La formación tiende a perfeccionar y completar la salud, las facultades físicas, los sentidos, la imaginación, la memoria, la inteligencia, la voluntad, la vida sobrenatural (vida en Cristo, fe, esperanza y caridad) hasta llegar a la plenitud, al varón perfecto, según la medida de la edad plena de Cristo[45].

 

     21. Como Hijos del Corazón de María hemos recibido también el don de la vocación misionera. Al crecer como persona, hemos de desarrollar nuestro ser religioso-misionero-claretiano. Por eso, la vida del misionero, si quiere corresponder a la vocación, reclama un hombre completo y perfecto; si desea cumplir su misión exige un organismo armónicamente desarrollado, un corazón santo y una inteligencia muy cultivada[46].

 

     En consecuencia, nuestra formación ha de tener como fin el desarrollo de la persona en toda su amplitud humana, sobrenatural y vocacional, y este fin, que ha de ser objetivo formativo en todas las etapas de la formación, lo han de tener muy presente los responsables y encargados de la formación de nuestros jóvenes misioneros[47].

 

     2.5. Formación personalizada

 

     La formación claretiana, anclada en Cristo, ha de ser personal, firme e inconmovi­ble. El formando ha de adquirir una virtud personal que no dependa de las circunstan­cias, ni de tiempos, lugares o personas. Así nada ni nadie de la tierra le separará del amor a Cristo y de la vida misionera a la que se ha consagrado. Y no sólo ha de estar muerto a las cosas del mundo, sino que ha de estar dispuesto a darlo todo por la vocación: su sólo pensamiento es vivir para Cristo, glorificarle y ganar almas para el Reino[48].

 

     El P. García insistirá constante­mente en este punto de vista en sus orientaciones formativas para todas las etapas:

 

*La virtud ha de ser personal, bona qualitas mentis, la definen los filósofos-, íntima; va con la persona; no depende de las circunstancias ni de tiempos, lugares o personas, ocasiones o tentaciones; la virtud va con el sujeto a todas partes; es un hábito, una segunda naturaleza; no desaparece fácilmente, obra de ordinario conforme a sus normas, se necesita violencia para obrar en contra de ella. No sólo no siente dificultad en sus actos, sino que los realiza con gusto, delectabili­ter+[49].

 

     La formación, en este sentido, ha de estar basada en la libertad de elección del bien, y aun de lo mejor, para la propia vocación y los intereses de Dios y de Jesucristo. Y ha de estar, además, motivada sobrenaturalmente y confrontada con el ejercicio práctico y con la experiencia[50].

 

     2.6. Formación entusiasta

 

     Sólo el misionero, lleno de la caridad por la que abrasa por donde pasa, triunfa antes las dificultades de la vida misionera y hará fruto apostólico[51].

 

     El tibio no conoce ni vive la radicali­dad de su vocación y se contenta con lo mínimo en el cumplimiento de sus compromisos misioneros; vive instalado en su vida mediocre, cómoda e imperfecta; realiza la oración y la práctica de los sacramentos sin ganas, con rutina sin deseos de mejorar y ni de convertirse; desarrollando una tendencia egocéntrica, el móvil de sus actos es la vanidad, la adulación, el prestigio, etc…[52].

 

     Por eso, la formación Misionera debe ser una formación entusias­ta y fervorosa, impregnada de amor apostólico:

 

*La formación Misionera no debe ser, con todo, fría. El Misionero Claretiano debe ser hombre que abrasa por donde pasa, y por él debe estar el mundo encendido en caridad. Sólo el Misionero fervoroso triunfa de las mil y una dificultades de la vida. El tibio, el de espíritu apático, que no se apasiona por los grandes ideales, no hará nada de provecho, y expone mucho su vocación y su misma salvación+[53].

 

     2.7. Formación apostólica

 

     Para conseguir una buena formación misionera, nos recuerda el P. Nicolás, además del celo apostólico y del desprendimiento, es necesario que los estudiantes *se habiliten para los ministe­rios de la Congregación[54] y los hermanos para los servicios comunita­rios[55]. Y siguiendo el criterio de las Constituciones, afirma que no deben ordenarse los que no estén capacitados para enseñar al pueblo el mensaje de salvación.

 

     Para conseguir los fines apostólicos, se han de ejercitar prudencialmente en discursos prácticos a fin de habituarse especialmente al uso de la palabra en público. Han de ejercitar­se, durante toda la carrera y comenzando ya desde el mismo postulantado, en composiciones literarias o científicas para desarrollar la mente, para pensar por sí mismos, para dominar el uso de la palabra y manejar adecuadamente la pluma, todo ello esencial en la vida del misionero[56]. Y lo han de hacer, no sólo bajo la dirección de los profesores, sino también, por propia iniciativa.

 

     3. Etapas formativas

 

     3.1. Postulantado

 

     El discernimiento vocacional, iniciado al momento del ingreso, se ha de continuar durante el Postulanta­do. Se han de ir clarificando más y más los signos vocaciona­les de origen personal y familiar en orden a la continuidad o abandono del postulan­te[57]. El Postulantado es, propiamente, una etapa de discer­nimien­to vocacional con varios momentos sucesivos:

 

*El Postulantado es una especie de tanteo o prueba prelimi­nar para juzgar si el postulante tiene vocación. Tres operaciones constituyen la función del Postulan­tado: la selección, la eliminación, la formación espiritual, inte­lec­tual y social+[58].

 

     Sin embargo, lo más importante es ir formando a los futuros misioneros con una formación eficiente, bien fundamentada, completa y consistente, con capacidad para afrontar las dificul­ta­des del futuro[59]. La formación espiritual ha de estar basada en el santo temor de Dios, el cual ha de ser filial y no servil. El temor de Dios es un punto de partida para que el postulante se convierta totalmente a la nueva vida, rompa con el pecado y busque la perfección y la fidelidad en todo[60]. Junto al santo temor de Dios, los postulantes han de habituarse, mediante la disciplina y la abnegación, a renunciar a sí mismos y a ser dóciles para prepararse a superar las dificultades de la obedien­cia y de la vida comunitaria[61].

 

     La piedad ha de ser cultivada como condición necesaria al postulan­te para perseverar en la virtud, particularmente en la virtud de la castidad. Ha de ir formándose en una sólida piedad para con Dios, el Corazón de María, el P. Fundador y los santos compatro­nos de la Congrega­ción; una piedad que se manifieste en la vida sacramental y, también, en el respeto a todos los Superiores[62].

 

     Su formación intelectual les ha de preparar para *las luchas de la vida intelectual+; por lo mismo, se pide que sea activa, creativa y ampliamente ejercitada con medios didácticos[63].

 

     La formación social, al adquirir hábitos de educación y respeto, les preparará adecuadamente para la vida de comunidad y para el ministerio apostólico[64].

 

     3.2. Novicios

 

     La etapa del noviciado es considerada como fundamental para el futuro de las Congregaciones y para la solidez de vida y la perseverancia del religioso[65].

 

     11. El noviciado es un tiempo para que el novicio grabe en su alma la imagen del misionero, para que configure su personali­dad conforme a los rasgos que definen el misionero claretiano. Los rasgos de la imagen del misionero han sido trazados por el P. Fundador en el diseño que él mismo nos ha dejado en las Constituciones. Para este proceso, el novicio ha de vaciarse a sí mismo en ese molde, ha de estar abierto al proyecto de las Constituciones para conocerlo, asimilarlo y personalizarlo[66]. El novicio, desde estas condicio­nes de exigen­cia:

 

*(…) al llegar a la profesión, o por lo menos en los primeros años de profeso, debe haber superado la vía purgativa. Porque tiene que estar en condiciones de cumplir los deberes de religioso y Misionero y dar esperanzas moralmente seguras de que no volverá atrás. Por eso la Congregación exige también pruebas en el Noviciado. (…). Quiere el Fundador un cimiento profundo para la fábrica enorme de santidad que debe levantar el Misionero. Los Novicios que tienen afectos que ofenden a Dios y no pueden corregirlos, son excluidos de la Congregación por el funda­dor+[67].

 

     21. Hablando a los Maestros les pide que formen y acostum­bren a los novicios a vivir en unión con Dios; para ello los novicios necesitan recogimiento, no sólo exterior, sino también silencio interior o *soledad mental+, pues Dios no está en el ruido, en la conmoción, en la distracción. Asimismo, los novicios han de vivir en la presencia de Dios; para ello ha de acostum­brarlos a vivir solos consigo mismos, pues El se asienta en la interioridad de la persona[68].

 

     Les pide que formen a los novicios en la vida de oración, propia del espíritu congregacional:

 

*El Maestro de Novicios debe explicar bien el carácter de la Congrega­ción: vida mixta, o sea de contemplación, y mucha oración, la cual es indispensable y no se puede dejar; y de mucha acción, (…)+[69].

 

     También los novicios deben conocer la obediencia con toda claridad y ejercitarse en ella[70]. Más aún, a los mismos candi­da­tos a la Congregación hay que advertirles, ya desde el principio, sobre el tipo de obediencia perfecta que van a vivir en el futuro[71].

 

     Por lo mismo, el Maestro, que ha de poner máximo empeño en fundamentar a los novicios en la abnegación[72] y en acostumbrar­los a la disciplina, los ha de ejercitar *en el sacrificio del propio juicio y voluntad+ y en el sometimiento a las normas de la Congregación, tanto a las que nos dejó el P. Fundador en las Santas Constituciones como a las contenidas en las ordenaciones y disposiciones de los Superiores, con discipli­na interior y exterior. Esta ha de ser personalizada, es decir, que brote de la conciencia personal y de la propia convicción, y que sea libre y espontánea[73]. Si no son aptos, se les debe apartar de la Congre­gación[74].

 

     3.3. Profesos en formación

 

     11. Todas las virtudes misioneras, decía el P. Nicolás García, se han de exigir tanto a los hermanos como a los estudiantes en el período formativo. Los hermanos han de progresar en las virtudes y han de ser *laboriosos y humildes+. Los Teólogos han de practicar la virtud con facilidad y de propia iniciativa, y han de buscar

 

*con interés el tercer grado de humildad que tan gráficamente se describe en las Constituciones sobre la mortificación interior+[75].

 

     Los formadores han de estimular a los formandos a que elijan por amor *lo más humilde, lo más trabajoso; más aún, que se gloríen en la Cruz como el Apóstol+; les han de proponer como ideal la definición del Misionero que nos dejó el P. Fundador y el capítulo de las Constituciones sobre la mortificación interior. Han de procurar que lo vayan realizando en la vida real y práctica, de tal manera que

 

*en las ocasiones se vea que se abrazan gustosos con la humildad, no sólo interior, sino también exterior, pues la virtud sólo mental tiene poca eficacia práctica+[76].

 

     21. El misionero ha de estar lleno de celo por la salvación de todos los hombres. Para ello, nos recuerda el P. Nicolás, ha de ser desprendido y estar abierto en su personalidad para saber adaptarse a todas las personas de cualquier condición, tempera­mental, social y cultural. De esta manera podrá *hacerse todo para todos, para ganarlos a Cristo+[77].

 

     Ha de estar abierto con su inteligencia a la cultura de los hombres. En ella, el misionero ha de ver *un instrumento indispensable para realizar su misión divina cerca de las almas+[78]. Ha de conseguir un altísimo nivel cultu­ral a través de la instrucción literaria, científica, social, pedagógi­ca y ministerial. Con esta instrucción podrá comunicar el contenido de la fe *a las inteligencias más cultivadas+ que, a veces, son las más necesitadas[79].

 

     En esta línea ha de ir la formación del hijo del Corazón de María que, además de ser religiosa y misionera, ha de ser profesio­nal. El estudiante ha de estudiar no sólo la cultura teológica y filosófica sino también la científica y litera­ria[80].

 

     4. Todos somos responsables de la formación

 

     Además de la responsabilidad en el campo vocacional, otra de las grandes responsabilidades de la Congregación es *la formación de sus hijos+[81]. Por eso, la formación es una tarea solidaria de todos nosotros[82] y la Congregación, que tiene conciencia de la responsabilidad, quiere dar a los misioneros una *formación perfecta+, valiéndose para ello de todos los medios posibles.

 

     11. En general, la Congregación programa el proceso formativo, organiza estructuras de formación, nombra los formadores más cualificados y destina a la formación lo mejor de que dispone en el orden espiritual y científico[83].

 

     21. Especial responsabilidad en esta tarea tienen los superiores de la Congregación[84]. Los superiores generales animan e impulsan la formación en sus aspectos más nucleares y globales y son la conciencia de toda la Congregación[85]. Los superiores provinciales tienen el trabajo de dirección de la formación en la organización de la estructuras formativas y, entre otras cosas, les corresponde la grave responsabilidad de seleccionar bien el personal formativo[86].

 

     31. La comunidad formativa, formadores y formandos, tiene un papel decisivo en la formación de los misioneros[87]. Para cumplir su función, los colegios han de estar bien gobernados y organizados[88]. Las casas de formación han de ser sedes de paz, casas de estudios, oficinas de virtud y corazón de la Congrega­ción. Han de ser cenáculos en donde se formen, con la ayuda del Espíritu Santo, hombres nuevos; si la Congregación tiene misioneros de grande espíritu, que llevan el nombre de Dios a todo el mundo, lo debe a las casas de formación. Por eso:

 

*Toda la esperanza de la formación de los alumnos de la Congregación está en las casas de formación+[89].

 

 

     II. P. FELIPE MAROTO (1934-1937)

 

     Dado el poco tiempo que estuvo de Superior General, no escribió muchas circulares. No obstante, fue muy eficiente para poner en práctica lo decidido en el Capítulo General (1934) que lo eligió, entre ello la puesta en marcha del Colegio Internacio­nal de Roma en el curso 1934-1935[90].

 

     11. Escribiendo sobre algunos puntos de observancia[91], al referirse a los centros de formación en algunos párrafos, pide que se guarde la pobreza perfecta con rigor (por ej. haciendo uso de la *caja común+), según lo establecido en las Constituciones y recordado por el último Capítulo General[92], insiste en la participación en los actos de oración comunita­ria, en la Misa diaria y en las conferencias prescri­tas[93], reafirma que se cumplan las normas para los estudiantes sobre la lectura de periódi­cos y diarios[94].

 

     21. Presentando y comentando la Encíclica de Pío XI sobre el sacerdocio[95], aplica a la Congregación las exigencias que de ella se derivan. Aunque no habla expresamente de la formación, no obstante, hace una llamada a que se realicen con seriedad y espíritu misionero los estudios sacerdotales, de tal manera que los estudiantes salgan bien formados, como *ministros idóneos+, para el ejercicio del ministerio[96].

 

     31. En su circular sobre Las Misiones en la Congrega­ción[97], pide que se favorezca el espíritu misionero universal en los Colegios con todos los medios posibles (conferencias, revistas, filatelias. etc…), en la línea de lo que sugirió para toda las Congrega­ción[98]. Los formadores, *prefectos y maes­tros+, lo deberán inculcar a los forman­dos *opportune et importune+, en todo tiempo y lugar, y los profesores y predicado­res se esforza­rán por buscar vocaciones en los colegios de externos, en las predica­ciones y en las enseñanza del catecis­mo[99]. A los forman­dos los responsabiliza, los motiva y los anima para que acepten generosamente este ministerio[100].

 

 

     III. RMO. P. PETER SCHWEIGER (1949-1967)[101]

 

     1. La urgencia de las vocaciones

 

     La preocupación por las vocacio­nes y por el crecimiento cuantita­tivo de la Congregación, será una de las preocupaciones del P. Schweiger. En este sentido, el P. Peter Schweiger dirigió a la Congregación la circular De vocationibus coop­tandis, seligendis, colendis et de dono propiae vocationis aestiman­do(1955)[102]. El mismo título indica el objetivo y contenido de la misma.

 

     1.1. Situación vocacional

 

     El P. Schweiger, que hace referencia al Catálogo de la Congrega­ción recién publicado[103], piensa que el crecimiento de la Congregación, aunque se manifiesta constante en los últimos años, no es un creci­miento adecuado para alcanzar el fin de la Congrega­ción. Dado el tiempo de su fundación, más que centenario, el incremento de la Congrega­ción es lento y el número de vocaciones, que frecuentan nues­tros centros formativos, es todavía exiguo.

 

     En su visión universal de la Iglesia y, dentro de ella, en el deseo, tan característico suyo, de universalizar más la Congrega­ción extendiéndola por todo el mundo, experimenta con dolor nuestros pocos efectivos en cuanto al personal. En conse­cuen­cia:

 

*Es, por lo mismo, necesario con necesidad ineludible e inaplazable, el fomentar y promover por todos los medios el incremento de la Congrega­ción+[104].

 

     También para el P. Schweiger, el fomentar y promover por todos los medios el incremento de la Congregación es, también, una necesidad inaplazable[105]. El sentir con la Iglesia, la amplitud de nuestra misión apostólica[106] y el número insuficiente de misione­ros de la Congregación[107] para cumplir su misión son las motivaciones que deben urgir a la Congrega­ción a trabajar más intensamente por las vocaciones.

 

     Respecto al número, que podríamos decir que siempre será insuficiente, hay, a la base de su preocupación, dos elementos que conviene destacar: la lentitud de nuestro crecimiento (*demasia­do lento para la edad más que centenaria de la Congrega­ción+) y la poca perseve­rancia de los muchos que ingresan (*demasiado pequeño para el número de Escuelas apostólicas y Postulantes que las frecuentan+).

 

     1.2. Medios para fomentar las vocaciones

 

     El P. Schweiger llama la atención sobre dos dimensio­nes: la vida espiritual y la generosidad apostólica. Una vida espiritual que sea reflejo y nos lleve a vivir nuestra propia identidad misionera, *vere nominemur et simus+, será bendecida por el Señor con nuevas vocaciones[108]. Y una generosi­dad apostóli­ca en los individuos, comunidades y provincias, será recompensada por el dueño de la mies y será siempre fuente de atracción vocacio­nal para los jóvenes[109].

 

     2. Selección vocacional

 

     La urgencia de tener abundantes vocaciones, no nos debe llevar a la admisión de personas que no han sido llamadas por el Señor, personas que no tienen vocación. Sería un gran mal para la Congregación[110]. Por eso:

 

*(…) a la vez que se procura el aumento cuantita­ti­vo de la Congrega­ción, se ha de procurar con todo cuidado y diligen­cia el crecimiento cualitativo+[111].

 

     Por ello en el proceso de discernimiento vocacional, se deben tener en cuenta los crite­rios generales y congregacionales de selección[112].

 

     3. Acogida vocacional

 

     Para el P. Schweiger no basta una primera selección vocacional. Las vocaciones a nuestra Congregación, una vez acogidas, han de ser *cultivadas y formadas con solícito cuidado+[113]. El P. General, aunque no da ninguna norma de forma­ción al respecto y sigue la tradición congregacional de acogida vocacional, subraya unos criterios pedagógicos.

 

     Los talentos y las dotes de las personas de los postulantes son la mayor riqueza de la Congregación. Por eso, se han de desarrollar desde los primeros momentos de la formación. Bien cultivados, serán de gran provecho para la Congregación y para su misión apostóli­ca[114]. Para ello, la formación ha de ser persona­li­zada al máximo, evitando el gregarismo. A cada postulan­te se le ha de atender según su modo de ser, sus dotes y sus capacida­des personales.

 

     Estos talentos naturales han de ser encuadrados en una perspectiva vocacional de fe, dentro de la cual tienen sentido, evitando toda dicotomía formativa[115]. Siendo la educa­ción una preparación para la vida, la formación de los postulan­tes ha de ser una formación para la vida religiosa, esto es, para vivir la imitación de Cristo, el cual se convierte en norma de vida[116].

 

     El centro formativo debe ser como la segunda familia del postulante. Por eso el ambiente que se viva y respire en él ha de ser un ambiente familiar que haga atrayente y agradable la convivencia y la estancia en la Congregación[117].

 

     4. Fomentar el aprecio por las vocaciones

 

     Una de las preocupaciones que más aflige al P. Schweiger es *la mengua del aprecio a la vocación+ que, en los últimos años, ha ido adquiriendo dimensiones cada vez más crecientes[118]. Los tiempos han cambiado y son distintos de

 

*aquellos tiempos en que la vocación religiosa se apreciaba como un tesoro celestial que es prenda de salvación eterna corroborada con una divina promesa en favor de cuantos perseveran en nuestra Congregación hasta la muerte. La Profesión religiosa se tenía como un vínculo que muy raras veces puede desatarse, algo así como el vínculo sacerdo­tal+[119].

 

     Las causas de esta mengua en el aprecio de la propia vocación son las siguientes: la deficiente selección de los candidatos a la vida religiosa[120], la deficiente formación religiosa[121], la creencia en la doctrina misma sobre el carácter no obligato­rio de la vocación religiosa y la falta de espíritu religioso y de vida espiritual habitual, que incapacita al religioso para soportar el sacrifi­cio de la perfecta imitación de Jesucristo[122].

 

     Como remedio se ha de procurar, en primer lugar, recordar insistentemente y trabajar por hacer vida lo que el P. Fundador nos dice en las Constituciones sobre la *necesidad absoluta de ser fiel a la vocación+. En segundo lugar, los promotores vocacionales han de procurar una selección de las vocaciones verdaderamente esmerada y los formadores han de ofrecer y exigir una formación cada vez más sólida y completa desde las primeras etapas formativas. Los Superiores de la Congregación, en tercer lugar, han de ayudar a los hermanos, que se hallan en peligro de perder la vocación, a salvarla y a superar la infidelidad[123].

 

     Por último, se ha de fomentar *el cuidado por la fidelidad a la vocación+ mediante la oración por la propia perseverancia y la de los hermanos y el fomento de un ambiente positivo de espiri­tualidad y de familia que robustezca la vocación de cada uno[124].

 

 



    [1] Además de las circulares que se irán citando, es importante recordar las siguientes:

      * El espíritu corporativo, 10-3-1924: Anales, 20 (1924), pp. 193-205; ColCC., pp. 250-263.

      * Observancia de las Santas Constituciones, Anales, 20 (1924), pp. 513-539; ColCC., pp. 67 -85.

      * El cumplimiento del deber, Anales, 27 (1931), pp. 17-22; ColCC., pp. 662-667.

      * El año de perfección religiosa y misione­ra, Annales, 36 (1940-1941) pp. 97-116 con el Reglamento

      * Sacerdote Misionero, Annales, 37 (1942-1944), pp. 209-251.

      * Dirección espiritual, Annales, 37 (1944), pp. 437-459.

      * A los Padres Prefectos de Postulan­tes, Annales, 38 (1945-1946), pp. 105-106.

      * A los Padres Prefectos de Estudian­tes Profesos, Annales, 38 (1945-1946), pp. 106-107.

     * La nota más característica del Hijo del Corazón de María, Annales, 38 (1945-1946), pp. 241-255.

      * El Deber Religioso, Annales, 38 (1945-1946), pp. 493-510.

      El P. JOSÉ M MESA, CMF, publicó una selección de circulares del P. García en el libro Para formar Apóstoles, col. de Vida Religiosa 24, Madrid 1964, pp. 327. Contiene una semblanza del P. General escrita por el P. Augusto Andrés Ortega, cmf.

    [2] N. GARCÍA, circular Sobre algunos acuerdos capitula­res, Annales, 34 (1938), pp. 3-9; ColCC., pp. 858-866.

    [3] N. GARCÍA, Acuerdos…, ColCC., p. 862. Ya el año 1926 el P. N. García pedía trabajar por las vocaciones para poder ayudar a las misiones (Cf. circular sobre La Pía Unión Misionera del Corazón de María, Anales, 22 (1926), pp. 769-776; ColCC., pp. 263-270; referencia en p. 267).

    [4] N. GARCÍA, circular sobre la Vocación Misionera, Anna­les, 34 (1938), pp. 289-323; ColCC., pp. 324-365.

    [5]*Uno de los objetivos, que el último Capítulo General señaló a la solicitud del Gobierno General, fue la necesidad del aumento y progreso de la Congregación (…). El Gobierno General, conforme con la orientación capitular, e imitando con ello al P. Fundador (…) y al P. Xifré (…) ha estudiado a fondo este gravísimo asunto+ (N. GARCÍA, Vocación…, ColCC., p. 324). Se refiere al XIV Capítulo General celebrado, en Albano, del 20 de noviembre al 7 de diciembre de 1937.

    [6]*Es una de sus preocupaciones, porque ve, y la experiencia lo dice, que va en ello el bienestar de la Congregación y de sus hijos, la continua­ción y ampliación de su aposto­lado con sus grandes empresas, la realización ordenada y eficaz del fin señalado por las santas Constitu­ciones en su primer capítulo, de salvar las almas en todo el mundo: totius mundi animarum salutem quaerere+ (N. GARCÍA, Vocación…, ColCC., p. 324).

    [7]*La Congregación ha sufrido un rudo golpe en su personal, con la revolución española. Padres beneméritos, Estudian­tes adelantados que eran una hermosa esperanza, Hermanos bien formados, en número grandísi­mo, han sido inmolados (…). Por todas estas causas, la Congregación tiene absoluta necesidad de aumento de personal, pero de personal selecto; pues no es el número precisamen­te, sino la calidad lo que hace progresar las Instituciones reli­giosas+ (N. GARCÍA, Vocación…, ColCC., p. 327. Cf. también, Acuer­dos…, ColCC., p. 862).

      En otra circular, de la que hablaremos más adelante, el P. General dirá de nuevo que la Congregación:

      *necesita urgentemente, inaplazablemente muchas y excelsas vocaciones. El campo de acción de la Congregación es amplísimo, por el espacio: totius mundi; por los ministe­rios: Misiones, Ejercicios, acción piadosa, Acción Católi­ca, Diócesis, Vicaria­tos, Prefecturas, Parro­quias, Semina­rios, cátedras, publicacio­nes, Colegios, Escuelas, propa­ganda. Todo ello reclama mucho personal y personal selec­to+ (N. GARCÍA, circular sobre la Formación Religiosa, Misionera y Claretiana FRMC., Annales, 39 (1947), pp. 65-119; cita en pp. 86-87).

    [8]*Cada Provincia, Vice‑pro­vin­cia y aun Visitaduría, si las circunstan­cias lo reclaman, tendrán:

      a) Un Postulantado cuando menos; pero no se contenten con uno, cuando haya esperanzas de nuevas vocaciones abriendo otros, y se puedan sostener.

      b) Prepostulantados o Postulantados inferiores donde convenga que sean como centros de reunión de las vocaciones; si las circunstancias lo aconsejan, esos Prepostulantados se pueden multiplicar, aunque sea reduciendo los Postulantados Superiores.

      c) Previos los permisos convenientes, aun en casas particu­lares pueden establecerse pequeños núcleos de jóvenes preparándo­los para el Postulantado, como indicaba ya el Padre Fundador en 1870, y lo estableció el Gobierno General en 1876.

      Sería idea digna de aplauso que en cada uno de los organis­mos mayores dichos hubiese un Padre, prudente y celoso, nombrado por el Superior Mayor para promover, encauzar, fomentar y estimular la obra de las vocaciones, siempre con dependencia del mismo Superior Mayor+ (N. GARCÍA, Vocación…, ColCC., pp. 356-357).

    [9]*De todo lo dicho deduzcamos, Hermanos, que es una nece­si­dad, que nos imponen el amor a la Congregación, el amor a la Iglesia, el amor a las almas y el amor a Dios:

      11. Rogar incesantemente que envíe Dios muchos y buenos operarios a la viña de la Congregación.

      21. Buscar por todos los medios muchas y buenas vocaciones.

      31. Estimar, amar y defender nuestra vocación.

      41. Vivir conforme a ella.

      Las Santas Constituciones nos presentan un plan vastísimo de evangeli­zación: primero la idea genial de nuestro Padre, salvar las almas en todo el mundo: después señalan medios variadísimos y eficacísimos: catecismos, ejercicios, misiones, enseñanza; todos los medios posibles, y en todo el mundo. Eso supone muchos operarios, y por tanto muchas vocaciones. Sin numerosos opera­rios, la Congregación no podrá realizar el plan vastísimo trazado en las Constitu­ciones.

      No seamos nosotros causa de que la Congregación no realice su fin; eso sería su muerte. Pidamos incesantemente al Señor de la mies, que envíe operarios. Confiemos en Dios y en nuestra Madre; trabajemos como buenos soldados de Cristo y no dudemos que la Congregación crecerá y podremos decir: Levántate y ve cuántos hijos tuyos te saludan y rodean. Trabajemos todos bajo el manto maternal del Corazón de María, llenando de luz las almas de todo el mundo, subiendo la escala de la santidad hasta su cumbre, y mereceremos que la gloria divina que realiza la Congrega­ción en la tierra nos envuelva en el cielo con manto de eterna dicha+ (N. GARCÍA, Vocación…, ColCC., p. 364-365).

    [10]*Es un error de fatales consecuen­cias creer que una vez recibida esa gracia, incorporados ya en el cuerpo de la Congrega­ción, trasplantados o injertados en esta viña del Señor, no hay que preocuparse más de ella. Eso determina en muchos después del Noviciado, o de la carrera, o de los primeros años de la vida pública, la tibieza, la flojedad de espíritu, la laxitud en las vías de la perfección. Consiguiente­mente reviven las malas inclinaciones, como renacen en un campo descuidado los cardos y las espinas+ (N. GARCÍA, Vocación…, ColCC., p. 346).

    [11]*Se empieza a soñar con las aparentes ventajas de la vida secular; se pierde el amor al retiro; no se encuentra gusto en la oración; la mortifica­ción se hace difícil; la vida de sumisión, insoporta­ble; ya no se ven en la vocación aquellos ideales sublimes que antes entusiasmaban. Fácilmente se piensa que hay situaciones hasta más fáciles para la virtud, teoría que no se compagina con las enseñanzas de la Iglesia; que quizá podrían trabajar más en otras situaciones; que la vida religiosa es un peso superior a las fuerzas humanas+ (N. GARCÍA, Vocación…, ColCC., pp. 346-347).

    [12]*Todo esto quiere decir que es necesario cultivar la vocación, como se cultiva una planta débil y delicada, la que se quiere hacer crecer y desarrollar. Esta planta abandonada a sí misma, expuesta a la intemperie del tiempo, a los ardores del sol, a la mordacidad de los insectos, morirá infaliblemente. Así morirá, se perderá una vocación no cultivada, no preservada, no defendida+ (N. GARCÍA, Vocación…, ColCC., p. 347).

      *La razón de todo es que la vocación es una gracia y gracia singularísi­ma, y sabido es que la gracia, si no se corresponde a ella, se pierde; por eso debe ser trabajo de todos el cultivarla siempre+ (Ib., p. 349).

    [13] N. GARCÍA, Vocación…, ColCC., p. 346.

    [14] N. GARCÍA, Vocación…, ColCC., p. 349.

    [15]*Esa planta sólo se arraiga, crece, se desarrolla y da frutos en un ambiente sobrenatural; requiere cuidados exquisi­tos+ (N. GARCÍA, Vocación…, ColCC., p. 346).

    [16]*11. Estimar la vocación, teniendo un concepto elevadísi­mo de ella; apreciándola como un don especialísimo de Dios, nos dice la Regla(…)+

      *21. Amar la vocación y amarla con grande afecto, como el bien mayor después del bautismo (…). Por eso debemos estar contentos con nuestra vocación, dar gracias a Dios continuamente por ella, pedir la santa perseverancia, prenda segura de salvación eterna+.

      *31. La vocación es un germen, según hemos dicho y enseña la Igle­sia (…). Se necesita el trabajo, el cuidado para desarrollar ese germen. Quien no lo desarrolla, quien no va adelante, vuelve atrás, dicen nuestras Santas Constituciones (…)+.

      *41. (…) Luchemos contra estos enemigos de nuestra vocación con el arma de la fe, como enseña nuestro Padre a los Novicios (C. XXIV, n. 105), con el arma de la mortificación, con el arma de la oración. Sólo Dios da la perseverancia, pero Dios no la niega a quien la pide. Por eso debemos pedir incesantemente ese don precioso cada día, pero sobre todo, en los momentos de tentación o peligro+.

      *51. (…) Ese tesoro se conserva mejor con el retiro, con el recogimien­to, porque la vida religiosa es separación del mundo, o con las debidas cautelas, cuando los deberes del ministerio nos llaman a tratar con las gentes del mundo para llevarlas a Dios+.

      *61. Poner la vocación en su ambiente (…). La mortifica­ción es el ambiente adecuado a la vocación (…). Este es el ambiente donde arraiga, crece y llega a madurar (…)+.

      *71. Ese espíritu (de religión) da vida, facilita el trabajo, impulsa a las obras propias de la Religión. Ese vivir del espíritu de la Religión se reduce, en lo externo, a la generosi­dad para cargos, destinos, ministe­rios,(…). Lo reclama el Fundador a los que ingresan. La falta de esa generosi­dad es causa de inquietudes, molestias, discusiones, hasta de la pérdida de la vocación+ (N. GARCÍA, Vocación…, ColCC., pp. 349-351).

    [17] Cf. N. GARCÍA, Vocación…, ColCC., pp. 351-355.

    [18]*Creemos que todo misionero debe pensar y sentir que su estado es divinísimo y que para él es el mejor; que dentro de la Congrega­ción puede desenvolver su espíritu, su piedad, su santidad y su celo apostólico; que en la Congrega­ción si vive conforme a ella, tendrá la paz del alma; que la Congre­gación será el guía que le conduzca por las vías de la santidad a las cumbres de la eterna gloria+ (N. GARCÍA, circular sobre la Estima, amor e interés por la Congrega­ción, Anales, 26 (1930), pp. 33-43; ColCC., pp. 271-280; cita en p. 277).

    [19]*Esta idea debe arraigar en todos los hijos de la Congrega­ción ya desde el noviciado, y además deben expresarse estas ideas para animarse a sí propio y alentar a los demás. De este modo se forma un ambiente optimista; las negruras de ciertos religiosos, que siempre habrá, o por temperamento, o por despecho, o por equivocadas ideas de falsa espiritua­lidad, quedarán ahogadas en este ambiente de luz y entu­sias­mo alenta­dor+ (N. GARCÍA, Ib., ColCC., p. 277).

    [20]*hay quien no ve sino excelen­cias en otros Institutos y defectos en el propio. Ese espíritu derrotista y enemigo de todo entusias­mo lleva sólo al pesimismo+ (Ib., ColCC., p. 277).

    [21]*(…) sobre todo, hagamos a la Congrega­ción el in­menso bien de la observancia religiosa, que eso es su vida, su paz, su felicidad, su prosperidad y su gloria; que, lejos de tener que avergonzarse de ninguno de sus hijos, pueda decir, a causa de su vida santa: Vos corona mea et gaudium meum+ (Ib., ColCC., p. 279).

    [22]*Su difusión por todo el mundo, lo cual reclama de todos que se le procuren vocaciones, fomentando sus colegios (Ib., ColCC., p. 276).

      *Los misio­neros que de verdad quieren a la Congregación le procuran todo el bien que pueden, el bien de las voca­ciones, valiéndo­se de todos los medios para fomen­tarlas; sobre todo quisiéramos que se fijaran en la necesidad de vocaciones ya formadas, o sea, de sacerdotes y estudiantes mayores y Herma­nos con alguna profe­sión; todo cuanto se haga en este punto será poco, y no olviden que Dios se vale de medios humanos para escoger a sus elegi­dos+ (…). También es nuestro vehemente anhelo que favorezcáis la Pía Unión de Sufragios que, además de fomentar en el pueblo la piedad y hacer bien a las almas del purgatorio, es un modo de ayudar a nuestro Colegios, de donde han de salir los nuevos misioneros que tan necesarios son, como todos proclama­mos+ (Ib., ColCC., p. 278).

    [23] N. GARCÍA, circular sobre Formación de nuestros estudiantes, Anales, 28 (1932), pp. 225-224; ColCC., pp. 513-533

    [24] Cf. nota 379.

    [25] Para contarse entre las grandes figuras misioneras, como la de nuestro P. Fundador, *es necesario que el Hijo del Corazón de María, en los días de su formación, vaya imprimiendo la imagen de Jesucristo, Sacerdote Eterno, Salvador y Redentor divino de las almas por su doctrina y por su sangre preciosa, de modo que al terminar su formación o carrera pueda decirse: ese Misionero es alter Christus+ (N. GARCÍA, FRMC., p. 97).

    [26]*La falta de esa idea clara en la mente, hecha sangre y vida en el corazón, hace que muchos no acaben de entrar resueltamente en la vida real, en la gran vía de la vida santa, perfecta, eficacísima del Misionero Hijo del Inmaculado Corazón de María+ (N. GARCÍA, FRMC., p. 75).

    [27] N. GARCÍA, FRMC., p. 76.

    [28]*Todos los jóvenes Misioneros han de imprimir en su corazón esta idea: Vae mihi si non evangelizavero (I Cor., 9, 16)+ (N. GARCÍA, Formación de…, ColCC., p. 531).

    [29] N. GARCÍA, Formación de…, ColCC., pp. 532-533.

    [30] N. GARCÍA, FRMC., pp. 92-93.

    [31] Cf. I Cor., 10, 4.

    [32]*Si queda bien formado, pone un fundamento seguro, fijo y estable, porque se funda sobre la piedra que es Cristo (I Cor., 10, 4) (…) Los efectos, como Misionero, están en que la eficacia del ministerio va unida a la buena formación que haya tenido no solo en lo técnico, pero especial­mente en lo espiritual+ (N. GARCÍA, FRMC., p. 98).

      *El Misionero debe formarse porque el fruto del ministerio depende de su vida espiritual y profesional. El fruto ministerial es efecto de dos causas: de la virtud misma del ministerio y de la preparación del sujeto que recibe el ministerio+ (Ib., p. 84).

    [33] N. GARCÍA, Acuerdos…, ColCC., p. 860.

    [34]*Hay que formar a Cristo en el Misionero. Esa es la labor de nuestros formadores. Que lleve el Misionero en su cuerpo a Cristo por el ejemplo de toda modestia (…) llevando las señales de Cristo en su cuerpo (Gal. 6, 17) para que sea buen olor de Cristo (II Cor. 15). Debe llevar a Cristo en su alma en su pensamiento dirigiendo sus obras, sus palabras, sus proyectos, sus trabajos, sus estudios a la gloria de Dios y bien de las almas (…) debe llevar a Cristo en su corazón, buscando no su gloria y exalta­ción; sino la gloria de Dios, hasta que pueda decir como Jesucristo: ego quae placita sunt ei facio semper; ego non quaero gloriam meam (Joan, 8, 29, 50)+ (N. GARCÍA, FRMC., p. 96).

      *Así todos los formadores de almas misioneras no deben dejar a los suyos, sino asistirlos siempre con el ejemplo, con la oración, con la palabra, con el aviso, con la corrección, para que Cristo sea formado en la conciencia de todos, hasta que llegue a la plenitud de la edad de Cristo (Ephess., 4, 13)+ (Ib., p. 97).

    [35] Phil., II, 21; Cf. N. GARCÍA, FRMC., p. 80.

    [36] Cf. N. GARCÍA, FRMC., p. 119.

    [37]*)Cómo conseguiremos una formación tan elevada y perfecta? I1. Con la oración, sólo Dios forma las almas que El creó. Sólo el Espíritu Santo, que formó físicamente Jesucristo en el seno de María Santísima, sólo El puede formar en las almas la imagen de Jesucristo. El Sacerdote es la obra maestra del Espíritu Santo. El religioso es el efecto de la gran infusión de la gracia del Espíritu Santo en el alma, que es quien graba en el alma del religioso, con caracteres indelebles, la imagen de Jesucristo crucificado, que es la idea del religioso. Sólo el Espíritu Santo, que inspiró al Fundador, grabará en el Misione­ro, Padre, Estudiante o Hermano la idea claretiana. Por eso, lo primero que debe hacer la Congregación es rogar con gemidos inenarrables al Espíritu Santo, que es el Espíritu de Jesu­cristo, que venga con abundancia de sus dones, de sus carismas, de sus inspiraciones, de sus mociones irresistibles, sobre todos y cada uno de los Hijos del Corazón de María. Sólo con oración, mucha oración, insistente oración de todos, pero más de los Encargados de la formación, conseguiremos que la idea clare­tiana de perfección, de santidad, de celo, de ciencia, de oratoria, de cultura, de trabajo profesional, se realice y se encarne en la mente y en el corazón y se reduzca a la práctica+ (N. GARCÍA, FRMC., p. 107).

    [38] Cf. N. GARCÍA, FRMC., p. 107.

    [39]*Oremos, Hermanos queridos; pero oremos mucho, con humildad, con perseve­rancia y poniendo por mediadora a la Madre del Sacer­dote, del Religioso y del Misionero. Que Ella, que formó en su seno y nutrió hasta hacerle varón perfecto a su Hijo bendití­simo, forme en su seno al Misionero, en su Corazón Inmacula­do, y le nutra con las gracias divinas hasta su completo desarrollo, según la plenitud de la edad de Jesucristo, y le conserve bajo su maternal protección. Ella, que es la Madre de la perseve­rancia+ (Ib., p. 107).

    [40]*El Padre Misionero ha de ser por vocación, por profesión, hombre de Dios: Tu auten homo Dei (I Tim., VI, 11). La oración ha de ocupar gran parte de su tiempo: Nos vero orationi et ministerio verbi instantes erimus (Act., VI, 4). Debe vivir para Dios, en Dios y con Dios; constantemente debe levantar su corazón a Dios+ (N. GARCÍA, FRMC., p. 93)

      *El Misionero debe ser el hombre, sobre todo, de un grandísi­mo espíritu de oración, que debe acompañar a todas partes al Hijo de la Congrega­ción+ (N. GARCÍA, circular sobre La piedad, Anales, 21 (1925), pp. 225-240; ColCC., pp. 646-662; cita en p. 656).

    [41]*El Misionero lleno de Dios convierte al mundo. Eso enseña la historia+ (N. GARCÍA, FRMC., p. 84).

    [42]*Todo ese profesionalismo exige virtud, docilidad de espíritu, estudio constante, vida de retiro, vida abnegada, unión íntima con Dios, recurso constante a la oración; vida santa, en una palabra+ (N. GARCÍA, FRMC., p. 94).

    [43]*Todos los organismos de la Congregación, todos los cargos, todos los medios de formación deben caminar a producir Misioneros animados de ese espíritu. Postulantado, Noviciado, Esco­lasticado, Año de Perfección, Segundo Noviciado, primeros años de Ministe­rio, todo debe dirigirse a esa formación. Superiores, Maestros, Prefec­tos, Profesores, Confesores, Ministros, Predicadores, deben concurrir a esa finalidad+ (N. GARCÍA, FRMC., p. 94).

    [44]*porque el hombre, para ser completo, debe desenvolver y perfeccionar todos los elementos integrantes de su ser, y el hombre no es sólo cuerpo ni sólo alma, sino que es un compuesto de cuerpo y alma con sus faculta­des respectivas+ (N. GARCÍA, Formación de…, ColCC., p. 515).

    [45] Cf. Ef. 4, 13; N. GARCÍA, FRMC., pp. 66-68.

    [46] Cf. N. GARCÍA, Formación de…, ColCC., p. 515.

    [47]*Esa formación, así en su amplitud, es el objeto directo del Postulantado, del Noviciado, del Escolasticado, del Año de perfección, del segundo Noviciado para la profesión perpetua y el ejercicio del Ministerio (CIA. D.C., 504). Esa es la grave obligación de Provinciales, Superiores, Maestros, Ministros, Prefectos de Estudiantes y Prefecto del Año de Perfección+ (N. GARCÍA, FRMC., p. 70).

    [48] Cf. N. GARCÍA. Formación de…, ColCC., pp. 200, 522-524, 528-529.

      *Conviene que los Prefectos y Superiores les instruyan sobre los peligros que ofrecen los ministerios y les den a conocer el mundo con sus asenchanzas, para que se dispongan a luchar generosamente. También les deben informar sobre el carácter que han de dar a su vida, para que se formen hombres serios, de ideas sólidas y arraigadas, que sean las que dirijan su vida. La idea es permanente, mientras que el sentimiento es pasajero y movedizo+ (Ib., p. 529).

    [49] N. GARCÍA, Formación de…, ColCC., pp. 523-524.

      *)Es esto lo que vemos? (Cuántos que en los Colegios parecían modelos de virtud van a las Casas y lo olvidan todo! )Será culpa de los Directores? No sería justo achacárse­la. Los hombres, ut in pluribus deficiunt: pero de todos modos, bueno es que aprendamos+ (Ib., ColCC., p. 524).

    [50]*Estos (los Prefectos) deben elevar su mira y procurar que los Estudiantes elijan por amor a Dios lo más humilde, lo más trabajoso; más aún, que se gloríen en la Cruz, como el Apóstol. Vean la definición que del Misionero nos dejó el Fundador, estudien el capítulo sobre la mortificación interior, y verán cual es el ideal que deben aspirar. Y no se contenten con proponerles ese ideal; procuren que lo vayan realizando, que en las ocasiones se vea que se abrazan gustosos a la humildad, no sólo exterior, sino también interior, pues la virtud sólo mental tiene poca eficacia práctica; es preciso que la voluntad se amolde a esas ideas y que esas ideas actúen sobre la vida de los Estudiantes del Corazón de María. Mientras nuestros Directores no formen hombres hechos a esas grandes virtudes, no tendremos grandes Misioneros; serán medianías, nunca llegarán a hacer grandes cosas por Dios+ (N. GARCÍA, Formación de…, ColCC., p. 530).

      *Las instrucciones son necesarias, pero no bastan; hay que aplicar, reducir a la práctica esas lecciones de espiritualidad. Nuestra formación, como ya dijimos, no puede ser sólo pasiva; debe ser activa; también nosotros todos somos libres (…). Las virtudes se adquieren con el ejercicio; por eso, el Estudiante debe ejercitarse continuamente en esa virtud sobrenatural (humildad)+ (N. GARCÍA, FRMC., p. 113).

    [51]*)Qué se puede esperar de almas frías, vacías, secas, sin entusiasmos ni grandes ideales y, sobre todo, sin el calor que da la presencia de Aquel que vino a traer fuego a la tierra y quiere abrasarla toda por medio de sus Ministros?+ (N. GARCÍA, circular sobre La espiritualidad Misionera o Claretia­na, Annales, 35 (1939), pp. 49-108; ColCC., pp. 85-155, cita en p. 141).

    [52]*Esas almas son almas retrasadas en la vida espiritual; son niños que no salen de la infancia. No están dispuestas a las luchas del varón espiritual. Por lo mismo, caen con frecuencia bajo el peso de la vida espiritual; caen en la tibieza, que es contraria a la ley del amor, que dice: Amarás a Dios con todo tu corazón, con todas su fuerzas, con toda tu mente. Esas almas aman sólo con parte del corazón, de la mente, de la fuerza. Van contra la ley del progreso (…). La ley del progreso es la de ascende superius, de aemulamini carismata meliora (…)+ (N. GARCÍA, La espirituali­dad…, ColCC., pp. 125-126).

    [53] N. GARCÍA, FRMC., p. 116.

      *El Misionero, puesto el corazón en Jesús, su Divino Maestro, y en María, su Madre, apoyado en la fe, fortalecido con la oración, dice con el Apóstol: ni la sed, ni el hambre, ni la vida ni la muerte, ni el cielo ni el infierno, nada me separará de mi Divino Jesús. Así habla el Misionero fervoroso; pero cuando el fervor decae, y el Misionero aparta sus ojos de Jesús (…), entonces (…) se hunde en el oleaje de las pasiones+ (N. GARCÍA, La piedad, ColCC., p. 647).

    [54] N. GARCÍA, Formación de…, ColCC., p. 532.

    [55] Sobre la necesidad de que el hermano se perfeccione en sus oficios y tareas cf. N. GARCÍA, FRMC., pp. 91-93. También, circular sobre Nuestros Hermanos Coadjutores, Anales, 23 (1927), pp. 689-717; ColCC., pp. 554-583, referencia en pp. 564-565; circular sobre Nuestros Hermanos Coajutores, Annales, 38 (1945-1946), pp. 3-15, referencia en pp. 8-9).

    [56]*El Misionero debe tener el don de la palabra hablada y aun escrita; pero el don de la palabra es un arte, y el arte es hábito, y el hábito sólo se obtiene con el uso y ejercicio continuo; por eso no deben los Misioneros dejar la adquisición del don de la palabra para cuando tengan que ejercer sus ministerios; entonces se encontrarán con graves dificultades; teniendo un tesoro de conocimientos, no sabrán aprovecharlo por carecer del don de la palabra+ (N. GARCÍA, Formación de…, ColCC., p. 519).

    [57] Cf. N. GARCÍA, FRMC., pp. 110-111.

    [58] N. GARCÍA, FRMC., p. 110.

    [59]*En el Postulantado deben ponerse las bases o fundamentos generales, que son el temor de Dios, la piedad, sobre todo hacia la Virgen María, la disciplina o respeto y la labo­rio­sidad+ (N. GARCÍA, Formación de…, ColCC., p. 552).

    [60]*Los Prefectos han de trabajar con tesón en fomentar el santo temor en los Postulantes, no sólo en las conferen­cias, o en las conversaciones privadas, infundiéndo­les un santo temor de toda culpa y haciéndoles ejercer actos de presencia de Dios. Este temor ha de ser filial y no servil, mirando más al amor de Dios que la pena, y por eso fomenten la piedad en esos jóvenes, más particularmente la devoción a María, que es lo que les mantendrá alejados del pecado y unidos a Dios+ (N. GARCÍA, Formación de…, ColCC., p. 525; cf. también, FRMC., p. 111).

    [61] Ya desde el postulantado, los seminaristas han de presentar signos positivos para vivir la obediencia futura.

      *Disciplina. Para ser Misionero se necesita de una abnegación grandísima; es, pues, preciso ir acostumbrando a los jóvenes Postulantes a la disciplina; no se les debe tolerar las faltas contra el Reglamento del Colegio, y menos faltas de respeto a los Superiores y Profesores. Sobre este punto llamamos la atención de cuantos intervienen en la formación de estos jóvenes. Si no hay más unidad de acción entre Superiores, Prefectos, Profesores y Confesores, y todos unánimes no tratan de imbuir ese espíritu de docilidad, será muy difícil, por no decir imposible, que nuestras Comunidades lleguen al tipo de perfección, en orden a obediencia y caridad, que exige nuestro Padre Fundador en las Santas Constituciones. Deben los Superiores y Prefectos vigilar mucho acerca de este punto; si ven jóvenes indóciles, refracta­rios a toda disciplina, no esos jóvenes que, siendo buenos en el fondo, como niños, tienen inadvertencias, pero están bien dispuestos a la corrección, sino esos otros jóvenes refractarios a todo yugo, que no se someten ni admiten la corrección, ésos deben ser inexorablemente despedidos. Pío X decía aún de los Seminaristas de esas condiciones que, pasado inútilmente un año, deben ser despedidos para no ser admitidos en ningún Seminario, por carecer de condiciones para el sacerdocio+ (N. GARCÍA, Formación de…, ColCC., pp. 526-527).

    [62] Cf. N. GARCÍA, FRMC., p. 112.

      *El joven necesita de una gran piedad para perseverar en la virtud, sobre todo para guardar la castidad, y más particularmente, en la Congregación necesitan de una devoción sincera, entusiasta y práctica al Corazón de María. Los Prefectos han de ejercitar mucho a los jóvenes en estas prácticas, cuidando de que frecuenten los obsequios a María y visitas a Jesús Sacramenta­do; de este modo mantendrán la pureza y virtud en sus Postulantados, (…)+ (N. GARCÍA, Formación de…, ColCC., p. 526).

    [63] Cf. N. GARCÍA, FRMC., pp. 111-112.

      *(…) ya desde el Postulanta­do, los niños de preparación han de hacer sus composiciones; pero de suerte que no sólo traduzcan el pensamiento o composición que les hace su profesor sino que el mismo Postulante, en vista de las reglas y nociones recibi­das, se dicte él mismo el ejercicio y haga pequeñas composiciones+ (N. GARCÍA, Formación de…, ColCC., p. 519).

    [64] Cf. N. GARCÍA, FRMC., p. 112.

      *Nuestros Misioneros tienen que ser sumamente educados; han de alternar con todas las clases sociales: omnibus debitor sum (Rom., 1, 14); por eso es necesario que estén formados social­mente, de modo que puedan presentarse con decoro ante las gentes y, como la educación social es una condición que no se improvisa, se requiere que durante los años de formación procedan con los buenos modales que han de practicar en su vida pública+ (N. GARCÍA, Formación de…, ColCC., p. 530).

    [65]*El tiempo más a propósito para la formación es el Noviciado+ (N. GARCÍA, FRMC., p. 112).

    [66]*El Noviciado es un molde en el cual se deben vaciar los Novicios… El Fundador nos da el molde bien hecho, o sea, las Santas Constituciones, donde traza la imagen del Misionero. Es necesario que los Novicios, bajo la dirección del Maestro, graben en su alma esa imagen+ (N. GARCÍA, FRMC., p. 112).

    [67] N.GARCÍA, La espiritualidad…, ColCC., p. 147.

    [68] Cf. N. GARCÍA, Formación de…, ColCC., p. 527.

    [69] N. GARCÍA, FRMC., pp. 112-113.

    [70]*Es necesario que la idea de la representación y gerencia divinas del superior esté profundamente grabada en todos los Hijos de la Congregación, pero de forma que en el Superior no vean la personalidad humana, los caracteres que la distinguen, perfecto o imperfecto, sino sólo su representa­ción (…). Recomendamos encarecidamente que con frecuencia se hable de este punto y aun se platique a las Comunidades, sobre todo Noviciados y Escolasti­cados+ (N. GARCÍA, Obediencia cristiana y religiosa, Anales, 22 (1926), pp. 5-28; ColCC., pp. 622-646, cita en p. 644).

    [71]*Antes de abrir las puertas del Instituto, advierte (el P. Fundador) que en él se hace profesión de perfecta obediencia y que el candidato tiene que tener en cuenta que ha de estar contento en cualquier oficio o Casa en que le pusiere la obediencia. Una vez admitido el aspirante, al poner los fundamen­tos de la vida religiosa, dice al Novicio que debe dejar con el mundo la propia voluntad y que será perfecto en la obediencia, que le es tan necesaria y que con tanto empeño mandan las Constituciones+ (N. GARCÍA, Obediencia…, ColCC., p. 628).

    [72]*21. Fundarlos en la abnegación. No sólo en la disciplina externa, sino también la interna del juicio y la voluntad; ejercitarlos en el sacrificio del propio juicio y voluntad; no deben permitir que vivan internamente a su modo, sino que se sometan a las normas de la Congregación y a los dictados de los Superiores(…)+ (N. GARCÍA, Formación de…, ColCC., pp. 528-529).

    [73]*51 En la disciplina. Que se sometan a las normas de la Congrega­ción, tanto a las que nos dejó el P. Fundador en las Santas Constituciones como a las contenidas en las ordenaciones y disposiciones de los Superiores; pero esta disciplina debe ser espontánea; nacida de la convicción, no por temor, y, por lo mismo, hay que evitar que lo hagan por la vigilancia de los Superiores, sino que les dicte la conciencia esta conducta, y que sea tan eficaz su conciencia, que de ordinario no quebranten las normas de su conducta+ (N. GARCÍA, Formación de…, ColCC., pp. 528-529).

    [74] El P. Fundador, en las Constituciones, *reclama la expulsión del novicio que rehusare obedecer o no quisiera sujetar su propio juicios al Superior+ (N. GARCÍA, Obediencia…, ColCC., p. 628).

    [75] N. GARCÍA, Formación de…, ColCC., p. 528.

    [76] N. GARCÍA, Formación de…, ColCC., p. 530. Hasta en la educación social y en la corrección en las relaciones con los Superiores y demás hermanos, los estudiantes han de ser humildes y dóciles (Cf. ib., p. 531).

    [77] N. GARCÍA, circular sobre El celo, Anales, 27 (1931), pp. 209-221; ColCC., pp. 679-692, cita en p. 692.

    [78]*La necesidad de una cultura superior del Misionero no se puede poner en duda. Esa cultura ha de estar siempre al día. No puede el Misionero desentonar del tipo normal de la cultura general. Sería en perjuicio de la misión+ (N. GARCÍA, circular sobre las Bibliotecas, Anales, 38 (1945-1946), pp. 305-316, cita en p. 315).

      *Las mismas Ciencias y Artes humanas os pueden servir para vuestra misión, convertir los templos profanos en templos de Dios vivo+ (Ib. p. 316).

      *El Misionero debe saber exponer esas verdades divinas en las formas variadas y aceptables para la muchedumbre de auditorios distintos a que ha de dirigir la palabra. El Sacerdote debe estudiar las grandes cuestiones políticas, sociales, filosóficas, científicas, morales; las aspiraciones de los pueblos, todas las manifestaciones de la vida, para impregnarlas, informarlas, penetrarlas de sobrenaturalismo, para evitar el error, el extravío de las masas y para encaminar los grandes impulsos de los pueblos por las vías trazadas por la Revelación, por la Iglesia, al conseguimiento del último fin. Todo ello supone un estudio constante+ (Ib., p. 315).

    [79] N. GARCÍA, Acuerdos…, ColCC., p. 861.

    [80] Cf. N. GARCÍA, FRMC., pp. 91-94 .

      *No basta la formación espiritual; se impone la formación profesional (…) Por eso la Iglesia y nuestra Congregación, siguiendo su dirección, impone una carrera. El estudio tiene que ser intenso y extenso. todas las ciencias hacen relación más o menos directa con la formación profesional del Misionero. El Misionero debe tener una cultura general elevada, además de la suya específica. No sólo debe estar al nivel de los hombres cultos del siglo, sino que debe levantarse sobre la cultura general del Clero por su misión pública. (…) Es necesario que el Estudiante del Corazón de María se persuada que necesita de un amor grande al estudio para irse formando profesionalmente en orden al Ministerio+ (N. GARCÍA, circular sobre Ministerios, Annales, 38 (1945-1946), pp. 361-386, cita en p. 370).

    [81] Cf. N. GARCÍA, FRMC., p. 101.

    [82] Cf. N. GARCÍA, FRMC., p. 108.

    [83]*Superiores, Prefectos, Maestros, Profesores, Ministros, Confeso­res, son delegados de la Congregación, y a ellos traspasa sus derechos, sus deberes y su responsabilidad. De ellos, pues, depende el bien y el mal de la Congrega­ción+ (N. GARCÍA, FRMC., p. 101; cf. también, p. 107).

    [84]*Una de las obligaciones más graves de los Superiores religiosos es procurar una buena formación de sus súbditos, particularmente de los jóvenes que se preparan para el sacerdocio (…). La formación de la juventud religiosa es la primera y más grave obligación de todo Superior religioso+ (N. GARCÍA, Formación de…, ColCC., p. 513).

      Las funciones específicas de los superiores en el campo formativo están descritas en las Constituciones, en la legislación y en los planes de estudio. Junto a los superiores, los capítulos generales y provinciales, como instancias de gobierno, se han ocupado normalmente de la formación de los nuestros orientando y legislando según las circunstancias del momento. Sobre la responsabilidad en la formación de los hermanos cf. N. GARCÍA, Nuestros Hermanos…, Annales, 38 (1945), pp. 8, 11.

    [85] De hecho, quitando algunas reservadas, los superiores generales siempre han dirigido sus circulares sobre la formación a toda la Congrega­ción, conscientes de que toda ella es responsable de la misma y de que toda ella debe estar comprometida en la tarea formativa directa o indirectamente.

    [86] En los Colegios, los provinciales han de poner *religiosos de virtud eximia que eduquen más con el ejemplo de todas las virtudes religiosas y sacerdotales (…) que de palabra+ (N. GARCÍA, FRMC., p. 104; cf. también pp. 107-108).

    [87]*Os hemos escrito, venerables Directores, Profesores y queridos Estudiantes, con el deseo de que cada día trabajéis con más ahínco en vuestra formación y en la labor de formar nuestra juventud. De vosotros depende el porvenir de la Congregación; lo que seáis vosotros será la Congregación; si salís perfectos en vuestro trabajo de formación, tendremos una Congregación perfecta; si os descuidáis, infligiréis a la Congregación un daño irrepara­ble+ (N. GARCÍA, Formación de…, ColCC., p. 533).

    [88]*Por último, no serán cultivadas las vocaciones, si el gobierno de nuestras Comunidades, y sobre todo de los Colegios, no está bien regulado… El Colegio es el molde del Misionero: debe ser perfecto. Es la fuente de la vida Misionera: debe ser pura, abundante e incontaminada. Es la raíz: debe ser sana, vigorosa y bien arraigada+ (N. GARCÍA, Vocación…, ColCC., pp. 354-355).

      Junto a los maestros, prefectos y ministros, responsables de la formación integral de los novicios, estudiantes y hermanos, hay otras personas seriamente comprometidas en la formación de los mismos. De ellos se habla continuamente en nuestros documentos congregaciona­les (N. GARCÍA, FRMC., p. 104). Para los superiores, formadores y confesores, la circular reservada sobre la castidad de N. GARCÍA, Conducta de los Supe­riores, Confesores y demás encargados de la formación en nuestros Colegios, de 5 de junio de 1938 (Cf. AG CMF: 9, 8, 54).

    [89] N. GARCÍA, FRMC., p. 102.

    [90] F. MAROTO, circular sobre La Obra del Templo al Corazón de María y Colegio Internacional en Roma, Annales, 31 (1935), pp. 259-264. Los Estatutos del Colegio cf. Ib., pp. 13-16.

    [91] F. MAROTO, circular sobre Algunos puntos de observan­cia religiosa, Annales, 31 (1935), pp. 145-186.

    [92] F. MAROTO, Ib., p. 149.

    [93] F. MAROTO, Ib., pp. 164-166.

    [94] F. MAROTO, Ib., p. 177.

    [95] F. MAROTO, circular sobre el sacerdocio In Litteras Encyclicas SSmi. Domini nostri Pii Papae XI *De Sacerdotio Catholico+, Annales, 32 (1936), pp. 189-191, 239-261; ColCC., pp. 458-488.

    [96] F. MAROTO, Ib., p. 479.

    [97] F. MAROTO, circular sobre Las Misiones en la Congrega­ción, Annales, 33 (1937), pp. 147-153; ColCC., pp. 308-315.

    [98] Cf. F. MAROTO, Ib., p. 312. Las sugerencias constan en la nota del P. Ramón Ribera, Por nuestras Misiones, Annales, 33 (1937), pp. 11-13.

    [99] F. MAROTO, Ib., p. 312.

    [100]*Una palabra también queremos dirigir a nuestros amadísi­mos jóvenes que están formándose en nuestros Colegios. Un gran porvenir de la Congregación son las Misiones de infieles y sois vosotros los que habéis de realizarlo para gloria de Dios, para consuelo del Corazón divino de Jesús, alegría del Corazón de nuestra Madre dulcísima, honra del Instituto que os recibió y cuida de vosotros con maternal cuidado, y para gloria y corona vuestra. No os ilusionen los ministerios que fácilmente se componen con una vida cómoda y floja, nada digna de un hijo del activísimo P. Claret; o que tienen brillo delante de los hombres (…)+ (F. MAROTO, Ib., pp. 312-313).

    [101] Entre otros escritos del P. SCHWEIGER sobre varios aspectos formati­vos, se pueden consultar las circulares:

      * De studiis in Congrega­tione impense fovendis, Annales, 45 (1959-1960), pp. 151-165.

      * Instructio de clerico­rum vitae spiritualis formatione liturgica, Anna­les, 48 (1965-1966), pp. 5-9.

      * Centenarium approbatio­nis Pontifi­ciae Nostrae Congrega­tionis in luce Concilii Vaticani II, Annales, 48 (1965-1966), pp. 203-239.

    [102] P. SCHWEIGER, circular De vocationibus coop­tandis, seligendis, colendis et de dono propiae vocationis aestimando, Annales, 43 (1955), pp. 155-176. La citas harán referencia a Annales; sin embargo, transcribiremos los textos citados en español, tomando la traducción que se publicó en la Crónica de la Provincia Claretiana de Castilla, 155 (1955), pp. 167-175 y 156 (1956), pp. 199-207.

    [103] CATALOGUS C.M.F., Romae 1955, pp. 255.

    [104] P. SCHWEIGER, De vocationibus coop­tandis,…, p. 156.

    [105] Cf. P. SCHWEIGER, De vocationibus cooptandis,… , p. 156.

    [106]*Por la íntima conexión con la Santa Madre Iglesia y por la común misión, nuestra Familia se hace compañera y participe de su solicitud y ansiedad, y esto tanto más cuanto que nuestro Padre Fundador nos puso por meta: Buscar la salvación de las almas de todo el mundo (Const., P.I.,n.2); valerse de todos los medios posibles (Ib. II, 63); predicar la palabra de Dios a toda clase de personas (Ib.). Cuánto distamos aún de conseguir este amplio fin, todos lo reconocemos plenamente y lo lamentamos con profundo dolor. Campos dilatadísimos están ya blancos para la siega (Jn., 4, 4); ciertamente la mies es mucha, pero los obreros son pocos (Luc., 20, 2). Por lo mismo,!oh dolor!, mucha es la mies que yace en el campo del Señor y no se recoge en los graneros, porque faltan operarios y segadores, porque escasean los Sacerdotes y Misioneros+ (P. SCHWEIGER, Ib., p. 156).

    [107]*En realidad, cuán exiguo es el número de los Misioneros Hijos del Inmaculado Corazón de María; cuán reducido el número de Sacerdotes de nuestra Congregación, si miramos la amplitud de nuestro fin y de nuestra misión. Pues aunque es constante el incremento de la Congregación, sin embargo no es adecuado para nuestro fin; es demasiado lento para la edad más que centenaria de la Congregación, y demasiado pequeño para el número de Escuelas apostólicas y Postulantes que las frecuentan.+ (P. SCHWEIGER, Ib., p. 156).

    [108]*Interesa, además, mucho que en nuestra Familia religiosa se tenga en gran aprecio la vida espiritual, se procure solícita­mente por los Superiores (curent Superiores, se lee en el canon 595,1), y se practique por todos los nuestros, de suerte que en verdad nos llamemos y seamos Hijos del Ido. Corazón de la B. V. María. Porque Cristo nuestro Señor, que vino al mundo para que todos tengan vida y la tengan pujante (Jo.7 10. 10) dirige las vocaciones religiosas y sacerdotales, principal­mente a aquellas Familias religiosas donde se ama y cultiva la vida espiritual, de modo que los llamados puedan imbuirse en ella y poseerla, no en cualquier grado, sino abundantemente. Y aún nos parece que nuestro Señor Jesucristo al repartir las vocacio­nes, guarda aquella distribu­ción paradójica: al que tiene, se le dará más y abundará; y al que no tiene, aun aquello que tiene le será quitado (Mat., 13, 12). )Y qué de extraño tiene que Jesucristo a los jóvenes que llama a la santidad y al apostolado los envie a aquellas Familias religiosas en que puedan obtener con más seguridad y alcanzar más plenamente el fin de la vocación?, )0 que, por el contrario, las aparte de aquellos Institutos en donde tal vez permanecería inútil la gracia de la vocación? Esforcémo­nos pues, carísimos hermanos, para que en nuestra Familia religiosa se ame entraña­blemente la vida espiritual y se cultiven con diligencia las virtudes; porque de ahí nos vendrán muchas y buenas vocaciones+.(P. SCHWEIGER, De vocationibus cooptandis,…, pp. 157-158).

    [109]*Generosidad apostólica. Otro medio de atraer vocaciones a la Congregación lo ponemos en que, así ella como sus Provin­cias, no sólo no teman perjuicio, antes tengan por cierto la ganancia, si con ánimo generoso ofrecen operarios para la Viña del Señor. No dudemos dar de nuestra escasez para favorecer aquellas partes de la Congregación o del mundo que sufren extrema indigencia de operarios apostóli­cos (…). Tengamos, por cierto, que cumplirá su palabra aquel que dijo: Dad y se os dará; una medida buena, apretada, colmada, rebosante, será derramada en vuestro seno. La medida que con otros usaréis, ésa se usará con vosotros (Luc., 6, 38)). Porque bien sabe el Señor que la Congregación y las Provincias, posponiendo su propia utilidad v necesidad, reclutan, forman y encaminan las vocaciones al fin más necesario.

      Por otra parte, no faltan ciertamente jóvenes generosos que, atraídos por el título y la esperanza del apostolado en las misiones, se encaminan a nuestra Congregación; y hay otros que durante su carrera, una y otra vez se ofrecen para las Misiones y para las más difíciles. Tal generosidad, cuando la acompañan otras condiciones debidas, es signo cierto de vocación misionera, que si es favorecida gozosamente por los Superiores y ofrecida al Señor para su Viña, será prenda de nuevas vocaciones+ (P. SCHWEIGER, Ib., p. 158).

    [110]*Si bien es cierto que a la Congregación interesa que aumente lo más posible el número de sus miembros, pero se ha de procurar no proceder a la ligera e inconsideradamente en la admisión de candidatos, pues aunque debemos desear ardientemente el incremen­to de la Congregación y su extensión por todo el mundo, y a este fin hemos de pedir sin cesar al Señor de la mies que envíe operarios a ella; no obstante, seria muy perjudicial para la Congregación admitir en su seno a los no llamados, ignoran­tes o de mal carácter (Const. I, 74). Ciertamente se inferiría a nuestra Familia Religiosa un daño lamentable e irreparable si esta advertencia de N.P.F. no se observase tan fielmente como la anterior, de aumentar el número de los individuos o si contra su aviso, se recibiera a los indignos e ineptos o una vez recibidos se los retuviera o fueran admitidos al Noviciado, a la Profesión religiosa y aun al mismo sacerdo­cio+ (P. SCHWEIGER, De vocationibus cooptandis,…, pp. 160-161).

    [111] P. SCHWEIGER, Ib., p. 161.

      *Estemos bien persuadidos que la selección de las vocacio­nes es la mejor garantía del crecimiento de la Congrega­ción, ya que los miembros buenos atraen a muchos y, por el contrario, que la falta de selección es causa cierta de disminución y ruina de la Congrega­ción, ya que los miembros de poco valor retraen a los más valiosos. La selección de las vocaciones aportará a la Congrega­ción fuerza y vigor+ (Ib., p. 162).

    [112] Cf. P. SCHWEIGER, Ib., pp. 162-163.

    [113] Cf. P. SCHWEIGER, De vocationibus coop­tandis…, p. 163.

    [114] Cf. P. SCHWEIGER, Ib., pp. 164-165.

    [115]*(…) la educación y la formación del candidato a la vida religiosa no puede hacerse por partes o secciones, de modo que primero se cultiven las virtudes naturales y luego las sobrenatu­rales; pues la formación es una evolución orgánica de los valores del hombre, que es espontánea, gradual y armónica+ (Ib., p. 165).

    [116]*Y no siendo la vida religiosa sino una imitación de Cristo hecho norma y forma de vida, los jóvenes candidatos ya desde los comienzos deben ser iniciados en esta nueva forma de vida mediante las oportunas instruccio­nes y ejercicios acomodados a su condición y capacidad+ (Ib., p. 166).

    [117]*Esta brisa familiar es necesario que se deje sentir principalmente sobre los que del mundo vienen a la Congregación, de modo que cuando se acercan a nosotros, especialmente a los niños y jóvenes postulantes, espontáneamente les recuerde el Bonum est nos hic esse: bueno es estarnos aquí+ (P. SCHWEIGER, Ib., p. 164).

    [118] Esta mengua del aprecio por la propia vocación *induda­blemente se manifies­ta en cierta increíble ligereza con que algunos religiosos piden la dispensa de los votos: unos apenas profesaron, porque no se sienten con fuerzas para guardar loa votos; otros al poco tiempo de ordena­dos seducidos por la facilidad con que fuera pueden conseguir una buena colocación, mediante la cual según dicen, podrán ayudar a los padres, o aún a simples parientes necesita­dos o evitar que pierdan la condición social; finalmente no faltan algunos que, tal vez después de haber prestado excelentes servicios, al sufrir la adversidad, se les hace demasiado pesada la vida común y la sujeción a los Superiores y trabajan para conseguirse el indulto de seculariza­ción+ (Ib., p. 167).

    [119] Ib., p. 167.

    [120]*Por fuerza ha de suceder que quienes a su tiempo no fueron bien seleccionados, más adelante se declaren impotentes para cumplir los deberes de la vida religiosa+ (Ib., p. 167).

    [121]*Tal vez se atiende demasiado a preparar a los jóvenes religiosos para los trabajos y obras externas del Instituto, hasta el punto de que fácilmente sufra detrimento lo que debe ser el alma de todo el trabajo de los religio­sos, o sea, la vida interior. Quizá se piensa más en el buen operario que en el buen religioso+ (Ib., p. 167).

    [122] Cf. Ib., p. 168.

    [123] Cf. Ib., pp. 168-169.

    [124]*Para conservar en nuestra Familia la gracia de la fideli­dad a la vocación religiosa y acrecentar cada día el aprecio de la misma vocación, ante todo cada uno debe orar por sí mismo: mas oremos también confiadamente por todos nuestros hermanos, ya que la vocación es una gracia grande, y gracia *gratis data+ que podemos perder o de la que podemos ser privados si no somos dignos de ella. Pero además, os recomendamos encareci­damente que en nuestras Comunidades se procure y fomente siempre y en todas partes aquel ambiente de familia y de espiritualidad, para que, confortados y robustecidos con él, todos los de casa o los que a la misma lleguen, bendigan alegres y agradecidos, la hora en que la divina Madre los llamó a la Congregación y de lo íntimo del corazón la pidan ser fieles a la vocación recibida hasta el postrer aliento de su vida+ (Ib., p. 170).

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