Capítulo 5 Nuestra historia

Capítulo 5

 

Nuestra historia

 

 

Los novicios, al ingresar en nuestro Instituto, entran en contacto directo con los claretianos profesos de un organismo provincial y de una comunidad local concreta. Pero van a formar parte de una Congregación más amplia, que es heredera de un espíritu universal y misionero. Hunde sus raíces carismáticas en el Fundador, san Antonio Mª Claret, y se ha ido afianzando a lo largo del tiempo en la tradición congregacional. No podemos pasar por alto este dato. La historia de esta Congregación –de sus personas y de sus obras- es nuestra propia historia. Será preciso conocerla.

En orden a facilitar un conocimiento de la historia de nuestra Congregación -siquiera sea sucintamente-, ofrecemos este capítulo. No refleja toda la riqueza de nuestra historia. Es un resumen, una síntesis muy ajustada de la misma. Tiempo habrá después para profundizar, leyendo otros estudios más amplios. El esquema que seguimos es el siguiente:

  1. RECORDANDO LOS ORÍGENES.
  2. LA EXPANSIÓN DE LA CONGREGACIÓN.
  3. LOS MISIONEROS CLARETIANOS AL COMIENZO DEL SIGLO XX.
  4. PRUEBAS Y NUEVO CRECIMIENTO DE LA CONGREGACIÓN.
  5. LA CONGREGACIÓN SE RENUEVA.

I. RECORDANDO LOS ORÍGENES

 

1. Claret y el generalato del P. Esteban Sala (1850-1858)

 

            Todo comenzó la tarde del 16 de julio de 1849 en Vic (Barcelona). Cinco jóvenes sacerdotes apresuraban el paso camino del seminario diocesano. Eran Esteban Sala, José Xifré, Jaime Clotet, Manuel Vilaró y Domingo Fábregas. La edad media de los cinco sacerdotes rondaba los 30 años. Les había convocado D. Antonio Claret, un emprendedor misionero apostólico de 42 años, que deseaba fundar una congregación de misioneros que fuesen y se llamasen Hijos del Inmaculado Corazón de María. A las tres de la tarde, una vez reunidos todos, dio comienzo el P. Claret a los Ejercicios Espirituales con estas palabras:

“Hoy se comienza una grande obra”. El P. Vilaró, contestó sonriéndose: “¿Cuál puede ser su importancia, siendo nosotros tan jóvenes y tan pocos en número?”. Ya lo verán ustedes -dijo el P. Claret-; y, si somos pocos, resplandecerá más el gran poder de Dios”[1].

            Las circunstancias que habían llevado a Claret a decidirse por la fundación de una nueva congregación misionera podían resumirse en la situación desastrosa en que las leyes de los gobiernos liberales de España habían dejado al pueblo cristiano. Habían desaparecido los evangelizadores natos; en ese momento se echaban de menos los verdaderos evangelizadores del pueblo. La idea de la fundación, con todo, se venía fraguando de tiempo atrás. No fue una improvisación. Aquel hombre ya había sentido antes la necesidad personal de dedicarse a misionar, pero había comprendido que no lo podía hacer solo. Necesitaba unirse a otros que estuvieran dotados de su mismo espíritu[2]. Los métodos que emplearían serían los más efectivos de su tiempo: las misiones populares, los ejercicios espirituales y la catequesis. Parecía un sueño, pero el plan ya estaba en marcha.

Nada hacía presagiar, sin embargo, a aquel grupo de jóvenes misioneros que, a escasos 20 días de fundada la Congregación, les llegaría una noticia desconcertante: el P. Claret era propuesto para arzobispo de Santiago de Cuba, allá en las Antillas. Esto significaba un duro contratiempo para la naciente Congregación. Así lo entendía el mismo Fundador, que intentó presentar la renuncia a tal propuesta que rompía aparentemente todos sus planes. De nada sirvió. La propuesta se convirtió en nombramiento oficial. El día 4 de octubre se veía obligado a aceptar, en obediencia a la Iglesia, dicho nombramiento. Despachados diversos asuntos y habiendo consolidado, sobre todo, con solicitud los primeros pasos de la comunidad por él fundada, un año más tarde, el 6 de octubre de 1850, recibía Mosén Claret la consagración episcopal en la catedral de Vic.

Antes de separarse y de partir para América tendría que solucionar un importante asunto: nombrar un sustituto. Buscó a la persona que le pareció la más indicada en esos momentos y que le inspiraba confianza: el P. Esteban Sala. Con él al frente, sin embargo, la Congregación atravesó un período de paralización. Casi diez años después, a la muerte prematura del P. Sala, la Congregación aún no había apenas despegado. Contaba con una sola casa, la de la Merced, en Vic, y con un total de 10 miembros.

El P. José Xifré, perteneciente asimismo al grupo inicial de confundadores, se haría cargo seguidamente de la dirección de la pequeña comunidad, que comenzaría a crecer y a multiplicarse. Pero, antes de relatar el período de expansión que bajo su mandato (de 1858 a 1899) experimentaría la Congregación, vamos a referirnos todavía al papel desempeñado por el mismo Fundador durante estos años, una vez regresado de Cuba.

2. Presencia e influencia decisiva del Fundador (1857-1870)

El arzobispo Claret se encontraba ya en Madrid desde mayo de 1857. Cumplida su tarea de pastor misionero en la Isla de Cuba, había sido reclamado a Madrid y nombrado confesor de la Reina Isabel II. A pesar de sus serias responsabilidades en la corte de España y de otras ocupaciones, no se desentendió nunca de “los suyos”, los misioneros. Procuró estar siempre cercano a ellos, afectiva y efectivamente, hasta su muerte. De hecho, tomó parte en los acontecimientos más importantes de la Congregación: asistió a la celebración de los capítulos generales; colaboró espiritual y económicamente a sus necesidades; trabajó en la elaboración y aprobación de las Constituciones; alentó y orientó el nacimiento de las primeras estructuras formativas -noviciado y escolasticado de Vic- y de las primeras fundaciones: Gracia, Segovia, Huesca, Jaca, La Selva del Campo.

            Pronto se cernió otra gran prueba sobre la Congregación: la revolución de 1868. El Fundador, confesor real, tuvo que partir para el exilio y la Congregación fue suprimida como tal civilmente, el 18 de octubre de 1868. En aquella revolución caía el primer mártir de la Congregación en la casa de La Selva del Campo, el P. Francisco Crusats.

Nuestros misioneros se refugiaron en Francia, en la pequeña población de Prades, que se convirtió en el centro y corazón de la Congregación en aquellos años. Desde allí se llevaron a cabo las primeras fundaciones de África y América, en Argel y Santiago de Chile respectivamente, así como la de Barbastro en España. Allí se recibió la noticia de la aprobación definitiva de las Constituciones(el 11 de febrero de 1870). Y allí también llegó el Fundador, a su regreso de Roma, en donde había estado asistiendo al Concilio Vaticano I.

El P. Fundador estaba cansado, enfermo y aparecía prematuramente envejecido, a causa de la prueba de la persecución. En Prades, entre los suyos, pudo permanecer escaso tiempo. Pronto se vio precisado a reemprender la huida. Se refugió, por último, en el monasterio cisterciense de Fontfroide, donde murió el 24 de octubre de 1870, después de haber conocido una notable expansión de la Congregación, que contaba a la sazón ya con cerca de 80 miembros, una vez lograda la aprobación definitiva de las Constituciones y habiendo hecho oficialmente él mismo la profesión religiosa. Dejaba en herencia al superior del Instituto todos sus bienes, que ya eran pocos; pero legaba, sobre todo, su espíritu. Y su espíritu quedaba materializado de un modo particular en unos apuntes que el P. Xifré le había pedido que escribiera y que nosotros conservamos hoy como un tesoro inapreciable: su Autobiografía[3]. Hoy podemos considerarla como una verdadera Carta programática de la Congregación y fuente de inspiración para todos sus misioneros.

 

II. LA EXPANSIÓN DE LA CONGREGACIÓN

1. Generalato del P. José Xifré (1858-1899)

            Muerto el Fundador, la barca de la Congregación no se tambaleó. Desde hacía 12 años el timón estaba ya en manos de un hombre de escueta figura y firme temperamento: el P. José Xifré. Había conocido de joven, en Roma, al P. Claret y había sentido, como él, el deseo de dedicarse a la predicación misionera al estilo de los Apóstoles. Había formado parte también del pequeño grupo de confundadores. Ahora él regía los destinos del Instituto. Era una persona imperturbable ante los peligros y poseía un talante vehemente y emprendedor. Bajo una apariencia de severidad ocultaba un corazón grande y magnánimo[4]. A partir de su elección como General, en 1858, y hasta su muerte, acaecida en 1899, se dedicó en cuerpo y alma durante 40 largos años a las tareas de gobierno. Al tomar la dirección de la Congregación, ésta tenía una sola casa y 10 personas; al morir, el Instituto constaba ya de 61 casas y contaba con unas 1.300 personas.

2. Algunos episodios de su mandato

  • Se decidió el traslado de la comunidad de Prades a Thuir (Francia), donde se fundó el Colegio-seminario. Y, una vez recuperadas las casas anteriores a la revolución, tras la restauración de la monarquía en 1875, se inició un período glorioso de numerosas fundaciones por toda España y también por otros países. Se abrieron misiones en Cuba (1880), en Guinea Ecuatorial (1883), en México (1884). La suerte de estas fundaciones fue muy diferente. En efecto, mientras que la de Cuba acabó en tragedia, muriendo por enfermedad en pocos días casi todos los misioneros (de 11 quedaron solamente 2 con vida), en México se afianzaba la fundación y se abrían a la Congregación las puertas de los Estados Unidos.
  • De las misiones de Guinea mucho se ha escrito. Envuelta por la aureola de la heroicidad misionera, fue considerada como la misión por antonomasia de la Congregación. Allí sucumbieron gran cantidad de misioneros, víctimas de las inclemencias del clima y de la dureza de los trabajos apostólicos; allí se escribiría una de las epopeyas más hermosas de la historia congregacional[5]; allí también sería nombrado el primer obispo de la Congregación después del Fundador: el P. Armengol Coll.
  • Algunas nuevas fundaciones fueron motivadas por el crecimiento interno del propio Instituto: el número de estudiantes -seminaristas o misioneros formandos- iba creciendo de año en año, lo cual exigía contar con lugares amplios y adecuados para su formación. Así nacieron los colegios de Santo Domingo de la Calzada y de Cervera, que tanto significaron para la formación de generaciones enteras de claretianos durante los cien primeros años de la Congregación en España.
  • Pero el hecho mismo de la extensión de la Congregación por diversas regiones y por nuevos países también le venía exigiendo hacerse presente en los lugares donde se tramitaban los asuntos. Por eso no se tardó en fundar en Madrid (1877) y luego en Roma (1884).
  • En el año 1889 salía a la luz pública el primer tomo de revista Anales de la Congregación, la publicación oficial en la que aparecen recogidos los documentos importantes de la Iglesia y de nuestro Instituto y las informaciones que tienen un interés para todos los claretianos[6].
  • La expansión del Instituto, proseguida con nuevas fundaciones, aconsejó la división del mismo en varios organismos jurídicos. No podía ya el esqueleto congregacional sostener aquel cuerpo con un solo pie. Necesitaba ampliar sus bases estructurales. De ahí que en 1895 se llegara a una primera desmembración de la Congregación en dos Provincias: Cataluña y Castilla. Del mismo modo, se habían creado y se crearían algunas otras Delegaciones o Visitadurías[7] (en Chile, Guinea Ecuatorial, México y Brasil).
  • Durante esta primera etapa de expansión del Instituto habría que destacar también la relevancia que alcanzaron algunas personalidades, que sobresalieron tanto por su santidad como por su arrojo misionero, su sabiduría, o su acierto en el gobierno. Aun a riesgo de omitir nombres de claretianos que merecerían recordarse, cuya memoria se guarda en nuestros archivos con sumo cuidado y veneración, nos atrevemos a citar los de los siguientes, ciertamente insignes: Pablo Vallier, Donato Berenguer, Miguel Xancó, Mariano Avellana, Antonio Pueyo, Isaac Burgos, Ramón Genover, Diego Gavín, Manuel Giol, Félix A. Cepeda…, y tantos otros.

III. LOS MISIONEROS CLARETIANOS AL COMIENZO DEL SIGLO XX

1. Generalato del P. Clemente Serrat (1899-1906)

Con el amanecer del siglo XX la Congregación asistiría también a un considerable aumento numérico de sus efectivos, lo que conllevaría también un crecimiento de la complejidad organizativa. El P. Clemente Serrat, nuevo superior general, escribía en 1902 la circular “La vocación religiosa”, en la que se hacía eco de la problemática planteada en diversos frentes a consecuencia de la complejidad alcanzada por el Instituto e instaba a todos a una fidelidad mayor a la propia vocación misionera. Apenas un año antes, en 1901, se había publicado la primera historia de la Congregación, obra del P. Mariano Aguilar[8]. La Congregación se estaba mirando a sí misma, vuelta la mirada hacia sus raíces históricas, al cumplirse el medio siglo de su fundación. Aquellas raíces habían arraigado fuertemente y habían posibilitado ya un considerable desarrollo evangelizador. Recordemos algunos datos:

  • Se consolidaban los centros formativos propios que atendían a la educación de las vocaciones que iban surgiendo. Y se iban creando fuera de España otros organismos.
  • La Visitaduría de Guinea Ecuatorial (entonces Guinea Española), creada unos años antes, estaba siendo gobernada por el P. Armengol Coll, nombrado también Vicario Apostólico por la Santa Sede, quien representaba al superior general internamente con amplios poderes. Esta Visitaduría de Guinea, presidida por el espíritu incansable del P. Coll y secundada por el dinamismo de sus celosos misioneros, se convertiría a partir de 1904 en un organismo de rango superior, esto es, en Cuasi-Provincia.
  • En América se abrían nuevos horizontes para la expansión de la Congregación: la Visitaduría de América Meridional, que había contado en sus inicios únicamente con las comunidades de Chile, se anexionaba la comunidad de Sao Paulo, la primera de Brasil, fundada en 1895. Ese año, justamente, dicha Visitaduría, hasta entonces dependiente del Gobierno General, pasó a depender de la recién creada Provincia de Castilla. En 1901 se sumaba Argentina a esta Visitaduría, con la fundación de la comunidad de Buenos Aires.
  • La Visitaduría de América Septentrional, dependiente desde 1895 de la Provincia de Cataluña, adquirió un tono expansionista a raíz del nombramiento en 1901 del P. Ramón Prat. Fruto de las incursiones misioneras realizadas en Texas y en California, en los Estados Unidos, fue la fundación de la comunidad de San Antonio, en 1902.
  • El ministerio principal en aquella época seguía siendo la predicación en sus diversas modalidades, no sólo las misiones populares y los ejercicios espirituales. Comenzaron a abrirse colegios de segunda enseñanza y, asimismo, se asumieron algunas parroquias. Andacollo, en Chile, fue la primera comunidad que asumió una estructura de actividad parroquial, en el año 1900.
  • Por otra parte, en continuidad con la inspiración claretiana del apostolado de la pluma, se expandió la actividad editorial por diversos países. Se crearon revistas como Iris de Paz, Ave María, La Guinea Española, El Misionero e Ilustración del Clero.
  • El Capítulo General de 1904 decidía la creación de las Cuasi-Provincias de Chile y Brasil-Argentina, independientes ya de Cataluña y de Castilla, respectivamente. En ese mismo Capítulo se ordenaba la creación de una nueva Provincia, la de Bética.

2. El nuevo auge de la Congregación.

   Generalato del P. Martín Alsina (1906-1922)

            A la muerte del P. Clemente Serrat, acaecida en 1906, le sucedió en el generalato el que venía siendo hasta ese momento subdirector del Instituto, el P. Martín Alsina. Con él al frente, la Congregación prosiguió su vigoroso crecimiento. Si hubiera que destacar algún aspecto concreto de esta expansión del Instituto, señalaríamos que éste se desarrolló a impulsos de un genuino espíritu misional (o ad gentes). Veamos algunos ejemplos:

  • Las expediciones a África y América se incrementaron. Le fue asignado a la Congregación por Propaganda Fide el ejercicio misionero de la Baja California y se le ofrecieron los territorios de Río de Oro en África. Llegaban solicitudes de todas partes: hubo que renunciar a la Prefectura de Arauca, al Vicariato Apostólico de Pará, a las islas de la Providencia y San Andrés… Pero la Congregación ya se había comprometido con otras misiones de gran envergadura, como la del Chocó, en Colombia. Un cúmulo de circunstancias animaron al P. Martín Alsina a asumir esta misión del Chocó. Era el año 1909. La misión del Chocó era un extenso territorio integrado por dos provincias, San Juan y Atrato, cuyas capitales eran Istmina y Quibdó. Las primeras dificultades fueron ingentes y sólo hombres de incansable celo pudieron superarlas, si bien algunos tuvieron que pagar con la vida el tremendo esfuerzo realizado, entre ellos el mismo Prefecto Apostólico, el P. Juan Gil, que encabeza una impresionante necrología de héroes del anuncio evangélico en el Chocó[9].
  • Aun a costa de los sacrificios y de la dedicación de personal que comportaba el asumir las nuevas misiones, el crecimiento de la Congregación no se había frenado en el resto de América. La Cuasi-Provincia de Chile se internaba en dos nuevas naciones, Bolivia y Perú, con las fundaciones de Cochabamba y Lima (1910). La Cuasi-Provincia argentino-brasileña fundaba por primera vez en Peñarol, Uruguay (1908). Comprobado el febril crecimiento de estos organismos, en 1908 se decidía la división de este último, creándose las Cuasi-Provincias de Argentina-Uruguay y de Brasil.
  • También la Vice-Provincia de América Septentrional fue extendiendo su actividad por México y por Estados Unidos.
  • La Congregación, con vocación de misión universal pero nacida en Europa, se extendía también por el viejo continente: en Portugal, se había fundado por primera vez en Aldeia da Ponte en 1898, a cargo de la Provincia de Castilla. Se había afianzado ya esta fundación, cuando la revolución portuguesa expulsaba en 1910 a nuestros hermanos. No volverían allí hasta diez años más tarde, en 1920, estableciéndose esta vez en Freineda.
  • La Provincia de Bética fue creada como organismo congregacional a raíz del IX Capítulo General del año 1904, celebrado en La Selva del Campo. La primera de sus numerosas fundaciones se produciría en Sevilla, en 1906. Se debió fundamentalmente a la obra del P. Antonio M.ª Pueyo, destacado pionero, que luego abriría nuevos caminos a la Congregación en Inglaterra y en Francia, siendo destinado por último a Colombia, en donde llegaría a ser obispo de Pasto.
  • En aquellos años, las iniciativas de algunos celosos y emprendedores hijos del Corazón de María -como el P. Pueyo, que acabamos de citar, o el P. Ramón Genover y otros- abrían los nuevos y difíciles caminos misioneros de Europa a la Congregación: en 1912 se fundaba en Londres; ese mismo año se fundaba en Trieste (Italia), puerta de las fundaciones en Alemania; y en 1913 en París.
  • En el año 1912, durante el XI Capítulo General celebrado en Vic, era reelegido como General el P. Martín Alsina y se tomaban importantes decisiones que afectarían a la reestructuración del Instituto y a su inmediato futuro. La Congregación contaba a la sazón con 112 casas, 1.633 profesos y 120 novicios.

En torno a la fecha de celebración de este Capítulo, los centros de formación se habían estabilizado y se contaba con un magnífico Plan de Estudios; se habían consolidado las estructuras provinciales; se estaban traduciendo las Constituciones del latín al castellano y se trasladaba la sede del Gobierno General de Aranda de Duero (Burgos) a Madrid; también se adoptaba definitivamente el nombre de Misioneros y se actualizaba el escudo o sello de la Congregación[10], puntos aparentemente de escaso relieve pero que revestían un hondo significado.

  • Por estos años una sombra violenta se cernía sobre Europa y el mundo: en 1914 estallaba la primera Guerra Mundial. Si bien es cierto que la guerra no afectó a la Congregación directamente en sus personas sí que le supuso un quebranto en muchos otros sentidos.

La revolución carrancista en México sí que afectaría, sin embargo, a algún miembro del Instituto. La Congregación sumaba su segundo mártir en la persona del H. Mariano González, fusilado en Toluca en 1914.

  • Significó un nuevo estímulo, en contrapartida, durante los sombríos años de posguerra la recuperación de la Congregación en los países de Cuba y Portugal. Volvía a fundarse en Cuba, concretamente en Palma Soriano en el año 1918. La tan deseada fundación en Santiago de Cuba, donde estuviera como arzobispo nuestro Fundador, se haría realidad poco tiempo después, en 1921. Por otra parte, la fundación en Freineda (Portugal) en 1920 significó el inicio de numerosas fundaciones en tierras lusitanas.

IV. PRUEBAS Y NUEVO CRECIMIENTO DE LA CONGREGACIÓN

1. Generalatos del P. Nicolás García (1922-1934 y 1937-1949)

   y del P. Felipe Maroto (1934-1937)

      En 1922, tras la muerte del P. Martín Alsina, en el XII Capítulo General se elegía al P. Nicolás García, que gobernaría la Congregación hasta 1949, exceptuando el paréntesis del generalato del P. Felipe Maroto, los años de 1934 a 1937. Recordemos los principales actos de gobierno:

  • Durante los primeros años del mandato del P. Nicolás García se emprendió la acomodación de las Constituciones al nuevo Código de Derecho Canónico que se había publicado en la Iglesia poco antes, 1917, y se editaba el texto constitucional ya acomodado en 1924; se hizo también una recopilación de todas las ordenaciones y disposiciones anteriores en un Código de Derecho Adicional (CIA)[11] y se elaboró un nuevo Plan de Estudios de la Congregación (OSG)[12].
  • La estructura de la Congregación se fue haciendo cada vez más compleja, creándose nuevos organismos mayores y ampliándose la presencia de la Congregación a nuevos países como Venezuela, Panamá y República Dominicana (1923), Alemania (1924), El Salvador, Sao Tomé y Príncipe (1927), China (1929), Polonia (1932). Algunas de estas fundaciones eran en territorio de misión. Si hubiera que destacar algunas por razón de su dificultad habría que citar la del Darién en Panamá, la de San José de Tocantins en Brasil y la de Tunki, en China. La aceptación de esta última supuso un gran impulso misionero. En 1928, la Iglesia se la ofrecía a la Congregación con la finalidad específica de que tomara a su cargo el seminario central de Kaiffeng. En octubre de 1929 embarcaban ya los primeros misioneros, y en 1933 se hacían cargo de parte del Vicariato de Wuhu. En 1937 se creaba la Prefectura Apostólica de Tunki, que era encomendada a la Congregación y nombrado su primer Prefecto Apostólico en la persona del P. José Fogued. No duraría mucho esta aventura, ya que los misioneros serían expulsados en 1949 por la revolución maoísta[13].
  • Aquellos fueron años en que se mezclaron momentos de gozo, como la colocación de la primera piedra del Templo Votivo Internacional de Roma en 1924, o la Consagración al mundo del Corazón de María en 1925; y de tristeza, como la sangrienta persecución y expulsión posterior que sufrieron los misioneros en la revolución mexicana de 1926, que culminaría con el martirio del P. Andrés Solá en 1927. La Congregación, a pesar de todo, seguía llevando a cabo su compromiso misionero en extensas zonas del mundo.
  • La beatificación del P. Fundador fue el 24 de febrero de 1934[14]. Los claretianos asistían con gozo incontenible a la glorificación del P. Claret y veían, así, ratificado eclesialmente en la persona de su Fundador un modelo de vida misionera.
  • En ese mismo año de 1934 se celebraba en Roma el XIII Capítulo General y era elegido nuevo superior general el P. Felipe Maroto. En aquel Capítulo se tomaron las decisiones de trasladar la Curia Generalicia a Roma y de fundar allí mismo un Colegio Internacional.
  • Los años del generalato del P. Maroto (1934-1937) estuvieron marcados fundamentalmente por la gravísima situación de la Congregación en España, que todavía era el pulmón principal con el que respiraba la Congregación. A raíz del Alzamiento Nacional del 18 de julio de 1936 y de los dramáticos acontecimientos que sobrevinieron se paralizó casi todo ministerio, llegando a alcanzar la palma del martirio 271 de los nuestros entre Padres, Estudiantes y Hermanos[15]. Esto afectó de forma decisiva a nuestro Instituto tanto en el aspecto vocacional como en el económico. Con este motivo el P. Maroto invocó la solidaridad y disponibilidad de todos los claretianos por medio de una Carta Circular titulada Las Misiones de la Congregación (1937).
  • En el año 1937 tuvo lugar el inesperado fallecimiento del P. Felipe Maroto. Su muerte provocó la convocación de un nuevo Capítulo General para elegir al que tendría que dirigir a la Congregación. Saldría elegido otra vez el P. Nicolás García.
  • Al tomar nuevamente la dirección del Instituto, el P. Nicolás García intentó reavivar los ánimos y alentar la promoción vocacional. Escribió en 1938 una Circular titulada La Vocación Misionera en la que invitaba a todas las Provincias a multiplicar sus postulantados y prepostulantados y a crear la figura del promotor vocacional.
  • Tras la guerra civil comenzó en la Congregación en España un período de recuperación. Las casas incautadas eran devueltas, los seminarios se iban llenando de nuevo, se retomaban las publicaciones, se iniciaban otras nuevas como Ephemerides Mariologicae (1941) y Vida Religiosa (1944) y se reanudaban las ayudas y nuevas expediciones a tierras de misión.
  • Aún quedaba una nueva prueba, que esta vez afectaría a la Congregación en el resto de Europa: la Segunda Guerra Mundial. Esta guerra perjudicó a la Congregación especialmente por el aislamiento a que la sometió en algunos países y también por las pérdidas que ocasionó entre el ya escaso personal de algún organismo, como el de Alemania, donde se contabilizaron 12 los profesos entre muertos y desaparecidos, y 10 los postulantes[16].
  • Podemos decir que la Congregación comenzó a normalizarse en 1947, tras más de una década de tribulaciones y sufrimientos. Ese año se había dado un nuevo e importante intento misionero con la fundación de la Misión Católica de Santa Bárbara en las Islas Filipinas, aunque fue de corta duración. La iniciativa se llevó a cabo desde Estados Unidos y se volvería a intentar, esta vez con éxito, en Zamboanga en 1951. Pero también aquel año de 1947, que presagiaba tiempos mejores, se recibía la luctuosa noticia de la muerte violenta del P. Modesto Arnaus en El Chocó (Colombia); y, al año siguiente, se añadirían las funestas consecuencias de la revolución maoísta en China, que acabaría con las ilusiones misioneras de la Congregación en aquel inmenso país.

La Congregación, entre luces y sombras, caminaba hacia la celebración de su primer centenario de existencia.

 

2. Un nuevo siglo para la Congregación.

   Generalato del P. Pedro Schweiger (1949-1967)

            En el año 1949, durante el XV Capítulo General, era elegido superior general de la Congregación el P. Pedro Shweiger, quien doce años después (1961), con ocasión del siguiente Capítulo General, sería reelegido para desempeñar nuevamente dicho cargo.

El 16 de julio de 1949 se celebró el primer centenario de la fundación de la Congregación. Habían pasado 100 años desde que aquellos 6 jóvenes sacerdotes tomaran en Vic la decisión de fundar la Congregación de Misioneros Hijos del Corazón de María. Ésta contaba ya con 2.638 profesos y tenía 160 jóvenes novicios procedentes de 25 naciones diferentes[17]. La celebración de este 1º Centenario inundaba de optimismo el corazón de todos los misioneros claretianos[18]. Repasemos los principales acontecimientos o hechos significativos:

  • Para aquel entonces la Congregación había adquirido ya tintes universales: General del Instituto era el P. Pedro Schweiger, un alemán; el sitio elegido por él para celebrar el Centenario de la Congregación fue Londres, un lugar fuera de las rutas claretianas habituales; la Eucaristía de aquel día la celebró en la iglesia de Hayes, aún provisional. Todos estos detalles denotaban que algo estaba cambiando, es decir, la Congregación adquiría la fisonomía universal que le correspondía incluso en su cabeza visible, el superior general.
  • Apenas se habían apagado los ecos de la celebración del Centenario cuando llegaba la noticia de la canonización del P. Fundador. Ésta se llevó a cabo el 7 de mayo de 1950. Sin duda se trataba de otro hito congregacional histórico[19]. No era sólo un reconocimiento público de la santidad de un hombre, sino también un respaldo eclesial a sus obras, entre las que destacaba la Congregación de Misioneros.
  • En 1952 se inauguraba en Roma el Templo Votivo Internacional dedicado al Corazón de María, cuyas obras se habían iniciado en 1926. Pero el templo quedaba sin completar, ya que los superiores habían decidido no llevar a cabo el remate de la cúpula, diseñada, al igual que todo el templo, por Armando Brasini. La idea de este grandioso monumento había sido del Papa Pío XI, quien deseando que el Corazón de María tuviera en la Ciudad Eterna un templo digno se lo confió a los hijos del P. Claret. Con ocasión de su consagración se hizo también el traslado de la sede generalicia junto a la basílica. Este templo, como otros muchos posteriores dedicados por sus hijos al Corazón de María, ha sido el símbolo externo de una convicción compartida desde los tiempos del P. Fundador de que María es la Fundadora, la Madre, la Maestra y todo para sus hijos después de Jesús.
  • Cualquiera podría pensar que estos acontecimientos estaban haciendo olvidar a los superiores el verdadero objeto de la Congregación. Pero no era así. Ya estaba en la mente del P. General tener un gesto que recondujera la atención a lo fundamental, esto es, a la misión. Se proyectaba una nueva fundación; pero una fundación que pudiera expresar el talante renovador de la Congregación; una misión en el Oriente, en Japón. Y así, el 2 de enero de 1952 los Misioneros se establecían por primera vez en la parroquia de Imaichi, invitados por el obispo de Osaka, Mons. Pablo Taguchi. Aquella sería la primera de un buen número de fundaciones en nuevos países como Austria y Costa Rica (1951), Canadá (1953), Ecuador y Holanda (1955), Suiza (1958), Nicaragua (1960), Zaire y Bélgica (1962), Guatemala (1966). Eran muchas las solicitudes que llegaban pidiendo a los claretianos fundar en otros lugares, pero no era posible atender a tantas demandas[20].
  • La Congregación allí donde estaba asentada continuaba desarrollando su actividad y consolidándose, a pesar de las nuevas encrucijadas dolorosas a las que tuvo que hacer frente, como la expulsión o la persecución de los misioneros en China (año 1952), en Argentina (1955), en Cuba (1959), en República Dominicana (1960), pero dando gracias a Dios también por otros motivos de alegría familiar que se presentaron, como el nombramiento del primer Cardenal de la Congregación en la persona del P. Arcadio M.ª Larraona en el año 1959. Iniciativa importante en el campo formativo, de alcance universal, fue la creación de dos nuevos teologados internacionales: uno en Roma y otro en Salamanca, en 1959 y en 1960 respectivamente.
  • A la altura del año 1961, con ocasión de la celebración del XVI Capítulo General, se especificaron cuáles eran los problemas más acuciantes de la Congregación en aquella época, a saber: la escasez cuantitativa y cualitativa de personal, la falta de una formación en consonancia con las exigencias de la Iglesia y a tono con los tiempos y cierto deterioro del espíritu religioso, resentido -según se afirmaba- por la agitación del apostolado moderno[21]. No era exclusivamente una impresión de nuestra Congregación. En la Iglesia se sentía asimismo la necesidad de una renovación a todos los niveles. Muy pronto sería anunciada la celebración de un nuevo Concilio Ecuménico, que significaría una puesta al día y un impulso vigoroso para toda la Iglesia, incluidos todos los Institutos religiosos. La Congregación, que vivió de cerca los avatares conciliares[22], sería una de las primeras en aceptar las orientaciones del Concilio Vaticano II, secundando la renovación y llevándola a cabo con entusiasmo.
  • Por estos años en torno a la celebración del Concilio fueron aumentando también otras responsabilidades de la Congregación en la Iglesia a través de la asunción de cargos en Vicariatos y Prelaturas, como los de Quibdó (Colombia) en 1952, Isabela (Filipinas) en 1963 y Río Muni (Guinea Ecuatorial) en 1965. Se asumieron igualmente más territorios de misión que exigían una especial generosidad y entrega: Tlacoapa en México (1960), Kingandú en Zaire (1962), Formosa en Argentina (1963), Izabal y Santa María de Jesús en Guatemala (1966).
  • La Congregación, reflexionando de nuevo en esta época sobre sus orígenes, a instancias del movimiento renovador propulsado por el Concilio, volvía su mirada a sus raíces históricas: aparecía la publicación de una nueva Historia de la Congregación, obra del P. Cristóbal Fernández[23]. Era el año 1967.

V. LA CONGREGACIÓN SE RENUEVA

1. Generalatos del P. Antonio Leghisa (1967-1979)

y del P. Gustavo Alonso (1979-1985)

            Fue el XVII Capítulo General de la Congregación (1967) el motor que puso en marcha la renovación congregacional. En dicho Capítulo se clarificó y profundizó más la propia identidad carismática, se acentuó el carácter misionero de la Congregación desde el criterio de lo más urgente, oportuno y eficaz en cuanto a la adopción de los medios de apostolado y se hizo una revisión profunda de la vida religiosa y apostólica, volviendo a las fuentes inspiradoras del carisma claretiano. Con el P. Antonio Leghisa, esloveno, al frente del Instituto durante dos mandatos (1967-1973 y 1973-1979), la Congregación emprendió esa tarea de renovación.

 

  • Uno de los trabajos más importantes llevados a cabo fue el de la acomodación de las Constituciones y del Directorio, adaptándolos al nuevo espíritu conciliar; este trabajo no concluiría sino bastante más adelante, en la década de los ochenta.
  • A impulsos de aquel Capítulo de renovación, la Congregación ensayó una nueva fórmula de carácter descentralizador en su expansión misionera. Los Organismos Mayores de la Congregación que contaban con un gran número de personas, así como con un suficiente respaldo económico, emprendieron la apertura de algunas fundaciones en lugares de vanguardia, lejos de su demarcación provincial. De esta manera se establecieron nuevas posiciones misioneras en países de nula o escasa presencia claretiana hasta entonces: en la Diócesis de San Pedro Sula, Honduras (1967), en la Prelatura de Humahuaca, Argentina (1968), en la Prelatura de Sao Félix do Araguaia, Brasil (1968), en la Diócesis de Colón, Panamá (1969), en Angola (1969), en la Diócesis de Asunción, Paraguay (1970), en Kuravilandgad, Kerala -India- (1970), en Akono, Camerún (1970), en Juanjuí y otros lugares de la Prelatura de Moyobamba, Perú (1970), en Eslovenia (1971), en Sacaca, Bolivia (1972), en Nigeria (1973), en Gabón (1975), en Yugoslavia (1977), en Mukila, Zaire (1982), en Australia (1983), en Guajará-Mirim, Brasil (1984) y en Corea del Sur (1985).
  • En este periodo se crearon las Conferencias Continentales y tuvieron lugar diversos Encuentros Misioneros a nivel continental.
  • La fundación de la India merece una mención especial. Esta fundación se fue fraguando a lo largo de la década de los 60 por iniciativa de la Provincia de Alemania, que fue acogiendo en su territorio europeo a un grupo de seminaristas indios. Con ellos, desde Europa, se estaban poniendo las bases de la futura fundación en India. Años después, en 1970, se iniciaría en Kuravilandgad (Kerala) la fundación en el inmenso territorio indio, cuna de tantos claretianos y sede en la actualidad de varios organismos de la Congregación.
  • El XIX Capítulo General de 1979 supuso un nuevo impulso congregacional a través de su documento La Misión del Claretiano hoy (MCH). Era elegido como General el P. Gustavo Alonso, argentino. En los siguientes años se suscitaron diversos cauces de renovación y de animación misionera: cursos de espiritualidad claretiana, semanas sacerdotales, publicación de temas claretianos y del anuario La Misión Claretiana, simposios de la Familia Claretiana[24], etc. Pero uno de los mayores revulsivos los produjo en 1982 la puesta en marcha de la revisión de posiciones, con la que se pretendía promover un análisis serio y una actualización de las obras, estructuras y servicios apostólicos, a tenor de los objetivos y de las opciones del documento MCH.
  • A lo largo de todo ese periodo no faltaron tampoco para la Congregación persecuciones y sufrimientos en algunas zonas del mundo. Es lo que sucedió, por ejemplo, en Guinea Ecuatorial, Brasil, Angola, Sao Tomé, Filipinas… Se probó el sufrimiento en Guinea, donde tras la independencia alcanzada en el año 1968 y la toma posterior del poder por el Presidente Macías Nguema, se desató una persecución religiosa que supondría cárcel y torturas para nuestros hermanos nativos y la expulsión del país para la mayoría de los misioneros extranjeros; esta situación tan dramática acabaría en 1979 con la caída de dicho Presidente, pero aún seguiría habiendo allí dificultades para una total recuperación en el país. En 1976, en la prelatura de Sao Félix do Araguaia, en Brasil, también fueron perseguidos los misioneros claretianos. No se comprendía su apoyo a los pobres campesinos indígenas, los poseiros. Junto al sacrificio de tantos evangelizadores comprometidos en esta lucha debemos citar al sacerdote jesuita P. Joao Bosco Penido, estrecho colaborador del obispo claretiano Pedro Casaldáliga, en cuya presencia fue vilmente asesinado por defender la causa de los pobres. En Angola y Sao Tomé también quedó en entredicho la seguridad de los misioneros tras la independencia en 1975, viéndose obligados casi todos a abandonar el puesto de misión, hasta normalizarse la situación en 1981. Y, finalmente, en Basilan (Filipinas), donde los rebeldes musulmanes incendiaban el hospital regentado por nuestro H. José M.ª Torres, en 1977, hecho que constituiría el comienzo de una larga pesadilla.

2. Servicio profético de la Palabra.

   Generalatos del P. Gustavo Alonso (1985-1991)

   y del P. Aquilino Bocos (1991-2003)

            Los últimos Capítulos Generales celebrados a partir de 1985 se han mantenido en esa línea de prosecución de la puesta al día congregacional, iniciada en el inmediato postconcilio, a través de nuevos documentos como El claretiano en el proceso de renovación congregacional (1985), Servidores de la Palabra (1991) y En misión profética (1997). A este mismo espíritu han respondido las numerosas Cartas Circulares que los PP. Generales Gustavo Alonso y Aquilino Bocos (elegido en el XX Capítulo General de 1991), han publicado en la etapa de la vida de nuestro Instituto de la que estamos hablando. Recordemos algunos datos y eventos más destacados:

  • Culminación de este proceso renovador puede considerarse -al menos en cuanto a la importancia de los textos a los que se refiere- la aprobación definitiva de las Constituciones renovadas y del Directorio, en 1986 y en 1987, respectivamente.
  • El 25 de octubre de 1992 la Congregación entera celebraba gozosa un acontecimiento largamente anhelado: la beatificación de los 51 Mártires de Barbastro. Su testimonio de fe no había pasado inadvertido a los ojos de la Iglesia. En la plaza de San Pedro de Roma, el Papa Juan Pablo II reconocía solemnemente el valor martirial de su ofrenda y encomiaba el testimonio de aquel “Seminario Mártir”[25]. A partir de este momento Barbastro, la ciudad en donde vivieron, en donde fueron martirizados y en donde reposan sus reliquias, se convertiría en lugar de peregrinación y de estímulo misionero.
  • Teniendo como telón de fondo la presencia de una aguda crisis vocacional en las zonas del mundo que antaño habían sido ricas en vocaciones y, por otra parte, el fuerte aumento de los aspirantes y formandos en otras zonas de nueva implantación, la Congregación imprimió un vigoroso impulso a la promoción vocacional y a la formación. Con este objeto se publicaron el Plan General de Formación en 1994, el Directorio Vocacional Claretiano en 2000 y la Iniciación en la Vida Misionera Manual del novicio claretiano– en 2002; se impulsaron diversos encuentros de renovación claretiana y las semanas sacerdotales; se creó la Escuela de Formadores Corazón de María; se promovió la reflexión congregacional sobre la espiritualidad claretiana y cordimariana, y se llevaron a cabo otras experiencias más particulares, como la de La Fragua (organizada desde Castilla, pero abierta a otros organismos). También contribuyó a este impulso formativo la publicación de los escritos del P. Fundador en diversas lenguas, de sus Epistolarios activo y pasivo, de los comentarios a las Constituciones y de otras obras que acercaban a las raíces carismáticas de la Congregación, como la llevada a cabo por el P. Jesús Álvarez bajo el título Misioneros Claretianos[26].

Al mismo tiempo se amplió el radio de influencia formativa a otras congregaciones religiosas de la Iglesia a través de los Centros de Estudios sobre la Vida Religiosa de Madrid, Roma, Filipinas e India, y a través de la organización de algunas Semanas de vida religiosa, como las de México y las promovidas por los Centros de Estudios antes citados.

  • La animación misionera se fue realizando por medio de los Encuentros Misioneros, programados en los diversos continentes. Se impulsó la preparación para el servicio misionero a través del Proyecto congregacional Palabra-Misión. Se organizaron desde el Gobierno General experiencias misioneras en diversos países. Se potenciaron los encuentros de reflexión sobre diversas áreas de actividad pastoral. Se montaron talleres de reflexión sobre campos específicos de evangelización. Y se siguió promoviendo la revisión de posiciones.
  • En el horizonte misionero de la Congregación se han vislumbrado nuevas perspectivas pastorales: las misiones populares renovadas, los centros bíblicos, el mundo de la emigración, las misiones de vanguardia, el trabajo con drogodependientes, la presencia entre marginados, el compromiso por la paz y la justicia, el diálogo interreligioso, los medios de comunicación social, la presencia en universidades, la promoción indígena, etc. Nuevos campos para nuevas generaciones de misioneros.
  • La caída del muro de Berlín y la apertura del Este Europeo supuso para la Congregación, como para la Iglesia, un nuevo reto que supo aprovecharse. Pronto se iniciaron las incursiones misioneras a los distintos países cristalizando la mayoría de ellas en fundaciones prometedoras: Bielorrusia (1991), Siberia (1992), República Checa (1994), Eslovaquia (1997), Rusia Europea (1998). Pero no menos importancia ha supuesto para la Congregación el paso dado con la fundación en Taiwan en 1994, siempre con la mirada puesta en China, con el propósito de volver a entrar tan pronto como sea posible en ese inmenso país donde ya estuvieron nuestros hermanos y del que fueron expulsados.
  • Al mismo tiempo se abrían nuevos caminos misioneros en distintas naciones donde nunca se había hecho presente la Congregación: Costa de Marfil, Timor e Indonesia (1990), Sri Lanka y Kenia (1991), Tanzania (1994), Uganda (1995), Ghana (1997), Haití (1999), Chad y Jamaica (2001), Zimbabwe, Belice y Vietnam (2002).
  • Para apoyar el inmenso desgaste de personal y de recursos se han ido creando instrumentos, entre los que destacan las Procuras misionales y las Organizaciones no-gubernamentales, que intentan motivar y mantener vivo el espíritu misionero en el entorno de nuestras actividades desarrolladas en países de vieja raigambre cristiana.
  • Signo inequívoco y permanente de la vitalidad y de la entrega congregacional han seguido siendo las persecuciones, que no han faltado en ninguna de la etapas de su historia, tampoco en la última. En 1991 los tupamaros tomaban violentamente la misión de Juanjui en Perú; por aquellas mismas fechas se intensificaba la violencia en el Zaire donde los militares saqueaban el instituto de Filosofía de Kinshasa; a principios de los años 90 se iniciaba el ataque sistemático a la misión de Basilan, que se materializó en sendos secuestros contra las personas de los PP. Eduardo Monge y Bernardo Blanco. No ha cesado desde entonces la persecución que, en el año 2000, se ha cobrado la vida de uno de los misioneros filipinos, el P. Rhoel Gallardo[27], nuevo mártir de la fe; en El Estor, Guatemala, hubieron de sufrir los misioneros amenazas y persecuciones judiciales en 1994 por la defensa de los más pobres; en 1995 explotaba una bomba en la iglesia de Guadalupe, en Managua (Nicaragua), aunque se ignora la autoría del atentado; la situación en Guinea Ecuatorial no ha cejado en su acoso a los misioneros; en 1997 se agravaba la situación en el Zaire, afectando sobre todo a los estudiantes; en Quibdó (Colombia) ha seguido recrudeciéndose la situación y afectando a los misioneros, que continúan de manera constante defendiendo los derechos de los campesinos; finalmente la tragedia se ha hecho sentir en Timor Oriental donde los misioneros han sido perseguidos y han sido destruidas todas sus casas e iglesias. Este es un resumen de muchos días y años de sufrimientos de una Congregación que siempre ha disfrutado del privilegio del martirio.
  • Y, finalmente, una mirada a través de la ventana de los medios de comunicación que están hoy a nuestro alcance: el intercambio de informaciones y de relaciones en la Congregación ha ido adquiriendo cada vez mayor relieve a través del boletín de la Congregación NUNC, del anuario La Misión Claretiana y de los boletines provinciales. No podemos pasar por alto la importancia evangelizadora que tienen hoy día algunas emisoras de radio y algunos programas de televisión, así como las Editoriales de la Congregación presentes en algunos organismos. Los nuevos medios técnicos hacen que esta comunicación se vaya haciendo cada vez más densa y compleja, especialmente a través de Internet y las múltiples páginas Web, lo que significa un reto para nuestra vocación misionera.

Conclusión

Ha pasado más de un siglo y medio. El día 24 de octubre de 1998 se iniciaban en Bangalore –no precisamente en la Cataluña natal del Fundador- las celebraciones del 150º aniversario de la fundación de la Congregación, con la asistencia de todos los superiores mayores, que representaban a los claretianos de todos los países donde se hallaba presente la Congregación. Y los actos jubilares se clausuraron el 7 de mayo de 2000, cincuentenario de la canonización del P. Fundador. El acto culminante de la celebración jubilar se tuvo en Vic el 16 de julio de 1999, en torno a la celda de la fundación y junto al remodelado sepulcro del P. Fundador, con la presencia de gran número de claretianos venidos de todo el mundo.

En el momento de celebrar la clausura del Año Jubilar, la situación numérica de la Congregación era la siguiente: 3.075 miembros, 34 organismos mayores y presencia en 56 naciones[28].

            Al terminar este capítulo, tendremos que recordar que aquí sólo hemos trazado un resumen de la historia de nuestra familia religiosa; la historia de una Congregación -la nuestra- que ha permanecido enraizada, como árbol frondoso en el bosque de la Iglesia, desde hace ya más de siglo y medio. Pero la historia se sigue escribiendo día a día, en cualquier parte del mundo, allí donde hay un misionero claretiano que mantiene vivo el espíritu del Fundador.

Para concluir, evocamos aquí unas palabras del P. General:

“Puede parecer presuntuoso dirigir a la Congregación estas palabras del Señor Vosotros sois la sal de la tierra… Vosotros sois la luz del mundo (Mt 5,13.14). Pero esa es nuestra vocación: salar la tierra entera a pesar de nuestra pequeñez. Cuando todavía éramos muy pocos y contábamos únicamente con tres comunidades nuestro Padre Fundador elevó una acción de gracias a Dios y a María Santísima porque percibía que, aun siendo pocos, ya éramos un granito de sal para todo el mundo. Esa acción de gracias debe ser continuada hoy con mayor razón. Nuestra Congregación está extendida por los cinco continentes, ofreciendo allí su humilde servicio evangelizador”[29].



[1] J. CLOTET, Vida edificante del P. Claret, Misionero y Fundador, Madrid, Publicaciones Claretianas, 2000, p. 252.

[2] Aut 489.

[3] Dividida en dos entregas, la primera la concluyó en 1862 y la segunda en 1865. El original de la Autobiografía se encuentra en Roma, en el Archivo General.

[4] Poco antes de su muerte, acaecida tras cuarenta largos años estando al frente del Instituto, dirigiría el P. Xifré su despedida a la Congregación -su último despido– en estos términos: “Mi muy querida Congregación: te he amado cuanto he podido hasta el fin y no te olvidaré en la eternidad. He vivido exclusivamente para ti, sin perdonar sacrificios ni peligros”. Anales de la Congregación de los Misioneros Hijos del Inmaculado Corazón de María, t. 7 (1899-1900), pp. 255-256.

[5] Cf. C. FERNÁNDEZ, Misiones y Misioneros en la Guinea Española. Historia documentada de sus primeros azarosos días (1883-1912), Madrid, Ed. Coculsa, 1962, pp. 286-290.

[6] La revista Anales de la Congregación de los Misioneros Hijos del Inmaculado Corazón de María comenzó a publicarse en ese año de 1889, con carácter reservado para los miembros de la Congregación, si bien con anterioridad, esto es, desde 1885 hasta 1888, se venía publicando bajo el título Boletín Religioso. La revista Anales cambió su título del español al latín (Annales Congregationis Missionariorum Filiorum Inmaculati Cordis Beatae Mariae Virginis) a partir del año 1935.

[7] Visitaduría: antiguo organismo de la Congregación, muy parecido a la Provincia, aunque de inferior rango jurídico.

[8] M. AGUILAR, Historia de la Congregación de los Misioneros Hijos del Inmaculado Corazón de María, t. I y II, Barcelona, Lib. Montserrat, 1901.

[9] Cf. AA.VV., La misión claretiana del Chocó (1909-1959). Cincuenta años al servicio de Cristo y de Colombia, Madrid, Imp. Héroes, 1960, pp. 223 ss.

[10] En relación con el sentido simbólico representado por el sello o escudo de la Congregación, el Capítulo General de 1912 decidió que se recuperaran –eso sí, con algunos cambios- los elementos del escudo más antiguo, el dibujado por el P. Fundador, que habían sido modificados en 1876. El Capítulo centró su reflexión sobre este punto principalmente en torno al lema que debía llevar el escudo. Después de varias propuestas se aceptó el actual: Filii eius beatissimam praedicaverunt. Una Comisión presidida por el P. Francisco Naval presentó el modelo al Gobierno General, que lo aprobó en 1914, siendo publicado en Anales. Sobre la importancia simbólica del escudo de la Congregación cf. un sabroso comentario de J. ÁLVAREZ, “El escudo de la Congregación y la Nueva Evangelización. Reflexiones en torno al XXI Capítulo General”, en Nunc, n. 258, enero-febrero 1991.

[11] Codex Iuris Additicii pro Missionariis Congregationis Filiorum Immaculati Cordis B. M. V. Capitulorum et Superiorum Generalium, Madrid, Ed. Ibérica, 1925.

[12] Ordo Studiorum Generalis pro Missionariis Congregationis Filiorum Immaculati Cordis B. M. V., Roma, Typ. Pol. “Cuore di Maria”, 1929.

[13] Cf. A. REBOLLAR, “Vida misionera entre amarillos y rojos”, en el Boletín de la Provincia de León (1999-2001).

[14] Mucho se escribió sobre la egregia figura de nuestro Fundador con ocasión de su beatificación: cf. diversos artículos en Iris de Paz (1934). La crónica de la beatificación puede consultarse en Anales (1934), pp. 218-243.

[15] De entre los 271 mártires claretianos sacrificados durante la guerra civil española, los 51 de Barbastro marcaron un hito especial por su valiente testimonio. Valga, como muestra, este pequeño retazo, salido de la pluma de Faustino Pérez: “Agosto, 12 de 1936. En Barbastro. Seis de nuestros compañeros son ya mártires. Pronto esperamos serlo nosotros también; pero antes queremos hacer constar que morimos perdonando a los que nos quitan la vida y ofreciéndola por la ordenación cristiana del mundo obrero, el reinado definitivo de la Iglesia Católica, por nuestra querida Congregación y por nuestras queridas familias. ¡La ofrenda última a la Congregación, de sus hijos Mártires! [Firmas de todos los mártires…] Vive inmortal, Congregación querida, mientras tengas en las cárceles hijos como los que tienes en Barbastro, no dudes de que tus destinos son eternos. ¡Quisiera haber luchado en tus filas! ¡Bendito sea Dios! Faustino Pérez, C.M.F.” (Cf. G. CAMPO, Esta es nuestra sangre. 51 claretianos mártires. Barbastro, agosto 1936, Madrid, Publicaciones Claretianas, 1990, pp. 218-220).

[16] Cf. la reseña histórica referente a la Visitaduría alemana, recogida en la memoria que fue presentada al XV Capítulo General de Castelgandolfo (1949), publicada en Annales (1949), pp. 219-228.

[17] Cf. Catalogus Congregationis Miss. Fil. Imm. Cor. B. M. V. (1950), p. 215.

[18] Muchos claretianos se acercaban en aquellos días a la “celda de la fundación”, en Vic, tratando de revivir de alguna manera, con emoción inenarrable, el momento fundacional. Cf. Annales, (1949), pp. 204 ss.

[19] La revista Iris de Paz (1950) se hacía amplio eco de la celebración de la canonización del santo; cf. asimismo Annales, abril-junio (1950), pp. 384-414.

[20] Como botón de muestra, recordemos las fundaciones que se rechazaron en torno al año 1958: uno o dos Vicariatos en Nueva Guinea, Katanga en el Congo Belga, el seminario de Ziguinchor en el Senegal francés, la Prefectura Apostólica de Kayes en el mismo Senegal francés, Colonia en Alemania, una parroquia en Varsovia (Polonia), Milán, Quito, Madagascar, etc. Cf. Annales (1959), pp. 15-16.

[21] Cf. Annales (1961), pp. 67-79 y 101-115.

[22] Siguiendo las huellas del Fundador, que participó en el Concilio Vaticano I, la Congregación tuvo oportunidad de participar a través de algunos de sus miembros en el Concilio Vaticano II. Unos fueron nombrados expresamente en calidad de peritos, alguno asistió por designación particular, como el P. Pedro Schweiger, superior general, y otros asistieron por ser obispos. He aquí sus nombres: cardenal Arcadio M.ª Larraona, arzobispo Abel Antezana, obispos Arturo Tabera, Francisco Prada, Geraldo Fernandes, Pedro Grau, Jesús Serrano, Francisco Gómez, José M.ª Queretxeta y el recién electo Rafael M.ª Nze.

[23] C. FERNÁNDEZ, La Congregación de los Hijos del Inmaculado Corazón de María. Compendio histórico de sus primeros sesenta y tres años de existencia (1849-1912), t. I y II, Madrid, Ed. Coculsa, 1967.

[24] En 1984 se celebraba el primer Simposio Mundial de la Familia Claretiana, con el objetivo de profundizar en la comprensión del don carismático de San Antonio M.ª Claret, compartir las experiencias de las diversas ramas de la Familia Claretiana y proponer objetivos comunes para el futuro. Asistieron miembros de los cuatro núcleos primitivos: Misioneros Claretianos, Misioneras Claretianas, Filiación Cordimariana y Seglares Claretianos, y los Institutos con intervención claretiana: Misioneras Cordimarianas, Misioneras de la Institución Claretiana y Misioneras de San Antonio M.ª Claret. Estos encuentros se han venido celebrando regularmente y han servido para estrechar más nuestros lazos y para compartir diversas efemérides entre toda la Familia Claretiana.

[25] Subrayaba JUAN PABLO II el hecho de que hubiera sido todo un seminario el que afrontara con generosidad y valentía su ofrenda martirial al Señor. La homilía del Papa y la meditación a la hora del Angelus de aquel 25 de octubre de 1992 pueden encontrarse en Annales, (1992), pp. 579-586.

[26] J. ÁLVAREZ, Misioneros Claretianos. I: Retorno a los orígenes, Madrid, Publicaciones Claretianas, 1993 y II: Transmisión y recepción del carisma claretiano, Madrid, Publicaciones Claretianas, 1997.

[27] El joven claretiano filipino P. Rhoel Gallardo fue asesinado el 3 de mayo de 2000, tras sufrir un largo calvario, a manos de los fundamentalistas musulmanes del grupo Abu Sayyaf, que habían asaltado la Escuela “Claret” de Tumahubong, en la isla de Basilan, al sur de Filipinas. Con él murieron masacrados tres maestros y cinco niños. Fue el precio del riesgo que supuso la decisión de estar al lado de los pobres.

[28] Cf. Catalogus Congregationis Miss. Fil. Imm. Cor. B. M. V. (2000), p. 246. En el año 2002 la Congregación se encuentra en 61 naciones. Por otra parte, aunque nuestra misión se cifra en ser sencillamente esforzados auxiliares de los Pastores en el ministerio de la palabra, en la actualidad la Congregación se hace presente y sirve también a la Iglesia en la Jerarquía con un cardenal, un arzobispo y 15 obispos.

[29] A. BOCOS, HRCM 1.

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