Capítulo 5

                  C A P I T U L O 51

 

 

              PERÍODO ENTRE LOS AÑOS 1922-1966

 

                       II P A R T E

 

 

     IV. DOCUMENTOS VOCACIONALES Y FORMATIVOS

 

     1. Vocaciones

 

     1.1. La Obra de las Vocaciones Claretianas

 

     El XV Capítulo General de Castelgandolfo (1949) tuvo como preocupa­ción constante en sus delibera­ciones el tema de la *escasez del personal+; tema que condiciona­ba la apertura de nuevos frentes apostólicos y la constitución de nuevos organis­mos. Como remedio se insiste en el *fomento e incremento de las vocaciones+ y, entre otras cosas, se concluye:

 

*Para conseguir estos fines, fúndese en las Provincias la Obra de las Vocaciones, cooperando a ella los Colaboradores Claretia­nos, y establézcase en la Curia General el Secreta­riado de Vocaciones que organice e impulse el movimiento de la propaganda+[1].

 

     El Reglamento de la Obra de las Vocaciones Claretianas se publica en Annales en 1950[2]. La Obra se instala en la Curia y se crea, a la vez y dentro de la misma, el *Secretariado de Vocaciones+. Como un punto importante, los Colaboradores Claretianos serán *como brazos poderosos de la Obra+[3].

 

     La Dirección General de la Obra imprime en 1951 un pequeño tratado, El Reclutador de Vocaciones, con orientaciones metodoló­gicas muy precisas para la promoción vocacional[4].

 

     1.2. El Secretariado de Vocaciones Claretianas

 

     En 1962 aparece la creación de un nuevo Secretariado de Vocaciones Claretianas, que, según parece, tiende a mejorar lo anteriormente realizado[5]. Su Reglamento, muy breve, se remite al reglamento de la Obra y asume la circular sobre la vocaciones del P. Schweiger (1955), varias veces citada en el capítulo anterior, y las conclusiones de los encuentros vocacionales celebrados por aquel tiempo.

 

     2. Postulantes

 

     En 1962, la Prefectura General de Formación publica el Manual del Seminarista Claretia­no[6]. Es una actualización del Espejo del Postulante, que estaba cayendo en desuso.

 

     El manual consta de tres partes llamadas *Espíritu+ (líneas formativas), *Devocionario+ (prácticas y oraciones para todo tiempo y diversas circunstancias) y *Cantoral+ (con cantos litúr­gicos y congregacio­nales). Aunque el libro conserva aún algunas prácticas en desuso, que hubiera sido mejor suprimirlas, no obstante, conserva algunos núcleos formativos que se pueden destacar:

 

     2.1. Fuerte matiz claretiano

 

     Desde el mismo comienzo, el manual introduce al postulante en la lectura y medita­ción de la *defini­ción del misionero Hijo del Inmaculado Corazón de María+ y de la *promesa consoladora+, como estímulo vocacional y formativo. Recoge oraciones y cantos típicamente congregaciona­les. Y presenta tradiciones antiguas de la Congregación en los usos y costumbres (rezo del Ave María cada hora, etc…)

 

     2.2. Espíritu litúrgico

 

     Haciéndose eco de las últimas orientaciones de la Iglesia, el manual estimula la conciencia de la importancia de la formación y vivencia constante de la liturgia.

 

     2.3. Piedad y caridad

 

     Además de indicar otras virtudes (humildad, castidad, modestia, etc…), el manual da, siguiendo la tradición congrega­cional, máxima importancia a la piedad y a la caridad: *ante todo y sobre todo han de ser verdadera y sólidamente piadosos+ y *como Hijos que son muy amados del Corazón de María, tendrán una cordialísima devoción a su celestial Madre+[7]. Y *como Hijos muy queridos de una misma Madre, ámense mutuamente, a fin de que Jesús los reconozca como suyos, la Madre tenga en ellos sus complacencias, y el Seminario se convierta en un reflejo del Paraíso+[8].

 

     2.4. El Prefecto y la dirección espiritual

 

     El P. Prefecto es *el superior inmediato de los seminaris­tas+ y, por lo mismo, el responsable de su formación. Especial­mente, el manual pone de relieve el acompañamiento personal. Tendrán diálogos personales *con frecuencia+, le abrirán el corazón y le escucharán con docilidad[9].

 

     3. Novicios

 

     Con el pasar de los años, la aparición del nuevo Derecho Canónico y del nuestro particular, el desarrollo de la Congrega­ción y el cambio de las circunstancias de la formación, se vio la necesidad de proceder a una nueva edición de un tratado para la formación de los novicios. Los Superiores de la Congregación pensaron, con muy buen acuerdo, redactar otra obra *original y propia, que contuviese el espíritu inconfundible de nuestro P. Fundador y de los primitivos Misioneros del Institu­to+[10].

 

     Así nació la idea del tratado El Novicio Instruido, escrito por el P. Ramón Ribera en 1931[11]. La obra, que también tiene en cuenta aspectos pedagógicos, de otros Institutos y Ordenes religiosas, aprovechables para nuestra Congrega­ción, es profunda y totalmente claretiana. Tiene abundantes referencias a la Palabra de Dios, al Corazón de María y a la Congrega­ción. El Novicio Instruido da una máxima importan­cia a la práctica de la vida espiritual (métodos de oración, retiros, ejercicios espirituales, exámenes, lectura espiritual, etc…); a la vivencia de los votos,; a los ejerci­cios de las virtudes; y a la asimilación vital de las Constitu­cio­nes, proyecto de vida de la Congregación, y de las tradiciones congregacionales. Estas prácticas se han de hacer en una comunidad, que viva plena y totalmente la vida claretiana y que sepa trasmitir al novicio la experiencia de la vida congrega­cio­nal.

 

    Como aspectos formati­vos importantes se pueden destacar los siguientes:

 

     3.1. Objetivo del Noviciado

 

     En el Novicio Instruido, se define el noviciado como un tiempo que precede a la profesión religiosa para probar la vocación del novicio y poner los fundamentos de las virtudes. Es decir, un período:

 

*para que el Novicio pruebe si le será conveniente abrazar la Religión y ésta examine y pruebe si le convendrá recibir en su seno al Novicio, y también para que, durante él, se pongan los fundamentos de las virtudes (Const. p. I, c. XXIV)+[12].

 

     Bajo otro aspecto, se presenta, también, el Noviciado como un tiempo para que los novicios se formen en el verdadero espíritu de la Congregación para ser auténticos Hijos del Corazón de María, apóstoles incansables y heraldos de la divina glo­ria[13].

 

     3.2. La formación personalizada: la autoformación

 

     El P. Ribera llama a la formación personal *autoforma­ción+[14]. Al hablar de autoforma­ción, no se está recalcando el individua­lismo[15]. Siempre hay que contar con los otros agentes de forma­ción: el Señor, los Superiores y la comunidad[16]. Lo que se está poniendo de relieve es la implicación personal del novicio en su propia formación, de acuerdo siempre con el proyecto congregacional y en sintonía con las orientaciones de los formadores. La autoformación implica algunos principios, como son:

 

*Lo primero que necesita el joven para ayudar eficazmente a su propia formación es conocer la herencia psicofisiológica recibi­da, a saber, su constitución y temperamento físicos, base natural y elemento principa­lí­simo del carácter moral;(…)+[17].

*Reflexione también el joven sobre la educación primera recibida en su familia,(…)+[18].

*Conviene que conozca también el jo­ven educando el grado de su talento o inge­nio, de su penetración en el conocimiento de las cosas, de su memoria para aprender y retener, de su atención y fijeza;(…)+[19].

*La autoformación comprende tam­bién el empeño decidido de formar o per­feccionar cada uno en sí mismo hábitos na­turalmente virtuo­sos,(…)+[20].

*Por fin recomendamos a nuestros jóvenes para su autoformación la lectura aten­ta y repetida de algunas obras de educación, intelectual y moral,(…)+[21].

 

     En consecuencia, los novicios han de entregarse del todo a poner el fundamento de las virtudes con gran deseo e interés, empeño y aplicación, implicán­dose en ello con toda la energía del espíritu, la fuerza del corazón y las capacidades de la persona. Y para que este empeño no sea puramente idealista, han de darse a la práctica de las mismas, empleando los medios más eficaces para alcanzar el fin que se pretende[22].

 

     3.3. Recta intención

 

     El P. Ribera, que habla de rectitud de inten­ción[23], consi­de­ra esta dimensión espiritual como un elemento de primer orden[24]. La recta intención da un sentido global a la vida y a la existencia del novicio orientándolas sólo hacia Dios, a cumplir su voluntad y a preocuparse por sus intereses. El novicio, de esta manera, crecerá también en madurez humana y en equilibrio afectivo, dando a su vida un sentido optimista y positivo y buscando siempre el bien de los demás[25].

 

     Para que sea auténtica, la recta intención ha de estar purificada de otras intenciones o motivaciones que la pueden falsear; cosa que suele ocurrir, por inexperiencia del novicio, en el Noviciado[26]. En general, tres son las motivaciones que suelen torcer la recta intención de buscar la gloria de Dios en las obras: la vanidad o vana estimación de sí mismos, la propia complacencia y los respe­tos humanos[27].

 

     Para formarse, de una manera práctica, en la rectitud de intención, lo primero es remover las motivaciones que la falsean, mediante una vigilancia y revisión personal continua. En segundo lugar, ofrecer ya desde la mañana todas nuestras acciones a Dios. Y en tercer lugar, renovar este ofrecimiento en todas y cada una de las obras que se practican, en las oraciones y recreos, en los trabajos manuales, etc…[28].

 

     3.4. Observancia de las Constituciones

 

     Además de la instrucción y del estudio de la vida religiosa, entre los deberes del novicio, se enumera la observancia puntualísima de las Constituciones, la práctica de las virtudes de la vida religiosa, especialmente las que se refieren a los votos y las señaladas en las Constituciones y el ejercicio asiduo de la oración y meditación; asimismo, respecto a la personalidad, el dominio de sí mismo y del propio juicio, de la voluntad y de las pasiones, la reforma del carácter y del talante exterior según el espíritu de la Congregación[29]. El novicio ha de apren­der a practicar los actos espirituales propios tanto de los religiosos como de la Congregación[30], a ejercitarse en las virtu­des misioneras que se derivan de nuestra condición de religiosos y de nuestra vocación claretiana[31], y a comportarse con un estilo digno de un Hijo del Corazón de María[32].

 

     3.5. La instrucción y el estudio

 

     Un acto muy importante es la participación de los novicios a las conferencias ascéticas que les ha de dar el P. Maestro sobre la vida espiritual, las Constitucio­nes y la Congregación. El fin de estas conferencias es:

 

*instruir al Novicio en todo cuanto atañe a la vida religiosa y a las virtudes que deben enaltecerla+[33].

 

     A las conferencias (e igualmente a las pláticas de comuni­dad) se ha de asistir con el mismo espíritu de fe con que los Apóstoles oían las instrucciones que les daba el Maestro, con atención, docilidad y deseo de aprovecharse de las mismas[34].

 

     Siguiendo lo prescrito en nuestras legislación, da algunas orientaciones sobre las materias que se han de estudiar en particular[35]. En primer lugar, no se permite a los novicios dedicarse de propósito al estudio de las ciencias, letras y artes durante el tiempo del Noviciado. Sólo se les permite repasar brevemente y con moderación las ciencias y asignaturas que hubieran aprendido en los años anteriores. Y en segundo lugar, han de aprender de memoria las santas Constituciones, a lo menos en sus principales capítulos y otros documentos espirituales escogidos. Queda al juicio del P. Maestro señalar qué textos deben aprenderse de memoria. Normalmente, era costumbre hacer aprender de memoria los capítulos de la primera parte de las Constituciones que hacían, o iban a hacer en breve, alguna referencia a los novicios y casi toda la segunda parte de las mismas; el Catecismo y las oraciones comunes. También era de desear que se les hiciese aprender textos de la Sagradas Escrituras[36] y de los Santos Padres.

 

     Para la lectura espiritual, uno de cuyos objetivos es *iluminar el entendimiento y nutrir el espíritu con verdades provechosas que son el alimento del alma+, se señala: en primer lugar, las Sagradas Escrituras, sobre todo el Nuevo Testamento; después, las obras ascéticas de doctrina sólida y la vida de los Santos, principalmente la de nuestros hermanos claretia­nos, que resplandecieron por su virtud, y la de los santos religiosos y misioneros[37]. Además, se da por supuesto la lectura de las obras sobre el espíritu de la Congregación[38].

 

     Por todo ello, el Noviciado ha estado y ha de estar siempre estructurado y organizado dinámicamente para conseguir este objetivo como una *escuela de experiencia+ de vida religiosa y congregacional.

 

     3.6. Virtudes

 

     El P. Ribera no se contenta con hacer un comentario pedagógico a las virtudes propias de los novicios según el capítulo *de probandis+[39]. Lo realmente interesante es que la sección sobre las virtudes la inicia con *la virtud fundamen­tal, la caridad, origen y móvil de todas las demás+[40]. Es la virtud más necesaria al misionero, como dice el P. Fundador[41] y es la primera que deben buscar los formandos[42].

 

     3.7. La dirección espiritual

 

     Una expresión de docilidad al Espíritu y de cooperación responsable con el P. Maestro en la búsqueda de la voluntad de Dios, es la dirección espiritual.

 

     Aunque no es obligatoria[43], está sumamente recomendada por la Iglesia, por el P. Fundador[44] y por la Congregación como un medio eficacísimo para superar las dificultades en el camino vocacional y para estimular la propia santificación[45].

 

     En el Novicio Instruido se ofrece un método práctico para llevar el diálogo con el Maestro, donde se indican las actitudes que hay que suscitar y los puntos a desarrollar; puntos que abarcan toda la personalidad del novicio de una manera dinámi­ca[46].

 

     Como frecuencia de la cuenta espiritual, normalmente, y de una manera general, se aconseja cada mes en el día de retiro. No obstante, la tradición congregacional en nuestros centros formativos es de cada semana en nuestros Noviciados y, al menos, cada quince días en los escolasticados[47].

 

     4. Profesos

 

     Como hemos dicho al hablar de los reglamentos de los postulantes y de las prácticas espirituales de los novicios, también el Novicio Instruido tiene valor para los profesos con las debidas adaptaciones[48]. Más aún, a los recién profesos (estudiantes y hermanos) va dedicada la última parte de la obra (Sección Quinta)[49].

 

     En esta sección se dan *algunos avisos+ a los estudiantes y hermanos para que no pierdan el espíritu adquirido en el noviciado, se confirmen más en él, para que crezcan en la virtudes, progresen en el camino de santidad que han emprendido y se preparen adecuadamente a la renovación de los votos.

 

     5. Ordo Studiorum Generalis (O.S.G.)

    

     5.1. Elaboración y revisión

 

     El XII Capítulo General, celebrado en Vic entre los meses de agosto-octubre del año 1922, varios años después de la promulga­ción del Código de Derecho Canónico (1917), pidió una nueva ordenación de los estudios en la Congregación.

 

     Una Comisión, nombrada para este fin, estuvo trabajando durante siete años en la elaboración del Plan hasta agosto de 1929. El 12 de noviembre del mismo año, previa aprobación por parte del Gobierno General, fue promulgado *ad experimentum+ por el P. Nicolás García, Superior General, con el nombre de Ordo Studiorum Generalis pro Missionariis Congregationis Filiorum Imm. Cordis Beatae Mariae Virginis, llamado comúnmente O.S.G[50].

 

     Este Plan de Estudios recogió, además de las orienta­ciones del Capítulo, las propuestas de la Congregación canaliza­das a través de las Prefecturas de Estudio, y otros documentos de la Santa Sede, de Institutos y Congregaciones Religiosas, de Seminarios y Universidades Eclesiásticas. El O.S.G. del 1929 estuvo vigente en toda la Congregación durante casi treinta años.

     Sin embargo, un hecho importante iba a suscitar su revisión y adaptación. El 31 de mayo de 1956 el Papa Pío XII promulgó la Constitución Apostólica Sedes Sapien­tiae con los Estatutos Generales. En ella se pedía a las Congregacio­nes y a los Institutos religiosos una acomodación de sus Planes de Estudios a las normas y orientaciones de esa Constitu­ción Apostólica. La Congregación realizó la adaptación pedida, que fue promulgada el 7 de marzo de 1959, después de casi tres años de trabajo[51].

 

     5.2. Algunas orientaciones

 

     11. Además de las materias eclesiásti­cas, el O.S.G, de 1929, ofrece para su estudio, durante el año académico o durante los tiempos de vacaciones, una amplia panorámica de materias humanas[52].

 

     Para ampliar la formación académica, cultural y profesional, el O.S.G, renovado en 1959, además de las materias eclesiásticas propiamente tales, establece otras auxiliares y especiales[53], y da la posibilidad de que alumnos puedan hacer estudios especiales según sus capacidades[54].

 

     21. Sobre la base de que toda la formación académica va orientada a la misión, no obstante, nuestra legisla­ción y nuestros planes de estudios establecían líneas de formación pastoral, teórica y práctica, para completar la formación apostólica.

    

     El O.S.G de 1929 prescribía continuos ejercicios prácticos de todo tipo en orden a asimilar mejor la materias[55], experien­cias apostólicas durante el curso teológico[56] y un quinto año, teórico y práctico, para prepararse inmediatamente al ministe­rio[57]. Y el del 1959 legisló más amplia y explícitamente los aspec­tos pastorales. Así insistía en el valor pedagógico de los ejercicios prácticos para profundizar las materias, desarrollar el sentido crítico y hacer la aplicación a la realidad[58], en la necesidad de hacer experiencias apostólicas durante toda la carre­ra[59] y daba orientaciones para organizar un año de pasto­ral para los recién ordenados[60].

 

 

     V. CAPÍTULOS GENERALES

 

     1. XII Capítulo General. Vich 1922[61]

 

     Este capítulo fue de una gran trascendencia. Además de adaptar nuestro legislación (Constituciones y Disposiciones Genera­les) al nuevo Derecho Canónico, se tomaron importantes decisiones para la formación, entre ellas, elaborar un nuevo Plan de Estudios[62].

 

     1.1. Criterios de admisión[63]

 

     Los cuestionarios que deben responder los candidatos están orientados a un mayor conoci­miento de las personas en orden a una mejor selección y formación de los mismos. Como criterios concretos de admisión conviene destacar:

 

     11. En principio, no se admitan a los que con el tiempo pueden ser necesarios a sus padres y abuelos. Los que estén sujetos a la patria potestad, necesitan el permiso de sus padres o tutores.

 

     21. El candidato, al ser admitido, hará una declaración por escrito, donde aceptará con claridad y libertad algunas condicio­nes propuestas por la Congregación[64]. Asimismo declarará su aceptación de que, en caso de salir de la Congregación antes de profesar, se le devolverá todo lo que entregó al entrar; pero que si llegare a profesar, aunque sólo por el primer año, quedará todo en propiedad de la Con­gregación, excepción hecha de lo que tenga carácter de bienes patrimoniales.

 

     1.2. Formandos

 

     Respecto a los formandos, el Capítulo da algunas disposicio­nes para las distintas etapas formativas. Así:

 

     11. Los postulantes cumplen con el aspirantado prescrito en las Constituciones, e incluso la preparación inmediata al Noviciado, formándose en nuestros seminarios menores[65].

 

     21. Todos los novicios deben saber antes de profesar *que si ocultaren algún impedimento de los que excluyen o de alguna enfermedad oculta, los Superiores no tienen voluntad de admitir­los, siendo consiguientemente in­válida la profesión+[66]. En este caso, pueden ser dimitidos o inhabilitados perpetuamente para los cargos de la Congregación. Por lo mismo, tres meses antes de la primera profesión, el novicio, al pedir por escrito ser admitido a ella, hará una decla­ración de intenciones en el sentido propuesto por la Congregación[67].

 

     Los novicios que, durante el año de noviciado, se hallaren en peligro de muerte, podrán profesar in articulo mortis con permiso de los superiores, según los casos[68].

 

     El Maestro explicará a los novicios el n. 56 de la I parte de las Constituciones según el sentido dado por el Capítu­lo[69].

 

     31. Los estudiantes no serán admitidos ni a la tonsura ni a las órdenes menores y mayores, si no declararan por escrito que tienen firme voluntad de llegar al presbiterado[70]. Los Superio­res mayores, según las orientaciones de la Iglesia y de las Constitu­ciones[71], no están obligados a pro­mover a los estudian­tes a las sagradas ordenes, pudiendo aplazarlas cuando lo crean convenien­te[72].

 

     Por último, el Capítulo da algunos orientaciones y normas sobre el paso de los hermanos a estudian­tes y viceversa, los confesores en nuestros centros de formación y los exámenes para las órdenes[73].

 

     1.3. Hermanos

 

     El Capítulo aprobó algunas conclusiones respecto a los hermanos, entre ellas la de poner al frente de los hermanos buenos Ministros. Ministros que fueran verdaderos formadores y animadores espirituales, capaces de ayudarlos en la vida de oración y en formación permanente a través de conferen­cias sobre todo las espirituales y doctrinales[74].

 

     1.4. Formación para las misiones

 

    El Capítulo, teniendo en cuenta *nuestro carácter de Misioneros y (…) la idea de nuestro venerable Padre+, pide que el P. General abra Misiones en varias partes del mundo. Para ello, insiste, entre otras cosas, en que *es necesario preparar a los Misioneros, ya sea en un Colegio de Misiones, ya en las mismas Misiones, antes de destinarlos al ministerio. Han de estudiar la Teología Pastoral y Rúbricas, las Lenguas, usos y costumbres de los infieles+[75].

 

     1.5. Salidas de la Congregación

 

     Uno de los temas importantes que estudió el XII Capítulo General fue el de *las causas y los remedios+ de los abandonos de la Congregación.

 

*Es un hecho lamentable que muchos individuos no perseveran en la Congregación, según un día feliz prometieron a Dios y a la misma Congregación. Sin exagerar el número de los tales, que es ciertamente considerable, es deber del Capítulo estudiar las causas de las deficiencias y poner a ellas los remedios conve­nientes+[76].

 

     11. Entre las causas reales de abandono que aparecen en el Capítulo, se elencan las siguientes: facilidad en admitir a la profesión y ordenación a personas no idóneas; deficiencia en la formación de las mismas; el *maleamiento+ de los recién profesos por personas de conducta poco religiosa y poco edificante; carencia de tino y prudencia en algunos superiores; falta de caridad con los hermanos, especialmente con los Hermanos Coadjutores; la atención a las necesidades familiares; el cuidado de la propia salud; el mal ejemplo de los que han salido; la indiferencia ante el compromiso de fidelidad vocacional; la facilidad con que se habla del abandono de la vocación y, en América, de colocarse en trabajos fuera de la Congregación[77].

 

     21. Los remedios que se sugieren para favorecer la fidelidad vocacional, en consonancia con las causas que se han detecta­do, van acompañados, en algunos casos, de sugeren­cias pedagógicas y de actuaciones de gobierno y otras de tipo jurídico: en la selección vocacional no admitir a aque­llos que se prevea que deberán ayu­dar materialmente a sus padres; ser más exigentes en la formación y en la admisión a la profesión y a las órdenes; selección de buenos formadores; cuidado especial de los recién profesos, ordenados y de los destinos de los hermanos coadjuto­res, promover el espíritu de piedad y la observancia por medio de los Prefectos de cosas espirituales; ayudar particularmente a los más necesitados espiritualmente, etc…[78].

 

     2. XIII Capítulo General. Roma 1934[79]

 

     El Capítulo fue muy importante sobre todo por el nuevo impulso que se da a la formación académica.

 

     2.1. Planes formativos

 

     El Capítulo ordenó la *redacción de un Ordo pietatis y un Ordo disciplinae, que, con el Ordo studiorum, formen la base de la educación de los nuestros+[80].

 

     2.2. Estudios

 

     Respecto a los estudios, se aprobaron un conjunto de 26 conclusiones entre las que destacamos por su importancia[81]:

 

     11. El Prefecto de estudios. Se mantiene su figura como está en el O.S.G. y le compete la dirección de los estudios, con dependen­cia del Rector. Esta figura, que no impide en nada la acción del Prefecto de Estudian­tes, es necesaria para dar impulso, dirección y unidad a los estudios. Lo que sí conviene, por razón de armonía y dis­ciplina, es consultar y oír al Prefecto de Estudian­tes cuando fuere necesario (con. 1).

    

     21. Formación personalizada. Para favorecer las aptitudes especiales de los estudiantes y el progreso de las ciencias habrá, además de las materias normales, *alguna otra asignatura especial obligatoria+ para los que designe el Consejo Académico, oído el Superior y el Prefecto de Estudiantes (con. 21). Por otra parte, los estudios privados serán orientados por el Prefecto de Estudiantes (con. 2-3).

 

     31. Apostolado. En los domingos no habrá clases. Se dedicarán al descanso del día del Señor y al ejercicio de la Catequesis y a las funciones sagradas. Se conservan, sin embargo, las clases de Música y Religión (con. 11). Éstas conservarán *su carácter tradicional que tanto ha contribuido a la buena formación de nuestros Estudiantes+ (con. 12).

 

     41. Formación de formadores. Se ha de fomentar *la prepara­ción científica de los profesores y la formación técnica y pedagógica de los llamados a ser Pre­fectos y Maestros de nuestros estudian­tes+. Además del testimonio de vida, han de brillar por una buena preparación en *ascética y pedagogía eclesiás­tica y re­ligiosa+. Una Ratio formatio­nis, que recoja la experiencia de tantos años de la Congregación, podría ayudar a esta formación (con. 14).

 

     51. Mariología. Se establece *la creación de una cátedra de Mariología científica en nues­tras Facultades de Teología, la cual además recoja otras manifestaciones marianas, como las litúrgi­cas, poéticas, artísticas, pero siempre a fondo prevalentemen­te científico, y en orden a formar una completa doctrina sobre el Corazón de María+ (con. 13).

 

     61. O.S.G. Teniendo en cuenta los principios fundamentales propuestos y aprobados por el Capítulo, después de un tiempo suficiente de ex­perimentación, se pide al P. General que se haga una completa revisión del O.S.G., *a fin de dar a la Congregación su definiti­va Ratio Studiorum, a la cual va vinculada su formación científica+ (con. 16).

 

     2.3. Lectura de periódicos en los centros formativos

 

     Los criterios generales que dio el Capítulo para leer diarios y periódicos en nuestras comunidades no son válidos para los estudiantes de nuestros colegios. En un sentido más restric­tivo, tampoco se deben permitir aquellas revistas que puedan ser negativas para la buena formación moral o intelec­tual de los formandos. No obstante, el Superior debe facilitar algún medio para informar a los estudian­tes de las noticias que se consideren necesarias[82].

 

     2.4. Estudio y uso de las lenguas

 

     El Capítulo recomendó encarecidamente a todos el estudio y el uso de las lenguas de las regiones a las cuales son desti­nados, dando orientaciones concretas para cómo comportarse en dichas regiones tanto en la vida comunitaria como en la vida apostólica. Como criterio de discernimiento pidió que, además de las normas de los Ordinarios y de los Superiores Mayores, se tuviese *siempre presente la utilidad de los ministerios, y sobre todo la cari­dad, la cortesía y la concordia de los ánimos+[83].

 

     2.5. Hermanos

 

     El tema de los hermanos fue una de las preocupaciones del Capítulo. Se estudió y reflexionó sobre su vida espiritual, su estado vocacional y su situación en la Congregación.

 

     El Ca­pítulo urgió a todos los responsables (Superiores, Maestros y Minis­tros), a que cuidasen y vigilasen con el máximo inte­rés la formación de los hermanos, especialmente de los jóvenes; su espirituali­dad; su salud y su bien­estar, de acuerdo con el estado religioso y con la vida de familia, esperando asimismo una respuesta positiva por parte de los hermanos en sus comportamien­tos y obligaciones religiosa­s[84].

 

     2.6. Preparación para la profesión perpetua

 

     El Capítulo aceptó además e hizo suya la Instrucción dada por el Gobierno General[85] sobre el modo de prepararse nuestros jóve­nes, estudiantes y hermanos, a la profesión perpetua[86].

 

     2.7. Noviciado Apostólico

 

     El tema de Noviciado Apostólico, estudiado desde distintos ángulos por las co­misiones de observancia, jurídica y de gobierno, fue aprobado para los padres jóvenes que terminaban los cinco años después de la ordenación sacer­dotal. Se trataba de ofrecer a nuestros misioneros, antes de entregarse de lleno a la vida apostólica, un año de perfeccio­namien­to y santificación bajo la dirección de un Maestro o Pre­fecto[87].

 

     2.8. Fundación de un Colegio Internacional en Roma

 

     El Capítulo estudió la posibilidad de establecer en Roma un Colegio In­ternacional, bajo la autoridad del Superior Ge­neral, para perfeccionar los estudios comunes y para conseguir especia­lizaciones. Después de una amplia discusión y confiando en la protección de Dios y de la Virgen, decidió lo siguiente:

 

*1. Se aprueba la erección de un Colegio internacio­nal de Estudios Supe­riores en Roma, dejando al Superior General con su Consejo determinar la naturaleza, funcionamiento y de­más condiciones de dicho Colegio. 2. El Capítulo acep­ta el voto de la Comisión de que el establecimiento del Colegio se realice lo antes posible, dejando, no obstante, la determi­nación de esta posibilidad al juicio del Supe­rior General con su Consejo+[88].

 

     3. XIV Capítulo General. Albano 1937[89]

 

     3.1. Formación del personal

 

     El Capítulo, distinguiendo entre elemento pasivo (formandos) y elemento activo de la formación (formado­res), ofreció las siguientes indicacio­nes.

 

     11. Respecto al elemento pasivo de la formación[90]:

 

     a) Selección vocacional. El Capítulo reco­mendó que se intensificara dando también varios criterios. En concreto, mandó:

     * que no se admitiesen niños ilegítimos, aunque hubieran sido legitima­dos posteriormente por matrimonio de los padres.

     * que se hiciesen análisis de la sangre para detectar *las afecciones mor­bosas que muchas veces se desarrollan entrados los años+ y que hacen a las personas no idóneos para la vida re­ligiosa y sacerdotal.

     * que se estudiasen los an­tecedentes morbosos de los abuelos y, a veces, de los tíos.

     * que despidiesen a tiempo a los candidatos que no tuviesen signos vocacionales[91].

     * que no se admitiesen al noviciado ni a la profesión a los sujetos que, después de ser probados, permaneciesen sin clarifi­cación vocacional.

     b) Formación. Dado que el empeño por formarse debe durar toda la vida, en esta línea, pidió:

 

     * que los Superiores y Ministros cuidasen de los padres jóvenes y de los hermanos recién profesos.

     * que, siendo un *verdadero peligro para la buena formación religiosa misionera+ el enviar a los Padres recién ordenados a su país, el P. General promoviese intercambios efectivos entre personas de diversos países y provincias.

     * que el futuro Superior General pusiese en práctica el acuerdo del anterior Capítulo sobre el Noviciado apostólico[92].

 

     21. En cuanto al elemento activo de formación

 

     El Capítulo, lamentando el poco personal preparado de que dispone la Congregación, pidió una mayor formación de los formadores. Y señaló asimismo unas orientaciones y medios para superar esta importante laguna[93].

 

     Respecto a los formadores de los hermanos, pidió a los ministros que fuesen verdaderos padres espirituales de los Hermanos; insistió, recomendó una vez más y prescribió que cuidasen la formación de los mismos, continuando y llevando a cabo la formación religiosa ini­ciada en el novicia­do[94].

 

     3.2. Estudio.

 

     Para el tema del estudio, que fue reflexionado con gran amplitud y profundidad, el Capítulo dio una inmensa gama de orienta­cio­nes e indicaciones con gran visión misionera y de futuro para la Congregación.

 

     Se deliberaron Votos y Propuestas. Los primeros eran orien­ta­ciones para el Gobierno General en orden a la organiza­ción de los estudios. Las segundas eran indicaciones que se trasmitie­ron a la Co­misión General de Estudios para tenerlas en cuenta en la redacción definitiva­ del Reglamento de Estudios.

 

     11. Entre los Votos aprobados cabe destacar[95]:

 

     a) Ratio Studiorum. Ha llegado el momento de su redacción definitiva. Se nombrará para ello una comi­sión, en la que participen preferentemente personas con experiencias en campo de la enseñanza y de la formación.

 

     b) El Gimnasio. Debe durar para todos por lo menos cinco cursos obligatorios[96]. Los programas, en los que debe haber un claro predominio de la cultura humanística, tendrán como asignaturas principales o básicas, además del latín, del griego, de la lengua nacional y de las lenguas extranjeras, las ciencias matemáticas, físicas y naturales; por lo mismo, éstas últimas han de ser incluidas en el nuevo O.S.G. La cultura de nuestros estudiantes, al terminar su formación humanística (y filosófica), debe estar a la altura de la cultura media que se exija en la nación.

 

     c) La Filosofía. La introducción a la Filosofía se iniciará en el año quinto del Gimnasio. En el Liceo se continuará y ampliará la formación humanística y literaria, combinándola con el estudio de la Filosofía y de las Ciencias. Al final habrá para todos, como obligatorio, un exa­men general de Filosofía, el cual servirá de base para la obtención de los grados internos de la Facultad.

 

     d) La Teología. La Teología se desarrollará en cinco cursos. Los cuatro primeros tendrán un carácter más teórico y fundamen­tal: el quinto, carácter preferentemente prác­tico. Al terminar los cuatro años habrá para todos, como obligatorio, un exa­men general de Teología, el cual servirá de base para la obtención de los grados internos de la Facultad. El quinto año, que será de prepara­ción inmediata para el sacerdo­cio, se intensifica­rá la vida de piedad, se cuidará la prepara­ción próxima para el ministe­rio pastoral y se estudiarán algunas cuestiones selectas (de Teología, Místi­ca[97], Acción Católica).

 

     e) Especializaciones. Los destina­dos a hacer estudios superiores o especializaciones, deben ser, por regla general, sacer­dotes o próximos al sacerdocio; han de tener las cualidades apropiadas[98]; y, por último, deben haber terminado la carrera, o haber cursado al menos íntegros los cuatro primeros años del curso de Teología con dispensa del año quinto. El capítulo recuerda que debe crearse cuanto antes el Colegio Interno Central de la Congregación.

 

     21. Entre las Propuestas hechas para la Comisión General de Estudios destacan[99]:

 

     a) Sobre los formandos: que el quinto año de Gimnasio se tuviese después del Noviciado, en la misma centro formativo y bajo la dirección del Maestro; y que el quinto año de Teología formase una sección aparte y, mejor aún, un Colegio separado.

 

     b) Respecto a los profesores, que: los de Teología fuesen personas aptas para estudiar y para enseñar; que el cargo de profesor sea más estable; que a profesores y alumnos se les provea de medios adecuados, como son buenas bibliotecas y suficientes revistas técnicas, para estar al nivel de los últimos adelantos.

 

     c) En cuanto a la formación superior, dado que la Congrega­ción tiene una misión universal y católica, su acción y los medios han de dirigirse no sólo a los humildes, sino también a los de categorías más elevadas y cultas. Al menos un grupo selecto de Padres debería esforzarse por adquirir una cultura superior[100] tanto en las disciplinas eclesiásticas como en las profanas.   Sin abandonar las ciencias naturales y exactas, las ciencias profanas prioritarias a elegir serían las llamadas *ciencias de cultura+ (Filoso­fía y Letras), por ser instrumen­to más directo, inmediato y universal de apostolado[101].

 

     Responder a los desafíos apostólicos en un ambiente científico y cultural elevado implica una perspec­tiva netamente misionera y una preparación teológica y espiritual sólida y de calidad[102]. La forma­ción científica y filosófica la recibirán personas ya ordenadas, que posean una formación teológica superior y que den garantía de segu­ridad moral. No obstante, sería conveniente que los Superiores señalasen con tiempo a las personas apropiadas para irlas preparando y orientando desde los primeros años de los estudios.

 

     Entre otras iniciativas de fuerte empeño y compromiso para este tipo de apostolado, se sugirió que la Congregación intentase tener Centros Universi­ta­rios propios, con facultad para dar grados aca­démicos; que algunos de los nuestros adquirieran, según las necesidades, títulos de carreras civiles prácticas, como de arquitectos, etc.., y que se diera otra vez vida a la idea, tan grata al P. Fundador, de la Academia de San Miguel.

 

     d) Mirando a los centros formativos se pidió que el *Colegio Máximo Generalicio+ ofreciese un tipo de *formación completa, in­tegral y unificada de elementos escogidos+, de tal manera que sirviese de modelo a nuestros colegios internos para mejorar la calidad de la formación en la Congregación y unificar los criterios y las aspiraciones de todos. Asimismo, se propuso la reorganización de los Escolasticados, y de su personal docente y dirigente; se exigió que los centros tuviesen bibliotecas bien abastecidas según su categoría; y se sugirió la formación de bibliotecas especializadas en los diversos colegios y casas, siguiendo un plan de conjunto de tipo provincial.

 

     3.3. Formación misionera y apostólica

 

     En continuidad con el espíritu y la letra del Capítulo anterior, se pidió que se cuidase la formación misionera ya desde el postulantado, a través de conferencias, instruccio­nes, revistas, etc. sobre las Misio­nes[103]. Recomendando el Capítulo *nueva y eficazmente+, y de una manera prioritaria, el mi­nisterio de las misiones populares y los ejercicios espirituales, exhortó a todos los Superiores y a los Prefectos de estudiantes a que for­masen a los jóvenes en estas ideas, en el ejercicio de las misiones, y en la práctica de la composición y declamación[104].

 

     4. XV Capítulo General. Catelgandolfo 1949[105]

 

     4.1. Promoción vocacional

 

     Acuciado por la escasez de personal en la Congregación, el Capítulo insistió en el fomento de las vocaciones. Y presenta algunas iniciativas:

 

     11. Sin abandonar los postulantados, hay que abrir la promoción vocacional a los jóvenes, a través de los Ejercicios Espirituales, y a las vocaciones de mayores y tardías.

 

     21. Las Provincias deben señalar personas concretas para la promoción vocacional y elegir a Padres *inteligen­tes, celosos y con marcado espíritu proselitista+ para directores espirituales de nuestros colegios de externos y asociacio­nes de jóvenes.

 

     31. En las Provincias se ha de establecer la *Obra de las Vocaciones+, integrando en ella a los Colaboradores Cla­retianos; y en la Curia General, el *Secretariado de Vocaciones+ para promover la propaganda[106].

    

     4.2. Postulantados

 

     11. El primer problema que se trató fue la adaptación de nuestra enseñanza interna a la enseñanza media oficial. El Capítulo animó a las Prefecturas de Estudios, tanto General como Provinciales, a que propusiesen soluciones concretas en sus respecti­vos países, exigiendo como mínimo el nivel pedido por el O.S.G.

 

     21. El segundo se refirió al mal estado material en que se encontraban nuestros postulantados, donde *se crean ambientes poco educati­vos+ que alejan a las vocacio­nes selectas. El Capítulo rogó al Gobierno General que ayudase y estimulase a los Gobiernos Provinciales a poner remedio.

 

     31. Por último, se confirmó lo dispuesto en el CIA sobre admisio­nes de postulan­tes y novi­cios[107].

 

     4.3. Formación de los nuestros

 

     En general, el Capítulo no aportó nada nuevo respecto a la formación de los nuestros a lo largo de las distintas etapas formativas, incluidos los primeros años de sacerdocio. Estimuló a cumplir lo ya establecido y a seguir las sugerencias ofrecidas en algunos cursillos últimamente celebrados[108]. No obstante, se insistió en algunos criterios formativos. Así, por ejemplo:

 

     11. Se pidió que se tendiese más bien al rigor en la admisión para la profesión y las ordenaciones[109] y que no se admitiesen a los dudosos. La selección definitiva se ha de hacer antes de la profesión perpetua. La *virtud de los ordenandos+, pedida en nuestra normativa[110], implica un *ejercicio positivo de las virtudes + y el haber conseguido el hábito de la oración mental.

 

     21. Sobre la meditación de estudiantes y novicios, algunos Prefectos y Maestros de novicios habían solicitado que los estudiantes pudieran hacer la meditación en particular como los Padres[111]. Después de estudiar el asunto e interpretando el sentido del n. 110 de la I Parte de la Constituciones[112], el Capítulo no vio ninguna dificultad en que se hiciese como proponían los formadores. Dejaba, no obstante, su aplicación al criterio del P. General[113].

 

     4.4. Revisión de O.S.G.

 

     Se sigue considerando el O.S.G. como un instrumento de gran eficacia para promover *la elevación cultural de los nuestros+. Dado que parece muy próxima la publicación de una Instrucción de la Santa Sede sobre formación y estudios eclesiásticos, el Capítulo cree que se debe esperar a que aparezca antes de hacer la de nuestra legisla­ción de enseñan­za. En su momento, la Prefectura General de Estudios, o una Comisión especial, podrá realizar con más conocimiento y eficacia dicha revisión[114].

 

     4.5. Elevación del nivel científico de los nuestros

 

     Además de la revisión del O.S.G., se deben promover y actuar otros proyectos y orientaciones de gran alcance científico y académico, algunos de los cuales fueron ya aprobados en el Capítulo anterior. En concreto:

 

     11. El Colegio Internacional de Roma, que eleve el nivel cultural no sólo de los profesores, sino también de los formado­res y predica­dores de la Congregación.

 

     21. Los Centros de Especialización, para conseguir los grados académicos en distintas especialidades, asimilar otras culturas y pensamiento, y completar el proceso llevado a cabo en las Provin­cias.

 

     31. El Instituto Jurídico, ya en funcionamiento en Roma, para la formación de canonistas que pueden prestar un prestigioso servicio a la Iglesia y la Vida religiosa.

 

     41. Los Colegios Interprovinciales, para unir los esfuerzos de las Provincias en orden a establecer sus propios Centros o Faculta­des de enseñanza y para ofrecer en conjunto la formación sacerdotal durante el curso 51 de Teología.

 

    51. Estimular la obtención de grados civiles siguiendo las normas del Capítulo anterior[115].

 

     4.6. Fidelidad a la Iglesia

 

     En todos estos esfuerzos (formación científica, elevación del nivel cultural, investi­ga­ción y producción entre los profesores, etc…), el Capítulo declaró[116] que la doctrina que profesa y enseña la Congregación en sus centros es de *plena y absoluta sumisión… a las enseñanzas de la Santa Sede+ en conformidad con las Constitu­ciones[117] y el O.S.G[118].

 

     4.7. La cuenta de conciencia y la cuenta disciplinar[119].

 

     11. La cuenta de conciencia fue uno de los medios formativos que más preocupó al Capítulo[120]. La Congregación ha de atenerse a lo legislado por la Iglesia[121]. Aunque no puede exigirse, debe, sin embargo, *recomendarse insistente­mente y del modo más eficaz como medio indispensable de perfec­ción+, dando todas las facilidades posibles a los miembros de las comunidades.

 

     21. La cuenta disciplinar al Superior o encargado tiene otro matiz. El Superior la puede exigir a todos cuando lo crea conveniente. Este deber y derecho, lo ejercitará el Superior principalmente con los hermanos, los estudiantes y los Padres jóvenes en período de formación a través de los respectivos encargados (Ministros y Prefectos) según las Constituciones y las orientaciones de la tradición congregacional. Para facilitarla sería conveniente disponer de algunos formularios adecuados.

 

     4.8. Sobre los Hermanos[122]

 

     11. El Capítulo lamentó la falta de vocacio­nes de herma­nos[123] y alabó a los que trabajan en su promoción vocacional; reprobó el descuido por parte de los superiores y ministros en la atención a los hermanos jóvenes y a los que están en período de formación; y denunció el desprecio de que son objeto por parte de algunos desaprensi­vos.

 

     21. En orden al futuro, el Capítulo estableció, entre otras, las siguien­tes orientaciones:

 

     a) Admisión.

 

     * Como norma general, los postulan­tes, incapaces para continuar los estudios en orden al sacerdocio, no deben ser admitidos como hermanos sino después de un tiempo de prueba en sus propias casas.

 

     * Antes del Noviciado. En principio, no se admitan hermanos para hacer el postulantado antes de los 15 años. Puede haber prepostulantados entre los 15 y los 17 años para que reciban instruc­ción religio­sa, cultural y aprendizaje de sus oficios. Y a los 17 años ya pueden comenzar el Postulantado Canónico.

 

     * Para el Noviciado. No se han de admitir para el noviciado jóvenes que no hayan cumplido los 18 años.

 

     b) Formación.

 

     * Los hermanos han de seguir en el mismo noviciado o ir a otro centro formativo durante los tres primeros años de votos temporales para que se formen bien y puedan aprender los oficios. Después, durante los dos primeros años de profesión trienal, podrán ser destinados, con un seguimiento especial, a las demás comunidades. El último año de profesión temporal, antes de la profesión perpetua, volverán al Noviciado para prepararse debida­mente a ella.

 

     * Desde el punto de vista de la organización, los aspectos formativos de los hermanos se deberían recoger en un Reglamen­to propio para ellos. Además, según el Capítulo, lo ideal para la formación de los hermanos sería el que tuvieran postulantado y noviciado sólo para ellos.

 

     5. XVI Capítulo General. Roma 1961[124]

 

     Entre las preocupaciones principales del Capítulo    estuvieron la escasez del personal (número) para el gran número de obras que se llevan, su poca preparación (calidad), y el problema de la formación actualiza­da del mis­mo[125]. Para superar las dificulta­des existentes, sobre todo el del equilibrio entre personas y obras, el Capítulo dio como *recomenda­ciones generales+ el que todos, absolutamente todos, asumiesen su propia responsabilidad, la concentración de es­fuerzos para las empresas apostólicas, la intensificación, ante todo, de la vida interior y espiri­tual de la Congregación, y la adecuada orientación del asunto de las vocaciones y de la formación.

 

     5.1. Vocaciones[126]

 

     Estudiadas la crisis de las vocaciones de los años últimos, las estadís­ticas sobre su perseverancia, y las causas de los abandonos, el Capítulo ofreció muchas sugerencias a la Congrega­ción para dar solución a éstos problemas.

 

     11. Urgió a todos los Hijos del Corazón de María a la fidelidad, a que se formen *una conciencia vocacional iluminada y eficiente, sentida y perseve­rante+.

 

     21. Además del Gobierno General, que debe dedicar *la máxima atención+ al aumento del personal y a su esmeradísima formación, todos (individuos, comunidades y organismos mayores) han de sentirse promotores vocacionales.

 

     31. El primer esfuerzo vocacional ha de ir dirigido a las vocaciones nativas de cada país. Ningún organismo debe contentar­se con las vocaciones que les son suficientes; todos han de buscar vocaciones para la Congregación universal. Las inversiones económicas han de orientarse primordialmente hacia los países que tengan un mayor presente y futuro vocacional.

 

     41. En la promoción y selección vocacional, interesa más la calidad que la cantidad de candidatos. Hay que buscar las vocaciones principalmente en nuestras obras apostólicas (cole­gios, escuelas, parroquias, asocia­ciones, Unión Misionera y de los Colabora­dores Cla­retianos, etc…). Es necesario organizar la propaganda vocacional claretiana y ofrecer a los promotores un Manual con normas concretas y orientaciones vocacionales. Para tener buen índice de perseverancia, hay que cuidar la selección de los candidatos. En consecuencia, se ha de hacer el examen previo sobre sus cualidades personales y sus condicio­nes familiares, el examen previo de suficiencia y, si fuera necesario o muy conveniente, tener un tiempo de prepostulan­tado para observar mejor a los candidatos.

 

     51. Los edificios de nuestros centros para niños y jóvenes son también un factor de atracción y perseveran­cia de las vocaciones. Por lo mismo, han de reunir las adecuadas condiciones higiénicas y pedagógicas para la formación[127].

 

     61. Dado que la perseverancia de las vocacio­nes depende en gran parte de la calidad de los formadores, es imprescindible escogerlos con cuidado y prepararlos convenientemente.

 

     5.2. Formación del personal propio[128]

 

     A la base de las orientaciones que dio el Capítulo para la formación académica, reli­giosa y espiritual estuvo, además de la crisis vocacional y las defeccio­nes antes y después de la pro­fesión, la necesidad de intensificar nuestra formación específi­ca, cordima­riana y claretiana.

 

     11. Respetando la espiritualidad de otros Institutos, nosotros hemos de poner de relieve la nuestra propia. Por lo mismo, el Capítulo recomendó, de una manera especial y como nota de nuestra espiri­tualidad, la for­mación de los jóvenes en la vivencia de la *filiación cordima­riana+. Para ello habría que fomentar el conocimiento, la lectura y la publicación de los testimonios de nuestros hermanos en este campo.

 

     21. La educación física (deportes, vacaciones, etc…), tan necesaria para la salud del misionero, fue también objeto de la atención capi­tular con una cierta preocupación. Ante *el desmedido afán deportista+ existente, se pidió rectitud de intención, modestia y prudencia en todo lo que se organice.

 

     31. Para lograr una formación de calidad, y en lo posible uniforme, el Capítulo urgió la elaboración de un Ordo formatio­nis, aprobado por el anterior Capítulo General y pidió la revisión y publicación del Espejo del Postulante.

 

     41. La formación académica, con la reciente revisión y promulgación del O.S.G., ha quedado perfectamente organizada y actualizada. Se estimula a seguir sus orientaciones[129].

 

     51. Profesión perpetua de los Estudiantes. Teniendo en cuenta la tendencia de la Iglesia y la práctica de algunos de aumentar los años de votos temporales, antes de la profesión perpetua, se determinó que *después del trienio de votos temporales se conceda a todos los Estudiantes otro bienio de votos temporales antes de hacer la Profesión perpetua, pudiendo diferírsela otro año todavía a los dudosos+. Tanto este bienio como el trienio de los hermanos, puede realizarse en una sola profesión o dividirse en dos profesio­nes anuales, a criterio del Superior mayor propio.

 

     5.3. Hermanos[130]

 

     Se constató que también la crisis vocacional, de la que se ha hablado anteriormente, estaba afectando, y quizás con mayor virulencia, a los hermanos de nuestra Congrega­ción. La preocupa­ción del Capítulo respecto a ellos se manifestó sobre todo en la aprobación de algunas conclusiones para atender mejor a su formación religiosa y profesional.

 

     11. Se ha de formar a los hermanos como auténticos Hijos del Corazón de María, como misioneros capaces de cumplir los fines de nuestra vocación claretiana según las Constitu­ciones[131] y como buenos religiosos y amantes de la Con­grega­ción.

 

     21. Sobre su admisión, no se han de aceptar candidatos ignorantes o de mal carácter[132].

 

     31. Antes del noviciado, tendrán un tiempo de postulantado según las Constitu­ciones y el Derecho, y poseerán *una formación cultural propia+. Para después del noviciado, para los primeros años de votos temporales, se debe organizar un período de formación específico, con carácter obligatorio.

 

     41. El Capítulo da un decidido impulso *a la formación técnica+ de los hermanos, la cual debe ser obligatoria. Se sugiere la organización de aspirantados, provinciales o interpro­vin­ciales, en los que, además de la forma­ción religiosa, se proporcione las bases para la formación técnica.

 

     51. Como en el Capítulo anterior, se pidió al Gobierno General la elaboración de una Reglamentación formativa más concreta sobre lo tratado respecto a los hermanos y, en particu­lar, respecto a los destinos sobre todo en los años que siguen a sus primeras profesiones.

 

 

     VI. CODEX IURIS ADDITICII (C.I.A.)

 

     Mención especial hay que hacer del Codex Iuris Additicii, comúnmente llamado C.I.A., recopilación de toda las ordenaciones y disposiciones dadas por los Capítulos y Gobiernos Generales hasta el Capítulo General de 1922 inclusive. Tuvo tres ediciones, con sus respectivas revisiones y adaptaciones[133].

 

     Aunque es un documento de marcado carácter jurídico, que recoge la legislación congregacio­nal desde el tiempo del P. Funda­dor[134], es fundamen­tal tenerlo presente porque desarrolla, a través de normas y orientaciones, los principios que han regido la formación congregacional durante los años en que estuvo vigente.



    [1] XV CAPÍTULO GENERAL, Annales, 40 (1949), p. 125.

    [2] CMF. Reglamento de la Obra de las vocaciones Claretianas, Annales, 40 (1950), pp. 461-467.

    [3] Cf. Reglamento de la Obra de las …, pp. X, XII.2.

    [4] CMF. El Reclutador de Vocaciones, Roma 1951, pp. 22. Habla de los criterios para la promoción vocacional, de los medios, métodos y tiempos más adecuados, de las orientaciones prácticas para el promotor, de los informes y exámenes­ necesarios, etc…

    [5] CMF. Secretariado de Vocaciones Claretianas, Annales, 46 (1962), pp. 348-350. En la Presentación a los PP. Provinciales, se dice:* Algo y aun mucho se ha ido haciendo hasta el presente (en el campo vocacio­nal); pero a partir del año en que comenzó nuestra Obra de la Vocacio­nes Claretia­nas, vinculada desde el ultimo Capítulo General a la Prefectura de Formación, se han hecho diferentes ensayos y sería imperdonable temeridad el desoír las lecciones de la experien­cia+ (p. 348).

    [6] PREFECTURA GENERAL DE FORMACIÓN, Manual del Seminarista Claretiano, Madrid 1962, pp. 183.

    [7] Cf. pp. 9-10, nn. 1 y 5.

    [8] Ib., p. 21, n. 1.

    [9] Cf. Ib., p. 18, n. 6.

    [10] R. RIBERA, El Novicio Instruido, Madrid 1931, pp. 479; referencia en Prólogo, p. X.

    [11] En la obra *no encontrarán mis hermanos otro mérito que el ha­ber sido inspirada por la obedien­cia, redactada con cariñoso afecto a los jovencitos esperanza de la Congregación, y haberse reunido y condensado en ella las enseñanzas de nuestro santo Fundador y de algunos de aquellos venerables compañe­ros suyos, que tanto influyeron en la formación de las primeras generaciones de Misioneros, lustre de nuestra Congregación querida+ (Prólogo, pp. X-XI).

    [12] R. RIBERA, El Novicio…, p. 25.

    [13] Las orientaciones pedagógicas que se ofrecen han de ayudar a conseguir el objetivo del Noviciado, de tal manera que *cuantos hagan uso de ellas se formen en el verdadero espíritu de la Congregación como Hijos legítimos del Corazón de María y sean después infatigables Apóstoles y gloriosos heraldos de la divina gloria+ (R. RIBERA, El Novicio…, Prólogo, p. XII).

    [14]*Los jóvenes necesitan absolutamente de di­rección;(…) pero no lo han de esperar todo de ella. (…) los jóvenes han de seguir, sí, la dirección de sus maestros y superiores, pero deben coope­rar a la misma con su propia acción perso­nal, mediante la aplicación racional y cons­tante de ciertos principios de autoformación que contribuirán poderosa­mente al desarro­llo integral y armónico de todas sus faculta­des+ (R. RIBERA, El Novicio…, p. 182).

    [15]*además de que una autoformación independiente saca sujetos singula­res, raros y excéntricos, lo cual es muy ajeno a nues­tro carácter y vocación+. (R. RIBERA, El Novicio…, p. 183).

    [16]*Mas, atendida nuestra natural flaque­za y el escaso conocimiento que tenemos de nosotros mismos, todo este trabajo de autoformación exige necesariamente, además del concurso natural y sobrenatural de Dios, la cooperación de otros agentes exteriores. Nos referimos a nuestros Superiores y a nuestros propios compañeros+ (Cf. R. RIBERA, El Novicio…, p. 189).

    [17] R. RIBERA, El Novicio… , p. 183. Este conocimiento ha de ser *para que sabiendo las cualidades buenas de uno y otro, y los defectos, que de ordinario los acompañan, puedan secundar y perfeccionar aquéllas y extirpar éstos, si es posible, o a lo menos co­rregirlos, aprovechando su actividad y encau­zando hacia el bien sus naturales tendencias+ (Ib.).

    [18] R. RIBERA, El Novicio… , 183-184. Ya que *suele ella adquirir tal arraigo en nos­otros, que si es deficiente, difícilmente se suple; y si mala, con mayor dificultad se co­rrige:(…) Pero, por difícil que sea, no se puede negar que una voluntad resuelta, puesta al servicio de un ideal noble, y ayudada de la gracia di­vina, puede obtener gloriosos triunfos sobre hábitos defectuosos adquiridos en el seno de una familia ignorante, descuidada o poco fa­vorecida por las circunstancias o ambiente social+ (Ib.).

    [19] R. RIBERA, El Novicio…, pp. 184-185. *Consulte también sobre los defec­tos de su propio entendimiento, como la li­gereza, volubilidad, terquedad, estrabismo intelectual, o sea, el defecto de aquellos que siempre tienden a ver las cosas al revés de los demás, y otros semejantes; y crea lo que sobre esto le digan sus educadores, (…). Debe también el joven educando seguir el dictamen de sus mayores acerca de los estudios o ciencias a que podrá dedicarse, cumplido, por supues­to, todo lo reglamentario y prescrito (Ib.).

    [20] Cf. R. RIBERA, El Novicio…, p. 185. Pues *la gracia trabaja sobre la naturaleza, y con un resultado tanto más satisfactorio en igualdad de circunstancias, cuanto encuentra la naturaleza más dócil y perfeccionada+ (Ib., 185). Entre los hábitos que el novicio debe fomentar se encuentran: el hábito de orden, de limpieza, el sentimiento de dignidad perso­nal, el hábito de veracidad, de respeto a los demás, de bondad, compasión y condescendencia, de su­misión y negación de sí mismos, de firmeza y constancia, de magnanimidad y fortaleza, etc…+ (Cf. Ib., pp. 186-189).

    [21] R. RIBERA, El Novicio…, p. 190.

    [22] Cf. R. RIBERA, El Novicio…, pp. 214-216.

    [23] Existe *cuando uno se propone en sus actos la sola gloria de Dios, o dar gusto a Dios, o el amor de Dios+ (R. RIBERA, El Novicio…, pp. 305-306).

    [24]*Esta rectitud de intención es una verda­dera alquimia celestial, que convierte en oro de caridad y da valor sobrenatural a cuanto toca, aun las acciones más indiferentes, como comer, dormir, etc., y aumenta el mérito de las obras, ya de suyo buenas, multiplicando las fuentes de nuevos méritos según los va­riados fines santos que uno se proponga, como explica el santo Fundador en el capí­tulo XXVIII de su Autobiogra­fía (parte I)+ (R. RIBERA, El Novicio…, pp. 306-307).

    [25]*Así estarán tranquilos, cualquiera que sea el resultado de sus empresas; esta­rán indiferentes para cualesquiera disposicio­nes de la Providencia o de los Superiores; se alegrarán de que sus hermanos brillen y se adelanten, aunque ellos queden en la pe­numbra; crecerán en méritos y santidad y se harán dignos de la gracia del apostolado y de la gloria eterna+ (R. RIBERA, El Novicio…, p. 310).

    [26]*Efectivamente, los jóvenes pro­bandos, animados por una parte del deseo de su perseverancia en la vocación recibida, sintiéndose por otra con frecuencia faltos del espíritu de abnegación y sacrificio que requiere la virtud sólida, fácilmente, más por irreflexión que por malicia, caen en el enga­ño de contentarse con una virtud aparente y acomodaticia, en la que, con alguna buena intención de agradar a Dios, se mezcla bue­na dosis de amor desordenado a sí mismos, con intenciones torcidas, que se escapan no pocas veces a su vista, si no los hace caer en la cuenta el avisado Maestro+ (R. RIBERA, El Novicio…, p. 307).

    [27] Cf. R. RIBERA, El Novicio…, pp. 304-310.

    [28] Cf. R. RIBERA, El Novicio…, pp. 310-311.

    [29] Cf.R. RIBERA, El Novicio…, pp. 27-28.

    [30]*He aquí el motivo por que nuestros Novicios deben con todo empeño y sin flojedad aplicarse a practicar con la perfección posible los diferentes actos espirituales de Regla y otros que la Congregación acostumbra, o que ellos mismos de su propio motivo hayan escogido para fomento de la piedad. Esto es lo que vamos a enseñarles en la presente sección, importantísima cual ninguna, y sobre la cual llamamos toda la atención de nuestros jóvenes+ (R. RIBERA, El Novicio…, p. 70).

    [31]*Fíjense nuestros jóvenes en el modo tan encarecido con que nuestro Padre les exhorta a darse del todo a la práctica de la virtud (R. RIBERA, El Novicio…, p. 215).

      *Mas como no se trata de hacer aquí una explicación amplia y razonada de todas estas virtudes, sino sólo de iniciar a nuestros novicios y ayudar a los jóvenes profesos en la práctica de ellas, dejando la referida explicación para las conferencias de los respectivos Encargados, aquí no haremos sino proponer algunos motivos de ellas, y señalar los medios más ordinarios para su consecución, siempre sobre la base de la manera de ser de nuestros Noviciados y Colegios, y en orden al fin de nuestra vocación de Misioneros+ (Ib., pp. 216-217).

    [32]*Estando Dios presente en todo lugar, siempre y en todo lugar deben los novicios portarse con gran modestia exterior y gran recogimiento interior por respeto a su divina Majestad. Para favorecer este comportamiento que la fe nos inspira, vamos a explicar en esta cuarta Sección la conducta que deben los novicios guardar en los varios lugares por ellos frecuentados durante el día, a fin de que siempre y en todas partes esparzan en torno suyo el buen olor de Cristo, y se muestren dignos hijos del Inmaculado Corazón de María+ (R. RIBERA, El Novicio…, pp. 366-367).

    [33] R. RIBERA, El Novicio…, p. 125.

    [34] Cf. R. RIBERA, El Novicio…, pp. 125-127.

    [35] Cf. R. RIBERA, El Novicio…, pp. 372-374.

    [36] En concreto se recomendaba aprender la colección de sentencias de la Sagrada Escritura del libro El Tesoro del Humanista del P. Girbau, lo principal de las cartas de San Pablo y otros pasajes importantes del nuevo y antiguo Testamento (Cf. R. RIBERA, El Novicio…, pp. 373-374).

    [37]*En primer lugar, la divina Escritura, sobre todo el Nuevo Testamento, en el cual encontrará la verdad pura en su misma fuente; el encontrar gusto en la lectura de los Libros Santos y principalmente del Santo Evangelio, es señal de tener el espíritu de Jesucristo, y una prenda de predestinación (Jn., 8, 47).

      Después conviene aficionarse a lecturas ascéticas de doctrina sólida, como son las obras ascéticas de San Alfonso María de Ligorio, las de San Juan de la Cruz, Santa Teresa, nuestro santo Fundador, Granada, V. Lapuente, Beato Avila y, especialmente Rodríguez, etc.

      En tercer lugar leerán vidas de Santos, entre los cuales deben merecer su atención y preferencia la de nuestros Patriarcas y de sus hijos que se han distinguido en la virtud, y las de Santos religiosos y misioneros+ (R. RIBERA, El Novicio…, p. 140).

    [38]*No hay que decir que deben los novicios leer y releer los libros en que han de beber el genuino espíritu de la Congregación, como son las santas Constituciones, el Espíritu de la Congregación, este mismo libro El Novicio Instruido y las obras de algunos de nuestros misioneros sobre el Corazón de María, celo de las almas, etc…+ (R. RIBERA, El Novicio…, p. 140).

    [39] CC. 1924, I parte, cap. XXIV.

    [40] Ib., p. 216.

    [41] Cf. Aut. nn. 438-453.

    [42] Ib., pp. 218-219.

    [43] Conviene tener en cuenta *que la cuenta espiritual no es obligatoria en con­ciencia. Ni la Santa Iglesia (c. 530), ni la Congregación (Ord., 562), quieren obligarnos a ella; pero la Iglesia y la Congregación en los mismos lugares citados exhortan encarecidamente a no prescindir de un medio tan eficaz para la perfección como practicado ordinariamente por los Santos+ (R. RIBERA, El Novicio…, pp. 175-176).

    [44] Citando al P. Claret, dice el P. Ribera: *No podríamos nosotros explicar mejor las utilidades y la importancia de la cuenta es­piritual, que copiando las palabras tan pon­derativas con que nuestro santo Padre la en­carece a los Seminaristas en su Colegial Ins­truído. Oigámosle con respeto:

      *(…) Sobre la necesidad de tener un buen di­rector espiritual están contestes el Antiguo y Nuevo Testamento, los maestros de la vida espiritual y tantos libros y tratados como se han escrito sobre esta materia.

      *No basta, pues, tener un confesor a quien se manifiesten con sinceridad todos los pecados: necesitamos también de un maestro que nos enseñe el camino de la vir­tud; nos es indispensable un guía que nos preceda y vaya delante de nosotros para conducirnos en un país tan desconocido, como lo son las miras que Dios tiene sobre nosotros; necesitamos de un piloto experi­mentado que nos descubra los escollos de un mar en que son tan frecuentes los nau­fragios (…) Hasta los Santos, por más iluminados que fueran, y aunque tenían grande expe­riencia en los caminos de Dios, no se sepa­raron de esta práctica, que miraban, según la marcha ordinaria de la Providencia, como el medio más a propósito para el adelanta­miento y para la perfección de las almas: Hanc viam tenuere omnes Sancti (San Vi­cente Ferrer).

      Tal es igualmente la práctica de las per­sonas más virtuosas; y si es prudencia para ellas el tomar consejo y seguirle con docili­dad, es, sin duda, locura el creer que no se necesita, y el gobernarse tan sólo por los afectos del corazón y por solas las luces de su espíritu (…).

      Debemos ir a encontrarle como a un án­gel, como a Jesucristo, como al mismo Dios; debemos, hablarle con toda confianza y con toda la sinceridad que exige el rango que tiene para con nosotros, de prudente conse­jero, de médico caritativo, de amigo fiel; debemos, finalmente, tener para con él toda la sumisión, la docilidad, el candor, la senci­llez de un niño+ (R. RIBERA, El Novicio…, pp. 177-179).

    [45]*Es tan importante esta prác­tica para nuestros jóvenes, novicios y profe­sos y aun sacerdotes, sobre todo en los pri­meros años de apostola­do, que sin ella les será casi moralmente imposible superar las dificultades y peligros que les han de salir al paso en el desenvolvi­miento de su vida espiritual y misionera+ (R. RIBERA, El Novicio…, p. 179).

    [46] Cf. R. RIBERA, El Novicio…, pp. 180-181.

    [47]*Como frecuencia, al aconsejar la cuenta espiritual cada mes en el día de retiro, no pretenden coartar la libertad de darla con más frecuencia, an­tes al contrario, en varios pasajes de ellas (p. II, n. 27, p. III, n. 2 y otros) suponen o aconsejan esta misma frecuencia, que para ­los jóvenes resulta una verdadera necesidad. La costumbre en nuestros Noviciados es que vayan los Novicios a dar cuenta al P. Maes­tro cada semana,y no retrasarla más de quin­ce días en los escolasticados+ (R. RIBERA, El Novicio…, pp. 177-179).

    [48] Ib., Prólogo XI.

    [49] Cf. Ib., pp. 412-459.

    [50] CMF, Ordo Studiorum Generalis pro Missionariis Congrega­tionis Filiorum Imm. Cordis Beatae Mariae Virginis, Romae 1929, pp. 98.

    [51] Ordo Studiorum Generalis Congrega­tionis Missionariorum Filiorum Immaculati Cordis B. Mariae V., Romae 1959, pp. 157. Cf. P. SCHWEIGER, De studiis…, An­nales, 45 (1959-1960), pp. 151-165.

    [52] Cf. arts. 2.1., 88-129, 194-223 y appendices, pp. 87-80.

    [53] Cf. arts. 87-150 y apendix, pp. 129-132.

    [54] Cf. arts. 233-260.

    [55] Cf. arts. 153, 157-165.

    [56] Cf. arts. 120, 128.

    [57] Cf. arts. 118.2, 119.2.

    [58] Cf. arts. 192-199. Gran relieve tenía, en el estudio de la Moral y de la Liturgia, la práctica de resolver “casos de conciencia” y “casos litúrgicos” (Cf. O.S.G., 1929, arts. 123.3, 165; 1959, arts. 129.4, 199.4, 261.1.11).

    [59] Cf. arts. 141, 164.3, 167.

    [60] Cf. arts. 140-150. Sobre la organización del año de pastoral en la Congregación, cf. Annales, 42 (1953-1954), pp. 400-404.

    [61] XII CAPÍTULO GENERAL, Anales, 18 (1921-22), pp. 901-922, 925-975.

    [62] Cf. Ib., pp. 914-915.

    [63] Cf. XII CAPÍTULO GENERAL, Disposiciones 70-75, pp. 952-953.

    [64] La declaración tendrá el siguiente contenido:

      *a) Que tiene el propósito de guardar las Constituciones, Ordenaciones y Disposiciones de la Congregación mientras permaneciere en ella.

      b) Que prestará gratuitamente y sin derecho a retribu­ción alguna los servicios que se le exigieren mientras perma­nezca en la Congregación, y que consiguientemente, nada exi­girá si saliese de la misma;

      c) Que asimismo renuncia a toda indemnización que por accidentes del trabajo conceden las leyes, si le aconteciere sufrir alguno.

      d) Que no sabe tenga impedimento alguno para entrar en la Congregación.

      e) Que pide su admisión en la Congregación ajeno a todo dolo y fraude, y sin sufrir coacción alguna por violencia ni miedo.

      f) Que está conforme: 11. en que todas las cartas que él escribiere o le fueren dirigidas a él, sean abiertas y leídas por el Rdo. P. Superior o por aquél a quien éste comisionare; 21. que todos sus defectos y errores puedan ser manifestados a los Superiores por cualquiera que tuviere conocimiento de los mismos+ (Ib., Disposiciones 72, p. 952).

      La declaración será firmada por el Superior o por un delegado suyo, y dos testigos extraños a la Congregación. Se le advertirá al postulante que los superiores lo podrán despedir, si se descubre que ha callado algún impe­dimento excluyente o alguna enfermedad oculta (Cf. Ib., Disposiciones 73, pp. 952-953).

    [65] Cf. Ib., Disposiciones 94, p. 957.

    [66] Ib., Disposiciones 84, p. 955.

    [67] Dice así la declaración:

      *a) Que tiene voluntad de profesar en la Congregación y de permanecer en ella hasta la muerte, de no sobrevenirle obstáculo imprevisto.

      b) Que ignora tener impedimento alguno, y que no ha ocultado impedimento notable que pudiera impedir su admisión a la profesión.

      c) Que acepta todas las obligaciones y cosas mas difíciles que abraza la vida religiosa según se practica en la Congre­gación; en particular: 1. Que sus defectos, faltas y errores puedan ser manifes­tados a los Superiores, inmediatos y mediatos, sin previo cono­cimiento suyo y por cualquiera que los conozca. 2. Que, aun profesando en clase de clérigo, pueda ser ocupado temporalmente en trabajos manuales, si hay causa para ello a juicio del Superior local o mayor, y aun pasar de­finitiva­mente a la categoría de Hermanos Coadjutores si hay causa para ello a juicio del Superior Provincial, siendo de votos tempora­les, y del Superior General, siéndolo de perpetuos. 3. Que los Superio­res podrán destinarlo a cualquiera parte del mundo y a las misiones mas difíciles y peligrosas, siempre que lo juzgaren conveniente. 4. Que acepta y aceptará en la Congregación todo car­go, tanto humilde como honorífico, para el cual fuere legítimamente designado.

      d) Que si saliere de la Congregación, no exigirá ningu­na retribución por los servicios prestados a ella, los cuales son absolutamente sin derecho a retribución alguna según los cá­nones, y por lo mismo los presta gratuita y desinteresada­mente+ (Ib., Disposiciones 95, pp. 957-958).

      La Congregación le manifestará asimismo, por medio del Superior mayor o su delegado y por escrito, que, si no se cumplen las condiciones a) y b). no tiene intención de admitirle a la profesión y que podría ser dimitido de la Congregación (Cf. Ib., Disposiciones 96, p. 958).

    [68] Cf. Ib., Disposicio­nes 90, pp. 958-959.

    [69] El sentido es el siguiente:

      *a) Que deben hallarse dispuestos a todos los ministe­rios, no sólo a los sacerdotales, si fueren admitidos en la clase de clérigos, sino también a los manuales, propios de los Hermanos Coadjutores, en los cuales podrán ser ocupados tanto para ejercicio de virtud, como en castigo de faltas y en ayuda de la Casa. b) Que tendrán obligación de aceptar todo cargo, por el bien de la Congregación, ora sea honorífico, como el de Su­perior, ora sea humilde y despreciado, para el cual fueren de­signados legítima­mente. c) Que por causa grave, a juicio y por decreto del Su­perior General con sus Consultores, después de los votos perpetuos, y del Provincial con los suyos, durante el período de los temporales, podrán ser destinados, aun perpetuamen­te, a la clase de Hermanos Coadjutores los de la clase de clérigos, previa repetición del noviciado o previo indulto apostólico en caso contrario. d) Que los Superiores podrán enviarlos a todas las par­tes del mundo, y que ellos tendrán obligación de ir, si fueren manda­dos+ (Ib., Disposicio­nes 90, pp. 956-957).

    [70] Cf. Ib., Disposiciones 12, 112, p. 977.

    [71] Cf. CC. 1870, n. 108; cc. 969, 3; 970; Pío X, Lit. Apost. 2 Julio 1912; 7 Junio 1913.

    [72] Cf. Ib., Disposiciones 113, p. 961.

    [73] Cf. Ib., Disposiciones 10-11, 114, 121, p. 936.

    [74] Cf. Ib., p. 931.   Ministros *que cuiden esmera­damente de los hermanos, prestándoles la atención debida, principalmente en orden a su aprovechamiento espiritual+ (Ib.).

    [75] Cf. Ib., pp. 920-922.

    [76] Ib., pp. 928-929.

    [77] Cf. Ib., p. 929.

    [78]*Los remedios indicados para evitar la falta de fidelidad a la vocación, son principalmente: a) poner suma atención en la admisión a la profesión y a la ordenación y no dejarse llevar de miramientos y de la compasión mal entendida y contraria a la verdadera caridad; y si algunos en el tiempo del novicia­do o de los votos temporales ofrecen duda, procurar resolverla con pruebas especiales y antes de que los tales lleguen a los pasos definitivos; b) escoger, en cuanto sea dado, buenos Maestros, Prefectos, Superiores y Ministros, y cuidar de que éstos atiendan con interés y empeño a los hermanos, sobre todo en la parte espiritual; c) no poner a los recién profesos y a los Padres jóvenes en contacto con los antiguos sino gra­dualmente y con precaución; d) cuidar de que en lo posible haya más de dos Hermanos en cada casa, a fin de que se ayuden mutuamente y sean atendidos con mayor diligencia; e) ayudar más a todos a evitar los peligros y a vencer las dificul­tades, dándoles trabajos proporcionados; f) no admitir a aque­llos que se hallen o se prevea se hallarán necesitados de ayu­dar a sus padres por la falta de bienes de éstos; en caso nece­sario, que la Congregación preste el socorro conveniente; g) fo­mentar más el espíritu de piedad con los nuestros; h) poner Prefectos de cosas espirituales para toda la Congregación y para cada Provincia, los cuales atiendan debidamente a la observancia general de la Congregación y de sus respectivas Provincias; i) cuando las familias pidan socorros o expongan la necesidad en que se hallan, remitir esa correspondencia al Gobierno General, para que se haga cargo de la necesidad y la atienda en lo debido, pero no entregarla al destinatario, a fin de no hacer flaquear su vocación con el sentimiento natural por la necesidad de los propios; j) trabajar porque vuelvan a adquirir el espíritu religioso los que lo hayan perdido o hayan aflojado en él; y para ello, apurar todos los medios paternales, como son los avisos, exhortaciones, correccio­nes, y aun peni­tencias paternales, y si fuere necesario, cambiar de casa y aun de Provincia. Cuando estos medios paternales no hubieren dado el resultado apetecido, acudir a los remedios disciplina­res, propios, generalmente, de los Superiores mayores, como son: los preceptos en virtud de santa obediencia, las peniten­cias o castigos de cierta gravedad y ordinariamente públicos, la vigilancia especial y las moniciones canónicas, cuya apli­cación ha de ser más frecuente y eficaz que hasta el presente+ (Ib., pp. 929-930).

    [79] XIII CAPÍTULO GENERAL, Anales, 30 (1934), pp. 421-427, 437-463, 502-531, 567-572, 853-865.

    [80] Cf. p. 443.

    [81] Cf. Ib., pp. 448, 454-455, 527-531.

    [82] Cf. Ib., p. 516.

    [83] Cf. Ib., pp. 514-515.

    [84] Cf. Ib., pp. 459-460.    Entre los acuerdos tomados se pueden destacar:

     *l. Procúrese dar a los Hermanos con programa fijo las conferencias señaladas. El Padre encargado de esas confe­rencias es el R. P. Ministro; en su defecto, el R. P. Superior u otro a quien él señale. Estas conferencias se darán a horas determina­das, y no se omitirán, aunque haya un solo Herma­no; mas en este caso podrán consistir en conversaciones par­ticulares con él, en las cuales con amabilidad y confianza se le instruirá en sus principales deberes(…).

      (…).

      5. El P. Ministro debe estar con los Hermanos lo mas posible y atenderlos con bondad e interés, instruyéndolos, consolándolos y animándolos, haciendo con ellos los oficios de verdadero padre, y en esto se llama poderosamente la atención de todos, por la responsabilidad que el olvido de estos deberes podría acarrearles delante de Dios y de la Congregación. No los olvide tampoco el P. Superior antes cuide de ellos como se lo ordenan las Constitu­ciones vigilando si hacen bien los ejercicios de piedad y si se dedican a los oficios propios de su clase.

      6. Este interés y cuidado debe tenerse especialmente de los Hermanos jóvenes, sobre todo en sus primeros años de vida religiosa durante los cuales deben permanecer de ordinario en los Noviciados o Colegios, y no ser destinados a casas particulares.

      7. Se recomienda a los Hermanos el espíritu de trabajo y ocupación en las horas de labor, el respeto a los Padres, que debe hacerse resaltar, sancionando las faltas de respeto debido. Asimismo, los Padres y demás individuos deben a su vez tratar a los Hermanos con respeto, caridad y amabilidad, sin permitirse jamas la menor muestra de menosprecio, como corresponde a hijos de la misma Madre. No debe permitirse a los Hermanos el título de Reverendos, reservado a los Sacer­dotes+ (Ib., pp. 516-518).

    [85] Cf. Anales, 27 (1931), pp. 145-150, 273-275.

    [86] Cf. Ib., pp. 460, 518.

    [87] Cf. Ib., p. 461.

    [88] Cf. Ib., pp. 448-449.

    [89] XIV CAPITULO GENERAL EXT, Annales, 34 (1938), pp. 9-13, 47-68.

    [90] Cf. Ib., pp. 52-54.

    [91]*Sin embargo, respecto a despedir a los niños que parece no prometen, ténganse en cuenta cier­tos desarrollos tardíos, ni se dé importancia mayor a algunos defectos propios de la edad, mientras no se trate de ín­dole ni inclinaciones aviesas o inmorales. Nunca debe de­morarse despedir a los inmorales o fundadamente sospe­chosos de inmoralidad+ (Cf. Ib., p. 53).

    [92] El P. N. García, escribió sobre el tema la circular El año de perfección religiosa y misionera (Annales, 36 (1940-1941) pp. 97-116 donde se adjunta el Reglamen­to).

    [93] Entre ellos:

      *+ el estudio de la pedagogía religiosa, cle­rical y misionera teórico‑­práctica;

      + poner a los que pare­cen ofrecer esperanzas de ser buenos formadores, al lado de otros que desempeñen con competen­cia este oficio;

      + que se escriba por algún Padre competente, alguna obrita sobre formación de los nuestros;

      + las reuniones de Prefectos y Maestros bajo la presidencia de un Padre entendido y de sano criterio;

      + hacer uso de los Colegios o Casas de for­mación interpro­vincia­les, cuando una Provincia no tenga los elementos necesa­rios;

      + los Prefectos de Postulantes no sean muy jóvenes y conviene escoger para este cargo Padres que conozcan el carácter y modo de ser de los niños del país. Los Maestros y Prefectos de profesos tendrán la edad canó­nica;

      + para la formación de Superiores léanse libros sobre los deberes del buen Superior, condensados en la Circular del Revmo. P. General sobre los Superiores, (Anales, año 1927, pag. 195), así como para la formación de los Estudiantes se recomienda vivamente la publicada por el mismo Revmo. Padre al efecto (Anales, 1932, p. 225)+ (Cf. Ib., p. 54).

    [94] Cf. Ib., p. 54.

    [95] Cf. Ib., pp. 57-60.

    [96] En casos excepciona­les y por razones especiales se puede hacer dos cursos en un año con algunas condiciones.

    [97] El estudio de la Ascética, con carác­ter práctico y de aplicación, debería hacerse a lo largo de los cuatro años anteriores.

    [98] Deben estar dotados de aquellas cualidades como salud, inteligencia, sólida piedad, equilibrio, facilidad de comunica­ción, etc…, que aseguren el buen resul­tado en la formación superior, el éxito en la misión cien­tífica, y den garantías de que prestarán su servicio a la Congregación (Cf. Ib., p. 60).

    [99] Cf. Ib., pp. 60-65.

    [100]*Esta cultura superior, que debe suponer siempre, tratándo­se de los nuestros, una sólida y madura formación eclesiástica y teológica, deberá lograrse por medio de la asis­tencia a centros oficiales, así nacionales como extranjeros, cultivo de relaciones científicas, colaboración en revistas, trato con asociaciones culturales, etc. etc., siempre, naturalmente bajo la dirección de la obediencia+ (Cf. Ib., p. 61).

    [101]*Supuesta una formación sólida en la Filosofía y Teología escolástica, con todas las cautelas debidas y bajo la continua y atenta vigilancia de los Superiores, conven­dría que algunos de nuestros Sacerdotes se dedicasen al estudio de la Filosofía no escolástica: a) para enriquecer el propio saber y modernizarlo en buen sentido; y b) para aprender su lenguaje y hacerse al estilo de su pensar, y ser así más eficaz su apostolado+ (Cf. Ib., p. 63).

    [102] Las condiciones que se subrayan para este apostolado son:

      *1E una formación cultural teológica sólida y segura a toda prueba, para evi­tar los peligros del contagio, y vencer en ellos, y no ser vencidos;

      2E una formación religiosa y piadosa asimismo sólida, de vida sobrenatu­ral, basada en principios de fe sobre­natural y practica­da con fidelidad;

      3E que se trata de un apos­tolado, cuyo fin es ganar almas y atraerlas a Jesucristo;

      4E que este apostolado debe encuadrarse absoluta­mente en la disciplina religiosa, con constante y diligente vigilancia de los Superiores y con absoluta sumisión y dependen­cia de los que se dedican a este apostolado;

      5E que la cultura así ad­quirida debe emplearse primaria y principalmente en orden a los nuestros;

      6E debe recomendarse siempre la confesión franca de la Religión y de la profesión religiosa propia, salvas excepciones aprobadas por los Superio­res;

      7E por lo mismo el hábito eclesiás­tico y religioso debe también llevarse con orgullo santo, teniendo, con todo, en cuenta el c. 596, para los casos en él previstos,(…)+ (Ib.).

    [103] Cf. Ib., p. 57.

    [104] Cf. Ib., p. 55.

    [105] XV CAPITULO GENERAL, Annales, 40 (1949-1950), pp. 106-140.

    [106] Ib., pp. 125-126.

    [107] Cf. Ib., pp. 126 y 129.

    [108] Así respecto a la formación específicamente espiritual, el Capítulo ha confirmado todo lo anterior y *ha reconocido que en esto tenemos una magnifica teoría: un capítulo más que excepcio­nal, inspirado en las Santas Constitu­ciones el XXV de la I Parte De Scholasti­cis, amén de los otros dedicados a los Novicios, Maestro de Novicios y Prefecto de Estudiantes; normas sapientísi­mas en nuestro CODEX que recoge las experiencias de la Psicología exerimental; Circulares completísi­mas de los Rmos. PP. Generales. El último Capítulo General dio también sus normas prácticas para la formación del personal, como puede verse en ANNALES, 1938, pag. 52‑53+ (Cf. Ib., p. 129).

    [109] El Capítulo pidió más exigencia en la formación. Así hablando de la falta de observancia el Capítulo señaló, entre otras causas, la siguiente: *Por parte de los formadores, cierta condescenden­cia y no inculcar suficiente­mente espíritu de abnegación y de sacrificio+ (Ib., p. 131).

    [110] Cf. CC. 1924, I parte, cap. XXX y C.I.A., n. 41O.

    [111] Las razones para tal petición fueron; evitar la rutina, tan perjudi­cial en punto tan vital como el de la oración, y adaptarla mejor a las necesidades particulares (Cf. Ib., pp. 121).

    [112] En este número se dice que los novicios, estudiantes y hermanos deben hacer la oración fielmente y en común (con­junctim).

    [113] Cf. Ib., pp. 121-122.

    [114] Cf. Ib., p. 127.

    [115] Cf. Ib., pp. 127-128.

    [116] Cf. Ib., p. 128.

    [117] Cf. CC. 1924, I parte, n. 2.

    [118] Cf. ed. 1929, art. V.

    [119] Cf. Ib., pp. 129-130.

    [120] El Capítulo reconoció que *es lamentable el estado a que se ha llegado en su escasa practica, luego de terminada la carrera, cuando la tendencia actual de la Iglesia es urgir más y más su recomendación, sino ya su imposición. Su no practica o descuido es, al menos, un argumento negativo del espíritu que requiere el estado religio­so+ (Ib., pp. 129-130).

    [121] Cf. c. 530.

    [122] Cf. Ib., pp. 130-131.

    [123]*Respecto a la escasez de Hermanos que en la actualidad sufre la Congregación, más o menos como las demás, el Capítulo tributó un aplauso a tantos abnegados Hermanos que en estas circunstancias tienen que atender a varios o a todos los oficios de las Casas+ (Ib., p. 131).

    [124] XVI CAPITULO GENERAL, Annales, 46(1961-1962), pp. 67-78, 101-115.

    [125]*El Capitulo, pues, se ha per­catado de la gravedad del momento; ha sentido los peligros que por doquier nos acechan y ha dado la voz de alarma. Y no para que nadie se sienta pesimis­ta. Se ha constatado que en todas las partes se trabaja intensa­mente y que la Congregación ha adquirido un pre­stigio que tal vez no corresponda al número de sus miembros. El fenómeno que registra­mos no es solo nuestro. Es común a todos los Institutos. Tal vez nosotros somos de los menos afectados por el ambiente actual y de los que mejor vamos superando las dificultades. El Rmo. P. Presidente del Capítulo repetidas veces exhortaba a todos al optimismo, a la confianza en Dios y en el Corazón de la Virgen; a que cada cual pusiera de su parte lo que pudiera, lo que la obe­diencia le asignara y con ello lograríamos vencer las dificulta­des y continuar vigorosamente el ritmo progresivo que ha emprendido la Congregación en estos últimos años, fiel a la consigna de su apostólico y dinámico Fundador+ (Ib., p. 69).

    [126] Cf. Ib., pp. 101-102, 104-105.

    [127] Respecto a los edificios de los centros formativos, el Capítulo reconoció el esfuerzo inmenso que ha hecho la Congrega­ción en la edificación y fundación de los Teo­logados internacionales de Roma y Salamanca de gran esperanza para la Congregación (Cf. Ib., p. 103).

    [128] Cf. Ib., pp. 101-103, 107.

    [129] Respecto a los estudios, se interpretó auténticamente el sentido actual de las Constituciones (I, 124, 132) sobre la obligación que tienen los estudiantes de dar cada día la lección al P. Prefecto. Dada la imposibilidad de su aplicación práctica, se cumple la intención del legislador cuando el P. Prefecto acompaña y conoce a los estudiantes en su aprovechamiento académico (Cf. Ib., p. 74).

    [130] Cf. Ib., pp. 105-107.

    [131] Cf. CC. 1924, I parte, nn. 79-80.

    [132] Cf. CC. 1924, I parte, n. 74.

    [133] Ed. 1925, 1940 y 1953. Fue traducido al castellano y editado en forma sintética para su lectura en las comunidades en 1928 con el nombre de Ordenaciones y Disposiciones de nuestro Código (Madrid 1928) y en 1955 con el de Epítome del Derecho Adicional (Madrid 1955).

    [134] Cf. Praefatium, ed. de 1925, pp. 3-5.

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