Capítulo 6

                  C A P I T U L O 61

 

 

         LA FORMACIÓN EN LA RENOVACIÓN POSCONCILIAR

 

                         1967- 1997

 

 

 

     El Concilio Vaticano II supuso un cambio profundo en la vida de la Iglesia y de los Institutos religiosos. Con él se inició un proceso de renovación, adaptación y acomoda­ción de la vida religiosa y, dentro de ella, de la formación para la misma. La Congregación, fiel a la Iglesia, se implicó de lleno en el proceso de renova­ción conciliar mirando el futuro con grande esperanza[1].

 

 

     I. SEXENIO 1967 – 1971

 

     1. XVII Capítulo Especial de Renovación. Roma 1967

 

     Es un Capítulo de importancia trascendental para la vida y misión de la Congregación. Junto a las orientaciones concilia­res, escucha y acoge las preocupa­ciones e inquietudes de toda la Congrega­ción. Con él se inicia un profundo y amplio proceso de renovación congrega­cional que se ha ido prolongando en los años posteriores.

 

     1.1. A nivel formativo elaboró un documento titulado Decreto sobre la Formación. En él se dan cambios muy radicales e innovadores para impulsar un nuevo estilo de formación. Busca la renovación total de la formación, tratando todas las dimensiones, ámbitos y etapas del proceso formativo con gran amplitud y competencia pedagógica.

 

     11. La formación está sólidamente fundamen­tada en el carisma claretiano, recogiendo el espíritu del P. Fundador y la experien­cia de la tradición congregacional. La finalidad de la formación es esencialmente misionera, indicando, desde el comienzo, que la dimensión apostólica ha de polarizar las demás dimensiones formativas[2]. Fue un documento clave para la renovación de la formación congregacional y sigue siendo todavía, por su riqueza carismática y pedagógica, una fuente constante de inspira­ción formativa.

 

     21. Como puntos importantes se pueden señalar los siguien­tes:

 

* Es un documento de formación global, no sólo un plan de estudios.

* Asume toda la doctrina y las orientaciones conciliares sobre la formación.

* Está enriquecido por los demás documentos capitulares que estaban ya o se estaban elaborando.

* No deroga explicítamente el O.S.G. Más aún, lo cita fre­cuentemente. No obstante, se introducen cambios tan sustan­ciales en la formación que queda prácticamente derogado.

* Se pide que la Prefectura de Formación elabore un Plan General de Formación, bajo la responsabilidad del Gobierno General[3].

 

     1.2. El Capítulo dio vía libre a la instauración del Diaconado Permanente[4] en la Congregación y afrontó, con nuevo espíritu, el tema de los hermanos en el Decreto sobre los Hermanos Coadjutores, con varios números dedicados a su forma­ción[5]. Entre sus orientaciones, se pueden resal­tar:

 

     * Es urgente proporcionar una esmerada formación para los hermanos[6].

     * Se ha de aplicar proporcionalmente a los hermanos lo que se dice en el Decreto de Formación[7].

     * La formación de los hermanos ha de estar organizada con programas concretos, con un plan de formación para ellos y tiempos específicos[8].

     * Se han de formar comisiones mixtas de hermanos y otros miembros de la Congregación tanto a nivel general como provin­cial[9].

 

     2. Directorio General (1973)

 

     El 6 de enero de 1973 se promulgaba el Directorio General pedido por el Capítulo Especial[10]. La parte segunda está casi toda ella dedicada a la formación, así como el capítulo XIII de la primera parte, donde se habla del perfeccionamiento en los estudios. En él se recogen los cambios aprobados por el Capítulo Especial del 67, se conservan bastantes elementos del C.I.A. y se introdu­cen, hasta el siguiente Capítulo General, próximo a celebrarse (1973), las facultades y orienta­cio­nes formativas de la Congrega­ción sobre el noviciado, según la Instrucción Renovationis Causam (1969)[11].

 

     Se pide, conforme al Capítulo General[12], un Plan General de Formación y un Plan de Estudios[13], así como planes provin­cia­les de formación[14] y Reglamentos locales para nuestros Cole­gios[15]. Se pide también la elaboración de planes formativos para los hermanos y se dan unas líneas para su elaboración[16]. Todas las orienta­ciones formativas que se ofrecen están todavía suponiendo que la formación se sigue dando en los centros académicos propios.

 

     3. P. Antonio Leghisa[17]

 

     3.1. Renovación del Noviciado

 

     En 1970 se emprendió la aplicación de la Instrucción Renovationis Causam[18] sobre el noviciado y la profesión a la Congregación[19]. Primero se hizo una encuesta a todos los gobier­nos provinciales, un estudio efectuado por una Comisión Interna­cional y una propuesta-consulta a la Congrega­ción sobre algunas decisiones a tomar. Recogidas las respuestas de la consulta, el Gobierno General emanó el 27 de junio de dicho año un decreto con las normas y orientaciones que se deberían aplicar a nuestra formación. No se trataba de sustituir el Decreto de Formación del Capítulo Especial del 67, sino de confirmarlo y potenciarlo con nuevas perspectivas. El objetivo era el de reforzar y actualizar nuestra formación *religiosa-apostólica-claretiana+ para hacerla más madura, auténtica y eficaz[20].

 

     Entre las facultades que se concedieron para su experimenta­ción cabe destacar por su importancia:

 

     11. La implantación para todos los candidatos de un tiempo de Postulantado según la mente de la Renovationis Causam.

 

     21. Durante el Noviciado, la introducción de actividades formativas fuera del mismo, la realización de ciertos estudios útiles para la formación de los novicios y un nuevo tipo de relaciones de éstos con los profesos del Instituto.

 

     31. La aceptación de vínculos (o promesas) temporales antes de la profesión temporal o perpetua.

 

     41. Y el establecimiento de un tiempo especial de prepara­ción para la profesión perpetua[21].

 

     3.2. Formación de los misioneros hermanos

 

     En línea con lo tratado en el Capítulo Especial del 67, el P. Leghisa escribió la circular Criterios para una recta formación[22], en la que afronta el tema de la formación de los hermanos. La idea de la circular *surgió al contacto con nuestros Hermanos Juniores de Salamanca en el pasado mes de enero+[23]. No quiere ser un tratado doctrinal sino un mensaje de ánimo y aliento para los hermanos, y un análisis presente y proyectivo para la promoción de los mismos.

 

     La renovación, promoción y formación de los hermanos no ha de ser sólo exterior, en las estructuras y actividades, sino también interior, en la esencia de su vocación. Para ello[24]:

 

     11. La misión y el apostolado (ejercido de variados modos tanto en el seno de la comunidad como hacia fuera) ha de ser una dimensión fundamental en su formación y en su vida.

 

     21. Es imprescindible que toda la Congregación colabore y para ello ha de estar abierta, mediante la comprensión y el diálogo, a este nuevo espíritu que anima la renovación de los hermanos. Todos sus miembros han de crear un ambiente positivo para hacerlo realidad.

 

     31. Para que la renovación y la promoción de los hermanos sean fructuosas, ambas han de nacer de una sana formación y preparación. Ello implica la conciencia por parte de todos de la necesidad de esta formación, el desarrollo pleno y maduro de la personali­dad de los hermanos y la creación de estructuras y etapas formativas con los contenidos y objetivos adecuados.

 

     3.3. Instauración del diaconado permanente

 

     Con motivo de la concesión del diaconado por parte de la Santa Sede[25], el P. Leghisa se dirigió a la Congregación con la circu­lar Sobre la instauración del diaconado permanente en nuestra Congregación[26]. Dada la importancia histórica de esta concesión, le ha parecido oportuno hacer un comentario a la misma.

 

     Después de exponer el origen y los motivos de la decisión capitular de instaurar el diaconado permanente en la Congrega­ción, y el lugar que ocupan los diáconos en la Congregación, ofrece algunas normas relativas a los mismos. Partiendo de las Constituciones renovadas, que los incluyeron en el n. 4 y en el cap. X de la II parte, afirma respecto a la formación[27]:

 

     11. Se seguirán, en principio, las orientaciones dadas por la Santa Sede y las Conferencias Episcopales sobre las condicio­nes de admisión, recepción del Lectorado y Acolitado, ejercicio del Orden, etc., y para su formación académica y pastoral. No obstante, sobre esto último la Congregación se reserva el derecho de poder erigir sus propios centros formativos al respecto.

 

     21. En principio, dada la estabilidad del diaconado permanen­te, no se ha de considerar como un paso para acceder al presbiterado. Así lo declarará el candidato por escrito. No obstante, si algún diácono decidiera posteriormente acceder al sacerdocio, lo deberá solicitar al Superior General y, en caso de respuesta positiva, completar los estudios.

 

     31. Deberá ejercitar y experimentar en su vida claretiana los rasgos de una espiri­tua­lidad diaconal propia de su estado.

 

 

     II. SEXENIO 1973 – 1979

 

     1. XVIII Capítulo General. Roma 1973.

 

     Es un Capítulo que continúa y, a la vez, revisa el proceso de renova­ción posconciliar de la Congregación, fijándose especial­mente en la vida comunitaria.

 

    1.1. Elaboró y promulgó otro documento formativo titulado La Forma­ción. Es un documento que parte del análisis de la realidad for­mativa, superando simples planteamientos teóricos.

 

     11. En concreto, se estudian las crisis y dificultades que aparecen en la fenomeno­logía formativa de la Iglesia y de la Congregación. Se ofrecen líneas de solución ajustadas a los problemas señalados de una manera operativa. Y, por último, da orientaciones formativas para el futuro, asumiendo especialmente en la formación la dimensión comunita­ria ampliamente estudiada en el Capítulo.

 

     21. Entre los aspectos más particulares se pueden destacar:

 

     * Sugiere líneas para la planificación de la Pastoral Vocacional.

     * Se aprueban *ad experimentum+ por un sexenio las faculta­des aprobadas por la Congregación sobre el noviciado según la Instrucción Renovationis Causam.

     * Se indican criterios amplios y variados de formación permanente.

     * Y se derogan el O.S.G.[28] y la Comisión Permanente de Forma­ción y Estudios creada en el Capítulo anterior[29]. Sin embargo, pide que se promuevan reuniones y comisiones *ad casum+ a nivel general, interprovincial y provincial, y da orienta­ciones y criterios sobre los centros académicos propios y la participa­ción en centros no congregaciona­les[30].

 

     1.2. Respecto a los hermanos, estudiada su situación en el momento presente y lo realizado durante el anterior sexenio, se pide que se pongan en práctica las orientaciones dadas en el último Capítulo. Pero se insiste sobre todo en la organización del juniorado y en la preparación para la profesión perpetua[31].

 

     2. Directorio CMF (1975)

 

     El 7 de mayo de 1975 se promulgó el Directorio CMF que, según lo prescrito por el XVIII Capítulo General (1973)[32], es una reelaboración del anterior. Hay, por lo mismo, numerosos cambios en este nuevo Directorio: se centra más en los contenidos de los Capítulos Generales de 1967 y 1973, se deja de citar el C.I.A (aunque sigue siendo una fuente de inspiración), los textos están redactados con un nuevo estilo, y el formato interno y externo es distinto.

 

     Se sigue pidiendo un Plan General de Formación[33] en la línea del Capítulo del 67[34], la elaboración del planes provin­cia­les[35] y la confección de Estatutos para los Seminarios Mayores[36]. Para los Misioneros Hermanos, en un capítulo dedica­do a ellos (IX), se sigue pidiendo un plan formativo y se dan orientaciones concretas al respecto[37].

 

     3. Asamblea General. S. José de Costa Rica 1976

 

     Esta Asamblea celebrada en Costa Rica fue importantísima para la Congregación bajo muchos puntos de vista[38]. Se analiza­ron los problemas de la Congregación en el período de renovación y se dieron soluciones apropiadas.

 

     3.1. Se habló ampliamente del problema vocacional y de la situación de la formación. Se dio gracias al Señor por la aparición de vocaciones claretia­nas en nuevos países, se constató la poca eficacia en la promoción de hermanos, se detectó una cierta desorienta­ción formativa en los últimos años y se vio la urgencia de preparar buenos formadores­.

 

     3.2. Entre las proposicio­nes concretas que se aprobaron se pueden desta­car[39]:

 

     11. Se pidió la intensificación de la pastoral vocacional, con un equipo dedicado a ella y una especial atención a la pastoral juvenil.

 

     21. Los seminarios menores han de estar bien orientados desde el comienzo han de tener una orientación vocacional y la formación de las dimensiones de la personalidad hay que darla progresiva y simultáneamente.

 

     31. Se debe implantar un tiempo especial para el postulanta­do y antes del noviciado se ha de analizar cuidadosamente la personalidad de los candidatos (base humana, actitudes, motiva­ciones, vida comunitaria e inquietud apostólica).

 

     41. Se ofrecieron líneas doctrinales para elaborar los programas que se han de desarrollar en el Noviciado, indicando que se han de evitar otras materias que no se refieren a conseguir el objetivo del mismo. Se alienta la creación de noviciados interprovinciales.

 

     51. Sobre el seminario mayor se dieron un buen número de indicaciones bien precisas: necesidad de la existencia y presencia de formadores, la posibilidad de la formación en una Provincia distinta de la propia, la complementariedad de la formación claretiana en el centro propio en continuidad con la dada en el noviciado, la seriedad en los estudios académicos y la iniciación doctrinal y práctica al apostolado, la formación recta y crítica sobre la realidad social y política y la orienta­ción pastoral futura de los que están en los últimos años de carrera. A los formadores, que deben tener categoría y prestan­cia, se les pide que no se inhiban en el ejercicio de sus funcio­nes.

 

     61 Se rechazó por votación secreta la teoría formativa llamada Creatividad comunitaria o Cibernética social al ser considerada como un riesgo para nuestra formación.

 

     71. Se propuso la confección de un programa básico de formación, ampliado con comentarios monográficos, para ser transmitidos durante el proceso formativo.

 

     81. Se consideró actuar como una prioridad durante los tres próximos años todo lo dicho por los anteriores Capítulos sobre los hermanos, especialmente la promoción vocacional y su renovación.

 

     4. P. Antonio Leghisa

 

     4.1. María, Madre y Formadora

 

     Una paso muy importante en la renovación de nuestra espiri­tualidad cordimariana fue la circular del P. Leghisa El Corazón de María y la Congregación en el momento actual[40]. El motivo de la circular fue ayudar a la Congregación a superar el momento crítico, de tipo general, que estaba viviendo e impulsarla a una mayor fidelidad a la dimensión cordima­riana de nuestra voca­ción[41].

 

     Desde el punto de vista de la formación, y en consonancia con el P. Fundador, el Corazón de María aparece sobre todo como Madre y Formadora[42]. En cuanto Hijos de María, Ella nos confor­ma interiormente con su persona y con su vida -conformación que nos lleva a configurarnos con Jesús, su Hijo- estableciendo una relación real y auténtica de filiación; y en cuanto misioneros evangelizadores, María actúa en nuestra formación apostólica de una manera directa y eficaz. La presencia materna de María, en esta perspectiva, hay que destacarla ya desde la pastoral vocacio­nal[43]. La vivencia de la *filia­ción apostólica+ respecto a María, Madre de la divina gracia y Virgen fiel, debe ser más profunda y explícita; ello sería una ayuda para perseve­rar en la voca­ción[44]. Los jóvenes misioneros se han de preparar adecuada­men­te en los modos de formar al pueblo en la verdadera piedad mariana y de organizar el apostola­do[45].

 

     4.2. Otros temas

 

     Durante este período, el P. Leghisa trató otros temas relacionados con la formación permanente en Iberia y la pastoral vocacional en Latino-América[46].

 

 

     III. SEXENIO 1979 – 1985

 

     1. XIX Capítulo General. Roma 1979

 

     Es un Capítulo que estudia profundamente la misión apostóli­ca de la Congregación en el momento actual y redacta un solo documento, llamado la Misión del Claretiano Hoy (MCH).

 

     La MCH, aunque no trata de la formación ampliamente, sin embargo, da un principio global de gran importancia formativa[47] y varios criterios de formación permanente[48].

 

     El número 228 ha sido un principio muy dinámico y profundo, que ha motivado estudios y reuniones en los Organismos Mayores y en las Conferencias Interprovinciales en orden a adaptar los planes de formación a las orientaciones de la MCH. Podemos decir que ha dado lugar en la Congregación a una profunda renovación de la formación.

 

     2. Directorio CMF (1982)

 

     El 30 de mayo de 1982 se publicó el nuevo Directorio CMF, que sustituyó, como se dice explícitamente en la presenta­ción, al C.I.A y a los Directorios anteriores. Su elaboración partió del Directo­rio anterior (1975) y asumió las orientaciones del último Capítulo General, particularmente lo referente a la MCH.

 

     Desde el punto de vista formativo hay que notar que desaparece lo que en el Directorio anterior se decía del Plan General de Formación y se insiste una vez más en los planes de formación a nivel provincial y local[49] y en el plan formativo para los hermanos[50].

 

     3. P. Gustavo Alonso[51]

 

     3.1. La misión y la formación de los misione­ros hermanos

 

     Sobre la misión y la formación de los hermanos el P. Alonso escribió la circular Los hermanos y la misión claretia­na hoy[52]. Aunque el tema había sido tratado en los últimos años en muchas ocasiones, escribe de nuevo, pues, además de que su situación vocacional es crítica, se percibe la idea de que todavía no se ha llegado a su plenitud en el proceso de renovación de los mismos. En este contexto, los hermanos reunidos en Roma (junio-julio de 1980) le pidieron una palabra de orientación y clarifi­cación que suscitara una mayor conciencia y responsabilidad de toda la Congregación en torno a los problemas que les acucian.

 

     Desde el punto de vista formativo[53], en general, se trata de enfatizar una nueva forma de entender y organizar la formación de los mismos, que asuma plenamente los cambios sociales y la nueva concepción del ser y quehacer del hermano. Y de una manera más concreta, se trata de urgir la aplicación práctica de algunas orientaciones de gran importancia dadas ya en otros momentos, pero que no están siendo operativas en la Congregación. Así:

 

     11. Se han de respetar al máximo los período de formación establecidos para los hermanos: postulantado, noviciado, juniorado y preparación intensiva para la profesión perpetua.

 

     31. Han de estar integrados durante la formación en una comunidad formativa.

 

     41. Los hermanos han de formarse, no de una manera genérica y neutra, sino totalmente para la misión claretiana.

 

     3.2. Las Constituciones renovadas

 

    Con motivo de la aprobación definitiva de las Constituciones renovadas, el P. Alonso escribió la circular Las Constituciones renovadas[54] sobre el significado de la aprobación para la Congrega­ción. Después de describir el proceso seguido desde el Concilio Vaticano II hasta el momento presente y el sentido que tienen tras su aprobación, hace unas reflexio­nes para que nuestras Constituciones sean comprendidas y aceptadas como libro de vida para nuestra comunidad[55].

 

     Se trata de que sean de verdad un instrumento destinado *a dar una nueva calidad y orientación a nuestra vida de seguidores de Jesús+[56]. Para ello hay que aceptarlas con actitudes positi­vas, vivirlas y experimen­tarlas con activa responsa­bilidad como nuestro proyecto de vida y usarlas como instrumento de animación comunita­ria.

 

     Aunque el mensaje del P. Alonso, en su conjunto, tiene un valor formativo en sí mismo, no obstante, destaca explícitamente que las Constituciones han de tener una función relevante durante el período formativo. El discernimiento vocacional de los formandos y sus identificación como claretianos no serían posibles si no contaran con las Constituciones. Ellas han de formar parte, bajo la orientación de los formadores, de los contenidos de los programas formativos[57]. La circular termina confesando la certeza de la presencia de María en todo el proceso de renovación de las Constituciones y la seguridad

 

*(…) de que, a través de este instrumento de gracia, también a nosotros nos formará en la fragua de su amor materno (Aut., 270), plasmando en todos los hijos de la Congregación el mismo espíritu apostólico que infundió en San Antonio M. Claret+[58].

 

 

     IV. SEXENIO 1985 – 1991

 

     1. XX Capítulo General (1985)

 

     Se centró en la persona del claretiano y elaboró el documento El Claretiano en el proceso de renovación conciliar (CPR). Es un documento breve y programá­tico, con orientaciones muy concretas para la animación de la Congrega­ción. En particu­lar[59]:

 

     11. El CPR habla de la formación como uno de los puntos centrales de la renovación del claretiano.

 

     21. Entiende la forma­ción como un proceso *continuo+, que dura toda la vida y cuya eficacia depende, sobre todo, del convencimiento personal.

 

     31. Da gran importancia a la realidad en los procesos formativos siempre que sea analizada, discernida y adecuadamente asumida.

 

     41. Estimula las experien­cias apostólicas, según las líneas de la MCH, y pide que se elabore un programa de iniciación apostólica.

 

     51. Urge a que cada claretiano elabore un Plan Personal de Formación.

 

     2. Directo­rio CMF (1987)

 

     El 24 de octubre de 1987 se promulgaba un nuevo Directo­rio CMF. En él se asume, según lo acordado por el XX Capítulo General (1985), la acomodación de nuestra normativa al nuevo Código de Derecho Canónico promulgado el 25 de enero de 1983. Respecto a la formación, se introdujeron los cambios necesarios, según la nueva legislación de la Iglesia.

 

     En cuanto al Plan de Formación del que habla el canon 650.1, se dice: *El plan de formación para los llamados a la vida misionera (c. 650.1) está integrado por los elementos que se expresan a continuación+[60]. No se habla de Plan General de Formación, sino de plan de formación en general, de una manera inespecífica. Se indica, además, que el plan de formación ha de integrar los elementos que se señalan en el Directorio; es decir, se ofrecen elementos para la elaboración de los planes provincia­les y locales de formación, sobre los cuales se sigue insistien­do[61]. Por último, una vez más, se pide el plan de formación para los Hermanos[62].

 

     3. P. Gustavo Alonso[63]

 

     3.1. Gobierno y Constituciones

 

     En el encuentro de Superiores Mayores de la Congrega­ción (septiembre de 1986), el P. Alonso les dirigió un mensaje intitulado Gobierno y animación desde las Constitu­ciones[64], en el que trató el tema del papel de las Constituciones en la animación de las comunidades. Desarrolló más ampliamente, en una situación muy a propósito, algunas de las reflexiones ya brevemente indicadas en la circular de 1982[65].

 

     Aunque la circular se refiera a los superiores y a las comunidades en general, las orientaciones pastorales para el gobierno se pueden aplicar, con las debidas adaptacio­nes, a la formación. Con ellas se ha contar para promover *el crecimiento en calidad de cada persona y de cada comunidad claretiana+[66].

 

     3.2. La experiencia mariana de la Congregación

 

     El P. Gustavo Alonso, siguiendo las orientaciones del Capítulo General de 1985[67], promovió el estudio de la experien­cia mariana de la Congregación con la ayuda del Secreta­riado del Corazón de María[68]. A través de un sondeo muy abierto, invitó a toda la Congrega­ción a una comunicación de fe sobre la experien­cia de nuestra espiritua­lidad mariana.

 

     Del sondeo, al que respondió una tercera parte de la Congregación, se deducen varias conclusiones, algunas de la cuales hacen referencia a la formación. Entre ellas que la espiri­tualidad mariana es en la Congregación una experien­cia de vida, que se vive en conexión con la experien­cia carismá­tica del Fundador y que, para muchos claretianos, María ha tenido una presencia eficaz en su itinerario vocacional[69].

 

     3.3. La formación de los claretianos

 

     El motivo de la circular, Claretianos en Formación[70], dirigida a todos los claretia­nos[71], fue la experiencia del año 1990, un año muy rico en temática formativa tanto en la Iglesia y como en la Congrega­ción[72]. No intenta hacer elaboracio­nes doctrinales ni de organi­zación formativa, solamente quiere ser testimonio de los procesos formativos (hechos, intentos, proyectos, ideas) que desde bastantes años confluyen en nuestro momento actual de Iglesia y de Congregación. Entre los muchos aspectos que trata, destacaremos solamente lo que hacen referen­cia a la formación inicial[73]:

 

     11. La formación como proceso[74]

 

     La formación es un proceso que dura toda la vida. Ello significa que la formación no se puede concebir sin un plan, sin organicidad ni continuidad y, también, que a toda edad y a cada una de ella corresponde su momento formativo.

 

     a) La formación, un proceso personalizado. Que la formación sea personalizada es un axioma en el campo pedagógico, en el que la persona del formando ocupa un lugar central. Una persona abierta, desde la propia naturaleza y desde la fe, a Dios y a los demás. Es esta la perspectiva de nuestras orientaciones congregacionales cuando dicen que *sólo en la comunión y en la misión comunitaria desarrollamos nuestra personalidad como claretianos+[75].

 

     b) La acogida vocacional. El candidato, al entrar en la Congregación, se inicia en un nuevo mundo relacional. Entra en una comunidad de vida con capacidad de acogida. La Congregación de hoy necesita todavía de este tipo de comunidades de acogida bien organizadas y estructuradas, como son el Seminario menor y el Postulantado[76].

    

     c) La gradualidad formativa. La formación es un proceso sometido a la ley de la progresividad, que implica una diferen­ciación de etapas formativas. Es una gradualidad en orden a la maduración de todas las dimensiones de la personalidad que pide, por un lado, una diferenciada organización de los grupos formativos según propios objetivos y metas, y, por otro, un acompaña­miento activo para el discernimiento vocacional durante todo el proceso.

 

     21. La formación, un proceso de seguimiento de Cristo en comunión de vida[77]

 

     El itinerario formativo es para nosotros *un seguimiento+. Un seguimiento personalizado de Jesús que es para nosotros un proyecto y un don. Para formar la personalidad del joven es fundamental que desarrolle unas intensas relaciones con Cristo en tanto que *discípulo+. El da a esta relación un sentido de totalidad y personalización que ningún otro maestro puede ofrecer. Esta relación personalizada con Jesús pasa, ante todo, a través de su Palabra y de la Eucaristía y también a través de su presencia de entre nosotros en las personas de los pobres.

 

     El formando, como discípulo, es un aprendiz que, como Claret, imita a Jesús de una manera activa. Nuestro Fundador nos lo ha dicho de innumerables maneras en las Constituciones. Y lo ha sintetizado en la definición del Misionero: *Un Hijo del Inmaculado Corazón de María (…) no piensa sino cómo seguirá e imitará a Jesucristo+[78].

 

     31. Como Hijos del Corazón de María[79]

 

     No se puede prescindir del Corazón de María al hablar de la formación claretiana. Desde Jesús, Hijo enviado, toda formación de misioneros está confiada a María. Ella, llamada por las Constituciones *formadora de apóstoles+[80], nos forma en las actitudes y comportamientos misioneros. Con María, el formando recorre el propio itinerario de crecimiento y de identificación con Cristo.

 

     41. En comunidad de discípulos[81]

 

     No hay formación personalizada sin una relación a la comunidad. En ésta es donde nos formamos e intentamos conseguir *la plenitud personal a la que hemos sido llamados+[82].

 

     La comunidad formativa claretiana es una comunidad de personas, misionera y apostólica. Una comunidad con significati­vas relaciones fraternas en orden a la misión. Es una comunidad que constituye una opción de por vida y con unas características especiales según la experiencia de nuestro Fundador[83] y el proyecto de la Congregación[84]. La comunidad formativa no es una comunidad invertebrada. En ella hay diversidad de funciones ejercidas, según sus responsabilidades, por el formando, el formador, el equipo formativo y los miembros de la comunidad formativa. Según la Congregación y la Iglesia, en la comunidad formativa ha de haber siempre un formador, llamado entre nosotros prefecto o maestro. Por su competencia es el responsable personal del proyecto formativo y la persona que la Congregación ofrece a cada formando para la dirección espiritual o el coloquio personal.

 

     51. Contexto formativo[85]

 

     La comunidad formativa, además de su comunión con la realidad congregacional, ha de tener una relación, en clave claretiana, con la iglesia local y la sociedad en que está situada. Todo ello para que los formandos se preparen para responder con mayor eficacia a las necesidades de los hombres.

 

     En este contexto hemos de entender la apertura de la Congregación a las comunidades formativas insertas en medios populares y pobres, los intentos de inculturación de la formación y la colaboración congregacional en el campo formativo.

 

     61. En orden a la misión[86]

 

     La formación claretiana no tiene sentido si no va proyectada a la misión. Misión que se ha de entender a partir de Jesús, en comunión con la Iglesia, como servicio peculiar al pueblo de Dios y al mundo, y realizada en el interior de una comunidad apostóli­ca.

 

     En orden a una formación misionera, el mundo hay que entenderlo desde la dimensión de universalidad, pues su misión es para todo el mundo. Ello implica fomentar la ascética del desprendimiento, la disponibilidad, el contacto con las culturas, el conocimiento de los problemas más universales de los hombres y la urgencia del aprendizaje de las lenguas.

 

     En consonancia con nuestro ministerio específico, el ministerio de la palabra, la Palabra Dios ha de ocupar un lugar privilegiado en la formación del claretiano. El formando ha de hacer de la Biblia su libro preferido; ha de estudiarla, acogerla en la oración y situarla como base de la propia espiritualidad apostólica en comunión con la Iglesia y como clave para discernir la actividades y técnicas apostólicas formativas.

 

     71. Mirando al futuro

 

    En clave de futuro, nos hemos de preparar para la nueva evangelización, incrementando la obra de promoción de vocaciones y revisando nuestro sistema formativo y la calidad de nuestra formación. Todo ello nos debe llevar a elaborar una Ratio formationis, todavía *una materia pendiente que el desafío de la nueva evangelización tendría que estimularnos a enfrentar+[87].

 

 

     V. SEXENIO 1991 – 1997

 

     1. XXI Capítulo General. Roma 1991

    

     1.1. Elaboró la declaración Servidores de la Palabra[88]. El título de Servidores de la Palabra condensa nuestra misión carismática en la Iglesia y el subtítulo Nuestro servicio misionero de la Palabra en la Nueva Evangeliza­ción, subraya la dirección adaptada de nuestra misión carismá­tica en el momento actual. La declaración es una reflexión y una propuesta operativa para toda la Congregación sobre Nuestro servicio misionero de la Palabra. Como *claves+ de interpretación del SP se pueden indicar:

 

     11. El Capítulo, desde la Palabra de Dios, orienta la reflexión sobre nuestra vida y nuestro hacer, y ofrece propuestas operati­vas en orden a potenciar la vida comunitaria, el anuncio del Evangelio, la espiritualidad, la renovación y revisión de las estructuras y medios apostólicos, la formación inicial y permanente y la diversificación apostólica en los cinco continen­tes donde está implantada la Congregación. Es la Palabra de Dios y nuestro servicio misionero de anunciarla la clave fundamental para interpretar el empeño renovador que el Capítulo pide a la Congregación. Podemos decir que ésta es la gran NOVEDAD de la aportación del XXI Capítulo General a la Congrega­ción y a la Iglesia.

 

     21. El servicio misionero de la Palabra aparece en la declaración como un dinamismo integrador de nuestro ser y de nuestro ac­tuar y no como una simple acción pastoral o como un apéndice a nuestra misión apostólica. A ejemplo de Jesús y de nuestro P. Fundador, to­do en nosotros ha de convertirse en signo y expresión de la Palabra de Dios[89].

 

     31. En relación con la formación, se dice que uno de sus aspectos nucleares ha de ser la iniciación en el ministerio de la Palabra, entendido como un auténtico modo de ser, de actuar y de signifi­car[90]. Desde esta perspectiva se dan algunas orien­ta­ciones formativas:

 

     * Formar a los misioneros centrados en la configuración real con Cristo‑Evangelizador, en comunión y amistad con El, y adoptan­do sus mismas actitudes[91].

 

     * Acoger a María como Madre y Formadora, como el P. Fundador­[92] dejándonos formar por ella en la fragua de su Cora­zón[93].

     * Hacer que la Palabra sea uno de los ejes de todo el proceso formativo[94].

     * Realizar una for­mación académica seria, resaltando el conocimiento sapiencial y exegético de la Biblia, y poner en práctica la lectura diaria de la Palabra de Dios en clave claretiana, la *Lectio Divina+ y otras formas de lectura[95].

     * Promover en los jóvenes misioneros la comunitarie­dad; la capacidad de silencio, de escucha y diá­logo, discernimiento y análisis de la realidad; el uso de las técni­cas de comunica­ción y lenguaje; y la apertura a la misión universal, con la dispo­nibilidad y el estudio de las len­guas[96].

     * Ayudar a los jóvenes en inserción a que sepan leer la realidad co­mo palabra de Dios y escucharla con actitud evangéli­ca[97].

     * Y cuidar, de modo especial, a los jóvenes presbíteros y a los her­manos durante los cinco años siguientes a la formación inicial[98].

 

     1.2. El Capítulo aprueba, después de un proceso de discerni­miento, que se elabore un Plan General de Formación, (PGF) en los siguientes términos:

 

*Durante el sexenio se ha de elaborar un Plan de Formación para la Congregación en el que se recojan los núcleos esenciales de nuestro carisma.

La Prefectura General habrá de responsabilizarse de esta elaboración contando con la ayuda de una Comisión Interna­cional en la que estén presentes las distintas áreas culturales de la Congregación. Será objeto de estudio y revisión en las Provincias antes de su promulgación por el Gobierno General+[99].

 

     2. P. Aquilino Bocos

 

     Dentro de las muchas intervenciones de carácter formativo que se han dado en su magisterio, conviene destacar las escritas con motivo de la beatificación de nuestros Mártires de Barbas­tro[100]. Podemos sintetizar la idea central de su mensaje en la frase *Los mártires modelos de perfecta formación claretiana+.

 

     2.1. El testamento de nuestros mártires

 

     Con motivo de la beatificación de los mártires de Barbastro escribió la circular el Testamento misionero de nues­tros Márti­res[101]. Con ella invita a la Congregación a vivir este aconteci­mien­to como memoria y como compromi­so.  

 

     Aunque todo el recorrido de la circular tiene una clara referen­cia formativa, al fin y al cabo los mártires eran formadores y formandos, no obstante hay algunas propuestas con especial inciden­cia en el campo de la formación. En general, podemos decir que son para nosotros el modelo de lo que debe ser un hijo del Corazón de María, desde el Magnifi­cat (descubrimien­to y reconoci­miento del don de la vocación) hasta el Calvario (oblación total y definiti­va hasta la muer­te)[102]. Así:

 

     11. Ellos, los mártires, pusieron de manifiesto que el martirio pertenece a nuestra espiritualidad como herencia carismática. Es la espiritualidad martirial que nuestro Padre Fundador vivió y plasmó para la Congregación en la *definición del Misionero+ o *memorial del Hijo del Corazón de María+ y que ha configurado a los grandes hombres de la Congregación[103].

 

     21. Los Mártires, modelados en la fragua del Corazón de María por la acción del Espíritu para el anuncio del Evange­lio[104], sintieron la presencia de María en su marti­rio. Presen­te, como Madre y Maestra de misioneros, a lo largo de su itinerario formativo, estuvo omnipresente en el momento crucial de su vocación, el martirio[105]. María, la nueva Eva y la Mujer victo­rio­sa sobre el Maligno, les sostuvo en la prueba, alentó su fidelidad hasta el final y les introdujo en el misterio de la muerte de Jesús[106].

 

     31. Los jóvenes Mártires manifestaron un altísimo grado de madurez vocacional. Aun estando en período de forma­ción inicial no les impidió ofrecer en la cárcel el ejemplo de una admirable madurez en la vivencia de la fraternidad y del misterio de la comunidad. Estando entu­siasmados por su futuro sacerdotal y misionero, supieron renunciar a sus sueños y proyectos, pues compren­dieron que la misión no es sólo acción, es también pasión. Fueron conscientes de que su fidelidad hasta la muerte era una gloria, nunca una pérdida para la Congregación. En su martirio cobró sentido su proyecto de vida y cada uno de los aspectos que lo integran.

 

     41. De cara al futuro, no podemos permanecer indiferen­tes. Entre otros empeños, hemos de comprometernos en el crecimiento cualitativo y cuantita­tivo de la Congregación.

 

     a) La buena formación humana, espiritual, intelectual y pastoral ha sido una nota distintiva de los claretianos, que han sabido estar en medio del pueblo siendo populares sin ser vulgares. Hoy, para estar a la altura de los tiempos, hemos de progresar en ciencia y virtud. Sólo así ofreceremos un cualifica­do servicio misionero de la Palabra[107].

 

     b) Hemos de desear que la Congrega­ción crezca también cuantita­tivamente porque queremos extender el Reino de Dios por todo el mundo [108]. Si queremos cumplir el testamento de la sangre derra­ma­da por los nuestros, hemos de asumir la apremiante tarea de promover y cuidar de las vocacio­nes. Oremos al Señor de la mies que envíe obreros a su mies[109] y no olvidemos que nuestras palabras y estilo de vida misionera son la mejor invitación a abrazar la llamada del Señor[110].

 

     c) Los formadores son los encargados de que sangre nueva revitalice la Congregación. A nadie se le oculta cuán delicada y sacrificada es su misión. Por eso, su generosa y gozosa entrega es más digna de agradeci­miento. Esta beatificación ha de ser motivo de aliento para ellos y singular oportunidad para que formadores y formandos revivan con entu­siasmo aquellos valores de la vocación claretia­na que hicieron posible en nuestros mártires su heroica y conmovedo­ra fidelidad hasta la muer­te.

 

     2.2. A los Misioneros en Formación.

 

     Con motivo de la renovación de votos de los estudiantes de IBERIA en Roma, el día del P. Fundador y en vísperas de la Beatificación de los Mártires de Barbastro, escribió el P. General la Carta del Padre General a los misioneros claretianos en forma­ción[111]. Después de escribir la circular anterior a toda la Congrega­ción, se dirige a los formandos, de una forma más confidencial y familiar,*porque su denso y vibrante mensaje os pertenece de manera especial+[112].

 

     Al leer los testimonios de los mártires, se sintió impresio­nado y conmovido, sobre todo, por el interés de los jóvenes por hacer saber al P. General de entonces su estado de ánimo y su última voluntad. En este nuevo contexto, el P. General, movido por el testimonio que nos dejaron los mártires, propone a los formandos que confron­ten sus inquietudes y esperanzas misioneras con las que ellos testimoniaron[113]:

 

     11. Sentirse dichosos de ser Hijos del Corazón de María y de pertene­cer a la Congrega­ción; atentos a los desafíos misione­ros de su tiempo; preparados con mirada universal para el próximo ministerio; capaces de integrar en su espiritualidad la persecu­ción y dispuestos a morir por cuanto habían profesado.

    

     21. Sentir un poco más de pasión y entusiasmo en el compartir la vida y la misión de Jesús, audacia para dejarlo todo por el Reino, una fe más viva y un amor más ardiente a María, a la Iglesia y a la Congrega­ción, y una revisión de nuestros criterios y de nuestras actitudes de indife­rencia, inmediatismo, disper­sión, flojedad y cobardía.

 

     31. Ser coherentes y ajustar la vida cotidiana con las exigencias de la incondicional entrega a la causa de Jesús, que es la causa del pobre, del marginado, del indefenso,y no abdicar de nuestro propósito de seguir a Jesús, como claretianos, por veleidades ni caprichos momentá­neos[114].

 

     41. Ser fieles al futuro que los mártires entreabrieron con su sacrificio y el *grito profético de su sangre+, amando como ellos a la Congregación hasta dar la vida por ella[115].

 

     Los mártires pensaban en la Congregación como un proyecto presente pero abierto al futuro. Un proyecto a realizar entre todos sus miembros, los que entonces vivían y los que habían de venir. En este sentido, *la Congrega­ción está esperando vuestra personal contribución+.

 

     3. El Plan General de Formación (1994)

 

    Sobre el Plan General de Formación nos remitimos al capítulo siguiente. Tendrá un tratamiento aparte más amplio y profun­do.

 

     4. Escuela de Formadores *Corazón de María+[116]

 

     El Gobierno General, después de varias consultas, aprobó definitivamente en marzo de 1996 la creación y la puesta en marcha de la Escuela de Formadores *Corazón de María+ (ECM)[117].

 

     4.1. La idea de organizar una Escuela de Formadores tiene dos motivaciones. La primera es la urgencia de la formación de formadores, de la que se habla con insistencia en los documentos eclesiales y congregacio­nales, sobre todo en los elementos carismáticos y congregaciona­les. Y la segunda, la situación actual de la Congregación que, habiendo elaborado el PGF, ha de ayudar a los formadores a estudiarlo, profundi­zarlo y asimilarlo.

 

     4.2. Por lo tanto, el objetivo de la ECM es claro. Se trata de formar a los formadores de la Congregación en los elementos carismáticos y formativos propios de nuestra Congrega­ción. Va orientada, sobre todo, a los formadores que están comenzando su misión formativa. Y se desarrollará durante dos meses y medio con las experiencias claretia­nas de Vic y Barbastro, y el estudio en Roma.

 

     4.3. Desde el punto de vista jurídico, la Escuela dependerá del Gobierno General. Su gestión está encomendada a la Prefectura General de Formación, la cual contará con un Director, nombrado por el Gobierno General.

 



    [1] El período posconciliar, contenido en este capítulo 61, lo estructura­remos por sexenios. Es más pedagógico para captar la evolución y el desarrollo del proceso renovador que se ha verificado. Por otra parte, dada su riqueza y amplitud, presenta­remos, de forma breve, solamente las decisiones y orientaciones más importantes sobre las vocaciones y la formación.

    [2] Cf. 1F., n. 2.

    [3] Cf. 1F., n. 84.

    [4] Cf. PE., 128 bis.

    [5] 1HH, nn. 18-33, 34-37.

    [6] Cf. 1HH., nn. 18, 34.

    [7] Cf. 1HH., n. 22.

    [8] Cf. 1HH., nn. 19, 23-24, 30-31.

    [9] Cf. 1HH., nn. 36-37.

    [10] Cf. XVII CAPÍTULO GENERAL, Apéndice II, pp. 511-512.

    [11] Cf. Annales, .. l970, pp. 293-319.

    [12] Cf. 1F., nn. 84, 169.

    [13] Cf. Dir., n. 265.

    [14] Cf. Dir., n. 266.

    [15] Cf. Dir., n. 267.

    [16] Cf. Dir., nn. 303-305.

    [17] Otros temas que se relacionan con el formación en ANTONIO LEGHISA, Carta Ordo professionis fratribus nostris proponitur sobre el rito de la profesión en la Congregación (Cf. Annales, 51 (1972), pp. 122).

    [18] SAGRADA CONGREGACIÓN DE RELIGIOSOS, De accomodata renova­tione institutionis ad vitam religiosam decendam, 6 de febrero de 1969.

    [19] A. LEGHISA, circular A los Superiores Mayores de la Congregación sobre la *Renovationis Causam+, Annales, 50 (1970), pp. 293-296. A. LEGHISA, Decreto del Gobierno General La aplica­ción de la Instruc­ción *Renovatio­nis Causam+ a nuestra Congrega­ción, Annales, 50 (1970), pp. 296-319.

    [20] Cf. Decreto, Ib., p. 297.

    [21] Cf. Decreto, pp. 302-303.

    [22] A.LEGHISA, circular Criterios para una recta formación de los misioneros herma­nos, Annales, 50(1970), pp. 339-352.

    [23] Ib. p. 340.

    [24] Cf. Ib., pp. 344-352.

    [25] Cf. Decreto, Anales, 51 (1973), p. 199.

    [26] A. LEGHISA, circular Sobre la instauración del diaconado permanente en nuestra Congregación, Annales, 51 (1973), pp. 203-210.

    [27] Cf. Ib., pp. 207-210.

    [28] Cf. 2F., n. 31.

    [29] Cf. 1F., nn. 162-164.

    [30] Cf. 2F., nn. 32-35.

    [31] 2HH, n. 35.

    [32] Cf. XVIII CAPÍTULO GENERAL, Carta Abierta, n. 26.

    [33] Cf. Dir., n. 212.

    [34] Cf. 1F., nn. 84, 169.

    [35] Cf. Dir., n. 213.

    [36] Cf. Dir., n. 214.

    [37] Cf. Dir., nn. 247-249.

    [38] ASAMBLEA GENERAL DE COSTA RICA, Annales, 52 (1976), pp. 431-472.

    [39] Cf. Ib., pp. 438, 457, 464-469.

    [40] A. LEGHISA, circular sobre El Corazón de María y la Congregación en el momento actual, Annales, 53 (1977-1978), pp. 197-231.

    [41]*con el fin de orientar a la Congregación en una dimen­sión tan amplia y profunda de nuestro carisma misionero en la Iglesia de Dios […] señalar unas orientaciones y trazar unas líneas concretas de acción en orden a superar la crisis imperan­te y llevar así a la Congregación hacia una mayor fidelidad al don especial que ha recibido en la Iglesia+ (Cf. A. LEGHISA, El Corazón de María…, p. 186).

    [42] Cf. Ib., p. 209.

    [43]*De ahí la importancia de la presencia materna de María en la pastoral vocacional, tanto en los promotores como en la presentación adecuada del aspecto mariano de nuestro carisma, para ayudar, a los que han recibido inicialmente el mismo, a tomar conciencia de él y a descubrir la Congregación como lugar adecuado de la vivencia+ (Ib. pp. 229-230).

    [44] Cf. Ib., p. 230.

    [45] Cf. Ib., p. 230.

    [46] A. LEGHISA, carta abierta al Presidente de Iberia De cursu formationis permanente, Annales 52 (1976), pp. 285-290; Mensaje A los participantes al Encuentro de responsa­bles de la pastoral vocacional de Latino América, Annales 54 (1979), pp. 37-38.

    [47] Cf. MCH., n. 228.

    [48] Cf. MCH., nn. 48, 135, 137.

    [49] Cf. Dir., n. 173.

    [50] Cf. Dir., n. 252.

    [51] En este sexenio son interesantes además: G. ALONSO, Claret vivo, Presentación del libro: SAN ANTONIO M CLARET, Escritos Autobiográficos, ed. preparada por José M Viñas y Jesús Bermejo, B.A.C., Madrid 1981; y El presbítero claretiano en nuestros documentos posconcilia­res, conferencia en la Primera Semana Sacerdotal de Vic (19 mayo 1985); se encuentra, además, en G. ALONSO, Al servicio de una comunidad misionera, Roma-Curia 1991, pp. 87-115.

    [52] G. ALONSO, circular Los hermanos y la misión claretia­na hoy, Annales 55 (1981), pp. 3-14.

    [53] Cf. Ib., pp. 10-12.

    [54] G. ALONSO, circular Las Constituciones renovadas, Annales 55 (1982), pp. 309-327.

    [55] Cf. Ib., pp. 311-320.

    [56] Cf. Ib., Introducción, p. 310.

    [57] Cf. Ib., p. 321.

    [58] Cf. Ib., p. 327.

    [59] Cf. CPR., nn. 66-71.

    [60] Dir. n. 156.

    [61] Cf. Dir., n. 167.

    [62] Cf. Dir., n. 236.

    [63] En este sexenio, la Prefectura General de Formación publicó, entre otros subsidios, los Cuadernos de forma­ción claretiana y el Itinerario formativo claretia­no (1990).

    [64] G. ALONSO, Mensaje a los Superiores Mayores de la Congre­ga­ción, Gobierno y animación desde las Constitu­ciones (Annales, 57 (1986), pp. 278-287).

    [65] Reflexiones sobre las Constituciones renovadas, su función en la animación de las comunida­des y la responsabilidad de los superiores en la misma (Cf. G. ALONSO, Las Constituciones…, pp. 321-324).

    [66] Cf. Ib., p. 282.

    [67] Cf. CPR., n. 59.

    [68] Cf. circular sobre La comunicación de nuestra experiencia mariana, An­nales, 58 (1987-1988), pp. 98‑100; cf. también, G. ALONSO, La Espiritua­lidad mariana que vivimos, Comunicación en el XXXV Encuentro Semestral de la Unión de Superiores Generales. Villa Cavalletti, 25‑28 de mayo de 1988, en Al servicio de una comunidad misionera, Roma-Curia 1991, pp. 178-182.

    [69]*De hecho, muchos hermanos hablan de una presencia del misterio de María que les ha inspirado y guiado en los momentos fundamentales de su vida: nacimiento de la vocación, crecimiento espiritual en los años de formación, superación de crisis, etc. En resumen, una presencia definida maternal+ (G. ALONSO, La Espiritualidad mariana…, pp.180-181).

    [70] G. ALONSO, circular Claretianos en Formación, CF, Annales, 60 (1991-1992), pp. 25-49.

    [71]*Estas líneas van dirigidas a todos los Claretianos en el sen­tido de que todos, en fase institucional o permanente, somos sujetos en formación, según una convicción muy fuerte hoy en la Iglesia (Cf. Potissimum Institutio­ni, nn. 66‑71) y en nues­tro propio Instituto (Cf. CPR, nn. 20‑31, 66‑71)+ (G. ALONSO, Claretianos en…, p. 26).

    [72] En la Iglesia, por la publicación de documento Potissimum Institutioni (2 de febrero) y la celebración del Sínodo de los Obispos (octubre) dedicado a la Formación de los sacerdotes en las circunstancias actuales. En la Congregación, por haberse completado un ciclo de Cursos de Renovación Claretiana, destinados preferentemente a formadores de las diversas áreas geográficas del Instituto, y la animación realizada por la Prefectura General de Formación, a través la distribución de subsidios sobre temas formativos (Cf. G. ALONSO, Ib., p. 25).

    [73] De todos modos, es interesante hacer notar la llamada a organizar el Quinquenio en consonancia con la tradición congregacional: *me parece necesario decir que, teniendo en cuenta situaciones de nuestro tiempo, se hace urgente rehacer en la Congregación un proyecto que, más o menos en la línea de lo que fue el antiguo Quinquenio, ponga en manos de los organismos mayores un instrumento de formación‑acompañamiento de los jóvenes Claretianos (hermanos y sacerdotes) en sus primeros años de vida ministerial+ (G. ALONSO, Ib., pp. 31-32).

    [74] Cf. Ib., pp. 26-30.

    [75] CPR, n. 49.

    [76]*Tener bien pensada y articulada esta fase de la acogida es expresión segura del sentido de responsabilidad con que un organismo se ocupa hoy del tema de las vocaciones y, más en el fondo, de la vivencia y expresividad vocacional de los propios miembros+ (G. ALONSO, Ib., p. 29).

    [77] Cf. Ib., pp. 32-35.

    [78] Cf. Aut., n. 494.

    [79] Cf. Ib., pp. 35-36.

    [80] CC. 1986, n. 73.

    [81] Cf. Ib., pp. 36-40.

    [82] CC. 1986, n. 12.

    [83]*Se trata, en efecto, de una comunidad que tiene su principio en Dios, que comunica un idéntico espíritu a un grupo de personas (Aut. n. 489) con vistas a una colaboración apostólica en el ministerio de la Palabra (Carta al Nuncio, 12 agosto 1849) y a una “vida perfectamente común” (Aut. n. 491) que ha de expresar con fuerza la fraternidad (n. 609‑613) y la hospitalidad (n. 608), a la vez que se inspira en la regla evangélica de la pobreza, del compartir y del trabajo (Carta a Caixal, 5 septiembre 1849; Aut. n. 608). Estando fuertemente proyectada a la actividad externa, esta comunidad se caracteriza también por un intenso dinamismo interno de oración, estudio, preparación ministerial, etc. (ibid.). Es entendida como un proyecto que es para toda la existencia y que, siendo oferta de gracia, pide una respuesta en fidelidad y perseverancia (Aut. n. 490). Es el Espíritu Santo quien, como al grupo de los Apóstoles (cf. Introducción a la Regla de los Clérigos Seglares), sostiene y alienta a esta comunidad con una donación carismática que la vincula profundamente a Cristo, Hijo y enviado del Padre, por María (Aut. n. 687)+ (G. ALONSO, Ib., p. 37).

    [84]*Todos estos aspectos, que las Constituciones renovadas han articulado cuidadosamente, se proponen, no sólo como metas, sino también como elementos educativos con los que la comunidad toma parte activa en el itinerario de iniciación del futuro misionero+ (G. ALONSO, Ib., p. 38).

    [85] Cf. Ib., pp. 41-42.

    [86] Cf. Ib., pp. 43-48.

    [87] Ib., p. 49.

    [88] CMF, Servidores de la Palabra, (SP). Como subtítulo lleva el de Nuestro servicio misionero de la Palabra en la *Nueva Evangeliza­ción+.

    [89] Cf. SP., n. 6.

    [90] Cf. SP., n. 21.

    [91] Cf. SP., n. 21.1.

    [92] Cf. SP., n. 21.1.

    [93] Cf. SP., nn. 15, 15.3.

    [94] Cf. SP., n. 21.2.

    [95] Cf. SP., nn. 14, 14.1, 21.2.

    [96] Cf. SP., nn. 21.3., 21.4, 21.6.

    [97] Cf. SP., n. 21.5.

    [98] Cf. SP., n. 22.2.

    [99] Cf. Acta 14, 13 de septiembre de 1991, Annales 60 (1991), p. 253.

    [100] Del mensaje que escribió con motivo de la promulgación del PGF, hablaremos en el capítulo siguiente. Otros mensajes formativos los ha dirigido a las distintas áreas congregacionales con motivo de asambleas, cursos, encuentros, etc….

    [101] A. BOCOS, circular sobre el Testamento misionero de nues­tros Márti­res, Annales, 60 (1991-1992), pp. 465-491.

    [102] Cf. Ib., pp. 465-496.

    [103] Cf. Ib., pp. 469-470.

    [104] Cf. Ib., pp. 483-484, 490.

    [105] Cf. Ib., p. 470.

    [106] Cf. Ib., p. 471.

    [107] Cf. CC., 1986, n. 56.

    [108] Cf. CC., 1986, n. 58.

    [109] Cf. Mt. 9, 38.

    [110] Cf. CC., 1986, n. 58.

    [111] A. BOCOS, Carta del Padre General a los misioneros claretianos en formación, Annales, 60 (1991-1992), pp. 608-614.

    [112] A. BOCOS, Ib., p. 610.

    [113] Cf. Ib., p. 610.

    [114] Cf. Ib., p. 611.

    [115] Cf. Ib., pp. 611-612.

    [116] En el presente sexenio, además del PGF y la E.C.M., se está terminando el Comentario a la II parte de las Constituciones. La Prefectura General de Formación ha seguido publicando los Cuadernos de forma­ción claretiana y está terminando la elaboración del Proyecto formativo de Iniciación al Ministerio de la Palabra (IMP).

    [117] E.C.M, Estatutos, Annales, 62 (1996), pp. 581-583, 599-602.

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