Capítulo 7

                  C A P I T U L O 71

 

 

             EL PLAN GENERAL DE FORMACIÓN, 1994

 

 

     I. ANTECEDENTES

 

     El Plan General de Formación (PGF) se inscribe en la historia y en el proceso de la formación en la Congregación[1]. El PGF no es una iniciativa que aparece en el momento actual desconecta­da de la vida congregacio­nal, ni un instrumento pedagógico sin raíces congrega­cionales. Se inserta en la rica tradición formativa de la Congrega­ción iniciada por el mismo P. Fundador, continuada por los Confundado­res y consolidada por los Capítulos y Superio­res Generales.

 

     1. Como hemos visto, en la Congregación han existido, ya desde el principio, planes de estudios, bien definidos, tanto para los Estudiantes como para los Hermanos. Estos planes, con distintas denomina­ciones, han tenido fundamentalmente una dimensión académica.

 

     También decíamos en la introducción que, desde el punto de vista global, aunque no se hayan elaborado planes en sentido estricto, la formación congregacional ha estado perfectamente vertebrada y orientada. Y no han faltado algunos instrumentos formativos, bien ordenados y planificados, ni orientaciones pedagógicas precisas[2].

 

     2. De hecho en el pasado se han dado varios intentos fallidos para elaborar una Ratio Formationis, o algo parecido.     Ha sido un deseo, expresado varias veces en distintas instancias congregacionales, el de tener un Plan de Formación, Ratio Formationis o Reglamentación tanto para los estudiantes como para los hermanos.

 

     El P. Nicolás García, ya en el año 1932, al hablar de la formación espiritual, que ha de ser gradual y personalizada, afirmaba que ha de ser según un plan de conjunto *que (los Prefectos) deben desarrollar proporcio­nalmente al plan de estudios+[3]. Sus mismas circulares sobre la formación son verdaderos tratados de pedagogía claretiana, muy bien articuladas metodológicamente.

 

     Recordando de un modo sintético lo dicho en el capítulo anterior, el XIII Capítulo General (1934), hablando de planes formativos, ordenó la *redacción de un Ordo pietatis y un Ordo disciplinae, que, con el Ordo studiorum, formen la base de la educación de los nuestros+[4]. Y en otro lugar, tratando el tema de la formación de los formadores, afirmaba que, además del testimonio de vida, han de brillar por una buena preparación en *ascética y pedagogía eclesiás­tica y re­ligiosa+ y proponía para ello la elaboración de una Ratio formatio­nis, que recogiera la extensa experiencia formativa de la Congregación[5].

 

     En esta misma idea insisten, por una parte, el XIV Capítulo General de 1937, al solicitar que se escribiese para los formadores *alguna obrita+ sobre la formación de los nuestros[6] y, por otra, el XV Capítulo General al pedir un Reglamento para Hermanos donde se recogie­ran todos estos puntos[7].

 

     Por último, el XVI Capítulo General (1961), al recordar la recomendación del Capítulo anterior, urgió la redacción de un Ordo Formatio­nis para *lograr una buena formación de los nuestros y en lo posible unifor­me+[8]. También pidió la revisión y publicación del Espejo del Postulante, y dejó para el Gobierno General la redacción de una Reglamentación para los hermanos sobre los aspectos formativos que se han tratado, en particular lo referente a sus destinos en los años que siguen a sus primeras profesiones[9].

    

     3. A partir del Concilio Vaticano II se vuelve a insistir en la elaboración de planes de formación para estudiantes y hermanos en un sentido más estricto y definido.

 

     El Capítulo Especial de 1967 pidió en el Decreto sobre la Formación que se hiciera un Plan General de Formación para la Congregación, bajo la responsa­bilidad del Gobierno General[10] y en el de Hermanos, planes y programas formativos para ellos[11]. Estas peticiones, junto a la elaboración de un Plan de Estudios, quedó recogida en el Directorio General del 1973, conforme a las indicaciones del Capítulo General[12], establecién­do­se también la promoción de planes provin­cia­les de formación para Estudiantes y Hermanos, y reglamentos locales para nuestros Colegios[13]. En esta misma línea se expresó el Directorio de 1975[14].

 

     En el Directorio de 1982 desaparece lo que se decía del Plan General de Formación en los Directorios anteriores, pero se insiste en los planes de formación a nivel provincial y local y en el plan formativo para los Hermanos[15]. Y en las Constitucio­nes de ese mismo año, al hablar de los misioneros en formación y su prefecto, se dice que se haga *según nuestra propia programación formativa+, en sentido general[16]. En el sexenio 79-85 se habló de una especie de *vademécum+ que recogiese los temas formativos más importan­tes, pero al final no se llevó a cabo.

 

     De nuevo aparece el tema del Plan de Formación en las Constituciones de 1986; en ellas no se habla de formar según nuestra programación formativa como en las anteriores, sino *según nuestro propio plan de formación+ y tomando como fuente el canon 659.2 del nuevo Código de Derecho Canónico (1983)[17]. El Directo­rio de 1987 habla también del plan, pero en un sentido muy amplio y en referen­cia al canon 650.1 del nuevo Código[18]; no se habla de un Plan General de Forma­ción para la Congregación en sentido estricto, sino del plan de formación, como proyecto formativo, en el se han de formar los llamados a la vida claretiana y que ha de integrar los elementos que se señalan en el Directorio. Estos elementos se ofrecen para la elaboración de los planes provincia­les y locales de formación, sobre los cuales se sigue insistiendo. Por último, una vez más, se pide el plan de formación para los Hermanos[19].

 

     4. En los años del posconcilio, aunque no hubo un plan general, la Congregación trabajó en el sector formativo con mucha creatividad teniendo en cuenta, entre otros, los siguientes criterios:

    

     * aplicación de las Constituciones, Directo­rio y Documen­tos Capitulares a la formación;

     * elaboración de los planes provincia­les y locales de formación;

     * confección del programa sistemáti­co de inicia­ción apostóli­ca;

     * y búsqueda de líneas comunes e inculturadas en las áreas congregaciona­les, a través de encuen­tros y reuniones.

 

     5. No obstante, poco a poco se fue viendo la necesidad de tener, además de los principios de las Constituciones y de las orientaciones pedagógi­cas del Directorio, un Plan de Formación propio, que recogiese la riqueza formativa, teórica y práctica, de la Iglesia y de la Congregación de la etapa posconci­liar. El Derecho[20] y las Constituciones[21] también lo exigían. En los encuentros y en los cursos de formadores con frecuencia se solicitaba al Gobierno General que lo elabora­se. Y el Superior General, Gustavo Alonso, en su circular *Claretianos en formación+ afirmaba que era *una materia pendien­te+[22]. El criterio del Gobierno General, en el sexenio 1985-1991, fue que el Plan de Formación debería tener el consenso y apoyo de toda la Congregación y que, por lo mismo, la cuestión debería ser tratada en el siguiente Capítulo General.

 

 

     II. XXI CAPÍTULO GENERAL.

 

     Por fin, el Capítulo General de 1991, como hemos indicado en el capítulo anterior, determinó que se elaborase en el sexenio 1991-1997, indicando como condiciones:

 

     * que recogiese los nú­cleos esenciales de nuestro carisma.

 

     * que se responsabilizase la Prefectura General con la ayuda de una Comisión Inter­na­cional que representase las distintas áreas culturales de la Congregación.

 

     * y que fuera objeto de estudio y revisión en toda la Congregación antes de su promulgación por el Gobierno General.

 

 

     III. ELABORACIÓN DEL PGF

 

     Todas las indicaciones pedidas por el Capítulo General fueron tenidas en cuenta a la hora de su elaboración[23].

 

     1. Carácter claretiano

 

     El PGF es un proyecto pedagógico con una fuerte impronta claretiana.

 

     1.1. Como proyecto pedagógico está orientado a la forma­ción de los claretianos. El PGF, en primer lugar, expone y desarrolla, de una manera orgánica y pedagógi­ca y en perspectiva universal, los principios y normas formati­vos que aparecen en el Código de Derecho Canónico, en las Constitu­ciones, en el Directorio y en otros documen­tos de la Iglesia y de la Congregación. Y, en segundo lugar, ha querido traducir en clave pedagógica otros conteni­dos, no explícitamente formativos, de nuestro proyecto de vida misionera para facilitar una mejor trasmisión y asimilación en el proceso de formación.

 

     1.2. Como proyecto claretiano, intenta asumir, sobre todo, los núcleos esenciales de nuestro carisma; por lo mismo, acentúa, sin menoscabo de otros elementos formativos necesa­rios, aquellos que son más propios de nuestro proyecto específi­co. Además, el PGF presenta el carisma, no de una manera sintética y esencialis­ta, sino pedagó­gica y en orden a la formación, para facilitar su transmi­sión a las nuevas generacio­nes; recoge las experien­cias de formación que se han realizado o se vienen realizando en los Organismos de nuestra Congrega­ción; y expresa los rasgos de nuestra identidad de modo que queden salvadas, por una parte, su universa­li­dad y su unidad y, por otra, la particula­ridad y la diversifi­cación de sus expresiones concretas. Por último, ofrece, como propuesta pedagógica, la alegoría de la Fragua. Entendida como proceso carismático y pedagógico vivido por nuestro Funda­dor, la Fragua puede ser una inspira­ción simbólica, que ayude a interpretar e iluminar las diversas etapas del proceso formativo de los claretia­nos[24].

 

     2. La Prefectura General de Formación y la Comisión Interna­cional

 

     2.1. La Prefectura General de Formación centró su aten­ción, durante la primera etapa del actual sexenio, de una manera especial, en la elaboración del Plan General de Forma­ción a fin de que hubiese tiempo suficiente para revisarlo y aplicarlo en la Congrega­ción. Inmediatamente se puso a trabajar en el mismo, siguiendo las orientaciones del último Capítulo de la Congrega­ción y poniendo en práctica las decisiones operativas tomadas por el Gobierno General.

 

     2.2. Terminado el Capítulo, el Superior General, Aquilino Bocos, promulgó la resolución capitular sobre el PGF el 4 de octubre de 1991[25].      Poco después, el Gobierno General en el Consejo del l4 de diciem­bre, tomó las decisio­nes de nombrar una Comisión Interna­cional de Formación (CIF) y de aprobar la metodolo­gía para elabo­rar el PGF. Como criterios para nombrar a los miembros de la Comisión Internacional, el Gobierno General, eligió a personas:

 

     * Con experiencia en el campo vocacional y formativo y que estuviesen capacitadas para el tipo de trabajo que se iba a realizar (con conocimientos teóricos, sistemáticos y con capacidad de síntesis para escribir y redactar adecuadamente).

     * Que representasen todas las etapas del itinerario vocacio­nal desde la pastoral vocacional hasta la formación permanen­te.

     * Que procediesen de las zonas y culturas donde está implantada la Congregación.

     * Que representasen a los Padres, Hermanos y Estudiantes.

     * Que alguno hubiese trabajado en la elaboración del Itinerario Formativo Claretiano.

     * Y que, en la medida de lo posible, conociesen varias lenguas.

 

     2.3. La CIF celebró su primer encuentro en Roma del 23 de abril al 15 de mayo de 1992. El objetivo de la reunión era elaborar el proyecto del Plan General de Formación, que sería enviado a toda la Congre­gación para su estudio y revisión.

 

     Para realizar su trabajo, estudió y consultó las fuentes eclesiales (docu­men­tos de la Santa Sede, Congregaciones y conferencias episco­pales), las fuentes congregacionales (documentos, planes de formación de los Organismos y experiencias formativas) y unos 30 planes de formación de diversos Institutos y Congregaciones religiosas. Posteriormente la Prefectura General encomendó a algunos peritos en diversas áreas la revisión del texto elaborado antes de la consulta a la Congregación.

 

     El texto provisional fue presentado por el Prefecto de Formación al Gobierno General en los Consejos celebrados a principios de 1993 (2-15 de enero). El Gobierno General determinó que fuera enviado a la Congregación para su estudio y aprobó, a la vez, la metodología y el tiempo de la consulta.

 

 

 

 

     3. Consulta a la Congregación

 

     3.1. A finales de enero de 1993 la Secretaría General envió el proyecto provisional del PGF, en español e inglés, a los Superiores Mayores, a los Superiores de la Casas Generalicias y de las Misiones, a los miembros de la Comisión Interna­cional de Formación y a los peritos consultados. El objetivo, como se ha dicho, era que fuese estudiado y revisado en todos los Organismos de la Congregación a lo largo del año 1993 hasta el 1 del mes de diciembre. Además, la Secretaría mandó una carta del Prefec­to General de Formación con una Guía Metodoló­gica y unas orientacio­nes para realizar el trabajo.

 

     3.2. Durante el mes de diciembre de 1993 se fueron recibiendo en la Secretaría General las obser­vacio­nes y sugerencias de organismos, grupos y personas particulares.

 

     Simultáneamente, se inició un dossier, llamado *Aportaciones de la Congregación+ al PGF, con la recopila­ción ordenada de las observaciones para facilitar el trabajo de la CIF. El trabajo con­sis­tió en orga­nizar, sin excluir ninguna, todas las aportacio­nes recibi­das, agrupándo­las en el mismo orden que aparece en el pro­yecto del PGF distribuido a la Congregación.

 

    Se agruparon, en primer lugar, las aprecia­cio­nes globales sobre el PGF. En segundo lugar, se recogieron las respuestas a cada una de las nueve preguntas del cuestionario que remitió la Prefectura General de Formación. En tercer lugar, se ordenaron las observaciones hechas a los capítulos, a los números en particular y a los apéndices. Por último, se incluyeron, también, en el dossier y a modo de apéndi­ce, las aporta­cio­nes presentadas por los Superiores Mayores con oca­sión del Encuentro celebrado en Roma el mes de octubre de 1992.

 

     3.3. El Go­bierno General, fiel a la idea expresada por el XXI Capítu­lo General, quiso que todo el proceso de elaboración del PGF, desde el principio hasta el fin, fuera lo más participa­tivo posible a nivel congregacional. Por eso le pareció conve­niente volver a pedir la colaboración de la CIF para que realizara los trabajos de incorporación de las aportaciones de la Congrega­ción en el texto del PGF. Y así convocó de nuevo a la CIF la cual, se reunió en Roma del 22 de mayo al 11 de junio de 1994[26].

 

     El objetivo prioritario del encuentro, que ocupó la casi totalidad del tiempo previsto, fue integrar las observacio­nes de la Congre­gación en el PGF y redactar el texto final para su aprobación por el Gobierno General. El trabajo se concluyó el día 11 de junio, Solemni­dad del Inmaculado Corazón de María, un día muy significativo para la Congregación y de gran significado, también, para el trabajo que se concluía, el PGF de los Hijos de su Inmaculado Corazón.

 

     4. Estudio y aprobación del PGF por el Gobierno General

 

     4.1. El día 12 de junio, una vez terminado el encuentro de la CIF, el P. Jesús M Palacios, Prefecto General de Formación, escribía una carta al Gobierno General en la que le daba cuenta del trabajo realizado y le adjuntaba el texto recién elaborado del PGF en orden a su estudio y apro­bación final[27].

 

     4.2. Durante los días 20-25 de junio, el Gobierno General, reunido en Consejo pleno, se dedicó intensamente a estudiar capítulo por capítulo el PGF. En varias sesiones se fueron analizando e integrando las observaciones y correcciones oportunas. Finalmente en la sesión del 25 de junio fue aprobado para su promulgación y publicación.

 

     4.3. El Decreto de Promulgación, a tenor de nuestra legisla­ción[28], fue emitido por el P. General, Aquilino Bocos, el día 16 de julio de 1994, Fiesta de Ntra. Sra. del Carmen y 145 aniversario de la fundación de la Congregación. En él se indica que el PGF comenzará a vigir en la Congregación a partir del 1 de enero de 1995[29].

 

 

     IV. CARACTERÍSTICAS DEL PROYECTO DEL PGF

 

     Además del carácter claretiano del PGF y de la dimensión participativa en su elaboración, podemos destacar otras características. Entre ellas:

 

     1. Denominación y título

 

    Entre los diversos nombres con que se le podría haber denominado (plan, guía, ratio, orientaciones, compendio, etc.), ha parecido mejor llamarlo Plan General de Formación. En primer lugar, por ser el nombre con que se le ha venido llamando en la Congregación durante los últimos años y, como tal, fue aprobado para su elaboración en el último Capítulo General.

 

     Y, en segundo lugar, porque las orientaciones pedagógicas para la formación de nuestros misioneros se ofrecen de una manera metodológica y planificada; es decir, se presentan de una manera orgánica y gradual y según un proceso con diversas etapas formativas bien definidas. Al ser publicado, mirando incluso la posibilidad de prestar un servicio a otros Institutos, se pensó ponerle el título más genérico de Formación de Misioneros[30].

 

     2. Amplitud

 

     La amplitud del PGF ha tenido una consideración especial. Se ha optado por un término medio. Ha parecido oportuno desarrollar con cierta amplitud los elementos carismáticos de la formación claretiana (que de alguna manera podrían haber sido simplificados) en orden a facilitar la misión formativa de las comunidades; se ha conside­rado que en la situación actual de la Congregación, una síntesis orgánica de los principios y orienta­ciones formativos, suficien­temente amplia, podría ayudar más eficazmente a la formación.

 

     Por otra parte, no se ha querido que el PGF fuera un documento exhausti­vo en todos los puntos que trata, particularmente en el desarrollo de la pastoral vocacional y de las etapas formativas. Las referencias a las fuentes origina­les y los apéndices permiten ampliar y profundizar sus conteni­dos.

 

     3. Estructura del texto aprobado y publicado

 

     El texto aprobado y publicado por el Gobierno General contiene la quinta redacción del PGF. Es el fruto de la integra­ción de las observaciones y sugerencias hechas por la Congrega­ción a la cuarta redacción, que se envió a los Organismos Mayores y casas generalicias, y las realizadas por el Gobierno General al texto presentado por la CIF.

 

     Consta de una introducción, dos partes y varios apéndices. En la primera se abordan los aspectos generales de la formación claretiana comunes a todos los misioneros. En la segunda se recorren las etapas de la formación inicial y continua, y en los apéndices se ofrecen varios instrumentos que ayudan a comprenderlo y a aplicarlo.

 

     En su estructura interna ha tenido en cuenta el proceso formativo, como un proceso continuo de formación, desde la pastoral vocacional hasta la formación permanente. No es exhaustivo en todos los puntos que trata; con frecuencia se remite, en razón de la brevedad, a las fuentes originales, que pueden ser consultadas más ampliamente.

 

     4. Para toda la Congregación

 

     Va dirigido a todos los que formamos la Congrega­ción (sacerdotes, diáconos, estudiantes y hermanos) y también a los llamados a formar parte de ella que se encuentran en fase de discernimiento y preparación. Contempla, por lo mismo, al claretiano en un proceso continuo de formación y en su condi­ción presbite­ral, diaconal o laical. No obstante, pone un especial acento en la pastoral vocacional y en la formación inicial de los llamados a la vida misionera de la Congrega­ción.

 

    El PGF quiere ser un instrumento que interpele a todos los claretia­nos, ya que todos los miembros de la Congre­ga­ción somos responsa­bles, en sus diferentes niveles, de la pastoral vocacio­nal y de la forma­ción, inicial y permanente; un instrumen­to formativo válido para formadores y formandos; y una guía para orientar y favorecer la elabora­ción de los Planes de Formación a otros niveles. Todo ello para garantizar una formación claretiana que, por ser misionera, ha de estar siempre abierta a los signos de los tiempos y en sintonía con los acontecimientos del mundo y de la Iglesia, tanto universal como particular.

 

 

     V. SENTIDO DEL PGF PARA LA CONGREGACIÓN

 

     El P. General en la presentación que hace a la Congregación del PGF da el sentido del mismo en el actual momento histórico de la Congrega­ción[31]. He aquí una síntesis de los principales aspectos que en ella se desarrollan:

 

     1. Una propuesta de vida misionera

 

     El PGF, antes de ser considerado como un compendio formativo, es preciso contemplarlo como una propuesta de vida misionera.

 

     1.1. Nuestro PGF sólo se explica y adquiere sentido desde la continuidad de vida carismática de la Congregación y, por lo mismo, desde la fe en el don de una misma vocación y misión. Sólo por la fe en este don, que es vida propagada y seguida y que es principio unificador para las diversas formas de pensar y de actuar de los miembros del Instituto, se puede hacer la propuesta de este itinerario formativo con el que se pretende implicar la vida de los formandos para que lleguen a ser los servidores de la Palabra que necesita la Iglesia en su misión evangelizadora.

 

     1.2. Por otro lado, la publicación del PGF es expresión de la vida esperanzada de la Congregación. De hecho, sólo quien tiene esperanza planifica. La esperanza nos lleva a planificar porque es la forma decisiva de transformar y de mejorar lo que encontramos. Cuando la Congregación se ha decidido a publi­car el PGF está revelando su esperanza en que se incorporarán nuevas vocaciones y podrá cualificar e intensificar su servi­cio misionero a la Iglesia. Desde esta perspectiva, el PGF se hace permanente memoria del impulso del Espíritu que nos dio origen y continua invitación a recrear la mística misionera que nos acredita como auténticos servidores de la Palabra.

 

     2. Una propuesta para todo el mundo

 

     El P. Claret dijo que su espíritu era para todo el mundo y su profecía sigue haciéndose realidad en las naciones. Desde el Concilio a esta parte, la Congregación se ha ido abriendo sucesivamente a más amplios horizontes misioneros con el consiguiente enriquecimiento de valores culturales y de nuevas sensibilidades religiosas y sociales.

 

     Esta nueva configuración congregacional ha venido reclamando un Plan de Formación que promoviera la recreación de la identidad claretiana integrando los valores propios de los pueblos y la índole carismática de nuestra vocación misionera universal. Así se explica por qué está resaltada la impronta claretiana a lo largo de todo el PGF. La incultura­ción, que es un desafío para todos, no se logra por decreto, sino que es obra de un proceso que comienza en la primera formación y que va propiciando una nueva inteligencia y viven­cia de las intuicio­nes fundacionales en dichos ámbitos. El PGF puede ser una buena ayuda para ello. Está redactado de forma que cada Organismo de la Congregación lo pueda adaptar según su contex­to y exigencias.

 

     3. El PGF síntesis madura del proceso de renovación

 

     Examinando el contexto de la vida de la Congregación se puede decir que el PGF aparece en un momento adecuado dentro del proceso de renovación.

 

     Nuestra Congregación, como otros institutos religiosos, ha vivido un intenso proceso de renovación que ha afectado no sólo a las ideas, sino también al estilo de vida y misión. Los Capítulos Generales, celebrados durante este tiempo, han sido momentos de gracia y de luz. Nos han permitido hacer síntesis actualizada de aquellos valores esenciales e irrenuncia­bles de nuestra vida claretiana que podemos transmi­tir validamente en el proceso formativo. La Congrega­ción cuenta con una autocom­prensión madura de su identidad, posee una buena capacidad de discerni­miento y confía en poder seguir afrontando con serenidad y garantía los desafíos de los continuos cambios que se operan en el mundo y en la Iglesia. Desde esta altura y madurez alcanzadas es desde donde se ha elaborado la presente propuesta formativa.

 

     4. Carta Magna sobre la Formación

 

     El PGF puede considerarse como la Carta Magna sobre la Formación que la Congregación, en tanto que madre y maestra, da a sus miembros, sobre todo, a los nuevos misioneros.

 

     La razón por la que el PGF puede considerarse como la Carta Magna sobre la Forma­ción es que ha sido escrita entre todos y con la urgencia de irradiar corporativamen­te el carisma que hemos recibido como un don del Espíritu para anunciar la Buena Nueva a los pobres.

 

     Basta repasar la historia de la elaboración del PGF para darse cuenta de ello. En él se halla concentrada toda la experiencia formativa de los Organismos que, durante los años de renovación, contando con las orientacio­nes de la Iglesia universal y de las iglesias particulares, redactaron sus respectivos planes de formación. Y toda la Congregación ha participado corresponsa­blemente en su elaboración sea a través de la Comisión Internacional de Formación sea a través de las muchas y valiosas aportaciones y sugeren­cias enviadas por nuestros hermanos para la redac­ción final del PGF.

 

     No sería, pues, correcto reducir el PGF a un documento, más o menos acertado, con el que se ha pretendido simplemente cumplir la norma indicada en las Cons­tituciones y en el Código de Derecho Canónico. A la luz de lo que hemos plasmado en él, hemos de perseverar en este ejerci­cio de corresponsabili­dad formativa y ayudar a hacer crecer en la madurez vocacional a quienes nos han sido dados como herma­nos.

 

 

     VI. CONCLUSIÓN

 

     Con la promulgación y la publicación del PGF, el Gobierno General ha cumplido el compromiso que le pidió el último Capítulo General. Su realización, tanto en la metodología como en el tiempo, se ha llevado a cabo también siguiendo las orientaciones del mismo Capítulo.

 

     El trabajo de la CIF, la participación y la corresponsabili­dad de toda la Congregación y, de un modo particular, la asistencia especial del Corazón de María, nuestra Madre y Formadora, bajo cuya protección se inició el proceso de elabora­ción del PGF, han hecho posible lo que era una aspiración congregacional fuertemen­te sentida. A Ella le damos gracias de todo corazón y le pedimos que el PGF sea un instrumento de autentica y sólida formación claretiana por el bien de la Iglesia y de la Congregación.

 



    [1] MISIONEROS CLARETIANOS, Formación de Misioneros, Plan General de Formación, Roma 1994, pp. 376. Está traducido y publicado en inglés, polaco, francés, alemán, italiano y portugués.

    [2] Ya hemos visto que, además de los Reglamentos para los Postulantes, válidos también para los profesos, el libro Prácticas Espirituales… tenía como objeto *hacer una como suma de las prácticas de nuestra muy amada Congregación+, para la formación claretiana de los Novicios (Cf. Introducción, p 6). Lo mismo El Novicio Instruido, del P. Ribera daba orientaciones formativas para los recién profesos (pp. 412-426) y avisos especiales para los estudiantes (pp. 427-445) y para los hermanos coadjutores (pp. 445-454).

    [3]*Esta idea del Misionero no se realiza de golpe; hay que irla concretando poco a poco en los jóvenes Misioneros; la gracia sigue de ordinario, o se acomoda, a la naturaleza; por eso los Prefectos deben tener un plan de conjunto que deben desarrollar proporcionalmente al plan de estudios; quiere decirse que, así como hay una progresión creciente en los estudios y ciencias, así debe haberla en la virtud+ (N. GARCÍA, Formación de…, Annales, 28 (1932), p. 236).

    [4] XIII CAPITULO GENERAL, Anales, 30 (1934), p. 443.

    [5] Cf. Ib., p. 529.

    [6] Cf. XIV CAPITULO GENERAL, Annales, 34 (1938), p. 54.

    [7] Cf. XV CAPITULO GENERAL, Annales, 40 (1949-1950), p. 113.

    [8] XVI CAPITULO GENERAL, Annales, 46 (1961-1962), p. 102.

    [9] Cf. Ib., pp. 102, 106.

    [10] Cf 1F., n. 84.

    [11] 1HH, nn. 19, 23-24, 30-31.

    [12] Cf. 1F., nn. 84, 169.

    [13] Cf. Dir., nn. 265-267, 303-305.

    [14] Cf. Dir., nn. 212-214, 247-249.

      La Asamblea General de Costa Rica pidió, para facilitar la tarea de los formadores, la mentalización de los jóvenes en el espíritu claretiano y promover una formación unitaria fundamental, que se redactase un programa con contenidos básicos que, dejando margen a la creatividad, se pudiese transmitir en todas las etapas de formación con algunos cuadernos monográfi­cos explicativos del mismo (Cf. Annales, 52 (1976), p. 469).

    [15] Cf. Dir., nn. 173, 252.

    [16] Cf. CC., n. 72.

    [17] Cf. CC., n. 72.

    [18] Cf. Dir., n. 156; cf. también, nn. 173, 236.

    [19] Cf. Dir., nn. 167, 236.

    [20] Cf. CIC, cc. 650, 659.2, 659.2 con 242, 660.1.

    [21] Cf. CC., 1986, n. 72.

    [22] Cf. Conclusión.

    [23] Para una descripción detallada de su proceso de elaboración, cf. CMF, Plan General de Formación, Notas Históricas, pp. 29-36; Annales, 61 (1993-1994), pp. 134-159, 441-464.

    [24] Uno de los planteamientos fundamentales que se tuvieron en cuenta desde el principio y más difíciles de concretar fue, por una parte, cómo presentar nuestro carisma y nuestra espiritualidad en clave pedagógica, y, por otra, cómo resaltar el carácter claretiano en la propuesta de los valores y orientaciones formativos. Sobre este tema, cf. J. M. PALACIOS, Elaboración de un Plan General de Formación, Boletín de Vida Religiosa, n. 11, 79 (1996), pp. 324-331; El carisma en clave formativa, Ib., n. 12, pp. 356-363.

    [25] Cf. Annales, 60 (1991), pp. 252-253.

    [26] Por diversas razones algunos miembros de la Comisión no pudieron asistir al encuen­tro. Participaron, de hecho, los PP. Jesús M Palacios, por el Gobierno General; Lawrence Chris­tian, de USA-WEST; Antonio Rangel, de México; Charles Amadi, de Nigeria; Segundo Alonso, de Canadá-Camerún; Cyriac Njayarku­lam, de Sri Lanka; Antonio Paneque, de Corea; Piotr Liszka, de Polonia; Gonzalo Fernández, de Castilla, y Miguel Fernández Fariñas, de Bética.

    [27] En la carta, entre otras cosas, se decía: “Con este trabajo, la CIF da por cumplido el compromiso que, hace dos años, le asignó el Gobierno General, siguiendo las indicaciones del XXI Capítulo General.

      La CIF agradece sinceramente al Gobierno General la confianza que desde el primer momento ha depositado en ella y todas las facilidades y apoyos recibidos durante este tiempo para poder cumplir con eficacia su cometido.

      La coincidencia de haber terminado el texto el día del Corazón de María, nuestra Madre y Fundadora, creemos que tiene un valor simbólico y providencial. Desde el primer día pusimos nuestra tarea bajo la protección de María, nuestra Formadora; al fin y al cabo, íbamos a colaborar en la formación de sus hijos. Como no podía ser menos, Ella ha estado siempre presen­te en nuestras deliberaciones y decisiones; a lo largo de este tiempo hemos sentido su presencia alentadora e iluminadora. A Ella le damos gracias de todo corazón y le pedimos que el PGF sea un instrumento de auténtica formación claretiana por el bien de la Iglesia y de la Congregación” (Annales, 61 (1993-1994), pp. 451, 463).

    [28] Cf. Dir., n. 19.

    [29] El día 12 de agosto salió publicada en Madrid la edición española del PGF. El trabajo fue realizado por Publicaciones Claretianas de nuestra Comunidad de Buen Suceso. El libro, que lleva como título Formación de Misioneros, consta de 376 páginas. Está presentado por el P. General, Aquilino Bocos, y se inserta en él el Decreto de Promulgación. Se han enviado ejemplares a todos los Superiores Mayores de la Congregación; a los miembros de la Comisión Internacional de Formación y a los peritos que han intervenido en su elaboración; y un número suficiente de ejemplares para las comunidades y centros formativos de los Organismos y casas generalicias. La idea del Gobierno General es que cada formando tenga el PGF para uso personal desde el noviciado.

    [30] Como dice el P. General en la Presentación: *En primer lugar, aparece bajo el título Formación de Misioneros porque todo él está orienta­do, de forma armónica, sistemática y progresiva, a favorecer el crecimiento y la madurez vocacional de cuantos se sienten llamados a compartir nuestra vida misionera en la Iglesia+ (p. 7).

    [31] Cf. PGF., pp. 7-13.

Related posts: