Capítulo I: El Padre Fundador, Formador

I. EXPERIENCIA PERSONAL

             Claret no tuvo cargo de formador en sentido estricto. Sin embargo, como Fundador debió ejercer y realizar una función formativa. Lo fue con los misioneros en la preparación de la Congregación. Fue reuniendo poco a poco a algunos misioneros para la evangelización y los educaba con este propósito. En 1849 había logrado formar un grupo de unos sesenta discípulos para la predicación[1].

             Cuando fundó la Congregación, Claret fue formador de sus misioneros sobre todo por su testimonio. Era la “forma” viviente que trasmitió a la Congregación. Lo fue también, en la medida de sus posibilidades, con su presencia y convivencia en Vic, Cuba, Madrid, Segovia, Gracia y Roma.

            Fue formador por la palabra con las conferencias, conversaciones, y diversas actuaciones, etc. Él seguía de cerca y con amor a la Congregación, se preocupaba de ella, de sus cosas y de sus intereses. Colaboró de una manera directa y eficaz en los capítulos generales con sus intervenciones, orientaciones y líneas a seguir en el sector de las vocaciones, formación, gobierno y apostolado.

            Nos dejó muchos testimonios e inspiraciones carismáticas escritos sobre y para la Congregación, muchas cartas con fuerte sabor formativo y, sobre todo, su magnífica Autobiografía. Esta es la aportación más valiosa a la formación de sus hijos misioneros[2].

        Podemos decir sintéticamente que Claret[3] fue formador de misioneros por su testimo­nio, por la presencia y la convivencia con los misioneros cuando le fue posible, y a través de su palabra en los ejerci­cios espirituales, en las conferencias, en las conversaciones y en los escritos. En este sentido Claret formó no sólo con su palabra, sino, sobre todo, con su propia vida, pudiendo decir como San Pablo: Seguid mi ejemplo como yo sigo el de Cristo (1Cor 11,1)[4].

II. EXPERIENCIA CONGREGACIONAL

             La acogida y formación de las nuevas vocaciones fue organizada en la Congregación desde el principio, desde el tiempo del P. Fundador, una vez admitidos oficialmente los estudiantes en la Congregación. Para todos los que ingresaban directamente en el Noviciado (sin un tiempo de acogida previo) había, como prepara­ción al mismo, un tiempo de Aspirantado en la casa del Noviciado, que, según el P. Fundador, debía ser de 15 días y con unas actividades formativas señala­das explí­ci­ta­men­te.

             En efecto, el II Capítulo General (1862), celebrado en Gracia, además de aceptar estu­dian­tes, pidió, para todos los que deseaban ingresar en la misma, un tiempo de aspirantado, previo al año de prueba y a la admisión definiti­va. El día nueve de julio, en la sesión de la tarde, se acordó promulgar varios decretos, entre los cuales uno (el n. 2º) en el que se lee: “para que todos los pretendientes así sacerdotes como estudiantes y hermanos estén por el espacio de 15 días en clase de aspirantes y que pasados éstos hagan los ejerci­cios y luego sean admitidos para el año de prueba con alguna formalidad, lo que se repetirá mutatis mutandis al fin del año para su admisión definitiva”[5].

            Como sabemos, terminado el Capítulo, el P. Fundador se puso enseguida a trabajar sobre cómo realizar esta acogida y sobre cómo habría que formar a los candidatos a ser Hijos del Inmacula­do Corazón de María. Y así nació el primer documento de formación global, no sólo de estudios, de la Congrega­ción. Después de varias vicisitudes, el P. Funda­dor se lo envió al P. Xifré el 20 de diciembre del 1862 con el nombre de Reglamen­to y con la intención de que sirviera de pauta formativa para la Congregación:

            *Sirve la presente para decir a usted que, considerando cuánto conviene formar bien en la ciencia y virtud a los jóvenes que Dios llame a la Congregación, he pensado escribir este Reglamento que tengo el gusto de acompañarle con la presente, a fin de que se ponga en práctica en todas sus partes, por ser ésta la voluntad de Dios y de María Santísima, nuestra querida Madre+[6].

            Todos ellos formaban un conjunto titulado Regla­men­to para los Aspiran­tes, Proban­dos y Estudiantes de nuestra Congregación y sus respectivos Maes­tros[7].

1. Inspiración del Reglamento formativo de Claret

Las últimas palabras del santo han sido interpretadas en la Congregación como que los reglamentos fueron especialmente inspirados por el Señor y la Virgen[8]. Son bastante los testimonios que avalan esta creencia y tradición. He aquí algunos de ellos:

11. En la Historia de la Congregación, el P. Mariano Aguilar dice: AParece que al escribirlo (el Reglamento), la Sma. Virgen le inspiró de una manera especial, como lo hacen sospechar las siguientes palabras que dirigía al P. Xifré en la carta: `[…] por ser esta la voluntad de Dios y de María Sma. Nuestra querida Madre@[9].

21. El P. Clemente Serrat en el Proceso Apostólico de Vic afirmó:

ASiendo yo superior de la Casa Misión de Segovia […]. En 1862 acompañé al V. de Madrid a Gracia (Barcelona) donde presidió la Junta general, a la cual también asistí. A instancia de los Padres de la Congregación el V. se encargó de corregir las Constituciones de la Congregación a tenor de las instrucciones de la S. Congregación de Obispos y Regulares. Posteriormente añadió un capítulo para los aspirantes y estudiantes, movido de inspiración especial de la Ssma. Virgen, según oí del P. Lorenzo Font, sobre el cual no hizo la S. Congregación observación alguna. Según oí referir al P. Xifré, el mismo Papa interesaba al encargado de examinar las Constituciones para su pronta aprobación@[10].

31. Y el P. Lorenzo Font, por su parte, atestiguó, afirmando lo siguiente:

APor relación de algunos Padres que asistieron a los varios capítulos que se celebraron en Vich y Gracia, me consta que el Venerable presidía personalmente aquellas sesiones encaminadas principalmente a tratar de la formación de las primitivas Constituciones del Instituto. El mismo Venerable redactó el Reglamento el noviciado y escolasticado de Nuestro Instituto, habiendo él mismo consignado al principio que la Virgen Sma. le había inspirado que quería que se observase tal como literalmente estaba escrito. Este extremo me consta por haberlo leído en el cuaderno impreso que nos daban a los novicios. Es muy de advertir que este Reglamento al haber sido presentado junto con las Constituciones del Instituto a Roma, mientras éstas sufrieron muchísimas modificaciones, el Reglamento fue aprobado sin reparo ni enmienda alguna@[11].

2. El acompañante en el Aspirantado

            Según el Reglamento los aspirantes (sacerdotes, estudiantes y hermanos) han de ser acogidos en una comunidad de la Congrega­ción, atendidos con cariño por los responsables y ayudados al discerni­miento vocacional. Para ello han de permane­cer en la casa durante 15 días y serán muy obedien­tes al maestro. Éste, personalmente o por medio del Ayudante, les enseñará con amabilidad todo lo conveniente en el orden moral, educativo y material. Se les señala, asimismo, varias ocupacio­nes y tareas para que conozcan la Congregación, conformen su espíritu al espíritu de la misma y consoliden su voluntad con propósitos especiales propios del camino de perfección que van a iniciar. Es­tas son las ocupaciones concretas que se les señala:

“11. Leer y enterar­se bien de las Constituciones y prácti­cas del Instituto. 21. Formar según ellas el espíritu, haciendo ejerci­cios espiri­tuales, y en ellos confesión general desde que entraron en el uso de razón. 31. Redactar y escribir los propósitos conforme a la perfección que requiere el nuevo estado. 41. Ocupar el tiempo que les resta en lo que el Maestro dispusie­re”[12].

            Por último, si durante este tiempo dan esperanzas de ser personas llamadas a la Congregación, iniciarán el año de prueba.

3. El Maestro de novicios

            3.1. Personalidad

            En orden a la formación de los novicios y para poder cumplir su función de guiar, enseñar y regular[13] la vida del noviciado, el Maestro ha de ser para todos *luz, camino, padre, maestro y ejemplar+[14].

            La persona llamada a desempeñar *este importantísimo cargo+ ha de ser un miembro de la Congregación, que reúna y posea *las cualidades de madurez, amabilidad, discreción y conocimientos que para esta función se requieren+[15].

            3.2. Funciones

            En el ejercicio de sus funciones el Maestro ha de tener en cuenta, sobre todo, las siguientes obligaciones:

  • ha de ser hombre devotísimo de Dios y de la Virgen “a fin de alcanzar aquellas luces, que para cumplir bien sus deberes necesita+[16],
  • ha se ser fidelísimo al Superior “obrando siempre con su dependencia, y no autorizando nunca cosa alguna contraria a sus disposiciones o a su voluntad expresa o presunta+[17],
  • y, en relación a los novicios, será Padre, Maestro y Médico (y psicólogo), y cuidará de su salud espiritual y corporal:

*[…] para los cuales ha de ser Padre, mirando mucho por su salud del alma y cuerpo: Maestro, enseñándoles las virtudes con las palabras y el ejemplo: Médico, in­dagando sus dolencias, y prescribiendo los remedios conformes a las enfermedades y temperamentos de cada uno+[18].

            Respecto a la salud espiritual, el Maestro ayudará al novicio a formar su personalidad misionera y le acompañará en su crecimiento vocacional. Le ofrecerá orientaciones formati­vas, le iniciará en la oración y en la vida espiritual, le inculca­rá las actitudes propiamente misioneras y le ayudará a superar las tentaciones[19]. Con el novicio tendrá un contacto personal para conocerle más íntimamente y ayudarle en su vocación:

            *Los que están en el año de prueba le han de merecer mucha atención por motivo de las especiales tentaciones que padecen: escúchelos por tanto con paciencia, aunque sean pueriles o pesados; anímelos y confórtelos, dándoles consejos saludables y prudentes. Cuando vea alguno triste o ensimismado, llámelo al instante, examine la causa, y aplíquele el remedio conveniente+[20].

            En cuanto a la salud corporal, el Maestro se interesará de un modo particular por todo aquello que le pueda afectar, como la comida, el vestido, el trabajo, el modo de estudiar, la pereza o la ociosidad, el tipo de mortificación y la participación en los recreos[21]. En los casos de enfermedad, se informará debida­mente y prescribirá los remedios convenientes a las *enfermedades y temperamentos de cada uno+[22].

            3.3. El ayudante del Maestro

            Para ayudar al Maestro se le asignará un ayudante[23]:

            *Este será elegido del mismo modo, y deberá tener el mismo espíritu y las mismas cualidades que el Maestro+[24].

            Dotado de estas condiciones, trabajará en íntima relación con Maestro y le sustituirá cuando fuere necesa­rio:

            *Sus deberes consisten en sustituir a este, y hacer en su ausencia o defecto cuanto para él mismo se ha dicho; dándole después exacta cuenta de todo lo ocurrido y practicando, y teniendo presente, que, así como si se cumple, el mérito de uno y de otro será grande así también sería grave la responsabilidad si se faltare+[25].

4. El Pedagogo de los estudiantes

            4.1. Personalidad

            El pedagogo de los estudiantes del Inmaculado Corazón de María, “será elegido por el Superior local, por el tiempo que estime conveniente, que ha de procurar que siempre sea uno de los más observantes y virtuosos de la Congregación”[26].

            Será un hombre maduro, con cualidades formativas (amabilidad, con dominio de sí mismo) y con gran respeto por los estudiantes:

            “El Pedagogo de los estudian­tes del Inmaculado Corazón de Ma­ría ha de ser manso, amable, al paso que modesto y grave; nunca se ha de enfadar con ellos, ni les ha de decir palabras imperio­sas, ni motes (…)”[27].

            4.2. Exigencias formativas en la Congregación

            En orden a la virtud, los estudiantes, aunque han de aspirar a estar adornados de todas las virtudes[28], no obstante, buscarán aquellas que tienen una relación directa con el estudio a fin de que el trinomio ciencia-virtud-devoción conserve la justa proporción y armonía en su vida[29]. Así tendrán en cuenta los siguientes criterios:

  • La primera virtud que han de procurar es la humildad de entendi­miento y voluntad:

“…la humildad es la primera virtud que han de procurar adquirir los estudiantes (…)”[30]

“(…) han de empezar por la humildad de en­tendimiento y voluntad; por lo mis­mo desecharán todo pensamiento de vanagloria, soberbia y orgullo; no se complacerán en las funciones que hagan y salgan bien, ni gustarán que los alaben; al momento lo referirán todo a Dios; pensando que de Dios han recibido el talento y cuanto tie­nen, y a El se le ha de volver todo: de otra manera serían unos ladrones de la gloria de Dios; y merecedores de que el Señor les retirara su gra­cia. Jamás despreciarán ni se preferirán a nadie, por más corto que sea; por lo común los más cortos son más humildes y no pocas veces Dios se sirve de ellos para cosas grandes en su Iglesia. Acuérdense siempre de las palabras de Jesús que les dice: Aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón, y así hallaréis descanso para vuestras almas”[31].

  • La segunda, la rectitud de la intención en los estu­dios, para no perder nunca de vista el objeti­vo de la forma­ción:

“(…) la segunda ha de ser la rectitud de la intención que han de tener en los estudios, que a la verdad no debe ser otra mira que el hacerse cada día más y más idóneos para promover siempre la mayor glo­ria de Dios y el bien de las almas; por lo mismo en sus oraciones pe­dirán al Señor que les haga idóneos ministros suyos y poderosos en pa­labras, obras y ejemplos”[32].

  • Y la tercera la aplicación, intensa y equilibra­da, al estudio, acompañada de obediencia y de mortificación:

      “(…) la tercera virtud de los estudiantes ha de ser la aplicación al estudio, y así se aplicarán con tesón, constancia y per­severan­cia, pero de tal manera ha de ser su aplicación a las ciencias que no les haga olvidar las demás vir­tudes, ni les ha de sofocar ni debilitar la piedad y la devoción”[33].

      “La aplicación ha de ir acompañada de la obediencia y de la mortifica­ción. Se ejercita la obediencia estudiando bien lo que señale el Preceptor, aunque se sienta alguna repugnancia, y subirá de punto la obediencia y se aumentará su mérito si en el tiempo libre y en las vacaciones se repasan aquellas materias que una vez se aprendieron, para no olvidarlas y entenderlas mejor”[34].

            4.3. Funciones

            Las funciones del pedagogo están en consonancia con las exigen­cias formativas señaladas para los estudiantes por el P. Fundador. Así, el formador:

  • Promoverá una formación armónica en la piedad y en la adquisición de la ciencia y la virtud (humil­dad, modestia, mortificación de las pasiones y de la volun­tad):

      “Tres cosas ha de cuidar pro­mover en los estudiantes, a saber: La piedad, las virtudes y las ciencias, y todas a la vez. La piedad, cui­dará el Pedagogo que ninguno de los estudiantes falte a los ejercicios espirituales y prácticas de devoción, procurará que todos lo hagan y lo hagan bien, y por esto les enseñará el modo de hacer la oración mental, cómo han de oír la santa Misa y cómo han de recibir los santos Sa­cramentos de penitencia y comunión, no por costumbre ni porque se man­da, sino con amor, fervor y devoción, sacando cada vez más gra­cias de dichos Sacramentos. Cuidando siempre que se guarde un santo equilibrio, pues que a veces hay es­tudiantes que por el estudio aban­donan los Sacramentos y oraciones, o lo hacen mal, con disgusto y como por fuerza; y otros que de tal manera se entregan a la fre­cuencia de sacramentos, oraciones y lecturas piadosas, que no cumplen con el estudio, a estos últimos se les ha de hacer entender que deben cercenar algo de sus devociones a fin de que puedan cumplir bien con sus obligaciones, y que con ellas agra­darán a Dios”[35].

      “El Pedagogo ha de cuidar que los estudiantes además de la devoción ejerciten las virtudes, singularmente la humildad, la modestia, la mortifi­cación de los sentidos, de las pasio­nes y singularmente de la voluntad (…)”[36].

  • Estimulará el estudio, común y personal, y el aprovecha­miento del tiempo:

      “El Pedagogo cuidará que los estudiantes no pierdan misera­ble­mente el tiempo, sino que lo apro­vechen bien (…) La experiencia ha enseñado que los estudiantes, aunque grandes y adelantados en la carrera, aprovechan más si en las horas de estudio se reúnen todos en un cuarto o pieza común, vigilados por el Pedagogo, sin permitir que nadie se mueva has­ta terminado el plazo o tiempo se­ñalado para el estudio (…) ya que no puede salir de la pieza común hasta terminado el tiempo marcado para el estudio”[37].

  • Dará las oportunas orientaciones metodológicas para mejor aprovechar en el estudio:

      “No conviene cargar cada día a los estudiantes de una grande lec­ción en materias difíciles, porque les abruma y cansa mucho; mejor es dar­les una lección regular, dejándoles lugar para tener otra clase de ma­terias fáciles y agradables, como len­guas, ciencias naturales, etc.; así es­tudian con gusto, se cansan menos y aun la misma variación es des­canso, y aprovechan muchísimo”[38].

  • Facilitará la realización de estudios particulares y complementarios, según las cualida­des personales de los formandos:

      *Sin embargo, si algún estudiante tie­ne más talento y memoria que le sobre tiempo después de sabidas y entendidas bien sus respectivas lecciones, que lo diga a quien corresponda y se darán las oportunas disposiciones+[39].

      “Y si alguno es de precoz talento y feliz memoria que sabe y entiende la lección antes que los otros, se le proporcionarán libros y otras clases a fin de apro­vecharle y así se le tendrá útilmente entretenido, (…)+[40].

  • Y cuidará, con muchísimo interés, de la salud de sus encomendados

“Algunos estudiantes se malo­gran por tres causas: 1) Por leer, estudiar o escribir después inmedia­tamente de haber comido o cenado. 2) Por tener el cuerpo muy inclina­do sobre el pecho mientras estudian o escriben. 3) Por estar mucho tiem­po de rodillas. El Pedagogo debe vi­gilar mucho para que el enemigo común no le coja alguno de los estudiantes, que siempre busca los mejores, y así es como los inutiliza y a veces les quita la vida con estas imprudencias”[41].

            4.4. Actitudes y comportamientos

            Para cumplir sus funciones el Pedagogo fomentará algunas actitudes personales adecuadas y tendrán unos comportamientos pedagógicos. Así:

  • Será consciente de la altísima misión que se le ha confiado:

      “El Pedagogo pensará en la excelencia del destino que se le ha confiado, que es no menos que formar virtuosos, sabios e idóneos mi­sioneros ¡Oh, qué premio tan grande se le espera en el cielo si cumple bien! Si el enseñar ignorantes es tan meritorio qué tal será el méri­to que contraerá el Pedagogo que enseñará a los estudiantes de la Con­gregación para que sean buenos para sí e idóneos para salvar las almas de los prójimos?” [42].

  • Dará las lecturas y conferencias necesa­rias:

      “El Pedagogo (…) para adquirir éstas y demás virtudes mucho les servirá la lectura de Ro­dríguez, de Escarameli y otros, y las pláticas que se les han de hacer”[43].

  • Hará con amabilidad las correcciones oportunas:

      “(…) Cuando alguno haga una falta o no sepa la lección por falta de aplicación u otra causa culpable, el Pedagogo le amonestará, y si es menester se le aplicará la penitencia que el Superior tenga por conveniente”[44]

  • Y trabajará en íntima unión y colaboración con el Superior de la comunidad

      “Entre el Superior y el Peda­gogo ha de haber siempre la mayor armonía posible, de modo que el Su­perior pueda hacer toda confianza del Pedagogo y éste sin reserva alguna dirá al Superior todo lo bueno y lo malo de los estudiantes, y con el mismo Superior consultará sobre los medios que juzga prudentes se de­berían poner por obra para quitar algún defecto, adquirir alguna virtud, o adelantar en la piedad y en las ciencias; pero nada alterará sin con­sultar primero”[45].

“El Pedagogo y el Superior juntamente formarán un plan o distribución del tiempo según las clases y ocupaciones de los estudian­tes”[46].



[1] Cf. EC, I, p. 305. Algunos de estos discípulos formaban parte de la Hermandad Apostólica.

[2] El magisterio formativo de Claret se extiende también a otros escritos como L’Egoismo Vinto, Carta al Misionero Teófilo, Pastorales, Orientaciones para los Seminarios de Santiago de Cuba y El Escorial y el Colegial Instruido.

[3] Cf. PGF 110; cf. también, J. M. VIÑAS, Formados en la Fragua del Espíritu y del Corazón de María, Cuadernos de Formación Claretiana, 7; Prefectura General de Formación, Roma 1990, pp. 13-14.

     [4]Cf. Aut 340; 388; CC 77.

    [5] II Capítulo General (1862), AGCMF, AD, 1, 11. Con lo cual se establecía un tiempo de aspirantado para todos los candidatos, previo al año de proba­ción.

    [6] Carta al P. J. Xifré, Madrid, 20-12-1862: EC II, pp. 576-577.

    [7]Cf.A. LARRAONA, Los Capítulos de las Constitu­ciones relativos a los estudiantes y al Prefecto: Studia Claretiana, 1 (1963), pp. 8-41 J. M. LOZANO, CCTT, pp. 271-298; J. M VIÑAS, La Formación del Misionero en la Congregación según el Padre Fundador San Antonio M Claret: Cuadernos de Formación Claretiana, 1, Prefectura General de Formación, Roma 1987, 24 pp; J.M. VIÑAS, La formación de los novicios misioneros según el Padre Fundador, San Antonio M Claret: Cuadernos de Formación Claretiana, 2, Prefectura General de Formación, Roma 1988, 20 pp

      Este Reglamento tuvo tal importancia en la ordenación formativa futura de la Congregación que:

      11. Pasó a formar parte del texto constitu­cional con algunas variantes. De hecho se incluyó como Apéndice en las Constitu­ciones de 1862 (las mismas de 1857 con las variantes introducidas por el Capítulo General de 1862) y así fue enviado a Roma para su aprobación en los primeros meses de 1863. Más tarde, el Apéndice pasó a formar parte del texto constitucio­nal aprobado por un decenio el 25 de diciembre de 1865. Por último, quedó establemente integrado en el texto de las Constitucio­nes cuando fueron éstas aprobadas definitiva­mente el 11 de febrero de 1870 y cuando fueron modificadas en 1924.

      21. Con él, a través de su inclusión en las Constituciones, se pusieron las bases para la organización de la formación académica y la realización de los estudios que se desarrollaron posteriormen­te en la Congregación (cf. P. SCHWEIGER, circular De studiis in Congregatione impense fovendis, Annales, 45 (1959-1960), pp. 155-156; también, Ordo Studiorum Generalis (O.S.G), Romae 1959, Proemium, pp. X-XII).

    [8]Cf.A. LARRAONA, Ib.; B: ARROYO, El Prefecto en nuestros Colegios, en Colegio Claretianos (Castilla), Santo Domingo de la Calzada, tomo IV, n. 18, pp. 437-447.

     [9]Cf. M. AGUILAR, Historia de la Congregación de Misioneros Hijos del I. Corazón de María, tomo I, Barcelona 1901, p. 109.

     [10]PAV. Sesión 55, art. 90

     [11]PAV. Sesión 95, art. 90

    [12]Reglamento para los Aspirantes, Proban­dos,…, J. M. VIÑAS, o.c., 2, nn. 12-14).

    [13] Cf. Ib., n. 1.

    [14] Ib. n. 9.

    [15] Ib. n. 1.

    [16]Ib., n. 2.

    [17] Ib., n. 3. *Si observare a alguno sin vocación o de malas costumbres, sobre lo cual vigilará muchísimo, hágale las reflexiones oportunas, y manifiéstelo al Superior sin pérdida de tiempo. Así mismo le dará también conocimiento con frecuencia del talento, salud y demás cualidades de cada uno; para lo que tendrá de todos ellos formada una lista+ (Ib., n. 8).

    [18]Ib., n. 4.

    [19]*Para el alma: Les hará con espíritu las conferencias ascéticas dirigidas a su aprovechamiento, y se informará de si hacen todos y con puntualidad la meditación, la lectura espiri­tual, las visitas al Smo. y los exámenes. En las recreaciones estará siempre con ellos, les infundirá el desprendimiento de su patria, de sus padres y parientes, el espíritu de la mortificación y la abnegación de sí mismos: nunca permitirá que vayan solos a la portería; ni que tengan amistades particulares: y así para evitarlas, vi­gi­lará mucho, será muy exacto en el silencio, y no disimulará el que alguno entre en el cuarto de otro; disponiendo además que todos los días cambien de compañero en los recreos+ (Ib., n. 6; cf. también, n. 7).

    [20]Ib., n. 7; cf. también, n. 8.

    [21]*Para el cuerpo: Mirará si tienen lo necesario así en el vestido como en la comida; si alguno trabaja demasiado, si en el estudio está con mala posición física, si lo hace en horas prohibidas: si alguno se da a la ociosidad o se deja llevar de la pereza, en fin si sin permiso del Superior se hacen mortificaciones no autorizadas por las Constituciones. Procu­rarà así mismo que nadie falte a los recreos, que para la salud se ordenaren+ (Ib., n. 5).

    [22] Cf. n. 5.

    [23]*(…) mas como esta carga es pesada, podrá tener un auxiliar con el nombre de Ayudante+ (Ib., n. 9).

    [24]Ib., n. 10.

[25] Ib., n. 11.

    [26] J. M. VIÑAS, o.c., 2, n. 179.

[27] Ib., n. 187.

    [28] Cf. Ib., n. 170.

    [29] Cf. Ib., n. 182.

    [30] Ib., n. 171.

[31] Ib., n. 170.

    [32]Ib., n. 171.

    [33] Ib., n. 171; cf. también, n. 182.

    [34] Ib., n. 172; cf. también, n. 173.

    [35] Ib., n. 182.

    [36]Ib., n. 183.

    [37] Ib., n. 184.

    [38]Ib., n. 185.

[39] Ib., n. 172b.

[40] Ib., n. 184.

    [41] Ib., n. 186.

    [42] Ib., n. 181.

    [43] Ib., n. 183.

    [44] Ib., n. 187.

    [45]Ib., n. 180.

[46] Ib., n.184.

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