Capítulo II: El Prefecto de Postulantes

            La figura del prefecto de postulantes se ha ido formando y delineando a través de los distintos Reglamentos elaborados en la Congregación por los Superiores Generales y el sector formativo de la misma. Aunque el P. Fundador no habló explícitamente de él, pues en su tiempo no había postulantes en la Congregación, no obstante su configuración se ido equiparando a la figura del prefecto de estudiantes salvando siempre las diferencias de etapas[1].

1. P. José Xifré

             1º. P. Xifré, siguiendo la sugerencia del P. Fundador y contando ya con la realidad de algunos niños y adolescen­tes aspiran­tes que habían sido admitidos en la casa de Barbastro, escri­bió en 1876 un primer Reglamento especial para la admisión de individuos en clase de aspirantes en las Residen­cias de nuestra Congregación[2]. En él, además de autorizar a los Superiores para que en sus respec­ti­vas casas pudiesen admitir niños, desarrolla una Regla de vida para los candidatos que forma un pequeño código formativo: tiempo de descanso, oración y vida espiritual, estudio y servicios comunitarios y domésti­cos.

            Como formador habrá un Padre de la comunidad, nombrado por el Superior, con cualidades proporcionadas a su función, que se encargará del grupo de postulan­tes. Dos criterios pedagógicos deberá tener en cuenta: la gradualidad y proporcionar al candidato el conoci­miento de la Congregación, tanto teórico como práctico a través de la vida comunita­ria. Por eso:

            “se les dirigirá media hora meditación acomodada a su edad (…) Habrá también, por la noche, otra conferencia sobre la segunda parte de las Constitu­ciones, que asimismo deberán aprender de memoria, haciendo, el encarga­do, alguna explicación sobre las mismas”[3].

            2º. Posteriormente, el mismo P. Xifré, siguiendo las orientacio­nes del V Capítulo General,[4] redactó otro Reglamento para los Colegios de nuestra Congregación, que incluyó en la 2 edición del Espíritu de la Congrega­ción del año 1892[5].

            Respecto al prefecto, aun­que no tiene ningún apartado o capítulo dedica­do tanto al superior como al prefecto, se habla de sus funciones a lo largo de todo el reglamento. En particular, se le pide una vez más la gradualidad dando las ins­truc­cio­nes de modo que sea todo propor­cionado a su condición y edad y que fomente la piedad, el respeto y amor a la Congrega­ción­:

            “Tanto en la parte científica como en todo lo demás, foméntese siempre el espíritu de piedad, respeto y amor a la Congregación, aun en las explicaciones y preguntas sobre las mismas ciencias”[6].

            3º. Un nuevo Reglamento para los Colegios de Postulan­tes redactó el P. Xifré en 1894 el cual recoge, amplía y desarro­lla los anteriores reglamentos, aunque no incluye ningún Plan de estudios[7]. Es un verdadero tratado de pedago­gía exclu­si­vamente para esta etapa formativa y fruto de la experiencia congrega­cio­nal[8]. Este reglamento tendrá gran importancia pues servirá de base para reglamen­tos poste­rio­res.

            Los prefectoss deben concentrar sus esfuerzos en que los postulantes alcancen el objetivo formativo de esta etapa; o sea, que:

            “éstos consigan el conveniente desarrollo corporal, y se instruyan en todos los conocimientos que la Congregación para aquella edad tiene establecido, y sobre todo para que se les eduque y forme su corazón en el espíritu de piedad, de celo y abnegación que corresponde a la carrera de Misionero, a la cual han sido llamados”[9].

            Hay referencias a los deberes del P. Superior y artículos especialmente dedicados a los formadores (PP. Prefectos, Profesores y Coadjuto­res); todo ello para describir con claridad sus respecti­vas funciones y delimitar bien sus competencias. Y para coordi­nar, revisar y estimular la formación se habla de las Juntas mensuales que, como su nombre indica, se reunirán una vez al mes, después del capítulo local. Así:

            a) El Prefecto, para desempeñar adecuadamente su función, además de cumplir con fidelidad el reglamento, debe orar mucho, particularmente al Corazón de María:

            “Ore, pues, mucho el Prefecto a fin de conseguir del cielo, y particu­larmente del Corazón Inmaculado de nuestra Madre, el don especialísimo de formar aquellos tiernos corazones para Dios y para nuestra Congrega­ción”[10].

            La más importante función del Prefecto de postulantes es formar bien su corazón para el ejercicio de las virtudes:

            “El tercero y ciertamente el más importante de los deberes del Rdo. P. Prefecto para con los Postulantes, es formar bien su corazón. De nada serviría un Postulante, por más dotes naturales que tuviera, si careciese de la virtud necesaria al minis­terio apostólico a que ha sido llamado”[11].

            El Prefecto orienta la formación integral de los postulan­tes[12]. Debe cuidar de la salud corporal de sus encomendados y especialmente debe ser más solícito para los mismos si alguno llegara a enfermar. Debe estar atento, junto con los demás formadores, al estudio y al aprovechamiento científico de los postulantes. Ha de procurar con mucho esmero que se formen, ya desde su admisión en el Colegio, en el espíritu de la verdadera y sólida piedad. Ha de instruirles en la doctrina cristiana, en la vida moral y sacramental, en la vocación religiosa y en las exigencias que ella comporta, y en urbanidad. Y debe vigilar, por sí o por otros, la marcha del centro formativo y el comporta­miento de los candidatos en los distintos momentos de su vida.

            La pedagogía ha de ser gradual. La meditación y plática de los domingos y fiestas ha de ser acomodado todo a sus necesida­des y capacidad. Más aún, el Prefecto debe desarrollar una pedagogía personalizada y adaptada a cada uno de los postulan­tes. Ha de inculcarles siempre que obren por conciencia, por amor y temor de Dios, y no por miedo o respeto humano. Y ha de conversar periódicamente con cada uno de ellos[13].

            b) Los PP. Coadjutores o Auxiliares han de formar equipo con el Prefecto, trabajando todos ellos en unidad de sentimientos y de acción. Y así han de vivir en armonía con él, han de tener con él un mismo sentir y querer respecto a la marcha del Colegio y han de ver “en todo una misma cosa con el Rdo. P. Prefecto, para conseguir que haya la unidad de acción y completa armonía”[14].

            c) Los Profesores, además de la cualificación y la prepara­ción académica, han ser muy espirituales. Deben fomentar siempre y en todo el espíritu de piedad, el respeto y el amor a la Congregación y han de ser sumamente comprensivos con los más necesitados a los cuales han de ayudar con verdadero celo y paciencia.

2. PP. Clemente Serrat y Martín Alsina

            Con el paso del tiempo, la nuevas exigencias de los centros y de la pedagogía, las sugerencias de los formadores y las indicacio­nes de los Capítulos Generales, el reglamento se fue actualizando progresivamente.

            1º. El nuevo Reglamento para los Colegios de Postulantes fue editado en tiempos del P. Clemente Serrat el año 1900[15] y, para su elaboración, se tuvo en cuenta:

            “11. El reglamento de 1894 con las reformas introducidas por su Rma. posteriormente; 21. Las disposiciones tomadas en los Capítulos generales de Madrid, Cervera y Santo Domingo; y 31. Los informes de los Rdos. Padres Prefectos de nuestros Colegios y otros Rdos. Padres de reconocida ilustración”[16].

            Este reglamento conserva los aspectos formativos fundamenta­les del anterior del P. Xifré que, como dijimos, serviría de base para los reglamentos posteriores. Introduce bastantes cambios en su organización interna, desarro­lla más ampliamente algunos puntos y añade, como novedad, unas Instruc­ciones para el traslado de los postulantes al Noviciado y varios apéndices[17].

            a) Respecto a los formadores (prefectos, profesores y coadjutores), además de las funciones que les son propias, desarro­lla más explícitamen­te las funciones de los Superiores. A éstos, entre otras cosas, se les señalan dos muy importantes:

            “Procuren […] que no carezcan los Prefectos y Profeso­res de los libros necesarios para el buen desempeño de su cometido […]. Finalmente se les recuerda […] sobre la prohibición absoluta de encomendar predicaciones fuera de casa a los Rdos. PP. Prefectos y aun en la propia iglesia, si han de distraerles de su fin principal que el cuidado de los postulantes. Lo mismo en su tanto decimos de los PP. Profesores, a los cuales tampoco se deben encomendar predicaciones dentro ni fuera de casa, cuando redunden en detrimento, o sea de la explicación de las respecti­vas asignaturas, que es su cargo princi­pal”[18].

            b) A los prefectos se les insiste en el contacto periódico con los postulantes[19]. Introduce algunos criterios pedagógicos para la corrección fraterna de los postulantes. La corrección ha de fundarse en la justicia, ha de ser equitativa, discreta en tiempo y oportunidad, proporciona­da a la edad y condiciones psíquicas y espirituales del postulante, gradual en su aplicación y fundada en la caridad[20]. Y pide a los Prefectos que, al corregir, además de pedir con humildad y fervor los auxilios necesarios para ejercer esta delicada función, se revistan:

            “de entrañas de caridad para con sus amados Postulantes; de esa caridad que aborrece el pecado y ama al pecador,..”[21].

            21. En tiempos del P. Alsina, el 1907, se hace otra edición (la tercera) del Reglamento para los Colegios de Postulan­tes[22]. Tanto los principios como las orientaciones formativas coinciden fundamentalmente con los anteriores reglamentos.

            Conviene destacar lo que dice de los superiores y profeso­res; éstos, cuando tengan que avisar o corregir a los postulan­tes, han de ser equitativos, moderados y movidos sólo por el celo santo y pacífico. No deben abatirlos ni entriste­cerlos poniendo en crisis su vocación. Se deben convencer de que,

“más frutos obtendrán con la persuasión y la suavidad, que con medidas de rigor, y háganse cargo de la debilidad del niño, a la cual y no a la malicia hay que atribuir casi todos sus defectos. Con gran acopio de paciencia y manse­dumbre… se remediarán los males con más efica­cia”[23].

            Los horarios, comunes para todos los centros de postulan­tes a fin de favorecer el orden de los mismos, se flexibilizan en su aplicación. La realidad impone esta apertura. Por eso, los superiores quedan autorizados para que, con causa razonable y oído el parecer de los prefectos, puedan variar las horas en determinados días[24].

            31. Los reglamentos anteriores, aunque hacen indicaciones formativas dirigidas a los postulantes, no tienen referencias directas a ellos como estamento educativo. Para completar el marco educati­vo, aparece en tiempos del P. Alsina el Espejo del Postulante, especie de directorio o reglamento dirigido a los pequeños seminaristas de la Congregación[25]. Los postulantes, según este reglamento, han de mantener una relación personal, abierta y sincera, con el P. Prefecto[26].

3. P. Nicolás García

            Vale la pena comenzar con un precioso texto del P. Nicolás que expresa claramente su pensamiento sobre lo que es y debe ser el formador. Un texto que se puede aplicar a los formadores de todas las etapas:

            “Permitidme una palabra especial para vosotros (formadores). Quien dirige las almas es el Espíritu Santo. Él es quien forma en la esencia del alma la imagen de Jesucristo, que es toda la perfección. Él es el que da a nuestras facultades la virtud de la fe, de la esperanza y de la caridad. El Espíritu Santo infunde las virtudes morales sobrena­turales y ayuda con su gracia en las adquiridas. Él es el que mueve todo ese organismo espiritual y hace que actúe el hombre como hijo de Dios. Eso es verdad; pero también es cierto que el Espíritu Santo, de ordinario se vale para esa obra maestra de nuestra cooperación, y que el Director, Superior, Prefecto, Maestro, Confesor, Profesor, pueden ayudar a esa grande obra o estorbarla. La responsabilidad es graví­sima. San Juan de la Cruz se lamenta de que muchas almas no llegan a la perfección, o porque no tienen Director, o porque éste estorba la obra del Espíritu Santo. Por eso quieren los Santos que para Director se escoja uno entre mil. En la Congregación, el Director lo elige el Superior Mayor, lo mismo que el Confesor ordina­rio. No puede ser de otro modo, porque la Iglesia, y Dios por ella, exige una perfección especial en su Clero y en su Religión. Tienen grande responsabilidad los Directores. De su actuación depende el bien y el mal de la Congregación. De la perfección de los Ministros de Dios depende ordinariamente el fruto de los Sagrados Ministerios. La gloria de Dios, el bien de las almas y de la Congregación, y consi­guientemente nuestra perfección y aun salvación, están en que cumplamos bien nuestros deberes de Directores. Esos deberes están expresos en las reglas de cada oficio. Con el oficio de Provincial, de Superior, de Ministro, de Maestro, de Prefecto, de Profesor, de Confesor, etc., está la declara­ción del deber respectivo, que se aclara más en el Codex y en las Circulares y tradiciones de la Congregación. Si los cumplimos, tendremos una Congregación modelo; si no los cumpli­mos, la Congregación no irá bien; pero Dios nos exigirá cuentas severísimas”[27].

            11. Durante el Postulantado es importante ir formando a los futuros misioneros con una formación eficiente, completa y consistente con capacidad para afrontar las dificulta­des del futuro:

            “En el Postulantado deben ponerse las bases o fundamentos generales, que son el temor de Dios, la piedad, sobre todo hacia la Virgen María, la disciplina o respeto y la labo­rio­sidad[28].

            El prefecto ha de basar la formación espiritual en el santo temor de Dios, el cual ha de ser filial y no servil. El temor de Dios es un punto de partida para que el postulante se convierta totalmente a la nueva vida, rompa con el pecado y busque la perfección y la fidelidad en todo:

            “Los Prefectos han de trabajar con tesón en fomentar el santo temor en los Postulantes, no sólo en las conferen­cias, o en las conversaciones privadas, infundiéndo­les un santo temor de toda culpa y haciéndoles ejercer actos de presencia de Dios. Este temor ha de ser filial y no servil, mirando más al amor de Dios que la pena, y por eso fomenten la piedad en esos jóvenes, más particularmente la devoción a María, que es lo que les mantendrá alejados del pecado y unidos a Dios”[29].

            Junto al santo temor de Dios, los prefectos han de habituar a los postulantes, mediante la disciplina y la abnegación, a renunciar a sí mismos y a ser dóciles para prepararse a superar las dificultades de la obedien­cia y a la vida comunitaria:

            “Para ser Misionero se necesita de una abnegación grandí­sima; es, pues, preciso ir acostumbrando a los jóvenes Postulan­tes a la disciplina… Sobre este punto llamamos la atención de cuantos intervienen en la formación de estos jóvenes. Si no hay más unidad de acción entre Superiores, Prefectos, Profesores y Confesores, y todos unánimes no tratan de imbuir ese espíritu de docilidad, será muy difícil, por no decir imposible, que nuestras Comunidades lleguen al tipo de perfec­ción, en orden a obediencia y caridad, que exige nuestro Padre Fundador en las Santas Constituciones”[30].

            Por último, los prefectos han de fomentar la piedad. Ésta ha de ser cultivada como condición necesaria al postulan­te para perseverar en la virtud, particu­larmente en la virtud de la castidad. Ha de ir formándose en una sólida piedad para con Dios, el Corazón de María, el P. Fundador y los santos compatro­nos de la Congrega­ción; una piedad que se manifieste en la vida sacramental y, también, en el respeto a todos los Superiores:

            “El joven necesita de una gran piedad para perseverar en la virtud, sobre todo para guardar la castidad, y más particularmente, en la Congregación necesita de una devoción sincera, entusiasta y práctica al Corazón de María. Los Prefectos han de ejercitar mucho a los jóvenes en estas prácticas, cuidando de que frecuenten los obsequios a María y visitas a Jesús Sacramenta­do; de este modo mantendrán la pureza y virtud en sus Postulantados.”[31].

4. P. Peter Schweiger

            1º. El formador ha de fomentar una formación personalizada. Para el P. Schweiger no basta una primera selección vocacional. La vocaciones a nuestra Congregación, una vez acogidas, han de ser “cultivadas y formadas con solícito cuidado”[32]. El P. General, aunque no da ninguna norma de forma­ción al respecto y sigue la tradición congregacional de acogida vocacional, subraya unos criterios pedagógicos.

            Los talentos y las dotes de las personas de los postulantes son la mayor riqueza de la Congregación. Se han de desarro­llar desde los primeros momentos de la formación de una manera armónica y evitando toda dicotomía formativa:

            “…la educación y la formación del candidato a la vida religiosa no puede hacerse por partes o secciones, de modo que primero se cultiven las virtudes naturales y luego las sobrenatu­rales; pues la formación es una evolución orgánica de los valores del hombre, que es espontánea, gradual y armónica”[33].

            Los talentos bien cultivados serán de gran provecho para la Congregación y para su misión apostóli­ca[34]. Para ello, la formación ha de ser persona­li­zada al máximo evitando el gregarismo. El prefecto ha de atender a cada postulante según su modo de ser, sus dotes y sus capacida­des personales:

“Y no siendo la vida religiosa sino una imitación de Cristo hecho norma y forma de vida, los jóvenes candidatos ya desde los comienzos deben ser iniciados en esta nueva forma de vida mediante las oportunas instruccio­nes y ejercicios acomodados a su condición y capacidad”[35].

           

            2º. El centro formativo debe ser como la segunda familia del postulante. El prefecto ha de suscitar un ambiente familiar que haga atrayente y agradable la convivencia y la estancia en la Congregación:

            “Esta brisa familiar es necesario que se deje sentir principalmente sobre los que del mundo vienen a la Congregación, de modo que cuando se acercan a nosotros, especialmente a los niños y jóvenes postulantes, espontáneamente les recuerde el Bonum est nos hic esse: bueno es estarnos aquí”[36].

            3º. Por último, en El Manual del Seminarista Claretia­no (1962)[37], actualización del antiguo Espejo del Postulante, hablando de los superiores afirma que el prefecto es el superior inmediato de los seminaris­tas y, por lo mismo, el responsable de su formación. Los seminaristas verán en él al representante de Dios y le manifestarán perfecta obediencia. Rogarán por él, hablaran bien de él y le defenderán siempre que sea necesario. Aceptarán sus correcciones con sumisión y amor[38].



[1] El CIA declara que todo lo que se dice del prefecto de estudiantes en su correspondiente capítulo (De scholastichorum praefecto, cap. XXVI) se ha de aplicar,  guardando la justa proporciió, al prefecto de postulantes (“Praefectis quoque Postulatium, servato proportione, applicantur” , CIA 1925, 459; 1940, 474; 1953, 375). Cf. también Disposiciones,1900,n.100;1905,n.145.

    [2] J. XIFRÉ, Reglamento especial para la admisión de individuos en clase de aspirantes en las Residencias de nuestra Congregación, Thuir, 17 de enero de 1876: documento autógrafo en AGCMF, CF, 08, 01, 15b. Fue publicado por el P. Juan Postíus en la revista Iris de Paz, enero 1929, n. 1645, pp. 7-8.

    [3] J. XIFRÉ, Reglamento especial…, pp. 2-3.

    [4] El V Capítulo General (Madrid 1888) determinó la separación y reorganización de los centros formativos, quedando como centros de postulantes Barbastro, Segovia y Alagón. Asimismo, vio la necesidad de un reglamento especial para postulan­tes y acordó las bases para elaborarlo: “Síguese de aquí la ventaja de poder atender a la proyectada reforma del reglamento para postulan­tes, los cuales no conviene que sigan la marcha de los novicios y profesos, así en lo material como en lo espiri­tual. Mas como este proyecto requiere un meditado estudio, en el cual se tengan a la vista datos importantes, el Capítulo acordó nombrar una comisión que redacte las bases de un reglamen­to especial para postulantes” (V CAPITULO GENERAL, sesión de la tarde del 10 de junio: AGCMF, AD, 1, 22).

      Esta comisión debió trabajar durante el Capítulo, pues tres días más tarde, en la sesión de la tarde del 13, se dice: “Asimismo la comisión encargada de las bases para el reglamento de Postulantes presentó al Capítulo su trabajo; y, leídas que fueron, se aprobaron por unanimidad, quedando en tenerlas muy en cuenta luego que, con la instalación del Noviciado y Escolastica­do en el punto conveniente, queden los Colegios con solos los Postulantes” (Ib., sesión de la tarde del 13 de junio: AGCMF, AD, 01, 22).

    [5] “…en conformidad a lo establecido en el Capítulo general celebrado en Madrid el año 1888, y oído el parecer de los Rdos. Padres Consultores generales, y de los Prefectos, Maestros y Profesores de los expresados Colegios, nos hemos decidido a presentaros el siguiente Reglamento y Plan de estudios, esperando de vuestro reconocido celo y amor a la congregación que lo recibiréis con agrado y os prestaréis gustosos a cumplirlo fielmente” (J. XIFRÉ, Reglamento para los Colegios de nuestra Congregación, en Espíritu de la Congregación, E.C., Madrid 1892, pp. 217-229).

    [6] J. XIFRÉ, Reglamento…, 1892, E.C. p. 225.

    [7] J. XIFRÉ, Reglamento para los Colegios de Postulantes del Instituto de Misioneros Hijos del Inmaculado Corazón de María, Madrid 1894, AGCMF: 11, 4, 22, op. 100, pp.29.

    [8] “…hemos orado, hemos observado y hemos oído el parecer de muchos de nuestros hermanos para que nada faltase al presente reglamento, según la idea y el plan que para la debida marcha de dichos Colegios nos habíamos trazado” (J. XIFRÉ, Reglamento…, 1894, Introduc­ción, p. 3).

    [9] J. XIFRÉ, Reglamento…, 1894, cap. 31, p. 9.

    [10] J. XIFRÉ, Reglamento…, 1894, cap. 31, art. 31, p. 16.

    [11] J. XIFRÉ, Ib., p. 16.

    [12] A través de estos documentos se va delineando la figura tradicional del formador claretiano. Hablando de la relación de los profesores con los postulantes, el reglamento dice: “Una vez salidos de ellas (de las clases), quedan de nuevo (los postulan­tes) bajo la inmediata inspección y cuidado del Rdo. P. Prefec­to” (J. XIFRÉ, Ib., p. 16).

    [13]J. XIFRE, Reglamento…, 1894, cap. 31, art. 31, n. 3, p. 20. Este contacto personal, que en la Congregación ha llegado hasta la dirección espiritual, ha sido una práctica tradicional entre nosotros, como se verá en el Capítulo VI.

    [14] Cf. J. XIFRÉ, Reglamento…, 1894, cap. 31, art. 51, pp. 24-25.

    [15] CMF, Reglamento para los Colegios de Postulantes del Instituto de Misioneros Hijos del Inmaculado Corazón de María, Santo Domingo de la Calzada 1900, pp. 60.

    [16] CMF, Reglamento…, 1900, p. 4.

    [17] Los apéndices son formularios que tratan de las bases de admi­sión, del interrogatorio prescrito para los candidatos y de algunas cartas prescritas en el proceso de admisión (cf. CMF, Reglamento…, 1900, pp. 47-60).

    [18] CMF, Reglamento…, 1900, cap. 31, art. 21, III, pp. 25-26.

    [19] CMF, Reglamento…, 1900, cap. 31, art. 31, III, p. 33.

    [20] Cf. CMF, Reglamento…, 1900, cap. 31, art. 31, V, pp. 36-37.

    [21] CMF, Reglamento…, 1900, cap. 31, art. 31, V, pp. 37-38.

    [22] CMF, Reglamento para los Colegios de Postulantes del Instituto de Misioneros Hijos del Inmaculado Corazón de María, Aranda de Duero 1907, pp. 48.

    [23] CMF. Reglamento…, 1907, p. 19.

    [24] CMF, Reglamento…, 1907, p. 32.

    [25] CMF, Espejo del Postulante o sea Directorio para los Postulantes del Colegio de Vich, pp. 32. No tiene nombre de autor ni lugar ni fecha de publicación. Por otras fuentes se sabe que fue escrito por el P. Ribera estando en Vich para los postulantes de aquel centro (cf. J. M. BERENGUERAS, Vida del P. Ribera, Barcelona 1950, p. 109). De la correspondencia del P. Ribera se deduce que lo escribió en los primeros meses de 1907 (AGCMF, GR, 03, 02, 40; GR, 03, 02, 31). Se hicieron varias ediciones (1917, 1937) y traducciones a diferentes lenguas. En 1962 se publicó una adaptación actualizada con el nombre de Manual del Seminarista Claretia­no (CMF. Prefectura General de Formación, Roma 1962, pp. 183).

    [26] CMF, Espejo del Postulante…, Cáp. 21, n. 6, pp. 7-8.

    [27] N. GARCÍA, circular sobre La formación Religiosa, Misionera y Claretiana, (FRMC), Anales, 39 (1947), pp. 65-119; cita en pp. 125-126.

    [28] N. GARCIA, La formación…, CLCC, p. 552

    [29] N. GARCIA, circular sobre la Formación de nuestros estudian­tes, Anales, 28 (1932), pp. 225-224, CLCC, pp. 513-533; cita en ColCC, p. 525; cf. también la circulas sobre La formación Religiosa, Misionera y Claretiana, (FRMC), Anales, 39 (1947), pp. 65-119; cita en p. 111.

    [30] N. GARCIA, Formación…, ColCC, pp. 526-527.

    [31] N. GARCIA, Formación…, ColCC, p. 626; cf., también, N. GARCIA, FRMC, p. 111.

    [32] P. SCHWEIGER, circular De vocationibus coop­tandis, seligendis, colendis et de dono propiae vocationis aestimando, Annales, 43 (1955), pp. 155-176; cita en p. 163. Las citas hacen referencia a Annales y los textos, en español, están tomando de la traducción que se publicó en la Crónica de la Provincia Claretiana de Castilla, 155 (1955), pp. 167-175 y 156 (1956), pp. 199-207.

    [33] P. SCHWEIGER, De vocationibus…, IV, 2, p. 165.

    [34] Cf. P. SCHWEIGER, De vocationibus…, IV, 1, pp. 164-165.

    [35] P. SCHWEIGER, De vocationibus…, IV, 3, p. 166.

    [36] P. SCHWEIGER, De vocationibus…, IV, 1, p. 164.

    [37] PREFECTURA GENERAL DE FORMACIÓN, Manual del Seminarista Claretiano, Madrid 1962, pp. 183.

    [38] Cf. Ib., pp. 17-18, n. 2-6.

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