Capítulo III: El Maestro de Novicios

            Durante el Noviciado los novicios se han de formar en el espíritu de la Congrega­ción y han de fundamentar sólidamente su vida misionera. Sin quitar nada a la acción del Espíritu Santo y a la responsabilidad personal, condición primaria e indispensa­ble para toda formación personalizada, los novicios cuentan con la ayuda de un Maestro, el cual, con sus enseñanzas y su testimonio de vida, les ha de animar, alentar y orientar a la consecución de los objetivos formativos.

1. Cualidades del maestro

           11. El Maestro ha de ser una persona plenamente capacitada para cumplir de una manera adecuada su función. Por lo mismo, el Superior Mayor con su Consejo designará para desempeñar este importantísimo cargo:

            “a aquel individuo de la Congregación, que reúna y posea las cualidades de madurez, amabilidad, discreción y conocimientos que para esto se requieren”[1].

            21. A lo largo de la tradición congregacional, ya desde el P. Fundador, la figura del Maestro ha conserva­do unos rasgos característicos constantes de gran valor pedagógi­co. Al Maestro se le pide:

  • Madurez personal tanto humana como espiritual. Madurez capaz de crear en el Noviciado un ambiente positivo y equilibra­do, sereno y tranquilo.
  • Amabilidad cargada de afecto y comprensión para suscitar y establecer relaciones satisfactorias con las personas y la comunidad especialmente necesaria en un año de prueba y experien­cia.
  • Discreción humana, y sobre todo espiritual, para el discernimiento vocacional.
  • Y conocimientos para las instrucciones y orientaciones que han de dar tanto a nivel comunitario y personal[2].

2. Actitudes y comportamientos

            Más en concreto, las cualidades del Maestro se manifesta­rán en las siguientes actitudes y comportamientos:

            11. El Maestro estará dotado de una profunda espirituali­dad, será un hombre de Dios y muy devoto de la Virgen María. La experiencia de Dios y de María le es fundamental para poder desempeñar adecuadamente su misión formativa, para el dircerni­miento, es decir “para poder conseguir aquellas luces que le son indispensables para cumplir debidamente su oficio”[3].

            21. Como hombre de Congregación, será muy fiel al Superior con quien mantendrá una perfecta unidad de criterio[4]. Cada dos meses le informará sobre el talento, genio, salud y demás cualidades de cada uno y tratará con él los casos de vocación dudosa[5]:

            “Vean, pues, el Superior y el Maestro de novicios cómo se portan éstos en las humillaciones, en los recreos, cuáles sean su temperamento e inclinaciones; en la inteligencia de que todos aquellos que no ofrezcan garantías de sumisión, de piedad y perseverancia, por más que no se les hayan notado defectos graves, si después de reiterados avisos no se observa en ellos un cambio notablemente favorable, se les persuadirá con suavidad y buenas formas que, sin duda, Dios nuestro señor no los llama al estado de Misioneros; y así, que se vuelvan al siglo, cuidando de ser buenos cristianos”[6].

            Asimismo, dará cuenta al Provincial, al Gobierno Provincial o al Superior General cada dos meses, y principalmente cuanto hagan las visitas, sobre el tema de las expulsiones de los novicios[7].

            31. El Maestro ha de ser, sobre todo, testimonio de vida misionera. Para los novicios ha de ser Maestro, Modelo, Luz y Camino a los que ha de enseñar las virtudes “de palabra y con el ejemplo”[8]. Será, además, para ellos un Padre y un Médico que ha de cuidar atentamente de su salud espiritual y corporal[9]. Estará lo más cercano posible de los novicios de tal manera que “en los recreos siempre estará con ellos”[10]. Y para fomentar la presencia formativa no se comprometerá con ningún otro tipo de apostolado que le impida su misión:

            “De ninguna manera es lícito, ni lo consiente el Gobierno de la Congregación, destinar a los Maestros de las Casas en que hay Noviciados o Colegios para predicaciones o ejercicios fuera de la misma Casa; mas en casos apurados, podrán encargar a los referidos alguna plática o sermón que deba tener lugar en la Casa propia, mas no novenas ni largas predicaciones; y aun en estos casos, consultando, si es posible, al Gobierno de la Congregación. Los indicados Maestros deben abstenerse también del Confesionario”[11].

3. Funciones y deberes

            11. Respecto a la salud espiritual el Maestro ayudará a forjar la personalidad misionera del novicio y le acompañará en su crecimiento vocacional.

            a) De una manera global, el Maestro estimulará a los novicios en la formación de su carácter:

            “El estar en posesión de un tal carácter es para el Misionero poseer el mayor tesoro, es poseer la verdadera libertad moral, es conseguir la mayor independencia racional, es la más firme paz del espíritu, es la mayor perfección de la personalidad del Misionero, es ser apto para hacerse todo para todos, a fin de ganar a todo el mundo para Jesucris­to, conforme lo hacía el Apóstol )No vale, pues, la pena de que todos trabajemos para formarnos este carácter?”[12].

            b) El carácter hay que formarlo. No es un fruto espontáneo de la naturaleza, ni es una cualidad heredada por nacimiento. Su formación ha de ser el resultado de una acción perseverante por parte de todos. )Cómo conseguiremos un carácter firme, noble y levantado, cual conviene al Misionero Hijo del Inmaculado Corazón de María?

            “Los constitutivos del carácter son verdades y acciones, de conformidad con las verdades”[13].

            En primer lugar, se ha de procurar tener altos ideales, ideas levantadas, principios superiores, motivos elevados, pues el carácter recibe su dignidad del motivo impulsor:

            “Las verdades del orden moral y las acciones morales formarán el carácter moral. Las verdades o principios religiosos y las acciones conformes con tales principios, formarán el carácter religioso; y lo mismo diremos del carácter apostólico, del carácter social y demás… Si éste (motivo) fuera el interés material, formaría un carácter vil y rastrero; si fuera la vanidad, haría risible y ridículo; si la envidia, despreciable; pero si el móvil es la caridad, hará un santo; si la gloria divina, hará un héroe de la santidad”[14].

            En segundo lugar, hay que adquirir un carácter firme, constante y estable. Éste se consigue con la aceptación libre, voluntaria y continua de un orden y una disciplina, y con la fidelidad de cada uno a los deberes de cada día. En esta fidelidad cotidiana se cumple la sentencia evangélica de que el que es fiel en lo poco lo será también en lo mucho.

            “[…] hay que adquirir la firmeza de carácter; y ésta la conseguiremos con la sujeción continua y volunta­ria a la ley, al orden y a la disciplina. La fidelidad a los deberes cotidia­nos de cada uno, según su respectiva posición social, es lo que forma al hombre de carácter… Un Reglamento doméstico cumplido con toda regularidad, un horario diurno y nocturno seguido con exactitud, es una insupera­ble escuela de firmeza de carácter, es una cantera de donde con el tiempo se puede extraer un carácter berroqueño”[15].

            Y, en tercer lugar, por la motivación. El amor a Jesucristo es la fuente de motivaciones y fuerzas impulsoras hacia la acción:

            “Y si queremos una fórmula tomada de las mismas Santas Constituciones, ésta es: Propter Jesum Christum. Por amor a Jesucristo; éste es el pensamiento, éste el móvil necesario a la formación de un carácter noble y levantado, obedezcan todos en todas las cosas”, ésta es la acción, complemento necesario para formarse el carácter”[16].

            c) La formación de carácter incluye un principio y dos dimensiones:

  • El principio formativo para la formación del carácter sería en síntesis: nada contra la obediencia, todo, según ella:“desde el comer y descansar, hasta el trabajar y el orar; así los estudios como los ministerios, todo regulado por la obediencia y hecho todo en su debido lugar, tiempo y modo y por amor a Jesucristo”[17]. Ya desde el Noviciado es necesario iniciar este proceso de formación, que debe continuar a lo largo de todo el período formativo:

      “(Ojalá que desde el Noviciado se practicase la dicha fórmula! (Ojalá que en los años siguentes a la Profesión no se aflojase en esa práctica! El ejercicio continuado formaría el hábito, formaría el carácter, y esta sería la mayor seguridad de un próspero porvenir individual y corporativo. Trabajemos todos en ello, carísimos Padres y Hermanos; sin embargo, de un modo especial se ha de trabajar para conseguir lo dicho en los Noviciados y Colegios. Allí está e1 terreno propio para que el germen de la vocación religiosa y apostólica se arraigue, se desarrolle y se perfeccione, y se forme el buen carác­ter”[18].

  • La primera dimensión es formar el carácter como dirección constante en el modo de obrar. Supone un querer eficaz, una voluntad consecuente, una fisionomía moral constante y una identidad personal invariable. El Maestro ha de formar a los novicios, misione­ros de carácter, dueños de sí mismos y de las circunstancias para realizar la vocación misionera en todo lugar, tiempo y ocasión:

      “…uno de los principales cuidados de cuantos en la Congregación se ocupan en la formación de sus individuos, ha de ser formarles Misione­ros de carácter; es decir, Misioneros dueños de sí mismos y de las circunstancias para conseguir los tres fines de nuestra Voca­ción: glorificar a Dios, santificarse a sí mismo y salvar a los prójimos en todo lugar, tiempo y ocasión”[19].

El Misio­ne­ro sin el carácter bien formado es un hombre inmaduro, sujeto a los cambios de humor, sometido a las veleidades de las circuns­tancias e influenciado por las personas que le rodean:

      “…examinemos qué es un Misionero sin carácter bien formado, Y veremos que es un hombre juguete de todas las aprensiones, un esclavo de sus sensaciones, un perpetuo niño, que ríe o llora, se alegra o se duele, se levanta o se abate, según sean las impresiones de las circunstancias que le rodean y de las personas con quienes alterna. Nada se puede fiar de tales individuos”[20].

  • La segunda es formar el carácter como conjunto de cualidades de la persona en consonancia con las exigencias de la vocación:

      “De la relación y dependencia del carácter del Misionero con los fines de la Congregación, nos dan idea clara las Santas Constitu­ciones, cuando prescriben al Provincial que averigüe cuál sea el carácter de los que pretenden ingresar en la Congregación; y más aún si cabe cuando dicen que sería malo y pernicioso a la Congregación el admitir en su seno a los de mal carácter”[21].

Al carácter impropio para la vida de Misionero, al mal carácter, se debe, con frecuencia, el abandono de la perfección que se ha profesado, el desorden y el malestar en una Comunidad, la desedificación y el escándalo en el ejercicio del santo Ministe­rio y la pérdida de la vocación. Por eso, importa mucho conocer los caracteres de aquellos que desean ingresar en la Congregación para hacer un buen discernimiento[22].

            21. El Maestro seguirá de cerca el proceso de iniciación en la vida espiritual viendo “si todos hacen con la debida diligencia la meditación, la lectura espiritual, la visita al santísimo Sacramento y en el examen de conciencia”[23]; y les enseñará “el modo práctico de hacer bien la oración vocal y la meditación”[24]. Les aprobará la frecuencia de recibir la comunión[25], las devociones particula­res[26] y las penitencias[27]. Les inculcará algunos comportamien­tos comunita­rios, como el silencio, el recogimiento[28] y la correc­ción fraterna[29]; y algu­nas actitudes misioneras como el des­pren­dimiento de los padres y parientes, y el espíritu de mortifica­ción y la abnegación de sí mismos[30]. Distribuirá los cargos y responsabilidades del Noviciado[31] y animará a los novicos a la aceptación alegre de los oficios humildes[32].

            31. Les orientará en la lectura espiritual personal[33] y en el estudio[34]. Les instruirá, “con verdadero fervor de espíri­tu”, mediante pláticas y conferencias[35]. Un criterio pedagógico a tener en cuenta en la instrucción que el Maestro ha de dar a los novicios es la claridad y la precisión en las exposiciones y en los contenidos de las mismas. A los novicios se les ha de informar con toda exactitud de las exigencias de la vida religiosa y de sus consecuencias, presentes y futuras. No se les debe ocultar nada: las dificulta­des con que se van a encontrar, los sacrificios que han de sufrir, las cruces que han de soportar, para que los acepten con paciencia y alegría. Ellos han de saber y conocer el alcance de su decisión a la hora de pedir la profesión en la Congregación. Es una condición indispensable para que opten por la vida misionera con espontaneidad y libertad:

“El Maestro ha de poner empeño sumo en instruir debidamente a los novicios; debe darles ideas claras y precisas del estado que deben abrazar. No se les debe ocultar la parte difícil de la vida religiosa; es necesario que vean todo el sacrificio que van a hacer, para que lo elijan espontáneamente o se retiren”[36].

            4º. Para que conozcan la naturaleza real de la Congregación, en donde se van a incorporar de por vida, el Maestro ha de explicar con claridad que es una Congregación misionera que exige un alto grado de oración y de vida espiritual, y una entrega total a la misión apostólica. Exigencias que se han de vivir en unidad de vida ya desde el Noviciado.

            “El Maestro de Novicios debe explicar bien el carácter de la Congregación: vida mixta, o sea de contemplación, y mucha oración, la cual es indispensable y no se puede dejar; y de mucha acción, mucho trabajo para los Hermanos, mucho estudio los Estudiantes, mucho ministerio los Padres. El que carezca de ese espíritu no es bueno para la Congregación”[37].

            El Maestro ha de clarificar todas las veces que sea necesario, las condiciones de admisión, lo que supone la obediencia, las exigencias de la caridad fraterna, etc.

            “Explique el Maestro de Novicios una y otra vez la condición con que son recibidos en la Congregación (Const., I parte, capítulo XVIII, n. 76, 4); que no se llamen a engaño; que deben estar en el lugar, en el cargo u oficio donde les ponga la obediencia; pero contentos y por toda vida. Si no tienen o adquieren ese espíritu, no pueden ser Hijos del Corazón de María… Explique el Maestro la caridad con que deben tratarse… No se deje llevar el Maestro de falsa compasión. Puede ser esa compasión una enorme crueldad con la Congregación”[38].

            51. El Maestro estará disponible para escuchar y dialogar personalmente con todos los novicios y tendrá un cuidado especial con los más necesitados:

  • En primer lugar, con los que se encuentran al comienzo del año de probación, sobre todo por las tentaciones que sufren en los primeros meses; los tratará con paciencia, los alentará y los confirmará en la vocación “con saludables y discretos consejos”[39].
  • En segundo lugar, con los “tristes y meditabundos”, a los que llamará para orientarlos y ayudarlos con el conveniente remedio[40].
  • Y en tercer lugar, con los que no tienen vocación o manifiestan malas costumbres; con éstos deberá dialogar para aclarar la situación y la expondrá al Superior para ver lo que más conviene hacer[41].

            61. En cuanto a la salud corporal, el Maestro se interesará de un modo particular por todo aquello que le pueda afectar como la comida, el vestido, el trabajo, el modo de estudiar, la pereza o la ociosidad, el tipo de mortificación y la participación en los recreos[42]. Tendrá un cuidado especial por mejorar las condiciones higiénicas del Noviciado para “la conservación y mejoramiento de la salud”[43]. En los casos de enfermedad, se informará debidamente y prescribirá los remedios convenientes a las “dolencias y temperamento de cada uno”[44].

4. EL Coadjutor

            Se le dará un ayudante o Coadjutor, el cual, aerá elegido también por el Gobierno Provincial. Conviene que tenga el mismo espíritu y las mismas dotes que el Maestro[45] y observará en cuanto sea posible lo establecido para el Auxiliar del Prefecto de Estudiantes en el Reglamento de Postulantes[46].

            Su deber ordinario será cuidar del orden exterior del Noviciado y la ayuda material de los novicios. Podrá dar algunas conferencias sobre el orden doméstico y urbanidad. Será muy fiel al Maestro y no se prestará a recibir la cuenta de conciencia de los novicios, si no es cuando le sustituya por enfermedad o ausencia[47].



    [1] CC. 1870. n. 69; cf. también, CC. 1924, I Parte, 90; N. GARCÍA, circular sobre La espiritualidad Misionera o Claretia­na, Annales, 35 (1939), pp. 49-108; ColCC., pp. 85-155; cita en ColCC, p. 107.

    [2] El XIV Capítulo General (Albano 1938), insistirá en la necesidad de la formación y actualización de los Maestros para poder cumplir su misión con competencia (cf. Annales, 34 (1938), p. 54).

    [3] CC. 1870, n. 70: CC. 1924, I Parte, n. 91.

    [4] Cf. CC. 1870, nn. 71: CC. 1924, I Parte, 92. En este mismo sentido; cf. también XII Capítulo General (Vich, 1922), Anales, 19 (1921-1922), p. 957, n. 91.

    [5] Cf. CC. 1870, n. 76: CC. 1924, I Parte, 97.

[6] V Capítulo General, Actas, AGCMF: AD, 1, 22, ses. 4).

    [7] Cf. VI Capítulo General Extr., (Cervera, 1895) Anales 5 (1895-1896), Apéndice, ses. 12. En esta misma línea, cf. también Disposiciones generales, 1905, n. 118; 1912, n. 106; XII Capítulo General p. 957, n. 91.

    [8] Cf. CC. 1870, nn. 72, 77; CC. 1924, I Parte, nn. 93, 98.

    [9] Cf. CC. 1870, n. 72: CC. 1924, I Parte, n. 93.

    [10] Cf. CC. 1872, n. 74: CC. 1924, I Parte, n. 95.

    [11] J. XIFRÉ, circular de 3 de julio de 1887, Boletín Religioso, Tomo IV, p. 364; colección de circulares del P. Xifré, en E.C., p. 174.

    [12] M. ALSINA, circular sobre La formación del carácter, Anales, 17 (1919-1920), pp. 161-166; ColCC, pp. 507-513; cita en p. 510.

    [13] M. ALSINA, ColCC, p. 511.

    [14] Ib., ColCC, p. 511.

    [15] Ib., ColCC, pp. 511-512.

    [16] Ib., ColCC, p. 512.

    [17] Ib., ColCC, p. 512.

    [18] Ib., ColCC, p. 512.

    [19] Ib., ColCC, p. 509.

    [20] Ib., ColCC, pp. 510-511.

    [21] Ib., ColCC, p. 509.

    [22] “Para ser buen Misionero, es mal carácter el carácter egoísta, el arrogante. el vengativo, el iracundo, el desconfiado, el voluble, el atolondrado, el huraño, el suspicaz, el desdeñoso, el burlón, el fingido… Todos los cuales serán más o menos perjudiciales, según que influyan más o menos en la vida ordinaria del Misionero. Y ya que hemos señalado algunos caracteres malos y perjudiciales para el Misionero y para la vida de Comunidad, bueno será indicar también cuáles son los caracte­res buenos que todos debemos procurar. El Misionero, para ser de provecho para sí y para los que vivan con él y para aquellos a quienes sea enviado a ejercer los sagrados Ministerios, debe ser de carácter generoso, afable, sufrido, sincero, reflexivo, formal, bondadoso, constante, ecuánime, compasivo, indulgente, social…” (Ib., ColCC, pp. 509-510).

    [23] CC. 1872, n. 74; 1924, I Parte, n. 95.

    [24] M. ALSINA, circular sobre La Oración, 3-5-1914: Anales, 14 (1913-1914), pp. 477-483; ColCC, pp. 668-675; cita en ColCC, p. 675.

    [25] Cf. R. RIBERA, El Novicio Instruido, Madrid 1931, pp. 479; referencia en pp. 161-162. Respecto al método de oir la Misa, cf. ib., p. 113.

    [26] Cf. [VALLIER], Prácticas Espirituales para uso de los novicios de la Congregación de los Hijos del Inmaculado Corazón de María por disposición del Rmo. P. José Xifré, Superior General de la Congregación, Madrid 1888, pp. 271; cita en pp. 93, 123-124.

    [27] Cf. CC. 1870, n. 73; 1924, I Parte, 94; [VALLIER], Prácticas Espirituales…, p. 133; R. RIBERA, El Novicio…, pp. 352-356.

    [28] Cf. CC. 1870, n. 74; 1924, I Parte, 95; R. RIBERA, El Novicio…, p. 360.

    [29] Cf. [VALLIER], Prácticas Espiritua­les…, pp. 105-109; R. RIBERA, El Novi­cio…, p. 256.

    [30] Cf. CC. 1870, n. 74; 1924, I Parte, n. 95. A propósito del provincialismo y nacionalismo, defectos opuestos a las virtudes misioneras, dice el V Capítulo General: “Cumple, por tanto, a esta Asamblea llamar la atención de todos hacia un mal, fuente de tantos otros, y tratar de extirparlo de raíz. Al efecto, encarga a los PP. Maestros y a todos los Superiores que pongan especialísimo cuidado en infundir de palabra y con el ejemplo en todos sus encomendados el espíritu de humildad y desprendimien­to, de abnegación y de caridad apostólica; que con celo prudente vigilen, corrijan y no permitan que entre nosotros reine tal calamidad…”(V Capítulo General, ses. 3).

    [31] Cf. R. RIBERA, El Novi­cio…, pp. 404-411.

    [32] Cf. [VALLIER], Prácticas Espiritua­les…, p. 110.

    [33] Cf. R. RIBERA, El Novi­cio…, pp. 138-139.

    [34] Cf. [VALLIER], Prácticas Espiritua­les…, pp. 156-162; R. RIBERA, El Novi­cio…, p. 373.

    [35] Cf. CC. 1870, n. 74; 1924, I Parte, n. 95; [VALLIER], Prácticas Espiritua­les…, pp. 95-101; R. RIBERA, El Novi­cio…, p. 125-127.

      Sobre el contenido de las conferencias, en las Disposiciones Generales, 1912, n. 105, se pide que se tenga en cuenta lo prescrito al respecto por la Santa Sede el 27 de agosto de 1910 (cf. Anales, 12 (1909-1910), pp. 683-684).

    [36] N. GARCIA, Circular sobre la formación…, ColCC, p. 527; cf., también, R. RIBERA, El Novi­cio…, pp. 125-127.

    [37] N. GARCIA, FRMC, pp. 112-113.

    [38] N. GARCIA, FRMC, pp. 112-113. En esta dirección se insiste en que el Maestro explique con claridad el sentido de los nn. 56-61 de la primera parte de las Constituciones (1970) sobre la aceptación de cargos y oficios humildes y la posibilidad de los estudiantes de pasar a la categoría de hermanos (cf. Disposiciones Generales, 1905, n. 117; 1912, n. 104; XII Capítulo General, p. 957, n. 90; Disposiciones generales, 1928, n. 115)).

    [39] CC. 1870, n. 75; 1924, I Parte, n. 96.

    [40] Cf. Ib.

    [41] Cf. CC. 1870, n. 76; 1924, I Parte, n. 97. Sobre los casos dudosos, cf. VI Capítulo General, ses. 12; Disposicio­nes generales, 1900, n. 85; 1905, n. 116.

    [42] CC. 1870, n. 73; 1924, I Parte, n. 96.

    [43] Cf. VII Capítulo General (Santo Domingo de la Calzada, 1896), ses 7. Hace referencia esta sesión al VI Capítulo General que trató muy a fondo el tema de la higiene y de la salud en nuestros centros de formación (cf. ses 14).

    [44] CC. 1870, n. 72; 1924, I Parte, N. 95.

    [45] CC. 1870, n. 78; 1924, I Parte, N. 99.

[46] Cf. Disposiciones Generales, 1900, n. 87; 1905, n. 119.

  [47] Cf. Disposiciones Generales, 1905, n. 120; 1912, n. 107; 1928, nn. 116-117.

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