Capítulo VI: El Prefecto y el Acompañamento Personal

            En este capítulo tratamos del acompañamiento personal en un sentido estricto y en la línea de la formación personalizada. Nos referimos a la atención personal del formando por parte del prefecto, la cual implica de una manera especial la dirección espiritual y el diálogo personal formativo.

                                                             I. P. FUNDADOR

 1. Experiencia personal

             La experiencia personal del P. Fundador fue muy rica y variada[1]. Nuestro Fundador recorrió las sendas que el Señor quiso para él pidiendo ayudas puntuales[2] o regulares[3] a personas experi­men­tadas espi­ri­tual­mente que le ayudaron en el discernimiento de la voluntad de Dios. Les confiaba el estado de su conciencia[4], contaba con su aprobación[5] y les obedecía[6]. Él mismo advierte cómo en momentos muy críticos de su vida Dios se valió de algunas personas para aconsejarle y dirigirle[7]. Recuerda, como espe­cial­men­te significati­vo, el que tuvo con el P. Amigó[8] que contribu­yó a que se desper­ta­ra en él el fervor de la piedad y devoción, a *abrir los ojos+ y a conocer los peligros por donde había pasado[9]. En carta al P. Xifré (6 marzo 1863) le expresa su deseo de que se dé cuenta de conciencia a los directores espirituales para evitar desercio­nes y vencer las tentaciones[10].

2. Orientaciones para los seminaristas

            Para el P. Fundador hay, en espiritualidad, una gran concordancia sobre la necesidad de tener un buen di­rector espiritual. Así lo atestiguas el Antiguo y Nuevo Testamento, los maestros de la vida espiritual y tantos libros y tratados como se han escrito sobre esta materia.

            No basta con tener un confesor que perdonen los pecados. Los seminaristas necesitan también un maestro que les enseñe el camino de la vir­tud; un guía, un Moisés, para conducirlos a la tierra que Dios les ha prometido; un piloto que les descubra los escollos de la vida; y un acompañante para luchar y superar las fla­quezas espirituales que les agobian.

            En particular los que co­mienzan a servir a Dios han de tener gran cuidado en descubrir a su director todo lo que les pasa. Los santos, iluminados por el Espíritu y con gran expe­riencia en los caminos de Dios, han practicado la dirección espiritual. Y lo mismo muchas per­sonas virtuosas. El que obra por sí mismo se expone a grandes riesgos, y, por lo común, cae en grandes faltas; mientras que la paz de la conciencia, el progreso en la virtud y el alivio de las penas, el espíritu de discreción, el mérito y las bendiciones compañeras de la obediencia, son siempre los frutos de la docilidad en dejarse condu­cir por el director[11].

                                        II. TRADICION CONGREGACIONAL

 1. Importancia de la dirección espiritual

            El P. Xifré, al hablar a todos los misioneros de los obstáculos para la santificación propia, resalta que el abandono de la dirección espiritual es uno de ellos y estimula a que se lleve a la práctica con sinceridad y apertura de corazón[12]. Y siguiendo una prescripción del IV Capítulo General (1876), insiste en que ningún misionero deje de escribir a los superiores dos o tres veces al año dándole cuenta de su salud corporal y espiritual[13].

            Las Constituciones habían estableci­do que en el día de retiro cada uno daría cuenta al confesor y al superior de su aprovechamiento o atraso en la vida espiri­tual[14]. Sobre el alcance que tenía la cuenta de conciencia prescrita por las Constituciones y que se ha de dar a los superiores, el VI Capítulo General (1895) advierte que es una regla, no preceptiva, sino orientativa; la palabra sponte indica este sentido de libertad. Sin embargo, dadas las consecuencias negativas que se siguen cuando no se practica y los efectos positivos que se producen en las personas que la cumplen, el Capítulo “no puede menos de recomendar vivísimamente esa bendita práctica”[15]. Este tema volvió a salir en el VIII Capítu­lo General (1899), aclarándose que “para facilitar su cumplimien­to, ni los Superiores, ni los Ministros, ni los Prefectos, ni Maestros podrán revelar a nadie cosa alguna que hubiesen sabido sólo, pura y exclusivamente por la dicha cuenta de conciencia recibida de sus respectivos súbditos”[16].

            Las Constituciones de 1924, conservando el texto de las anteriores sobre la cuenta de conciencia que en el día de retiro cada uno debería dar al confesor y al superior[17], puso el límite quedando salvo el canon 530, el cual prohibía a los superiores inducir a los súbditos a dar la cuenta de conciencia con ellos. Nuestro CIA siguió el mismo criterio, y salvando el secreto y la libertad personal según las Constituciones y el Derecho, la recomienda en gran manera y motiva a todos a abrir sus corazones a los superiores para exponerles con confianza sus dudas y preocupaciones[18].

2. Postulantado

            En los primeros Reglamentos del P. Xifré (1876 y 1892), no se dice nada explícitamente sobre el acompañamiento personal. En el Reglamento de 1894 se habla ampliamente del Prefecto y se le pide que converse periódicamente con cada uno de los postulantes; ade­más de las instrucciones que deben dar al grupo sobre algunos temas específicos, ha de ofrecerles instruc­ciones personales según las necesidades y condiciones de cada uno:

“Para estas instrucciones particulares procurará que, a lo menos una vez al mes, todos por turno vayan a su habita­ción, informán­dose muy por menudo de todo cuanto les ocurra y les convenga, según sus necesidades y temperamentos”[19].

            En el Reglamento del P. Clemente Serrat del año 1900, se insiste a los Prefectos en que mantengan el contacto periódico con los postulantes para que éstos den cuenta de su estado corporal y espiritual, describiendo con mayor precisión y desarrollando con más amplitud el contenido de dicho relación personal. Los Prefectos han de procurar,

“que, a los menos una vez al mes, vayan a su habitación los Postulantes para dar cuenta de su estado corporal y espiri­tual, y se informen al pormenor de todo cuanto les ocurra y convenga, según su índole y temperamento; y muy particu­larmente averigüen cómo se portan dichos jóvenes en la oración y demás prácticas u obras ordinarias”[20].

            En esta misma línea se expresa el Reglamento de 1907[21], y el Espejo del Postulante publicados en tiempos del P. Alsina. En éste se pide que los postulantes tengan una relación personal abierta y sincera con el P. Prefec­to, su inmediato superior. En consecuencia:

“Le visitarán con frecuencia en su celda, dándole cuenta de su estado de salud y de lo que para conservarla necesiten; de su aprovechamiento en los estudios y de las dificultades con que tropiecen; pero sobre todo le tendrán su corazón abierto, manifestándole con franqueza todo lo bueno y lo malo de su propia alma, y oyendo con docilidad sus consejos, amonestaciones y correcciones. Esta claridad de conciencia será para los Postulan­tes una de las mejores garantías de su perseve­rancia en la Congregación”[22].

            Por último, en El Manual del Seminarista Claretia­no (1962), especial­mente pone de relieve el acompañamiento personal. Refiriéndose al prefecto y a la dirección espiritual, invita a los seminaristas a que tengan con él diálogos personales con frecuencia, le abran el corazón y le escuchen con docilidad. En estas conversaciones le darán cuenta del estado de salud y de lo que necesitan para conservarla; del aprovechamiento en los estudios y de las dificultades que tienen[23]. La claridad de conciencia con el formador será para los postulantes una de las mejores garantías de su perseverancia en la Congregación.

3. Noviciado

            El P. Maestro es la persona que la Congregación ha puesto a disposición de los novicios para la dirección espiritual y la cuenta de conciencia[24]. Por lo tanto, estará disponible para escuchales y resolver las dudas que tuviesen[25].

            11. Después del II Capítulo General el P. Xifré publicó a fines de septiembre del 1862, documento titulado Máximas importantísimas en todo tiempo y para todos los Misioneros, pero con más especialidad para los que están en el año de proba­ción[26]. Es un breve documento de 10 máximas sobre las actitu­des que el probando debe cultivar durante el Noviciado (confian­za, humildad, alegría, etc.) y sus relaciones con los Superiores y el Director.

            Hablando de la dirección espiritual, le dice que:

*Tendrá por máxima imprescindible el manifestar todo su interior al Director y al Superior, a quienes descubrirá todas sus inclinaciones, efectuándolo según el modo y fórmula estableci­da al efecto+[27].

. En las tentaciones, angustias y en los momentos de tristeza, además de luchar contra ellas y de orar, es imprescindible y necesario acudir al director espiritual o al superior[28].

            2º. En las Prácticas espiritua­les, se aconseja que los novicios, a semejanza de los Apóstoles (Mat., 13, 36-40), dialoguen con el Maestro, le pregunten en común y en privado para ser iluminados y orientados en su vida personal:

“(…) el buen discípulo preguntará a su Maestro en las conferencias de Comunidad, si el Maestro da lugar a ello, y si no, en conversación privada; (…) Por ningún camino alumbra más ciertamente Dios en esta providencia ordinaria, que por medio de las preguntas hechas a los Superiores, Directores y Maestros”[29].

            31. En El Novicio Instruido, como punto de partida, se afirma que la dirección espiritual no es obligatoria[30].

            No obstante, está sumamente recomendada por la Iglesia, por el P. Funda­dor[31] y por la Congregación como un medio eficacísimo para superar las dificultades en el camino vocacional y para estimular la propia santificación[32].

            En El Novicio Instruido se ofrece, incluso, un método práctico para llevar el diálogo con el Maestro, donde se indican las actitudes que hay que suscitar y los puntos a desarrollar; puntos que abarcan toda la personalidad del novicio de una manera dinámica:

“Antes de dar cuenta (de conciencia), hará una visita al Santísimo Sacramento, pidiendo a Jesús la gracia: 1.E, de conocerse bien a sí mismo; 2.E, de saberse manifestar bien al Padre, y 3.E, de ser dócil a sus consejos. Después avivará la fe de que el Padre es verdadero representante de Dios, y le dará cuenta de estos puntos: (…)”[33].

            Como frecuencia de la cuenta espiritual, normalmente, y de una manera general, se aconseja cada mes en el día de retiro. No obstante, la tradición congregacional en nuestros centros formativos es de cada semana en nuestros noviciados y, al menos, cada quince días en los escolasticados[34].

4. Misioneros en formación

            Dentro de la ayuda personal, ocupa un lugar muy importante el diálogo personal con el formador y la dirección espiritual. Ambos han sido reiteradamente aconsejados por el magisterio congregacional.

            El prefecto, como hemos dicho[35], era la persona destinada al cuidado inmediato de los Estudiantes, normalmente residentes en un colegio. El ministro, en cambio, era el formador (y superior) para los hermanos coadjutores tanto durante los años de votos temporales como perpetuos. El prefecto era la persona que ofrecía la Congregación para la dirección espiritual[36]. En la Congregación ha sido tradicional que el Prefecto fuera también el director espiritual de los estudiantes.

            4.1. Tradición congregacional

            Desde el punto de vista formativo, con las salvedades de libertad y secreto que siempre han expresado las Constitucio­nes y Capítulos, se fue consolidando en la práctica y de una manera constante la figura tradicional del Prefecto o del Ministro como director espiritual de los estudiantes y de los hermanos respectivamente[37].

            De hecho, dos razones han favorecido esta línea de actua­ción. En primer lugar, la exigencia de una formación personal expresada en nuestras orientaciones formativas y legislativas. Y, en segundo lugar, la exigencia de dar, como mínimo, la cuenta disciplinar a los Superiores o encargados.

            Las Constituciones piden al Prefecto un conocimiento personal del estado de salud, las afecciones y las necesidades de cada uno[38]. Para lo cual es necesario un contacto personal periódico. Nuestra legislación desarrolla esta línea formativa diciendo que para completar la formación personal de los Estudiantes, que el Prefecto ha de promover, se debe procurar que éstos pasen por su habitación frecuentemente, por lo menos una vez al mes, y confiera con ellos paternalmente[39].

            Insistiendo en la ayuda personal, los formadores, dice el P. Nicolás, han de tener con los misioneros en formación, además de las instrucciones comunitarias, contactos personales. Es necesario que hablen y conversen con cierta frecuencia con los dirigidos (los formandos) en la intimidad y que graben en sus conciencias los grandes principios de la vida espiritual:

“un rato de conversación, cuando el Director es un hombre de pensamien­tos elevados, un alma superior de grandes horizontes, hace un efecto en el dirigido que le deja huella imborrable”[40].

            Más aún. El P. Nicolás, hablando de la estructura y dinámica del Año de Perfección[41], afirma que el prefecto de los PP. jóvenes, en general, tendrá las mismas obligaciones que el prefecto de los estudiantes y, en particular, la de “recibir la cuenta de conciencia”[42]. Y entre los medios para aprovechar este tiempo formativo aconseja la dirección espiritual con el formador:

“Toda recomendación será poca para inclinar el ánimo del que quiera hacer con perfección y provecho este año al trato frecuente con el P. Prefecto, Director de su conciencia, pues es el Maestro y guía que les ha de conducir en su ascensión a Dios; sin ese trato con el Director, no aprovecharán gran cosa, aunque empleen otros medios”[43].

            La cuenta de conciencia que recomienda y aconseja el P. Nicolás es distinta de la cuenta disciplinar que es obligatoria y han de darla al formador cada quince días o, al menos una vez al un mes[44]

            El XV Capítulo General, preocupado por el abandono de la dirección espiritual, trató el tema de la cuenta de conciencia y de la cuenta disciplinar[45].

            La cuenta de conciencia es uno de los medios más importantes para la formación de los nuestros y para conseguir la perfección religiosa. Hay que atenerse, dice el Capítulo, a lo que ya ha legislado la Iglesia (canon 530). Aunque no puede exigirse, debe recomendarse insistentemente y del modo más eficaz como medio indispensable de perfección. Por lo mismo, tanto los superiores como los demás encargados han de considerar como un deber primordial el facilitar por todos los medios su práctica.

            La cuenta disciplinar, que se ha de dar al Superior o al encargado, se puede exigir siempre que se crea conveniente. De una manera especial, se debe exigir a los hermanos según las Constituciones[46], a los estudiantes y a los padres jóvenes en período de formación[47].

            4.2. Período posconciliar

        El XVII Capítulo General (1967), al tratar el tema del prefecto y sus funciones de director espiritual y maestro de espíritu, dio algunas orientaciones[48]. Como principio general, se han de tener en cuenta las normas de la Iglesia, que la Congregación hace suyas. Más en concreto:

        1º. Urgencia. Se ha de urgir la práctica la dirección espiritual según la norma de la Iglesia. Los Superiores han de dar a conocer la mente de la Iglesia acerca de la dirección espiritual y se han de informar discretamente si cada formando la practica.

        2º. El Prefecto. El prefecto desempeña entre nosotros como por derecho propio la función de director espiritual. Debe ser escogido con diligencia especial y ha de estar dotado de tales características naturales y sobrenaturales y de tanta doctrina dogmática y ascética que pueda exhortar y conducir los alumnos a la perfección con su ejemplo y doctrina. Así:

  • La función del director espiritual se limita exclusivamente al foro interno, y no podrá llevar al foro externo nada si no es con licencia expresa del alumno dada por escrito.
  • Nuestro prefecto no podrá revelar nada de lo que sepa exclusivamente por el foro interno. Pero dado que tiene también encomendado el foro externo, puede ser interrogado y debe informar, e incluso podrá votar con ocasión de profesiones y ordenaciones, siempre que haga referencia a dicho foro externo.

        3º. Libertad. Para que se dé en esta materia a los estudiantes la debida libertad, aunque sin perjuicio de la dirección única, el Prefecto podrá ser ayudado y completado por un director espiritual en sentido restringido. Y aunque los documentos de la Iglesia suponen que la dirección espiritual es cosa diversa de la confesión y que el Prefecto no puede ser confesor ordinario, nada impide que uno de los confesores sea director espiritual en sentido restringido. Si algún alumno pide un confesor o director de espíritu especial y se ve que lo necesita, el Superior lo conceda fácilmente.

        4º. Criterios concordados.Es indispensable que los superiores reúnan a los prefectos, directores espirituales y confesores (externos e internos) de vez en cuando para cambiar opiniones y coordinar criterios de actuación, especialmente en materia de vocación, discernimiento, aprobaciones, etc. El director espiritual debe conocer de tal manera a los alumnos que pueda emitir un juicio cierto en el foro interno acerca de su vocación: es decir, si pueden o no hacer la profesión perpetua y recibir las órdenes sagradas.

        5º. Periodicidad. Para la dirección espiritual se pueden establecer coloquios periódicos. La Congregación de Seminarios estima necesario y suficiente un coloquio mensual por turno.

5. El Plan General de Formación

            En el PGF se recogen toda nuestra tradición congregacional y las orientaciones de la Iglesia, y se dan las últimas orientaciones para que se actúen en la Congregación. Presentaremos a continuación los textos principales sobre el acompañamiento personal y la dirección espiritual de un modo orgánico.

            11. La dirección espiritual. Entre las diversas formas de realización del acompañamiento personal, la dirección espiritual es la modalidad más recomendada por la Igle­sia[49] y, como hemos visto, por la Congregación. La Congregación ha visto en ella un medio excelente para discernir la voluntad de Dios, para mantenerse en el fervor y perseverar hasta el fin[50]. La reco­mien­da a los misioneros en general[51] y a los formandos en particu­lar[52].

            Para la dirección espiritual, como hemos visto, en nuestra tradición el prefecto y el maestro de novicios son las personas que la Congregación ofrece a cada formando para la dirección espiritual, dejando a salvo la libertad del mismo a optar y hacer reconocer por los superiores otra persona idónea para este acompañamien­to[53]. Cuando se elija a otra persona prefiérase, como criterio, a un claretiano[54].

            21. Diálogos formativos. Otra modalidad de acompañamiento personal son los diálogos frecuentes con el prefecto[55]. Esta forma de acompañamiento siempre se ha de tener, aun cuando el director espiritual sea otra persona distinta del formador[56].

            31. Misioneros Hermanos. La formación, tanto inicial como permanente de los hermanos, se rige por las orientaciones del PGF[57]. No obstante, siguiendo las directrices de nuestros documentos congregacionales, se subrayan algunas más específicas para ellos[58]. En cualquier modalidad formativa, el misionero hermano tendrá siempre un formador que lo acompañará personalmen­te en el crecimiento y en la maduración de su vocación[59].

            4º. Etapas formativas. El PGF señala la naturaleza del acompañamiento personal y la dirección espiritual en las distintas etapas formativas y en los varios momentos importantes del itinerario formativo:

  • En la pastoral vocacional se pide que se hagan propuestas vocacionales ex­plícitas por medio de contac­tos persona­les, especial­mente en las con­versacio­nes, en la confe­sión y la dirección espi­ritual[60].
  • En el discernimiento vocacional siempre será necesario realizar un segui­miento y acompañamiento indivi­dual de los candidatos. Hay que acompañar personalmente para clarificar la vocación mediante una relación más asidua con el candidato[61].
  • La acogida vocacional tiene entre otros objetivos el de iniciar al candidato en la dirección espiritual[62], y continuar y profundi­zar el acompañamiento personal iniciado en la etapa anterior[63].
  • A la hora de organizar el postulantado fuera de nuestras comunida­des, se ha de garanti­zar, sobre todo, la guía de un claretiano exper­to[64] con el que se tengan frecuentes entrevistas de acompaña­miento espi­ritual.
  • Al Maestro se le exige la de acompañar personal­men­te a cada novicio, orientándolo de manera personali­zada y la de discernir y comprobar la vocación de los novi­cios[65].
  • Entre los dinamismos formativos principales para los misioneros en formación se insiste en el acompaña­miento perso­nal[66]. Para promover la integración de todos los aspectos en una etapa caracteri­zada por la multiplicidad y diversidad de elementos, además de la dirección espiritual, se hace imprescin­dible un diálogo personal y frecuente con el forma­dor[67] y el acompañamiento de la comunidad[68].

            5º. Urgencia especial. El diálogo personal con el formador adquiere mayor urgencia en los momentos de dificultad y debe programarse convenientemente cuando se ha de solicitar y preparar la renovación de la profesión, la profesión perpetua y la ordenación[69]. El acompañamiento personal, dada su importancia en orden al discerni­mien­to vocacional, será para los superiores y formadores un criterio prioritario de orienta­ción, especial­mente en los momentos de admisión a la profesión y a la ordenación[70].



    [1] Síntesis tomada del PGF 187.

    [2] Cf. Aut 69; 121.

    [3] Cf. Aut 85-90.

    [4] Cf. Aut 757‑779; 796‑801.

    [5] Cf. Aut 86-87.

    [6] Cf. Aut 81-82; 101.

    [7] Cf. Aut 85.

    [8] Cf. Aut 69.

    [9] Cf. Aut 70.

    [10]EC II, p. 636.

[11] Cf. CI, t. I, sección 2ª. XXXIV.

    [12] J. XIFRE, E.C. p. 47.

[13] Circular sobre la cuenta semestral de conciencia, 7 de junio de 1886, Boletín Religioso, t. I, p. 409; también en E.C., II parte, pp. 144-145. La prescripción del Capítulo fue en la ses. 5 (AGCMF, AD, 01, 15, p. 8); se renovó en el V Capítulo General, ses. 3 (AGCMF, AD, 01, 22, p. 8).

    [14] Cf. CC. 1870, II, n. 41. Es la llamada cuenta de conciencia. El cumplimiento de la regla 41 la efectuaba cada uno con los respectivos superiores según la sección correspondiente: la comunidad formada con los Superiores, los estudiantes con el Prefecto, los hermanos con el Ministro y los novicios con el Maestro. Sobre el sentido del Superior en las diversas secciones (J. XIFRÉ, circular sobre La Vigilancia, Anales, 5 (1895-1896), pp. 373-385. ColCC., pp. 834-843; referencia en p. 836).

    [15] VI Capítulo General, ses. 5, Apéndice, p. 12.

    [16] VIII Capítulo General, ses. 3, Apéndice, p. 9.

    [17] Cf. CC. 1870, II, n. 41. Es la llamada cuenta de conciencia.

    [18] Cf. CIA, 1925, n. 562, 1, 2; 1940, n. 502, 1, 2; 1953, n. 500,1, 2.

    [19]J. XIFRÉ, Reglamento…, 1894, cap. 31, art. 31, n. 3, p. 20.

    [20] CMF, Reglamento…, 1900, cap. 31, art. 31, III, p. 33.

    [21] CMF, Reglamento…. , 1907, cap. 31, art. 31, III, p. 27.

    [22] CMF, Espejo del Postulante…, cap. 21, n. 6, pp. 7-8.

    [23] Cf. Ib., p. 18, n. 6.

[24] Cf. PGF 190.

    [25] Cf. [VALLIER], Prácticas Espiritua­les, pp. 148-149; R. RIBERA, El Novi­cio…, p. 175-181.

    [26] Cf. J. M. LOZANO, CCTT, pp. 647-648.

[27] (Ib., n. 5, p. 648.

    [28]*En sus apuros, tentaciones, tristezas o agovios (sic) nunca se descubrirá a otro que al Directos espiritual o al Superior+ (Ib., n. 8).

      *Jamás se dejará vencer por la tristeza, y si alguna vez se halla sorprendido de ella, recurrirá a la oración; mas si no se serena con ella, se descubrirá al Superior, manifestándole la causa cualquiera que sea, aunque procediese del mismo Superior+ (Ib., n. 6).

    [29] [P. VALLIER], Prácticas espirituales…, pp. 98-99.

    [30]”la cuenta espiritual no es obligatoria en con­ciencia. Ni la Santa Iglesia (c. 530), ni la Congregación (Ord., 562), quieren obligarnos a ella; pero la Iglesia y la Congregaci6n en los mismos lugares citados exhortan encarecidamente a no prescindir de un medio tan eficaz para la perfección como practicado ordinariamente por los Santos” R. RIBERA, El Novicio.., pp. 175-176.

    [31] “[…] nuestro santo Padre la en­carece a los Seminaristas en su Colegial Ins­truído” (R. RIBERA, El Novicio…, pp. 177-179).

    [32]”Es tan importante esta prác­tica para nuestros jóvenes, novicios y profe­sos y aun sacerdotes, sobre todo en los pri­meros años de apostola­do, que sin ella les será casi moralmente imposible superar las dificultades y peligros que les han de salir a1 paso en el desenvolvi­miento de su vida espiritual y misionera” (R. RIBERA, El Novicio…, p. 179). Cf., también, VI Capítulo General, ses. 5; VIII Capítulo General, ses. 3. XV Capítulo General, pp. 129-130.

    [33] Cf. R. RIBERA, El Novicio…, pp. 180-181.

    [34] “Como frecuencia, al aconsejar la cuenta espiritual cada mes en el día de retiro, no pretenden coartar la libertad de darla con más frecuencia, an­tes al contrario, en varios pasajes de ellas (p. II, n. 27, p. III, n. 2 y otros) suponen o aconsejan esta misma frecuencia, que para ­los jóvenes resulta una verdadera necesidad. La costumbre en nuestros Noviciados es que vayan los Novicios a dar cuenta al P. Maes­tro cada semana, y no retrasarla más de quin­ce días en los escolasticados”(R. RIBERA, El Novicio…., pp. 177-179).

[35] Cf. Capítulo IV, introducción.

    [36] Cf. CC 1865, I, 104; 1870, I, 104; 1924, I, 131‑133; CIA, 1924, n. 454, 456; 1940, n. 366.2, 367, 371; 1953, 367.2, 368, 372; Epítome, nn. 367-368, 373; OSG., 1929, nn. 40-43; 1959, nn. 48-52; CF, p. 28.

    [37] En la línea de favorecer la libertad espiritual de los estudiantes, en el CIA de 1940 se establecía que la misión formadora propia del Prefecto “no impide que el Superior Mayor, con el consentimiento del Superior General, designe un maestro de espíritu distinto del Prefecto, permaneciendo la facultad de los estudiantes de dirigir su conciencia con uno u otro” (n. 367, 2). Esta apertura fue modificada en el CIA del 1953 que “no impide que… designe un director de conciencia a quien algún Estudiante pueda acudir en circunstancias espacialísimas” (n. 368, 2.; también, Epítome, n. 368).

    [38] CC. 1925, 132, 81.

    [39] CIA, 1925, n. 456, 2 (se dice frecuentemente); 194O, n. 371, 2 (se dice frecuentemente); 1953, n. 372, 2 (se dice una vez al mes); cf. también, Epítome, n. 368.

    [40] N. GARCIA, Formación de…, ColCC, p. 524.

    [41] Fue organizado para los sacerdotes después de los cinco primeros años de ordenados (N. GARCIA, circular sobre El año de perfección religiosa y misionera, Annales, 36 (1940-1941) pp. 97-116 con el Reglamento; ColCC, pp. 533-554).

    [42] Ib. 548.

    [43] Ib. p. 551. Sobre la importancia de la dirección espiritual para el misionero, cf. N. GARCÍA, circular sobre La espiritualidad Misionera o Claretia­na, Annales, 35 (1939), pp. 49-108; ColCC., pp. 85-155; referencia en pp. 133-134; y circular sobre la Dirección Espiritual, Anales, 37 (1944), pp. 437-459).

    [44] “Por eso cada quince días, o a los menos cada mes, tratarán con él, debiendo darle cuenta disciplinar, y se les aconseja que le abran los secretos de su alma, para que los guíe por las vías de la perfección” (Ib. 551).

    [45] XV Capítulo General, pp. 129-130.

    [46] Cf. CC., 1924, III, n. 2.

    [47] Estas disposiciones capitulares fueron recogidas en el CIA, 1953, 500, 3a, 3b; y Epítome, n. 500 .

[48] Cf. 1F 81.

    [49] Cf. PGF 189.

    [50] Cf. CI I, c 34; 1VR 16.

    [51] Cf. CC 54; Dir 142; CPR 56; SP 13.3.

    [52] Cf. CC 73; 1F 53.

    [53] Cf. 1F 82; CF 28; PGF 190, 414.

    [54] Cf. PGF 190.

    [55] Cf. Dir 236; PGF 193.

    [56] Cf. PGF 193.

[57] Como hemos dicho antes, en la etapa posconciliar desaparece la figura del ecónomo-prefecto.

    [58] Cf. PGF 429-430.

    [59] Cf. PGF 431.

    [60] Cf. PGF 292.

    [61] Este acompaña­miento se realiza mediante visitas, entrevis­tas, correspondencia, visitas a la familia, conocimiento del entorno, presentación de nuestro carisma misionero, ofreci­miento de contacto con grupos apostóli­cos y ayudas especí­ficas para superar los obstáculos y las dificultades.

    [62] Cf. PGF 313.

    [63] Cf. PGF 314, 324.

    [64] Cf. PGF 340.

    [65] Cf. PGF 370.

    [66] Cf. Dir 236.

    [67] Dir 236 f.

    [68] Cf. PGF 410.

    [69] Cf. PGF 411. Preparación para la profesión perpetua (cf. Dir 241, PGF 420); para el diaconado (Cf. PGF 448) y para el presbiterado (cf. PGF 457).

    [70] Cf. PGF 412.

Related posts: