Carta del P. Xifrè al P. Vallier

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Esta carta da una idea de la preocupación de P. Xifrè por sus hermanos y de su constante referencia al fundador como guía para nuestra vida misionera.

Prades, 5 de octubre de 1870

R.P. Pablo Vallier

Superior

             Muy estimado Hermano:

             He recibido su muy apreciada del 12 de agosto, que tengo a la vista; y de ella deduzco, con pesar, que no reciben todas las que nosotros les escribimos, sobretodo por lo relativo a la aceptación de Misas y limosnas que ha enviado.

            He contestado a todas las de V., que creo llegan todas a nuestras manos, exceptuando el estado de ese clero, en vez del cual recibimos un grande pliego de periódicos malos, con la dirección debida y letra de V.: es chocante.

             V. pide más individuos para esa Casa con tales pruebas de su necesidad y en tales términos que tienden a significar que Chile ha de merecer nuestra atención exclusiva o, por lo menos, primera. Mas aquí recuerdo a V. sus mismas palabras, que en las demás Diócesis de ese Continente la necesidad es extrema.

            No se figuren que Vd.s lo han de hacer todo, ni que la Congregación haya de subvenir toda necesidad. Es necesario hacer lo que buenamente se puede, y no afanarse por lo demás.

            Con esta ocasión digo a V. que el deseo de hacer bien ha de ser moderado, y nunca se ha [de] llevar a medidas contrarias a la caridad bien entendida, que debe comenzar por sí. En consecuencia: no deben ni pueden emprender trabajos superiores a sus fuerzas, ni trabajar más horas de las que las fuerzas pueden sostener, sea cual fuere la necesidad. Item, jamás dejen el Oficio divino ni la meditación que está prescrita, sea cual sea la costumbre, la autorización o necesidad. Esas dos cosas son el alimento del alma, del que jamás se debe ni puede prescindir en nuestra Congregación.

            Cuando el Fundador fue a Canarias y más tarde a Cuba, halló tanta y quizá mucho más necesidad espiritual que Vd. en ésa y, sin embargo, nunca dejó las dos referidas cosas. Así me lo dijo hace pocos días, encargándome que lo escribiese a Vd.s. El, a pesar de todo, arreglaba sus horas para las necesidades del cuerpo y del alma, y destinaba las restantes para los demás. Háganlo así Vd.s y no otra cosa, por más que quede gente sin confesar; y sin formar nunca argumento sobre la conducta de otros Institutos, puesto que la relajación monástica es general en ésa, cosa que lamentan el Papa y todos los piadosos. Y, cabalmente, es en ese país mucho más peligrosa dicha relajación. Por tanto, evitémosla con el mayor cuidado, sin olvidar nunca el espíritu y Constituciones de la Congregación, que debemos observar siempre con fidelidad en todas partes y países del mundo. No se preocupen Vd.s por nada ni por nadie: acudan a Dios, esperen en El, y saldrán de todos los apuros.

             Las cosas de Europa están malísimas. En Francia, república y guerra. En España, la fiebre amarilla… Roma, ocupada por los Italianísimos. ?Qué malos estamos! Sin embargo, nosotros seguimos bien y en paz, gracias a Dios.

             Si dentro de pocos meses no presentan estos suelos mejor aspecto, trataremos y convendremos alguna nueva fundación, con alguno de los Señores Obispos tratados en Roma. Y en este caso, si Dios no dispone otra cosa, tengo el proyecto de acompañar a los que se destinen y, si es asequible, visitar a Vd.s. Hágase siempre la Voluntad de Dios.

             El Sr. Mulleras ha profesado. Fluviá está en su casa, adonde le enviamos para ver si recobrará la salud que cada día se desmerecía.

            En el noviciado hay ocho sacerdotes; cuantos más, mejor, y que sean buenos y sabios, eso nos gusta.

             El Santo Padre ha concedido a todos los individuos de nuestra Congregación la facultad de rezar maitines a las dos horas después del mediodía, todo el año; y para celebrar dos horas antes de la aurora.

             Supongo que habrán hecho, como todos los demás, la nueva profesión según la fórmula definitivamente aprobada por la Santa Sede, cuyos ejemplares les envié.

             Rogaremos con gusto por el Sr. Benefactor D. Manuel Arriete, de quien me habla V. Sírvase presentarle mis afectuosos respetos y acciones de gracia por todo lo que ha tenido la amabilidad de hacer en pro de nuestra Congregación, la cual no lo olvidará nunca delante de Dios.

             El contenido de la presente le va a causar alguna sensación. Mas, acuérdese bien V., y todos, del entrañable cariño que en Cristo Jesús y en el Corazón de María les profesa este su siempre af.mo s.s. y último Hermano q.b.s.m.

             José Xifré

             P.D. Los Hermanos de ésta todos les saludan de corazón.

 (original):

Archivo provincial C.M.F. de Chile

 (copia)

AG CMF, B-A-2-10 (1)

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