Pasión por aprender y la realidad multicultural

Pasión por aprender y la realidad multicultural

A pesar de que las Congregaciones religiosas han vivido en comunidades multiculturales durante siglos, ha sido hasta hace poco tiempo que a la vida intercultural se la ha prestado la atención que merece. En parte, puede deberse a que nosotros, los religiosos, siempre hemos aceptado vivir en comunidades multiculturales como algo dado en la vida religiosa y, por lo tanto, no como algo que necesite una mayor consideración. Sin embargo, es importante fijarnos en ella porque la vida intercultural desafía nuestros valores y exige cambios importantes en nuestros comportamientos.

En esta reflexión, me gustaría hacer hincapié en el impulso para aprender, un componente esencial de la vida en una realidad multicultural. Las preferencias de aprendizaje de las personas son tan diversas como sus personalidades. Lo esencial no es tanto el cómo sino el deseo y el compromiso de aprender. Al ser personas abiertas y comprometidas con el aprendizaje, llegamos a mostrarnos más comprensivos, abiertos y a aceptar las actitudes imprescindible para cultivar la vida intercultural.

Todavía hay muchas cosas que no acabamos de aprender y una de ellas es que no existe una cultura inferior y una dominante, incluso cuando muchos de nosotros continuamos encajonando y clasificando a las personas según su identidad cultural. La diversidad debería ayudarnos a aceptar la realidad de que el mundo se enriquece en más de un sentido al unir a personas de diversos orígenes. Insistir en la uniformidad y la conformidad es un insulto a la complejidad de la vida humana y la grandeza de Dios. Todas las culturas y las personas son, de una forma u otra, donantes y receptores al mismo tiempo.

Esto nos lleva a la idea de lo sagrado de cada cultura. Cada una es sagrada porque cada cultura se forma en un contexto, ambiente y antecedentes históricos particulares que conforman su propia cosmovisión. Las culturas se crean en una realidad social que es distintamente única de todas las demás. No tiene sentido compararlas; en cambio, debemos respetarlas por lo que representan.

Además, hay más en la cultura que el llamado desarrollo económico. La cultura es mucho más compleja y abarcativa que la economía. Se trata de un pueblo, su vida misma y todas sus complejidades. Al final, lo que más importa es cómo la propia cultura nos acerca, nos lleva a celebrar nuestras diversidades y nos impulsa a ser mejores seres humanos entre nosotros y para el resto del mundo.

Todas estas cosas solo producirán cambio, una nueva perspectiva y una auténtica conversión en la vida personal si nos disponemos a aprender. De lo contrario, abrazar lo nuevo, celebrar las diversidades y la conversión seguirá siendo un mero ideal que es fácil de proclamar pero difícil de encarnar.

Formación religiosa y discernimiento

Formación religiosa y discernimiento

Vivimos en un mundo donde la vida cotidiana consiste en tomar decisiones de una amplia gama de opciones, las cuales solo unas décadas atrás parecían inimaginables. La tecnología, particularmente Internet y las redes sociales, ofrece opciones aparentemente infinitas, incluso para las elecciones más triviales que necesitamos hacer. Buscamos restaurantes en Google en un lugar determinado y, de repente, no podemos decidir qué comer. Atrás quedaron los días en que las personas tomarían una ruta única a un lugar en particular. Con la disponibilidad de aplicaciones como Google Maps y Waze, se ofrecen varias opciones basadas en el flujo de tráfico y el transporte público más cercano disponible.

Que la vida se trata de tomar decisiones es un hecho que no se puede discutir. Incluso la decisión de no actuar sigue siendo una opción. Todo es una elección. Lo que nos define es cómo tomamos decisiones y el tipo de elecciones que hacemos.

Este es el mundo y la realidad de muchos de nuestros formandos cuando ingresan a la formación religiosa. Entran en la vida religiosa después de examinar las muchas opciones disponibles, o a veces se ven restringidos por opciones muy limitadas, dadas las circunstancias de su vida actual. Aun así, ellos deciden ingresar. Pero el hecho de tomar decisiones no termina una vez que se vuelven postulantes. De hecho, la formación religiosa, en su verdadero sentido, prepara el terreno en el que tendrá lugar una toma de decisiones más profunda, a través de lo que conocemos como proceso de discernimiento. A través de programas de formación humana y espiritual que los ayudan a explorar sus necesidades psicológicas, sus valores y aspiraciones profundamente arraigados, los ayudamos a avanzar hacia un proceso de discernimiento orientado hacia Cristo, a medida que avanzan de etapa en etapa. En lugar de que continúen en la formación movidos por las expectativas de los demás, o debido a la percepción de falta de mejores opciones fuera de la vida religiosa o debido a la condición social que la vida religiosa les brinda, se les  acompaña en el proceso de formación para que puedan escuchar los movimientos del Espíritu en su vida. El objetivo de la formación religiosa debe ser ayudarlos a seguir los modelos que ofrecen las Escrituras al tomar decisiones basadas en la voluntad de Dios en vez de dejarse llevar por su propia comodidad y los deseos personales. Cuando puedan decir verdaderamente: “hágase en mí según tu Palabra”, sin importar la decisión que tomen, creo que podremos decir que hemos hecho bien nuestro trabajo en la formación religiosa inicial.

Visita de animación a Polonia del Prefecto General de Formación

Visita de animación a Polonia del Prefecto General de Formación

Varsovia, Polonia. El Prefecto General de Formación realizó una visita de animación a la Provincia Claretiana de Polonia del 8 al 15 de mayo. Visitó a las comunidades de formación y mantuvo un diálogo con los formandos y formadores. La primera comunidad visitada fue a los novicios, después a los postulantes, y por último, a los profesos. La Provincia de Polonia tiene 34 formandos, 12 de ellos están en Polonia mientras que el resto está en África.

Durante el encuentro y el diálogo personal con los formandos y los formadores, se plantearon y discutieron varios temas. Entre las muchos y diferentes temas aparecieron los siguientes: la misión universal, el llamado a la vida intercultural, la misión compartida, la actualización del Plan General de Formación, la próxima Escuela de Formadores del Corazón de María en 2018 y la Beatificación de los 109 Mártires de España en octubre de este año. Las motivaciones que atraen a los candidatos a nuestra Congregación también fue un tema que se planteó en las conversaciones. Otros temas importantes fueron, por ejemplo: la vida comunitaria, la dimensión mariana, el contacto con los misioneros claretianos, la predicación, el retiro, la vida misionera y nuestra contribución a la vida consagrada.

La visita culminó con la misa dominical en la Parroquia Claretiana de Wroclaw y una reunión con el Gobierno Provincial.

En 2018, la Provincia de Polonia celebrará su 25 Aniversario de su Fundación. Los Claretianos de esta Provincia ya están mirando hacia adelante y preparándose para este evento trascendental de su Organismo, que ahora sirve en varios países a través de su personal y su esfuerzo misioneros.

Interculturalidad

Interculturalidad

¡Saludos!
A continuación se muestra una reflexión sobre interculturalidad escrita por el P. Joaquín Medina, CMFÉl se desempeñó como formador en Paraguay 1989-2012. Ahora es el Prefecto de Formación de San José del Sur y, al mismo tiempo, sirve como Prefecto de Estudiantes en una comunidad de formación intercultural desde el 2013. 

Mi padre fue un arameo errante…

Hablar de interculturalidad no puedo hacerlo sino partiendo de mi propia experiencia. Como en mi caso, quizás para muchos de nosotros puede haber significado ya un primer “choque cultural” y un proceso de adaptación el hecho de pasar de nuestro ambiente cultural familiar al de la cultura propia de la vida religiosa y la congregación. De mi parte, además, se une la historia de una familia “migrante”, que ha debido pasar por distintas regiones y culturas de España en unos momentos en que se vivía una fuerte reivindicación de las diferentes identidades culturales-nacionales. A esto se ha sumado la experiencia de dejar la tierra y cultura al ser destinado a América (Paraguay).

Mi experiencia, por lo tanto, puedo considerar que siempre ha sido la de la convivencia en una “cierta” multiculturalidad (aunque quizás no con las características tan complejas que hoy acompañan a esta realidad).

Creo que es importante el hacernos conscientes de que quizás todos, en una u otra medida, hemos participado de la diversidad y no de lo que, quizás en otro tiempo, hayan podido ser comunidades más uniformes. Al menos mi experiencia ha sido la de convivir con gente del campo y de la ciudad, de distintas regiones geográficas y culturales y, en la actualizad, de distintos países y continentes.

También soy plenamente consciente de que esto es un desafío del que ya no podremos desentendernos, y no sólo por el hecho de que podamos compartir comunidades multiculturales y multinacionales, sino también por otras circunstancias que están marcando nuestras comunidades y nuestra sociedad: las diferencias y distancias generacionales son un hecho evidente; el acelerado proceso de cambio cultural que vivimos hace que los cambios generacionales se estén produciendo con muy pocos años de intervalo; las nuevas realidades sociofamiliares (cambio del modelo social y de la estructura familiar) determinan que las nuevas generaciones sean portadoras de un universo afectivo y valorativo muy diferente al vigente hasta hace pocos años.

La convivencia en la diversidad es, sin lugar a dudas, un desafío y una riqueza. Compartir el día a día con hermanos que incluso ante cosas insignificantes de la vida diaria pueden tener sentimiento y actitudes diferentes, es un hecho que no está exento de conflictos y de incomprensiones (dificultad para comprender algo que no entra en tus esquemas y que otro lo vive como algo natural sin ningún cuestionamiento) De mi parte, en mi etapa de formando, he valorado como una riqueza, no exenta de momentos de sufrimiento, pero valiosa, el enfrentar el desafío de salir de la propia seguridad cultural y entrar en contacto con otras culturas diferentes: salir fuera del propio país es algo que a mí personalmente me ha ayudado a replantear mis propias convicciones y comportamientos, a intentar verlos desde otro punto de vista, y a comprender mi propia cultura observándola “desde afuera”, desde el ojo crítico del extraño… Por lo mismo este tipo de experiencias es algo que recomiendo y valoro como instrumento formativo importante, sobre todo para nosotros que hemos de fomentar “el sentido de catolicidad para ir a todas las partes del mundo y con espíritu abierto estimar grandemente las costumbres de los pueblos y sus valores culturales y religiosos” (CC. 48)

Caminante no hay camino, se hace camino al andar…

En medio de esta realidad desafiante, que ya forma parte de nuestra vida, considero que al igual que hay cosas que lo enriquecen y facilitan, también hay situaciones que hacen más difícil la convivencia y el diálogo intercultural, situaciones que no siempre se pueden salvar fácilmente:

  • Cuando a la diferencia cultural se unen prejuicios y experiencias históricas dolorosas difíciles de superar (muchas veces está implicado el ámbito afectivo donde no entra en juego lo racional: en ocasiones puede resultar más fácil la convivencia-confianza con personas de culturas distantes que entre personas provenientes de culturas-pueblos cercanos pero que han vivido experiencias históricas de conflictos y confrontación)
  • Cuando entran en juego problemas derivados de búsqueda de poder y de reconocimiento o actitudes de desprecio o minusvaloración de otras culturas

Nuestro mundo es complejo y las respuestas simples no nos sirven. Tampoco podemos pretender encontrar recetas mágicas que sirvan de solución a todos los problemas y situaciones. Creo que lo que se puede plantear para favorecer la convivencia intercultural son una serie de actitudes y convicciones que todos habremos de internalizar:

  • Todos tenemos prejuicios. Todos podemos estar afectados por diversas manifestaciones de sentimientos de inferioridad y por la permanente actitud de compararnos con otros
  • Hay distintos niveles, grados y motivos de conflicto en las tensiones que se generan en los encuentros interculturales; hay experiencias históricas y condicionamientos afectivos que no siempre son fáciles de superar
  • La convivencia multicultural requiere de personas sanas y equilibradas, y habremos de cuidar en la formación todo lo que ayude en este ámbito; pero surge en seguida la pregunta ¿quién está sano?
  • Es importante no perder la identidad (no renegar de la misma), ser muy conscientes de ella y, al mismo tiempo, formar en la libertad y valentía de asumir cuanto de rico y valioso encontremos en otras culturas
  • La formación habrá de ayudar a crear la actitud de apertura al conocimiento de realidades nuevas: avivar en nosotros el deseo de conocer desde dentro otras realidades
  • También será importante valorar positivamente y como una riqueza la existencia de diferencias y matices en el modo de comprender las cosas y estar ante la realidad (una sana comprensión del valor de la tolerancia)
  • Habremos de fortalecer todo lo que ayude a aprender a escuchar, a asumir como un valor fundamental el interesarnos vitalmente por el otro
  • Es muy importante fomentar la capacidad de crear vínculos sanos y espacios de confianza (son las motivaciones afectivas más que las racionales las que sostienen nuestra vida y nuestra convivencia)

La convivencia multiétnica, multicultural y transgeneracional es un signo de los tiempos, cargado de posibilidades y dificultades. Quizás las nuevas generaciones son más sensibles y tienen una mayor apertura a este desafío (al menos en el ámbito de una mayor tolerancia y aceptación de la diversidad) De todas formas es una prioridad que en el acompañamiento formativo se dialogue y se ofrezcan los recursos necesarios para capacitar a esta convivencia y para verbalizar las inevitables dificultades que surjan en el camino.