“Centering” Meditación

cross1El Método de la Oración de Concentración

– por Thomas Keating (cf. el libro Open mind, open heart)

Trasfondo Teológico

La gracia de Pentecostés nos dice que Jesús resucitado está entre nosotros como el Cristo glorificado. Cristo vive en cada uno de nosotros como la Luz, presente en todo tiempo y lugar. Él es el Maestro vivo que envía continuamente el Espíritu Santo para que habite en nosotros y para dar testimonio de su resurrección, capacitándonos para experimentar y manifestar los frutos del Espíritu y de las Bienaventuranzas, tanto en la oración como en la acción.

Lectio Divina

La Lectio Divina es el modo más tradicional para cultivar la amistad con Cristo. Es una manera de escuchar los textos de la Escritura como si estuviésemos conversando con Cristo y él sugiriese los temas de conversación. El encuentro diario con Cristo y la reflexión de su palabra nos lleva más allá de la mera relación a una actitud de amistad, confianza y amor. La conversación se simplifica y da lugar a la comunicación o, como lo expresa Gregorio Magno (siglo VI), resumiendo la tradición contemplativa cristiana, al “descanso en Dios”. Éste fue el significado clásico de la Oración Contemplativa durante los primeros dieciséis siglos.

Oración Contemplativa

La Oración Contemplativa es el desarrollo normal de la gracia bautismal y la práctica regular de la Lectio divina. Cabe pensar la oración como pensamientos y sentimientos expresados con palabras. Pero eso sólo es una expresión. La Oración Contemplativa consiste en abrir la mente y el corazón –todo nuestro ser- a Dios, el Misterio Último, más allá de los pensamientos, palabras y emociones. Abrimos nuestra conciencia a Dios, quien, como nos dice la fe, está en nosotros, más próximo que la respiración, que el pensamiento, que la elección, más próximo que la misma consciencia. La Oración Contemplativa es un proceso de purificación interior que, si consentimos, nos lleva a la unión con Dios.

Lo que no es la Oración de Concentración:

–          No es una técnica.

–          No es un ejercicio de relajación.

–          No es una forma de auto-hipnosis.

–          No es un don carismático.

–          No es un fenómeno parasicológico.

–          No se limita a la presencia “sentida” de Dios.

–          No es una meditación discursiva u oración afectiva.

El método de la Oración de Concentración

La Oración de Concentración es un método pensado para facilitar el desarrollo de la oración contemplativa mediante la preparación de nuestras facultades para cooperar con este don. Es un intento de presentar la enseñanza del pasado (p. ej. La Nube del No Saber) de una manera actualizada, y de poner cierto orden y regularidad en la misma. No se pretende sustituir otros tipos de oración; simplemente pone otras formas de orar en una perspectiva nueva y más completa. Durante el tiempo de oración accedemos a la presencia y a la acción interior de Dios.

Pautas

Elige una palabra sagrada como símbolo de tu intención de acceder a la presencia y a la acción interior de Dios.

Cómodamente sentado y con los ojos cerrados, serénate brevemente y, en silencio, introduce la palabra sagrada como símbolo de tu acceso a la presencia y a la acción interior de Dios.

Siempre que tomes conciencia de algún pensamiento, vuelve suavemente a la palabra sagrada.

Al final del tiempo de oración, permanece en silencio con los ojos cerrados durante un par de minutos.

Explicación de las pautas

“Elige una palabra sagrada como símbolo de tu intención de acceder a la presencia y a la acción interior de Dios”. La palabra sagrada expresa nuestra intención de estar en la presencia de Dios y de someternos a la acción divina. La palabra sagrada debería elegirse durante un breve tiempo de oración, pidiendo al Espíritu Santo que nos inspire con la que nos resulte especialmente apropiada. Por ejemplo: Señor, Jesús, Abba, Padre, Madre. Otras posibilidades: Amor, Paz, Shalom. Una vez elegida la palabra, no la cambiaremos durante el tiempo de oración, pues ello supondría empezar a pensar otra vez. Para algunas personas, una simple mirada interior a Dios puede ser más apropiada que la palabra sagrada. En tal caso, uno accede a la presencia y a la acción de Dios volviéndose interiormente hacia Dios, como mirándole fijamente.

“Cómodamente sentado” quiere decir relativamente cómodo; no hasta el punto de dormirse, sino lo suficiente para evitar el pensamiento sobre la incomodidad de nuestros cuerpos durante este tiempo de oración. Mantén la espalda recta. Si nos dormimos, retomaremos la oración durante unos minutos después de despertarnos, si disponemos de tiempo. Cerramos los ojos para dejar marchar lo que acontece a nuestro alrededor y en nuestro interior. Introducimos la palabra sagrada en nuestro interior, con la suavidad con que se pone una pluma sobre un trozo de algodón absorbente.

“Siempre que tomes conciencia de algún pensamiento, vuelve suavemente a la palabra sagrada”. “Pensamiento” es un término genérico que se refiere a toda percepción, incluidas las percepciones sensitivas, sentimientos, imágenes, recuerdos, reflexiones y comentarios. Los pensamientos son parte normal de la Oración de Concentración. Con “vuelve suavemente a la palabra sagrada” se indica un mínimo de esfuerzo. Ésta es la única actividad que emprendemos durante la Oración de Concentración. Durante el curso de nuestra oración, la palabra sagrada puede llegar a ser vaga o incluso desaparecer.

“Al final del tiempo de oración, permanece en silencio con los ojos cerrados durante un par de minutos”. Si esta oración se hace en grupo, el director puede recitar lentamente el Padre Nuestro en los dos o tres minutos adicionales, mientras los demás escuchan. Esos dos o tres minutos adicionales dan tiempo a la mente para que se reajuste a los sentidos externos y nos capacitan para llevar la atmósfera de silencio a la vida cotidiana.

El Proceso

  • La oración de concentración es un método en el que se dirige la atención de lo particular a lo general, de lo concreto a lo carente de forma.
  • Para empezar, introduce la palabra sagrada en tu imaginación, con la misma suavidad con que pondrías una pluma sobre un trozo de algodón absorbente. Mantén el pensamiento en la palabra sagrada en cualquiera de las formas en que se presente. No se trata de repetirla continuamente. La palabra puede perder relieve, llegar a ser vaga o mero impulso de la voluntad, o incluso desaparecer.
  • La palabra sagrada es un simple pensamiento en el que te ocupas en niveles de percepción cada vez más profundos. Por eso aceptas la palabra sagrada en cualquiera de las formas en que se presenta dentro de ti. La palabra en tus labios es externa y no tiene parte en esta forma de oración. El pensamiento en tu imaginación es interior; la palabra como un impulso de tu voluntad es más interior todavía. Sólo cuando pasas más allá de la palabra a la pura conciencia se completa el proceso de exteriorización. Eso es lo que María de Betania hacía a los pies de Jesús. Ella fue más allá de las palabras que oía a la Persona que hablaba y llegó a la unión con Él.
  • Esto es lo que hacemos cuando nos sentamos en la Oración de Concentración, interiorizando la palabra sagrada. Vamos más allá de la palabra sagrada a la unión con aquello a lo que ella apunta, el Misterio Último, la Presencia de Dios, más allá de toda percepción que podamos formarnos de Él.
  • Así, los pensamientos son la mayor distracción para esta forma de oración. Distintos tipos de pensamientos pueden bajar en el flujo de la consciencia cuando empezamos a serenar nuestra mente. El P. Keating los ordena en cinco grupos.
  1. .La “recogida de lana” de la imaginación. Los pensamientos más obvios son los superficiales, los que “rumia” la imaginación por su tendencia natural a la moción constante. Es importante aceptarlos, y no ofrecerles ninguna atención indebida. Tales pensamientos son como el ruido de la calle que entra por la ventana de un apartamento en el que tiene lugar la conversación entre dos personas.
  2. Pensamientos con atracción emocional. Ocurren cuando estás interesado en algo que está sucediendo en la calle. Hay una reyerta que atrae tu curiosidad y exige una reacción. Volver cuidadosamente a la palabra sagrada es un medio o una vuelta a la atención amorosa que estabas ofreciendo a Dios. No te enfades contigo mismo si te ves envuelto en estos interesantes pensamientos.
  3. Intuiciones profundas y avances psicológicos. Éstos se presentan cuando nos sumergimos en la paz profunda y en el silencio interior. Algo en nuestras mentes “se va de pesca”. Cosas que parecen ser intuiciones teológicas brillantes, maravillosos avances psicológicos. Podemos pensar: “¡Tengo que tomarme un momento para asegurarme de que comprendo esta fantástica intuición!”. Todo pensamiento deliberado te saca del silencio. Es necesaria una forma muy íntima de auto-negación de nuestros pensamientos y sentimientos más profundos, y de la fuente de la que proceden, el falso yo.
  4. Auto-reflexión. Cuando te asientas en la paz profunda, libre de todo pensamiento concreto, puede surgir el deseo de reflexionar sobre lo que está sucediendo. Puedes pensar: “¡Por fin llego a un lugar!”, o “¡Este sentimiento es estupendo!”. Se te presentan dos opciones: la de reflexionar sobre lo que está pasando, o la de dejarte llevar por la experiencia. Si te dejas llevar, ahondarás en un silencio interior más profundo. Si reflexionas, saldrás de él, y tendrás que empezar de nuevo. Habrá muchos nuevos comienzos. La reflexión es un paso atrás que parte de la experiencia. Es una fotografía de la realidad. Tan pronto como empieces a reflexionar sobre una experiencia, ésta acabará. La tendencia a la reflexión es uno de los puntos más difíciles de manejar en la oración contemplativa. Queremos saborear el momento del puro gozo, de la pura experiencia, de la pura conciencia. Pero si puedes dejar pasar esta tentación y vuelves a la palabra sagrada, alcanzarás un nuevo grado de libertad, un gozo más refinado. La presencia de Dios es como el aire que respiramos. Puedes tener todo el que desees, mientras no intentes tomar posesión de él y quedarte con él. Esta oración es comunión con el Espíritu de Dios, que es Amor, puro don. La Presencia de Dios no responde a la avidez. Está totalmente disponible, con tal de que la aceptemos gratuitamente. Si, en esta oración, puedes superar el hábito arraigado de reflexionar sobre lo que está pasando, si puedes tener paz y no piensas sobre esa posesión, entonces habrás aprendido cómo hacerla.
  5. Purificación Interior. Toda forma de meditación u oración que trascienda el pensamiento desencadena la dinámica de la purificación interior. Esta dinámica es la escuela psicoterapéutica de Dios. Capacita al organismo para liberar la tensión profundamente arraigada en forma de pensamientos. Generalmente, los pensamientos que resultan de esta terapia surgen sin que se sepa su origen o su razón de ser. Se introducen ellos mismos con cierta fuerza o carga emocional. Se puede sentir una intensa ira, dolor o temor sin ninguna relación con el pasado reciente. Una vez más, la mejor manera de tratarlos es la vuelta a la palabra sagrada. A través de este proceso, se evacua gradualmente el material psicológico de la vida no digerido, se desmonta la inversión emocional de la temprana infancia en programas para la felicidad basados en las tendencias instintivas, y el yo falso da lugar al yo verdadero. Una vez que comprendas el hecho de que los pensamientos, además de inevitables, son una parte integrante del proceso de curación y crecimiento iniciado por Dios, serás capaz de adoptar una visión positiva de los mismos. En lugar de considerarlos como penosas distracciones, los verás en una perspectiva más amplia que incluye tanto el silencio interior como esos pensamientos que no quieres, pero que son tan valiosos para el propósito de la purificación, como los momentos de profunda tranquilidad. Cuando te sosiegues y vayas a lo profundo, puede que llegues a un lugar en el que la palabra sagrada desaparezca del todo y en el que no haya pensamientos. A menudo esto se experimenta como una suspensión de la consciencia en el espacio[1]. La próxima cosa de la que se tiene conciencia es el pensamiento “¿Dónde estaba? No había palabra sagrada y no estaba pensando”. O puede que lo experimentes como un lugar fuera del tiempo. El tiempo es la medida del movimiento. Si el flujo ordinario de pensamientos se reduce a un lugar en el que hay unos pocos pensamientos sucesivos, o niguno, el tiempo de oración pasará como un chasquido. La experiencia de silencio interior o de “descanso en Dios” está más allá del pensamiento, de las imágenes y de las emociones. Esta conciencia te dice que el núcleo de tu existencia es eterno e indestructible, y que, como persona, eres amado por Dios y compartes su vida divina. Mucha gente, durante la oración, disfruta habitualmente la experiencia clara del silencio interior. Otros experimentan calma y tranquilidad junto con un goteo simultáneo de pensamientos. Otros, sin embargo, raramente tienen tales experiencias. Sea cual fuere la forma o el grado en que acontece el silencio interior, ha de ser aceptado, pero no deseado, porque el sentimiento de deseo sería un pensamiento. Así, pues, toma pacíficamente y con gratitud todo lo que suceda durante la Oración de Concentración, sin juzgar nada. Aun cuando tuvieses una experiencia irresistible de Dios, éste no es el momento de pensar en ello. Deja que los pensamientos vengan y vayan. El principio básico para manejar los pensamientos en esta oración es el siguiente: No ofrezcas resistencia al pensamiento, no te quedes con ningún pensamiento, no reacciones emocionalmente ante ningún pensamiento. Sea cual sea la imagen, sentimiento, reflexión o experiencia que atraiga tu atención, vuelve a la palabra sagrada. Conocer a Dios de esta manera es percibir una nueva dimensión de toda realidad. El fruto maduro de la oración contemplativa consiste en devolver a la rutina de la vida cotidiana no el simple pensamiento de Dios, sino la conciencia espontánea de su Presencia permanente en, a través, y más allá de todo. EL QUE ES – el infinito, incomprensible, e inefable Uno- es el Dios de la pura fe. En esta oración podemos hacer frente a la cuestión más fundamental del ser humano: “¿Quién eres tú, Señor?”, y esperar la respuesta.

La única manera de juzgar esta oración es mediante sus frutos a largo plazo: si en la vida cotidiana se disfruta de mayor paz, humildad y caridad. Cuando llegas al silencio interior profundo, empiezas a relacionarte con los demás más allá de los aspectos superficiales del estatus social, de la raza, la nacionalidad, la religión y de las características personales.

Algunos puntos prácticos

  • El tiempo mínimo para esta oración es de 20 minutos.
  • Se recomiendan dos sesiones al día, una por la mañana y otra al atardecer.
  • Lee la Escritura regularmente.
  • El final del tiempo de oración puede indicarse con un temporizador que no tenga un “tic” audible o un ruido de alarma fuerte.
  • Los efectos principales de la Oración de Concentración se experimentan en la vida cotidiana, no en la misma oración.
  • Cuando te des cuenta de que te centras en algún otro pensamiento, vuelve a la palabra sagrada como expresión de tu propósito. La eficacia de esta oración no depende de la claridad o de la frecuencia con que digas la palabra sagrada, sino, más bien, de la delicadeza con que la introduzcas al inicio en tu imaginación, y de la presteza con la que vuelvas a ella cuando te enganches a otro pensamiento.
  • Síntomas físicos: podemos notar ligeras molestias, picores o contracciones en diversas partes del cuerpo o una agitación generalizada. Ello se debe normalmente a que se desatan los nudos emocionales del cuerpo. Podemos notar igualmente pesadez o ligereza en las extremidades. Esto se debe, por lo general, al profundo nivel de atención espiritual. En ambos casos, no prestaremos atención, o permitiremos que la mente descanse brevemente en la sensación, y después volveremos a la palabra sagrada.
  • La Lectio Divina nos proporciona el trasfondo conceptual para el desarrollo de la Oración de Concentración.
  • Un grupo de apoyo que ora y comparte una vez a la semana ayuda a mantener el compromiso de la oración.


[1] El original inglés no es claro aquí: “… of consciousness1 a space” (sic).

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