Confundadores-Esteban Sala

– P. Seveirano Blanco cmf

El P. José Xifré, que lo sucedió como Superior General, nos dejó un retrato muy expresivo del P. Esteban Sala: “…Estaba adornado y embellecido de tantos dotes físico-morales, que superaban a cualquier elogio. En su físico era de estatura regular y de figura agradable. Su voz clara con buena pronunciación. Era bien educado y culto… En la parte moral era todavía más acabado. Su modestia era notoria; su sola presencia componía a todos. Era verdaderamente irreprensible en todo. Era humildísimo y manso de corazón, celoso y sobre todo tan casto y limpio de corazón, que creemos poder afirmar que murió sin haber perdido la gracia bautismal. Como talento, era de los mejores que había en la entonces Universidad de Cervera. Como orador, fue de los mejor reputados de su época en el Principado de Cataluña. Había dado con feliz éxito varias Misiones y Ejercicios espirituales al Clero, estudiantes y Comunidades religiosas. Su enfermedad fue la escarlatina, a la cual se añadió una congestión cerebral. Murió santamente, como había vivido…” (Anales T. XV, pág. 192-193).

En el seno de una familia piadosa

Esteban Sala y Masnou nació el 28 de Mayo de 1812 en la casa de campo Sala, perteneciente a la parroquia de San Martín de Sescors (Barcelona). Su padre enviudó de la primera esposa, con quien tuvo tres hijos. Esteban fue fruto del segundo compromiso; el quinto de seis hermanos, de los cuales, tres fueron religiosos, uno claretiano y los otros dos benedictinos. Uno de estos hermanos religiosos fue el P. Bernardo, quien, por razones de la exclaustración de los religiosos en España, tuvo que retirarse de su monasterio; participó de la vida de nuestra naciente Congregación durante 26 años, hasta que, en 1875, retornó al monasterio benedictino de Monserrat.

Llamado para ser pescador de hombres

Esteban sintió la primera llamada del Señor aún siendo niño. Un día, mientras jugaba a la pesca, experimentó interiormente la llamada del Señor que le decía: “…¡dedícate a pescar almas!”. Fue una inquietud que le penetró muy dentro. A los once años comenzó sus estudios latinos en Manlleu y, luego, los de retórica en Moyá, en el convento de los Padres Escolapios. En 1828 pasó al seminario de Vic para cursar la filosofía. Después de tres años, llegó a la Universidad de Cervera para estudiar teología, donde su brillante capacidad intelectual se unió a su vivo deseo de prepararse para ejercer el ministerio sacerdotal. En 1834 se graduó como bachiller en teología; alcanzó tan buen nivel de aprovechamiento, que inmediatamente fue nombrado profesor sustituto de teología, mientras continuaba con sus propios estudios. En 1836 retornó a Vic para cursar el séptimo año, donde también sobresalió por sus talentos intelectuales.

En esos años, España vivía períodos de mucha convulsión política y había leyes anticlericales que prohibían nuevas ordenaciones sacerdotales. Esteban tuvo que esperar dos años; hasta que un 29 de septiembre de 1839 fue ordenado sacerdote por el Obispo de Solsona. Todo estaba listo para emprender su ministerio.

En octubre de 1840 fue destinado a la Villa de Vallfogona como Maestro de instrucción primaria y latinidad, con título de vicario del párroco; un cargo muy apetecible por muchos clérigos debido a su buena paga. En 1842 le fue otorgado un beneficio de la Catedral de Vic. Como se ve, la carrera eclesiástica del P. Esteban Sala era prolija y estaba llena de expectativas cada vez más crecientes.

Un encuentro que le impactó y le convirtió el corazón

El 1º de marzo de 1843, a los treinta y cuatro años de edad, el P. Claret “comienza su intensa actividad misionera por toda Cataluña: pobreza suma, viajes a pie, multitudes inmensas que acuden de todas partes a oír su palabra evangélica sencilla y penetrante. Trabaja desde las cuatro de la mañana sin descanso ni fatiga. Conversiones innumerables.” (Claret, Antonio. Escritos autobiográficos, pp. 8-9).

En julio del mismo año, a solicitud del clero, que había quedado impactado de su ardor misionero, el P. Claret dirigió, por primera vez, en Capdevánol, ejercicios espirituales para sacerdotes. Ante el éxito de esta experiencia, a continuación dio otra tanda en Gombrény, donde participaron varios sacerdotes de la zona, entre ellos el P. Esteban Sala. Allí conoció al ya famoso Misionero de Cataluña.

El P. Benito Vilamitjana, catedrático del Seminario de Vic y compañero de celda del P. Sala durante estos ejercicios, dio testimonio de cómo los vivió el P. Esteban: “…Los segundos (ejercicios) los dio en Gombrény… y en estos estuve yo, y presencié un hecho que no olvidaré nunca, la conversión, de bueno en mejor, del difunto D. Esteban Sala, que desde entonces fue como V. le conoció en los últimos años de su vida. Yo no he visto otro cambio tan perfecto; y lo pude notar tanto mejor cuanto éramos amigos antes y continuamos siéndolo después, é hicimos los ejercicios no solo en una misma casa, sino en un mismo cuarto, pues hubimos de acomodarnos como pudimos varios sacerdotes en una casa pequeña. Entiendo que esta fue una de las mejores conquistas del Sr. Claret.” (Carta fechada en Tortosa a 12 de noviembre de 1870; en Aguilar, Mariano. Biografía del siervo de Dios R.P. Esteban Sala. p. 27).

A partir de este encuentro iluminador de su vida, el P. Esteban Sala tuvo una fuerte experiencia de Dios, que le hizo sentirse llamado a dedicar completamente su vida a las misiones. Dejó atrás la prometedora y exitosa carrera eclesiástica para abrir las puertas a un nuevo estilo de vida: anunciar la Palabra del Señor con fuego apostólico y libertad misionera. Sus muchos dones como orador sagrado se pusieron al servicio de las predicaciones misioneras realizadas en los diferentes pueblos de Cataluña. Acompañó al P. Claret en muchas de sus campañas apostólicas; ya en 1945 aparece en la lista de sacerdotes para quienes el P. Claret solicitó el título de Misionero Apostólico. El día 13 de junio de 1846 aparece en el periódico “La Esperanza” una noticia sobre las predicaciones que hace el P. Sala en Barcelona y a continuación se expresa sobre él: “presbítero individuo de la sociedad que tiene establecida en Vich el R.P. y predicador apostólico D. Antonio Claret; cuyos socios se obligan a predicar donde el Sr. Vicario general de Vich disponga, sin recibir estipendio alguno.” (Gutiérrez, Federico. El Padre Claret en el periódico La Esperzanza. p. 50).

 “L’hereu” del P. Claret”

Cuando el P. Claret retornó de las Islas Canarias, en mayo de 1849, empezó todas las diligencias para poner a punto la fundación de la Congregación. El P. Xifré dice al respecto: “Mientras el esclarecido Fundador se ocupaba de estos afectos, meditaban el mismo plan y estaban poseídos del mismo sentimiento los dignísimos Sres. D. Esteban Sala, que fue el segundo Superior, y el Excmo. Sr. Obispo Caixal, entonces canónigo de Tarragona, quien, a pesar de sus vivísimos deseos, no pudo formar parte efectiva del nuevo Instituto.” (Xifré, José. El espíritu de la Congregación de Misioneros Hijos del Inmaculado Corazón de María. p. 13). Como se ve, el P. Esteba Sala fue de los primeros con quien contó el P. Claret para la nueva fundación; ya había trabajado con él y lo consideraba un hombre que estaba animado de su mismo espíritu misionero.

La noticia de que el P. Claret había sido nombrado arzobispo de Santiago de Cuba fue un golpe muy duro para todos. Al P. Esteban Sala le tocó acompañar al P. Claret en el discernimiento de esta delicada decisión y comunicar a la Comunidad su partida. Como era de suponer, el más indicado para reemplazar al Fundador en la dirección de la naciente Congregación era el P. Sala, a quien ya se le consideraba por toda Cataluña “L’hereu” del P. Claret” (el heredero). De hecho, el obispo Casadevall lo consideró así y lo nombró Director.

Espíritu misionero ardiente

El P. Esteban Sala sobresalió en su vida apostólica sobre todo por su buena capacidad para predicar. Se dedicó a dar ejercicios espirituales a sacerdotes, religiosas y seglares. La casa de la Merced, en Vic, se convirtió en un espacio de renovación para muchas personas que lo buscaban. También se dedicó a las misiones populares.

Reestructuró y consolidó la Congregación de las Hermanas Carmelitas de la Caridad, cuya fundación se realizó en Vich, en 1826. Reemplazó al P. Claret en la dirección general de esta Congregación desde febrero de 1851, haciendo una gestión ardua y eficaz. El P. Xifré dijo al respecto: “Había dirigido y levantado de la mayor abyección y casi aniquilamiento al Instituto de las Hermanas Carmelitas de la Caridad” (Anales, T. XV, p. 193). En junio de 1854 renunció a este cargo para dedicar más tiempo a la dirección del propio Instituto.

También resaltamos su dedicación a la juventud. Le preocupó ver que los jóvenes, después de las misiones, quedaban motivados para vivir una mejor vida cristiana, pero luego todo se diluía por la falta de medios para perseverar. Desde 1851 empezó a agrupar a estos jóvenes en coros para mantener sus buenos propósitos y así se sientan orientados y acompañados. Escribió dos obras para consolidar este proyecto.

Fue un buen consejero y director espiritual de gran parte del clero de Cataluña. Cuando murió, la Revista Católica publicó la siguiente semblanza: “La memoria del celoso presbítero D. Esteban Sala es la de una multitud de virtudes sacerdotales, que nos edificaron demasiado de cerca para que dejemos de dedicarle una palabra…” (Revista Católica, 16.1.1860, t. XXXIII, pp. 10-12; tomado de Álvarez, Jesús. Retorno a los Orígenes, T. II, p. 170).

Un superior que cimentó la obra iniciada

Muchos esperaban que con las cualidades del P. Esteban Sala, la Congregación se extienda rápidamente, pero no fue así. De hecho cuando murió, después de 10 años de gobierno, la Congregación se mantuvo solo en la casa de Vic y con 15 miembros. Cuando el P. Xifré analiza las causas de esta falta de expansión, atribuye al P. Esteban Sala su falta de dotes para desarrollar el Instituto y su excesiva dedicación a otras tareas. Habría que sopesar este duro juicio porque de hecho sí hubo algunos ingresos hasta 1854 y el difícil contexto político de los dos siguientes no permitió nuevos ingresos en las comunidades religiosas.

El P. Esteban Sala tomó en sus manos una obra muy frágil. No fue fácil consolidar este naciente Instituto, al que se le arrancó tan pronto de la presencia del Fundador. El P. Esteban Sala tuvo que ser la continuación de la referencia al Fundador, alimentar al grupo primigenio de una mística misionera, que los consolide para la futura expansión. Al respecto, dice su biógrafo: “Sin la santidad, prestigio, amabilidad y dulzura del primer Superior es casi seguro que aquellos sacerdotes congregados para la ejecución de tamaña empresa, como era la fundación de un Instituto de Misioneros, y unidos entre sí por el solo vínculo de la mutua caridad y amistad, hubiera tirado cada uno por su camino y la obra se hubiera deshecho, como la sal en el agua. Las extraordinarias prendas del primer Superior fueron el lazo de oro, que mantuvo constantemente unidos en la empresa, después de partir el P. Claret a Cuba, a los cuatro confundadores que quedaban y a varios Misioneros más, que ingresaron en la Congregación durante los años de su gobierno, y que permanecieron siempre fieles a la misma.” (Aguilar, Mariano. Biografía del siervo de Dios R.P. Esteban Sala. pp. 105-106).

 El destino final

Al ser elegido el P. Claret Confesor de la Reina, quedó vacante la sede arzobispal en Santiago de Cuba. No pensó el P. Claret en alguien más idóneo para continuar su obra que en el P. Sala, “…ya por ser él de un mismo espíritu que yo” (Claret, Antonio, a D. Antonio Barjau, 8.1.1858, en E.C. I, 1489). El P. Esteban Sala se negó firmemente a esta propuesta, pero la insistencia fue tal que parecía que no quedaba otra posibilidad. Recibió la confirmación de su nombramiento en Barcelona, mientras gestionaba la apertura de la futura casa-misión de Gracia y daba ejercicios al clero. Después de dar una tanda de ejercicios espirituales a unas religiosas se sintió mal y fue decayendo apresuradamente hasta que el día 18 de abril de 1858 fue llamado a la presencia del Padre Dios.

Un hermano que nos sigue hablando hoy

La memoria del P. Esteban Sala es una clara invitación a la constante conversión misionera, a no quedarnos instalados, a vivir siempre abiertos al impacto y a las sorpresas de Dios. Somos hombres que tenemos el mismo espíritu misionero del P. Claret y que estamos llamados a vivirlo en plenitud.

BIBLIOGRAFÍA:

  1. 1.AGUILAR, Mariano. Biografía del Siervo de Dios R. P. Esteban Sala, primer director general de la Congregación de Misioneros Hijos del Inmaculado Corazón de María. Barcelona, Librería de Monserrat, 1907.
  2. 2.AGUILAR, Mariano. Historia de la Congregación de Misioneros Hijos del I. Corazón de María. Barcelona, 1901. Tomo I, p. 9 y otras más.
  3. 3.ÁLVAREZ GÓMEZ, Jesús, cmf. Misioneros Claretianos. Tomo I: Retorno a los orígenes. Madrid, Publicaciones Claretianas, 1993. p. 202 y otras más.
  4. 4.FERNÁNDEZ, Cristóbal, cmf. La Congregación de los Misioneros Hijos del Inmaculado Corazón de María. Madrid, Coculsa, 1967. pp. 109-110 y otras más.
  5. 5.GUTIERRES, Federico, cmf. El Padre Claret en el periódico La Esperanza (1844-1874). Roma, Publicaciones Claretianas, 1987.
  6. 6.MISIONEROS CLARETIANOS. Anales de la Congregación de Misioneros Hijos del Inmaculado Corazón de María. Tomo XV. Año 1915. pp. 192–193.

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