Confundadores. Jaime Clotet

P. Severiano Blanco cmf

El dàia 4 de Febrero celebramos el recuerdo de la pascua del Venerable P. Jaime Clotet, confundador. Estamos ante una de las personas más queridas en nuestra Congregación y a la que le debemos mucho. Su vida refleja santidad evangélica. Su aporte fue crucial en la historia naciente del Instituto y en la transmisión viva y entusiasta de nuestro carisma original. Es un Claretiano que vivió con gozo y plenitud su identidad claretiana como hombre contemplativo y apóstol misionero.

El Papa Juan Pablo II lo declaró venerable el 3 de Mayo de 1989. En el documento oficial se hace una buena síntesis de su vida: “Entre sus hermanos de Congregación ha sido siempre considerado como un perfecto dechado del ideal del Misionero fijado por San Antonio María Claret (…) En su ordenación sacerdotal recibió la clara conciencia de un don extraordinario que le concedía el Señor: la experiencia íntima de la presencia divina en su alma (…). Su misión en el Instituto se puede resumir así: firme defensor de la vida interior en un Instituto intensamente apostólico. La presencia de Dios fue un estímulo constante en el ejercicio de todas las virtudes. Un don sobrenatural extraordinario vivido en intensidad de fe y manifestado en características auténticamente apostólicas (…). El siervo de Dios, por su cargo de Subdirector y Secretario, dio pruebas constantes de prudencia admirable, conjugaba con una auténtica fortaleza cristiana, que, si por una parte era para él motivo de íntima purificación, por otra parte, le hacía aparecer como modelo de justicia, de paz interior y exterior, de moderación, de delicadeza de conciencia, de confianza sin límites en la gracia divina. El ejercicio constante de estas virtudes le granjeó la admiración de todos y de su edificante vida fue momento culminante su serena muerte”. (Anales CMF (1989) 68,70,71.)

En búsqueda de su identidad misionera

Jaime Clotet y Fabrés nació el día 24 de Julio de 1822 en Manresa (Barcelona – España), fue el último de ocho hermanos. Fue bautizado el mismo día de su nacimiento. Realizó los tres primeros años de estudios con los Jesuitas de su ciudad natal. Partió a Barcelona para estudiar la retórica y la filosofía en el Instituto de segunda enseñanza de la Universidad de esa ciudad.

A los diecisiete años ingresó en el Seminario de Barcelona, donde cursó los estudios eclesiásticos, que luego los culminó en Vic. Debido a la situación de persecución de la Iglesia en España, pasó a Francia y a Roma, donde fue ordenado sacerdote el día 20 de julio de 1845. Al regresar a España fue destinado, en julio de 1846, como Vicario del Ecónomo de Castellfollit del Boix, parroquia situada frente a Montserrat. En 1847 fue nombrado Cura Ecónomo de Santa María de Civit, otro pueblecito situado entre las montañas.

Estos cuatro años de ministerio fueron muy buenos, pero en su corazón seguía una fuerte inquietud misionera, por ello, en junio de 1849, expuso al Dr. Jaime Passarell sus deseos de dejar la parroquia. El momento de interrupción de su ministerio fue providencial para ponerse en contacto con el P. Claret, que estaba a punto de fundar una nueva Congregación. De hecho, encontramos al P. Jaime Clotet, el 16 de julio de ese mismo año, formando parte del grupo de confundadores; era el más joven de todos. El P. Clotet descubrió por fin su vocación misionera y encontró en la nueva Congregación el mejor lugar para vivirla.

El despliegue de su vocación misionera

“…Muchos años más tarde, recordaría en sus apuntes los detalles aparentemente más insignificantes de la vida del Instituto en los primeros días: las palabras y ejemplos del Fundador… Es claro que todo ello vino a cuadrar a maravilla con las disposiciones espirituales con que él había entrado. Como se trató, según sus mismas palabras, de un año de noviciado, los primeros meses vivieron los Misioneros una vida intensa de comunidad… Jaime Clotet debió hallarse a sus anchas en un ambiente tan fraterno, espiritual y disciplinado. No hay duda de que, por otro lado, dicho ambiente y sobre todo las palabras y ejemplo del Santo Fundador debieron avivar en él los deseos de entregarse totalmente a la obra de su santificación… De hecho en una lista de beneficios, destaca la especial devoción que lo embargó durante estos meses: “Devotio in annis 49-50” (Mss. Clotet IV, p. 240)”. (LOZANO, Manuel. Un hombre en la presencia de Dios, pág. 83-84).

Los primeros años de ministerio en la Congregación estuvieron marcados por las misiones populares y los ejercicios espirituales. De manera especial se dedicó a la catequesis con sordomudos, que fue el ministerio para el que se sentía más capacitado y por el cual transmitió mucha vida. Escribió el libro: “La comunicación del pensamiento por medio de señas naturales, o sea, Reglas para entender y hacerse entender de un sordo mudo”, que resultó muy útil para quienes se dedican a este ministerio apostólico. Además escribió también algunos opúsculos para el clero y para la formación de los Hermanos de la Congregación.

El P. Clotet se sintió plenamente compenetrado con el espíritu y el estilo de vida claretianos: se alternaba los meses de estancia en casa, dedicados a la oración y al estudio, con otros consagrados a la predicación misionera.

Un servicio generoso y firme a su Congregación

El P. Clotet fue el primer Subdirector de la Congregación, siendo elegido para tal servicio en 1858, cuando el P. Xifré fue elegido Superior General después de la muerte del P. Esteban Sala; y desempeñó este cargo durante 30 años consecutivos. En el Capítulo General de 1888 ya no fue elegido como Subdirector, pero el P. Xifré lo designó Secretario General. Entre 1865 y 1895 fue nombrado superior local de varias de las primeras casas del Instituto en España y en Francia: Vic, Prades, Thuir, Santo Domingo de la Calzada, Cervera y Gracia. Además se dedicó a la formación de los Misioneros, especialmente de los Hermanos.

Como vemos, el servicio interno a la Congregación llenó su corazón y ocupó la mayor parte de años de su vida misionera. Fue la persona necesaria para complementar al P. Xifré en su servicio de Superior General. Los dos conocieron en profundidad al Fundador y los dos eran lo suficientemente diferentes como para enriquecer mutuamente la dirección del Instituto. Como dice el P. Aquilino Bocos: “El P. Clotet tenía otra forma de ser. Era afable y manso, minucioso y buen consejero. Siempre daba la sensación de serenidad, propia de quien se halla en la continua presencia de Dios (…). Se ha comparado al P. Xifré y al P. Clotet como a la fuerza centrífuga y centrípeta, respectivamente, en la vida y misión de la Congregación. El P. Xifré lleva a la Congregación siempre hacia nuevos horizontes y aventuras misioneras. El P. Clotet se convertía en memoria de los valores esenciales que vigorizan el dinamismo misionero. Dos formas complementarias de hacer y de mantener viva la Congregación.” (Herencia y Profecía, pág. 51-52)

El carácter enérgico y la tendencia autoritaria de gobernar del P. Xifré fueron en varias ocasiones causa de sufrimiento para el P. Clotet; por ejemplo, tuvieron dolorosas diferencias en lo referente a la división de la Congregación en provincias. El P. Clotet superó todo esto con confianza en Dios, prudencia, sinceridad y amor a la Congregación. De estas dificultades quedó enriquecido y pudo ser sostén, consuelo e inspiración para muchos hermanos de Congregación.

Amigo fiel del P. Fundador y contagiante transmisor de su memoria viva

El P. Jesús Bermejo dice sobre el P. Clotet: “Pocas personas conocieron tan de cerca como él al santo misionero, no porque viviera mucho tiempo a su lado, sino por la comunión espiritual que hubo entre ellos tras la fundación de la Congregación y, de un modo especial, en las visitas del Santo a Vic y a Gracia y en las últimas semanas de su vida cuando el P. Clotet le atendió con inmenso cariño filial.” (Clotet, Jaime. Vida edificante del Padre Claret, misionero y fundador, pág. V).

Unió a estos dos santos varones un amor entrañable recíproco y duradero. Todos los historiadores dan muestras de cómo el P. Claret distinguió siempre al venerable confundador con un afecto especial. Y a la vez, de cómo el P. Clotet a penas conoció al P. Fundador empezó a admirarlo y a tenerle como modelo y fuente de inspiración misionera. Tuvo la gracia de encontrarse con el Santo en varias oportunidades, pero sobre todo, la dicha de acompañarle y atenderle de cerca las últimas semanas de su vida en la tierra. Gracias a las cartas que constantemente enviaba al P. Xifré para informarle sobre la salud del Santo, contamos con un material extraordinario para conocer los detalles de la muerte del P. Fundador. Apenas sucedida esta partida, se puso en contacto con Don Francisco de Asís Aguilar, a quien le facilitó todos lo materiales con que contaba, para que escriba una primera biografía del santo Arzobispo.

El amor filial que tuvo al P. Claret, le llevó a desvivirse por recopilar todos los materiales y testimonios que permitieran conocer su santidad y así iniciar su proceso de beatificación. El material recogido fue abundante; el trabajo del P. Clotet fue sorprendente e infatigable. Como fruto de su investigación escribió en 1882 el “Resumen de la vida admirable”. Sobre esta obra el P. Mariano Aguilar nos refiere: “…como obra de laboriosidad no tiene precio, solo por esa brillante colección de documentos, que forman luminosa aureola de santidad alrededor de las sienes de nuestro Venerable Fundador, sino también porque el mismo Compendio o Resumen de la Vida del Venerable es un alegato histórico de primer orden comprobado en todas sus páginas, en todas sus líneas y sirvió maravillosamente para lo que se proponía su autor, que era dar a conocer más y más las virtudes heroicas del P. Claret y preparar el terreno para la causa de beatificación.” (Aguilar, Mariano. Biografía del Siervo de Dios P. Jaime Clotet y Fabrés, pág. 280-281)

Una vez editada esta sucinta obra se dedicó a elaborar otra más amplia y detallada: la “Vida edificante del P. Claret, misionero y fundador”, que lamentablemente no pudo salir a la luz porque no contó con la aprobación unánime de los censores escogidos por el P. Xifré, quien prefirió encargar la obra a otro Misionero. Este golpe seguramente produjo mucho dolor en el corazón sensible del P. Clotet, pero fue asumido con humildad y trató de integrarlo como un bien para su vida y para la Congregación. Al respecto escribió al P. Jerónimo Batlló: “Hace tres semana nos visitó nuestro Rmo. Padre, y dijo a uno de esta casa que había encargado la redacción de la Vida del Santo Arzobispo a otro Misionero… Me voy desprendiendo de todo; pues me aumentan las ganas de estar con Jesucristo…” (Original autógrafo: Arch. Post. CMF: CL, nº 47. 187). Y cuando supo la noticia de que ese Misionero era el P. Mariano Aguilar, le escribió: “Agradezco a usted su extremada bondad para conmigo; sepa que estoy contentísimo de que la Vida de nuestro amado Padre se publique, no en mi nombre, sino en el de otro… No tenga usted reparo en pedirme las noticias que desee; quizás no podré satisfacer a todas sus demandas; mas si en alguna parte le puedo complacer a usted en eso, es en esta casa-misión, donde hay copias de escritos…” (Aguilar, Mariano, o.c. pág. 296-297). Felizmente esta obra vio la luz en el año 1999; fue editada con la transcripción, revisión, prólogo y notas del P. Jesús Bermejo, con motivo de la celebración del centenario de la muerte del Venerable P. Clotet y de la proximidad de los 150 años de la Fundación.

Un buscador que fue encontrado por la permanente Presencia de Dios

La mayor parte de testimonios recogidos en el proceso de su Causa afirman que el P. Clotet era un hombre que traslucía permanentemente la gracia de vivir en la presencia del Señor. Esto se notaba en su paz, en su sabiduría, en su fe, en su consejo, etc. Uno de los historiadores afirmó de él: “Querido y venerado de todos, enteramente de Dios… que pasó por la tierra dejando en pos de sí suaves perfumes de santidad, creando en torno suyo cálidos ambientes de amor, y apuntando, con su prudencia, en muchas almas consoladores amaneceres. No tuvo un enemigo”. (Fernández, Cristóbal. La Congregación de Misioneros… Tomo I. pág. 53)

Gracias a Dios contamos con diferentes escritos del mismo P. Clotet, que nos permiten entrever el posible proceso que vivió en su experiencia espiritual. Ya en su ordenación sacerdotal tuvo la conciencia de vivir en la presencia de Dios durante todo un año. Juan María Lozano ha estudiado a fondo este tema en su libro “Un hombre en la presencia de Dios”. Nos presenta el itinerario espiritual vivido por el P. Clotet. En primer lugar fue un camino de búsqueda personal, en el que pasó de la mera repetición de las opiniones de los maestros de espíritu de su tiempo a la afirmación de la originalidad de su propio camino espiritual en absoluta confianza en Dios. Y en segundo lugar, un camino en el que vivió varias etapas: la gracia temporal de la presencia divina en torno a la ordenación sacerdotal, la lucha tenaz con los obstáculos que le dificultaban vivir en la presencia de Dios, la simple atención a la Presencia, la atracción divina y el simple acoger el gozo de la Presencia de Dios. Poco a poco, el P. Clotet hizo un camino que pasó de la búsqueda ascética de la presencia del Señor a la experiencia mística de acoger la gratuita y libre gracia de vivir siempre en su Presencia. Esto no lo aisló en su mundo interior, sino que lo hizo un hombre contemplativo. Cumplió una importante misión en su Congregación apostólica: recordarle que el verdadero ardor misionero sólo puede brotar de una experiencia profunda de encuentro con Dios.

Un hermano y amigo en camino de glorificación

En 1885, estando ya muy enfermo y casi ciego, fue destinado a la Comunidad de Gracia (Barcelona) donde murió santamente el 4 de febrero de 1898. El P. Xifré se encargó de redactar una breve necrología para Anales, en la que dijo: “…Llegó a los setenta y cinco años de edad, durante los cuales fue modelo de piedad, celo y ejercicio de todas las virtudes, las cuales le acompañaron hasta el fin, como lo testifican cuantos le conocieron y trataron o presenciaron su muerte, la cual por su paciencia, resignación y amor de Dios fervoroso, fue preciosa y edificante…” (Anales Vol. VI, pág. 296).

El Papa Juan Pablo II lo declaró venerable el 3 de Mayo de 1989. Y nosotros tenemos en él un hermano y amigo que nos estimula a vivir con más consistencia y audacia nuestra identidad de misioneros claretianos hoy.

BIBLIOGRAFÍA:

  1. 1.AGUILAR, Mariano. Biografía del Siervo de Dios P. Jaime Clotet y Fabrés. Barcelona, Librería de Montserrat, 1907.
  2. 2.AGUILAR, Mariano. Historia de la Congregación de Misioneros Hijos del I. Corazón de María. Barcelona, 1901. Tomo I.
  3. 3.ÁLVAREZ GÓMEZ, Jesús, cmf. Misioneros Claretianos. Tomo I: Retorno a los orígenes. Madrid, Publicaciones Claretianas, 1993. p. 202 y otras más.
  4. 4.BOCOS MERINO, Aquilino, cmf. Herencia y profecía. 150 años de gracia y de servicio al Evangelio. Roma, 1988. pp. 48-52.
  5. 5.CLOTET, Jaime, cmf. Vida edificante del Padre Claret, misionero y fundador. Transcripción, revisión y notas de Jesús Bermejo, cmf. Madrid, 2000. pp. III–XXV.
  6. 6.FERNÁNDEZ, Cristóbal, cmf. La Congregación de los Misioneros Hijos del Inmaculado Corazón de María. Madrid, Coculsa, 1967. pp. 112-113 y otras más.
  7. 7.LOZANO, Juan Manuel, cmf. Un hombre en la presencia de Dios. Estudio sobre la experiencia espiritual del Siervo de Dios, P. Jaime Clotet, cmf. Roma, 1971.
  8. 8.MISIONEROS CLARETIANOS. Anales de la Congregación de Misioneros Hijos del Inmaculado Corazón de María. Tomo VI. Año 1897. p. 296.

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