Experiencia formativa

Desde que me comunicaron el destino como Prefecto de Estudiantes en el Teologado de Granada se despertaron en mí dos grandes sentimientos, uno de agradecimiento por la confianza que la Congregación depositaba en mí ante tal ministerio, y, por otro lado, de inseguridad ante las dudas de estar a la altura que demanda. Recordaba la sabiduría y la talla humana y cristiana de los formadores que me acompañaron en el proceso de iniciación y maduración en la vida claretiana, y veía el “listón” muy alto. Una vez comenzada la misión que el Señor me encomienda en esta etapa de mi vida he podido sentir de forma muy palpable la gracia de Dios por la asistencia de su Espíritu y la ayuda inestimable de los otros dos miembros del Equipo Formativo, con los que suelo tener una reunión mensual en la que valoramos la marcha de la vida formativa, hacemos propuestas de mejora e informamos de nuestros calendarios.

                Tengo que seguir agradeciendo al Señor y al Corazón de María el enriquecimiento que dicha tarea me ha supuesto en este tiempo, a nivel personal pues dicho servicio me exige estar en una continua tensión de hábitos y costumbres que no desedifiquen a los muchachos, y a nivel formativo pues me ha introducido en un estudio de contenidos en la Vida Consagrada y espiritual que de otra manera hubiese desplazado para otro momento de esos que nunca terminan por llegar.

                Cuando contemplo el grupo de formandos puedo constatar, por otro lado, el hermoso colorido de la Congregación por la variedad cultural de sus miembros y por la forma que tiene Dios de desplegar nuestro carisma claretiano con múltiples carismas personales que lo matizan y dinamizan.

                Destacaría siete grandes momentos en los que se desarrolla el trabajo formativo:

  1. En la vida de oración comunitaria y personal. Destacaría en este momento el lugar privilegiado que ocupa la celebración de la eucaristía como momento de comunión y de compartir la vida iluminada por la Palabra de Dios.
  2. En la formación teológica, tanto a nivel académico en la Facultad de Teología de Granada como a nivel de estudio e integración de contenidos en la casa.
  3. El desempeño de alguna actividad apostólica que ayude a adquirir destrezas para la misión y a abrir el corazón a la misión para la que un día están llamados. Esta actividad apostólica la desempeñan de forma ordinaria en las parroquias y de forma extraordinaria una semana durante el curso con el Equipo Misionero o con el Equipo de Pastoral Juvenil; este curso nos hemos iniciado en la participación en uno de nuestros Colegios para una campaña vocacional que ha dado un magnífico resultado tanto para el Colegio como para los dos estudiantes que han participado.
  4. Los encuentros formativos de una hora y media a la semana para seguir profundizando en el carisma, la vida espiritual y consagrada, y aquellos aspectos que puedan ser útiles para el ejercicio del ministerio y la vida misionera. Además de esto dedicamos un tiempo para la formación musical los sábados.
  5. Los momentos de recreación y esparcimiento comunitario: comidas, juegos, deporte, excursiones, rutas de senderismo…
  6. Trabajo manual.
  7. Y, por supuesto, el tiempo dedicado al acompañamiento personal para ayudar a seguir respondiendo desde la fe a la vocación a la que el Señor les llama e ir integrando de forma armónica el interés que todos tenemos de una formación integral.

En definitiva, para mí está resultando una tarea apasionante de sembrar con cariño en el corazón de nuestros estudiantes la semilla del Evangelio y no estorbar mucho la acción del Espíritu de Dios.

P. Juan Antonio Lamarca Carrasco cmf (Granada)

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