Formación religiosa y discernimiento

Vivimos en un mundo donde la vida cotidiana consiste en tomar decisiones de una amplia gama de opciones, las cuales solo unas décadas atrás parecían inimaginables. La tecnología, particularmente Internet y las redes sociales, ofrece opciones aparentemente infinitas, incluso para las elecciones más triviales que necesitamos hacer. Buscamos restaurantes en Google en un lugar determinado y, de repente, no podemos decidir qué comer. Atrás quedaron los días en que las personas tomarían una ruta única a un lugar en particular. Con la disponibilidad de aplicaciones como Google Maps y Waze, se ofrecen varias opciones basadas en el flujo de tráfico y el transporte público más cercano disponible.

Que la vida se trata de tomar decisiones es un hecho que no se puede discutir. Incluso la decisión de no actuar sigue siendo una opción. Todo es una elección. Lo que nos define es cómo tomamos decisiones y el tipo de elecciones que hacemos.

Este es el mundo y la realidad de muchos de nuestros formandos cuando ingresan a la formación religiosa. Entran en la vida religiosa después de examinar las muchas opciones disponibles, o a veces se ven restringidos por opciones muy limitadas, dadas las circunstancias de su vida actual. Aun así, ellos deciden ingresar. Pero el hecho de tomar decisiones no termina una vez que se vuelven postulantes. De hecho, la formación religiosa, en su verdadero sentido, prepara el terreno en el que tendrá lugar una toma de decisiones más profunda, a través de lo que conocemos como proceso de discernimiento. A través de programas de formación humana y espiritual que los ayudan a explorar sus necesidades psicológicas, sus valores y aspiraciones profundamente arraigados, los ayudamos a avanzar hacia un proceso de discernimiento orientado hacia Cristo, a medida que avanzan de etapa en etapa. En lugar de que continúen en la formación movidos por las expectativas de los demás, o debido a la percepción de falta de mejores opciones fuera de la vida religiosa o debido a la condición social que la vida religiosa les brinda, se les  acompaña en el proceso de formación para que puedan escuchar los movimientos del Espíritu en su vida. El objetivo de la formación religiosa debe ser ayudarlos a seguir los modelos que ofrecen las Escrituras al tomar decisiones basadas en la voluntad de Dios en vez de dejarse llevar por su propia comodidad y los deseos personales. Cuando puedan decir verdaderamente: “hágase en mí según tu Palabra”, sin importar la decisión que tomen, creo que podremos decir que hemos hecho bien nuestro trabajo en la formación religiosa inicial.