IMÁGENES AFECTIVAS Y RACIONALES DE DIOS

PRESENTACIÓN 2

1. ALCANCE DE LAS IMÁGENES AFECTIVAS

        La división entre imágenes afectivas y racionales no es neta. Lo afectivo colorea lo racional y viceversa. No lo podemos olvidar.

        Las imágenes que más condicionan no son las aprendidas, sino las afectivas. En ellas predomina el “yo” (=subjetivismo)… que se exhibe en reacciones de este tipo: “No me gusta…”; “no me dice…”; “Me apetece…”) como si el “yo” tuviera que controlar la experiencia religiosa.

        Las personas que se abren a una imagen de tipo teologal comienzan a entender la relación con Dios concediéndole al “Tú divino” el carácter de protagonista. No desaparece el yo, pero trato con Alguien que no es como me hubiera imaginado, sino que desborda mis expectativas concretas.

AFECTIVAS

RACIONALES

TEOLOGALES

DIOS-ABUELO

DIOS DEL MIEDO

DIOS SIN LOGOS

DIOS SIN ESPÍRITU

DIOS CON ESPÍRITU FALSO

DIOS SIN NOVEDAD

DIOS RIVAL

DIOS INÚTIL

DIOS

SALVADOR

ELECCIÓN-ALIANZA

(Salmos)

DIOS PADRE-LEY

ABBÁ de JESÚS

(Sinópticos y Pablo)

DIOS-AUTONOMÍA

ESPÍRITU-VERDAD

2. LA JUSTIFICACIÓN POR LA FE

Hay personas que modulan la fe a partir de un cuño psicológico, sin entrar en el Dios de la Alianza Abbá-Espíritu. El puente que hace superar lo psicológico y entrar en lo bíblico es el tema de la justificación por la fe. Gálatas y Romanos lo explicitan suficientemente.

  • Pablo estaba bien formado en el judaísmo más estricto y trata de ser fiel a ello. Ha querido ser fiel a sus orígenes sin percibir que queriendo servir a Dios, en el fondo está buscando su propio yo.
  • La experiencia fulminante de Damasco le hace comprender que su manera de entender a Dios es basura. La gracia no es el premio a mi conducta intachable, sino el don de Dios que me acepta como soy. De ahí arranca la frase de Rom 3 cuando reconoce haber sido elegido por Dios cuando aún era un pecador. Ello divide su vida en dos etapas, un antes y un ahora. La fe y la gracia inauguran una nueva manera de interpretar a Dios.
  • Ello debe conectar con una experiencia que resulta frecuente en nuestra experiencia consagrada, cuando nos sorprendemos a nosotros mismos pensando o diciendo frases como éstas: “Quería ser religioso para sentirme bien…”; “Buscaba algo que me llenara…”; “Estaba hastiado y necesitaba encontrar un sentido a mi vida…”. Por ello, no conviene vincular la experiencia verdadera del amor de Dios a una experiencia religiosa vivida intensamente, sin mayor discernimiento, porque puede ocultar mucho de egoísmo.
  • Esto tiene mucho que ver con lo que ya conocemos de la experiencia fundante, que produce en el que la vive, entre otros efectos, una síntesis de contrarios, a modo de paradojas, binomios de cosas contrarias, por ejemplo:
  • “Me siento más pecador, pero a la vez más perdonado…”
  • “Estoy en una paz profunda, aun en medio de conflictos diarios…”
  • “Me siento muy responsable, pero sin la ansiedad del perfeccionista…”

Estas cosas, en apariencias iguales, pueden vivirse de una forma totalmente distinta en dos personas. Cuando es auténtica, no hay que demostrar nada, porque todo está demostrado.

  • Esto se suele producir en la crisis de la mediana edad, otras veces ocurre después… En algunos casos no se produce nunca, y por ello no forma parte de la conciencia espiritual. Eso sí, en cualquier caso, no va ligado al nivel de instrucción, no depende de la cultura religiosa que se tenga.
  • Cuando se pasa por la experiencia de “Dios salvador”, lo que antes no me decía nada, ahora me resuena claramente… Y esto concuerda perfectamente con el Dios bíblico.

3. EL CAMINO DE LA SANACIÓN

        LECTIO DIVINA. Lo inconsciente se puede hacer consciente. Se puede purificar la imagen de Dios. Se comienza en la familia viviendo una imagen de Dios… después se cambia con la universidad, con experiencias significativas,… con la formación… Hay que ver lo que nos ha pasado en la propia experiencia. Los estímulos dejan siempre un sedimento. Evangelizar la imagen de Dios supone una lentísima terapia, que viene posibilitada e impulsada fundamentalmente por la “lectio divina”. Gracias a ello nos permite:

  • Distinguir entre lo ERRÓNEO y lo INADECUADO de nuestras imágenes. A veces tenemos imágenes inadecuadas. Y hemos de tener en cuenta que lo que más nos debe importar no es tanto la cuestión de las imágenes, sino las conductas que esas imágenes desencadenan en nosotros mismos.
  • Nos interesa caminar hacia la imagen que nos ofrece Juan: “Adorar a Dios en espíritu y en verdad”. Esto es, caminar hacia el descubrimiento de la trascendencia de Dios. Desde ahí se perfora la realidad. El horizonte es incontrolable. Siempre está más allá. Rompe todos los conceptos.

        CRITERIOS. Algunos criterios importantes a tener en cuenta:

  • Tiene que haber correspondencia entre el proceso evolutivo a nivel humano, psicoafectivo, estructurado por las imágenes primarias de la madre y, sobre todo, del padre (complejo de Edipo), por ser la más importante, la más estructurante y por otra parte la relación con Dios.
  • ¿Cómo se pasa de una imagen a otra? El principio básico es que la relación sólo se cambia con la relación. La relación no cambia con la información. Una pastoral de adoctrinamiento sólo cambia de conceptos. Si la afectividad no se implica, no hay cambios.
  • Hace falta discernir dónde están los conflictos, ver cómo se puede ir creando otro tipo de relación, pero siempre a través de la relación…Si uno no se moja en la relación, no hay nada que hacer.
  • Hay que tener en cuenta que una cosa es saber sobre Dios y otra el proceso vivido con Dios, que pueden ir disociados. Se pueden tener ideas muy correctas sobre lo que es Dios, pero que nada tiene que ver con la relación vivida.
  • Hay que cuidar el subsuelo psicoafectivo sobre el que se construye nuestra relación con Dios, pero cuidando siempre de que la relación con Dios no sea reducida a maduración psicoafectiva. Hay que utilizar una pedagogía simultánea. El Dios de la Biblia exige siempre trascender lo psicoafectivo.

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