INICIACIÓN EN LA VIDA MISIONERA

MISIONEROS CLARETIANOS

 

 

INICIACIÓN EN LA VIDA MISIONERA

 

(MANUAL DEL NOVICIO CLARETIANO)

 

 

PREFECTURA GENERAL DE FORMACIÓN

 

ROMA 2002

 

 

CONTENIDO

Siglas

Notas Históricas

Capítulo 1:                  Qué es el noviciado

Capítulo 2:                  La vocación y su discernimiento

Capítulo 3:                  La experiencia vocacional en la Biblia

Capítulo 4:                  Claret, Fundador y modelo de vida apostólica

Capítulo 5:                  Nuestra historia

Capítulo 6:                  El carisma de la Congregación

Capítulo 7:                  El seguimiento de Cristo

Capítulo 8:                  Los consejos evangélicos

Capítulo 9:                  La comunidad claretiana

Capítulo 10:                La misión claretiana

Capitulo 11:                La Palabra de Dios

Capítulo 12:                La oración en la vida del claretiano

Capítulo 13:                Las virtudes propias del novicio

Capítulo 14:                Las virtudes del misionero claretiano

Capítulo 15:                La unidad de la vida misionera

Capítulo 16:                Las Constituciones, instrumento de formación

Capítulo 17:                María, Madre y Formadora

Capítulo 18:                Aspectos jurídicos del noviciado

Apéndices

Índice general

SIGLAS UTILIZADAS

1. Documentos del Vaticano II

 

AA       Decreto Apostolicam Actuositatem sobre el apostolado de los                         seglares (1965)           

DV       Constitución Dei Verbum sobre la revelación divina (1965)

GS                   Constitución Gaudium et Spes sobre la Iglesia en el mundo actual (1965)

LG       Constitución Lumen Gentium sobre la Iglesia (1964)

OT       Decreto Optatam Totius sobre la formación sacerdotal (1965)

PC                   Decreto Perfectae Caritatis sobre la adecuada renovación de la vida religiosa (1965)

PO                   Decreto Presbyterorum Ordinis sobre el ministerio y vida de los presbíteros (1965)

SC       Constitución Sacrosanctum Concilium sobre la Sagrada Liturgia

UR       Secreto Unitatis Redintegratio (1964)

 

 

2. Documentos del Papa

 

2.1. Pablo VI

 

EN       Exhortación apostólica Evangelii Nuntiandi (1975)

ET       Exhortación apostólica Evangelica Testificatio (1971)

MC      Exhortación Apostólica Marialis Cultus (1974)

 

2.2. Juan Pablo II

 

EEVR  Elementos esenciales de la doctrina de la Iglesia sobre la Vida          Religiosa (1983)

PDV    Exhortación apostólica Pastores Dabo Vobis (1992)

RD       Exhortación apostólica Redemptionis Donum (1984)

VC       Exhortación apostólica postsinodal Vita Consecrata (1996)

 

3. Documentos de la Sede Apostólica

 

AAS                 Acta Apostolicae Sedis

CDC    Instrucción Caminar desde Cristo (2002)

CIC     Código de Derecho Canónico (1917, 1983)

DPVIP             Desarrollo del cuidado pastoral de las Vocaciones en las Iglesias Particulares: Experiencias del pasado y proyectos para el futuro (1981). II Congreso Internacional de Obispos y otros responsables de las vocaciones eclesiásticas.

IBI                   Pontificia Comisión Bíblica: La interpretación de la Biblia en la Iglesia (1993)

MR      Documento Mutuae Relationes (1978)

PI        Instrucción Potissimum Institutioni (1990)

RC       Instrucción Renovationis Causam (1969)

RI        Instrucción Religiosorum Institutio (1961)

VC                   Junn Pablo II: Exhortación Apostólica postsinodal Vita Consecrata (1996)

VFC                Documento La vida fraterna en comunidad (1994)

 

4. Documentos de Conferencias Episcopales

 

SD       Documentos. Santo Domingo (1992).

 

5. Escritos del Fundador

 

Aut      Autobiografía

API                  Apuntes de un Plan para conservar la hermosura de la Iglesia, Madrid 1865, 260 pgs.

Cl                    El Colegial o seminarista instruido, Barcelona 1861, t.2, 526 pgs.

CMT               Carta al misionero Teófilo, Barcelona 1858: EE 341-367.

CPP     Carta Pastoral al Pueblo (1853)

EA       Escritos Autobiográficos (1981)

EAE    Escritos Autobiográficos y Espirituales (1959)

EC       Epistolario Claretiano (1970, 1987)

EE       Escritos Espirituales (1985)

PCle                Pastoral al Clero, Santiago de Cuba 1852, 84 pgs. y Apéndice de 1855.

PSM                “Monasterio de El Escorial. Plan de estudios para los Seminarios”: Miscelánea interesante, 338 pgs.

RCS                 “Reglas del Instituto de los Clérigos seglares que viven en comunidad”: Miscelánea interesante, Barcelona 1865, 338 pgs.

RFCMF           Reglamento para los Aspirantes, Probandos y Estudiantes de nuestra Congregación y sus respectivos Maestros, 1862. Publicado por la Prefectura General de Formación: Cuadernos de Formación Claretiana, nn. 1-2. Roma, 1987 y 1988.

 

6. Documentos de la Congregación

 

1AP     Decreto sobre el Apostolado (1967)

1F        Decreto sobre la Formación (1967)

1HH    Decreto sobre los Hermanos (1967)

1VR     Decreto sobre Vida Religiosa (1967)

2RG    Decreto sobre Régimen (1973)

2VR     Decreto sobre Vida Religiosa (1973)

AG CMF         Archivo General CMF

CA       Carta Abierta a la Cogregación (1973)

CC       Constituciones CMF (1986)

CCTT  Constituciones y Textos CMF (1972)

CIA     Codex Iuris Addictitii (1925, 1940, 1953).

ColCC Colección de circulares CMF (1941)

CPR    El Claretiano en el Proceso de Renovación Congregacional (1985)

DC       Declaración sobre el Carisma (1967)

Dir       Directorio CMF (1999)

DVC    Directorio Vocacional Claretiano (1999)

EMP    En Misión Profética (1997)

IMP     Iniciación al Ministerio de la Palabra (1997)

MCH   La Misión del Claretiano Hoy (1979)

MI       Decreto sobre misiones no-cristianas (1967)

NEM   Nuestra Espiritualidad Misionera (2002)

OSG    Ordo Studiorum Generalis (1929, 1959)

PE       Declaración sobre el Patrimonio Espiritual (1967)

PGF     Plan General de Formación (1994)

PAV    Proceso apostólicoo de Vic

PIB      Proceso informativo de Barcelona

PIC      Proceso informativo de Cuba

PIT      Proceso informativo de Tarragona

PIV      Proceso informativo de Vic

RDV    Resumen alfabético de las disposiciones vigentes (1897)

SP        Servidores de la Palabra (1991)

 

7. Circulares de los Superiores Generales

 

CCR    G. Alonso, Las Constituciones Renovadas (1982)

CF       G. Alonso, Claretianos en Formación (1990)

CMC   A. Leghisa, El Corazón de María y la Congregación en el momento actual (1978)

FRMC N. García, La Formación Religiosa, Misionera y Claretiana (1947)

HRCM            A. Bocos, Hacia un renovado compromiso misionero (1994)

HP                   A. Bocos, Herencia y Profecía (1998)

TM                  A. Bocos, Testamento Misionero de Nuestros Mártires (1992)

VMTM            A. Bocos, Vocaciones Misioneras para el Tercer Milenio (2001)

 

 

8. Otras siglas

 

EsC     P. José Xifré, El Espíritu de la Congregación (1880)

NPVM             Nuestro Proyecto de Vida Misionera I-II-III (Comentarios a las Constituciones)(1989, 1991, 1997)

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

El noviciado en la Congregación.

 

Notas Históricas

            La organización del noviciado y sus orientaciones formativas comenzaron en la Congregación con el P. Fundador. Más aún, podemos decir que, a lo largo de nuestra historia, los aspectos carismáticos y congregacionales que lo definen han sido y siguen siendo los mismos que estableció san Antonio Mª Claret. En el apéndice a las Constituciones del año 1862 y en las Constituciones que siguieron posteriormente, se introdujeron sus orientaciones formativas que han durado hasta la presente renovación conciliar.

            En estas notas ofrecemos algunos datos históricos sobre el desarrollo de las orientaciones pedagógicas del noviciado en la Congregación. Nos basamos principalmente en los documentos congregacionales y en las decisiones y orientaciones de los Capítulos y Superiores Generales.

I. ÉPOCA DEL P. FUNDADOR (1857-1862)

1. Constituciones de 1857

            Nuestra Congregación, en los primeros años de su existencia (1849-1857), sólo contemplaba la incorporación a la misma de sacerdotes y hermanos ayudantes. Así aparece claramente en las Constituciones del año l857, prácticamente las mismas del año l849 con algunos pequeños cambios[1]. Para ellos había en dichas Constituciones algunas orientaciones en orden a su admisión e incorporación a la Congregación[2]. Los candidatos debían ser admitidos por el Director General y los Consultores. Estaban de prueba durante un año antes de ser aceptados definitivamente y les acompañaba alguno de los sacerdotes más antiguos y ejemplares para instruirlos en las prácticas de la casa y los ministerios. Se describe y exige una especie de noviciado aunque no se le llame como tal[3].

            No obstante, el P. Fundador y el P. Xifré comprendieron que era urgente y necesario admitir y formar estudiantes en nuestra Congregación[4]. Y así lo hicieron poco a poco y lo establecieron provisionalmente hasta el año 1862 en que se celebró el II Capítulo General[5]. Fueron pasos trascendentales que cambiaron en el futuro la existencia y la fisonomía de la Congregación[6].

            Desde el punto de vista formativo, se fueron organizando en esta época los primeros noviciados de la Congregación en Vic. En el año 1861 se inauguró el primer noviciado para sacerdotes y estudiantes, aunque el de hermanos debió comenzar antes para atender a los candidatos que ingresaban. Del 1861 al 1868, año en que la Congregación tuvo que abandonar España a causa de la revolución, existieron dos noviciados en Vic, con sus respectivos maestros y reglamentos formativos[7]. Parece ser que el maestro de novicios (estudiantes y sacerdotes)era también el prefecto de los estudiantes profesos[8].

 

2. II Capítulo General (1962)

            El II Capítulo General, presidido por el P. Fundador, se tuvo en Gracia del 7 al 14 de julio de 1862[9]. Fue un Capítulo decisivo, especialmente en lo referente al tema formativo. En él, entre otras cosas:

            1º. Se instituyó la categoría de estudiantes mediante decretos que corregían los números 5 y 13 de las Constituciones de 1857[10]. El nuevo texto constitucional del nº 5 quedaba de la siguiente manera: Además [la Congregación] constará de Sacerdotes, Estudiantes y Hermanos coadjutores.

            2º. Y se decidieron asuntos sobre el aspirantado, el noviciado, la consagración y la incorporación definitiva a la Congregación[11].

 

3. Reglamento formativo (1862)

            Terminado el II Capítulo General, el P. Fundador se puso enseguida a trabajar sobre el primer documento formativo global, no sólo de estudios, de la Congregación. Según una carta al P. Xifré del 2 de agosto de 1862[12], el P. Fundador había entregado el 28 de julio en Segovia al P. Clemente Serrat un reglamento para los Estudiantes y otro reglamento para el Pedagogo o Prefecto. Los capítulos sobre los aspirantes, novicios, maestro y coadjutor fueron redactados unos meses más tarde, entre agosto y diciembre del l862. De hecho, el P. Fundador remitió al P. Xifré todos los documentos de una manera definitiva el 20 de diciembre del 1862[13]. Todos ellos formaban un conjunto titulado Reglamento para los Aspirantes, Probandos y Estudiantes de nuestra Congregación y sus respectivos Maestros[14]. Nos fijaremos ahora en la parte que corresponde a los aspirantes, probandos y maestro con su ayudante[15].

3.1. El aspirantado

            Los aspirantes eran los que habían sido aceptados por la Congregación para hacer la prueba de dos semanas antes del noviciado[16]. Todos los aspirantes (sacerdotes, estudiantes y hermanos) debían ser acogidos en una comunidad de la Congregación, atendidos con cariño por los responsables y ayudados en el discernimiento vocacional. Para este último objetivo, debían ser muy obedientes al maestro. Éste, personalmente o por medio de su ayudante, les enseñaba con amabilidad todo lo conveniente en el orden moral, educativo y material[17].

            Si los aspirantes, durante este tiempo, daban esperanzas de ser personas llamadas a la Congregación, iniciaban el año de prueba o noviciado.

3.2. El noviciado

            El noviciado, año de prueba, tenía como objetivo poner los fundamentos de las virtudes[18] en orden al ministerio apostólico. Por lo mismo, la primera atención de los novicios era la obtención de las virtudes, estableciendo firmemente los fundamentos de las mismas y poniendo en práctica con esmero los medios más eficaces para ello[19].

            En orden a la formación de los novicios y para dirigir, enseñar y regular[20] la vida del noviciado, había un maestro el cual había de ser para todos luz, camino, padre, maestro y ejemplar[21]. Con el novicio tendría un contacto personal para conocerle más íntimamente y ayudarle en su vocación[22]. La persona llamada a desempeñar este importantísimo cargo debía poseer “las cualidades de madurez, amabilidad, discreción y conocimientos que para esta función se requieren”[23].

            En el ejercicio de sus funciones el maestro, que era asistido por un ayudante[24], debía ser:

• devotísimo de Dios y de la Virgen[25];

• fidelísimo al superior[26];

• y padre, maestro y médico (y psicólogo) de los novicios, cuidando de su salud espiritual y corporal[27].

            Terminado el año de noviciado, si los novicios habían adquirido la formación adecuada para ser buenos misioneros y estaban decididos y resueltos a permanecer en la Congregación, se preparaban a su consagración definitiva a Dios y al Inmaculado Corazón de María con diez días de ejercicios[28].

4. Las “Máximas importantísimas” del P. Xifré (1862)

            Fruto también de lo tratado en el II Capítulo General fue el documento que el P. Xifré publicó a fines de septiembre del 62, titulado Máximas importantísimas en todo tiempo y para todos los Misioneros, pero con más especialidad para los que están en el año de probación[29]. Es un breve documento de 10 máximas sobre las actitudes que el probando debe cultivar durante el noviciado (confianza, humildad, alegría, etc…) y sus relaciones con los superiores y el director.

            El novicio debería creer plenamente y tener la seguridad de que podría realizar su vocación. Para ello era necesario que confiara en que el Señor, que lo había elegido, le daría la aptitud, todo lo necesario, para cumplir el proyecto vocacional al que había sido llamado. Tenía que confiar en el Corazón de María, porque es nuestra Madre y Formadora. Y debía confiar en la Congregación, que ruega por todos sus miembros y les ayuda con los medios necesarios para ser fieles[30].

            Junto a esta seguridad personal, fundada en el Señor, en el Corazón de María y en la Congregación, el novicio debía tener, también, mucha humildad[31] y confianza en sí mismo; no debía tener miedo, ni estar triste cuando experimentara tentaciones de desconfianza o las propias limitaciones. Por lo mismo, nunca debería agobiarse ni por los muchos trabajos que tuviere, ni por la carencia de talento o de conocimientos necesarios a su vocación; ni, tampoco, por las muchas faltas e imperfecciones que pudiera cometer o por las tentaciones que debiera soportar[32].

            Además de estos motivos de confianza, el novicio había de poner algunos medios para ser humilde y para superar las tentaciones o los límites personales. Los medios que se aconsejan son:

• La oración[33]. Los probandos debían pedir al Señor lo que necesitasen en salud, ciencia y virtud para ser fieles; orar insistentemente al Corazón de María, como Madre y Formadora; y tener confianza en las oraciones de los propios hermanos que rogasen por ellos.

• El conocimiento propio mediante la introspección. Para fomentar la humildad, el probando había de entrar con frecuencia dentro de sí mismo, estudiando lo que era y lo que debía ser[34].

• La dirección espiritual. En las tentaciones, angustias y en los momentos de tristeza, además de luchar contra ellas y de orar, era imprescindible y necesario acudir al director espiritual o al superior[35].

 

 

II. ÉPOCA DE “LAS PRÁCTICAS ESPIRITUALES” (1888)

1. Organización de los noviciados

            Los primeros noviciados de la Congregación sufrieron varias vicisitudes, tanto en su instalación y organización como en su programa formativo. Hasta el año 1868, ya lo dijimos más arriba, el noviciado de hermanos y el de sacerdotes y estudiantes, estuvo en Vic. Después de la revolución, se instaló en Prades y Thuir; a la vuelta a España en Gracia y, de nuevo, en Vic. En 1888 se estableció en Cervera.

            Había dos tipos de noviciado en dos secciones separadas; uno, para sacerdotes y estudiantes y otro, para hermanos ayudantes. Desde el punto de vista formativo, los novicios hermanos, con su maestro, convivían con los hermanos profesos; y los novicios sacerdotes y estudiantes formaban una única sección con los estudiantes profesos bajo un solo formador, que era, a la vez, maestro y prefecto; más aún, los novicios estudiantes, durante el período del noviciado, simultaneaban los estudios eclesiásticos con las actividades propias del año de prueba[36]. Esta última situación, no del todo ni siempre deseada, fue objeto de varias consideraciones en orden a su modificación[37].

            Razones de escasez de personal, por una parte, y las inseguridades de instalación, debido a los cambios forzosos de lugar, por otra, impidieron una más adecuada organización formativa. No obstante, en 1888, con la reorganización de los centros formativos y el traslado del noviciado de estudiantes y el de hermanos a Cervera, la situación cambió[38].

 

2. Tratado pedagógico para los novicios

            En 1888 se publicó el tratado pedagógico Prácticas Espirituales para uso de los novicios de la Congregación[39]. Aunque no conste en la impresión, es una obra escrita por el P. Vallier, por disposición del P. Xifré. Sigue muy de cerca los pasos del tratado escrito para los novicios jesuitas el P. Idiáquez, S.J. Aunque la fuente sea ese tratado, está adaptada según el espíritu de la Congregación[40] y reorientada y enriquecida con fuentes y referencias claretianas tomadas de las Constituciones, El Espíritu de la Congregación y de la tradición congregacional. También es de destacar el amplio e intenso matiz mariano que lo caracteriza, por las muchas referencias que hace a la Virgen, perfectamente en consonancia con el espíritu claretiano[41].

            El objeto del libro es hacer y presentar una recopilación de prácticas que los novicios debían convertir en una santa costumbre para propiciar abundantes frutos de formación y perseverancia vocacional. Intenta con esta obra ayudar al novicio a actuar unión con Cristo hasta llegar a una perfecta imitación de El, de sus obras, y de su modo y estilo de actuar y de comportarse[42]. El tratado, aunque abundante en sugerencias prácticas muy detalladas y minuciosas, tiene como valor el haber tomado el Evangelio y el ejemplo de Jesús como puntos de referencia para la adquisición de las costumbres y de los hábitos religiosos.

2.1. Objetivo

El objetivo del noviciado es que el novicio llegue a encarnar la definición del Misionero Claretiano, como Hijo del Inmaculado Corazón de María. La definición ha de informar todo el proceso formativo de los novicios. En última instancia, el novicio ha de tener desde el principio, una idea clara de que su vocación es misionera y de que se ha de formar en clave misionera y apostólica[43].

2.2. La formación personalizada

A los novicios se les pide que actúen y obren habitualmente desde la propia interioridad personal, asimilando reflexivamente los valores formativos que se les ofrecen y superando la rutina y la banalidad[44]. Por lo mismo, se han de acostumbrar a obrar con presencia de espíritu, pensando en lo que hace y haciendo todo por Dios y según Dios[45].

2.3. Estudio

Los novicios han de disponer de un tiempo para el estudio. Con la llamada Lección de memoria en comunidad han de fomentar la piedad[46]. Y, también, han de desarrollar actitudes y disposiciones en una perspectiva misionera, ya que «todas estas cosas bien declaradas y entendidas sirven con el tiempo para el ministerio de salvar almas»[47].

2.4. Algunas de las virtudes destacadas

            1º. La humildad, una virtud connatural a la vida del novicio que ha de durar toda la vida[48]. La meta final es identificarse con la definición del misionero, cuyo contenido describe el tercer grado de humildad, el más alto al que se puede aspirar[49].

            2º. El celo por la gloria de Dios y la salvación de las almas[50], un propósito continuo de todo misionero, y al que el novicio «ya desde el noviciado dirigirá… sus oraciones»[51].

            3º. Y el espíritu de oración, que se ha de fomentar a través del texto evangélico que se propone cada día, los exámenes particulares de la presencia de Dios[52] y del recogimiento interior[53].

 

3. Los Capítulos Generales (1888-1912)[54]

            Los Capítulos Generales trataron la temática formativa del noviciado según las diversas circunstancias.

            1º. El V Capítulo General (Madrid 1888)[55] insistió en que se pusiera sumo cuidado y esmero en el discernimiento y en la selección vocacional de los novicios[56].

            2º. El VI Capítulo General Extraordinario (Cervera 1895)[57] explicó las causas de expulsión de los novicios[58], según constaban en nuestras Constituciones[59].

            3º. El VIII Capítulo General (Vic 1899)[60] confirmó la existencia de un sólo noviciado para la Congregación bajo la jurisdicción del Gobierno General[61]. No obstante, los Superiores Provinciales debían preparar la organización de los propios noviciados cuando se diesen las circunstancias apropiadas[62].

            4º. El IX Capítulo General (Selva del Campo 1904)[63] hizo varias declaraciones sobre las Constituciones, algunas con claro contenido formativo y con referencia al noviciado (n. 56 de la I parte)[64]. Los novicios, terminado el año de noviciado, y antes de profesar, debían disponer por documento público o privado del uso, usufructo y administración de todos sus bienes; y se veía muy conveniente que hiciesen también testamento[65].

            5º. El XI Capítulo General (Vic 1912)[66] acordó solicitar la aprobación a la Sede Apostólica[67] de los siguientes puntos: que el tiempo de aspirantado, en vez de quince días, fuera en principio de un año, con la posibilidad de reducir este tiempo en caso especiales; que después del noviciado se hiciese la profesión temporal, no la definitiva, por tres renovaciones anuales y que nadie fuera admitido a la profesión perpetua antes de los veintiún años. Terminado el período de votos temporales, el profeso que fuese considerado digno, sería admitido a la profesión perpetua; de lo contrario, debía ser despedido.

 

 

III. EPOCA DE “EL NOVICIO INSTRUIDO” (1931)

1. Nueva situación

            Con el pasar de los años, la aparición del nuevo Derecho Canónico y la renovación del nuestro particular, el desarrollo de la Congregación y el cambio de las circunstancias de la formación, se vio la necesidad de proceder a una nueva edición de un tratado para la formación de los novicios. Los Superiores de la Congregación pensaron, con muy buen acuerdo, redactar otra obra «original y propia, que contuviese el espíritu inconfundible de nuestro P. Fundador y de los primitivos Misioneros del Instituto»[68].

 

2. “El Novicio Instruido” (l931)

            Así nació El Novicio Instruido, escrito por el P. Ramón Ribera en 1931[69]. La obra es totalmente claretiana. Tiene abundantes referencias a la Palabra de Dios, al Corazón de María y a la Congregación. El Novicio Instruido da máxima importancia a la práctica de la vida espiritual (métodos de oración, retiros, ejercicios espirituales, exámenes, lectura espiritual, etc…); a la vivencia de los votos; a la ejercitación de las virtudes; y a la asimilación vital de las Constituciones, proyecto de vida de la Congregación, y de las tradiciones congregacionales. Estas prácticas se debían hacer en una comunidad que viviera plenamente la vida claretiana y que supiera transmitir al novicio la experiencia de la vida congregacional.

1.1. Objetivo del noviciado

            El noviciado es un tiempo que precede a la profesión religiosa y sirve para probar la vocación del novicio y poner los fundamentos de las virtudes. El noviciado es, también, un tiempo para que los novicios se formen en el verdadero espíritu de la Congregación y para ser auténticos Hijos del Corazón de María, apóstoles incansables y heraldos de la divina gloria[70].

1.2. La autoformación

            La autoformación equivale a la formación personalizada[71]. Hablando de autoformación, El Novicio Instruido no subraya el individualismo[72], pues siempre hay que contar con los otros agentes de formación: el Señor, los superiores y la comunidad[73]. Lo que está poniendo de relieve es la implicación personal del novicio en su propia formación, de acuerdo siempre con el proyecto congregacional y en sintonía con las orientaciones de los formadores.

1.3. Recta intención

            La rectitud de intención[74] es considerada como un elemento de primer orden[75]. La recta intención da un sentido global a la vida y a la existencia del novicio orientándolas sólo a Dios, a cumplir su voluntad y a preocuparse por sus intereses. El novicio, de esta manera, crecerá también en madurez humana y en equilibrio afectivo, dando a su vida un sentido optimista y positivo y buscando siempre el bien de los demás[76].

1.4. Deberes del novicio

            1º. Entre los deberes del novicio se enumera la observancia puntualísima de las Constituciones, la práctica de las virtudes de la vida religiosa, especialmente las que se refieren a los votos y las señaladas en las Constituciones y el ejercicio asiduo de la oración y meditación; asimismo, respecto a la personalidad, el dominio de sí mismo y del propio juicio, de la voluntad y de las pasiones, la reforma del carácter y del talante exterior según el espíritu de la Congregación[77]. El novicio ha de comportarse con un estilo digno de un Hijo del Corazón de María[78].

            2º. Un deber muy importante de los novicios es su asistencia a las conferencias ascéticas que les ha de dar el P. maestro sobre la vida espiritual, las Constituciones y la Congregación. El Novicio Instruido, para realizar la lectura espiritual, señala las Sagradas Escrituras, las obras ascéticas de doctrina sólida y la vida de los Santos, principalmente la de nuestros hermanos claretianos y la de los santos religiosos y misioneros[79]. Además, da por supuesto la lectura de las obras sobre el espíritu de la Congregación[80]. Por último, sugiere a los novicios que aprendan de memoria textos de las Constituciones y de otros documentos espirituales escogidos. También propone que se les haga aprender textos de la Sagradas Escrituras[81] y de los Santos Padres.

            3º. El P. Ribera no se contenta con hacer un comentario pedagógico a las virtudes propias de los novicios según el capítulo «de probandis»[82]. Es realmente interesante que se inicie la sección sobre las virtudes con «la virtud fundamental, la caridad, origen y móvil de todas las demás»[83]. Es la virtud más necesaria al misionero, como dice el P. Fundador[84] y es la primera que deben buscar los formandos[85].

            4º. Una expresión de docilidad al Espíritu y de cooperación responsable con el P. maestro en la búsqueda de la voluntad de Dios, es la dirección espiritual. Aunque no es obligatoria[86], está sumamente recomendada por la Iglesia, por el P. Fundador[87] y por la Congregación como un medio eficacísimo para superar las dificultades en el camino vocacional y para estimular la propia santificación[88]. La cuenta espiritual se aconseja que se haga cada mes en el día de retiro. No obstante, la tradición congregacional ha sido semanal en nuestros noviciados y, al menos, cada quince días en los escolasticados[89].

1.5. Los recién profesos

            Como los reglamentos de los postulantes y de las prácticas espirituales de los novicios, también El Novicio Instruido tiene valor para los profesos con las debidas adaptaciones[90]. Más aún, a los recién profesos (estudiantes y hermanos) va dedicada la última parte de la obra (sección quinta)[91]. En esta sección se dan algunos avisos a los estudiantes y hermanos para que no pierdan el espíritu adquirido en el noviciado, se confirmen más en él, crezcan en la virtudes, progresen en el camino de santidad que han emprendido y se preparen adecuadamente a la renovación de los votos.

 

2. P. Nicolás García, Superior General

            El P. Nicolás García escribió mucho y bien sobre la vocación claretiana y sobre nuestra formación. Respecto al noviciado se expresó con clarividencia en varias circulares. La etapa del noviciado la consideraba como fundamental para el futuro de las Congregaciones y para la solidez de vida y la perseverancia del religioso[92].

            2.1. El noviciado es un tiempo para que el novicio grabe en su alma la imagen del misionero, para que configure su personalidad conforme a los rasgos que definen el misionero claretiano. El novicio tiene que “estar en condiciones de cumplir los deberes de religioso y Misionero y dar esperanzas moralmente seguras de que no volverá atrás. Por eso, la Congregación exige también pruebas en el noviciado”[93].

            2.2. Hablando a los maestros, les pide que formen y acostumbren a los novicios a vivir en unión con Dios; para ello los novicios necesitan recogimiento, no sólo exterior, sino también silencio interior o «soledad mental», pues Dios no está en el ruido, en la conmoción, en la distracción. Asimismo, para que los novicios vivan en la presencia de Dios, se les ha de acostumbrar a vivir solos consigo mismos, pues él se asienta en la interioridad de la persona[94]. Los maestros han de formar a los novicios en la vida de oración propia del espíritu congregacional[95], y en el tipo de obediencia perfecta que van a vivir en el futuro[96].

            Por lo mismo, el maestro, que ha de poner máximo empeño en fundamentar a los novicios en la abnegación[97], los ha de ejercitar «en el sacrificio del propio juicio y voluntad» y en el sometimiento a las normas de la Congregación, tanto a las que nos dejó el P. Fundador en las Constituciones como a las contenidas en las ordenaciones y disposiciones de los Superiores, con disciplina interior y exterior. Esta ha de ser personalizada: o sea que brote de la conciencia personal y de la propia convicción, y que sea libre y espontánea[98]. Si los novicios no son aptos, se les debe apartar de la Congregación[99].

 

3. El XII Capítulo General

            El XII Capítulo General (Vic 1922)[100], además de adaptar nuestra legislación (Constituciones y Disposiciones Generales) al nuevo Derecho Canónico, tomó importantes decisiones para la formación[101]. Respecto a los novicios:

            1º. Declaró que deben saber antes de profesar «que si ocultaren algún impedimento de los que excluyen o de alguna enfermedad oculta, los Superiores no tienen voluntad de admitirlos, siendo consiguientemente inválida la profesión»[102]. Por lo mismo, tres meses antes de la primera profesión, el novicio, al pedir por escrito ser admitido a ella, hará una declaración de intenciones en el sentido propuesto por la Congregación[103].

            2º. Los que, durante el año de noviciado, se hallaren en peligro de muerte, podrán profesar in articulo mortis con permiso de los superiores, según los casos[104].

            3º. El maestro les explicará el n. 56 de la Iª parte de las Constituciones según el sentido dado por el Capítulo[105].

 

 

IV. LA RENOVACIÓN CONCILIAR (1967- 1994)

            El Concilio Vaticano II supuso un cambio profundo en la vida de la Iglesia y de los Institutos religiosos. Con él se inició un proceso de renovación, adaptación y acomodación de la vida religiosa y, dentro de ella, de la formación para la misma. La Congregación, fiel a la Iglesia, se implicó de lleno en el proceso de renovación conciliar mirando el futuro con grande esperanza.

1. La Instrucción “Renovationis Causam”

            En 1970 la Congregación emprendió la aplicación de la Instrucción Renovationis Causam[106] sobre el noviciado y la profesión en la Congregación[107]. Esta instrucción introdujo cambios radicales en orden a su experimentación en la estructura y dinámica formativa del noviciado.

            Entre las facultades que se concedieron para su experimentación hasta el siguiente Capítulo General cabe destacar por su importancia:

            1º. La implantación para todos los candidatos de un tiempo de postulantado canónico según la mente y las normas de Renovationis Causam.

            2º. Durante el noviciado, la introducción de actividades formativas fuera del mismo, la realización de ciertos estudios útiles para la formación de los novicios y un nuevo tipo de relaciones de éstos con los profesos del instituto.

            3º. La aceptación de vínculos (o promesas) temporales antes de la profesión temporal o perpetua.

            4º. Y el establecimiento de un tiempo especial de preparación para la profesión perpetua[108].

            El XVIII Capítulo General (Roma 1973) elaboró y promulgó un documento formativo titulado La Formación. Entre los aspectos más particulares se puede destacar: la aprobación «ad experimentum» por un sexenio de las facultades aprobadas por el Gobierno General para la Congregación sobre el noviciado según la Instrucción Renovationis Causam[109].

 

2. Asamblea General de San José de Costa Rica (1976)

            La Asamblea celebrada en Costa Rica fue importantísima para la Congregación bajo muchos puntos de vista[110]. Se habló ampliamente del problema vocacional y de la situación de la formación. Entre las proposiciones concretas que se aprobaron se pueden destacar las que se refieren al noviciado[111]:

            1º. Se debe implantar un tiempo especial para el postulantado y antes del noviciado se ha de analizar cuidadosamente la personalidad de los candidatos (base humana, actitudes, motivaciones, vida comunitaria e inquietud apostólica).

            2º. Se ofrecieron líneas doctrinales para elaborar los programas que se han de desarrollar en el noviciado, indicando que se tenían que evitar otras materias que no se refiriesen a conseguir el objetivo del mismo. Se alentó la creación de noviciados interprovinciales.

 

3. El Plan General de Formación (1994)

            3.1. El XXI Capítulo General (Roma 1991) aprobó, después de un proceso de discernimiento, que se elaborase un Plan General de Formación, (PGF)[112]. La Prefectura General de Formación lo llevó a cabo con una Comisión Internacional (1992-1993). Y en la sesión del 25 de junio de 1994 el Gobierno General aprobó el texto para su promulgación y publicación.

            El capítulo IX del PGF está dedicado a la etapa del noviciado, llamada también etapa de iniciación. El PGF ofrece la dimensión formativa del noviciado teniendo en cuenta las normas y orientaciones del nuevo Derecho universal (CIC 1983), de nuestras Constituciones renovadas (1986) y del último Directorio (1987).

            3.2. El noviciado es un tiempo de iniciación integral en el seguimiento de Cristo evangelizador, según el carisma claretiano. Al mismo tiempo, la Congregación debe comprobar la intención y la idoneidad de los novicios. En última instancia el noviciado tiene como finalidad que los novicios lleguen a incorporarse a la Congregación, mediante la profesión religiosa[113]. Para realizar su finalidad el noviciado ha de elaborar una programación formativa con los objetivos, líneas de acción y medios adecuados[114].

            3.3. El maestro de novicios, además de una conveniente experiencia apostólica, debe poseer un gran amor a la Congregación, aptitudes pedagógicas, y las dotes necesarias de madurez, amabilidad, prudencia y sólida doctrina respecto a la naturaleza y misión de la Congregación en la Iglesia[115].

            Entre sus funciones, el maestro ha de:

            1º. Acompañar personalmente a cada novicio, orientándolo de manera personalizada e inculcándole las virtudes humanas y cristianas.

            2º. Poner empeño en crear y animar una verdadera comunidad de fe y amor entre los novicios.

            3º. Procurar que éstos consigan la unidad de vida misionera que les permita integrar de manera armoniosa el espíritu de unión con Dios y la acción apostólica.

            4º. Discernir y comprobar la vocación de los novicios[116].

Jesús Mª Palacios, cmf

Prefecto General de Formación

16 de julio del 2002



[1] Cf. CC 1857, nn. 5, 41. Están publicadas en CCTT, pp. 127-267.

[2] Cf. CC 1857, Capítulo VIII.

[3] Cf. CC 1857, nn. 39, 43-44, 46.

[4]Cf. Carta del 4 de agosto de 1858: EC. I, p. 1624.

[5] Cf PGF, pp. 17-22; DVC, pp. 20-29; J. Mª PALACIOS, Notas históricas sobre la formación en la Congregación, Roma 1997, cap. I, pp. 17-42.

[6] El primer estudiante que ingresó en la Congregación fue Hilario Brossosa. Recién ordenado diácono, fue admitido el 1 de julio de 1858 (Cf. M. AGUILAR, Historia de la Congregación de Misioneros Hijos del I. Corazón de María, tomo I, Barcelona 1901, p. 100).

[7] Cf. C. FERNÁNDEZ, La Congregación de los Misioneros Hijos del Inmaculado Corazón de María, vol. I, Madrid 1967, pp. 237-238.

[8] Cf. C. FERNÁNDEZ, o.c., pp. 242-247.

[9] II CAPÍTULO GENERAL, AG CMF: AD, 1, 11.

[10] Cf. AG CMF: AD, 1, 11.

[11] Cf. AG CMF: AD, 1, 11.

[12] Cf. EC II, p. 509.

[13] «Sirve la presente para decir a usted que, considerando cuánto conviene formar bien en la ciencia y virtud a los jóvenes que Dios llame a la Congregación, he pensado escribir este Reglamento que tengo el gusto de acompañarle con la presente, a fin de que se ponga en práctica en todas sus partes, por ser ésta la voluntad de Dios y de María Santísima, nuestra querida Madre» (Carta al P. José Xifré, Madrid, 20 diciembre 1862: EC II, pp. 576-577).

                Las últimas palabras del santo han sido interpretadas en la Congregación como que los reglamentos fueron especialmente inspirados por el Señor y la Virgen (Cf. A. LARRAONA, Los Capítulos de las Constituciones relativos a los estudiantes y al Prefecto: Studia Claretiana, 1 (1963), pp. 8-41).

[14] Para completar la información, además del estudio de Larraona citado antes, Cf. CCTT, pp. 271-298; J. Mª VIÑAS, La Formación del Misionero en la Congregación según el Padre Fundador San Antonio Mª Claret: Cuadernos de Formación Claretiana, 1, Prefectura General de Formación, Roma 1987, pp. 24; La formación de los novicios misioneros según el Padre Fundador, San Antonio Mª Claret: Cuadernos de Formación Claretiana, 2, Prefectura General de Formación, Roma 1988, pp. 20.

                Este Reglamento tuvo tal importancia en la ordenación formativa futura de la Congregación que con él, a través de su inclusión en las Constituciones, se pusieron las bases para la organización de la formación académica y la realización de los estudios que se desarrollaron posteriormente en la Congregación (Cf. P. SCHWEIGER, circular De studiis in Congregatione impense fovendis, Annales, 45 (1959-1960), pp. 155-156; también, Ordo Studiorum Generalis (O.S.G), Romae 1959, Proemium, pp. X-XII).

[15] El texto en las CC 1862, cf. Apéndice 1º.

[16] Cf. J. Mª VIÑAS, n. 12.

[17] Cf. o.c. n. 14.

[18] Cf. o.c. nn. 1, 15.

[19] Cf. o.c. nn. 15-22. En su Autobiografía recomendó a los novicios el rezo del Oficio Parvo de la Virgen en favor de las vocaciones porque así «Ella nos proveería de sujetos que aumentarían, dilatarían y conservarían la Congregación» (Aut 794).

[20] Cf. o.c. n. 1.

[21] Cf. o.c. n. 9.

[22] Cf. o.c. n. 7; cf. también n. 8.

[23] O.c. n. 1.

[24]Cf. o.c.n. 9.

[25] Cf. o.c. n. 2.

     [26] Cf. o.c. nn. 3, 8.

     [27] Cf. o.c. n.4.

     [28] Cf. o.c. n. 24.

     [29] Cf. CCTT, pp. 647-648.

     [30] Cf. CCTT, n. 1.

     [31] Cf. o.c. nn. 2, 3.

     [32] Cf. o.c., n. 7.

     [33] Cf. o.c., n. 6; cf. también n.1, antes citado.

     [34] Cf. o.c.. n. 2.

     [35] Cf. o.c.. nn. 5,6, 8.

     [36] Cf. M. AGUILAR, Historia de la Congregación de Misioneros Hijos del I. Corazón de María, vol. I, pp. 293-300, 574-583, 614-626; C. FERNÁNDEZ, Compendio histórico de la Congregación de los Hijos del Inmaculado Corazón de María, vol.I, Madrid 1967, pp. 137-139; 359-386; 859-872; C. FERNÁNDEZ, La Congregación de Misioneros Hijos del Inmaculado Corazón de María, vol.I, Madrid 1967, pp. 237-246; 691-707.

                Sobre las orientaciones formativas, además de la citas anteriores, Cf. F. NAVAL, Plan de un noviciado (manuscrito), sin lugar ni fecha, AG. CMF: GN, 7, 9, pp. 10. Lo debió escribir durante su estancia en Vic entre el 1881 y el 1888. El P. F. Naval fue auxiliar y coadjutor del maestro de novicios y profesor en Vic durante esos años; después fue profesor, y más tarde superior, en Cervera del 1888 al 1901. El plan para el noviciado que escribió incluye tanto a novicios como a profesos (estudiantes); contempla un noviciado según el estilo de Vic y no según el recién organizado de Cervera, que era sólo para novicios dedicados exclusivamente a las prácticas espirituales propias del año de prueba.

     [37] Ya el P. Clotet, el 26 de mayo de 1868, presentaba al Consejo General esta nota: «Junta General. Noviciado. Parece que convendría que se hiciese como en el de los otros Institutos religiosos, dedicándose solamente a cosas espirituales» (C. FERNÁNDEZ, La Congregación de Misioneros…, p. 242).

     [38] Cf. V CAPÍTULO GENERAL, Actas, AG CMF: AD, 1, 22; sesión 4ª, tarde del 10 de junio de 1888; CMF. Boletín religioso de la Congregación de Misioneros Hijos del Inmaculado Corazón de María, 4 (1887-1888), p. 163; cf. también, C. FERNÁNDEZ, Compendio histórico…, p. 869.

     [39] [P. VALLIER], Prácticas Espirituales para uso de los novicios de la Congregación de los Hijos del Inmaculado Corazón de María por disposición del Rmo. P. José Xifré, Superior General de la Congregación, Madrid 1888, pp. 271.

     [40] Sobre la elaboración por el P. Vallier cf. F. M. ALDUAN, Vida del siervo de Dios R.P. Pablo Vallier Escartín, Santiago de Chile 1919, pp.320-321; J. POSTÍUS, Informe al P. General sobre la obra del P. Vallier, (mecanografiado), Madrid 1928, AG. CMF, GR, 04, 19; R. RIBERA, El Novicio Instruido, Madrid 1931, Prólogo, p. IX-X). La obra del P. Francisco J. Idiáquez lleva como título: Prácticas e Industrias para el uso de los Hermanos Novicios de la Compañía de Jesús del Noviciado de Villagarcía. En Villagarcía. En la imprenta del Seminario. 1766, 12º, 152 p., 34. El P. Postíus en el informe al P. General hace un análisis bastante crítico sobre la obra del P. Vallier. Desaconseja su reimpresión; y cree que es preferible hacer una obra totalmente claretiana para los novicios de la Congregación.

     [41] Esta obra, como dice el P. Ramón Ribera, ha reportado mucho bien a la Congregación y ha sido, después de las Constituciones, «el molde en que se han formado la mayor parte de los Misioneros que hoy integran la Congregación» (cf. R. RIBERA, El Novicio…, Prólogo, pp. IX-X).

     [42] Cf. [P. VALLIER], Prácticas Espirituales…, Introducción, pp. 6-7.

     [43] Cf. o.c. p. 214.

     [44] Cf. o.c, Introducción, p. 6; conclusión, p. 211.

     [45] Cf. o.c. conclusión, p. 211.

     [46] Cf. o.c. pp. 115-116.

     [47] O.c. p. 115.

     [48] Cf. o.c. conclusión, pp. 214-215.

     [49] Cf. o.c. conclusión, pp. 216-217.

     [50] La búsqueda de la gloria de Dios está presente en todos los apartados del manual pedagógico. Su metodología lleva a ello. Cada capítulo, al comenzar y proponer un texto evangélico como referencia para una actividad concreta, está ya orientando hacia el Señor las intenciones, los afectos y las obras de los novicios.

     [51] Ib. conclusión, pp. 214-215. Como oración de ofrecimiento diaria, el novicio dirá la siguiente: «Abriendo en vuestra presencia, oh Dios mío, todos los senos de mi corazón, os ofrezco de mi pobreza todo el caudal de mis afectos; ofrezco en obsequio vuestro todas las obras y trabajos de este día, unidos a los méritos de la vida, pasión y muerte de Jesús, de su santísima Madre y de los Santos. Ofrezcoos el oro de la caridad, el incienso de la oración y la mirra de la mortificación» (Ib., p. 18).

     [52] Cf. [VALLIER], Prácticas Espirituales…, pp. 171-182.

     [53] Cf. o.c. conclusión, pp. 196-203.

[54] En este apartado citaremos los Capítulos con la sigla RDV que hace referencia al libro: CMF, Resumen alfabético de las Disposiciones Vigentes contenidas en los Capítulos Generales y en las Circulares, Madrid 1897, pp. 216.

     [55] V CAPÍTULO GENERAL, Actas, AG CMF: AD, 1, 22.

     [56] Cf. V CAPÍTULO GENERAL, Ses. 4, CMF, RDV, n. 538.

     [57] VI CAPÍTULO GENERAL EXTRAORDINARIO, Anales 5 (1895-1896), Apéndice.

     [58] Cf. Ses. 12, CMF, RDV, nn. 373-375.

     [59] Cf. CC., 1870, I parte, n. 67.

     [60] VIII CAPÍTULO GENERAL, Anales, 7 (1899-1900), Apéndice.

     [61] Cf. Rescripto de 28 de Octubre de 1895.

     [62] Cf. Apéndice, pp. 12-13.

     [63] IX CAPÍTULO GENERAL, Anales, 9 (1903-1904), Apéndice.

     [64] Cf. Apéndice, pp. 34 y S.S.

     [65] Cf. CC., 1870, I parte, n. 63.

     [66] XI CAPÍTULO GENERAL, Anales, 13 (1911-1912), pp. 515-521, 545-560, 641-644.

     [67] Cf. Rescripto de 20 de junio de 1912, Anales, 13 (1911-1912), pp. 551-552.

     [68] R. RIBERA, El Novicio…, pp. 479; referencia en Prólogo, p. X.

     [69] En la obra «no encontrarán mis hermanos otro mérito que el haber sido inspirada por la obediencia, redactada con cariñoso afecto a los jovencitos esperanza de la Congregación, y haberse reunido y condensado en ella las enseñanzas de nuestro santo Fundador y de algunos de aquellos venerables compañeros suyos, que tanto influyeron en la formación de las primeras generaciones de Misioneros, lustre de nuestra Congregación querida» (Prólogo, pp. X-XI).

     [70] Cf. o.c. Prólogo, p. XII.

     [71] Cf. o.c.p. 182.

     [72] Cf. o.c.p. 183.

     [73] Cf. o.c.p. 189

     [74] Existe «cuando uno se propone en sus actos la sola gloria de Dios, o dar gusto a Dios, o el amor de Dios» (R. RIBERA, El Novicio…, pp. 305-306).

     [75] Cf. o.c. pp. 306-307.

     [76] Cf. o.c. p. 310.

     [77] Cf. o.c. pp. 27-28.

     [78] Cf. o.c. pp. 366-367.

     [79] Cf. o.c. p. 140.

     [80] Cf. o.c. p. 140.

     [81] En concreto se recomendaba aprender la colección de sentencias de la Sagrada Escritura del libro El Tesoro del Humanista del P. Girbau, lo principal de las cartas de San Pablo y otros pasajes importantes del nuevo y antiguo Testamento (Cf. R. RIBERA, El Novicio…, pp. 373-374).

     [82] Cf. CC. 1924, I parte, cap. XXIV.

     [83] O.c. p. 216.

     [84] Cf. Aut. nn. 438-453.

     [85] Cf. o.c. pp. 218-219.

     [86] Cf. o.c. pp. 175-176.

     [87] Cf. o.c. pp. 177-179.

     [88] Cf. o.c. p. 179.

     [89] Cf. o.c. pp. 177-179.

     [90] Cf. o.c. Prólogo XI.

     [91] Cf. o.c. pp. 412-459.

     [92] «El tiempo más a propósito para la formación es el Noviciado» (N. GARCÍA, FRMC., Annales, 39 (1947), pp. 65-119; cita, p. 112).

     [93] N. GARCÍA, circular sobre La espiritualidad Misionera o Claretiana, Annales, 35 (1939), pp. 49-108;; se encuentra también en Colección de Circulares, ColCC, (Madrid, 1941, pp. 866), en las pp. 85-155; cita en p. 147.

     [94] Cf. N. GARCÍA, circular sobre Formación de nuestros estudiantes, Anales, 28 (1932), pp. 225-224:ColCC., pp. 513-533., cita en p. 527.

     [95] N. GARCÍA, FRMC., pp. 112-113.

     [96] Cf. N. GARCÍA, Obediencia cristiana y religiosa, Anales, 22 (1926), pp. 5-28; ColCC., pp. 622-646, cita en p. 628.

   [97] Cf. N. GARCÍA, Formación de…, ColCC., pp. 528-529.

     [98] Cf. N. GARCÍA, Formación de…, ColCC., pp. 528-529.

     [99] Cf. N. GARCÍA, Obediencia…, ColCC., p. 628.

     [100] XII CAPÍTULO GENERAL, Anales, 18 (1921-22), pp. 901-922, 925-975.

     [101] Cf. Ibid., pp. 914-915.

     [102] Ibid. Disposiciones 84, p. 955.

     [103] Cf. Ibid. Disposiciones 95, 96, pp. 957-958.

     [104] Cf. Ibid. Disposiciones 90, pp. 958-959.

     [105] Cf. Ibid. Disposiciones 90, pp. 956-957.

     [106] RC (6 de febrero de 1969).

     [107] A. LEGHISA, Circular A los Superiores Mayores de la Congregación sobre la «Renovationis Causam», Annales, 50 (1970), pp. 293-29; también, Decreto del Gobierno General La aplicación de la Instrucción «Renovationis Causam» a nuestra Congregación, Annales, 50 (1970), pp. 296-319.

     [108] Cf. Decreto, pp. 302-303.

[109] Cf. 2F, 20.

     [110] ASAMBLEA GENERAL DE COSTA RICA, Annales, 52 (1976), pp. 431-472.

     [111] Cf. Ibid., pp. 438, 457, 464-469.

     [112] Cf. Acta 14, 13 de septiembre de 1991, Annales 60 (1991), p. 253.

[113] Cf. PGF 348.

[114] Cf. PGF 368.

[115] Cf. PGF 369.

[116] Cf. PGF 370.

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