Interculturalidad

¡Saludos!
A continuación se muestra una reflexión sobre interculturalidad escrita por el P. Joaquín Medina, CMFÉl se desempeñó como formador en Paraguay 1989-2012. Ahora es el Prefecto de Formación de San José del Sur y, al mismo tiempo, sirve como Prefecto de Estudiantes en una comunidad de formación intercultural desde el 2013. 

Mi padre fue un arameo errante…

Hablar de interculturalidad no puedo hacerlo sino partiendo de mi propia experiencia. Como en mi caso, quizás para muchos de nosotros puede haber significado ya un primer “choque cultural” y un proceso de adaptación el hecho de pasar de nuestro ambiente cultural familiar al de la cultura propia de la vida religiosa y la congregación. De mi parte, además, se une la historia de una familia “migrante”, que ha debido pasar por distintas regiones y culturas de España en unos momentos en que se vivía una fuerte reivindicación de las diferentes identidades culturales-nacionales. A esto se ha sumado la experiencia de dejar la tierra y cultura al ser destinado a América (Paraguay).

Mi experiencia, por lo tanto, puedo considerar que siempre ha sido la de la convivencia en una “cierta” multiculturalidad (aunque quizás no con las características tan complejas que hoy acompañan a esta realidad).

Creo que es importante el hacernos conscientes de que quizás todos, en una u otra medida, hemos participado de la diversidad y no de lo que, quizás en otro tiempo, hayan podido ser comunidades más uniformes. Al menos mi experiencia ha sido la de convivir con gente del campo y de la ciudad, de distintas regiones geográficas y culturales y, en la actualizad, de distintos países y continentes.

También soy plenamente consciente de que esto es un desafío del que ya no podremos desentendernos, y no sólo por el hecho de que podamos compartir comunidades multiculturales y multinacionales, sino también por otras circunstancias que están marcando nuestras comunidades y nuestra sociedad: las diferencias y distancias generacionales son un hecho evidente; el acelerado proceso de cambio cultural que vivimos hace que los cambios generacionales se estén produciendo con muy pocos años de intervalo; las nuevas realidades sociofamiliares (cambio del modelo social y de la estructura familiar) determinan que las nuevas generaciones sean portadoras de un universo afectivo y valorativo muy diferente al vigente hasta hace pocos años.

La convivencia en la diversidad es, sin lugar a dudas, un desafío y una riqueza. Compartir el día a día con hermanos que incluso ante cosas insignificantes de la vida diaria pueden tener sentimiento y actitudes diferentes, es un hecho que no está exento de conflictos y de incomprensiones (dificultad para comprender algo que no entra en tus esquemas y que otro lo vive como algo natural sin ningún cuestionamiento) De mi parte, en mi etapa de formando, he valorado como una riqueza, no exenta de momentos de sufrimiento, pero valiosa, el enfrentar el desafío de salir de la propia seguridad cultural y entrar en contacto con otras culturas diferentes: salir fuera del propio país es algo que a mí personalmente me ha ayudado a replantear mis propias convicciones y comportamientos, a intentar verlos desde otro punto de vista, y a comprender mi propia cultura observándola “desde afuera”, desde el ojo crítico del extraño… Por lo mismo este tipo de experiencias es algo que recomiendo y valoro como instrumento formativo importante, sobre todo para nosotros que hemos de fomentar “el sentido de catolicidad para ir a todas las partes del mundo y con espíritu abierto estimar grandemente las costumbres de los pueblos y sus valores culturales y religiosos” (CC. 48)

Caminante no hay camino, se hace camino al andar…

En medio de esta realidad desafiante, que ya forma parte de nuestra vida, considero que al igual que hay cosas que lo enriquecen y facilitan, también hay situaciones que hacen más difícil la convivencia y el diálogo intercultural, situaciones que no siempre se pueden salvar fácilmente:

  • Cuando a la diferencia cultural se unen prejuicios y experiencias históricas dolorosas difíciles de superar (muchas veces está implicado el ámbito afectivo donde no entra en juego lo racional: en ocasiones puede resultar más fácil la convivencia-confianza con personas de culturas distantes que entre personas provenientes de culturas-pueblos cercanos pero que han vivido experiencias históricas de conflictos y confrontación)
  • Cuando entran en juego problemas derivados de búsqueda de poder y de reconocimiento o actitudes de desprecio o minusvaloración de otras culturas

Nuestro mundo es complejo y las respuestas simples no nos sirven. Tampoco podemos pretender encontrar recetas mágicas que sirvan de solución a todos los problemas y situaciones. Creo que lo que se puede plantear para favorecer la convivencia intercultural son una serie de actitudes y convicciones que todos habremos de internalizar:

  • Todos tenemos prejuicios. Todos podemos estar afectados por diversas manifestaciones de sentimientos de inferioridad y por la permanente actitud de compararnos con otros
  • Hay distintos niveles, grados y motivos de conflicto en las tensiones que se generan en los encuentros interculturales; hay experiencias históricas y condicionamientos afectivos que no siempre son fáciles de superar
  • La convivencia multicultural requiere de personas sanas y equilibradas, y habremos de cuidar en la formación todo lo que ayude en este ámbito; pero surge en seguida la pregunta ¿quién está sano?
  • Es importante no perder la identidad (no renegar de la misma), ser muy conscientes de ella y, al mismo tiempo, formar en la libertad y valentía de asumir cuanto de rico y valioso encontremos en otras culturas
  • La formación habrá de ayudar a crear la actitud de apertura al conocimiento de realidades nuevas: avivar en nosotros el deseo de conocer desde dentro otras realidades
  • También será importante valorar positivamente y como una riqueza la existencia de diferencias y matices en el modo de comprender las cosas y estar ante la realidad (una sana comprensión del valor de la tolerancia)
  • Habremos de fortalecer todo lo que ayude a aprender a escuchar, a asumir como un valor fundamental el interesarnos vitalmente por el otro
  • Es muy importante fomentar la capacidad de crear vínculos sanos y espacios de confianza (son las motivaciones afectivas más que las racionales las que sostienen nuestra vida y nuestra convivencia)

La convivencia multiétnica, multicultural y transgeneracional es un signo de los tiempos, cargado de posibilidades y dificultades. Quizás las nuevas generaciones son más sensibles y tienen una mayor apertura a este desafío (al menos en el ámbito de una mayor tolerancia y aceptación de la diversidad) De todas formas es una prioridad que en el acompañamiento formativo se dialogue y se ofrezcan los recursos necesarios para capacitar a esta convivencia y para verbalizar las inevitables dificultades que surjan en el camino.