JUNTOS POR LA MISIÓN

Declaración del Primer Encuentro de Estudiantes del Cono Sur.

Córdoba, 18-22 de julio de 2016

“La multitud de los creyentes tenía un solo corazón y una sola alma. Nadie consideraba sus bienes como propios sino que todo era común entre ellos. Los Apóstoles daban testimonio con mucho poder de la resurrección del Señor Jesús y gozaban de gran estima (Hch. 4,32-33)”.

Durante estos días hemos tenido una mirada general de la formación a la luz del último capítulo general. Hemos estado muy unidos; nos hemos acercado sin dificultad. Fue bonito disfrutar de la convivencia fraterna y tener un ámbito donde compartir corazón a corazón nuestras propias experiencias formativas. Eso nos hace sentir acompañados, nos ayuda a apreciar y fortalecer nuestra propia vocación misionera y alimenta el deseo de compartirla. Además, el encuentro nos hizo más conscientes de que la misión de cada provincia es también la de cada uno de nosotros.

La presencia sencilla y cercana del P. Prefecto de Formación, Leo Dalmao, nos hizo sentir más intensamente en comunión con toda la Congregación. Su presentación del Plan General de Formación nos permitió ver el amplio y diverso panorama de la realidad formativa de la Congregación. A partir de ella, hemos detectado algunos desafíos comunes en nuestras provincias, tales como la pastoral vocacional y la multiculturalidad, que requieren nuevas propuestas y acciones acordes a cada caso particular.

En sintonía con ello, el P. Provincial de San José del Sur, Mario Gutiérrez, destacó la importancia de reconocer de dónde venimos, es decir, qué historia traemos personalmente y como Congregación. Por un lado, nuestra propia cultura, lugar de origen e historia no sólo enriquecen lo que somos y hacemos sino que además explican, en gran medida, qué elementos carismáticos nos resultan más significativos. Por otro, interiorizarnos en la Historia de la Congregación -que es también nuestra historia- nos da profundidad a la hora de comprender un presente en el que incluso ella misma ha cambiado su configuración.

Siguiendo este planteo, el P. Mario nos presentó el Capítulo General como un espacio vital. Aún fascinado por aquella experiencia, él nos compartía con entusiasmo ese proceso de diálogo profundamente intercultural y teñido de fraternidad del que surgieron una escucha de las llamadas de Dios y una comprensión del Espíritu como protagonista de procesos de transformación dinámicos y abiertos. Tales interpelaciones han evocado en nosotros vivencias personales que expresamos y acogimos en un clima de confianza. Así, sentimos que el Capítulo nos ubica frente a lo mejor de nuestra identidad carismática y nos invita a hacer propios sus rasgos desde la cosmovisión que cada uno lleva consigo.

Nos entusiasma ser parte de una Congregación en salida y sabemos que ello plantea exigencias en cuanto a la disponibilidad personal, que es constitutiva de la propia vocación, y a la pluriculturalidad de nuestras comunidades. La misión que hoy nos sigue apasionando nos lleva a salir, visitar, ir al encuentro allí donde la vida clama. La formación en general y las experiencias pastorales en particular, nos han dado la oportunidad de conocer estilos de vida que son verdadera Buena Noticia para el mundo. Pero también en ellas pudimos encontrarnos con los diversos rostros que muestra la pobreza. Al poner esto en común, nos damos cuenta de la importancia que tiene saber dónde cada uno, como misionero, es intuitivamente más creativo para, desde ese aporte propio, construir juntos las comunidades que soñamos.

Sabemos que más allá de las tareas y servicios puntuales que podamos realizar, lo central para nosotros como consagrados será configurarnos con Cristo y hacer presente el mismo género de vida que él eligió. El año de la Vida Consagrada y su particular recepción por parte de la juventud latinoamericana han sido una oportunidad para hacernos conscientes de que ser religiosos es inherente a nuestra identidad y que desde allí nos planteamos la misión. Por otro lado, recordar que históricamente Jesús fue un laico, al margen de las estructuras propias del poder religioso de su tiempo y con una enorme capacidad para interpelarlas, nos aleja tanto de las diversas formas de clericalismo como de los ámbitos que brindan comodidad. Al mismo tiempo, esa memoria inquietante nos acerca cada vez más a laicas y laicos con quienes compartimos la vida y la misión en las distintas periferias sociales, en las fronteras históricas y en el nuevo continente digital.

Como jóvenes misioneros no nos cabe duda de que este último comporta una verdadera oportunidad de Evangelización. Sin embargo, constatamos que habitar el espacio virtual para construir y fortalecer vínculos, efectivizar la solidaridad y optimizar el tiempo disponible frente a las urgencias que cotidianamente aparecen, exige una esmerada y atenta dedicación de parte nuestra. No nos interesa evadirnos del mundo ni quitar los pies del barro. Al contrario, queremos sentir con los pobres que le ganan comida a las empresas generadoras de basura y compartir la caminhada con quienes gritan a los cuatro vientos que el “progreso” que contamina, enferma y mata no es progreso. Muchas campesinas y campesinos, indígenas y servidores de la Palabra ya nos señalaron con extrema fidelidad, el camino profético de la defensa de la Casa Común. Sus testimonios encienden en nosotros el deseo de aprovechar toda oportunidad y, específicamente, la que nos ofrecen las nuevas tecnologías para decir un mensaje propio; para comunicar Ko idea porâite, esta hermosa propuesta que brota del Evangelio.

Junto a esta convicción, los aportes del laico claretiano Fernando Guzmán y del Hno. Fernando Kuhn nos ayudaron a sintonizar con la conversión ecológica a la que estamos siendo convocados. Descubrimos que ella requiere nuevos hábitos en nuestras casas de formación pero sin perder de vista que a los problemas socio-ambientales se responde con redes comunitarias y compromiso político. En efecto, las experiencias de cuidado nos vienen desde nuestros propios antepasados y de nuestros propios pueblos, muchos de ellos originarios de estas tierras. Allí adquirimos valores como el respeto a la naturaleza y la gratitud para con la Pachamama. Si la grandeza de nuestra misión implica hacer conocer, amar, servir y alabar a Dios por toda creatura, con la misma amplitud de espíritu debemos reconocer que cada una de ellas tiene algo para decirnos.

Nos preguntamos hasta cuándo podremos soportar un sistema que deja diariamente tantos campesinos sin tierra, tantos trabajadores sin derecho y tantas familias sin techo. Pero lo hacemos con la Esperanza puesta en Aquél a quien seguimos. Aun cuando parece que los oídos están cerrados y los ojos no ven, Jesús, el poeta del Reino, saca desde lo más profundo de su corazón creativo una ingeniosa parábola entretejida desde lo pequeño, cotidiano y sagradamente humano de la vida. Así también puede ser nuestro servicio misionero de la Palabra en manos de nuestras comunidades, compartiendo vida y misión con otras y otros a quienes, animados por el mismo Espíritu que animó a Claret, se nos confía el anuncio de otra América Latina posible.

Llenos de alegría por lo vivido, agradecemos al equipo de estudiantes que facilitó su preparación, al P. Joaquín Medina que nos acompañó y a quienes desde el más escondido aporte hicieron posible esta lucecita fraterna de la que somos testigos y que nos hace mensajeros de la Luz de los Pueblos.

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