CONCLUSIÓN

562. La formación claretiana es un proceso que dura toda la vida y que tiene como objeto la configuración con la persona de Cristo, el misionero del Padre, mediante el cual los misioneros ven el mundo a través de los ojos y el corazón de Dios. El amor de Dios por la humanidad es el origen de la misión de Cristo que compartimos en virtud de nuestro bautismo y para la cual hemos sido agraciados para dedicar nuestras vidas totalmente a través de nuestra consagración religiosa. Todos los procesos, métodos y programas formativos están al servicio de este objetivo: crecer en Cristo y compartir su misión.

563. El desarrollo de la vocación misionera de Claret al servicio de la misión de Cristo a través de las vicisitudes de su vida, y que culminó en su muerte en el exilio, es para nosotros un modelo de formación misionera. Vemos cuán bellamente brota la semilla de la vocación misionera, crece y transforma la vida entera de una persona que coopera y sirve a esta misión por la acción del Espíritu. Claret se vio a sí mismo formado en la fragua del Corazón de María, como una flecha para ser lanzada en misión[1]. Cada misionero encuentra su propio lugar especial en el Corazón de María. En él se forja a semejanza de su hijo de una manera única porque una madre conoce a cada uno de sus hijos de manera personal.

564. El sufrimiento y la persecución aceleraron el proceso de configuración con Cristo de nuestros mártires claretianos, la mayoría de los cuales eran muy jóvenes. Ninguno de ellos renunció a Cristo para prolongar su vida terrenal. Los mártires aprendieron de la vida de nuestro Fundador cómo permanecer fieles en tiempos de pruebas y dar testimonio de la verdad del Evangelio hasta el final. El Plan General de Formación pretende encarnar este proceso de crecimiento en la configuración con Cristo hasta ser capaces de dar la vida por Cristo y por su Evangelio.

565. La continuidad y adaptación de la formación claretiana a los tiempos cambiantes es vital para la Congregación porque el protagonista de la vocación, formación y misión claretianas es el mismo Espíritu Santo que animó a Claret en su tiempo. Ahora les corresponde a los misioneros de hoy ponerse a disposición de la acción del Espíritu Santo y cumplir nuestra misión en la Iglesia como hijos del Corazón de María.


[1] Cf. Aut 270.