PRESENTACIÓN

1. Jesús formó a sus discípulos llamándolos para estar con Él y para ser enviados a predicar el Evangelio con la autoridad de expulsar demonios[1]. Jesús compartió su vida y misión con ellos viviendo juntos como un grupo itinerante y envió a sus discípulos en parejas a predicar la Buena Noticia en los lugares a los que Él mismo iba a ir[2]. Los discípulos descubrieron el amor de Dios por ellos y por toda la humanidad al estar con Jesús en su vida pública, siendo testigos de su pasión y muerte en la cruz y, a partir de entonces, sintiendo su presencia invisible como el Señor Resucitado mientras eran enviados en misión por todo el mundo[3]. La Iglesia primitiva superó los tiempos difíciles de las persecuciones caminando en el Espíritu que el Señor le había enviado como protagonista de cada carisma y creatividad de la Iglesia.

El itinerario formativo de Claret

2. Estar con Jesús y ser enviado en misión son los dos puntas del compás de la vida misionera claretiana. El Espíritu de Cristo que habita en nosotros y en medio de nosotros obra la maravilla de transformar a un aspirante claretiano en un hombre que arde con el amor de Dios, que propaga ese fuego por dondequiera que vaya[4]. Para nuestro Fundador este proceso tiene lugar en la fragua del Corazón de María donde el misionero se forma en el fuego del amor de Dios para conformarse a Cristo. Como una flecha en las manos de María, está listo para ser liberado para combatir los males del mundo[5].

3. Claret tuvo la perspicacia espiritual de mirar a Cristo en la oración y de aprender de aquellos que el Señor le dio como sus mentores. Aprendió el arte de cuidar su vocación misionera estando atento a su salud espiritual, intelectual y apostólica. Como joven sacerdote, Claret se esforzó por alimentar su vida y su misión con medios adecuados como podemos observar en sus resoluciones de retiro anual[6]. Claret nunca abandonó su camino formativo.

La formación de los misioneros claretianos

4. Desde el principio de nuestra Congregación, los tres pilares de la vida misionera – oración, estudio y trabajo apostólico – fueron cuidadosamente cultivados en nuestros procesos de formación como fuentes mutuamente enriquecedoras de nuestra vitalidad misionera. Fuimos bendecidos con planes y directrices bien definidos para la formación de nuestros misioneros. También tenemos ejemplos brillantes de la cultura de formación de la Congregación en nuestros mártires que eligieron morir por Cristo y la Iglesia proclamando su amor por Cristo Rey, el Corazón de María, la Santa Madre Iglesia y su amada Congregación[7]. Auténticos procesos de formación preparan a los misioneros para ser fieles a su vocación hasta el final.

5. El impulso renovador del Concilio Vaticano II inspiró la preparación de un amplio Plan General de Formación que el Rev. P. Aquilino Bocos, Superior General, promulgó en 1994. Lo llamaremos “PGF 94”. El mismo ha mejorado mucho la formación de nuestros misioneros durante más de dos décadas. El nuevo PGF (PGF 2020) ha conservado la riqueza del PGF 94 y ha incorporado nuevas ideas de acuerdo a los signos de nuestros tiempos. Me gustaría compartir algunas reflexiones para establecer el contexto del PGF 2020 y señalar algunas ideas clave que guiaron su preparación.

Hacia una formación integral y transformadora para nuestros tiempos

6. El actual escenario social y eclesial es bastante diferente al de los años 90. El PGF 94 nació en una época en la que los teléfonos móviles, el correo electrónico y la web todavía no eran realidades. Nuestra Congregación tiene más miembros ahora que hace dos décadas[8]. También encontramos un cambio significativo en los orígenes geográficos de nuestros misioneros y su distribución a través de los continentes[9]. La interculturalidad se ha convertido en parte de nuestra vida cotidiana. Vivimos en una era de cambios rápidos y revolucionarios en casi todos los aspectos de la vida humana, que son posibles gracias al auge de las tecnologías de la comunicación y la información. Los males que persiguen a la persona humana también han repercutido igualmente en los asuntos humanos y en nuestro hogar común, el planeta Tierra. Como una madre que lleva la peor parte de la crisis de transición de sus hijos, la Iglesia ha sido herida y humillada por las desventuras de sus hijos; sin embargo, al mismo tiempo, el Espíritu le da poder para ser la voz de los que no tienen voz.

7. En esta época de cambios, nos preguntamos: ¿Cuál es el perfil del misionero que el mundo necesita hoy en día? Cómo deberíamos formar a nuestros misioneros para hablar al corazón de la gente sobre la palabra viva que sana, el amor incondicional que llena los corazones humanos, el agua que regenera en una nueva vida, el pan del cielo que acaba con el hambre humana de Dios, el tesoro escondido en el campo que transitamos cada día, la alegría permanente que el mundo no puede dar.

8. Los meros conceptos no comunican mucho a la gente de hoy en día. Las tácticas mundanas no pueden capturar el rastro del Espíritu en el corazón humano. Sin embargo, las convicciones de las verdades del Evangelio respaldadas por vidas creíbles siempre han disparado el deseo latente del corazón humano por Dios que es Amor. La formación misionera no es una cuestión de técnicas, herramientas y métodos. Es más bien una cuestión de aprendizaje bajo el Espíritu Santo y de aprender el arte del discipulado que nuestro Fundador dominó bien en su día.

9. En nuestro cambiante contexto, la formación debe formar a los misioneros para que cuiden el don de su propia vocación, se apoyen mutuamente para perseverar en la fidelidad y sean audaces para proclamar la alegría del Evangelio a nuestros semejantes de manera creíble. Por nuestra parte, la apertura del corazón, de la cabeza y de las manos para la obra del Espíritu, es la clave para desbloquear los tesoros que hay dentro de cada uno de nosotros y compartirlos con los demás en la comunidad y en el ministerio. En la formación claretiana, cada aspecto de la persona cuenta porque lo que no se lleva a Dios no se cura[10] y lo que no se cura sigue hiriendo a la misma persona y a los demás.

La formación claretiana, un proceso único hasta el final

10. Concebimos la formación claretiana como un proceso indivisible de progresiva configuración con Cristo y de alegre participación en su misión, un itinerario de vida que dura hasta el último aliento de un claretiano. Para mayor claridad, podemos dividir todo el período de formación en dos partes principales y cada parte se divide a su vez en etapas progresivas. Así, la primera parte – formación inicial – consiste en las etapas de prenoviciado, noviciado y postnoviciado; mientras que la segunda parte – formación permanente – incluye el quinquenio, la edad media, la tercera edad e incluso una cuarta edad para aquellos de entre nosotros con el don de la longevidad. De hecho, la formación inicial tiene por objeto sentar unas bases sólidas para el continuo camino hacia una mayor integridad de la vida misionera caracterizada por la responsabilidad, la rendición de cuentas y la transparencia. Mientras que un buen proceso de formación inicial prepara a los jóvenes claretianos para comprometerse en diferentes vías pastorales y posiciones de servicio en el futuro, una cultura de integridad y excelencia en la fase de formación permanente, a su vez, actúa como catalizador del dinamismo transformador de la formación inicial.

La formación claretiana, un itinerario transformador

11. Se espera que un auténtico proceso de formación sea transformador. La cantidad de conocimientos adquiridos y las muchas habilidades incorporadas en la vida de un misionero no sirven para nada si su vida no es un testimonio creíble de la alegría del Evangelio. La formación transformadora se centra en lo que está ocurriendo en la vida de un claretiano a través de los programas ofrecidos en cada fase y cómo el misionero los integra en su proyecto de vida. La formación claretiana debe tener en cuenta tanto el contenido (lo que se aprende) como el proceso (cómo se integra el aprendizaje en la vida), así como la acción de la gracia en la persona. A la larga, lo que importa es la santidad de la persona porque Dios llama a cada uno a la santidad[11]. La santidad de la vida no es nada más que la caridad vivida en plenitud[12]. El factor transformador de la vida cristiana no son las elecciones éticas o las ideas elevadas, sino el encuentro con un acontecimiento, con una persona, que da a la vida un nuevo horizonte y una dirección decisiva[13]. El Papa Francisco afirma con razón que es imposible perseverar en una ferviente evangelización si no estamos convencidos, por experiencia personal, de que no es lo mismo haber conocido a Jesús que no haberlo conocido[14], y que no bastan las palabras de aliento si no arde en nuestros corazones el fuego del Espíritu Santo[15]. No puede haber formación claretiana si Cristo no está en el centro de todos los programas de formación y si no sentimos el dolor de Cristo en la difícil situación de los pobres y de la humanidad que sufre. La transformación ocurre cuando un misionero pasa progresivamente de la conciencia centrada en el ego a la conciencia centrada en Cristo por un proceso de inclusión y trascendencia[16], y se hace más completo y santo. Esto tiene lugar a través de la acción del Espíritu en una persona que colabora.

Una formación de la persona por completo (formación integral)

12. La formación claretiana debe involucrar a toda la persona del formando y comprometerse con todas las dimensiones de su vida. Cualquier enfoque reductivo en la formación centrado principalmente en la liturgia, la psicología, la tecnología de la información, los estudios o los apostolados, tiende a dejar al misionero discapacitado tanto en la vida como en la misión. La integridad de la vida misionera exige una integración y un crecimiento armoniosos de los diversos componentes de la vida de una persona, como sus aspectos intelectuales, emocionales, somáticos, sexuales, morales, espirituales, sociales/pastorales y carismáticos/claretianos. También debemos prestar una atención adecuada al desarrollo de talentos y habilidades como la música, los medios de comunicación, la elocución, los deportes, los idiomas, la pintura, la danza, etc., que son canales eficaces para llegar a los demás. Aunque nadie tiene todos los dones y talentos, deberíamos comprometernos a desarrollar y hacer el mejor uso de los dones y talentos dados por Dios para su gloria y el bien de los demás. Sin embargo, en la formación claretiana, las capacidades propias (de madurez espiritual, moral, emocional y sexual) y las capacidades cognitivas (que tienen perspectivas más amplias de la realidad) deben tener prioridad sobre los dones y talentos naturales (como las habilidades en música, arte, deportes, etc.). La integridad de nuestra vida es lo que hace que la palabra proclamada sea más creíble y que nuestra vida prometida sea más alegre. El PGF 2020 ha mantenido la misma triple dimensión formativa del PGF 94, es decir, humana, cristiana y claretiana, integrando los diversos aspectos mencionados anteriormente.

Dos movimientos en el itinerario formativo: crecer y despertar

13. El enfoque formativo clásico atiende al crecimiento de una persona y a su mejora en la adquisición de más conocimientos y capacidades. El despertar es un proceso de evolución espiritual. El crecimiento espiritual tiene lugar a través del descubrimiento de nuestro “yo más profundo” o el reconocimiento de nuestra “gran identidad”[17]. El término bíblico para ello es la conversión a Dios, el cual lleva a uno a través de varias capas de desarrollo espiritual. Como es un don de Dios, y no un fruto de los esfuerzos humanos, la formación en este ámbito consiste en preparar los corazones para ofrecer a Dios la libre capacidad de organizar el curso de nuestras vidas[18]. Las prácticas espirituales y las virtudes claretianas que nuestro Fundador narra en su Autobiografía[19] son medios necesarios para entregarse libremente a la acción de Dios. Santa Teresa de Ávila presenta este itinerario espiritual como un viaje a través del castillo interior para llegar a la séptima morada donde tiene lugar el matrimonio místico del alma. San Juan de la Cruz habla de las noches de los sentidos y del alma que encontramos en el camino hacia la unión mística con Cristo. La formación claretiana no debe ignorar el elemento de la conversión continua, el descubrimiento de la identidad más profunda de uno mismo y la llamada a la unión con Dios y los seres humanos.

Acompañamiento y discernimiento en la formación claretiana

14. La antigua tradición espiritual de la Iglesia, practicada por sus santos y místicos, subraya la importancia del acompañamiento espiritual y del discernimiento en el ministerio de la formación. El Papa Francisco afirma repetidamente estas dos prácticas como medios necesarios para navegar el curso de la Iglesia hoy en día[20]. La Congregación debe ofrecer acompañamiento a los misioneros a través de diversos mediadores (formadores, superiores, cohermanos, etc.) para ayudarles a mantener la mirada fija en el objetivo de su vida y misión y apoyar su desarrollo vocacional. En nuestra formación, debemos buscar el acompañamiento del Corazón de María y la intercesión de los santos, especialmente de nuestro Fundador y de los mártires claretianos, para progresar en nuestra vida y misión.

15. En un contexto formativo, el discernimiento es una gracia que busca un vislumbre de ese plan único y misterioso que Dios tiene para cada uno de nosotros… Tiene que ver con el sentido de mi vida ante el Padre que me conoce y me ama, y con el verdadero propósito de mi vida, que nadie conoce mejor que Él[21]. El discernimiento es la manera a través de la cual saber si algo viene del Espíritu Santo o si proviene del espíritu del mundo o del espíritu del diablo[22].

16. Un aspecto importante de la madurez cristiana está relacionado con la forma en que un misionero vive la dialéctica básica de la existencia humana que se desarrolla en el teatro de la vida. Las tres polaridades presentes en la lucha por la vida, y que constituyen la dialéctica básica, crean el terreno de discernimiento en la vida de todos. En primer lugar, la polaridad de la vida pecaminosa o virtuosa es superada por el ejercicio de la verdadera libertad descubierta en Cristo para elegir a Dios por encima de todo. También incluye la aceptación del propio pecado y su perdón como el don de Dios. En segundo lugar, la realidad de las inclinaciones inconscientes que influyen en las elecciones de la vida crea la polaridad entre lo que es realmente bueno y lo que es sólo aparentemente bueno. El discernimiento es el proceso para descubrir las falsas motivaciones y los espíritus mundanos detrás del impulso de buscar ganancias transitorias, y escuchar la voz de Dios en cada situación. Tanto el acompañamiento como el discernimiento son prácticas clave en nuestro proceso de formación. En tercer lugar, la polaridad de la normalidad y la patología presente en diferentes grados en cada persona requieren una atención refinada para distinguir un comportamiento astuto de un trastorno mental, o una mentira de la demencia. Necesitamos la ayuda de varias ciencias para comprender y tratar la fascinante pero compleja naturaleza humana que atesora el don de cada persona llamada y consagrada a ser misionera.

Aplicación prudente de los recursos científicos en la formación

17. Somos bendecidos con abundantes recursos para la educación y la formación de las generaciones futuras, puestos a disposición por las diversas disciplinas científicas y tradiciones culturales. Son muy valiosos para la formación integral de nuestros miembros. Los escándalos y abusos de sacerdotes y religiosos, que desacreditaron a la Iglesia en el pasado reciente, nos recuerdan la necesidad de disponer de herramientas científicas adecuadas en la formación, y de buscar la ayuda de expertos como colaboradores en el ministerio de la formación.

18. Es posible que algunos formadores y formandos se pierdan en el vasto laberinto de métodos y enfoques que tienen a su disposición, mientras que otros se fascinan con algunos métodos y pierden de vista el panorama general de la persona humana en un itinerario vocacional. Necesitamos saber cómo tamizar el grano de la paja cuando usamos métodos que evolucionaron de sistemas de creencias particulares o se desarrollaron para un propósito particular. Por ejemplo, la práctica de la atención y las meditaciones orientales son útiles si están bien integradas en una visión cristiana de la persona humana. Una herramienta psicológica diseñada para probar un rasgo de la personalidad no puede ser utilizada como una herramienta exclusiva para el discernimiento vocacional. Por lo tanto, el conocimiento adecuado de la antropología cristiana, la teología católica, la vida consagrada y el amor a la Iglesia y al carisma claretiano son requisitos previos necesarios para seleccionar entre los abundantes enfoques, técnicas, herramientas y métodos que las diversas disciplinas presentan ante nosotros.

PGF 2020: una hoja de ruta para orientar nuestro itinerario formativo

19. En 2017, la comisión constituida para revisar el PGF 94 estudió los resultados de la encuesta realizada en todos nuestros centros de formación para evaluar su impacto en la formación y encontraron un consenso en dos puntos importantes:

La continua relevancia del contenido del PGF para nosotros hoy en día.

La falta de instrumentos que ayuden a la interiorización de los fundamentos de la formación y de la identidad claretiana en la vida del misionero.

20. La encuesta reveló que carecemos de mecanismos eficaces para facilitar una formación transformadora a pesar de contar con un excelente documento sobre la formación. La comisión aconsejó la revisión y actualización del PGF existente pero recomendó la preparación de un manual o una guía práctica que contenga procesos, estrategias y enfoques que ayuden a concretar las pautas formativas del PGF en nuestra vida cotidiana. Éste será el próximo esfuerzo de la Prefectura General de Formación. Sin embargo, tener el PGF o su manual en la mano no mejorará automáticamente nuestra formación.

21. Me gusta comparar el PGF 2020 con una hoja de ruta que puede orientar nuestro itinerario formativo. Un mapa es sólo un mapa, no es el territorio. Necesitamos caminar por el territorio disfrutando y soportando el trabajo, la agonía y el éxtasis de crecer en el discipulado del Señor al estilo de Claret. Cada uno de nosotros necesita hacerlo a su manera. Invito a todos los claretianos a asumir responsablemente su propio despliegue vocacional, y a apoyarse mutuamente para crecer juntos como comunidad misionera en la Iglesia para dar frutos apostólicos en la Iglesia y el mundo.

22. Es importante que todos los Organismos Mayores preparen su propio plan de formación para implementar las orientaciones del PGF 2020 en su respectiva región y se beneficien de la sabiduría consagrada en él. No debemos dejarlo como una pieza decorativa en los estantes de nuestras bibliotecas, sino más bien tomarlo como un rico recurso para estimular el camino vocacional de cada claretiano. Usemos efectivamente el PGF 2020 como nuestro mapa de ruta para hacer de itinerario viaje vocacional claretiano una experiencia apasionante de crecimiento en el Espíritu.

23. Mi gratitud se dirige a los dos Prefectos Generales de Formación, el P. Leo Dalmao y el P. Joseph Mbungu, a la comisión internacional y otros colaboradores por su generoso compromiso en la preparación del PGF 2020. La mejor manera de agradecerles a todos ellos es haciendo un uso efectivo de este documento y cumpliendo con el propósito para el que se ofrece.

24. Encomiendo el proceso de crecimiento vocacional de todos los misioneros claretianos al amor acompañante del Corazón de María y a la custodia de San José, cuya fiesta celebramos en este día.

Dado en Roma el 19 de marzo de 2020

P. Mathew Vattamattam, CMF

Superior General


[1] Mc 3,14-15.

[2] Lc 10,1; Mc 6,7.

[3] Cf. Mc 16,20.

[4] CC 9.

[5] Cf. Aut 270.

[6]  Propósitos de los Ejercicios Espirituales, 1843, 11: Estoy efectivamente resuelto a  no perder ni un instante de tiempo, sino a usarlo en la oración, el estudio y las obras de caridad para mis vecinos, tanto vivos como muertos; cf. Aut, p. 757.

[7] La carta de despedida de Faustino Pérez es un testimonio de la mentalidad de los jóvenes mártires antes de la muerte. Cf. Ernesto Barea, A Hero Among Heroes, Claretian Publications, Philippines (1997), p. 174-175.

[8]  En 1997 el total de claretianos era de 2844 y en 2020 somos 3040.

[9] Cambio estadístico de personal desde 1997 y 2020 en los cuatro continentes: África de 234 a 579; América de 868 a 763; Asia de 484 a 951; Europa desde 1255 a 747.

[10] Gregorio de Nacianzo, Carta 101.

[11] GE 10.

[12] Benedicto XVI, Catequesis, Audiencia General del 13 de abril de 2011; cf. GE 21.

[13] DCE 1.

[14] EG 266.

[15] EG 261.

[16] Una persona pasa a un nivel de madurez más alto al incluir y trascender las características y competencias propias de un nivel inferior, adquiriendo características y competencias más refinadas propias de la siguiente etapa. Por ejemplo, un adulto maduro ha trascendido la dependencia de un niño, pero es capaz de depender de otra persona cuando sea apropiado.

[17] Cf. GE 32.

[18] CC 28.

[19] Son la humildad, la pobreza, la mansedumbre, la mortificación, la obediencia y el amor a Dios y al prójimo; cf. Aut 340-453.

[20] El término “discernir” y sus derivados son abundantes en los documentos del Papa Francisco. Por ejemplo, 20 veces en Evangelii Gaudium; 45 veces en Amoris Laetitia; 35 veces en Christus Vivit. “Acompañar” es utilizado 25 veces en Evangelii Gaudium; 20 veces en Amoris Laetitia; 29 veces en Christus Vivit.

[21] GE 170; CV 280.

[22] GE 166.