Llamada a Compartir-Oración

“Los mártires de San Joaquín –un religioso claretiano, un sacerdote secular y un seglar-,se convierten hoy, para nosotros, en una parábola de ese compartir que hermana a todos en la misión de dar testimonio del Reino”. -Circular del P. General

1. Ambientación

            (Es importante que aparezcan claramente algunos símbolos de lo que es la misión compartida entre religiosos, sacerdotes y laicos. Podría ser una estola, un libro de las Constituciones y una esfera del mundo o un mapa del lugar. Todo ello en torno a una imagen de los Mártires de San Joaquín, rodeada por velas que iluminan el lugar. Sería bueno que esta celebración se hiciera invitando a sacerdotes y laicos amigos, que quieran compartir este momento de alegría familiar).

2. Introducción

Un comentarista claretiano escribía: “Laicos-seglares, laicos-religiosos y ministros ordenados deben converger y contribuir en la única misión extrovertida de la Iglesia, conscientes de que la misión del Reino es como una sinfonía en la cual todos los instrumentos y voces son imprescindibles al mismo tiempo que la ineludible armonización mutua”. Un 25 de abril de 1927 se apagaba un hermoso concierto bajo el estruendo de los disparos. Un misionero claretiano, Andrés Solá, un sacerdote y un laico, caían abatidos en México por el odio a la religión. Es hermoso trabajar juntos por el Reino, pero es mucho más hermoso morir juntos por el Reino cuando te falta el aire de la libertad para sobrevivir como un hijo de Dios. Quizá en aquel concierto la nota más aguda, la más difícil, fue la del perdón. Y supieron darla. Hoy lo celebramos.

3. Lecturas

1ª De la primera biografía de Andrés Solá (P. Antonio Mª Arranz cmf.)

“La muerte sorprendió a los tres en lo más florido de la edad; pues contaban: el reverendo P. Andrés Solá 31 años y 5 meses; el reverendo D. Trinidad Rangel 39 años y 10 meses, y el Sr. Leonardo Pérez 37 con 5 meses. Aquel Señor que es árbitro de la vida y de la muerte, quiso ceñir, antes de verlas marchitas, aquellas sienes llenas de ensueños de apóstol con el laurel de la victoria. Ellos confesaron al Salvador ante los hombres; y el Salvador, fiel cumplidor de su palabra, les honra sobremanera ante su Padre celestial. Es más, ha comenzado a hacer gloriosos sus sepulcros, pues son para los buenos habitantes de Lagos fuente perenne de bendición. ¡Ojalá que pronto podamos venerar en los altares a estos siervos de Dios! Pidámosles confiados que desde el cielo sean nuestros Protectores, que sean el consuelo de sus familias y derramen sobre todos los beneficios de la paz religiosa”.

2ª Del Evangelio de San Juan, 17,20-23

            “No ruego sólo por estos, sino también por aquellos que, por medio de su palabra, creerán en mí, para que todos sean uno. Como tú, Padre, en mí y yo en ti, que ellos también sean uno en nosotros, para que el mundo crea que tú me has enviado. Yo les he dado la gloria que tú me diste, para que sean uno como nosotros somos uno: yo en ellos y tú en mí, para que sean perfectamente uno, y el mundo conozca que tú me has enviado y que los has amado a ellos como me has amado a mí”.

4. Breve reflexión

Escribía un Obispo: “Así como en la liturgia todos los bautizados somos sacerdotes diputados al culto por nuestro bautismo, pero los ministros ordenados estamos ordenados para cumplir en él un servicio de presidencia y coordinación, de la misma manera podríamos decir que en la liturgia del mundo todos los cristianos somos también participantes, pero los oficiantes que deben presidir y dirigir esta actividad son los laicos”.

            Hoy celebramos el martirio de tres cristianos, es decir, el testimonio hasta la muerte de tres seguidores de Jesús que, si bien en la liturgia de la vida eligieron caminos diferentes, en la liturgia de la muerte oficiaron como un solo coro: Andrés, Trinidad y Leonardo. Así lo contaba el primer biógrafo: “Las tres víctimas yacían tendidas sobre su altar, y mientras en el cielo eran recibidas sus almas entre cantares de gloria, inspiraba Dios a los hombres sentimientos de veneración hacia aquellos valerosos mártires”. El martirio tiene algo de profundamente litúrgico, por algo la Eucaristía se celebró durante siglos sobre los cuerpos de los mártires. Sin ninguna distinción. Si en vida unos eran obispos, otros sacerdotes, otros laicos, en la muerte todos quedaban igualados por el resplandor de su entrega martirial, mucho más luminosa y significativa que la ministerial o apostólica.

            La orden de los militares fue la de quemar los restos, pero aquella orden quedó incumplida. Como a diez metros del lugar de la ejecución hicieron tres fosas los piadosos ferroviarios y allí enterraron los tres cadáveres. A partir de entonces los tres mártires quedaron ligados para siempre. La noticia del triple martirio se corrió al momento por la comarca y pronto llegó el traslado de sus cuerpos. Los tres reposan en el mismo cementerio. Sus sueños en vida fueron diferentes, pero duermen el sueño final unidos por el martirio.

            Puede ser ésta una buena reflexión. Elegimos caminos diferentes en nuestro compromiso cristiano, modos de llevar a cabo la Buena Noticia de Jesús de modo distinto, pero hay algo en lo que somos iguales, es a la hora de dar testimonio. Porque nuestra vida es el mejor testimonio, por encima de nuestro rol en la Iglesia. Y es a nuestra vida a la que se refiere fundamentalmente la expresión Misión Compartida. Si somos capaces de seguir cada uno el camino señalado por el Señor, llegaremos a ser testigos fiables, porque coincidiremos en lo más profundo del testimonio cristiano. Cuando veamos las obras los unos de los otros sintonizaremos sin ningún esfuerzo. No son las ideas, no son las tradiciones, no es la cultura, no es la lengua lo que nos hace compartir la misión, es la fidelidad a la voluntad de Dios. Decía San Bernardo: “Ya que la vida está en la voluntad del Señor, indudablemente lo más provechoso y útil para nosotros será lo que está en conformidad con la voluntad del Señor”.

            ¿Por qué coincidieron en el martirio? ¿porque estaban juntos en el mismo lugar físico? ¿porque su nombres estaban escritos juntos en alguna lista fatídica? No. Coincidieron en el martirio porque una vez Andrés, a los 14 años, prefirió la atracción que ejercían sobre él aquellos misioneros que se llamaban y eran Hijos del Corazón de María al deseo de su padre de contar con él para ampliar su sencilla massía de campesino cerca de Vic. Coincidieron en el martirio porque una vez Trinidad, también a los 14 años, manifestó a sus padres sus deseos de ser sacerdote y, a pesar de la negativa por dificultades familiares y políticas, se mantuvo firme hasta que finalmente a los 20 años consiguió el permiso de sus padres. Coincidieron en el martirio porque Leonardo, un sencillo empleado de un comercio, cuando llegó el momento de la persecución y del peligro, no tuvo miedo en asistir cada día a la Eucaristía privada que celebraba el P. Andrés en casa de la Señora Alba. Eso es lo que les unió en el martirio.

            Puede que surjan en el futuro grandes planes sobre la misión compartida, pero si faltan testigos, personas que han conocido y seguido fielmente el plan de Dios en sus vidas, esa misión está llamada al fracaso. Será una misión sin frutos, porque le faltan las raíces, es decir, el testimonio de la propia y singular vida.

5. Preces

-Señor, tú que llamaste a nuestros hermanos Mártires de San Joaquín a tan distintas vocaciones y les uniste en el martirio, concédenos ser testigos de unidad ante la Iglesia y ante el mundo a pesar de nuestras diferencias.

  Señor, tú que llamaste por distintos caminos a nuestros Mártires que siguieron tu llamada, haznos también a nosotros conocer tu voluntad y danos fuerza para seguirla.

    Señor, tú que diste fortaleza a nuestro Mártir Andrés Solá hasta la entrega de la vida, concédenos también a nosotros la fortaleza para superar los contratiempos que surjan en nuestro servicio a los hermanos.

   Señor, que llamaste a tu servicio a toda clase de personas sin distinción, sigue llamando a tu servicio a jóvenes que sepan continuar el trabajo que comenzaron nuestros Mártires.

-Señor, que te manifiestas en la unidad de tu ser trinitario, infunde en nosotros el deseo de mantenernos siempre unidos en la misión.

  Señor, que manifestaste tu debilidad por los más pobres y sencillos, ayúdanos a entregarnos a ellos y con ellos sin egoísmos.

6. Padre Nuestro

7. Oración final

Oh Dios que has adornado con la corona del martirio a nuestro mártir Andrés Solá (Mártires de San Joaquín), te pedimos que, después de haber imitado sus virtudes, logremos obtener por su intercesión las gracias que necesitamos. Por Jesucristo nuestro Señor. Amén.

(O bien la Oración oficial).

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