Vic, España. Avanzada ya la formación del grupo de formadores, se ha recorrido un buen trecho. Se inició con la preparación a un buen discernimiento; luego una profundización en la autobiografía de nuestro padre fundador y además, conocer los lugares más importantes en sus primeros pasos. Seguidamente, con la historia congregacional. Finalizada la parte histórica se pasó a una ampliación de lo que ya se sabía sobre las constituciones; para finalizar con el tema de la interculturalidad, que debe caracterizarnos como hermanos de Congregación.

En este momento, estamos en la reflexión Martirial, que nos mueve profundamente a mirar nuestra raíz carismática y a poner empeño en vivir lo que hemos escogido para ser en nuestra vida. Citando el numeral 77 de nuestras constituciones que nos expresa: el Prefecto, “con su ejemplo, más aún que con sus palabras, procure que todos asuman este modo de vida por intimo conocimiento de fe”.

Conocer la vida de nuestros Mártires, es reconocer el gran trabajo que realizaron quienes estuvieron acompañándolos es su proceso de crecimiento en la fe y en su configuración con Cristo. Quisieron arrebatarles la vida, pero ellos a cambio la donaron, convencidos profundamente del amor de Dios por ellos y por el prójimo. De los 51 Mártires de Barbastro, 41 de ellos eran jóvenes entre 25 y 21 años; y con gran convencimiento y fe viva expresaron: “morimos todos contentos sin que nadie sienta desmayo ni pesares; morimos todos rogando a Dios que la sangre que caiga de nuestras heridas no sea sangre vengadora, sino sangre que entrando roja y viva por tus venas, estimule tu desarrollo y expansión en el mundo” (Carta de Faustino).

La vida ofrecida de nuestros hermanos Mártires, hace un llamado a cada formador, para que por amor a la Congregación y al llamado que Dios le ha hecho para que lo siga, debe en su vida ser testimonio fiel y generoso del amor de Dios para que los demás, viendo su vida puedan encontrar el amor misericordioso de Dios Padre por el que hemos de gastar nuestra vida, es decir, su vida ha de ser evangelio perenne.