Notas Historicas.La Pastoral Vocacional en La Congregación

LA PASTORAL VOCACIONAL EN LA CONGGACIÓN

  – Notas Históricas –

 

La pastoral vocacional y el discernimiento de las vocaciones han tenido muchas formas en la vida religio­sa. En nuestra Congregación, los Superiores y Capítulos Generales, ya desde el tiempo de nuestro P. Fundador, ­fueron estable­ciendo crite­rios, condiciones y requisitos que los candidatos debían reunir para ingresar en ella.

 

I. PRIMER PERIODO. AÑOS 1849-1870

 1. P. Fundador

La preocupación por la aceptación y admisión de nuevas vocaciones en la Congregación se remonta a la época del P. Fundador. Además de las obras y escritos sobre la vocación y la formación seminarística que editó, dio orientaciones vocacionales y formativas a la Congregación, según las circustancias, en cartas, apuntes y notas[1].

11. Al principio, Claret, antes de aceptar nuevas incorporaciones a la comunidad, prestaba mucha atención a la idoneidad de los candidatos y cuidaba al máximo que no se integrasen personas no adecuadas. Su preocupación era que había que seleccionar muy bien a los candidatos[2].

Contestando al P. Xifré, que, interesado por la expansión la Congrega­ción, le había consultado la oportuni­dad de admitir en la misma a estudiantes[3], le sugería que cuando viesen a un joven con buena disposición lo admitiesen, aunque no fuese sacerdote, ni estuviese ordenado, con tal que estuviese adelantado en la carrera y diera garantía de perseverancia[4]. Las dificultades económicas de la Congregación, que preocupaban al P. Xifré, condicionaban la posibilidad de aceptar a jóvenes sin haber terminado los estudios.

 

En otra carta al mismo Xifré, llena de espiritualidad evangélica y de confianza en la providencia del Señor, le animaba de esta manera:

*Y así no repare en admitir sujetos que considere idóneos por su saber y virtud y den esperanzas de utilidad, aunque sean jóvenes y no estén del todo ordenados+[5].

En esa época, el P. Fundador solamente hablaba de personas adelantadas en los estudios, con buenas disposiciones y voluntad para pertenecer a la Congregación y perseverar en ella. De todos modos, fue un paso trascendental que cambiaría en el futuro la fisonomía de la Congregación[6].

21. Aprobada oficialmente por el II Capítulo General la aceptación de estudiantes en la Congregación[7], el P. Fundador dice al P. Xifré que conviene hacer gente y le insiste en que se empeñe todo lo que pueda para promover vocaciones, que no hay que dormirse, que sin pérdida de tiempo trabaje en reunir y formar jóvenes, y que, si para ello es necesario edificar, lo haga con toda libertad sin respeto humano y sin preocuparse de los gastos[8]. En 1867 le sugiere que admita jóvenes sin estudios sacerdota­les pero con signos vocacionales positivos. Ante algunas dificul­tades que el P. Xifré le expuso sobre la admisión de estudian­tes, el P. Fundador le contestó dándole varias solucio­nes, entre ellas la posibilidad de admitir estudiantes, de buena disposición, vocación y que prometan fundadas esperan­zas, que completasen su formación humanística en la Congrega­ción[9].

Estando en Roma para el Concilio Vaticano I escribió en 1868 una Nota Vocacional muy interesante[10]. Se trataba de suscitar vocacio­nes fomentan­do la formación de acólitos en las iglesias y parroquias. A éstos se les enseñará latín, rúbricas, canto llano, etc., debiendo permanecer en sus propios pueblos. Todos los misioneros se han de responsa­bi­lizar de esta tarea tanto cuando van de misión como en nuestras propias casas (donde debe haber un encargado para ello). La experiencia en algunas diócesis, dice el P. Fundador, ha sido positiva, pues estos acólitos son en el día buenos seminaristas[11].

Ante la escasez de misioneros y las abundantes peticio­nes que le hacen, insiste constantemente en la necesidad de orar y de pedir al Señor que envíe operarios a su mies[12]. En su Autobiografía recomendó el rezo del Oficio Parvo de la Virgen en el noviciado, porque así Ella nos proveería de sujetos que aumenta­rían, dilatarían y conservarían la Congregación[13].

2. P. José Xifré

Con el fin de dar a conocer la Congregación, el P. Xifré escribió, en el año 1862, una Instrucción importantísima para los aspirantes a la Congregación de Misioneros del Inmaculado Corazón de María[14]. Es el primer documento de promoción voca­cio­nal de la Congre­ga­ción y su intención la expresa el mismo P. General en la introducción, al presentarla en breve síntesis a la Congrega­ción:

*Hemos pensado dar esta noticia para que así los aspiran­tes como sus directores obren con conocimiento de causa, y a fin de que sepan a qué han de atenerse, lean con atención los motivos inducentes, las ventajas, los requi­sitos e impedimentos así para misioneros como para estu­diantes y hermanos+[15].

3. Constituciones

Para regular y facilitar el discernimiento vocacional de los que han de examinar a los candidatos, se publica en 1864 otra Instructio en forma de interrogato­rio[16]. Esta instrucción sirvió de base para los capítulos XVIII-XX de la primera parte de las Constituciones de 1865[17] y de las siguientes hasta la renovación impulsada por el Concilio Vaticano II[18].

 

 

II. SEGUNDO PERIODO. AÑOS 1871-1899

 

 

1. P. José Xifré

 

1.1. Documentos

 

11. El P. Xifré, siguiendo la sugerencia del P. Fundador y contando ya con la realidad de algunos niños y adolescentes aspiran­tes que habían sido admitidos en la casa de Barbastro, escri­bió en 1876 un primer Reglamento especial para la admisión de individuos en clase de aspirantes en las Residen­cias de nuestra Congregación[19]. En él se autoriza a los Superiores para que, en sus respecti­vas casas, puedan admitir interinamente a postulantes que reúnan las dotes y requisitos que prescriben las Constitucio­nes, conforme a algunas instruc­ciones concretas. Así:

 

“2. Se autoriza la admisión de niños de doce años que sepan leer y escribir con expedición, que revelen bondad de vida, de buena salud y buen talento: menores de dicha edad no se admitirán, a no ser que tengan, además de lo dicho, alguna dote extraordina­ria…

3 Aquellos que en los quince años de edad tuviesen que principiar latinidad, sólo podrán pretender en clase de Hermanos Coadjutores, a no ser que probasen tener virtud y talento extraordinario”[20].

 

 

21. En la misma línea de la Instrucción importantísi­ma y con contenidos muy semejantes, aunque diversamente organizados, se publican más tarde la Relación interesante del origen y objeto de la Congregación de Misioneros Hijos del Inmaculado Corazón de María. Estímulos y requisitos para ingresar en ella de 1883[21] y las diversas ediciones de la Relación sumaria del Instituto Religioso de los Misioneros Hijos del Inmaculado Corazón de María[22]. En estos documentos vocacionales, escritos en un principio por el P. Xifré y continuados por los siguientes Superiores Generales, se habla ya de una manera explícita de los requisitos para la admisión de los “niños postulantes” y de los “postulantes”.

 

También en los varios reglamentos del P. Xifré se hacen constar los criterios y los requisi­tos para la admisión de los candida­tos en el momento de ingreso y las circunstancias de dimisión durante el período formativo[23].

 

1.2. Criterios y requisitos de admisión

 

Entre los criterios para la selección vocacio­nal de los futuros misioneros conviene destacar los que mantienen una constante en los documentos publicados durante estos años. En síntesis, los candidatos:

 

11. Han de tener una buena salud física (robustez, comple­xión fuerte), sin enfermedades ni deformidades notorias, con buena presencia exterior y pronun­cia­ción expedita[24].

 

21. Han de proceder de familias legítimas, y han de ser hijos de padres honrados y sanos, es decir que no hayan padecido enfermedades de pecho o enajena­ción mental.

 

31. Han de poseer inclinación al estado religioso y vocación decidida de permanecer siempre en la Congregación. De hecho serán admitidos sólo los que tengan vocación y sincera voluntad de permane­cer hasta la muerte en la misma.

 

41. Han de tener buena conducta, docilidad, devoción y aptitud intelec­tual. La aptitud intelectual se ha de manifestar en el talento y la memoria suficientes para los estudios.

 

51. A los que ingresaban directamente al Noviciado se les exigían algunos requisitos particulares:

 

 

* si lo hacían en calidad de estudiantes, deberían certificar los estudios realizados anteriormente (colegios, seminarios,…) con las notas de talento y aplicación o que hubiesen aprobado los cursos de Latín o Retórica;

* si ingresaban como hermanos, además de la buena salud y robustez, deberían poseer buen carácter y sano juicio, buena conducta y espíritu de obediencia y colaboración, ser laboriosos y tener suficiente instrucción;

* si eran sacerdotes, además de los permisos de los Prelados, deberían tener la voluntad firme de ejercer en ella el ministerio u oficio a que se les destinase, sin queja ni excepción alguna;

* y a todos, sacerdotes, estudiantes o hermanos, se les pedía, como criterio fundamental, que tuviesen “espíritu apostóli­co”. Así los que ingresen en el Noviciado, en general, han de tener “vocación decidida para el estado religioso y espíritu apostóli­co”; los estudiantes y hermanos coadjutores, “vo­cación decidida y espíritu apostóli­co”, y los sacer­dotes, “espíritu apostólico, pronun­cia­ción expedita, aptitud física y moral”. El espíritu apostólico será también determinante para el discerni­miento vocacional durante los años de postulantado; para la buena marcha de los centros formati­vos, dirá el P. Xifré, se han de prescindir de los postulantes que, por diversas causas, “no sirvan para el ministerio apostóli­co”[25].

 

1.3. Llamada a la fidelidad vocacional

 

Una de las grandes preocupaciones del P. Xifré fue estimular la fidelidad a la vocación. En la circular Ser fieles a la voca­ción[26] y en el Espíritu de la Congrega­ción[27] exhorta a ella y da orienta­cio­nes para ayudar a los hermanos a superar algunas dificultades vocaciona­les:

 

*Conviene que seáis siempre fieles y agradecidos a la gracia de la vocación que habéis recibido del Señor, conforme os lo avisa San Pablo; (…) de donde debéis inferir cuán agradecidos habéis de estar a la gracia de la vocación, cuán fieles a la misma y cuán perfectos en el cumplimiento de vuestro alto ministerio+[28].

 

2. Capítulos Generales

 

11. Entre los varios asuntos relativos a las vocaciones y formación que trató el V Capítulo General (Madrid 1888)[29] cabe desta­car el referente a la selección vocacional.

 

 

El Capítulo pidió que se examinase con diligencia a los postulantes antes de entrar en la Congregación, para ver si reunían las condiciones prescritas por nuestras Constitucio­nes[30]. Es muy importante discernir bien el *carácter y conduc­ta+ de los candidatos de tal manera que no se aprueben para ingresar al noviciado a aquellos que no den signos de *vocación y buen espíritu+[31].

 

Insistió en que se pusiese *sumo cuidado y esmero+ en el discerni­miento y en la selección vocacional de los novicios. Por lo mismo pidió al Superior y al Maestro:

 

* Que observasen el tempera­mento y las inclinaciones de los novicios; su sumisión, piedad y perseverancia; las reacciones en las humillacio­nes y en los recreos, etc.

* Que corrigiesen los defectos que observaren. Si no se dieran cambios fa­vorables, se les persuadirá a los novicios *con suavidad y buenas formas+ a que abandonen la Congregación.

* Por último, que aplicasen el interro­gatorio prescrito en la Congregación, basado en lo que dicen las Constitu­ciones sobre las dotes que han de tener los novicios[32].

 

21. El VI Capítulo General Extraordinario (Cervera 1895)[33]

recomendó especialmente que, además de exigir el certificado de salud que se les pide a los postulantes al entrar en la Congrega­ción, fuesen nuevamente recono­cidos antes de ingresar en el Noviciado, para detectar posibles enferme­dades heredita­rias, que, a veces, han sido mortales[34] y decidió que en el futuro no se admita a la profe­sión ningún novicio cuyos padres sean pobres y estén necesitados de su ayuda[35]. Respecto a la admisión de los herma­nos, estableció que:

 

* Como norma general no se deben admitir, como aspirantes hermanos, a los que no hayan cumplido los quince años.

* Los aspirantes, antes de ser aceptados, han de haber sido probados en las virtudes más esenciales al religioso.

* Hay que cerciorarse muy bien del estado de su salud. Por lo tanto, además del certificado de buena sa­lud que deben traer al ingresar en la Congregación, han de ser reconoci­dos de nuevo por otro médico.

* Y, en caso de duda para la profesión, a los novicios hermanos se les puede prorrogar el noviciado por un período de seis meses más. Terminado el mismo, o son aceptados o serán *irrevoca­blemente despedidos+[36].

 

 

31. Por último, el VII Capítulo General Extraordinario (Santo Do­min­go 1896)[37] determinó que los superiores locales, delegados por los superiores provinciales, serán los responsables de la admisión y expulsión de los postulantes, siguiendo la norma vigente hasta el momento[38].

 

 

III. TERCER PERIODO. AÑOS 1899-1922

 

1. PP. Clemente Serrat y Martín Alsina

 

1.1. Documentos

 

En los varios Reglamento para los Colegios de Postulantes, que se fueron dando en los años sucesivos para los centros formativos de la Congregación[39], se hace constar los criterios y los requisitos para la admisión de los candidatos para el momento de ingreso y las circunstancias de dimisión durante el período formativo. Dada la varie­dad de documentos, a partir del reglamento del año 1900, los requisi­tos aparecen reunidos en un Apéndice con el título Bases de admisión e interrogatorio para Postulantes publicado con el deseo de que hubiera completa unidad de criterios a la hora de admitir Postulan­tes[40].

 

1.2. Criterios y requisitos de admisión

 

En el Apéndice del reglamento de 1900, se afirma categóricamente como punto de partida que nuestros colegios son centros en los que se enseña latín y retórica sólo a los jóvenes que se sientan con vocación al estado y profesión de Misioneros[41]. Por lo tanto, no se deberán admitir candidatos sin vocación y sin querer permane­cer en la Congregación. Entre los criterios y requisitos, destacamos[42]:

 

11. Inclinación al estado religioso con decidida voluntad de permanecer siempre en la Congregación.

21. Devoción, docilidad y buena conducta.

31. Talento y memoria suficientes.

41. Buena complexión y robustez física.

51. Que tengan entre once y quince años.

 

1.3. Amor y fidelidad a la vocación

 

El P. Clemente Serrat, en el día de su onomástico de 1902, dirigió, desde Santo Domingo de la Calzada, una preciosa circular a la Congrega­ción, sobre La Vocación Religiosa[43]. Con ella exhortaba encarecidamente a los hermanos a permanecer con fidelidad en la voca­ción a que han sido llamados.

 

Por su parte, el P. Alsina, viendo a algunos misione­ros poco felices con su vocación, en su circular Remedios del descontento en la religión[44], les anima a vivirla con alegría y gozo.

 

2. Disposiciones Generales

 

En 1900 se publican las primeras Disposiciones Genera­les[45], así llamadas porque van dirigidas a toda la Congre­ga­ción. Es una compilación, orgánica y sistemática, de la normativa general de la Congrega­ción. Fueron actualizadas, y par­cial­men­te modificadas, en 1905[46], 1906[47] y 1912[48] tras los Capí­tu­los Generales cele­bra­dos por las mismas fechas.

 

Los criterios de admisión se encuentran en los capítulos XVIII-XX de la Primera Parte, donde se hace referencia a las Constituciones (nn. 64-65).

 

 

IV. CUARTO PERIODO. AÑOS 1922-1966

 

 

1. P. Nicolás García

 

El P. García trató en su magisterio muy amplia y profunda­mente el tema vocacional. En sus circulares, insiste en la urgencia de suscitar abundantes vocaciones y en la necesidad de cultivar el don de la vocación para mantenerse fiel a ella y para progresar en el camino de la perfección.

 

1.1. Un grave problema vocacional

 

Después del Capítulo de 1937 y tras la persecución y martirio de tantos misioneros en España, que determinaron un importan­te retroceso de personal, escribió las circulares Sobre algunos acuerdos Capitula­res (1937)[49] y La Vocación Misionera (1938)[50].

 

 

Ante las necesidades urgentes de personal, vuelve a la idea del P. Fundador y del P. Xifré, y propone, por una parte, que los Organismos Mayores organicen y multipliquen los Postulanta­dos, Prepostu­lantados y aun casas donde se pudiesen acoger niños y jóvenes que se preparasen para el Postulanta­do; y, por otra, traza unas líneas maestras de un plan de acción para la pastoral vocacio­nal[51].

 

1.2. Criterios y requisitos de admisión

 

El P. Nicolás habla de que los que han de ingresar en la vida religiosa han de tener vocación. Necesitan de ella para poder realizarse como personas y como religiosos, y evitar la frustración. Sería un riesgo muy grave ingresar sin ser llamados por Dios o rehusar el llamamiento si Dios llama[52].

 

El discernimiento que se ha de hacer antes de ingresar en el Postulantado exige también un ambiente: un clima que favorezca la vocación con un cultivo especial de la misma, fomentando la vida de piedad y evitando los peligros vocaciona­les[53].

 

El P. García apelaba, en general, a los criterios del Derecho canónico y propio para orientar la selección de las vocaciones a la Congregación[54]. En su magiste­rio destacó los siguientes:

 

11. La idoneidad de los candidatos hay que discernirla adecuada­mente pues los signos vocacionales están, a veces, en la persona de una manera germi­nal[55].

 

21. No deben admitirse en la Congregación enfermos o personas con problemas familiares, en particular aquellos cuyos padres o abuelos tuviesen o hubieran tenido algunas taras de tipo heredita­rio, sobre todo de tipo mental. Por ello hay que fijarse mucho en la herencia fisiológica de los niños y se han de examinar los anteceden­tes de familia[56]. Tampoco se han de admitir, según la tradición de la Congrega­ción, los hijos ilegítimos, aunque se trate de hijos legitimados por matrimonio posterior[57].

 

 

31. Los candidatos han de tener una buena educación cristia­na, deben ser bastante inteligentes, con buenas inclina­ciones y con un carácter abierto, flexible y alegre. El carácter es una de las cosas que merecen especial atención; caracteres duros, intrata­bles, insociables, retraídos, violen­tos, tristones, desconfia­dos con sus Superiores, no deben admitirse, y si se admitie­ron, han de excluirse[58].

41. Hay que preferir siempre la calidad a la canti­dad, aunque la Congregación tenga necesidad de muchas vocaciones. Sin embargo, la simple calidad de las vocaciones no basta. El criterio principal sobre el que insistió constante­mente fue el de buscar vocaciones *excelsas+, *vocacio­nes selectas+, es decir, vocaciones de gran calidad, con madera de santo y capaces de grandes obras apostólicas. Estas son las vocacio­nes que necesita la Congrega­ción para realizar su misión dentro de la Iglesia[59]. Por eso, la Congregación las debe merecer si eleva el nivel de su vida misionera[60].

 

1.3. Cuidar del don vocacional

 

No basta con recibir de Dios el don de la vocación. Ha de ser cultivada esmeradamente para mantenerse fiel a ella y progresar en el camino de la perfección. Este don, que aparece como germen, se ha de desarrollar hasta ser una planta completa y perfecta. Es una gracia singularísima que se puede perder si no se cuida en fidelidad y corresponden­cia. Y ha de ser un cultivo continuado que, iniciado desde el primer momen­to en que aparecen los signos vocacionales, debe durar toda la vida[61].

 

2. P. Peter Schweiger

 

La preocupación por las vocacio­nes y por el crecimiento cuantita­tivo de la Congregación, será una de las preocupaciones del P. Schweiger. En este sentido, dirigió a la Congregación la circular De vocationibus coop­tandis, seligendis, colendis et de dono propiae vocationis aestiman­do(1955)[62].

 

2.1. Medios para fomentar las vocaciones

 

Para el P. Schweiger, el fomentar y promover por todos los medios el incremento de la Congregación es, también, una necesidad inaplazable. El sentir con la Iglesia, la amplitud de nuestra misión apostólica y el número insuficiente de misione­ros de la Congregación para cumplir su misión son las motivaciones que deben urgir a la Congrega­ción a trabajar más intensamente por las vocaciones.

 

 

El P. Schweiger llama la atención sobre dos dimensio­nes: la vida espiritual y la generosidad apostólica. Una vida espiritual que nos lleve a vivir nuestra propia identidad misionera -*vere nominemur et simus+- será bendecida por el Señor con nuevas vocaciones. Y una generosi­dad apostóli­ca en los individuos, comunidades y provincias, será recompensada por el dueño de la mies y será siempre fuente de atracción vocacio­nal para los jóvenes[63].

 

2.2. Criterios de selección vocacional

 

La urgencia de tener abundantes vocaciones no nos debe llevar a la admisión de personas que no han sido llamadas por el Señor, personas que no tienen vocación. Sería un gran mal para la Congregación. A la vez que hemos de procurar el aumento cuantita­ti­vo­, se ha de buscar con todo cuidado y diligen­cia el crecimiento cualitativo. Por lo mismo, en el proceso de discernimiento vocacional se deben tener en cuenta los siguientes crite­rios generales[64]:

 

11. Se ha de procurar no proceder a la ligera en la admisión de candidatos.

 

21. Es preciso que haya una primera selección y que ésta sea *una selección esmerada y más bien rigurosa+.

 

31. Es necesario indagar con *toda diligencia+ si el candidato es verdaderamente tal que pueda convenir a la Congrega­ción para la obra de la divina gloria y de la salvación de las almas.

 

41. El diálogo con los que se sientan llamados lo han de realizar, en primera instancia, los promotores vocacionales. No obstante, en segunda instancia y en orden a verificar la primera selección, han de intervenir *por oficio+ los Prefectos y Confesores, cada uno según su jurisdicción.

 

2.3. Acogida vocacional

 

Para el P. Schweiger no basta una primera selección vocacional. Las vocaciones a nuestra Congregación han de ser acogidas y formadas con cuidado solícito.

 

El centro formativo debe ser como la segunda familia del postulante. Por eso el ambiente que se viva y respire en él ha de ser un ambiente familiar que haga atrayente y agradable la convivencia y la estancia en la Congregación[65].

 

2.4. Fomentar el aprecio por la propia vocación

 

 

Una de las preocupaciones que más aflige al P. Schweiger es *la mengua del aprecio a la vocación+ que, en los últimos años, ha ido adquiriendo dimensiones cada vez más crecientes. Para contrarrestar esta situación se ha de procurar, entre otras cosas, una selección de las vocaciones verdaderamente esmerada y se ha de exigir una formación cada vez más sólida y completa desde las primeras etapas formativas[66].

 

3. Capítulos Generales

 

11. El XII Capítulo General (Vich 1922)[67], entre los crite­rios de admisión de los candidatos[68], recuerda:

 

* Que, en principio, no se admitan a los que con el tiempo pueden ser necesarios a sus padres y abuelos. Los que estén sujetos a la patria potestad, necesitan el permiso de sus padres o tutores.

* Que el candidato, al ser admitido, haga una declaración por escrito, donde acepte con claridad y libertad algunas condicio­nes propuestas por la Congregación.

* Y declarará también su aceptación de que, en caso de salir de la Congrega­ción antes de profesar, se le devolverá todo lo que entregó al entrar; pero que si llegare a profesar, aunque sólo por el primer año, quedará todo en propiedad de la Con­gregación, a excepción de los bienes patrimoniales.

 

Por último, se declara el sentido de los cuestionarios que deben responder los candidatos al pedir el ingreso en la Congregación. Están orientados a un mayor conoci­miento de las personas para una mejor selección y formación de los mismos.

 

21. El XIV Capítulo General (Albano 1937)[69] hablando del elemento pasivo de la formación[70], reco­mendó que se intensi­ficara la selección vocacional, dando también varios criterios. En concreto, mandó:

 

* Que no se admitiesen niños ilegítimos, aunque hubieran sido legitima­dos posteriormente por matrimonio de los padres.

* Que se hiciesen análisis de la sangre para detectar “las afecciones mor­bosas que muchas veces se desarrollan entrados los años” y que hacen a las personas no idóneos para la vida re­ligiosa y sacerdotal.

* Que se estudiasen los an­tecedentes morbosos de los abuelos y, a veces, de los tíos.

* Que despidiesen a tiempo a los candidatos que no tuviesen signos vocacionales, teniendo en cuenta el desarrollo evolutivo de los mismos.

* Y que no se admitiesen al noviciado ni a la profesión a los sujetos que, después de ser probados, permane­ciesen sin clarificación vocacional.

 

 

31. El XV Capítulo General (Castelgandolfo 1949)[71], tuvo como preocupa­ción constante en sus delibera­ciones el tema de la *escasez del personal+; tema que condiciona­ba la apertura de nuevos frentes apostólicos y la constitución de nuevos organis­mos. Al tratar el tema de los hermanos, lamentó la falta de vocacio­nes[72] y alabó a los que trabajan en su promoción vocacional. Como remedio se insiste en el fomento e incremento de las vocaciones y, entre otras cosas, se concluye:

 

*Para conseguir estos fines, fúndese en las Provincias la Obra de las Vocaciones, cooperando a ella los Colaboradores Claretia­nos, y establézcase en la Curia General el Secreta­riado de Vocaciones que organice e impulse el movimiento de la propaganda+[73].

 

El Reglamento de la Obra de las Vocaciones Claretianas se publica en Annales en 1950[74]. La Obra se instala en la Curia y se crea, a la vez y dentro de la misma, el *Secretariado de Vocaciones+. Como un punto importante, los Colaboradores Claretianos serán *como brazos poderosos de la Obra+[75]. La Dirección General de la Obra imprime en 1951 un pequeño tratado, El Reclutador de Vocaciones, con orientaciones metodoló­gicas muy precisas para la promoción vocacional[76].

 

En orden a la admi­sión, en primer lugar, confirmó lo dispuesto en el CIA sobre las admisio­nes de postulan­tes y novi­cios[77] y añadió lo siguiente:

 

* Como norma general, los postulan­tes (estudiantes), incapaces para continuar los estudios sacerdotales, no debían ser admitidos como hermanos sino después de un tiempo de prueba en sus propias casas.

* No se han de admitir hermanos para hacer el postulantado antes de los 15 años. Puede haber prepostulantados entre los 15 y los 17 años para que reciban instruc­ción religio­sa, cultural y aprendizaje de sus oficios. Y a los 17 años ya pueden comenzar el Postulantado Canónico.

* Para entrar en el noviciado no se han de admitir jóve­nes que no hayan cumplido los 18 años.

 

41. El XVI Capítulo General (Roma 1961)[78], que estudió la crisis de las vocaciones de los años últimos tanto de estudiantes como de hermanos, las estadís­ticas sobre su perseverancia, y las causas de los abandonos, hizo muchas sugerencias para dar solución a éstos problemas[79].

 

* Urgió a todos los Hijos del Corazón de María a la fidelidad, a que se formen “una conciencia vocacional iluminada y eficiente, sentida y perseve­rante”.

 

* Además del Gobierno General, que debe dedicar “la máxima atención” al aumento del personal y a su esmeradísima formación, todos (individuos, comunidades y organismos mayores) han de sentirse promotores vocacionales.

* El primer esfuerzo vocacional ha de ir dirigido a las vocaciones nativas de cada país. Ningún organismo debe contentar­se con las vocaciones que les son suficientes; todos han de buscar vocaciones para la Congregación universal. Las inversiones económicas han de orientarse primordialmente hacia los países que tengan un mayor presente y futuro vocacional.

* Hay que buscar las vocaciones principalmente en nuestras obras apostólicas (cole­gios, escuelas, parroquias, asocia­ciones, Unión Misionera y entre los AColabora­dores Cla­retianos@, etc.). Es necesario organizar la propaganda vocacional claretiana y ofrecer a los promotores un Manual con normas concretas y orientaciones vocacionales.

* Para tener buen índice de perseverancia, hay que cuidar la selección de los candidatos. En la promoción y selección vocacional, interesa más la calidad que la cantidad de candida­tos. En consecuencia, se ha de hacer el examen previo sobre sus cualidades personales y sus condicio­nes familiares, el examen previo de suficiencia y, si fuera necesario o muy conveniente, tener un tiempo de prepostulan­tado para observar mejor a los candidatos. Sobre la admisión de hermanos, no se han de aceptar candidatos ignorantes o de mal carácter[80].

 

En 1962 aparece la creación de un nuevo Secretariado de Vocaciones Claretianas, que, según parece, tiende a mejorar lo anteriormente realizado[81]. Su Reglamento, muy breve, se remite al reglamento de la Obra y asume la circular sobre la vocaciones del P. Schweiger (1955), varias veces citada en el capítulo anterior, y las conclusiones de los encuentros vocacionales celebrados por aquel tiempo.

 

 

V. QUINTO PERIODO. AÑOS 1967-1999

 

 

1. Superiores Generales

 

11. El P. Antonio Leghisa destaca la importancia de la presencia materna de María en la pastoral vocacional, tanto en los promotores como en la presentación adecuada del aspecto mariano de nuestro carisma[82].

 

 

21. El futuro congregacional, nos dice el P. Gustavo Alonso, nos exige incrementar el vigor de la obra de promoción de vocaciones la cual, ciertamente, ha hecho buena experiencia en la Congre­gación durante las últimas décadas, a pesar de las dificulta­des objetivas del momento. Nuevas vocaciones para la obra evangelizadora serán fruto, sobre todo, del nuevo entusias­mo misionero con el que nosotros mismos nos pongamos fren­te a este futuro que ya nos está alcanzando[83]. No obstante, hay que tener bien pensada y articulada la fase de la acogida vocacional mediante comunidades de personas que vivan con gozo la propia vocación[84].

 

También el P. Alonso pone de relieve la acción materna de María en nuestra vida vocacional. Muchos her­manos claretianos expresan en sus testimonios personales la presencia materna de María que les ha inspirado y guiado en los momentos fundamentales de su vida como el nacimiento de la voca­ción, el crecimiento espiritual con los años de forma­ción, la superación de crisis, etc.[85].

 

31. Con motivo de la beatificación de nuestros Mártires de Barbastro, el P. Aquilino Bocos nos pide que nos comprometamos más en el crecimiento cualitativo y cuantitativo de la Congregación. Si queremos cumplir el testamento de la sangre de nuestro Mártires, hemos de asumir la apremiante tarea de promover y cuidar de las vocaciones[86].

 

Al conmemorar el 150 Aniversario de la Fundación de la Congregación, nos anima a responder con valentía, lucidez y esperanza al gran desafío de la carencia de vocaciones[87]. Ante la escasez de vocaciones en algunas zonas de la Congregación, hace un llamamiento a la serenidad, al discernimiento y a la búsqueda de nuevo caminos y nuevas actitudes. Necesitamos acercarnos a esta realidad con otro talante, con otra mentalidad. Ha llegado la hora de replantearnos nuestro compromiso vocacional desde nuevas actitudes.

 

En la pastoral vocacional claretiana tienen importancia superior la relación personal sobre los planes, el cuidado de la interioridad sobre la acumulación de acciones exteriores, la experiencia de gracia (AAlégrate, María, el Señor está contigo@) como base para una opción (AHe aquí la sierva del Señor@), sobre todo cálculo humano. Por eso, María debe ocupar en ella un puesto privilegiado. Ella nos inspira, nos asiste, nos estimula en las encrucijadas vocacionales, nos abre al misterio, nos ayuda a discernir desde la fe, nos da su testimonio en la decisión y nos revela su alegría en el servicio.

 

2. Capítulos Generales

 

11. El XVII Capítulo General Extraordinario (1967) trató muy a fondo la pastoral vocacional y la renovó profundamente. Dio unas líneas maestras, completas y actualizadas para organizar la pastoral vocacional en toda la Congregación que en su casi totalidad están todavía vigentes[88].

 

Como un elemento necesario en el pro­ceso vocacional, y como una colaboración a la acción de la Providencia de Dios, la Iglesia y la Congregación deben intervenir con su juicio en la comprobación y selección de las vocaciones. Este juicio debe hacerse con todo cuidado, con sentido de grave responsabilidad y con un sano rigor. Para ello se necesita un conveniente conocimiento de los antecedentes familiares y personales del candidato, valiéndose incluso de los prudentes servicios de oficinas psicotécnicas vocacionales de la Congregación o de otros Institutos reli­giosos o de seglares de probada formación reli­giosa y técnica.

 

Objeto de especial estudio han de ser: la recta intención del candidato, su plena li­bertad al elegir este estado y las cualidades re­queridas, no sólo para la vida religiosa o sacer­dotal en general, sino también para nuestra Congregación (cf Const. I, 139, 2), tanto en el aspecto espiritual y moral, como en el intelec­tual, psíquico y corporal, teniendo en cuenta los factores hereditarios influyentes. Este estudio debe hacerse con seriedad, aunque siempre con criterios sobrenaturales, colaborando con todo interés y sinceridad el mismo candidato, con­vencido de que esta colaboración es del mayor beneplácito divino[89].

 

21. El XVIII Capítulo General (1973) coincide con la aparición de la crisis vocacional. Por eso denuncia el problema vocacional como uno de los más importantes que tiene la Congregación en el momento presente y hace una llamada a todos los miembros y comunidades para un mayor compromiso en la pastoral vocacional. Desde el punto de vista orientativo confirma las líneas del anterior Capítulo General, pues sigue teniendo plena validez en el campo de la promoción vocacional, y propone a la Congregación unas lineas de acción inmediata para ser llevadas a la práctica con la mayor rapidez y competencia posibles[90].

 

Durante este período, el tema de la crisis vocacional será de nuevo objeto de reflexión y evaluación en la Asamblea de Costa Rica[91].

 

31. El XIX Capítulo General (1979) trató como tema monográfico el de nuestra misión apostólica en el momento actual (MCH) y, dentro de él, dio varias orientaciones respecto a la problemática de las vocaciones[92]. Se ha de exigir a todos nuestros organismos mayores un serio es­fuerzo para promover dentro de las iglesias particu­lares, vocaciones misioneras, tanto sacerdotales como re­ligiosas y laicales, para la iglesia local y para la Congregación.

 

 

Por una parte, el estilo de vida apostólico ha de ser una proclamación diáfana y eficaz por medio de la cual el Señor convoca nuevas vocaciones misioneras. Y por otra, la propuesta de un proyecto compartido de misión debe ser el núcleo promo­cional de las nuevas vocaciones claretianas, a la vez que un principio de discernimiento, de ani­mación pedagógica y de experimentación para todo el proceso de incorporación a nuestro Ins­tituto.

 

41. El XXII Capítulo General (1997) desarrolló la dimensión profética de nuestra vocación como servidores de la Palabra (EMP). En este contexto y tras un breve análisis de la crisis vocacional, orienta nuestra pastoral vocacional[93].

 

Como constatación básica de hecho, la pastoral vocacional cuestiona la dimensión profética de nuestro ministerio. La profecía, vivida con sinceridad y radicalidad, debe ser fuente de atracción vocacional para nuestra Congregación. En el discernimiento del sentido de la escasez vocacional se ha de evitar la tentación de la nostalgia, del desencanto y de la mera consideración del número y se ha de poner la confianza en el Señor de la historia. La pastoral vocacional debe ser prioritaria en cada Provincia y comunidad y para cada claretiano, tratando de suscitar una cultura vocacional en la Iglesia.

 

3. El Directorio Vocacional Claretiano

 

En 1994 se promulgó y publicó el Plan General de Formación, que incluía las orientaciones fundamentales de la Congregación sobre la Pastoral Vocacional (cap VII). Tras los cambios sociales, la renovación conciliar y el Plan General de Formación, convenía tratar el tema vocacional de un modo más amplio. De esta manera, la formación en la Congregación y nuestro proyecto formativo serían adecuadamente completados con un Directorio Vocacional propio.

 

Durante el mes de enero de 1999 se reunió en Roma una Comisión Internacional nombrada para la elaborar el Directorio Vocacional Claretiano (DVC). Fueron convocados para integrarla los PP. Antonio Santillán (Argentina-Uruguay), James Kananthanam (Bangalore), Juan Carlos Martos (Bética), Angel Esteban (Castilla), Marcelo Ensema (Guinea Ecuatorial), Angel Ochagavía (Filipinas), Carl Quebedeaux (Usa-East) y Jesús M Palacios, Prefecto General de Formación (Roma).

 

La comisión elaboró un texto que, antes de ser presentado al Gobierno General para su aprobación, fue entregado a varios peritos y a una comisión reducida para su estudio y revisión. El nuevo texto revisado fue aprobado por el Gobierno General en la sesión del 15 de febrero del año 2000 para su publicación.

 

Jesús M Palacios, cmf

Prefecto General de Formación

15 de febrero del 2000

 



     [1] Las referencias al P. Fundador que se hacen aquí, son exclusivamente de los escritos dirigidos a la Congrega­ción. El P. JESÜS BERMEJO ha recigido muchos de ellos en Textos espiritua­les y formativos de San Antonio M Claret: Cuadernos de Formación Claretiana, Prefectura General de Formación, nn. 4A y 4B, Roma 1989, pp. 50 y 35 respectivamen­te.

Al margen de las orientaciones que con carácter interno dejó a la Congregación, el P. Fundador escribió mucho sobre la vocación y la formación sacerdotal. Conviene recordar entre los más sobresalientes la obra en dos tomos de El colegial o seminarista teórica y prácticamente instruido, Barcelona 1860 y 1861, pp. 424 y 526 respectivamente; Modificaciones de los Estatutos del Seminario tridentino de Cuba, Barcelona 1854, pp. 30; Reglamento para el gobierno y régimen de El Escorial, Madrid 1861, pp. 8; La Vocación de los niños. Cómo se han de educar e instruir, Barcelona 1864, pp. 134.

     [2] cf Carta a D. José Caixal, Vic, 5 de septiembre de 1849: EC. I, pp. 316-317; cartas a D. José Xifré, Oviedo, 4 de agosto de 1858: EC. I, pp. 1624, y Roma, 22 de marzo de 1870: EC. I, p. 1457.

     [3] cf J. ÁLVAREZ GÓMEZ, CMF, Misioneros Claretianos: I, Retorno a los orígenes, Madrid 1993, pp. 415-416.

    [4] cf Carta del 4 de agosto de 1858: EC. I, p. 1624.

     [5] Carta desde Madrid del 30 noviembre de 1858: EC. I, pp. 1678-1680; cf, también, carta a D. José Xifré, Madrid, 6 de marzo de 1863: EC. II, pp. 636-637.

     [6] El primer estudiante que ingresó en la Congregación fue Hilario Brossosa. Recién ordenado diácono, fue admitido el 1 de julio de 1858 (cf MARIANO AGUILAR, Historia de la Congregación de Misioneros Hijos del I. Corazón de María, tomo I, Barcelona 1901, p. 100).

     [7] El II CAPÍTULO GENERAL (CAP. GEN.) se celebróen Gracia del 7 al 14 de julio de 1862; cf Archivo General CMF, (AG CMF), AD, 1, 11.

     [8] cf Carta a D. José Xifré, Madrid, 6 de marzo de 1863: EC. II, pp. 636-637; carta a D. José Xifré, Aranjuez, 1 de mayo de 1863: EC. II, pp. 650-651.

     [9] cf Carta a D. José Xifré, San Ildefonso, 17 de septiembre de 1867: EC. II, pp. 1198-1200.

     [10] cf J. M. LOZANO, Constitucio­nes y textos sobre la Congregación de Misione­ros (CCTT), Barcelona 1972, pp. 633-634. Según el P. Lozano, la escribió en torno al 24 de junio de 1869.

     [11] Ib. p. 633. Sobre la propaganda vocacional: cf carta a D. José Xifré, Madrid, 8 noviembre 1864: EC. II , p. 828.

     [12] cf Carta a D. José Xifré, Madrid, 30 noviembre 1858: EC. I , pp. 1678-1680.

     [13] Aut 794. Sobre el tema habla ampliamente en un capítulo que él intitula “Capítulo importante a la CongregaciónA (cf cap. X de la continuación, 793-795).

     [14] J. XIFRÉ, Instrucción importantísima para los aspiran­tes a la Congregación de Misioneros del Inmaculado Corazón de María, en J. M. LOZANO, CCTT, pp. 618-625. Se publicó por vez primera en la Revista Católica, de Barcelona, el 20 de junio l862, antes del II Capítulo General (7-14 de julio), y se reeditó en la misma revista, una vez celebrado el Capítulo, el 10 de Agosto del mismo año. La segunda publicación, con retoques hechos por el P. Fundador, se hace eco de los cambios introduci­dos en la Congrega­ción por el Capítulo. En forma de hoja volante, reformada en su presentación y contenido, y con clara intención de propaganda vocacional, la Instrucción aparece de nuevo publicada en Perpignan por el Superior General (P. J. Xifré) el 20 de noviembre de 1872 (AG CMF, BE, 13, 1, 2) y en otros boletines diocesanos (cf J. ÁLVAREZ GÓMEZ, o.c., pp. 416-417).

   [15] J. M. LOZANO, CCTT, p. 619.

     [16] J. XIFRÉ, Instructio pro examine personali eorum qui in Congregatio­nem Missionarorum Immaculati Cordis B.M.V. admitti postulant, Barcelona 1864, CCTT, pp. 650-660.

     [17] cf J. M. LOZANO, CCTT, pp. 410-431.

     [18] cf Directorio Vocacional Claretiano (DVC), Apéndice 31, 2.

     [19] J. XIFRÉ, Reglamento especial para la admisión de individuos en clase de aspirantes en las Residencias de nuestra Congregación, Thuir, 17 de enero de 1876: documento autógrafo en AG CMF, CF, 8, 1, 15b. Fue publicado también por el P. Juan Postíus en la revista Iris de Paz, n. 1645, enero 1929, pp. 7-8.

     [20]J. XIFRÉ, Reglamento especial para la admisión de individuos…”, pp. 1-2. La casa de Barbastro había organizado, ya antes, cursos de latín para algunos niños y adolescentes. Los primeros colegios de postulantes fueron Barbastro, Alagón y Segovia, que se fundaron formalmente en 1876 (cf M. AGUILAR, Historia de la Congregación de Misioneros Hijos del I. Corazón de María, I, Barcelona 1901, cap. XVI, p. 583; C. FERNÁNDEZ, La Congregación de los Hijos del Inmaculado Corazón de María, Compendio histórico, I, Madrid 1967, cap. XXVI, pp. 861 ss.

     [21] J. XIFRÉ, Relación interesante del origen y objeto de la Congrega­ción de Misioneros Hijos del Inmaculado Corazón de María. Estímulos y requisitos para ingresar en ella, Barcelona (Gracia) 1883, p. 4: AG CMF, BE, 13, 1, 1.

     [22] J. XIFRÉ, Relación sumaria del Instituto Religioso de los Misione­ros Hijos del Inmaculado Corazón de María, Madrid 1891: AG CMF, BA, 2, 28, 1; Madrid 1895: AG CMF, BA, 02, 28, 22. M. ALSINA, Aranda de Duero 1908: AG CMF, BE, 13, 1, 5; Madrid 1920: AG CMF, BE, 13, 1, 4.

     [23] J. XIFRÉ, Reglamento para los Colegios de nuestra Congregación, en EsC, Madrid 1892, pp. 217-220; Reglamento para los Colegios de Postulantes del Instituto de Misioneros Hijos del Inmaculado Corazón de María, Madrid 1894; AG CMF, 11, 4, 22, op. 100, p. 29.

     [24] La salud será un tema prioritario en la formación y de preocupación por parte de los Capítulos y Superiores Generales, teniendo en cuenta las dificultades de la vida misionera.

     [25] J. XIFRÉ, Reglamento…, 1894 cap. 31, p. 9. Este mismo criterio se repitirá en los Reglamentos de 1900 y 1907.

     [26] J. XIFRÉ, circular sobre Ser fieles a la vocación (SFV): Anales, 3 (1891), pp. 245-255. Se encuentra también en COLECCIÓN DE CIRCULARES, Madrid 1941, pp. 866, en pp. 209-220. En este caso y en otros posteriores, las citas se harán por este libro con la sigla ColCC.

     [27] J. XIFRÉ, Espíritu de la Congregación de Misioneros Hijos del Inmaculado Corazón de María (EsC), Madrid 1892, pp. 235 nota en pp. 35-36.

     [28] J. XIFRÉ, EsC, pp. 35-36.

     [29] V CAP. GEN., Actas, AG CMF, AD, 1, 22.

     [30] cf Ses. 9, en CMF, Resumen alfabético de las Disposiciones Vigentes contenidas en los Capítulos Generales y en las Circulares (RDV), Madrid 1897, pp. 216, AG CMF, 9, 8, 53; nota en RDV, n. 590.

     [31] cf Ses. 4, CMF, RDV, n. 592.

     [32] cf Ses. 4, CMF, RDV, n. 538.

     [33] VI CAP. GEN. EXT., Anales, 5 (1895-1896), Apéndice.

     [34] cf Ses. 14, CMF, RDV, n. 593.

     [35] cf Ses. 12, CMF, RDV, nn. 381, 539.

     [36] Ses. 19, CMF, RDV, n. 407.

     [37] VII CAP. GEN. EXT., Anales 5 (1895-1896), Apéndice.

     [38]cf Ses. 3, CMF, RDV, n. 589.

     [39] CMF, Reglamento para los Colegios de Postulantes del Instituto de Misioneros Hijos del Inmaculado Corazón de María, Santo Domingo 1900, pp. 60; CMF, Reglamento para los Colegios de Postulantes del Instituto de Misioneros Hijos del Inmaculado Corazón de María, Aranda de Duero 1907, pp. 48.

     [40] cf CMF, Reglamento para los Colegios de Postulantes…, 1900, pp. 47-58.

     [41] cf Ib., p. 47.

     [42] cf Ib., pp. 48-49.

     [43] C. SERRAT, circular sobre la Vocación religiosa (VOR), Anales, 8 (1901-1902), pp. 669-680; ColCC, pp. 228-241.

   [44] M. ALSINA, circular sobre los Remedios del descontento en la Religión, Anales (RDR), 10 (1906), pp. 529-538; ColCC, pp. 241-245.

     [45] CMF, Disposiciones Generales para los Hijos del Inmacula­do Corazón de María, Santo Domingo 1900, pp. 112.

     [46] CMF, Disposiciones Generales Vigentes para los Hijos del Inmacula­do Corazón de María, Santo Domingo 1905, pp. 118. Incluye un Apéndice con algunas modificaciones provenientes del Capítulo General de Aranda de Duero (1906), pp. 6.

     [47] Como se acaba de indicar, las modificaciones están incluidas en un Apéndice en la publicación anterior.

     [48] CMF, Disposiciones Generales basadas en el Capítulo general de Vich del año 1912, Aranda de Duero, 1912, pp. 131.

     [49] N. GARCÍA, circular Sobre algunos acuerdos capitula­res, Annales, 34 (1938), pp. 3-9; ColCC, pp. 858-866.

     [50] N. GARCÍA, circular sobre la Vocación Misionera (VM), Anna­les, 34 (1938), pp. 289-323; ColCC, pp. 324-365.

     [51] cf VM, ColCC, pp. 356-357, 364-365.

     [52] cf VM, ColCC, p. 339.

     [53] cf VM, ColCC, pp. 347-348.

     [54] *1. Ausencia de impedimentos de Derecho canónico (c. 538‑542) y de derecho particular (Const. 1 parte, c. XIX); 2. Recta intención, que puede ser para perfeccionarse en la vida espiritual, para librarse de los peligros del mundo, etc., etc…; 3. Aptitud para la vida religiosa (c. 538) y los cargos de la Religión. Esta aptitud exige que el candidato tenga buen juicio; buena índole, que se someta dócilmente al yugo de la obedien­cia, que no tenga pasiones dominantes violentas, o en este caso que esté dotado de una energía de voluntad grande con auxilio poderoso de la gracia+ (V­M, ColCC, pp. 329-330).

     [55] cf VM, ColCC, p. 330.

     [56]cf N. GARCÍA, circular sobre la Formación de nuestros Estudiantes (FNE), Anales, 28 (1932), pp. 225-224, ColCC, pp. 513-533; cita en pp. 516-517; VM, ColCC, p. 348; circular sobre La formación Religiosa, Misionera y Claretiana, (FRMC), Anales, 39 (1947), pp. 65-119; cita en p. 110.

     [57] cf VM, ColCC., pp. 348-349.

     [58] cf FRMC, p. 110.

     [59] cf VM, ColCC, pp. 327-329; FRMC, pp. 86-87; F­NE, ColCC, pp. 520-521.

     [60] cf FRMC, p. 87.

     [61] cf VM, ColCC, pp. 346-347, 349.

     [62] P. SCHWEIGER, circular De vocationibus coop­tandis, seligendis, colendis et de dono propiae vocationis aestimando (DEVO), Annales, 43 (1955), pp. 155-171. La citas harán referencia a Annales; sin embargo, transcribiremos los textos citados en español, tomando la traducción que se publicó en la Crónica de la Provincia Claretiana de Castilla, 155 (1955), pp. 167-175 y 156 (1956), pp. 199-207.

     [63] cf DEVO, pp. 156-158.

     [64] cf Ib., III, 2 y 3, pp. 162-163.

     [65] cf DEVO­, pp. 163-166.

     [66] cf ­Ib., pp. 166-170.

     [67] XII CAP. GEN., Anales, 18 (1921-22), pp. 901-922, 925-975.

     [68] cf Ib., Disposiciones 70-75, pp. 952-953.

     [69] XIV CAP. GEN., Annales, 34 (1938), pp. 9-13, 47-68.

     [70] cf Ib., ses. 14-15, pp. 52-54.

     [71] XV CAP. GEN., Annales, 40 (1949-1950), pp. 106-140.

     [72] cf Ib., p. 131.

     [73] cf Ib., p. 125.

     [74] CMF. Reglamento de la Obra de las vocaciones Claretianas, Annales, 40 (1950), pp. 461-467.

     [75] cf Reglamento de la Obra…, pp. X, XII.2.

     [76] CMF El Reclutador de Vocaciones, Roma 1951, pp. 22. Habla de los criterios para la promoción vocacional, de los medios, métodos y tiempos más adecuados, de las orientaciones prácticas para el promotor, de los informes y exámenes­ necesarios, etc…

     [77] cf XV CAP. GEN., Ib., pp. 126, 129.

     [78] XVI CAP. GEN., Annales, 46 (1961-1962), pp. 67-78, 101-115.

     [79] cf Ib., pp. 101-102, 104-107.

     [80] cf Ib., p. 106.

     [81] CMF. Secretariado de Vocaciones Claretianas, Annales, 46 (1962), pp. 348-350.

     [82]cf A. LEGHISA. Circular sobre el Corazón de María y la Congregación en el momento actual (CMC), Roma, 1978, pp. 50-51, 56.

     [83]cf G. ALONSO, Circular Claretianos en formación, (CF) 1990, 6.

     [84] cf Ib., 2.2.

     [85]cf G. ALONSO, La espiritualidad mariana que vivimos, en AAl servicio de una comunidad misionera@, Roma, 1991, pp. 180-181.

     [86] cf A. BOCOS, Circular Testamento Misionero de nuestros Mártires, (TM) Roma 1992, 33.6.

     [87] cf A. BOCOS, Circular Herencia y Profecía, (HP) Roma 1998, 91-100.

     [88] cf 1F, 90-115; 1RG, 63, 88, 113, 133; MI, 39; 1HH, 20-21; 1ED, 17-18.

     [89] cf 1F, 102, 104-105.

     [90] cf 2F, 4, 16-19; CA, 31.4; 2RG, 122; 2HH, 4, 34.

     [91] cf ASAMBLEA DE COSTA RICA, Annales 52 (1976), pp. 431 ss

     [92] cf MCH, 135, 185-186, 217, 227.

     [93] cf EMP, 36, 37.

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