Plan de Formación en México

Provincia Claretiana de México

Plan de Formación en México (PFM) 

Febrero de 2009

Presentación

Presentamos el Plan de Forma­ción en México (PFM), actualizado por el Consejo provincial de formación y aprobado por el equipo de go­bierno de la Provincia.

 Con ello seguimos dando cumplimiento a las disposiciones de la Congregación que, desde la promulgación del Plan General de Formación (“Formación de Misioneros”, PGF, Roma, 1994), nos exhorta a “procurar que se elabore el plan provincial de formación, teniendo como marco el plan general de formación y que sea aplicado y evaluado en la Pro­vincia” (PGF 263).

Intentamos también, ser fieles a las disposiciones de nuestros Capítulos provinciales.

 En el PFM, pretendemos recoger la gran tradición for­mativa de nuestra Congregación, al mismo tiempo que sus avan­ces más significativos en materia pedagógica. Por ello “antes de ser considerado como un compendio de orientaciones, criterios y normas, es preciso verlo como una propuesta de vida misio­nera” (Aquilino Bocos, CMF, Formación de Misioneros, PGF, p.8), según las circunstancias específicas de nuestra Provincia de México.

Para la elaboración y actualización de este trabajo se ha contado con el apoyo incondicional de todos los formadores, de algunos miem­bros de la Provincia y estudiantes, con sus aportes, así como del go­bierno provincial con su revisión y sugerencias.

Esta tarea ha implicado, además, abrirse a nuevas expe­riencias y un esfuerzo considerable de adaptación a las circuns­tancias cambiantes de la realidad.

Quienes trabajamos directa­mente en esta tarea, hemos sentido que el esfuerzo bien ha va­lido la pena dada su importancia, su fin y sus consecuencias, “pues si la conversión de un pecador es una obra grandemente meritoria, cuánto más lo será la formación de misioneros idó­neos que, a su debido tiempo, serán como instrumentos de sal­vación de muchos” (CC 77).

Anhelamos que todos los hermanos de Provincia, sintoni­zando con estas inquietudes, asuman corresponsablemente la tarea de contribuir a la formación de misioneros con su interés, información sobre esta labor, sugerencias, apoyos concretos y, sobre todo, con su testimonio de vivencia gozosa del don de la propia vocación, lo cual conduce a “desear ardientemente que ese mismo don les sea concedido también a otros y que nuestra Congregación crezca más cada día para anunciar el Reino de Dios” (Cfr. CC 58).

México, D. F., a 2 de Febrero de 2009

Celebración de la Vida Consagrada

Prefectura Provincial de Formación

Promulgación

A TODOS LOS MISIONEROS CLARETIANOS DE MÉXICO

Que la paz del Señor habite en sus corazones.

Es motivo de alegría poder presentar a la Provincia:

EL PLAN DE FORMACIÓN EN MÉXICO

que después de un proceso de participación provincial y del trabajo del Prefecto Provincial de Formación y su Consejo de formación, presentamos buscando ser fieles al espíritu de la Congregación en el área formativa.

Nos congratulamos con este trabajo que, partiendo de la realidad y con base en una sana doctrina eclesial y congregacional, da los pasos necesarios para dar continuidad, ruptura y novedad a este plan que responde a los desafíos que la pastoral vocacional, así como la formación inicial y permanente, exigen a la misión claretiana.

En la reunión de nuestro último Consejo de gobierno de este año se ha dado su aprobación y por lo tanto con este documento

PROMULGAMOS SU APROBACIÓN OFICIAL

Deseamos que todos los claretianos de México, en fidelidad a nuestros compromisos del pasado XIV Capitulo provincial, conozcamos y pongamos en práctica este plan que incluye a todo misionero hijo del Inmaculado Corazón de María (Claretiano) en México.

Nuestra Madre en su Corazón Inmaculado siga fraguando nuestras personas en bien del Reino y San Antonio María Claret, cuyo nacimiento celebramos este día, interceda por nosotros para conseguir el objetivo de nuestra vida formativa: ser hombres, cristianos y apóstoles de acuerdo con las exigencias y a la altura de los tiempos y lugares.

In Corde Matris

Alejandro Cerón Rossainz, CMF

Superior Provincial

Curia Provincial, D.F. a 23 de diciembre del 2008.

Natalicio de San Antonio María Claret, fundador y padre.

Siglas utilizadas

Documentos del Vaticano II

GS         Constitución Gaudium et Spes sobre la Iglesia en el mundo actual

LG         Constitución Lumen Gentium sobre la Iglesia

OT         Decreto Optatam Totius sobre la formación sacerdotal

PC         Decreto Perfectae Caritatis sobre la adecuada renovación de la vida religiosa

PO         Decreto Prebiterorum Ordinis sobre el ministerio y vida de los presbíteros

Documentos de los papas

EN         Exhortación apostólica Evangelii Nuntiandi (1975)

MQ        Motu proprio Ministeria Quaedam (1972)

EiA        (1999)   Exhortación apostólica postsinodal Ecclesia in America

PDV      Exhortación apostólica Pastores dabo vobis (1992)

Rmi        Encíclica Redemptoris Missio (1991)

VC         Exhortación apostólica postsinodal Vita Consecrata (1996)

Caminar desde Cristo (2002)

Documentos de la Santa Sede

CIC       Código de Derecho Canónico (1983)

DPV      Desarrollo de la Pastoral de las Vocaciones en las Iglesias particulares (1992)

PFS        Directrices sobre la preparación de los formadores en los seminarios (1993)

CC         Instrucción Caminar desde Cristo. Sobre la renovación de la Vida Consagrada en el tercer milenio (2002)

PI           Instrucción Potissimum Institutioni. Sobre la formación en los institutos de vida consagrada (1990)

RFIS      Ratio formationis institutionis sacerdotalis (1985)

VFC      Documento sobre la vida fraterna en comunidad (1994)

Documentos del episcopado

DM        Documentos de Medellín (1968)

DP         CELAM, Documentos de Puebla (1979)

EJST      CEM, Carta pastoral: Del encuentro con Jesucristo a la solidaridad con todos (2000)

PVCE    CELAM, La pastoral vocacional en el Continente de la Esperanza (1994)

SD         CELAM, Documentos de Santo Domingo (1992)

DA        CELAM, Documento de Aparecida (2007)

Escritos del fundador

Aut.       Autobiografía

CI          El colegial instruído

EA         Escritos autobiográficos

EC         Epistolario Claretiano

EE         Escritos espirituales

Documentos de la Congregación

CC         Constituciones CMF

CPR       El claretiano en el proceso de renovación congregacional (1985)

DVC      Directorio vocacional claretiano (2000)

Dir         Directorio CMF (1999)

EMP      En misión profética (1997)

IMP       Proyecto de Iniciación en el ministerio de la Palabra (1997)

MCH     La Misión del claretiano hoy (1979)

OSG      Ordo studiorum generalis (1929-1959)

PGF       Plan General de Formación (1994)

PTV       Para que tengan vida (2003)

SP          Servidores de la Palabra (1991)

CE         Congreso de Espiritualidad (2001)

Circulares de los Padres Generales

EsC        El Espíritu de la Congregación, José Xifré, 1880.

CF         Claretianos en formación, Gustavo Alonso, 1990.

HP         Herencia y profecía, A. Bocos, 1998.

MH        Los misioneros hermanos, A. Bocos, 1997.

TM         Testamento misionero de nuestros mártires, A. Bocos, 1992.

              A todos los Misioneros Claretianos, J. Ma. Abella B., 2005.

              Con motivo de la Beatificación de A. Solá, J. Ma. Abella B., 2005.

              A todos los Misioneros Claretianos en la muerte de JP II, J. Ma. Abella B., 2005.

              Discurso a la Asamblea General de Cicla, J. Ma. Abella B., 2005.

              Del recuerdo al compromiso, J. Ma. Abella B., 2005.

CACG   Carta de anuncio del XXIV Capítulo General, J. Ma. Abella B., 2008.

Otras

NPVM   Nuestro Proyecto de vida misionera, Comentarios a las Constituciones, 3 V. (1989,1991, 1997).

P.A.Fu.  Programa de acción para el futuro, XIII Capítulo Provincial de México (1998).

RAPAF Resumen de actas y programa de acción para el futuro, XIV Capítulo Provincial de México (2004).

PAGP    Plan de acción del Gobierno Provincial (2007-2010).

CAPM Visita Canónica Generalicia, Carta abierta a la Provincia de México. Gonzalo Fernández Sanz (2007).

I. Marco de la realidad

Como cualquier plan de formación para nuestros formandos, metodológicamente, habría que partir de una pregunta inicial: ¿Qué tipo de misioneros claretianos queremos formar? La formación es un proceso dirigido hacia la construcción de determinados sujetos, que en este caso serían los agentes que requerirán nuestra Iglesia y nuestro país. Esto nos remite a otro interrogante: ¿Cómo será el México que van a encontrar en los primeros años de su vida consagrada, quienes están entrando ahora a nuestra casa de formación? Obviamente también hay otras preguntas colaterales: ¿En qué Provincia se van a mover, con qué recursos y limitaciones? ¿Qué tipo de Iglesia los condicionará? ¿Qué relectura hace hoy la Congregación de nuestro propio carisma en la Iglesia? ¿Cuál es la actuación que corresponde a los cristianos y religiosos en el momento actual?, etc.

Si aceptamos este planteamiento inicial, se impone partir de un análisis de realidad fundamentado y profundo, sin que esto implique un rigor científico. No necesitamos de momento análisis coyunturales, de corta duración –si bien no se descartan y se recomienda que se hagan periódicamente-, sino más bien un análisis estructural, es decir, que refleje la estructura y composición de los diversos sujetos, y que, de preferencia, sea prospectivo, de modo que nos facilite prever el futuro próximo, con la provisionalidad que tiene toda realidad nacional. Como toda percepción, nuestra visión de la realidad está hecha desde determinada perspectiva (“la vista de un punto cualquiera es siempre un punto de vista”). Como creyentes, miramos la realidad con los ojos de Dios, es decir, desde los pobres y sufrientes, que además, es desde donde menos se desfigura el análisis, pues no requiere de justificaciones de la realidad imperante. Por supuesto que la realidad mexicana estará también condicionada por la realidad latinoamericana y mundial, de modo que se habrá de partir de este contexto más amplio.

1.1 El modelo económico dominante y su crisis

La economía mundial está actualmente sobredeterminada por el modelo de globalización neoliberal, el cual es hegemónico, imperialista y totalizador. La economía política es como un arte para organizar toda la colectividad, tomando en cuenta los principales factores condicionantes. Los economistas organizarán una sociedad según los objetivos que les indiquen las fuerzas políticas preponderantes: o bien la maximalización de las ganancias para unos cuantos, o bien la satisfacción de las necesidades básicas de las mayorías.

Este modelo ha ido entrando en crisis, que se irá agudizando más porque funciona sobre la base de una gran disputa entre los poderosos: una guerra económica, financiera y tecnológica. Dicho modelo ha debilitado el derecho internacional y avanza sin control; ha agravado las problemáticas de muerte, pobreza, desigualdad y exclusión para las grandes mayorías; ha acelerado la conflictividad, el uso de la fuerza y las violaciones a los Derechos Humanos; no puede frenar la devastación de recursos naturales y los daños irreversibles a la naturaleza; busca imponerse con el respaldo del armamentismo y militarización; ha debilitado la fuerza vital de las naciones, culturas, tradiciones religiosas y de los más elementales principios éticos y morales. Ante el desprestigio del modelo neoliberal, en Latinoamérica, la mayoría de los gobiernos parecen irse alejando de él, al menos de sus formas más radicales.

1.2 La realidad nacional

El modelo neoliberal genera las siguientes cifras alarmantes: la mitad de la población no satisface suficientemente sus necesidades, y un 23% de los mexicanos viven en extrema pobreza, es decir, no ganan ni dos dólares diarios para conseguir los mínimos necesarios para una supervivencia sana. Al mismo tiempo, la riqueza de cinco magnates mexicanos supera con 10 mil millones de dólares a todo lo que tienen juntos ese 23% de los mexicanos pobres. El 10% de la población más acaudalada del país concentra una porción de ingreso equivalente al del 70% de los hogares mexicanos. La pobreza -unida a las presiones consumistas de la publicidad y al alcohol y la droga- ha hecho crecer la violencia, tanto la de los cárteles mismos, como la violencia callejera, trayendo una gran inseguridad entre la población.

1.3 La soberanía nacional

Dada la condición actual de globalización -ningún país se basta a sí mismo, pues todos somos interdependientes-, un país soberano sería aquel que puede satisfacer autónomamente todas sus necesidades. Nuestra vinculación orgánica con la economía estadounidense es explicable, dada nuestra gran frontera con aquel país. Sin embargo, nos hemos excedido en concesiones. Basten estos ejemplos: la dependencia alimentaria, el manejo de nuestras reservas petroleras, el flujo migratorio, la política exterior, entre otras.

1.4 La reforma del Estado

En estos años se ha dado un indudable avance democrático. Los resultados de las elecciones todavía no alcanzan suficiente credibilidad, pero se van aplicando mecanismos para organizar las elecciones cada vez mejor. Se ha avanzado en la autonomía de los Poderes de la Unión, así como en los derechos humanos, aunque aún falte mucho por hacer. Otro tanto puede decirse acerca de la libertad de expresión y de la transparencia administrativa. Por el contrario, la democracia partidista se está desacreditando por la corrupción, la ambición, el oportunismo y la poca fidelidad a la ideología que lo identifique. Ante esto, en la sociedad civil emergen movimientos sociales que van creciendo en creatividad y experiencia, exigiendo nuevas formas organizativas.

Se vive, pues, una profunda crisis del estado corporativo, la cual afecta a sus instituciones y su régimen político de representatividad y de gobierno. Grandes sectores de la población desconfían de ellas; pero al mismo tiempo, los movimientos sociales han venido consolidando diversas dinámicas y diferencias identitarias. En una palabra, este Estado no puede ya ni conducir ni representar la dinámica y el perfil de la sociedad mexicana. Todo indica la necesidad de rediseñar un gran Proyecto Nacional; aunque se está dando una fuerte disputa por definir las reformas que habría que hacerle al nuevo Estado, lo cual alcanza a concepciones alternativas y escenarios para la propia nación mexicana, definida ya como “pluricultural”.

Esta polarización política e ideológica se manifiesta en diversas coyunturas -tal como ahora sucede en torno a la reforma energética-. De no llegarse a acuerdos mínimos de convivencia, mediante un nuevo pacto social, puede preverse un crecimiento de la violencia y desórdenes incontenibles, lo cual daría pie a la represión y a la tentación de un Gobierno fuerte y autoritario, que más bien postergaría, la inconformidad. Pero las fuerzas de cambio volverán a manifestarse, tarde o temprano, y con mayor violencia.

1.5 Crisis de valores

La realidad sociopolítica y la polarización mencionada anteriormente tienen forzosamente que reflejarse a nivel ideológico. La globalización económica va aparejada con una globalización cultural, la cual, en su fragmentación de retazos de tradiciones culturales, lleva consigo valores éticos diferentes a los de nuestra tradición. Van abriéndose así nuevos sistemas de valores, más o menos fundamentados, que obligarán al Estado a una mayor tolerancia.

1.6 Vida eclesial

Nuestro pueblo mexicano es reconocido por su profundo sentido religioso. Todavía su mayoría es considerada católica.

Nuestra Iglesia ha propiciado esfuerzos de renovación pastoral expresada en la liturgia, el rescate de la religiosidad popular, la atención a la Sagrada Escritura, la cuestión social, etc.

La voz de la Iglesia, a través de sus pastores y de otros agentes y grupos comprometidos apostólicamente, se deja escuchar cada vez con más insistencia en cuestiones trascendentes para la vida de nuestro pueblo.

Hay jóvenes sensibles a valores humanos y cristianos, como la justicia y la búsqueda de la paz. Se integran en las estructuras eclesiales que trabajan con una pastoral social.

Algunos han respondido a la tarea evangelizadora de la Iglesia y son esperanza para acercar a otros jóvenes.

Por otro lado se acentúa la tendencia a una “involución” eclesial expresada en el reforzamiento de lo institucional, como búsqueda de seguridad ante la amenaza de voces disidentes, dentro y fuera de su ámbito.

El llamado “neoconservadurismo religioso” pretende el retorno a una religiosidad rígida y moralizante, pero no cuestiona el sistema político y económico excluyente y antievangélico.

La cultura postcristiana contamina el valor de la fe de nuestros jóvenes. Algunos pierden el sentido de trascendencia. Otros toman con demasiada “naturalidad” el divorcio entre la fe y la vida.

La mayoría de los jóvenes viven desorientados y confundidos. Muchos buscan respuestas en una religiosidad de tipo sentimental y mágica. Entre los “católicos”, se descubren carencias en su evangelización y en el sentido de Iglesia con mezclas sincretistas y nuevos movimientos religiosos.

La participación de los jóvenes en nuestras iniciativas apostólicas es muy baja. Nos faltan estrategias que hagan atrayente para ellos el mensaje del Evangelio, vivido en la Iglesia y con impronta misionera.

1.6.1 Desafíos para la Iglesia

Con la situación cultural de la modernidad tardía, se ha venido modificando la realidad social del campo religioso mexicano. Algunos de estos cambios parecen irreversibles, y la Iglesia tiene que reconocerlo, como condición para cumplir con su misión evangelizadora:

  1. 1.El proceso de secularización ha ido avanzando.
  2. 2.La religiosidad popular es un espacio de encuentro con Jesucristo, por lo que no hay que verla como un modo secundario de la vida cristiana.
  3. 3.Se ha transitado de una situación de monopolio religioso católico a otra de pluralismo religioso, lo cual implica actitudes de tolerancia y respeto.
  4. 4.La voz de la Iglesia puede ser proclamada a través de los mass-media, ofreciendo el Evangelio de manera profética, haciéndose oír por un auditorio mayor.
  5. 5.La realidad de pobreza y opresión en que viven las mayorías de los mexicanos debe hacer sentir con mayor viveza la “opción por los pobres”.
  6. 6.Hace falta una profecía al interior de la Iglesia.

1.7 Vida provincial

Contemplamos con esperanza la vida misionera de nuestra Provincia expresada tanto en sus personas como en sus proyectos.

La provincia ha ido dando muestras de apertura hacia la Congregación y la Iglesia universal, mediante la participación en encuentros, reflexiones, programas conjuntos y la generosidad para ofrecer algunas de sus personas para la misión universal.

Desde el punto de vista del personal, resulta esperanzador, aunque claramente insuficiente.

El proceso de envejecimiento y disminución es aceptado con bastante serenidad.

La mayoría lo vive como “el tiempo que nos ha tocado vivir” e incluso trata de sacar partido de esta situación.

En general, se nota a las personas satisfechas en su vocación misionera, agradecidas con la Provincia y con la Congregación por todo lo recibido. Se tiene un sentido muy realista de la situación actual, pero pocas ideas respecto del futuro. Domina el sentimiento de que “otros pensarán y decidirán lo que conviene hacer”. La mayoría se centra en su trabajo personal y en el ámbito comunitario. Se hace difícil pensar en términos de Provincia. Es humanamente comprensible la actitud de quien quisiera que todo cambiara sin tener que cambiar nada personal. Pero sabemos que esto es imposible. Todo cambio exige renuncias.

En algunos se siente un tanto apagada la “mística misionera”. Esto se expresa en: insensibilidad ante los “gritos del pueblo”, oración rutinaria y poco incidente en la vida, superficialidad en la relación fraterna, mínimo interés por lo claretiano, descuido de la formación permanente y temor o aversión a la “revisión de posiciones y obras”.

La falta de ilusión y mística misionera de algunos y el pesimismo de otros, provoca antitestimonio y no contribuye a suscitar entusiasmo vocacional en las nuevas generaciones.

En cualquier caso, es necesario no abandonarse a actitudes pesimistas. Miramos al pasado, no para lamentarnos, sino para discernir, aprender y seguir caminando.

1.7.1. La formación en la Provincia

En el campo formativo se han dado experiencias muy significativas con las que se intenta responder a los desafíos presentados por la realidad. El Plan General de Formación ha ido iluminando este caminar. Este mismo proyecto (Plan de Formación en México), es fruto de experiencias intensas y trabajo armónico y conjunto.

En lo que respecta a la formación inicial se trabaja con serenidad y entusiasmo. Muchos hermanos de Provincia valoran esta labor, confían en los equipos formativos y apoyan según sus posibilidades.

Aunque las vocaciones son cada vez más escasas, no han faltado nuevos llamados a la vida misionera. A pesar de la escasez no se ha descuidado la selección y acompañamiento de los candidatos y hemos ido clarificando el modo de ”acogerlos” en nuestra comunidad.

Nos sentimos agradecidos por la llegada de dos estudiantes de Indonesia, quienes se integran a la vida y misión de nuestra Provincia de México.

La Provincia ha venido colaborando con algunos organismos de la Congregación en el campo formativo. Muestra de esto son las iniciativas del Noviciado “interprovincial” de Centroamérica y del Teologado mexicano que acoge a los estudiantes de la Delegación de Antillas. La Provincia West de los Estados Unidos ocasionalmente nos pide colaboración.

Algunos de nuestros hermanos se muestran cada vez más interesados en iniciativas de formación continua. Por una parte, se han venido consolidando las reuniones en la zona metropolitana, sumándose la comunidad de Toluca. El resto de las comunidades aseguran tener algunos espacios de estudio y reflexión. Algunos miembros de nuestra Provincia han participado en los espacios formativos que ofrece la Congregación (Fragua, Escuela del Corazón de María, etc.).

Se ha puesto mayor esmero en el acompañamiento de los hermanos mayores y enfermos a través de la Residencia Marcelino Gallardo.

La realidad vivida por los jóvenes que solicitan su ingreso a nuestra comunidad, es muy compleja y desconcertante. Aún cuando se trata de personas muy entusiastas, en muchos casos padecen fragilidad emocional. Asimismo es común la falta de un sustrato fuerte en la madurez de su personalidad, en la vivencia de su fe, en la claridad de sus opciones.

Hay temores ante el compromiso definitivo y ante lo profundo. También son frecuentes las dificultades de tipo académico o escolares.

Conforme nuestros estudiantes avanzan en su formación, corremos el riesgo de formarlos para unos ideales y compromisos misioneros poco comunes en nuestra Provincia; o de reprimirlos y mantenerlos en una actitud conformista, ante una realidad provincial poco comprometida. Si no estamos atentos a las incoherencias, el peligro del desencanto está latente.

Somos conscientes del impacto que tiene la Provincia, sus personas y apostolados en la formación inicial.

Se percibe, asimismo, una falta de gusto o entusiasmo para ser formadores; más aún, en la mayoría hay un rechazo explícito a esta tarea.

II. Iluminación doctrinal

“Yo he venido para que tengan vida y la tengan en abundancia” (Jn 10,10).

“Dios creó todas las cosas para el hombre… y envía Profetas hasta el día señalado, en que se digna venir y él mismo hizo y enseñó para que todos tengan vida y la tengan en abundancia, por este mismo motivo envía y enviará siempre Apóstoles y discípulos” (San Antonio María Claret).

En un sub-continente y en un país caracterizado por fuertes contrastes socioculturales, políticos y económicos; marcado por lacerantes desigualdades y falta de respeto a la dignidad de las mayorías; entendemos la vida consagrada en general, y nuestra vida y misión claretiana en particular, caracterizada como una señal profética en medio de la tensión entre modernización y exclusión, propias de las tendencias socioculturales globalizantes que impone el modelo neoliberal (EMP 59.1; CLAR Asamblea General 1997).

Cristo nos da el método “vengan y vean” (Jn 1,39); “Yo soy el camino, la verdad y la vida” (Jn 14,6). Con Él podemos desarrollar las potencialidades que están en las personas y formar discípulos misioneros (DA 276).

Para responder a las exigencias de la formación en el momento actual, el Capitulo General, nos ofrece tres orientaciones fundamentales: Cultivar la vivencia del Espíritu Santo, fuente de vida (PTV 69-70), buscar siempre y en todo la gloria de Dios (PTV 8) y la consistencia vocacional (PTV 55-56).

Conscientes de nuestra común vocación a reproducir el modo de vida y la existencia de Cristo (CC 3; 4; 5;12) según el carisma misionero de San Antonio Mª Claret (CC 39), realizado en comunión de vida apostólica (CC 4; 159); volvemos nuestra mirada al Fundador en quien, por vez primera, se encendió la luz de esta nueva comunidad con su vocación y especial tarea misionera en la Iglesia (MCH 52). Por ello, tenemos siempre ante nuestros ojos el memorial del misionero con el que Claret soñó:

“Un Hijo del Inmaculado Corazón de María es un hombre que arde en caridad y que abrasa por donde pasa. Que desea eficazmente y procura por todos los medios encender a todos los hombres en el fuego del divino amor. Nada le arredra; se goza en las privaciones; aborda los trabajos; abraza los sacrificios; se complace en las calumnias; se alegra en los tormentos y dolores que sufre y se gloría en la cruz de Jesucristo. No piensa sino cómo seguirá e imitará a Cristo en orar, en trabajar, en sufrir, en procurar siempre y únicamente la mayor gloria de Dios y la salvación de los hombres” (CC 9).

Este carisma, como experiencia del Espíritu, ha sido acogido, servido, desarrollado y enriquecido por las distintas generaciones de misioneros, dando sentido a nuestro proyecto de vida. De muchas y muy diversas maneras se ha reconocido esta gracia fundacional como raíz de unidad y consistencia de nuestra comunidad. El talante misionero ha sido y deberá seguir siendo punto de referencia, estímulo permanente e instancia crítica para confrontar y revisar el comportamiento -vida y actitudes- de nuestras tareas en general (MCH 71) y de nuestra labor formativa en particular, desde esta familia que reconoce en Claret a un padre, por el don peculiar que él recibió del Espíritu para bien de la Iglesia (CC 11; 15; 17, 68; CF 4.2).

Por esta razón asumimos plenamente el planteamiento pedagógico de nuestro Plan General de Formación (PGF) aprobado y promulgado en 1994 y del Directorio Vocacional Claretiano (DVC), publicado en el año 2000. Entendemos dichos planes como la propuesta de vida misionera que nuestra Congregación ofrece para acoger, iniciar y acompañar a cuantos se sienten movidos por el mismo espíritu y quieren ser misioneros al estilo de Claret en nuestra comunidad apostólica (PGF 1).

No olvidamos, sin embargo, que este ideal carismático se realiza en el aquí y ahora de nuestra realidad provincial y en comunión con la Iglesia que peregrina en México. En consonancia con esta múltiple realidad, también asumimos los retos, los criterios y las prioridades expresadas por nuestra Iglesia particular y los organismos orientadores de la Vida Consagrada, en sus documentos formativos (CEM-Comisión Episcopal de Seminarios y Vocaciones: Normas básicas y Ordenamiento básico de los estudios para la formación sacerdotal en México, 1996; Vocaciones; Documentos orientadores de la CLAR y la CIRM, etc.).

Por eso, siendo fieles al espíritu del evangelio y al magisterio eclesial latinoamericano y mexicano e intentando dar respuesta desde la formación inicial a los desafíos que nos presenta esta realidad, a continuación enunciamos algunas líneas-fuerza que han de orientar la formación de los misioneros claretianos en la Provincia de México:

1. Centralidad del seguimiento de Jesús y del compromiso con su proyecto a favor del Reino

Esta insistencia ha de formar parte del corazón del claretiano desde su formación inicial. Se trata de un seguimiento caracterizado por la pascua: pasa por la cruz y la resurreción y camina hacia el Padre con la fuerza y la presencia del Espíritu. En virtud de este seguimiento, el formando claretiano es un hombre “abrasado” por el fuego del amor de Dios que no se conforma con el estado actual de las cosas sino que, aprendiendo a discernir los males de la sociedad a la que es enviado (San Antonio Ma. Claret: Aut. 357-358, 695), busca su transformación desde el horizonte del Reino de Dios y su justicia (Mt 6,33). A este mismo respecto, el magisterio de la Iglesia nos dice: “el seguimiento es fruto de una fascinación que responde al deseo de realización humana, al deseo de vida plena. El discípulo es alguien apasionado por Cristo, a quien reconoce como el Maestro que lo conduce y acompaña” (DA 277).

2. Espiritualidad encarnada, profética, liberadora e inculturada (MCH y EMP; Pue. 726; 761)

El claretiano de México, se ha de dejar seducir y formar por el Espíritu (Jer 20,7). Sólo desde “la brisa suave de Dios” (Re 19,9-18) le será posible comprometerse con las grandes causas de nuestro pueblo y del mundo. Para ello cultivará un encuentro profundo y continuado con Jesucristo, el Señor de la historia y se alimentará de los dos libros a través de los cuales Dios habla: su Palabra en la vida del pueblo y su Palabra escrita en la Biblia (PTV 13). “El Espíritu Santo es el alma y el animador de la espiritualidad cristiana, por esto es preciso confiarse a su acción que parte del íntimo de los corazones, se manifiesta en la comunión y se amplía en la misión” (Caminar desde Cristo, 20).

Entendemos que la espiritualidad es la vida según el Espíritu: caminar en el Espíritu. Pero siempre con el Espíritu de Jesús. La espiritualidad es una peculiar forma de seguir a Jesús, de vivir en Jesús según el Espíritu, quien en cada uno de los momentos y en cada circunstancia de la historia nos induce a vivir en plenitud la filiación, la fraternidad y la misión (CE1).

El proyecto de Iniciación en el Ministerio de la Palabra (IMP) y el proyecto Palabra-Misión serán la garantía de una lectura eclesial, congregacional y comunitaria. Esta “lectio divina” lejos de ser enajenante deberá formarnos para un compromiso misionero de sintonía con el pueblo en el que estamos insertos, defensa de la vida y cuidado de la creación; así como de superación de la miseria, la injusticia, la violencia, la conculcación de los derechos humanos, etc.

El XXII Capítulo General de nuestra Congregación nos ha hablado fuerte en este sentido al subrayar la dimensión profética de nuestro servicio misionero de la Palabra (EMP). Orientación reafirmada en el XXIII Capítulo (PTV, 38-40).

La Iglesia, sensible a las necesidades del hombre de hoy, nos recuerda el ejemplo de Jesús, que “salió al encuentro de personas en situaciones muy diversas: hombres y mujeres, pobres y ricos, judíos y extranjeros, justos y pecadores… invitándoles a todos a su seguimiento” (DA 147). “Como Iglesia, que asume la causa de los pobres, alentamos la participación de los indígenas y afroamericanos en la vida eclesial” (DA 94) “Vemos con esperanza el proceso de inculturación discernido a la luz del magisterio. Es necesario promover más la vocaciones y los ministerios ordenados procedentes de otras culturas” (DA 94).

3. Servidores de la Palabra desde una conciencia nueva de eclesialidad y en misión compartida

Dado que nuestra vocación en el pueblo de Dios es “el ministerio de la Palabra” (CC 46) y desde las líneas inspiradoras de la exhortación apostólica Vita Consecrata (46-54), los llamados de nuestros Pastores (SD 85-93; CEM Plan Pastoral, 52-53), y la insistencia del XXIII Capítulo General (3ª. Prioridad), nuestra formación estará atenta a representar en la Iglesia una experiencia profética de la fraternidad, sensible a la comunión de carismas inter-eclesiales promoviendo la “misión compartida”, y en diálogo respetuoso y mutuamente cuestionador con nuestra realidad sociocultural (PTV 37. 66).

Para ello no hemos de olvidar que “la fecundidad de la vida religiosa depende de la calidad de la vida fraterna en comunidad” (CIVCSVA, Vida fraterna en comunidad 71), desvinculada de todo autoritarismo; de la “desclericalización” de nuestra imagen y prácticas en la relación con la jerarquía y el laicado (cfr. Carta circular del padre General, Aquilino Bocos: “Los misioneros hermanos”); y de la estrecha colaboración “con otros”, hombres y mujeres de buena voluntad que buscan la transformación del mundo según el designio de Dios (CC. 46b), (PTV 36, 37, 66.2).

4. Renovada opción preferencial por los pobres (Pue 382. 707. 1134. 733. 769. EiA 58. EJST 183-222; PTV 40. 67)

En la declaración “Para que tengan vida” (no. 40), la Congregación renueva decididamente su opción por los pobres, los excluidos y los amenazados en su derecho a la vida. Este compromiso “redescubierto” por la Iglesia posconciliar, es uno de los aportes más fecundos de la vida consagrada de nuestro sub-continente a la Iglesia universal. Entendemos esta opción como aquella que configuró toda la vida y misión de Jesús (Lc 4,16ss.). A ella estamos obligados como discípulos de Cristo (VC 82), pues pertenece al núcleo del evangelio y es una dimensión del Reino de Dios (SD 178).

En coherencia, la formación del claretiano en México, ayudará a descubrir el rostro de Cristo en los pobres (Pue 31ss., SD 178), comprometiéndonos con su liberación a través del acompañamiento y solidaridad con sus causas así como de la selección de nuestras obras apostólicas.

Benedicto XVI, en su discurso inaugural en Aparecida, nos recuerda “que el discípulo sabe que sin Cristo no hay luz, no hay esperanza, no hay amor, no hay futuro” (DI 3). Esta es la tarea esencial de la reevangelización que incluye la opción preferencial por los pobres, la promoción humana integral y la auténtica liberación cristiana” (DA 146).

5. Compromiso apostólico efectivo con las opciones y los sujetos preferenciales de nuestra misión evangelizadora

A la luz de la “carta programática” MCH, reafirmada por la congregación en su magisterio posterior (PTV 30-45), la formación del claretiano en México, ha de subrayar con insistencia las opciones y destinatarios preferentes de nuestra evangelización y prepararnos para ello: el mundo no cristiano y los grupos descristianizados, los pobres, el suscitar y formar nuevos evangelizadores, los jóvenes y la familia. A este respecto, la Iglesia nos lleva a contemplar los rostros de quienes sufren: indígenas y afroamericanos, mujeres excluidas, jóvenes sin oportunidades, los pobres, desempleados, migrantes, desplazados y los excluidos que no son solamente “explotados”, sino “sobrantes” y “desechables”, los campesinos sin tierra, niños y niñas prostituidos, las víctimas del aborto, drogadictos, presos, personas con capacidades diferentes, portadores y víctimas de enfermedades graves como el sida, secuestrados, víctimas de la violencia y del terrorismo…, etc. (DA 65).

Nuestra Provincia de México, en sus últimos capítulos y planes provinciales también ha insistido en estas prioridades de su tarea misionera. En este discernimiento nos orienta el Proyecto Pastoral de la CEM, 1996-2000, al señalar sus líneas pastorales en relación con la promoción humana y la cultura cristiana.

Nuestros programas formativos estarán constantemente atentos para ser fieles a la misión que surge de nuestro carisma y a los “nuevos desafíos” que representan los “Areópagos de la misión” (VC 96-99). Entre ellos anotamos: la inculturación y el diálogo con “las culturas” donde desarrollamos nuestra acción evangelizadora, el mundo de los jóvenes influenciados por los efectos de la “posmodernidad”, la presencia en los medios de comunicación social, la pastoral urbana y suburbana, la pastoral de los grupos indígenas (PTV 45; 68.5).

III. Desafíos y prioridades

Teniendo en cuenta la situación de nuestra realidad y las exigencias de nuestra formación expresadas en el Plan General de Formación y “magisterio congregacional” (PTV 56); así como en las orientaciones de la Iglesia de México y América Latina, señalamos los desafíos más importantes que según la experiencia que estamos teniendo, afectan directamente a la consistencia y a la fidelidad vocacional (CAPM 55):

1. Dimensión humana. Cómo formar personas maduras e integradas, particularmente en su dimensión afectiva y sexual; lo cual exige un lúcido autoconocimiento y una convicción y responsabilidad éticas, así como el proceso adecuado para identificar y tratar posibles conflictos, heridas, experiencias negativas, etc. que les haga capaces de la donación que requiere la vida consagrada para la misión (CAPM 55; PAGP 7.2).

2. Dimensión cristiana. Cómo formar personas de fe profunda, que tengan su raíz en la vida evangélica con una experiencia personalizada y cultivada mediante el hábito diario de oración personal, meditación de la Palabra y celebración de la Eucaristía y la Reconciliación (CAPM 55; PAGP 5.1 y 6.1).

3. Dimensión claretiana. Cómo formar misioneros, profetas, servidores auténticos de la Palabra de la Vida y testigos del Reino, incluyendo una perspectiva martirial (Circular con motivo de la beatificación del A. Solá 4.1), que no se identifica únicamente con el deseo de ser sacerdotes, sino que se basa en una espiritualidad misionera expresada de formas diversas, desde nuestro propio contexto socio-eclesial y en apertura universal e intercultural (CAPM 55; PAGP 1.1, 1.3, 2.1).

A lo largo del presente Plan y en las actividades concretas de todo el proceso formativo, intentaremos dar respuesta a estos desafíos. La planeación y programación de cada etapa girará en torno a estas tres dimensiones de nuestro estilo de vida y misión.

IV. Etapas

Esquema general

1. La formación inicial. Abarca las siguientes etapas:

1.1. Etapa de discernimiento vocacional:

1.1.1. Acogida vocacional (alternativa)

1.1.2. Propedéutico

1.1.3. Aspirantado (1° y 2° de filosofía, o de estudios de pastoral para los hermanos)

1.2. Etapa de preparación: Postulantado (3° de filosofía, o de estudios especiales para hermanos)

1.3. Etapa de iniciación: Noviciado (en Guatemala)

1.4. Etapa de desarrollo y consolidación: Misioneros en formación (teología o estudios especiales para los hermanos)

Momentos especiales:

1.4.1. E C A (experiencia comunitario-apostólica o “año de misión”)

1.4.2. Preparación para la profesión perpetua

1.4.3. Preparación para los ministerios y el orden

2. La formación continua. Se ubican en ella los claretianos que han concluido su formación inicial: los presbíteros (y diáconos) después de su ordenación; y los hermanos, después de su profesión perpetua o del final de sus estudios especiales.

2.1. Modos ordinarios de la formación continua (etapas diferenciadas)

2.1.1. Misioneros en juventud (hasta los 39 años)

2.1.2. Misioneros en madurez (de los 40 a los 59 años)

2.1.3. Misionero en plenitud (de los 60 años en adelante)

2.2. Modos extraordinarios de la formación continua (especializaciones académicas, períodos sabáticos y experiencias misioneras extraordinarias).

2.2.1. Plan de especializaciones

2.2.2. Periodos sabáticos

2.2.3. Experiencias misioneras extraordinarias

Definición, estructura y objetivos de cada etapa

En la siguiente parte, señalamos la naturaleza de cada etapa, la estructuración que se le ha dado en la Provincia de México y los objetivos general y específicos, junto con sus respectivas líneas de acción. No indicamos en este plan las actividades concretas y la programación pues éstas, por su misma naturaleza, son más susceptibles de modificación. Las dejamos para la programación semestral o anual de cada etapa y equipo formativo.

1. La formación inicial

1.1. Etapa de discernimiento vocacional:

1.1.1. Acogida vocacional

Definición

Esta modalidad se caracteriza por recibir jóvenes con indicios de signos vocacionales, para favorecer su discernimiento, con un acompañamiento específico, mientras terminan sus estudios de preparatoria o siguen algún curso de nivelación (PGF 324). Es una de las formas por medio de las cuales, la comunidad claretiana realiza la acogida y el desarrollo inicial de las vocaciones (PGF 308). Se mantiene como alternativa para los candidatos que presentan serias dificultades para continuar los estudios de bachillerato en sus casas o que, por razones justificadas, conviene apoyarlos adelantando su ingreso a la comunidad.

Lugar: Guadalajara

Estructura

Generalmente estos jóvenes no deberán ser menores de 18 ni mayores de 23 años. Excepcionalmente podrá ser aceptado algún menor de edad. Realizan sus estudios viviendo en libertad responsable y favoreciendo la vida fraterna, bajo el seguimiento de un formador.

Estos casos son aprobados por el Consejo Provincial de formación.

Los estudiantes que estén en su tercer año de estudios de preparatoria o siguen algún curso de nivelación, participarán en el programa del curso propedéutico.

El financiamiento se dará:

1. por los familiares de los mismos estudiantes, o por ellos mismos mediante un trabajo remunerado,

2. por bienhechores de nuestra congregación, y

3. por la economía provincial.

Objetivo general

Acompañar a los aspirantes en su discernimiento, teniendo como punto de referencia, el conocimiento de su propia realidad, el entorno sociocultural y el seguimiento de Cristo, en orden a su opción vocacional.

Objetivos específicos y líneas de acción

1. Dimensión humana

Favorecer al desarrollo de los jóvenes en su realidad física, sexual, afectiva, psíquica, intelectual y sociocultural.

1.1 Promoviendo los hábitos de prevención y de higiene que les garanticen una vida saludable.

1.2 Madurando los aspectos psico-biológicos y sociales de la sexualidad, para relacionarse con todo tipo de personas.

1.3 Potenciando la capacidad de diálogo y manejo equilibrado de los afectos según su temperamento, estímulos y edad.

1.4 Cultivando el hábito de estudio que les permita cursar sus estudios satisfactoriamente e incrementar su cultura general.

1.5 Propiciando el conocimiento crítico de la realidad del país y del mundo.

1.6 Fomentando el espíritu de laboriosidad, inculcando la obligación de participar en la ley común del trabajo.

2. Dimensión cristiana

Ayudar al aspirante a profundizar su compromiso bautismal y el seguimiento de Cristo, de acuerdo con su compromiso con el Dios del Reino.

2.1 Promoviendo el encuentro personal con Cristo para ayudarlo a crecer en el conocimiento de su vida y misión.

2.2 Potenciando la vivencia de los valores cristianos que lo lleve a un mayor compromiso vocacional.

2.3 Propiciando el conocimiento de las verdades fundamentales de nuestra fe.

2.4 Iniciando su acompañamiento espiritual e impulsando su vida sacramental.

2.5 Favoreciendo la toma de conciencia sobre su compromiso apostólico como cristiano, iniciándolo en alguna experiencia pastoral.

3. Dimensión claretiana

Conocer lo elemental del carisma claretiano y de nuestro servicio misionero en la Iglesia y en el mundo.

3.1 Impulsando el conocimiento de la vida del padre Fundador y la identidad de la congregación.

3.2 Fomentando el aprecio del carisma misionero claretiano y el lugar que ocupa en la Iglesia.

3.3 Dando a conocer las diferentes opciones y prioridades de la misión claretiana.

1.1.2. Propedéutico

Definición

El curso propedéutico o introductorio es otro cauce de acogida vocacional no institucionalizado (PGF 308).

Se dirige a acompañar más de cerca el proceso de discernimiento vocacional de aquellos jóvenes mayores de 18 años (y, como principio, menores de 29), que han concluido o están concluyendo sus estudios de Bachillerato pre-universitario.

Se establece como condición para aceptar a un candidato en este programa, que haya sido acompañado vocacionalmente por algún claretiano o comunidad local y, con esta recomendación, también haya madurado inicialmente su inquietud vocacional, acompañado por los responsables de la PVC a nivel provincial, durante un tiempo oportuno.

Estructura

Será de septiembre hasta julio. En cuatro primeros módulos de dos meses con ejes temáticos seleccionados sobre las dimensiones: humana, cristiana y claretiana. Y un mes de misión, un mes de experiencia familiar y finalmente en julio se presentan los exámenes Ceneval y de lectoescritura para ingresar a filosofía.

Serán cuatro módulos, siguiendo el método “selección de ejes temáticos desde la pedagogía hermenéutica”. Se trata de la profundización cognitiva y vivencial de una serie de contenidos sobre los temas que consideramos importantes de acuerdo con nuestros fines. Lo importante es mirar hacia la manera de interpretar los contenidos, reflexionarlos y vivirlos. Así, todos los módulos tratarán temas desde las dimensiones: formación humana, cristiana y claretiana, con la característica de que los contenidos de los módulos permitan el ingreso de personas a cada uno de ellos en cualquier momento de los mismos, en todo caso, el encargado de la etapa es quien puede nivelar personalizadamente al candidato que lo requiera.

Lugar: actualmente, esta etapa formativa se realiza en la comunidad de Guadalajara.

Responsable

Está diseñado para tener por lo menos un acompañante claretiano.

1.1.3.1 Objetivo General

Contribuir a que los candidatos que se sientan atraídos por nuestro instituto, lleguen a madurar su decisión de incorporarse a nuestra vida misionera. (PGF 281; PFM 196).

Objetivos específicos y líneas de acción (PFM 197- 210)

1. Dimensión humana

Procurar la formación humana integral del candidato y el desarrollo armónico de las condiciones físicas, intelectivas y morales.

  • Invitando al candidato a cultivar los valores que favorezcan su integración a la vida de comunidad: sentido del orden, disciplina, apertura al diálogo, solidaridad, responsabilidad, y espíritu de servicio.
  • Creando un clima de fraternidad, apertura y confianza del candidato hacia nuestra comunidad, para que pueda madurar con alegría su decisión de ingreso.
  • Procurando un hábito de estudio en el candidato.
  • Evaluando la salud física y psíquica del candidato.
  • Advirtiendo a los candidatos que la congregación no tiene intención de admitirlos si presentaran alguna contraindicación para su desarrollo como personas y como misioneros en nuestra comunidad: homosexualidad, drogas, alcoholismo, enfermedades mortales o contagiosas (Dir 199 y 218).
  • Favoreciendo el hacerse cargo de su historia personal y trabajando por su desarrollo humano integral.
  • Dándole herramientas para salir al encuentro con los demás desde las claves de la vida y el trabajo en equipo comunitario.
  • Haciendo frecuentemente ejercicio físico, especialmente con el deporte.

2. Dimensión Cristiana:

Cuidar la vivencia del don de la fe recibida en los sacramentos de iniciación y proporcionar una formación cristiana que disponga al candidato a comprender y a responder a la vocación divina.

  • Fomentando su experiencia de vida en la oración a través de la iniciación del rezo de la liturgia de las horas y otros modos de oración.
  • Propiciando el acercamiento a la Sagrada Escritura como fuente del discernimiento cristiano.
  • Estimulando al candidato a la práctica y vivencia progresiva de los sacramentos de la eucaristía y la reconciliación.
  • Motivándolos a tener un acompañante en su camino espiritual.
  • Dándoles instrumentos que les permitan descubrir a Dios en el contexto de la postmodernidad.
  • Haciéndoles conocer y vivir más la experiencia cristiana como fundamento de su vida espiritual.
  • Llevándoles a un conocimiento más profundo y vivencial de las convicciones de fe cristiana.
  • Dotándoles de herramientas creativas para iniciarse en la oración compartida.
  • Mostrándoles la necesidad de poseer una sensibilidad cristiana que lleva al desprendimiento, la responsabilidad por el otro y el gozo de la filiación divina común.
  • Contribuyendo a que los candidatos descubran, valoren y vibren con la propuesta del proyecto de Jesús, hombre libre y pleno.

3. Dimensión Claretiana:

Proseguir el discernimiento y cultivo vocacional del formando, presentando de forma clara y adecuada la figura de Claret y las características de nuestro servicio misionero en la Iglesia.

  • Presentando la figura de Cristo Misionero y de María como Madre y modelo de respuesta fiel a la llamada gratuita de Dios.
  • Dando a conocer y contagiar entusiasmo por la figura de nuestro Fundador como modelo de imitación de Cristo y de respuesta vocacional.
  • Exponiendo la misión claretiana, la situación actual de la Congregación y su historia universal y provincial en sus aspectos más sobresalientes.
  • Proponiendo los consejos evangélicos de pobreza, castidad y obediencia como un camino firme para la realización humana y trascendente de los llamados a consagrar su vida como sacerdotes y/o religiosos claretianos.

1.1.3. Aspirantado

Definición

Esta etapa se inicia al término del Propedéutico. Es un modo institucional como la Provincia acepta a un candidato (PGF 307). Esta etapa, en general,… tiene un planteamiento claramente vocacional. Se trata de continuar el proceso de discernimiento vocacional, ofreciendo al candidato, mediante un proyecto formativo apropiado, todos los elementos necesarios para que pueda recibir una formación adecuada (PGF 315), atendiendo principalmente a la formación humana, como base para la vivencia profunda de la vocación.

Estructura

En términos generales, los estudiantes que inician esta etapa formativa han concluido sus estudios de preparatoria, pero es posible que algunos de ellos hayan terminado o al menos iniciado estudios superiores. Es posible también que algunos hayan tenido experiencias laborales importantes. Por consiguiente la edad cronológica en que se encuentran es mayor a los 18 años.

En forma general, en este proyecto se incluyen los “estudiantes no profesos” que se perfilan hacia el ministerio ordenado y, también aquellos que optan por vivir su consagración religiosa como misioneros hermanos. Por tanto durante este periodo normalmente se cursan los dos primeros años de la filosofía, quedando abierta la posibilidad de otros estudios, según convenga a los misioneros hermanos.

Este momento de la formación es conducido al menos por un Prefecto nombrado por el Gobierno Provincial. En lo posible se le dotará de un auxiliar. Apoyado(s) por el resto de la comunidad local, acompañan a los estudiantes en su proceso vocacional y en sus inicios en la vida de comunidad.

El sostenimiento económico de esta etapa es compartido tanto por la Provincia como por familiares de los mismos estudiantes, dado que no pertenecen jurídicamente a nuestra Congregación.

Lugar: actualmente, esta etapa formativa se realiza en la comunidad de Guadalajara.

Objetivo general

Estimular el desarrollo del potencial humano y cristiano en los formandos, que los capacite para continuar su proceso de discernimiento vocacional, para su ingreso al postulantado.

Objetivos específicos y líneas de acción

1. Dimensión humana

Procurar la formación humana integral del formando y el desarrollo armónico de las condiciones físicas, intelectuales y morales correspondientes a su edad..

1.1. Cuidando la salud personal y comunitaria.

1.2. Cultivando el conocimiento personal para aumentar la capacidad de autocontrol y autoestima, logrando así un crecimiento personal y mejores relaciones humanas.

1.3. Creando un clima de respeto, apertura y responsabilidad donde el formando pueda orientar maduramente su afectividad y sexualidad.

1.4. Cultivando las virtudes que contribuyan a formar una personalidad más sólida, libre e integrada.

1.5. Desarrollando armónicamente sus aptitudes artísticas individuales y comunitarias.

1.6. Fomentando su excelencia académica en la investigación científica.

1.7. Potenciando el estudio de las lenguas modernas, especialmente del inglés, con perspectiva misionera.

1.8. Propiciando su encuentro con la realidad que vive nuestra sociedad.

1.9. Atendiendo al cuidado y aprovechamiento de los recursos disponibles: humanos, materiales y de tiempo.

2. Dimensión cristiana

Cuidar la vivencia del don de la fe recibido en el bautismo y proporcionar una formación cristiana completa que disponga al aspirante a comprender y responder a la vocación divina.

2.1. Forjando una actitud de fe, esperanza y amor, con una perspectiva trinitaria, eclesial y congregacional.

2.2. Ayudando al aspirante a discernir la voluntad de Dios en su vida.

2.3. Propiciando un ambiente adecuado para su encuentro con Dios.

2.4. Desarrollando en ellos una adecuada formación en la doctrina cristiana.

2.5. Orientando en su corazón e inteligencia la apertura a la acción del Espíritu Santo, aceptando en fe la mediación de los formadores y de la comunidad para continuar el proceso de discernimiento vocacional.

2.6. Acompañando de manera sistemática, gradual y comprometida, su apostolado de acuerdo al nivel formativo de cada uno.

3. Dimensión claretiana

Ofrecer los elementos necesarios para que el formando prosiga el discernimiento y cultivo vocacional, asimilando de forma clara y adecuada los elementos de nuestro carisma en la Iglesia

3.1. Compartiéndoles la figura de Cristo misionero al estilo de los apóstoles en comunidad.

3.2. Formándose en la fragua del Corazón de María, reconociéndola como: Madre, Modelo y Maestra.

3.3. Acogiendo la figura del padre Fundador, como modelo inspirador del seguimiento de Cristo y de respuesta vocacional.

3.4. Dando a conocer la historia, el patrimonio carismático y el quehacer actual de la Congregación.

3.5. Asumiendo, en el proceso gradual de los aspirantes, las exigencias, opciones y sujetos preferenciales de nuestra Congregación.

1.2. Postulantado

Definición

Es la etapa de formación inmediatamente preparatoria para el noviciado. Tiene como finalidad que los candidatos se preparen adecuadamente para su iniciación en la vida misionera y la Congregación alcance un juicio ponderado sobre las garantías ofrecidas por ellos (Dir 186; PGF 325).

Estructura

En nuestra Provincia el postulantado durará aproximadamente un año. Su inicio será, en torno al 24 de octubre.

La formación de los postulantes se encomienda a los mismos formadores de los aspirantes.

Para quienes se perfilan por la vocación sacerdotal, normalmente coincidirá con el tercer año de los estudios de filosofía.

En el caso de los hermanos y de los estudiantes en situaciones especiales, el equipo formativo propondrá el momento oportuno de su realización.

Además de lo anterior, su organización se basará en lo establecido por nuestras Constituciones (CC 59), Directorio (Dir. 186-194) y Plan General de Formación (325-347).

Lugar: se realiza en la comunidad de Guadalajara.

Objetivo general

Lograr que los Postulantes profundicen y vivan de forma más explícita los valores humanos, cristianos y claretianos necesarios en su proceso de discernimiento, para su ingreso al Noviciado.

Objetivos específicos y líneas de acción

1. Dimensión humana

Acompañar a los formandos a fin de que logren una madurez humana que los prepare a vivir con provecho la experiencia del noviciado.

1.1 Cultivando en los formandos una adecuada salud corporal que favorezca su desarrollo integral.

1.2 Desarrollando su capacidad intelectiva y reflexiva, a fin de favorecer una actitud crítica ante la vida.

1.3 Favoreciendo el desarrollo de su capacidad volitiva, transformando las ideas en acciones concretas.

1.4 Prestando una atención especial a su madurez afectivo-sexual.

1.5 Potenciando y cultivando en los postulantes la capacidad de autoconocimiento y de relación interpersonal.

2. Dimensión cristiana

Propiciar en los formandos la reflexión y vivencia de su ser cristiano y el conocimiento de la propia vocación en la Iglesia.

2.1 Descubriendo progresivamente a Jesucristo como amigo y crear las condiciones que preparen para un encuentro personal y comunitario con Él.

2.2 Esforzándose por seguir con fidelidad a Cristo, que buscó ante todo la realización del proyecto del Reino.

2.3 Dejándose acompañar por el Espíritu que se manifiesta en la familia, en la comunidad, en el pueblo y en los acontecimientos.

2.4 Encarnando la espiritualidad en la solidaridad efectiva con los más pobres y marginados.

3. Dimensión claretiana

Ofrecer a los postulantes un conocimiento suficiente de la vida y misión claretiana para hacer una primera opción seria por ella, con las progresivas rupturas y adhesiones que implica.

3.1 Tomando conciencia de la llamada de Dios, desde la escucha de su Palabra, para realizar un serio discernimiento vocacional.

3.2 Descubriendo y aceptando a María como Madre que nos forma en la fragua de su Corazón y nos acompaña en las dificultades del caminar vocacional.

3.3 Entrando en contacto con la figura del padre Fundador, ampliando el conocimiento de la realidad de la Provincia y de la historia de la Congregación.

3.4 Fomentando la sensibilidad misionera en el servicio de la Palabra y las actitudes de apertura a la universalidad.

3.5 Familiarizándose progresivamente con el estilo de vida congregacional y entrenándose en las necesarias rupturas que comporta de cara a los votos y a la fraternidad.

1.3. Noviciado

Definición

Es el tiempo de iniciación integral en el seguimiento de Cristo evangelizador, según el carisma claretiano, para la incorporación a la Congregación mediante la profesión religiosa. Se busca en él ayudar a los novicios a: tener un conocimiento más profundo de la vocación divina según nuestro carisma, experimentar el estilo de vida congregacional, conformar la mente y el corazón con el espíritu evangelizador; y, al mismo tiempo, poder comprobar su recta intención e idoneidad (PGF 348; CIC 646; PI 45; CC 61; Dir 195).

Estructura

A partir del curso 1997-98, los novicios de la Provincia mexicana realizan esta probación en el noviciado de la Provincia de Centroamérica.

En su estatuto jurídico, este noviciado se entiende como estructura de dicha Provincia anfitriona, “abierto” a la participación de la Provincia de México y de las Delegaciones de Antillas, Estados Unidos y España entre otros (Organismos huéspedes). Por lo mismo, salvaguardando las prescripciones del Derecho universal y congregacional, nos apegamos a lo que los superiores mayores de Centroamérica dispongan sobre los modos y formas de organización (Dir 204-206).

Desde el punto de vista fraterno-congregacional, se trata de un proyecto conjunto de los Organismos mencionados. Para tal efecto, desde sus orígenes ha habido diálogo y hemos ido concretando diversos acuerdos que nos comprometen corresponsablemente a vigilar su buena marcha y el logro de sus objetivos. Entre estos, destacamos:

El establecimiento de doce meses como duración del noviciado (CC 69; Dir 197).

La distribución equitativa, entre los Organismos mayores participantes, de los costos económicos del proyecto según el número de sus novicios.

La Provincia de Centroamérica designa al maestro y pone a disposición del noviciado los recursos materiales y de personal, existentes en el Centro Claret de Guatemala.

El cuadro de “profesores eventuales” será completado por las provincias huéspedes, de acuerdo a la programación anual.

Los responsables de la formación de los Organismos se comprometen a coordinar la elaboración del proyecto, verificar su realización y evaluarlo periódicamente. Asimismo, a “hacer acto de presencia” y a estar constantemente comunicados con el maestro y los respectivos novicios.

Lugar: tiene por sede la ciudad de Guatemala.

Objetivos específicos y líneas de acción

Objetivo general

Iniciar integralmente a los novicios en el seguimiento de Cristo evangelizador, según el carisma claretiano, para su incorporación a la Congregación mediante la profesión religiosa.

Objetivos específicos y líneas de acción

1. Dimensión humana

Avanzar en un proceso de maduración que permita al novicio optar consciente y libremente por la vida claretiana y asumir desde el principio las exigencias que se derivan de ella.

1.1 Propiciando el crecimiento personal.

1.2 Fortaleciendo el acompañamiento personal.

1.3 Logrando un clima de ruptura -no ficticio- con el estilo de vida anterior; de desierto, de silencio y de nueva apertura a los valores de la vida misionera.

1.4 Fomentando el conocimiento crítico de la realidad.

1.5 Generando un ambiente de vida fraterna.

2. Dimensión cristiana

Consolidar la vida de los novicios como seguimiento y configuración con Cristo, misionero del Padre y ungido por el Espíritu para anunciar el Reino.

2.1 Profundizando en la vivencia de la fe cristiana de los novicios.

2.2 Concientizando la propia vocación como seguimiento de Cristo evangelizador del Reino y unificando en torno a Él toda experiencia espiritual, a ejemplo de María.

2.3 Asimilando los elementos esenciales de la vida cristiana que permitan alcanzar los fines propios del noviciado.

2.4 Avivando el espíritu de la oración apostólica y la vivencia sacramental-litúrgica.

3. Dimensión claretiana

Apasionar al novicio en el seguimiento de Cristo pobre, virgen y obediente; según nuestro carisma en la Iglesia

3.1 Conociendo y experimentando el seguimiento de Jesucristo pobre, virgen y obediente en el anuncio del Evangelio y madurando la opción por Él.

3.2 Descubriendo el sentido de la filiación cordimariana y fomentando su vivencia.

3.3 Profundizando en la experiencia vocacional, apostólica y evangelizadora del padre Claret.

3.4 Experimentando de forma estable la vida comunitaria misionera de acuerdo con las Constituciones.

3.5 Conociendo nuestra historia y nuestros proyectos congregacionales y provinciales.

3.6 Concientizando los elementos jurídicos que conlleva la profesión religiosa.

4. Dimensión de oyentes y servidores de la Palabra

Fundamentar las dimensiones humana, cristiana y claretiana de nuestra vida misionera a partir de la lectura asidua de la Palabra de Dios escrita.

4.1 Profundizando la experiencia de Dios y la respuesta vocacional, a partir de la escucha de la Palabra en la oración personal y comunitaria.

4.2 Estudiando sistemáticamente los fundamentos bíblicos de las dimensiones de la vida religiosa claretiana.

4.3 Viviendo las acciones apostólicas que se realizan como servicio misionero de la Palabra, dando un especial relieve a la Escritura y a su lectura en el contexto histórico actual.

1.4. Misioneros en formación

Definición

Esta etapa, llamada “período institucional” (CC 72) o “postnoviciado” (Dir 234), abarca desde la primera profesión hasta la profesión perpetua (en el caso de los hermanos), o hasta la ordenación (en el caso de los estudiantes). Se ordena a proseguir la labor iniciada en el Noviciado, capacitando a la vez al formando, para desempeñar la misión propia de su vocación específica en el Instituto.

Estructura

En la Provincia de México, esta etapa coincide con la capacitación teológica y pastoral adecuada a los hermanos y a los estudiantes encaminados al ministerio ordenado.

Desde el curso 1999-2000, por disposición de sus superiores, participan en esta estructura los formandos de la Delegación de Antillas. Esta etapa formativa también está abierta a otros Organismos.

Normalmente esta etapa se vive en régimen colegial, en nuestro “centro formativo” con duración de cuatro años.

Durante esta etapa se realizan además tres momentos especiales:

1. Experiencia comunitario-apostólica (ECA o “año de misión”, al terminar el segundo año),

2. Preparación para la profesión perpetua.

3. Preparación para los ministerios y órdenes.

El Gobierno Provincial designa como responsable inmediato a un prefecto bajo la supervisión del prefecto provincial de formación (CC 77; Dir 248-251).

A partir del año 1999, en colaboración con otras congregaciones formamos parte en la fundación del Instituto de Formación Teológica, Intercongregacional de México (IFTIM), para la formación de religiosos candidatos al ministerio ordenado.

Lugar: la sede es el centro formativo Lourdes 19 – A, col. María del Carmen, en la ciudad de México.

    

OBJETIVO GENERAL:

Ayudarnos en comunidad a vivir con gozo y esperanza la vocación misionera claretiana, promoviendo una progresiva identificación y comunión con Cristo, en el Ministerio de la Palabra, desde nuestro contexto latinoamericano y caribeño, para responder a los desafíos de nuestro tiempo.

Objetivos específicos y líneas de acción

1. Dimensión humana

Lograr una madurez integral fundada en valores trascendentes, y adecuada al proceso formativo de cada uno, en orden a la opción definitiva en la Congregación.

1.1 Promoviendo el desarrollo y la madurez integral de cada persona en la comunidad, valorando sus carismas y ministerios.

1.2. Alcanzando una preparación científica adecuada, que cualifique al formando para el diálogo con la humanidad contemporánea y para ser auténtico y creíble Servidor de la Palabra.

1.3. Acrecentando una sólida integración personal, la convivencia fraterna y el espíritu de servicio, con el fin de alcanzar una mayor apertura, sensibilidad y solidaridad con las Iglesias y pueblos que nos preparamos a servir.

2. Dimensión cristiana

Crecer en una intensa vida espiritual desde el contexto eclesial latinoamericano, que lleve a una progresiva identificación y comunión con Cristo, enviado por el Padre y ungido por el Espíritu para anunciar la Buena Nueva a los pobres.

2.1. Afianzando la consagración religiosa, mediante el crecimiento existencial en la configuración con Cristo en docilidad a la acción del Espíritu.

2.2. Ejercitándose como oyentes y servidores de la Palabra de Dios, que constituye uno de los ejes del proceso formativo claretiano.

2.3. Amando filialmente a María, formadora de apóstoles, que en el evento guadalupano, lanza al formando una tarea evangelizadora de auténtico compromiso con el pueblo.

2.4. Propiciando en el estudiante una mayor apertura, sensibilidad y solidaridad con la Iglesia, entendida como pueblo de Dios y misterio de comunión para la misión.

3. Dimensión claretiana

Identificarse con la propia vocación claretiana, la congregación y sus opciones, capacitando al formando para la misión y el ejercicio de la actividad apostólica con responsabilidad, creatividad y sentido comunitario.

3.1. Creciendo en el seguimiento de Cristo, Misionero del Padre y Palabra de vida, a través de la vivencia de los votos y de las virtudes apostólicas.

3.2. Profundizando en el conocimiento de la persona y obra de Claret y de nuestra filiación cordimariana, según el carisma congregacional.

3.3. Intensificando la relación fraterna con las personas de la propia comunidad y de los respectivos Organismos Mayores y, en ellos, con toda la Congregación.

3.4. Favoreciendo la identificación con el ministerio de la Palabra, según las exigencias y opciones de la misión claretiana y ejercitando acciones evangelizadoras en sintonía con ella.

Momentos especiales de los “misioneros en formación”

1.4.1. Experiencia comunitario-apostólica

Definición

Se trata de uno de los “momentos especiales” del itinerario de nuestra formación inicial contemplado en el PGF 391 (Dir 238).

Se dirige a:

1. favorecer la madurez del formando en su proceso de crecimiento vocacional,

2. desarrollar su capacidad de integración en una comunidad primariamente “no formativa”,

3. intensificar el contacto con una realidad pastoral determinada, y a

4. preparar, en cierto modo, la decisión para solicitar la incorporación definitiva a la Congregación.

Estructura

Como norma general, se establece un período de un año como tiempo adecuado para realizar esta experiencia y se ubica, normalmente, durante el tercer año de la profesión de votos temporales. Para tal efecto, se interrumpen los estudios y se envía al formando a una casa distinta de la formativa, atendiendo a las prioridades congregacionales y provinciales.

Para la elección del lugar y proyecto más conveniente a esta experiencia, durante el año previo a la misma se suscitará un serio discernimiento entre los superiores mayores, las comunidades de la posible elección, los formandos involucrados y su prefecto. Realizado este discernimiento, se presentarán al respectivo Consejo de Gobierno las alternativas más viables, correspondiendo a éste la decisión.

Aunque no se trate de “comunidades formativas”, se preferirán aquellas comunidades que, además de ofrecer una amplia perspectiva pastoral en consonancia con las opciones, sujetos preferenciales y prioridades congregacionales, garanticen el acompañamiento integral de los formandos en sus dimensiones humana, cristiana y claretiana.

Durante dicho año, el formando se ajustará a un “plan personal” de vida y misión, se apegará al régimen de vida de la comunidad, dependerá de la autoridad de la misma, especialmente de quien sea designado para el caso, y estará bajo la supervisión del respectivo prefecto de formación.

Al finalizar la experiencia, la comunidad y el formando realizarán una seria evaluación que presentarán a los superiores mayores y al equipo de la comunidad formativa a la que, normalmente, regresará el formando para concluir su período institucional.

Objetivo general:

Propiciar al misionero en formación un ambiente adecuado para su integración gradual en la vida y misión de su Organismo mayor, ayudándolo a afianzar vivencialmente su vocación misionera, a preparar mejor la decisión de solicitar la profesión perpetua y a orientar pastoralmente el final de sus estudios.

Objetivos específicos:

1. Dimensión humana

Acompañar al formando en su tarea de reforzar las virtudes humanas que lo dispongan a desarrollar su experiencia comunitaria apostólica, inmerso en la realidad.

2. Dimensión cristiana

Ayudar al formando a encarnar la vivencia de su fe en la realidad del pueblo y de la comunidad a la que es enviado.

3. Dimensión claretiana

Asimilar vivencialmente, con el formando, la experiencia de la vocación claretiana que le ofrecen la comunidad y el pueblo donde desarrolla su experiencia; identificándose con las opciones evangelizadoras de la Congregación y capacitándose para el servicio misionero de la Palabra.

Nota: Las líneas de acción y actividades dependerán del trabajo que deban realizar los formandos y del proyecto de la comunidad a la que sean enviados.

1.4.2. Preparación a la profesión perpetua

Definición

Este momento especial de preparación para la profesión perpetua abarca los seis meses que pide el Directorio (Dir 241; PGF 419-424).

Los candidatos a la profesión perpetua son los misioneros en formación (estudiantes o hermanos) que hayan vivido, al menos por tres años, la profesión religiosa (CC 70. 72). La idoneidad de dichos candidatos se basa en la certeza moral, por parte del formando, de su comunidad y de los superiores respectivos, de que el profesando conoce y vive la vocación como un bien para su persona (CC 71; PGF 422).

Para llegar a dicha certeza se requiere el diálogo entre el candidato, su prefecto y sus superiores. Si no hubiere obstáculo, la comunidad local avalará la solicitud del profesando para iniciar su tiempo de preparación y, cuando el gobierno de su organismo mayor lo considere oportuno, se realizará la aprobación para profesar perpetuamente, basada en los informes (CC 71. Dir 228).

Estructura

Durante el año anterior a su profesión perpetua el candidato manifestará explícitamente su deseo de incorporarse definitivamente a la Congregación.

En diálogo con el candidato y con el resto de los hermanos de comunidad, el formador juzgará sobre la conveniencia de avalar este deseo del candidato y comunicará su parecer al superior mayor. Si él y su Consejo estiman que ha llegado el momento oportuno, indicarán al profesando y al formador su visto bueno para elaborar la solicitud canónica y determinarán el lugar y el modo de realizar la preparación inmediata (Dir. 224).

Los seis meses de preparación para la profesión perpetua se realizarán preferentemente en régimen de comunidad formativa (Dir 241).

Los responsables directos de dicha preparación son el profesando, el formador, o bien y su superior inmediato.

El superior mayor y su Consejo comunicarán oportunamente, al profesando y a su comunidad, la fecha de aprobación (Dir 228), a fin de elaborar los informes correspondientes (Dir 227). Se procurará aprobar a los candidatos antes del inicio de los seis meses de preparación.

Objetivo general

Propiciar al formando una sólida preparación que lo capacite plena y conscientemente para emitir su profesión perpetua como claretiano y así responda a su vocación y misión en la Iglesia y en el mundo.

Objetivos específicos y líneas de acción

1. Preparación remota

Discernir entre formando y superiores la conveniencia de iniciar el proceso de preparación para la profesión perpetua, sus modalidades y sus trámites, mediante un proceso de concientización y la elaboración de un plan acorde a la situación del candidato.

1.1. Incrementando el diálogo entre el formando, el formador y el superior mayor, que garantice la seriedad adecuada para este discernimiento.

1.2. Evaluando la madurez en la respuesta que el propio candidato ha ido dando, a lo largo de su proceso formativo en la congregación.

1.3. Intensificando la vivencia práctica de todos los aspectos de la vida misionera en el contexto del respectivo Organismo mayor, en apertura a la misión universal de la Congregación.

1.4. Privilegiando la oración y la calidad de su participación en la vida comunitaria.

1.5. Estudiando algunos temas apropiados y estructurados de acuerdo a un plan, en consonancia con las exigencias del PGF y la situación de la realidad.

1.6. Presentando, para su aprobación, el plan de preparación que seguirá durante la etapa de preparación establecida por el Directorio.

2. Preparación establecida por el Directorio

Intensificar, durante los seis meses previos a la profesión perpetua, la reflexión sobre los fundamentos teóricos y la vivencia de los aspectos prácticos de nuestra vida religioso-misionera; cumpliendo, a la vez, las prescripciones jurídicamente establecidas.

2.1. Presentando, al menos siete meses antes de la celebración de su profesión, la solicitud escrita de la misma, dirigida a su superior mayor.

2.2. Intensificando el diálogo con los formadores, los superiores y los hermanos de comunidad, para evaluar su idoneidad y progreso en la vida misionera. De aquí surgirán los datos necesarios para los informes.

2.3. Una vez aprobado, apegándose con fidelidad y entusiasmo a un plan de preparación, elaborado junto con el formador y aprobado por los superiores, que deberá contemplar las tres dimensiones de nuestra formación misionera: humana, cristiana y claretiana (PGF Apéndice 3, V, 1.).

2.4. Escribiendo, un mes antes de la profesión, una carta al padre General para manifestar su disponibilidad al servicio misionero de la Congregación (Dir 225).

3. Preparación inmediata

Vivir en ambiente de familia religiosa, la preparación próxima al acontecimiento de la profesión perpetua del candidato, una vez aprobado por los superiores.

3.1. Propiciando un mayor acercamiento, diálogo y animación, al resto de las comunidades del Organismo al que pertenece, a su familia y al pueblo de Dios.

3.2. Realizando al menos una semana de ejercicios espirituales intensos.

3.3. Preparando, con su comunidad y con el pueblo, la liturgia de profesión.

3.4. Elaborando su propio proyecto personal de cara a su futuro inmediato, como profeso perpetuo.

1.4.3. Preparación a los ministerios y el orden

Definición

Se trata del tiempo inmediato de preparación para ser instituido como acólito y lector; o bien, para ser ordenado como diácono o presbítero.

Las exigencias señaladas para este proceso se centran en lo indicado por el Derecho Universal (LG 29; CIC 236; 288; 1031, 2; 1032, 3) y el propio (Dir 254. 257-268). Aunque también se insiste en la reflexión y actitudes desde la perspectiva claretiana de dichos ministerios (PGF 436-438, 442, 449).

Estructura

El candidato o sujeto ideal de quien hablamos es:

1. para los ministerios de acólito y lector: el profeso perpetuo que ha realizado al menos dos años de estudios teológicos o, en el caso de los hermanos, al menos después de algunos estudios básicos de pastoral.

2. para el diaconado: el profeso perpetuo que ya ha ejercido suficientemente los ministerios de acólito y lector, está finalizando o ha concluido sus estudios básicos de teología, reside ordinariamente en una comunidad fuera del régimen de seminario y es promovido por la misma comunidad.

En nuestro contexto, hasta el momento sólo se ha entendido y experimentado el diaconado como proceso pedagógico (y por tanto transitorio) hacia la ordenación presbiteral, pero no se descarta la posibilidad del Diaconado permanente (CC 7).

3. para el presbiterado: el diácono que ha ejercido su ministerio al menos durante los intersticios que exige el Derecho y que haya dado muestras de verdadero espíritu de servicio como pastor y como ministro de la Palabra y de los sacramentos, desde una perspectiva evangelizadora auténticamente claretiana.

Junto con la solicitud formal que el candidato debe presentar al superior mayor y su Consejo, es conveniente expresar la promoción por parte de la comunidad en la que el candidato desempeña su ministerio. Para conocer su sentir inicial, dicha comunidad avalará al candidato mediante una carta dirigida al superior mayor y su Consejo, quienes darán su visto bueno con el fin de proceder con los trámites canónicos.

Para prepararse adecuadamente cada candidato, o grupo de candidatos, han de presentar, junto con su petición, el propio plan de preparación inmediata donde especificarán las líneas de acción y actividades para lograr los respectivos objetivos.

Objetivo general

Preparar de modo más intenso a los candidatos, tanto doctrinal como espiritualmente, para recibir y desempeñar su vocación ministerial, según el carisma claretiano en la Iglesia y en respuesta a los desafíos de la realidad.

1.4.3. Preparación para la institución en los ministerios de acólito y lector

Objetivo específico

Profundizar en los aspectos centrales de los ministerios del acolitado y lectorado para prepararse convenientemente a ejercerlos en la Iglesia, desde nuestro servicio misionero como claretianos.

Líneas de acción

1.1. Discerniendo entre el candidato, su comunidad y los superiores, sobre la oportunidad para iniciar el proceso de promoción a los ministerios de acólito y lector.

1.2. Realizando, en comunión, los trámites canónicos para dicha promoción.

1.3. Elaborando, cumpliendo y evaluando, en común acuerdo, un plan de preparación para los ministerios que abarque, teórica y prácticamente, las dimensiones humana, cristiana y claretiana de nuestra vida y misión (PGF, apéndice 3, V, 2.1.).

1.4. Preparando, una vez aprobado el candidato, la celebración litúrgica; tanto con la comunidad claretiana como con el pueblo de Dios.

1.5. Elaborando, dentro del proyecto personal, un plan para el ejercicio de estos ministerios.

1.4.3.2. Preparación a la ordenación como diácono

Objetivo específico

Prepararse espiritual y doctrinalmente para recibir y desempeñar el orden del diaconado desde nuestro servicio misionero claretiano, buscando responder a los desafíos presentados por la realidad.

Líneas de acción

2.1. Discerniendo entre el candidato, su comunidad y los superiores, sobre la oportunidad para iniciar el proceso de promoción al orden del diaconado.

2.2. Realizando, en comunión, los trámites canónicos para dicha promoción.

2.3. Elaborando, cumpliendo y evaluando, en común acuerdo, un plan de preparación próxima al diaconado que abarque, teórica y prácticamente, las dimensiones humana, cristiana y claretiana de nuestra vida y misión (PGF, apéndice 3, V, 2.2.)

2.4. Aplicando al candidato un examen para descubrir su idoneidad como pastor y servidor de la Palabra y de los sacramentos; mediante la tutoría y los sinodales designados por los superiores mayores.

2.5. Propiciando la participación de la comunidad claretiana, de la familia sanguínea y del pueblo de Dios en la promoción y preparación del candidato.

2.6. Realizando los ejercicios espirituales, al menos durante los cinco días que prescribe el Derecho.

2.7. Preparando, una vez aprobado el candidato, la celebración litúrgica; tanto con la comunidad claretiana como con el pueblo de Dios.

2.8. Elaborando, para su aprobación, un proyecto para el ejercicio de su ministerio diaconal.

1.4.3.3. Preparación a la ordenación como presbítero

Objetivo específico

Profundizar doctrinal y vivencialmente algunos aspectos específicos del ministerio ordenado, desde el carisma claretiano, para disponer a los candidatos a asumir con mayor madurez los compromisos eclesiales y misioneros que conlleva la vocación presbiteral.

Líneas de acción

3.1. Discerniendo entre los candidatos, su comunidad y los superiores, sobre la oportunidad para iniciar el proceso de promoción al Presbiterado.

3.2. Realizando, en comunión, los trámites canónicos para dicha promoción.

3.3. Elaborando, cumpliendo y evaluando, en común acuerdo, un plan sistemático de preparación próxima al presbiterado que abarque, teórica y prácticamente, las dimensiones humana, cristiana y claretiana de nuestra vida y misión (PGF, apéndice 3, V, 2.3.)

3.4. Propiciando la participación de la comunidad claretiana, de la familia sanguínea y del pueblo de Dios, en la promoción y preparación del candidato.

3.5. Realizando los ejercicios espirituales, al menos durante los cinco días que prescribe el Derecho.

3.6. Preparando, una vez aprobados los candidatos, la celebración litúrgica; tanto con la comunidad claretiana como con el pueblo de Dios.

3.7. Elaborando, para su aprobación, un proyecto para el ejercicio de su ministerio presbiteral durante la primera etapa de su formación continua.

1.4.4. Perfil del misionero al concluir su formación inicial

Después de haber recorrido todo el proceso de la formación inicial, los misioneros claretianos formados en la Provincia de México, se reflejarán en el siguiente “perfil”, que presupone un conocimiento profundo y una experiencia vital de nuestra vida y misión como “hijos del Inmaculado Corazón de María” (CC 59).

1. Expresará gozo profundo por el don de la propia vocación de modo que su testimonio anime a otros que hayan recibido este mismo don de parte de Dios (CC 58).

2. Entre todas sus virtudes, destacará por su fe viva y profunda, capaz de sostenerla, especialmente cuando experimente dudas en la fidelidad a su vocación (CC 62).

3. Poseerá una personalidad recia para la misión, caracterizándose por una salud física y psíquica adecuada a nuestro estilo de vida. Asimismo, tendrá asumidas las propias carencias.

4. Con sentido de comunión y de misión, habrá madurado la orientación de su vida a una plena configuración con Cristo, representando en la Iglesia su virginidad, pobreza, obediencia, en total disponibilidad para el anuncio del Reino. De este modo, su consagración será su primera forma de evangelizar (MCH 149).

5. Expresará una visión esperanzadora de la realidad y sintonizará con las opciones, destinatarios preferenciales y prioridades de la congregación.

6. Estará “a la altura de los tiempos” y sabrá responder a los desafíos que la realidad presenta a nuestra misión, mediante un hábito continuo de estudio y la formación académica correspondiente a su vocación específica: presbiteral, diaconal o laical.

7. La motivación misionera orientará sus estudios. Entre ellos, destacará su interés por: el análisis crítico de la realidad, la “traducción” pastoral de sus reflexiones, el acervo cultural de la humanidad, y las lenguas, especialmente el dominio del inglés.

8. Denotará entusiasmo y familiaridad en la vida fraterna, expresándola en una vida perfectamente común y apostólica. Para ello, mostrará signos de haber asimilado los medios humanos de maduración personal y de crecimiento comunitario, transparentándolos en: relaciones interpersonales equilibradas, disposición para el trabajo en equipo y serenidad aún para asumir el conflicto.

9. Demostrará haber asimilado el conocimiento teórico y práctico de la misión claretiana manifestándolo, sobre todo, en su disponibilidad para las tareas que se le encomienden y para ir a los lugares donde se le envíe.

10. Habrá desarrollado o adquirido la capacidad para articular: los ideales y la realidad, la contemplación y la acción, los propios carismas y el carisma congregacional. Por tanto, evitará las “dicotomías” armonizando en su “ser claretiano”, el modo concreto de ser hombre, cristiano, religioso, misionero, laico o sacerdote (MCH 132).

2. La formación continua

Definición

La formación continua es un proceso global de renovación que abarca todos los aspectos de la persona del claretiano y de la congregación en su conjunto. Se caracteriza por ser:

abierto, porque dura toda la vida;

global, porque abarca toda la persona y todas las dimensiones de su personalidad
           (humana –lo físico, lo psíquico, lo intelectual…–, cristiana, y claretiana); y

multiplicador, porque conlleva la renovación de las comunidades y de la misión
             congregacional. (PGF 460).

Se ubican en ella los misioneros que han concluido su formación inicial: los presbíteros y diáconos, después de su ordenación y los hermanos, después de su profesión perpetua o del final de sus estudios especiales.

Para un claretiano, la formación continua es una exigencia para ser fieles al propio proyecto personal de vida, a la acción renovadora del Espíritu, al proceso de renovación congregacional y a los retos de nuestra labor misionera (PGF 462-472). Como Claret y en consonancia con la tradición congregacional, hemos de “estar a la altura de los tiempos para ejercer fructuosamente el ministerio” (CC 56; Dir 144; EMP 34-35.2).

Estructura

La formación continua se desarrolla en tres niveles:

Nivel personal. Este nivel se expresa en el “Proyecto personal” de vida y misión.

De él nos ha hablado la congregación en el CPR no. 67, aunque encontramos antecedentes desde los “propósitos” que hacía el Fundador cuando concluía los ejercicios espirituales. En 1987, la Prefectura General de Formación, elaboró unas “orientaciones para su realización”. El EMP (34.3) insiste en la conveniencia de elaborarlo convencidos de su necesidad. El XXIII Capítulo General lo señala como dinamismo de crecimiento espiritual (PTV 70.3).

Se encomienda a los superiores locales, a la Comisión de formación continua y al Superior Provincial la animación y supervisión de estos proyectos.

Nivel comunitario (local). Este nivel se expresa en el “Proyecto comunitario” de vida y misión (PGF 480. 486-491). En él se señalarán los tiempos y medios que se dedicarán a la formación continua y la manera de evaluarla (EMP 34.2).

El Gobierno Provincial, y especialmente la comisión de formación continua, animarán a las comunidades a incluir un apartado especial sobre la formación continua en sus proyectos de vida y misión.

Nivel provincial. Corresponderá al Gobierno Provincial elaborar y promover un plan provincial de formación continua durante el período de su servicio de animación (PGF 481. 492; EMP 34.1; P.A.Fu. 8.1.).

Dicho plan, abarcando todas las dimensiones de la persona, en su contexto de vida fraterna para la misión, incluye todas las iniciativas ordinarias y extraordinarias que coadyuvan al crecimiento personal y comunitario.

En el “Plan de Formación Continua” (PFC), se contemplan, en primer lugar los “modos ordinarios de formación” englobados en tres etapas diferenciadas según la edad de las personas: misioneros en juventud (equivalente al “Quinquenio”), misioneros en madurez y misioneros en plenitud.

En segundo lugar se exponen los “modalidades extraordinarias de la formación continua” que incluyen: las “especializaciones”, los “períodos sabáticos” y algunas “experiencias misioneras particulares”.

2.1. Modos ordinarios de la formación continua (etapas diferenciadas)

2.1.1. Misioneros en juventud

Definición

Es el primer momento fuerte de formación continua, en la Provincia de México abarca hasta los 39 años. Es la etapa que sigue inmediatamente a la formación básica, en la que el misionero joven descubre una nueva manera de mantenerse fiel a Dios, respondiendo adecuadamente a los desafíos de su nueva situación (PI 70; SP 22.1-2).

Análisis y estructura

Esta etapa es un momento de transición entre una formación más tutelada y otra más autónoma, es el paso típico entre el ser y el hacer, es el momento de la discrepancia entre planes y logros, entre deseos y realidad.

Las formas de conducta aprendidas, con frecuencia, pierden su validez ante situaciones nuevas, y esto pide poner en constante ejercicio la capacidad de cambio y la propia escala de valores. Es el momento de enfrentar con realismo la vivencia y desarrollo de la afectividad, con todas sus consecuencias (PDV 76: SP 22.1).

Durante esta etapa hay quienes tienen la sensación o la actitud de que la formación “ya se acabó”, con todo lo que esto puede significar. Es frecuente la tendencia a querer romper con la tradición y desestimar a los adultos mayores. Se da en muchos casos el problema del activismo y se tiende al desaliento. En algunos se presentan problemas de adicción.

Hay cierto miedo a lo desconocido, así como inseguridad para tomar decisiones. Existe temor al conflicto, a la crítica y al rechazo, o la búsqueda de responder a todas las expectativas, de quedar bien con todos, de cuidar la imagen. Con frecuencia, el no resolver lo anterior puede conducir a huir al mundo privado o a la búsqueda de compensaciones afectivas.

Siendo la formación continua un proceso global de renovación que abarca todos los aspectos de la persona del religioso (PI 68), esta etapa debe dar una importancia especial a: la vida espiritual vivida en armonía con la acción (CPR 56); el acompañamiento pastoral para que los Claretianos vayan integrando su preparación ministerial con la experiencia de la vida; la renovación doctrinal, actualizando y aplicando en la práctica lo aprendido durante la formación básica (OSG 252 ss); el proceso psicológico de adaptación a la comunidad y al servicio misionero.

La ayuda especial que se da a los “adultos jóvenes” en la Provincia, de acuerdo a lo que recomienda el XXI Capítulo General (SP 22.2) se puede concretar en: su inserción en comunidades que vivan con empeño el proyecto misionero de vida claretiana en todas sus dimensiones; encomendarles responsabilidades que se ajusten lo más posible a su proceso y situación personal; asegurar un acompañamiento continuado; ofrecer encuentros anuales de formación y revisión.

Objetivo general

Que los misioneros en juventud, al integrarse plenamente a la vida de la Provincia, descubran una nueva forma de ser fieles a su identidad claretiana y se sitúen como servidores de la Palabra, en la dinámica del pueblo de Dios, en una comunidad particular.

Objetivos específicos y líneas de acción

1. Dimensión humana

Cuidar la salud física y mental que garantice el sano desarrollo de la persona en la misión evangelizadora encomendada.

1.1. Visitando periódicamente al médico, además de revisar valores y actitudes existenciales.

1.2. Cultivando las virtudes propias de una sana convivencia fraterna.

1.3. Solicitando ayuda psicológica cuando la persona no pueda resolver, por sí misma, actitudes de conflicto.

1.4. Potenciando el nivel intelectual y académico.

2. Dimensión cristiana

Procurar que el seguimiento de Cristo fundamente y consolide la vocación religiosa y el ministerio apostólico.

2.1. Creciendo en la vida de la gracia desde la recepción y administración de los sacramentos.

2.2. Dedicando diariamente un tiempo a la lectura y meditación de la Sagrada Escritura, especialmente a través del proyecto “Palabra Misión”.

2.3. Cultivando el espíritu de oración personal y comunitario.

2.4. Continuando seriamente el proceso de vida espiritual, a fin de responder coherentemente a la propia vocación, iluminados por la vida y doctrina de la Iglesia.

3. Dimensión claretiana

Vivir con plenitud la vocación claretiana respondiendo a los desafíos de la realidad.

3.1. Participando críticamente en la realidad de nuestro mundo y Congregación.

3.2. Promoviendo reuniones de misioneros jóvenes donde se compartan experiencias personales y se profundice sobre el carisma claretiano.

3.3. Promoviendo entre los misioneros jóvenes experiencias fuertes de apostolado.

2.1.2. Misioneros en madurez

Definición

Este segundo momento de la formación continua en México, abarca de los 40 a los 59 años. Es la etapa más importante de la vida, en la que los misioneros maduros revisan y reafirman, a la luz del Evangelio, su opción vocacional original que les lleve a la madurez de vida, superadas las dificultades inherentes a esta peculiar etapa (DVC 362).

Análisis y estructura

Esta etapa de la vida del hombre se caracteriza por el realismo de la persona, la madurez de la libertad, la tolerancia con las propias carencias y las de los demás. Es el tiempo de buscar la síntesis, se tiene mejor sentido de la continuidad y de la historia, hay una mayor seguridad personal, existe una acumulada experiencia y un sentido de satisfacción y gozo por lo vivido. La fe se ha purificado de falsas expectativas y se vive de una manera más coherente y comprometida.

Esta etapa implica, sin embargo, una problemática con características peculiares calificada como “demonio meridiano”, en la que se presenta el riesgo de la rutina y la consiguiente tentación de la desilusión por falta de resultados. Frecuentemente existe confusión, vacío, despertar de los instintos, hastío, aburrimiento y envejecimiento. Puede haber pérdida de fe y falta de identidad vocacional y de sentido de pertenencia.

Los misioneros que se encuentran en esta etapa necesitan ánimos, que los valoren por su inteligencia, responsabilidad y logros pastorales, y que les sea posible profundizar en la formación en todas sus dimensiones: humana, cristiana y claretiana.

Para crecer en esta etapa, es necesario enfrentarse, aceptarse y no evadirse de sí mismo; no descargar sobre los demás nuestros problemas, aceptar que los demás los critiquen, dejarse acompañar por un Director Espiritual y examinar el puesto real que la oración ocupa en su vida.

Objetivo general

Que los misioneros en madurez, sintiéndose realizados vocacionalmente, den nuevo empuje y motivaciones a la opción fundamental de su vida, afrontando las dificultades de esta etapa con el pleno convencimiento que Dios tiene sobre ellos un designio abarcador de toda su existencia.

Objetivos específicos y líneas de acción

1. Dimensión humana

Procurar los recursos que ayuden a lograr en el misionero en madurez un equilibrio intelectual, afectivo y operativo, suficiente para superar las situaciones propias de esta etapa.

1.1. Promoviendo el cuidado de la salud física y mental, realizando un chequeo médico anual.

1.2. Procurando una alimentación sana y balanceada, adecuada de acuerdo con la edad.

1.3. Realizando el ejercicio físico más recomendado en su situación.

1.4. Recurriendo a la ayuda profesional psicoterapéutica, si fuera necesario.

1.5. Propiciando en la comunidad un estilo de vida verdaderamente familiar.

1.6. Favoreciendo el nivel intelectual y pastoral.

2. Dimensión cristiana

Favorecer una intensa vida espiritual que posibilite una madurez cristiana, capaz de dar sentido a la vida misionera, desde los valores del Reino.

2.1. Propiciando una auténtica vida de oración, personal y comunitaria.

2.2. Teniendo una fuerte y asidua vida sacramental.

2.3. Promoviendo la actualización teológica y bíblica.

3. Dimensión claretiana

Vivir fiel y gozosamente la propia vocación, según el carisma claretiano en la Iglesia, promoviendo con el testimonio nuevas vocaciones para la Congregación.

3.1. Animando el estudio y la reflexión de nuestra espiritualidad misionera en la Iglesia.

3.2. Potenciando los procesos de evangelización misionera como lugar de formación.

3.3. Propiciando la cualificación evangelizadora, según cualidades y aptitudes.

2.1.3. Misioneros en plenitud

Definición

El tercer momento de la formación continua abarca de los 60 años en adelante. Es la etapa de la plenitud de vida en la que los “misioneros mayores” reconociendo la disminución de sus facultades vitales y de su ministerio apostólico, afrontan su nueva realidad, en actitud serena, testimoniante, oblativa y esperanzadora.

Análisis y estructura

Esta etapa se caracteriza por haber gastado la vida en el servicio misionero. Es la etapa en que se constata un proceso de disminución, en algunos casos de enfermedad o inactividad, de progresivo alejamiento del ministerio pastoral y de cargos directivos. Es un momento crucial pues de la aceptación de él depende en mucho la plenificación de la vida con sentido pascual.

Hay en esta etapa una gran heterogeneidad debida a factores innatos o adquiridos, entre los cuales tienen una importancia especial las experiencias personales vividas en etapas anteriores. Más que hablar de una edad determinada, hablamos de una situación existencial.

Se pueden distinguir, en general, tres diferentes modos de llegar a esta etapa, cada uno con características propias: el primero es llegar a la edad cronológica conservando la energía y la capacidad necesarias para satisfacer las propias necesidades, llevando adelante los propios asuntos y teniendo una vida productiva; un segundo modo se da cuando se empieza a dar una cierta disminución de las energías físicas y psíquicas, por lo que es necesaria una ayuda especial para satisfacer las necesidades básicas; el tercero es aquel en el que la persona presenta una clara disminución de facultades físicas y psíquicas que lo incapacitan para adaptarse a las nuevas condiciones de la vida.

En esta etapa se vive de lo que se sembró anteriormente. Además, puede ser la época de la sabiduría y la serenidad, de la libertad interior, la simplicidad y la paz espiritual. Cuando la eficacia no se apoya en las propias capacidades, sé es mejor instrumento de la iniciativa de Dios para los demás. La técnica da paso al amor, y la influencia a la humildad.

En esta etapa pueden brillar las virtudes teologales que integren y guíen la propia vida. Cuando ya no existen posibilidades de seguir trabajando por los demás se pone la esperanza en la fuerza del Espíritu Santo. Cuando hay temor de asumir responsabilidades, el amor hace permanecer fieles, con la fortaleza de Dios, realizando una vida de fe profunda.

La tercera edad presenta problemas nuevos, que se han de afrontar previamente con un esmerado programa de apoyo integral. El progresivo alejamiento de la actividad, la enfermedad en algunos casos o la inactividad forzosa, son una experiencia que puede ser altamente formativa (PDV 77; VC 70). Junto con el crecimiento personal, puede presentarse el peligro de un cierto individualismo, acompañado a veces del temor de no estar adecuados a los tiempos, así como con otros fenómenos de rigidez y cerrazón.

Objetivo general

Que el “misionero mayor”, consciente de la plenitud a la que ha sido llamado, se confirme en la misión que aún se encuentra realizando, manteniendo desde la fe y la Palabra de Dios, una actitud serena y esperanzadora y dando un auténtico testimonio de consagración, en las actuales circunstancias de su vida.

Objetivos específicos y líneas de acción

1. Dimensión humana

Utilizar todos los recursos y estrategias para dar un nuevo sentido a la vida del misionero mayor, sin que éste se deje llevar por el desaliento, la frustración o la automarginación.

1.1. Procurando el cuidado de la salud, física, pero sobretodo emocional.

1.2. Propiciando un ambiente fraterno de aceptación que mitigue la sensibilidad de esta edad.

1.3. Reestructurando el “seguro interno de la Provincia” y sus medios para la atención de los mayores y de los enfermos.

1.4. Organizando encuentros que ayuden a concientizar a los misioneros mayores la etapa que viven.

1.5. Promoviendo una terapia ocupacional adecuada, de acuerdo a las aficiones personales.

1.6. Ayudando a que transformen en sabiduría del corazón las experiencias y conocimientos acumulados.

2. Dimensión cristiana

Propiciar en el misionero, a la luz de su consagración religiosa, una vivencia espiritual profunda y testimoniante.

2.1. Viviendo una espiritualidad cristocéntrica y trinitaria.

2.2. Procurado una “vida en el Espíritu” sencilla, orante y testimoniante.

2.3. Motivando la celebración eucarística con marcado sentido sacrificial y vocacional.

2.4. Participando en la misión de la Provincia de forma distinta, pero fructuosa.

2.5. Procurando hacer de esta etapa una verdadera liturgia existencial encarnada, según el Espíritu de Jesucristo.

3. Dimensión claretiana

Valorar la historia personal de su vida consagrada y reafirmar la fidelidad a la propia vocación, de manera diferente.

3.1. Fomentando la espiritualidad misionera y cordimariana

3.2. Aportando su experiencia religiosa y claretiana, con sentido de “paternidad espiritual”.

3.3. Promoviendo su cooperación en el rescate de la “memoria histórica” de la Provincia.

3.4. Ayudando a no perder nunca el ideal del misionero claretiano.

3.5. Fomentando diversos modos de colaboración y participación extraordinaria en eventos formativos.

2.2. Modos extraordinarios de la formación continua (especializaciones académicas,
     períodos sabáticos y experiencias misioneras extraordinarias).

2.2.1. Especializaciones académicas

Definición

Las especializaciones académicas son un medio para la formación continua que implica estudios sistemáticos y prevé una conveniente titulación, en materias “eclesiásticas” o “civiles”.

Análisis y estructura

Con ellas se busca responder a las necesidades y opciones misioneras de la Congregación, desde las aptitudes personales, tendiendo puentes para un diálogo misionero con la cultura, a fin de ejercer con mayor competencia nuestra vocación como “servidores de la Palabra”.

Las especializaciones de los miembros de la Provincia, serán orientadas desde los últimos años de la formación inicial. Pueden realizarse viviendo en cualquier casa de la Provincia donde se cuente con los medios adecuados y, en algunos casos, en el extranjero.

Serán promovidos a ellas sólo los profesos perpetuos, de acuerdo a las inclinaciones personales, así como a las necesidades y opciones congregacionales. Se recomienda un tiempo previo de experiencia pastoral que ayude a encauzar debidamente dichos estudios.

Quienes aspiren a una especialización, deberán mostrar sus habilidades personales, su disposición para el estudio, su amor a la Congregación, su perspectiva misionera y pistas viables de aplicación en la Provincia., sobre todo a partir de su inserción plena en la vida de la Provincia.

Objetivo general

Complementar la formación inicial de los claretianos de México con una sólida preparación científica que contribuya a una acción misionera más profunda y cualificada, equilibrando las necesidades y opciones de la Provincia con las aspiraciones y aptitudes de las personas.

Objetivos específicos

Dimensión humana

Apoyar las aspiraciones legítimas de los claretianos que, deseando ser fieles al proyecto personal de vida, buscan desarrollar sus potencialidades académicas, insertos en la historia y en la realidad de nuestro pueblo.

Dimensión cristiana

Atender, desde la fe y conciencia crítica, a los desafíos de la realidad de nuestro mundo; sintonizando con la llamada a dar “razón de nuestra esperanza” mediante el conocimiento profundo y cualificado de las ciencias.

Dimensión claretiana

Prestar atención a los signos de los tiempos para afrontar, con espíritu claretiano y mediante el estudio sistemático, los desafíos contemporáneos a nuestra misión evangelizadora.

Criterios operativos:

1. La prefectura de formación, con la aprobación del Gobierno Provincial, programará las solicitudes de quienes pidan especializarse, jerarquizándolas de acuerdo con la antigüedad y con las necesidades provinciales.

2. Para cualquier especialización, aprobada por el Gobierno Provincial, la administración provincial asumirá todos los gastos, aunque se pueden establecer otros acuerdos con el especializando, su comunidad u otras instituciones.

3. Las especializaciones dentro y fuera del país, aprobadas por el Gobierno Provincial, comprometen a éste a respetar el proyecto de especialización: lugar, universidad, economía, etc., según los términos y plazos acordados.

4. Dentro del ámbito de su autoridad y posibilidades, los superiores y las comunidades locales también pueden apoyar a alguno de sus miembros que solicite especializarse.

5. El Gobierno Provincial, las comunidades locales y los superiores procurarán, en la medida de lo posible y sin menoscabo del proyecto comunitario, un “status privilegiado” en el régimen de vida de los “especializandos”, liberándolos de algunas obligaciones y ministerios que les impidan dedicarse con empeño a sus estudios.

6. Las especializaciones en el extranjero serán promovidas en aquellos casos en que el campo lo amerite o las aptitudes misioneras del interesado lo respalden, siempre en sintonía con las necesidades y programa de la Provincia.

7. Para las especializaciones en el extranjero se dará preferencia a quienes estén a mitad de la etapa de “misioneros en juventud”, hayan mostrado identidad vocacional y equilibrio psico-emocional, posean los títulos académicos correspondientes a su formación inicial, manifiesten facilidad para las lenguas, denoten entusiasmo y tengan las aptitudes requeridas para dichos estudios.

8. Los períodos vacacionales de los especializandos y otros planes “extracurriculares” deberán dialogarse y aprobarse en la comunidad local. En el caso de los estudios en el extranjero, se requiere la aprobación del Gobierno Provincial.

9. Una vez titulados, los “especializados” compartirán generosa y creativamente con la Provincia sus logros y conocimientos mediante la divulgación de su tesis, jornadas de información o estudio, publicaciones, biblioteca, etc. Se procurará, en lo posible, dedicarlos a tareas concordes con el campo de su especialidad o afines, pero sin menoscabo de la disponibilidad misionera.

2.2.2. Períodos sabáticos

Definición

Los “períodos sabáticos” son tiempos determinados en los que cada misionero, libre de compromisos apostólicos y comunitarios, puede elaborar un plan personal, convenientemente aceptado por los superiores, que responda a sus necesidades de descanso, renovación espiritual, cualificación misionera y contacto con nuevas realidades de evangelización (FM 502).

Análisis y estructura

Los “períodos sabáticos” son una exigencia: por razón del desánimo que suele suceder, después de algunos años; por el peligro de la rutina o el cansancio físico debido al trabajo excesivo; por el cansancio psicológico, causado, a menudo, por las incomprensiones, malentendidos, prejuicios, problemas personales, ocasionados por las relaciones inadecuadas o diferencias con ala autoridad; por la necesidad de buscar caminos para la pastoral o un reforzamiento espiritual que anime y comprometa al misionero.

Al interior de una cultura de los resultados se ha generado el culto al rendimiento a toda costa. Las personas quedan sometidas a ritmos frenéticos, destructivos y, por ello mismo, inhumanos. Esta situación también afecta a los misioneros.

Los “períodos sabáticos” no deben reducirse a una puesta al día en lo doctrinal, ni a una rehabilitación o terapia para quienes sufren de una dependencia o adicción, sino a una formación en el sentido pleno del término, de carácter unitario, integral y pluridimensional, que acompaña el proceso vital del misionero; una oportunidad para el crecimiento personal, la conversión, la renovación humana, cristiana y claretiana. Es un tiempo de vida nueva que ofrece nuevas energías, nuevo dinamismo, nuevo entusiasmo (PDV 83).

Al hablar de “períodos”, se quiere indicar que no se tratará siempre de “un año” en el que se interrumpen las actividades ordinarias. Las urgencias y necesidades pueden presentar la conveniencia de períodos más breves (de algunos meses de duración), sea para que una misma persona pueda realizar este tipo de experiencia en distintas ocasiones, sea para que varios misioneros tengan la oportunidad al mismo tiempo.

Estos “períodos sabáticos” se deben ofrecer a todos, y muy particularmente a los que no han tenido otras posibilidades de renovación (PGF 503).

Tomando en cuenta las etapas de la formación continua en la Provincia se proponen estos “períodos sabáticos” especialmente en el paso de la etapa de “juventud” a la etapa de “madurez” y de ésta a la etapa de plenitud. No se descarta la posibilidad de hacer coincidir un período de estos con alguna celebración jubilar de la vida religiosa o de la ordenación.

El gobierno general y otros organismos congregacionales ofrecen otras alternativas, como “La fragua”, los cursos de renovación claretiana, o la “escuela del Corazón de María” para los formadores, etc.

Corresponde al Superior Provincial y a su Consejo atender y dar respuesta a estas solicitudes, discerniendo sobre su oportunidad, en diálogo con la comunidad de los interesados, salvando oportunamente su suplencia. Para ello es necesario un plan que especifique el lugar, el tiempo y la modalidad.

Objetivo general

Dar continuidad a la formación de los misioneros, promoviendo una renovación integral de los mismos, en las dimensiones humana, cristiana y claretiana de su vida, atendidas las circunstancias de edad, salud, vida fraterna y ministerio pastoral.

Objetivos específicos y líneas de acción

2.2.2.1. “Períodos sabáticos” ordinarios

Elaborar un plan de “períodos sabáticos” que abarque las diferentes etapas de la formación continua.

1. Creando la conciencia de la necesidad de estos “períodos sabáticos”.

2. Fomentando en toda la Provincia una nueva cultura sabática.

3. Solucionando las dificultades inherentes a este plan.

2.2.2.2. “Períodos sabáticos” extraordinarios

Facilitar, en situaciones apremiantes, los “períodos sabáticos” para evitar algunos males.

1. Elaborando un estudio socio-psicológico y espiritual de cada misionero.

2. Procurando un acompañamiento personalizado de todos los misioneros, según las necesidades surgidas en el proyecto personal.

3. Promoviendo la colaboración generosa de las comunidades y de los superiores para hacer posible este plan.

2.2.3. Experiencias misioneras extraordinarias

Definición

Son momentos especiales en la vida de los misioneros que ayudan a romper la inercia de una actividad apostólica ordinaria, abren el espíritu a nuevos valores y horizontes, sobre todo en lugares “de misión” o “Iglesias en formación” (PGF 504).

Estructura

Se proponen estas experiencias especialmente para los claretianos, que aún deseándolo, se han visto impedidos en el desarrollo de su potencial misionero en ambientes socio-culturales “diversos”. Se trata de tiempos breves que puede armonizarse con algún “período sabático”.

Para la elección del lugar se dará prioridad a nuestras misiones en la Provincia, pero sin excluir “misiones” de otro Organismo Mayor de la Congregación o de otras instancias eclesiales. Se elaborará un proyecto en consonancia con las opciones, sujetos preferenciales y prioridades provinciales y congregacionales. Este deberá ser aprobado por el Gobierno Provincial.

Objetivo general

Propiciar que el claretiano entre ocasionalmente en contacto con realidades, culturas y valores distintos o “novedosos” respecto a los que normalmente han centrado su ministerio, a fin de motivarlo a testimoniar y vivir más plenamente su consagración para la misión (PGF 504).

Objetivos específicos y líneas de acción

2.1.1.1. “Experiencias misioneras extraordinarias” en México

Motivar y coordinar, a través de la prefectura de apostolado y los responsables de la formación continua, momentos extraordinarios en “lugares de misión”, con finalidad formativa; preferentemente en posiciones de la Provincia, pero sin excluir experiencias de otras congregaciones o diócesis.

1.1. Concientizando al personal de la Provincia sobre la oportunidad de estas experiencias.

1.2. Elaborando un plan con motivaciones y finalidad formativas.

1.3. Programando coordinadamente dichas experiencias, con los interesados, sus comunidades locales y las comunidades “de destino”.

1.4. Evaluando y divulgando los resultados.

2.1.1.2. “Experiencias misioneras extraordinarias” fuera de México

Favorecer “experiencias misioneras extraordinarias” fuera del territorio de la Provincia, en acuerdo con el gobierno general o con los respectivos Organismos Mayores.

2.1. Discerniendo en cada caso su posibilidad y conveniencia, basados en un plan apegado a la realidad y a necesidades objetivas.

2.2. Previendo la coordinación necesaria entre el misionero interesado, su comunidad y los respectivos superiores.

2.3. Estando atentos a iniciativas análogas promovidas por el Gobierno General o por otros Organismos.

2.4. Evaluando y publicando los resultados para crecer, como Provincia, en actitudes misioneras y en apertura cultural.

V. Responsables y estructuras provinciales de animación y coordinación

El no. 240 del PGF nos recuerda que:

La responsabilidad del crecimiento vocacional y de la formación misionera, por su extraordinaria importancia, corresponde a toda la Congregación, a la Provincia y a la comunidad formativa. De una manera especial está encomendada a los Superiores en sus distintos niveles. Se lleva a cabo también a través de otras mediaciones personales y de diversas estructuras de animación y coordinación vocacional y formativa.

Asumiendo lo que se refiere a todos; en el ámbito de nuestra Provincia de México desempeñan un papel especial de responsabilidad: el Superior Provincial y su Consejo, el prefecto provincial de formación, el Consejo provincial de formación y los equipos formativos.

1. El Superior Provincial y su Consejo, tienen bien señalado en el PGF (nn. 246-247) las responsabilidades y funciones que indican las Constituciones, el Derecho común y el congregacional.

2. La Prefectura provincial de formación, también encuentra en el PGF (260-264), los objetivos y tareas que le corresponden.

3. El Consejo provincial de formación, del que nos habla el Dir. 165 y el PGF en los nn. 265-272, será constituido en la Provincia de México de la siguiente manera:

3.1. Será integrado por el prefecto provincial de formación, los formadores de las distintas etapas, un representante de los formandos profesos y, ocasionalmente, por misioneros de otros sectores de la vida de la Provincia, según posibilidades.

3.2. En su organización interna el prefecto de formación desempeñará el papel de coordinación y se designará un secretario. Las consultas y acuerdos de este Consejo serán recogidas diligentemente en un libro de actas.

3.3. Se reunirá ordinariamente tres veces al año, programando convenientemente sus sesiones. Si fuere necesario se programarán reuniones extraordinarias.

3.4. Entre las principales funciones del Consejo destacan: la elaboración y evaluación de éste y de los demás proyectos y programas formativos, el análisis y la presentación de soluciones a los diversos problemas de la formación y la asesoría consultiva a la Prefectura de formación en todo lo referente a sus funciones.

4. Los Equipos formativos en las etapas de formación inicial, ejercerán su función coordinadora, según las disposiciones que les señalan las Constituciones y el Derecho, de acuerdo a la etapa puesta bajo su responsabilidad.

Entre todos los responsables de esta tarea se procurará generar un ambiente de serenidad, respeto, diálogo y trabajo, basado en la corresponsabilidad fraterna y la delimitación de funciones según el Derecho, las Constituciones, el Directorio y este mismo Plan.

Según su campo específico de animación y coordinación, no olviden el objetivo básico de este Plan: la formación de misioneros, orientando todas sus iniciativas, de modo armónico, sistemático y progresivo, a favorecer el crecimiento y la madurez vocacional de cuantos se sienten llamados a compartir nuestra vida misionera en la Iglesia (PGF, p. 7).

VI. Evaluación y seguimiento

Este Plan, que involucra a todos los miembros de la Provincia y a los estudiantes de otros Organismos que se forman en México, será evaluado, al menos anualmente, en cada uno de sus apartados, por los respectivos responsables y los involucrados en él. Las modificaciones que la experiencia recomiende para mejorarlo, serán discernidas por el consejo provincial de formación y aprobadas por el Gobierno Provincial.

Apéndice I

PLAN DE PASTORAL VOCACIONAL CLARETIANA

2007-2010

Definición

La pastoral vocacional es la específica y compleja actividad de la Comunidad eclesial por la que, en íntima unión con la pastoral general, se compromete en la tarea de suscitar, acoger, acompañar y proporcionar la adecuada formación a las vocaciones. Por medio de esta actividad la Iglesia crea condiciones para que cada cristiano pueda optar, con madurez y libertad, por una forma específica de seguimiento de Jesús, según la voluntad de Dios sobre su vida. [1]

Estructura

La pastoral general debe explicitar propuestas vocacionales claras y directas, siguiendo la práctica del mismo Señor, que llamó a sus apóstoles, y de los mismos apóstoles, que llamaron a otros para el ministerio y para el seguimiento de Cristo. [2]

La pastoral vocacional es categoría unificadora, que ha de hacerse presente en toda la pastoral. La cruza transversalmente y la orienta. Existe un flujo permanente entre la pastoral general, que debe confluir en la animación vocacional para favorecer la opción vocacional y la pastoral vocacional que, a su vez, debe permanecer abierta a otras dimensiones, insertándose en ellas[3].

La juventud es el período en que la persona se va afirmando y madurando, consciente de su propia identidad. Al ser el momento de las opciones que condicionan y determinan toda la vida, es también el tiempo propicio para encarar la opción vocacional. Por ello, la pastoral de las vocaciones, aunque no es exclusivamente juvenil, encuentra en la pastoral juvenil su espacio privilegiado[4].

Una pastoral de juventud bien organizada y articulada con la pastoral vocacional específica es básica para la promoción de las vocaciones[5].

En esta línea, el Plan de Acción del Gobierno General 2003-2009, crea el Secretariado de pastoral vocacional, dentro de la prefectura de apostolado y en coordinación con la de formación, para impulsar en todas las estructuras pastorales la promoción vocacional claretiana. En consonancia, nuestro XIV Capítulo Provincial estableció como línea de acción en esta materia: “Por eso asumimos como prioridad de prioridades que todos los claretianos de México, trabajemos de manera seria y eficaz en la pastoral vocacional”. La primera actividad de esta línea de acción, ubica a la pastoral vocacional en la prefectura de apostolado, partiendo del principio que toda pastoral debe ser vocacional.

La PVC mantiene una estrecha relación con la prefectura de formación en cuanto que debe existir una línea coherente de criterios en la selección vocacional, en los procesos de discernimientos, en las orientaciones provinciales y congregacionales y , en este sentido el responsable de la PVC debe conocer las estructuras establecidas en el plan formativo, la gradualidad de los procesos de formación, las variables de perseverancia de los candidatos, los lineamentos eclesiales, congregacionales y provinciales al respecto, las orientaciones pedagógicas contemporáneas, las estrategias para promover las vocaciones a la vida religiosa misionera y los cauces de acogida vocacional.

Los superiores locales asumen, en el ámbito comunitario, la inmediata responsabilidad de la animación vocacional[6]

La coordinación de la PVC a nivel provincial es delegada en el Gobierno Provincial quien trabajará en asesoría y conexión con el resto del equipo de pastoral vocacional[7].

Este equipo se conforma con los encargados zonales y el nombramiento de encargados locales de la PVC, quienes de manera directa colaborarán con el Gobierno Provincial.

Se buscará animar desde el Gobierno Provincial – prefectura de apostolado, de forma estratégica, las distintas zonas geográficas y se acentuará el trabajo en aquellas que resulten más significativas en lo vocacional.

La economía de las actividades desarrolladas por los promotores provinciales de PVC, dependerán de la economía provincial y se nutrirá de las aportaciones de las comunidades, de donativos y de actividades vocacionales específicas.

El trabajo se organizará por regiones geográficas encomendando al encargado zonal la animación de estas zonas en corresponsabilidad con el Gobierno Provincial.

El Gobierno Provincial a través de la prefectura de apostolado se ocupará de definir el perfil del candidato a la vida congregacional, hará llegar oportunamente a cada claretiano, a todas las comunidades y a los equipos de laicos, los planes y programas correspondientes, coordinará su eventual evaluación, hará presencia personal, epistolar o por otros medios de comunicación en las comunidades para el cumplimiento de sus objetivos y promoverá el diálogo en todo lo que concierna a este fin.

No debemos dejar por supuesto que el primer responsable de animar esta tarea a nivel local es el superior respectivo, apoyando al encargado local, en caso de que no sea él, el buen funcionamiento de la PVC de su comunidad. Cuando el superior local sea el encargado puede delegar esta tarea en otro miembro designado por la comunidad con el consecuente apoyo en esta labor considerada “prioridad de prioridades”.

Objetivo general.

       Que los claretianos de México, en misión compartida, realicen una pastoral vocacional sistemática que proporcione candidat@s a la familia claretiana.

Objetivos específicos y líneas de acción.

  1. 1.Comunidad provincial

1.1.      Vivir con alegría nuestra vocación claretiana; pidiendo al Espíritu suscite nuevas vocaciones a la   familia claretiana por la fuerza de la Palabra y el testimonio misionero.

1.1.1.   Apoyar seria y formalmente la promoción vocacional en toda la Provincia claretiana de México y en cada comunidad.

  • Reestructurando el funcionamiento de la PVC provincial a través de una zonificación estratégica.
  • Impulsando la vocacionalización en todas nuestras estructuras pastorales.
  • Reelaborando el proyecto Claret-Provoca, precisando los objetivos y la evaluación.
  • Exigiendo a cada comunidad que diseñe un plan concreto para promover candidatos a nuestro estilo de vida.
  • Ofreciendo subsidios de acompañamiento vocacional.
  • Promover una formación efectiva y afectiva de los agentes de la familia claretiana, pudiendo ser una escuela formativa en la espiritualidad y mística misioneras.
  • Realizando encuentros periódicos de programación y coordinación entre los encargados zonales y el Superior Provincial y de los encargados zonales en su respectiva zona.
  • Evaluando periódicamente y actualizando el plan provincial de pastoral vocacional claretiana.

  1. 2.Comunidad local

2.1. Asumir como familia claretiana el protagonismo de testigos convocantes, convencidos que la comunidad local es fundamental en la pastoral vocacional.

2.1.1.                  Motivando, el superior, a los integrantes de su comunidad para que tengan una vivencia gozosa de su vocación misionera y se sientan interpelados a compartirla.

  • Apoyando al vocacionero local de su comunidad en las diversas actividades para promover la vocación claretiana.
  • Aprovechando los dinamismos internos de la vida comunitaria.
  • Promoviendo la formación permanente vocacional en la comunidad.

2.1.2.                  Recordando que cada claretiano debe vocacionalizar su labor apostólica como corresponsable de la pastoral vocacional claretiana.

  • Testimoniando la propia vocación en espacios juveniles.
  • Privilegiando la pastoral juvenil para promover la pastoral vocacional reanimando la propia vocación.
  • Vocacionalizando los espacios pastorales (homilías, pláticas pre-sacramentales, atención a enfermos, decanatos, reunión de grupos, animación de grupos misioneros, dirección espiritual, etc.) para dar a conocer la vocación claretiana.
  • Atendiendo a las personas interesadas en iniciar un proceso de discernimiento vocacional.

2.1.3.                  Desarrollando comunidades como lugares pedagógicos que ayude a los interesad@s en su discernimiento vocacional (despertar, clarificar y madurar) previo a la canalización de los candidatos a los encargados zonales y Consejo de formación.

  • Atendiendo amablemente a quiénes se acerquen a la comunidad con propósitos vocacionales.
  • Invitando a los candidatos a participar de nuestra vida fraterna: oración, comida, deporte, actividades apostólicas, etc.
  • Acompañando el proceso de discernimiento de los jóvenes y encauzarlos con los coordinadores de la PVC a su debido tiempo.
  • Ambientando vocacionalmente los espacios comunitarios y de atención a los feligreses de nuestras comunidades teniendo como mínimo el “rincón vocacional” en nuestros templos.

2.1.4.                  Programando la comunidad, una pastoral vocacional claretiana integrada a la pastoral de conjunto.

  • Integrando armónicamente en el plan apostólico local la dimensión vocacional, recordando que la pastoral vocacional es el elemento transversal de la pastoral eclesial –vocacionalización-
  • Promover una temática vocacional y claretiana en los distintos procesos catequético-formativos de la pastoral a todos sus niveles.

2.1.5.                  Privilegiando algunas efemérides eclesiales y congregacionales en cada comunidad, como espacios propicios para la propuesta vocacional claretiana.

  • Fiesta del aniversario de la fundación de la Congregación y de la Provincia.
  • Fiestas del padre Fundador y de los compatronos de la Congregación.
  • Fiesta de los mártires de Barbastro, de San Joaquín y de la familia claretiana.
  • Fiesta de Nuestra Señora de Guadalupe.

2.2. Trabajar en misión compartida proponiendo a la comunidad cristiana, con claridad y entusiasmo, nuestro proyecto de vida misionera.

2.2.1. Formando y fortaleciendo equipos de PVC con laicos de nuestras comunidades y miembros de la familia claretiana: MCM, RMI y SSCC.

  • Promoviendo, donde no lo hay, el grupo de laicos y familia claretiana pro-vocaciones.
  • Realizando periódicamente encuentros de formación y actualización en pastoral vocacional.

3.         Agentes de pastoral vocacional claretiana

3.1.            Convocar, formar y capacitar equipos de pastoral vocacional con religiosos y laicos (RED VOCACIONAL), especialmente con miembros de la familia claretiana, para una promoción vocacional integra en comunión con instancias diocesanas.

3.1.1.   Integrando consagrados (as) y laicos (as) al trabajo vocacional a nivel provincial.

  • Integrando a la familia claretiana – claretianas, cordimarianas, seglares claretianos- en el trabajo vocacional.
  • Convocando a los colaboradores mas cercanos que muestren interés en esta labor, de acuerdo al perfil del promotor vocacional, para integrarlos a los equipos vocacionales.
  • Estableciendo contacto con equipos vocacionales de congregaciones femeninas en orden a colaborar conjuntamente.

3.1.2.   Programando con consagrados (as) y laicos especialmente de la familia claretiana, el trabajo de la comunidad local en favor de la PVC.

  • Seleccionando tiempos para la programación semestral de actividades y eventos.
  • Compartiendo personal y recursos para favorecer la integración del equipo optimizando esfuerzos y resultados.

3.1.3.   Integrándonos en el trabajo de CICLA y de la PV de la Diócesis en dónde tengamos presencia, fortaleciendo los lazos de comunión.

  • Conociendo y participando en las actividades vocacionales organizadas por las instancias diocesanas.
  • Participando en los encuentros de CICLA.

3.1.4.   Convocando a los agentes de pastoral vocacional claretiana, a reuniones y talleres de capacitación para un mejor desempeño de esta labor.

  • Ofreciendo sistemáticamente material reciente sobre PV.
  • Informando e invitando a participar en cursos y talleres que ofrezcan otras instancias.
  • Organizar un taller de capacitación de PVC para los agentes locales de familia claretiana.

3.1.5.   Sensibilizando a las familias sobre su responsabilidad en la educación y en la pastoral     vocacional de sus hijos.

  • Fortaleciendo la pastoral familiar para despertar en las familias la conciencia de su responsabilidad en la pastoral vocacional.
  • Visitando y acompañando a las familias en el proceso de discernimiento de su hijo.
  • Difundiendo los calendarios vocacionales entre las familias de nuestras comunidades.
  • Elaborar material sencillo que provoque la participación familiar en la vocación de los hijos.

4.         Candidatos

4.1. Detectar la idoneidad y clarificar las motivaciones vocacionales en la primera etapa de selección.

4.1.1.      Desarrollando un proceso de acompañamiento personalizado con los candidatos respetando tiempos y espacios adecuados.

  • Implementar en el proceso de seguimiento los candidatos el proyecto de la fragua.
  • Fortalecer la relación con las familias de los candidatos.

4.1.2.      Descubriendo las motivaciones conscientes e inconscientes que llevan a los candi-datos a solicitar el ingreso.

  • Valerse de las técnicas de entrevista y material adecuado que facilite la captación de motivaciones del candidato.
  • Experiencias misioneras, en tiempos ordinarios y extraordinarios, que nos permitan conocer mejor al joven.

4.2.Orientar desde el carisma claretiano un trato íntimo con el Señor para abrirse a su gracia en un diálogo recogido y fecundo que de respuesta a las interrogantes del mundo de hoy.

4.2.1.      Pidiendo a los candidatos en proceso de discernimiento, un clima de silencio y oración para escuchar la voz de Dios.

  • Exigir un tiempo a la oración personal y frecuencia de los sacramentos.
  • Participar en algún momento de oración litúrgica de la comunidad claretiana cercana.
  • Valorar el silencio como medio favorable para interiorizar y encontrarse con Dios.

4.2.2.      Presentando el don de seguir a Cristo, misionero del Padre, en comunidad de vida apostólica.

  • Participar en retiros espirituales que subrayen a Jesús como el Hijo enviado del Padre.
  • Profundizar en el material vocacional que resalte la dimensión cristológica del llamamiento.

4.2.3.      Conduciéndolos a la lectura vocacional y asidua de la Palabra de Dios que ilumina nuestros pasos y nos hace descubrir su voluntad.

  • Iniciación en la lectura vocacional de la Sagrada Escritura, valiéndose de la lectio divina, como servidores de la palabra.
  • Proporcionar el material bíblico (diario), como herramienta de crecimiento espiritual que la misma Congregación nos proporciona.

4.2.4.      Presentando a María como fiel oyente de la Palabra, Madre, Maestra y Formadora de discípulos y misioneros.

  • Motivar a los jóvenes para rezar el rosario en clave vocacional.
  • Hacer una lectura mariana de la biografía del padre Claret, presentando a María como fiel oyente y servidora de la palabra.

4.2.5.      Iluminando los diferentes procesos personales con la experiencia vocacional de Claret.

  • Ofrecer rasgos sobresalientes de la vida del padre Fundador.
  • Evocar y aplicar la respuesta vocacional del padre Claret.

4.2.6.      Fomentando el contacto y una actitud crítica con la realidad del mundo en que vivimos.

  • Participándoles de los desafíos que presenta el mundo a los evangelizadores.
  • Proponer como temas de reflexión la justicia y paz e integridad de la creación (JPIC).
  • Ofrecer instrumentos para despertar una visión ubicada y realista del mundo actual.
  • Sensibilizándoles frente a las necesidades de los más pobres.

4.3.Mantener un buen nivel de exigencia a la hora de seleccionar a los candidatos basados en el perfil del misionero claretiano que promovemos.

4.3.1.      Siendo cuidadosos en la selección vocacional procurando elevar la calidad de nuestra vida misionera.

  • Respetar los criterios de selección que se disponen a nivel congregacional y provincial.

4.3.2.      Exigiendo exámenes médicos previos al ingreso.

  • Certificado médico general y de laboratorio: inmunodeficiencia adquirida, EGO, biometría hemática, química sanguínea QS (glucosa en sangre), reacciones febriles,   etc

4.3.3.      Valiéndose de pruebas psicológicas que permitan dar un diagnóstico y un pronóstico de cómo se encuentra el sujeto en su vida psíquica.

Pruebas proyectivas y de personalidad: Vgr Rochards, MPI II, IQ, etc.

Este Plan de pastoral vocacional claretiana se presentó en su versión original en el encuentro de responsables de la PVC en México, celebrado en Morelia, Mich. del 17 al 21 de diciembre del 2007, siendo esta versión el fruto de su evaluación y su actualización.

Apéndice II

PLAN SISTEMÁTICO DE INICIACION APOSTÓLICA (PSIA)

Objetivo general:

Que en el contexto de la Provincia de México, los formandos experimenten práctica y gradualmente la misión claretiana hoy, según sus exigencias, opciones y destinatarios preferenciales (PGF 239).

1. PRÁCTICAS DE SERVICIO MISIONERO ORDINARIO

Entendemos por prácticas de servicio misionero ordinario, aquellas experiencias apostólicas que van ejercitando a los formandos en las técnicas y métodos de la pastoral a lo largo de todo su proceso de formación inicial. Regularmente se tienen estas prácticas en los días del “fin de semana”.

1.1. Pastoral vocacional claretiana (PVC), “aspirantes en familia” (PAF) y etapa de acogida vocacional

Los candidatos admitidos en estos procesos normalmente no realizan prácticas apostólicas directas. El interés principal para con ellos es de un proceso intenso de “catequización”.

Se procurará allegarles textos catequéticos y de iniciación en la espiritualidad misionera.

En la medida de lo posible se les integrará como “un participante más” en algún grupo juvenil o comunidad cristiana.

Pueden procurarse experiencias esporádicas de sensibilización en asilos de huérfanos y de ancianos.

Esto no obsta para desarrollar otras iniciativas de acuerdo al proceso de maduración vocacional y apostólica ya tenida por los candidatos desde las comunidades de las que provienen.

1.2. Aspirantes en familia, acogida vocacional y curso propedéutico

Durante estas modalidades de acogida vocacional no se exige el desarrollo de ninguna tarea apostólica. Sin embargo, se procurará la integración a un grupo juvenil y a la comunidad eclesial de la que provienen o donde vivan.

De acuerdo a un programa, durante el tiempo de semana santa-pascua se organizará con todos en grupo una experiencia extraordinaria de “misión” en plan de vivencia, enriquecimiento y sensibilización, con intenciones de discernimiento y maduración del propio llamado vocacional.

1.3. Aspirantado (1° y 2° de filosofía, o de bienio teológico-pastoral para los hermanos)

Esta es la primera etapa en que los formandos, viviendo ya en comunidad claretiana, son introducidos en un proceso de práctica apostólica, colaborando en procesos pastorales de forma sistemática y acompañada. Según sus capacidades y experiencia, durante esta etapa se procurará comprometerlos en:

  1. a)Coordinación de procesos de catequesis infantil (formación de catequistas).
  2. b)Catequesis de grupos juveniles.

1.4. Postulantado. (3° de filosofía)

Durante esta etapa de preparación para el noviciado, se procurará que los postulantes tengan experiencias temporales de sensibilización en ambientes de pobreza y marginación. No se trata de dar seguimiento estable a proyectos pastorales sino de participación, durante dos o tres meses, en experiencias de atención a: sordos, ciegos, otros discapacitados, drogadictos, enfermos psiquiátricos, reclusorio, ambientes de prostitución, etc.

1.5. Noviciado

Según el proyecto del noviciado de Guatemala, durante el año de probación, los novicios tendrán experiencias de “práctica de la misericordia”, especialmente en asilos. En lo posible también colaborarán en algunos servicios catequéticos, de pastoral juvenil y familiar.

1.6. Misioneros en formación

Los estudiantes de esta etapa centrarán su atención en las siguientes tareas:

a) 1° y 2° de teología (o de especialización para los hermanos).

Seguimiento-coordinación de procesos de “pastoral de conjunto” en ambientes parroquiales, especialmente en grupos de: coordinación de catequesis, pastoral juvenil y vocacional, Comunidades de base o grupos análogos, atención a movimientos apostólicos, etc.

b) 3° y 4° de teología.

Aquí se ubicará la etapa de “especialización apostólica”. Durante ella se elige el área apostólica más acorde con las inclinaciones y aptitudes del formando, en consonancia con las necesidades de la Provincia y en diálogo con los superiores respectivos. Entre otras, pueden abordarse procesos en: pastoral juvenil vocacional (P.J.V.) y/o pastoral vocacional claretiana (P.V.C.), animación de la vida consagrada, pastoral indígena en “la urbe”, sordos, medios de comunicación social, pastoral universitaria, misiones populares renovadas, etc.

2. EXPERIENCIAS MISIONERAS EXTRAORDINARIAS.

2.1. Durante los tiempos de vacaciones escolares (semana santa-pascua, verano, navidad…).

A lo largo de todos los años de la formación inicial, se procurarán experiencias de trabajo extraordinario en nuestras comunidades de “iglesias en formación” y, en algunos casos, aún en comunidades de este tipo no atendidas por claretianos. Los sujetos preferenciales de estas experiencias son los indígenas, campesinos y grupos marginados de zonas suburbanas.

2.2. Durante el año de ECA (experiencia comunitario-apostólica).

Se realizará después del segundo año de teología, interrumpiendo los estudios y procurando al formando, experiencias en comunidades y tareas apostólicas prioritarias de la Provincia.

Se estructurará de acuerdo al Plan de esta etapa señalado en el PFM y al proyecto pastoral de la comunidad en donde se realice dicha experiencia.

3. SINTESIS PASTORAL

Se procurará que antes de finalizar el ciclo institucional, los formandos elaboren por escrito una “Síntesis” evaluativa y proyectiva de su proceso pastoral.

En base a ella se suscitará un diálogo con los formadores y el Gobierno Provincial, para planear su futura inserción plena en la vida ordinaria de la Provincia.

En relación a la formación continua nos proponemos promover decididamente los elementos básicos (PAGP 7.2):

a) Realizando cada claretiano de la Provincia su historial médico: físico y psicológico.

b) Ofreciendo a la Provincia subsidios que abarquen las dimensiones básicas de los misioneros.

c) Sacar más partido de las especializaciones con las que contamos

d) Promover que los miembros de la Provincia que se encuentran entre los 40 y 65 años, participen en la experiencia de reiniciación claretiana llamada “la fragua”, y que los que no han visitado los lugares claretianos lo puedan hacer en el programa llamado “encuentro con Claret”.

e) Cuidar con mayor esmero el acompañamiento a los hermanos mayores y a los enfermos, que se encuentran en la casa de recuperación provincial “Marcelino Gallardo”

Apéndice III

LA REALIDAD DE LOS FUTUROS MISIONEROS

Como cualquier plan de formación para nuestros seminaristas, metodológicamente, habría de partir de una pregunta inicial: ¿Qué tipo de misioneros claretianos queremos formar? La formación es un proceso dirigido hacia la construcción de determinados sujetos, que en este caso serían los agentes que requerirán nuestra Iglesia y nuestro país. Por supuesto que el Seminario no forma a partir de cero, sino que presupone una formación previa. Por tanto, también nos preguntamos: ¿Qué vocaciones nos están llegando? Esto nos remite a otro interrogante: ¿Cómo será el México que van a encontrar en los primeros años de su sacerdocio, quienes están entrando ahora al seminario? Obviamente también hay otras preguntas colaterales: ¿En qué Provincia se van a mover, con qué recursos y limitaciones? ¿Qué tipo de Iglesia los condicionará? ¿Qué relectura hace hoy la Congregación de nuestro propio Carisma en la Iglesia? ¿Cuál es la actuación que corresponde a los cristianos y religiosos en el momento actual?, etc.

            Si aceptamos este planteamiento inicial, se impone partir de un análisis de realidad fundamentado y profundo, sin que esto implique un rigor científico. No necesitamos de momento análisis coyunturales, de corta duración –si bien no se descartan y se recomiendan hacerse periódicamente-, sino más bien de un análisis estructural, es decir, que refleje la estructura y composición de los diversos sujetos, y que de preferencia, sea prospectivo, de modo que nos facilite prever el futuro próximo, con la provisionalidad que tiene toda realidad nacional. Como toda percepción, nuestra visión de la realidad está hecha desde determinada perspectiva (“la vista de un punto cualquiera es siempre un punto de vista”). Como creyentes, miramos la realidad con los ojos de Dios, es decir, desde los pobres y sufrientes, que además, es desde dónde menos riesgos hay de desfigurar el análisis, pues no requiere de justificaciones de la realidad imperante. Por supuesto que la realidad mexicana estará también condicionada por la realidad latinoamericana y mundial, de modo que se habrá de partir de este contexto más amplio.[8]

  1. 1.El modelo económico dominante y su crisis
  1. a)La economía mundial está actualmente sobredeterminada por el modelo de globalización neoliberal, el cual es hegemónico, imperialista y totalizador.

La economía política no es una ciencia “dura”, es decir, una episteme cuyos resultados son indubitables, precisos y sin alternativas (como serían las matemáticas, la física o la química). Se parece más a un arte para organizar toda la colectividad, tomando en cuenta los principales factores condicionantes. Los economistas, pues, organizarán una sociedad según los objetivos que les indiquen las fuerzas políticas preponderantes: o bien la maximalización de las ganancias por unos cuantos, o bien la satisfacción de las necesidades básicas de las mayorías. Por lo tanto, la economía dependerá, en última instancia, de la correlación de fuerzas políticas existentes en la sociedad en cuestión.

Hacia finales del siglo XX, coexistían en el mundo dos sistemas excluyentes –el Capitalismo y el Socialismo-, que rivalizaban en organizar el Planeta de acuerdo a su respectiva ideología (la “guerra fría”). Ya a principios del siglo pasado -con la fuerte recesión que trajo consigo el crack bursátil de 1929-, dentro del capitalismo mismo se fraguó la salida sugerida por Keynes, es decir, que los gobiernos organizaran intensa obra pública para dar dinero a la población y que ésta pudiera gastar, lo cual dinamizó la economía. Con este modelo surgieron en Latinoamérica los gobiernos propiamente “populistas”, que entonces tuvieron bastante éxito y lograron crear fuentes de trabajo, buenos salarios, prestaciones, movilidad social y la formación de una clase media consumista. En México se fraguó entonces (1936-1968) el llamado “milagro mexicano”, de reconocimiento mundial, cuyo modelo se conoce como “desarrollo estabilizador”, el cual posibilitó, a la vez, crecimiento económico, estabilidad de precios y salarios, y control de la inflación.

Con la caída del Muro de Berlín y del llamado “socialismo real”, hacia la década de los ochentas del siglo pasado, se fue imponiendo otro modelo económico: el llamado neoliberalismo, aspirando a ser un modelo global e integral. Se proclama “científico”, “moderno”. Los conductores de este modelo son las grandes corporaciones trasnacionales, que se sobreponen a los gobiernos mismos. Se basa en el libre mercado, sin frenos ni restricciones, con la suposición de que una “mano invisible” regulará automáticamente los procesos económicos, traduciéndose en el bien común de todos.

Para lograr sus objetivos, se realizan tratados comerciales, para abolir cualquier proteccionismo, con el argumento que en un mundo global, tales restricciones resultan rémoras. Juzgando de “ineficaces” a los gobiernos calificados de “populistas”, promueven la privatización, no sólo de las empresas paraestatales, sino de todos los servicios públicos (agua, medio ambiente, basura, turismo, seguridad social, educación, etc., etc.), y tratan de controlar los recursos naturales, principalmente el agua y los energéticos. Con esto, se despoja a los estados de sus decisiones en la macroeconomía, las cuales quedan a merced de instituciones financieras mundiales, tales como el Banco Mundial o el Fondo Monetario Internacional, etc. Dado que lo que se busca es la mayor ganancia, los grandes capitales no se invierten en empresas productivas, sino que prefieren dedicarse a la especulación financiera, produciendo enormes crisis. Ya que dicha especulación financiera parece menos riesgosa y de mayores ganancias que la producción de bienes, se invierte menos, con lo que disminuyen los bienes básicos en circulación, aumentando tan sólo aquellos productos dirigidos a las clases medias consumistas.

Por supuesto que no todo en el neoliberalismo es negativo. Hay que reconocer que con este modelo se encontraron varias formas de hacer ahorros; aunque al mismo tiempo, se fraguaron gigantescos emporios financieros. Dado que la libertad de mercado trae consigo otras libertades, de alguna manera el modelo promueve la justicia, los derechos humanos, la democracia, el desarrollo, la gobernabilidad, la ciudadanía, el “estado de derecho”, etc.; pero tan sólo en la medida que tales valores le resulten funcionales. El imperialismo económico, pues, ha ido de la mano del militarismo y de la violación de los derechos humanos, pretextando luchar contra el terrorismo. El mundo gasta en armamento medio billón de dólares anuales. Estados Unidos tiene bases militares en 135 países, y se reserva prácticamente el monopolio mundial de la violencia militar. Podemos, pues, decir, que el modelo económico se implanta con la fuerza de las armas, y si no bastaran éstas, las grandes cadenas y agencias noticiosas, especialmente televisivas, se encargarán de moldear la opinión pública internacional.

b) Este modelo ha ido entrando en crisis, que se irá agudizando más, pues:

  • funciona sobre la base de una gran disputa entre los poderosos: una guerra económica, financiera y tecnológica,
  • ha debilitado el derecho internacional, por lo que avanza salvajemente y sin control,
  • ha agravado las problemáticas de muerte, pobreza, desigualdad y exclusión para las grandes mayorías…, así como formas nuevas de control,
  • ha acelerado la conflictividad, el uso de la fuerza y las violaciones a los Derechos Humanos,
  • no puede frenar la devastación de recursos naturales y los daños irreversibles a la naturaleza,
  • requiere de imponerse con el respaldo del creciente armamentismo y militarización, propiciando que la privatización del gran negocio de las armas se convierta en el gran negocio de las guerras y violencias,
  • ha debilitado la fuerza vital de las naciones, culturas, tradiciones religiosas y de los más elementales principios éticos y morales.[9]

Ante el desprestigio del modelo neoliberal, en Latinoamérica, la mayoría de los Gobiernos parecen irse alejando de él, al menos de sus formas más radicales. Lula en Brasil, Cristina Kirchner en Argentina y Bachelet en Chile, Tavaré Vázquez en Uruguay, pese a que aceptan en lo fundamental el neoliberalismo, se han esforzado en mitigarlo, con reformas sociales significativas. Hugo Chávez en Venezuela, Evo Morales en Bolivia, Raúl Castro en Cuba, Rafael Correa en Ecuador y Daniel Ortega en Nicaragua, pese a sus discursos radicales, tampoco han logrado salirse del modelo. Por otra parte, la recesión de Estados Unidos y la prolongada guerra de Irak han debilitado su influencia, de modo que es previsible que los Demócratas alcancen el Gobierno y moderen un poco más los planteamientos radicales. Algunos analistas piensan que estamos entrando en una crisis histórica mundial. El factor geopolítico revela que la hegemonía estadounidense podría ir menguando. Europa se consolida económicamente y marca su influencia mundial, especialmente en África. China e India, junto con Japón, son un centro indudable en Asia. Brasil e Indonesia son economías emergentes. Los países árabes, con su petróleo, tienden a mantenerse como bloque.

  1. 2.La realidad nacional

Respecto a las desigualdades que genera el modelo, las cifras siguientes ilustran fehacientemente el caso mexicano: la mitad de la población no satisface suficientemente sus necesidades, y un 23% de los mexicanos vive en extrema pobreza, es decir, no ganan ni dos dólares diarios para conseguir los mínimos necesarios para una supervivencia sana. Al mismo tiempo, la riqueza de cinco magnates mexicanos supera con 10 mil millones de dólares a todo lo que tienen juntos ese 23% de los pobres mexicanos. El 10% de la población más acaudalada del país concentra una porción de ingreso equivalente al del 70% de los hogares mexicanos. La pobreza –unida a las presiones consumistas de la publicidad y al alcohol y la droga- han hecho crecer la violencia, tanto la de los cárteles mismos, como la violencia callejera, trayendo una gran inseguridad entre la población.

Quienes han tenido mayor lucidez en denunciar la inviabilidad de este modelo, han sido, curiosamente, los pueblos más excluidos. Desde su cultura ancestral -de mayor apego a la naturaleza y al cuidado de los recursos naturales y la siembra del propio alimento, el intercambio de bienes y servicios, etc.-, los indígenas muestran formas organizativas multiseculares, que ahora resultan modelo para el desarrollo autosustentable propuesto como alternativa.

La soberanía nacional. Supuesta la condición actual de globalización -ningún país se basta a sí mismo, pues todos somos interdependientes-, un país soberano sería aquel que puede satisfacer autónomamente todas sus necesidades. Nuestra vinculación orgánica con la economía estadounidense es explicable, dada nuestra gran frontera con aquel país. Sin embargo, nos hemos excedido en concesiones. Basten estos ejemplos:

  • La dependencia alimentaria.- Con el TLCAN nos hemos hecho dependemos del extranjero para los cereales y alimentos básicos; mientras la gran industria alimentaria mexicana exporta alimentos suntuarios. Es decir, nuestro estómago está hipotecado a nuestro “buen comportamiento” político.
  • Nuestras reservas petroleras.- Estamos sufriendo la embestida de las grandes trasnacionales de energéticos para garantizarle al vecino del Norte el flujo de petróleo.
  • El flujo migratorio.- Cada año han estado pasando al otro lado de la frontera unos 400,000 mexicanos, los cuales envían sus remesas a sus pueblos de origen. Es decir, dependemos de Estados Unidos para resolver el problema del desempleo y de la extrema pobreza, así como de la fuente de divisas que aportan los emigrados. Ahora, con el muro y el cambio de la política antimigratoria de Estados Unidos seguramente seremos afectados.
  • La política exterior.- Hace años México tuvo una política exterior independiente, y apoyaba a otros países con la “doctrina Estrada”: el respeto a la libre autodeterminación de los pueblos. Ahora hemos perdido aquella soberanía diplomática y política. Con tratados y negociaciones ocultas nos hemos comprometido a combatir el narcotráfico y nos plegamos a las directrices del Norte en el combate a la contrainsurgencia, pretextando un supuesto terrorismo.
  • Soberanía militar.- El Ejército Mexicano debiera ser el mejor garante de nuestra independencia nacional. Es verdad que ante el poderío militar de nuestro vecino del Norte, resulta claramente insuficiente. Sin embargo, nuestro ejército cuenta con un presupuesto demasiado generoso, y se prepara recibir apoyos económicos de Estados Unidos (Plan Mérida), supuestamente para combatir el narcotráfico y el terrorismo. Esto hace sospechar que tenemos un “ejército de ocupación”, que tutela, ante todo, los intereses norteamericanos contra cualquier conato de contrainsurgencia que pudiera amenazar la seguridad nacional… de los Estados Unidos.
  1. 4.La reforma del Estado

A veces identificamos “estado” con “gobierno” o con “nación”. “Estado” es un pacto social, en el que los diversos actores políticos acuerdan –o imponen- determinada manera de relacionarse para evitar confrontaciones violentas. Incluye un marco legal y formas de administración pública. El “gobierno”, en cambio, es el aparato administrativo y los poderes instituidos para el ejercicio de la conducción, y la “nación” hace referencia a lo étnico cultural.

En nuestra historia como nación, hemos tenido algunos “estados”, que han significado los grandes hitos de nuestra vida social. El primer pacto social se dio después de la Independencia, en medio del conflicto entre españoles peninsulares y criollos.[10] En él se organizó el régimen republicano, siendo la religión católica la única reconocida y se abolieron las “castas”. El segundo pacto se plasmó en las leyes de Reforma, en 1857, después del conflicto entre conservadores y liberales. El tercer pacto se dio después de la Revolución Mexicana, en la Constitución de 1917, después del conflicto entre la oligarquía porfiriana y los diversos grupos revolucionarios. Con Lázaro Cárdenas este Estado revolucionario toma cuerpo, en beneficio de la burguesía nacionalista en alianza con los sectores populares. Fue de este pacto que salió el Partido Revolucionario Institucional. Llevamos, pues, más de un siglo con esta Constitución, sostenida en la mayor parte de tiempo por la hegemonía de dicho Partido, en el poder por más de 70 años. El modelo económico funcionó, al menos hasta 1968, con Díaz Ordaz. El descontento de las clases medias durante dicho sexenio expresó la necesidad de algunas adecuaciones.

Los Gobiernos neoliberales, a partir del sexenio de Miguel de la Madrid, trataron de ir modificando dicho pacto, mediante parches y enmiendas a la Constitución, al punto que tales modificaciones hicieron perder la coherencia y unidad de la Carta Magna. El deterioro del PRI en el poder, debido a sus características de fraude electoral, caudillismo y corrupción, fue ocasión del ascenso al Gobierno del Partido de Acción Nacional, de cuño conservador y con ideas claramente neoliberales. La tarea histórica esperada del Gobierno de Vicente Fox había sido la transición democrática, la cual quedó frustrada. Ahora es patente la alianza entre el PRI y el PAN, con la herencia de antiguos vicios. Felipe Calderón llegó débil, cuestionado por grandes sectores con motivo de la limpieza electoral. Tuvo, por tanto, que apoyarse en los llamados “poderes fácticos” -el ejército, las poderosas familias de empresarios, las televisoras y la Iglesia-, aparte de plegarse a los lineamientos norteamericanos, a los que México y Colombia son los únicos países del subcontinente que los siguen sin replicar. Otro poder real es el crimen organizado, contra el cual se lanzó el Presidente, cosa que le hace verse militarista y partidario de gobierno fuerte.

La transición democrática. En estos años se ha dado un indudable avance democrático.

Es verdad que los resultados de las elecciones todavía no alcanzan suficiente credibilidad; pero se van aplicando mecanismos para organizar las elecciones cada vez mejor. Se ha avanzado en la autonomía de los Poderes de la Unión, así como en los derechos humanos; aunque aún falte mucho por hacer. Otro tanto puede decirse acerca de la libertad de expresión y de la transparencia administrativa. Por el contrario, la democracia partidista se está desacreditando por la corrupción, la ambición, el oportunismo y la poca fidelidad a la ideología que lo identifique. Ante esto, en la sociedad civil emergen movimientos sociales que van creciendo en creatividad y experiencia, exigiendo nuevas formas organizativas.

Se vive, pues, una profunda crisis del estado corporativo, implementado por el PRI, la cual afecta a sus instituciones y su régimen político de representatividad y de gobierno. Grandes sectores de la población desconfía de ellas; pero al mismo tiempo, los movimientos sociales han venido consolidando diversas dinámicas y diferencias identitarias. En una palabra, este Estado no puede ya ni conducir ni representar la dinámica y perfil de la sociedad mexicana. Todo indica la necesidad de rediseñar un gran Proyecto Nacional; aunque se está dando una fuerte disputa por definir las reformas que habría que hacerle al nuevo Estado, lo cual alcanza a concepciones alternativas y escenarios para la propia nación mexicana, definida ya como “pluricultural”.

El escenario previsible para un futuro próximo es el de confrontaciones intensas entre estos dos modelos.La disputa de Proyectos de Nación explica buena parte de las estrategias y reacomodos políticos. El modelo neoliberal tratará de reformularse mediante una clase política reciclada, en aras de mantener y consolidar sus viejos rasgos, privilegios y habilidades (represión y cooptación, autoritarismo y corrupciones; aunque con un nuevo discurso políticamente correcto con el que se encubran las violaciones a los derechos humanos….). La novedad de los gobiernos panistas, a diferencia de los priístas, es su interés por vincular a la Iglesia Católica, mediante donativos y la aplicación de legislaciones al gusto de ésta.

La oposición real a dicho proyecto tendrá como tarea histórica diseñar un proyecto alternativo, realista y viable, probablemente mediante reformas paulatinas. Es la Izquierda quien plantea ese cambio de modelo económico y la reforma del Estado. Pese a que en las elecciones del 2006 casi la mitad de los votantes prefirieron esta alternativa, ahora está sumida en una profunda crisis. Nuestra Izquierda revela primitivismo, oportunismos y falta de liderazgos. Se encuentra debilitada y escindida, entre el liderazgo carismático de Andrés Manuel López Obrador, de cuño neopopulista de masas, y la fracción parlamentaria, más dispuesta a las negociaciones y arreglos en aras del gobierno. Existen, además, varios movimientos sociales y grupos armados al margen de dichas organizaciones políticas, las cuales reclaman mayor radicalidad. De recomponerse una Izquierda más moderna, se podría esperar de su triunfo un Gobierno menos dócil al extranjero -al modo de lo que sucede entre los países del Pacto Andino-, y una política social más justa.

Esta polarización política e ideológica se manifiesta en diversas coyunturas, tales como ahora sucede en torno a la reforma energética. De no llegarse a acuerdos mínimos de convivencia mediante un nuevo pacto social, puede preverse un crecimiento de la violencia y desórdenes incontenibles, lo cual daría pie a la represión y a la tentación de un Gobierno fuerte y autoritario, que más bien postergaría, la inconformidad. Pero las fuerzas de cambio volverán a manifestarse, tarde o temprano, y con mayor violencia.

  1. 5.Crisis de valores

La realidad sociopolítica y la polarización anterior tienen forzosamente que reflejarse a nivel ideológico. La globalización económica va aparejada con una globalización cultural, la cual, en su fragmentación de retazos de tradiciones culturales, lleva consigo valores éticos diversos a los de nuestra tradición. Van abriéndose así nuevos sistemas de valores, más o menos fundamentados, que obligarán al Estado a una mayor tolerancia. Los jóvenes son quienes mejor encarnan dichos valores.

  1. 6.Desafíos para la Iglesia

Con la situación cultural de la modernidad tardía, se ha venido modificando la realidad social del campo religioso mexicano. Algunos de estos cambios parecen irreversibles, y la Iglesia tiene que reconocerlo, como condición para cumplir con su misión evangelizadora:

  1. 1.El proceso de secularización ha ido avanzando, si bien con modalidades diferentes a las que preveían los clásicos de la sociología: el pueblo, en su mayoría, no ha dejado de creer en los valores religiosos; pero sí de practicar y de identificarse con una institución eclesial grande y anónima.
  2. 2.La religiosidad popular se va modificando, en la medida que lo hace la comunidad tradicional campesina, y a veces se refuncionaliza en los grupos pentecostales. Las masas suburbanas, descuidadas de la pastoral de la Iglesia, ante la precariedad de la vida, tienden a formas mágicas, fuera del control eclesiástico (la Santa Muerte).
  3. 3.Se ha transitado, de una situación de monopolio religioso católico, a otra de pluralismo religioso, lo cual implica actitudes de tolerancia y respeto.
  4. 4.En la concepción religiosa del Estado, México se ha debatido entre el modelo de Estado confesional, que se tuvo anterior y el Estado liberal, con una concepción de laicismo de tipo jacobino, anticlerical. Ahora parece que estamos transitando hacia un nuevo modelo de Estado laico, que tutelaría las diversidades religiosas o de concepciones del mundo, reconociendo así el pluralismo realmente existente.
  5. 5.Todo esto implica para la Iglesia una nueva pastoral, que ya no dependa del aparato gubernamental para marcar a toda la población sus directrices, sino que las proponga directamente a sola su feligresía.
  6. 6.El posicionamiento político de las cúpulas jerárquicas, como actores sociales, representa para la Iglesia, a la vez, una oportunidad y un desafío. Ahora su voz puede ser proclamada a través de los mass-media y hacerse oír por un auditorio mayor. Se esperaría que esta oportunidad se aproveche para proclamar el evangelio de manera profética. Sin embargo, con frecuencia la participación pública de algunos obispos los reduce a la misma categoría de otros actores políticos: al subirse al estrado público debieran prever que se les tratará igual a de los demás actores, pues en un mundo secularizado ya las investiduras dejan de contar. Muchas veces se echa de menos en ellos un discurso religioso o moral, pues da la impresión de un apoyo acrítico a las políticas del grupo gobernante.
  7. 7.La realidad de pobreza y opresión en que viven las mayorías de los mexicanos hace sentir con mayor viveza que algunos años atrás, la “opción por los pobres” y por el modelo económico político que mejor garantice sus intereses. Esto, obviamente, significará una mengua de los apoyos que brindan los “poderes fácticos” (políticos de derecha, TV, empresarios… y hasta las narcolimosnas del crimen organizado).
  8. 8.La difusión de valores ético-morales diferentes a los que promueve el Magisterio; pero que muchos sectores de la población acepta honestamente, obliga a respetar esas concepciones morales. Más que condenas, pareciera que lo que se pide sea mayor comprensión.
  9. 9.La identificación que manifiesta un sector de la cúpula eclesial con el Partido en el poder resta credibilidad a su palabra. Pone a muchos católicos en un predicamento absurdo: oponerse al modelo económico político imperante significa oponerse a la Iglesia toda, al Evangelio y a Dios.
  10. 10.Hace falta una profecía al interior de la Iglesia, que sería el espacio más exigido a los religiosos y que también se nos pedía a los claretianos.
  11. 11.De la respuesta a estas realidades dependerá la viabilidad y la credibilidad que siga teniendo el cristianismo en un amplio sector de la población.

La realidad juvenil

Ser joven en México es casi sinónimo de exclusión social. Según datos del Instituto Nacional de Estadística, Geografía e Informática (INEGI), durante el año 2000 había en el país 33,613,437 jóvenes entre los 12 y los 29 años de edad, es decir, el 34.5% de la población total. De ellos, cerca de 14 millones no asistía a la escuela (más de 6 millones no había cursado ningún año de educación posprimaria). El empleo ha sido una experiencia conocida para la mayoría de las y los jóvenes, ya que el 64.7% indica que ha trabajado alguna vez en su vida y otro 10% ha realizado actividades laborales no remuneradas. El tiempo que tardan para emplearse va en relación inversa a la edad: el 50% de jóvenes entre 12 y 19 años tardó menos de un año en conseguir empleo mientras que el 17% de jóvenes entre 20 y 25 años tardó cuatro años o más. Hay 15 millones de jóvenes desempleados, 8 de ellos no estudian ni trabajan (sobre todo muchachas). 15.5 millones (el 60% de las y los jóvenes) no cuenta con servicio médico que les preste atención regular, ya que la mayoría pierde el derecho a la seguridad social que adquieren a través de sus padres, en tanto no demuestren que siguen estudiando. Casi la mitad de los jóvenes vive en ciudades con más de 100,000 habitantes.[11] En las barriadas son extorsionados por la policía, simplemente por la sospecha debida a su atuendo, por lo que constituyen un buen negocio. Esta situación es la misma de la mayoría de los países latinoamericanos.[i]

            Muchos de estos jóvenes de ambientes empobrecidos tuvieron que dejar sus hogares obligados por las circunstancias: cuando los hijos fueron creciendo, la pequeña vivienda resulta insuficiente para una familia. En este ambiente, los esposos procuran que sus hijos estén el mayor tiempo posible en la calle, a fin de procurarse algo de intimidad. A lo mejor el padre ya desapareció y la madre sale a trabajar lejos. Los jóvenes estorban, gastan mucho y no aportan nada, ni siquiera ayudan a sus hermanas con el trabajo doméstico. Hay formas de expulsión del muchacho del recinto familiar, al menos durante el día, de modo que algunos llegan a vivir prácticamente en la calle (los “niños de la calle”). En esas circunstancias, el muchacho es empujado a buscar fuera una familia sustituta -la banda”-, base del pandillerismo urbano actual.[12]

Quienes encarnan mejor los valores del tiempo son los jóvenes. Los científicos sociales ven al joven como producto de su tiempo, como resultado de la interacción de los procesos de desarrollo biológico, mental y social; pero también de las tendencias socioeconómicas y las influencias culturales: “La juventud aparece como una ‘construcción cultural’ relativa en el tiempo y en el espacio. Cada sociedad organiza la transición de la infancia a la vida adulta, aunque las formas y contenidos de esta transición son enormemente variables”. [13] La juventud, pues, es una condición de vida determinada fuertemente por el contexto sociocultural de la respectiva sociedad, de ahí la importancia que cobra el factor generacional para caracterizar a los jóvenes de cierto período.

Por supuesto que no todos los jóvenes presentan la misma sicología; aunque participen de ciertos rasgos comunes a su generación. Podemos distinguir distintos tipos de jóvenes, ya que no todos reaccionan de la misma manera a los condicionamientos sociopolíticos presentados. A modo de ejemplo, tenemos el estudio realizado en 1999 por la Fundación Santa María sobre la juventud española.[14] Ellos distinguieron cinco tipos de jóvenes, que también los encontramos en México, si bien su porcentaje varía mucho respecto a la sociedad española:

  1. a)El grupo anti-institucional, caracterizado por el vandalismo callejero, con postura inconformista y comportamientos arriesgados y aventureros, aunque de ello se produzcan efectos negativos sobre los demás (5%).
  2. b)El grupo libredisfrutador, también inconformista e anti-institucional; pero que renuncia a la violencia física y viven para la fiesta y el espectáculo (24,68%).
  3. c)El grupo institucional e ilustrado, el más numeroso e integrado socialmente. Viven contentos, estables, centrados. Asumen las estructuras y dinamismos de la sociedad y se sienten del lado de los vencedores (29,67%).
  4. d)El grupo altruista/comprometido, también integrado socialmente, con matiz religioso. También adoptan una actitud crítica ante la realidad social; aunque expuestos a ser “flor de un día”, por sus reticencias ante militancias estrictas (12,22%).
  5. e)El grupo retraído social, libres de gran parte de los estímulos que mueven el mundo juvenil. No son amantes de novedades, ni de salir con amigos, ni aspiran a sensaciones inéditas, ni se obsesionan por el éxito laboral o la acumulación del dinero (28,3%).

Para algunos especialistas, la generación que nació en los ochentas, la llamada “Generación del Milenio”, es la generación “más numerosa, la más rica, la mejor educada y la más étnicamente diversa de las generaciones. Desilusionados de las fantasías hippies, amargados por el “fin de las utopías” y desesperanzados por la crisis de fe, “fueron entrenados para ser actores y para alcanzar sus metas”. Sin avergonzarse de sus emociones, encuentran que ser “cool”, es decir, no dejarse afectar por nada ni por nadie, puede ser preferible. Por supuesto, estamos hablando de las clases media y media alta, que son las favorecidas.[15]

La religión de los jóvenes

            Según la Encuesta Nacional de la Juventud, realizada el año 2000 sobre 33´634,860 jóvenes de ambos sexos, la religión de los jóvenes varones entre 20 y 24 años (nuestros candidatos al seminario), sería así: Un tercio (35.1%) se reconoce católico practicante (con tendencia a disminuir según la edad). La mitad se siente católico no practicante (52%); apenas un 12.3% pertenece a otra religión.

            Pero aún los varones entre los 12 y los 30 años que se dicen católicos practicantes, carecen de formación religiosa, como se puede notar en lo que creen:

Temas

Sexo de joven

Hombre

No

El alma

88.1

11.5

El infierno

63.5

36.0

Los milagros

79.8

19.7

La virgen de Guadalupe

87.2

12.3

El pecado

84.8

14.8

Los horóscopos

24.9

74.6

El demonio

54.3

45.2

Los amuletos

23.2

76.3

Espíritus, fantasmas, espantos

40.3

59.2

Por lo que respecta a sus prácticas, aún los “católicos” dejan mucho qué desear: un 40% lee los horóscopos, más del 80% se persigna al pasar frente a un templo. Pero alienta saber que más de la cuarta parte ha participado en algún encuentro juvenil religioso y un 40% participa en peregrinaciones.

Frecuencia

Persignarse al pasar por templo

Leer horóscopos

Participar en peregrinaciones

Lectura de tarot, cartas

Prender veladoras a algún santo

Participar en encuentros juveniles religiosos

Hombres

Siempre

44.6

5.4

6.5

0.8

11.1

5.7

A veces

36.4

35.4

33.1

6.3

38.1

24.5

Nunca

18.5

58.7

59.9

92.3

50.2

69.3

No contestó

0.5

0.5

0.5

0.6

0.6

0.5

Total

100

100

100

100

100

100

Para la mayoría de los jóvenes varones, la religión es una fe alienada, que no influye en las principales actividades de su vida.

Influencia de las creencias religiosas sobre…

Hombres

No

No contestó

Tus actitudes sobre la sexualidad

17.4

78.3

4.3

Tus preferencias hacia un partido o candidato

7.7

88.7

3.6

Tus actitudes hacia el trabajo

24.3

71.5

4.2

Tus actitudes respecto a problemas sociales

22.5

73.8

3.7

Apéndice IV

HACIA LA FORMACIÓN DE MISIONEROS

(sugerencias para una iluminación)

  • Como pudo verse, la realidad con que se encontrarán nuestros formandos actuales será dramática. En su futuro ejercicio pastoral tendrán que optar. La viabilidad de la Iglesia en el futuro próximo se decidirá en el terreno de lo social. La falta de conciencia o una pastoral “angelista”, que pretendiera permanecer al margen, se traduciría, como es de suponerse, en sostén del “statu quo”, en este caso el modelo imperante, que requiere y solicita la legitimación religiosa. En cambio, es probable que próximamente vaya aumentando el profetismo de los cristianos en apoyo de otro modelo alterno emergente.
  • Este análisis estructural –dirigido un tiempo de media duración- debiera complementarse con “análisis coyunturales” –de corta duración-.
  • Esto significa desarrollar en los formandos el gusto por la lectura del periódico y el sentido crítico, en especial de la visión política difundida por la TV. Lo ideal sería que tuvieran alguna reflexión de fe sobre los acontecimientos. Al no iniciar en ellos el interés por la realidad que vive el pueblo, les estamos simplemente formando para ser apoyo del modelo imperante, cuya factura la cobraría la historia.
  • Las conclusiones del análisis tienen implicaciones sobre el anuncio del Evangelio y la forma de vivir la vida religiosa. Habría que buscar, entonces, en nuestro corpus doctrinal y programático de la Iglesia y de la Congregación, orientaciones para dichas tareas evangelizadoras y carismáticas (la “opción por los pobres”, el ministerio profético de la Palabra, el trabajo por la Justicia, la Paz y la Integridad de la Creación, etc.). Todo esto, aplicándola a los análisis que vayan haciendo sobre la realidad.
  • Para la “iluminación” de esta realidad, la teología tradicional conservadora resulta inadecuada. Se precisa otra reflexión teológica que verse sobre la vocación profética, la misión compasiva de Jesús, las concreciones del “Reino de Dios”, las tareas de servicio de la Iglesia, el rol del sacerdote, etc.



[1] DVC 49, cfr PGF 286

[2] DVC 64

[3] DVC 65

[4] DVC 67

[5] Idem

[6] DVC 113 cfr PGF 243-247,296.

[7] Dir 173

[8] El presente análisis se basa en el realizado por Miguel Álvarez, con quien coincido, procurando explicarlo un poco más pedagógicamente.

[9] Párrafo literal de Miguel Álvarez

[10] Esta pacto se plasmó en “Los Sentimientos de la Nación” de Morelos, en 1813, y fue reforzado con la Constitución de Apatzingán de 1814.

[11] Alfredo Nateras Domínguez, investigador de la Universidad Autónoma Metropolitana-Iztapalapa y coordinador del programa de culturas juveniles (La Jornada, México, 10 julio 2005). Investigación de Julieta Quilodrán, doctora en demografía por la Universidad Católica de Lovaina, Instituto Mexicano de la Juventud, (La Jornada, 25 de marzo de 2005). Encuesta Nacional de la Juventud 2000. José Antonio Pérez Islas, Maritza Urteaga Castro-Pozo: Historias de los jóvenes en México, Instituto Mexicano de la Juventud, la Secretaría de Educación Pública y el Archivo General de la Nación Extractos en La Jornada, 7 de marzo de 2005.

[12] Fabricio León: La Banda, el Consejo y otros Panchos”, Grijalbo, México, 1984

[13] Carles Feixa, citado por Gabriel Medina Carrasco: “La vida se vive en todos lados: la apropiación juvenil de los espacios institucionales” (Chile), en: http://www.sexualidadjoven.cl/estudios/est_Medina_LaVidaSeViveEnTodosLados.htm Consultado el 10 agosto 2005.

[14] E Bueno de la Fuente: “España, entre cristianismo y paganismo”, San Pablo, Madrid, 2002, pp.99-102.

[15] Dr. Julio A. Fonseca de la Universidad del Sagrado Corazón: “Conociendo la Generación Y”, en: http://oprla.collegeboard.com/ptorico/academia/diciembre03/conociendo.html



[i] En las barriadas de las grandes ciudades del continente se observan los siguientes factores:

  • La pobreza, que implica retraso del crecimiento, bajo peso corporal, nutrición inadecuada, infecciones respiratorias agudas, enfermedades diarreicas, etc.
  • Las tasas de deserción escolar en las barriadas son asombrosamente elevadas en la adolescencia tardía. El nivel de educación influya en problemas tales como el embarazo en adolescentes, el abuso de sustancias y la violencia.
  • En 1995, el 75 por ciento de la población joven de la Región vivía en zonas urbanas y había aumentado a 80 por ciento en el año 2000.
  • El desempleo de los adolescentes es el doble del de los adultos, y muchos adolescentes que trabajan lo hacen en el sector informal.
  • Como ya se dijo anteriormente, la mitad de las muchachas del Continente entre los 15 y los 19 años tendrá un hijo, y se estima que cuatro de cada diez embarazos terminan en aborto. Sólo 1 de cada 10 adolescentes solteros y sexualmente activos utiliza algún método anticonceptivo. La mitad de las personas infectadas por el VIH tienen 24 años o menos.
  • Una prevalencia alta de violencia en la vida de las adolescentes de 13 a 14 años, tanto en el hogar como en la escuela.
  • El abuso de drogas y alcohol, amén de alta de tabaquismo.
  • La desintegración familiar, el consumismo y la familiaridad con miles de escenas violentas transmitidas por televisión.
  • Mundialización del mercado de narcóticos y de armas.

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