TRES CARACTERÍSTICAS DE SAN ANTONIO Mª CLARET

TRES CARACTERÍSTICAS DE SAN ANTONIO Mª CLARET

 
 

a) La primera y más importante es el celo apostólico.

 

Es un hombre de oración, agraciado por muchas experiencias místicas. Imita a Cristo no solamente en su conducta externa sino que sobre todo se identifica con las actitudes de Jesús, con sus deseos, con su misión. Cristo está profundamente arraigado en su corazón y por tanto quiere llevarlo a todos los hombres. ¡Ésta es una preciosa oración: “Dios y Padre mío! Qué yo te conozca y te haga conocer; te ame y te haga amar; te sirva y te haga servir; te alabe y te haga alabar de todas las criaturas. ¡Que todos los pecadores se conviertan! Que todos los justos se mantengan firmes en la fe y que todos, un día, nos encontremos en tu reino. Amén.”

 

Realiza todo lo que corresponde al ministerio sacerdotal, pero promueve el desarrollo integral de las personas: promueve la cultura, lucha contra la esclavitud, crea las Cajas de ahorro, funda bibliotecas.

 

Se vale de todos los medios; pensando sólo en el bien de la gente. Analiza la realidad, busca la causa de los males de su tiempo: la progresiva decristianización, la falta de cultura religiosa, el comunismo en cuanto niega a Dios. Y elige los medios más eficaces y oportunos para combatir esos males.

 

b) Maria Santo siempre ha estado presente en la vida del P. Claret.

 

Su devoción al Corazón de Maria es esencialmente una devoción apostólica, sobre todo cuando ha visto las conversiones obtenidas por los ruegos de la Archicofradía parisina de N. S. de las Victorias. Maria es la Mujer victoriosa que vence el mal. La devoción al Corazón de Maria es no es una devoción intimista, porque entiende que el corazón es la sede de la interioridad, lo más profundo de la persona, y en el caso de María simboliza la apertura a Dios, el interés por los hermanos y el servicio a ellos, el desinterés, la bondad y la ternura. Él se consagró al Corazón de Maria, como también lo hacemos nosotros, los claretianos, porque nos reconocemos fundados como Instituto gracias a una particular intervención materna de Maria. Por Maria el Espíritu nos configura al Hijo Misionero del Padre. Por el espíritu de nuestra Madre nuestro apostolado adquiere el sello de la humildad, de la mansedumbre, del amor materno y la ternura.

 

c) La multiplicación de evangelizadores

 

Suscitó una entera familia de seglares, sacerdotes y religiosos, que él concibió como un gran ejército de evangelizadores bajo la insignia del Corazón de Maria. Fundó la Congregación de los Misioneros Hijos del Corazón Inmaculado de Maria, las religiosas de Maria Inmaculado, el instituto secular Filiación Cordimariana y muchas asociaciones de laico. La comunicación del misterio total de Cristo a través del servicio de la Palabra es el núcleo central del carisma de la entera familia clarettiana. La Palabra es la protagonista en nuestro espíritu de familia, una Palabra escuchada y acogida que nos evangeliza a nosotros mismos, que anunciamos a otros por todos los medios y en todas sus formas, con la garantía o el respaldo del testimonio de vida, y que pretende llevar al encuentro personal con la Palabra hecha carne.

 

Los seglares claretianos realizan especialmente su misión en la animación trasformadora de las realidades temporales y cooperando, como laicos, en la construcción de la Iglesia local como comunidad de fe, de esperanza y de caridad.

 

 

LA CONGREGACIÓN CLARETTIANA

 

1. El espíritu de la Congregación Claretiana

             

La Congregación de los Misioneros ha mantenido siempre viva la conciencia de haber nacido en la Iglesia como una comunidad convocada y consagrada bajo la acción del Espíritu Santo y la mediación de San Antonio Mª. Claret. Y con su espíritu, la Congregación siente la responsabilidad de actuar sus iniciativas misioneras y de promover todas aquellas las que él no pudo realizar.

 

Cuando se habla de una Congregación se piensa de modo inmediato en la organización, en los números de miembros, en sus obras. Pero lo más importante es su espíritu, su carisma, lo que define su ser en la Iglesia. Las Constituciones (nº. 4) dicen que a los “Hijos del Corazón Inmaculado de la Beata Virgen Maria, llamados como los Apóstoles, les ha sido concedido el don de seguir a Cristo en comunión de vida y de predicar el evangelio a cada criatura, yendo por todo el mundo”. El P. Claret lo define así: “es una persona que arde en caridad y abrasa por donde pasa. Desea efectivamente y procura con todas las fuerzas inflamar a los hombres en el fuego del divino amor. Nada le arredra, se goza en las privaciones, afronta las fatigas, abraza los trabajos, se alegra en las calumnias, y en los tormentos que le toca padecer y se engreirse cruz de Jesucristo. No piensa sino cómo seguirá e imitará a Jesús en la oración, en los trabajos, en el sufrir y en buscar siempre y únicamente la gloria de Dios y la salvación de las almas”, CC n. 9). Éste es un verdadero retrato del Padre Claret y un ideal por todo nosotros, en el que nos hemoscomprometido.

 

Nuestra especial vocación en el Pueblo de Dios es el ministerio de la Palabra, en comunidad de vida, a través del que les comunicamos a los hombres todo el misterio de Cristo, siempre en conformidad con el espíritu y el estilo heredado por el Fundador Claret. La misión de la Congregación forma parte de la misión de la Iglesia y la ha recibido de la misma Iglesia, y se cumple suscitando y consolidando comunidades cristianas, sea por la conversión de los no creyentes a la fe en Dios a través de Cristo, sea renovando la vida cristiana y llevándola a la perfección.

 

La misma consagración a través de los votos de pobreza, castidad y obediencia en comunidad de vida es la primera forma de evangelización. En efecto, primero tenemos que hacer lo que predicamos, porque el cristianismo no es una filosofía, una doctrina espiritual; es una vida, y el cristiano, y sobre todo el misionero tiene que ser un testigo de su fe y vivir aquello que predica. Por eso tiene mucha importancia la espiritualidad personal y comunitaria, la vida de oración, la fraternidad.

 

El contenido de nuestro proyecto de vida se encuentra en las Constituciones, es desarrollado por un punto de vista espiritual y jurídico en el Directorio. Y cada seis años se actualiza el programa apostólico en los Capítulos Generales, el encuentro de los representantes de todos los miembros de la Congregación y supremo órgano de gobierno.

 

Pero todo esto sería nada sin las personas, sin los claretianos.

 

2. Las estadísticas

 

La Congregación fue fundada por el Padre Claret en julio de 1849 en Vic, en Cataluña, España. El P. Claret convocó a 5 sacerdotes que tenían su mismo espíritu. “Hoy empieza una gran obra”, dijo el P. Claret a sus amigos; “pero como será posible si nosotros somos tan pocos…”, contestó otro. Verdaderamente tenemos que dar gracias Dios por su providencia: después de cincuenta años, en el 1900, la Congregación se componía de sesenta casas y 1370 misioneros. En 1950, en el centenario de la fundación, eran 240 casas y 1500 miembros. Hoy tenemos 427 casas pero.

Somos un pequeño grupo en medio de nuestro mundo de más de seis mil millones de habitantes, de nuestra Iglesia, con más de mil millones de católicos, y de la misma vida religiosa o consagrada, de la que forman parte más de un millón de personas en institutos de derecho pontificio. El 31 de diciembre de 2002 nuestra Congregación constaba de 3.063 miembros, de los cuales: 15 obispos, 2.027 presbíteros, 4 diáconos permanentes, 239 hermanos, 633 estudiantes y 145 novicios. Los datos demográficos de 2002, comparados con los presentados en el Capítulo de 1997, nos llevan a un moderado optimismo respecto al número de presbíteros y estudiantes -que ha crecido ligeramente- y a una seria preocupación por el descenso progresivo y constante en el número de hermanos. El número de novicios se mantiene estable en el conjunto de los 18 noviciados con los que actualmente cuenta la Congregación.

Las entradas y profesiones siguen siendo ligeramente superiores a las muertes y a las salidas.

 

La Congregación, nacida en España, pronto se extendió por África: Argelia, primero, y Guinea Ecuatorial, después; por América (empezando en Chile). Ahora está presente en 57 países de todo el mundo: 12 en África con el 8.3% de los claretianos; 8 en Asia y Oceanía, el 16.61% de la Congregación,; 21 países en América Latina y Caribe, con el 26% de claretianos, 2 en América del Norte, poco menos del 7%, y 14 en Europa, 42.38%, teniendo presente que casi el 32% se encuentra en España y Portugal. Por lo tanto, casi la mitad se encuentra en Europa, una cuarta parte a América latina y la otra cuarta parte a África y Asia.

 

Pero el panorama cambiará pronto: la Congregación crece en Asia y en África, disminuye en Europa y en América del Norte; y se mantiene más o menos igual en América Latina. Basta ver cómo se ha desarrollado la Congregación en Congo, Camerún, Guinea Ecuatorial, Colombia, Brasil, Argentina, India, Filipinas e Indonesia, por ejemplo. Tenemos que darnos cuenta que al principio del siglo XX el 77% de los católicos estaban en Europa, y en los Estados Unidos por la emigración europea, y sólo el 23% estaba en el resto del mundo. Hoy el 70% de los católicos se encuentra en el resto del mundo y sólo el 30% en Europa.

 

El 31 de diciembre de 2002 la Congregación tenía 655 profesos en formación inicial:

 El 43,9% en Asia.

 El 34,5% en África.

 El 14,7% en el Caribe y América Latina.

 El 3,8% en Portugal y España.

 El 1,9% en otros países de Europa.

 El 1,2% en Estados Unidos y Canadá.

        Los novicios eran 145:

 El 56,8% en Asia.

 El 21,3% en África.

 El 13,7% en América Latina y el Caribe.

 El 5,5% en Europa (CEC)

 El 2,7% en Estados Unidos y Canadá.

 Ninguno en Portugal y España.

 

 

Por nacionalidades son 1047 españoles, 353 indios, en sólo 25 años de presencia claretiana; nigerianos son 190 y colombianos 164. Los italianos son 44.

 

La edad mediana es de 49,7 años (2003). Naturalmente los claretianos más jóvenes se encuentran en los países de África y Asia.

 

3. Las presencias y los servicios apostólicos

 

El servicio misionero de la Palabra se realiza en formas múltiples: palabra hablada, palabra enseñada, palabra escrita, palabra cantada, palabra bailada. Y se realizan en estructuras propias y de otros: universidades, centros educativos, centros de formación profesional, en centros de formación humana y social. Las principales estructuras son:

 

– Parroquias         urbanas                125

                   suburbanas           59

                   rurales                  153

– Centros educativos      propios                                    54

                                       parroquiales                                      7

                                       escuelas maternas                    3

                                       residencias universitarias                  4

                                       convitti                                    6

                                       convitti en misión                    9

– Pastoral juvenil  centros precisas                       11

                             equipos específicos                  6

– Medios de comunicación       editoriales             11

                                                revistas                 15

                                      radio y tv                        6

– Formación de evangelizador            laicos          7

                                                          religiosos    3

– Centros bíblicos                              6

– equipos de evangelización popular 5

– Casas de ejercicios                17

– Iglesia-santuarios                  21

– Centros de trabajo con los marginados    9

– Centros misioneros               85

 

Desde el punto de vista ministerial la Congregación presenta el siguiente cuadro:

 el 26% de sus miembros está en formación inicial o especializada;

 el 20,6% en parroquias;

 el 10,2% en misiones;

 el 8,39% son ancianos o enfermos;

 el 6,8% en enseñanza;

 el 4,5% en servicios de formación;

 el 4,34% en gobierno y administración;

 el 3,8% en servicios congregacionales;

 el 2,9% en el servicio itinerante de la Palabra;

 el 2,5% exclaustrados;

 el 9% en otras actividades como pastoral juvenil, medios de comunicación social, pastoral social y sanitaria.

 

 

Se pueden hacer algunas observaciones:

 

  • siempre crecen más los frentes misioneros en zonas pobres y poco desarrolladas,
  • todavía son muchos los que llevan actividades pastorales de conservación de la fe, y no son muchos entregados a la primera evangelización,
  • son poco los claretianos que trabajan en el ecumenismo y el diálogo interreligioso,
  • y, por fin, también son pocos los que trabajan entre los marginados, con los chicos de calle o los drogadictos.

 

Por continentes se puede decir que:

 

  • en África gran parte del esfuerzo se dirige a la primera evangelización, al diálogo interreligioso, a encontrar respuestas a la necesidad social, a apoyar cada tipo de vocación y a formar a laicos y catequistas;
  • En América latina y en el Caribe, la Congregación ha promovido la nueva evangelización, la lectura popular del Biblia, los medios de comunicación social, las parroquias misioneras y la pastoral juvenil; está preocupada, por tener los ojos abiertos a los desafíos de la realidad, de vivir y trabajar con los pobres y excluidos y de ayudar a las víctimas de la violencia y el narcotráfico.
  • En América del Norte nos hemos empeñado en servir las comunidades de inmigrados, en favorecer la formación del laicado y procurar el anuncio del Evangelio por los medios de comunicación social.
  • En Asia nuestra presencia entre los pobres y los marginados se expresa en nuestro empeño por la justicia y la paz, en la obra de coscientización, en la educación de los pobres y en el diálogo con las otras religiones. También nos hemos empeñado por la formación de evangelización, consagrados y seculares.
  • Las comunidades claretianas en Europa han tratado de concentrar su atención en la educación de la juventud, en la creación de comunidades vivas, la promoción de organismos de solidaridad, el servicio calificado a los inmigrantes, la formación de líderes, seglares y religiosos, en la evangelización popular y en el diálogo con la cultura moderna, utilizando también los medios de comunicación social.

 

En verdad se puede decir que el espíritu misionero está presente en toda la Congregación. Hay muchos claretianos que se ofrecen a llevar adelante las propuestas misioneras del Gobierno General. De muchas partes, sin distinción de edad y sin poner condiciones, llegan cartas que expresan el deseo de ir allá donde es más necesaria la presencia de misioneros, y en los lugares más pobres. Quizás sea una gracia recibida de nuestros hermanos los Mártires de Barbastro, (beatificados en el 1992), porque ellos están muy presentes en las cartas de ofrecimiento como estímulo y sostén ante las posibles dificultades: estos Mártires fueron jóvenes estudiantes, dispuestos al ministerio sacerdotal, que se prepararon para ir a China y a muchos partes del mundo o para desarrollar un servicio misionero cualificado.

 

En la América del Sur todos los Organismos se han comprometido en una fundación en Haití como una señal profética, porque es el país más pobre y marginado de América.

 

Los americanos del Norte han abierto una nueva misión en Jamaica. Y los ingleses, aun siendo muy pocos tienen una misión en Belize

 

Un Organismo de España ha abierto una misión en San Petersburgo -ya estamos en Siberia -, y otro en Zimbawe.

 

Y el Gobierno General tiene el cuidado de muchas de las nuevas misiones: nos encontramos que en estos nuevos sitios empiezan a venir muchas vocaciones: en Rusia, en Angola, Tanzanía y Uganda: esto significa construir seminarios y mandar personal que pueda encargarse formación. En otros países el Gobierno General se encuentra con las dificultades que tienen a los misioneros por la lengua o por el cambio cultural o religioso muy brusco: por ejemplo, en la República checa, en Eslovaquia, o en Cuba. Para un misionero filipino, por ejemplo, que vio siempre las iglesias llenas y que la gente acudía a sus invitaciones, fue un schok ver en Cuba las iglesias vacías o con un pequeño grupo de quince personas.

 

 

4. Los desafíos que se presentan a la Congregación

 

4.1. mantener la vocación misionera

 

Nuestros documentos congregacionales son realmente bellos. Pero tenemos que hacer de nuestra vida el modo más importante de evangelización. Los Capítulos han visto la necesidad de acentuar la dimensión profética en nuestro servicio misionero de la Palabra. La Palabra de Dios debe tener la primacía de nuestro servicio misionero. Esto nos entusiasma, pero cuesta trabajo traducir en actitudes de vida lo que nos pide la Palabra y lo que comporta el profetismo. Cultivar la espiritualidad, mantener el ritmo y los tiempos de oración personal y comunitaria es una necesidad.

 

4.2. conformarse con los nuevos tiempos

 

El cambio de la vida humana, social, eclesial y congregacional exige un nuevo modo de expresar el carisma claretiano. Está naciendo una nueva cultura, de la que se puede subrayar:

 

a) el mundo se ha convertido en una “aldea global.”

 

Todo se mundializa en la comunicación, en la cultura, en la economía, en los movimientos sociales. Crecen los sentimientos de unión entre los pueblos. Aparece una cierta “fusión de horizontes” y se produce un lento ocaso de las ideologías. En este contexto nace como fuerza devastadora el neoliberalismo que se manifiesta con toda la crueldad de la economía de mercado y los deseos ilimitados de una minoría de ricos que se imponen a las necesidades de supervivencia de la mayoría de pobres.

 

Esta situación pide una apertura universal, pero también una conciencia crítica y un intenso diálogo. Aparecen la separación de los sistemas económicos injustos, la interdependencia y la solidaridad como nuevos modelos de comportamiento.

 

Pero, por otro lado, los pueblos luchan porque se respeten sus valores. Tenemos que respetar las diferencias en la interdependencia y la solidaridad.

 

b) la Iglesia es universal y se insiste sobre el impulso misionero.

 

La teología de la Iglesia particular tiene un especial relieve. Los misioneros somos para todo el mundo, no somos para una Iglesia particular, pero no se puede olvidar que somos miembros de la Iglesia perteneciendo a una Iglesia particular.

 

c) la misión compartida: papel y responsabilidad de los laicos.

 

La Iglesia toma conciencia de ser comunión orgánica y de que su misión tiene que ser compartida. La diversidad de carismas y ministerios se completan entre ellos, necesitan la comunión y crean la misión. Los laicos tienen cada vez más cosas que decir y hacer en la Iglesia. No basta contar con ellos. Hace falta responsabilizarlos sobre su misión en la Iglesia en todos los campos y niveles.

 

Y un desafío que hemos aceptado teóricamente, pero no siempre bien. Algunos lo aceptan como remedio a las necesidades sentidas, pero sin la plena conciencia de que los laicos tienen su misión y función, y que ésta no depende de la voluntad del sacerdote. Compartir la misión significa compartir un proyecto, y por lo tanto, participar en el análisis de la realidad, en buscar soluciones, y también en el asumir decisiones.

 

d) consecuencias para la Congregación

 

En la medida en que la Congregación ha ido realizando su empeño misionero “ad gentes” se ha sentido interrogada sobre la espiritualidad, sobre el apostolado, la formación y la economía. Ha sido necesario empeñarse en la inculturación del carisma claretiano, porque este carisma, en cuanto don de Dios no es para una situación o para algunos pueblos, de la misma manera que la fe.

 

Hemos tenido que preparar formadores para recibir, elegir y formar las vocaciones, organizar las nuevas presencias según un proyecto misionero, proveer a las necesidades de la sustentación, de los edificios… Y nos encontramos con un gran desequilibrio: dónde hay una presencia numerosa, con tradición en muchos aspectos de la vida misionera, no hay vocaciones; y dónde hay vocaciones no se dispone de suficientes formadores ni de seminarios. No es fácil encontrar a personas preparadas para la formación, el gobierno o la economía en estas nuevas fundaciones.

 

Las nuevas vocaciones que llegan a la Congregación y los nuevos frentes misioneros que se abren en Asia y en África piden nuevas actitudes al resto de la Congregación. Ante todo hace falta acoger estas nuevas vocaciones como regalo de Dios, pero supone un diferente modo de sentir, de pensar, de expresarse. Tenemos que reconocer cuánto de bueno nos aportan con su cultura. Pero ponen a prueba la capacidad de acoger lo diferente, reforzando la “ascesis” de la diferencia.

 

La Congregación recibe mucha fuerza y energía de los jóvenes que vienen de Nigeria, Polonia, la India, Corea, Filipinas o Indonesia. Pero deben tomar conciencia de pertenecer a una comunidad universal con una identidad misionera propia. En la inculturación del carisma clarettiano, han de tener en cuenta que no se trata de repetir en Asia y en África los modos de ver y de pensar occidentales, sino de dar expresión al don carismático en sus culturas.

 

No se es más universal o internacional por estar en muchos países; podemos estar en muchos países sin interesarnos por lo que está cerca de nosotros, por la cultura de esos países. Somos internacionales cuando colaboramos por el bien común. es obvia la incidencia que tiene sobre la economía de la Congregación. Hace falta dotarles a los hermanos de estructuras para la formación, para el apostolado. En este momento estamos metidos en la construcción de seis seminarios: Cuba, Tanzanía, Uganda, Kenia, Guinea, Indonesia

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